NECESITAMOS SILENCIO
Por Monseñor Rómulo Emiliani, c.m.f.
En este mensaje al corazón le decimos, ¡Necesitamos Silencio! Sí necesitamos
silencio en nuestras vidas para poder vivir a plenitud. Necesitamos silencio en
nuestros corazones para contemplar las maravillas que nos rodean: la naturaleza
con sus diferente tonalidades de verdes, los colores de las amapolas, de los lirios,
de las rosas, las formas caprichosas de las rocas, la majestuosidad de las
montañas, la humildad de las pequeñas colinas, la paz de los valles. La belleza de
un atardecer, o de una noche de luna, o de un día soleado de campo se pierde
porque nos falta silencio y soledad para contemplarlos.
Se necesita silencio para meditar en esos gestos de amor que tiene mucha gente
para con nosotros. Para saborear la ternura de una madre que ama a sus hijos.
Para contemplar la comprensión de nuestro amigo que no nos falló en los
momentos de crisis. Para contemplar esos actos misericordiosos y llenos de
perdón que ha tenido la gente que nos ama.
Necesitamos silencio para ver la belleza escondida en el rostro sucio y travieso de
un niño, en el candor e inocencia de un nene durmiendo, en la grandeza
escondida de un pequeño que irá creciendo y se irá haciendo un hombre
lentamente, y que ya tiene esa grandeza en potencia, en germen.
Se necesita silencio para poder contemplar la grandeza de tantas vidas heroicas,
que han brindado lo suyo para hacer de este mundo un mundo mejor y que han
estado muy cercanos a nosotros brindando su pan, su consejo, su amor, su
perdón, su comprensión.
Se necesita silencio para contemplar la paciencia que han tenido algunos con
nosotros, para contemplar también el porqué oculto, pero dramático, que
incluyen y mueven a algunos a realizar actos buenos y a otros a realizar actos
ofensivos y dañinos. Se necesita silencio para ver en estos últimos, sus traumas,
sus frustraciones, sus fracasos, las tinieblas que poco a poco envuelve sus vidas y
que los lleva a eso. Se necesita silencio para perdonarlos y comprender su pobre
situación.
Se necesita silencio para admirar los gestos sencillos, pero cargados de amor que
mucha gente en la vida realiza. Se necesita silencio para que el esposo escuche
los latidos del corazón amoroso y tierno de su esposa, su fidelidad, su paciencia y
viceversa. Por falta de silencio se ahogan oportunidades maravillosas de amar,
porque el ruido nos impide pensar, el ruido nos impide reflexionar, el ruido nos
impide en definitiva amar.
Necesitamos silencio para contemplar la presencia de Dios que está en tí, que
está en mí; la presencia del Señor que es nuestro eterno acompañante, nuestro
más fiel amigo, el que siempre nos ama muy a pesar de nuestros pecados.
Necesitamos silencio para poder escuchar a Dios. El silencio es necesario para la
contemplación de la Verdad. Leer la palabra de Señor y orar en silencio nos
ayudará a saber quién es Dios para nosotros.
Necesitamos silencio para escuchar la voz del que sufre, la voz del que padece, el
lamento del que nos necesita. Hay mucho lamento de soledad, de miedo, de
dolor, de hambre, y de vacío de Dios. Hay mucha gente que sufre y el ruido en
que vivimos nos impide contemplar el sufrimiento y el dolor de tanta gente.
Necesitamos silencio para escucharlos.
Necesitamos silencio porque la lengua es un arma muy peligrosa, y fijémonos
cómo usamos nuestra lengua. ¿Qué decimos?, ¿Cómo lo decimos?, ¿Qué
transmitimos generalmente? Muchas veces transmitimos angustia, sospechas,
miedos, intrigas, tensión. Y muchas veces no dejamos que los demás hagan su
silencio. Con nuestro ruido robamos a los otros la paz que podrían tener.
En el silencio, María, en una profunda oración recibió el anuncio del ángel, y en
el silencio el Verbo se hizo carne. En el silencio de una noche estrellada, apartada
de la ciudad nació Jesús. En el silencio del taller de Nazaret, Jesús trabajaba y
meditaba en las cosas de su padre. En el silencio de las montañas y los lagos
hablaba Jesús con su Padre Dios.
En el silencio se han concebido las grandes obras artísticas, científicas y
filosóficas. En el silencio muchos hombres se han hecho grandes, porque han
podido pensar.
¿Por qué no hace del silencio su mejor aliado en esta sociedad tan ruidosa? En el
silencio encontrará la paz, el equilibrio, la serenidad y sobre todo en el silencio
encontrará a Dios y no se olvide, ¡CON EL SOMOS INVENCIBLES!