Las Palomas
utilizó unas cajas adaptadas y palomas. Skinner logró explicar una parte del
aprendizaje animal y humano gracias a su experimento con animales. En
concreto, el psicólogo investigó sobre el Condicionamiento Operante.
Como define Ardila (1981), «el condicionamiento operante es un proceso de
ejercer control sobre la conducta de un organismo en un cierto ambiente, por
medio de la aplicación del refuerzo». El refuerzo es un evento que va seguido de
la conducta y altera la probabilidad de que ocurra dicha conducta. Por ejemplo, si
la paloma presiona un disco y recibe comida, la conducta de presionar el disco
tenderá a aumentar cada vez que el animal quiera comer..
diseñó una caja para experimentar el condicionamiento operante, también llamado
instrumental. Su objetivo fue medir cómo los animales reforzaban (o no) su
conducta en relación a la consecuencia de sus acciones. En la caja había un
pequeño disco. Cada vez que la paloma picoteaba el disco, obtenía pequeñas
bolitas de comida. El animal, a través de la búsqueda, recorría la caja hasta que
por «casualidad» presionaba el disco y obtenía comida
Skinner mantuvo a las palomas en tres cuartas partes de su peso para que
siempre tuvieran hambre. De esta forma, la comida se usaba como recompensa
automática. El animal era estudiado en una caja a la que se adaptaba con
facilidad. El número de cantidad de veces que la paloma picoteaba el disco, se
midió a través de un gráfico. La paloma aprendió que picotear el disco producía
una recompensa. Así pues, la conducta de picotear era estudiada en relación a la
frecuencia con la que la paloma obtenía una recompensa.
En palabras de Skinner, «el asunto principal es lo que llamamos programas de
reforzamiento. Y eso puede ser programado de manera que la paloma reciba una
recompensa cada vez que haga algo. Normalmente usamos la respuesta de la
paloma de picotear un pequeño disco en un pequeño punto de la pared y lo
recompensamos con comida».
«no se refuerza cada vez, sino que lo hacemos cada diez veces o una vez por
minuto».
afirma que «hay muchas formas de programas (variantes del experimento) y cada
uno tiene su efecto especial. Y aquí hay un buen ejemplo que se puede extrapolar
de las palomas al caso humano. Porque uno de los programas, que es muy
efectivo con las palomas, es lo que llamamos un programa de razón variable. Y es
lo que está a la base de todas las máquinas de juegos de azar. Y tiene el mismo
efecto».
La paloma puede llegar a convertirse en una «jugadora patológica» igual que una
persona. Skinner hace referencia a otras explicaciones, que según él, son fallidas
para explicar la adicción al juego. La gente juega por el programa de
reforzamiento que le sigue». El programa consiste en reforzar la conducta cada
cierto tiempo. De esta forma, la persona tiene la sensación de que de un momento
a otro obtendrá el premio.
A través de este experimento, estudia los procesos por los que se adquieren
respuestas instrumentales, al igual que procesos como la generalización, la
discriminación y extinción de ciertas conductas. Por ejemplo, imaginemos que se
introducen en la caja tres discos de diferentes colores: rojo, azul y verde. Si la
paloma picotea cualquier disco para obtener comida, hablamos de generalización.
Es decir, ha generalizado su conducta de un disco a los demás.
La discriminación consiste en que la paloma aprenda que sólo obtendrá
recompensa si picotea un disco de un color determinado. Por ejemplo, cada vez
que picotea el disco rojo se le proporciona comida, pero si picotea el azul y el
verde no obtiene recompensa. De esta forma, la paloma, a través de la
discriminación, aprenderá que si quiere comida, tendrá que picotear el disco rojo.
Por otro lado, la extinción cosiste en eliminar cualquier refuerzo para suprimir la
conducta de picoteo. Si la paloma picotea un disco y durante varios ensayos no
obtiene comida, deja de emitir su respuesta de picoteo.
Caja de Bebe
Skinner no estuvo exento de polémica. Construyó una cuna con forma de caja en
la que se rumoreó que experimentaba con su hija Deborah. Después de tener a su
primer hijo, se percató que los cuidados del niño eran muy laboriosos. Cuando su
mujer se quedó embarazada de una niña, decidió diseñar una cuna para facilitar el
cuidado de los pequeños y minimizar el trabajo de los padres.
La caja medía unos dos metros de alto un metro de ancho. Las paredes
estaban aisladas para impedir la entrada del ruido externo. El bebé se podía
sentar en un colchón interior a un metro del suelo y podía ver el exterior a
través de un cristal que se subía y bajaba. Por dentro, la caja estaba
equipada con un humidificador, un calentador y un filtro de aire que hacía
circular aire caliente y fresco en el interior del habitáculo. El nuevo tipo de
cuna, sin duda, ofrecía unas comodidades obvias. Al estar el interior
climatizado, el bebé iba en pañales, así que sólo hacía falta cambiarle el
pañal. También gozaba de mayor seguridad gracias al cristal, tanto para
evitar caídas como para impedir la presencia de gérmenes.
El colchón en el que se posaba a la bebé se trataba de una lona larga unida a
unos rodillos. Gracias a esto, cuando se ensuciaba, Skinner hacía girar una
palanca y salía la tela sucia mientras entraba una limpia. Skinner estaba tan
contento con su invento que decidió publicarlo en la revista Ladies Home Journal.
Sin embargo, a pesar de ser un invento bastante práctico, algo se torció. El
psicólogo tituló su artículo «Baby care can be Modernized» (Los cuidados del bebé
pueden ser modernizados), pero la revista le cambió el nombre por «Baby in a
Box» (Bebé en una caja). Además, la publicación estaba acompañada por una foto
de la hija del psicólogo en la cuna. Un título y una foto poco acertadas que
acabaron por desatar la polémica.
Lo que Skinner pretendió que fuera una cuna moderna para facilitar el cuidado de
los hijos, se convirtió en fuente de rumores sobre una caja para condicionar a
los bebés como si de ratas o palomas se tratara. Comenzó a correrse el rumor
sobre sus experimentos. Skinner intentó desmentirlo todo, pero sus esfuerzos
fueron inútiles. Un grupo reducido de seguidores se percató del invento e incluso
pensaron en comercializarlo, pero el rechazo general fue tan grande, que quedó
relegado al olvido. A pesar de que con los años, su hija desmintiera todos los
rumores sobre su padre, todavía hoy, quedan dudas sobre si Skinner
experimentó con su hija en aquella cuna.