Lóbulo frontal: localización,
anatomía y funciones
El lóbulo frontal es el mayor lóbulo de los cuatro que existen en el
cerebro de los mamíferos. Está localizado en la parte frontal de cada
hemisferio cerebral y controla importantes funciones cognitivas, como la
expresión emocional memoria, solución de problemas, lenguaje, control
de impulsos, comportamiento social y sexual, espontaneidad o control
muscular. El lóbulo frontal izquierdo afecta a los músculos de la parte
derecha del cuerpo, y los del lóbulo frontal derecho controlan los
músculos de la parte izquierda del cuerpo.
El lóbulo frontal es el área cerebral que más nos distingue a los humanos
del resto de los animales. Por ello ha suscitado especial interés en los
investigadores, que han realizado múltiples estudios sobre sus funciones
y su mecanismo de funcionamiento.
Esta región está
ampliamente relacionada con funciones tan importantes como el
lenguaje, el control de las acciones motoras y las funciones ejecutivas,
de manera que, si es lesionado, la persona puede sufrir graves
problemas de los que hablaremos también en este artículo.
Localización
El cerebro se compone de áreas corticales y estructuras subcorticales. La
corteza cerebral se encuentra dividida en lóbulos, separados por surcos,
los más reconocidos son el frontal, el parietal, el temporal y el occipital,
aunque algunos autores postulan que también existe el lóbulo límbico.
La corteza está dividida a su vez en dos hemisferios, el derecho y el
izquierdo, de manera que los lóbulos están presentes de forma simétrica
en ambos hemisferios, existiendo un lóbulo frontal derecho y otro
izquierdo, un lóbulo parietal derecho e izquierdo, y así sucesivamente.
Los hemisferios cerebrales están divididos por la cisura interhemisférica
mientras que los lóbulos están separados por diferentes surcos.
El lóbulo frontal llega desde la parte más anterior del cerebro hasta la
cisura de Rolando (o cisura central) donde comienza el lóbulo parietal y,
por los lados, hasta la cisura de Silvio (o cisura lateral) que lo separa
el lóbulo temporal.
Anatomía
En cuanto a la anatomía del lóbulo frontal humano, cabe decir que es
muy voluminoso y tiene forma de pirámide. Puede ser dividido en
corteza precentral y prefrontal:
Corteza precentral
Está compuesta por la corteza motora primaria (área 4 de Brodmann), la
corteza premotora y la motora suplementaria (área 6 de brodmann).
Esta zona es básicamente motora y controla los movimientos fásicos del
cuerpo (programación e iniciación del movimiento), así como los
movimientos necesarios para producir el lenguaje y la postura y la
orientación corporal.
Corteza prefrontal
Es la zona de asociación, se compone de corteza dorsolateral,
ventrolateral y orbitofrontal, y sus funciones están relacionadas con el
sistema ejecutivo, como el control y manejo de las funciones ejecutivas.
Conexiones del lóbulo frontal
El lóbulo frontal, y en especial la corteza prefrontal, es el área cortical
más ampliamente conectada con el resto del cerebro. Las conexiones
principales son las siguientes:
-Conexiones frontales córtico-corticales
Recibe y envía información al resto de lóbulos. Las más importantes son
las conexiones frontotemporales, que están relacionadas con la actividad
audioverbal y las frontoparietales, relacionadas con el control y
regulación de la sensibilidad cutaneo-cinestésica y el dolor.
-Conexiones frontales córtico-subcorticales.
Conexiones fronto-talámicas
Núcleos talámicos centrolaterales que conectan con el córtex
precentral.
Núcleo talámico dorsomedial que conecta con la corteza
prefrontal, relacionada de alguna forma con la memoria.
Núcleo talámico ventral anterior que conecta con el córtex
frontal límbico (área cingulada).
Conexiones fronto-límbicas
Facilitan la regulación emocional y afectiva a través de secreciones
neuroendocrinas y neuroquímicas.
Circuitos fronto-basales
En estos circuitos se conectan algunas secciones del lóbulo frontal con el
estriado, el globo pálido y el tálamo:
Circuito motor, relacionado con el control de los movimientos.
Circuito oculomotor, relacionado con la asociación entre
nuestros movimientos y la posición de los objetos identificada a
través de la vista.
Circuito prefrontal dorsolateral, relacionado con las funciones
ejecutivas.
Circuito prefrontal cingulado, relacionado con las respuestas
emocionales.
Se podría decir que el lóbulo frontal recibe inputs de las zonas
encargadas del procesamiento sensorial de la información y
envía outputs a las zonas encargadas de dar una respuesta, sobre todo
motoras.
La corteza prefrontal
La corteza prefrontal es la última zona en desarrollarse del lóbulo frontal
y del cerebro en general. Este área es especialmente importante porque
cumple funciones sin las cuales no seríamos eficaces en nuestro día a
día, como planificar y organizar las conductas futuras.
Tiene forma de pirámide, al igual que el lóbulo frontal, y tiene una cara
interna, otra externa y otra interior. En cuanto a las conexiones que
establece con el resto de estructuras, hay tres circuitos principales:
Circuito prefrontal dorsolateral
Va hasta la zona dorso-lateral del núcleo caudado. Desde aquí se
conecta con el globo pálido dorso-medial y con la sustancia negra. Estos
proyectan a los núcleos talámicos dorso-medial y ventral-anterior, y de
ahí vuelven a la corteza prefrontal.
Circuito orbitofrontal
Proyecta al núcleo caudado ventromedial, después al globo pálido y a la
sustancia negra ventro-medial, de ahí pasa a los núcleos talámicos
ventral-anterior y dorso-medial y finalmente vuelve a la corteza
prefrontal.
Circuito cingulado anterior
Proyecta al cuerpo estriado ventral, este tiene conexiones con el globo
pálido, el área tegmental ventral, la habénula, el hipotálamo y la
amígdala. Finalmente vuelve a la corteza prefrontal.
A esta zona se le atribuye las funciones de estructurar, organizar y
planificar la conducta. El paciente sufre los siguientes fallos si se lesiona
esta área:
Fallos en la capacidad selectiva.
Fallos en la actividad sostenida.
Déficits en la capacidad asociativa o en la formación de
conceptos.
Déficits en la capacidad de planificación.
Funciones del lóbulo frontal
El lóbulo frontal cumple múltiples funciones que se pueden resumir en:
Funciones ejecutivas
Simulación virtual de la conducta a realizar a través de
experiencias y previas y del aprendizaje vicario.
Fijación de una meta y de los pasos que hay que seguir para
completarla.
Planificación, coordinación y puesta en marcha de las conductas
necesarias para alcanzar el objetivo.
Mantenimiento de los objetivos a lo largo de todo el proceso
hasta alcanzar la meta. Aquí están involucradas la memoria de
trabajo y la atención sostenida.
Inhibición del resto de estímulos que no tengan que ver con la
meta y que puedan interferir con ellas.
Coordinación de todos los sistemas necesarios para realizar las
acciones necesarias, como el sensorial, el cognitivo y el
conductual.
Análisis de los resultados obtenidos y, si es necesario,
modificación de los patrones de conducta en base a estos
resultados.
Funciones sociales
Inferencia de las intenciones y pensamiento de los demás. Esta
capacidad se denomina teoría de la mente.
Reflexión acerca de nuestros conocimientos e intereses y
capacidad para comunicarlos.
Funciones emocionales
Control de los estímulos reforzadores para motivarnos a realizar
las conductas y procesos cognitivos que debamos realizar.
Regulación de los impulsos.
Consciencia de las emociones.
Funciones motoras
Secuenciación, coordinación y ejecución de las conductas
motoras.
Funciones lingüísticas
Habilidad para entender el lenguaje de los demás y producir el
nuestro propio.
A continuación se describirá con mayor profundidad las funciones
ejecutivas por su gran importancia en los humanos.
Funciones ejecutivas
Las funciones ejecutivas podrían definirse como el último paso en el
control, regulación y dirección de la conducta humana. Este concepto
surge por primera vez de la mano de A.R. Luria en 1966 en su
libro Higher Cortical Function in Man.
Lezak popularizó este término en la psicología americana. Esta autora
destaca la diferencia entre funciones ejecutivas y cognitivas, afirmando
que, aunque las funciones cognitivas sufran daños si las funciones
ejecutivas funcionan correctamente, la persona continuará siendo
independiente, constructivamente autosuficiente y productiva.
Las funciones ejecutivas están formadas por cuatro componentes:
Formulación de metas
Es el proceso por el cual se determinan las necesidades, que es lo que se
quiere y de que es capaz para conseguir lo que se quiere. Si una
persona tiene alterada esta función no puede pensar lo que debe hacer y
presenta dificultades en el inicio de actividades.
Puede presentarse estas alteraciones sin necesidad de daño cerebral,
simplemente con una mala organización en el lóbulo prefrontal.
Planificación
Se encarga de determinar y organizar los pasos necesarios para llevar a
cabo una intención.
Este proceso requiere capacidades determinadas como: conceptualizar
los cambios en las circunstancias presentes, verse desarrollada a sí
misma en el entorno, ver el entorno objetivamente, capaz de concebir
alternativas, llevar a cabo elecciones y desarrollar una estructura para
llevar a cabo el plan.
Implementación de planes
Se interpreta como la acción de iniciar, mantener, cambiar y para
secuencias de conductas complejas de una manera integral y ordenada.
Ejecución efectiva
Es la valoración en función de los objetivos y los recursos utilizados para
conseguir esos objetivos.
El sistema de enseñanza es muy importante para la correcta
configuración de las funciones ejecutivas, puesto que estas funciones
empiezan a desarrollarse en la infancia, desde el primer año de vida, y
no maduran hasta la pubertad o incluso más adelante.
Las funciones ejecutivas están relacionadas principalmente con el córtex
prefrontal, pero algunos estudios realizados con PET (tomografía por
emisión de positrones) indican que, cuando la actividad se vuelve
rutinaria, otra parte del cerebro toma el relevo en la actividad para dejar
“libre” al córtex prefrontal y que este pueda ocuparse de realizar otras
funciones.
Evaluación del funcionamiento ejecutivo
Las técnicas más empleadas para la evaluación del sistema ejecutivo
son:
Wisconsin Card Sorting Test. Prueba en la que el paciente
tiene que clasificar una serie de tarjetas de varias maneras,
usando una categoría diferente cada vez. Los fallos en esta
prueba implicarían problemas en la formación de conceptos que
podrían ser debidos a lesiones en el lóbulo frontal izquierdo.
La torre de Hanoi-Sevilla. Esta prueba se usa para examinar
las habilidades complejas de resolución de problemas.
Pruebas de laberinto. Estas pruebas aportan datos sobre los
niveles más altos de funcionamiento cerebral que requieren
planificación y previsión.
Juguetes de construcción. Estas son pruebas poco
estructuradas y se usan para evaluar las funciones ejecutivas.
Disfunciones del lóbulo frontal
El lóbulo frontal puede dañarse como consecuencia de traumatismos,
infartos, tumores, infecciones o por el desarrollo de algunos trastornos
como los neurodegenerativos o los trastornos del desarrollo.
Las consecuencias del daño del lóbulo frontal van a depender de la zona
dañada y de la magnitud de la lesión. El síndrome, debido a daños en el
lóbulo frontal, más conocido es el síndrome prefrontal que se describirá
a continuación.
El síndrome prefrontal: Phineas Cage
La primera descripción bien documentada de un caso de este síndrome
fue la realizada por Harlow (1868) sobre el caso de Phineas Gage, a lo
largo del tiempo se ha seguido estudiando este caso y hoy en día es uno
de los más conocidos en el campo de la psicología (citado en León-
Carrión & Barroso, 1997).
Phineas estaba trabajando en las vías de un tren cuando tuvo un
accidente mientras compactaba pólvora con una barra de hierro. Parece
ser que una chispa llegó a la pólvora y esta exploto lanzando la barra de
hierro directamente a su cabeza. Phineas sufrió una lesión en el lóbulo
frontal izquierdo (concretamente en la región orbital medial) pero siguió
vivo, aunque le quedaron secuelas.
Los cambios más significativos debidos a la lesión que sufrió fueron
aumento de los impulsos, incapacidad para controlarse y dificultades
para planear y organizarse.
Las personas con el córtex prefrontal lesionado presentan cambios en la
personalidad, en la motricidad, en la atención, en el lenguaje, en la
memoria y en las funciones ejecutivas.
Cambios de personalidad
Según Ardila (citado en León-Carrión & Barroso, 1997) existen dos
formas o vertientes para describir los cambios en la personalidad
causados por este síndrome:
1. Cambios en la activación para la acción. Los pacientes suelen
sentir apatía y desinterés, por lo tanto, todo lo realizan con
desgana y son poco proactivos.
2. Cambios en el tipo de respuesta. La respuesta que da el
paciente no es adaptativa, no se corresponde con el estímulo
que se le presenta. Por ejemplo, pueden tener un examen y
ponerse a elegir la ropa que se van a poner durante demasiado
tiempo en vez de estudiar.
Cambios en la motricidad
Entre los cambios de la motricidad podemos encontrarnos con:
Reflejos neonatales. Parece como si los pacientes
involucionaran y volvieran a tener los reflejos que tienen los
bebés y se van perdiendo con el desarrollo. Los más usuales
son:
o Reflejo de Babinski. Extensión tónico dorsal del dedo
gordo del pie.
o Reflejo de prensión. Cerrar la palma de la mano
cuando algo la toca.
o Reflejo de succión.
o Reflejo palmomentoniano. Tocar la palma de la mano
desencadena movimientos en el mentón.
Repetir las acciones del examinador.
Reaccionan de forma exagerada ante los estímulos.
Desorganización de la conducta.
Repetir el mismo movimiento una y otra vez.
Cambios en la atención
Los principales cambios se dan en la respuesta de orientación, los
pacientes tienen déficits para orientarse ante los estímulos que deberían
en casa momento y al seguir las instrucciones del examinador.
Cambios del lenguaje
Los más característicos son:
Afasia motora transcortical. El lenguaje está muy limitado y se
reduce a frases cortas.
Lenguaje subvocal. Cambios en el aparato fonador,
probablemente debido a la afasia, de manera que la persona
pronuncia de forma extraña.
Comisión de errores de denominación, como perseverar y
responder antes fragmentos del estímulo y no el estímulo en
global.
Responden mejor ante estímulos visuales que verbales debido a
que tienen un pobre control de la conducta mediante el
lenguaje.
No pueden mantener un tema central de conversación.
Falta de elementos de conexión para dar formas y hacer el
lenguaje lógico.
Concretismo. Dan información concreta sin ponerla en contexto,
lo cual puede dificultar el entendimiento de su interlocutor.
Cambios en la memoria
Los lóbulos frontales juegan un importante papel en la memoria, sobre
todo en la memoria a corto plazo. Los pacientes con lesiones en el lóbulo
frontal presentan problemas en el almacenamiento y la retención de la
memoria. Las alteraciones más frecuentes son:
Organización temporal de la memoria. Los pacientes presentan
problemas para ordenar los acontecimientos en el tiempo.
Amnesias, especialmente por lesiones producidas en la zona
orbital.
Cambios en las funciones ejecutivas
Las funciones ejecutivas son las más perjudicadas en los pacientes con
lesiones frontales dado que para su correcta realización es necesario una
elaboración compleja y la integración y coordinación de varios
componentes.
Las personas con un síndrome frontal son incapaces de formarse una
meta, planear, llevar a cabo las acciones de manera ordenada y analizar
los resultados obtenidos. Estos déficits les impiden llevar a cabo una
vida normal ya que interfieren con sus tareas laborales/escolares,
familiares, sociales…
Aunque los síntomas descritos son los más comunes sus características
no son universales y van a depender tanto de variables del paciente
(edad, ejecución premórbida…), como de la lesión (localización concreta,
magnitud…) y del curso del síndrome.
-Síndromes típicos
La categoría de síndromes frontales es muy amplia y engloba otra serie
de síndromes que se diferencian según la zona lesionada. Cummings
(1985), describe tres síndromes (citado en León-Carrión & Barroso,
1997):
1. Síndrome orbitofrontal (o de desinhibición). Se caracteriza
por desinhibición, impulsividad, labilidad emocional, juicio pobre
y distraibilidad.
2. Síndrome de la convexidad frontal (o apático). Se
caracteriza por apatía, indiferencia, retardo psicomotor, pérdida
de impulso, abstracción y categorización pobre.
3. Síndrome medio frontal (o akinético del lóbulo frontal). Se
caracteriza por escasez de gestos espontáneos y movimientos,
debilidad y pérdida de sensibilidad en las extremidades.
Imbriano (1983) añade dos síndromes más a la clasificación elaborada
por Cummings (citado en León-Carrión & Barroso, 1997):
1. Síndrome polar. Producido por lesiones en la zona orbital. Se
caracteriza por alteraciones de la capacidad intelectual,
desorientación temporo-espacial y falta de autocontrol.
2. Síndrome esplenial. Producido por lesiones mediales
izquierdas. Caracterizado por alteraciones de las expresiones
faciales afectivas e indiferencia afectiva, trastornos del
pensamiento y alteraciones del lenguaje.
Referencias
1. Carmona, S., & Moreno, A. (2014). Control ejecutivo, toma de
decisiones, razonamiento y resolución de problemas. En D.
Redolar, Neurociencia Cognitiva (págs. 719-746). Madrid:
Médica Panamericana S.A.
2. León-Carrión, J., & Barroso, J. (1997). Neuropsicología del
Pensamiento. Sevilla: KRONOS.
3. Redolar, D. (2014). Lóbulos frontales y sus conexiones. En D.
Redolar, Neurociencia Cognitiva (págs. 95-101). Madrid: Médica
Panamericana S.A.