El origen etimológico de la palabra matrimonio como denominación de la institución bajo ese
nombre, deriva de la expresión "matrimonĭum" proveniente de dos palabras del latín: la primera
"matris", que significa "matriz" (sitio en el que se desarrolla el feto) y, la segunda, "monium", que
quiere decir "calidad de...", o sea, la aportación de la mujer que contrae nupcias para ser madre.
En su aspecto natural implica la procreación, es decir, la multiplicación de la especie humana. En
su aspecto legal lleva en si, además del reconocimiento social de esa práctica, una sanción jurídica
(matrimonio civil) o religiosa (matrimonio eclesiástico), o ambas, a través de la celebración de uno
o varios contratos que incluyen también cuestiones patrimoniales. A título comparativo, habrá que
considerar también el concepto de "patrimonĭum", derivado de las palabras latinas "patris", que
significa padre y "monium", que quiere decir "calidad de...", o sea, la aportación del hombre como
"varón engendrador" o "progenitor" y de proveedor del sustento de la familia.
El matrimonio natural
El matrimonio es un pacto de amor conyugal. Es una elección consciente y libre por la que el
hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor que exige su naturaleza.
Comunidad del hombre y de la mujer en el amor para el desarrollo humano mutuo.
Es un pacto de amor en el que se comprometen a amarse, respetarse y ser fieles toda la vida.
Tiene la finalidad de la unión entre los esposos, la procreación y la educación de los hijos.
Es un contrato exigido por el amor conyugal y por el orden social en el que se compromete la
entrega total de la persona.
El matrimonio es una unión de voluntades. Entrega libre y consciente. Públicamente afirmado.
El matrimonio es el fundamento de la familia.
El matrimonio natural es una institución anterior a cualquier legislación y es el origen natural de
las civilizaciones. Jurídicamente es una institución pública y de interés social, por lo que el Estado
la tutela y defiende, no por el amor que se profesan un hombre y una mujer, sino por el bien que
representa para la permanencia de la especie y para la educación de las personas.
El matrimonio tiene características propias, originarias y permanentes. Ningún poder puede abolir
el derecho natural al matrimonio ni modificar sus características ni su finalidad.
El artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, definió al matrimonio
como la unión entre hombre y mujer y a la familia como el elemento natural y fundamental de la
sociedad.
En el matrimonio el hombre y la mujer tienen aportaciones complementarias, no opuestas; cada
uno aporta algo específico que no puede ser aportado por el otro, tanto en la procreación, como
en la educación de los hijos y en las funciones cotidianas.
No podemos dejar de mencionar los retos que el hombre y la mujer tienen respecto al matrimonio
para superar situaciones adversas que enfrentan:
La mentalidad machista; ella necesita para su realización el reconocimiento amoroso del esposo;
La vergonzosa violencia que a veces se ejerce a las mujeres;
Valorar la maternidad como misión excelente de las mujeres, el papel de la madre es fundamental
para el futuro de la sociedad;
Que el hombre contribuya con la mujer en el hogar y en la educación de los hijos;
Conciliar de la vida laboral y la familiar;
Superar el falso concepto de la independencia entre los cónyuges, etc.
La familia es la primera sociedad natural, célula primaria y vital de la sociedad, fundamento de la
vida de las personas, lugar primario de relaciones interpersonales y prototipo de toda organización
social.
La familia natural es resultado obvio de la misma naturaleza humana, que hace de cada sujeto:
hombre-padre o mujer-madre, progenitores naturales de los hijos.
La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos
derechos propios que son inalienables.
La familia es importante y central para la persona humana. Es la cuna de la vida, en ella el hombre
nace, crece y se acoge generosa y responsablemente. La familia es el ámbito natural del amor
donde se acepta y ama al ser humano por sí mismo; en la familia se aprende qué quiere decir amar
y ser amado.
La familia es un lugar de encuentros, en ella coinciden de manera natural varios seres humanos,
no por casualidad sino unidos por la paternidad, la filiación o la fraternidad, a partir de la primera y
mutua elección de un hombre y una mujer que al casarse fundan ese hogar que es ámbito de
encuentros.
La familia es el lugar primario de la humanización de la persona y de la sociedad. Es la primera
escuela de valores humanos y sociales. Es agente que educa a sus miembros y se abre a la gran
comunidad humana, compartiendo con ella sus bienes. Es lugar insustituible para el desarrollo de
la afectividad y de las potencialidades del niño, así como para hacerse consciente de su dignidad y
prepararse a afrontar su destino, único e irrepetible.
El bien de las personas y el buen funcionamiento de la sociedad están estrechamente relacionados
con la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Sin familias fuertes en la comunión y
estables en el compromiso, los pueblos se debilitan.
La familia es la institución cultural más importante en las sociedades democráticas y es la
institución que brinda más confianza en la sociedad.
El mayor bienestar familiar se tiene donde los padres tienen una relación estable por matrimonio
civil y religioso y con hijos comunes. En esta condición es donde hay menos violencia, donde los
hijos desertan menos de la escuela, donde hay menos delincuencia juvenil, donde hay menos
abuso sexual contra niños, etc.
La familia es cuna de civilizaciones. Forma parte del bien de los pueblos y de la humanidad entera.
Es “patrimonio de la humanidad” y constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos.
Precisamente porque la familia es el elemento orgánico de la sociedad, todo atentado perpetrado
contra ella es un atentado contra la humanidad.
“Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”
(Chesterton).