“SACRAMENTUM CARITATIS”
Principales elementos de su contenido
Pbro. Lic. Alejandro Branca Palencia
1. INTRODUCCIÓN:
En esta presentación, pretendo presentar los principales elementos del contenido de la
Exhortación Apostólica postsinodal, publicada el 22 de febrero de 2007, por Su Santidad
Benedicto XVI. Quiero resaltar algunos aspectos que constituyen las ideas fundamentales del
documento papal. Se trata de una exhortación compuesta por 97 párrafos de desigual extensión,
de los que cinco son la introducción y cuatro son la conclusión, por lo que el cuerpo del
documento se compone de 88 párrafos.
“El Sacramento de Caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo,
revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre” (n. 1), con estas palabras el papa
Benedicto XVI inicia la exhortación apostólica postsinodal que recoge el fruto de las reflexiones
realizadas por los Obispos en el XI Sínodo Ordinario, efectuado al finalizar el Año de la
Eucaristía en octubre de 2005.
Cristo nos hace conocer el infinito amor que el Padre nos tiene a cada uno de nosotros, que
tiene un momento de epifanía muy especial en la celebración del misterio Eucarístico. Los
párrafos introductorios son muy sugerentes, notamos especialmente algunos puntos:
o Eucaristía Alimento de la Verdad (n. 2): La respuesta al anhelo interior del hombre
de alcanzar la verdad última y definitiva, es el encuentro con la Verdad, que es Cristo,
atrayendo a todos hacia sí. Por medio del Sacramento de la Eucaristía el hombre
puede descubrir claramente en Cristo muerto y resucitado que Dios es amor.
o Desarrollo del Rito Eucarístico (n. 3): Las formas rituales de la celebración de la
Eucaristía, bajo el influjo del Espíritu Santo se han ido desarrollando ordenadamente a
través del tiempo, desde su origen hasta la Reforma Litúrgica del Vaticano II. Sobre esta
última se constata su “influjo benéfico que ha tenido en la vida de la Iglesia” (l.c.), de
modo que recibe una valoración positiva; no faltan, sin embargo, algunas dificultades y
abusos cometidos. Se trata de “leer los cambios indicados por el Concilio dentro de la
unidad que caracteriza el desarrollo del rito mismo, sin introducir rupturas artificiosas”
(l.c.).
o Contexto más próximo (n. 4): Algunos acontecimientos eclesiales que recuerda el
papa como el marco que preparó el ambiente de la presente exhortación apostólica:
Jubileo del 2000; la Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003); 48º Congreso Eucarístico
Internacional (2004); El Año de la Eucaristía y la carta Apostólica Mane nobiscum
Domine (2005); la canonización de cinco beatos que se distinguieron por su piedad
eucarística.
o Objetivo de la Exhortación (n. 5):
o Punto de Partida: se basa el documento en las reflexiones y propuestas
surgidas en la reciente Asamblea General del Sínodo de los Obispos (desde su
preparación hasta las proposiciones).
o Intención: El Papa quiere proponer LÍNEAS FUNDAMENTALES DE ACCIÓN en
orden de suscitar en la Iglesia nuevo impulso y fervor por la Eucaristía. Es
necesario subrayar, que la intención del Santo Padre es indicar al pueblo
cristiano “líneas fundamentales de acción” en relación al Misterio Eucarístico
sobre los tres aspectos en los que está dividido el documento. Por lo que
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encontraremos a menudo disposiciones, indicaciones e sugerencias para
aplicar, por parte de los responsables de cada aspecto que está tratando.
o Marco Referencial: Ante la amplitud del tema a tratar, quiere el Santo Padre que
se profundice en la Relación entre Misterio Eucarístico, el Acto Litúrgico y el
Nuevo Culto Espiritual. Se presenta el marco en el que se ubica el tema que se
abordará en el cuerpo de la Exhortación. Son tres elementos que se relacionan:
la fe, la celebración y su incidencia en la existencia concreta del cristiano. Al
mismo tiempo, estos tres elementos le dan forma a las tres partes del
documento: I. Eucaristía, Misterio que se ha de creer; II. Eucaristía, Misterio que
se ha de celebrar; III. Eucaristía, Misterio que se ha de vivir.
2. CUERPO DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA SCa (nn. 7-93)
2.1. LA EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CREER (nn. 7-33)
En esta primera parte de la exhortación apostólica se aborda la fe Eucarística de la Iglesia, se
presenta esta doctrina en 28 párrafos. Se recogen algunos aspectos sobre las verdades de fe
sobre la Eucaristía:
o Partiendo del seno mismo de Dios, cuando se habla sobre Santísima Trinidad y la
Eucaristía (nn. 7-8), en el que se subraya que el Hijo eterno del Padre personalmente se
entrega por nosotros, y es el mismo Dios Padre que nos da a su Hijo querido como pan
de vida. Nosotros gratuitamente entramos en comunión con la Santísima Trinidad,
participamos de verdad en la intimidad divina, se nos comunica la misma divina en el
don de la Eucaristía. Por lo que “la Iglesia con obediencia fiel, acoge, celebra y adora
este don. El ‘misterio de la fe’ es misterio del amor trinitario, en el cual por gracia,
estamos llamados a participar” (n. 8).
o Eucaristía: Jesús el Verdadero Cordero inmolado (nn. 9-11): La misión de Cristo se
cumple en el Misterio Pascual, en el que se enfatiza la importancia del Sacrificio
redentor de Cristo, que cumple la nueva Alianza, auténtica liberación del mal y de la
muerte, de modo que, “ la Eucaristía contiene en sí esta novedad radical, que se nos
propone de nuevo en cada celebración” (n. 9). En este contexto, el Papa nos habla de
la Institución de la Eucaristía, con toda la fuerza del misterio Pascual, en la que se
introduce la novedad radical del sacrificio de Cristo: “Al instituir el sacramento de la
Eucaristía, Jesús anticipa e implica el Sacrificio de la cruz y la victoria de la
resurrección” (n. 10). El antiguo rito de la pascua judía, se ha cumplido y ha sido
superado definitivamente, la figura cede paso a la realidad, Cristo nos hace
gratuitamente el don de su amor y nos manda representarlo sacramentalmente, como
memorial de su entrega en la Eucaristía “novedad radical del culto cristiano” (n. 11).
o El Espíritu Santo y la Eucaristía (nn. 12-13): El Espíritu Santo tiene un papel decisivo en
el desarrollo de la forma litúrgica y en la profundización de los divinos misterios. Se
pone en realce esta tarea en la invocación al Padre para que envíe el Espíritu Santo y
realice la presencia real de Cristo y la unidad de toda la Iglesia.
o Eucaristía e Iglesia (nn. 14—15): Aquí se considera la “unión causal entre el Sacrificio
de Cristo, la Eucaristía y la Iglesia” (n. 14). Porque Cristo se ha entregado por nosotros
en sacrificio, misterio que se hace presente en la Eucaristía, la Iglesia puede hacer la
Eucaristía.
o Eucaristía y Sacramentos (nn 16-29): Al inicio del n. 16 el Papa recoge la enseñanza del
Concilio respecto a la relación íntima que guardan los demás Sacramentos con la
Eucaristía (cf. PO 5), relación que pondrá patente el Santo Padre en los siguientes
párrafos. Es importante subrayar que esta relación se comprende cuando entendemos
la naturaleza de la Iglesia como Sacramento, por eso indica: “El hecho de la que la
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Iglesia sea ‘sacramento universal de salvación’ muestra cómo la ‘economía’
sacramental determina en último término el modo como Cristo, único Salvador,
mediante el Espíritu llega a nuestra existencia en sus circunstancias específicas” (n.
16). Por medio de los Sacramentos se comunica la gracia y capacita a los fieles a
ofrecer el Culto Espiritual. Luego se hace explicita la relación de la Eucaristía con cada
uno de los Sacramentos: Eucaristía e Iniciación Cristiana (nn. 17-19); Eucaristía y
Sacramento de la Reconciliación (nn. 20-21); Eucaristía e Unción de los Enfermos (n.
22); Eucaristía y Sacramento del Orden (nn. 23-26); Eucaristía y Matrimonio (nn. 27-29).
o Eucaristía y Escatología (nn. 30-32): Es sostén del hombre que va de peregrino rumbo a
la casa del Padre; la celebración Eucarística tiene una fuerte dimensión escatológica.
Es prenda de la gloria futura y esta realidad nos recuerda la importancia de orar por los
difuntos y aplicar la Misa por ellos.
o Eucaristía y la Virgen María (n. 33): Se destaca el lugar que tiene la Virgen María en la
vida de la Iglesia: su participación en la Historia de la Salvación. su fe y su entrega
obediente a cumplir en todo la voluntad de Dios.
2.2. LA EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR (nn. 34-69):
La segunda parte se divide en ocho partes de desigual contenido y van del n. 34 al 69. Se trata
de la parte más amplia de la exhortación apostólica, contando con 36 párrafos. Aquí en esta
parte el Papa hace hincapié en líneas fundamentales de acción (cfr. n. 5), que hay que tomar en
cuenta para poder ponerlas en práctica.
Las primeras tres secciones (nn. 34 al 37), los podemos ubicar de la siguiente manera: son como
una especie de introducción a toda la segunda parte. Después de establecer el vinculo que
existe entre misterio de fe y su celebración (n. 34), se presenta el asunto de la Belleza y liturgia,
como elemento constitutivo de la misma acción litúrgica “ya que es un atributo de Dios mismo”,
en el fondo se encuentra el discurso teológico – litúrgico de Romano Guardini, que tanta
influencia tiene sobre el Santo Padre (n. 35). El “Christus totus” es el sujeto de la celebración
unido estrechamente a su cuerpo que es la Iglesia, además se subraya la importancia de la
resurrección y la relación entre Resucitado – Día del Señor – Fracción del Pan (nn. 36-37).
Luego de la introducción, se comienza con la aplicación al campo celebrativo con las
otras cinco secciones: Ars celebrandi (nn. 38-42); Estructura de la Misa (nn. 43-51); Actuosa
participatio (nn. 52-63); Participación interior en la celebración (nn. 64-65) y Adoración y piedad
Eucarística (nn. 66-69).
2.2.1. Ars Celebrandi (nn. 38-42)
Se trata del arte de celebrar rectamente y a él corresponde la Actuosa participatio (cf. nn. 52-63).
Es el primer modo con lo que se ayuda a la participación del pueblo de Dios. El ars celebrandi
tiene su fuente más pura en la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, pues así se
asegura la fe de los creyentes, ya que forman parte del Pueblo Sacerdotal. Se ofrecen en el
documento algunos elementos básicos que caracterizan este Ars Celebrandi, empezando con la
figura esencial del obispo (cf. n. 39), la recta realización del proyecto celebrativo que se plasma
en el libro litúrgico y la adecuada utilización de los signos y símbolos litúrgicos (cf. 40), el arte
sacro (cf. 41) y la pedagogía del canto litúrgico (cf. 42):
[Link]. El Obispo, liturgo por excelencia (n. 39): Todo el pueblo participa en la celebración
Eucarística, pero los que han recibido el sacramento del Orden tienen un papel imprescindible,
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puesto que la celebración de los divinos misterios es su deber principal. Entre ellos destaca de
manera peculiar el Obispo calificado con las siguientes notas características: Es ante todo guía,
promotor, custodio de la vida litúrgica en su diócesis, ya que la comunión con él, es fuente de
legitimidad en toda celebración, y también es el Liturgo de su propia Iglesia. Por lo que tiene la
tarea de salvaguardar la unidad de las celebraciones de su Iglesia local.
Subrayamos las siguientes tareas asignadas al Obispo:
o Tiene el compromiso de hacer que se comprenda el sentido auténtico de los ritos y
textos litúrgicos por parte de los presbíteros, diáconos y fieles.
o Realizar celebraciones modélicas en su catedral con pleno respeto al Ars celebrandi.
[Link]. Respeto de los libros litúrgicos y de la riqueza de los signos (n. 40): En primer lugar se
pone en relieve el valor que tienen las Normas Litúrgicas que son fundamentales en el Ars
Celebrandi, también en este párrafo se tocan dos aspectos que están íntimamente ligados y que
componen el llamado Proyecto Ritual de la celebración litúrgica: Los Libros Litúrgicos y los
Signos y gestos litúrgicos. Puesto que este proyecto ritual debe favorecer lo ‘sacro’ y el uso de
las formas exteriores que educan para adquirir el sentido de lo sagrado: Armonía del Rito,
ornamentos litúrgicos, la decoración y el mismo lugar sagrado.
Los Libros Litúrgicos “son textos que contienen riquezas que custodian y expresan la fe, así
como el camino del Pueblo de Dios a lo largo de dos milenios de historia” (n. 40)
En relación con los signos, se enfatiza en que la sencillez de los gestos y la sobriedad de los
signos realizados en el orden y en los tiempos previstos comunican y atraen más que añadiduras
inoportunas.
En consecuencia se asignan las Tareas:
o Dar a conocer todos los Libros Litúrgicos vigentes y sus respectivas Normas. De modo
especial hay que propiciar el conocimiento de la IGMR y de la OLM.
o Dar relieve a todas las formas del lenguaje litúrgico: Palabra y canto; gestos y silencios;
movimiento del cuerpo; colores litúrgicos de los ornamentos.
[Link]. El Arte al servicio de la celebración (n. 41): La profunda relación que existe entre la
belleza y la liturgia. Las expresiones artísticas deben estar al servicio de la celebración. La
arquitectura sacra tiene el objetivo de ofrecer el espacio apto para el desarrollo adecuado de la
celebración litúrgica. La Iconografía religiosa debe orientarse a la mistagogia sacramental.
Tareas:
o Conocimiento y aprecio del arte sacro para orientar a arquitectos y artistas
o Para el Seminario: Importancia a la materia de Historia del Arte, con especial referencia a los
edificios del culto.
[Link]. El Canto Litúrgico (n. 42): Tiene una gran importancia para favorecer la actuosa
participatio: el pueblo de Dios canta alabanzas al Señor.
Tareas:
o No perder el patrimonio musical.
o No todos los cantos sirven para la liturgia: hay que evitar la fácil improvisación e introducción
de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia.
o El canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración. Todo ha de
corresponder al sentido del misterio, a las partes del rito y al tiempo litúrgico.
o Valorar adecuadamente el canto Gregoriano.
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2.2.2. ESTRUCTURA DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA (nn. 43-51):
Aquí el papa quiere llamar la atención sobre algunas partes de la estructura de la celebración,
que requieren en este tiempo mayor atención, con el fin de ser “ser fieles a la intención profunda
de la renovación litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II, en continuidad con toda la gran
tradición eclesial” (n. 43).
[Link]. Unidad intrínseca de la Acción Litúrgica (n. 44): Se recuerda la doctrina del Concilio (cf.
SC 56) y del Misal (cf. IGMR 28) ya que la liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía,
están íntimamente unidas y forman un solo acto de culto. Por lo que hay que evitar toda idea de
fragmentación o yuxtaposición tanto en la catequesis como en el modo de celebración de la
Misa.
[Link]. Liturgia de la Palabra (n. 45): Es un momento importante dentro de la celebración en la
que Cristo mismo habla a su pueblo y por lo que debe prepararse y vivirse de la mejor manera.
Es necesario preparar:
o Lectores bien instruidos que proclamen bien la Palabra
o Breves Moniciones que ayuden a la comprensión de la Palabra
o Debe ser escuchada y acogida con espíritu eclesial.
o Conocimiento y estudio de la Palabra que permita apreciar, celebrar y vivir mejor la
Eucaristía.
o Ayudar a los fieles a descubrir los tesoros del Leccionario:
o Promover la Lectio Divina
o La Liturgia de las Horas
[Link]. La Homilía (n. 46): Debido a la importancia de la Palabra de Dios, se requiere mejorar la
calidad de la Homilía. Es una parte integrante de la acción litúrgica a la que se le debe prestar
una atención muy importante y es una de las tareas del ministerio ordenado.
o Prepararla con esmero y basándose en un conocimiento adecuado de la Biblia.
o Ponerla en relación con la celebración sacramental y con la vida de la comunidad.
o Partiendo del Leccionario, es posible predicar Homilías Temáticas que sigan el CEC
[Link]. Presentación de las Ofrendas (n. 47): Este gesto tiene un sentido muy importante: en el
pan y el vino que llevamos al altar toda la creación es asumida por Cristo Redentor para ser
transformada y presentada al Padre.
o Evitar en este momento añadiduras superfluas y que nada tienen que ver con llevar los
dones al altar.
[Link]. Plegaria Eucarística (n. 48): Es el centro y cumbre de toda la celebración, su importancia
merece subrayarse adecuadamente, son fruto de la tradición eclesial viva.
o Introducir a los fieles en la riqueza teológica y espiritual inagotable de la Plegaria Eucarística.
o Ofrecer adecuada catequesis sobre los elementos fundamentales de la Plegaria Eucarística
(cf. IGMR 78-79)
o La Espiritualidad Eucarística y la Teología se iluminan con la unidad de la Anáfora, entre la
epiclesis y el relato de la Institución.
[Link]. El Rito de la Paz (n. 49): Ha adquirido especial relevancia, debido al deseo de la paz que
está en el corazón del hombre, por lo que se comprende la intensidad con que se vive en la
misma celebración.
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o Hay que moderar este gesto, para mantener un clima adecuado antes de comulgar, dándolo
a los más cercanos.
[Link]. Distribución y Recepción de la Eucaristía (n. 50): Los ministros deben hacer lo posible
para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor en
el Sacramento. Hay que recordar las normas dadas anteriormente (cf. RS 80-96).
o No descuidar el tiempo precioso de acción de gracias después de comulgar.
o En circunstancias especiales recordar el sentido de la comunión sacramental y las
condiciones para recibirla.
o Considerar la conveniencia, en ciertos casos, de sustituir la Eucaristía por una celebración
de la Palabra.
[Link]. Despedida: “Ite missa est” (n. 51): Apreciar la relación que existe entre la Misa celebrada
y la misión de la Iglesia en el mundo.
2.2.3. ACTUOSA PARTICIPATIO
Esta sección tiene una estrecha relación con la parte del Ars Celebrandi, pues una está referida
a la otra (cfr. n. 38).
[Link]. La Auténtica participación (n. 52): hay que aclarar confusiones: no se trata de una simple
actividad externa durante la celebración, sino más bien hay que comprenderla en términos más
sustanciales, partiendo de una toma de conciencia del misterio que se celebra y su relación con
la vida cotidiana del cristiano.
[Link]. Participación y ministerio Sacerdotal (n. 53): La belleza y armonía de la misma
celebración, se manifiesta de una manera muy eficaz en el carácter específico de las funciones
de cada uno en la celebración. Se indica el carácter jerárquico.
o Claridad en las tareas del Sacerdote: Preside, representa a Cristo, y en la manera que le es
propia, a la Iglesia.
o Es ayudado por el Diácono, con funciones ministeriales muy precisas.
o Existen también otros ministerios de índole litúrgica.
[Link]. Celebración Eucarística e inculturación (n. 54): Se pueden permitir algunas adaptaciones
apropiadas a los diversos contextos y culturas. Será tarea de la Conferencia Episcopal y
contando con la aprobación de la Santa Sede.
[Link]. Condiciones personales para una actuosa participatio (n. 55): El papa desea recalcar
algunas condiciones personales de cada uno para una fructuosa participación.
o Espíritu de conversión continua, favorecido por el recogimiento y silencio antes de la liturgia.
Ayuno y cuando sea necesario la confesión sacramental.
o No puede haber actuosa participatio sino se toma al mismo tiempo parte activa en la vida
eclesial en su totalidad y su proyección adecuada en la sociedad.
o Obviamente la participación plena se da en la comunión sacramental.
o La participación en la Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa –aunque
no se comulgue-.
[Link]. El siguiente bloque de párrafos va puntualizando los diferentes tipos de participación en
la misma acción litúrgica, que por brevedad sólo enunciamos:
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o Participación de los cristianos no-católicos (n. 56)
o A través de los Medios de comunicación social (n. 57)
o Los Enfermos (n. 58)
o Los Presos (n. 59)
o Los Emigrantes (n. 60).
Para concluir la sección, se pone especial atención a tres aspectos relacionados:
[Link]. Las Grandes Concelebraciones (n. 61): Se les reconoce el valor que tienen, sobre todo
cuando es el Obispo el que preside y es rodeado por el Presbiterio, participan los diferentes
ministerios y con gran presencia del pueblo de Dios. También se indican algunas limitaciones
que tienen, en relación con los sacerdotes, en la Plegaria Eucarística y la distribución de la
comunión.
o Serán de carácter excepcional y limitadas a situaciones extraordinarias.
o Hay que evitar la dispersión.
o Coordinarlas bien y disponer el lugar del culto de la manera más adecuada.
[Link]. Lengua Latina (62): Es una manera de resaltar la unidad y universalidad de la Iglesia,
por lo que:
o Grandes celebraciones internacionales: Usar el latín, exceptuando en las lecturas, la homilía
y la Oración de los fieles. Rezar las oraciones más conocidas y usar el canto gregoriano. Se
recuerda lo que dice SC 36.
o Se prepare a los Seminaristas para comprender y celebrar la Misa en latín y canto
Gregoriano.
o Los Fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que puedan cantar algunas
partes en Gregoriano.
[Link]. Celebraciones Eucarísticas en pequeños grupos (n. 63): Son distintas las circunstancias
que permiten las celebraciones en pequeños grupos, para lograr una participación más
conciente, activa y fructuosa. Estos son los Criterios a los que hay que atenerse
o De acuerdo al proyecto pastoral de la diócesis.
o Han de servir para unir a la comunidad parroquial, no para fragmentarla
o Evaluarlas en la praxis concreta
o Favorecer la participación fructosa de la asamblea.
o Preservar la unidad de cada familia en la vida litúrgica.
2.2.4. LA CELEBRACIÓN PARTICIPADA INTERIORMENTE (nn. 64-65)
Es sumamente importante el que a la Actuosa Participatio corresponde también la asimilación
personal del misterio celebrado, mediante “el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en unión con
el sacerdocio de Cristo por la salvación del mundo entero” (n. 64). Para alcanzar esta meta se
propone lo siguiente:
[Link]. Catequesis Mistagógica (n. 64): Para ayudar a que los fieles tengan una actitud
coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y palabras se necesita una educación en
la fe eucarística que disponga a vivir personalmente lo que se celebra. Como instrumento
formativo se propone la catequesis mistagógica, que debe tomar en cuenta tres elementos:
o Interpretación de los Ritos a luz de los acontecimientos salvíficos.
o Introducir en el significado de los signos contenidos en los ritos.
o El significado de los Ritos en su relación con la vida cristiana en todos sus aspectos.
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Para logar esta catequesis mistagógica se necesitan formadores bien preparados.
[Link]. Veneración a la Eucaristía (n. 65): Provocar el crecimiento del sentido del misterio de
Dios presente entre nosotros, con manifestaciones específicas de veneración a la Eucaristía.
2.2.5. ADORACIÓN Y PIEDAD EUCARÍSTICA (nn. 66-69).
[Link]. Relación intrínseca entre celebración y adoración (n. 66): La adoración no es sino la
continuación e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica.
[Link]. Práctica de la Adoración (n. 67):
o Se recomienda vivamente a nivel personal y comunitario
o Establecer Oratorios de adoración perpetua.
o Fomento de los Institutos consagrados a la adoración.
o Asociaciones de Fieles dedicados a la adoración.
[Link]. Formas de Devoción Eucarística (n. 68):
o Adoración personal y comunitaria
o Procesiones Eucarísticas
o Cuarenta Horas
o Congresos Eucarísticos.
[Link]. Lugar del Sagrario (n. 69): Sea fácilmente identificado y con la lamparilla, hay que tener
en cuenta la estructura de la Iglesia.
2.3. EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR (nn. 70-93):
Esta tercera parte del documento abarca 24 párrafos de la exhortación apostólica. En ella se
trata de la incidencia que el misterio Eucarístico ha de tener en la existencia humana. Esta es la
consecuencia de la fe y de la celebración de estos divinos misterios.
Se subdivide en tres secciones que afrontan las consecuencias en la vida del creyente del
misterio de la Eucaristía: Forma eucarística de la vida cristiana (70-83); Eucaristía, Misterio que
se ha de anunciar (84-87): Eucaristía, misterio que se ha de ofrecer al mundo (88-93). Aquí se va
de lo particular a lo más general o amplio. El ser del cristiano está marcado por la Eucaristía y le
confiere una forma o estilo de vida muy peculiar. La misión se desprende de esa forma de vivir la
Eucaristía y sus alcances llegan a mundo entero.
2.3.1. FORMA EUCARÍSTICA DE LA VIDA CRISTIANA (nn. 70-83):
¿Qué podemos entender cuando se nos habla de la Forma Eucarística de la vida Cristiana ?
Partiendo del texto de Jn. 6, 57: “El que me come vivirá por mí” el Papa nos recuerda: “cómo el
misterio ‘creído’ y ‘celebrado’ contiene en sí un dinamismo que hace de él principio de vida
nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana” (n. 70), recibiendo a Cristo en la Eucaristía
la vida divina se nos comunica de una manera más profunda, somos transformados íntimamente
en Cristo. Esta transformación es precisamente la Forma Eucarística de la vida cristiana.
[Link]. Núcleo de la Forma Eucarística de la Vida Cristiana (n. 70-71): El centro de la forma
Eucarística de la vida cristiana radica en que el Cristiano ha sido asumido por Cristo desde el
bautismo y hecho sacerdote capacitado para ofrecer en Cristo y con Cristo el nuevo y definitivo
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culto, la logiké latreía, que consiste en la ofrenda total de toda la persona en comunión con toda
la Iglesia. Este nuevo culto implica todos los aspectos de la vida, que lleva a la efectiva
transformación del hombre. Por lo que concluye el Papa: “el culto a Dios en la vida humana no
puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a
impregnar cualquier aspecto de la realidad del individuo” (n. 71).
[Link]. La importancia del Domingo (n. 72-75): La celebración del domingo, recordando la
resurrección del Señor, se presenta como nexo de unión de esa nueva forma de vida que se
alcanza por la Eucaristía. En el domingo el cristiano encuentra esa forma de vida Eucarística que
está llamado a vivir constantemente (cf. n. 72). Ahí radica la importancia de la celebración
dominical, que confiere una fisonomía particular al que, junto con sus hermanos participa en la
celebración del domingo. Se refuerzan los nexos de unión entre los miembros de la Iglesia, se
crece en la fe y se le da un verdadero sentido cristiano al tiempo. Por lo que el Papa exhorta a
que en torno a la celebración Eucarística dominical se hagan: encuentros de amistad; catequesis
de niños y de adultos; peregrinaciones; obras de caridad y momentos especiales de oración. Con
todo que se puede cumplir el precepto dominical desde el sábado por la tarde, “es preciso
recordar que el domingo merece ser santificado en sí mismo, para que no termine siendo un día
‘vacío de Dios’” (n. 73). Para que no caiga en la idolatría del trabajo es bueno recuperar en el día
del Señor el descanso dominical (cf. n. 74). Sin que se pierda el genuino sentido de la
celebración Eucarística, en aquellos lugares donde por la escasez de sacerdotes, se haga la
asamblea dominical en ausencia del sacerdote (cf. n. 75).
[Link]. La pertenencia eclesial como forma Eucarística de la vida cristiana (76): Existe un
estrecho vínculo entre la celebración del misterio Eucarístico y la pertenencia al Cuerpo de Cristo
que es la Iglesia. Por lo que “la forma eucarística de la vida cristiana es sin duda una forma
eclesial y comunitaria. El modo concreto en que cada fiel puede experimentar su pertenencia al
Cuerpo de Cristo se realiza a través de la diócesis y las parroquias como estructuras
fundamentales de la Iglesia en un territorio particular” (n. 76), esto nos ayuda a vencer las
perniciosas consecuencias del secularismo: individualismo, aislamiento y escaso sentido de
pertenencia. El Cristianismo siempre ha sido una comunidad, una red de relaciones humanas
sostenidas por la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y bajo la luz del Espíritu
Santo.
[Link]. Espiritualidad y cultura Eucarística (n. 77): La verdadera espiritualidad eucarística no se
reduce sólo a la participación en la Misa y la devoción al Santísimo Sacramento, sino que abarca
toda la vida del creyente. En la tendencia actual de tratar de excluir la fe cristiana al “margen de
la existencia, como si fuera inútil respecto al desarrollo concreto de la vida de los hombres” . Hay
que convencernos que Jesucristo no es “convicción privada” o “doctrina abstracta”, sino una
persona real capaz de transformar la vida de todos. Por eso, la Eucaristía se tiene que traducir
en espiritualidad, en vida según el Espíritu. Para ello se requiere la renovación total del modo de
vivir y de pensar, se requiere una conversión constante.
[Link]. Aplicaciones Concretas: Ambientes, personas y consecuencias (nn. 78-83): La forma
Eucarística de la vida cristiana, que se ha venido explicitando poco a poco en los párrafos
anteriores encuentra aquí una serie de aplicaciones concretas que brevemente exponemos
ahora:
o Ambientes: Evangelización de las culturas (n. 78): La Eucaristía puede fermentar
evangélicamente las diferentes culturas.
o Personas: Se recuerdan tres grupos: Los Laicos (n. 79); los Sacerdotes (n. 80) y los
Consagrados (n. 81).
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o Consecuencias: Al participar del don del amor de Dios estamos llamados a una
transformación moral: Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es
fragmentaria en sí misma” (n. 82). No es un moralismo, sino un deseo de corresponder
al amor de Dios con todo el propio ser. De aquí se desprende la Coherencia Eucarística,
exige el testimonio público de la fe, la salvaguarda de los valores fundamentales (cf. n.
83).
2.3.2. EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE ANUNCIAR (nn. 84-87)
[Link]. Razón de la misión (n. 84): El impulso misionero es parte constitutiva de la forma
eucarística de la vida cristiana: “no podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en
el Sacramento. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos”. La Eucaristía no
sólo es fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, sino también de su misión. De Cristo enviado
del Padre, por su mandato llega a nosotros la Misión, por lo que “no podemos acercarnos a la
Mesa Eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón
mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres”.
[Link]. Ser (n. 85): La primera misión esencial que fluye del Sacramento, es el testimonio con
nuestra propia vida, que debemos ser Testigos del amor de Dios, e incluso se puede llegar hasta
el don de sí mismos, hasta el Martirio: “El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en
plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte, con Él, en Eucaristía”.
[Link]. Contenido (n. 86): Se trata de “llevar a Cristo. No sólo una idea o una ética inspirada en
Él, sino el don de su persona” , por lo que es importante tener suficientemente claro que en el
trabajo misionero es el anuncio de la salvación que por medio de su muerte y resurrección nos
ha entregado Cristo y que es creído y celebrado en el Misterio Eucarístico.
[Link]. Colofón (n. 87): Recuerda el Papa “las graves dificultades que afectan a la misión de
aquellas comunidades cristianas que viven en condiciones de minoría o incluso de libertad
religiosa”. Hay que ser solidarios con ellos y pedir que se aumente los espacios de libertad
religiosa en esos estados.
2.3.3. EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE OFRECER AL MUNDO (nn.
88-93)
[Link]. Eucaristía, pan partido para la vida del mundo (n. 88): Cristo ha dado su vida para
salvarnos y la Eucaristía es la actualización sacramental del Cuerpo entregado y la Sangre
derramada del Señor en el árbol de la cruz, en ella Cristo nos hace testigos de la compasión de
Dios por todos los hombres. De esta fuente mana el servicio de caridad hacia el prójimo,
reconociendo en cualquier hombre o mujer al hermano y hermana, por las que dio su vida Cristo.
Por ello “la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse ‘pan partido’ para los demás y,
por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno”.
[Link]. Implicaciones Sociales del Misterio Eucarístico (n. 89): Es necesario explicitar el
compromiso social que tiene el Misterio Eucarístico. Es Sacramento de comunión entre
hermanos y hermanas que se reconcilian en Cristo. De esta fuente se llega a la voluntad de
transformar las estructuras injustas para reestablecer el respeto y dignidad del hombre. Por lo
que “la Eucaristía, mediante la puesta en práctica de este compromiso, transforma en vida lo que
ella significa en la celebración”. La Iglesia tiene la responsabilidad de despertar las fuerzas
espirituales y que los fieles sean “operadores de paz y de justicia”, de modo que “gracias al
Misterio que celebramos, deben denunciarse las circunstancias que va contra la dignidad del
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hombre, por el cual Cristo ha derramado su sangre, afirmando así el valor tan alto de cada
persona”
[Link]. El alimento de la verdad y la indigencia del hombre (n. 90): Ante las situaciones tan
graves de pobreza, cuyas causas son muchas veces responsabilidad por parte de los hombres,
por lo que han de denunciarse y trabajar sin descanso por establecer la civilización del amor.
[Link]. Doctrina Social de la Iglesia (n. 91): Para tener cristianos laicos debidamente capaces de
asumir la propia responsabilidad política y social, para ello deben formarse con una educación
concreta a la caridad y a la justicia, con la promoción del conocimiento adecuado de la Doctrina
Social de la Iglesia.
[Link]. Santificación del mundo y salvaguardia de la creación (n. 92): Hay que se conscientes de
que la acción de gracias que se efectúa en la Eucaristía lleva también a la santificación del
mundo. Como dice el Papa: “la fundada preocupación por las condiciones ecológicas en que se
encuentra la creación en muchas partes del mundo encuentra motivos de tranquilidad en la
perspectiva de la esperanza cristiana que nos compromete a actuar responsablemente en
defensa de la creación”.
[Link]. Utilidad de un Compendio Eucarístico (n. 93): Respondiendo a la petición de los Padres
sinodales, se está preparando un “Compendio que recogerá textos del Catecismo de la Iglesia
Católica, oraciones y explicaciones de las Plegarias Eucarísticas del Misal, así como todo lo que
pueda ser útil para la correcta comprensión, celebración y adoración del Sacramento del Altar”.
3. CONCLUSIÓN (nn. 94-97):
Al final del documento el Papa, hace una breve síntesis de lo que ha ido explicando a lo largo de
toda su exposición. Hay toda una serie de conclusiones que se nos presentan:
Indico por ejemplo los aspectos imprescindibles de la logiké latreía (n. 94):
o El Ofrecimiento de toda la vida.
o La comunión con toda la comunidad de los creyentes.
o La solidaridad con cada hombre y mujer de este mundo.
Una exhortación a diferentes grupos eclesiales que tienen mucho que ver con el Misterio
Sacrosanto de la Eucaristía:
o Los Pastores para que promuevan la auténtica espiritualidad Eucarística. De manera
particular los presbíteros y diáconos, los ministros de la Eucaristía, para que reciban de
los mismos servicios que realizan un impulso en su camino personal y comunitario de
Santificación.
o A los Laicos, específicamente a las Familias, para que de la Eucaristía reciban fuerza
para transformar la propia vida en signo de la presencia de Cristo.
o A los Consagrados y Consagradas que por medio de su vida Eucarística manifiesten la
belleza de pertenecer al Señor.
Concluye con el lugar que tiene la Virgen Santísima en relación al Misterio de la Eucaristía, como
imagen de la Iglesia realizada en modo más perfecto y modelo insustituible de vida Eucarística.
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El panorama abierto es amplio y múltiples sus consecuencias. Como Iglesia Diocesana, en
comunión con su Padre y Pastor, debemos encontrar caminos concretos para hacer viable las
líneas de acción de la Exhortación Apostólica.
Guad. Jal. 24 de noviembre de 2007
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