PERSONAJE: SALTA Y SE SIENTA
LUGAR: DA UNA VUELTA Y SE SIENTA
La historia de Cristiano
El autor de esta impresionante obra visita los fondos reales de su ciudad y de su país, y hace
uso del lenguaje y las formas de la gente común de la Inglaterra del siglo XVII para ilustrar
el poderoso drama de pruebas y tentaciones del peregrino en su desgarrador viaje hacia la
Ciudad Celestial.
La narración cuenta la historia de Cristiano, una representación de todos los hombres. Él
es un padre de familia desesperado por no poder encontrar respuesta y solución a la
tormentosa declaración que hace su libro (la Biblia) sobre el juicio para los habitantes de la
ciudad de la destrucción.
La vida de Cristiano toma un rumbo definitivo cuando tiene una conversación con un hombre
llamado Evangelista, quien le declara el camino más seguro a la Ciudad Celestial y le
entrega un rollo que le advierte sobre huir ante una inminente ira venidera.
Evangelista muestra a Cristiano el camino
Al igual que toda persona que ha sido impactada por la lectura de la Biblia, Cristiano se
convirtió en un asiduo lector de su libro, al punto que su familia, y principalmente su esposa,
piensan que está enloqueciendo. Pero él quiere librarse de una carga terrible: el peso de sus
pecados. Evangelista lo guía hacia una puerta de entrada que simboliza el camino a la
salvación, y él se marcha, dejando atrás a su familia.
Cae en el Pozo de la Desesperación, arrastrado por su carga, pero es salvado por un
hombre llamado Auxilio. Luego se encuentra con el Sr. Sabio mundano, quien lo convence
para que no tenga en cuenta los consejos de Evangelista y, en cambio, vaya a la aldea de
la Moralidad y busque al Sr. Legalidad o a su hijo Civilidad. Sin embargo, la carga de
Cristiano se vuelve más pesada, lo que lo obliga a detenerse.
Pero Evangelista reaparece y lo pone de nuevo en el camino. El portero, llamado Buena
Voluntad, lo deja pasar y lo dirige a la casa de Intérprete, donde recibe instrucciones sobre
la gracia cristiana. Mientras Cristiano continúa su viaje, se encuentra con una cruz y un
sepulcro, y en ese momento la carga cae de sus hombros. Tres Seres resplandecientes
aparecen y le dan un rollo sellado que debe presentar cuando llegue a la puerta de la Ciudad
Celestial.
Cristiano continúa su camino, y cuando llega a la dificultad de la colina, elige el camino
recto y estrecho. A medio camino se queda dormido en un refugio, dejando que el rollo se
caiga de sus manos. Cuando se despierta, se dirige a la cima de la colina, donde se da
cuenta de que debe regresar al refugio y encontrar su pergamino perdido. Más tarde llega
a un palacio llamado Hermoso, donde se encuentra con las doncellas Discreción,
Prudencia, Piedad y Caridad. Le dan una armadura cristiana, y él se entera de que un
antiguo vecino, llamado Fiel, está viajando por delante de él.
Cristiano luego atraviesa el valle de Humillación, donde lucha con el monstruo Apollyón.
Seguidamente pasa por el aterrador Valle de la Sombra de Muerte, para poco después
alcanzar a Fiel. Los dos ingresan a la Ciudad de la Vanidad, sede de la antigua Feria de
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LUGAR: DA UNA VUELTA Y SE SIENTA
la Vanidad, que está diseñada para atrapar a los peregrinos en ruta hacia la Ciudad
Celestial. Su ropa extraña y la falta de interés en la mercancía de la feria causan una
conmoción, y los dos peregrinos son arrestados. Procesado ante el Sr. Odio a lo Bueno,
Fiel es condenado a muerte y ejecutado, e inmediatamente es llevado a la Ciudad Celestial.
Cristiano es devuelto a la cárcel, pero finalmente escapa.
Cristiano deja la Ciudad de la Vanidad, acompañado por Esperanza, quien fue inspirado
por la muerte de Fiel. Cristiano y Esperanza cruzan la llanura del Alivio y resisten la
tentación de una mina de plata. Más tarde, el camino se vuelve más difícil y los dos viajeros
toman una ruta más fácil, a través del sendero de la pradera. Sin embargo, cuando se
pierden y quedan atrapados en una tormenta, Cristiano se da cuenta de que se han
extraviado. Tratando de dar marcha atrás, tropiezan en los terrenos del castillo de la Duda,
donde son atrapados, encarcelados y golpeados por el Gigante Desesperación.
Pero Cristiano recuerda que tiene una llave llamada Promesa, que él y Esperanza usan
para abrir las puertas y escapar. Llegan a las Montañas de Delicias, justo a las afueras de
la Ciudad Celestial, donde se encuentran con un grupo de pastores de ovejas que les
muestran el destino de aquellos que se desviaron en el pasado del camino hacia la Ciudad
Celestial. Sin embargo, Cristiano y Esperanza cometen el error de seguir a un personaje
llamado Adulación y deben ser rescatados. Antes de que puedan ingresar a la Ciudad
Celestial, deben cruzar un río como una prueba de fe, y luego, después de presentar sus
pergaminos, Cristiano y Esperanza son admitidos en la Ciudad Celestial.
La alegoría y los cristianos de hoy
¿Qué tiene que ver esta alegoría con nuestra vida cristiana de hoy?
Uno de los momentos cumbres de esta alegoría se da cuando Cristiano se encuentra con la
cruz de Cristo, que lo libera de su gran y pesado equipaje que carga sobre sus espaldas,
permitiéndole transitar de una manera más ligera. Después de luchar por salir del camino
incorrecto de la moralidad y de cargar con el peso del pecado, llegamos a un lugar por el
cual todos debemos pasar para llegar a la Ciudad Celestial, y ese lugar es la cruz, en donde
somos despojados de toda carga de pecado.
Pero eso no es todo. Luego de ser librados del pecado, vendrán muchos tratando de
convencernos de que el camino de la fe es una locura que traerá mucho dolor y que conlleva
incomodidad. Además, tratarán de convencernos de disfrutar placeres temporales. Por
nuestra naturaleza pecaminosa, podemos seguir los malos consejos y desviarnos del camino
correcto, llegando a creer que podemos alcanzar la Ciudad Celestial por nuestros propios
medios.
Ilustración de Cristiano siendo librado de su carga frente a la cruz.
Sin embargo, no todo es dolor y dificultad. Vendrán personas guiadas por Dios que nos
ayudarán en los momentos en que nos desviemos del camino y nos harán volver a la senda
correcta: el camino angosto que sigue Cristiano en el libro y que debemos seguir nosotros
también.
De la misma manera en la que Fiel y Cristiano atraviesan la Ciudad de la Vanidad y son
fuertes para soportar la tentación de comprar sus productos, nosotros también debemos
evitar las vanidades y la superficialidad de este mundo. Si no compramos el envanecimiento
del mundo y lo que es valioso para él, ni nos inclinamos ante sus principios y valores,
debemos tener claro que seremos perseguidos.
Fiel y Esperanza fueron los dos amigos que animaron a Cristiano a sostenerse en lugares
muy peligrosos como el Castillo de la Duda, a luchar contra el Gigante Desesperación, a
escapar de la angustia y a volver al camino. Fiel y Esperanza son una analogía de lo que
significa el pastoreo mutuo y el cuidado entre hermanos que se ve más claramente en los
momentos más oscuros.
Personajes como los pastores son claras representaciones del verdadero ministerio pastoral,
que se encarga de guiar y enseñar sobre los muchos dolores que están pasando otros que
antes creyeron andar por el camino correcto, pero que se desviaron. Por otro lado, los
pastores fueron buenos consejeros para el peregrino y su amigo, como lo son hoy, pues nos
advierten del error y de los falsos caminos.
Esperanza tiene una de las conversaciones más importantes de la narración cuando
comienza a describir con detalle cómo salió de una vida sin Dios a una vida religiosa por
medio de obras que no llevan a salvación, y cómo Dios por su gracia lo ayudó a ver el
verdadero camino a la salvación por medio de Cristo. Esto, a grandes rasgos, representa
cómo muchos transitan de la religión a Cristo.
El cruce del río para llegar a las puertas de la Ciudad Celestial nos enseña cómo hasta el
último momento de nuestra vida debemos perseverar, no dudar y no perder todo nuestro
recorrido por causa de la incredulidad. Debemos tener presente que, gracias a las promesas
del evangelio, Dios siempre nos ayudará en el poder del Espíritu Santo.
Finalmente, y quizá lo más importante, es que debemos saber que, al igual que hombres
como Ignorancia, por más que lleguemos al final del camino, si no llegamos con la garantía
del evangelio, que en el libro es el pergamino, nunca entraremos en la Ciudad Celestial. No
existen caminos alternos.
En resumen, aquellos que se dirigen a la Ciudad Celestial, vestidos con la justicia de Cristo,
hablando el idioma de la Biblia y transitando solo en la verdad, no son bienvenidos en este
mundo, pero sí en la eternidad con Cristo.