0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 112 vistas3 páginasLa Ciudad Alucinada Rafael Toriz
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PITULO TT
wra Hegar a un choripan
(caso la mejor manera de aprehender la esencia de los pue
blos —y de tal manera intentar establecer alguna suerte de
tologia transitoria— sea por medio de los alimentos y sus
earacteristicas regionales. La piscologia profunda de las na
ciones suele revelarse mediante sus cocina,
Es un hecho a su vez que las sociedades que han conocido
hibridez y la diferencia ostentan una notable riqueza gas
mica. La combinacién y la promiscuidad son el ealdo
propicio para ensanchar identidades y fortalecer el plurali
Las comidas china, mexicana, francesa, peruana y la de
‘buena parte del Indostan son registros de entrecruces cultu
rales muy variados. El barroco, denostado en literatura por
borgeanos y otros aburridos, es una expresién de maestria e
ingenio en las artes culinarias.
En ese sentido, para el extranjero latinoamericano habi
ilo a condimentar sus alimentos con semillas, flores y
la variedad de picantes tan extensa como los adjetivos del
tellano, la cocina argentina resalta de inmediato por su.
ttundente homogeneidad. Quisiera no ser malinterpre-
Mis palabras en modo alguno sugieren una critica ne
iva ante una carne vacuna —que evidentemente es una
nncia para nombrar la dicha—, pero ése es el tema. Es
olo una.”
Y con pocas variants. Fists, carne y enssladas. Eventualmente pscalo ©
tos ealdonan —Ioco, monn, poroie~y teal etl fond HarteLuego, entre las posibilidades que componen la dieta de
na poblacién, una manera de acerearse a sui gastronomia
—desde una orilla mas 0 menos objetiva— es desde los li
mites, es decir, desde la vereda. La comida de la calle, pese a
lo que algunos temperamentos recelosos o cobardes pueda
objetar, es el termémetio general de un paladar que cuenta,
por si fuera poco, con una particularidad en la que poco se
Tepara: comer en la calle abre la posibilidad de ingerir en
movimiento y difuminar, con resultados que ahora no vie-
nen a juicio, la practica de sentarse a la mesa. El taco, la
crepa, el falafel, la arepa, el kebab, la torta, el pretzel y el hot
dog son la expresién de que somos una especie en trénsito
permanente. F1 acto de comer, en su sustancialidad, es tam
un rito pasajero,
Eneste contexto aparece en la Argentina una figura de se
cilla efectividad que responde a un nombre compuesto, como
side alguna lengua aglutinante se tratase: el choripain.
basica. Consiste en un pan partido por
nominado por los lugarenos como marraqueta
© pan francés, lo que México tenemos por bolillo— con un
chorizo en el medio. Nada més. O nada menos. Cierto es
que algunos comensales aventureres —minoria galopante
siatendemos a la evidencia empirica— suelen acompanar la
vianda con perfumado chimichurti 0 con salsa criolla, cuya
base es aceite de maiz ode oliva con tomate, ajo, cebolla, sl
Jimén y una cucharada de pimentén.
El paladar mexicano curtido en la tradicién de la tostada
tortilla crocante con una capa de frijoles refritos sobre la
que se coloca una generosa cantidad de lechuga, tomate, pollo,
queso fresco, crema y salsa picante— no puede menos que
tremecerse ante la desnudez del chori, que con apenas un
poco de lechuga, tomate, aguate, cebolla, mostaza y mayones
quedaria transformado en una flamante y mexicana torta de
chorizo, es decir, en una experiencia barroca de sabor, combi
nacién y textura, Pero entonces no seria lo que es. Por alguna,
razén que escapa a mi entendimiento, 0 sencillamente por
Capt 7
distintos habitos alimenticios, comer un choripan es una ex
periencia franca y contundente, como el castellano porteio;
aca a los pechos, por ejemplo, se les Hama abiertamente te
tas y a las nalgas culo, datos que Haman la atencién de un
hablante educado en la repiiblica del eufemismo, descontado
por supuesto al estado de Veracruz. El choripan, en su auto
suficiencia monastica, posee como uno de sus atributos stt
haturaleza crocante, de alli que la mejor manera de ablandar
su torvo cuerpo sea por medio de una generosa garrafa de
‘vino, preferentemente con la zoomorfa efigie de un pingiaino.
No por nada el consumo del chor tradicionalmente, acontece
como rito: el lugar por excelencia del bocado es la cancha o
el asado. Asistir a un partido de futbol en la Argentina es co-
municar con la esencia inconfundible del embutido frito. 0
bien, es usual encontrarlo como prélogo en las parrilladas en
que habra de darse cuenta con ahinco de la mayor parte de
una vaca,
Desde Inego, existen variedades notables entre los chori
panes. He tenido la fortuna de probar algunos con panes de
lersa suavidad en los Bosques de Palermo, de madrugada,
ala salida de un boliche, y he degustado otros en lugares
inciertos de la costanera, con chorizos regordetes que sonro-
_jarian al verde de Toluca. He comido choripanes al final de
algtin partido con la alegria del infante que recibe un tesoro
rometido, pero puedo asegurar —sin dnimos de potencia
lzar el narcisismo de pequenas diferencias— que no he
probado un choripan tan sabroso como el que se consigue
fen la feria de Mataderos, entre locales de artesania, platos
tegionales y deslucida fayuca. Ese choripin bendito tenia
tun gusto tan intenso, incluso beligerante, que exageraciones
_proscritas, juro que recordaré hasta que muera."°
Al respecto de experienciasculinaias memorables, consign el mito urban
~alimemtado por peindistas,chaferes yromintieos que sestiene qe en alg
os eopetigedan por le ert afro eharpoe, ov det,
0 ls parvilera para acompaiar of boca, sin cost38 LACIUDAD ALUCINADA,
Es sabido que en el caso de los alimentos callejeros la ca
lidad del producto se encuentra direetamente rclacionada
con las manos del demiurgo, siempre y cuando el contacto
sea a cappella, es decir, de manera natural. La comida calle-
jera, siempre disponible como los amores de segunda mano,
irae que desis de [Link], sin anpevientos Come
taquero laburante y comprometido, el parrillero argentino
std dedicado a una noble y efimera proeza: la confeccién
del alimento ahito de grasas trans que dotara de sabor y sen
tido a los dias de la memoria.
vurra Loe canes |
seeacrama be INbBsiHIL comzncto
| ORTES GFCALES PBL SES HE ARTS. YAS, vaONA ¥ OMS
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Capi Pa
Enemigo intimo. El que confronta
Elarte de curar se ha convertido en el arte de enfermar.
Elarte de construir se ha convertido en el arte de destruir
Héctor M
La escritura, impronta de lo humano, es a un tiempo salva
Gi6n y abandono, oscura llama y cilida tiniebla. Eseribir y
pensar —literatura 0 filosofia— suelen ser exploraciones no
solo de la luminosidad de la carne, sino también de los se-
retos sotanos de la razén. Hacer de la vida una experiencia
para el pensamiento, la critica y la contemplacién es conde-
arse a soledades siniestras, patetismos literarios —frecuen
temente aprendidos— y desesperanzas absolutas. Escribir
desde la lucidez implica una enorme amargura, y sin em.
bargo, para unos cuantos, es la tinica salida, el diltimo refu
¢gio. Escribir es darse cuenta de que la tierra es un abismo y
Ja conciencia su cancer fulminante, fuego momenténeo que
ese a todo, ilumina la caida."
La obra del argentino Héctor Murena (1923-1975) es un
ejemplo de la reflexién que examina el lado oscuro de la
fuerza y obliga, por su sagacidad, a comprometer la vida con
a experiencia del pensar: en Murena, como en otros —Phi
lipp Mainlander, Miguel de Unamuno, Fernando Pessoa,
Maurice Blanchot, Giorgio Agamben—, la inteligencia y la
Sensibilidad se abisman en insondables laberintos, También
en agudas disociaciones, particularmente en lo que toca a
sus ensayos, la parte mas estimulante y filosa de su obra: la
que provoca.
Nacido y muerto en Buenos Aires, Murena —cuyo verda.
dero nombre era Héctor Alberto Alvarez— cursé estudios de
ingenieria en la Universidad Nacional de La Plata, para des
pués matricularse en la Facultad de Filosofia y Letras de la
Ht Héctor Murena: “Aun el mas grand de le tints det hore es sempre une
frustracin. £1 mismo fuegocon que quiere excopar eau destina esaiguneienn
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