EXODO 14:1-12.
Acorralados ante el Mar Rojo
Como vimos en el capítulo anterior, cuando los israelitas salieron de Egipto, Dios
los guió a través del desierto, en lugar de llevarlos por el camino más transitado
(Exo. 13:17-18). El Señor los llevó por el desierto para enseñarles lo que necesitan
aprender antes de entrar a la Tierra Prometida.
La Redención no sólo consiste en salir de la esclavitud, sino en aprender a vivir en
libertad. Los israelitas fueron liberados de las cargas pesadas de Egipto, pero
ahora debían aprender a vivir como hombres libres. Dios no los libertó para que
hicieran lo que quisieran; los redimió y pagó el precio de su libertad, para hacerlos
su pueblo escogido. ¿Qué hubiera pasado si ellos hacen lo que quisieran? De
seguro hubieran vuelto a caer esclavos.
Dios no sólo los llevó por el camino más largo e intransitable, sino que además les
hizo acampar en un lugar cerrado.
(Exo. 14:1-2) Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel que
den la vuelta, y acampen delante de Pihahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-
zefón; delante de él acamparéis, junto al mar.
El lugar donde acamparon por primera vez fue Pi-hahirot, que literalmente
significa “boca de los desfiladeros”. Era una especie de valle ubicado a las orillas
del Mar Rojo y a la sombra de unas planicies altas (Migdol, lit. torre). En cierta
forma, era como un callejón sin salida.
¿Por qué Dios los llevó a través de ese cañón que desembocaba en el Mar Rojo,
sin una salida visible? La respuesta es: porque tenía una lección que enseñarles
allí.
Dios le reveló a Moisés que tenía un plan sorpresivo para Israel en ese lugar:
(Éxodo 14:3-4a) Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la
tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para
que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los
egipcios que yo soy Jehová.
Cuando los israelitas creían que ya se habían librado del Faraón, Dios vuelve a
atraerlo porque todavía había una lección que aprender.
Por última vez, el Señor va a endurecer (Jazak, lit. fortalecer) el corazón del
Faraón. ¿Con qué propósito? El versículo cuatro explica que será para que "Dios
sea glorificado" (heb. Kavad, también: honrar). Y también para que los egipcios
sepan quién es Jehová.
Uno hubiera pensado que después de las diez plagas, los egipcios ya se habrían
dado cuenta del poder de Dios; pero evidentemente aún no lo reconocían. El dolor
de la pérdida de los primogénitos ablandó el corazón del Faraón para dejar ir a los
israelitas. Pero ese sentimiento no le duró mucho; el dolor se tornó en cólera
cuando se enteró que los israelitas no iban sólo a un paseo, sino que salieron de
las fronteras para no volver jamás.
(Éxodo 14:5) Y fue dado aviso al rey de Egipto que el pueblo huía: y el corazón de
Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho
esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva?
La reacción inmediata del Faraón fue perseguirlos. Y fue acompañado de su
poderoso ejército para hacerlos volver.
(Éxodo 14:6-7) Y unció su carro, y tomó consigo a su pueblo; y tomó seiscientos
carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.
Aún esto era parte del Plan de Dios. Como ya mencionamos, Dios propició esta
persecución porque todavía había algo que aprender de ello.
(Éxodo 14:8) Y Jehová endureció el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió a
los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.
El Faraón creía tener la fuerza y el poder de su lado, al ir acompañado por el
ejército más poderoso de esos tiempos. Pero quienes realmente tenían la ventaja
eran los israelitas, ya que de su lado estaba la "mano poderosa" (heb. B'Yad
Ramá, lit. mano levantada, exaltada) de Jehová de los ejércitos.
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
Cuando los egipcios alcanzaron a los israelitas, ellos estaban en un callejón sin
salida, en Pi-hahirot (lit. boca de los desfiladeros).
(Éxodo 14:9) Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de
Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampando junto
al mar, al lado de Pihahirot, delante de Baal-zefón.
En cierta forma, los israelitas quedaron entre la espada y la pared, con el ejército
egipcio descendiendo por el cañón y por el otro lado frenados por el Mar Rojo. No
podían huir, aunque lo hubieran intentado.
(Éxodo 14:10) Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus
ojos, y he aquí los egipcios que venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel
temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.
Si el clamor de los israelitas hubiera sido un grito de socorro y una petición de
ayuda, hubiera estado bien. Lastimosamente lo que salió de su corazón fue un
reclamo más que una petición:
(Éxodo 14:11-12) Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has
sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros,
que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto,
diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Que mejor nos fuera servir a los egipcios,
que morir en el desierto.
Ya vamos viendo que no sólo los egipcios necesitaban aprender del encuentro en
el Mar Rojo.
LECCIÓN PARA ISRAEL
Dios permitió que el Faraón persiguiera a los israelitas porque también ellos
necesitaban aprender una lección a las orillas del Mar Rojo. Los israelitas ya
habían salido de Egipto, pero Egipto aún no había salido de sus corazones.
Los israelitas parecían estar sufriendo lo que se conoce como “Síndrome de
Estocolmo”, en el que las víctimas llegan a creer que sus opresores son sus
salvadores. Este mal recibe ese nombre por lo que ocurrió en un secuestro en
Estocolmo: unos terroristas tuvieron a un grupo de rehenes a quienes maltrataron
física y emocionalmente; pero luego de su liberación, los rehenes hablaron
maravillas de sus captores. Los psicólogos explican que los prisioneros se
acostumbran a su cautividad, y aún llegan a apreciar a los captores porque con
ellos se sienten seguros.
De forma similar, los israelitas llegaron a acostumbrarse a la vida de esclavitud en
Egipto, donde se sentían seguros. Aunque vivían en condiciones de miseria y
maltrato, nunca les faltó comida ni techo. Sus necesidades eran cubiertas, y no
debían tomar decisiones arriesgadas. Por eso aún tenían una dependencia
emocional hacia Egipto. Israel necesitaba aprender a vivir en libertad, la cual
conlleva riesgo y responsabilidad propia.
Recién salidos de Egipto, los israelitas todavía tenían mentalidad de esclavo, y no
estaban preparados para entrar y conquistar la Tierra Prometida. Llevaban armas
de guerra (Exo. 13:17-18), pero todavía necesitaban cambiar su mente para estar
preparados para el día de la batalla. Por eso Dios los llevó por el desierto, para
transformar su mente y fortalecer su fe en Dios.
PRUEBAS EN EL DESIERTO
En su reacción al ver el ejército egipcio, los israelitas mostraron que tenían más
miedo del Faraón que de Jehová (Exo. 14:11-12). Por eso, Dios les preparó varias
pruebas en el camino—no para que “cayeran”, sino para que las superaran y
subieran de nivel, para que cortaran su dependencia a Egipto, y comenzaran a
confiar plenamente en Dios. Si el Señor permite que pasemos por pruebas, es
para nuestra edificación (Sant. 1:2-4).
En esta etapa inicial en el desierto, Dios llevará a Israel a enfrentar ciertas pruebas
como parte del entrenamiento de fe:
LUGAR SUCESO
Mar Rojo (cap. 14) Persecución del ejército egipcio
Mara (cap. 15) Agua amarga
Desierto de Sin (cap. 15) Falta de alimento
Refidim I (cap. 17) Falta de agua
Refidim II (cap. 17) Ataque armado
Aunque esos eventos son de diversa naturaleza, todos comparten una meta en
común: preparar a los israelitas para recibir la instrucción de Dios, de cómo el
Pueblo de Dios debe vivir. Los israelitas estaban antes acostumbrados a ser
esclavos del Faraón, pero ahora debían convertirse en siervos de Jehová.
EXODO 14:13-31. Milagro en el Mar Rojo
En la entrada anterior vimos que los israelitas reaccionaron mal cuando vieron al
ejército egipcio que los perseguía. En lugar de creer en Dios y clamar por su
ayuda de Dios, se quejaron y lamentaron haber sido liberados.
(Ex. 14:11-12) Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has
sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros,
que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto,
diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Que mejor nos fuera servir a los egipcios,
que morir en el desierto.
Si dependiera de los israelitas, ellos hubieran regresado con los egipcios con la
cabeza agachada, y les hubieran servido como esclavos para siempre. Pero ése
no era el plan de Dios, y Moisés lo sabía:
(Éxodo 14:13) Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; quedaos quietos, y ved la
salvación de Jehová, que Él hará hoy con vosotros; porque a los egipcios que hoy
habéis visto, ya nunca más los veréis.
Dios los llevó a ese callejón sin salida para que no les quedara otra que confiar en
Él. Allí les iba a ser arrancado el temor de Faraón, y comenzarán a aprender a
confiar en Dios.
Ante una amenaza, el instinto nos lleva a correr y huir. Pero es interesante que la
instrucción de Moisés fue lo opuesto: "¡Quedaos quietos!" Y la siguiente
instrucción es simple: "¡Ved!" Lo que verán es la "salvación de Jehová" (heb.
Yeshuat Yehová), y lo que ya nunca verán jamás es a los egipcios.
La expresión “nunca más los volveréis a ver”, algunos rabinos judíos lo interpretan,
no como una promesa, sino como un mandamiento: “nunca más vuelvan a ver así
a los egipcios”. En otras palabras, el Señor les está diciendo que ya no vuelvan a
ver a Egipto como su salvación.
Hay un texto en Deuteronomio que apoya esta interpretación. Entre las
bendiciones y maldiciones, la última maldición que llegará si el pueblo desobedece
es que regresarán a Egipto como esclavos (Deut. 28:62-67), y allí cita la frase que
Moisés les dijo en el Mar Rojo:
(Deut. 28:68, LBLA*) Y te hará volver el SEÑOR a Egipto en naves, por el camino
del cual yo te había dicho: "Nunca más volverás a verlo." Y allí os ofreceréis en
venta como esclavos y esclavas a vuestros enemigos, pero no habrá comprador.
*Nota: Esta es la versión de La Biblia de las Américas, que traduce literalmente lo que dice en
hebreo: "Nunca más los verás". La Reina Valera lo traduce como: "Nunca mas volverás".
La ultima consecuencia de la desobediencia es regresar al punto de partida en la
redención: la esclavitud en Egipto.
La tentación de confiar en Egipto más que en Dios no es exclusivo de la
generación que salió de Egipto. En tiempos de Isaías el pueblo de Israel volvió a
tener esa tentación, y el profeta les advirtió que no lo hicieran.
(Isaías 31:1-3) ¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en
caballos; y ponen su esperanza en carros, porque son muchos, y en caballeros,
porque son valientes; y no miraron al Santo de Israel, ni buscaron a Jehová! Mas
Él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus palabras. Se levantará, pues,
contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los obradores de iniquidad. Y
los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu; de
manera que al extender Jehová su mano, caerá el ayudador, y caerá el ayudado, y
todos ellos desfallecerán a una.
SALVACIÓN DE JEHOVÁ
Volviendo a la historia de Éxodo, podemos imaginarnos que los israelitas se
preguntaban: ¿Y cómo sucederá esta Salvación de Jehová? ya que por atrás
viene el ejército egipcio, por los lados está el cañon, y por delante el mar. Estaban
entre la espada y la pared, y nada menos que un milagro podría salvarlos.
Precisamente eso fue lo que Moisés creyó, y por eso les dijo:
(Éxodo 14:14) Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos.
Tal vez Moisés no sabía exactamente cómo Dios los salvaría, pero por fe sabía
que lo iba a hacer--porque el propósito de salir no era morir en el desierto. Moisés
les dijo que Dios haría el milagro, y todo lo que ellos debían hacer es permanecer
quietos (otras traducciones dicen: "guardarán silencio, estarán callados).
Evidentemente Moisés se puso a orar en ese momento, porque Dios le respondió.
Curiosamente, el Señor le dijo que hiciera algo que no esperaba:
(Éxodo 14:15-16) Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los
hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y
divídelo; y entren los hijos de Israel por medio del mar en seco.
El Señor dijo que Él iba a abrir un camino donde no había. Pero antes, Dios
esperaba que el pueblo caminara en fe--creyendo lo que no se ve.
(Romanos 8:24-25) Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se
ve no es esperanza, pues lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún? Mas si lo que no
vemos esperamos, con paciencia lo esperamos.
El milagro no terminaba allí. Dios tenía un plan también para los egipcios; a pesar
de todas las señales que vieron, ellos no tuvieron temor del Dios de Israel, y
persiguieron a Su Pueblo.
(Éxodo 14:17-18) Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los egipcios, para
que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros,
y en su caballería; y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique
en Faraón, en sus carros, y en su gente de a caballo.
Al final de cuentas, todo es para la gloria de Dios.
EL ANGEL DE DIOS Y LA COLUMNA
Dios va a permitir que los egipcios persigan a los israelitas a través del mar...pero
no sin antes retenerlos por un tiempo. El instrumento que Dios usó para detener a
los egipcios fue la Columna de Fuego, que ya se había mencionado en el capítulo
anterior (Exo. 13:21-22). Usualmente la columna de nube y fuego iba delante para
mostrarles el camino; pero en esta instancia, el Señor la mandó para guardar la
retaguardia de Israel. Y en la vanguardia iba alguien muy especial:
(Éxodo 14:19-20) Y el Ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se
apartó, e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de
ellos, se apartó, y se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los
egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y
alumbraba a Israel de noche; y en toda aquella noche no se acercaron los unos a
los otros.
Así como en las plagas, de nuevo el Señor marcó una diferencia entre los
israelitas y los egipcios. A unos le dio luz, y a los otros los dejó en tinieblas.
El tiempo en que la columna se detuvo entre los egipcios y los israelitas tenía dos
propósitos:
a. En favor de Israel...para darles tiempo que avancen y se pongan fuera del
alcance del ejército egipcio.
b. En favor de los egipcios...para darles tiempo a recapacitar, y que tal vez
desistieran de perseguir al pueblo de Dios.
ABRIÓ CAMINO EN EL MAR
Dios llevó a Israel a un callejon sin salida, no para entramparlos sino para mostrar
una vez más su mano poderosa de salvación. El Señor abrió un camino donde no
lo había, y partió el mar en dos para que los israelitas avanzaran en su camino, y
también para ponerlos a salvo de los egipcios que los perseguían.
Dios hizo el milagro, pero esperó también que Moisés actuara. Dios no quiere que
nosotros seamos sólo espectadores en la vida; mas bien, el Señor quiere que
participemos con Él. Moisés actuó en fe, y Dios hizo el milagro...
(Éxodo 14:21-22) Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el
mar se retirase por un recio viento oriental toda aquella noche; y cambió el mar en
tierra seca, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron
por medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su
izquierda.
El callejón sin salida se abrió y se transformó en un pasillo milagroso que sirvió de
salida de emergencia para Israel.
Los egipcios vieron la puerta abierta al mar, y siguieron a los israelitas. Pero no
sabían que lo que para los israelitas fue para salvación, para el ejército egipcio
sería para destrucción.
(Éxodo 14:23-25) Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta el medio
del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de a caballo. Y
aconteció a la vela de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios
desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campamento de los egipcios. Y
les quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los
egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos
contra los egipcios.
Para el momento en que los egipcios se dieron cuenta del peligro que corrían, ya
era demasiado tarde. Cuando los israelitas terminaron de pasar, Dios pidió a
Moisés que levantara su mano para cerrar el camino del mar.
(Éxodo 14:26-28) Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para
que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su
caballería. Y Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar
se volvió en su fuerza, y los egipcios dieron contra él; y Jehová derribó a los
egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la
caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no
quedó de ellos ni uno.
En ese día el ejército de Egipto cayó ante la mano poderosa de Jehová--y todos
los israelitas fueron testigos de esto. El temor que los israelitas tenían hacia el
Faraón fue arrancado en ese momento.
(Éxodo 14:30-31) Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e
Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho
que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a
Jehová y a Moisés su siervo.
Lección aprendida: El temor de Israel estaba en Jehová, ya no en el Faraón.
En la próxima entrada analizaremos el Cántico de Moisés, por el milagro que Dios
hizo en el Mar Rojo...