Tex (Gálatas 2.20).
¿Qué significa estar crucificado con Cristo?
Antes de recibir a Cristo como Salvador, estábamos gobernados por la naturaleza
de pecado. Pero, cuando recibimos a Cristo, la autoridad del pecado sobre
nosotros fue destruida. Aunque todavía tenemos el mismo cuerpo, Jesús vive en
nosotros por medio del Espíritu Santo. Lo que no podemos hacer con nuestras
propias fuerzas, el Espíritu lo hace por nosotros cuando nos rendimos a Él
(Ro 8.3, 4). La victoria sobre el pecado se logra al permitir que el poder de Cristo
fluya en nosotros.
¿Qué sucede cuando vivimos crucificados con Cristo?
Nuestra identificación con la muerte y la resurrección de Jesús es la respuesta a
cada lucha que enfrentemos. De manera que, cuando aceptamos realmente por fe
que Cristo vive a través de nosotros, cada aspecto de la vida será transformado.
Una nueva lealtad a Dios. Una vez que somos salvos, la vida no gira más
alrededor de nuestros intereses, placeres y deseos. Jesús es ahora nuestro
dueño. Aunque a menudo nos resistimos a la idea de ceder el control, rendir
nuestra voluntad al Señor es una de las decisiones más liberadoras que
tomaremos en toda la vida, porque Dios asume toda la responsabilidad en cuanto
a nuestras necesidades, si lo obedecemos.
O nuestra vida está descansando en las manos todopoderosas del Señor, o está
descansando en las nuestras. ¿Quién cree usted que es más capaz de sostenerla?
Una tranquila dependencia.
Cuando la vida de uno se convierte en la de Cristo, el creyente ya no tiene razón
para angustiarse, porque nada es demasiado grande para que Jesús no pueda
manejarlo.
Las pesadas cargas.
Tal vez una buena manera para determinar si está dejando que Cristo viva a
través de usted, es que examine su forma de manejar las cargas
¿No cree que Jesús ya sabe todo lo que se necesita para vivir en este mundo, con
todas sus responsabilidades y tensiones? ¡Por supuesto que lo sabe! (He 4.15, 16).
Es por eso que nos invita a venir a Él y tomar su yugo, para hallar descanso para
nuestras almas (Mt 11.29). Recuerde que la paz que usted necesita no depende
de las circunstancias. Puesto que el Espíritu Santo vive dentro en cada creyente,
la paz se tiene fácilmente si decidimos apropiarnos de ella por fe (Gá 5.22, 23).
El poder de la resurrección
Quienes participan de la vida crucificada con Cristo, experimentan una nueva
vida. El poder sin límites de Cristo fluye a través de su pueblo, para que puedan
lograr todo lo que Él les ha llamado a hacer. Ya sean humildes o importantes
nuestras tareas, Él nos fortalecerá para llevarlas a cabo.
Sin embargo, en vez de depender de Él, muchas veces confiamos en nuestras
capacidades y conocimientos. Pero todo lo que se logra con nuestras propias
fuerzas viene a ser nada en la eternidad. Cada vez que usted piense que es capaz
de hacer algo, sea humilde y confíe en el Señor. Y si una tarea le parece
demasiado grande, láncese con fe a realizarla: pídale a Dios que Él actúe por
medio de usted, y tenga fe en que lo hará.
La victoria sobre el pecado.
El poder de la resurrección nunca es más evidente que cuando Cristo nos libera
de la esclavitud del pecado. Cada vez que los creyentes somos engañados por las
mentiras de Satanás y nos rendimos a sus tentaciones, el único recurso para ser
libres es tomar nuestra propia cruz y negarnos a nosotros mismos (Mt 16.24).
Es fundamental entender que los creyentes andamos con el Todopoderoso
viviendo en nosotros. No hay nada que Satanás pueda lanzarle, que Jesús no
pueda vencer. Al decidir usted dejar que Dios maneje la tentación, experimentará
la victoria del Señor. Tratar de luchar en sus propias fuerzas terminará en
fracaso. Pero si usted confía en Cristo, Él vendrá pronto en su ayuda con su
poder, para darle la victoria sobre cualquier tentación que esté enfrentando.
¿Cómo vivo crucificado con Cristo?
Hay dos aspectos de nuestra identificación con la muerte y la resurrección de
Cristo: hemos muerto al pecado y resucitado a una vida nueva. Sin embargo, la
experiencia real de esta verdad dependerá de que pongamos en práctica nuestra
cooperación con Cristo.
Tome su cruz cada día. Vivir la vida crucificada con Cristo no es una decisión de
una sola vez, sino la práctica permanente de tomar la cruz cada día para seguir a
Jesús (Lc 9.23). Minuto a minuto, usted debe elegir esta difícil pero santificadora
actitud, para obedecerle.
Reconozca su insuficiencia. Los creyentes que se han rendido al Señor Jesús, se
dan cuenta de que no pueden experimentar la vida cristiana sin su ayuda. Todos
nuestros nuevos esfuerzos para cambiar y mejorar, resultan solo en fracaso. Esto
es así, porque el viejo yo jamás puede ser mejorado. La solución está en
crucificarlo y dejar que Cristo viva en nosotros. Él es nuestra única esperanza
para tener una vida fructífera y victoriosa.
Pídale a Dios que venza las áreas de derrota continua. ¿Qué hábitos o prácticas
controlan su vida? Dios quiere que usted tenga la victoria, y Él le ha dado todo lo
que necesita para ser libre en Cristoy