0% encontró este documento útil (0 votos)
237 vistas9 páginas

Personajes victoriosos en Ribeyro

Este documento analiza la presencia de personajes victoriosos en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro. Identifica tres personajes que logran cierto éxito a pesar de vivir en una sociedad que promueve el fracaso: 1) El protagonista de "La insignia" que mejora su posición social después de encontrar una insignia mágica. 2) Felipe de "La crónica de San Gabriel", un libertino que aconseja a su sobrino. 3) Genaro en "Los geniecillos dominicales", un teniente de ejército y presidente de un club de
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
237 vistas9 páginas

Personajes victoriosos en Ribeyro

Este documento analiza la presencia de personajes victoriosos en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro. Identifica tres personajes que logran cierto éxito a pesar de vivir en una sociedad que promueve el fracaso: 1) El protagonista de "La insignia" que mejora su posición social después de encontrar una insignia mágica. 2) Felipe de "La crónica de San Gabriel", un libertino que aconseja a su sobrino. 3) Genaro en "Los geniecillos dominicales", un teniente de ejército y presidente de un club de
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Max Palacios Cortez (ed.

RIBEYRO
Testimonios, ensayos académicos
y artículos periodísticos

Prólogo de Eva Valero Juan

Cuadernos de América sin Nombre


Los personajes victoriosos en la narrativa de
Julio Ramón Ribeyro

Max Palacios Cortez


UNMSM

1. El fracaso en la narrativa ribeyriana

Dentro de la narrativa ribeyriana podemos observar la


presencia constante de personajes marginales y de clase media
baja: seres frustrados condenados al más absoluto fracaso,
individuos anónimos, excluidos del festín de la vida social; los
famosos “mudos”, los olvidados, los excluidos, los privados
de la posibilidad de expresarse, condenados a una existencia
sin sintonía y sin voz, como producto de una sociedad exclu-
yente y discriminadora. Sin embargo, a pesar de lo afirmado,
podemos rastrear la presencia de personajes victoriosos, seres
que dentro de su mezquina existencia logran cierto éxito, en
lo que podría ser su pequeña expectativa de superación social.
El presente ensayo pretende evidenciar la construcción de este
tipo de personajes y cómo funcionan dentro de la narrativa del
autor de Prosas apátridas.

151
Antes de iniciar con el tema planteado quisiera reflexio-
nar sobre el concepto del fracaso que maneja Ribeyro en su
obra. A nuestro parecer, nuestro cuentista comparte el mis-
mo concepto de fracaso que Cesare Pavese. Anota el escritor
italiano en su diario personal: “El verdadero fracasado no
es el que fracasa en las grandes cosas, ¿quién no ha fracasa-
do en ellas? El verdadero fracasado es el que fracasa en las
pequeñas cosas: no tener un amigo, una mujer, una forma de
ganarse la vida; ese es el verdadero fracasado”1.
Lo afirmado anteriormente es válido para la mayoría de
los personajes ribeyrianos. Estos seres no fracasan en los
grandes proyectos, sino en las pequeñas cosas de la vida,
son personajes totalmente excluidos de cualquier disfrute
personal o social, seres condenados a una existencia gris y
mezquina. Ejemplo de ello son personajes como Arístides de
“Una aventura nocturna”, Matías de “El profesor suplente”,
o Perico de “Los merengues”.
Esta ontología del fracaso que Ribeyro impregnó en
sus personajes forma parte también de su experiencia vital.
Nuestro autor era muy consciente del mismo, e incluso
alcanza un grado sumo de lucidez al momento de analizar su
vida personal; así, anota en su diario:

La sensación del fracaso en la que permanentemente me


encuentro reside en haber querido establecer un compro-
miso entre los “placeres de la inteligencia” y los “placeres
de la vida”. He querido llevar una existencia intelectual,
pero sin renunciar a las perspectivas de una vida holgada,
cuando teniendo en cuenta mi escasa capacidad de acción,
la obtención de uno de estos objetivos apareja el sacrificio

1 Pavese, Cesare, El oficio de vivir, Editorial Bruguera, Madrid, 1984,


p. 23.

152
del otro. De este modo, careciendo de fortuna y no pose-
yendo un gran talento, estoy condenado a ser un mediocre
vividor y un escritor mediocre2.

Por otro lado, el concepto de fracaso en Ribeyro no solo


se da a nivel personal o de sus personajes sino que lo plan-
tea como una característica fundamental de nuestro país, un
elemento constitutivo de nuestra identidad nacional. En una
carta que le envía a su hermano Juan Antonio, fechada el 24
de mayo de 1978, Ribeyro señala que somos un país conde-
nado al fracaso en todos los aspectos de nuestra vida, incluso
a nivel deportivo:

Somos un pueblo no solo pobre y jodido y maltratado,


sino privado hasta de esos júbilos inmateriales que son los
júbilos deportivos: Ni pan ni circo (Circo sí, pero en el cual
nos comen los leones o el gladiador rival nos despedaza).
No creo que las victorias deportivas aplaquen el hambre de
un pueblo, pero les proporciona una satisfacción cualitativa,
interior, que forma parte de los bienes de la vida.

De esta manera, el fracaso vendría a ser en Ribeyro un


elemento que no solo define a los personajes, la vida y la
obra del autor, sino también parte constitutiva de nuestra
identidad colectiva. Una tara social que arrastramos desde
los inicios de nuestra historia y que llevamos inoculada en la
sangre desde que venimos al mundo.
Pero este ensayo no pretende analizar el fracaso en los
personajes de Ribeyro, sino la parte contraria, el revés de la
moneda, el lado B del long-play. Lo que pretendemos ana-
lizar en este texto es la construcción de los personajes vic-
toriosos en la narrativa del autor de La palabra del mudo,
2 Ribeyro, Julio Ramón, La tentación del fracaso, Seix Barral Biblio-
teca Breve, Barcelona, 2003, 2da. edición, p. 226.

153
y, realizando una revisión exhaustiva de toda la narrativa
ribeyriana, hemos encontrado algunos personajes con esta
característica. Parafraseando a César Vallejo podríamos decir
de los personajes victoriosos de Ribeyro que “son pocos,
pero son”. Estos personajes brillan por su presencia, desta-
can como pequeños lunares dentro del paraje yermo y des-
alentador de sus personajes fracasados.

2. Los personajes victoriosos en la narrativa de Ribeyro

Uno de los primeros personajes victoriosos que hemos


podido constatar en la narrativa ribeyriana lo encontramos
en el protagonista del relato “La insignia”. Como podrán
recordar, este cuento nos relata la historia de un hombre que,
al encontrar por casualidad una insignia de una secta secreta,
su vida toma un giro diferente: a partir de ese momento deja
a un lado la existencia pobre y rutinaria que venía llevando y
poco a poco empieza a escalar socialmente, a ser reconocido
en la sociedad y a participar activamente en la vida social de
su comunidad. Le es restituido el hábito de expresarse, de
levantar su voz, dicho en el lenguaje de Ribeyro: el mudo
empieza a hablar.
Sin embargo, tenemos que hacer algunos matices.
Si bien es cierto que el personaje de “La insignia” logra
cierto éxito social, este no se logra como producto de su
esfuerzo y dedicación, sino como producto de una cuestión
azarosa, como resultado de la suerte, lo cual nos hace pen-
sar lo siguiente: ¿Es el éxito para Ribeyro el producto de
una serie de acontecimientos librados al azar, en donde no
intervienen factores como el sacrificio personal, el esfuerzo
académico o los méritos profesionales? En una de sus Pro-
sas apátridas, nuestro escritor afirma, con respecto al éxito
literario, lo siguiente:

154
La existencia de un gran escritor es un milagro, el resultado
de tantas convergencias fortuitas como las que concurren
a la eclosión de una de esas bellezas universales que hacen
soñar a toda una generación. Por cada gran escritor, ¡cuán-
tas malas copias tiene que ensayar la naturaleza! ¡Cuán-
tos Joyces, Kafkas, Célines flous, velados o sobrexpuestos
habrán existido! Unos murieron jóvenes, otros cambiaron
de oficio, otros se dedicaron a la bebida, otros se volvieron
locos, otros carecieron de uno o de dos los requisitos que
los grandes artistas reúnen para elevarse sobre el nivel de
la subliteratura: falta de formación, enfermedades, pereza,
carencia de estímulos, impaciencia, angustias económicas,
ausencia de ambición o de tenacidad o simplemente de suer-
te, son como el billete de lotería prometedor al cual solo le
falta un número terminal para obtener el premio en la rifa
de la gloria. Y algunos han probablemente reunido todas
esas cualidades, pero faltó la circunstancia azarosa, la apa-
rentemente insignificante (la lectura de un libro, la relación
con tal amigo) capaz de servir de reactivo al compuesto quí-
micamente perfecto y darle su verdadera coloración3.

Otro personaje que podríamos calificar de victorioso


es Felipe, uno de los protagonistas de La crónica de San
Gabriel. En la novela, este personaje es tío de Lucho, el
muchacho que viaja a provincia a conocer a su familia en
la sierra norte del Perú. Felipe representa al libertino, al
hombre de mundo, amante de la bebida y las mujeres, quien
intenta aleccionar a su sobrino con respecto a las artes ama-
torias, llegando incluso a adoptar un discurso machista:

“–Un consejo –murmuró–”. No creas nunca en la honesti-


dad de las mujeres. ¿Sabes que no hay mujer honrada sino

3 Ribeyro, Julio Ramón, Prosas apátridas, Tusquets Editores, Madrid,


1975, pp. 46-47.

155
mal seducida? Todas, óyelo bien, todas son en el fondo
igualmente corrompidas4.

A lo largo de toda la novela, Felipe, consciente de que


su sobrino se encuentra en una etapa de transición entre la
adolescencia y la adultez, intenta orientar a Luis en lo que
vendría a ser uno de los períodos más difíciles de un mucha-
cho que empieza a enfrentarse a la vida. Para ello, Felipe
en determinados momentos se acerca a Luis con verdadero
interés para aconsejarlo con respecto a su educación senti-
mental, y en otros casos recurre a la ironía y el humor para
entregarle a su sobrino una lección de vida. Al final de la
novela, cumpliendo con su rol de mujeriego, Felipe huye de
la hacienda de San Gabriel junto con la tía Ema, esposa de su
hermano Leonardo.
Finalmente, un personaje victorioso, dentro de Los
geniecillos dominicales, lo constituye Genaro, el cuñado de
Ludo Tótem. Ribeyro nos presenta a este personaje con las
siguientes características:

Genaro era en esa ciudad del altiplano no solo el teniente


de una compañía, sino el presidente del club de ajedrez, el
árbitro oficial de los partidos de fútbol, el guitarrista de las
fiestas, el torero de las ferias, el conferencista sobre temas
patrióticos, el entrenador del equipo de básquet, el patro-
cinador de un club de “Amantes de la música selecta”, el
redactor de la “Crónica social” del periódico local y final-
mente el hombre más popular de la ciudad5.

4 Ribeyro, Julio Ramón, La crónica de San Gabriel, Editorial Peisa,


Lima, 2001, p. 9.
5 Ribeyro, Julio Ramón, Los geniecillos dominicales, Editorial Peisa,
Lima, 2001, p. 148.

156
Este personaje llega a casa de los Tótem a proponer un
negocio familiar: vender los departamentos que han queda-
do como herencia del padre muerto y con el dinero adquirir
una flota de camiones para de esta manera iniciar un nego-
cio de transporte de carga. El proyecto no es bien visto por
Ludo Tótem y su hermano, pero Genaro goza de la suficien-
te capacidad de persuasión para convencer a la madre y a la
hermana. Finalmente, este personaje, con el optimismo que
lo caracteriza, logra iniciar el negocio, y, durante buen tiem-
po obtiene buenos dividendos que comparte con la familia.
Dentro de la misma novela encontramos más personajes vic-
toriosos como Pirulo, Carmelo y Carlos Ravel, amigo, tío y
condiscípulo de Ludo Tótem, respectivamente.
Como podemos apreciar, dentro de la narrativa ribey-
riana también podemos constatar la presencia de perso-
najes victoriosos, y no solo la construcción de personajes
frustrados y fracasados. El presente ensayo pretende ser
un punto de partida para analizar la obra de Ribeyro desde
una nueva perspectiva y abrir nuevos horizontes dentro del
estudio de la obra ribeyriana, la cual se perfila como una de
las bases para la narrativa del presente siglo y como un clá-
sico dentro de la literatura peruana, que a pesar del tiempo
transcurrido no ha perdido su frescura y espontaneidad.
En una presentación de una nueva edición de La palabra
del mudo, Ribeyro se planteaba la posibilidad de ser leído
por las futuras generaciones y vacilaba: “Si escribir, como
pienso, es una forma de conversar con el lector, en especial
con el lector virtual del mañana, ignoro si mañana encon-
traré interlocutores a quienes mis cuentos les digan algo y
quieran dialogar conmigo, gracias al mecanismo –en tantos
aspectos misteriosos– de la lectura”.
A los 25 años de su desaparición física y dentro del marco
de la celebración de los 90 años de su nacimiento y la prolife-

157
ración de estudios sobre su vida y obra, podemos afirmar que
Julio Ramón Ribeyro logró lo que siempre había buscado a
través de la palabra escrita: los lectores del mañana, aquellos
a quienes sus cuentos digan algo y quieran dialogar con él.
Su obra, la de un escritor discreto, solitario, parco, que creía
en las virtudes del silencio, ha conseguido no solo trascender
las fronteras nacionales, sino que además ha logrado conso-
lidarse a lo largo del tiempo y permanecer como un legado
para las generaciones virtuales del presente milenio.

158

También podría gustarte