Juan el Bautista – Bosquejo para Sermones
Este es el Bosquejo para Sermones “Juan el Bautista” que te servirá para predicar en tu iglesia, en
alguna reunión, para poder enseñar la palabra de Dios.
Cita Bíblica: Marcos 1:1–8
Introducción:
Juan, el precursor de Cristo, es un gran ejemplo de fidelidad en la prueba, y ello es muy necesario
en este tiempo de infidelidad y de dudas. Su nacimiento fue sobrenatural, como el de los mayores
hombres de Dios. Su nombre, puesto por el mismo ángel Gabriel, significa «gracioso don de Dios».
Por orden del ángel, Juan tenía que ser nazareno, no queriendo que nada de este mundo pudiera
estorbar su misión.
Cuatro cualidades aparecen en él; era…
—Justo: viviendo en la soledad del desierto, ¡veía el mundo tan corrupto!
—Valiente: «Generación de víboras»—llamaba a los escribas. «Contentaos con vuestras pagas»—
decía a los soldados.
—Humilde: se llama «Una voz en el desierto»; declara: «Yo he menester de ti».
—Ardiente en la fe: «Viene uno detrás de mí que es mayor que yo». Su madre le habría contado la
historia de su nacimiento y él había puesto una fe inquebrantable en su elevada misión de precursor.
1. Las cuatro cualidades a prueba: es fácil ser justo, valiente y aun humilde y fervoroso cuando
todos nos alaban, y decir: «Pobre de mí», pensando por dentro lo contrario. Por esto, Dios, a veces,
pone alguna de nuestras mejores cualidades a prueba.
a) Su humildad: la envidia de sus discípulos le incitaba a envidiar a Cristo, pero él dice: «A mí me
conviene menguar»; lo que siempre es duro, y más en su caso, al irse quedando solo. Si Cristo lo
hubiese nombrado apóstol…; pero no era esta su misión. Estaba conforme en no ser nada con tal
que Cristo lo fuera todo. Casi siempre, cuando Cristo es más ensalzado, Satanás ha procurado soplar
el orgullo de alguien; pero Dios tiene las mejores promesas para los humildes; es la cualidad
esencial para la santidad y para toda bendición.
b) Su valor: pronto Dios la puso también a prueba. Era más fácil ser valiente con los escribas que
con los soldados, y con éstos más fácil que con Herodes; pero él se mantuvo firme y fiel en la
prueba ascendente. Todos necesitamos valor para ser testigos fieles. A veces podríamos hablar y
nos parece inoportuno; tenemos demasiado respeto al qué pensarán o dirán, etc.
c) Su justicia: su rectitud moral era inquebrantable. Si hubiera transigido, Herodes le hubiera
colmado de honores: «No te es lícito tenerla», decía; se preocupaba por el alma de Herodes. Quería
salvarle del lodo y de la influencia de aquella mala mujer. Quizá, también, evitar una guerra, pues
era un robo a su hermano, también rey.
d) Su fe: pero en lo que más probado fue en su fe. Creía en Cristo como el Mesías, pensaba que lo
libertaría, pero pasó un mes y dos y Cristo no se proclamó rey de Israel; sin embargo, realizaba
milagros y adquiría una fama creciente. Es que el plan de Dios era diferente del suyo. Dice el
predicador Drummond: «El objeto de nuestra vida no es solamente el bien que podemos hacer, ni
siquiera el número de almas que podamos ganar para Cristo; la virtud esencial es hacer la voluntad
de Dios. A veces, que quisiera ir a países lejanos descubre que la voluntad de Dios es retenerle, y el
que quisiera ser pastor es obligado por las circunstancias a ser comerciante»
(anécdota: una ciega decía a su médico:
—No es tanto curación lo que necesito, sino que el Señor consuele a mi esposo. Quisiera ver el
hermoso mundo, pero en el venidero habrá tanto tiempo para ver, que tal vez es bueno descansar
ahora un poco.
El médico, que era cristiano, rehusó cobrarle, y manifestó:
—Me ha hecho más bien ella a mí que yo a ella).
Por extraño que sea el plan de Dios, siempre es mejor. Si Cristo hubiese cumplido los anhelos de
Juan no habría salvación para los pecadores perdidos. La cruz debía venir antes que los juicios de
Mt. 2:12 que anunciaba el Bautista. Jesús amaba a Juan como a Lázaro y a Pedro (Coméntese su
elogio en Mt. 11:8–11). No obstante, dejó que triunfara, de momento, la injusticia; pero para Dios la
muerte no tiene el mismo significado que para nosotros. Juan tenía que morir otro día, como todos;
era sólo un traslado más inmediato.
2. La gran advertencia de Jesús: «Bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí». Juan fue
bienaventurado porque aceptó mansamente el plan de Dios, aun sin serle revelado. ¡Cuánto más
nosotros que tenemos revelaciones excelsas sobre el más allá!
3. Mayor que Juan: sí, Juan era mayor que todos los nacidos de mujer, por sus virtudes naturales;
pero el más humilde convertido, en el Nuevo Pacto, es un hijo de Dios, miembro del cuerpo de
Cristo, esposa del heredero de todas las cosas. El hijo más flaco y débil es mayor que el más alto
mayordomo de una gran casa (Jn. 1:12 y Ef. 2:7 y 8). Juan, el gran servidor de Dios, precursor del
Mesías en su Primera Venida, se gozará eternamente, sinsombra de envidia viendo el fruto y la
extensión de la obra de fe en el Mesías redentor (Jn. 3:28 y 29).
CONCLUSIÓN:
¿No debemos los hijos imitar al gran mayordomo de la casa de Dios aceptando los planes de Dios
para nuestra vida? ¡Cuántos hijos de Dios han sido animados en tiempos de persecución por el
ejemplo de Juan el Bautista!