La primera plaga: el agua convertida en sangre
Éxo 7:17 Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy
Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi
mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.
v18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y
los egipcios tendrán asco de beber el agua del río.
La segunda plaga: las ranas
Éxo 8:1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia
de Faraón y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo,
para que me sirva. v2 Y si no lo
quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con ranas todos tus
territorios. v3 Y el río criará ranas, las cuales subirán y
entrarán en tu casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu
cama, y en las casas de tus siervos, en tu pueblo, en tus
hornos y en tus artesas.
La tercera plaga: los piojos
Éxo 8:16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón:
Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, para que se
vuelva piojos por todo el país de Egipto. v17 Y ellos lo
hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó
el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los
hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se
volvió piojos en todo el país de Egipto.
La cuarta plaga: los mosquitos
Éxo 8:20 Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y
ponte delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová
ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para
que me sirva. v21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí
yo enviaré sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y
sobre tus casas toda clase de moscas; y las casas de los
egipcios se llenarán de toda clase de moscas, y asimismo la
tierra donde ellos estén.
La quinta plaga: la muerte del ganado
Éxo 9:1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia
de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así:
Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. v2 Porque si no lo
quieres dejar ir, y lo detienes aún, v3 he aquí la mano de
Jehová estará sobre tus ganados que están en el campo,
caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con plaga
gravísima.
La sexta plaga: las úlceras o el sarpullido
Éxo 9:8 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados
de ceniza de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo
delante de Faraón; V9 y vendrá a ser polvo sobre toda la
tierra de Egipto, y producirá sarpullido con úlceras en los
hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto.
La séptima plaga: el granizo
Éxo 9:22 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el
cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto
sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la
hierba del campo en el país de Egipto. v23 Y Moisés
extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y
granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo
llover granizo sobre la tierra de Egipto. v24 Hubo, pues,
granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual
nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue
habitada.
La octava plaga: las langostas
Éxo 10:13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de
Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo
aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana el viento
oriental trajo la langosta. v|4 Y subió la langosta sobre toda
la tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en
tan gran cantidad …
La novena plaga: las tinieblas
Éxo 10:21 Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el
cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto
que cualquiera las palpe. v22 Y extendió Moisés su mano
hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de
Egipto, por tres días. v23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie
se levantó
de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían
luz en sus habitaciones.
La décima plaga: la muerte de los primogénitos
Éxo 12:29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a
todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito
de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el
primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo
primogénito de los animales. v30 Y se levantó aquella noche
Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo
un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no
hubiese un muerto.