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ADVERTENCIA AL LECTOR NO-
CATÓLICO
Esta obra está dirigida
particularmente a católicos. Su
contenido es parte básica de un
programa de formación realzada
cristiana promovido por el Ministerio
Deoduce.
Primeramente, este programa se
destina a un público adulto que ya
cuenta con conocimientos y experiencia
vivida en la fe cristiana, pero sigue
deseoso de ampliar sus conocimientos
en la doctrina genuina para poder
obtener de ella el máximo de sus
beneficios mientras que va cumpliendo
con la voluntad del Padre para mayor
gloria suya.
Este trabajo conlleva una doble
finalidad: 1) constituye el texto para los
alumnos regulares del curso de
Formación Cristiana Suplementar, y 2)
sirve de material de apoyo y consulta
para los tutores del Catecumenado.
Además, este volumen completa la
trilogía ‘Dogmas vs. Herejías + El
Credo + La Oración’.
De otra parte, las personas en
curso de conversión que buscan su
adhesión a la Iglesia, en su genuino
interés y curiosidad, tienden a presentar
una infinidad de preguntas que a veces
pillan de sorpresa al tutor. El tutor no
tiene porque ser un especialista en cada
uno de los puntos que se relacionan a la
fe. Su función no es más que
transmitirle los fundamentos de la fe de
la Iglesia y las implicaciones
correspondientes al compromiso
personal asumido antes de recibir el
sacramento del bautismo. Como no se
puede faltar a la verdad (y menos
todavía en los asuntos la fe) el tutor no
puede inventar supuestas respuestas
improvisadas, sino que deberá atenerse
a lo que preconiza el Magisterio. El
material contenido en este pequeño
trabajo podrá proporcionar la respuesta
para muchas de esas indagaciones.
Y finalmente, este libro también irá
aclararles muchas dudas a católicos
que habían abandonado su fe cuando no
tenían todavía otro conocimiento de ella
más que aquel recibido en la catequesis
de su primera comunión… ¡a los siete
años de edad! Estas personas crecieron
como adultos en las áreas académica,
profesional, social, deportiva etc.,
menos en la de su religión. Como
adultos se han frustrado intentando
interpretar la complexidad y grandeza
de la Doctrina, sin darse cuenta, desde
los limitados conocimientos, saber y
mentalidad de un niño chico.
Desafortunadamente, estas
personas haciéndole caso a lo que
aprendieron desde amistades, parientes
y vecinos, colegas de trabajo, la calle,
medios de comunicación y sus
improvisadas conclusiones propias no
les ha ayudado a realizarse en sus
vidas, familiar y personal. Por lo
general dejaron la Iglesia antes de
aprender lo principal y se han quedado
igual a aquellos con que perdieron el
tiempo escuchándolos y siguiéndoles en
sus opiniones indoctas. (No conozco a
alguien que haya pensado, creído y
difundido tantas memeces cuanto yo
mismo mientras también me encontraba
en situación semejante.)
Distintamente del formato de las
clases regulares, en las cuales debo
atenerme a la enseñanza oficial de la
Iglesia según su Magisterio, aquí gozo
de cierta libertad para poder añadir y
expresar algunas opiniones propias, las
cuales son de mi exclusiva
responsabilidad.
Igualmente, si alguien con otra fe
deseara leer este material debería
hacerlo consciente de que es muy
probable que difiera en creencia y
opiniones, pero al mismo tiempo les
ruego notar que en ningún momento hay
ofensa o ataque a quienesquiera.
Nótese en particular que en los raros
casos en que menciono alguna otra
comunidad o institución, gobierno o
personaje público será siempre como
una argumentación de defensa de la fe o
la Iglesia, en contra la de aquellos que
como intento para justificar lo suyo
desinforman sobre la verdadera fe de la
Iglesia y sobre ella propia.
Entiéndase también que
desmantelar inverdades históricas no
consiste en una forma de ataque, sino
que puede también ser el modo de una
legitimada neutralización de una
desinformación desprestigiante o
calumniosa.
PRESENTACIÓN
En su epístola a los Romanos San
Pablo advierte que “si no recibimos es
porque no sabemos pedir”.
Eso provoca que automáticamente
estalle una pregunta: ¿Entonces cómo
se ha de pedir? ¿Cómo debe hacerse
entonces la oración de petición?
Después que el propio Mesías nos
enseñara a orar atendiendo al pedido
de los Apóstoles (Pc 11:1), por cierto,
no seré yo quien se atreverá a dar
respuesta a semejante interrogación.
Tampoco tengo algún “método” propio
de oración a proponer. Los tempranos y
malogrados esfuerzos de mis propias
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prácticas, improvisadas y sin una
orientación espiritual adecuada, solo
me sirvieron para confirmar la
admonición de San Pablo (y de eso
puedo dar testimonio de que San Pablo
tenía plena razón).
Pero hay una respuesta. La que es
dada por la Iglesia la encontramos
totalmente en las propias Sagradas
Escrituras y en el Catecismo de la
Iglesia Católica [CIC].
Le tranquilizo al lector que
esperaba aquí encontrar una guía o
manual práctico simplificado de
oración en unas pocas líneas. Podría a
una primera vista asustarse creyendo
que para hacer una oración tendría que
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hacer todo lo contenido en el texto a
seguir. Pero no, no le hará falta más
que seguir unos poquísimos pasos que
el mismo Nuestro Señor Jesús explica.
El único propósito de esta obra no
ha sido otro que seleccionar y agrupar
algunos puntos fundamentales que le
facilitarán al lector unos recursos para
detectar las cosas que está haciendo
que le aproximan o alejan de una mayor
efectividad en su comunión y diálogo
con Dios. O sea, de lo que hay expuesto
aquí no hace falta tomar más que
aquello que cada uno juzgue serle
necesario o conveniente.
La casi totalidad de las páginas
que se siguen son para ser utilizadas
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como un manual de referencia, para
consultas concernidas.
Ciertamente tampoco me tomaría
yo por sabio, por lo que entiéndase que
no pretendo o tengo la capacidad de
explotar todas las posibilidades que el
Catecismo y las Escrituras nos
proporcionan. Y menos todavía tengo la
capacidad o intención de dar
orientación espiritual; eso le compete
al religioso con una buena formación
doctrinal y una devoción ejemplar; uno
que, como Jesucristo, haga lo que dice y
diga lo que hace.
Sin embargo, cada punto tratado
en esta obra le proporcionará al lector
la posibilidad de ir progresivamente
13
experimentando y creciendo con las
cosas mencionadas, aunque, dígase de
paso, no son mías.
Estoy seguro que en la misma
medida en que el lector vaya
descubriendo el aumento de la
efectividad en su comunicación con
Aquel que le ha creado irá nutriendo un
cierto celo por aquel cordón umbilical
celestial del que hablaremos pronto,
mimándolo más que a la joya más
preciosa del planeta. Entonces esta
modesta obra ya no más le servirá.
Tendrá que seguir profundándose
directamente en los tesoros de la
Revelación y de la Tradición que
custodia la Iglesia mientras siga en su
14
propio peregrinaje y crecimiento
espiritual.
La fe y la oración son lazos de
15
Amor entre Dios y nosotros.
R. Penner
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La Oración,
y del porqué jamás
podría fallar
En el Catecismo de la Iglesia [CIC
#2670] aprendemos que es el Espíritu
Santo quien nos atrae al camino de la
oración, recordándonos a Cristo. Pues
de esto trata todo este libro: sin la
participación directa del Espíritu Santo
las cosas se quedan menos fáciles,
estaremos actuando solos, a la merced
de nuestras propias limitaciones
humanas. Más claro imposible, y ese
suele ser el primer error de muchos de
nosotros.
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Nos enseña el Catecismo que el
Espíritu Santo, cuya unción impregna
todo nuestro ser, es el Maestro interior
de la oración cristiana. Es el artífice de
la tradición viva de la oración. [CIC
#2672]
Y luego, el Catecismo nos enseña
también que la forma de pedir el
Espíritu de Dios es invocarle al Padre
por medio de Jesucristo para que nos Lo
dé. [CIC #2671], [Pc 11,13 ].
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YA CONTAMOS CON
MUCHO, ANTES MISMO
DE EMPEZAR
Es difícil entender la oración sin
antes buscar comprender, por poco que
sea, el vínculo de nuestra naturaleza
humana con Dios. Dice el Fray Nelson
Alfonso Medina Ferrer, O.P.
(Colombia), que la “la oración es el
vinculo permanente con el Dios Vivo”.
Nuestros padres nos transmiten la
vida, pero Quien realmente nos la da es
Dios. Solo Dios es dador de vida. Nadie
más la puede dar a nadie ni a nada. Solo
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Dios puede sacar vida “de la nada”…
[*1]
Los padres de la beata Chiara Luce
Badano (Focolares) muy
tempranamente entendieron que su hija
“no les pertenecía“… y que en verdad
era de Dios.
Filosóficamente hablando, somos
un ser contingente, lo que quiere decir:
en un dado momento no existimos,
podríamos cada uno de nosotros haber
seguido no existiendo, pero en cambio,
en otro momento hemos sido traídos a
la existencia. [Sb 11:23-26]. “Por la
creación Dios llama a todos los seres de
la nada a la existencia” [CIC #2566]
20
“Existe una vocación universal a
la oración, porque Dios, por medio de
la Creación, llama a todo ser desde la
nada; incluso después de la caída, el
hombre sigue siendo capaz de
reconocer a su Creador, conservando el
deseo de Aquel que le ha llamado a la
existencia”. [CCIC #535]
Esto es muy importante y
pongámosle una detenida atención
porque se trata de una cuestión
trascendental y tratar de comprenderla
en profundidad puede cambiar
radicalmente nuestra manera de percibir
y gobernar no apenas nuestra oración,
sino que con ella hasta nuestro propio
destino y vida. (Bajo el próximo título
iremos combinar este con un segundo
21
dato que revelará porqué la oración no
puede fallar).
A veces y principalmente en las
adversidades cuando alguien le recuerda
a otra persona "Jesús te ama, Dios te
ama" bien podría recibir como respuesta
un "ah sí, sí, ¡ya me lo creo!", "si me
amara no estaría pasando por esto" y
cosas así.
Ahora imaginemos la siguiente
situación. En consecuencia, del acto
conyugal de una pareja podría o no
resultar un bebé. Solo hay dos
posibilidades: ese bebé estaría o no
siendo esperado en esa ocasión.
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¿Y que hay de sorprendente en
eso?
Mucha cosa. En primer lugar, que la
única participación posible de la pareja
fue un acto físico, sin o con
advertimiento de su consecuencia
directa. Ese bebé podría haber sido
esperado o no, querido o no.
A veces personas que descubren o
sospechan no haber sido ansiadas o
amadas sufren y se dejan afectar en su
autoestima, lo que podría comprometer
la calidad de su existencia, pero ese no
debería ser un problema suyo, sino que,
de otros, si fuese el caso. Veremos a
seguir que eso es un detalle de
importancia insignificante e inútil
dentro de un contexto mucho mayor,
23
global, el que verdaderamente cuenta e
importa más que todo.
En cada llegada de un nuevo
habitante al planeta, este no habrá sido
"creado" (en el sentido literal) por esos
padres, pues estos no saben como
elaborar neuronas, órganos, huesos,
nervios, tejidos etc. y los varios
sistemas interrelacionados que
constituyen un cuerpo humano. Todo
eso fue transmitido y generado por un
proceso biológico, recibido desde
sucesivas entregas ancestrales, hasta
retroceder al origen en Adán y Eva [*2].
Eso ocurre por mera consecución
instintiva en todas las demás especies
del reino animal.
24
Hasta aquí la pareja habría tomado
parte apenas en el proceso carnal, pero
les habría faltado participar activamente
en la parte más incomprensible,
compleja, difícil y sublime que ordena y
complementa ese proceso biológico:
que es crearle el alma e insuflarle la
vida a ese conjunto orgánico, material.
Sin esa expresión de vida –que
absolutamente no es algo material- todo
el proceso biológico no resultaría en
más que un inerte amontonado de
materia orgánica, meramente física y
sujeta a un instantáneo comienzo de un
proceso de la descomposición [*3].
Eso debido a que nada que no
poseyese en sí la condición absoluta del
atributo de la vida en acto podría
25
transmitírsela a seres que tuviesen la
potencia de recibirla. El único que
podría hacerlo es el mismo Creador de
todo lo demás, de lo visible y de lo
invisible, Dios, como ya habíamos visto
anteriormente.
Frente a esta realidad mayor si el
recién nacido ha sido humanamente
deseado o no (o hasta mismo que fuese
fruto de una violación) ese aspecto
asume un papel secundario e irrelevante
en el plan de Dios (colocación esta que,
al final, será lo único que
verdaderamente importa).
Es el hecho de que seamos seres
contingentes lo que nos va a dar la
prueba irrefutable de que nadie puede
26
amarnos más que Dios. No existíamos,
podríamos haber seguido no existiendo,
pero Él decidió en su infinita sabiduría
traernos a la existencia mediante Su
acto de amor no carnal. Sabemos ahora
que cuando la doctrina afirma que Dios
nos ama no se trata de decir cosas
agradables, de palabreado vacío y bien
sonante para confortar a la gente. Es un
hecho real, y tan real cuanto ha sido
la posibilidad de la existencia de todo
el universo.
Distintamente de como nos puede
ocurrir durante la procreación humana,
desde Dios sí tenemos la certeza
absoluta de cada uno haber sido
esperado, deseado y amado. Y solo por
esa razón nos trajo a la existencia.
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“Realizada la creación, Dios no
abandona su criatura a ella misma. No
sólo le da el ser y el existir, sino que la
mantiene a cada instante en el ser, le da
el obrar y la lleva a su término.
Reconocer esta dependencia completa
con respecto al Creador es fuente de
sabiduría y de libertad, de gozo y de
confianza: Amas a todos los seres y
nada de lo que hiciste aborreces pues, si
algo odiases, no lo hubieras creado. Y
¿cómo podría subsistir cosa que no
hubieses querido? ¿Cómo se
conservaría si no la hubieses llamado?
Mas tú todo lo perdonas porque todo es
tuyo, Señor que amas la vida (Sb 11, 24-
26).” [CIC #301]
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Nadie se daría al trabajo de traer a la
existencia algo que no quisiese
verdaderamente, y mucho menos lo
haría Dios, que no es ningún tonto. Y
ese "algo" hemos sido el lector y yo,
alguien. ¿No es eso un milagro
maravilloso?
Obtuve la respuesta para una inmensa
cantidad de preguntas que me había
hecho durante muchos años cuando en
una conferencia del Padre Teófilo
Rodríguez F.D.M., (Panamá), que
atendí dijo él: “Dios nos ha hecho a
cada uno de nosotros la creatura más
perfecta de todos los tiempos para
cumplir nuestra misión individual en su
plan”.
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Descubrir eso les cambia el sentido a
todas las cosas. Hace con que muchas
cosas pierdan su aparente importancia,
incluso si no nos han amado quienes
quisiéramos que nos hubiesen amado.
Dios sí que nos ama, siempre nos ha
amado y nos seguirá amando; durante
todo el proceso de nuestra contingencia
(frente a la contundencia de esa realidad
todo lo demás se torna accesorio y
reducido a su máxima insignificancia).
Nos lo confirma el Catecismo.
“Podemos invocar a Dios como
"Padre" porque nos lo ha revelado el
Hijo de Dios hecho hombre, en quien,
por el Bautismo, somos incorporados y
adoptados como hijos de Dios. “ [CIC
#2798]
30
Una vez no teniendo más dudas de que
verdaderamente Él nos ama en una
relación de padre a hijos, la única cosa
en que podríamos fallar es en nuestra
propia entrega reciproca en una genuina
relación de hijos a padre. Esto puede
parecer una cosa difícil dentro de
nuestras limitaciones humanas, y sé que
lo que voy a decir puede parecer una
tontería, pero por experiencia propia
puedo afirmar que ¡es la cosa más fácil
del mundo!
Como hemos recién visto, nos revela el
Catecismo que se ora recurriendo al
Espíritu Santo, que es quien nos
conduce en el camino de la oración. ¡Y
de nada más que de esto se trata!
31
Jesucristo nos dejó el Espíritu Santo
refiriéndose a Él como ‘el Paráclito’. Él
se ha quedado para ayudarnos por las
más variadas formas: su unción en los
siete sacramentos (a empezar por el
Bautismo), durante la Comunión
Eucarística, con la unción de los siete
dones crismales de la Confirmación, y
tantas otras maneras en casos
particulares.
En el caso del tema que estamos
tratando ahora nos interesa en particular
sólo uno de los siete dones del
Sacramento del Crisma: el don de
piedad. ¿Por qué?
Porque es al don de piedad que
debemos recurrir para ayudarnos a
32
restablecer nuestra relación filial con el
Padre. La relación padre-hijo de la
parte de Dios hacia nosotros ha estado
desde siempre normalizada, desde antes
mismo de nuestro nacimiento. Eso
significa que no existe el menor riesgo
de un “rechazo” por parte de Él hacia
nosotros, hasta por más pecadores que
fuéramos. Todo lo que hace falta de
nuestra parte es darle un honesto sentido
a la petición que hacemos al recitar el
padrenuestro: “hágase tu voluntad en la
tierra como en el cielo” … (tal como
en el sí de la Virgen María: “hágase en
mí según tu palabra”).
Empleando mera lógica humana no
podemos dejar de concluir que esa
voluntad de Quien nos creó porque así
33
nos deseó y ama solo puede ser que le
seamos recíprocos a la relación que
mantiene hacia nosotros. ¿Si no
estuviese eso incluido en su voluntad,
para qué nos hubiera creado? Nos toca
ahora, de nuestra parte y mediante la
invocación de la unción del Don de
Piedad, no escatimar esfuerzos o
sacrificios para buscar restablecer la
normalidad de esa natural relación filial
hijo-padre en una reciprocidad aunada
con la de padre-hijo, la cual se ha
mantenido pacientemente a nuestra
espera.
Puedo dar mi testimonio personal
de que invocar al Don de Piedad para
ayudarnos en el restablecimiento de
nuestra relación filial con el Padre no
34
falla, es instantáneo porque esa es Su
voluntad. Y es que Él sólo nos estaría
esperando durante todo el tiempo para
este acontecimiento…
Cierta noche durante mis oraciones
antes de adormecer tuve la gracia de
poder sentir y vivir ese estrecho vínculo
con el Padre. (¡Se me pone “la piel de
gallina” mientras estoy escribiendo y a
cada vez que recuerdo el
acontecimiento!). Este tipo de
experiencias suele ser siempre algo muy
personal y bastante difícil de transmitir.
Cada persona probablemente tendrá una
diferente, la suya propia, pero con toda
certeza, tarde o temprano ¡la tendrá!
35
En mi caso he tenido la sensación
de sentirme mimado como un bebé
mientras que conservando la
consciencia y el entendimiento maduro
de un adulto. Fui experimentando en
ese momento algo como la sensación de
un abrazo, pero no solo en vuelta del
tronco, sino que, en la plenitud de mi
ser, envolviendo a la vez la totalidad de
mi cuerpo e intuyo de lo que podría ser
también como una “sensibilidad” en el
alma. Tuve por un instante la
oportunidad de experimentar lo que las
palabras no pueden describir cuando se
define al Amor como siendo uno de los
tres atributos metafísicos de Dios. Si es
esto lo que nos espera en el Cielo…
¡Amén, amén, amén!
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Esa experiencia me ha sido
concedida una sola vez. Nunca más se
repitió. Tenerla no es algo voluntario
que yo pueda accionar a mi antojo. La
entiendo como haber sido una gracia
recibida. Debe haber sido la manera
que Él escogió para decirme algo que
tanto me costaba comprender de otra
forma con mi dura cabeza. Quizá para
quitarme de dudas; y me las quitó de
una vez por todas.
Jesucristo solo necesitó ofrecerle
mirar sus heridas una única vez a Tomás
para que comprendiera. De igual modo
que Tomás no se quedaba después
pidiéndole que las mostrara de nuevo a
toda vez que volviera a tener dudas o le
diese la gana, entendí que lo de aquella
37
vez fue suficiente. Ahora que lo
experimenté ya no puedo hacer de
cuenta que no lo sé. Me siento
bendecido por esa certeza. ¡Me hizo
entender que la oración es el lazo de
amor que Dios tiene conmigo!
No sé como podría venir a ser la
experiencia con el lector si también
busca estrechar su relación filial con el
Padre, pero estoy cierto de que
cualquier experiencia particular que
tenga habrá de ser también algo por
ahora inimaginable.
Cierta vez un alumno del
catecumenado me preguntó ¿porque
Dios hizo las cosas así y ya no dejó
permanentemente abierta esa relación
38
de vuelta de nosotros hacia Él? Yo
estoy seguro que es por que Él no juega
sucio… Si Él nos hace libres a su
semejanza y luego tomara las decisiones
por nosotros eso ya no seria una forma
de genuina libertad; no estaríamos
siendo verdaderamente “libres”, no
pasaría de una farsa. Hasta mismo en
un plan meramente humano no se le
puede obligar a una persona que le
corresponda a otra contra su libertad.
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La Luz del Mundo (“The Light of the World”
1853, William Holman Hunt)
40
Este cuadro, La Luz del Mundo, es
una muy bella alegoría simbolizando
pictóricamente la Amistad de Dios y la
conversión de las personas.
La puerta no tiene un pomo en su
lado exterior, lo que quiere decir que
Jesucristo no la puede abrir desde fuera.
Esa puerta representa el corazón
humano, porque este solo puede abrirse
desde dentro. Solo puede abrirse por un
acto voluntario de la propia persona,
nadie más podrá abrir esa puerta por
ella, y ya vimos que ni Dios querrá
usurpar esa libertad.
41
Todo lo que Dios hace es volver a
ofrecer una y otra vez su Amistad, la
Paz que trae mediante Cristo, que es
cosa totalmente distinta de la paz del
mundo. En la simbología bíblica esa
paz significa la amistad de Dios. [*4]
“Si la casa es digna, llegue a ella
vuestra paz; mas si no es digna,
vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si
no se os recibe ni se escuchan vuestras
palabras, salid de la casa o de la
ciudad aquella sacudiendo el polvo de
vuestros pies.” [Mt 10: 13-14]
De hecho, en mi humilde entender
hace bastante sentido que siendo Dios el
Bien Absoluto no esté dispuesto a
compartir su amistad con aquellos que
42
prefieren al mal en lugar del buen obrar:
"«No hay paz para los malvados» dice
mi Dios" [Is 57:21]
43
UNA COMBINACIÓN
PRODIGIOSA
He aquí la razón por la
cual la oración no falla
Lo que acabamos de razonar es
muy significativo y sería conveniente
jamás dejarlo en un segundo plano, para
evitar el riesgo de acabar en el olvido:
Dios, como Padre, después de nuestra
ruptura por el pecado original vuelve a
ofrecernos su amistad y en
consecuencia espera (como padre está
siempre esperando [Pc 15:24] ) por
nuestra conversión voluntaria, o sea,
44
que aceptemos incondicionalmente la
divina amistad que nos propone y
también nos reconozcamos y aceptemos
como hijos suyos.
Jesús va ofreciendo su amistad -la
amistad de Dios- por todos los sitios en
que se va moviendo: “La Paz esté en
esta casa”… Él no va por ahí
diciéndole a las gentes que no se peleen
o que se dejen de trifurcas. No habla de
paz en el sentido mundano. Os dejo la
paz, mi paz os doy; no os la doy como
la da el mundo. No se turbe vuestro
corazón ni se acobarde.” [Jn 14:27]
Lo mismo se da en la liturgia
cuando el sacerdote nos dice “la Paz
del Señor esté con vosotros” o cuando
45
le respondemos “y con tu espíritu”.
Seguramente él no estará promoviendo
la paz del mundo para candidatearse al
Premio Nobel...
Y luego, en el saludo de la paz que
intercambiamos entre los fieles solemos
desearnos “que Dios esté contigo”, o
sea, otra vez, esperamos que el otro
haya aceptado la amistad de Dios para
que realmente pueda estar en su
compañía.
Estamos en esa ocasión siendo una
vez más invitados a aceptar -haciendo
uso de nuestra libertad- permanecer
“compatibles” a esa amistad que Dios
nos ofrece una vez más con su renovado
sacrificio justificador, y, de igual modo,
46
le respondemos al sacerdote que
nosotros esperamos que él también se
encuentre en comunión con el Señor en
cuanto es quien está celebrando ese
oficio. (Pues claro, sería delusorio para
una feligresía descubrir que quien se
asume estar actuando In persona Christi
lo hiciese fuera de esa amistad y
comunión con el Padre y que de él
también pudiese resultar “sacudida de
polvo de las sandalias”).
Y aquí viene la otra parte, que va a
colmar en una prodigiosa combinación.
Sabemos que desde su dimensión
propia del infinito (kayros, xairos) Dios
puede ver en el presente aquello que, en
nuestra propia dimensión temporal
47
(chronos) desconocemos porque para
nosotros todavía está en un tiempo
futuro que todavía no ha llegado.
La mirífica combinación de esos
dos factores: el primero siendo que el
Creador nos ama como nadie nos ha
amado jamás y el otro, que desde su
eternidad conoce lo que todavía se
encuentra en nuestro futuro, favorece
que nuestra oración sea siempre una
respuesta, como el Catecismo nos aclara
[CIC #535].
De ahí que toda oración ya exista
antes mismo que la pensemos hacer.
Nuestra oración, en verdad es siempre
de Él, y no “nuestra”. Esa es
simplemente la razón por la cual la
48
oración no falla y jamás podría fallar,
simplemente porque procede de Él, y
Él jamás falla. [Mt 6:8; Pc 18:9-14]
Me parece oportuno repetir aquí
las palabras del Fray Nelson Medina
Ferrer: “la oración es el vínculo
permanente con el Dios Vivo”.
San Justino nos dice que “entre
todas las criaturas el hombre ocupa un
lugar privilegiado y que así tiene una
relación muy particular con Dios y el
Logos”.
Mencioné en la presentación que
oportunamente haría un comentario
sobre un “cordón umbilical celestial”.
Literal y físicamente eso no existe y
49
tampoco lo incorpora la Doctrina. Se
trata de una expresión alegórica, un
mero símil de que me valgo para
facilitar el acompañamiento de la
explicación que se sigue.
Y de esto se trata: Del mismo
modo que el rompimiento del cordón
umbilical con nuestra madre biológica
no corta su vínculo relacional y de amor
con nosotros durante el resto de nuestra
existencia, aun que físicamente
separados, de igual modo el vínculo de
amor del Creador con cada una de sus
criaturas permanece; es un hecho
natural, de efecto perenne. [1 Jn 4:10]
50
Esta sugestiva imagen me ha sido regalada
por el recluso “F.M.” en la prisión días
después de haber atendido a una clase en
que habíamos discurrido sobre esta alegoría
del “cordón umbilical” divino.
Hasta habiéndonos alejado de Él (como
lo han hecho Adán y Eva o el pueblo de
Israel por tan repetidas veces), nuestro
vínculo con Él seguirá siendo siempre el
de criaturas, propiedad y posesión
51
suyas. [Sal 100:3 "Él nos ha hecho y
somos suyos", Sab 15:2, 2Co 6:1]
Desde la caída de Adán y Eva, la
humanidad pasó milenios intentando
por todos los medios volver a
restablecer su relación con lo
Sobrenatural sin saber propiamente
cómo. Como respuesta Dios nos ha
incansablemente extendido la mano
mediante sucesivas alianzas, aunque así
mismo, de acuerdo con la historia
quiere parecer que nos costó mucho ir
reteniendo algo.
Según constatamos por las
Escrituras solo los profetas y unos
poquísimos privilegiados las
entendieron y cumplieron, consiguiendo
52
de alguna forma ir progresivamente
restableciendo esa “comunicación”, esa
relación personal con Dios,
dejándonos Él revelaciones como
herencia bajo la forma de un tesoro
compuesto de preciosas oraciones y
textos inspirados, los cuales constituyen
las Escrituras.
Mientras tanto la gran mayoría de
la humanidad seguía desoyéndole,
fallándole, “metiendo la pata”. Esa
humanidad al mismo tiempo que
buscaba rendirle culto y sacrificios de
sangre al Creador también se los ofrecía
a “otros dioses” [Nm 25:2] [Ap 9:20]
[Jc 2:19] [1 R 16:31] [2 R 21:21].
(Baal, Moloc, Belcebú, Refán…)
53
En mi modo de pensar, concluyo
que bien podría haber sido tanta torpeza
humana por milenio tras milenio que le
ha hecho a Dios por fin tener que hablar
más clara y directamente: “¿ Y a mi
qué, tanto sacrificio vuestro? –dice
Yahveh- . Harto estoy de holocaustos de
carneros y de cebos de cebones; y
sangre de novillos y machos cabríos no
me agrada, (…)” [Is 1:11; Hb 10:4, 6,
8] .
«Si hambre tuviera, no habría de
decírtelo, porque mío es el orbe y
cuanto encierra.
13 ¿Es que voy a comer carne de toros,
o a beber sangre de machos cabríos?
[Sal 50:12-13]
54
“Hipócritas, bien profetizó de
vosotros Isaías cuando dijo: Este
pueblo me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de mi. En vano me
rinden culto, ya que enseñan doctrinas
que son preceptos de hombres.” [Mt
15: 7-9]
La “sangre de los novillos”
continúa manifestándose hoy día por los
que piensan estar profesando la fe
mientras están en una otra cosa, fuera de
la voluntad de Dios. Encender velas por
superstición cuando estas en realidad
deberían ser usadas como signo de la
Luz de Cristo, hacer donativos sin
caridad para promocionarse en los
medios sociales, colgar el rosario como
un fetiche de buena suerte en el espejo
55
retrovisor del coche sin jamás rezarlo y
otras cosas alejadas de la Doctrina
además de no ayudar en nada, nos
distancian de Dios.
Hubo que encarnarse el Verbo para
traernos justicia y redención por tantas
faltas y a enseñarnos personalmente que
la relación que el Padre espera de
nosotros es de amor y no una orgía
sanguinaria…
Nuestro “cordón umbilical” de
seres contingentes ha seguido estando
presente durante todo el tiempo. Ese
bendito vínculo con el Padre en aquel
“somos suyos…” del Salmo.
56
¿Y después de eso, sabemos orar?
Paulo nos dice que no sabemos pedir en
nuestras oraciones… [Rm 8:26]
Pues Jesús, el Verbo Encarnado, no
habrá escatimado esfuerzos para
enseñarnos a orar con palabras, gestos,
su ejemplo vivo y su pasión. Pese a que
algunos como respuesta le hayan
crucificado, el Paráclito se encargó de
que por las Escrituras y la Tradición la
Iglesia edificada sobre Pedro sus
enseñanzas llegaran hasta el presente.
Infelizmente muchas de esas
enseñanzas no llegan igualmente a
todos por distintas causas: por
desinterés, pereza, soberbia, ignorancia,
engaños, prohibiciones u otras razones.
57
He encontrado personas que se
quejaban de que sus oraciones no les
“surtían efecto”, “no cuajaban”. ¿Es
eso posible? ¿Sería posible que la
oración (viniendo de Dios) no produjese
resultados? Si, y no.
Sí que son posibles, tanto una cosa
cuanto la otra: principalmente
dependiendo de a quien y cómo se la
hagamos… [Sal 33:2-3, 17-19, 23; Mt
13:19, 38; Pc 18:9-14]
El Credo es como una brújula que
nos previene cuando nos salimos de la
doctrina o continuamos en ella. Si bien
que la doctrina cristiana esté en él
sintetizada de forma tajante he conocido
personas que así mismo no han
58
conseguido percibir el pleno alcance de
la finalidad del Credo. Si uno
comprende el misterio encerrado en
cada una de sus sentencias no hay como
embarcarse en una fe errada. Por eso
también recomiendo el estudio de su
capítulo propio en el catecismo.
59
El conocido como Credo de los Apóstoles es
el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia
Romana.
Si es hecha acorde con la doctrina
no es posible malograrse porque la
oración es un don de Dios, -y como
vimos- la cual ya existe y viene a
nuestro encuentro antes mismo que
empecemos a hacerla [CCIC #535],
60
[Mt 6:8; Pc 18:9-14]. Y viniendo de Él
no puede fallar. ¡Dios es Verdad
Absoluta y Él no falla! ¿Con que tipo
de fe oramos?
Cuando parece que ella falla el
mismo Jesucristo explica el porqué
cuando le increpa a Pedro «Al punto
Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le
dice: Hombre de poca fe, ¿por qué
dudaste?» [Mt 14:31] (Pero tampoco
es solo a Pedro que tiene que tirarles de
la oreja, conforme vemos en [Mt 8:26;
6:30; 16:8; 17:20], [Mc 9:24], [Pc
12:28] ).
Solo con entender eso ya debería sernos
más que suficiente. Pero sigamos.
61
Ahora, pese a ya haber pasado dos
milenios de esos acontecimientos parece
que todavía no terminamos de
aprenderlo.
En el tiempo en que Jesucristo
habitó la tierra los que con Él
convivieron y participaron
personalmente de los acontecimientos
tenían medios de sobra para aprender y
saber como orar y vivir la fe. No había
la necesidad de un credo escrito con
palabras para orientarles, pues
convivían con el propio Verbo. Pero
con el pasar del tiempo y la expansión
de la Iglesia ya empezaron a surgir las
primeras disidencias a la doctrina
conforme había sido presentada por
Jesucristo a los Apóstoles, desviaciones
62
esas a veces generadas por la ignorancia
y otras por la soberbia humanas
(desafortunadamente, tal como sigue
pasando hasta el presente).
La forma práctica encontrada para
salvar la ortodoxia de la doctrina
original fue la reunión de los obispos
responsables de todas las comunidades
cristianas para averiguar y distinguir lo
genuino de los alejamientos en aquella
doctrina anunciada por Jesucristo. A
esos grandes eventos los conocemos
como los Concilios.
63
Los dogmas son un registro de lo que se ha
apurado en pacientes y trabajosas
investigaciones.
Todo aquello que se diferenciaba
de la doctrina original se le pasó a
llamar herejías, mientras que a lo que se
confirmaba fiel a la fe genuina pasó a
ser registrado (en cánones, canonizado),
64
para evitar tener que volver
continuadamente a las mismas
cuestiones en el futuro. Es a esos
registros que se les denomina dogmas;
los dogmas, lejos de ser inventados, son
el registro de lo que se ha apurado en
pacientes y trabajosas investigaciones
como lo genuino, fiel a sus orígenes.
Tantas fueron las innovaciones
pretendidas acerca de la fe por los
líderes de algunas comunidades
primitivas que hubo la necesidad de
elaborarse un documento que plasmase
clara y definitivamente “en qué” es que
el cristiano realmente cree (y debe
creer). A esa proclamación la
conocemos como el Credo.
65
El Credo no es un documento que
fue redactado de golpe, de la noche a la
mañana. Tardó siglos en definirse,
resultante de las respuestas a
continuadas herejías y los consecuentes
nuevos concilios. Y de esta forma se ha
quedado en que cada sentencia que lo
compone es un dogma, la respuesta a
una nueva herejía emergente.
Fueron compuestos varios credos,
pero el que la Iglesia adopta como el
más completo y conclusivo es el
Niceno-Constantinopolitano (Concilio
de Constantinopla I, año 381)
¿Por qué hablando sobre la oración
me detuve para hablar sobre el Credo?
66
Había dicho hace poco que la
oración podría o no ser efectiva
dependiendo de a quien y como la
hagamos. A “quien” ya lo habíamos
tratado anteriormente. Ahora se trata
del “como” la hacemos.
Sintetizando este punto vale la
pena repetir:
El Credo testifica en cuanto
observamos obediencia a la doctrina y
nos alerta cuando estamos por
distanciarnos de ella. Si la oración es
hecha acorde con la doctrina no es
posible malograrse porque, como ya
vimos, ella es un don de Dios, la cual
ya existe y viene a nuestro encuentro
antes mismo que empecemos a hacerla.
67
Si oramos acorde con lo que está
en la doctrina revelada vamos bien.
Pero por lo que hagamos fuera de ella
podemos esperar nada como resultado o
cualquier otra cosa no cristiana, o
siquiera de Dios…
Me sorprende ver católicos orando
según la apostasía de algunas
comunidades neo evangélicas y otras
hasta incluyendo elementos procedentes
de orientalismos o de la Nueva Era sin
saberlo. Me duele oír de vez en cuando
a católicos pobremente formados (no
pudiendo ellos justificar estar
condenados a una ignorantia
invincibilis), quienes para argumentar su
no-adherencia a algunos sacramentos
terminan pronunciando verdaderas
68
blasfemias (y a veces ¡hasta cometiendo
sacrilegios!) sin saberlo.
La encíclica Veritatis Splendor dice
que “se tiene obligación grave de
buscar la verdad y seguirla una vez
conocida”. Nadie que no quiera buscar
la verdad engañándose a sí propio,
creyendo excusarse para no tener que
seguirla y que así podría justificar una
ignorancia de la responsabilidad
implicada se quedaría libre de sus
consecuencias. Otra vez: “Dios no es
tonto”.
Otro problema de “no querer”
buscar la verdad se da cuando “ya lo
sabemos todo” mientras ni
69
sospecháramos cual pudiese ser ese
“todo”.
Rarísimo es encontrar católicos
que tengan el catecismo en casa o que
hayan leído una sola de sus más de 600
páginas. Basta con preguntarle media
docena de cosas básicas de la doctrina a
algunos de los más asiduos de cualquier
parroquia y tendremos una prueba de
eso (¿Cuales son los siete dones del
Espíritu?, ¿qué es un dogma?, ¿los diez
mandamientos? ¿cuándo un pecado es
venial y cuando grave?). “Ya lo saben
todo” y de ese modo muchos terminan
en sectas neocristianas antes de conocer
su propia fe… Y los peores suelen ser
los más críticos, quizá para justificarse
y esconder su inopia.
70
El cristiano tiene el deber de
estudiar para conocer su fe, pero si no lo
hace, que por lo menos acepte la
orientación dada por el Credo, que
además de disponible y está “lista para
el consumo”… ¡es la más segura! (En el
segundo tomo de esta trilogía, “EL CREDO ¿En
qué debo creer según el Credo?” , se explica de un
modo simplificado, el porqué de su existencia y
cómo ha tenido que ser elaborado para servirnos
como una verdadera brújula de orientación para
advertirnos de errores graves y sus consecuencias.
Este libro puede ser descargado gratis en
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Con eso al menos aumentará las
probabilidades de que su oración no sea
“mal hecha”.
71
Nos recuerda el catecismo que “la
revelación de la oración en la economía
de la salvación enseña que la fe se
apoya en la acción de Dios en la
historia.” [CIC #2738]. En otras
palabras; ¿no le parece al lector que
resulta incoherente y un tanto necio que
mientras se quiera por algunos forzar la
creencia ciega en ciertas aseveraciones
históricas y
que estos mismos quieran discriminar
algunas otras, igualmente
históricamente comprobadas (¡y a veces
todavía más!), simplemente por el
hecho de estar directamente
relacionadas con alguna acción de
Dios? En nuestra proclamación de fe,
entonces, no podemos dejar de percibir
que esa verdad revelada de Dios es a un
72
mismo tiempo también una fianza
histórica para nuestra fe, que es
razonada y razonable.
Pero antes de seguir
profundizándonos en nuestro foco
central, empecemos examinando
primero qué es la oración, y luego que
es lo que viene a ser orar; cual es la
diferencia entre orar y rezar, pues
algunas personas parecen esforzarse en
encontrar problemas adonde no los hay.
73
¿QUÉ ES LA ORACIÓN?
Según el Catecismo Menor:
“La oración es la elevación del
alma a Dios o la petición al Señor de
bienes conformes a su voluntad. La
oración es siempre un don de Dios que
sale al encuentro del hombre. La
oración cristiana es relación personal y
viva de los hijos de Dios con su Padre
infinitamente bueno, con su Hijo
Jesucristo y con el Espíritu Santo, que
habita en sus corazones”. [CCIC #534]
Y en el Catecismo Mayor
encontramos: "El Espíritu en ayuda de
nuestra flaqueza. Pues nosotros no
74
sabemos pedir como conviene; mas el
Espíritu mismo intercede por nosotros
con gemidos inefables" (Rm 8, 26). El
Espíritu Santo, artífice de las obras de
Dios, es el Maestro de la oración”
[CIC #741]
¡Uáu, solo con leer esas
enunciaciones ya le entran a uno ganas
de zambullirse en la oración! Hay en
ellas contenido suficiente para pasarse
un día entero meditándolas sin
agotarlas.
Pero primeramente desmenucemos
un poco algunos detalles que parecen
ser motivo de confusión para algunas
personas.
75
Empecemos por aclarar el
argumento sobre orar vs. rezar. Quiere
parecer que esa “cuestión” haya tenido
su origen en el ambiente de algunas
denominaciones evangélicas hispano-
parlantes (y sólo en estas) y que luego
nosotros hayamos terminado por
heredarla, tal como ya nos ha pasado
con tantas otras influencias extrañas
incorporadas en el ámbito cotidiano de
la Iglesia por católicos con una
formación doctrinal pobre (de fieles y…
¡hasta de algunos del mismo clero!).
El obispo Mons. J. I. Munilla,
(España), comentando el canon 1174 del
CIC, dice que “aceptar esa supuesta
diferenciación solo sirve para revelar
que uno no sabe hacer oración vocal, y
76
delata que la oración que se hace puede
estar mal hecha. Y, además, que, del
lenguaje que adoptamos podemos
acabar descubriendo nuestra
imperfección.“ Y en efecto, él revalida
que una oración puede estar bien o mal
hecha.
Esto último es lastimoso cuando se
da en un católico susceptible a dejarse
influenciar por algunos del ámbito
neocristiano debido a su desinteresada y
mala formación, pero es decepcionante
cuando venido de un sacerdote, que es
justamente quien debería estar
preparado para orientar a los fieles
sobre estas cuestiones.
77
Lo digo claramente porque tratar
de esconder al error solo sirve para
perpetuarlo, además de no evitar que
tarde o temprano termine quedando en
evidencia. Habrá sido por razones
como estas que S.S. Benedicto XVI
tuvo que anunciar públicamente que
debería volverse a enseñar el catecismo
en algunos seminarios.
Nos entristece ver que muchos de
esos hermanos de habla hispana
separados se vanaglorian de orar,
mientras afirman despectivamente que
los católicos “solo rezamos” (algunos
llegan a utilizar eso como un tipo de
seña de identidad propia, para
manifestar su distanciamiento a
nosotros).
78
Esa proposición es absurda en la
medida en que ya orábamos mucho
antes de que sus numerosas y variadas
religiones existiesen, (creadas
invariablemente por algún mortal
reciente) y, por cierto, en la Iglesia de
Jesucristo siempre lo hicimos. Venimos
continuadamente orando desde el
tiempo de los mismos Apóstoles. En
creencia, intención, palabras, tradición,
gestos y actitud.
¿Y que diferencia pretenden ellos
establecerle a los dos términos? Para
acortar este cuento que lleva a nada,
resumámoslo de una manera simplista y
genérica: afirman ellos “que se
comunican directamente con Dios
79
mediante sus oraciones individuales
espontáneas mientras que nosotros
simplemente repetimos las oraciones
escritas por otros.”
¿No se darán cuenta estos queridos
hermanos separados de que rezan la
oración del Padrenuestro? ¿O la
proclamación del Credo? ¿O será que se
creen que las están espontáneamente
“inventando” a cada vez que las rezan?
¿Entonces como nos quedamos? ¿Que
hacía Jesucristo, oraba o rezaba los
Salmos, ya que estaban… escritos, y,
además, por otros?
Decir “orar una oración” es caer en
una redundancia, pues lo único que se
80
puede “orar” es obviamente una
oración.
Veamos que nos dice el diccionario
de la lengua española:
orar
(Del lat. orāre).
1. intr. Hacer oración a Dios, vocal o
mentalmente.
2. intr. Hablar en público para persuadir
y convencer a los oyentes o mover su
ánimo.
3. tr. Rogar, pedir, suplicar.
Aunque al menos en un caso
particular los dos verbos puedan ser
81
tomadas como un sinónimo no lo son en
su totalidad.
rezar.
(Del lat. recitāre, recitar).
1. tr. Dirigir a Dios o a personas santas
oraciones de contenido religioso.
2. tr. Dicho del clérigo obligado a ello:
Recitar el oficio divino vocal u
oralmente.
3. tr. Rel. Recitar la misa, una oración,
etc., en contraposición a cantarla.
Sin duda se puede rezar una oración
espontánea, pero también a una ya
82
formulada, así como también el
Rosario, el Padrenuestro, un Salmo, o
hasta la Santa Misa. No obstante decir
que se va a “orar una oración” resulta en
una ruda muestra de incultura.
En mi opinión ese es un detalle al
cual no hay que darle importancia. Diría
mismo que todo eso no pasa de “un
problema inventado” por una minoría
ignorante de la fe y de su lengua, y
también indocta de las doctrinas de
nuestra Iglesia y de la suya propia.
Con los hermanos evangélicos
angloparlantes por lo menos ese
problema no existe: you can only pray…
a prayer! (Igualmente con otras
lenguas).
83
Cuanto a la cuestión de la
“repetición” el principal argumento
sustentado contra nosotros que
supuestamente se basa en el versículo
Mt 6:7 que hablaría de “repeticiones”;
y con eso el rezo del Rosario siempre
termina viniendo a flote.
Así como en ningún lugar del
Nuevo Testamento, tampoco en el
Catecismo de la Iglesia figura la palabra
rezar.
No hay necesidad de que el lector
pierda su tiempo coreando todas estas
explicaciones a quienes le aparezcan
con esas arengas. Esto se ha explicado
solo para conocimiento propio; así se
estará "vacunado" cuando el próximo
aparezca con esas diatribas.
84
Nosotros no tenemos necesidad de
estar dándole pruebas de nada a nadie.
Estamos bien y seguros con la doctrina
transmitida por los Apóstoles y
custodiada durante dos milenios por la
Iglesia de Cristo. Son los otros quienes
“llegaron después” y que necesitan
desesperadamente buscar con todos los
recursos y maneras afirmarse en lo que
han modificado y creado por su cuenta.
Pero si realmente hiciese falta
zanjar el asunto con alguno muy
fastidioso basta con amablemente
invitarle a que muestre dónde en todo el
Catecismo aparecen la palabra “rezar” o
que se deba “repetir” cualquier cosa…
¡aunque figure una única vez!
85
Y es que tampoco enseña la
doctrina de la Iglesia a “repetir” cosa
alguna, y si alguien lo hace, lo estará
haciendo por su cuenta, del mismo
modo que cualquiera de alguna otra
denominación cristiana lo estará
haciendo con todo derecho cuando uno
se queda solo o en grupo pregonando
repetidamente amén, Señor Señor,
gloria o aleluya.
Y para finiquitar ese infundado
intento de acusación sobre “repeticiones
vanas” debo ocuparme un poquito más
porque trata de asunto más serio, y
además, que ofende cuando se le quiere
atribuir el adjetivo “vanas” a la oración
del católico.
86
Cuando Jesús instruye para “no
usar vanas repeticiones (en verdad
nunca dijo eso; dijo otra cosa, pero
admitamos que lo hubiera dicho) como
los gentiles” (quienes creían poder
hacerse oír de ese modo), de hecho, les
está enseñando a orar a sus discípulos
sin la hipocresía de aquellos que por
entonces solían utilizarse de lo sagrado
para un arrogante exhibicionismo frente
a sus semejantes mediante su verborrea
y fanfarronadas.
Pero en verdad la Biblia no habla
de “repeticiones”. Las palabras que allí
figuran son “no charléis mucho” … (lo
que irónicamente parece conllevar un
efecto boomerang, si es que ha tenido el
lector la oportunidad de presenciar los
87
cultos de algunas de esas
denominaciones mal formadas por sus
respectivos pastores).
”Y al orar, no charléis mucho,
como los gentiles, que se figuran que
por su palabrería van a ser
escuchados.” [Mt 6:7]
En toda esta obra hago uso de la
Biblia según su canon original (versión
de Jerusalén, una de las más fieles
traducciones), tal como lo seguimos
empleando hasta el presente en la
Iglesia. Pero para tratar de aclarar este
asunto debo abrir un paréntesis y haré
uso de una versión modificada de la
Biblia; me valdré de la Reyna-Valera
porque es la que utilizan aquellos por
88
dos razones: la primera es que ellos no
reconocen el canon original de la Biblia
y por eso toman como referencia de la
verdad solo a la suya propia,
modificada. La otra es por que es allí
donde ha tenido su origen toda esta
historia.
Empecemos entonces.
Curiosamente los que se esgrimen el
derecho de pretender “acusarnos” de
repetidores suelen para eso citar el
versículo Mt 6:7 de forma sesgada,
evitando relacionarlo con el que viene
antes: “Y cuando oréis, no seáis como
los hipócritas, que gustan orar en las
sinagogas y en las esquinas de plazas
bien plantados para ser vistos de los
hombres; en verdad os digo que ya
reciben su paga.” [Mt 6:5]
89
Veamos ahora como los autores de
estas versiones fueron cambiando lo
que Jesús iba diciendo en cada nueva
versión de su propia “Biblia”:
El texto de la Reina Valera de
1862 dice:
“Y cuando orares, no seas como
los hipócritas; porque ellos aman el
orar en las sinagogas, y en los cantones
de las calles en pie, para que sean
vistos de los hombres: de cierto os digo,
que ya tienen su pago.” [Mt 6:5]
“Y orando, no seáis prolijos, como los
Gentiles, que piensan que por su
parlería serán oídos.” [Mt 6: 7]
90
El texto de la Reina Valera de
1865 dice:
“Y cuando orares, no seas como
los hipócritas; porque ellos aman el
orar en las sinagogas, y en las esquinas
de las calles en pie, para que sean
vistos. De cierto que ya tienen su
galardón.” [Mt 6:5]
“Y orando, no habléis inútilmente,
como los paganos, que piensan que por
su parlería serán oídos.” [Mt 6: 7]
El texto de la Reina Valera de
1960 dice:
“Y cuando ores, no seas como los
hipócritas; porque ellos aman el orar en
pie en las sinagogas y en las esquinas
de las calles, para ser vistos de los
91
hombres; de cierto os digo que ya
tienen su recompensa.” [Mt 6:5]
“Y orando, no uséis vanas repeticiones,
como los gentiles, que piensan que por
su palabrería serán oídos.” [Mt 6: 7]
Veamos que vuelve a decir, por fin
en la versión 2000:
“Y cuando orares, no seas como
los hipócritas; porque ellos aman el
orar en las sinagogas, y en las esquinas
de las calles en pie, para que sean
vistos; de ciertos digo, que ya tienen su
salario.” [Mt 6:5]
“Y orando, no seáis prolijos, como los
mundanos, que piensan que por su
palabrería serán oídos.” [Mt 6: 7]
92
Podemos entonces con toda
seguridad afirmar que solamente en su
versión de 1960 a alguien se le ocurrió
ponerle en la boca a Jesús las palabras
vanas repeticiones, y que esa nueva
improvisación apenas constó de una de
las varias reediciones de la versión
Reina-Valera. Es de mucho extrañarse
que mismo después haber quitado vanas
repeticiones en la siguiente edición de
su Biblia particular se siga insistiendo
en utilizarlo como un dardo.
Pero, sin duda alguna, sea o no
repetida, sea leída o espontánea, la
oración no debería estar vacía de la
intención y de un sentimiento genuino,
caso en que esta no le llegaría a nadie
(¿Si tú mismo no quieres escucharte
93
como esperas que Dios te escuche?).
Sería de todos modos inútil, salga ella
de la denominación cristiana que sea,
incluso la católica.
Volviendo de aquí en delante a
referirme a la Biblia del canon original
y para rematar este punto; ¿Qué
problema mayor podría haber en que se
repitiese algo bueno como lo es una
oración auténtica?
El mismo Señor no tenía ningún
prejuicio contra las repeticiones: “Los
dejó y se fue a orar por tercera vez,
repitiendo las mismas palabras” [Mt
26:44]
94
Asimismo, veremos más adelante
el importante papel que la repetición
puede jugar en la perseverancia de la
oración.
Bien, ahora que no tenemos dudas
de que orar y rezar una oración son la
misma cosa, pasemos a lo que
realmente debe importarnos.
95
Como no orar, y luego
¿como asegurarnos que
nuestra oración sea
realmente efectiva?
‘LA ORACIÓN EFECTIVA’, ese
es el título de una sección del
Catecismo de la Iglesia y no una
“invención” mía. Por supuesto, la
oración puede ser efectiva no por que lo
dijesse yo.
Como detalle de extrema
importancia, vimos como primeramente
debemos certificarnos que la oración
96
siempre llegue al “destinatario
correcto”.
Y luego, el Catecismo nos enseña
también que la forma de pedir el
Espíritu de Dios es invocarle al Padre
por medio de Jesucristo para que nos Lo
dé. La forma tradicional para pedir el
Espíritu es invocar al Padre por medio
de Cristo nuestro Señor para que nos dé
el Espíritu Consolador (cf Pc 11, 13).
Jesús insiste en esta petición en su
Nombre en el momento mismo en que
promete el don del Espíritu de Verdad
(cf Jn 14, 17; 15, 26; 16, 13). Pero la
oración más sencilla y la más directa es
también la más tradicional: "Ven,
Espíritu Santo", y cada tradición
97
litúrgica la ha desarrollado en antífonas
e himnos: [CIC #2671], [Pc 11,13 ].
¿Riesgos, dónde los hay? _ Todo
misterio habita en lo sobrenatural y
preternatural, o sea, en lo desconocido.
Nuestra fe es un misterio y todo lo que
de ella sabemos solo hemos tomado
conocimiento a causa de la Revelación
[Ef 3:3, 4-13].
Todo lo que además pudiera estar
contenido fuera del ámbito natural nos
sigue siendo desconocido, pero
sabedores que solo Dios es el Bien
Absoluto, algunos otros tipos de
misterios no nos interesan ni creo que
sería cosa buena llegar a conocerlos...
98
(Solo con la experiencia de Adán y Eva
ya nos debería bastar).
¿Que es lo sobrenatural? la propia
palabra ya se define: "algo que está
sobre, por encima de la manifestación
natural".
El diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua así lo define:
Sobrenatural: (Del lat. supernaturālis).
adj. Que excede los términos de la
naturaleza.
Esa definición académica es
esencialmente laica, y no es incorrecta
99
en cierto sentido. Define el sentido que
le da el uso popular de la palabra.
Expresa algo de verdad, pero no toda la
verdad. Los académicos se restringen a
estudiar y tratar de describir la lengua
vernácula. Ellos no son teólogos y no
tienen porque conocer los misterios de
nuestra fe.
Según el entender teológico por
encima de los “términos de la
naturaleza”, o sobre el mundo natural,
que da en lo mismo, no solo existe lo
sobrenatural como también lo que se
llama preternatural.
El nivel sobrenatural corresponde
al ámbito de Dios y su Misterio, por eso
100
es que absolutamente todo lo que se
encuentra allí es y solo puede ser santo.
Por eso cada vez que se pronuncia
la palabra divino tiene que referirse a
algo que está contenido en la esfera
sobrenatural.
Por esa misma razón, querer
aplicarle la palabra “sobrenatural’ a
cosas que no hacen parte del plano
divino de Dios es un grave error en el
sentido teológico.
Popularmente y según la definición
en el diccionario los conceptos de
fantasmas, demonios, una infinidad de
entidades de la Nueva Era, las llamadas
manifestaciones polstergeist y otras
muchas cosas por el estilo cabrían en la
101
definición “sobrenaturales” cuando en
verdad no las son.
Lo que de esas cosas pudiese
existir y al no residir dentro de los
límites de la naturaleza, cuando mucho
podría situarse en el ámbito que se
llama preternatural.
Lo preternatural abriga lo bueno, pero
también lo malo, ángeles buenos y
malos, almas a camino pero que todavía
no han llegado al Padre y solo Dios sabe
que más de lo que nos es totalmente
desconocido puede residir allí.
102
Antes de su descubrimiento el ultrasonido,
rayos X, ondas de radio, el infrarrojo, la
electricidad y la radioactividad hacían parte
del insospechado contenido del misterio en
lo desconocido. Es temerario negar la
existencia de lo que se esconde en lo
desconocido. ¿Que hay más, lo conocido o
desconocido?
103
Y aventurarse uno en lo que excede
los limites de la naturaleza es
arriesgarse gratuitamente en lo que
todavía se desconoce, por mejores que
sean las intenciones que se tenga.
Los resultados para el que a propósito
se tira y para el que se resbala y cae en
el precipicio son los mismos. Lo único
seguro son las cosas de Dios, divinas,
que están en lo que realmente es lo
sobrenatural, que está a la vez
totalmente por encima de lo
preternatural y de lo natural. Es solo la
sabiduría acumulada de la Iglesia quien
puede distinguir con seguridad cada
cosa de esas para nosotros.
104
Cómo no orar _ Según recién
visto, lo que aquí se desea es advertir
que en tratándose de cualquier cosa que
ultrapase al ámbito de lo “natural” hay
que ser muy prudentes. Toda oración de
la Iglesia es segura porque pertenece al
ámbito de lo sobrenatural y solo conecta
con lo divino. Entretanto, hay pequeños
desvíos que hacen que cierto tipo de
“oraciones” no lleguen a alcanzar la
esfera sobrenatural.
Fórmulas blasfemas de oración,
invocaciones satánicas y alocuciones
chamanes y cosas por el estilo no
pueden pasar del nivel preternatural
(i.e., no pueden llegar a lo divino).
Sin embargo, la mayoría de esas
cosas nunca nos son propuestas como
105
aquello que realmente son, sino que casi
siempre son expuestas bajo un disfraz,
siempre mediante una elaborada
argumentación y fachada positivas, con
enmascarada belleza, beneficiosas,
agradables y fáciles.
Podría prestarse como una buena
ilustración de lo que quiero decir el
famoso cuadro “El primer beso” de
William Adolphe Burguereau [*5], con
sus sutiles trampas, cuyas
reproducciones tienen presencia casi
obligatoria en los medios New Age,
círculos hippies, en los bazares de “todo
a un euro/dólar” y hasta en la casa de
católicos desinformados arrebatados por
aquella aparentemente sublime imagen
106
del Amor. (¡Lo he visto hasta en la
oficina parroquial de un sacerdote!).
Fórmulas circuladas por la Nueva
Era, ciertas comunidades y sectas
pseudo-cristianas, santeros,
espiritualistas, chamanes y otras fuentes
"alternativas" (esta palabra está muy de
moda) pueden actuar como verdaderos
imanes para atraer el interés y la
intromisión del maligno. Y cualquier
invocación o pedido sin destinatario
seguro puede ser bien aprovechado por
él.
Hay un dicho popular que recomienda
nunca poner en riesgo aquello que no se
soportaría perder. (Y ni hablar, si lo que
107
al final podría terminar entrando en
juego es el alma).
Pero el enemigo no solo actúa
afuera de nosotros. El bautismo nos ha
librado del pecado original pero la
cicatriz de la concupiscencia permanece
radicada en nuestra naturaleza humana y
el maligno bien sabe cómo
aprovecharse de nuestra soberbia u otras
flaquezas, a las que puede despertar y
nutrir desde allí mismo, en nuestro
propio interior.
El Padre Santiago Martín FM-
España, nos advierte sobre el peligro de
la soberbia en la oración remitiendo a la
parábola del fariseo y del publicano (Pc
18:10-14). La autoconsciencia de haber
108
cumplido tan bien con la ley le había
generado al fariseo un orgullo que le ha
hecho sentirse superior y alejado de su
prójimo, el publicano, lo que
seguramente terminó también
distanciándole de Dios…
Otro problema radica en la oración
“vacía”, sin sentido. Mons. Munilla
resalta que hay una gran diferencia entre
el “orador/rezador” (cantidad para
cumplir) y el alma orante (entrega
sincera, vivir en confianza, docilidad
hacia la verdad). Que del orar solo “por
cumplir” no debería esperarse mucha
cosa porque “eso” no le llega a nadie.
Que no sería el hecho de pasarse horas
rezando sin que haya una sincera razón
para ello lo que más le fuese agradar a
109
Dios. Se ora lo que genuinamente se
siente o entonces es mejor no hacerlo o
dejarlo para otro momento.
De la combinación de estos dos
últimos dos trazos tipológicos (soberbia
+ afectación) surge lo que acostumbro
apodar como el “síndrome
saramaguiano”.
Y lo explico:
El escritor portugués de ficción José
Saramago, fue un militante comunista y
también un apasionado militante ateísta.
Su notoriedad pública se ha dado por
sus persistentes ataques a un
catolicismo cuyos valores contradecían
y vaciaban los fundamentos de sus
ideales personales.
110
Escrito en la cabecera de la cama “El
Evangelio según Jesucristo”, de Saramago…
Para no desviarme del corriente tópico,
voy a resumir aquí la descripción del
111
que llamo síndrome saramaguiano en
apenas dos pasos:
1) La soberbia – J. Saramago se arroga
la condición de juez para juzgar nada
más y nada menos que el hacer de Dios,
por ejemplo, afirma ser una injusticia de
Dios que Él decida no aceptar la
ofrenda de Caín mientras que sí la de
Abel.
No fuese que su exacerbada soberbia le
impidiera, Saramago podría haber
intentado al menos luchar para vencer la
pereza y su necedad. Antes de decir
tonterías hubiera descubierto que hay
una explicación teológica a su alcance
para la motivación de aquel hecho. Y, a
propósito, ningún juez hace juicio de un
112
caso antes de conocer el máximo de
detalles sobre el mismo.
2) La afectación – Sus habituales
embestidas contra la fe cristiana son
doblemente vacías de contenido.
Primero debido a su pobre capacitación
interpretativa, literal, lo que le hace
proclamar falsedades porque desconoce
aquello sobre lo que habla.
Y luego, porque pese a tratarse de
falsedades insiste en valerse del recurso
de conocidas falacias como fundamento
válido para sus argumentos ateístas
contra la fe.
Aun que todo eso haya sido vacío per se
ha hecho mucho “ruido” y le ha valido
113
un Premio Nobel conferido por quienes
vienen votando a este premio acorde
con las progresías laicistas imperantes
de las ultimas décadas.
Su soberbia le hizo acoger la
candidatura a un galardón de
reconocimiento intelectual que al
mismo tiempo le excluye de la
condescendencia hacia una ignorantia
invincibilis.
Muy probablemente Saramago no tenía
más que la capacidad de interpretar las
Sagradas Escrituras literalmente, así
como estaría acostumbrado a hacer con
El Capital de Marx o La Dialéctica de
la Naturaleza de Engels… Perdió su
tiempo buscando según fuentes y
114
métodos equivocados lo que solo se
puede aprender mediante estudios
bíblicos y el catecismo.
De otra parte, para el orante el pasaje
sobre las ofrendas de Caín y Abel es un
ejemplo muy instructivo. Se trata de
una lección nada despreciable: hasta
mismo entre los humanos lo podemos
entender y sentir; conforme una ofrenda
nos sea hecha, con amor dando lo mejor
al alcance de uno o, entonces,
meramente para un cumplimiento pro
forma (como pasa con esos regalos de
bodas despreciables que nadie quiere
quedárselos y que se van circulando
adelante de boda en boda…).
115
Resumiendo, rezar mecánicamente, con
dudas, de modo vacío de sentimiento y
solo para cumplir no es la forma más
propicia de corresponder al amor de
Dios. Es una mala práctica de oración.
116
Confiabilidad en la
oración
Habiendo quedado advertidos
sobre los varios tipos de yerros y
aberraciones que debemos prevenir
podemos volver a nuestro tema central y
sentirnos confiados porque la Iglesia
con sus dos milenios de experiencia
ortodoxa y sabiduría sólo nos
proporciona formas seguras de
practicar la oración que no falla. Basta
con no querer inventar cosas diferentes
o darles oídos a otras fuentes [2Co
11:13-14].
117
Como hemos recién visto, si de un
lado la soberbia nos aleja de Dios, de
otra parte, en contrapartida su opuesto,
la humildad, nos predispone y aproxima
a Él. Yo hasta mismo diría que llega a
ser un requisito. “Nuestra inteligencia,
participando en la luz del
Entendimiento divino, puede entender
lo que Dios nos dice por su creación (cf.
Sal 19,2-5), ciertamente no sin gran
esfuerzo y en un espíritu de humildad y
de respeto ante el Creador y su obra (cf.
Jb 42,3)”. [CIC #299] “La humildad
es la base de la oración” [CIC #2559]
Quisiera recordar que el Catecismo
de la Iglesia [CIC #2670] nos enseñó
que es el Espíritu Santo quien nos atrae
118
al camino de la oración, recordándonos
a Cristo.
El Espíritu Santo cuya unción
impregna todo nuestro ser, es el Maestro
interior de la oración cristiana. Es el
artífice de la tradición viva de la
oración. [CIC #2672]
Y luego, nos enseña que la forma
de pedir el Espíritu de Dios es invocarle
al Padre por medio de Jesucristo para
que nos lo dé. [CIC #2671], [Pc 11,13 ].
Habíamos empezado esta obra
recordando que en su tiempo San Pablo
ya había llamado la atención hacia el
hecho de que no sabíamos pedir en
nuestras oraciones.
119
Volvamos ahora a aquel tan
apasionado versículo de Mateo, en su
texto original y de esta vez dentro de
su propio contexto, el cual es más
importante para la oración bien
sucedida que para quedarse
arremetiendo contra la fe de los demás.
Empecemos, de esta vez, siguiendo
las enseñanzas de Nuestro Señor,
distinguiendo como no orar:
“No seáis como ellos (los hipócritas),
porque vuestro Padre sabe lo que
necesitáis antes de pedírselo” [Mt 6:8]
”Y al orar, no charléis mucho,
como los gentiles, que se figuran que
por su palabrería van a ser
120
escuchados.” [Mt 6:7] (Bien se
justifica aquí mencionar otra vez aquel
dicho popular “¿Si tú mismo no quieres
escucharte como esperas que quiera
escucharte Él?”).
En su humanidad Jesús es el líder
perfecto. Él no quiere que gastemos
nuestra vida haciendo el triste papel de
tontos con oraciones que el Padre no
escuchará, por que esas en verdad no
entrañan una intención genuina, no son
verdaderas oraciones.
Jesús es un pastor auténtico que
ama y cuida a su rebaño dando ejemplo;
habla en conformidad con todo lo que
hace y hace lo que dice. Los que le
siguen presencian su vida de oración y
121
busca permanente de unión con el
Padre. Él es el ejemplo perfecto de
orante. Ellos quieren seguir su ejemplo
y le piden que les enseñe una forma
(válida) de orar. “Y sucedió que,
estando Él orando en cierto lugar,
cuando terminó, le dijo uno de sus
discípulos: Señor, enséñanos a orar
como ensenó Juan a sus discípulos.”
[Pc 11: 1]
¡Entonces lo que la humanidad
había venido buscando e intentando a
los tropezones durante toda su historia
Jesús nos lo entrega de golpe en un
minuto: una forma de volver a conectar
con Dios Padre! “Vosotros, pues, orad
así: Padre Nuestro que estas en los
cielos, santificado sea Tu Nombre;
122
venga Tu Reino; hágase Tu Voluntad así
en la tierra como en el cielo. Nuestro
pan cotidiano dánoslo hoy; y
perdónanos nuestras deudas, así como
nosotros hemos perdonado a nuestros
deudores; y no nos dejes caer en
tentación, mas líbranos del mal [Mt 6:
9-13]
Esos siete enunciados engloban la
totalidad de lo que le hace falta al ser
humano para relacionarse con Dios en
esta y en la vida eterna. Invito al lector
a meditar cada una de ellas y constatar
como cualquier punto de la Doctrina se
integra en alguna de ellas.
123
El Catecismo nos explica como los
tres primeros puntos se refieren a Dios
(alabanza) y los cuatro restantes a
nosotros (peticiones). Volveremos más
adelante a abordar el padrenuestro con
un poquito más de detalle, pero
independiente de eso le recomendaría
insistentemente al lector la lectura no
solo del punto sobre el padrenuestro,
pero si posible, también de todo el
capítulo sobre la oración en el
Catecismo.
Jesús les enseñó a los discípulos la
oración, pero sus agudezas las tuvo que
ir soltando progresivamente, conforme
iban surgiendo las ocasiones apropiadas.
El padrenuestro acreditaba todo lo que
había que llevarse en cuenta para
124
dirigirnos directamente a Dios, pero no
describía detalladamente cada una de
sus partes.
En ningún momento hay que
perder de vista que cuando proferimos
el Padrenuestro no deberíamos
permanecer reducidos a recitar
formalmente un texto despersonalizado,
como si el mismo fuese dirigido a nadie
en particular. ¡Nos estaremos
dirigiendo a una persona, y esa persona
es nadie menos que… el mismísimo
Dios Padre!
Por eso, cada vez que
pronunciamos un padrenuestro tampoco
deberíamos descuidar nuestra actitud, y
teniendo aún muchísimo más cuidado,
125
respeto y amor que cuando nos
dirigimos a cualquier mortal semejante
nuestro, incluidos nuestros propios
padres terrenales…
Como primera cosa le saludamos
(¿no lo hacemos siempre que nos
dirigimos hasta a un extraño?),
Respetándolo y amándole como
padre que es (¿no lo hacemos cuando
nos dirigimos a nuestros padres
carnales?),
Alabándole a Él y a su nombre
debido a su majestosa condición divina,
aceptando su amistad (¿no es costumbre
cierta reverencia formal a autoridades y
reyes terrenos?),
126
Ofreciéndonos para satisfacer sus
deseos gustosamente para que actúe a
través nuestro (¿no lo hacemos gratuita
y desinteresadamente por las personas
que amamos?),
Contando con su favor para
conseguir cosas necesarias que nos son
difíciles de obtener por modo propio
(¿como niños no le pedíamos las cosas
que necesitábamos a nuestros padres?
¿Cómo adultos, no hacemos o recibimos
favores entre semejantes; no esperamos
siempre una actitud de buena voluntad
en los demás?),
Mostrándole nuestro
arrepentimiento por haberle ofendido o
127
decepcionado en algo (¿no es esa una
forma civilizada de relacionarnos entre
los humanos?),
Esperando recibir perdón (¿del
mismo modo “que yo mismo” perdono
y olvido los yerros de los demás?),
Que, si en algún momento hubiera
Él que ponernos a prueba le suplicamos
que lo hiciese empleando su
misericordia, de modo a que no
ultrapasase los limites de nuestra
capacidad de hacer su voluntad.
(¿Habría sido esta una prefiguración de
la situación de Jesús en el Getsemaní?).
La traducción “tentación” para
“tentationem” en latín tiene más de un
sentido y no debería entenderse en este
128
caso con el de “tentación al pecado”,
sino que de “examinarnos”, de
“ponernos a prueba”. Este es el
significado de la palabra tentación en
la simbología bíblica. Cf. “Hijo, si te
llegas a servir al Señor, prepara tu alma
para la prueba.” Eclo 2:1). [*6]
Pidiendo y esperando recibir ayuda
y protección suyas para librarnos de
trances y apuros en general, así como,
de las tentaciones y otras acciones
insidiosas del maligno contra las cuales
solos, nos quedamos impotentes. (¿Tal
como se la pedíamos protección y ayuda
a nuestros padres carnales en
situaciones de imposibilidad y temor
frente al peligro mientras fuimos
pequeñitos? Aquí, en este punto sí, cabe
129
pedirle ayuda contra la tentación al
pecado, pues hasta Jesús fue tentado.
Mc 1:12-13).
Si esa es la actitud que
mantenemos en un nivel de mero
relacionamiento entre humanos
civilizados ¿cuanto más no adoptarla en
un acatamiento para cualquier oración
de petición? Y más: ¿con una buena
dosis de humildad considerándose con
Quién esperamos relacionarnos durante
la oración?
¿No es esa una actitud distinta de la de
rezar el padrenuestro “como una
máquina”, para terminarla rápido y
darse por cumplido?
130
Vimos que, en la oración al Padre,
que Jesús nos enseñó las cuatro últimas
sentencias son para… ¡pedir!
También vimos hace poco como
Jesús le regañaba a Pedro (y a tantos
otros referidos en versículos siguientes)
por su falta de fe.
Habíamos también visto como el
Catecismo nos explica que la forma
correcta de orar es pidiendo antes el
Espíritu Santo.
Además del padrenuestro Jesús nos
va dando en varias otras ocasiones
orientaciones “complementares” sobre
como hacer que la oración sea efectiva:
131
“Pues, si, vosotros, siendo malos,
sabéis dar cosas buenas a vuestros
hijos, cuanto mas el Padre del cielo
dará el Espíritu Santo a los que se lo
pidan.” [Pc 11: 13]
Nótese la insistencia con que Jesús
emplea el verbo pedir.
“Pedid y se os dará buscad y
hallareis; llamad y se os abrirá”.[Mt 7:
7]
“Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad
y hallaréis; llamad y se os abrirá.” [Pc
11: 9]
Pero hay un detalle muy
importante que cuenta para hacer una
132
gran diferencia, que es si lo pedimos en
nuestro nombre (con nuestros propios
méritos de santidad) o si en el de Jesús,
el mediador entre el ser humano y Dios.
El Señor continúa insistiendo para
pedir, pero se hace de esta vez,
entonces, un poquito más explícito:
“Hasta ahora nada Le habéis pedido en
mi nombre. Pedid y recibiréis, para que
vuestro gozo sea colmado.” [Jn 16: 24].
“Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo
lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si me pedís algo
en mi nombre, yo lo haré.” [Jn 14: 13-
14]
Eso es: hay que pedir, pero, además, hay
que hacerlo en Su Nombre.
133
Supongo que si no lo hacemos
exactamente de ese modo el Padre en su
inmensa misericordia también podría
atender nuestras peticiones, pero ¿no
sería insensato hacer poco caso de la
solución dada por el propio Jesús sobre
como entrar en comunión con su Padre
(y el nuestro)?
Siendo la nuestra una fe razonada y
razonable, cabe preguntar: ¿Quién tiene
la mayor proximidad a Dios Padre,
Jesucristo o alguno de nosotros; cuales
son los méritos de santidad de cada
uno?
Ahora queda un último punto
cardinal para explorar. Hasta aquí
134
hemos visto la parte en la cual nuestra
participación es relativamente “pasiva”.
Quiero decir que nada tenemos que
hacer además de pedir y recibir,
conforme el mismo Señor Jesús nos
enseña.
Sin embargo, ¿habría alguna otra
cosa que nosotros mismos pudiésemos
hacer (mientras seguimos pidiendo)
para aumentar todavía más la
efectividad de nuestra oración? Sí.
Dicho de una manera simplificada es:
¡vivir como cristianos de verdad!
En primer lugar, lo que Jesucristo
ha dicho para que se atendiera no han
sido palabras para que se las llevara el
viento.
135
No fueron elucubraciones
teóricas… ¡Fue la fórmula para
renovar la faz de la tierra! El cristiano
que no se interesa en estudiar (o al
menos conocer) las Escrituras
desconoce los fundamentos sobre los
que se asientan la cristiandad y la propia
civilización occidental.
En semejante situación, la “guía”
con la cual podrá contar para orientar su
vida, educar sus hijos, participar de la
Iglesia y contribuir socialmente
fatalmente acabarán siendo los medios
de comunicación seglares, los
gobernantes y lobbies que los controlan,
algunos vecinos y amigos que, cuando
mucho, tienen una idea tan
136
distorsionada de nuestra fe cuanto la de
él mismo.
No lo necesito decir yo, el lector
mismo ya lo sabe porque el culto a la
violencia en juegos y películas, la
pornografía, la cultura de la muerte y
anti familia y el pecado ya
institucionalizado se encuentran por
todos los lados, al redor suyo.
En el Nuevo Testamento se conoce
la Iglesia tal como es, y no como los
que están fuera de ella por conveniencia
quieren decir “qué” y “cómo” es.
137
Culto a la diosa laicidad
Las sectarias “guías seglares,
laicistas” no salvan el alma, en su gran
mayoría apuntan para el camino ancho
del hedonismo que termina por
condenarla. La breve lectura del
138
Evangelio del día por las mañanas o
algunos minutos de lectura periódica de
la Biblia proporcionan la sabiduría
necesaria para un crecimiento espiritual
y para la participación ciudadana del
cristiano.
Una persona no se puede quejar
cuando no quiere aprender a votar y
luego elije a aquellos que van a
deseducar a sus hijos, destruir los
valores morales de la sociedad, imponer
una cultura de la muerte, destruir la
familia, y tantas otras cosas que se están
constituyendo en una herencia maldita
para las generaciones venideras.
La omisión cívica del cristiano
necio no coopera a la renovación de la
139
faz de la tierra como quiere Jesús. Al
contrario, su omisión contribuye a que
sea torpedeada. Jesús no aprecia la
tibieza [Ap 3:14-16]. Se es o no
cristiano según como se Le siga.
Obviamente no pueden vivir las
palabras de Jesús y permanecer en Él
quienes no las conozcan. “Si
permanecéis en mí, y mis palabras
permanecen en vosotros, pedid lo que
queráis y lo conseguiréis.” [Jn 15: 7]
“No me habéis elegido vosotros a
mí, si que yo os he elegido a vosotros, y
os he destinado para que vayáis y deis
fruto, y que vuestro fruto permanezca;
de modo que todo lo que pidáis al Padre
140
en mi nombre os lo conceda. Lo que os
mando es que os améis los unos a los
otros.” [Jn 15: 16] “Pues en esto
consiste el amor a Dios: en que
guardemos sus mandamientos” [1 Jn 5:
3]
¿Y como hacemos para permanecer
en Él y que sus palabras permanezcan
en nosotros?
La ventaja de conocer las Escrituras es
que la solución y respuesta para todo
está allí mismo, dicho de modo claro y
muy directo. Es otra ventaja que tiene
el cristiano. Todo esto, aun que no
aparezca de forma explicitada, ya está
implícito en el condensado contenido
del Credo.
141
Para simplificarle la búsqueda al
lector le presento a seguir algunos otros
textos que he seleccionado y que
también nos enseñan como estar unidos
a Él para nuestra oración al Padre.
“En esto sabemos que Le
conocemos: en que guardamos sus
mandamientos. Quien dice “yo Le
conozco” y no guarda sus
mandamientos es un mentiroso y la
verdad no está en él. Pero quien guarda
Su Palabra, ciertamente en él el amor
de Dios ha llegado a su plenitud. En
esto conocemos que estamos en Él.
Quien dice que permanece en Él, debe
vivir como vivió Él. [1 Jn 2:1-5]
142
“Vosotros estáis ya limpios gracias
a la Palabra que os he anunciado.
Permaneced en mí como yo en vosotros.
Lo mismo que el sarmiento no puede
dar fruto por sí mismo, si no permanece
en la vid; así también vosotros si no
permanecéis en mí. Yos soy la vid;
vosotros los sarmientos. El que
permanece en mí y yo en él, ese da
mucho fruto; porque separados de mí
no podéis hacer nada. Si alguno no
permanece en mí, es arrojado fuera,
como el sarmiento, y se seca; luego lo
recogen, los echan al fuego y arden.”
[Jn 15: 3-6]
¿No crees que yo estoy en el Padre
y el Padre esta en mí? Las palabras que
os digo, no las digo por mi cuenta; el
143
Padre que permanece en mí es el que
realiza las obras. Creedme: yo estoy en
el Padre y el Padre esta en mí. Al
menos, creedlo por las obras. En
verdad, en verdad os digo: el que crea
en mí, hará el también las obras que yo
hago, y hará mayores aun, porque yo
voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi
nombre, yo lo haré, para que el Padre
sea glorificado en el Hijo. Si me pedís
algo en mi nombre, yo lo haré. Si me
amáis, guardareis mis mandamientos.”
[Jn 14: 10-15]
Pues el Señor nos va dando las
instrucciones paso a paso: pedir,
hacerlo en Su Nombre, amar al prójimo,
144
obedecer los mandamientos, escuchar
su palabra, estar en Él y que Él esté en
nosotros… ¡la Eucaristía! “El que
come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en mí, y yo en él. Lo mismo
que el Padre, que vive, me ha enviado y
yo vivo por el Padre, también el que me
coma vivirá por mí.” [Jn 6: 56-57]
“Puesto que por motivo de la obra
realizada en un enfermo somos hoy
interrogados por quien ha sido este
curado, sabed todos vosotros y todo el
pueblo de Israel que ha sido por el
nombre de Jesucristo, el Nazareno, a
quien vosotros crucificasteis y a quien
Dios resucitó de entre los muertos; por
su nombre y no por ningún otro se
145
presenta este aquí sano delante de
vosotros.” [Hc 4: 9-10]
Al mismo tiempo estos textos
evidencian la condición única de
Nuestro Señor Jesucristo: Él está en
nosotros y nosotros en Él, mientras que
también el Padre está en Él y Él está en
el Padre.
Aunque eso se da en instancias
distintas, debido a su particular
naturaleza (homousios=la misma del
Padre en cuanto que también la
humana=unión hipostática) Jesucristo
siempre está en las dos al mismo tiempo
y actúa como un "medio de unión" entre
146
los humanos heridos por el pecado y el
Padre en la Gracia Divina.
Esa es la razón por que solo a
través de Jesucristo es que podemos
llegar al Padre. [Jn 14:6 "...nadie llega
al Padre a no ser por Mí"]
Entretanto no hay que confundir
esa forma de mediación con una mera
"intermediación" y tampoco con la
intercesión, que sería reducirle al
Mesías a la condición de un simple
“intermediario”, una especie de
portavoz nuestro.
Tampoco la función de un
mensajero para acarrear cosas entre el
Padre y nosotros, siendo que para ello
147
han sido creados los ángeles (del griego
ἄγγελος = mensajero; enviado). “el
único mediador ente Dios y los
hombres, Cristo Jesús”. [1 Tm 2:5]
148
LAS ‘PROMESAS’
No quisiera dejar pasar por alto el
tema de las promesas, pues en este
punto me gustaría compartir una
reflexión muy personal, pues que no he
encontrado material de la Iglesia que
versase sobre el asunto. No puedo
afirmarlo, pero tengo la impresión que
esto de las promesas quizá se trate de
algo más relacionado con la piedad
popular que a la enseñanza oficial. Sin
embargo, debo reconocer que hay
quienes las practican con auténtica
devoción y por tanto son merecedores
de todo respeto y apoyo. Ya no tengo la
misma opinión de aquellos que las
149
utilizan como una excusa para practicar
el “turismo religioso” u otras cosas, que
más convendría hacerlos directamente
como tales, pues que con Dios y con lo
santo no se debe bromear.
Me he enterado de una gran fiesta
popular en cierto lugar de
Latinoamérica en que no suele ser raro
verse personas regañándole (y a veces
pegándole) a la imagen del santo por no
haber éste satisfecho sus peticiones. Me
parece a la vez surrealista y grotesco:
en primer lugar, le piden “al santo” en
vez de hacérselo directamente a Dios
por la intercesión de aquél, y luego,
mediante dictámenes cuanto a lo que
deberían hacer cuando eso mismo ya ha
dado prueba de no haberles funcionado
150
a ellos cuando lo habían intentado por sí
propias.
De otra parte, me da qué pensar
cuando observo personas que le hacen
promesas condicionales a Dios bajo la
forma de una permuta “si me haces o
das esto te haré tal o cual cosa”.
Para empezar, hay que recordar
que Dios ya lo tiene todo, que es todo
poderoso, eterno, omnipresente,
omnisciente e infinito y que por eso
mismo no necesita que le hagamos o
demos cosa alguna.
El vínculo que Él quiere tener con
nosotros es simplemente de amor, y
tampoco lo quiere por una necesidad
151
suya. Y si ese intento de trapicheo no
saliese por ingenuidad desde un corazón
inocente, seria una ofensa a lo más
sagrado. Un sacrilegio.
Abraham regateó con Él, y Él
aceptó su pedido porque Abraham le
habló con el lenguaje del amor, no
forcejeó ningún trueque, aún que le
fuese de modo humilde y seguidamente
proponiendo condiciones. “Tal vez
haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es
que vas a borrarlos, y no perdonarás a
aquel lugar por los cincuenta justos que
hubiere dentro? (…) «Vaya, no se
enfade mi Señor, que ya sólo hablaré
esta vez: “¿Y si se encuentran allí
diez?”» Dijo: «Tampoco haría
destrucción, en gracia de los diez.»
152
[Gn 18:24-32]
Como he recién dicho, desconozco
una orientación magisterial específica
sobre este tema. Haciendo uso del
sentido común en consonancia con las
enseñanzas de la Iglesia he encontrado
la siguiente “fórmula” para evitar caer
en el error:
Iniciando con la invocación del
Espíritu Santo como indica el
Catecismo hago la oración (de petición)
al Padre en el nombre de Jesús (como
dijo Él mismo para hacerlo). “(…)
|Nuestra oración no tiene acceso al
Padre más que si oramos “en el
Nombre de Jesús”. [CIC #2664]
153
Entonces en ese mismo instante se
la entrego y confío plenamente en su
resultado porque Él con total seguridad
escuchará mi pedido. Y, además, lo
atenderá dándome lo que le he pedido,
en la forma que mejor convenga a mí o
a los otros por quienes haya intercedido.
Sobre ese resultado que todavía no
sé cual será o como vendrá me
complazco contento y satisfecho,
porque todavía más que aquello que
"quiero” es lo que realmente me
conviene y necesito, además de que en
el momento oportuno. Con la seguridad
de que no me dará la “serpiente” que
iludido podría estar visualizando
creyendo ser un pez.
154
¿Y el “prometimiento”, como lo
hago? Lo “finiquito” por adelantado o
entonces tan pronto cuanto lo pueda.
Jesucristo solo dijo que pidiésemos al
Padre en Su Nombre, no dijo que había
que hacer pagos.
¿Entonces, si yo estoy
sinceramente dispuesto a hacer o dar
algo como un reconocimiento por el
favor o gracia recibida, porque tendría
que esperar recibirla si no hay pagos o
trapicheos de por medio?
Desde que las dos cosas no están
vinculadas ¿porque no hago de
inmediato el sacrificio que estoy
dispuesto a hacer en acción de gracias, o
doy de una vez el donativo a la obra
155
necesitada que tengo en vista? ¿O será
que no confío en que Él atenderá mi
pedido y pienso que condicionándole a
una “paga” me serviría de algo? Eso
es orar sin fe, y una oración sin fe no es
oración, es un chiste…
“El agradecimiento precede al
acontecimiento” [CIC #2604]
Recordando; hemos visto
anteriormente que la oración no puede
fallar porque es y viene de Dios. Y,
además, como bien vimos en la
explicación del Catecismo, ya existe
antes mismo que iniciemos hacerla,
pues Él nos ve y actúa desde la
eternidad. Y es debido a esa razón que
nuestra oración nunca dejará de ser una
156
respuesta a la con que Él propio nos está
esperando. “(...) vuestro Padre sabe lo
que necesitas antes de pedírselo”. [Mt
6:8] [CIC #2569]
Pero no olvidemos que de
cualquier modo siempre habrá que
pedir por que Él defiere la libertad y la
voluntad que una vez nos dio y que no
actuará hasta que hagamos uso de ellas
para darle esa -digamos- atrevida
permisión. Él jamás juega sucio…
Mi propia manera de entender y de
hacer “promesas”, entonces, es la
aplicación resumida de todo lo que se
ha tratado en este libro.
157
A veces, en los momentos en que
nos encontramos bajo presión, tensión o
en circunstancias adversas todo esto
podrá ser olvidado o parecernos muy
bonito pero difícil –o hasta imposible-
de alcanzar.
Pero ahí también viene el Señor en
nuestro auxilio con una promesa
esperanzadora a la vez que es una
orientación de resultado muy eficaz:
“Venid a mí …” [Mt 11:28-30] Nos
basta con repetirlo con sincera humildad
y un corazón contrito. “Dijeron los
apóstoles al Señor ‘Auméntanos la fe’ ”
[Pc 17:5]
Simple como eso: el único
requisito es no perder la fe.
158
Y si la perdieras momentáneamente
tampoco importa, persiste así mismo: no
olvides que la oración parte de Dios
antes mismo de que la empecemos,
nosotros solo Le respondemos. ¡Pero
hay que “responderla”!
159
UN TIEMPO PROPIO,
RESERVADO SOLO PARA
LA ORACIÓN
Otra expresión proveniente del
ámbito de la Nueva Era que he visto
ponerse muy en moda últimamente en
los medios cristianos es “todo lo que
hago es oración”… Eso sería
formidable si fuese cierto.
A estas alturas me pregunto “qué tipo de
cosas” podría ser lo que estas personas
entienden por “oración”.
¿Que nos dice el Primer
Mandamiento? Pero, entonces, a parte
de las ocasiones en que uno recurre a Su
160
auxilio ¿cuantas veces al día por lo
menos se acuerda de Él?
¿Que clase de oración será esa, si ni
siquiera está uno consciente de Su
Existencia durante todo el transcurso
del día?
Me imagino que esa actitud bien
podría ser fruto del relativismo, de
deducciones, así como: “todo lo que
hago me parece bien, luego, como la
misericordia de Dios es infinita y lo
perdona todo, yo -que no mato ni robo-
soy bueno y no peco. Vivo en una
verdadera santidad”.
Pero, aunque que uno consiguiese
vivir todo el tiempo en un estado de
santidad absoluta, ¿no valdría la pena
161
reservar al menos algún tiempo
exclusivo, especialmente consagrado a
Dios, en lugar de dejarle “las sobras”
del tiempo que no necesitamos? Mucho
más aún, ¿no sería lógico que si alguien
se considerase un santo no
desperdiciaría ni solo un momento de su
tiempo para buscar toda ocasión para
estar en comunión con Dios?
Madre Teresa de Calcuta y una
verdadera legión de santos, pese a una
vida integralmente dedicada al prójimo
y a Dios no tenían la soberbia de decir
que todo lo que hacían era oración.
Todos ellos, paralelamente a la
realización de sus obras, mantenían
extensos momentos dedicados
exclusivamente a Dios, para su oración.
162
Un tiempo solo para Él. En verdad, era
de Él que obtenían la fuerza necesaria
para llevar a cabo sus actividades
sobrehumanas.
“Todos los momentos son
indicados para la oración, pero la
Iglesia propone a los fieles ritmos
destinados a alimentar la oración
continua: oración de la mañana y del
atardecer, antes y después de las
comidas, la Liturgia de la Horas, la
Eucaristía dominical, el Santo Rosario,
las fiestas del año litúrgico.” [CCIC
#567]
En una clara contraposición al
sentido vacío de la frase hecha “todo lo
que hago es oración”, está la inspirada
163
lección de San José María Escrivá,
explicando cómo podemos santificar
nuestro trabajo dedicándoselo al Señor.
Eso sí que seria convertir “todo lo que
se hace” en verdadera oración. Y eso
era lo que aun sin decirlo, hacía la
Madre Teresa de Calcuta.
164
FE Y PERSISTENCIA
Basta con observar la publicidad
en los medios de comunicación para
percibir que vivimos en tiempos de lo
instantáneo: café soluble instantáneo,
crédito instantáneo, quitamanchas de
efecto instantáneo, revelado instantáneo
etc.
Ese tipo de cosas nos tiene mal
acostumbrados y puede ser que por
fuerza del hábito esperásemos que la
oración produjera efectos instantáneos,
como por un pase de la magia
hollywoodiana de las películas.
165
No, absolutamente. La acción de
Dios no podría ser irresponsable e
inconsecuente. Él no obra al estilo
“Harry Potter”. Toda realidad es parte
integrante de uno o de varios factores en
distintos contextos que afectan
indiferentemente, de un modo u otro,
a otras personas, que no están
relacionadas con aquello que pedimos.
Dios jamás interferiría en la
realidad (y afectar la libertad) de los
demás solo para satisfacer de modo
inconsecuente los pedidos o caprichos
de uno.
Para Dios no corre el tiempo, pero
para las personas sí, los cambios les
toman tiempo. Es de suponer que Dios
166
se asegura del momento adecuado para
cada cosa, de modo a respetar la libertad
de cada uno y todos aquellos
eventualmente afectados en dada
situación. Y, además, podría a veces no
ser el momento más propicio y
conveniente para nosotros mismos…
Una percepción equivocada a este
respecto bien que podría ser una de las
causas de decepción para algunas
personas que precipitadamente
concluyen que sus pedidos “no han sido
atendidos”.
Si veo una persona haciendo uso de su
libertad para infligirle daño a una
criatura inocente, en oración puedo
interceder de dos maneras: pedirle a
167
Dios que actúe contra la libertad que
tiene el agresor para practicar ese mal o
que defienda y libre a la victima de
cualquier daño. Con el tiempo aprendí
a optar por la segunda opción.
El mismo Jesús enseñó como es el
mejor proceder frente a la acción del
maligno:
“Los siervos del amo se acercaron
a decirle: “Señor, no sembraste
semilla buena en tu campo? Como es
que tiene cizaña? Él les contestó :
“Algún enemigo ha hecho esto.”
Dícenle los siervos: “ Quieres, pues,
que vayamos a recogerla?” Díceles:
“No, no sea que, al recoger la cizaña,
arranquéis a la vez el trigo. Dejad que
ambos crezcan juntos hasta la siega. Y
168
al tiempo de la siega, diré a los
segadores: Recoged primero la cizaña y
atadla en gavillas para quemarla, y el
trigo recogedlo en mi granero.” [Mt 13
27-30]
Y recuerdo que, el orar no impide que la
acción del orante, mientras tanto,
busque también alguna solución para
humanamente remediar la situación.
Obviamente, no podría yo hacerme
la mínima idea de cuáles son los
criterios que Dios usa para atender las
oraciones. Lo único que puedo afirmar
-conforme lo aprendido de la Iglesia y
tratado en toda esta obra- es que Él las
atiende. Pero sobre el cómo y cuándo
es asunto exclusivamente Suyo.
169
¿Adónde quiero llegar con esto?
Es simples. Al no ver un resultado
“instantáneo” en respuesta a nuestra
oración somos tentados a creer que “no
nos ha funcionado” (o peor, que la
oración “no funciona”). De ahí que
permitimos que eso nos afecte la fe y
desistamos antes de hora.
Es aquí donde las repeticiones van
a encontrar un buen papel para jugar.
Una y otra vez hay que persistir. Nos lo
dice la Palabra de Dios:
“Les decía una parábola para
inculcarles que era preciso orar
siempre sin desfallecer. «Había un juez
en una ciudad, que ni temía a Dios ni
170
respetaba a los hombres. Había en
aquella ciudad una viuda que,
acudiendo a él, le dijo: “¡Hazme
justicia contra mi adversario!” Durante
mucho tiempo no quiso, pero después se
dijo a sí mismo: “Aunque no temo a
Dios ni respeto a los hombres, como
esta viuda me causa molestias, le voy a
hacer justicia para que no venga
continuamente a importunarme.”» [Pc
18:1-5]
¿Era persistente la viuda en su
repetición del pedido de justicia?
“Pero la que de verdad es viuda y
ha quedado enteramente sola, tiene
puesta su esperanza en el Señor y
171
perseverar en sus plegarias y oraciones
noche y día” [1Ti 5:5]
Perseverancia
“Siempre en oración y súplica,
orando en toda ocasión en el Espíritu,
velando juntos con perseverancia e
intercediendo por todos los santos,” [Ef
6:18]
“No desiste hasta que el
Altísimo le atiende, juzga a los justos y
les hace justicia” [Si 35:18]
"Sed perseverantes en la oración,
velando en ella con acción de gracias"
(Col 4, 2). [CIC #2638]
172
En honor a lo que se ha hecho por
mí en su día lo que me siento en deber
de aconsejar es que nadie deje de
intentar una y otra vez, las repetidas
veces que se haga necesarias, pedir el
don de la fe.
A veces me pregunto si antes de
darnos el don de esa gracia no estaría
Dios queriendo que nos pusiésemos
nosotros mismos a prueba para
certificarnos si realmente la estamos
tomando en serio o si todavía no somos
capaces de valorarla como corresponde.
He mencionado antes la cita del
Catecismo “El agradecimiento precede
al acontecimiento”. [CIC #2604]
173
Vuelvo ahora a ello para compartir
algo muy personal con el lector. Ese
agradecimiento que se hace en el mismo
momento de haber concluido una
petición en la oración con la certeza de
haber sido atendida es la clave para
una maravillosa noticia. Me atrevería
mismo a decir que es algo
transcendental. Si eso ya le ocurre al
lector entonces sabrá de lo que hablo.
Pero si todavía no es su caso le
aseguro que cuando llegue al punto de
hacer esos agradecimientos exentos de
cualquier formalidad, sino que, ya
gozando plenamente los resultados
debido a un tipo de certeza anticipada,
el lector no se atreverá a contarle a
nadie que TODAS sus oraciones le son
174
atendidas por recelo de que nadie le
crea.
“(…) La oración ferviente del justo
tiene mucho poder” [St 5:16b-18]
[CIC #2582]
175
EL PADRENUESTRO
Por alguna razón que desconozco
hay quienes se refieren al padrenuestro
como siendo la oración predilecta y
habitual de Jesús. Esa afirmación
carece totalmente de cualquier
fundamento.
Ni una sola vez en todo el Nuevo
Testamento aparece la más mínima
mención sobre Jesús orando el
padrenuestro. Cosa bastante distinta es
que viviese Él mismo cada cosa de todo
lo que contiene esta enseñanza suya.
176
Jesús no se reza a sí propio. Él mismo
ya es el Dios a quien se le reza en la
oración. “Creedme: yo estoy en el Padre
y el Padre esta en mí.” [Jn 14: 11]
Cuando nos dice para pedir que
“venga a nosotros tu reino”, le estamos
pidiendo a Él mismo que se haga
presente en nuestra vida, que deseamos
integrarnos en lo que Él nos vino a traer,
pues ese “reino” está en Él propio.
Cuando decimos “…hágase tu
voluntad, así en la tierra como en el
cielo…” estamos dirigiendo nuestra
oración al Padre en el cielo, pero
subjetivamente también refiriendo al
propio Jesucristo, quien es también Dios
en la Segunda persona en cuanto que
177
por su simultanea condición humana
(homousios), además de estar
juntamente con el Padre en el cielo se
hace también presente en la tierra, en
donde todavía estamos nosotros.
En medio a tanta desinformación que en
la actualidad los medios de
comunicación se ocupan de difundir, un
entendimiento correcto del Credo ayuda
a evitar que nos desviemos de la
auténtica fe cristiana.
Es esencialmente la oración dentro de la
fe correcta la que nos permite
interactuar con Dios.
Cosas extrañas pueden llevarnos a
lugares y a otras cosas extraños, pero no
178
a Dios. (Esta es la razón por la cual he
dedicado el segundo tomo de esta
trilogía al Credo.)
¿Y porqué, o, con cuál propósito
habríamos que actuar con Dios? ¡Para
hacer Su voluntad, claro!
Eso es lo que Jesucristo instruyó
cuando nos enseñó el padrenuestro:
“…hágase tu voluntad…”
Seguramente Jesús no nos estaba
sugiriendo que esa voluntad fuese a
hacerse sola y a cargo de nadie, o que le
dijéramos al Padre que Él mismo se
ocupara de hacérsela, o, todavía, que se
la hiciese algún otro que no fuese aquel
que está rezando… ¿Sino quién más?
179
Saulo va descubrir mediante una
experiencia dramática cuál es esa
voluntad durante su conversión en su
ida a Damasco. [Hc 9:5-6]
No tendría sentido tratar de
escuchar la palabra de Dios para
enterarse de cual es Su voluntad para no
hacerle caso y después esperar
encontrarse en harmonía con Él. «Así
pues, todo el que oiga estas palabras
mías y las ponga en práctica, será como
el hombre prudente que edificó su casa
sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los
torrentes, soplaron los vientos, y
embistieron contra aquella casa; pero
ella no cayó, porque estaba cimentada
sobre roca. Y todo el que oiga estas
palabras mías y no las ponga en
180
práctica, será como el hombre insensato
que edificó su casa sobre arena: cayó
la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos, irrumpieron contra
aquella casa y cayó, y fue grande su
ruina.» [Mt 7:24-27]
De una parte, Jesús no rezaba el
padrenuestro, pero en cambio todo lleva
a concluir que a los Salmos sí, y
además, con asidua frecuencia,
conforme demuestran las propias
Escrituras.
“(…) Los Salmos usados por
Cristo en su oración y que en Él
encuentran su cumplimiento, continúan
siendo esenciales en la oración de su
Iglesia. “ [CIC #2856]
181
Jesús habla de «mi Padre» o de
«vuestro Padre»; no habla nunca de
«nuestro» (excepto en Mt 6,9; pero es
para enseñar el padrenuestro a los
discípulos, pero así mismo lo deja bien
claro: “vosotros orad así…”).
“Distinguió su filiación de la de
sus discípulos, no diciendo jamás
"nuestro Padre" (cf. Mt 5, 48; 6, 8; 7,
21; Pc 11, 13) salvo para ordenarles
"vosotros, pues, orad así: Padre
Nuestro" (Mt 6, 9); y subrayó esta
distinción: "Mi Padre y vuestro Padre"
(Jn 20, 17).” [CIC # 443] [Pc 3;22;
10:21; 11:13; Hc 7:49; 17:24; Mt
13:43]
182
Jesús no se reza a sí propio. Él
mismo ya es el Dios a quien se le reza.
“Creedme: yo estoy en el Padre y el
Padre esta en mi”.
Que estás en los Cielos [Pc 3:22;
11:13; Mt 7:21; 11:25]
Santificado sea tu nombre [Pc
1:49; 1Pe 1:16; Ap 4:8; Jn 17:11]
Venga a nosotros Tu Reino [Mt
3:2; 4:17, 23; 5:3; 13:43; 23]
Hágase Tu voluntad [Jn 6:38; Mt
7:21, Hb 10:7; 1Pe 2:15; 3:17]
183
Así en la tierra como en el cielo
[Hc 6:49; 7:49; 14:15; 17:24; Pc
10:21; Mt 11:25]
Danos hoy nuestro pan de cada día
[Jn 6:32-35, 41, 50-51, 58]
Y perdona nuestras ofensas, así
como perdonamos a los que nos
ofenden [Mt 6:14-15; 18:32-35; Mc
11:25, Pc 7:42-3; 2Co 2:10; Ef 4:32;
Col 3:13]
No nos dejes caer en tentación
[Mt 26:41; Mc 14:38; Pc 22:46]
Mas líbranos del mal. [Hc 18:10;
Rm 1:30; 2:9; 3:8; 7:9, 21; 12:9, 17,
21; 13:4,13; 16:19; Mt 4:24; 5:11, 39;
184
9:4, 12; Mc 1:34; 2:17; 3:4; 5:29; Pc
5:31; 6:9; Jn 1:11; 3:29; 5:4; 5:29;
2Co 5:10; 13:7; Ef 6:12; 1Te 5:22; 2Ti
3:13; Hb 5:14; Jud 3:13; 1:21; 1Pe
2:14; 3:9-13, 17]
185
EL PADRENUESTRO ES
UNA ORACIÓN
COMUNITARIA
Distintamente del Credo de los
Apóstoles, que lo pronunciamos en la
primera persona del singular, hay que
notar que al Padrenuestro lo
pronunciamos siempre en el plural igual
que al Credo de Nicea:
Nuestro, y no “mío"; venga a
nosotros tu Reino, y no “a mí"...; danos
hoy... etc. Esta es la oración
186
comunitaria por excelencia de los
cristianos.
Cuando sus discípulos le
preguntaron a Jesús como se debería
orar, Él les actualizó la misma fórmula
que la Revelación ya había prefigurado
en el Antiguo Testamento, en Sal 22:3;
100:4;
Las alabanzas y peticiones
dirigidas a Dios por cualquier cristiano
cuando recita esta oración no las está
haciendo de modo independiente y
exclusivamente en beneficio propio
suyo, egocéntricamente.
Lo estará haciendo por toda una
comunidad, de la cual es partícipe.
187
En la asamblea de la iglesia
parroquial se ora formando comunidad
(koinonía) porque no solo se hace
dirigiéndose todos juntos al Padre, sino
que también todos los hermanos oran
los unos por los otros.
Él le dijo: «Amarás al Señor, tu
Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente. Este es el
mayor y el primer mandamiento. El
segundo es semejante a éste: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo.» [Mt
22:37-39]
«Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros. Que,
como yo os he amado, así os améis
188
también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os tenéis amor los
unos a los otros.» [Jn 13:34-35]
189
LOS SALMOS, ORACIÓN
FRECUENTE DE JESÚS
Jesucristo dijo que no había venido
a abolir la Ley. Prueba de ello es la
constatación de cómo en su vida pública
Jesucristo va proclamando el Reino de
Dios mediante su cumplimiento
mediante actos y palabras de cada una
de las profecías contenidas en las
Escrituras (las de su tiempo, para
nosotros el Antiguo Testamento).
«No penséis que he venido a abolir
la Ley y los Profetas. No he venido a
abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os
lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán
antes que pase una i o una tilde de la
190
Ley sin que todo suceda.» [Mt 5:17-18]
El Nuevo Testamento está repleto
de citaciones de Jesús, pero llaman la
atención por su predilección la
frecuencia de los Salmos en su oración.
Hasta en los momentos finales de su
agonía en la cruz pronunció «¡Elí, Elí!
¿lemá sabactaní?», pues estaba Él
orando, refiriéndose al Salmo 22:1 y no
quejándose del Padre. En ese momento
en Él se estaba cumpliendo el salmo.
“(…) Los Salmos usados por
Cristo en su oración y que en Él
encuentran su cumplimiento, continúan
siendo esenciales en la oración de su
Iglesia.“ IGLH 100-109 [CIC #2856]
191
A seguir se encuentran listados
algunos de los Salmos cuyos textos el
lector sin duda reconocerá en el Nuevo
Testamento, en boca de Jesús: 2:7;
5:5; 6:8; 7:17, 21; 8:5-7; 11:4; 22:1,
23; 24:4; 34:15; 37:11; 40:6-8;
45:7-8; 48:2; 50:14; 56:11; 62:10;
95:7-11; 97:7; 102:25-26; 104:4;
110:4; 118:6; 126:5; 135:14; 139:2-
3; 147:9.
192
DIFICULTADES EN LA
ORACIÓN
Contaba en una de sus charlas el
arzobispo de New York, Monseñor
Fulton Sheen, que un amigo de San
Bernardo de Clairvaux se jactaba de no
tener problema con las distracciones.
En cambio, San Bernardo reconocía que
él sí, que él sí los tenía. Un día,
montando los dos un caballo San
Bernardo le dijo al amigo que se bajara
del caballo y que si consiguiese rezar el
Padrenuestro sin distraerse se lo
regalaría. Estaba ya rezando el amigo y
cuando iba por “danos hoy nuestro pan
193
de cada día”, se paró, miró a San
Bernardo y le preguntó: “Me lo regala
con la silla y arnés”?
Hay tres causas muy notables entre
las muchas que causan una dificultad
para establecer nuestra relación con
Dios: la distracción, la falta de
proximidad a Dios y la falta de
consciencia de lo sagrado.
Naturalmente, hay varias otras, pero
concentrémonos en estas por ahora que
ya será de gran ayuda y hará una gran
diferencia.
Empecemos por la distracción, que
me parece ser el problema más común.
Que eso pase no deja de ser cosa buena
bajo cierto aspecto. Y es que eso solo
194
pasa porque Dios nos ha dotado con su
don de la inteligencia. Por ser
inteligentes pensamos y la imaginación
es un atributo que nos hace progresar en
todos los sentidos. Inventamos las cosas
que imaginamos. De la imaginación nos
llegan inspiraciones, soluciones para los
problemas, ideas innovadoras,
creaciones artísticas etc.
El problema se da cuando no la
controlamos, y por eso está el dicho de
Santa Teresa de Jesús "la imaginación
es la loca de la casa".
Naturalmente, cuando en aquellos
momentos en que más necesitamos
concentrarnos en alguna cosa ella
parece soltarse y "empezar a correr
195
descontroladamente por la casa", se nos
torna inconveniente. Y para muchos eso
se da justamente en los momentos de
oración.
Pero felizmente eso tiene solución
y no muy difícil. Puede ser un poco
trabajoso, pero difícil no lo es. Más que
cualquier otra cosa solo pide
persistencia y disciplina.
Hagamos uso de un símil para
entender más fácilmente el proceso y su
solución.
Tomemos a los niños como ejemplo
(obviamente, los que son padres lo
entenderán más fácil).
196
Pese a que son dotados de
imaginación igual a los adultos, ellos no
cuentan con el mismo referencial de
conocimiento y de experiencia
acervados. Y por eso a veces nos parece
que "se pasan" y hacen cosas que a
nuestro ver no deberían.
Lo cierto es que eso es bueno
porque indica que son inteligentes y que
tienen iniciativa. Todo lo que necesitan
es que alguien les frene; que establezca
los limites.
Y para educarles tenemos que tener la
paciencia de hacerlo repetidamente, una
y otra vez, con persistencia.
197
El mismo tratamiento le damos,
entonces, a "la loca de la casa". Le
ponemos límites y somos persistentes
en ello. ¿Como se hace?
Usemos ahora al rosario como
ejemplo. El rosario no es una mera
repetición sin sentido de Avemarías. Es
una oración meditativa y también
contemplativa.
El recitar seguidamente el
Avemaría tiende a hacernos caer en un
automatismo que termina por relajarnos
y hacer perder de mente lo que estamos
diciendo. Permitir que eso ocurra es
caer en una repetición mecánica e
inconsciente.
198
La clave del problema está en esa
ultima palabra, inconsciente.
Conducimos el coche (carro) sin pensar
en lo que estamos haciendo,
aceleramos, pisamos el embrague
cuando usamos el cambio de marchas,
frenamos, miramos al espejo,
reaccionamos a todo lo que va
sucediendo afuera... todo de manera
automática, sin pensarlo, de modo
inconsciente.
¿Y que pasa con la mente mientras
tanto? Se queda libre y... "la loca se
suelta por la cabeza, la casa".
Recordamos cosas, solucionamos
problemas, hacemos planes etc. Nuestra
imaginación se ocupará entonces de mil
y una cosas mientras conducimos
199
(manejamos) sin pensar en lo que
estamos haciendo hasta llegar a nuestro
destino.
Volvamos ahora al rosario.
La única finalidad de sus cuentas
es librarnos de estar pendientes del
progreso en la cantidad de oraciones y
misterios completados.
Así como cuando estamos
conduciendo (manejamos) al coche
(auto, carro) esa utilización del rosario
de cuentas tiende a convertirse en un
hacer automático. Hasta ahí nada mal,
en ese caso es muy útil, para que
podamos concentrarnos en lo que
vamos diciendo.
200
El problema comienza si se deja
que también el pronunciar la oración se
haga de manera automática, o sea,
inconscientemente. ¡Es solo en esa
circunstancia que "la loca se suelta"!
Ese es el momento en que, tal
como hacemos con los niños cada vez
que les pillamos "pasándose" en alguna
cosa y les frenamos poniéndoles límites,
debemos también "frenar" esa escapada
mental reconduciendo la atención al
sentido de lo que estamos pronunciando
en la oración, empezándola de nuevo.
Yo hago eso una y otra vez,
cuantas se hagan necesarias. Después de
tener que volver a reiniciar las primeras
oraciones del rosario tres o cuatro veces
201
cada una me esfuerzo por
concienciarme bien de cada cosa que
voy a expresar para no tener que hacer
lo mismo con las próximas sino no voy
a terminar nunca...
Persistencia y disciplina. Como he
dicho, no es difícil, pero requiere alguna
disciplina y persistencia. Con el tiempo
eso pasa a hacer falta cada vez menos
porque se desarrolla el hábito de no
dejar más "que la loca se escape".
El rosario solo ha sido un ejemplo,
pues esa solución se aplica a todo
momento de oración que se desea que
realmente le llegue a Dios.
¿Y vale la pena ese esfuerzo?
202
Bueno, diría que ni siquiera se trata de
que "valga la pena"; sino que es
cuestión de que no sea inútil. Repito
aquí una vez más que Dios no es tonto y
sabe cuando no hubo una intención
sincera en una oración de ese tipo, que
solo se estaba "cumpliendo" una
formalidad vacía de sinceridad (y, por
ende, de amor. Y después oigo personas
que se quejan de que sus oraciones "no
les funcionan").
Otra razón común para sentir
dificultad en establecer una relación con
Dios es la falta de proximidad con Él.
Es difícil tratar con alguien a quien no
se le conoce bien. Es mucho más fácil
llevarlo a cabo con quien se tiene
alguna intimidad.
203
La manera más a mano y llevadera
para cualquier persona alejada de la
práctica de la oración es el estudio.
Lectura y películas sobre la vida de
santos [*7] o atender seminarios y
cursos de formación a veces ayudan
despertar el interés para querer aprender
más y de ese modo progresar.
Encontrar y poder contar con un buen
guía espiritual puede superar la
dificultad con más facilidad.
Una otra manera, muy efectiva,
suele ser darse la oportunidad de
vivenciar experiencias con el deseo de
un encuentro personal con el Señor,
tales como la participación en retiros
espirituales, o, bastante recomendable,
atender a un Cursillo de Cristiandad. A
204
veces una visita o peregrinación a algún
lugar santo sorprende con una
“solución” para el problema al instante.
Y una probable tercera causa por la
que se puede encontrar dificultad en
relacionarse con Dios es la falta de
percepción de lo sagrado, lo que puede
constituirse en causa o efecto de la falta
de fe. O en las dos cosas a la vez. Es el
caso de la pescadilla que se muerde la
cola. La sección siguiente aborda este
tema de cierta forma, pero la cura para
este problema (y es realmente un
problema) se encuentra en el Catecismo
de la Iglesia.
Me gustaría encerrar este título con
una frase del memorable P. Loring, CJ
205
(España), que hace pensar porque de
entre todo el reino animal somos los
únicos que encontramos estos tipos de
dificultad: “Los animales no rezan”
206
LO SAGRADO
¿Y de que modo acostumbramos
relacionarnos con lo sagrado? ¿Como
percibimos las cosas sagradas? ¿Que es
sagrado bajo nuestro entender? ¿Cuál
es, entonces, nuestra actitud frente a lo
que entendemos por sagrado? El grado
y la forma de relacionarnos que
mantenemos con las cosas de Dios
depende de aquello que entendemos por
sagrado.
Por tanto, empecemos definiendo
primero lo que es sagrado para
nosotros.
207
Esto es lo que dice el diccionario de la
RAE:
Sagrado: (Del lat. sacrātus).
1. adj. Digno de veneración por su
carácter divino o por estar relacionado
con la divinidad.
2. adj. Que es objeto de culto por su
relación con fuerzas sobrenaturales de
carácter apartado o desconocido.
3. adj. Perteneciente o relativo al culto
divino.
4. adj. Digno de veneración y respeto.
Esa definición dada por un
diccionario laico ya debería bastarnos
208
para despertar e infundir un profundo
respeto frente a todo lo que es sagrado.
Podríamos todavía incluirle a esa
definición un significado más inherente
al concepto original en latín que no ha
sido incluido allí: santo. Y lo que es
santo es por su vez inherente a la Gracia
de Dios.
Si es de esta manera que
percibimos lo que es sagrado, o sea,
algo de carácter divino, santo y
directamente concerniente a la Gracia
de Dios, nuestra actitud debe ser
coherente al tratar de aproximarnos, de
relacionarnos, al buscar entrar en
comunión con ello. No podríamos
esperar que conduciéndonos igual que
un elefante en una cristalería nos vaya a
209
ayudar a establecer una relación, esa
comunión con lo divino en su serenidad
y gloria.
Hay una palabra que bien expresa
el concepto de esa actitud de profundo
respeto frente a las cosas sagradas:
Proskynesis.
Originalmente esta palabra griega
(προσκύνησις) remonta a la costumbre
que se tenía en el antiguo imperio persa,
de postrarse ante persona que fuese de
un rango superior a uno mismo como
una forma de expresarle el debido y
profundo respeto y sumisión mediante
un complicado conjunto de besos y
gestos corporales que iban desde la
ligera reverencia hasta la postración
210
total en el suelo para el rey, pasando por
varios grados intermediarios.
Los antiguos griegos también
fueron practicantes de la proskynesis,
pero limitada a sus dioses.
Esa forma de expresar respeto y
sumisión fue incorporada luego por la
Iglesia primitiva, con su utilización
restricta al ámbito de lo sagrado.
Después del Cisma la Iglesia
Ortodoxa continuó utilizando ese
término para significar algo parecido a
lo que en la Iglesia de occidente
concebimos para la veneración dada a
reliquias de santos, al altar y las cosas
211
sagradas en general. Incluidos los
gestos, movimientos y circunstancias.
Cada una de esas cosas se practican
igualmente en la Iglesia de Roma hasta
hoy, pero, digamos, que bajo el
concepto de proskynesis todo se queda
como que, aglutinado en una sola
palabra con un especial énfasis en la
actitud del extremo, profundo respeto a
las cosas de Dios.
Este concepto contribuye
sobremanera para concienciarle a uno, a
hacerle sentir y vivir fuertemente esa
experiencia frente a lo sagrado. La
actitud generada por la proskynesis hace
con que uno se acerque al Sagrario de
una capilla de adoración sintiendo ganas
212
de en realidad estar postrado en el suelo,
sumiso, frente a la Presencia Real.
Si envés de darse esa Presencia
Real bajo el aspecto de la Sagrada
Forma el Señor se manifestara
visiblemente en su cuerpo resucitado
como se dio con los Apóstoles, dudo
que algunos de los allí presentes
siguieran sentados de cualquier manera,
usando el teléfono móvil, manteniendo
sus charlas y rezando el rosario en voz
alta, arreglando sus bolsos y no se
tiraran de inmediato, postrados al suelo.
Esa percepción de lo sagrado
permitiría, por ejemplo, la utilización
adecuada y por todos igualmente, para
213
la finalidad que realmente tiene: la
adoración, la contemplación, la
meditación, el recogimiento necesario
para la oración en comunión, en un
dialogo íntimo con Dios...
A nadie debería sorprenderle que
un local al cual se le llama Capilla de
Adoración tenga el exclusivo propósito
de adorar a Dios. El mismo nombre ya
lo dice. Donde hay que poner un aviso
pidiendo silencio es evidente que por
allí no se tiene una percepción muy
clara de lo que es sagrado, santo.
Percibo la existencia de una
extendida incertidumbre cuanto al
entendimiento del acto de adorar. Los
católicos no le rendimos culto de
214
adoración a nadie más que al Dios
Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
cuya condición de santidad total es
divina ( culto de latría).
A la Virgen María no le adoramos,
¡y eso que se trata de la mismísima
Theotokos (la madre de Dios)! Esto se
da independiente de su singular estado
de gracia y de santidad, y la única razón
se debe a que no posee aquella
divinidad que le es inherente solo a
Dios; Ella también es criatura suya.
Cuanto a los santos en general y a los
ángeles, se les venera (proskynesis
timetiké = culto de dulía; y solo a San
José de protodulía ). A diferencia de
estos, a la Virgen María se le rinde culto
215
bajo una forma de veneración suprema,
la hiperdulía.
Dios crea el universo dándonos la
existencia, nos concede el uso de
atributos suyos acordes con su imagen y
semejanza (inteligencia, libertad,
voluntad, gracia), atiende nuestras
oraciones de petición, realiza milagros,
nos transmite Su Palabra, se hace
hombre para rescatarnos cuando ya no
queda otro remedio para librarnos del
pecado original y nuestra terca
reincidencia en el error… y una
interminable lista de otras cosas que Él
hace.
Sin duda alguna podemos agradecer por
todas esas cosas en el momento en que
216
le estamos adorando, pero no hay que
olvidar que todas esas cosas no son Él
propio, sino que cosas que Él hace, son
cosas que Él nos las da. En mi entender
ese reconocimiento, agradecimiento,
podría ajustarse todavía más
afinadamente en la oración de acción de
gracias que en la de alabanza, o, durante
la adoración. Estas son palabras de San
Pedro Julián Eymard, llamado el
Apóstol de la Eucaristía: “El verdadero
secreto del amor es olvidarse de sí
mismo, como el Bautista, para exaltar y
glorificar al Señor Jesús. El verdadero
amor no mira lo que él da sino aquello
que merece el Bienamado” .
En la adoración debemos
enfocarnos más en lo que Él es que en
217
lo que Él hace. Más en lo que Él es por
lo que Es, que en aquello que podemos
recibir de Él.
¿Y entonces qué es Dios?
Dios es inexplicable. Cuando alguien
dice poder explicar qué o cómo es Dios
dice San Agustín que entonces ese no es
Él.
Pero hay algunas cositas que sí,
nos podemos atrever a percibir porque
se nos han sido transmitidas por Dios
mismo en la Revelación: Dios es un ser
y no “algo” o una “cosa”, que su ser es
trinitario, y con eso es Padre, es
Espíritu, es Verbo e Hijo - Jesús; es
Santo, es infinito, eterno, omnipotente,
omnisciente, es la vida, la verdad y la
218
luz, es el bien, la belleza, inteligencia y
razón, libertad, voluntad… y eso todo
en una condición absoluta, total e
inmutable. ¡Es el Dios de las Legiones
(Sabaoth)!
A esta lista de atributos cada uno
de nosotros podría seguir creciéndola
hasta no terminar más, pero, solo con
esto ya encontramos suficientes razones
para adorarLe por lo que Él es.
En cada tiempo de adoración que
Le ofrezcamos podemos dirigirnos a Él
en su todo o enfocarnos en uno o en
varios de esos atributos suyos, pues
cada uno de ellos es infinito e inmutable
en Él y en su todo.
219
Le es imposible a la mente e
imaginación humanas concebir y
visualizar la transcendencia del infinito
y la eternidad invisibles [Jn 1:18; 1 Jn
4:12]. La solución para superar esa
barrera nos la ha dado el mismo Dios,
cuando de la Encarnación. Podemos
ver a Jesús, el Mesías, Dios hecho
hombre a quien sí que le podemos ver
[Jn 14:9].
Los siete dones del Espíritu Santo
recibidos con el sacramento del crisma
(la confirmación) nos ayudan
sobremanera a predisponernos para ese
momento de comunión intima con
nuestro Creador, nuestro Padre. Pero la
invocación de dos de esos dones en
220
particular, el de Temor y el de Piedad,
actúan como verdaderos atajos para
conseguir ese diálogo.
Solo con quedarse frente a un
tabernáculo o custodia que ostente una
hostia consagrada apenas apreciándola
no significa necesariamente que se esté
adorando a la Presencia Real de
Jesucristo. Desde que respetuosa y
dignamente, está muy bien hacerlo y
nada hay de extrañar en eso. Sin duda
alguna que es una experiencia muy
gratificante, solo que no se trata,
necesariamente, de un acto de
adoración. Consta que San Juan María
Vianney de Griñón (el Cura de Ars) lo
hacia muy a menudo… y terminó en
los altares.
221
Y también, solo en quedarse uno
expuesto a su santa presencia, además
de ser un sublime privilegio nos es
beneficioso, conforme lo pone San
Alfonso María Ligorio, Doctor de la
Iglesia, "Jesús en el Sacramento es esta
fuente abierta a todos, donde siempre
que queramos podemos lavar nuestras
almas de todas las manchas de los
pecados que cada día cometemos."
Cierta vez cuando visité una
capilla de adoración estaba allí un grupo
rezando el rosario, hasta entonces allí
no había nadie además de ellos, y lo
hacían en voz alta.
222
Una de las personas que llegaron
poco después mío, cortésmente les pidió
si podrían mantener silencio debido al
sitio en que nos encontrábamos. El
escándalo no se hizo esperar. Uno de
los del grupo tomó la voz y argumentó
que ellos habían llegado primero, y que,
además, nada malo había en rezar el
rosario.
Mi observación al respecto es la
siguiente: en primer lugar, el supuesto
“derecho” invocado por haber llegado
antes es algo insensato. El acceso a
cualquier sagrario es idéntico para todos
los fieles independiente de la orden de
llegada, no funciona como la cola de un
supermercado, del banco o del autobús.
223
Todos sabemos por experiencia propia
que hasta una conversa en susurro entre
dos de los presentes le perturba a quien
está procurando concentrarse en su
propia oración o meditación. Y lo peor,
me pregunto si esa persona del grupo
realmente se creería en la Presencia
Real debido a su reacción en frente al
Señor Sacramentado. Y, además, hay
muchos otros lugares en que también se
puede rezar el rosario en grupo.
San Pedro Julián Eymard
acostumbraba dividir el tiempo de
adoración de su Hora Santa en cuatro
cuartos de quince minutos cada uno:
Adoración; Acción de gracias;
Reparación e Intercesión.
224
Custodia-tabernáculo en la Capilla de Adoración
de la Catedral de Gibraltar
En realidad, no existen “reglas”
sobre como proceder en nuestra visita a
Jesús Sacramentado; pero humildad y
respeto son de sentido común. No
obstante, por tratar esta sección sobre
225
una reflexiva forma de relacionarnos
con lo sagrado, me gustaría - a título
solo de sugerencia- presentar una
fórmula contenida en la agenda que
anualmente es editada y repartida por
nuestra Diócesis. La transcribo a seguir
(traducción propia del original en
inglés) :
“La Adoración frente al Sagrado
Sacramento es una de las más
poderosas formas de oración. Estar en
la presencia de Jesús Eucarístico es ya
per se la mayor de las oraciones.
Actualmente mucha gente viene
encontrando en la Adoración una
experiencia muy enriquecedora. No
apenas descubrimos que podemos
exaltar y alabar a Jesús viviendo y
226
amándole en la Presencia Eucarística,
sino que, realmente, notamos como la
plenitud de su presencia se hace en
nuestras vidas. Lo que ofrecemos
cuando venimos a la Adoración es nada
si comparado a lo que acabamos
recibiendo. La Adoración es la
extensión de aquel Perfecto Sacrificio
de Alabanza ofrecido en el Altar. No es
Dios quien necesita de nuestra oración,
sin embargo, alabándole somos
nosotros quienes crecemos en santidad.
Una hora frente al Santísima
Sacramento:
A principio, estar orando por una
hora podría parecer demasiado,
entretanto para muchos ese tiempo
resulta ser sorprendentemente corto.
227
Solo adentrándose en la oración se
descubre que la compañía de Jesús es la
mejor compañía que puede haber.
Existen muchas maneras de orar. Cada
persona encontrará la suya propia de
alcanzar la Paz en su afecto:
Acto de Presencia (2 min.): Toma un
tiempo para predisponerte y a entrar en
la Presencia de Jesús;
Adoración (5 min.): Adórale. ¡Dile
como Le amas! Advierte su presencia
en la Hostia;
Acción de Gracias (5 min.): Agradécele
por tu familia, amistades y las demás
cosas que hacen parte de tu vida;
228
Examen de consciencia (5 min.):
Revisa (con Él) como has actuado
últimamente, faltas, errores, pecados…;
Arrepentimiento (5 min.): ruega por su
Misericordia y Paz (¿porque no
recitarle una letanía? Ej. – al Sagrado
Corazón;
Necesidades de la Iglesia (5 min.): por
la Iglesia (de la cual Él es cabeza), el
Papa, Obispos, Sacerdotes;
necesidades de la Iglesia y del mundo;
Necesidades propias (5 min.):
personales, conyugue, niños, familia,
hogar, trabajo;
229
Lectura de las Escrituras (10 min.): Lee
su Palabra, óyele, qué es lo que te dice
Él;
Agradecimiento (3 min.): Agradécele
por su Presencia y su Palabra, ¿ahora,
que piensas hacer de esto?
Análisis de la experiencia (5 min.):
¿Como te ha transcurrido esta hora?
¿cómo has llevado las distracciones?
Etc.;
Resoluciones (5 min.): Posiblemente
esta Hora Santa te ayude a tomar
decisiones: relacionamientos etc.”
230
Observando con detenimiento nos
damos cuenta que en la lista sugerida
por la Diócesis de Gibraltar -aun que de
forma más fragmentada- también están
incorporados los cuatro pasos seguidos
por San Pedro Julián.
Agradecería mucho que no se
malinterpretara lo que voy a decir. Yo
no acostumbro ir a la Capilla de
Adoración -sitio ese exclusivamente
creado para la exposición del
Santísimo- para practicar lectura
bíblica, rezos de novenas, rosarios de
distintas devociones y otros, estudiar el
Catecismo o cualquier otra cosa que no
iría a hacer si Él se me manifestase en
una aparición en su cuerpo resucitado
para tener una conversa conmigo (se
231
trata del mismísimo Jesucristo de la
Presencia Real en la hostia consagrada.)
Entiéndase que no estoy criticando
a quienes las hacen, pues todas esas
cosas que he mencionado son buenas,
loables y agradables a Dios. Yo
también las practico, pero las dejo para
otras ocasiones que, en mi caso, las veo
más adecuadas y propicias. Suelo
mantener mi momento frente al sagrario
para aprovechar todo lo que pueda de
Él, y sólo Él.
Dice todavía San Alfonso María
Ligorio "Así como Jesucristo está vivo
en el cielo rogando siempre por
nosotros, así también en el Santísimo
Sacramento del altar, continuamente de
232
día y de noche está haciendo este
piadoso oficio de abogado nuestro,
ofreciéndose al Eterno Padre como
víctima, para alcanzarnos innumerables
gracias y misericordias." Esas palabras
me han hecho pensar mucho y repetirlas
preguntándome ¿”con qué me quedo yo
ocupado” en el sagrario mientras Él
está continuamente haciendo el piadoso
oficio de abogado mío, ofreciéndose al
Eterno Padre como víctima, para
alcanzarme innumerables gracias y
misericordias?
Es esa la misma razón por la cual
no se llena las Capillas de Adoración
con imágenes de santos, pues estos
locales son consagrados al Señor, y allí
la única presencia que realmente debe
233
contar es la Suya. Igualmente, nadie se
queda venerando a santos frente a sus
imágenes en las paredes laterales de una
iglesia o rezando el rosario en el mismo
momento en que Jesucristo en persona
se está haciendo presente en el altar
principal durante la Misa. Y no hay
diferencia entre aquella hostia
consagrada del altar y la expuesta en la
Capilla de Adoración.
Solo estoy contando como lo hago
yo, no estoy sugiriendo que los demás
debiesen hacer lo mismo, podría no
funcionarles. No es más que una
invitación a reflexionar. La forma de
cada uno relacionarse con Dios es muy
personal y cada cual debe encontrar el
modo que mejor se le ajuste.
234
He presentado esa fórmula
esencialmente cristocéntrica ofrecida
por mi Diócesis porque atiende al 100%
la necesidad de aquellos que, tal como
en mi caso, quieren todo el tiempo
frente a la Presencia Real para mantener
una especie de “dialogo personal
silencioso” con Él. ¡Pueden hasta
derrumbarse las paredes y uno no lo
nota!
He dicho que no acostumbro llevar
rezos o la Biblia a la Capilla de
Adoración. En tiempo, y para no pasar
por mentiroso, debo confesar dos
excepciones: cuanto a los rezos sí,
algunas veces me dedico a algunos,
pero siempre que estén directamente
235
relacionados a Él propio, por ejemplo,
el Trisagio a la Santísima Trinidad. No
tendría el menor reparo en rezárselo a Él
mismo si se me manifestara en su
Gloria.
Y más, sería un verdadero sueño
oírle a Él ir interactuando conmigo
respondiéndome personalmente que
“sí”, que “está bien” a cada petición de
la oración.
La otra excepción es la de la
Biblia. Ya he llevado la Biblia cuando
tuve una gran dificultad en entender un
determinado pasaje, para que Él mismo
me ayudase a comprenderlo. Otra cosa
que he hecho un par de veces fue
emplear un tiempo con la Lectio Divina,
236
la cual, como es sabido, consiste en un
método de oración según se lee
repetidamente un fragmento de las
Sagradas Escrituras, escuchando y
meditando lo que ellas dicen (Él, la
Palabra), e interpretando ¿qué me quiere
decir Él? Decididamente no se trata de
una lectura-monólogo.
Pudiera haber habido una tercera
excepción, sobre el Rosario, si hubiese
sido el caso y dándose la ocasión.
Estando una vez en el Santuario de
Lourdes aprendí que San Juan Pablo II
explicó que esta oración es
esencialmente cristocéntrica [*9].
Mi Diócesis no dice que “hay que
hacer” las cosas de estos modos y yo
237
menos que menos. Repaso lo que
advierte la Diócesis en la misma
presentación de la lista: Cada persona
encontrará la suya propia de alcanzar
la Paz en su afecto.
Lo comparto apenas como un recurso
más disponible.
El título Lectura de las Escrituras,
conforme aparece en la lista, es una
traducción literal del original en inglés.
(Otra traducción pudiera haber sido
“Lectura bíblica”, pero preferí evitarlo
para no confundir con el estudio bíblico,
al cual también se relaciona).
De cualquier modo, podemos notar
que la descripción dada para Lectura de
238
las Escrituras se asemeja a la de la
Lectio Divina.
Y aprovechando que todavía
estamos en el tema de la adoración y la
Presencia Real quisiera intentar
ayudarle a algunas personas que
encuentran dificultad en aceptar que
fuese posible que Cristo se haga
presente en una hostia por el hecho de
que no consiguen ver más que una
“galletita blanca” de harina y que por
falta de conocimiento se pudiese
pervertir su fe en la Presencia Real.
Aunque si la fe de la persona es
una fe genuina, esta no debiera tener
dudas cuanto, a la capacidad de Dios en
hacer milagros, pues es el mismo que
239
creó y trajo el universo y la vida a la
existencia desde Su eternidad; cosa
mucho más compleja y difícil que
simplemente transubstanciar una
galletita. “(…) dichosos los que no han
visto y han creído.” [Jn 20:29]
Eso es muy común cuando la
persona se deja atraer y enfocarse en el
objeto equivocado. Lo explico: es
imposible verse algo invisible como es
la substancia de las cosas materiales.
Igual pasa con cualquier signo
sacramental: por ejemplo, cuando se
ve mojar la cabeza del bebé en el
bautismo no se puede “ver” lo que le
está realmente aconteciendo al alma del
niño por obra de Jesucristo y acción del
240
Espíritu Santo. No se puede ver al
pecado original siéndole removido o el
sfragis siéndole impreso en su ser. Si el
lector desea entender mejor donde en la
“galletita blanca” se sitúa Jesucristo de
una forma extremamente admirable le
recomiendo no dejar de leer la nota [*10
- Accidente vs. Substancia].
El Adoro te devote de Santo Tomás
Aquino es una de las más preciosas e
inspiradoras oraciones sobre la
Presencia en la forma eucarística. Se la
puede orar meditando y también
meditarla orando. ¡Vaya experiencia!
“Te adoro con devoción, Dios
escondido, oculto verdaderamente bajo
estas apariencias. A Ti se somete mi
corazón por completo, y se rinde
241
totalmente al contemplarte. Al juzgar de
Ti, se equivocan la vista, el tacto, el
gusto; pero basta el oído para creer con
firmeza; creo todo lo que ha dicho el
Hijo de Dios: nada es más verdadero
que esta palabra de verdad. En la Cruz
se escondía sólo la Divinidad, pero aquí
se esconde también la Humanidad;
creo y confieso ambas cosas, y pido lo
que pidió aquel ladrón arrepentido. No
veo las llagas como las vio Tomás, pero
confieso que eres mi Dios: haz que yo
crea más y más en Ti, que en Ti esperé y
que te ame. ¡Oh memorial de la muerte
del Señor! Pan vivo que das vida al
hombre: concede a mi alma que de Ti
viva y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
242
de la que una sola gota puede liberar de
todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te
ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara, sea
yo feliz viendo tu gloria. Amén.”
Termino este capítulo con las
mismas preguntas con que lo he
iniciado: ¿De que modo
acostumbramos relacionarnos con lo
sagrado? ¿Como percibimos las cosas
sagradas? ¿Que es sagrado bajo nuestro
entender? ¿Cuál es, entonces, nuestra
actitud frente a lo que entendemos por
sagrado?
243
Ese abordaje de algunos teólogos y
clero progresista de que “Jesús es tu
hermano, tu amigacho, tu colegui, tu
compa, tu socio, tu compañero etc…, no
le tengas miedo; háblale de tú-a-tú, de
igual para igual…” destruye el poder
de la oración y la buena relación con
Dios. En cambio, San Juan Bautista -
siendo quien era- decía “no soy digno
de llevarle las sandalias”. [Mt 3:11]
La irreverencia y la intimidad
vulgar no le ayudarán a nadie para
acercarse a Dios. Jesús no era
irreverente y menos todavía vulgar…
El principal argumento de esos
gurúes pseudo cristianos es que de ese
modo “se atrae más fieles mediante un
244
mensaje más atractivo”. Aconsejo a no
creer en esas bobadas. Como si
Jesucristo necesitara de una platea…
Veo todas esas cosas más como obra del
demonio que de capacitados
orientadores en la fe.
Hemos visto en el ámbito seglar
cuanto ese tipo de cosas ha venido
demoliendo hasta la misma relación
entre padres e hijos carnales, y en
consecuencia corrompido la estructura
de las familias.
En el ámbito de la fe puede verse
afectada sobremanera la relación filial
con el Padre, con la pérdida del respeto
y la debida reverencia hacia lo sagrado.
Coopera al distanciamiento de Dios. La
245
blasfemia y el sacrilegio suelen ser el
próximo paso; nunca aparecen sin más
razón y de la noche a la mañana.
Pues bien, nuestra actitud frente a
lo sagrado dependerá siempre de como
lo percibamos. Consecuentemente es
eso lo que condicionará el modo de
relacionarnos con Dios y sus cosas. La
oración como principal de ellas.
Encontré en Internet un excelente
artículo, que dentro de un contexto
apropiado ilustra lo que intento explicar.
Este es:
246
Lo sagrado y lo profano en la
música litúrgica.
"Lo sagrado está compuesto por
cosas, por criaturas, que ponen en
contacto con Dios. Estas cosas en
origen han tenido con frecuencia una
utilidad práctica inmediata. Así, la
casulla y demás vestiduras litúrgicas
fueron al principio prendas de vestir
normales. Pero cuando asumieron un
carácter sagrado experimentaron una
separación de lo cotidiano, de lo
profano. Nadie va por la calle vestido
con una especie de túnica de un color
distinto según el día que sea. Pero el
sacerdote en la liturgia sí. El cáliz en
origen no es más que una copa para
beber. Pero una vez que la fe católica
247
entiende que esa copa va a contener la
Sangre de Cristo recibe un tratamiento
especial: se la separa, se elabora con
un material especial, etc. Esa copa, ese
cáliz, ya sólo se usa para la función
sagrada, y para nada más. Igual que la
casulla. Lo contrario resulta impropio e
incluso ofensivo.
La relación respecto a lo sagrado y
lo profano ha tenido diversas
aproximaciones. La Iglesia, tanto en
Oriente como en Occidente, siempre ha
defendido enérgicamente lo sagrado en
su liturgia. Por el contrario el
protestantismo, sobre todo en sus ramas
más radicales, ha tendido a rechazar lo
sagrado. Pide que el altar sea una mesa
normal, el cáliz una copa normal, el
248
atuendo del celebrante una ropa
normal, etc. Esto nos puede sonar a
todos. La fuerte tendencia
protestantizante que de facto abundó en
los años posteriores al Concilio
Vaticano II iba en esta misma línea.
El rechazo de la música sacra es
parte del mismo problema. Donde con
más intensidad se rechazó todo atisbo
de música sagrada (canto gregoriano,
sonido del órgano de tubos, etc.) fue en
los contextos litúrgicos donde abundó
el desdén hacia lo sagrado en todo lo
demás.(...)"
Raúl del Toro
Fuente:
[Link]
249
p/1309290954-lo-sagrado-y-lo-profano-
en-la
250
LA MISERICORDIA DE
DIOS Y LA
PERMISIVIDAD
RELATIVISTA
La apocatástasis y la Sola Gratia
de Lutero.
En "Charlas de Sobremesa" consta una
enseñanza de Lutero en la cual él
recomienda a sus seguidores a pecar. Y
a "pecar mucho, porque a Dios le gusta
perdonar".
Esas palabras no me las estoy
inventando, las cuenta Hartmann
Grisar, un amigo intimo y biógrafo
suyo.
251
Bien podría haber sido esa idea
equivocada con respecto al Amor,
misericordia y el perdón de Dios, que le
haya hecho llegar a las conclusiones
para elaborar su doctrina de la Sola
Gratia.
No hay duda de que la Gracia es un
don que solo Dios nos puede dar. Dios
nos la da gratis, pero vuelvo a decirlo…
¡Él no es tonto!
Pero alimentar la creencia de que
con el mal obrar y el pecado vamos a
ser salvados es de mucha ingenuidad.
252
La apocatástasis y la Nueva Era
Hasta a adeptos de la Nueva Era ya
los oí invocar la infinita misericordia de
Dios. El mayor problema con ese
movimiento gnóstico es el sentido que
le atribuyen a cada palabra relacionada
con la doctrina de la fe católica.
Las palabras -tal como en toda
secta gnóstica nos "suenan bien" debido
al sentido original propio cristiano por
el que las tomamos nosotros, pese al
significado que realmente les dan ellos
sea totalmente distinto.
Y con eso quienes carecen de una
razonable formación terminan
embaucados por la trampa y simpatizan
253
con ese movimiento de la "paz y el
amor", cuando, dígase de paso, esos
conceptos de "paz" y de "amor"
tampoco nada tienen que ver con los de
la moral y doctrina cristianas...
Conforme la línea de orientación
que algunas de sus expresiones siguen,
hasta los perros pueden llegar al cielo.
No me puedo imaginar creencia más
repugnante que aceptar que Cristo
hubiese pasado por su pasión por los
perros (aún que me gusten esos
animalitos) .
Estos hacen recordar de cerca a
Orígenes, el precursor de esa herejía,
según la cual santos y pecadores al final
de los tiempos volverán igualmente a
254
estar en comunión con Dios, incluidos
los demonios. Se trata de una verdadera
ofensa y desprecio por la pasión de
Jesucristo, la justificación y la santidad.
Bartimeo clama por misericordia a
Jesús, porque pese a su ceguera "sabe"
que Jesús es el Mesías, pues le llama
Hijo de David. Pide por la Misericordia
de Dios. [Pc 21:5-19; Mc 10:46-52; Mt
20:29-34].
Según los últimos avances de una
"progresía" que ha venido asolando la
Iglesia, se puede ahora oír con más
frecuencia que la Misericordia de Dios
"lo perdona y soluciona todo"
independientemente de como cuán
255
alejado de la Gracia uno decida vivir y
obrar.
La idea de un Dios permisivo y
cómplice del mal-obrar sería una ofensa
y traición del mismísimo Padre a la
Pasión de Su Hijo Jesucristo.
El relativista se atreve a interpretar,
juzgar y "corregir" por cuenta propia el
camino de santidad instituido por el
Señor. Lo más nefasto es que contribuye
a desviar a los demás del verdadero y
único camino de salvación, que es Jesús
[Jn 14:1-6; ].
Creo no estar demás repetirlo aquí:
“Hipócritas, bien profetizó de vosotros
Isaías cuando dijo: Este pueblo me
256
honra con los labios, pero su corazón
está lejos de mí. En vano me rinden
culto, ya que enseñan doctrinas que son
preceptos de hombres.” [Mt 15: 7-9]
257
DISTINTAS MANERAS DE
ORAR
En primer lugar, antes de empezar
un tiempo de oración no estaría demás
tener clara la finalidad, el propósito que
pretendemos cumplir con nuestra
oración.
Empezar a rezar sin tener una clara
intención puede fácilmente derivar en
una habladuría vacía y frívola de la cual
habla Jesús... [Mt 6:7]. Un palabreado
mecánico sin sentido para nosotros y
para Dios resultaría en pretender entrar
en el ámbito de lo sagrado por falta de
otra cosa que hacer en ese momento, o
sea, para nada.
258
Además, eso está lejos de ser un
verdadero acto de amor dirigido a Dios
o de fe en cosa alguna, y peor todavía:
conforme las circunstancias podría hasta
llevar a pecar contra el segundo
Mandamiento [CIC #2111, 2142].
Seria conveniente por eso tomarse
antes el cuidado de pensar y decidir qué
es lo que se pretende, para poder
entablar la relación con lo sagrado en la
forma más digna y reverente.
Sin embargo, nada de eso impide
que en determinadas situaciones uno
responda a un eventual arrebato con una
oración espontánea y sincera, salida del
fondo del alma. Tampoco hay la
259
necesidad de "hacer planes" para poder
hablar con Dios.
Cuando digo "tener clara la
intención" de lo que se pretende con la
oración no me estoy refiriendo a
planificar los detalles de lo que se desea
pedir u obtener de Él, pues Él sabe
mejor y antes que nosotros mismos lo
que necesitamos [Mt 6:8].
Eso lo hacemos solo por y para nosotros
mismos, para ayudarnos a mantener el
foco y no perdamos el rumbo con
devaneos que se interpongan en el
momento de nuestra comunión con el
Padre.
Me refiero a tener claro para
nosotros si a lo que vamos a dedicarnos
260
en ese momento es alabarle, suplicarle
por algo, agradecerle, interceder por
alguien, hacer reparación por algún
hecho o cualquier otra cosa que se nos
salga sinceramente del corazón.
Y eso ya basta. No hay que
"planear" todo lo que se desea y en la
forma en que se desea. No hacen falta
los detalles; sería un error querer decirle
a Dios "como" queremos que actúe,
pues como ya habíamos visto y
conviene no olvidar Él sabe mucho
mejor que nosotros mismos lo que nos
conviene, cuando y de que forma
dárnoslo [Pc 11:11].
Habiéndole pedido al Padre que
nos envíe al maestro de oración, el
261
Espíritu Santo, estaremos listos para
consagrar nuestro tiempo a la oración,
no olvidando que para todo siempre
habrá que pedir, y en el nombre de
Jesús.
262
CLASIFICACIÓN DE LA
ORACIÓN CUANTO A SU
FORMA DE EXPRESIÓN
“La tradición cristiana ha
conservado tres modos principales de
expresar y vivir la oración: la oración
vocal, la meditación y la oración
contemplativa. Su rasgo común es el
recogimiento del corazón.” [CCIC
#568]
LA ORACIÓN VOCAL
“La oración vocal asocia el
cuerpo a la oración interior del
263
corazón; incluso quien practica la más
interior de las oraciones no podría
prescindir del todo en su vida cristiana
de la oración vocal. En cualquier caso,
ésta debe brotar siempre de una fe
personal. Con el Padre nuestro, Jesús
nos ha enseñado una fórmula perfecta
de oración vocal.” [CCIC #569]
LA MEDITACIÓN
Durante este último siglo la
civilización occidental ha venido siendo
asolada por una verdadera avalancha de
prácticas orientalistas, esotéricas,
mentalistas, espiritualistas,
264
presuntamente “mágicas” y de la new
age. Cada cual sembrando sus propias
“técnicas de meditación” para
relajamiento y bien estar, meditación
transcendental, sintonía con las
vibraciones cósmicas, o, hasta mismo
prometiendo el alcance de estados
superiores de consciencia, “limpieza de
aura” y curaciones, viajes astrales y
cosas así. Pero ese es solo su “portal”
de entrada.
Esas prácticas no suelen venir
desacompañadas; invariablemente son
el “caballo de troya” del movimiento al
cual pertenecen.
En prácticamente su totalidad están
de alguna forma relacionadas con el
265
ocultismo. Poco a poco para no
alarmar, van siendo sutilmente
presentadas unas imposiciones de
manos y manipulaciones para transferir
energías, meditaciones para el
vaciamiento de la mente, vocalización
de mantras e invocaciones para
estimular vibraciones y regiones
corporales.
Todas estas cosas habitan en lo
preternatural, y sobre eso ya vimos de
que se trata y los riesgos que conlleva.
Otro denominador común que tienen es
que son todas egocéntricas, en ellas la
caridad, el amor a Dios y al prójimo no
existen. De todos esos movimientos el
más inocuo es el budismo, considerado
una religión en la que no hay dios.
266
La palabra “meditación” ha venido
sufriendo un abuso progresivo, cuya
interpretación falaz le ha venido
abriendo las puertas que los gobiernos
le habían cerrado al cristianismo. Es
difícil hoy día ver universidades,
institutos e instituciones públicas en
donde no se hagan presentes algunos de
esos movimientos, siendo el yoga el
más común.
“…y cuando le dije al gurú
(Maharishi Mahesh Yogi) que los
europeos hacían yoga para ‘relajarse’
él tuvo un ataque de risa…”. Estas
palabras son del fue el secretario
personal de ese famoso gurú
(Maharishi) que en su día los Beatles
267
promocionaron y trajeron a occidente.
[Link] se reconoce culpable de
haber difundido el yoga en occidente
durante dos décadas. Hoy cuenta su
experiencia con lo oculto por detrás de
todo ello. Se puede encontrar un video
en varias lenguas con su testimonio en
YouTube, en el video “Gurú, médium o
Jesús”. No nos dejemos engañar por
“los cantos de sirena”.
La meditación conforme los cristianos
hemos practicado en nuestra fe desde
los más remotos tiempos nada tiene a
ver con esas cosas. Es toda orientada a
Dios y a su Gloria:
“La meditación es una reflexión orante,
que parte sobre todo de la Palabra de
Dios en la Biblia; hace intervenir a la
268
inteligencia, la imaginación, la
emoción, el deseo, para profundizar
nuestra fe, convertir el corazón y
fortalecer la voluntad de seguir a
Cristo; es una etapa preliminar hacia la
unión de amor con el Señor.” [CCIC
#570]
LA CONTEMPLACIÓN
“La oración contemplativa es una
mirada sencilla a Dios en el silencio y
el amor. Es un don de Dios, un momento
de fe pura, durante el cual el que ora
busca a Cristo, se entrega a la voluntad
amorosa del Padre y recoge su ser bajo
la acción del Espíritu. Santa Teresa de
Jesús la define como una íntima
269
relación de amistad: «estando muchas
veces tratando a solas con quien
sabemos que nos ama». [CCIC #571]
270
LA CLASIFICACIÓN DE LA
ORACIÓN SEGÚN SU
FINALIDAD
Según su propósito la oración se
puede clasificar en cuatro tipos de
propositos: de petición, intercesión,
acción de gracias y de alabanza.
LA PETICIÓN
El catecismo nos explica que
“Mediante la oración de petición
mostramos la conciencia de nuestra
relación con Dios: por ser criaturas, no
somos ni nuestro propio origen, ni
271
dueños de nuestras adversidades, ni
nuestro fin último; pero también, por
ser pecadores, sabemos, como
cristianos, que nos apartamos de
nuestro Padre. La petición ya es un
retorno hacia Él.” [CIC #2629]
¿Podría ser el Catecismo más claro,
expresivo en la descripción que hace de
nosotros?
Primero, conforme le pidamos a Dios
que supere nuestras limitaciones e
impotencia ya vamos dejando claro la
manera por la cual pretendemos
relacionarnos con Él;
Después de concienciarnos de la
situación en que nos encontramos, ¿que
272
nos parece más razonable: insistir en
actuar apartados contando solo con
nuestras capacidades humanas o
pudiendo contar con la ayuda de Dios?
La petición nos reconduce a Él. Con
ella somos llevados justamente a lo que
Él está siempre esperando de nosotros,
nuestra respuesta en una relación filial
junto a Él.
Esa es una de las razones por las
que el Catecismo nos explica que la
oración viene de Él, y que por eso ya
existe antes de que la hagamos. Y
Jesucristo no se ha cansado de repetir:
“pedid y se os dará”, pero hay que
pedir.
273
¿Y que se le puede pedir a Dios?
De todo, al final Él es Padre. Y además
Jesucristo nos dice que Él es ¡bueno!
Ahora, Jesucristo no diría lo
siguiente, pero lo digo yo por mi cuenta
y enésima vez: Él no es tonto.
Seria absurdo querer hacer de Dios
nuestro sirviente o secretario, esperando
que Él fuese a substituirnos para
ejecutar también nuestra parte de la
acción necesaria. ¡Como dice el viejo
refrán de la Iglesia, “!Orando y con el
mazo dando!” (ora et labora).
274
En mi caso particular, cuando era
joven no sabia pedir… y me
decepcionaba en las veces que no me
sentía atendido. Como es muy común
en esa fase temprana, estaba más
interesado en tener que en ser.
Ahora, “siendo” ya algo más de lo
que era por aquel entonces, y, mirando
para atrás, pude comprender de todo el
desastre que me había librado Dios al
no darme lo que pedía. Pensaba por
aquel entonces estar pidiendo panes,
peces, huevos… Pero ahora veo que en
realidad le pedía por “piedras,
serpientes y escorpiones”. [Lc 11:11-
13]
275
Ahora sigo pidiendo siempre, pero
solo por aquellas cosas que se escapan
de mi capacidad, control o alcance.
Todo lo demás trato de hacerlo por mi
cuenta, Él me ha dado inteligencia,
libertad, voluntad y un cuerpo que me
proporcionan las condiciones para
ganarme el pan de cada día con el sudor
de mi frente. Seguramente Él no
contribuirá para que yo me convierta en
un vago.
“La oración de petición tiene por
objeto el perdón, la búsqueda del Reino
y cualquier necesidad verdadera.”
[CIC #2646]
276
LA INTERCESIÓN
“En la intercesión el que ora busca
“no su propio interés sino el de los
demás” [Flp 2,4] [CIC #2635]
“Las primeras comunidades
cristianas vivieron intensamente esta
forma de participación (cf Hch 12, 5;
20, 36; 21, 5; 2 Co 9, 14). El Apóstol
Pablo les hace participar así en su
ministerio del Evangelio (cf Ef 6, 18-20;
Col 4, 3-4; 1 Ts 5, 25); él intercede
también por ellas (cf 2 Ts 1, 11; Col 1,
3; Flp 1, 3-4). La intercesión de los
cristianos no conoce fronteras: "por
todos los hombres, por todos los
constituidos en autoridad" (1 Tm 2, 1),
277
por los perseguidores (cf Rm 12, 14),
por la salvación de los que rechazan el
Evangelio (cf Rm 10, 1).” [CIC #2636]
La oración de intercesión por el
prójimo es, sin duda, una forma de
expresar el amor fraternal. Imagino que
este tipo de oración debe dejarle a Dios
inmensamente contento porque verá
cumplido su deseo de que le busquemos
como hijos suyos y al mismo tiempo
cumpliendo el mandato de Jesucristo
para que nos amemos los unos a los
otros.
Lo que se pida para alguna otra
persona Dios lo tendrá siempre en
cuenta de modo a no interferir en la
libertad de aquella, de que esté o no en
278
su voluntad lo que otros pidan para ella.
Por ejemplo, aun que sea cosa
buenísima yo no puedo pedirle a Dios
que Juanito deje la bebida. Dios no me
atenderá porque le dio a Juanito una
libertad que Él no violará.
No obstante, le podré pedir a Dios
que le ilumine y dé entendimiento (y
más que todo, sabiduría), que le dé
fortaleza, le favorezca con ocasiones
apropiadas, con oportunidades o medios
que le ayuden a tener éxito… si él así lo
decide. Lo más importante es que si
Juanito lo “asiente” conseguirá librarse
de la bebida con toda seguridad porque
los dos, él y Dios así lo quieren.
279
Otro caso. Una pretensión absurda
de intercesión sería pedir algo en contra
de otros. Por ejemplo, pedirle a Dios
que haga con que mi equipo de fútbol le
gane al adversario. Pues los jugadores
del equipo adversario son tan hijos de
Dios cuanto los de mi equipo y
seguramente Dios jamás tomaría partido
de unos hijos suyos en contra otros.
Esto para no hablar de la ingenuidad de
pretender “usar” a Dios para tamaña
futilidad.
Me llamó mucho la atención este
particular cuando cierta vez vi a un
reportero preguntarle a un jugador
sudamericano después del partido: “He
notado antes del juego que te has
santiguado al entrar en campo.
280
¿Rezabas para ganar el partido? Puedo
decir que la respuesta del jugador fue
magistralmente catequética: “No, eso
sería inútil. Además, estas no son
cosas para llevarle a Dios. Deporte es
deporte y estas cosas hay que
resolverlas en campo sino no tienen
valor. Yo rezo siempre para pedirle a
Dios que el partido sea justo y que
nadie salga lastimado”.
Hay también una otra cosa muy
importante con relación a la oración de
intercesión.
Cuando alguien pide y se acepta o
promete orar por esa o alguna otra
persona hay que cumplirlo.
281
En primer lugar (y lo principal), porque
como ya hemos visto, la oración le
pertenece a Dios y estará esperando al
orante con su “ respuesta” a ella.
Jamás se debe prometer en vano.
Y, luego, si no se lo va a poder hacer lo
mejor es decirle claramente a la persona
que no se va a poder asumir ese
compromiso por las razones que sean.
La persona que pide, (porque necesita
de esa oración de intercesión) debe
saberlo y tener la oportunidad de buscar
ese amparo en cualquier otro lugar.
Muy probablemente, la razón de haber
pedido esa ayuda ha sido la confianza
en las palabras de Jesús:
282
“Os aseguro también que si dos de
vosotros se ponen de acuerdo en la
tierra para pedir algo, sea lo que fuere,
lo conseguirán de mi Padre que está
en los cielos. Porque donde están dos o
tres reunidos en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos.” [Mt 19:20]
Y, por la misma razón, tampoco se
debe hacer lo que llamo promesas de
“oración-solo-para-caer-simpáticos” .
No es raro verse que al despedirse
de una persona que haya terminado de
contarle sus vicisitudes, la otra para
reconfortarle o guardar las apariencias
se despida con un “voy a orar por tí” sin
tener sinceramente esa intención. No
debe comprometerse a ello a menos que
283
la persona se obligue a después
cumplirlo.
Verdad y oración, estas dos cosas
son de Dios. No debemos jugar con
ellas. Confianza y esperanza son otros
elementos con los cuales no se puede
jugar. La mentira es del demonio y no
combina con las cosas de Dios
“La oración de intercesión
consiste en una petición en favor de
otro. No conoce fronteras y se extiende
hasta los enemigos.” [CIC #2647]
284
LA ACCIÓN DE GRACIAS
No es sin razón que uno de los nueve
nombres de la Eucaristía es Acción de
Gracias. [CIC #1328]
“Al igual que en la oración de
petición, todo acontecimiento y toda
necesidad pueden convertirse en
ofrenda de acción de gracias. Las
cartas de San Pablo comienzan y
terminan frecuentemente con una
acción de gracias, y el Señor Jesús
siempre está presente en ella. "En todo
dad gracias, pues esto es lo que Dios,
en Cristo Jesús, quiere de vosotros" (1
Ts 5, 18). "Sed perseverantes en la
oración, velando en ella con acción de
gracias" (Col 4, 2). [CIC #2638]
285
Repitiendo una vez más la cita del
Catecismo “El agradecimiento precede
al acontecimiento”. [CIC #2604]
Nosotros no hacemos favores para
recibir agradecimientos y creo que Dios
menos todavía. Sin embargo, cuando
somos nosotros quien recibe el favor de
otra persona acostumbramos agradecer,
por que nos gusta, por educación, para
no dar una idea de desprecio por la
atención recibida, por reconocimiento o
por simple sentimiento de gratitud.
Cuando cambiamos favores y
atenciones entre humanos solemos
agradecer a posteriori.
286
¿Y porque con Dios agradecemos a
priori? Es simples: ¡es porque en el
mismo acto de pedirla, la petición ya ha
sido satisfecha, independiente del
momento en que se vaya a dar el
acontecimiento!
Pero creo que Dios pasa de todo
eso por alto. No todas las personas (por
más buenas que sean) habrán recibido
una misma educación, o no todas las
culturas tienen las mismas costumbres
de entre tantas otras posibilidades.
¿Si Dios no exige, espera o
necesita nuestros agradecimientos por
qué lo hacemos los cristianos? Yo lo
veo como un impulso de ternura, de
amor, tal como el niño chico le da un
287
besito a papá cuando recibe un regalo o
una caricia.
“Toda alegría y toda pena, todo
acontecimiento y toda necesidad pueden
ser materia de la acción de gracias que,
participando en la de Cristo, debe
llenar toda la vida: ‘En todo dad
gracias’ “ (1 Ts 5, 18). [CIC #2648]
LA ALABANZA
Aquí no haré comentario para no
estropear la obra prima de definición
que se sigue.
“La alabanza es la forma de orar que
reconoce de la manera más directa que
Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le
288
da gloria no por lo que hace sino por lo
que Él es. Participa en la
bienaventuranza de los corazones puros
que le aman en la fe antes de verle en la
Gloria. Mediante ella, el Espíritu se
une a nuestro espíritu para dar
testimonio de que somos hijos de Dios
(cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo
único en quien somos adoptados y por
quien glorificamos al Padre. La
alabanza integra las otras formas de
oración y las lleva hacia Aquél que es
su fuente y su término: "un solo Dios, el
Padre, del cual proceden todas las
cosas y por el cual somos nosotros" (1
Co 8, 6).” [CIC #2639]
“Porque Dios bendice al hombre,
289
su corazón puede bendecir, a su vez, a
Aquél que es la fuente de toda
bendición.” [CIC #2645]
“La oración de alabanza,
totalmente desinteresada, se dirige a
Dios; canta para Él y le da gloria no
sólo por lo que ha hecho sino porque Él
es.” [CIC #2649]
290
XENOGLOSIA,
GLOSOLALIA & “LENGUA
DE LOS ÁNGELES”
Una pregunta que periódicamente
hacen mis alumnos es sobre “si eso de
hablar en lenguas” es parte de nuestra
fe, si es verdad, si está permitido por la
Iglesia, si es dogma, si es herejía, si eso
realmente se trata de una “lengua de
ángeles” etc.
Inicialmente debo confesar que
desconozco las teorías que razonan esta
práctica conforme mantenida por
291
distintas agrupaciones dentro y fuera de
la Iglesia. (Carismáticos pentecostales,
algunas sectas neocristianas, sectas
gnósticas de orientación new age etc.).
No constituyéndose esta en una parte de
la doctrina oficial de la Iglesia se escapa
de mi campo de estudio y en
consecuencia, a mi capacidad y
competencia poder dar un parecer firme
sobre sus fundamentos y
particularidades.
Procurando informarme un poco
sobre ese tema se me ha explicado que
esas vocalizaciones "le salen a uno del
alma" y que pese a no necesitar
entender ellos mismos lo que dicen
están seguros de que Dios les entiende,
292
porque es un lenguaje para llegarle
directamente.
No puedo dar un parecer desde una
óptica propia de esas agrupaciones, pero
sí, puedo, desde “afuera” en su relación
frente a la doctrina y Magisterio de la
Iglesia.
Tal como igual ocurre con la
mayoría de las devociones la práctica de
esta creencia en la mayoría de sus
vertientes no hace parte de la Doctrina
cristiana.
En toda la Biblia no se menciona una
sola vez una conversación entre ángeles
y tampoco consta que Jesús, los
apóstoles o quienesquiera se utilizaran
293
de alguna lengua específica para
alabarle o dirigirse al Padre.
Consecuentemente no existe o
podría existir un dogma de algo que no
compone la doctrina de Dios Padre
revelada por Cristo. Y después de Él no
caben nuevas revelaciones. Tampoco
hace parte de la Tradición y Magisterio
de la Iglesia.
Sin embargo, no se le puede
considerar herejía desde que no
contraria ningún dogma canónico
establecido. Por esa razón, no tengo
noticia de restricciones a su uso. De ahí
que estaría permitido de igual modo que
a tantas devociones tradicionales que
tampoco están incorporadas en la
294
doctrina, pero que, no obstante, son
vistas y aceptadas como muestras de
piedad popular.
Cuanto a la pregunta sobre si se
trata de un acontecimiento veraz o deja
de serlo, no lo sé. La iglesia tampoco
corrobora eso. Lo que sí es cierto, es
que las personas que lo practican creen
serlo. Es una práctica difundida entre
muchas agrupaciones del Movimiento
de Renovación Carismática Católica, el
cual es una entidad reconocida por la
Iglesia, y como tal, debe ser aceptada y
respetada por todos nosotros.
Y por ultimo, respondiendo la
pregunta sobre la “lengua de los
ángeles”.
295
Los ángeles no tienen una lengua
hablada propia porque no hablan como
nosotros lo hacemos o necesitan de ello
para comunicarse entre ellos o con
Dios, simplemente porque tampoco
tienen un cuerpo físico, son espíritu
puro.
Para hablar en la forma que
hacemos los humanos necesitamos una
boca física que articule las palabras, con
una lengua, labios, garganta, pulmones
que exhalen el aire, el cual propagará
vibraciones por la atmósfera a las cuales
nuestros oídos captarán bajo la forma de
ondas sonoras, luego de la articulación
de cada emisión.
296
No quiere decir esto que los
ángeles no tuvieran la capacidad de
hacerlo si así lo quisiesen, simplemente
digo que no se supone la necesidad de
hacerlo para comunicarse por medios
menos efectivos a los que Dios les ha
dotado (a menos que deseen liarse la
vida con cosas que en su esfera les son
superfluas).
Siendo los ángeles mensajeros,
enviados de Dios, siempre que tuvieren
que traerles mensajes a los hombres se
los transmitieron en una lengua humana,
entendible para el hombre, y no en una
en la cual ignoraron el contenido del
mensaje. Incluyéndose el caso de la
Anunciación del Ángel Gabriel a la
Virgen María.
297
En mi humilde razonamiento me
pregunto entonces por que Jesús no
empleaba ese lenguaje. Todas las veces
que los evangelistas mencionaron sus
oraciones al Padre las cuentan como
habiendo sido inteligibles, en lenguaje
humano, arameo. En ningún momento
aparece en el Nuevo Testamento que en
su naturaleza humana (verdadero Dios y
verdadero Hombre) hiciese uso de
atributos que el Padre supuestamente
solo le habría dado a la naturaleza
angélica.
Comprobadamente Paulo hablaba
por lo menos tres lenguas: griego,
hebreo, arameo y muy probablemente
una cuarta, el latín, ya que no solo vivió
298
bajo la dominación romana como que
tenia también el rango de ciudadano
romano.
Así que Paulo, con toda seguridad,
hablaba “lenguas”… pero las de los
hombres.
El único pasaje en que figuran
juntas las palabras lenguas y ángeles en
la Biblia es en el versículo [1Co 13] en
donde el propio Paulo las usa
estrictamente para formular una
suposición hipotética: dice él que en el
caso que hablara las lenguas de los
hombres (…y él de hecho las hablaba) y
de los ángeles (…)".
En ningún lugar cuentan o sugieren
las Escrituras, la Tradición o el
299
Magisterio tener conocimiento de la
existencia de cualquier lenguaje o
idioma angélico, y menos todavía que
los humanos tengan o hayan tenido la
capacidad de hablarlo.
Posiblemente la idea de una lengua
de ángeles se debiera a una
interpretación literal de la Biblia en
ambientes neocristianos indoctos y no
según la interpretación exegética,
erudita e inspirada por el Espíritu Santo,
la cual custodia y dispone el Magisterio
de la Iglesia.
Esa práctica relativamente reciente
parece haber tenido su origen en medio
a sectas gnósticas del new age en donde
se mantiene un tipo de angelología
300
propia muy particular (y temeraria: se
les pone nombre a sus “ángeles”,
cuando los ángeles reales ya tienen el
que ¡se les ha sido atribuido por el
mismo Dios!; “ángeles” con sexualidad,
“ángeles” serviciales, “ángeles” con
lenguajes para interlocutores humanos
etc.). Ciertas corrientes neocristianas
pentecostales asimilaron la novedad, y
de ahí se fue contaminando el ambiente
cristiano en algunas de sus varias
denominaciones.
El llamado don de lenguas (en un
sentido general, exento de la visión
gnóstica new age) parece haber tenido
su nacimiento por la década 1950 con la
renovación carismática neo pentecostal
en los Estados Unidos.
301
Existe una segunda versión sobre
el concepto don de lenguas. Se trata de
la xenoglosia, el fenómeno reconocido
por la Iglesia, el cual es aquel que se
describe sobre el acontecimiento de
Pentecostés: “(…) quedaron todos
llenos del Espíritu Santo y se pusieron a
hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les concedía expresarse.” [Hc
2:4] “pues los oían hablar en lenguas
y glorificar a Dios (…)” [Hc 10:46].
Los dones correspondientes a esas
“otras lenguas” habladas por los
Apóstoles durante Pentecostés fueron
lenguas claramente reconocidas como
humanas, nativas propias suyas:
“Había en Jerusalén hombres piadosos,
302
que allí residían, venidos de todas las
naciones que hay bajo el cielo.” [Hc
2:5] “Al producirse aquel ruido la
gente se congregó y se llenó de estupor
al oírlos hablar cada uno en su propia
lengua. Pues ¿cómo cada uno de
nosotros los oímos en nuestra propia
lengua nativa? Partos medos y
elamitas; habitantes de Mesopotamia,
Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,
Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de
Libia fronteriza con Cirene, forasteros
romanos, judíos y prosélitos, cretenses y
árabes, todos los oímos hablar en
nuestra lengua las maravillas de
Dios.“ [Hc 2: 5, 7-11]
“Y, habiéndoles Pablo impuesto
las manos, vino sobre ellos el Espíritu
303
Santo y se pusieron a hablar en lenguas
y a profetizar.” [Hc 19:6]
Pablo debía ser prudente y
parsimonioso con relación a la
imposición de las manos para infusión
del Espíritu. Supongo que no lo haría
indistintamente y sin criterio para todo
el que se la pidiese para recibir dones,
según revelan sus propias palabras. Él
advertía que no quería impostura.
“Pero teniendo dones diferentes,
según la gracia que nos ha sido dada, si
es el don de profecía, ejerzámoslo en la
medida de nuestra fe; si es el
ministerio, en el ministerio; la
enseñanza, enseñando; la exhortación,
exhortando. El que da, con sencillez; el
304
que preside, con solicitud; el que ejerce
la misericordia, con jovialidad. Vuestra
caridad sea sin fingimiento; detestando
el mal, adhiriéndoos al bien” [Rm
12:6-9]
Y específicamente con relación al
don de lengua esto es lo que instruye:
“si se habla en lengua, que hablen dos,
o a lo más tres, por turno; y que haya
un intérprete“ [1Co 14:27]
Nótese que San Pablo no dice que
los hermanos deban tener todos los
dones y tampoco que aquellos que
tengan el de lengua hablen todos a la
vez. Y más, al hablarse en lengua que
sea en la presencia de intérprete.
305
San Pacomio (siglo IV), San
Norberto (siglo XII), San Antonio de
Padua (siglo XIII), San Vicente Ferrer
(Siglo XIV), San Bernardino de Siena
(siglo XV) y San Francisco Javier (siglo
XVI) corroboran la realidad de ese tipo
de don de lenguas, el cual se denomina
xenoglosia (xeno = extranjero, del
griego γλῶσσα y glôssa = lengua). La
xenoglosia no debe ser confundida con
la glosolalia, que es cosa muy distinta.
Concluyo esta sección repitiendo
lo ya dicho al comienzo, que respeto la
creencia de aquellos que adoptan o
aprueban esa práctica, y que esto es
todo a lo que me atrevo hablar sobre el
don de lengua. No me siento
competente a abordar otros detalles que
306
no estén claramente explicados en el
Catecismo, las Escrituras y en el
Magisterio de la Iglesia. Es el
compromiso que debo observar en el
ministerio de formación al cual me
dedico.
Y desde que hemos hablado sobre
ángeles, me parece oportuno advertir
que cuanto a un acercamiento
precipitado e imprudente (o sea, sin una
sólida formación y el conocimiento
apropiado) al mundo angélico, que ni
todos los ángeles que se manifiestan en
el mundo son los Ángeles de Dios, pese
a que tengan la capacidad de presentarse
a los humanos como siendo "ángeles de
luz". [2Co_11:14, (Y nada tiene de
307
extraño: que el mismo Satanás se
disfraza de ángel de luz.)]
A los cristianos de a pie ya nos son
más que suficientes nuestro Ángel de la
Guarda y los tres Arcángeles conocidos
por su nombre: Miguel, Gabriel y
Rafael.
308
SANTIFICACIÓN Y
SANTIDAD
La santidad no suele ser el tema
favorito de conversación en las cárceles.
¡Hay que ver la cara de espanto que
ponen los reclusos cuando les digo que
ellos también están llamados a ella y
que deben esforzarse para llegar a ser
santos!
Las carcajadas iniciales van
progresivamente dejando de oírse en la
medida que se van enterando de que no
era una broma, la cosa es seria y de qué
se realmente se trata.
309
Soy uno de los ministros que
participan de la pastoral carcelaria de mi
ciudad (Gibraltar Catholic Prison
Ministry). Estoy incumbido de las
clases de catequesis para adultos (una
forma de catecumenado y
reevangelización) [*11].
No es de sorprender que no todos
quieran adherirse a las clases, pero de
entre los que atienden regularmente hay
resultados muy gratificantes. Hemos
tenido varios vueltos a estar bien
reinsertados en la sociedad, pedidos
(espontáneos) de bautismo y de
confirmación. Yo mismo terminé
siendo padrino de uno de los reclusos.
310
Hubo un otro recluso en particular
(“D”) que me marcó profundamente por
su dócil apertura y entrega a la fe del
Señor y, consecuentemente, las cosas
increíbles que iba obteniendo junto a la
oración, una a una hasta finalmente
obtener su libertad condicional.
Soy testigo de la relación de causa
y efecto entre sus pedidos y los
resultados que obtenía porque “D.V.”
siempre me lo comentaba antes de
dedicarse a cada una de sus oraciones
por la noche. Él lo compartía conmigo
con la esperanza de que yo le ayudase
“para hacerla bien hecha”. Se
desencantaba un poco con mis recusas,
y al final terminaba empleando su noche
solitaria en la celda para apañárselas
311
solo. Lo que este hombre tenía era solo
falta de confianza en sí mismo (en
decepcionarle al Señor) pero de ninguna
forma falta de fe en Dios.
Yo no quería -ni podría-
entrometerme en su oración personal
simplemente ¡porque él oraba mucho
mejor que yo! Su humildad y cariño
frente a las cosas del Padre eran las de
un niño inocente de unos 40 años. (Me
pregunto si habría seguido los pasos de
Santa Teresita de Lisieux…)
Me ha hecho vislumbrar el sentido
profundo de las palabras de Jesús “(…)
y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y
os hacéis como los niños, no entraréis
en el Reino de los Cielos. Así pues,
312
quien se haga pequeño como este niño,
ése es el mayor en el Reino de los
Cielos. «Y el que reciba a un niño como
éste en mi nombre, a mí me recibe.”
[Mt 18:3-5] «Guardaos de
menospreciar a uno de estos pequeños;
porque yo os digo que sus ángeles, en
los cielos, ven continuamente el rostro
de mi Padre que está en los cielos.”
[Mt 18:10] “(…) «Dejad que los niños
vengan a mí, no se lo impidáis, porque
de los que son como éstos es el Reino de
Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el
Reino de Dios como niño, no entrará en
él.» [Mc 10:14-15]
De otra parte , veo con cierta
preocupación la gran importancia que
algunos hermanos le dan a la
313
superficialidad de cosas relacionadas a
nuestra fe y la Iglesia, sobreponiéndolas
a las cosas fundamentales que
verdaderamente salvan. A veces
denotando un casi menosprecio por
estas.
Constituye una forma de sumisión a la
apariencia exterior de las cosas.
La parte visible de los signos
sagrados tiene la función de señalar que
está ocurriendo el misterio, pero lo que
efectivamente cuenta es la parte del
misterio que no se ve, justamente la que
está por cuenta del Espíritu Santo.
Cuando el laico desde la asamblea
quiere imitar al gesto de los sacerdotes
concelebrantes elevando su mano no-
314
ungida hacia adelante en el momento de
la consagración tristemente se expone al
ridículo porque no es portador del don
que hace acontecer el milagro de la
transubstanciación. Lo más que podrá
conseguir es parecer un fiel haciendo un
saludo fascista desde la asamblea en
pleno desarrollo de un acto sagrado.
Igual se da con las palabras de la
doxología , suponiendo tener la
capacidad eclesial para hacer una
ofrenda al Padre en nombre de la
feligresía reunida para la cual solo quien
ya haya recibido el segundo grado del
orden está capacitado.
Vamos percibiendo un mundo al
revés. De un lado una tendencia a la
secularización por parte de ciertos
315
miembros del clero mientras que de otro
un intento de “clericalización” por parte
de algunos laicos.
Algunos quieren emular gestos y
hasta palabras que son reservadas del
sacerdote. Con relativa frecuencia se
puede oír cosas como “así lo hacían los
primeros cristianos” como una forma de
justificarse, mostrando a la vez una
ignorancia total sobre el porqué lo
hacían de tal o cual forma debido al
contexto en que aquellas cosas se
daban.
Pero curiosamente ninguna de
estas personas parece muy dispuesta a
hacer las demás cosas que, entonces, tal
como los primeros cristianos, también
316
deberían cumplir: confesarse en voz
alta de pie frente a toda la asamblea,
cumplir penitencias que podían durar
hasta un par de años para poder volver a
Misa, no comulgar sin estar confesados,
compartían la totalidad de lo que
poseían con sus hermanos, en ciertos
tiempos y lugares arriesgaban la vida
para no perder la Misa (el “partir el
pan” dominical), llevaban una intensa
vida de oración y ayuno, se exponían a
toda suerte de vejaciones fuera del
ambiente de sus comunidades y tantas
otras dificultades inexistentes en nuestra
confortable y acomodada sociedad.
Y es que a todo eso y mucho más
aquellos cristianos primitivos lo
aguantaban por su deseo de santidad,
317
cosa que no parece ser de lo más
buscado por estas otras personas
mencionadas, y, tampoco, de un modo
en general en la actualidad del carpe
diem.
Hoy día en la civilización
occidental no estamos sometidos a
ninguna de esas dificultades que se
antepongan a nuestra búsqueda de la
santidad, no necesitamos caminar
decenas de millas o correr cualquier tipo
de riesgo para ir a Misa o exponernos a
los martirios a los que estuvieron
expuestos nuestros tempranos hermanos
en la fe.
Jesús nunca se mostró preocupado
con lo exterior de las cosas, siempre se
318
enfocó estrictamente en aquello que
salva; nunca criticó quien andaba
desarreglado, llegaba atrasado, hablaba
mal, debía dinero o fuese mal
humorado.
Su crítica se limitaba a
básicamente dos puntos: la falta de fe y
la inobservancia a la voluntad del Padre,
cosas que directamente tienen que ver
con la salvación. Una vez escuché un
comentario que me llamó la atención
para una característica en las Sagradas
Escrituras. La persona lamentaba que
en la Biblia no se describía físicamente
a Jesús y a los Apóstoles.
En la sección sobre la Biblia de mi
libro Cristianismo para no Creyentes
319
menciono que en ella no hay que perder
tiempo buscando detalles biográficos,
científicos o históricos simplemente
porque es el libro de la Revelación y no
de otra cosa. (Pese a que contenga
subsidiariamente el registro de hechos
históricos a los cuales la arqueología
había venido desde siempre
considerando leyendas y que con el
tiempo acabaron siendo descubiertos y
confirmados como veraces)
Allí explico como en la Biblia no
hay una sola palabra a más o de menos,
para atender al propósito que tiene.
Conocer la estatura de Jesús, la
localización precisa del Cenáculo o cual
era la eslora y qué les pasó a las barcas
que Pedro y Andrés dejaron para tras no
320
va a salvar a nadie. Cada detalle allí
escrito revela algo, por más
insospechado e insignificante que le
pueda parecer al lector.
La oración de Jesús no era
espectacular, al contrario, era bien
simples y casi siempre reservada, lejos
de las miradas [CIC #2602]. Como
siempre, Él se enfocaba en lo principal,
no perdía tiempo con apariencias.
No hay que ser santo para orar,
pero la oración ayuda a llevar hacia la
santidad.
Cualquiera puede ser un santo en la
tierra, en efecto, todos estamos
llamados a serlo, y además no hay que
321
esperar llegar a ese punto para también
interceder por los demás.
La santidad no se trata de algo que
les puede ocurrir “a los demás”. No.
La santidad es un requisito para poder
llegar un día a estar con Dios.
Eso vale para todas las personas,
sin excepción. Hasta para los que están
en la cárcel. Para ser santo hay que
estar en pleno estado de Gracia. Sin
estar en Gracia nadie puede siquiera
pensar en acercarse a Dios.
Los que hoy son santos de los
altares algún día intercedieron por
alguien con sus oraciones y por sus
méritos personales y por los milagros
322
concedidos por Dios se obtuvo una
evidencia de su comunión con Dios en
el Cielo, en su Gracia y compañía. [*7]
323
¿DONDE ENTRAN LOS
SANTOS EN LA ORACIÓN?
Mucha gente se sorprende cuando
descubre que debe buscar la santidad.
Pues, mirando a las tristes caras
que se le pone a la mayoría de imágenes
de santos realmente no se puede esperar
que eso le deje entusiasmado a nadie.
Pero eso no debe importar en nada
porque esa es la forma por la cual el
artista lo imaginó por su propia cuenta.
El lenguaje visual de una imagen
que represente algo santo o sagrado
tiene el propósito de ser un instrumento
324
auxiliar para la meditación. Algunas
consiguen serlo menos que otras, pero
eso no debe constituirse en una traba
porque siempre se pueden encontrar
obras de varios autores para cada tema.
Lo cierto es que quienes ya han
leído algunas biografías de santos
recordarán trazos marcantes de la
personalidad de muchos de ellos:
alegría de vivir, regocijo y júbilo,
bromistas, juguetones -y hasta uno que
otro- “travieso”.
Solo a título de ejemplo, cito a uno
al cual todos hemos tenido la
oportunidad de conocerle mientras vivió
con nosotros: San Juan Pablo II. ¿Se
acuerda el lector de verle con cara triste
325
y aburrida o casi siempre alegre y
sonriente? Imaginémosle entonces
como habría sido él en su vida cotidiana
mucho antes de estar sometido al rigor
del oficio, protocolo y
responsabilidades papales.
Para ciertas personas los santos
parecen solo tener importancia para
celebrar el día de su onomástica. No
está mal regocijarse por la
concomitancia de su nombre y el del
santo de una cierta fecha.
Pero quienes se limitan a apreciar
solo ese aspecto de su santo patrono –o
de cualquier otro- se pierden lo más
valioso sobre una persona que le podría
ayudar de distintas formas.
326
Ser cristiano significa ser seguidor
de Cristo, y los santos son las personas
que consiguieron ser seguidores
ejemplares suyos. Antes de llegar a esa
“meta” no pasaban de meros pecadores,
tal como todos los demás.
Así como cada uno de nosotros,
también todos ellos fueron en su día
portadores de la triple concupiscencia
contra la cual tuvieron que trabar un
combate, pero vencieron. Y ahora se
han convertido en buenos maestros en la
materia, pues saben como se hace para
vencerla.
No habrá un solo Santo que no
pueda servirnos de modelo o que,
327
estando en la Gracia con Dios no
quisiese ayudarnos.
Imagino que si el lector fuera
pilotar un avión apreciaría tener a su
lado un copiloto bien experimentado
¿cierto?
De igual modo, ¿no sería ese también el
caso de que los santos, quienes supieron
y por eso consiguieron llegar a la
presencia de Dios, son el mejor modelo
a seguir para conseguir practicar la
oración?
Pues de eso se trata: además de la fiesta
de la onomástica, un santo también nos
328
puede servir como un modelo seguro de
oración y de vida.
Ya vimos que otro valiosísimo
beneficio que los Santos ponen a
nuestra disponibilidad es su intercesión
por nosotros junto a Dios.
He conocido (y probablemente también
el lector conozca) a personas que
acostumbran decir que ellas “no
necesitan de intermediarios” para
pedirle a Dios y que ellas Le hablan
directamente. La cuestión está en saber
¿cómo hacen para saber si han sido
escuchadas... y por “quien”?
Yo soy de la opinión de que ningún
Santo actúa como “intermediario” mío
porque no hay nada a intermediar;
329
apenas creo que hay muchas más
probabilidades de que Dios le escuchará
a algún Santo en estado de plena gracia
y que ya está cara a cara con Él antes
que a mí mismo, un pecador todavía
muy distante de la plena gracia. A eso
nuestra doctrina le llama oración de
intercesión y no
“intermediación”. Además, desde que
no me considero un perezoso no
entiendo por que debería dejar de hacer
al mismo tiempo mis oraciones
directamente dirigidas a Dios.
De otra parte, hay también las
personas que se decepcionan cuando un
santo no realiza el milagro que le
pidieron. Eso pasa porque ningún santo
tiene él mismo el poder de hacer
330
milagros por su cuenta. Un milagro es
un acontecimiento que ocurre
contrariando las leyes de la naturaleza,
y solo Dios tiene poder para tal.
Cuando se le atribuye algún milagro a
algún santo, lo que realmente ocurrió es
que Dios operó con Su poder ese
milagro respondiendo a la intercesión
de aquel santo.
Sobre esto explica el Catecismo:
"Por el hecho de que los del cielo están
más íntimamente unidos con Cristo,
consolidan más firmemente a toda la
Iglesia en la santidad...no dejan de
interceder por nosotros ante el Padre.
Presentan por medio del único
Mediador entre Dios y los hombres,
331
Cristo Jesús, los méritos que
adquirieron en la tierra... Su solicitud
fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra
debilidad" (LG 49) [CIC #956].
¿Hay que orarle para eso a los
santos? No, no hay que orarle a santo
alguno.
Lo cierto es que ni siquiera le
"hablamos" a ellos directamente para
contar con su intercesión. Nosotros no
evocamos los muertos tal como hacen
los practicantes del espiritismo. Nuestra
doctrina nos lo prohíbe [CIC #2116].
Nuestra oración debe ir siempre dirigida
solo a Dios, el Dios Trinitario.
332
Cuando queremos contar con la
ayuda de algún santo la forma correcta
de pedir es que por mediación de Cristo
y los méritos del santo atienda Dios la
intercesión de este. Ejemplo:
"Concédeme/nos, por su intercesión, y
si es voluntad Vuestra, el favor que
ruego/gamos, con la esperanza de que
(...). Amén."
¿Se puede orar por el alma del
santo? Creo no haber impedimento
canónico para hacer eso, pero me parece
totalmente desnecesario -sino inútil-
porque si él ya está en el cielo con Dios
es porque evidentemente su alma ya se
ha salvado.
333
¿Y se le puede ser agradecido
porque haya intervenido en nuestro
favor? Sí, sin duda, se le puede hacer
llegar el agradecimiento mediante algo
así como: "Concédeme/nos, en nombre
de Jesucristo que la expresión de
mi/nuestra gratitud por el favor
recibido le llegue a (...), en la esperanza
de un día también estar en Tu Reino y
entonces poder hacerlo personalmente.
Amén."
334
CONCLUSIÓN
Como había anunciado en la
presentación, este trabajo no tuvo la
intención de “enseñarle” al lector cómo
tiene que orar, sino que no más que se
ha querido proporcionarle algunos
subsidios que le pudieran ayudar a
entender mejor su relación con Dios en
la oración. Tal como me pasó a mí un
tiempo atrás, cuando iba estudiando
sobre todas estas cosas. .
Quien realmente enseña
diciéndonos todo de modo bastante
explícito son la Biblia, el Catecismo y el
335
Magisterio de la Iglesia. Constituyen
ellos la única fuente realmente eficaz y
segura para el católico.
Mi trabajo se ha limitado a
seleccionar y compilar algunos puntos
clave encontrados en estas fuentes. Por
tal razón es en ellas mismas que le
recomiendo al lector seguir buscando
por su cuenta de aquí en delante, pues lo
que he presentado ha sido todo en lo
que tengo capacidad de dar alguna
colaboración.
Agradezco el interés del lector en esta
lectura y le ruego a Dios que le colme
de bendiciones en sus oraciones y una
vida plena en La Viña del Señor.
336
NOTAS:
[*1] “de la nada” se trata de solo una
manera de decirlo, por fuerza de
expresión. A la noción de la existencia
en una contraposición a la no-
existencia, según el abordaje seglar de
la filosofía se le suele tratar
comúnmente por el ser y la nada.
Como creyente cristiano prefiero evitar
emplear la nada por una conclusión
fruto de la lógica (la cual es parte
integrante de la misma filosofía) para
ser coherente en mi interpretación de la
realidad, tal como la revela nuestra fe.
337
Dios es infinito. Nada puede haber
más allá que Él, por tanto, la existencia
tiene que darse (big bang) y estar
contenida en Él propio. No puede haber
un la nada antes del big bang
simplemente porque no existe ese
“antes”. El tiempo solo existe en
función de la materia expresada en el
ser, la existencia.
Dios es eterno. Previamente,
durante y posteriormente al big bang
solo ha estado permanentemente
presente Dios, y por consecuencia no
puede haber un “antes” a lo que se
define por eterno.
338
Habiendo aclarado este tinte
semántico del término nada, retomemos
el punto.
En realidad Dios no es que nos
saque de una “nada”.
Metafísicamente existimos desde
siempre en Él, solo nos crea y trae a esta
expresión de la existencia sacándonos
de su propia esencia, o sea, de Él
mismo. “(…) pues en él vivimos, nos
movemos y existimos, como han dicho
algunos de vosotros: Porque somos
también de su linaje.” [Hc 17:28]
Dios es infinito y eterno. Si es infinito
entonces nada puede haber “fuera” del
infinito porque no hay “fuera”. Todo
339
tiene que estar contenido en Él. De otra
parte, si Él es eterno entonces todo que
tiene Él es suyo desde siempre pues que
con Él no corre el tiempo. ‘(…) por
cuanto nos ha elegido en Él antes de la
fundación del mundo, para ser santos e
inmaculados en su presencia, en el
amor” [Ef 1:4]
[*2] Esto de Adán y Eva lo inserto aquí
un tanto provocativamente, lo
reconozco. A algunos "científicos" no
les agrada mucho que la Biblia le haya
puesto el nombre de Eva a esa mujer
porque parece que hubieran preferido
que ella hubiese consistido de "una
evolución colectiva y simultáneamente
mutante de varias monas".
340
La nota irónica se dio cuando otros
científicos por medio de análisis del
ADN descubrieron que toda la
humanidad proviene de una sola mujer
(aunque tampoco la quieran llamar
Eva)... y que ese ADN nada tiene que
ver con el ADN del mono ;-)
La solución encontrada fue empezar a
hablar de un supuesto "eslabón
perdido", y es que como está "perdido"
no se puede mostrar para dar prueba de
una teoría que se insiste en enseñar en
las escuelas escurrida como "ley
natural" y como "ciencia".
[*3] La mejor “salida” que se le ha
ocurrido a una cierta corriente de
341
científicos para no tener que admitir a
un Dios Creador de la vida ha sido la
hipótesis del… ¡“caldo primigenio” o
“sopa primitiva”! No, no es un chiste.
Es la proposición que trata de un líquido
rico en carbono, hidrógeno y nitrógeno,
expuesto a rayos ultravioleta y
electricidad y que producen unas
estructuras simples (sin vida) que
supuestamente serían las “precursoras”
del ADN, el cual le transmite un código
genético a las criaturas. (El don de la
vida no parece haber sido un
componente presente en el ADN de los
cuerpecitos de los natimuertos.)
Acompañando por la prensa la
edición anual de los Premios Ignóbil
(una divertida sátira del actualmente
342
politizado premio Nobel) nos asusta
descubrir que muchos de los centros de
investigación científica sean financiados
con nuestros impuestos.
Dos ejemplos: “Descubrimiento
científico de porqué los cordones de los
zapatos se desatan cuando caminamos.”
(premio a un estudio de física en la
Universidad de Berkeley, 2015);
“Cuando se le cuelga un bastón
con determinado peso a la parte
posterior de un pollo, este camina como
caminaban los dinosaurios” (premio de
biología, 2009)
[*4] La palabra paz ( = שלוםshalom) en
la lengua hebrea tiene nada menos que
343
26 significados distintos. Por eso es
imposible ser literalmente traducida a
cualquier otra lengua con un significado
único. Los tintes y sutilezas son
demasiados. Para dar un solo ejemplo,
nos basta con decir que en uno de sus
múltiples significados “paz” podría no
oponerse a la propia noción de guerra.
En el AT la paz fue un don de Dios
concedido a Israel en virtud de la
Alianza pactada [Num 25:12]. Ese
tipo de paz tiene un sentido
escatológico, conforme la salvación que
traerá el Mesías, conforme lo indican
los profetas.
En el Nuevo Testamento la Paz de
Dios con los hombres pasa a tener,
fundamentalmente, implicación con la
344
Nueva Alianza: pero según la
justificación, a la reconciliación y al
buen obrar del cristiano. Eso nos lo ha
ofrecido Dios gratuitamente y hemos
estado siempre libres de aceptarlo o no.
Se trata de una paz distinta de aquella
del sentido mundano. Os dejo la paz,
mi paz os doy; no os la doy como la da
el mundo. No se turbe vuestro corazón
ni se acobarde.” [Jn 14:27]
Esa paz consiste en la amistad de
Dios Padre que hemos perdido con el
pecado original y que Él quiere
restablecer con nosotros. Como
cualquier padre estará siempre ansioso
esperando que cada hijo prodigo suyo
quiera volver a Él [Pc 15:24] … o sea,
por nuestra conversión voluntaria, o
345
mejor, que aceptemos
incondicionalmente la divina amistad
que nos propone y también nos
reconozcamos y aceptemos como hijos
suyos. ¡La puerta del corazón que
acepta y recibe la Paz de Dios solo se
abre desde dentro y la trae Jesucristo!
En el sentido bíblico la Paz es el
fruto de la Alianza con Dios:
Cf. Eclo 38:8; Rm 1:7; Num 6:26; Sal
28:11; Mt 10:12-13; 2 Cor 13:11; Fl
4:7, 9; Rm 14:17; Jn 14:27; Ef 4:3;
1Pe 3:11
[*5] Nuestra fe nos enseña que los
ángeles son criaturas de Dios,
puramente espirituales. Al no ser
346
dotados de un cuerpo físico no necesitan
comer ni beber, por tanto, mucho menos
tienen necesidades fisiológicas.
Obviamente, tampoco tienen sexo
porque no procrean. Así que no son
varones ni hembras, son simplemente lo
que son: ángeles.
347
“El primer beso” - William Adolphe
Burguereau
(un angelito… ¡con miembro viril! seducido
y atraído hacia la sodomía por un silfo)
Que en esa pintura el "angelito"
sea dotado de un órgano reproductor
viril, incongruente en la naturaleza
angélica, seria lo de menos, el detalle
hasta se podría atribuir a la ignorancia o
–ehem…- a la “solución plástica,
estética” (otros artistas del pasado
también lo hicieron).
Pero lo que esa obra desvela no es
ignorancia, sino que denota un
conocimiento e intención bien
consciente y concretos, pues hay la
presencia de un silfo, un elemental del
348
aire del paganismo, personalizando la
tentación femenina a la cual el ser
celestial sucumbe. Seguramente el
artista habrá sabido que los seres
angélicos no tienen un sexo tal como los
humanos, pero entonces ¿por qué le
habría puesto un órgano viril al a la
figurita angélica?
Es que con ese atributo se le
imputa al personaje una irrefutable
condición de “angelito-varón”. ¿se
capta? (sexualidad en donde no cabe)
¿Y desde que entra en juego una
sexualidad, como se soluciona el
problema de la hembra si tampoco hay
“ángeles-hembra”? Cuando el autor
denomina esa obra de “El primer beso”
sugiere que si hay un “primero”, se
349
supone que "algo más” habrá de venir
después de la tentación…
Pues en el nombre del Amor ya
todo vale (¿cuantas cosas distintas ya
hemos visto llamar “amor”?). La
inexistencia de “angelitas” no le ha
frenado al artista, quien como que por
pase de magia se sacó de la manga una
hembra acorde con la situación: un
silfo-hembra, no importando que una
relación amorosa entre dos especies
distintas sea considerada sodomía.
¿Hay algún detalle pictórico que
evidencie que el pintor hizo tal
diferenciación de especies con
conocimiento y a propósito?
350
Sí, y de forma nada sutil; para ser
exacto, gritante: el "ángel-varón" tiene
alas según las descripciones bíblicas y
la hembrita con alas como de mariposa,
tal como en las descripciones de los
elementales del aire según los diversos
cultos paganos.
Ahora ¿No es bonito el cuadro? Sí
que lo es, personalmente me parece
precioso, sublime y de una ternura
conmovedora como ya lo había dicho
antes. La sonrojada pseudo-angelita
hace con que a uno le parezca cosa
buena y bella ver el Bien sucumbiendo
al paganismo.
He llegado a ver la imagen de un
ángel-femenino en la cima de una
351
iglesia en una diócesis latinoamericana,
presumiblemente, políticamente
correcta.
Pues es exactamente ahí donde
reside el problema (¡y el peligro!): la
presentación del error bajo un disfraz de
inocencia y una imagen seductoramente
cautivante. Era con esa táctica que las
sectas gnósticas conseguían sus
propósitos y la Iglesia primitiva les
temía más que a las mismas
persecuciones sanguinarias del Imperio
Romano. ¡Mucho cuidado, porque a
veces las cosas no son lo que parecen!
Es la forma que el padre de la mentira
tiene para empujarnos su malhadada
mercancía [Jn 8:44; 2 Co 11:13-15]. Se
352
repite hoy la contaminación del mundo
por la Nueva Era.
[*6] Según una creencia popular, lega,
Dios no tienta al hombre porque Él es
demasiado bueno y no le iría conducir a
hacer cosas malas. Eso es confundir el
Bien con un mero “buenismo”
(bonhomía), debido a un
desconocimiento y malinterpretación de
la Palabra Revelada.
Podemos constatar en las mismas
Escrituras como son innúmeras las
veces que Dios tienta personalmente al
hombre o hasta le permite al demonio
hacerlo para ponerlo a prueba. Cf.
“…fili accedens servituti Dei sta in
353
iustitia et timore et praepara animam
tuam ad temptationem = Hijo, si te
llegas a servir al Señor, prepara tu
alma para la prueba.” Eclo 2:1);
En la Biblia se le atribuyen tres
sentidos distintos a la palabra tentación:
el tentar a Dios (…dudar, poner a
prueba su poder); la atracción seductora
del pecado (… persuasión obrada por la
triple concupiscencia y acción del mal);
y la sumisión a prueba o examen (…a
personas). Este último es el de empleo
típico en la simbología bíblica y al que
concierne la sexta petición del
padrenuestro, por lo que al “et ne nos
inducas in tentationem”, lo que
correspondería sería “no nos sometas a
354
prueba”, o “no nos examines” (como
que suplicando que el juicio no sea
demasiado riguroso si o cuando lo
hiciere - 1Co 10:13). Ese es el sentido
del original griego tomado por San
Jerónimo en su meticulosa traducción al
latín: peirazó (πειράζω) = poner a
prueba.
De tal modo, en los casos en que el
término tentationem hace referencia a la
tentación del pecado, la concupiscencia
o el demonio, estos se constituyen en el
sujeto del verbo. lo que hace patente
que este no el sentido que se quiere
expresar en Mt 6:13 y Pc 11:4.
Así siendo, me quiere parecer que
no apenas la palabra “tentación” ha sido
355
empleada inapropiadamente en la
traducción del padrenuestro al
castellano, sino que, además, lo está
toda la sentencia a la cual pertenece, lo
que desafortunadamente compromete
drásticamente la intención original de
las palabras del Señor en su oración
perfecta.
Intentar darle a “ne nos inducas in
tentationem” el sentido de “no
conducirnos a la tentación” resulta más
en una transliteración que propiamente
en una traducción, pues por ignorancia
el intérprete le estaría atribuyendo el
sentido de cosas que le “suenan
parecido” en su propia lengua aun que
no tengan el mismo significado de lo
que ha transmitido el propio Cristo.
356
Solo Lutero se atrevió a dar pasos tan
temerarios como cambiar contenidos de
las Sagradas Escrituras.
Y por fin, no deja de parecer un
tanto superfluo redundar en la sexta
petición una ayuda contra el maligno, la
cual ya está contenida prácticamente de
modo explícito en la siguiente, la cual
no pide otra cosa que “librarnos del
mal”…
Lo cierto es que la naturaleza del
hombre ha conseguido fallarle tanto a
Dios en sus compromisos que no ha
cesado de tener que estar siendo puesto
a prueba vez y otra durante la mayor
parte de nuestra historia. Aquí se sigue
una pequeñísima muestra:
357
“Yahveh dijo a Moisés: Mira, yo
haré llover sobre vosotros pan del cielo;
el pueblo saldrá a recoger cada día la
porción diaria; así le pondré a prueba
para ver si anda o no según mi ley.” Ex
16:4; “Es que Yahveh vuestro Dios os
pone a prueba para saber si
verdaderamente amáis a Yahveh vuestro
Dios con todo vuestro corazón y con
toda vuestra alma.” Dt 13:4;
“…”32:31; “Cuando te levantabas de
la mesa sin tardanza, dejando la comida,
para esconder un cadáver, era yo
enviado para someterte a prueba.” Tb
12:13; “Dijo Yahveh al Satán: «Ahí
tienes todos sus bienes en tus manos.
Cuida sólo de no poner tu mano en él.»
Y el Satán salió de la presencia de
358
Yahveh.“ Job 1: 12; “por una corta
corrección recibirán largos beneficios.
pues Dios los sometió a prueba y los
halló dignos de sí;” Sb 3:5; “Yo meteré
en el fuego este tercio: los purgaré
como se purga la plata y los probaré
como se prueba el oro.” Zc 13:9;
(además de una extensa lista que el
lector encontrará en la Biblia si desea
estar completamente asegurado…)
[*7] En internet el Ministerio Deoduce
tiene una sección de herramientas de
[Link] (de quien somos miembro
asociado) en donde ellos amablemente
nos suministran un santoral diario, en
donde se puede aprender mucho de
359
innúmeras vidas que son fuentes de
inspiración y ejemplos de vida y oración
a ser seguidos.
Para aprender de ellos y a su
respecto. La vida de los Santos
Canonizados es además parte de la
propia historia de la Iglesia, y un poco
más de cultura no le viene mal a
nadie…
[*8] ¿Qué son los sacramentales? ''Los
sacramentales son signos sagrados
instituidos por la Iglesia, por medio de
los cuales se santifican algunas
circunstancias de la vida. Comprenden
siempre una oración acompañada de la
360
señal de la cruz o de otros signos. Entre
los sacramentales, ocupan un lugar
importante las bendiciones, que son una
alabanza a Dios y una oración para
obtener sus dones, la consagración de
personas y la dedicación de cosas al
culto de Dios.'' [CIC #1667-1672,
#1677-1678] [CCIC #351]
[*9] ¿Se trata el Rosario de oración
mariana o cristocéntrica?
¿Es el Rosario una devoción mariana?
Pero claro que también lo es, es una
oración de carácter fuertemente
mariano, como nos dice San Juan Pablo
II, pero no es solamente devoción
mariana. En verdad el Rosario existía y
se rezaba mucho antes de la práctica de
estas meritorias devociones.
361
Debido a la cantidad de avemarías
presentes, en una primera impresión
algunas personas son llevadas a creer
que el Rosario no sea también otra cosa
que una oración exclusivamente
mariana. Y después, la gran cantidad de
devociones marianas que utilizan al
Rosario ayudan a reforzar esa idea.
Claro está que nada de malo habría en
eso, por el contrario, cuantas más
devociones lo utilicen tanto mayor es la
alabanza que se le dirige al Señor. Sean
estas marianas o no.
Mucha gente no se ha percatado
que la Virgen María jamás ha pedido o
deseado culto para ella misma; en todas
las manifestaciones marianas todo lo
362
que ella expresa siempre es para que sea
conducido al Hijo, Jesucristo, Nuestro
Señor. En el caso de estar frente al
Santísimo Sacramento quizá fuese el
único caso en que no necesitamos
pedirle ayuda a la Madre para que nos
conduzca hasta Jesucristo porque Él ya
está allí mismo presente en cuanto le
estamos buscando voluntariamente.
San Juan Pablo II nos explica que
el Rosario es una oración esencialmente
cristocéntrica; pues no trata más que la
contemplación de la vida de Jesús desde
su concepción hasta su resurrección y
ascensión, “a través de los ojos de
María”. En su Carta Apostólica
“Rosarium Virginis Mariae” San Juan
Pablo II nos dice: “El Rosario, en
363
efecto, aunque se distingue por su
carácter mariano, es una oración
centrada en la cristología. En la
sobriedad de sus partes, concentra en sí
la profundidad de todo el mensaje
evangélico, del cual es como un
compendio.”
Después de leer esas palabras de
San Juan Pablo II no pude resistir y
quise tener esta experiencia: Rezar el
Rosario buscando hacerle a Jesucristo
compañía, tratando de estar mental y
espiritualmente unido con Él paso a
paso, tratando de imaginar como lo
hubieran visto cada escena los ojos de
su Madre, la Virgen. Lo hice en mi
casa, pero es algo que no tendría dudas
en también hacerlo en una Capilla frente
364
al Santísimo, pues traté de hacerlo
juntamente con Él, pidiéndole que
permitiese mi presencia e intentando
percibir con los ojos del alma cada
instante frente a Él.
La experiencia que se siente en el
alma de tan realista llega a ser
indescriptible. Sentirme como
vivenciando yo mismo aquellos pasajes
del Evangelio, con mi Señor como
protagonista iba en un creciente
combinado de felicidad y paz interior.
Hasta que llegamos a los Misterios
Dolorosos… Debo confesar que no
conseguía seguir adelante, estaba
empacado. Había estado en su
compañía durante todos los momentos
conforme descritos en el rosario
365
meditado y por ese entonces pasé a
temblar como si también estuviese allí,
como paralizado de miedo y sin poder
hacer nada.
Creo haber comprendido
suficientemente la reacción bastante
humana de sus discípulos y solo
conseguí (con extrema dificultad)
completar los Misterios Dolorosos
porque sentí que no podía abandonarle y
dejarLe solo en aquellas horas. No
puedo imaginar lo que habrá tenido que
pasar la Virgen María frente a
semejantes escenas de horror. La
tentación de huir antes de terminar el
rosario me hacía sentir miserable, un
traidor. Confieso no ser hombre
suficiente para repetir la experiencia. Si
366
lo hago de nuevo seguramente será sin
los Misterios Dolorosos.
Esta experiencia solo la cuento, por
ninguna otra razón que la de advertirles
a quienes pensaran aventurarse a hacer
lo mismo que deberían estar
conscientes, pues no se trata -
absolutamente- de una experiencia para
personas sensibles. Asistir la película
La Pasión de Mel Gibson es, sin
comparación, muchísimo más llevadero.
Y, decididamente, como ha dicho
San Juan Pablo II, el Santo Rosario es
verdaderamente una oración
cristocéntrica. Dicho por él ya no tenia
dudas, pero ahora lo entiendo mejor…
367
Y una vez habiendo tocado el tema
del Rosario en el Sagrario cabe llamar
la atención para el detalle de que,
siguiendo lo expuesto por San Pablo II,
la Coronilla de la Divina Misericordia
de Santa Faustina Kowalska es también
una oración esencialmente
cristocéntrica. Yo también lo rezaría
mentalizando intencionadamente cada
jaculatoria en la presencia del Hijo junto
al Padre.
Jesucristo vino para renovar la faz
de la tierra, y la oración es la
herramienta con que contamos para
unirnos a Él en hacer la voluntad del
Padre.
(Se puede bajar una versión gratuita del rosario
meditado en el libro “El Rosario es Cosa p’a
368
Macho También”, en [Link])
[*10] - Accidente vs. Substancia
Algunas personas encuentran
dificultad en aceptar que fuese posible
que Cristo se haga presente en una
hostia por el hecho de que no consiguen
ver más que una “galletita blanca” de
harina y la falta de conocimiento puede
pervertir su fe en la Presencia Real,
como inicialmente le había pasado a
Berengario. Aunque si la fe de la
persona es una fe real, esta no debiera
tener dudas cuanto a la capacidad de
Dios en hacer milagros, pues es el
mismo que creó y trajo a la vida y al
universo a la existencia desde Su
369
eternidad. “(…) dichosos los que no
han visto y han creído.” (Jn 20:29)
Todas las cosas tienen una
substancia propia, exclusiva y única. Es
la substancia de cada cosa que la hace
ser lo que es. Por ejemplo, el tipo
particular de substancia que tiene el
hierro es lo que le hace ser hierro; en
cambio esta misma substancia particular
no puede proporcionarle existencia a
madera, carne o agua.
Sabemos entonces que todas las
cosas tienen una única y propia
substancia. Sin embargo, no podemos
“ver” a esa substancia de las cosas, aun
que sepamos que esta existe, desde que
podemos percibir sus efectos
370
manifiestos, o sea, porque conseguimos
distinguir a cada una de todas las cosas
existentes mediante su realización
perceptible.
A la parte visible, tangible, de cada
cosa (más correctamente, perceptible
por los cinco sentidos) se le llama
accidente, mientras que a la no visible
substancia.
La transubstanciación
Se trata de un milagro eucarístico.
De un modo muy simplista podríamos
decir que un milagro es un efecto o
acontecimiento que escapa a la acción
de las leyes naturales.
371
Por eso la transubstanciación
eucarística es un milagro obrado por la
acción del Espíritu Santo, y eso es
dogma de nuestra fe. Quien no aceptare
esto como dogma de fe no está en plena
comunión con la Iglesia y, por tanto, no
debería presentarse para recibir la
comunión como si la tomara como una
pantomima.
Recuerdo que este misterio
siempre ha sido parte de la fe de la
Iglesia, desde sus orígenes. Como ya
vimos hace poco, hasta cerca del siglo
XI, nunca antes se le había ocurrido a
nadie contestarlo y por eso antes de
aquel entonces no había ocurrido una
necesidad de proclamarse un dogma
372
especifico que asegurara su ortodoxia
apostólica (Concilio Laterano IV).
La transubstanciación consiste en
la transformación de solamente la
substancia del vino y de la harina de
trigo de las obleas en substancia del
Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en su
plenitud, por acción directa del Espíritu
Santo. Eso ocurre durante cada
celebración de la Misa, en un momento
preciso (epiklesis) de la consagración de
las especies por el sacerdote y mediante
el poder del mismo Cristo y acción del
Espíritu Santo. En ese momento es que
se produce el milagro eucarístico frente
a una presencia angélica. Se trata de un
hecho verdadero y no de una
373
“representación simbólica” (In mysterio
fiat an in veritate).
Hay quienes han querido
formularle interpretaciones distintas a
este misterio, tratando de “explicarlo”,
sea como un acto mágico, una
transmutación según las creencias
alquimistas y otras tantas menos
aparatosas como la impanación o la
consubstanciación (a estas dos últimas
volveremos adelante con más detalle).
Si uno no quiere caer en la herejía debe
atenerse a lo que dice el Magisterio y no
darles atención a versiones novedosas.
En las obleas, una vez
consagradas, el accidente conserva la
misma apariencia física, aunque su
374
substancia ya no más sea la misma. Eso
conlleva al hecho de que cada “migaja”
o partícula -por más insignificante que
pudiese ser su tamaño- acarrea a
Jesucristo en su totalidad y plenitud
(deberíamos estar bien conscientes de
esa singularidad y agradecerle a
Jesucristo por presentarse de esa forma
para nosotros. Entretanto hay
numerosos casos de milagros
eucarísticos en que las sagradas formas
han sangrado.
Creer o no creer y el discernimiento:
“Por tanto, quien coma el pan o
beba la copa del Señor indignamente,
será reo del Cuerpo y de la Sangre del
375
Señor. Examínese, pues, cada cual, y
coma así el pan y beba de la copa. Pues
quien come y bebe sin discernir el
Cuerpo, come y bebe su propio
castigo.” [1 Corintios 11: 27-29]
[*11] Sorprendentemente la catequesis
para adultos en la cárcel parece contar
con más interés que en la mayoría de las
parroquias. No es que los reclusos
atiendan por falta de otras actividades
que les quiten del aburrimiento. Los
que atienden a las clases optan por dejar
otras actividades como gimnasio,
televisión, fútbol, clases de otras
materias, juegos de cartas, parchís y
otras cosas más.
376
¿Cuál sería la razón? Creo que por
la forma con que se promueve la
catequesis de adultos en cada sitio.
Mientras que en las parroquias se
nota un gran énfasis en promover la
celebración de la primera comunión
para grandes grupos de niños, no
percibo allí una equivalencia que
siquiera se le aproxime para un
catecumenado de reevangelización de
adultos. Podría deberse a distintas
razones: la falta de catequistas de
adultos, falta de tiempo, falta de
promoción o de otros medios.
Sin duda alguna, siendo un
sacramento de iniciación cristiana la
primera comunión tiene que llevar
377
prioridad sobre las demás actividades
parroquiales de formación. Es esa
información limitada todo lo que se le
puede transmitir a un niño de siete anos;
ese es el conocimiento que la mayoría
católica adulta conserva. Desde
entonces el adulto ha crecido en
conocimiento académico, social,
cultural, deportivo etc., menos en su
propia fe.
En cambio, los hermanos
separados de las comunidades
neocristianas no tienen ese sacramento,
siendo que toda la “catequesis” que
reciben (aun que de una doctrina
equivocada) ya es para un nivel adulto.
Tienen una “cultura bíblica” (literal)
que, aun que incorrecta, es adulta.
378
Hablan con propiedad sobre lo que
toman por ser la verdadera fe.
De otra parte, el adulto católico
típico se ha quedado con una formación
infantil insustentable por su lógica
madura en donde las dos cosas “no
cuadran” (¿cómo puede ser María
virgen? ¿Si Jesús es Dios porqué no
nos salvó sin sufrir y morir?); a eso se
suman la desinformación de los medios,
opiniones de vecinos y parientes que
son tan indoctos cuanto ellos propios.
¿Qué pasa cuando un neocristiano
quiere llevárselo a su grupo? ¡Se lo
lleva!
Tuve oportunidad de preguntarle a
algunos hermanos católicos apóstatas
379
porque se fueron a aquellas
comunidades y la respuesta ha sido
básicamente la misma: “allí me
instruyeron en cosas que no me
enseñaron en la Iglesia”.
Probablemente esas personas no
buscaron esa enseñanza dentro de la
propia Iglesia porque no se les informó
que existía y nadie sale a buscar algo
que no sabe que existe. Posiblemente
habrían asumido que la información
doctrinal de los católicos había sido la
de sus siete años de edad. Abandonaron
su fe antes de conocerla.
Por la peculiaridad de su realidad,
en una prisión tenemos que previamente
preparar el ambiente con una pedagogía
apropiada. No podemos simplemente
380
invitarles a participar de una catequesis
porque la idea de “catequesis” que allí
se tiene no difiere mucho de la que la
gente tiene en el mismo ambiente
parroquial, que se trata de una cosa para
los niños y les da vergüenza apuntarse.
Hay que hacerles entender que lo
que se propone es una formación
especial para adultos en la cual se
enseñarán las cosas de la fe que no se
les podría explicar a quienes no tengan
entendimiento adulto. Cosas esas que
muestran como se pueden beneficiar
con la Doctrina que la Iglesia administra
y lo que podrían perder o dejar de
beneficiarse si no las conociesen. Un
buen porcentaje de asistentes se apunta
más por interés que por curiosidad,
381
concluye el curso de 26 semanas y
recibe su certificado.
En mi humilde opinión si en las
noticias dadas después de la Misa el
sacerdote también hiciese esa pedagogía
podría resultar en una feligresía más
consistente y menos ovejas perdidas.
Más que darle un énfasis exagerada a la
palabra catequesis (que se suele asociar
a la catequesis infantil, elementar, para
sus niños) convendría explicarles más
de qué se trata ese programa de
formación doctrinal para adultos,
programa de catecumenado, programa
de repaso o reciclaje catequético, etc.,
mencionando sus beneficios.
382
Queda autorizada la reproducción de
esta obra para fines didácticos
exclusivamente, sin interés comercial.
Asimismo, su publicación, desde que
además se cite la fuente.
CRÉDITOS:
Bibliografía: Catecismo de la Iglesia
Católica, La Santa Biblia (versión
Jerusalén), Compendio del Catecismo de la
383
Iglesia Católica (ISBN 84-288-1986-6);
CONFESIONES – San Agustín de Hipona
(ISBN 978-85-326-4186-1); LA CONFIANZA
EN DIOS – Jacques Philippe (ISBN 978-84-
7057-574-7); PARA SALVARTE – P. Jorge
Loring (ISBN 84-85662-96-2); JESÚS DE
NAZARET - Cardinal Joseph Ratzinger
(ISBN 9 788497 346368); DICCIONARIO
ENCICLOPÉDICO DE LA BIBLIA; LLAVE
BÍBLICA CATÓLICA (ISBN 978-85-276-
1325-5); otras obras del autor; otros
documentos oficiales de la Iglesia;
Imágenes propias y otras obtenidos mediante
Google en internet.
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Gibraltar
384
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