ASPIRANTE A GUIA MAYOR
MISION ECUATORIANA DEL NORTE
SECCION 2 DESCUBRIMIENTO ESPIRITUAL
Punto 9: Leer y explicar los siguientes versículos:
Eclesiastés 12: 13-14
13: El fin de todo discurso es éste: “Venera a Dios y guarda sus Mandamientos, porque
éste es todo el deber del hombre.
14: Porque Dios traerá toda obra a juicio, incluyendo toda cosa oculta, buena o mala”
La sabiduría supera a la necedad, porque el sabio sabe a dónde va, mientras el necio
anda tropezando como un ciego. El predicador se da cuenta que tanto el sabio como el
necio deben morir.
El valor supremo que busca no puede entonces descansar en ninguna esperanza de
retribución en esta vida. Salomón se dio cuenta de que la sabiduría por sí sola no puede
garantizar la vida eterna.
La sabiduría, las riquezas y los logros personales importan muy poco después de la
muerte, y todos debemos morir. No debemos edificar nuestra vida sobre metas
perecederas, sino sobre el fundamento sólido de Dios. Entonces, si todo nos es
arrebatado, seguiremos teniendo a Dios, quien es, de todos modos, todo lo que
realmente necesitamos.
Romanos 6:23
Porque la paga del pecado es la muerte. Pero el don gratuito de Dios es la vida eterna
en Cristo Jesús Señor nuestro.
El placer y el beneficio del pecado no merecen ser llamados frutos. Vergüenza vino al
mundo con el pecado, y sigue siendo el cierto efecto de la misma. El final del pecado es
la muerte. Aunque el camino puede parecer agradable y acogedor, sin embargo, será la
amargura en este último extremo.
De esta condena el creyente es puesto en libertad, cuando es libertado del pecado. Si el
fruto es la santificación, si hay un principio activo de la gracia verdadera y creciente, al
final va a ser la vida eterna; un final muy feliz. Aunque el camino es cuesta arriba,
aunque es estrecho y espinoso, y acosado, la vida eterna sin embargo al final de la
misma es segura. El don de Dios es vida eterna. Y este don es por medio de Jesucristo
nuestro Señor. Cristo lo compró, lo preparó, nos prepara para ello, nos preserva a la
misma; él es el Todo en todo en nuestra salvación.
Apocalipsis 1:3
¡Dichoso el que lee las palabras de esta profecía, y dichosos los que la oyen, y guardan
lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca!
Somos sumamente bendecidos por leer y oír en esta ocasión las palabras de esta
profecía, debemos alabar a Dios por darnos tal dicha al allegarnos al estudio de este
libro. La revelación de este libro de Apocalipsis es de naturaleza profética.
Ante la profecía del Apocalipsis debemos mantener nuestros sentidos muy despiertos,
debemos escuchar con atención las palabras de esta profecía porque ellas son las
palabras que el Espíritu le da a la iglesia. Pero Juan nos dice que no solamente los que
lee y escuchan las palabras de la profecía del Apocalipsis son bienaventurados, sino que
también son bienaventurados los que guardan las cosas en ella escritas.
Isaías 43: 1-2
1: Pero ahora, así dice el Señor, tu Creador, oh Jacob y tu Formador, oh Israel: “No
temas, porque yo te redimí. Te puse nombre, eres mío”.
2: “Cuando pases por el agua, yo estaré contigo; y los ríos, no te anegarán. Cuando
pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.
El ser humano cae fácilmente en depresiones profundas, en estados de desanimo y baja
autoestima que impulsan a destruirse así mismo o a volcar ese desamor en amargura
contra los seres que nos rodean.
Sin embargo, el gran amor de Dios te levanta de cualquier sentimiento de pequeñez
porque tú tienes un valor incalculable para él. Dios no solo perdona nuestros pecados,
sino que además se olvida de ellos, su inmenso amor te da la certeza de que jamás te
dejara ni te abandonara. Caminara a tu lado en todo momento, aun en medio de las
dificultades, de los quebrantos y los dolores. Además de que te sostendrá y te levantará.
Salmos 51:10
Dios, crea en mí un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Un corazón limpio es aquel que ve las cosas que le ocurren a diario con una forma más
para que el poder de Dios se perfeccione en su vida, un corazón limpio anhela agradar a
su Padre, un corazón limpio es aquel, que busca la perfección a sabiendas que tiene un
largo camino que recorrer.
Entonces un espíritu recto es aquel que no quiere perder si objetivo, es aquel que “pese
a” quiere seguir buscándolo y no se rinde por nada, un espíritu recto es aquel que se
agrada en hacer la voluntad de su Padre y no mirar atrás.
Salmos 16
1: Guárdame, mi Dios, porque en ti me refugio.
2: Dije al Señor: “Tu eres mi Dios, fuera de ti no hay bien para mí”.
3: En los santos que están en la tierra, en los íntegros, está toda mi complacencia.
4: Se multiplicarán los dolores del que sirve a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones
de sangre, ni en mis labios tomaré su nombre.
5: El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa. Tú aseguras mi suerte.
6: La línea divisoria me cayó en lugar agradable, y es hermosa la herencia que me ha
tocado.
7: Alabaré al Señor, que me aconseja, aun de noche me enseña mi corazón.
8: Al Señor he puesto siempre ante mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.
9: Por eso se alegra mi corazón, y se goza mi gloria. También mi cuerpo reposará
seguro.
10: Porque no me dejarás en el sepulcro, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
11: Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a
tu diestra para siempre.
Los beneficios de una fe constante son que Dios guarda a aquellos que perseveran; los
guarda como guarda el pastor a las ovejas, como los guardaespaldas rodean a un rey.
Cuando la fe del creyente es constante, en Dios tiene resguardo y preservación.
En este Salmo vemos expresado en las palabras de David, un pensamiento profundo,
nítido y claro de su seguridad con respecto a la salvación; y él nos hace conocer esa
seguridad a través de tres pensamientos elementales. En primer lugar, David nos da el
fundamento teológico de la seguridad de la salvación; en segundo lugar, el efecto
práctico de la seguridad de la salvación; y en tercer lugar, el fruto que la seguridad de la
salvación produce.
El fundamento teológico de la seguridad de la salvación tiene como primera base, el
Dios de la Biblia. En segundo lugar, tiene como objetivo nuestra relación con Dios.
Se puede decir que el salmista nos enseña a confiar en un Dios que es eterno y en su
obra que es eterna, para que en nuestra vida existan los frutos prácticos de la salvación.
Nuestra salvación no es condicional, es final.