Radiación Solar: Clave para el Clima y la Vida
Radiación Solar: Clave para el Clima y la Vida
La radiación solar es la energía emitida por el Sol, que se propaga en todas las direcciones a través
del espacio mediante ondas electromagnéticas. Esa energía es el motor que determina la dinámica
de los procesos atmosféricos y el clima. La energía procedente del Sol es radiación
electromagnética proporcionada por las reacciones del hidrogeno en el núcleo del Sol por fusión
nuclear y emitida por la superficie solar.
El Sol emite energía en forma de radiación de onda corta. Después de pasar por la atmósfera,
donde sufre un proceso de debilitamiento por la difusión, reflexión en las nubes y de absorción
por las moléculas de gases (como el ozono y el vapor de agua) y por partículas en suspensión, la
radiación solar alcanza la superficie terrestre oceánica y continental que la refleja o la absorbe. La
cantidad de radiación absorbida por la superficie es devuelta en dirección al espacio exterior en
forma de radiación de onda larga, con lo cual se transmite calor a la atmósfera.
Medir la radiación solar es importante para un amplio rango de aplicaciones, en las áreas de
ingeniería, arquitectura, agricultura, ganadería, salud humana y meteorología, dentro de las cuales
se destacan: su empleo como fuente alternativa de energía en la generación de electricidad y en el
diseño y uso de sistemas de calentamiento de agua, el diseño de edificios e infraestructura, el
monitoreo del crecimiento de plantas, la deshidratación de alimentos, implicaciones en la salud
(ej. cáncer de piel o tratamientos curativos), el análisis de la evaporación e irrigación, su
importante rol en los modelos de calidad del aire y de predicción del tiempo y el clima y muchas
otras aplicaciones y usos que emplean la radiación solar como una de sus fuentes de energía.
La radiación solar nos proporciona efectos fisiológicos positivos tales como: estimular la síntesis de
vitamina D, que previene el raquitismo y la osteoporosis; favorecer la circulación sanguínea; actúa
en el tratamiento de algunas dermatosis y en algunos casos estimula la síntesis de los
neurotransmisores cerebrales responsables del estado anímico.
La radiación es emitida sobre un espectro de longitud de ondas, con una cantidad específica de
energía para cada longitud de onda. La longitud de onda de la luz es tan corta que suele
expresarse en nanómetros (nm), que equivalen a una milmillonésima de metro, o una millonésima
de milímetro o en micrómetros (µm) que equivalen a una millonésima de metro.
El Sol emite energía en forma de radiación de onda corta, principalmente en la banda del
ultravioleta, visible y el infrarrojo cercano, con longitudes de onda entre 0,2 y 3,0 micrómetros
(200 nm a 3.000 nm). Aproximadamente un 99% de la radiación solar que llega a la superficie de la
Tierra está contenida en la región entre 0,2 y 3,0 µm mientras que la mayor parte de la radiación
terrestre de onda larga está contenida en la región entre 3,5 y 50 µm (Ver figura 2). Las ondas en
el intervalo de 0,25 µm a 4,0 µm se denominan espectro de onda corta, para muchos propósitos
como en aplicaciones de celdas solares y en el proceso de la fotosíntesis.
1. La región visible (entre 400 nm < ¿ < 700 nm) corresponde a la radiación que puede percibir la
sensibilidad del ojo humano e incluye los colores: violeta (420 nm), azul (480 nm), verde (520 nm),
amarillo (570 nm), naranja (600 nm) y rojo (700 nm). La luz de color violeta es más energética que
la luz de color rojo, porque tiene una longitud de onda más pequeña. La radiación con las
longitudes de onda más corta que la correspondiente a la luz de color violeta es denominada
radiación ultravioleta. Los distintos colores de luz tienen en común el ser radiaciones
electromagnéticas que se desplazan con la misma velocidad. Se diferencian en su frecuencia y
longitud de onda. Dos rayos de luz con la misma longitud de onda tienen la misma frecuencia y el
mismo color.
2. La región del ultravioleta está entre los 100 y los 400 nanómetros.
3. La región del infrarrojo cercano está entre los 700 y los 4000 nanómetros.
A cada región le corresponde una fracción de la energía total incidente en la parte superior de la
atmósfera (denominada radiación solar extraterrestre) distribuida así: 7,2% al ultravioleta; 47,2%
al visible y 45,6% al infrarrojo cercano.
La radiación solar es el conjunto de radiaciones electromagnéticas emitidas por el Sol. El Sol es una
estrella que se encuentra a una temperatura media de 5778 K (5505°Celsius) en cuyo interior
tienen lugar una serie de reacciones de fusión nuclear que producen una pérdida de masa que se
transforma en energía. Esta energía liberada del Sol se transmite al exterior mediante la radiación
solar. El Sol se comporta prácticamente como un cuerpo negro, el cual emite energía siguiendo la
ley de Planck a la temperatura ya citada. La radiación solar se distribuye desde el infrarrojo hasta
el ultravioleta. No toda la radiación alcanza la superficie de la Tierra, porque las ondas ultravioletas
más cortas son absorbidas por los gases de la atmósfera. La magnitud que mide la radiación solar
que llega a la Tierra es la irradiancia, que mide la potencia que por unidad de superficie alcanza a
la Tierra. Su unidad es el W/m
La aplicación de la Ley de Planck al Sol con una temperatura superficial de unos 6000 K nos lleva a
que el 99 % de la radiación emitida está entre las longitudes de onda 0,15 {\displaystyle \mu m}
{\displaystyle \mu m} (micrómetros) y 4 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}. El Sol emite
en un intervalo espectral de 150 nm hasta 4 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}. La luz
visible se extiende desde 380 nm a 830 nm.
El máximo (Ley de Wien) ocurre a 0,475 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}. Considerando
la ley de Wien, ello corresponde a una temperatura de:
{\displaystyle T={\frac {2897,6\ \mathrm {\mu m\cdot {}^{\ }K} }{0,475\ \mu \mathrm
{m} }}=6099\ \mathrm {{}^{\ }K} }{\displaystyle T={\frac {2897,6\ \mathrm {\mu m\cdot {}^{\ }K} }
{0,475\ \mu \mathrm {m} }}=6099\ \mathrm {{}^{\ }K} }
Fotoionizar la capa externa de electrones de un átomo (requiere una longitud de onda de 0,1
{\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}).
Excitar electrones de un átomo a una capa superior (requiere longitudes de onda de entre 0,1
{\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m} y 1 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}).
Disociar una molécula (requiere longitudes de onda de entre 0,1 {\displaystyle \mu m}
{\displaystyle \mu m} y 1 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}).
Hacer vibrar una molécula (requiere longitudes de onda de entre 1 {\displaystyle \mu m}
{\displaystyle \mu m} y 50 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}).
Hacer rotar una molécula (requiere longitudes de onda mayores que 50 {\displaystyle \mu m}
{\displaystyle \mu m}).
La energía solar tiene longitudes de onda de entre 0,15 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}
y 4 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}, por lo que puede ionizar un átomo, excitar
electrones, disociar una molécula o hacerla vibrar.
La energía térmica de la Tierra (radiación infrarroja) 3 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m} a
80 {\displaystyle \mu m}{\displaystyle \mu m}, por lo que solo puede hacer vibrar o rotar
moléculas, es decir, calentar la atmósfera.
La energía recibida del sol, después de atravesar la atmósfera de la Tierra casi sin calentarla por el
efecto de la diatermancia de la atmósfera, es reflejada por la superficie terrestre y calienta el aire
de la capa inferior de la atmósfera perdiendo esa capacidad de calentamiento con rapidez con la
altura, lo cual se debe a que la irradiación del calor (rayos infrarrojos) a partir de la superficie
terrestre hacia arriba tiene un alcance relativamente limitado, por la mayor longitud de onda,
provocando alteraciones en la densidad de los gases y, por consiguiente, desequilibrios que causan
la circulación atmosférica. Esta energía produce la temperatura en la superficie terrestre, y el
efecto de la atmósfera es mitigar la diferencia de temperaturas entre el día y la noche y entre las
distintas zonas geoastronómicas de nuestro planeta.
Casi la totalidad de la energía utilizada por los seres vivos procede del Sol. Las plantas la absorben
directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros absorben indirectamente una pequeña
cantidad de esta energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben indirectamente una
cantidad más pequeña comiendo a otros animales.
Así pues, la mayoría de las fuentes de energía usadas por el hombre derivan indirectamente del
Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace millones de años mediante la
fotosíntesis. La energía hidroeléctrica usa la energía potencial del agua que, a través del ciclo
hidrológico, pasa por los tres estados físicos de la materia (evaporación del agua oceánica,
condensación, precipitación y escurrimiento o escorrentía), con lo que se puede aprovechar dicha
fuente de energía mediante represas y saltos de agua. La energía eólica es otra forma de
aprovechamiento de la radiación solar, ya que ésta, al calentar con diferente intensidad distintas
zonas de la superficie terrestre, da origen a los vientos, que pueden ser utilizados para generar
electricidad, mover embarcaciones, bombear las aguas subterráneas y otros muchos usos.
La exposición exagerada a la radiación solar puede ser perjudicial para la salud. Esto está agravado
por el aumento de la expectativa de vida humana, que está llevando a toda la población mundial a
permanecer más tiempo expuesto a las radiaciones solares, lo que aumenta el riesgo de
desarrollar cáncer de piel.
La radiación ultravioleta es emitida por el Sol en longitudes de onda que van aproximadamente
desde los 150 nm (1500 Å), hasta los 400 nm (4000 Å), en las formas UV-A, UV-B y UV-C, pero a
causa de la absorción por parte de la atmósfera terrestre, el 99 % de los rayos ultravioletas que
llegan a la superficie de la Tierra son del tipo UV-A. Ello nos libra de la radiación ultravioleta más
peligrosa para la salud. La atmósfera ejerce una fuerte absorción que impide que la atraviese toda
radiación con longitud de onda inferior a 290 nm (2900 Å). La radiación UV-C no llega a la tierra
porque es absorbida por el oxígeno y el ozono de la atmósfera, por lo tanto no produce daño. La
radiación UV-B es parcialmente absorbida por el ozono y llega a la superficie de la tierra,
produciendo daño en la piel. Ello se ve agravado por el agujero de ozono que se produce en los
polos del planeta.
El estudio de la dirección con la cual incide la irradiación solar sobre los cuerpos situados en la
superficie terrestre es de especial importancia cuando se desea conocer su comportamiento al ser
reflejada. La dirección en que el rayo salga reflejado dependerá de la incidente.
Con tal fin se establece un modelo que distingue entre dos componentes de la irradiación
incidente sobre un punto: la irradiación solar directa y la irradiación solar difusa.
Irradiación solar directa. es aquella que llega al cuerpo desde la dirección del Sol.
Irradiación solar difusa. es aquella cuya dirección ha sido modificada por diversas circunstancias
(densidad atmosférica, partículas u objetos con los que choca, reemisiones de cuerpos, etc.). Por
sus características, esta luz se considera venida de todas direcciones. En un día nublado, por
ejemplo, solo tenemos radiación difusa.
La suma de ambas es la irradiación total (o global) incidente. La superficie del planeta está
expuesta a la radiación proveniente del Sol. La tasa de irradiación depende en cada instante del
ángulo que forman la normal a la superficie en el punto considerado y la dirección de incidencia de
los rayos solares. Por supuesto, dada la lejanía del Sol respecto de nuestro planeta podemos
suponer, con muy buena aproximación, que los rayos del Sol inciden esencialmente paralelos
sobre el planeta. No obstante, en cada punto del mismo, localmente considerado, la inclinación de
la superficie respecto a dichos rayos depende de la latitud y de la hora del día para una cierta
localización en longitud. Dicha inclinación puede definirse a través del ángulo que forman el vector
normal a la superficie en dicho punto y el vector paralelo a la dirección de incidencia de la
radiación solar.
Debemos evitar la exposición prolongada al sol, puesto que esta representa una agresión contra la
piel que puede producir el envejecimiento de la misma, la aparición de manchas o arrugas y es la
responsable de la aparición de melanomas o cánceres de piel. Una exposición moderada al sol,
especialmente los primeros días una protección del sol con la ropa adecuada, o el uso de cremas
solares son la mejor prevención contra quemaduras producidas por el sol.
La mayor parte de la energía que llega a nuestro planeta procede del Sol. El Sol emite energía en
forma de radiación electromagnética. Estas radiaciones se distinguen por sus diferentes longitudes
de onda. Algunas, como las ondas de radio, llegan a tener longitudes de onda de kilómetros,
mientras que las más energéticas, como los rayos X o las radiaciones gamma, tienen longitudes de
onda de milésimas de nanómetro.
La radiación en el Sol es de 63 450 720 W/m². La energía que llega al exterior de la atmósfera
terrestre sobre una superficie perpendicular a los rayos solares lo hace en una cantidad fija,
llamada constante solar (1353 W/m² según la NASA) variable durante el año un ± 3 % a causa de la
elipticidad de la órbita terrestre.1 Esta energía es una mezcla de radiaciones de longitudes de onda
entre 200 nm y 4000 nm, que se distingue entre radiación ultravioleta, luz visible y radiación
infrarroja.
Radiación ultravioleta
Es la radiación que tiene menor longitud de onda (360 nm), la cual lleva mucha energía e interfiere
con los enlaces moleculares. Especialmente las de menos de 300 nm, que pueden alterar las
moléculas de ADN, muy importantes para la vida. Estas ondas son absorbidas por la parte alta de
la atmósfera, especialmente por la capa de ozono.
Es importante protegerse de este tipo de radiación, ya que por su acción sobre el ADN está
asociada con el cáncer de piel. Solo las nubes tipo cúmulos de gran desarrollo vertical atenúan
estas radiaciones prácticamente a cero. El resto de las formaciones, tales como cirrus, estratos y
cúmulos de poco desarrollo vertical, no las atenúan, por lo que es importante la protección aún en
días nublados. Es importante tener especial cuidado cuando se desarrollan nubes cúmulos, ya que
éstas pueden llegar a actuar como espejos y difusores e incrementar las intensidades de los rayos
ultravioleta y, por consiguiente, el riesgo solar. Algunas nubes tenues pueden tener el efecto de
lupa.
Radiación infrarroja
La radiación infrarroja de más de 760 nm es la que corresponde a longitudes de onda más largas, y
lleva poca energía asociada. Su efecto aumenta la agitación de las moléculas, provocando el
aumento de la temperatura. El CO2, el vapor de agua y las pequeñas gotas de agua que forman las
nubes absorben con mucha intensidad las radiaciones infrarrojas.
La atmósfera se desempeña como un filtro, ya que mediante sus diferentes capas distribuye la
energía solar para que a la superficie terrestre solo llegue una pequeña parte de esa energía. La
parte externa de la atmósfera absorbe parte de las radiaciones, reflejando el resto directamente al
espacio exterior, mientras que otras pasarán a la Tierra y luego serán irradiadas. Esto produce el
denominado balance térmico, cuyo resultado es el ciclo del equilibrio radiante.
Según el tipo de radiación se conoce que de los 324 W/m² que llegan a la Tierra, en la parte alta de
la atmósfera (1400 W/m² es la constante solar); 236 W/m² son reemitidos al espacio en forma de
radiación infrarroja, 86 W/m² son reflejados por las nubes y 2 W/m² son reflejados por el suelo en
forma de radiaciones de onda corta. Pero el reenvío de energía no se hace directamente, sino que
parte de la energía reemitida es absorbida por la atmósfera originándose el efecto invernadero.
La atmósfera terrestre está compuesta por numerosas partículas de materia, presenta unos 10
000 km de altura y se divide en diferentes capas concéntricas:
Troposfera
Es la zona inferior de la atmósfera que se extiende desde el nivel del mar hasta unos 16 km. Es una
capa muy densa, en ella se encuentra más del 75 % del aire de la atmósfera, además contiene
mucho vapor de agua condensado en forma de nubes, y gran cantidad de polvo. A ella llegan la luz
visible y los rayos UV que logran atravesar el resto de las capas de la atmósfera. Es la primera capa
que queda en contacto con la corteza terrestre.
Estratosfera
Mesosfera
Ionosfera
Es una zona parcialmente ionizada de radiaciones solares, de gran conductividad eléctrica. En esta
capa se reflejan hacia la tierra las ondas de radio, por lo que es de gran utilidad en las
telecomunicaciones.
En unas condiciones óptimas con un día perfectamente claro y con los rayos del Sol cayendo casi
perpendiculares, las tres cuartas partes de la energía que llega del exterior alcanza la superficie.
Casi toda la radiación ultravioleta y gran parte de la infrarroja son absorbidas por la atmósfera. La
energía que llega al nivel del mar suele ser radiación infrarroja un 49 %, luz visible un 42 % y
radiación ultravioleta un 9 %. En un día nublado se absorbe un porcentaje mucho más alto de
energía, especialmente en la zona del infrarrojo.
Por tanto la explicación del efecto invernadero no está en que parte de la energía recibida por la
Tierra se quede definitivamente en el planeta. La explicación está en que se retrasa su devolución
porque, aunque la cantidad de energía retornada es igual a la recibida, el tipo de energía que se
retorna es distinto. Mientras que la energía recibida es una mezcla de radiación ultravioleta,
visible e infrarroja, la energía que devuelve la Tierra es fundamentalmente infrarroja y algo de
visible.
Las radiaciones que llegan del Sol vienen de un cuerpo que está a 6000 °C, pero las radiaciones
que la superficie devuelve tienen la composición de longitudes de onda correspondientes a un
cuerpo negro que esté a 15 °C. Por este motivo las radiaciones reflejadas tienen longitudes de
onda de menor frecuencia que las recibidas. Están en la zona del infrarrojo y casi todas son
absorbidas por el CO2, el vapor de agua, el metano y otros gases, por lo que se forma el efecto
invernadero. Así se retrasa la salida de la energía desde la Tierra al espacio y se origina el llamado
efecto invernadero que mantiene la temperatura media en unos 15 °C y no en los -18 °C que
tendría si no existiera la atmósfera.
Radiación cósmica
A la parte alta de la atmósfera llega una radiación de longitudes de onda muy cortas que proceden
de diferentes puntos del Universo. La llamada radiación cósmica primaria está formada por
electrones de alta energía. Cuando incide sobre las moléculas que se encuentran en la alta
atmósfera se convierte en radiación secundaria que son rayos ultravioleta. Las moléculas de
oxígeno (O2) absorben las radiaciones primaria y secundaria de menos de 200 nm convirtiéndose
en ozono (O3). A su vez el ozono absorbe las radiaciones de hasta 300 nm y, de esta manera,
gracias al oxígeno y al ozono, la Tierra se encuentra protegida contra las radiaciones cósmicas más
peligrosas.
El Sol es la principal fuente de energía para todos los procesos que ocurren en el sistema tierra -
atmósfera – océano. Más del 99,9 % de la energía que este sistema recibe proviene del Sol. La
radiación solar al pasar por la atmósfera sufre un proceso de debilitamiento por la dispersión
(debida a los aerosoles), la reflexión (por las nubes) y la absorción (por las moléculas de gases y
por partículas en suspensión), por lo tanto, la radiación solar reflejada o absorbida por la superficie
terrestre (océano o continente) es menor a la del tope de la atmósfera. Esto depende de la
longitud de onda de la energía transmitida y del tamaño y naturaleza de la sustancia que modifica
la radiación. La superficie de la Tierra, suelos, océanos, y también la atmósfera, absorbe energía
solar y la vuelven a irradiar en forma de calor en todas direcciones.
Dispersión
La radiación solar viaja en línea recta, pero los gases y partículas en la atmósfera pueden desviar
esta energía, lo que se llama dispersión. La dispersión ocurre cuando un fotón afecta a un
obstáculo sin ser absorbido cambiando solamente la dirección del recorrido de ese fotón. La
dispersión depende de la longitud de onda, en el sentido de que cuanto más corta sea ésta, tanto
mayor será la dispersión. Moléculas de gas con tamaños relativamente pequeño comparadas con
la longitud de onda causan que la radiación incidente se disperse en todas las direcciones, hacia
adelante y hacia atrás, este fenómeno es conocido como dispersión de Rayleigh. Aerosoles cuyos
tamaños son comparables o exceden a las longitudes de onda de la radiación incidente, hacen que
ésta no se disperse en todas las direcciones sino mayormente hacia adelante, fenómeno llamado
dispersión de Mie. El proceso de la dispersión explica cómo un área con sombra o pieza sin luz
solar está iluminada, le llega luz difusa o radiación difusa.
Los gases de la atmósfera dispersan más efectivamente las longitudes de onda más cortas (violeta
y azul) que en longitudes de onda más largas (naranja y rojo). Esto explica el color azul del cielo y
los colores rojo y naranja del amanecer y atardecer. Salvo a la salida y a la puesta del Sol, todos los
puntos del cielo son fuentes de difusión de luz azul para un observador ubicado en la superficie
terrestre; al amanecer y en el crepúsculo, los rayos deben recorrer un camino más largo a través
de la baja atmósfera; esto hace que casi toda la luz azul haya sido difundida antes de llegar al
observador. Es por eso que la luz reflejada por las nubes o la difundida por las capas brumosas
hacia el observador aparece rojiza.
Reflexión (Albedo)
El albedo, relación entre la radiación reflejada y la radiación incidente sobre una superficie
horizontal, se expresa en porcentaje así:
A% = Albedo
En la figura 2 se presenta el albedo medio para algunos meses del año obtenidos a partir del
Experimento del Balance de Radiación de la Tierra (ERBE), elaborado por la NASA.
Figura 2. Albedo planetario medio mensual obtenido a partir del Experimento del Balance de
Radiación de la Tierra (ERBE), elaborado por la NASA.
En la figura 3 se observa que las regiones oceánicas con poca nubosidad tienen albedos bajos,
mientras que los desiertos tienen albedos con valores del orden de 30% a 40%. En las regiones
tropicales la variación del albedo está influenciada por perturbaciones del tiempo y la distribución
de nubes asociadas. En las regiones polares, las variaciones estacionales del albedo están
relacionadas con la distribución de las capas de hielo y el decrecimiento del ángulo de elevación
solar con la latitud.
Figura 3. Albedo planetario medio mensual (con cielo despejado) obtenido a partir del
Experimento del Balance de Radiación de la Tierra (ERBE), elaborado por la NASA.
En general, las superficies oscuras y quebradas reflejan menos que las claras y lisas. Al aumentar la
humedad del suelo, este absorbe mayor cantidad de radiación global, lo que influye en el régimen
térmico de las superficies regadas.
El albedo del suelo en general está comprendido entre el 10% y el 30%, el barro húmedo baja su
valor hasta un 5 %, en el caso de arena seca eleva su valor a un 40%. El albedo de los sembrados y
bosques está entre 10 y 25% y la nieve reciente alcanza un valor de 80 a 90%.
El albedo del agua en promedio es menor que el del suelo, esto se debe a que los rayos solares
penetran en el agua más que en la tierra. En el albedo del agua influye el grado de turbiedad; en el
agua sucia el albedo aumenta con respecto al agua limpia.
En la figura 3 se presenta el albedo medio mensual con cielo despejado para enero y julio a partir
del experimento ERBE de la NASA, observándose una gran relación con los datos reportados en la
tabla anterior, así como la influencia del ciclo anual de la posición del Sol.
La absorción de energía por un determinado gas tiene lugar cuando la frecuencia de la radiación
electromagnética es similar a la frecuencia vibracional molecular del gas. Cuando un gas absorbe
energía, esta se transforma en movimiento molecular interno que produce un aumento de
temperatura.
La atmósfera es un fluido constituido por diferentes tipos de gases y cada uno de ellos se
comporta de manera diferente, de manera tal, que absorben la energía selectivamente para
diferentes longitudes de onda y en algunos casos son transparentes para ciertos rangos del
espectro. La atmósfera principalmente tiene bajo poder de absorción o es transparente en la parte
visible del espectro, pero tiene un significativo poder de absorción de radiación ultravioleta o
radiación de onda corta procedente del Sol y el principal responsable de este fenómeno es el
ozono, así mismo, la atmósfera tiene buena capacidad para absorber la radiación infrarroja o de
onda larga procedente de la Tierra y los responsables en este caso son el vapor de agua, el dióxido
de carbono y otros gases traza como el metano y el óxido nitroso.
Los gases que son buenos absorbedores de radiación solar son importantes en el calentamiento de
la atmósfera, por ejemplo, la absorción de radiación solar por el ozono proporciona la energía que
calienta la estratosfera y la mesosfera.
Es muy grande la cantidad de energía solar que fluye hacia y desde la Tierra y la atmósfera. Una
comparación que permite apreciar la cantidad de energía solar que cada año incide sobre la Tierra
es que equivale a cerca de 160 veces la energía de las reservas mundiales de energía fósil o que es
similar a más de 15000 veces la energía anual usada de los combustibles fósiles y nucleares y de
las plantas hidráulicas.
La nubosidad
La “heliofanía”, definida como el tiempo en horas durante el cual el Sol tiene un brillo solar
efectivo.
Figura 5. Atenuación de la radiación solar por la atmósfera terrestre. (Fuente: Atlas de radiación
solar, 2005).
Es la radiación solar que llega a la superficie de la Tierra en forma de rayos provenientes del Sol sin
haber sufrido difusión, ni reflexión alguna. Esta radiación llega a la superficie de la Tierra, sin
cambios de dirección. Se puede calcular a partir de la siguiente ecuación:
Donde I´ es la componente vertical de la radiación solar directa y h la altura del Sol sobre el
horizonte. Es evidente que I es mayor que I´ y son iguales solamente cuando el Sol se encuentra en
el Cenit (ver Figura 6).
Sobre la superficie de la tierra, el flujo de la radiación directa depende de los siguientes factores:
Constante solar.
La radiación solar difusa diaria es la cantidad de radiación difusa entre las seis de la mañana y las
seis de la tarde y sus valores oscilan entre 300 y 5500 W*h/m2 al día.
a) La altura del Sol sobre el horizonte. A mayor altura, mayor es el flujo de radiación difusa.
d) Altura sobre el nivel del mar. Al aumentar la altura, el aporte de la radiación difusa es menor
debido a que disminuye el espesor de las capas difusoras en la atmósfera.
Estudios en el Reino Unido han confirmado que las plantas son más eficientes bajo la radiación
difusa, lo que incide en el cambio climático, ya que este tipo de radiación tiene efectos positivos
en la fotosíntesis de las plantas, proceso por el cual absorben dióxido carbono, por lo tanto,
absorben mayores cantidades de este gas, algo que todo el mundo anhela hoy.
La radiación global es toda la radiación solar que llega a la tierra y que se mide sobre una
superficie horizontal en un ángulo de 180 grados, resultado de la componente vertical de la
radiación directa más la radiación difusa. El aporte de cada componente a la radiación global, varía
con la altura del Sol, la transparencia de la atmósfera y la nubosidad.
Su evaluación se efectúa por el flujo de esta energía por unidad de área y de tiempo sobre la
superficie horizontal expuesta al Sol y sin ningún tipo de sombra; de esta manera, si llamamos H al
flujo de radiación global, Hd al flujo de radiación difusa y Hb la componente directa; se tiene que:
Recordando que I es la intensidad de la radiación directa sobre la superficie normal a los rayos
solares, h la altura del Sol, e I´ la componente vertical de la radiación directa sobre una superficie
horizontal, entonces:
La radiación global acumulada diaria es el total de la energía solar en el día y sus valores típicos
están dentro del rango de 1 a 35 MJ/m2 (megajoules por metro cuadrado), equivalentes a un
rango entre 300 y 9800 kWh/m2
BALANCE RADIATIVO
Los métodos de transferir energía en la atmósfera incluyen la conducción, la convección, el calor
latente, la advección y la radiación. El método de transferencia de energía a través de procesos
radiativos es diferente de los otros mecanismos ya que en este proceso no intervienen moléculas.
La Tierra intercambia energía con su ambiente (el sistema solar) por medio de la radiación. El
balance radiativo del planeta es un parámetro fundamental ya que determina nuestro clima (la
atmósfera se calienta o se enfría dependiendo de sí recibe más o menos energía). Este balance
incluye la energía solar, que es la principal fuente de energía para el planeta, igualmente, la
atmósfera y el océano pueden trasladar excesos de energía de una región a otra diferente en el
globo.
La energía proveniente del Sol puede ser absorbida por el suelo, difundida en la atmósfera o
reflejada. De la energía absorbida por el suelo, parte penetra en el terreno, parte se utiliza en la
evaporación del agua existente en el suelo y luego es transportada en la atmósfera en forma de
calor latente y la ultima parte, viene cedida por contacto, a la atmósfera, que la distribuye en su
interior mediante un mecanismo de convección turbulenta. En el balance energético global
interviene también la radiación de onda larga emitida por la tierra.
Considerando, que al tope de la atmósfera llega un 100% de la radiación solar, de este total, sólo
un 25% llega directamente a la superficie de la Tierra y un 25% es dispersado por la atmósfera
como radiación difusa hacia la superficie, esto hace que cerca de un 50% de la radiación total
incidente llegue a la superficie terrestre. Un 20% es absorbido por las nubes y gases atmosféricos
(como el ozono en la estratosfera). El otro 30% se pierde hacia el espacio, de este porcentaje, la
atmósfera dispersa un 6%, las nubes reflejan un 20% y el suelo refleja el otro 4 %.
La figura 7 muestra los flujos verticales medios de energía en el sistema terrestre (atmósfera y
superficie), en vatios por metro cuadrado. Los más importantes son los 342 W/m2 de energía solar
que entran por el tope de la atmósfera y los 390 W/m2 que salen del suelo en ondas infrarrojas.
Tanto en superficie como en el tope de la atmósfera el balance entre lo entrante y lo saliente es
nulo.
A partir de la energía terrestre emitida por la superficie, 390 W/m2, solo 40 W/m2 escapan
directamente al espacio por la ventana atmosférica. El exceso de energía recibida por la superficie
es compensado por procesos no-radiativos tales como la evapotranspiración (flujo de calor latente
de 78 W/m2) y la turbulencia (flujo de calor sensible de 24 W/m2).
La Tierra tiene una temperatura media constante en el tiempo por la existencia del balance entre
la cantidad de radiación solar entrante y la radiación terrestre saliente, sino se calentaría o
enfriaría continuamente. Por otra parte, algunas regiones del planeta reciben mas radiación solar
que otras, pero la radiación terrestre saliente es aproximadamente la misma en cualquier lugar del
planeta. Por lo tanto, el balance de calor, debe producirse en dos formas:
2. Balance de energía entre diferentes zonas del planeta. En promedio la zona latitudinal entre
35ºN y 35ºS recibe más energía que la que pierde y lo contrario ocurre en zonas polares. Es
conocido que las zonas centradas en el ecuador son las regiones más cálidas del planeta, lo
contrario se produce en altas latitudes, donde se pierde mas calor por emisión de radiación de
onda larga que la recibida en onda corta del Sol. Pero estas zonas no se calientan ni enfrían
continuamente, por lo que existe un transporte de calor desde las regiones con exceso a las
regiones con déficit de calor. Es un transporte desde el ecuador hacia los polos y viceversa, que lo
realizan la atmósfera y los océanos a través de los vientos y las corrientes.
En resumen, la energía recibida y emitida por el sistema Tierra – Atmósfera es la misma, hay
ganancia de energía entre los trópicos y pérdida en zonas polares, el exceso y déficit es
balanceado por la circulación general de la atmósfera y de los océanos. Además, el balance de
radiación de un lugar dado sufre variaciones con la cobertura nubosa, composición de la
atmósfera, el ángulo de incidencia del Sol y la longitud del día. Así las áreas de exceso y déficit de
energía migran estacionalmente con los cambios en la longitud del día y del ángulo de inclinación
del Sol. En la siguiente tabla se resume el balance de radiación en unidades de energía.
Tabla 2. Balance de radiación en W/m2
Los experimentos para la determinación del balance radiativo de la Tierra han utilizado satélites
para medir los parámetros fundamentales de la radiación (la cantidad de energía solar recibida por
el planeta, el albedo planetario, la radiación terrestre emitida -referida como la Radiación saliente
de Onda Larga ó ORL- y el balance planetario de energía neto -diferencia entre la energía solar
absorbida y la ORL-). El experimento más reciente para medir estos parámetros es el Experimento
del Balance de la Radiación de la Tierra de la NASA (ERBE).