habéis domesticado el amor, el sexo, la pasión.
Miráis a cámara cansados, triunfantes, perfectos.
Compartir el miedo os ha liberado,
habéis descubierto la llave de la felicidad moderada.
Sois superiores a todos los solteros,
a todos los emparejados porque
vuestra unión es
única,
trascendente,
poética,
mística.
AUNQUE NO HAYA VENTANAS
Qué bien me quedan las camisas
cuando tú me las quitas
arrancándome las dudas,
esparciendo los porqués por el suelo
de habitaciones baratas
en hoteles de ciudades
que aún no nos conocen,
en calles de deseo que te concedo
a pesar de la ausencia de estrellas.
La distancia nos roza la piel
nos mordemos de ganas,
tu tiempo se me echa encima
cuando tus cables se cruzan
con mis piernas
y dime tú cómo no voy a perderme
teniendo el norte en tu mirada,
y qué más da que no haya ventanas
si contigo siempre son vistas al mar.
L PACTO
Si me incendias, no esperes
de mí un lenguaje al uso,
los desgastados ritos del amor,
las consabidas normas,
los burdos reglamentos
que matemáticamente predicen
cómo todo se teje y se desteje.
Si me enciendes, no dejes
nada de tu leña para un día
que acaso nunca ha de llegar
y arriésgate al juego prohibido
que ignora la aritmética y el cálculo.
No te cubras, no conserves.
Organiza tu vida para el fuego.
Este es el pacto:
si me amas, arde conmigo
Después, cuando ya dormimos
el coma del paraíso y nos despertamos,
nos quedamos un rato largo
mirándonos.
No sé qué verá él, pero yo veo
unos ojos de ternura insuperable
y calma, una calma como la dignidad
de la materia. Amo el mar abierto
azul-verde-gris de su iris, amo
su curva contra lo blanco,
la curva que al mirarla me hace
acabar, cuando está casi quieto, muy hondo
dentro de mí. Nunca vi una curva
como esa, salvo la de la tierra desde el espacio
exterior. Yo no sé de dónde
sacó esa amabilidad sin soberbia,
casi sin ego, y a pesar de eso eligió
a una mujer entre todas.
Conociéndolo, conozco
la pureza del animal
que se aparea de por vida. A veces sonríe
apenas, pero más que nada me mira mirarlo,
con el rostro entero iluminado. Amo ver
cómo cambia cuando lloro – no hay inquietud,
ni pena, ni reflejo más serio. Si estamos
boca arriba, acostados uno al lado del otro,
cara a cara, puedo oír una lágrima de mi párpado inferior
golpear contra la sábana, como si fuese
uno de los primeros días sobre la tierra
y después las del párpado superior
se enlazan y bajan por las pestañas
como la aparición del cultivo y la irrigación
en un pueblo que ya no es nómade.
Tengo tanta suerte de poder conocerlo.
La única forma de conocerlo es ésta.
Yo soy la única que lo conoce.
Cuando me vuelvo a despertar, todavía me mira,
como si fuera eterno. Dormitamos así
una hora, y poco a poco sé
que aunque estamos saciados, aunque casi no
nos tocamos, este es el éxtasis al que el otro
éxtasis nos llevó – nos adentramos,
más y más profundo, mirada a mirada,
en este lugar más allá de los demás lugares,
más allá del cuerpo mismo, hacemos
el amor
Soy salvaje por las ausencias, frágil por la docilidad de las caricias;
Ángel de mirada quebradiza, porque me perfilan alma.
Golondrina y volcán, porque ponen alas en mi corazón para mañana, ser ardiente
amando.
Voy atesorando momentos de humildad, cumpleaños sencillos, días de aprendizaje
donde el respeto es la asignatura pendiente, ocasos de silencio que me ofrecen algunas
miradas, crepúsculos de nostalgia, y la grandeza de sentirme tributo, del amor.
Yo sólo añadí una pincelada de locura, haciendo que mi vida sea un continuo ir y venir,
de inolvidables “Recuerdos”
Salgo, suspiro y sonrío…dejando tras de mí, el aroma de lo que soy…
La arena de los relojes
hizo crecer el desierto.
No digas que aquí hay silencio,
podrás decir que no oyes.
Ismael Serrano
Me voy
nos vamos
marchándome bien lejos
de amparo y asesinos,
sin llaves en la puerta
ni voltear la mirada,
sin ticket de primera
ni remedio asumido,
ni premio al maletero,
o pan para el camino.
Ni compás, ni bitácora,
como cuando vinimos,
con palabra de honor
y razones de peso,
sin abrir el paraguas
ni alimentar al perro,
ni atarse los cordones
o putear al destino.
Casi humo o marea,
viento de sudestada
o trenes de regreso.
Me voy
nos vamos
sin pensar
ni sufrir
la estrechez del servicio,
lo breve del abrazo,
el precio de estadía,
ni las muelas del juicio.
Sobrevolando el fango
de la última llovizna,
a pulso
por calles del suburbio,
donde el futuro
tiene la mirada aturdida,
donde las sombras
son caridad de la luna,
estampita sin dios
en las manos de un chico,
avispa alucinada
que estrella los cristales,
con ahogo de llanto
o la furia de un grito.
Me voy
nos vamos
algo de ustedes
se viene conmigo,
un poquito de vos
se dormirá en mi siesta,
tu sonrisa
en agosto
me aliviará del frío.
En procesión marchamos,
abrasados de soles
y abrazados por ríos.
Para extrañarlo todo,
sin pena y sin rencor,
feliz por el sendero,
alerta por la fiesta
de colores que viene,
desde un lugar incierto
del que soy peregrino.
Me voy
nos vamos
con verbos y murmullos,
flores silvestres
y rescoldos aún tibios,
hambre de amor
y leche de destierro,
lo que nos dieron
o nos despojaron,
pan nuestro
de día por medio
y horizonte espejismo.
Con pelusa de dicha,
miguitas de turrón
en los bolsillos,
pero ni un puto céntimo,
hartos del buffet froid
y el bobo consumismo.
Sobre veleros
de la Plaza Francia,
con pena a sotavento
y un padre sin mirada
que se tragó el olvido.
Me voy
nos vamos
antes que se nos pudran
las manzanas,
o el cuerpo acalle
el pecado carnal del optimismo,
sin que el silencio
hiele la cama del delirio,
agitando sábanas de hospital,
una niñez trapecio
y alegrías sin red,
ante el abismo.
Sin exigir respuestas
ni deshilar motivos,
con el último sorbo
y el beso fugitivo,
un golpe de timón,
casi volcar la copa
sobre el lienzo extendido.
Cruzar la línea fatal
en las baldosas,
caer al surco
como semilla estéril,
que el viento apuesta
a añoranza u olvido.
Me voy
nos vamos
solos y en multitud
paso tras paso,
con canciones de cuna
y ataúdes de espanto,
con ecos que se apagan
o agitando los brazos.
Radiantes y jodidos,
intrigados o cautos,
sin pólizas ni lágrimas,
sin pudor y sin mito,
ni rabia, ni milagro,
solos
con nuestro atado de confusión
y huesos carcomidos.
Me voy
nos vamos
con mentiras piadosas
y verdades suicidas,
como ebrias golondrinas
aleteando en los bares,
entre la multitud que envejece
en las plazas,
bajo puentes infectos
y en mercados con prisa.
Me voy
con una escala tierna
sobre su geografía,
sombra del más acá,
revolución de sangre,
torbellino en las venas,
colofón y morada
en medio de sus piernas,
que retienen palabras
y prolongan latidos.
Y ser un huerto,
un charco,
un recuerdo,
un racimo.
Para ya no volver
—mi corazón y yo—
porque nunca estuvimos.
ASTROLABIO
Ya hice el amor contigo mil veces en mi mente,
ya reclamé con besos posesión de tu espalda,
tibio paracaidas dulce pliegue de tu falda,
ya me hiciste renacer entre tus muslos ardientes.
Ya me quedé dormido en tu generoso pecho
después de penetrarnos sin dejar un resquicio,
ya pudimos saltar al sublime precipicio,
ya logramos reír sobre tu miedo desecho.
Ya acaricié sin prisa las hondas de tu pelo,
ya nos entremaullamos como gatos en celo,
ya develé el misterio de tu voz y tus labios.
Todo ocurre en mi mente y en mi mente eres mía,
en mi mente es que vives cual la luz en el día,
en mi mente la noche, en mi mente el astrolabio.