RELACIÓN MEDICÓ
PACIENTE
PARTICIPANTES
Mariset Caraballo 2020-0351
Edith Mar Ventura 2020-0047
Tania franco 2020-0062
Nadiana Terminord 20190793
TUTOR\A
ZONIA CASTILLO
MATERIA
Sociología medica
INTRODUCCIÓN
La relación médico-paciente siempre ha sido una cuestión de confianza, dónde
el paciente ha aceptado tácitamente una relación de ayuda por parte del médico
ante un problema de salud. Sin embargo, actualmente asistimos a un cambio o
transformación en los roles que se adoptan tanto por parte del médico como del
paciente. El médico es (o debería serlo) un profesional sanitario con vocación
de servir, acitud compasiva y espítitu de ayuda hacia la persona que está
enferma o sufre. A partir de ese principio, estudia una larga y compleja carrera
científica para conocer en profundidad tanto el funcionamiento del cuerpo
humano como sus potenciales patologías y sus alternativas de tratamiento. El
vasto conocimiento que esta disciplina genera ha creado de forma paulatina la
necesidad de especializarse e incluso súper especializarse en un área muy
concreta del saber médico. Esta fragmentación del conocimiento es lo que nos
ha permitido llegar a una medicina de excelencia desde el punto de vista
académico, técnico y práctico impensable hace tan sólo unas décadas.
El paciente es aquella persona que padece una enfermedad. Puede encontrarse
asintomático o con un cortejo de síntomas o molestias que perduran en el
tiempo, atravesando así el proceso de enfermar y que le llevan a la
determinación de pedir ayuda o consultar con un médico. En este punto se
inicia la relación médico-paciente y a través de ella girará en gran parte todo el
proceso diagnóstico-terapéutico.
La relación médico-paciente y la comunicación en consecuencia entre
ambos puede ser, en función de si ésta se centra en la enfermedad o en la
persona, o bien si se adopta una relación directiva o facilitadora, de cuatro
tipos:
– Autoritaria: En ella el médico adopta un rol directivo sobre la enfermedad
del paciente y le indica de forma autoritaria lo que debe hacer, anulando al
paciente cualquier posibilidad de diálogo o réplica.
– Paternalista: Es la relación médico-paciente que más habitualmente ha
imperado (todavía impera) y en la que el médico adopta un rol directivo en la
toma de decisiones sobre el enfermo y su entorno, siempre bajo un propósito de
no maleficiencia y protección de su salud.
– Deliberativa: Es sin duda la relación médico-paciente más deseable. Se
establece en ella un necesario diálogo en la toma de decisiones compartida, a
través de la adopción de un rol facilitador del médico hacia el paciente. Se
obtiene a través de ella una relación cordial y respetuosa, con una comunicación
empática y orientada en ayudar al paciente a tomar conciencia de su problema y
exponer posibles soluciones. Médico y paciente asumen cada uno su parte de
responsabilidad. Ello exige un compromiso ético de confianza y respeto mutuo
constituyendo el mejor modelo y el más eficiente para la comunicación mutua.
– Democrática: También llamada autonomista. Es la típica relación médico-
paciente “a la carta” o tipo clientelar. Es una relación facilitadora enfocada en
la enfermedad y en la que se abandona a su suerte al paciente a que tome sus
propias decisiones, con el fin básicamente de complacerle.
En la práctica clínica diaria podemos identificar muchos de los factores que
intervienen en la relación médico-paciente:
Factores dependientes del paciente:
Nivel socio-cultural
Actitud, carácter y personalidad
Creencias y expectativas
Situación biográfica personal
Factores dependientes del médico:
Personalidad rígida o dialogante
Grado de formación y especialización
Factores dependientes del entorno:
Situación familiar del paciente
Burocracia administrativa
Judialización de la Medicina
Presión asistencial
Disponibilidad de recursos y tiempo
Intervención de un mayor número de profesionales sobre un mismo
paciente
Política sanitaria
A diario, médicos y pacientes dialogan condicionados por los factores
apuntados arriba. En ese diálogo el médico con sus cualidades, pero también
con sus incertidumbres y deficiencias como ser humano que es, se aproxima al
enfermo con la noble intención de ayudarle, comprenderle y con la certeza de
respetarle dentro de su vulnerabilidad como persona adulta que es. Lograr el
equilibrio no siempre resulta fácil. El médico debe tener la suficiente amplitud
de miras como para manejar a partes iguales la biología de la enfermedad como
el reconocimiento en toda su dimensión humana de la persona que tiene delante.
En esa relación de ayuda debe existir profesionalidad, escucha activa y actitud
compasiva para convertirse en el mejor guía, consejero o asesor clínico posible.
Muchos médicos consideran que se les ha arrebatado el poder de épocas pasadas
y también sucede que, a día de hoy, muchos pacientes no se sienten cómodos
asumiendo un nuevo poder en la toma de decisiones para las que no se sienten
capacitados. El médico tiene la formación y el criterio para aconsejar de forma
objetiva y facilitar la información que el enfermo precise y éste debería actuar
en consecuencia de forma adulta, activa y siempre respetuosa. Tenemos ambos
ante nosotros el reto de hacerlo posible. La relación entre el médico y su
paciente juega un papel muy importante en la práctica de la medicina y es
esencial para la provisión de asistencia médica de alta calidad en cuanto al
diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. La relación entre el médico y su
paciente es una de las bases de la ética médica contemporánea. La mayoría de
las facultades de medicina enseñan a sus estudiantes desde un principio, aún
antes de que comiencen a recibir instrucción práctica asistencial, a mantener una
relación profesional con sus pacientes, observando su dignidad y respetando su
privacidad.
El médico, durante la entrevista clínica, transita un proceso junto con el
paciente, donde necesita:
Establecer un vínculo de confianza y seguridad con el paciente (y su
entorno también)
Recopilar información sobre la situación del paciente haciendo uso de
diferentes herramientas (entrevista y anamnesis, historia clínica, examen
físico, interconsulta, análisis complementarios, etc.)
Organizar, analizar y sintetizar esos datos (para obtener orientación
diagnóstica)
Diseñar un plan de acción en función de los procesos previos
(tratamiento, asesoramiento, etc.)
Informar, concienciar y tratar al paciente adecuadamente (implica
también acciones sobre su entorno)
Reconsiderar el plan en función del progreso y los resultados esperados
según lo planificado (cambio de tratamiento, suspensión, acciones
adicionales, etc.)
Dar el alta al momento de resolución de la enfermedad (cuando sea
posible), sino propender a medidas que permitan mantener el estatus de
salud (recuperación, coadyuvantes, paliativos, etc.)
Toda consulta médica debe ser registrada en un documento conocido como
historia clínica, documento con valor legal, educacional, informativo y
científico, donde consta el proceder del profesional médico.
Importancia
El paciente debe tener confianza en cuanto a la competencia de su médico y
debe sentir que pueden realizarle confidencias a él. Para la mayoría de los
médicos, es importante el establecer un buen contacto con el paciente. Existen
algunas especialidades médicas tales como psiquiatría y medicina familiar,1 en
las que se pone más énfasis en cuanto a la relación médico-paciente que en otras
como pueden ser anatomía patológica o radiología.
La calidad de la relación entre el médico y su paciente es importante para ambas
partes. Cuanto mejor sea la relación en términos de respeto mutuo,
conocimiento, confianza, valores compartidos y perspectivas sobre las
enfermedades y la vida, y el tiempo disponible, mejor será la cantidad y calidad
de la información sobre la enfermedad del paciente que se intercambiará en
ambas direcciones, mejorando la precisión del diagnóstico y aumentando el
conocimiento del paciente sobre la enfermedad o dolencia. En aquellas
circunstancias en que la relación es pobre, se compromete la habilidad del
médico para realizar una evaluación completa del paciente y es más probable
que el paciente desconfíe del diagnóstico y del tratamiento propuesto,
disminuyendo las posibilidades de cumplir con el consejo médico. En estas
circunstancias y en aquellos casos en que existe una genuina diferencia de
opiniones médicas, se puede llegar a conseguir una segunda opinión de otro
médico o el paciente puede decidir directamente cambiar de médico.
Problemas
Superioridad del médico
El médico puede ser visto como alguien superior al paciente, ya que el médico
tiene el conocimiento y los títulos. La relación médico-paciente también se
complica por el sufrimiento del paciente (paciente posee sus raíces en la palabra
en Latín patior, "sufriente") y su limitada capacidad para poder aliviarlo por sí
mismo, potencialmente dando lugar a un estado de desesperación y dependencia
del médico.
Un médico debe por lo menos estar al tanto de estas diferencias de forma para
establecer una conexión y optimizar la comunicación con el paciente.
Beneficiar o complacer
Se puede plantear un dilema en aquellas situaciones en las que por una variedad
de razones, lo que constituye el tratamiento más eficiente (o el evitar un
tratamiento) no coincide con lo que desea el paciente. En estos casos, el médico
debe elegir entre la salud del paciente u otros beneficios materiales, y la relación
médico-paciente u otro aspecto psicológico o emocional sobre el otro.
Formal o informal
Pueden existir diferencias de opinión entre el médico y el paciente en cuanto a
cuán formal o informal debe ser la relación entre el médico y el paciente. En
general, los pacientes prefieren ser llamados por su nombre de pila.
No cabe duda de que la relación médico-paciente ha actuado desde siempre
como un eje vertebrador de la profesión médica. Y es que dicha relación
congrega poderosas fuerzas humanas: la fe, la confianza, la esperanza, la
fortaleza moral o la aceptación de la adversidad como fenómeno vital. En los
últimos tiempos la medicina se ha transformado más que en cualquier época,
por ello la relación médica ha sufrido cambios sustanciales, pero sin perder su
carácter de fundamento del acto médico.
La relación médica y paciente juega un papel realmente importante en la
práctica de la medicina, ya que es fundamental para ofrecer una asistencia
médica de alta calidad en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad.
La relación entre el médico y su paciente es una de las bases de la ética médica
contemporánea. Por ejemplo, la mayoría de las facultades de medicina enseñan
a sus estudiantes desde los inicios, antes de que comiencen a recibir instrucción
práctica asistencial, a tener una relación profesional con sus pacientes,
contemplando su dignidad y respetando su privacidad.
Es evidente que los recientes cambios en la medicina y en la organización de los
servicios de salud han generado un importante impacto en los médicos, que han
tenido que adaptarse a la nueva realidad. Y aunque se han realizado avances en
materias tan importantes como la humanización hospitalaria, lo cierto es que,
aún queda un largo camino por recorrer. En Simbiotia, creemos que solo una
visión global del concepto será capaz de dar respuesta a todas las necesidades
que plantea en la actualidad la atención médica, siendo una de las principales
líneas de acción de los planes de humanizacion de la salud.
HISTORIA DE LA RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE
La relación médico-paciente era lo más natural e intrínseco a la propia práctica
de la medicina, por eso durante muchos años no se habló sobre ella. No se
escribía sobre ella. Se daba por hecho su existencia como base del trabajo del
médico con el enfermo, lo que se describe como el encuentro de una conciencia
con una confianza. Y es que la relación de confianza entre los seres humanos ha
sido capaz de lograr muchas curaciones. La relación médico-paciente siempre
ha sido una cuestión de confianza, dónde el paciente ha aceptado una relación
de ayuda por parte del médico ante sus problemas de salud.
Sin embargo, en la actualidad asistimos a un cambio o transformación en los
roles que se adoptan tanto médicos como pacientes. Antes, cuando la medicina
era más sencilla, los recursos del médico para atender a los pacientes residían
más en sus capacidades personales, en su relación con el enfermo, que en los
recursos externos, ya sea la tecnología para el diagnóstico, medicinas más
eficaces u otros procedimientos que la ciencia y la tecnología moderna han
puesto al alcance de la medicina.
El médico es (o debería serlo) un profesional sanitario con vocación de servir,
actitud compasiva y espíritu de ayuda hacia la persona que está enferma o sufre.
A partir de ese principio, estudia una larga y compleja carrera científica para
conocer en profundidad tanto el funcionamiento del cuerpo humano como sus
potenciales patologías y sus alternativas de tratamiento.
El vasto conocimiento que esta disciplina genera ha creado de forma paulatina
la necesidad de especializarse e incluso súper-especializarse en un área muy
concreta del saber médico. Esta fragmentación del conocimiento y
especialización es lo que nos ha permitido conseguir una medicina de
excelencia desde el punto de vista académico, técnico y práctico. Algo
realmente impensable hace tan sólo unas décadas.
En contrapartida, esta especialización también ha generado por otro lado una
desnaturalización de la relación entre médicos y pacientes. Es por ello que en
los últimos años ha surgido un término que cada vez está cobrando más
importancia a nivel sanitario: el empoderamiento del paciente.
¿Qué es el empoderamiento del paciente?
El término empoderamiento se emplea desde hace unos años como traducción del inglés
empowerment. Hay en la actualidad múltiples definiciones de empoderamiento en el campo
de la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por ejemplo, define
empoderamiento como un “proceso mediante el cual las personas adquieren un mayor control
sobre las decisiones y acciones que afectan su salud, para ello, los individuos y las
comunidades necesitan desarrollar habilidades, tener acceso a la información y a los recursos,
y la oportunidad de participar e influir en los factores que afectan su salud y bienestar”.
Con independencia de las diferentes definiciones que puedan darse, los elementos clave de un
paciente empoderado son los siguientes:
El paciente debe conocer en profundidad cuál es su estado de salud o enfermedades
Debe tener control sobre su estado de salud o enfermedad
Asimismo, debe participar en la toma de decisiones sobre su salud en coordinación
con los profesionales sanitarios
El paciente es responsable en cuanto al cuidado de su salud
Se forma e informa sobre salud y tiene los mecanismos necesarios para decidir
COMO DEBERÍA SER LA RELACIÓN MÉDICO
PACIENTE EN EL FUTURO
No cabe duda de que la atención sanitaria ha evolucionado en las últimas
décadas. Partiendo de un modelo paternalista, donde el paciente se encontraba a
merced de las decisiones del médico o sanitario, hemos ido evolucionando a un
modelo donde el paciente ha ganado poco a poco más protagonismo.
Estamos realmente ante un cambio de paradigma en la relación de los pacientes
con el sistema sanitario, pero aún queda mucho por hacer. Los centros
hospitalarios y centros asistenciales tienen el reto de evolucionar acorde a los
tiempos de acuerdo a los cambios que experimenta la sociedad y la humanidad.
Hasta el momento, la relación médico paciente consistía en una comunicación
unidireccional, de médico a paciente, en la que los mensajes se transmiten de
forma instruccional: “usted debe tomar la medicación”, “es recomendable que
haga ejercicio”, etc. Por tanto, el paciente no tiene muchas oportunidades para
expresarse y además, se encuentra con las típicas barreras comunicacionales de
los centros sanitarios y un ambiente inadecuado que no le ofrece la comodidad
necesaria para una mejor comunicación.
De la misma forma, es conveniente reseñar la barrera mental que supone para
los pacientes la utilización de una jerga muy especializada y muy específica que
dificulta la memorización y comprensión de las instrucciones por parte del
paciente, lo que aún puede distanciar más al médico del paciente.
En Simbiotia estamos convencidos de que realmente esto debe cambiar, ya que
es necesario poner el foco en el bienestar y la experiencia de los pacientes desde
una perspectiva holística. Acompañamos a centros asistenciales como
hospitales, residencias de mayores, centros de salud especializados…etc a
través de planes de humanización e innovación poniendo a las personas en el
centro. Mediante un equipo multidisciplinar acompañamos desde la estrategia,
la reinvención de los procesos, la creación de espacios innovadores de bienestar
todo en línea con las nuevas tendencias internacionales del nuevo paradigma de
atención sanitaria. La relación médico paciente es una parte muy importante de
este proceso de humanización pero profundizamos también en la relación todo
el personal sanitario (desde médicos, enfermeras, celadores, personal de
limpieza….) no sólo con los pacientes sino también con sus acompañantes.
CONCLUSIÓN
La práctica de la medicina combina la ciencia y la tecnología con la aplicación
de conocimientos y valores. Esta combinación gira alrededor de la interacción
médico-paciente, elemento necesario para que la acción del médico pueda
intervenir en las necesidades del enfermo. Se realizó una valoración que incluyó
el análisis de la relación médico-paciente, la práctica médica, la yatrogenia y la
ética médica, para establecer la relación existente entre estas categorías. La
entrevista médica es la herramienta principal para obtener una anamnesis
fidedigna, y para establecer una relación médico-paciente sólida, perdurable y
productiva; esta última constituye un escenario fundamental y determinante
para la adecuada expresión o no del resto de los elementos que definen la
práctica asistencial.
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