HISTORIA DE LA IGLESIA PRIMITIVA
IV. EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO: LAS
PRIMERAS COLECCIONES Y LA AUTORIDAD DEL
CANON
Hablamos sobre varios grupos cristianos
primitivos, pero como vimos había en la
verdad muchos más. Solo los grupos gnósticos
tenían tantas perspectivas, teologías y
sistemas mitológicos que ni mismo los
cazadores de herejías pudieron rastrearlas
por completo. Además de eso había mezclas:
cristianos judíos influenciados por
gnósticos, gnósticos influenciados por
marcianitas, protoortodoxos influenciados de
una forma o de otra por todos.
Entretanto, apenas una forma de
cristianismo, ese grupo que hemos llamado de
protoortodoxos emergió como victorioso y es
a esa victoria a la que debemos la mayor
parte de los trazos conocidos de lo que
entendemos hoy por cristianismo. Esa
victoria nos dejó cuatro evangelios para
contar prácticamente todo lo que sabemos
sobre la vida, muerte y resurrección de
Jesús. En la verdad, nos trasmitió el Nuevo
Testamento entero, 27 libros, los únicos
libros producidos por los cristianos que son
aceptados como Escrituras. Junto con estas
“nuevas Escrituras” estaba el Viejo
Testamento todavía aceptado como canon
aunque a veces considerado superado por el
Nuevo. La victoria protoortodoxa también
trasmitió una jerarquía eclesiástica, es
decir, diferentes tipos de jerarquía en
diferentes denominaciones. Pero durante
siglos (en parte de la Iglesia) fue
ampliamente aceptada y no problemática: una
jerarquía de obispos, líderes, diáconos y,
por fin, puestos todavía más altos hasta el
nivel de Papa y subordinados.
Además de eso, la victoria protoortodoxa
confirió a la historia del cristianismo un
conjunto de prácticas y creencias que
incluyen “sacramentos” practicados por los
cristianos en casi todas partes: el bautismo
y la Eucaristía. Además de eso incluyen
doctrinas familiares para cualquier persona
en conformidad con el cristianismo: Cristo
como divino y humano, completamente Dios y
completamente hombre, y la sagrada Trinidad,
los 3 en uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
3 personas, pero solamente un Dios, el
misterio en el corazón de la fe cristiana
tradicional.
Vencedores y perdedores
El grupo que emergió victorioso y se declaró
ortodoxo determinó la forma del cristianismo
para la posteridad definiendo su estructura
interna, escribiendo sus credos y compilando
sus textos reverenciados en un canon sagrado
de escritura. Si las cosas hubiesen
acontecido de otra forma no solamente la
iglesia cristiana sino toda la historia
habría sido bien diferente. Antes de
abordar especificidades de estas disputas
internas debemos hablar un poco sobre tales
conflictos de forma más genérica.
Alrededor del siglo II, es claro que ya
había una larga historia de disputas en la
tradición cristiana. El propio Jesús tenía
enemigos y ellos tendían a ser aquellos con
quién él tenía mucho en común.
Destacándose entre los oponentes de Jesús
durante su ministerio público estaban los
fariseos, un grupo de judíos que insistía en
mantener la ley de Dios integralmente. Los
fariseos no eran hipócritas profesionales
como em ocasiones sea dicho en la tradición
cristiana posterior: ellos eran
especialistas en las leyes que Dios había
dado a Moisés acreditando que esas leyes
deberían ser observadas.
Los fariseos desenvolvieron un conjunto de
traducción de tradiciones que los auxiliaba
para cumplir esas reglas. Si el Sabá debe
ser guardado como sagrado y, por tanto, no
se debe trabajar en el Sabá entonces es
necesario determinar lo que constituye
trabajo de forma a ser evitado. Si los
sacerdotes deben recibir el diezmo en el
templo es necesario determinar lo que debe
ser contabilizado como diezmo y cómo una
persona puede tener certeza de que fue
contabilizado y así sucesivamente.
Dentro de la tradición cristiana, los
fariseos vinieron a ser conocidos como
“sepulcros calados” (Mateo 23:27) -limpios y
atrayentes por fuera, pero y llenos de carne
podrida por dentro -. Ellos eran hipócritas
qué ahuyentaban un mosquito en su cáliz más
engullían o tragaban un camello (Mateo
23:24). No hay dudas que esas difamaciones
cristianas eran respondidas por los fariseos
que estaban al final de todo haciendo lo
mejor que podían para entender y practicar
lo que Dios quería.
La victoria protoortodoxa
¿Presuponiendo que el cristianismo más
antiguo era tan ampliamente diverso, de qué
manera el lado que identificamos como
protoortodoxo se estableció cómo dominante?
Varios factores contribuyeron para esa
victoria final:
a) Los protoortodoxos reivindicaban raíces
antiguas para su religión al agarrarse a las
escrituras del judaísmo a las cuales, ellos
insistían, preveían a Cristo y a la religión
establecida en su nombre.
b) Al mismo tiempo, ellos rechazaban las
prácticas del judaísmo contemporáneo lo que
permitía que su forma de cristianismo fuese
una fe universal atractiva y plausible para
la mayoría de las personas en el mundo
antiguo.
c) Los protoortodoxos daban importancia a
una jerarquía de la Iglesia. La Iglesia de
la jerarquía era investida de una autoridad
usada para determinar en qué se debería
acreditar, cómo debería ser conducidas las
cuestiones de la Iglesia (inclusive
adoración y liturgia) y qué libros deberían
ser aceptados cómo autoridades escriturales.
d) Los protoortodoxos estaban en constante
comunicación unos con los otros,
determinados a establecer su comunión como
universal. No estaban interesados solamente
en lo que acontecía en otras comunidades
semejantes. Además de eso, estaban
interesados en divulgar su entendimiento de
la fe por todo el mundo conocido.
Primera tentativa de canon: el Canon
Muratorio
La decisión sobre cuáles libros debería
formar parte del canon no fue tomada de la
noche para el día. Hasta el fin del siglo IV
- cerca de 300 años después de la mayoría de
los libros del Nuevo Testamento haber sido
escrita -, nadie afirmó considerar que el
Nuevo Testamento consistía en los 27 libros
que tenemos hoy, y apenas esos libros.
La primera tentativa de que se tiene
conocimiento surgió en la época de Serapión.
Era una lista fragmentada que fue llamada de
Canon Muratoriano, en homenaje a L.A.
Muratori, el estudioso italiano del siglo
XVIII que la descubrió en la ciudad de
Milán.
El fragmento simplemente es una relación de
libros con comentarios ocasionales del autor
sobre las obras que relación, y escrito en
un pésimo latín. El fragmento propiamente
dicho data del siglo VIII, pero se acredita
que la lista sea originaria del fin del
siglo II.
La primera parte de la lista desapareció.
Después de algunas palabras del fin de una
frase describiendo uno de los Evangelios, el
autor continúa hablando de Lucas como “el
tercer libro del Evangelio”. Él a seguir
identifica a Juan como el “cuarto” y
prosigue. Ya que Lucas y Juan son el tercer
y cuarto Evangelio, es casi cierto que la
lista comienza con Mateo y Marcos.
El autor desconocido identifica como
canónicos 22 de nuestros 27 libros - todos
menos Hebreos, Thiago, 1 y 2Pedro y 3Juan -.
Pero también incluye la Sabiduría de Salomón
y el Apocalipsis de Pedro protoortodoxo. Él
dice que el Apocalipsis conocido como El
Pastor de Hermas es aceptable para lectura,
pero no como parte de las sagradas
escrituras. Él continua, rechazando dos
Epístolas supuestamente de Paulo, escrita a
los Alejandrinos y a los Laodicenses, pues
para él son fraudes escritos por otros
heréticos, incluyendo algunos gnósticos.
La formación del Nuevo Testamento
protoortodoxo
La victoria del cristianismo protoortodoxo
en su búsqueda por el dominio dejó algunas
marcas indelebles en la historia de la
civilización occidental. De entre esas,
ninguna se reveló más significativa que la
formación del Nuevo Testamento como un canon
de Escritura.
Puede ser un poco chocante para la mayoría
de las personas percibir que la iglesia no
tuvo siempre el nuevo testamento. Sin
embargo, las escrituras cristianas no
cayeron del cielo pocos años después de la
muerte de Jesús. Los libros que finalmente
vinieron a ser reunidos en el canon sagrado
fueron escritos por una variedad de autores
durante un periodo de 60 o 70 años, en
diferentes lugares, para diferentes
audiencias. Otros libros fueron escritos en
el mismo periodo algunos de ellos por los
mismos autores. Luego después la Iglesia vio
un diluvio de libros también supuestamente
escritos por los primeros seguidores de
Jesús, falsificaciones en nombres de los
apóstolos producidas durante décadas, hasta
siglos, mucho tiempo después de los propios
apóstoles haber muerto y haber sido
enterrados. Apenas una fracción de los
escritos cristianos primitivos vino a ser
inmortalizada por medio de su inclusión en
el canon sagrado.
¿Más porque esos 27 libros fueron incluidos
y no otros cualesquiera? ¿Quién decidió
cuáles libros incluir? ¿Basándose en qué? ¿Y
cuándo?
Una cosa es cuando los fieles afirman, con
bases teológicas, que las decisiones sobre
el canon, así como los propios libros,
fueron divinamente inspirados. Y, otra cosa
es cuando se mira la historia real del
proceso y se medita al respecto de los
largos e interminables debates sobre qué
libros incluir y qué libro rechazar.
El proceso no llevó algunos meses o años,
pero sí, siglos. Incluso así, no hubo
unanimidad.
Comenzando en el fin: el canon después
de 300 años
La mayoría de los libros del Nuevo
Testamento fue realizada en el primer siglo
de la edad cristiana, desde las primeras
cartas de Paulo escritas aproximadamente en
el año 50 d.C., cerca de 20 años después de
la muerte de Jesús, hasta 2Pedro,
generalmente considerado el último libro del
Nuevo Testamento a ser escrito alrededor del
año 120 d.C.
Las controversias que examinaremos datan en
su mayoría de los 200 años siguientes. Sin
embargo, hasta mismo en el fin de este
periodo de 200 años no había canon fijado
como Nuevo Testamento.
El primer autor cristiano de cualquier tipo
a defender un canon del Nuevo Testamento con
nuestros 27 libros y ninguno más fue
Atanasio, el Obispo de Alejandría en el
siglo IV. Esto está en una carta que
escribió en el año 367 d. C., cerca de tres
siglos después de los escritos de Paulo,
nuestro autor cristiano más antiguo.
Como obispo de Alejandría, Atanasio enviaba
una carta anual a las iglesias en Egipto que
estaban sobre su jurisdicción. El propósito
de esas cartas era marcar la fecha de la
Pascua que no era fijada con antecedencia
como en nuestros actuales calendarios, sino
que era anunciada cada año por las
autoridades de la Iglesia. Atanasio usaba
esas cartas “festivas” anuales para dar
consejos pastorales y orientar a sus
iglesias. En su famosa carta de 367 d.C. él
indica, como parte de sus consejos, los
libros que sus iglesias debería aceptar como
escrituras canónicas. Y, primero, lista los
libros del Antiguo Testamento incluyendo los
Apócrifos del Viejo Testamento (que deberían
ser leídos apenas como literatura
devocional, no como autoridades canónicas).
Entonces, él indica exactamente los 27
libros que hoy tenemos como Nuevo Testamento
indicando que “solo en estos la enseñanza de
la beatitud está proclamada. No permitas que
nada sea adicionado a estos; no permitas que
nada sea retirado de ellos”.
Muchos estudiosos han declarado que esa
carta de Atanasio representa el “cierre del
canon”, y que desde entonces no hubo
disputas sobre cuáles libros incluir. Sin
embargo, continuaron habiendo debates y
diferencias de opinión hasta mismo en la
Iglesia-sede de Atanasio. Por ejemplo,
Dídimo el Ciego, el famoso profesor de
Alejandría, en la segunda mitad del siglo IV
declaraba que 2Pedro era una “falsificación”
que no debía ser incluida del canon. Por
otro lado, Dídimo citaba otros libros,
inclusive el Pastor de Hermas o la Epístola
de Barnabé, como autoridades escriturales.
Yendo un poco más lejos, en la primera mitad
del siglo V, la Iglesia de Siria finalizó su
canon del Nuevo Testamento y excluyó de él,
2Pedro, 2 y 3Juan, Judas y Revelación
(Apocalipsis) haciendo un canon de 22 libros
en vez de 27.
La Iglesia en Etiopia finalmente aceptó los
27 libros indicados por Atanasio más
adiciono otros 4 desconocidos, de otras
fuentes (Sínodos, El libro de Clemente que
no es 1 o 2 Clemente, el Libro del Pacto y
la Didáscalia) obteniendo un canon de 31
libros.
Otras iglesias tenían todavía otros cánones;
así, cuando hablamos sobre la versión final
del Nuevo Testamento lo hacemos entre
“aspas” (mentales) pues nunca hubo una
concordancia total sobre el canon en todo el
mundo cristiano.
Los 27 libros indicados por Atanasio son el
“Nuevo Testamento” más no hubo un
pronunciamiento oficial sobre la cuestión
antes del Concilio de Trento en la mitad del
siglo XVI (el cual, como un Concilio
católico romano, era vinculante apenas para
los católicos romanos). En ese momento, sin
embargo, los 27 libros ya estaban
establecidos como Escritura.
Así, el canon del Nuevo Testamento fue
ratificado por un consenso general en vez de
una proclamación oficial. Incluso así,
alrededor del siglo V la mayoría de las
iglesias en el mundo cristiano concordaba
con sus contornos.
El inicio del proceso
¿Cómo ese proceso comenzó? ¿Por qué llevo
tanto tiempo para ser resuelto? ¿Cómo los
líderes cristianos decidieron cuáles libros
incluir? ¿Cuáles fueron los factores
motivadores?
Dada la naturaleza del Cristianismo desde el
inicio, como una religión que valoriza la
creencia apropiada y que exige autoridades
en las cuales basar esas creencias, los
textos literarios adquirieron pues, una
importancia fuera de lo común para esa
religión. Los apóstoles de Jesús,
lógicamente, eran vistos como fuentes
autorizadas de conocimiento sobre lo que el
propio Jesús dijo e hizo. No obstante, ellos
no podrían estar presentes en todas partes
al mismo tiempo, en todas las iglesias
diseminadas por todo el imperio. Los
escritos apostólicos, de esa forma, tenían
que ocupar el lugar de la presencia
apostólica, y entonces, la palabra escrita
se tornó una cuestión de importancia real.
Probablemente, todo grupo cristiano de los
siglos II y III atribuía autoridad a textos
escritos y cada uno de ellos vino a
localizar esa “autoridad” en el estatus del
“autor” del texto. Estos autores eran
considerados íntimamente ligados a la
autoridad final, el propio Jesús,
considerado el representante de Dios.
Grupos diferentes vinculaban y presentaban
sus convicciones a las autoridades
apostólicas de formas diferentes: a) Los
ebionitas, por ejemplo, declaraban presentar
las tesis defendidas por Pedro, el discípulo
más próximo de Jesús, y por Thiago, el
hermano de Jesus; b) Los marcionitas
declaraban respetar las ideas de Paulo que
las recibió por medio de revelación especial
de Jesús; y c) Los gnósticos valentinianos
también declaraban seguir las enseñanzas de
Paulo, transmitidas por el discípulo Teudas,
el profesor de Valentino.
Los protoortodoxos declaraban a todos esos
apóstoles como autoridades – Pedro, Thiago,
Paulo y muchos otros - pero no todos los
libros usados por las iglesias
protoortodoxas fueron escritos por apóstolos
-, y en algunos casos, ni declaraban esa
autoridad.
Los 4 Evangelios que finalmente entraron en
el Nuevo Testamento, por ejemplo, son todos
anónimos escritos en “tercera persona” sobre
Jesús y sus compañeros.
Ninguno de ellos contiene una narrativa en
primera persona: “Un día cuando Jesús y yo
fuimos a Cafarnaúm …” o declara ser escrito
por un testigo ocular o por un compañero de
un testigo ocular. ¿Por qué, entonces, los
llamamos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan?
Porque en alguna época en el siglo II cuando
los cristianos protoortodoxos reconocieron
la necesidad de “autoridades apostólicas”,
ellos atribuyeron esos libros a los
apóstoles (Mateo y Juan) y a los compañeros
próximos de los apóstoles (Marcos,
secretario de Pedro, y Lucas, compañero de
viaje de Paulo).
La mayoría de los estudiosos actuales
abandonó estas identificaciones y reconoce
que los libros fueron escritos por
cristianos desconocidos, pero relativamente
bien educados y versados en griego durante
la segunda mitad del siglo I.
Otros libros que vinieron a ser aceptados
como autorizados no eran anónimos, más eran
homónimos, esto es, escritos por alguien que
tenía el mismo nombre que una persona bien
conocida en los círculos cristianos. Por
ejemplo, el autor del libro de Thiago en el
Nuevo Testamento, fuese quién fuese, no da
cualquier indicación de que él es Thiago, el
hermano de Jesús. Muy, por el contrario, él
no dice absolutamente nada sobre cualquier
vínculo personal con Jesús. Además de eso,
el nombre de Thiago era muy común en el
siglo I, por lo menos, siete hombres
llamados Thiago son encontrados solo en el
Nuevo Testamento. De cualquier forma, el
libro fue aceptado posteriormente como
apostólico con base en el hecho de que el
autor “era” el hermano de Jesús aunque él
nunca hubiese deseado eso.
El nombre de Juan también era común. Aunque
el Evangelio y las epístolas de Juan no
declaren ser de alguien con ese hombre, el
Apocalipsis lo dice mo capítulo I, versículo
9: “Ἐγὼ Ἰωάνης, ὁ ἀδελφὸς ὑμῶν καὶ
συνκοινωνὸς ἐν τῇ θλίψει καὶ βασιλείᾳ καὶ
ὑπομονῇ ἐν Ἰησοῦ, ἐγενόμην ἐν τῇ νήσῳ τῇ
καλουμένῃ Πάτμῳ διὰ τὸν λόγον τοῦ Θεοῦ καὶ
τὴν μαρτυρίαν Ἰησοῦ”.
Sin embargo, el autor no alega ser Juan,
hijo de Zebedeo, uno de los apóstoles de
Jesús. El autor, sin embargo, no da ninguna
indicación de ser él mismo. Probablemente,
entonces él no era el apóstol. De esa forma,
el libro es homónimo en relación a Juan y,
posteriormente, fue aceptado por los
cristianos como canónico porque ellos
acreditaban que el autor era, de hecho, el
apóstol terrenal de Jesús.
Hay todavía otros libros que son firmados
por pseudónimos, o sea, falsificaciones
hechas por personas que explícitamente
declaran ser otra persona. Incluimos, en
este grupo, casi ciertamente 2Pedro,
probablemente las epístolas pastorales 1 y
2Timoteo y Tito, muy probablemente las
epístolas deuteropaulinas 2Tesalonicenses,
Colosenses y Efesios y posiblemente 1Pedro y
Judas. ¿Pero, por qué alguien alegaría ser
una persona famosa del pasado? Como vimos,
fue principalmente para conquistar una
audiencia para sus visiones. Y esas visiones
de esos autores no fueron simplemente
escuchadas; fueron aceptadas, respetadas,
investidas de autoridad e incluidas en las
Escrituras Sagradas.
¿Será que algunos de los libros que entraron
en el Nuevo Testamento fueron realmente
escritos por los apóstoles de Jesús? Como
vimos, estudiosos críticos están
razonablemente unidos hoy en el pensamiento
de que Mateo no escribió el Primer Evangelio
y Juan no escribió el Cuarto, que Pedro no
escribió 2Pedro y posiblemente también no
1Pedro.
O sea, ningún otro libro del canon declara
haber sido escrito por algunos de los
discípulos terrenales de Jesús.
Existen libros del apóstol Paulo, eso es
claro y evidente. Trece están con su nombre
en el Nuevo Testamento, siete de los cuales
como mínimo son aceptados por casi todos los
estudiosos cómo auténticos.
Entonces, si con la expresión “libro
apostólico” queremos decir “libro realmente
escrito por un apóstol”, la mayoría de los
libros que fueron incluidos en el Nuevo
Testamento no son apostólicos. Sin embargo,
si el término es tomado en un sentido más
amplio, significando “libro que contiene una
enseñanza apostólica de la forma definida
por la Iglesia protoortodoxa emergente”,
entonces todos los 27 libros pasan por la
inspección.
Para Irineo, entretanto justifica este
recorte del Evangelio diciendo que es tan
maléfico como la falsificación de texto.
Así, en su Libro Contra las Herejías 3.11.7
dice: “No es posible que los Evangelios
puedan ser más o menos numerosos de lo que
realmente son, pues, ya que hay 4 áreas en
el mundo en que vivimos, y cuatro vientos
principales, mientras la Iglesia está
diseminada por todo el mundo, y el pilar y
la base de la iglesia son los Evangelios y
el espíritu de la vida; es correcto que ella
debe tener cuatro pilares que soplen
inmortalidad en cada lado”.
Así, dicho pronto y rápido, tal como hay
cuatro cantos en el mundo y cuatro vientos,
debe también haber cuatro Evangelios ni más
ni menos.
Es interesante indicar que, en un Tratado de
Ambrosio, por ejemplo, el escriba
inadvertidamente copió dos veces las mismas
30 líneas. Y, lo que es peor la segunda
copia de ellas difiere de la primera cerca
de 30 pasajes, es decir, como mínimo un
error por línea. ¿Cómo saber cuánto ese
escriba trabajó mal si, para corregirlo, no
tenemos la propia copia que él estaba
copiando?
Significado de la victoria
La forma del cristianismo que emergió de los
conflictos de los siglos II y III estaba
destinada a volverse la religión del imperio
romano. De allí, se desenvolvió en la
institución religiosa, política, económica,
social y cultural dominante en el Occidente
durante siglos hasta el presente.
¿Más de donde vino la victoria de los
protortodoxos? Considerando la importancia
de la victoria debemos indicar que fue uno
de los eventos más significativos en la
historia social y política de la
civilización occidental.
La base para este momento tiene relación con
la conversión del imperio romano. Resultado
de los favores que Constantino vertió sobre
la Iglesia, la conversión a la fe cristiana
se volvió “popular”.
Naturalmente más conversiones siguieron
hasta que el cristianismo se volvió la
religión a ser transmitida para la Edad
Media y para la posteridad.
Mas, esto solo es el inicio, ya que después
que las principales cuestiones teológicas de
los siglos II y III fueron más o menos
resueltas, otras aparecieron en su lugar. Y
muy, por el contrario, muchas veces los
debates se intensificaron y las opciones se
estrecharon.
Armas del conflicto
Los protoortodoxos tenían 3 grandes armas
que utilizaban para combatir puntos de vista
cristianos que consideraban “no naturales”:
el clero, el credo y el canon.
a) El clero. Los protoortodoxos insistían en
que debía haber una jerarquía rígida en las
iglesias, en la que un líder, el obispo,
tenía autoridad sobre la congregación. El
obispo tenía bajo de sí grupos de líderes:
ancianos (llamados de presbíteros), que
evidentemente se envolvían más directamente
con las necesidades espirituales de la
congregación, y diáconos (literalmente
ministros) que tal vez se dedicasen a las
necesidades físicas como limosnas y cosas
similares.
Los protoortodoxos usaron su influencia
siempre que fue posible para garantizar que
el obispo siguiese la línea teológica e
insistieron en que él ejerciese su control
sobre el pensamiento de la Iglesia.
b) El credo. Los cristianos protoortodoxos
comenzaron a insistir en que solo había una
fe verdadera, aquella que defendían. Algunos
de sus puntos de vista comenzaron a ganar un
tono paradójico, ya que ellos sustentaban,
por ejemplo, que Jesús era plenamente divino
(contra los ebionitas) y plenamente humano
(contra los marcionistas) pero apenas una
persona y no dos (contra los gnósticos)
Insistían que solo había un Dios más el
propio Jesús también era Dios. Insistían en
que el verdadero Dios había creado este
mundo, aunque en este caso el pecado lo
hubiese corrompido.
Estos puntos de vista acabaron
cristalizándose en los credos -
declaraciones de fe - que eran escritos por
cristianos ortodoxos del siglo IV entre los
cuales aquellos que se conocen como el Credo
Apostólico y el Credo Niceno, recitados
todavía hoy en las iglesias.
c) El canon. En ciento sentidos, la Iglesia
cristiana con todas sus variaciones, surgió
con una Escritura. Jesús era un Mestre judío
que enseñó a sus discípulos judíos una
visión particular de las Escrituras
judaicas. La Biblia judaica era el canon
cristiano original.
No está completamente claro cuáles libros
del Antiguo Testamento eran aceptados como
Escrituras en la época de Jesús; entre
ellos, casi ciertamente estaban la Ley de
Moisés (los cinco primeros libros), los
profetas y una serie de libros, como los
Salmos.
La primera vez que un autor de la Antigüedad
cristiana relacionó nuestros 27 libros y
dijo que ellos son únicos 27 libro del canon
fue en 367 y el autor fue Atanasio.