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Dialéctica

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Platón y Aristóteles discutiendo. Detalle de un bajorrelieve de Luca della Robbia,


siglo XV, Florencia, Italia.
La dialéctica —del griego διαλεκτική (dialektikḗ), τέχνη (tékhnē), literalmente:
técnica de la conversación; con igual significado, en latín (ars) dialectica— es
una rama de la filosofía cuyo ámbito y alcance han variado significativamente a lo
largo de la historia.

Originariamente, designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo


que actualmente se llama lógica. En el siglo XVIII el término adquirió un nuevo
significado: la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así
como la detección y superación de estos contrapuestos.

De manera más esquemática puede definirse la dialéctica como el discurso en el que


se contrapone una determinada concepción o tradición, entendida como tesis, y la
muestra de los problemas y contradicciones, entendida como antítesis. De esta
confrontación surge, en un tercer momento llamado síntesis, una resolución o una
nueva comprensión del problema. Este esquema general puede concretarse como la
contraposición entre concepto y cosa en la teoría del conocimiento, a la
contraposición entre los diferentes participantes en una discusión y a
contraposiciones reales en la naturaleza o en la sociedad, entre otras.

El término adquiere un significado no circunscrito al ámbito de la retórica


gracias, fundamentalmente, a los escritos del filósofo alemán G.W.F. Hegel. En la
época en que escribe una de sus grandes obras (Fenomenología del espíritu, 1808),
el mundo parece haberse puesto en movimiento, transformando de forma visible lo que
había durado siglos. Se trata de los primeros momentos del modo de producción
capitalista que, a diferencia de los anteriores, se basa primordialmente en la
circulación de las mercancías y del dinero. Entonces el viejo problema filosófico
del cambio se agudiza: ¿cómo entender racionalmente que una cosa pueda cambiar de
apariencia y seguir siendo la misma cosa? Hegel concibe la realidad como formada
por opuestos que, en el conflicto inevitable que surge, engendran nuevos conceptos
que, en contacto con la realidad, entran en contraposición siempre con algo. Este
esquema es el que permite explicar el cambio manteniendo la identidad de cada
elemento, a pesar de que el conjunto haya cambiado.

Con el mismo proceder Karl Marx analizará la realidad social y, claramente en sus
escritos a partir de 1842, la entenderá como una realidad conflictiva debido a la
contraposición de intereses materiales incompatibles. Así dirá, en el Manifiesto
comunista (1848), que "toda la historia de la humanidad hasta ahora es la historia
de la lucha de clases"; esto es: la confrontación entre clases sociales es el motor
del cambio histórico.

En el siglo XX el filósofo alemán Theodor W. Adorno titulará Dialéctica negativa


(1966) una de sus obras capitales. Esta obra se inicia con una afirmación
provocativa: "La formulación dialéctica negativa atenta contra la tradición". Se
refiere Adorno a que en la dialéctica de Platón o en la de Hegel el resultado del
movimiento de contraposición es la afirmación de algo, mientras que lo que él
pretende es subrayar el carácter inconcluso de cualquier momento del movimiento de
contraposición, tanto a nivel social como cultural.

Índice
1 Historia
1.1 Dialéctica espontánea en la Antigüedad
1.2 La dialéctica como método en la filosofía clásica griega
1.3 Dialéctica de la filosofía idealista alemana
1.3.1 La dialéctica de Hegel
1.4 Dialéctica materialista
1.4.1 Las leyes de la dialéctica
[Link] Ley de la unidad y lucha de contrarios
[Link] Ley de transición de la cantidad a la cualidad
[Link] Ley de negación de la negación
1.5 La crítica de Sartre
2 La dialéctica y la ciencia contemporánea
3 Véase también
4 Referencias
4.1 Bibliografía (fuentes pimarias)
4.2 Bibliografía (fuentes secundarias)
4.3 Enlaces externos
Historia
Dialéctica espontánea en la Antigüedad
Para el hinduismo, la diversidad de cosas y eventos contradictorios que nos rodean
son justamente las diferentes manifestaciones del todo, llamado Brahman. Así, a los
diversos aspectos de lo Divino, dieron en la India antigua distintos nombres de
variados dioses que no son más que reflejos de una única realidad última, de manera
que, por ejemplo, la fuerza destructora y la fuerza creadora son dos
manifestaciones de esa misma realidad.

La dialéctica como método en la filosofía clásica griega


Véase también: Dialéctica platónica
Heráclito puede ser considerado como 'padre de la dialéctica' en occidente, es el
primero que considera que la contradicción no paraliza, sino dinamiza. En Heráclito
se insinúa que las cosas se empujan unas a otras oponiéndose. En toda oposición los
términos que se oponen son, cada uno, la negación del otro.

En Heráclito de Éfeso, se puede observar con más claridad la movilidad y la


negatividad que hemos sentado como características de la dialéctica. Es bien sabido
que «El Oscuro de Éfeso», como lo llamaron los antiguos, decía que "todo pasa" y
que "la guerra es el padre de todas las cosas". Conviene advertir, respecto de la
primera afirmación, que un fragmento muy citado dice que, según Heráclito, "no es
posible bajar dos veces al mismo río porque los que descienden se sumergen en aguas
siempre distintas en su fluir incesante". Pero en otro fragmento, menos citado, se
lee igualmente que, "bajamos y no bajamos al mismo río, somos y no somos". Esto es
importante, porque significa que Heráclito no era heracliteano, es decir, no
sostenía, como algunos manuales le hacen decir, que el incesante fluir de las cosas
destruye continua y enteramente su identidad. No es el mismo río, pero lo es; somos
y no somos. Heráclito veía a las cosas permanecer cambiando y cambiar
permaneciendo.

Otro de los primeros ejemplos de aplicación del método dialéctico lo ofrecen los
Diálogos del filósofo griego Platón, quien además reflexiona sobre el
funcionamiento y el alcance de este procedimiento, notablemente en sus obras
Gorgias, República VI y VII y Teeteto.

En los diálogos platónicos tempranos, el procedimiento permite someter a examen


cierto conjunto de creencias que mantiene determinado individuo. A partir de los
diálogos medios, su alcance se amplía, para poner a prueba hipótesis o teorías con
las que no necesariamente alguien está comprometido. El examen usualmente lo lleva
a cabo Sócrates, quien dirige a su interlocutor una serie de preguntas para
explorar si hay inconsistencias entre sus afirmaciones. Estas preguntas son, pues,
críticas y comprometedoras, y puede considerarse que equivalen a objeciones; pues
naturalmente, una teoría que muestra ser contradictoria no podría aceptarse como
verdadera (Vg., ha sido refutada). Por otra parte, en muchos diálogos de Platón
puede constatarse cómo los interlocutores de Sócrates se defienden de sus
objeciones; en ocasiones es el propio Sócrates quien responde a sus críticas
anteriores. El procedimiento de preguntas y respuestas da lugar así a una discusión
o controversia racional, cuyo resultado es a menudo la refutación de las ideas que
se examinan. En cualquier caso, mediante la detección y eliminación de errores, el
procedimiento tiende a la identificación de la verdad -o al menos, de lo que
racionalmente puede aceptarse como tal. La refutación (en griego: elenchô) se
convierte en un método de prueba (Vlastos, G. Socratic Studies, Cap. 1)

Casi todos los filósofos presocráticos habían escrito como profetas iluminados, sin
pensar siquiera en dar alguna prueba de la validez de sus puntos de vista (M.
Détienne). Una excepción importante es Zenón de Elea, quien introduce en la
filosofía la idea de refutar racionalmente las teorías de sus adversarios,
mostrando que conducen a paradojas. Este es el antecedente del que parten Sócrates
y Platón, el último de los cuales lleva la idea un paso más lejos. Es notable que
en el Parménides Platón haya utilizado el procedimiento de preguntas
comprometedoras, para poner a prueba teorías de su propia factura (concretamente,
la teoría metafísica de las Formas), convirtiéndose así en el primer filósofo que
practica la autocrítica. Tal vez Platón intenta mostrar así cuánto más le interesa
la búsqueda de la verdad, que la defensa de sus posiciones. En todo caso, la
dialéctica (i.e., la controversia, y más fundamentalmente, la exposición a la
crítica) queda perfilada por él como un procedimiento de investigación. A este
gesto del clásico puede atribuirse el que la filosofía sea hoy un campo de
investigación académica, y no una rama de la mitología o de la literatura
fantástica.

Para Aristóteles, la búsqueda de la base filosófica de la ciencia (y de la propia


filosofía) requiere un ejercicio dialéctico. En la Metafísica, Libro Γ (o IV), Cap.
4, Aristóteles explica por qué la búsqueda de una prueba de los "principios" debe
hacerse mediante una demostración refutativa, y en cambio sería imposible dar de
ellos una "demostración" (vg., una prueba positiva de ellos). Aristóteles también
trata de la dialéctica en los Tópicos.

Esta clase de justificaciones o pruebas, que la actividad dialéctica permite


conseguir según los clásicos, sólo pueden desarrollarse gracias a la confrontación
de puntos de vista opuestos. Sin embargo, a partir de la Ilustración se difundió
ampliamente, aunque al parecer sin discusión de por medio, un juicio contrario, de
David Hume, quien en la Investigación sobre el Entendimiento Humano § 4, afirma sin
más que todo razonamiento humano es inductivo (en sus términos, "probable", o
"moral") o deductivo ("demostrativo"); por tanto, no dialéctico sino monoléctico.
Es decir que según Hume, toda prueba científica o filosófica debe ser construíble
en su integridad desde un único punto de vista. Esta idea no ha sido
suficientemente discutida, y puede considerarse como una hipótesis, tanto como la
idea contraria.

Además de la propia confrontación de ideas, un par de conceptos o reglas lógicas


distinguen a los argumentos dialécticos de los monolécticos. Son 1) la
argumentación ex concessis, según la cual es lícito razonar a partir de los
presupuestos o premisas del antagonista, sin que en suma, haga falta justificarlas
(al menos, no de cara a ese mismo contrario). Y por otra parte 2), la noción de la
carga de la prueba, que atribuye a uno de los debatientes en particular, el deber
de iniciar la argumentación, dando un respaldo prima facie razonable a su tesis. Si
el interesado lo consigue, con ello transfiere a su adversario la obligación (o
carga) de responder, argumentando en contra suya. Cualquiera de los debatientes que
deje de atender satisfactoriamente esta obligación cuando le corresponde, por ese
hecho resulta derrotado en la polémica. En Occidente, la carga de la prueba inicial
corresponde al que propone novedades, y desde luego a quien cuestiona los usos y
las creencias tradicionales o generalmente aceptadas. Una máxima del derecho romano
prescribe: "el que afirma, prueba".
Parece que a los estoicos se debe el uso posterior (concretamente, medieval) del
término, con el que 'Dialéctica' pasa a referirse al conjunto de la lógica, que por
lo demás los estoicos cultivaron como estudio del razonamiento deductivo (por
tanto, monoléctico). Junto con la Gramática y la Retórica, la Dialéctica constituye
el Trivium medieval.

Dialéctica de la filosofía idealista alemana


Para Immanuel Kant la sensibilidad tiene como formas a priori el espacio y el
tiempo y la razón humana tiene, también anteriores a toda experiencia, un conjunto
de categorías para concebir los objetos, siempre que haya fenómenos sobre los
cuales ellas puedan actuar. Cuando tal cosa no ocurre, como en el caso de los
objetos denominados "metafísicos", el entendimiento deriva en las llamadas
antinomias, en las cuales puede demostrarse como verdadera tanto una posición como
la contraria, hay argumentos en favor y en contra de las tesis y de sus respectivas
antítesis. La solución no puede ser dogmática sino crítica de la razón pura,
distinguiendo la "cosa en sí" del mundo fenomenológico, que no existe
independientemente de nuestras representaciones.

Para Johann Gottlieb Fichte del yo, del sujeto se deriva todo y de acuerdo con los
principios lógicos de la identidad y negación, al afirmarse el yo engendra por
oposición el "no yo" y ambos están subordinados a un principio de unidad total. Así
como el yo entra en contradicción consigo mismo y posiciona el no yo, elimina esta
oposición mediante la limitación de ambos y fluye un proceso infinito y que se
formula en la tríada dialéctica: tesis, antítesis y síntesis.

Arthur Schopenhauer entre otros aspectos de la dialéctica considera a la dialéctica


como una forma elocuente de razonamiento e incluso de discutir contra algo que
critica, considera de este modo a la dialéctica como un método de una eudemonología
y en cuanto a un intento de diálogo más como una erística: la dialéctica del
sofisma y de la falacia (Véase: Die Kunst, Glücklich Zu Sein Oder, Eudämonologie
«Eudemonología o el arte de ser feliz, explicado en 50 reglas para la vida») y
«Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en treinta y ocho
estratagemas» (obra también conocida como «El arte de tener razón»).

El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aplica el término dialéctica a su


sistema filosófico y a su lógica centrada en el devenir, la contradicción y el
cambio, que sustituye los principios de identidad y no contradicción, por los de la
transformación incesante de las cosas y la unidad de los contrarios. Hegel pensaba
que la evolución de la Idea se produce a través de un proceso dialéctico, es decir,
un concepto se enfrenta a su opuesto y como resultado de este conflicto, se alza un
tercero, la síntesis. La síntesis se encuentra más cargada de verdad que los dos
anteriores opuestos. La obra de Hegel se basa en la concepción idealista de una
mente universal que, a través de la evolución, aspira a llegar al más alto límite
de autoconciencia y de libertad.

El filósofo alemán Karl Marx aplicaba el concepto de dialéctica a los procesos


sociales y económicos. El llamado materialismo dialéctico de Marx es con frecuencia
considerado como una revisión del sistema hegeliano. Este proponía una solución a
un problema generalizado de extremos económicos por medio de los tres conceptos:
tesis, antítesis y síntesis. La primera era la fuente del problema en este la
propiedad del capital concentrada en la clase burguesa. La segunda la clase
proletaria creadora del valor con su trabajo y despojada de todo medio de
producción. Estas dos darán como síntesis el comunismo, la propiedad social de los
medios de producción.

La dialéctica de Hegel

Este artículo o sección tiene un estilo difícil de entender para los lectores
interesados en el tema.
Si puedes, por favor edítalo y contribuye a hacerlo más accesible para el público
general, sin eliminar los detalles técnicos que interesan a los especialistas.
En la dialéctica de Hegel, la contradicción de ideas es el factor determinante de
la relación entre ellas. La palabra dialéctica adopta el sentido de esa
contradicción entre ideas usualmente filosóficas, sociales o históricas. La
dialéctica comprende tres etapas de desarrollo:

Tesis: formulación de una idea


Antítesis: reacción a esta idea, que la niega o la contradice
Síntesis: una nueva idea, una formulación final que resuelve la contradicción entre
los dos puntos anteriores
La dialéctica se basa en la fundamentación de que una idea (tesis), generalmente
histórica, social o filosófica, al ser desarrollada en detalle, abre aspectos
diversos que entre sí se avienen mal (antítesis), pero finalmente surge una manera
de reconcebirla conciliando aspectos aparentemente contradictorios (síntesis). Si
bien Hegel nunca usó los términos tesis, antítesis y síntesis, diversos analistas
posteriores popularizaron esta terminología (debida a H. M. Chalybäus) para
analizar el desarrollo de la dialéctica hegeliana de una idea o tesis.

Según este punto de vista, muchas ideas o corrientes reflexivas pasan por una fase
de contradicción aparente. Esta característica sería profunda y esencial en el
análisis de Hegel. Metafóricamente, se podría decir que la identidad es la
determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es
la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de todo auto movimiento y
solamente aquello que encierra una contradicción se mueve. La imaginación corriente
capta la identidad, la diferencia y la contradicción, pero no la transición de lo
uno a lo otro, que es lo más importante, cómo lo uno se convierte en lo otro.

Causa y efecto son momentos de la dependencia recíproca universal, de la conexión y


concatenación recíproca de los acontecimientos, eslabones en la cadena del
desarrollo de la materia y la sociedad: la misma cosa se presenta primero como
causa y luego como efecto. Es necesario hacer conciencia de la intercausalidad, de
las leyes de conexión universal objetiva, de la lucha y la unidad de los contrarios
y de las transiciones y las transformaciones de la naturaleza y la sociedad. La
verdad está compuesta de la totalidad de todos los aspectos del fenómeno, de la
realidad, de los fenómenos y de sus relaciones recíprocas.

La realidad es la unidad de la esencia y la existencia. La esencia no está detrás o


más allá del fenómeno, sino que por lo mismo que la esencia existe, se concreta en
el fenómeno. La existencia es la unidad inmediata del ser y la reflexión.
Posibilidad y accidentalidad son momentos de la realidad, puestos como formas que
constituyen la exterioridad de lo real, y, por tanto, son cuestión que afecta el
contenido, porque en la realidad se reúne esta exterioridad con la interioridad en
un movimiento único, se convierte en necesidad y así lo necesario es mediado por un
cúmulo de circunstancias o condiciones.

La cantidad se transforma en cualidad y los cambios se interconectan y provocan los


unos con los otros. Las matemáticas no han logrado justificar estas operaciones que
se basan en la transición, porque la transición no es de naturaleza matemática o
formal, sino dialéctica.

Las determinaciones lógicas anteriormente expuestas, las determinaciones del ser y


la esencia, no son meras determinaciones del pensamiento. La lógica del concepto se
entiende ordinariamente como ciencia solamente formal, pero si las formas lógicas
del concepto fueran recipientes muertos, pasivos, de representaciones y
pensamientos, su conocimiento sería superfluo. En realidad, son como formas del
concepto, el espíritu vivo de lo real y por tanto se requiere indagar la verdad de
estas formas y su conexión necesaria.
El método del conocimiento no es una forma meramente exterior, sino que es alma y
concepto del contenido. Por lo que se refiere a la naturaleza del concepto, el
análisis es lo primero, porque debe elevar la materia dada a la forma de
abstracciones universales, las cuales luego mediante el método sintético son
puestas como definiciones. El análisis resuelve el dato concreto, aísla sus
diferencias y les da forma de universalidad o, deja lo concreto como fundamento y
por medio de la abstracción de las particularidades que aparentan ser inesenciales,
pone de relieve un universal concreto o la fuerza y la ley general. Esta
universalidad también es determinada mediante la síntesis del concepto en sus
formas, en definiciones.

La actividad humana une lo subjetivo con lo objetivo. El fin subjetivo se vincula


con la objetividad exterior a él, a través de un medio que es la unidad de ambos,
esto es la actividad conforme al fin. Así, con sus herramientas el hombre posee
poder sobre la naturaleza exterior, aunque en lo que respecta a sus fines se
encuentra con frecuencia sometido a ella.

Dialéctica materialista
Artículo principal: Materialismo dialéctico
La más simple e influyente formulación del materialismo dialéctico se halla en
Engels, que creyó con ello no desviarse de Marx o, en todo caso, creyó completar a
Marx. La formulación de Engels se ha incorporado al marxismo. Esto no quiere decir
que sólo los marxistas sean materialistas dialécticos. Ello puede ocurrir de varios
modos, entre los cuales sobresalen dos: como un intento de suplementar y
sistematizar el marxismo en forma distinta del conglomerado hoy tradicional «Marx-
Engels-Lenin», o «marxismo-leninismo»; o bien como una posibilidad para el futuro,
cuando se haya «absorbido» por completo la razón analítica y positiva que se supone
caracteriza aún las ciencias y éstas puedan constituirse dialécticamente, o
materialística-dialécticamente.

Engels desarrolló el materialismo dialéctico en la obra "La transformación de las


ciencias por el Sr. Dühring" (Herrn Dühring Umwälzung der Wissenschaften, 1878;
publicada como una serie de artículos en Vorwärts!, 1877), conocida con el nombre
de Anti-Dühring, y también en una serie de 2148 manuscritos procedentes de 1873-
1883 y publicados por vez primera en 1925 con el nombre Dialektik der Natur (hay
posteriores ediciones, más fidedignas; trad. esp. con introducción por Manuel
Sacristán). Aunque Engels se opuso al idealismo, incluyendo el idealismo de Hegel,
encontró en este autor apoyo para una «filosofía de la Naturaleza» que descartara y
superara el materialismo mecanicista, característico de gran parte de la física
(mecánica) moderna y en particular de las interpretaciones filosóficas de la
ciencia moderna que proliferaron en el siglo XIX por obra de Ludwig Büchner y otros
autores. Este materialismo es, según Engels, superficial y no tiene en cuenta que
los modelos mecánicos no se aplican a nuevos desarrollos científicos, tales como
los habidos en química y en biología, y especialmente tal como se manifiestan en la
teoría de la evolución de las especies. El materialismo «vulgar» mecanicista no
tiene tampoco en cuenta el carácter práctico del conocimiento y el hecho de que las
ciencias no son independientes de las condiciones sociales y de las posibilidades
de revolucionar la sociedad.

Mientras el materialismo mecanicista se apoya en la idea de que el mundo está


compuesto de cosas y, en último término, de partículas materiales que se combinan
entre sí de un modo «inerte», el materialismo dialéctico afirma que los fenómenos
materiales son procesos. Hegel tuvo razón en insistir en el carácter global y
dialéctico de los cambios en los procesos naturales, pero erró en hacer de estos
cambios manifestaciones del «Espíritu». Hay que «invertir» la idea hegeliana y
colocar en la base la materia en cuanto que se desarrolla dialécticamente. La
dialéctica de la Naturaleza procede según las tres grandes leyes dialécticas:

ley del paso de la cantidad a la cualidad,


ley de la interpenetración de los contrarios (u opuestos) y
ley de la negación de la negación.
Negar que hay contradicciones en la Naturaleza es, según Engels, mantener una
posición metafísica; lo cierto es que el movimiento mismo está lleno de
contradicciones. Son contradicciones «objetivas» y también «subjetivas». Sin la
constante lucha de los opuestos no pueden explicarse los cambios.

El carácter de lucha y oposición de contrarios es, según Engels, universal. Se


manifiesta no solo en la sociedad y en la Naturaleza, sino también en la
matemática. La negación de la negación se manifiesta en que de un germen procede
una planta que florece y muere, produciendo otro germen que vuelve a florecer.
También se manifiesta en que la negación de una cantidad negativa da una positiva.
El materialismo dialéctico no es, según Engels, contrario a los resultados de las
ciencias; por el contrario, explica, justifica y sintetiza estos resultados.

En la Dialéctica de la Naturaleza, Engels se manifestó en desacuerdo con considerar


la necesidad o lo necesario como lo único interesante desde el punto de vista
científico y el azar o lo casual como indiferente para la ciencia, pues así "cesa
toda ciencia, ya que ésta debe precisamente investigar lo que no conocemos".
Consideró que la metafísica está cautiva de la contraposición que media entre
casualidad y necesidad y no entiende cómo lo casual es necesario y lo necesario, al
mismo tiempo, casual. "El determinismo, que pasa del materialismo francés a las
ciencias naturales, trata de resolver el problema de lo casual pura y simplemente
negándolo. Según esta concepción, en la naturaleza reina sencillamente la necesidad
directa". En cambio, Darwin fundamentó la necesidad de la evolución, sobre "la más
amplia base de casualidad". La naturaleza se ha desenvuelto "más o menos
accidentalmente, pero con la necesidad que es también inherente a la casualidad".
Actualmente podría verse en las matemáticas de las probabilidades, una confirmación
de esta visión dialéctica, en sus especificidades para las ciencias naturales y
para las ciencias sociales.

A despecho del ejemplo citado en la matemática se ha preguntado a menudo hasta qué


punto las ciencias formales, y específicamente la lógica, son dialécticas y están
sometidas a las leyes enunciadas por el materialismo dialéctico. Engels se expresó
al respecto de un modo un tanto ambivalente, pues mientras las leyes de referencia
tienen, a su entender, un alcance verdaderamente universal, por otro lado las leyes
dialécticas mismas constituyen un elemento invariable. Puesto que la lógica misma
es dialéctica, parece que no cabe preguntar si la propia lógica dialéctica es o no
dialéctica; no parece que se pueda negar la lógica dialéctica por otra lógica no
dialéctica. Por otro lado, la negación de la negación de esta lógica dialéctica
daría una lógica dialéctica supuestamente «superior». Son muchas las discusiones
sobre la autonomía o heteronomía de la lógica formal dentro del materialismo
dialéctico.

Muchos autores después de Engels han seguido a este autor en el camino del
materialismo dialéctico, si bien han modificado este de varios modos. Tal sucede
con Lenin, con quien se inicia una tradición de materialismo dialéctico llamada
«marxista-leninista». Para él la dialéctica es la doctrina del desarrollo en su
forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo
relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo
desarrollo.

Lenin insistió inicialmente menos que Engels en la noción de «materia» como


realidad sometida a cambios de acuerdo con un proceso dialéctico, porque le
interesaba defender el realismo materialista contra el idealismo y el fenomenismo
de los que seguían a autores como Mach y Avenarius. En Materialismo y
empiriocriticismo (1909), Lenin equiparó la realidad material con la realidad del
mundo real «externo», reflejado por la conciencia, la cual «copia» este mundo
mediante las percepciones. Estas no son símbolos o cifras, sino reflejos de «la
realidad (material) misma». Esto no quiere decir que las percepciones, o las
sensaciones, describan el mundo real físico tal como este es. El verdadero
conocimiento de este mundo es el conocimiento científico, pero la percepción no es
incompatible con este conocimiento. El materialismo dialéctico y la epistemología
«realista» y «científica» que lo acompaña es, según Lenin, la doctrina que debe
adoptarse para luchar en favor del comunismo. Esto parece convertir el materialismo
dialéctico en una ideología cuya verdad depende de la situación histórica. El
materialismo dialéctico es, en suma, «partidista». Sin embargo, este partidismo no
puede equipararse al de las ideologías no proletarias y no revolucionarias; si es
una ideología, es una que contribuye a traer al mundo la «teoría verdadera», que es
la que corresponde a la sociedad sin clases.

En las discusiones entre los materialistas dialécticos ha surgido con frecuencia el


problema de si, y hasta qué punto, hay que destacar el aspecto materialista o el
dialéctico. En escritos posteriores al citado antes, y especialmente en los
Cuadernos filosóficos (1915), Lenin subrayó considerablemente el aspecto dialéctico
y, con ello, lo que interpretó como el verdadero método hegeliano, pero ello no
equivale aún a dejar de lado el materialismo, sin el cual se desembocaría en un
idealismo:
La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos
siempre en aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse
a la realidad (con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla en un
todo): he aquí el contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el
materialismo 'metafísico', cuya desgracia principal es la de no ser capaz de
aplicar la dialéctica a la 'Teoría de Reflejo', al proceso y desarrollo del
conocimiento.
Así, mientras la dialéctica en el materialismo dialéctico pone de relieve aspectos
«idealistas» y «hegelianos», el materialismo en la misma doctrina pone de relieve,
o puede terminar por poner excesivamente de relieve, aspectos puramente
«mecanicistas» o «superficiales». El equilibrio entre dialéctica y materialismo en
el materialismo dialéctico es por ello uno de los desiderata de muchos de los
autores adheridos a esta tendencia.

En ocasiones se ha procurado resolver el conflicto entre los dos componentes del


materialismo dialéctico acentuándose los aspectos «prácticos». Así sucede, por
ejemplo, con el maoísmo y con varías tendencias políticas más interesadas en la
realización de un programa que en discutir las bases filosóficas subyacentes en el
mismo. Mao escribió en 1937 el ensayo Sobre la Contradicción, que además de partir
de la universalidad de la contradicción y las particularidades de cada
contradicción, se centra en determinar la contradicción principal y el aspecto
principal de una contradicción, así como el antagonismo, la lucha y la identidad de
contrarios, de manera que los militantes revolucionarios tuvieran un manual de
lógica para la solución de los problemas políticos concretos.

Las leyes de la dialéctica


El materialismo dialéctico propone, pues, una interpretación de la realidad
concebida como un proceso material en el que se suceden una variedad infinita de
fenómenos, a partir de otros anteriormente existentes. Esta sucesión, no obstante,
no se produce al azar o arbitrariamente, ni se encamina hacia la nada o el absurdo:
todo el proceso está regulado por leyes que determinan su evolución desde las
formas más simples a las más complejas, y que afectan a toda la realidad, natural y
humana (histórica).

Este es el ciclo eterno en que se mueve la materia, un ciclo que únicamente cierra
su trayectoria en períodos para los que nuestro año terrestre no puede servir de
unidad de medida, un ciclo en el cual el tiempo de máximo desarrollo, el tiempo de
la vida orgánica y, más aún, el tiempo de vida de los seres conscientes de sí
mismos y de la naturaleza, es tan parcamente medido como el espacio en que la vida
y la autoconciencia existen; un ciclo en el que cada forma finita de existencia de
la materia —lo mismo si es un sol que una nebulosa, un individuo animal o una
especie de animales, la combinación o la disociación química— es igualmente
pasajera y en el que no hay nada eterno de no ser la materia en eterno movimiento y
transformación y las leyes según las cuales se mueve y se transforma.
Friedrich Engels, Dialéctica de la naturaleza. Introducción
Las leyes según las cuales la materia se mueve y se transforma son leyes
dialécticas. Al igual que ocurre con la dialéctica hegeliana, que es
simultáneamente un método y la expresión misma del dinamismo de la realidad, la
dialéctica de Marx y Engels encerrará ese doble significado. No se puede convertir,
sin embargo, la dialéctica en un proceso mecánico, en el que se suceden los tres
momentos del movimiento (tesis, antítesis y síntesis), como se hace a menudo con
Hegel, en un esquema mecánico sin contenido alguno. "La dialéctica no es más que la
ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, la
sociedad humana y el pensamiento", dice Engels en el Anti-Dühring.

La dialéctica nos ofrece, pues, leyes generales, no la particularidad de cada


proceso. Que son leyes generales quiere decir que son el fundamento de toda
explicación de la realidad, pero también que afectan a toda la realidad
(naturaleza, sociedad, pensamiento) y que son objetivas, independientes de la
naturaleza humana. Marx y Engels enunciarán las siguientes tres leyes de la
dialéctica:

Ley de la unidad y lucha de contrarios


Pero todo cambia completamente en cuanto consideramos las cosas en su movimiento,
su transformación, su vida, y en sus recíprocas interacciones. Entonces tropezamos
inmediatamente con contradicciones. El mismo movimiento es una contradicción; ya el
simple movimiento mecánico local no puede realizarse sino porque un cuerpo, en uno
y el mismo momento del tiempo, se encuentra en un lugar y en otro, está y no está
en un mismo lugar. Y la continua posición y simultánea solución de esta
contradicción es precisamente el movimiento.
Si ya el simple movimiento mecánico local contiene en sí una contradicción, aún más
puede ello afirmarse de las formas superiores del movimiento de la materia, y muy
especialmente de la vida orgánica y su evolución. Hemos visto antes que la vida
consiste precisamente ante todo en que un ser es en cada momento el mismo y otro
diverso. La vida, por tanto, es también una contradicción presente en las cosas y
los hechos mismos, una contradicción que se pone y resuelve constantemente; y en
cuanto cesa la contradicción, cesa también la vida y se produce la muerte. También
vimos que tampoco en el terreno del pensamiento podemos evitar las contradicciones,
y que, por ejemplo, la contradicción entre la capacidad de conocimiento humana,
internamente ilimitada, y su existencia real en hombres externamente limitados y de
conocimiento limitado, se resuelve en la sucesión, infinita prácticamente al menos
para nosotros, de las generaciones, en el progreso indefinido.
Friedrich Engels, Anti-Dühring, XII. Dialéctica. cantidad y cualidad.
Siguiendo los pasos de Heráclito y Hegel, Marx y Engels consideran que la realidad
es esencialmente contradictoria. Todos los fenómenos que ocurren en la Naturaleza
son el resultado de la lucha de elementos contrarios, que se hallan unidos en el
mismo ser o fenómeno, siendo la causa de todo movimiento y cambio en la Naturaleza,
en la sociedad y en el pensamiento. Con esta ley se explica, pues, el origen del
movimiento.

Entre los argumentos que se aportan para justificar esta explicación predominan los
procedentes de las ciencias (Física, Ciencias naturales, Matemáticas, Economía),
pero también de la Historia y de la filosofía. Entre las parejas de contrarios
puestas como ejemplos podemos citar: atracción y repulsión, movimiento y reposo,
propiedades corpusculares y ondulatorias, herencia y adaptación, excitación e
inhibición, lucha de clases, materia y forma, cantidad y cualidad, sustancia y
accidentes.

Ley de transición de la cantidad a la cualidad


Hemos visto ya antes, a propósito del esquematismo universal, que con esta línea
nodal hegeliana de relaciones dimensionales en la que, en un determinado punto de
alteraciones cuantitativas, se produce repentinamente un cambio cualitativo, el
señor Dühring ha tenido la pequeña desgracia de que en un momento de debilidad la
ha reconocido y aplicado él mismo. Dimos allí uno de los ejemplos más conocidos, el
de la transformación de los estados de agregación del agua, que a presión normal y
hacia los 0 °C pasa del fluido al sólido, y hacia los 100 °C pasa del líquido al
gaseoso, es decir, que en esos dos puntos de flexión la alteración meramente
cuantitativa de la temperatura produce un estado cualitativamente alterado del
agua.
Habríamos podido aducir en apoyo de esa ley cientos más de hechos tomados de la
naturaleza y de la sociedad humana. Así por ejemplo, toda la cuarta sección de El
Capital de Marx —producción de la plusvalía relativa en el terreno de la
cooperación, división del trabajo y manufactura, maquinaria y gran industria— trata
de innumerables casos en los cuales la alteración cuantitativa modifica la cualidad
de las cosas de que se trata, con lo que, por usar la expresión tan odiosa para el
señor Dühring, la cantidad se muta en cualidad, y a la inversa. Así, por ejemplo,
el hecho de que la cooperación de muchos, la fusión de muchas fuerzas en una fuerza
total, engendra, para decirlo con las palabras de Marx, una "nueva potencia de
fuerza" esencialmente diversa de la suma de sus fuerzas individuales".
Friedrich Engels, Anti-Dühring , XI, Moral y derecho. Libertad y necesidad.
Hablamos de cambio cualitativo cuando una cosa se transforma en otra que es
esencialmente distinta. ¿Por qué unas cosas se transforman en otras que tienen
propiedades diferentes a las de las cosas de las que proceden? Según la ley de
transición de la cantidad a la cualidad, el aumento o disminución de la cantidad de
materia influye en la transformación de una cosa en otra distinta. La acumulación o
disminución de la materia es progresiva, mientras que el cambio de cualidad supone
una modificación radical de la cosa, una revolución. Con esta ley se explica el
desarrollo de los seres y los fenómenos naturales, sociales, etc.

Todos los objetos de la Naturaleza poseen características mensurables, por lo que


su esencia, su cualidad, es inseparable de los aspectos cuantitativos. Cuando una
cosa pasa de poseer una cualidad a poseer otra hablamos de "salto cualitativo".
Como todo movimiento es el resultado de la lucha de elementos contrarios, el salto
cualitativo supone la resolución de una contradicción, que da lugar a una nueva
realidad, que representa un avance en el desarrollo de la Naturaleza. El salto
cualitativo no supone el mero cambio de una cualidad por otra, sino por otra que
supera, de alguna manera, a la anterior.

Ley de negación de la negación


En la dialéctica, negar no significa simplemente decir no, o declarar inexistente
una cosa, o destruirla de cualquier modo. Ya Spinoza dice: omnis determinatio est
negatio, toda determinación o delimitación es negación. Además, la naturaleza de la
negación dialéctica está determinada por la naturaleza general, primero, y
especial, después, del proceso. No sólo tengo que negar, sino que tengo que superar
luego la negación.
Tengo, pues, que establecer la primera negación de tal modo que la segunda siga
siendo o se haga posible. ¿Cómo? Según la naturaleza especial de cada caso
particular. Si muelo un grano de cebada o aplasto un insecto, he realizado
ciertamente el primer acto, pero he hecho imposible el segundo. Toda especie de
cosas tiene su modo propio de ser negada de tal modo que se produzca de esa
negación su desarrollo, y así también ocurre con cada tipo de representaciones y
conceptos".
Friedrich Engels, Anti-Dühring , XIII. Dialéctica. Negación de la negación.
La ley de negación de la negación completa la anterior, explicando el modo en que
se resuelve la contradicción, dando paso a una realidad nueva que contiene los
aspectos positivos de lo negado. El primer momento del movimiento dialéctico, el de
la afirmación, supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el de
la negación, supone la acción del elemento contrario que, en oposición con el
primer momento, lo niega. El tercer momento, negando al segundo, que era ya, a su
vez, la negación del primero, se presenta como el momento de la reconciliación, de
la síntesis, recogiendo lo positivo de los dos momentos anteriores.

Una vez alcanzado este estadio del movimiento nos encontramos ante una nueva
realidad que entrará de nuevo en otro ciclo de transformación dialéctica, dando
lugar, así, al desarrollo progresivo de la Naturaleza, de la sociedad humana y del
pensamiento. Un desarrollo que se dirige hacia formas más completas, más perfectas,
más integradoras, de la realidad.

La crítica de Sartre
La Crítica de la razón dialéctica, del filósofo francés Jean-Paul Sartre, fue
publicada en 1960 con el título original de Critique de la raison dialectique
(précédé de Questions de méthode). En ella, Sartre se preguntaba cómo constituir
una antropología estructural e histórica, que no sacrifique la concreción del
objeto estudiado en un sistema fijo de conceptos. Subrayaba entonces que sólo la
antropología marxista puede servir para tal propósito, pero con la condición de que
ésta se fundamente en la comprensión de lo humano que supone el existencialismo, la
dialéctica fenomenológica del Ser y la Nada. No obstante, si el materialismo
histórico de Karl Marx es cierto, entonces la historia es dialéctica, una
totalización: ¿pero hay una razón dialéctica? ¿O bien la racionalidad positivista
de las ciencias es suficiente para estudiar al hombre y a la existencia humana?
Estas son las preguntas fundamentales planteadas por Sartre en Crítica de la razón
dialéctica. Aunque el "ejercicio dialéctico" entendido a la manera clásica, como
aquello que pertenece a un debate o controversia, no fue el objeto de su estudio,
Sartre fue ante todo un polemista y un defensor de la importancia de la
confrontación de opiniones como condición del conocimiento y de las
transformaciones conscientes de la vida y la sociedad.

La dialéctica y la ciencia contemporánea


La utilización de la dialéctica, más allá de las aplicaciones que de ella muestran
los clásicos (Hegel, Marx, Engels), ha sido discutida más recientemente por
filósofos como Lucien Seve, Jean Marie Bohm o el propio Jean Paul Sartre ("Crítica
de la razón dialéctica", donde muestra el interés de la dialéctica en el estudio de
los grupos humanos, pero descarta su validez en su aplicación al conocimiento de
la naturaleza). Sin embargo, el desarrollo del conocimiento científico (y la
aplicación del aparato matemático correspondiente) permiten resultados en este
ámbito verdaderamente estimulantes. Así, la obra de científicos universalmente
reconocidos hace de la dialéctica una herramienta reveladora. De una manera
general, la dialéctica se presenta como una metodología para la comprensión de los
fenómenos naturales en su evolución, y los principios de la dialéctica aparecen
como una emanación de las propiedades generales de la ciencia en evolución. Cabe
citar a John Haldane, Richard Lewontin y Stephen Jay Gould, en el dominio de la
biología y evolución, así como a Bertell Ollman y Pascal Charbonnat en un marco
epistemológico mucho más amplio.

La objeción sartriana procede sin duda de la tradición cartesiana (res cogitans,


res extensa) que se refleja en la distinción de los dos ámbitos sartreanos (para-sí
y en-sí). La dificultad entonces se encuentra en la relación entre ellos, que
Descartes resuelve de forma poco verosímil con la glándula pineal; mientras que
Sartre hace que la conciencia asuma el mundo según su propia finalidad. El problema
es que ambos se basan en un materialismo mecanicista para el cual el movimiento
debe ser insuflado desde el exterior. Este es el origen de un finalismo o una
teleología que supedita las causas a una finalidad trascendente. Pero la práctica
científica actual integra en términos de causalidad toda explicación finalista.

En este sentido cabe destacar la reciente obra de Evariste Sanchez-Palencia


("Paseo dialéctico por las ciencias", ver Bibliografía, fuentes segundarias), donde
desarrolla una visión de la dialéctica en las ciencias en relación con la teoría
matemática de los sistemas dinámicos. En la presentación de la edición italiana de
este texto, el filósofo Paolo Quintili destaca la relevancia de la dialéctica en la
formulación de los principios de los sistemas complejos, de las ecuaciones de
campo, de los fenómenos electromagnéticos, de la relatividad, etc., en donde rige
una lógica distinta de la del principio de la lógica formal, que es precisamente
una lógica de lo instantáneo, de lo inmutable, mientras que se debe poner en juego
una lógica dialéctica, en la que ya no opera el principio del "tercero excluido"
sino que trata de los fenómenos evolutivos, en los que el tiempo juega un papel
esencial y la causalidad ya no es instantánea sino más bien diferida o evolutiva,
pues los fenómenos más relevantes son fenómenos de interacción y evolución en el
tiempo. Según Sanchez-Palencia, los principios de la dialéctica, como fueron
enunciados desde Engels se confirman y se completan de acuerdo con la evolución del
pensamiento científico.

Véase también
Lógica
Materialismo dialéctico
Analéctica
Referencias
Bibliografía (fuentes pimarias)
Parménides, Platón
Teeteto, Platón
Gorgias, Platón
Tópicos, Aristóteles
Crítica de la razón pura, Kant
Fundamento de la doctrina de la ciencia, Fichte
Ciencia de la Lógica, G. W. F. Hegel
Crítica de la razón dialéctica, Jean-Paul Sartre
Tratado de la argumentación, Chaïm Perelman y L. Olbrechts-Tyteca
A Systematic Theory of Argumentation, Frans Eemeren y Rob Grootendorst
The New Dialectic, Douglas Walton
Dialéctica de la Naturaleza, Federico Engels
El Anti-Dühring Federico Engels
Bibliografía (fuentes secundarias)
Détienne, Marcel. Los maestros de verdad en la Grecia arcaica. México: Sexto Piso
Ediciones. ISBN 968-5679-21-5
Détienne, M. "From Practices of Assembly to the Forms of Politics. A Comparative
Approach", en Arion, Invierno 2000.
Pardo Tovar, Andrés Historia de la Filosofía y Filosofía de la Historia. Bogotá:
Ediciones Tercer Mundo, 1970.
McKeon, R. (1954) "Dialectic and Political Thought and Action." Ethics 65, No. 1:
1-33.
Postan, M. (1962) "Function and Dialectic in Economic History," The Economic
History Review, No. 3.
Biel, R. and Mu-Jeong Kho (2009) "The Issue of Energy within a Dialectical Approach
to the Regulationist Problematique," Recherches & Régulation Working Papers, RR
Série ID 2009-1, Association Recherche & Régulation: 1-21.
Stump, Eleonore (1989). Dialectic and Its Place in the Development of Medieval
Logic (en inglés). Cornell University Press. ISBN 0801420369. Consultado el 21 de
mayo de 2016.
Sanchez-Palencia, Evariste, “Paseo dialéctico por las ciencias”, Editorial UC,
Santander 2015 (traducción del original francés Hermann, París 2012; versión
italiana Unicopli, Milán 2018)

Enlaces externos
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francés, publicada por sus editores bajo la Licencia de documentación libre de GNU
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