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44. DISCAPACIDAD Y ENFERMEDAD MENTAL
Autores: Jesús Gómez-Trigo Baldominos y Marta Gómez Ramiro
Coordinador: Eduardo Paz Silva
Hospital de Conxo, Santiago De Compostela
PUNTOS CLAVE
• Discapacidad: deficiencia en forma o función corporal, que impide la
realización de alguna acción o tarea, con repercusión en el plano personal,
laboral, familiar y que puede ocasionar dificultades en la interacción y en la
integración social.
• Minusvalía: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “situación de
desventaja (…) que limita o impide el desarrollo de un rol que es normal en su
caso, en función de la edad, sexo y factores culturales y sociales”.
1. INTRODUCCIÓN
Si se busca en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española el término
discapacidad, este es definido como “condición de discapacitado”, entendiendo el mismo
como persona “que padece una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita
total o parcialmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida”. Como se puede
comprobar, la aparición de la palabra psíquica hace pensar en la importancia de esta condición
dentro del campo de la psiquiatría, en tanto en cuanto, las repercusiones a nivel laboral y
legal son de una franca importancia. Cada vez se cuentan más las ocasiones en las que se
solicita la pericia de un psiquiatra para valorar la capacidad de un paciente con un trastorno
mental a la hora de desenvolverse tanto en su medio doméstico como en un trabajo, lo que
hace que el manejo de, no solo la psicopatología, sino también de las escalas de valoración
de discapacidad, sean parte de la formación del profesional de la salud mental. De hecho,
según un reciente informe de la Organisation for Economic Cooperation and Development
(OCDE), alrededor del 20% de la población activa sufre algún tipo de trastorno mental leve
o moderado, siendo los trastornos mentales una de las principales causas de jubilación
anticipada y pensiones por incapacidad.
2. INSTRUMENTOS DE LA VALORACIÓN DE LA DISCAPACIDAD
La medida de la discapacidad tiene su importancia tanto a nivel clínico, en el plano de
la investigación, como administrativo. Para ello, se dispone de una serie de herramientas
que cuantifican y objetivan la misma, con el fin que se proponga, de manera que se pueda
estandarizar la individualidad de la discapacidad de cada paciente.
En cuanto a las escalas utilizadas desde un punto de visto clínico, si se quiere llamar así,
existe diversidad.
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2.1. C
LASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE FUNCIONAMIENTO, DISCAPACIDAD
Y SALUD (CIF)
Avalada por la OMS, es la clasificación referente junto a la CIE, de la organización. Se rige en
base al funcionamiento o tara a nivel anatómico desde el punto de vista funcional, así como
a la capacidad de participación del individuo, y a los factores ambientales y personales que
rodean al mismo.
2.2. G
UÍA PARA LA VALORACIÓN DE LA DISCAPACIDAD DE LA ASOCIACIÓN
MÉDICA AMERICANA
Actualmente el modelo sobre el cual reside la valoración de minusvalía en nuestro país y que
valora cuatro aspectos del paciente:
• Actividades de la vida diaria.
• Funcionamiento social.
• Capacidad de mantener la atención en base a una aplicación laboral.
• Deterioro en el trabajo.
En base a estas guías puede aplicarse un porcentaje a un tipo concreto de discapacidad, útil
para el ámbito administrativo, como se verá posteriormente.
2.3. ESCALA DE DISCAPACIDAD DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD
(WHO DAS 2.0)
De reciente aparición, se desarrolló a partir de la CIF, pero de aplicación más sencilla y corta,
con capacidad de estandarizar diferentes niveles de discapacidad, incorporando trastornos
mentales, neurológicos y de la adicción.
2.4. INVENTARIO DE DISCAPACIDAD DE SHEEHAN (SDI)
De uso principal en la fobia social, aporta el apoyo social recibido, así como el estrés percibido.
2.5. ESCALA DE ADAPTACIÓN SOCIAL (SASS)
Útil en la mesura de la evaluación del funcionamiento social o adaptación de pacientes,
fundamentalmente depresivos, aunque aplicable a la población general.
3. DISCAPACIDAD, MINUSVALÍA Y ENFERMEDAD PSIQUIÁTRICA
En cuanto al terreno laboral y social, una vez obtenida la discapacidad, a partir de esta
se puede obtener el grado de minusvalía, definida como una “desventaja social” en la que
confluyen factores sociales, familiares y culturales, siempre partiendo de la presencia de la
mencionada discapacidad. A partir del reconocimiento de minusvalía, en este caso el paciente,
puede tener derecho a una serie de medidas enmarcadas en la consecución de la protección
social, como son pensiones no contributivas, facilidad de acceso de institucionalización,
ayudas en tratamientos, beneficios fiscales, solicitud de ayudas públicas, etc. Tal y como se
recoge en la Ley de derechos de las personas con discapacidad y su inclusión social, que
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establece a las administraciones públicas como garantes del cumplimiento de los derechos
a los que pacientes con discapacidad objetivada tienen reconocidos. El grado de minusvalía
es cuantificado según el Real Decreto 1971/1999, con sus posteriores correcciones recogidas
en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 13 de marzo de 2000, objetivando mediante un
porcentaje el grado de discapacidad de las principales enfermedades mentales. En términos
generales, el grado de discapacidad se clasifica como se recoge en la tabla 1.
Tabla 1. Clasificación de la discapacidad
Clase Discapacidad Porcentaje
Clase I Leve 1-24%
Clase II Moderada 25-59%
Clase III Grave 60-74%
Clase IV Muy grave 75%
A la hora de valorar el mencionado grado de discapacidad, se valorarán ciertos aspectos
como son la posibilidad de realizar, de manera normal y mensurable, una vida autónoma y
laboral, la necesidad de toma de medicación, así como una posible resistencia a la misma, la
aparición de periodos de descompensación, o precisar supervisión. En cada trastorno mental,
asimismo, se tendrán en cuenta signos y síntomas propios de la enfermedad, que determinarán,
particularmente, la discapacidad grave o muy grave. Las patologías psiquiátricas recogidas
en dicho Real Decreto son las que se presentan a continuación.
3.1. TRASTORNOS MENTALES ORGÁNICOS
Es evidente el impacto de esta patología en la vida previa del paciente, a nivel conductual,
familiar, personal… y cómo no, laboral. La ruptura biográfica que suele darse en este tipo de
trastornos motiva la solicitud de incapacidad, que se regirá por los parámetros ya mencionados,
especificando el barómetro de discapacidad, otros aspectos psicopatológicos como los que
atañen a la esfera volitiva (abulia, inconstancia), emocional (labilidad), deterioro cognitivo o
perseveración ideativa.
3.2. ESQUIZOFRENIA Y TRASTORNOS PARANOIDES
El carácter dimensional de la enfermedad psicótica, abarca, no solo múltiples aspectos de
la vida del paciente, sino también diversos rangos, que se corresponden con la gravedad
del trastorno. Aspectos exógenos, como el ambiente, el consumo de tóxicos, la adherencia
al tratamiento, etc., se unen a los endógenos, determinados por ejemplo, por la edad de
aparición, conformando la enfermedad, a valorar por el facultativo, en aras de obtener una
aproximación a determinada discapacidad. En concreto, en este apartado, el R.D, 1971/1999
remarca la presencia de síntomas psicóticos, la dificultad en relacionarse, el fracaso terapéutico
y semiología propia de la enfermedad como son asociaciones laxas de ideas, apragmatismo,
alteraciones sensoperceptivas, trastornos en curso y/o contenido del pensamiento,
alteraciones conductuales graves mantenidas en el tiempo o institucionalización prolongada.
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3.3. TRASTORNOS AFECTIVOS
Según datos de la OMS la depresión conforma una de las principales causas de discapacidad,
representando un 4,3% de la carga global de enfermedad. La afectación en el rendimiento
cognitivo del paciente afecto con este tipo de trastornos dificulta un adecuado desarrollo de
la vida laboral y familiar, una vez que se encuentra afectada la esfera personal. La búsqueda
de los extremos afectivos (manía, depresión) que se prolongan en el tiempo, ya sea de manera
continua o por tratarse de episodios recurrentes, así como la presencia de sintomatología
psicótica o incluso la hospitalización reiterada, marca la gravedad de este tipo de trastornos,
según el criterio de discapacidad y que marca la gravedad de la misma.
3.4. TRASTORNOS DE ANSIEDAD, ADAPTATIVOS Y SOMATOMORFOS
Junto con la depresión, los trastornos de ansiedad son reconocidos específicamente por la
OMS como uno de los trastornos tratables, que afectan a una quinta parte de la población
activa mundial. A pesar de ser una patología que no amerite hospitalización de una manera
frecuente, esta conforma uno de los criterios, junto con las dificultades para una correcta
dinámica en las relaciones interpersonales y comunicativas, las alteraciones conductuales y
la resistencia al tratamiento, que miden la gravedad del trastorno, cuantificando diferentes
porcentajes de discapacidad dentro de las clases IV y V.
3.5. TRASTORNOS DE PERSONALIDAD
La afectación del plano personal y relacional de este tipo de patologías, y el subtipo de
Trastorno de personalidad que sea, generan, según la intensidad (no hay que olvidar el carácter
dimensional de la patología), una incapacidad para desarrollar una correcta interacción con el
ambiente, así como el desempeño esperado en tareas académicas, laborales, familiares, etc.
De esta manera, se recoge el internamiento, la gravedad de la falta de control de impulsos
o la persistencia de la sintomatología, como criterios que encuadran este tipo de patología
mental dentro de las diferentes clases de discapacidad.
4. PSIQUIATRÍA Y DERECHO LABORAL
Según la normativa legal actual, el dictamen de la baja laboral es realizado por los médicos
de atención primaria, sin embargo no es infrecuente que sean derivados al equipo de
salud mental solicitando valoración más amplia. Por ello resulta de interés clarificar unos
conceptos básicos.
4.1. PRESTACIONES NO CONTRIBUTIVAS
Son aquellas a las que tienen derecho las personas mayores de edad que, sin haber cotizado
a la Seguridad Social, y estando afectadas de una minusvalía igual o superior al 65% tienen
derecho a percibir una pensión.
4.2. ACCIDENTE DE TRABAJO
La legislación actual considera que es toda lesión corporal que el trabajador sufra con
ocasión o por consecuencia del trabajo que ejecute por cuenta ajena. Tienen consideración
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de accidente de trabajo los que sufra en el desplazamiento al ir o volver a su puesto
de trabajo, las enfermedades contraídas por motivo de la realización del trabajo,
los que son debidos a las tareas que el trabajador cumpla por orden del empresario
aunque no pertenezcan a su categoría profesional o espontáneamente en interés del
buen funcionamiento de la empresa. Es de especial relevancia el determinar un nexo de
causalidad entre las circunstancias del entorno laboral y la aparición de la enfermedad
que ha provocado la incapacidad permanente, ya que en estos casos, de ser necesaria la
jubilación, la cantidad a percibir es significativamente mayor de la que se otorgaría por
una invalidez no debida a las condiciones de trabajo.
4.3. INCAPACIDAD TEMPORAL
Es aquella situación en la que se encuentra un trabajador a consecuencia de una enfermedad
común o profesional, o un accidente laboral o no laboral. El tiempo máximo de duración es
de 12 meses, prorrogables seis meses más.
4.4. INVALIDEZ
Se define como invalidez permanente la situación en la cual el trabajador, después de haber
estado sometido al tratamiento prescrito y de haber sido dado de alta médicamente, presenta
reducciones funcionales o anatómicas graves, susceptibles de determinación objetiva y
previsiblemente definitivas, que disminuyen o anulan su capacidad laboral. No obstará a
tal calificación la posibilidad de recuperación de la capacidad laboral del inválido, si esta se
estima médicamente incierta o a largo plazo.
Existen diferentes grados de invalidez:
• Incapacidad permanente parcial para la profesión habitual: se entiende como tal la
que, sin alcanzar el grado total, ocasione al trabajador una disminución no inferior al
33% en su rendimiento normal para dicha profesión, sin impedirle la realización de las
tareas fundamentales.
• Incapacidad permanente total para la profesión habitual: inhabilita al trabajador para
la realización de todas o de las tareas fundamentales de su profesión, siempre que
pueda dedicarse a otra diferente.
• Incapacidad permanente absoluta para todo tipo de trabajo: inhabilita para el
desempeño de cualquier profesión u oficio.
• Gran invalidez: incapacidad permanente en la que se necesita la asistencia de otra
persona para los actos más esenciales de la vida, como comer, vestirse, desplazarse o
análogos.
5. CAPACIDAD PARA LA CONDUCCIÓN DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD
MENTAL
Cada vez es más frecuente en consultas psiquiátricas ambulatorias la petición, por parte de
terceros, de un informe médico sobre un paciente que ha solicitado la obtención o renovación
del permiso para conducir vehículos a motor.
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La legislación española se basa, fundamentalmente, en las siguientes normas:
• Real Decreto (RD) 818/2009 por el que se aprueba el Reglamento General de
Conductores.
• Real Decreto (RD) 170/2010 por el que se aprueba el Reglamento de Centros de
Reconocimiento destinados a verificar las aptitudes psicofísicas de los conductores.
Nos parece interesante destacar sobre este Real Decreto 170/2010 la obligatoriedad
por parte del sujeto solicitante de la obtención o renovación de la licencia de conducir
de informar de las enfermedades que padece en los centros de reconocimiento, siendo
necesario para dicha obtención la anterior firma de una declaración obligada donde ratifica
la veracidad sobre los datos de salud aportados. Pese a esto no es infrecuente la ocultación
de toma de fármacos o la enfermedad, sin contar la ausencia de conciencia de enfermedad
en algunos trastornos mentales.
Mediante el Real Decreto (RD) 818/2009 se dispone que es indispensable para la obtención
de los permisos y licencias de conducción reunir unos requisitos de aptitud psicofísica,
habilidades, aptitudes, comportamientos y conocimientos. Las pruebas de aptitud psicofísica
van encaminadas a dejar constancia de que no debe haber enfermedad o deficiencia asociada
que suponga incapacidad para conducir. Este RD establece los criterios de aptitud para
la conducción de vehículos a motor, dividiendo en primer lugar a los conductores en dos
grandes tipos:
• Grupo 1: conductores no profesionales.
• Grupo 2: conductores profesionales.
Nos vamos a basar en el BOE para describir las principales enfermedades mentales según la
clasificación y orden que aparece en el mismo.
5.1. DELIRIUM, DEMENCIA, TRASTORNOS AMNÉSICOS Y OTROS TRASTORNOS
COGNOSCITIVOS
Establece para los carnés del grupo 1 y 2 que no deben existir supuestos de delirium,
demencia, trastornos amnésicos u otros trastornos cognoscitivos que supongan un riesgo
para la conducción.
Existen adaptaciones, restricciones y otras limitaciones exclusivamente para el grupo 1 tras
el dictamen favorable de un neurólogo o psiquiatra en el que no impidan la obtención o
prórroga, siendo el periodo de vigencia del permiso o licencia máximo de un año.
5.2. ESQUIZOFRENIA Y OTROS TRASTORNOS PSICÓTICOS
Establece para los grupos 1 y 2 que no debe existir esquizofrenia ni trastorno delirante.
Tampoco se admiten otros trastornos psicóticos que presenten incoherencia o pérdida de la
capacidad asociativa, ideas delirantes, alucinaciones o conducta violenta.
Existen adaptaciones excepcionalmente con un dictamen favorable de un neurólogo o
psiquiatra, siendo el periodo de vigencia máximo de un año. No se admiten excepciones
para el grupo 2.
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5.3. TRASTORNOS DEL ESTADO DE ÁNIMO
Establece que no deben existir trastornos graves del estado de ánimo que conlleven alta
probabilidad de conductas de riesgo para la propia vida o la de los demás en los carnés para
el grupo 1 y 2.
Existen adaptaciones para ambos grupos tras el dictamen favorable de un psiquiatra o
psicólogo, siendo dicho dictamen el que determinará la reducción del periodo de vigencia
del permiso o licencia según criterio del facultativo.
5.4. TRASTORNOS DISOCIATIVOS
Establece para los grupos 1 y 2 que no deben admitirse aquellos casos que supongan riesgos
para la seguridad vial.
Existen adaptaciones cuando excepcionalmente exista un dictamen de un psiquiatra o
psicólogo favorable a la obtención de la prórroga para ambos grupos. Se podrá reducir el
periodo de vigencia según criterio facultativo.
5.5. TRASTORNOS DEL SUEÑO DE ORIGEN NO RESPIRATORIO
No se admiten tanto para el grupo 1 como para el grupo 2 casos de narcolepsia o trastornos
de hipersomnias diurnas de origen no respiratorio, ya sean primarias, relacionadas con otro
trastorno mental, enfermedad médica o inducidas por sustancias. Tampoco se admiten otros
trastornos del ritmo circadiano que supongan riesgo para la actividad de conducir. En los
casos de insomnio se prestará especial atención a los riesgos asociados al posible consumo
de fármacos.
Existen adaptaciones para ambos grupos siempre y cuando exista un dictamen de un
psiquiatra o psicólogo favorable a la obtención, pudiendo reducir el periodo de vigencia de
permiso o licencia según criterio facultativo.
5.6. TRASTORNOS DEL CONTROL DE LOS IMPULSOS
No se admiten casos de trastornos explosivos intermitentes u otros cuya gravedad suponga
riesgo para la seguridad vial ni en el grupo 1 ni el grupo 2.
Existen adaptaciones para ambos grupos siempre y cuando exista un dictamen de un
psiquiatra o psicólogo favorable a la obtención, pudiendo reducir el periodo de vigencia de
permiso o licencia según criterio facultativo.
5.7. TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Establece que para los carnés de los grupos 1 y 2 no deben existir trastornos graves de
la personalidad, en particular aquellos que se manifiesten con conductas antisociales con
riesgo para la seguridad de las personas.
Existen adaptaciones para ambos grupos siempre y cuando exista un dictamen de un
psiquiatra o psicólogo favorable a la obtención, pudiendo reducir el periodo de vigencia de
permiso o licencia según criterio facultativo.
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5.8. TRASTORNOS DEL DESARROLLO INTELECTUAL
Establece que no debe existir retraso mental con coeficiente intelectual (CI) inferior a 70
para ambos grupos.
Existen adaptaciones exclusivamente para el grupo 1 cuando el CI se encuentre entre 50 y
70, según dictamen favorable de un psiquiatra o psicólogo, pudiendo reducir el periodo de
vigencia de permiso o licencia según criterio facultativo.
5.9. TRASTORNOS POR DÉFICIT DE ATENCIÓN Y COMPORTAMIENTO PERTURBADOR
No deben existir trastornos por déficit de atención cuya gravedad implique riesgo para la
conducción. Tampoco se admiten casos moderados o graves de trastorno disocial u otros
comportamientos perturbadores acompañados de conductas agresivas o violaciones graves
de normas cuya incidencia en la seguridad vial sea significativa.
Existen adaptaciones según dictamen favorable de un psiquiatra o psicólogo, exclusivamente
para el grupo 1.
Realizar un planteamiento restrictivo en la obtención del permiso de conducción a aquellas
personas que estuviesen en plena salud psíquica y sin tratamiento psicofarmacológico,
provocaría en la actualidad una incapacidad para un elevado número de miembros de
nuestra comunidad, dada la amplitud del concepto de trastornos mentales, transitoriedad de
muchos de sus síntomas y lo extendido de los diagnósticos psiquiátricos en la población. Por
este motivo rechazamos que la patología psiquiátrica pueda aceptarse como motivo para
declinar la obtención o la prórroga de la licencia de conducción.
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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
•C arrasco Gómez JJ, Maza Martín JM. Tratado de psiquiatría legal y forense. Madrid: La Ley-Actualidad;
2011.
• Corrección de errores del Real Decreto 1971/1999 de 23 de diciembre, Procedimiento para el
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(13-03-2000).
• Making Mental Health Count. The social and economic cost of neglecting mental health care. OCDE
Health Policy Studies. OCDE publishing. 2014. Doi:10.1787/9789264208445-en
• Méjica J, Bobes J. Soporte legal y jurisprudencial de las incapacidades permanentes derivadas del
trastorno mental y del comportamiento. Oviedo: Fundación Méjica; 2011.
• Ministerio del Interior. Dirección general de tráfico. Manual sobre aspectos médicos relacionados con
la conducción de vehículos. 2ª ed. Madrid: Ediciones Doyma; 2004.
• Pacheco Yáñez L, Medrano Albéniz J. El informe psiquiátrico a petición de terceros para el permiso
de conducir. Revista Norte de Salud Mental; 2011
•R eal decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la
Ley general de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social. Boletín Oficial del
Estado, nº 289 (03-12-2013).
• Reglamento General de Conductores (Real Decreto 818/2009).
• World Health Organization. Depression. Geneva: World Health Organization; 2013 [citado 10 dic
2013].