Módulo V
El papel de las ONGD del Norte y del Sur
Como hemos visto anteriormente, la cooperación internacional no tiene una definición ni unos
objetivos únicos e inequívocos. A menudo se recurre de manera indistinta a términos diferentes
para evocar una misma realidad: cooperación internacional, cooperación al desarrollo,
cooperación Norte-Sur, ayuda oficial al desarrollo (AOD), etc.
A modo de aproximación podríamos decir que por AOD se entiende la transferencia de
recursos de países del Norte hacia países del Sur con el objetivo de reducir la pobreza y
promover el desarrollo humano sostenible de estos últimos. En este sentido, los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (ODM) plasmarían lo que más se acerca a un consenso internacional
sobre las pautas para reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo sostenible.
Sin embargo, a pesar de que ya conocemos las modalidades de la cooperación, se hace
necesario reflexionar sobre algunas características del modelo de cooperación Norte-Sur a la
luz de los planteamientos más actuales sobre el papel que desarrolla tanto en los países
occidentales como en los países en vías de desarrollo. Por ello, cabe resaltar dos grandes
rasgos del modelo de cooperación que pueden considerarse faltos de una revisión crítica.
1. La cooperación como respuesta a carencias de los países del Sur
El modelo de cooperación dominante intenta responder a problemas que afectarían a los
países del Sur y les mantendrían en situaciones de pobreza. Así, hasta los años 80, la
cooperación internacional identificaba la falta de crecimiento económico como la mayor
carencia de los países del Sur. Por ello, el crecimiento económico fue el principal objetivo de la
cooperación durante décadas.
Actualmente, sigue siendo uno de sus principales fines. Así, para el Comité de Ayuda al
Desarrollo (CAD) de la OCDE, el objetivo principal de la AOD es la promoción del desarrollo
económico. Se trata de promover el crecimiento económico de los países del Sur para acortar
las distancias con el Norte. A partir de los años 80 han ido ganando fuerza análisis que otorgan
un papel central también a carencias situadas en la dimensión social u otras dimensiones no
estrictamente económicas (promoción del capital humano, de las capacidades y oportunidades
humanas, etc.). El crecimiento económico ya no se ve como una condición suficiente por sí
sola, aunque sigue siendo una condición imprescindible para alcanzar el desarrollo humano. En
definitiva el problema de la pobreza en el Sur se reduce a una “falta”, a carencias en cuanto a
crecimiento (en su dimensión estrictamente económica) y a carencias respecto a capacidades y
oportunidades humanas (en su dimensión social, cultural, política, etc.)
2. La cooperación como ayuda voluntaria y discrecional
La AOD no constituye una obligación de los Estados donantes. Como máximo podríamos
apuntar a un compromiso moral adquirido en el seno de las NNUU, pero la decisión de un
Estado de “ayudar” o no hacerlo es absolutamente discrecional. La propia terminología del
modelo de cooperación (“ayuda”, “donación”, etc.) nos remite a su voluntariedad y no
obligatoriedad. En ningún momento aparece el derecho de los países del Sur a reclamar o
exigir flujos de AOD. El modelo de cooperación se sustenta en la decisión unilateral del Norte
acerca de dónde, cómo, y cuánto ayudar.
En definitiva, el modelo de cooperación consiste esencialmente en un flujo de transferencia
voluntaria de recursos desde los países del Norte (vía multilateral o bilateral, mediante fondos
financieros reembolsables o a través de donaciones) hacia los países del Sur, con el objetivo
de paliar carencias que obstaculizarían la erradicación de la pobreza y el logro del desarrollo
humano.
A partir de esta caracterización, se entiende que el decrecimiento puede ayudarnos a redefinir
críticamente el marco general de la cooperación internacional.
El decrecimiento es una corriente de pensamiento emergente que pretende evidenciar la
insostenibilidad estructural del modelo de crecimiento económico y la necesidad de construir
modelos de sociedades alternativos que recuperen la sostenibilidad ambiental y social. Se trata
esencialmente de recordar algo evidente: no es posible un crecimiento infinito en un planeta
finito.
Las aportaciones del economista Nicholas Georgescu-Roegen constituyen una de las bases
teóricas fundamentales del decrecimiento. Confrontando la teoría económica ortodoxa con
otras disciplinas científicas (en particular modo la física y la biología), Georgescu-Roegen ha
ilustrado cómo la ciencia económica contradice las leyes fundamentales de las ciencias
naturales y no contempla la biosfera y sus límites.
Siguiendo sus razonamientos, la fase industrial de la evolución humana nos habría llevado a un
callejón sin salida. La especie humana, como las demás especies, ha vivido siempre del flujo
de radicación solar, respetando los grandes ciclos de la naturaleza. Con la era industrial, la
humanidad ha pasado a depender de recursos finitos presentes en la corteza terrestre (materia
y energía) que se degradan de manera irrevocable e irreversible. Sirva de ejemplo el caso del
petróleo: en poco más de un siglo habremos acabado con un recurso que el planeta ha tardado
millones de años en formar.
El índice de la Huella Ecológica ofrece una visión gráfica y sencilla de esta situación. De
acuerdo a la Huella Ecológica, desde finales de los años 80, por primera vez la humanidad ha
superado las capacidades de carga de la tierra. Ya no hay suficiente área de tierra y mar para
proporcionar los recursos que utilizamos y absorber nuestros desechos. La humanidad vive
como si tuviera disponibles 1,2 planetas tierra. Los países del Norte (y las élites del Sur) tienen
la responsabilidad de esta situación, mientras que la gran mayoría de las poblaciones del Sur
“subutilizan” sus ecoespacios. Universalizar el estilo de vida de un ciudadano medio de EEUU
implicaría disponer de más de 5 planetas. En el caso de la UE, necesitaríamos 3 planetas.
A partir de estos breves esbozos sobre los análisis del decrecimiento, se puede intentar sacar
alguna conclusión sobre la revisión crítica de los dos grandes rasgos de la cooperación
internacional señalados anteriormente.
1. La cooperación como redistribución
La Huella Ecológica nos muestra que los países del Norte ocupan ecoespacios superiores a
sus territorios, confiscando áreas de los países del Sur para proveerse de los recursos que
necesitan y para absorber sus desechos.
Por lo tanto, el decrecimiento nos enseñaría que la “pobreza”, el supuesto “subdesarrollo” de
los países del Sur, no atañen principalmente a problemas relacionados a carencias propias,
sino a la confiscación de sus ecoespacios por parte de los países del Norte.
El situar carencias de los países del Sur como problemas centrales que aborda la cooperación
(escaso crecimiento económico, pobreza en cuanto a capacidades y oportunidades humanas,
etc.), puede llegar a servirnos de coartada para no enfrentar la responsabilidad estructural del
Norte en las condiciones de vida del Sur.
El problema no es el crecimiento de los países del Sur (ya sea en términos estrictamente
económicos o desde un punto de vista de capacidades) o su hipotética convergencia hacia el
desarrollo del Norte. El problema fundamental es de redistribución del uso de los recursos y de
sujeción a los límites naturales. Siguiendo el camino ya trazado por los teóricos de la
dependencia desde los años 60, el decrecimiento y la huella ecológica nos muestran que no es
que el Sur no crezca o no se “desarrolle”, sino que lo hace en función de las necesidades e
intereses de los países del Norte y de las élites en el Sur.
La reflexión nos llevaría por lo tanto hacia la necesidad de repensar el modelo de cooperación,
centrando las estrategias en el ajuste ecológico y social del Norte que permita redistribuir con
equidad la utilización de los recursos del planeta entre sus habitantes, así como volver a
respetar los límites marcados por la biosfera y las capacidades de regeneración del planeta.
Ya no se trataría de enfrentar las carencias del Sur, sino los excesos del Norte.
2. La cooperación como responsabilidad y obligación
En el análisis esbozado ya no caben la voluntariedad y la discrecionalidad.
Los impactos negativos del exceso de crecimiento en el Norte los sufren y los pagan
principalmente las poblaciones del Sur, que en cambio no tienen responsabilidad en el
sobreconsumo que genera la crisis ecológica sin precedentes que vive la humanidad. Por ello,
podemos hablar de una deuda del crecimiento.
Contemplar la cooperación desde la perspectiva de la deuda del crecimiento nos llevaría a
sustituir la voluntariedad por la obligación, la caridad por la responsabilidad. Deberíamos
reformular entonces un modelo de cooperación internacional basado en una doble obligación:
la obligación de devolver y de no exceder. Compensar y remediar, por un lado, todos los
impactos negativos que nuestro modelo ha tenido en los países del Sur. Ajustar ecológica y
socialmente nuestro modelo, por otro lado, para que occidente ya no viva a costa de los
bioespacios de las poblaciones del Sur y superando las capacidades de carga del planeta.
Ante la urgencia de las crisis ecológicas y sociales que vive el planeta, necesitamos
urgentemente un modelo de cooperación que sitúe la redistribución Norte-Sur y el ajuste
ecológico y social en el Norte como objetivos prioritarios. Necesitamos, en definitiva, nuevos
modelos de cooperación que salgan del imaginario económico dominante del crecimiento, y
que vuelvan a situar al cuidado de la vida humana y de la biosfera en el centro de sus
preocupaciones y análisis.
La agenda de trabajo resultante queda por construir e imaginar. Aunque parece claro que la
nueva cooperación surgida a raíz del decrecimiento tendría que otorgar un papel fundamental
al trabajo de cambio en el Norte y reorientar el trabajo en el Sur hacia una cooperación política,
que se centre en la denuncia del modelo y en la propuesta de alternativas. Uno de los pilares
sería el impulso de un “ajuste estructural” de los países del Norte que les permita dejar de
usurpar ecoespacios del Sur y dejar de vivir en un mundo imposible.
Texto de Giorgio Mosangini
La cooperación Sur-Sur
Ante la coyuntura presentada en los párrafos anteriores, se reconoce también la necesidad de
acción colectiva de parte de los países en desarrollo en el ámbito internacional. Los países del
Sur han estado relegados durante mucho tiempo al rol de simples receptores de ayuda
económica, como hemos visto antes, pero actualmente la situación es muy diferente, y,
conscientes de su papel protagónico en su propio desarrollo, muchos han decidido tomar las
riendas en el asunto para dejar de esperar a que cambie su suerte.
Desde el Plan de Acción de Buenos Aires, hace treinta años, hasta la reafirmación de los
principios de la cooperación Sur-Sur por el Grupo de los 77 en setiembre de 2009 y la
Conferencia de Alto Nivel de las Naciones Unidas en diciembre de ese año en Nairobi, todas
estas instancias se basan en la cooperación Sur-Sur como elemento esencial del proceso de
desarrollo, del diálogo multilateral Norte-Sur y de la gobernanza mundial.
Este reconocimiento de la necesidad de unidad y cooperación Sur-Sur se ha manifestado en el
establecimiento de mecanismos de cooperación política y económica, como el Grupo de los 77,
el Movimiento de Países No Alineados, diversas organizaciones regionales de integración
económica y el Centro del Sur, como organización intergubernamental multilateral de países en
desarrollo.
Creemos que la cooperación Sur-Sur se transformará cada vez más en las próximas décadas
en un elemento definitorio. Sus principios y conceptos sirven de referencia no sólo para las
relaciones Sur-Sur, sino también para los vínculos Norte-Sur.
En el centro de la cooperación Sur-Sur está la creencia de que alcanzar el desarrollo es
responsabilidad del Sur y de que ese desarrollo sólo se puede lograr en condiciones de
equidad fundamental, progreso social, respeto por la soberanía e igualdad de relaciones
políticas y económicas con los países del Norte. La cooperación Sur-Sur sienta las bases de un
compromiso efectivo y productivo de los países en desarrollo entre sí y con los países
industrializados. En este sentido, una acción colectiva y eficaz del Sur en el ámbito
internacional es la base fundamental para que las necesidades y los objetivos de desarrollo de
los países del Sur se coloquen en el centro del discurso político mundial.
Cooperación Sur-Sur y cooperación Norte-Sur
La cooperación Sur-Sur para el desarrollo se diferencia claramente de los modos y marcos de
cooperación Norte-Sur. La primera es una manifestación de la solidaridad política y económica
Sur-Sur ante desafíos comunes y una forma de ayuda mutua entre los países del Sur para
superar la dependencia de la ayuda para el desarrollo.
Principios de la cooperación Sur-Sur.
a. La cooperación Sur-Sur es un esfuerzo común de los pueblos y
países en desarrollo y debe aplicarse como estrategia para la
independencia económica y la autosuficiencia del Sur, basada en
sus objetivos comunes y en la solidaridad.
b. Debe ser impulsada por los países del Sur.
c. No debe considerarse un sustituto de la cooperación Norte-Sur y su
fortalecimiento no debe ser una forma de enfrentar la disminución
del interés del mundo industrializado por ayudar a los países en
desarrollo.
d. No debe analizarse ni evaluarse con los mismos criterios que las
relaciones Norte-Sur.
e. Las contribuciones financieras de unos países del Sur a otros no
deben considerarse Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD).
Son sólo expresiones de apoyo y cooperación nacidas de
experiencias compartidas y de la solidaridad.
f. Es un programa de desarrollo basado en premisas, condiciones y
objetivos específicos del contexto histórico y político de los países
en desarrollo y de sus necesidades y expectativas. Merece su
propia promoción separada e independiente.
g. Se basa en una colaboración y solidaridad fuerte, auténtica y
amplia.
h. Se basa en la total igualdad, respeto y beneficio mutuo.
i. Respeta la soberanía nacional en el contexto de la responsabilidad
compartida.
j. Se esfuerza por fortalecer el multilateralismo en la promoción de un
enfoque orientado a la acción con respecto a los desafíos del
desarrollo.
k. Promueve el intercambio de prácticas óptimas y el apoyo entre los
países del Sur, en la búsqueda común de sus objetivos de
desarrollo (que abarcan todos los aspectos de las relaciones
internacionales y no sólo las áreas económicas y técnicas
tradicionales).
l. Se basa en la autosuficiencia de los países en desarrollo.
m. Procura que los países en desarrollo tengan un papel más activo en
la política internacional y en los procesos decisorios, en apoyo a
sus esfuerzos por lograr el desarrollo sustentable.
n. Las modalidades y los mecanismos para promover la cooperación
Sur-Sur se basan en la cooperación e integración bilateral,
subregional, regional e interregional, así como en la multilateral.
Principios reafirmados en la Declaración de la 33ª Reunión Anual de
Ministros de Asuntos Exteriores del G77 y China, del 25 de setiembre de
2009 en Nueva York, basados en los principios de la cooperación Sur- Sur
recomendados por la 12ª Sesión del Comité Intergubernamental de
Seguimiento y Coordinación sobre Cooperación Económica entre los
Países.
Los “donantes” del Sur creen que la cooperación Sur-Sur se basa en un sistema de igualdad y
beneficio mutuo en que los socios buscan activamente desarrollar la cooperación económica,
comercial, científica, tecnológica y cultural para acelerar su propio desarrollo. Así, la
cooperación Sur-Sur es vista por quienes participan en ella desde la perspectiva de la
solidaridad política de los países en desarrollo, el aprovechamiento de sus
complementariedades y la cooperación directa entre los más grandes y los demás.
Por lo tanto, conceptual e ideológicamente, es diferente a la cooperación Norte-Sur o la ayuda
Norte-Sur. La cooperación Sur- Sur se guía por otros principios, como la igualdad, la
solidaridad, el desarrollo mutuo y la complementariedad. En contraste, la cooperación Norte-
Sur es esencialmente una relación entre el país industrializado donante y sus ex colonias y
otros países en desarrollo, un reconocimiento de la culpa colonial en algunos casos, una forma
de caridad en otros o una manera de satisfacer intereses de política exterior de parte de los
donantes.
Aunque muchos países en desarrollo suscribieron en 2005 y 2008 el programa de eficacia de la
ayuda de los donantes del Norte (por ejemplo en la Declaración de París y el Programa de
Acción de Accra), lo hicieron como receptores de ayuda, no como donantes. Por lo tanto, el
programa de eficacia de la ayuda promovido por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sólo es pertinente en el
contexto de la cooperación para el desarrollo Norte-Sur, o de la relación donantes-receptores
Norte-Sur, y no de la relación entre socios que caracteriza conceptualmente la cooperación
Sur-Sur para el desarrollo.
Los intentos de los donantes bilaterales del Norte –incluso de las instituciones donantes
multilaterales controladas por países industrializados, como la OCDE, el Banco Mundial y el
Fondo Monetario Internacional– de extender y aplicar a la cooperación Sur-Sur los principios y
normas de la cooperación Norte-Sur ignoran las diferencias conceptuales y políticas que
diferencian a una de la otra.
Procesos de cooperación complementarios
El problema es que los países del Norte se niegan a aceptar que los procesos de cooperación
para el desarrollo del Norte y del Sur pueden complementarse en lugar de competir entre sí. La
solución es que el Norte reconozca las diferencias fundamentales que sostienen a los dos
sistemas y evalúe de qué manera ambos procesos podrían complementarse.
Es importante observar que aunque la cooperación Sur-Sur ha adquirido un papel importante,
no pretende reemplazar la cooperación Norte-Sur. La participación de potencias emergentes
como actores importantes en la cooperación para el desarrollo puede brindar fuentes
adicionales de financiamiento para otros países del Sur, pero la ayuda de los países de la
OCDE seguirá siendo una fuente fundamental de financiación para el desarrollo de Norte a Sur,
si bien siempre deberá basarse en la cooperación Sur-Sur y ser coherente con ella.
Texto de Vicente Paolo Yu
Bibliografía:
- [Link]
option=com_content&view=article&id=78&Itemid=180
- [Link]
Concepto y aplicaciones en prácticas de “partenariado”
El llamado “partenariado” un concepto empírico, en permanente evolución dada la interrelación
entre sus actos y sus actores. Cambia según se emplee en uno u otro campo, ya sea el
desarrollo local, la cooperación al desarrollo, o en relaciones formativas, personales, culturales
etc.
Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el “partenariado” es una
manera de entender el desarrollo desde la participación, a través del diálogo y la negociación
entre diversos actores que establecen un programa de acciones conjuntas, de manera que los
beneficiarios se trasformen en actores de la acción de desarrollo.
El concepto de partenariado nace en la sociedad occidental, aunque la colaboración entre
diversos partenariados o socios se pueda dar entre todo tipo de países, ya que partenariado es
la colaboración entre dos o más estructuras donde se refuerza la cooperación dentro de un
marco negocio. Debe ser un fin en sí mismo, participativo y dinámico, con una actuación
coordinada, delimitado a un espacio temporal concreto. Es un proceso continuo, en general a
largo plazo, en el que los actores asociados al proceso se interrelacionan y desarrollan una
relación equilibrada entre estructuras. "La igualdad en la toma de decisiones y la mutua
influencia son las características básicas que diferencian el partenariado de cualquier otra
forma de relación", decía Brinkerhoff en1999).
Tipos
Según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) podemos considerar los
siguientes tipos:
1. De coordinación, para organizar las instituciones y evitar las duplicidades en aras de
una gestión más eficiente
2. Consultativo, facilitando que se compartan ideas entre las instituciones participantes
3. De complementariedad: se da cuando hay unos objetivos comunes entre los
participantes y un plan de acción compartido
4. Crítico: en él todos los participantes son imprescindibles para alcanzar el objetivo final y
trabajan de manera conjunta para lograrlo.
Objetivos
Aportar a la cooperación al desarrollo, el desarrollo local, la resolución de conflictos entre las
partes, y todo lo que implique la colaboración y la interrelación de las partes de una forma
equilibrada, respetuosa e igualitaria.
Podemos decir que, en cierta manera, establecer “partenariados” está de moda en el campo
del desarrollo internacional. Los proyectos de cooperación internacional incorporan, cada vez
más habitualmente, ideas como “partenariados norte-sur”, ”partenariados de investigación”,
“partenariados internacionales” o “partenariados público-privados”. En principio, deberíamos
celebrar este giro conceptual, ya que la idea de partenariado, indica que las relaciones entre las
partes, que antes eran de asistencia, ahora lo son de colaboración entre iguales. Por lo tanto,
se asume que, en el contexto de los partenariados, las relaciones de poder que antes eran
verticales, ahora son más horizontales. En el caso concreto de los partenariados público –
privados, el concepto de partenariado puede indicar que el sector público no se
“desresponsabiliza” de determinados campos de intervención que son fundamentales para
garantizar determinados derechos sociales.
No obstante, se corre el peligro de que la palabra partenariado se utilice, simplemente porque
interpela a lo que hoy resulta políticamente correcto. Su uso no garantiza per se una ruptura
con modos de hacer asistencialistas y, ni mucho menos, una reubicación del lugar de poder.
Algo similar sucede con los partenariados público-privados. En este caso, el uso de la etiqueta
partenariado no garantiza una ruptura con las políticas de privatización habituales y se puede
utilizar, más bien como una estrategia retórica para continuar justificando políticas
privatizadoras.
Es por ello que es necesario investigar si un partenariado conlleva una ruptura real con
modelos anteriores, y por ello se ha de observar la aplicación práctica de los proyectos o
políticas de partenariado en cuestión, y en concreto, el modo específico que adopta la relación
entre las partes.
Partenariados de investigación Norte-Sur
Un ejemplo de partenariado muy conocido en el campo de la educación es el programa
Erasmus Mundus de la Unión Europea (UE). Este programa fue impulsado en 2003 por la
Comisión Europea para fomentar que las universidades europeas establecieran relaciones de
“partenariado” con universidades no europeas, especialmente de países en vías de desarrollo.
Según la Comisión, estos partenariados han de estar orientados por lo principios de
cooperación, reciprocidad y ciudadanía global, y han de promover el desarrollo económico y
social a través de la construcción conjunta de conocimiento entre las instituciones del norte y
del sur. Todo esto es lo que se dice sobre el papel, pero cuando rascamos un poco y
examinamos la implantación de iniciativas concretas, se hace evidente que la relación entre las
partes es de todo menos simétrica.
En primer lugar, es notable que la iniciativa Erasmus Mundus, más que promover el desarrollo
de los centros educativos del sur, pretende contribuir para captar personas con talento del sur
para que puedan contribuir en la estrategia de construir una “Europa del conocimiento” más
competitiva y, de paso, reforzar a la UE en el duelo que mantiene con Estados Unidos por
captar cerebros. En segundo lugar, si observamos el conocimiento que se está adquiriendo y
produciendo en el contexto de muchos de estos partenariados, bien sea en el ámbito de
investigación o de la formación, nos damos cuenta de que el conocimiento del norte prevalece
por encima del de las universidades del sur, mientras que casi nunca los flujos de influencia
circulan en el sentido inverso. De este modo, muchos “partenariados” contribuyen a la
construcción a escala mundial, de lo que podríamos considerar una mono-cultura académica
dominada por centros de producción ubicados en el norte.
La propuesta de los partenariados universitarios, en realidad, cuenta con un gran potencial para
valorizar el conocimiento que se produce desde el sur. Aún así, para que sea posible, las
partes implicadas han de tener la voluntad de establecer agendas de investigación y/o de
diseñar programas de formación internacionales efectivamente comunes y, en concreto, han de
buscar cómo potenciar marcos teóricos y epistemológicos que provienen del sur.
Partenariados público-privados
Una de las principales aplicaciones del concepto “partenariado”, tampoco exenta de
controversia, la encontramos en los partenariados público-privados (PPPs). La propuesta de los
PPPs está cada vez más presente en los proyectos financiados por el Banco Mundial y por
agencias de cooperación internacional, y es una idea muy debatida y promocionada en las
últimas ediciones del Forum Económico Mundial o en organismos internacionales como la
OCDE o la UNESCO.
Sobre el papel, los PPPs hacen referencia a acuerdos entre el sector público y privado para
coordinar esfuerzos y movilizar recursos en determinados sectores de intervención de la
administración pública, desde la construcción de carreteras hasta la provisión de servicios
públicos como salud o educación. Asimismo, este tipo de acuerdos no están exentos de
implicaciones políticas. La experiencia nos muestra que, en muchos casos, el concepto de los
PPPs actúa como un mecanismo acomodaticio, es decir, como uno que permite conciliar
intereses divergentes a raíz de aparentar que cambia sustancialmente. Por ejemplo, durante
los años noventa, en Estados Unidos, el gobierno adoptó la propuesta de los PPPs a la hora de
reformar el sistema educativo para continuar implantando una agenda privatizadora sin tener
que hacer frente a determinados obstáculos políticos. Desde este punto de vista, la idea de
PPPs, por un lado, descoloca a los grupos que se oponen a la privatización de la educación y
de los servicios públicos en general, y por otro, pega con las aspiraciones de “menos estado y
más mercado” de aquellos sectores más liberales y conservadores.
Por otro lado, en el caso de los PPPs, el concepto de partenariado liga lo público con lo privado
en una relación en la que se asume que ambas partes siguen objetivos y resultados comunes.
Mientras tanto, se oculta que, en la aventura de los PPPs, los riesgos no siempre están
compartidos al mismo nivel por las partes, que el sector privado busca rentabilizar con
ganancias sustanciales su contribución, o que el know-how y el estilo de manager del sector
privado se fetichiza por encima de la experiencia del sector público.
En muchos países del sur, los “PPPs en educación” se traducen básicamente en políticas de
donaciones de grandes corporaciones y/o de fundaciones transnacionales, que no consisten
necesariamente en una transferencia de dinero, sino que, normalmente, consisten en la
concesión de ordenadores, de software, materiales didácticos, voluntariado de trabajadores de
la empresa, etc. Este tipo de PPPs se ha expandido en épocas de bonanza en muchos puntos
del planeta. No obstante, son acuerdos especialmente inestables en momentos de crisis como
el que estamos pasando actualmente, ya que cuando la crisis afecta a las empresas, lo primero
que acostumbran a hacer es recortar gastos en las partidas de relaciones públicas y filantropía.
Por lo tanto, muchos PPPs son poco sostenibles en el tiempo y no garantizan la continuidad o
la calidad de los servicios públicos que se supone que han de ofrecer.
En definitiva, la idea de partenariado es ubicua y permite acomodar modelos de acuerdos muy
diversos. Para valorar la calidad o las implicaciones de los partenariados es necesario que, en
primer lugar, abramos la caja negra de los programas y nos preguntemos ¿cómo se
reconfiguran las relaciones de poder? ¿Qué aportan de nuevo los partenariados? Además, en
el caso específico de los PPPs deberíamos preguntarnos por las obligaciones y por los
intereses de ambas partes, tanto del sector público como del privado, a la hora de participar en
este tipo de actividades.
Bibliografía
Mokktar Kaddouri en Sociedad y Estrategia identitaria, Educación Permanente nº
13/1997.
UNDP, “Empowering people- A guide to Participation”
Johan Helland, “Research capacity building through partnership: the Tanzanian-
Norwegian case”
[Link]
para_el_desarrollo.html?cid=5435740
[Link]