Futuro Distópico: La Máquina y el Hombre
Futuro Distópico: La Máquina y el Hombre
Forster (1909)
LA MAQUINA SE DETIENE
por E.M. Forster (1909)
Traducción
Marcos Buccellato (2011)
I
LA AERONAVE
Imagine, si usted puede, una habitación pequeña, de forma hexagonal, como la celda de una abeja.
No está iluminada ni por ventanas ni por lámparas, sin embargo la inunda un suave resplandor. No
tiene aberturas para ventilarla, aun así el aire es fresco. No hay instrumentos musicales, pese a esto,
al momento de comenzar mi relato, el cuarto vibraba con una música melodiosa. Hay un sillón en el
centro, junto a este una mesa de lectura – esos son los únicos muebles. Y en este sillón se sienta un
bulto arropado de carne – una mujer, de un metro y medio de alto, con la cara pálida como un hongo.
A ella es a quien le pertenece esta habitación.
Sonó un timbre eléctrico.
La mujer presionó un interruptor y la música se detuvo.
‘Supongo que debo ver quien es’, pensó, y puso su silla en movimiento. La silla, como la música, era
accionada por una maquina que la desplazo hacia el otro lado de la habitación donde el timbre
todavía sonaba de forma inoportuna.
‘¿Quién es?’ exclamó. Su voz estaba crispada, había sido interrumpida en varias ocasiones desde
que la música había comenzado. Ella conocía a varios miles de personas, en algunos sentidos, la
interacción humana había avanzado mucho.
Pero cuando escuchó por el receptor, su rostro blanco dejó dibujar una sonrisa entre sus arrugas, y
dijo:
‘Muy bien. Hablemos. Voy a ponerme en aislamiento. No espero que ocurra nada importante por los
próximos cinco minutos – así que puedo darte cinco minutos completos, Kuno. Luego debo impartir
mi conferencia sobre “La música en el periodo australiano”.’
Accionó la perilla de aislamiento, para que nadie más pudiera hablarle. Luego tocó el aparato de
iluminación, y la pequeña habitación se hundió en la oscuridad.
‘Date prisa’ exclamó, otra vez con irritación. ´Date prisa Kuno, aquí estoy en la oscuridad perdiendo
mi tiempo´.
Pero transcurrieron 15 largos segundos antes de que la placa redonda que sostenía en sus manos
comenzara a brillar. Una tenue luz azul se disparo a través de la misma, oscureciéndose hasta
ponerse violeta, y entonces la mujer vió la imagen de su hijo, que vivía al otro lado de la tierra, y él
podía verla a ella.
‘Kuno, que lento eres’
Ella sonrió severamente.
‘Te he llamado antes, madre, pero siempre estabas ocupada o en aislamiento. Tengo algo especial
que contarte.’
‘¿De qué se trata, querido niño? Apresúrate. ¿Por qué no lo has enviado por correo neumático?’
‘Porque prefiero decir estas cosas. Quiero…’
‘¿y bien?
‘Quiero que vengas a verme’
Vashti contempló su rostro en la placa azul.
‘¡Pero puedo verte!’ exclamó.’¿Qué mas quieres?’
‘Quiero verte, no a través de la máquina’, respondió Kuno. ‘Quiero hablarte, no a través de esta triste
máquina.’
‘¡Oh, cállate! Dijo su madre, levemente azorada. ‘No debes decir nada en contra de la Máquina.’
‘¿Por qué no?’
‘Uno no debe.’
‘Hablas como si Dios hubiera hecho la Máquina’, exclamó el otro.
‘Creo que le rezas cuando estas triste. Los hombres la han hecho, no olvides eso.. Grandes hombres,
pero hombres al fin. La Máquina es mucho, pero no lo es todo. Veo algo como tú en esta placa, pero
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no te veo a ti. Oigo algo como tú en este teléfono, pero no te escucho a ti. Por eso es que quiero que
vengas. Ven a visitarme, para que nos podamos ver cara a cara y hablar de los anhelos que tenemos
en nuestras mentes.’
Ella contestó que era muy difícil que pudiese disponer del tiempo para una visita.
‘A la aeronave le toma unos escasos dos días para volar desde donde estás hasta aquí.’
‘No me gusta la aeronave.’
‘Me desagrada ver la horripilante tierra marrón, y el mar, y las estrellas cuando está oscuro. No me
vienen ideas cuando estoy en la aeronave.’
‘Yo no las tengo en ningún otro lado.’
‘¿Qué tipo de ideas te puede traer el aire?’ el pausó por un instante.
‘¿No conoces esas cuatro grandes estrellas que forman una figura oblonga, y tres estrellas muy
cercanas entre sí que están en el medio de esta figura, y colgando de estas tres estrellas otras tres?’
‘No, no las conozco. Me desagradan las estrellas. ¿Pero acaso te dieron alguna idea? Que
interesante: Cuéntame.’
‘Tuve la idea de que eran como un hombre.’
‘No te entiendo.’
‘Las cuatro grandes estrellas son los hombros y las rodillas.
Las tres estrellas del medio son como los cinturones que alguna vez usaron los hombres, y las tres
estrellas que cuelgan de ahí parecen una espada.’
‘¿Una espada?’
‘Los hombres llevaban espadas con ellos, para matar animales y a otros hombres.’
‘No me parece una muy buena idea, pero ciertamente es original. ¿Cuando se te ocurrió?’
‘En la aeronave------‘ Su voz se quebró, y ella creyó verlo triste. No podía estar segura, porque la
Máquina no transmitía los detalles de la expresión. Solo daba una idea general de las personas – una
idea que era suficiente para todo propósito práctico, Vashti pensó. El resplandor imponderable, que
un desacreditado filósofo postuló como la verdadera esencia de la interacción humana, era
correctamente ignorado por la maquina, de la misma manera que la frescura imponderable de la uva
era ignorada por los fabricantes de frutas artificiales. Algo ‘suficientemente bueno’ había sido
aceptado por nuestra raza hacia ya mucho tiempo.
‘La verdad es’ continuó, ‘que quiero ver estas estrellas de nuevo. Son estrellas curiosas. No quiero
verlas desde la aeronave, sino desde la superficie de la tierra, como hicieron nuestros antepasados
miles de años atrás. Quiero visitar la superficie de la tierra.’
Ella quedo azorada nuevamente.
‘Madre, debes venir, aunque solo sea para explicarme que hay de malo en querer visitar la superficie
de la tierra.’
‘No hay nada de malo’ respondió, tratando de controlarse a sí misma. ’Pero tampoco nada bueno. La
superficie de la tierra es solo polvo y barro, no hay beneficio alguno. La superficie de la tierra es solo
polvo y barro, no queda vida sobre ella, y necesitarías un respirador, o el frio del aire exterior podría
matarte.
Uno muere inmediatamente en el aire exterior.’
‘Lo sé; por supuesto que tomaré todas las precauciones.’
‘Y por otro lado----‘
‘¿Si?’
Lo considero por un momento, y eligió con cuidado sus palabras. Su hijo tenía un extraño
temperamento, y ella quería disuadirlo de su expedición.
‘Es contrario al espíritu de nuestra era,’ ella afirmó.
‘¿Quieres decir con eso, contrario a la Máquina?’
‘En cierto sentido si, pero---‘
La imagen en la placa azul se desvaneció.
‘¡Kuno!’
El se había puesto en aislamiento.
Por un momento Vashti se sintió sola.
Luego ella encendió la luz, y el paisaje de su habitación, inundado de brillantez y atiborrado de
botones eléctricos, la reconforto. Había botones e interruptores por todos lados – botones para pedir
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comida, música, vestido. Había un botón para pedir un baño caliente, que al presionarlo hacia surgir
del suelo una bañera de mármol rosado (de imitación), repleto hasta el borde con un cálido y
desodorizado liquido. Estaba el botón de baño frio. Estaba el botón para obtener literatura. Y estaban
por supuesto los botones por los cuales se comunicaba con sus amigos. Pese a que la habitación no
contenía nada, la ponía en contacto con todo lo que a ella le importaba en el mundo.
El siguiente paso de Vashanti fue apagar el interruptor de aislamiento, y la acumulación de todos los
eventos de los últimos tres minutos llovieron sobre ella. El cuerto se lleno de sonidos de timbres, y
tubos parlantes.¿Como era la nueva comida?¿Ella la recomendaría?¿Había tenido alguna idea
últimamente?¿Podía uno contarle su propias ideas? ¿Sería posible solicitar que visitase los
albergues infantiles públicos en algún momento? – ¿digamos este día-mes?
A todas estas preguntas ella respondió con irritación – una cualidad cada vez mas desarrollada en
esta era acelerada. Contestó que la nueva comida era horrible. Que no podía visitar los albergues
públicos porque tenía otros compromisos. Que no había tenido ideas propias pero que le acababan
de contar una –sobre cuatro estrellas y tres en el medio que formaban un hombre: pero dudaba de
que hubiera algo de valor en la misma.
Luego ella apagó a sus solicitantes, porque era momento de su conferencia sobre música australiana.
El torpe sistema de encuentros públicos había sido abandonado hace tiempo; ni Vashti ni su
audiencia se movían de sus habitaciones. Sentada desde su sillón ella hablo, mientras que ellos
desde sus sillones la escuchaba, bastante bien, y la veían, bastante bien. Ella comenzó con un
gracioso recuento de la música en los tiempos pre Mongoles, y prosiguió relatando la gran explosión
del canto que sobrevino a la conquista china. Distantes y primales como eran los métodos de San-So
y la escuela de Brisbane, ella sentía (eso dijo) que el estudio de la misma podía ser un gran aporte
para los músicos actuales: tenían cierta frescura, y tenían, por sobre todo, ideas. Su conferencia, que
duro unos diez minutos, fue bien recibida, y al finalizarla, ella y su audiencia escucharon otro discurso
sobre el mar; sobre ideas que podían engendrarse a partir del mar; el disertante se había
aprovisionado de un respirador y lo había visitado recientemente. Luego ella se alimento, hablo con
varios amigos, tomo un baño, hablo nuevamente, y luego pidió por su cama.
La cama no estaba a su gusto. Era demasiado grande, y ella tenía el capricho de una cama pequeña.
Quejarse era inútil, todas las camas eran del mismo tamaño en todo el mundo, y tratar de tener una
medida alternativa hubiese implicado hacer descomunales alteraciones a la Máquina. Vashti se puso
en aislamiento – era necesario, porque ni la noche ni el dia existían bajo tierra- y repaso todos los
sucesos que acontecieron desde la última vez que pido por su cama. ¿Ideas? Apenas algunas.
Sucesos - ¿Acaso era un suceso la invitación de Kuno?
A su lado, en la pequeña mesa de lectura, se encontraba un vestigio de la era de la basura – un libro.
Este era el libro de la Máquina. En el estaban las instrucciones para cualquier posible contingencia. Si
se sentía con frio o calor o dispéptica o no recordaba alguna palabra, recurría al libro, y este le
indicaba que botón presionar. El Comité Central lo había publicado, y de acuerdo con un hábito
ampliamente divulgado, estaba finamente encuadernado.
Sentándose sobre la cama, lo tomo reverentemente en sus manos. Miro alrededor del cuarto
resplandeciente como si alguien la estuviera mirando. Luego, medio avergonzada, medio alegre, ella
murmuro ‘¡Oh Máquina! ¡Oh Máquina!’ y llevo el libro a sus labios. Tres veces lo beso, tres veces
inclino su cabeza, tres veces ella sintió el delirio de la aquiescencia. Llevado a cabo su ritual, abrió el
libro en la página 1367, donde estaban indicados los horarios de partida de las aeronaves desde la
isla del hemisferio sur, bajo la cual ella vivía, hacia la isla del hemisferio norte, bajo la que vivía su
hijo.
Pensó, ‘No tengo tiempo.’
Ella oscureció la habitación y durmió, se despertó e ilumino la habitación, comió e intercambio ideas
con sus amigos, escucho música y asistió a conferencias; oscureció su habitación y durmió. Sobre
ella, debajo de ella, alrededor de ella, la maquina zumbaba eternamente; ella no se percataba del
ruido, porque había nacido con él en sus oídos. La tierra que la soportaba, zumbaba mientras se
desplazaba a través del silencio, rotando en un momento hacia sol invisible, y en otro a las estrellas
invisibles. Se despertó e ilumino su habitación.
‘¡Kuno!’
‘No hablaré contigo.’ El respondió ‘hasta que vengas.’
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finamente sincronizado estaba el sistema, tan independiente del estado meteorológico, que el cielo,
estuviese calmo o cubierto, parecía un gigantesco caleidoscopio donde los mismos patrones eran
dibujados una y otra vez. La nave en la que Vashti viajaba partía a veces al atardecer y otras al
amanecer. Pero siempre, mientras pasaba sobre Rheas, volaría a un lado de la nave que cubría el
tramo entre Helsingfors y los Brasiles, y, cada tercera vez que sobrevolaba los Alpes, la flota de
Palermo cruzaría justo detrás de ella. Día y noche, viento y tormenta, mareas y terremotos, ya no
presentaban un obstáculo para el hombre. Se había dominado al Leviatan. Toda la antigua literatura,
con su elogio a la naturaleza, y su temor a la naturaleza, sonaba falsa como el balbuceo de un niño.
Sin embargo mientras Vashti contemplaba el largo flanco de la nave, marcado por el contacto con el
aire externo, su terror a la experiencia directa regreso. No se veía como la aeronave del fotocine.
Por un lado olía, no era un olor fuerte o desagradable, pero si olía, y con sus ojos cerrados ella debió
poder saber que esta cosa nueva estaba cerca de ella. Luego ella debió caminar hacia la nave desde
el elevador, debió soportar las miradas de los otros pasajeros. El hombre frente a ella dejo caer su
Libro – nada grave, pero los incomodo a todos. En las habitaciones, si el Libro caía, el piso lo elevaba
mecánicamente, pero el pasadizo que llevaba a la aeronave no estaba preparado para tal fin, y el
sagrado volumen permaneció inmóvil. Se detuvieron – era algo imprevisto – y el hombre, en lugar de
recoger su propiedad, sintió los músculos de su brazo para ver porque le habían fallado. Luego
alguien dijo dirigiéndose a ellos directamente: ‘llegaremos tarde’ – y se apresuraron a bordo, Vashti
pisoteo las páginas mientras lo hacía.
Dentro de ella, la ansiedad se incrementaba. Los arreglos eran anticuados y rústicos. Incluso había
una asistente femenina a la que había que comunicarle las necesidades durante el viaje. Por su
puesto una plataforma móvil cruzaba a lo largo de la nave, pero se esperaba que ella caminara desde
la misma a su camarote. Algunos de los camarotes eran mejores que otros, y ella no obtuvo el mejor.
Pensó que la asistente no había sido justa, y pequeños temblores de furia la sacudieron. La
compuerta de cristal se cerro, y ya no hubo vuelta atrás. Contemplo, al final del vestíbulo, el elevador
por el que había ascendido subir y descender suavemente, vacio. Debajo de esos corredores de
paneles brillantes había habitaciones, capa tras capa, hundiéndose en las profundidades de la tierra,
y dentro de cada habitación había un humano sentado, comiendo, durmiendo o produciendo ideas. Y
enterrado en lo profundo de la colmena estaba su propia habitación. Vashti tenía miedo.
‘Oh Maquina!’ murmuro, y acariciando su Libro se sintió reconfortada.
Luego las paredes del vestíbulo se fundieron, como los imágenes que vemos en los sueños, el
elevador se desvaneció, y el Libro que había caído se deslizó hacia la izquierda y desapareció,
paneles pulidos llegaron como un torrente de agua, hubo una leve inclinación y la aeronave,
surgiendo del túnel, se remonto por sobre las aguas del océano tropical.
Era de noche. Por un momento pudo ver la costa de Sumatra contorneada por la fosforescencia de
las olas, y poblada de faros, todavía emitiendo sus ignoradas señales. Estos también se
desvanecieron, y solo las estrellas la distrajeron. No permanecían inmóviles, sino que se meneaban
de aquí para allá por sobre su cabeza, amontonándose desde una abertura en el techo a otra, como
si el universo y no la aeronave estuvieran desplazándose. Y, como ocurre con frecuencia en las
noches despejadas, parecían estar a veces en perspectiva y otras veces en un plano; a veces
apiladas capa sobre capa sobre el cielo infinito, y a veces ocultando este infinito, un techo que limita
por siempre las visiones de los hombres. En cualquier caso eran intolerables. ’¿Debemos viajar en la
oscuridad?’ exclamaron los pasajeros con enojo, y la asistente, quien se había descuidado, encendió
las luces, y cerro las persianas de metal flexible. Cuando las aeronaves se construyeron, el deseo de
contemplar directamente las cosas todavía existía en el mundo. Debido a esto es que existían un
gran número de ventanas y aberturas en el techo, y con ello la proporcional incomodidad para
quienes eran civilizados y refinados. Incluso en el camarote de Vashti una estrella se filtraba a través
de una falla en la persiana, y luego de algunas horas de sueño difícil, fue perturbada por un brillo
poco familiar, era el amanecer.
Rápido como la nave se desplazo hacia el oeste, la tierra giro hacia el este mas rápido aun, y arrastro
a Vashti y sus compañeros hacia el sol. La ciencia podía prolongar la noche, pero solo por un breve
tiempo, y las nobles esperanzas de neutralizar la rotación diurna de la tierra ya se habían
abandonado, al mismo tiempo que otras aspiraciones posiblemente más elevadas. El ‘mantener el
paso del sol’, o incluso superarlo, fue el objetivo de la civilización predecesora. La construcción de
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aviones de carrera para tal propósito, capaces de enormes velocidades, fue impulsada por los más
grandes intelectos de la época. Alrededor del globo giraban, vuelta tras vuelta, hacia el este, siempre
hacia el este, en medio de los aplausos de toda la humanidad. En vano. La tierra siempre giraba más
rápido hacia el este, ocurrían horribles accidentes, y el comité de la maquina, en ese momento
ganando notoriedad, declaro ilegales tales actividades, no-mecánicas, y castigables con el
desamparo[1].
Se hablara del desamparo más adelante.
Indudablemente el comité tenía razón. Sin embargo el intento de ‘derrotar al sol’ significo el último
interés común que tuvo la humanidad al respecto de los cuerpos celestes, o sobre cualquier otro
tema. Fue la última vez que los hombres se congregaron para pensar en algún poder mas allá de
este mundo. El sol fue el vencedor, sin embargo fue el fin de su dominio espiritual. El amanecer, el
mediodía, el crepúsculo, el camino del zodiaco, ya no tocaba ni las vidas ni el corazón de los
hombres, y la ciencia bajo a tierra para concentrarse en problemas de la que estuviera segura que
podía resolver.
Así que cuando Vashti vio su camarote inundado por un rayo de luz rosada, se molestó, y trato de
ajustar la persiana. Pero esta se abrió por completo, y ella pudo ver en la luz del cielo pequeñas luces
rosadas, moviéndose sobre un fondo azul, y a medida que el sol trepaba más alto, su brillo entro
directamente, orillando hacia abajo por las paredes, como un océano dorado. Ascendía y caía con el
movimiento de la aeronave, de la misma forma que las olas ascienden y caen, pero avanzaba
firmemente, como avanza la marea.
Si no era cuidadosa, la golpearía en su cara. Un espasmo de terror la invadió y llamo a la asistente.
La asistente también se sitio horrorizada, pero no podía hacer nada; no era su función arreglar la
persiana. Solo podía sugerirá que la dama cambiase de camarote, la cual se preparo para tal fin.
La gente era casi idéntica en todo el mundo, pero la asistente de la aeronave, quizás debido a sus
tareas excepcionales, había crecido un poco más de lo normal. Normalmente debía dirigirse a los
pasajeros de forma directa y esto le había concedido cierta brusquedad y originalidad a sus formas.
Cuando Vashti se aparto con un grito de los rayos del sol, ella fue bastante salvaje; extendió su mano
para sostenerla.
La cara norte de los himalayas estaba cubierta de una profunda sombra: en la ladera de la india el sol
acababa de despuntar. Los bosques habían sido destruidos durante la época literaria con el propósito
de hacer pasta para peridodicos, pero la nieve estaba despertando a su gloria matinal y todavía se
podían ver las nubes sobre el pecho del Kinchinjunga. En la llanura se podían ver ruinas de ciudades,
con tenues ríos cruzando entre sus muros, y sobre los costados de algunas había señales de
vomitorios, indicando las ciudades de hoy en día.
En todo este proceso las aeronaves volaban, cruzando el espacio intermedio con increíble aplomo,
subiendo con indiferencia cuando deseaban escapar de las perturbaciones de la atmosfera inferior
para cruzar por sobre el “Techo del Mundo”.
‘¡Realmente hemos avanzado gracias a la Máquina!,’ repitió la asistente y oculto los Himalayas detrás
de la Cortina metálica.
El día se arrastraba tristemente hacia adelante. Cada pasajero yacía sentado en su camarote,
evitándose mutuamente con una repulsión casi física y anhelando estar nuevamente bajo la
superficie de la tierra. Había unos ocho o diez de ellos, principalmente hombres jóvenes, enviados de
las guarderías públicas para que habitasen las habitaciones de aquellos que habían muerto en las
distintas partes del mundo. El hombre que había dejado caer el libro estaba en un viaje de regreso a
casa. Había sido enviado a Sumatra con el propósito de propagar la especie. Solamente Vashti
viajaba por voluntad propia.
Al mediodía realizo su segunda mirada a la superficie de la tierra. La aeronave estaba cruzando otra
cadena montañosa, pero ella no pudo ver mucho debido a las nubes. Masas de roca negra flotaban
por debajo suyo, y se mezclaban indistintamente con el gris. Sus formas eran fantásticas; una de
ellas parecía un hombre postrado.
‘Aquí no hay ideas,’ murmuró Vashti, y ocultó el Cáucaso detrás de la cortina metálica.
II
EL APARATO REPARADOR
A través de un vestíbulo, un elevador, unos andenes tubulares, por una plataforma, una puerta
deslizante, revirtiendo todos los pasos de su partida fue que Vashti llego a la habitación de su hijo, la
cual se veía exactamente igual a la suya. Perfectamente podía haber dicho que la visita era
superflua. Los botones, las perillas, la mesa de lectura y el libro, la temperatura, la atmosfera, la
iluminación, todo era exactamente lo mismo. Y aunque el mismo Kuno, carne de su carne, estuviera
parado a su lado al fin, ¿cuál era el beneficio de eso? Ella estaba demasiado bien educada como
para estrechar su mano.
Evitando su mirada, ella dijo lo siguiente:
“Aquí estoy. Tuve un viaje terrible que ha retrasado en gran medida el desarrollo de mi alma. No
tiene sentido Kuno. Mi tiempo es muy valioso. La luz del sol casi me toca, y me encontré con
personas muy desagradables. Solo puedo detenerme unos minutos. Dí lo que tengas que decir, y
luego debo regresar.
“He sido amenazado con el Desamparo”, dijo Kuno.
Ahora ella lo contempló.
“He sido amenazado con el Desamparo y no podía decirte semejante cosa a través de la maquina”.
El Desamparo significa la muerte. La víctima es expuesta al aire exterior, el cual es mortal.
“He estado en el exterior desde que hablamos la última vez. Una cosa horrible a ocurrido y me han
descubierto.”
“¿Pero porque no has de ir al exterior?” exclamó ella, “Es perfectamente legal, perfectamente
mecánico, visitar la superficie de la tierra. Hace poco asistí a una conferencia sobre el mar; no hay
objeción a ello; uno simplemente obtiene un respirador y consigue un permiso de salida. No es algo
acorde a la gente espiritual, y te rogaría que no lo hicieses, pero no hay ninguna objeción legal a
ello.”
“Nunca obtuve un permiso de salida.”
“¿Entonces como saliste?”
“Encontré una forma de hacerlo por mí mismo”
La frase no tenía sentido alguno para ella y el tuvo que repetirla.
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“¿Una forma de hacerlo por ti mismo?” murmuró ”Pero eso estaría mal.”
“¿Por qué?”
La pregunta la dejo atónita más allá de cualquier medida.
“Estas empezando a venerar a la maquina”, dijo el fríamente.
“Crees que encontrar un medio propio para salir es irreligioso de mi parte. Es exactamente lo que el
Comité pensó cuando me amenazaron con el Desamparo.”
Esto ultimó la enfureció “ ¡Yo no venero nada!” exclamó “Soy demasiado avanzada. No te considero
irreligioso, porque ya no hay algo así como la religión. Todo el miedo y la superstición que existía
antes, fue erradicado con la Maquina. Solo quise decir que encontrar un medio propio es… Por otro
lado, no existe una nueva forma de salir.”
“Siempre se asumió eso”.
“Excepto a través de los vomitorios, para lo cual uno debe tener un permiso de salida, es imposible
salir al exterior. El libro así lo dice.”
“Bueno, entonces el libro está equivocado, porque yo he estado con mis propios pies.”
Kuno poseía cierta fortaleza física.
En esos tiempos no era nada meritorio ser musculosos. Cada infante era examinado cuidadosamente
al nacer, y aquellos que daban indicios de desarrollo de fortaleza física, eran destruidos. Los
humanitarios podían protestar, pero no hubiese sido ningún acto de bondad sincera dejar vivo a un
atleta.; nunca llegaría a ser feliz en las condiciones de vida en el que la Maquina proporcionaba,
siempre estaría anhelando arboles a los que trepar, ríos en los que bañarse, praderas y colinas
contra las cuales medir su destreza. El hombre debe ser adaptado a su entorno, ¿no es así? En los
albores de nuestro mundo los débiles eran expuestos en el monte Taigeto, en el ocaso del mismo los
fuertes sufren la eutanasia para que la maquina progrese, para que la maquina progrese, para que la
maquina siga progresando eternamente.
“Hemos perdido el sentido del espacio y el tiempo. Decimos ‘el espacio a sido aniquilado”, pero no
hemos eliminado el espacio, sino las sensación del mismo. Hemos perdido una parte de nosotros
mismos. Yo me predispuse a recuperar esa parte, y a tal fin comencé por caminar hacia arriba y
debajo del andén que está fuera de mi habitación. Hacia arriba y abajo hasta que estuve cansado, y
con ello recupere el concepto de ‘Cerca’ y ‘Lejos’. ‘Cerca’ es ese lugar al que puedo llegar
rápidamente con mis pies y no aquel lugar a donde el tren o la aeronave pueden llevarme con
rapidez. ‘Lejos’ es a donde no puedo llegar rápido con mis pies; el vomitorio está ‘lejos’, aunque
puede llegar allí en treinta y ocho segundos usando el tren. El hombre es la medida. Esa fue mi
primera lección. Los pies del hombre son la medida de la distancia, las manos son la medida de su
posesión, su cuerpo es la medida de todo lo que es amable, deseable y fuerte. Luego fui más lejos:
en ese momento fue que te llame por primera vez, y tu no viniste.”
“Esta ciudad, como la conoces, está construida en las entrañas de la tierra, donde solo asoman los
vomitorios. Habiendo cruzado la plataforma fuera de mí habitación tome el elevador a la siguiente
plataforma crucé esa también y así sucesivamente hasta que llegue hasta la última, sobre la cual
comienza la tierra. Todas estas plataformas son exactamente iguales, y lo único que obtuve por
cruzarlas fue desarrollar mi sentido del espacio y el tiempo y mis músculos. Creo que debí haber
estado satisfecho con esto, no es poco, pero mientras caminaba y me desarrollaba, se me ocurrió
que nuestras ciudades fueron construidas en los tiempos en los que los hombres todavía respiraban
el aire exterior, y que debieron existir ductos de ventilación para que los trabajadores pudieran
respirar. Solo podía pensar en estos ductos de ventilación. ¿Fueron estos destruidos por todos los
tubos de comida, los tubos de medicina y los tubos de música que la maquina fue desarrollando en
los últimos tiempos?¿O acaso quedaban algunos restos de los mismos? Una cosa era segura, si
llegaba a encontrarme con uno de ellos, iba a ser en los túneles de los trenes de los pisos superiores.
En cualquier otro lugar, todo el espacio estaba ocupado.”
“Estoy relatando la historia rápidamente, pero no pienses que no fui cobarde o que tus respuestas no
me disuadían. No es lo correcto, no es mecánico, no es decente caminar por los túneles del tren. No
temía llegar a pisar algún riel eléctrico y morir. Temía a algo mucho más intangible, hacer aquello que
no había sido considerado por la Máquina. Luego me dije a mi mismo, ‘El hombre es la medida’, y
proseguí, y luego de varias visitas encontré una abertura.”
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“Estos túneles, obviamente estaban iluminados, todo tiene luz, luz artificial; la oscuridad es la
excepción. Así que cuando vi una rendija oscura en los paneles, supe que era una excepción y me
sentí complacido. Introduje mi brazo, no pude introducir más que eso en un principio, y lo agite de un
lado al otro en un éxtasis de alegría. Aflojé otro panel, introduje mi cabeza y hombros dentro de la
oscuridad y grité: ’Estoy llegando, lo voy a conseguir’ y mi voz retumbo por los pasillos interminables.
Me pareció percibir que los espíritus de aquellos trabajadores muertos que retornaban cada día a la
luz de las estrellas con sus esposas, y todas esas generaciones que habían vivido en el aire libre me
respondían: ‘Lo vas a conseguir, ya estas llegando’
Hizo una pausa en su relato, y por más que sonara absurda, sus últimas palabras la conmovieron.
Kuno había solicitado ser padre recientemente, y su solicitud fue rechazada en repetidas
oportunidades por el Comité. No era el tipo de individuo que la Maquina deseaba perpetuar.
“Luego paso un tren. Casi me golpea, pero logre introducir mi cabeza y los brazos dentro del agujero.
Había hecho suficiente por un día, por lo que me arrastre nuevamente hacia la plataforma, baje por el
elevador y me recosté en mi cama. ¿Qué sueños tuve! Nuevamente te llame, y nuevamente me
rechazaste.”
Ella sacudió su cabeza y dijo:
“No, no hables de estas cosas terribles. Me entristece, estas dejando atrás la civilización.”
“Pero había recuperado el sentido del espacio y el hombre no puede descansar después de esto.
Tomé la determinación de meterme dentro del agujero y subir por el ducto. Para eso ejercite mis
brazos. Día tras día realizando ridículos movimientos, hasta que mi carne estallaba de dolor, y
finalmente logre colgarme de mis manos y sostener la almohada de mi cama extendida durante
varios minutos. Luego busque un respirador y comencé.”
“Al principio fue sencillo, las juntas se habían podrido de tal manera que pude empujar hacia adentro
algunos paneles más cayendo detrás de ellos en la oscuridad, y los espíritus de los muertos me
reconfortaron. No sé que signifique eso. Solo sé que lo sentí. Sentí por primera vez que una protesta
se había alzado contra la corrupción, y que mientras que los muertos me reconfortaban a mi yo
reconfortaba a los no nacidos. Sentí que la humanidad existía, y que existía sin ropas. ¿Cómo puedo
explicar esto? Estaba desnuda, la humanidad parecía desnuda, y ninguno de estos tubos, botones y
maquinarias venían al mundo con nosotros, ni tampoco nos acompañarían al partir, ni siquiera eran
de importancia suprema mientras estamos aquí. Si hubiera sido fuerte, me hubiese despojado de
toda la vestimenta que llevaba y salido al exterior sin nada. Pero esto no era para mí, ni siquiera para
mi generación entera. ¡Subí con mi respirador, mis toallas higiénicas y mis pastillas de alimento!
¡Mejor así que no salir!
“Había una escalera hecha de algún metal primitivo. La luz del andén se reflejaba en los peldaños
inferiores y logre ver que conducía hacia arriba por sobre los escombros del fondo del ducto. Es
probable que nuestros ancestros hayan circulado por los mismos una docena de veces por día,
durante la construcción. Mientras trepaba, los bordes filosos cortaban mis guantes de manera tal que
mis manos sangraban. La luz me ayudó poco y luego sobrevino la oscuridad, pero lo pero era el
silencio que perforaba mis oídos como una espada. ¿La Maquina zumba! ¿¡Sabias Eso!? El zumbido
penetra en nuestra sangre, he incluso puede guiar nuestros pensamientos. ¡Quién Sabe! Me estaba
alejando más allá de su alcance. Luego pensé: ’¡Este silencio significa que estoy obrando mal!’ Pero
escuche voces en ese silencio, y nuevamente me fortalecieron.” Dejó escapar una carcajada “Tuve la
necesidad de ellas. Un momento más tarde mi cabeza golpeo contra algo.”
Ella Suspiro.
“Me había topado con uno de esos sellos neumáticos que nos protegen del aire exterior. Es probable
que los hayas vistos desde la aeronave. Negra oscuridad, mis pies en los peldaños de una escalera
invisible, mis manos cortadas; no puedo explicar cómo es que supere esta parte, pero las voces me
reconfortaban”, y tanteé para ver si podía encontrar algún cierre. El sello, supongo, tenía ocho pies
de ancho. Deslice la mano por el hasta donde pude alcanza. Era perfectamente liso. Alcance casi el
centro del mismo, no justo el centro ya que mi brazo era muy corto. Entonces la voz dijo: ‘¡Salta! Vale
la pena. Puede que haya alguna manija en el centro y puedas agarrarla y llegar a nosotros por tus
propios medios. Y si no hay manija alguna, y caes y te haces pedazos, todavía vale la pena:
igualmente vendrás a nosotros por ti mismo.’ Entonces salte. Había una manija y…”
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Hizo una pausa. Las lágrimas se apiñaban en el rostro de sus madres. Sabía que estaba condenado.
Sino moría hoy, moriría mañana. No había lugar en el mundo para una persona como él. Y con la
pena se mezclo el enojo. Estaba avergonzada de haber dado a luz a semejante hijo, ella que siempre
fue respetable y llena de ideas. ¿Era realmente él a quien ella había enseñado el uso de los botones
y palancas, y a quien había dado la primera lección sobre El Libro? El mismo bello que desfiguraba
sus labios demostraba que estaba retrotrayéndose a un estado salvaje. Con los atavismos La
Maquina no podía tener piedad.
“Había una manija, y la pude alcanzar. Colgué en la oscuridad como en un trance y el zumbido de
estas maquinaciones como el último suspiro de un sueño moribundo. Todas las cosas que me
importaban, todas las personas con las que había hablado a través de los tubos parecían
infinitamente pequeñas. La manija cedió. Mi peso había puesto algo en movimiento y empecé a
moverme con lentitud, y entonces….
No puedo describirlo. Me encontré acostado con mi rostro al sol. Sangre brotaba de mi nariz y oídos y
escuche un tremendo rugido. El sello, y yo colgando de él, había sido despedido de la tierra, y el aire
que nosotros tenemos aquí abajo comenzó a escaparse de la abertura hacia el aire exterior. Brotaba
como una fuente. Me arrastre nuevamente hacia ella, ya que el aire exterior me lastimaba, y comencé
a respirar a bocanadas desde la orilla. Mi respirador había volado dios sabe a dónde, mis ropas
estaban desgarradas. No pude más que yacer con mis labios pegados al agujero, respirando hasta
que la sangre se detuvo. No te imaginas nada más curioso. Esta hondonada cubierta de pasto,
hablare de ella en un minuto, el sol brillando dentro de ella, no encandilando, sino a través de un
tamiz de nubes – la paz, la indiferencia, el sentido de espacio, y, frotando mi rostro una fuente
rugiente de aire artificial! En algún momento pude vislumbrar el respirador, meneándose en la
corriente por sobre mi cabeza, y más arriba todavía, había varias aeronaves. Pero nadie nuca se
detiene a mirar desde las aeronaves, y de cualquier manera no me podrían haber rescatado. Ahí me
encontraba yo, varado. El sol se filtraba un poco dentro de la abertura y dejaba ver los peldaños
superiores de la escalera, pero era imposible alcanzarlos. Podía ocurrir que nuevamente saliese
despedido por el aire o que callera al vacio por el ducto. Solo podía yacer en el pasto, tratar de
respirar y de cuando en cuando mirar a mi alrededor.”
“Yo sabía que estaba en Wessex, porque había tomado el recaudo de asistir a una conferencia sobre
el tema antes de partir. Wessex se encuentra por sobre la habitación en la que nos encontramos
hablando ahora. Fue un estado importante en algún momento. Sus reyes dominaron toda la costa sur
desde Andredswald a Cornwall, mientras que el Wandsdyke los protegía hacia el norte,
extendiéndose por sobre las tierras altas. La conferencia solo se ocupo del surgimiento de Wessex,
por lo que no sé cuánto tiempo perduro como potencia internacional, y de todas maneras esa
información no me hubiera ayudado mucho. A decir verdad, no podía hacer nada más que reírme, en
ese momento. Allí me encontraba yo, con el sello neumático a mi lado, el respirador meciéndose
sobre mi cabeza, prisioneros, los tres en una hondonada de pasto crecido rodeada de helechos.”
Su rostro se ensombreció nuevamente.
“Afortunadamente para mí era una hondonada, ya que el aire comenzó a descender en ella como el
agua llena un cuenco. Me podía arrastrar por el lugar. Luego me pare. Respiré una mezcla, donde
predominaba el aire dañino cada vez que trataba de trepar por los lados. Esto no fue tan grave. No
había perdido mis pastillas y permanecía ridículamente entusiasta, y en lo que respecta a la Maquina,
me había olvidado cualquier cosa referente a ella. Mi único objetivo era llegar a la cima, donde
estaban los helechos y poder contemplar cualquier cosa que estuviera más allá.”
“Corrí por la pendiente. El aire nuevo todavía era demasiado amargo y caí rodando no sin antes
lograr ver un destello de algo gris. La luz del sol ya era muy débil, y recordé que estaba en Escorpio –
también había asistido a una conferencia sobre ese tema. Y si el sol está en Escorpio y uno se
encuentra en Wessex, eso significa que uno debe apresurarse ya que pronto oscurecerá. (Era la
primera vez que algo útil salía de alguna de esas conferencias, y estaba convencido de que sería la
última vez). Esto me llevo a tratar desesperadamente de respirar el aire nuevo, y a salir lo más rápido
que pudiera de mi agujero. La depresión se llenaba muy lentamente, por momentos me pareció que
la fuente de aire perdía vigor. Mi respirador flotaba cada vez más cerca de la tierra, el rugido
desaparecía.”
Interrumpió su relato.
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“No creo que esto te esté interesando. El resto probablemente te resulte todavía menos interesante.
No hay ideas en esta historia, y lamento haberte molestado pidiéndote que vinieras. Somos muy
diferentes, madre.”
Ella le pidió que continuara.
“La noche había llegado para cuando pude trepar por la ladera. Para ese momento el sol ya casi
había desaparecido del cielo y no pude obtener una buena vista. Tu, que acabas de cruzar el techo
del mundo, seguramente no querrás escuchar sobre las pequeñas colinas que puede ver – pequeñas
y oscuras colinas. Pero para mí estaban vivas y la turba que las recubría era como una piel, bajo la
cual se entrelazaban sus músculos, y sentí que esas colinas habían llamado a los hombres en el
pasado con una fuerza incalculable, y que los hombres las habían amado. Ahora dormían –
probablemente para siempre. Estaban en comunión con los hombres en los sueños. Feliz el hombre,
feliz la mujer que despierta sobre las colinas de Wessex. Porque pese a que duermen, jamás
morirán.”
Su voz se alzo con pasión.
“¿No lo puedes ver, no lo pueden ver todos ustedes los conferencistas, somos nosotros los que
estamos muriendo y que aquí debajo lo único que vive realmente es la Maquina? Nosotros creamos a
la Maquina, para hacer nuestra voluntad, pero no podemos hacer que haga nuestra voluntad ahora.
Nos a robado el sentido del espacio y el sentido del tacto, a distorsionado cada relación humana y ha
convertido al amor en un mero acto carnal, ha paralizado nuestro cuerpo y nuestra voluntad y ahora
nos compele a adorarla. La Maquina desarrolla – pero no nuestras mentiras. La Maquina avanza –
pero no hacia nuestras metas. Solo existimos como corpúsculos de sangre que fluyen por sus
arterias, y si pudiera funcionar sin nosotros, nos dejaría morir. Ah! Ya no tengo remedio – o, al menos
solo uno – decirle a los hombres una y otra vez que pude contemplar las colinas de Wessex como
Efrid las contemplo cuando derroto a los daneses.”
“Así que el sol se oculto. Olvide mencionar que había un halo de niebla entre las colinas, y que era de
un hermoso color perla.”
Interrumpió su relato por segunda vez.
“Continua” dijo su madre con tristeza.
El sacudió su cabeza.
“Continua, nada de lo que puedas decir me puede afectar. Ya me he endurecido”
“Pense que podría contarte el resto, pero no puedo: se que no puedo: adiós.”
Vashti quedo perpleja. Cada fibra de su cuerpo estaba tensionada con sus blasfemias. Pero al mismo
tiempo sentía curiosidad.
“Esto es injusto”, se quejo.”Me pediste que cruce todo el mundo para escuchar tu historia, y
escucharla es lo que pretend hacer Dime, lo mas brevemente que puedas, ya que esta es una
desastrosa pérdida de tiempo – cuéntame ahora como es que regresaste a la civilización”
“Ah!! Eso” exclamó sorprendido. “Quieres escuchar sobre la civilización. Sin duda. ¿Te mencione ya
donde había caido mi respirador?”
“No – Pero lo comprendo todo ahora. Tu te pusiste el respirador, y de esa manera pudiste caminar
por las superficie de la tierra hasta llegar a un vomitorio, y allí tu conducta fue reportada al comité
central.”
“De ninguna manera.”
Froto su mano por su frente, como si quisiera disipar alguna experiencia desagradable. Luego,
prosiguió con su relato.
“Mi respirador había caído alrededor del atardecer. Mencione que la fuente de aire parecía mas débil,
¿verdad?”
“Si”
“Al atardecer dejo caer mi respirador. Como mencioné, había olvidado todo lo relacionado con la
máquina, y no prestaba mucha atención al tiempo transcurrido, ocupado en otros temas. Tenía mi
estanque de aire, en el cual me podía sumergir cada vez que la atmosfera enrarecida se volvía
insoportable, y el cual posiblemente pudiera durar días, si no soplaba ningún viento que lo dispersara.
No fue sino hasta que fue demasiado tarde que me di cuenta que era lo que impedía mi escape. La
hendidura en el túnel ya había sido reparada” el Aparato Reparador, el Aparato Reparador estaba
detrás de mí.”
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“Otra advertencia que también tuve, pero no le di importancia. El cielo nocturno era mas claro que
durante el dia, y la luna, que estaba a medio cielo detrás del sol, iluminaba por momentos
intensamente dentro de la hondonada. Yo estaba en mi lugar usual – en el límite entre las dos
atmosferas –cuando creí ver algo oscuro moverse en el fondo de la depresión y desaparecer por la
escotilla. Inocentemente corrí hacia abajo. Me incline y escuche, y crei percibir un lejano chirrido en
las profundidades.”
“En ese momento, aunque demasiado tarde, me alarme. Estaba determinado a ponerme mi
respirador y caminar hacia fuera de la hondonada. Pero mi respirador había desaparecido. Sabía
exactamente donde había caído - entre la apertura y el sello – y hasta podía sentir la marca que
había dejado en el césped. Ya no estaba, y me di cuenta que algo malo estaba ocurriendo, y lo mejor
sería que escapase hacia el otro aire, y si debía morir, lo haría corriendo hacia la nube color perla. Ni
siquiera pude comenzar. Desde la escotilla – es muy horrible. Un gusano, un largo gusano blancuzco,
repto fuera del tunel y se deslizaba sobre la hierba a la luz de la luna.
“Grite, hice todo lo que no debí haber hecho, pisotee a la criatura en vez de escapar de ella, y de
inmediato se enrosco en mi talón. Peleé con ella. El gusano dejo que corriera por toda la hondonada,
pero fue subiendo por mis piernas mientras lo hacia. “Auxilio” grite. (Esa parte es demasiado
desagradable. Pertenece a la parte de la historia que nunca sabrás) . “Auxilio” grite. (¿porque núnca
podemos sufrir en silencio?) Luego mis pies fueron amarrados con fuerza, caí, fuí arrastrado lejos del
cerco de helechos y las colinas vivas, y pase al lado del sello metálico (puedo contarte esta parte), y
creí que podría salvarme de nuevo si me aferraba a la manija del mismo. También estaba amarrado
por algo, también lo habían atrapado. O, toda la hondonada estaba llena de cosas vivas. Buscaban
en todas direcciones, estaban despojándola de todo, y los hocicos blancos de otras criaturas se
asomaban por el agujero, preparadas por si era necesario. Todo lo que podía ser movido lo atrapaban
– arbustos, maleza, todo, y todos fuimos arrastrados en una masa entrelazada hacia el infierno. Lo
último que pude ver, antes de que el sello metalico se cerrara detrás nuestro, fueron ciertas estrellas,
y yo sentí que un hombre como yo vivía en el cielo. Porque yo luche, luche hasta el final, y fue solo
cuando mi cabeza golpeo con la escalera que deje de moverme. Desperté en este cuarto. Los
gusanos habían desaparecido. Estaba rodeado de aire artificial, luz artificial, paz artificial, y mis
amigos me llamaban a través de los tubos de comunicación para saber si se me habían ocurrido
ideas nuevas en los últimos días.”
Aquí terminó el relato. Cualquier discusión era imposible, y Vashti se preparo para regresar.
“Terminara en Desamparo”, dijo suavemente.
“Ojala así sea” replico Kuno.
“La Maquina ha sido muy misericordiosa”
“Prefiero la misericordia de Dios”
“¿Con esa frase supersticiosa, quieres decir que podrías vivir en el aire exterior?”
“Sí.”
“¿Alguna vez has visto alrededor de los vomitorios los huesos de aquellos que fueron excluidos luego
de la Gran Rebelion?”
“Si.”
”Fueron abandonados ahí y perecieron como ejemplo para nosotros. Algunos se arrastraron más allá,
pero también murieron – ¿quien puede dudarlo? Y así tambien los desamparados de nuestros días.
La superficie de la tierra ya no permite la vida.”
“Ciertamente”
“Helechos y pasto pueden sobrevivir, pero cualquier forma de vida superior ha muerto. ¿Alguna vez
alguna aeronave ha detectado algo?”
“No”
“¿Algún conferencista ha hablado sobre el tema?”
“No”
“Entonces porque la obstinación?”
“Porque yo los he visto” estalló.
“¿Has visto que?”
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“Porque la vi a ella en la penumbra – porque ella vino a socorrerme cuando pedí ayuda – porque ella
también fue capturada por los gusanos, pero, mas afortunada que yo, murió cuando uno de ellos le
atravesó la garganta.”
Estaba loco. Vashti partió, y no volvió a ver su rostro nuevamente, ni siquiera durante los problemas que siguieron.
III
LOS DESAMPARADOS
Los años siguientes al escape de Kuno, dos adelantos importantes ocurrieron en la Maquina.
Superficialmente eran revolucionarios, pero de cualquier manera la mente de los hombres ya había
sido preparada previamente, por lo que no hicieron más que expresar tendencias que ya estaban
latentes.
La primera medida fue la abolición de los respiradores.
Pensadores progresistas, como Vashti, siempre sostuvieron que visitar la superficie de la tierra era
una tontería. Las aeronaves pueden ser necesarias, ¿pero cual era la gracia de salir afuera por mera
curiosidad y reptar por una milla o dos en un vehículo terrestre? El hábito era vulgar y quizás un poco
impropio: era improductivo desde el punto de vista de las ideas, y no tenía conexión alguna con los
hábitos realmente importantes. Entonces se abolieron los respiradores, y con ellos, por supuesto, los
vehículos terrestres, y salvo unos pocos conferencistas, que se quejaron por no tener acceso a su
objeto de estudio, este avance fue aceptado de buen grado. De todas maneras, aquellos que todavía
quisieran saber como era la tierra, podían consultar algún gramófono o consultar algún fotocine. Y
hasta los conferencistas aceptaban que cuando encontraban alguna conferencia sobre el mar no era
más interesante que los resúmenes compilados sobre el tema.”Cuidado con las ideas de primera
mano!” exclamaba uno de los más progresistas de ellos.” Las ideas de primera mano no existen
realmente. No son mas que las meras impresiones físicas producidas por el miedo y la vida, y ¿Quién
puede basar una filosofía sobre un cimiento tan vulgar? Que tus ideas sean de segunda mano, y si es
posible de decima mano, porque en ese caso estarán todavía mas alejadas del elemento
distorsionante – la observación directa. No traten de aprender nada sobre el tema de esta disertación-
la revolución francesa. Estudien, en cambio, que pienso yo sobre lo que pensaba Enicharmon de
Urizen y este de Gutch y este de Ho-Yung y este de Chi-Bo-Sing y este de Lafcadio Hearn y este de
Carlyle y este de Mirabeau sobre el tema de la revolución francesa. A través de la óptica de estas tres
grandes mentes, la sangre que fue vertida en París y las ventanas rotas en Versalles serán puestas a
la luz de una idea que les será útil en sus vidas cotidianas. Pero asegúrense que los intermediarios
sean muchos y variados, porque en la historia, una autoridad existe para contraponerse a otra. Urizen
reacciona al escepticismo de Ho-Yung y Enicharmon, y yo debo contrarrestar la impetuosidad de
Gutch. Los que me escuchan a mi están en una mejor posición para juzgar la revolución francesa que
yo. Nuestros descendientes estarán aún en mejor posición que nosotros, porque aprenderán lo que
nosotros pensamos sobre el tema agregando un nuevo intermediario a la cadena. Y con el tiempo” –
su voz se elevó – “llegara una generación que estará mas allá de los hechos, las impresiones, una
generación absolutamente descolorida, una generación
seráficamente libre
de las huellas de la personalidad,
Que podrá ver a la revolución francesa no como ocurrió, no como les hubiese gustado que ocurriera,
pero como debería haber ocurrido si hubiera tenido lugar en los tiempos de la Maquina.” Un tremendo
aplauso recibió el final de esta conferencia, que no hizo mas que ponerle voz a un sentimiento ya
latente en la mente de los hombres – el sentimiento de que los hechos mundanos deberían ser
ignorados, y que la abolición de los respiradores era un paso adelante. Se llego a sugerir incluso que
se abolieran también las aeronaves. Esto no se hizo, ya que las aeronaves se habían convertido de
alguna manera en parte del sistema de la Maquina. Pero año tras año se usaban cada vez menos, y
eran menos mencionadas por los hombres reflexivos.
El segundo gran desarrollo fue el restablecimiento de la religión.
Esto, también, fue elogiado en una célebre conferencia. Nadie puede confundir el tono reverencial
con el cual concluyo ese discurso, y despertó un eco de simpatía en todos. Aquellos que largamente
habían adorado en silencio, ahora podían comenzar a hablar. Describían los extraños sentimientos de
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paz que los abordaban cada vez que sostenían el Libro de la Maquina, el placer que significaba el
repetir alguno sus numerales, más allá del poco significado que los mismos tuvieran al ser
escuchados, el éxtasis al presionar sus botones, sin importar lo insignificante que fuera, el sonido de
la campana eléctrica, por más superfluo que fuera.
“La Maquina”, afirmaban, “nos alimenta, nos viste nos aloja; a través de ella hablamos entre nosotros,
por ella es que nos vemos los unos con los otros, en ella es que se manifiesta nuestro ser. La
Maquina es amiga de las ideas y enemiga de la superstición: la Maquina es omnipotente, eterna;
bendita sea la Maquina.”Y no paso mucho tiempo para que esa alocución fuera impresa en la primera
pagina de El Libro, y en las ediciones subsiguientes el ritual se fue convirtiendo en un complejo
sistema de adoración y plegarias.
La palabra ‘Religión’ fue cuidadosamente evitada, y, en teoría, la Maquina seguía siendo una
creación del hombre. Pero en la práctica, salvo por algunos retrógrados, era adorada como divina.
Tampoco era adorada de forma uniforme. Algún creyente era atraído por las pantallas ópticas azules
a través de las cuales veía a los otros creyentes; otro por el aparato reparador, que
pecaminosamente, Kuno había comparado con gusanos; otro por los elevadores; otro por el Libro. Y
cada uno le rezaría a esto o aquello, y le pediría que interceda por el ante la Máquina como un todo.
La persecución también estaba presente. No se expandió por razones que se conocerán en breve.
Pero estaba latente, y todo aquel el mínimo conocido como ‘Mecanismo Indenominable’ vivía en
peligro de Desamparo, que significaba la muerte, como sabemos.
Atribuir estos dos grandes desarrollos al Comité Central, es tener una Mirada muy estrecha de la
civilización. El Comité Central anunció estos cambios, es verdad, pero no fueron tan causa de los
mismos como los reyes de la época imperial no eran causa de las guerras. Más bien cedieron a una
presión invencible, que nadie sabe de dónde venía, y la cual, una vez satisfecha, era sucedida por
otra presión igual de invencible. A tal estado de situación es conveniente darle el nombre de
progreso. Nadie confesaba que la Maquina estaba fuera de control. Año tras año se la servía con
más eficiencia y menos inteligencia. Cuanto más conocía el hombre sus obligaciones en ella, menos
entendía las tareas de su vecino, y en todo el mundo no había nadie que entendiera a este monstruo
como un todo. Esos cerebros maestros habían perecido. Dejaron directivas muy completas, es
verdad, y sus sucesores se habían especializado cada uno en una parte de estas directivas. Pero la
Humanidad, en su deseo de confort, se había sobrepasado a sí misma. Había explotado demasiado
las riquezas naturales. Calmada y complacientemente, se hundía en la decadencia, y el progreso
paso a significar el progreso de la Maquina.
En lo que respecta a Vashti, su vida siguió adelante pacíficamente hasta el desastre final. Oscurecía
su habitación y dormía; se despertaba y la iluminaba. Daba conferencias y presenciaba conferencias.
Intercambiaba ideas con innumerables amigos y creía que progresaba espiritualmente. Había veces
que se le autorizaba la eutanasia a algún amigo, y el mismo dejaba su habitación al desamparo que
está más allá de la concepción humana. A Vashti no le importaba. A veces, luego de algún fracaso en
una conferencia, ella solicitaba la eutanasia para sí misma. Pero no se permitía que la tasa de
mortalidad superara a la de natalidad, por lo que la Maquina nunca la había autorizado.
Los problemas comenzaron tranquilamente, mucho antes que ella fuera consciente de los mismos.
Un día la sorprendió un mensaje de su hijo. Nunca se comunicaban, no teniendo nada en común,
ella había escuchado de forma indirecta que él seguía vivo, y que había sido transferido del
hemisferio norte, donde se había comportado tan impropiamente, al sur, a una habitación no muy
lejos de la suya.
“¿Acaso quiere que lo visite?” pensó “Nunca más, nunca. I aparte no tengo tiempo.”
No, era una locura de otra clase.
El se negó a visualizar su cara en la pantalla azul, y hablando solemnemente desde la oscuridad dijo:
“La Máquina se detiene”
“¿Que dices?”
“La Maquina se está deteniendo. Lo sé. Hé visto los signos.”
Ella estalló en una carcajada. El la escucho y se enfureció, y no hablaron nuevamente.
“¿Puedes imaginarte algo más absurdo?” le dijo a un amigo.”¿un hombre que era mi hijo creé que la
Máquina se está deteniendo. Sería impío si no estuviera loco.”
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“¿La Máquina se esta deteniendo?” replico su amigo.”¿Qué significa eso? ”Esa frase no significa
nada par mi.”
“Para mi tampoco.”
“¿Creo que el no se refiere a los problemas que han acontecido con la música en los últimos
tiempos?”
“Oh no, claro que no. Hablemos de música.”
“¿Te has quejado a las autoridades?”
“Sí, y me dicen que debe ser reparada y que me debo referir al Comité del Aparato Reparador. Me
queje de esos suspiros jadeantes que defiguran las simfonias de la escuela de Brisbane. Sonaba
como alguien que estuviera sufriendo. El comité del Aparato Reparador ha dicho que se solucionara
en breve.”
Oscuramente preocupada, ella prosiguió con su vida. Por un lado, el defecto en la música la irritaba.
Por otro lado, no olvidaba las palabras de Kuno. Si él hubiera sabido que la música se encontraba
fuera de servicio – no lo sabía porque detestaba la música –si hubiera sabido que estaba mal, ‘La
Maquina se detiene” hubiera sido exactamente la ponzoñosa afirmación que él hubiese hecho. Por
supuesto que él la había hecho de forma arbitraria, pero la coincidencia le molestaba, y ella le hablo
de forma petulante al Comité del Aparato Reparador.
Ellos contestaron, como la última vez, que se arreglaría en breve.
“¡En Breve!¡Ahora!” replico ella.”¿Porque debo preocuparme por la música defectuosa? Las cosas
siempre se arreglan inmediatamente. Si no lo reparan de inmediato, elevare mis quejas al Comité
Central.”
“No se reciben reclamos particulares en el Comité Central”, respondió el comité del Aparato
Reparador.
“¿Y a quien debo dirigir mis reclamos entonces?”
“A nosotros.”
“Protesto entonces.”
“Su reclamo será atendido a su debido tiempo.”
“¿Alguien más se ha quejado?”
Esta pregunta no era ‘mecánica’ por lo que el Comité del Aparato Reparador se negó a contestarla.
“¡Esto es grave!” Le dijo ella a otro amigo.
“Nunca existió una mujer más desafortunada que yo. Nunca podré confiar en mi música de nuevo.
Empeora cada vez que trato de reproducirla.”
“¿Qué es eso?”
“No se si está en mi cabeza o dentro de la pared.”
“Protesta en cualquier caso”
“He protestado y mi queja será elevada al Comité central cuando llegue el turno.”
El tiempo pasó y dejaron de molestarse por los defectos. Los defectos no fueron solucionados, pero
los tejidos humanos se habían vuelto tan serviles en los últimos tiempos, que se adaptaba
rápidamente a cada capricho de la Maquina. Los suspiros en los clímax de la sinfonía de Brisbane ya
no irritaban a Vashti; los aceptaba como parte de la melodía. El sonido discordante, y sea en su
cabeza o en la pared, no le molestaba más a su amigo. Y así también ocurría con la mohosa fruta
artificial, con el agua de baño que comenzaba a apestar, y con los versos defectuosos que la
máquina de poesía empezó a emitir. Todo esto llevo a enérgica protestas al comienzo y luego a la
aceptación y al olvido. Las cosas fueron de mal en peor sin que nadie hiciera nada.
Fue distinto, en cambio, con la falla del aparato de sueño. Ese fue un problema más serio. Llego un
día en que a lo ancho de todo el mundo – en Sumatra, en Wessex, en las innumerables ciudades de
Courland y Brasil- las camas, cuando eran invocadas por sus dueños, no aparecían. Puede parecer
un tema ridículo, pero desde ese evento podemos poner fecha al colapso de la humanidad. El Comité
responsable por la falla fue asaltado por las quejas las cuales eran referidas, como siempre, al
Comité del Aparato Reparador, el cual aseguraba que se iba encargar de enviarlas a todas al Comité
Central. Pero el descontento crecía, ya que la humanidad todavía no era lo suficientemente adaptable
como para prescindir del sueño.
“Alguien se esta metiendo con la Máquina—“ comenzaron.
“Alguien estra tratando de convertirse en rey, para reintroducir el elemento personal.”
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La puerta de su habitación trabajaba con una simple visagra propia. No estaba conectada a la
estación central de energía, que moría lentamente en la lejana Francia. Se abrió, lo que le dio a
Vashti demedidas esperanzas, ya que pensó que la Máquina había sido reparada. Se abrió, y ella vió
un túnel en penumbras que serpenteaba a lo lejos hacia la libertad. Una simple mirada alrededor y
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ella retrocedió a la habitación. Ya que el túnel estaba lleno de gente – ella había sido casi la ultima en
alarmarse en toda la ciudad.
La gente le resultaba desagradable en general, y esta eran pesadillas de sus peores sueños. Había
gente reptando alrededor, gritando, sollozando, tratando desesperadamente de respirar, tocándose
unos a otros, desapareciendo en la oscuridad, y algunas que eran empujadas de la plataforma hacia
los rieles vivos. Algunos luchaban cerca de las campanas eléctricas, tratando de llamar a trenes que
no podían responder. Algunos gritaban por eutanasia o respiradores, o insultaban a la Máquina. Otros
estaban parados en la puerta de sus habitaciones temiendo, como ella, ir a detenerlos o
abandonarlos. Y detrás de todo el tumulto estaba el silencio – el silencio que era la voz de la tierra y
de las generaciones pasadas.
No- era peor que la soledad. Cerro la puerta y se sentó para esperar el fin. La desintegración
continuó, acompañada de horribles crujidos y desgarros. Las válvulas que sostenían al Aparato
Médico debieron debilitarse, ya que colgaba tenebrosamente del techo. El piso se movio y la arrojo
de su silla. Un tubo siseaba y se movía hacia ella como serpiente. Y finalmente sobrevino el horror
final – la luz comenzó a menguar, y ella supo que el largo día de la civilización se estaba terminando.
Ella daba vueltas, rezando para ser salvada, a cualquier costo, besando el Libro, presionando botón
tras botón. El tumulto crecía en el exterior, y ya se sentía a través de las paredes. Lentamente el brillo
de su celda due apagándose, los reflejos de los cotroles metálicos desaparecían. Ahora ya no podía
ver la mesa de lectura, ahora ya no veía el Libro pese a que lo sostenía en su mano. La luz siguió a
la huida del sonido, y el aire estaba siguiendo a la luz, el vacio original regresaba a la caverna de la
cual había sido excluido hace mucho. Vashti continuaba dando vueltas, como los devotos de antiguas
religiones, gritando, rezando, golpeando los botones con sus manos ensangrentadas. Fue en ese
momento que abrió su celda y escapó – escapó en espíritu: al menos eso me parece a mi, por lo cual
concluye mi meditación. Que escapa corporalmente – no lo puedo percibir. Golpeo, por azar, el botón
que habría su puerta, y la ráfaga de aire viciado en su piel, el sonoro sollozo en sus oídos, le indico
que estaba frente al túnel nuevamente, y en aquella plataforma donde había visto a hombres
peleando. Ya no luchaban. Solo quedaban suspiros, y los pequeños quejidos sollozantes. Morían de
a cientos en la oscuridad.
Estalló en lágrimas.
Y las lagrimas le respondieron.
Lloraban por la humanidad, ellos dos, no por si mismos: No podían soportar la idea de que este era el
final. Antes de que el silencio fuera total, abrieron sus corazones y se dieron cuenta que es lo que
había sido importante en la tierra. El hombre, la flor de toda carne, la mas noble de todas las criaturas
visibles, el hombre que una vez hizo a dios a su imagen, y había visto reflejada su fortaleza en las
constelaciones, el hermoso hombre desnudo estaba muriendo, atrapado en las vestimentas que se
había tejido. Siglo tras siglo había trabajado, ya aquí estaba su recompensa. Es cierto que estas
vestiduras parecían celestiales, llenas del color de la cultura, tejidas con las hebras de la auto
negación. Y celestiales fueron mientras el hombre vivió por su voluntad y por la esencia que es su
alma, y esa esencia igualmente divina que es su cuerpo. El pecado contra el cuerpo – por ello
lloraban principalmente; los siglos de daños a los músculos y tejidos, y esos cinco portales por los
cuales solo nosotros podemos comprender – minimizado con la escusa de la evolución, hasta que el
cuerpo se convirtió en un despojo blancuzco, el hogar de las ideas descolorido, últimos destellos de
un espíritu que había alcanzado las estrellas.
“¿Donde estas?” sollozó ella.
Su vos en la oscuridad respondio, “Aquí.”
“¿Hay alguna esperanza Kuno?”
“No para nosotros.”
“¿Donde estas?”
Trepo por entre los cadáveres. La sangre brotaba entre sus manos.
“Más rápido” suspiro el.”Me estoy muriendo – pero nos tocamos, hablamos ya no a través de la
Máquina.”
El la beso.
“Hemos regresado a lo que somos. Perecemos, pero recapturamos la vida, como era en Wessex,
cuando Enfrid derroto a los daneses. Sabemos lo que saben los que están afuera, los que viven en la
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10/10/2020 Vikingo misceláneos...: LA MAQUINA SE DETIENE por E.M. Forster (1909)
[1] En ingles “Homelessness” algo que me resulta difícil traducir en una sola palabra, “sinhogaridad” como término
inventado podría funcionar, pero no me pareció que se ajustase bien en el texto. También podría usarse “ostracismo”, pero
me parece que el término capture el elemento de desolación que representa para los personajes. Elijo desamparo porque
me parece que refleja en parte el sentido original y trae una carga emocional similar a la que los personajes tienen al
hablar del tema.
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