BOLETÍN
DE
HISTORIA Y GEOGRAFÍA
DEL
BAJO-ARAGÓN
Director Redac.r-Admor.
SANTIAGO V I D I E L L A LORENZO PÉREZ
Abogado, CALACEITE Secretario, MAZALEÓN
Marzo y Abril, 1907
ZARAGOZA
MARIANO ESCAR, TIPÓGRAFO
Calle de San Miguel, 12
1907
SUMARIO
Págs.
Desarrollo del Municipio de Alcañiz después de la Reconquista
(continuación), Santiago Vidiella 45
La Hermandad de la Muela en Monroyo y Peñarroya (conclusión),
Matías Pallarés Gil 60
Las pinturas rupestres del término de Cretas, Santiago Vidiella. . 68
La expulsión de los llamados moriscos en el Dueado de Hijar,
Lorenzo Pérez Temprado 76
VARIEDADES:
Publicaciones recibidas, por V. 83
AÑO I Marzo y Abril, 1907 NÚM. 2
BOLETÍN
DE
HISTORIA Y GEOGRAFÍA DELBAJOARAGÓN
• . . . ,
DESARROLLO DEL MUNICIPIO DE ALCAÑIZ
DESPUÉS DE LA RECONQUISTA
(CONTINUACIÓN)
CONVIENE aproximar ahora á las importantísimas declara-
ciones del privilegio reseñado los indicios (de otras pro-
cedencias) sobro las cuestiones debatidas entre los años 1263
y 1277 en el gran pleito evolutivo de Alcañiz, para que así
resulte más clara esta parte de su desarrollo.
Todo concurre á demostrar que Alcañiz había perdido por
desuso, y en fuerza probablemente de un desacato general,
el goce de aquel privilegio de exención del tributo de peaje ó
lezda por todo el reino de Aragón y hasta de Cervera de Catalu-
ña concedido á los pobladores en la carta de D. Ramón Beren-
guer. En recobrarlo ponía todo empeño el municipio; pero
una reivindicación absoluta de ese derecho hubiera menos-
cabado los intereses de la Orden dominadora, que, como tal,
había de percibir el impuesto en los lugares de su señorío. De
aquí materia para otro pleito, porfiado y reñido indudable-
mente, aunque resuelto al fin por los esfuerzos de la Orden, y
con ganancia de Alcañiz, según todas las señales.
A instancias del comendador alcañizano firmaba D. Jaime I,
en Valencia, el día 19 de Enero de 1269, un privilegio de fran-
4
- 46 -
queza, declarando á los hombros de la encomienda, así cris-
tianos como sarracenos, excusados de pagar lezda ó peaje en
cualquiera lugar de la tierra y jurisdicción real, con excepción
de los lugares de la encomienda misma ( l ) . Digo con ganancia
de Alcañiz, y se alcanza fácilmente, porque la concesión se ex-
tiende por este privilegio á toda la jurisdicción del rey Don
Jaime I, y la grandeza de ésta sobre la del conde Berenguer,
señalada con restricciones como campo de la gracia en la carta-
puebla, compensaba con sobras la exclusión de los pueblos de
la encomienda.
Mas no bastaba al celo del concejo por el recobro de su in-
munidad todo el peso de esta concesión real, y todavía obligó
á su señora á prometer en la escritura de 1277 que ella ayuda-
ría bien y lealmente á la villa y sus aldeas á reconquistar la
franqueza del conde de Barcelona, bien que sin daño de la Or-
den: y no sin motivo recelaba el concejo; que en 30 de Enero
de aquel mismo año D. Pedro III había tenido que declarar ú
Tortosa obligada á la exención y exhortar á los lezderos tor-
tosinos á respetarla (2). Así y todo, fué obra de muchos años el
disfrute pleno del privilegio, si es que llegó á alcanzarse: otra
vez en 30 de Marzo de 1281 intimaba D. Pedro su observancia
al subveguer de Tortosa y justicias de varios pueblos (3), man-
dato que en 7 de Octubre de 1284 se hacía general á los ofi-
ciales lezderos de todos los dominios de la corona (4). Y aún
D. Jaime II hubo de entender mucho en la materia.
Año 1295.—Orden al baile y lezderos de Tortosa de no
compeler á Alcañiz y sus aldeas á pagar más de la tercera parte
de lezda, y ésta por lo correspondiente á la parte de señorío
que Ramón de Moncada tenía en la ciudad (5).
Año 1296.—Se repite la misma orden (6).
Año 1300.—Se repite (7).
(1) A r c h . de la C o r . , Reg. 15, fol. 1 3 2 . - A r c h . Hist. Nao., Doc. de la Orden de C a l a t r a v a
(2) A r c h . de la Cor., R e g . 38 y 39, fol. 154.
(3) Arch. de la Cor., R e g . 46, fol. 71.
(4) A r c h . de la Cor., R e g . 47, fol. 67.
(5) A r c h . de l a Cor., R e g . 102. fol. 76.
(6) A r c h . de l a Cor., R e g . 103. fol. 175.
(7) A r c h . de la Cor., R e g . 198, fol. 229.—Aunque en todas p a r t e s se r e p u g n a b a el
a c a t a m i e n t o a esta suerte de privilegio, presentan notabilísimo c a r á c t e r por s u tesón
l a s resistencias de T o r t o s a . En La Caja, etc. de P a l l a r é s ( p á g . 116) expliqué los t r o p i e z o s
que h a l l ó en dicha ciudad una concesión parecida hecha por los reyes á V a l d e r r o b r e s
y Mazaleón. ¿Por qué no hemos de creer que estos hechos hablan muy c l a r a m e n t e del
florecimiento industrial y mercantil de Tortosa en aquel tiempo y de las v i v a s r e l a -
ciones de c a r á c t e r económico entre ella y nuestros pueblos? T a l e s rebeldías sólo s e
- 47 -
Año 1325.—Se hace precisa la concesión nueva y plenaria del
privilegio; pero ahora costando la gracia á los favorecidos la
suma de 30.000 sueldos jaqueses, bien que abarcaba la inmu-
nidad de varios tributos inventados después de la primitiva
concesión, y hasta la de otros del mismo género que en lo suce-
sivo se pudieran imponer. Signó D. Jaime este privilegio en
Zaragoza, á 12 de Octubre, en favor de Alcañiz, sus aldeas,
barrios y masadas, haciéndolos francos de lezda, pedatico, penso,
mesuratico, portatico, passatico, carnagio, ribatico, usatico, y otras
parecidas gabelas presentes y futuras. De notar es que en docu-
mento aparte otorgó la franqueza especialmente sobre Tor-
tosa; tanto sería el temor de que allí no fuera respetada. Y el
mismo día signó una carta-orden general imponiendo la obser-
vancia de la concesión á todo oficial del reino (l).
Pasemos á la materia de otra porfía. Pretendía la Orden de
Calatrava que todo conductor de ganados por el primitivo
término de Alcañiz (por el distrito ó término grande podríamos
decir) había de pagarle herbaje, como tributo debido al señorío;
y en este sentido había logrado una declaración de D. Jaime
el Conquistador en 20 de Enero de 1269 (2). Pero Alcañiz tacha-
ba de opresora esta exigencia por atentatoria al derecho sobre
los pastos del distrito acordado á los vecinos en la carta-
puebla. Y pudo tanto en esto la obstinación del concejo,
que logró de la Orden la exorbitante concesión de la escritura
de 1277, allí donde, renunciando en parte á la declaración real
citada, otorgaba á Alcañiz y sus aldeas la libertad y franqueza
de pasturajes en todos los términos y lugares que la Religión
tenía en Aragón, amén del derecho de cortar leñas y maderas
asi verdes como secas. Esto atribuía á los agraciados participa-
ciones no del todo justas en los provechos de muchos pueblos,
que ni eran ya del distrito alcañizano, ni habían dejado de serlo
ilegalmente, ni dejaban de tener asegurados con buenas escri-
turas y convenios los disfrutes privativos de sus cosas; y por
estas razones veremos más adelante las resistencias de esos
pueblos al ejercicio del privilegio. Casi no puede dudarse que
comprenden resultando muy lesivas á la ciudad estas concesiones, que consistían en la
inmunidad de tributos por la e n t r a d a y salida, compra y v e n t a de m e r c a n c í a s . T o d a v í a
en 1570 se substanciaba y fallaba en favor de las aldeas de Monroyo un pleito movido
p o r la resistencia de Tortosa A respetarles el privilegio de la misma clase que les h a b í a
concedido D . Pedro IV en 13S2. (Véase el Cartulario del Ayuntamiento de Monroyo, en
el índice).
(1) A r c h . de la C o r . , R e g . 227, fols. 242, 243 y 246.
(2) A r c h . de la Cor., R e g . 15, fol. 132.
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la Orden de Calatrava, á la continua tan sesuda y justificada
en sus acuerdos, vino en estos convenios con Alcañiz así como
constreñida por consideraciones ó fuerzas que no acertaríamos
á explicar, sobre todo en la cláusula que comentamos. Pudo
excluir del gravamen su propia dehesa y, aunque no definiti-
vamente, el término de Calanda, éste á pretexto de que lo había
adquirido de infanzón; de cuya cualidad se hubiera podido se-
guir asimismo la exclusión de los términos de Maella, Fabara,
Calaceite, La Fresneda, Foz y Castelserás, si la Orden hubiera
entrado en estos tratos más igual, más libre, menos forzada á
condescender. (l)
Debatióse con ardor también sobre la obligación de pagar
los salarios de los escribanos. En Alcañiz tenía escribanías el
rey, las tenía la Orden y las tenía la universidad. Declara un
pergamino de la Corona que el Rey D. Jaime I, estando en Lé-
rida el día 25 de Septiembre de 1257, hizo donación, con pri-
vativa, á Bernardo de Na Guillema para durante su vida, de la
escribanía de Alcañiz. Pero la escribanía real parece haber sido
más bien el derecho de percibir la magestad un tributo, ya de
los pueblos por la facultad del nombramiento de depositarios
de la fe pública, ora de los mismos escribanos ejercientes: por
que en 8 de Julio de 1281 vemos al rey D. Pedro III dar en
arriendo por un año las escribanías de Alcañiz á Guillermo So-
rell, justicia de la villa, y ordenar á los pueblos de la Orden
sitos en Aragón que hagan la tributación de las escribanías al
dicho arrendatario (2). Los litigantes alcañizanos no cuestiona-
ban esto, ni sabemos cual de las partes pretendía que la con-
traria cargase con el sueldo de sus notarios. La sentencia no
podía menos de señalar á cada una el pago de los suyos, y así
lo hizo la dictada en 15 de Julio de 1271, que hoy se lee con no
poca dificultad por su mal estado. (3)
Si bien se mira, hay otro precioso rasgo en esta historia que
acredita la multitud de controversias surgidas entre señores y
vasallos en el ciclo laborioso de la definición de sus derechos.
Hablo del esfuerzo de la Orden para dar rapidez á los trámites
(1) E n efecto: en los privilegios de exención de cenas, monedaje, ejércitos y cabalga-
das d a d o A dichos pueblos por D . J a i m e II en 1303 y 1304 se dice de ellos, como de C a l a n d a ,
que los t e n í a la Orden por compras hechas á v a r i o s nobles militares é infanzones de Ara-
gón.—Arch. de la Cor., R e g . 487 fol. 168, y 476, fol. 129. En mis Recitaciones, etc. (páginas
70 y 71) se e x t r a c t a n estos documentos con referencia al A r c h . m u n . de Calaceite.
(2) A r c h . de la Cor., R e g . 19 y 50, fol. 107 y 108.
(3) A r c h . de la Cor., Reg. 16, fol. 246.
— 49 -
del peculiar procedimiento á que la resolución judicial de sus
pleitos con los vecinos había de sujetarse.
En tiempo del comendador Pérez de Caneva (¿1249-53?) se
había sostenido un litigio sobre la manera de proceder en las
causas controvertidas entre el comendador y los hombres de
Alcañiz Sentenció D. Jaime I que aquél podía designar compe-
tente juez, natural de Aragón, para conocerlas y terminarlas
precisamente en la villa, debiendo acudir los apelantes, pri-
mero al maestre de la Orden, y después en última instancia al
rey. Pero ahora, es decir, en 1276, acudía á D. Jaime el comen-
dador Pérez Ponce representando los graves perjuicios que á
su Religión se seguían de esta apelación al soberano (por la
lentitud en el despacho de los negocios, se entiende), probando
ser contraria, además, á las antiguas donaciones de la jurisdic-
ción plenaria y pidiendo la revocación de la sentencia en la
parte relativa á dicha apelación. Convencido el rey, otorgó lo
suplicado, en importante declaración que firmó en Valencia el
día 25 de Marzo de dicho año ( l ) . Según ella, las apelaciones
habían de ir primero al comendador y después al maestre, sin
devolución al rey, reservando á Alcañiz el recurso al soberano
en los casos de violencia ó injusticia manifiesta.
Creo, por fin, que tienen relación estrecha con los sucesos
reseñados en este párrafo, y otros de la misma índole que no
conocemos, los siguientes documentos:
Año 1269.—D. Jaime I prohibe que hombre alguno de Alca-
ñiz se ponga bajo la protección de ricos hombres (2).
Año ¿1274?—Despacho en favor del comendador prohi-
biendo á la villa el aumento de las pechas acostumbradas sin
consentimiento de aquél (3) .
Año 1275.—Guiaje ó salvoconducto concedido á los hombres
de Alcañiz y sus aldeas por el infante D. Pedro, en Lérida (4).
Año 1277.—D. Pedro III ordena al alcaide de Olocau y hom-
bres de Monroyo no acojan á los malhechores ni toleren se haga
daño al comendador de Alcañiz (5).
Año 1278.—Orden parecida al justicia de Morella (6).
(1) Arch. de la C o r . , R e g . 20, fol. 334.
(2) Arch. de la Cor., R e g . 15, fol. 132.
(3) Arch. de la Cor., R e g . 19, fol 5 .
(4) Arch. de la Cor., R e g . 37, fol. 97.
(5) Arch. de la C o r . , R e g . 40. fol. 21.
(6) Arch. de la Cor., R e g s . 41 y 42. fol. 84.
- 50 -
VI
Llegamos al período de más arrebatadas disputas entre Al-
cañiz y sus señores. ¡Lástima que sean tan fragmentarios y
poco explícitos los materiales disponibles!
Con pocas palabras, aunque bastantes á demostrar el esta-
do de los ánimos en la villa, abre la serie la comisión dada por
D. Pedro III al justicia de Aragón Pedro Martín de Artasona
para inquirir por conducto del sobrejuntero de Zaragoza sobre
el hecho de la evasión de un preso de poder del justicia de Al-
cañiz, con supuesta culpa de varios vecinos, con violencias,
lucha y heridas de algunas personas; para conocer en la causa
sin intromisiones en la jurisdicción y competencia del comen-
dador, y para terminar el negocio con el debido fin. La fecha
en Buñol 21 de Septiembre de 1279 (1). Por aquellos días el
comendador D. Rodrigo Pérez Ponce estaba fuera, portador al
Papa de una embajada del rey de Aragón.
Para agravar el mal, y acaso para hacer estallar la carga
de rencores acumulada de muchos días, vino desdichada-
mente entonces una llamada á hueste para ayudar al rey en la
empresa del asedio de Balaguer contra el rebelde conde de
Fox. Era forzoso, pues, servir con hombres ó redimir la hueste
con dinero; pero Alcañiz, tan mal dispuesta por entonces á
servir al rey como á la Orden, ni acudió á Balaguer, ni dejaba
de alegar derechos que la eximían de la redención, ni quería
recibir el juez señalado por el comendador para ventilar el
pleito (2). De aquí, sin duda, los gravísimos desahogos del
enojo de Alcañiz contra la señoría. La gravedad de los sucesos
era tal, que el infante D. Alfonso (en ausencia de su padre el
rey D. Pedro III) creyóse en el caso de ordenar la traslación
inmediata y personal á la villa nada menos que del justicia de
Aragón, para que, pues los hombres de ella y de su tenencia
habían perpetrado otra vez varios delitos (noviter in pluribus
temerarie delinquerint) contra los dominios del rey y de la Or-
den, inquiriera diligente la verdad de lo sucedido, prendiendo
á los hombres que fueran de prender y substanciando los pro-
cesos hasta la sentencia, que el rey se reservaba (3) .
Parece, no obstante, que la acción contra los amotinados
(1) A r c h . de la Cor., R e g s . 41 y 43, fol. 142.
(2) A r c h . de la Cor., R e g s . 49 y 50, fol. 216.
(3) A r c h . de la Cor., Reg. 159, fol. 46.
- 51 -
quedó en definitiva bifurcada, sosteniendo su querella el co-
mendador ante el justicia de Aragón (juez por él señalado), y
el poder real, por su parte, ante un juez especial designado
para el caso. Por la sentencia del justicia (29 de Abril de 1283)
sabemos que se trataba de castigar la invasión tumultuaria y
violenta del castillo de Alcañiz, fortaleza de la Orden, por sus
vasallos, con muerte de algunas personas que se hallaban en
él: los culpables eran condenados á la pérdida de la mitad de
sus bienes muebles. (l) Cinco días después se ordenaba á los
vecinos no impidieran al comendador la entrada y abasteci-
miento del castillo, (2) cuyo dato debe tenerse en cuenta para
calcular la calidad y tenacidad de la rebeldía. El infante primo-
génito, concediendo á estos negocios la importancia que tenían,
no los descuidaba, y es buena prueba de ello el mandato que
en 14 de Mayo dirigía al sobrejuntero de Huesca y demás ofi-
ciales reales sobro ejecución pronta de la sentencia del justi-
cia, (3) y otro, el día 17, á A. Taberner, juez en la causa real,
sobre aceleración del procedimiento para dictar sentencia. (4)
Esta fué dada probablemente dentro del mismo mes. Conoce-
mos parte de su contenido por un documento posterior que se
refiere á ella: condenaba á la Junta de Universidades domici-
liada en Zaragoza á pagar al comendador, justicia y merino de
Alcañiz 16.000 sueldos, y 50.000 al real erario. Y acaso no erra-
ríamos creyendo que además condenó á los culpables de Alca-
ñiz á perder la otra mitad de sus bienes muebles. (5)
El lector curioso que quiera saber por qué se hacían recaer
estas responsabilidades sobre la llamada Junta de Zaragoza,
lea con atención los caps. 38 y 39 del lib. IV, parte I de los
Anales de Zurita, donde se mide la perturbación honda de las
cosas públicas del reino por estas fechas; se da razón, aunque
no completa, de la mancomunidad jurada de pueblos y pode-
rosos para defenderse y ayudarse, y se declara bien el divor-
cio y enemiga entre el poder real y mucha parte del reino.
Aunque de importancia extraordinaria, aquí no podemos de-
tenernos en la explicación de estos sucesos conocidos. Quien
contraste unos y otros hechos, dudará si los de Alcañiz pudie-
ron ser juzgados con la serenidad que las circunstancias de la
(1) Arch. H i s . N a c . , Doc. de la Orden de C a l a t r a v a .
(2) Arch. de la Cor., Regs. 60 y 61. fol. 119.
(3) Arch. de la Cor., R e g s . 60 y 61, fol. 100.
(4) Arch. de la Cor., R c g s . 60 y 61. fol. 136.
(5) Arch. de la Cor., R e g . 46, fol. 92 v . °
- 52 -
época hacían tan difícil y entenderá el enorme juego que pu-
dieron dar.
Documentos concordantes.
Año 1283.—En 28 de Mayo se expiden despachos, desde Tara-
zona, á Romeo y Berenguer de Turricella sobre el inventario
que habían de hacer de los ganados y muebles de los vecinos
de Alcañiz, por razón de los pleitos con el infante y comen-
dador. (1)
En 30 del mismo mes, orden á Ramón de Moncada, señor de
Fraga, para que compela á sus vasallos de Fraga y Peñalba á
manifestar los bienes que tuvieren de vecinos de Alcañiz. (2)
En 10 de Junio, carta á Pedro Fernández, hermano del rey,
señor de Híjar, con la misma orden. (3)
En 15 del mismo mes, despacho al procurador de Alcañiz
Sancho Muñoz, sobre apelación al maestre de Calatrava de la
sentencia del justicia de Aragón en la causa vertida entre el
comendador y hombres de aquella villa. (4)
En 24 del mismo, orden á Ramón Pérez de Naval, sobrejun-
tero de Zaragoza, mandándole desistir de las novedades que
movía contra el comendador de Alcañiz y sus vasallos. (5)
El mismo día, orden al portero Sancho de Jaca, de compeler,
auxiliado por el sobrejuntero Pérez de Naval, á la Junta de
Zaragoza al pago de los 50.000 sueldos de la condena por la
invasión contra el comendador de Alcañiz. (6)
El día 26, orden al mismo portero para apremiar á la Junta
al pago de los 16.000 sueldos al comendador, justicia y merino
de Alcañiz, tan luego como haya satisfecho los 50.000 del
rey. (7)
El día 17 de Agosto, orden al portero Sancho de no compeler
á los vecinos de Alcañiz á contribuir en la condena de la Junta
de Zaragoza. (8) «
En 5 de Octubre, orden general del rey D. Pedro III á todos
sus amados sobrejunteros y demás oficiales sobre ejecución de
la sentencia del justicia de Aragón en causa sobre invasión y
expugnación del castillo de Alcañiz y otros daños al comenda-
(1) Arch. de la C o r . , R e g s . 60 y 61, fol. 151.
(2) Arch. de la Cor., id. id.
(3) Arch. de la Cor., Id., fol. 160.
(4) Arch. de la Cor., R e g s . 61, fol. 163.
(5) Arch. de la Cor., R e g s . 60 y 6 1 , fol. 164.
(6) Arch. de la Cor., R e g . 51, fol. incierto.
(7) Arch. de Cor., R e g . 46, fol. 92, v . °
(8) Arch. de 1a Cor., Reg. 62, fol. 3.
- 53 -
dor y su comunidad (familie), tal como en dicha sentencia so
contiene. (l)
Prueban estos datos que la ejecución de las sentencias tro-
pezaba, como no podía menos, en grandes obstáculos. Se com-
prende que los vecinos de Híjar y Fraga ayudaran dolosamen-
te á los de Alcañiz á burlar los efectos de las mismas: el señor
de Híjar, aunque hermano del rey, era cabeza de los coligados,
y, si no sabemos concretamente del catalán Moncada que sim-
patizara en tanto grado con los elementos en pugna con el
rey, tampoco podemos olvidar aquellas palabras de Zurita:
"porque (los Catalanes) tenían la misma quexa que los Arago-
neses.,, Pero es más: todavía se saca de otras escrituras que, á
pesar de las condenas, la actitud de Alcañiz contra sus señores
no cejaba.
En el mismo día últimamente citado, despacho al concejo
ordenando que no impidiera al comendador la entrada y muni-
ción del castillo. (2)
Año 1285.—En 3 de Marzo, testimonio de sentencia dada en
favor de la Orden sobre pertenencia de la entrada y calle del
castillo de Alcañiz. (3)
VII
Sea por piques de los pasados pleitos con D. Alfonso III el
Liberal, cuando aún era infante-primogénito; sea por la oposi-
ción tradicional á la Orden de Calatrava, que servía lealmente
á D. Alfonso en tiempo de las revoluciones contra el poder de
éste; sea por compromisos con la Junta de Zaragoza, alma de
la famosa Unión; sea por todo ello, Alcañiz empuñó las armas
contra el rey Franco en aquella guerra civil que promovieron
los descontentos de su gobierno. Lo testifica el mandato expe-
dido el 21 de Noviembre de 1287 á Juan Jimeno de Castellot,
sobrejuntero de Zaragoza, para que procediese contra los ve-
cinos que eran adversarios del rey en dicha guerra, embargán-
doles los bienes y haciendo lo que se hubiere de hacer. (4)
Verdad es que la actitud de los rebeldes acaso pueda hallar
mucha disculpa en los abusos corrientes de los recaudadores de
tributos, tan desatentos por aquellos días á los derechos de los
(1) A r c h . de la Cor. R e g . 16 fol. 111.
(2) A r c h . de la Cor.,Reg. 46, fol. 111.
(3) A r c h . H i s t . N a c . Doc. de la Orden de C a l a t r a v a .
(4) A r c h . de la Cor., Reg. 71, fol. 99.
— 54 -
contribuyentes como sordos á las órdenes tutelares y modera-
doras del poder real en la materia de exacción de pechas. Por
algo los de la Unión en sus capítulos de greuges se quejaban
de los impuestos nuevos, de la insolencia de los oficiales reales,
de las opresiones y desafueros que el pueblo recibía cada día
de los tesoreros y recaudadores de las rentas, que solían ser
judíos prestadores de los reyes y contratistas de gabelas; y los
documentos que tengo á la vista bastan á probar que á los que-
josos no les faltaba razón. Por estas sirtes y escollos tocó
navegar al municipio alcañizano en las últimas décadas del
siglo XIII.
Tributo supletorio y accidental había sido en Aragón el lla-
mado de la quinta de los ganados, concedido graciosamente al
rey D. Jaime para la conquista del reino valenciano; pero lo
otorgado por necesidad urgente, perduraba como ordinario.
Para cortar las pretensiones exorbitantes de los colectores, or-
denó D. Pedro III en 22 de Mayo de 1279 no se cobrara más
quinta de los hombres de Alcañiz que se cobraba de los de Za-
ragoza y vasallos de otras Ordenes religiosas. (l) Cuando se de-
claró exceptuado de la odiada quinta el ganado porcino, dos
veces, que sepamos, hubo de ordenar D. Pedro que la exclusión
fuese respetada en Alcañiz, una en 13 de Septiembre de 1279
y otra en 26 del mismo mes y año (2); que por lo visto, los re-
caudadores no entendían de rebajas. Y aún en 29 del mismo
mes, hubo que refrenar el celo recaudador del sobrejuntero de
Zaragoza que llegaba á exigir el quinto de lanas á Alcañiz y
sus aldeas. (3) Y en 1.º de Diciembre fué preciso recordar á los
cobradores la excepción de quinta acordada en favor de los
labradores que no tenían más de una bestia de labranza. (4)
No menos trabajo, si llegó á normalizarse, costó la regula-
rizarón del tributo de cenas. Las órdenes citadas de 13 y 26 de
Septiembre de 1279 condenaban las irregularidades en la exac-
ción de este tributo; otra de 26 de Marzo de 1280 negaba al
infante-primogénito D. Alfonso la cena que pretendía en Alca-
ñiz, y al mismo infante se le mandaba desistir el mismo día; (5)
y todavía en 20 de Septiembre de 1286 se había de preceptuar
(1) Arch. de la C o r . , R e g . 41 y 42, fol. 79.
(2) I d . i d . , fols. 139 y 144.
(3) Id. i d . , fol. 144.
(4) I d . i d . , fol. 181.
(5) I d . i d . , fol. 239.
— 55 —
por terminante modo que se acataran á la villa y sus aldeas las
costumbres y privilegios sobre el tributo (1); y no sabemos si
esta carrera de obstáculos llegaría á cortarse por la importan-
te declaración dictada en Barcelona por D. Jaime II en 17 de
Noviembre de 1299, diciendo que ni la villa ni sus aldeas, ó
lugares de su tenencia, venían obligados á prestar cena de au-
sencia ni cosa alguna por redención de la misma, aunque si en
las presencias del soberano. (2)
Mal informado parece el notario Zapater (si es que de su Te-
sorera sacó la noticia Taboada) al decir que D. Jaime I había
exonerado á Alcañiz del tributo de la sal, concediendo á sus
vecinos el derecho de sacarla libremente de todas las salinas
del reino; ó la gracia se hizo por tiempo limitado. Lo averi-
guado es que D. Jaime, en 1270, dió privilegio á la Orden y sus
hombres de la encomienda de Alcañiz para no ser obligados á
tomar de las salinas reales más sal que tomaban los vasallos
de otras Ordenes del reino. (3) Tan lejos estaba de ser indem-
ne del gravamen, que ni aún la moratoria de un año concedi-
da á la villa para tomar su sal quería respetar el célebre alfa-
quí Moisés, baile de Zaragoza, contra quien tronaban tanto los
unidos, y fué necesario que D. Pedro III le compeliese á res-
petarla en 20 de Febrero de 1278 (4); y otros ambiciosos recau-
dadores (pasada la moratoria) forzaban á Alcañiz á tomar, con-
tra toda razón, desmedida cantidad de sal, sin respeto al privi-
legio del Conquistador, por lo cual fué preciso que en 22 de
Mayo de 1279 el rey D. Pedro ordenara la observancia de la
concesión de su padre (5). Que el mandato no fué atendido por
Domingo de Montañana, guarda de las salinas de Bujaraloz, lo
está pregonando otro documento de 28 de Julio del mismo año,
en cuya fecha el rey le recordaba lo ordenado. (6) Y los guar-
das de Tortosa no aparecen menos sordos á los decretos de la
autoridad real en dos pergaminos de 8 de Octubre de 1281 y
24 de Julio de 1282, donde repetidamente se les conmina á res-
petar el privilegio dado á Alcañiz, Monroyo, Molinos y sus te-
nencias de sacar la sal con mayor comodidad de los depósitos
(1) A r c h . de la Cor., R e g . 66, fol. 199.
(2) Id., R e g . 197. fol. 19. L a fecha de este d o c . denuncia un e r r o r de Zurita al princi-
pio del c a p . 40, l i b . 5.° de sus Anales. Dice: "Vino el R e y desde Nápoles, á desembarcar
á B a r c e l o n a " á donde estuvo desde el principio del mes de Deziembre deste año, e t c .
(3) A r c h . de la Cor., R e g . 14, fol. 101.
(4) Arch. de la Cor., R e g . 40, fol. 75.
(5) Arch. de la C o r . , R e g . 41 y 42, fol.79.
(6) A r c h . de l a C o r . , R e g . 41, fol, 119.
- 56 -
de Tortosa, beneficio otorgado por cierto á instancias del co-
mendador alcañizano. (l)
Al collado de Panizars, para oponerse bajo el rey D. Pedro
al nublado de los ejércitos franceses que amenazaban á Catalu-
ña, no acudieron algunos hombres de Alcañiz á pesar de la lla-
mada de su milicia, y otros desertaron del ejército. Sus dudas
hubo sobre si el castigo de los culpables y el cobro de la re-
dención pecuniaria de sus servicios correspondían al rey ó á la
Orden de Calatrava; y lo prueban los documentos siguientes:
Año 1285.—En 7 de Junio, llamaba, desde Coll de Panizars,
al comendador de Alcañiz con su familia, milicias, armas, caba-
lleros y aparatos de guerra para acudir á Barcelona contra los
franceses. (2)
En 24 de Octubre, orden al comendador de Alcañiz de no
castigar á los hombres de esta villa, Monroyo y sus tenencias
que no fueron al ejército ó desertaron de él, porque el rey se
reserva el castigarlos en sus personas y cosas por medio de
comisionado especial. (3)
Año 1286.—En 1.° de Marzo, orden al comendador de no
exigir alfonçadera á los que no fueron á Panizars, porque per-
tenece al rey, y de entregar lo cobrado á Galacián de Tarba,
comisionado real. (4)
En 25 de Abril del mismo año se ordena al justicia y jurados
de la villa y sus aldeas responder de la alfondería de Panizars
á D. Rodrigo Sánchez, maestre de Calatrava. (5)
Parece extraño que se disputara un derecho como éste, indis-
cutiblemente propio de la realeza en todas partes: el Fuero Vie-
jo de Castilla, coetáneo de estos sucesos, colocaba la fonsadera
entre los cuatro principales atributos de la soberanía. ¿Es qué
los señores de vasallos se habían apoderado en Aragón de esta
regalía como se apoderaron del derecho de cenas y de la admi-
nistración de justicia? Realmente la escritura de 1277 declara
la obligación de Alcañiz de pagar al comendador 3.000 sueldos
jaqueses por cada redención de hueste: pero yo creo que el
comendador era en estos casos un mero recaudador de la re-
galía, y que en las fechas indicadas se discutía meramente la
facultad de recaudar la sustitución pecuniaria: capaces eran de
(1) Arch. de la Cor., R e g . 49, 50 y 59, fol. 176 y 42.
(2) Arch. de l a C o r . , R e g . 56y 57, fol. 124.
(3) Arch. de la Cor. R e g . 56. fol. 227.
(4) Arch. de la C o r . . R e g . 63, fol. 90.
(5) Arch. de la Cor., R e g . 67, fol. 8 .
- 5 7 -
esto aquellas gentes celosas, nimias en la conservación de sus
costumbres. Según lo dicho, el rey cedió por esta vez al maes-
tre de Calatrava la fonsadera de Alcañiz, como en 1291 cedió á
D. Blasco de Alagón la redención metálica de los servicios de
la villa en el cerco de Albarracín contra D. Juan Núñez de
Lara, redención que por cierto no había podido cobrar I). Pe-
dro III, de quien pasó el derecho de percibirla á D. Alfonso el
Liberal, y aún éste lo hubo de transmitir á su sucesor don
Jaime II. (1)
Erraría, sin embargo, quien creyere que no contribuyó hon-
rosamente Alcañiz á las campañas de 1285 contra la invasión
extranjera, que tanto enaltecieron al rey y al reino. La deser-
ción de algunos no podía mancillar el proceder de la villa. Por
fortuna hablan todavía estas escrituras:
Año 1285.—Libramiento de 160 cuarteras de harina en favor
de la hueste de Alcañiz, dado en Franciach, cerca de Gerona,
en 14 de Septiembre. (2)
Año 1287.—En 22 de Noviembre, se pide á los jurados y con-
cejo de Alcañiz el pago de la harina comprada al rey en
Panizars. (3)
Año 1288.—En 23 de Febrero, carta de pago do 1.000 sueldos
barceloneses satisfechos por Alcañiz con motivo de la harina
tomada en Panizars. (4)
Las discordias del revoltoso magnate D, Artal de Alagón,
señor de La Ginebrosa, con D. Guillermo de Anglesola y tam-
bién con su cuñado el rey D. Jaime II, acarrearon grandes in-
tranquilidades á nuestros pueblos. Se desprende de los docu-
mentos relacionados con estos hechos que Alcañiz simpatizaba
con la causa de D. Artal contra los competidores de éste: la
razón no se ve bastante clara; pero en 23 de Enero de 1901
recibía el concejo órdenes de no dañar á D. Guillermo porque
había firmado resolver pacíficamente sus querellas con el de
Alagón; y todos los oficiales las recibían en 26 de Febrero de
no dañar á las encomiendas de Alcañiz y Monroyo, que habían
firmado estar á derecho al de Anglesola; y se mandaba en 30
de Marzo al justicia de Morella proceder contra los vasallos de
D. Guillermo que habían apresado un vecino de Alcañiz; y
al real cuñado se le decía que no permitiera á sus vasallos de
(1) Arch. de la Cor., Reg. 90, f o l . 79.
(2) Arch. de la Cor., Reg. 68,. fol. 52.
(3) Arch. de la Cor., Reg. 71, fol. 100.
(4) Arch. de la Cor., Reg. 76, fol. 20.
- 58 -
La Ginebrosa inquietar á los del comendador de Horta; y á
Martín Garcés de Aisosa que no inquietase al de Alcañiz y sus
hombres; y al concejo de éstos que desistiese de ponerse en
guerra de propia autoridad con ricos-hombres de Aragón, y,
en fin, á la universidad de Morella y concejo de La Ginebrosa
(en 8 de Junio de 1293) que recibiesen y diesen todo auxilio á
Miguel Lope de Val maña, nombrado por el rey alcaide y de-
fensor de este último lugar. (l)
Más nos interesan por ahora las llamadas de la hueste alca-
ñizana para servir al monarca en su guerra declarada contra
IX Artal de Alagón, por la circunstancia muy notable de que el
pedido de fuerzas se hace directamente al municipio, sin men-
ción de la Orden dominadora, lo cual acredita la dualidad de
este servicio en las poblaciones de señoríos particulares.
El primer mandato (20 de Junio de 1293) hacía saber al justi-
cia, jurados y concejo los desmanes de [Link], señalándose
como más graves la ocupación de una gran cantidad de dinero
que se enviaba á Valencia, el desafío al rey y la toma de bie-
nes y hasta de lugares realengos, á pesar de que el monarca
había prestado fianza de estarle á derecho: en consecuencia, se
les ordenaba acudir sin tardanza con armas, aparatos y pan
para dos meses contra D . Artal y sus secuaces, bajo apercibi-
mientos de rigurosos castigos en sus personas y bienes. (2)
Pidieron moratoria los llamados para organizar su gente, y
fué portador de la súplica Martín Cravera, su jurado; pero nue-
va y apremiante orden fué expedida (el 27) llamándoles á la
Loza con las armas y vituallas consabidas y señalándoles por
primer servicio el impedir con toda diligencia que el lugar de
Arcaine se abasteciera, cerrando sus entradas y salidas. (3)
En la Edad Media, pocos signos más expresivos del desarro-
llo de un municipio que el ser admitido á las asambleas legis-
lativas del Estado, influyendo en los destinos de éste por medio
de sus representantes, llamados en Aragón procuradores. Sa-
bido es que Alcañiz gozó de esa honrosa prerrogativa. Mas
¿desde cuándo? No bastan á aclararlo las historias generales
del reino, siempre parcas en la treseña del elemento popular de
las Cortes, y menos las crónicas locales. No erraríamos, sin
(1) A r c h . de la Cor., R e g . 84, 85, 87 y 90; fol., respectivamente, 3 y 19; 102,106 y 128;
86 y 63.
(2) A r c h . de la Cor., R e g . 87, fol. 90.
(3) Arch. de la C o r . , R e g . 87, fol. 9 2 .
- 59 -
embargo, suponiendo que Alcañiz sentó por primera vez sus
procuradores en nuestras famosas Cortes durante el reinado de
D. Jaime I, no antes acaso de las conquistas del reino de Valen-
cia, que abren á la villa el período de más rápido progreso, y
quizás en 1250, cuando, adulta ya y segura, daba albergue á
los estamentos y era reputada villa grande entre Calatayud, Da-
roca, Teruel, Borja, Barbastro, Ejea y Un-Castillo. (1) Noticia
positiva de sus diputados no se ve hasta el año 1283, en que, al
decir de La Fuente, (2) concurre uno á las Cortes de Zaragoza.
Pero hay error en esto, pues bien claro resulta del proemio
del Privilegio General que fueron tres los asistentes por Alca-
ñiz: Juan de Colera, Gonzalo de Tudela y Vicente Pérez.
A las fiestas y asambleas celebradas en la misma ciudad en
Septiembre y Octubre de 1291 por la coronación de Jaime II
concurrieron pro villa Alcanicii Domingo Pérez y M. Carrera (1)
(éste tal vez el citado Martín Cravera que fué jurado en
1293); y con razón dice Pallarés que estos procuradores «de
paso se hacían confirmar los privilegios de sus lugares», por-
que, en efecto, el nuevo rey aparece en 3 de Octubre confir-
mando la población de Alcañiz y otras de sus antiguas es-
crituras.
En 1301 asisten á las célebres Cortes celebradas en Zara-
goza y jura del infante primogénito de dicho rey dos procu-
radores de Alcañiz: Raimundo Pérez de Huesca y Gonzalo de
Tudela (4).
Son cuatro los que se apoderan en 20 de Marzo de 1328
para concurrir á la pomposa coronación de D. Alfonso IV: don
Fortuno de Barb, jurado; D. Francisco Pérez Perdigú; don
Domingo Pérez de Alcorisa, y D. Pedro Sorel, todos vecinos
de Alcañiz (5).
SANTIAGO VIDIELLA
(Concluirá).
(1) F u e r o 2.º De pace et protectione regali, dado en 1247, hoy en el lib. I X .
(2) Estudios Críticos, etc. Formación de la liga aristocrática, tom. 3.° p á g . 40.
(3) A r c h . de la C o r . , R e g . 25, fol. 166.
(4) Id. I d . , fol. 177.
(5) A r c h . de la Cor. Colección de escrituras antiguas, tom. 2, fol. 88.— Otorgan la procu-
ra D . J o a q u í n de la Torre, D . Andrés de Asín y D . Ramón Palomo, el ¡oven, j u r a d o s y
los p r o h o m b r e s D . G u i l l e r m o de Barcelona D . llamón Palomo, D. Domingo Passanat,
D . Antonio de la T o r r e , D . José Pérez de E s p a r z a y D. Iñigo G a r c í a .
LA HERMANDAD DE LA MUELA
EN MONROYO Y PEÑARROYA
(CONCLUSIÓN)
U NA vez hecha la fusión de las dos hermandades, los con-
gregados acordaron nombrar cofrade á D. Juan Núñez,
maestre de Calatrava, á cuya Orden militar perteneció el se-
ñorío de la villa. Por cierto que no ocultan la declaración de
que no pretenden periudicar ni disminuir el poder y derechos
de aquélla, con lo cual dejan entender que pensaban influir en
lo demás concerniente al régimen de la población. El gobierno
de nuestros pueblos lo constituían por entonces, el alcaide, á
cuyo cargo estaba encomendada la guarda y gobierno del cas-
tillo; el justicia, que entendía en las cuestiones de orden judi-
cial dentro del término, y los jurados, verdaderos representantes
de la villa, que disponían en los asuntos administrativos, y,
junto con los buenos-hombres ó consejeros, velaban por los in-
tereses comunales. Naturalmente que no podía inmiscuirse la
cofradía en cosas de pura incumbencia de los citados, pero po-
día prestarles su concurso para mejor cumplimiento de sus de-
beres, especialmente á los últimos, como dos elementos afines,
valiosos y populares; y prueba que no desdeñaba ninguno de
aquéllos el auxilio de la cofradía, el hecho de que siempre se
inscribían en la asociación las personas revestidas de autoridad.
Finalmente, los allí reunidos aprobaron las cláusulas ó es-
tatutos que en adelante debían seguir, reteniéndose el derecho
de poderlas quitar y añadir, mudar y corregir y anular y más
adelante ordenar todavía. Claro es que estas ordenanzas no fue-
ron obra de aquel momento, sino que databan de mucho antes,
resultando una refundición de las observadas consuetudinaria-
mente por ambas hermandades.
- (¡1 -
En la primera de aquellas cláusulas aseguraban el princi-
pio de autoridad, sin el cual nada consideraban estable ni se-
guro los antiguos. Todos debían obedecer el mandato del prior
ó presidente, asistir á las juntas de una manera lícita y respe-
tuosa, observando las ordinaciones; de lo contrario, eran de-
clarados desobedientes y condenados á pagar media libra de ce-
ra, no pagando la cual, eran borrados del libro y expulsados (I).
Para ingresar en la asociación todos venían obligados á pa-
gar cuatro sueldos en concepto de entrada, y una libra de cera
para su cirio (II); en el día de su muerte, doce sueldos y medio;
y en la defunción de cada cofrade, los demás debían satisfacer
un dinero, del cual era comprado pan y dado á los pobres, en
honor de Dios, en la puerta de la cofradía ó en casa del difun-
to (III). Indispensable era á todo ingresante que tuviera veinte
años, poseyera alguna hacienda y fuese dueño de su perso-
na (IV).
Ni el prior sin el capitulo, ni éste sin aquél, podían admitir
cofrades sin someterlos á una investigación previa de vida y
costumbres; y según su resultado se acordaba ó no la admisión.
En uno y otro caso, la información era rigurosamente secreta,
y ¡ay! del que por malquerencia personal ú otra cosa revelase
algo: era irremisiblemente separado de la Hermandad y jamás
podía volver á ella (V).
La mujer de cofrade nada debía satisfacer á la cofradía
mientras vivía el marido; muerto éste, debía abonar lo que to-
dos, si quería continuar (VI). Pero era terminantemente recha-
zada si incurría en algún deshonor; y tampoco era admitida si,
contra la voluntad del difunto, intentaba contraer nuevas nup-
cias. Medidas un tanto duras, muy del carácter del pueblo ara-
gonés que tantas consideraciones guarda á la viuda mientras
permanece honesta (VII).
Las juntas ó reuniones no dejaban de tener alguna origina-
lidad. Para ellas, el prior expedía un llamamiento general, in-
dicando el punto y hora en que debían verificarse. Llegado el
momento, se encendía un palmo de vela, y mientras ardía aqué-
lla, debían comparecer todos los cofrades; los rezagados eran
multados con la consabida media libra de cera (VIII). Una vez
reunidos, el prior exponía primeramente su criterio, y el au-
ditorio lo tomaba en consideración; pero no sin que cada uno
de por sí pudiera exponer su voluntad y hacer prevalecer su
mejor parecer. El que usaba de la palabra debía hacerlo per-
5
- 62 -
maneciendo en pie, y nadie podía interrumpirle hasta que vol-
vía á tomar asiento (IX). De estas deliberaciones sólo estaban
excluidos los que por vejez, enfermedad ú otro accidente te-
nían perturbadas las facultades mentales, á los cuales les esta-
ba prohibida la asistencia (X).
Estas juntas generales debían tener lugar una vez al año
por lo menos, costumbre que siguen con bastante fidelidad ca-
si todas las asociaciones modernas de esta clase (XI).
La más perfecta fraternidad debía reinar entre los herma-
nados. Si entre dos ó más cofrades surgían enemistades, éstas
se dirimían por lo que hoy diríamos tribunal de honor. Obli-
gábaseles á poner el asunto en manos del prior ó del limosne-
ro, quienes demandaban el concurso de tres ó cuatro cofrades,
y juntos fallaban lo que las partes debían acatar, so pena de
expulsión (XII).
Todo aquel que llevaba una vida deshonesta, era amones-
tado por el prior y capítulo, y, de no corregirse, era expulsado
sin remisión (XIII).
La costumbre, tan arraigada entre los árabes, de aprisionar
cristianos y retenerlos cautivos por tiempo indefinido, muchas
veces con el solo intento de obtener buenos rescates, ocasionó
no pocas zozobras y lágrimas á nuestros antepasados, los cua-
les, para libertar á sus hermanos, no perdonaban medio ni sa-
crificio. Cuantos testamentos del país he examinado (de los si-
glos XIII y XIV) no dejan de consignar una cantidad "á cau-
tius á ireure de poder de sarrahins". La cofradía de la Muela no
podía permanecer indiferente ante tan terrible plaga; y así, te-
nía establecida una cláusula por la cual se obligaban todos á
pagar ocho sueldos para redimir al cofrade cautivo (XIV).
Todos estaban obligados á visitar y asistir al cofrade enfer-
mo, y especialmente por las noches (XV). La familia que lo ne-
cesitaba lo ponía en conocimiento del prior, y éste señalaba
dos cofrades, quienes debían asistir hasta el fin de la enfer-
medad. La caridad, que era el móvil primordial de la Herman-
dad, tenía ocasión de manifestarse aquí. Nada debía faltar al
enfermo: si carecía de recursos, los encargados de su asisten-
cia le proporcionaban cuanto necesitaba con cargo al fondo de
la cofradía; y en caso de muerte, le era costeada asimismo la
sepultura con igual pompa que á los demás. ¡Concepto hermoso
de la igualdad que los antiguos supieron apreciar, elevando el
- 63-
cuerpo inerte del pobre al mismo nivel que el del más favore-
cido por la fortuna! (XVI).
A toda persona que fenecía dentro del término del lugar, si
carecía de fondos para ser amortajada, la hermandad proveía
de mortaja gratúitamente, y de seis cirios en la sepultura
(XVII).
Al cofrade que finaba en tiempo y hora de poder ser ente-
rrado el mismo día, los demás que había en la villa acudían á
rendirle homenaje hasta el sepulcro, con un cirio encendido en
la mano cada uno. Si no podía ser enterrado el mismo día, por
la noche visitaban todos el cadáver, y en el siguiente acudían
á rendirle el último tributo. Pero si la familia demoraba el se-
pelio por el solo hecho de tener más concurrencia, nadie estaba
obligado á la asistencia nocturna, y sólo á concurrir al entie-
r r o (XVIII y XIX).
En la muerte de los padres del cofrade, ó hijos que hubie-
sen entrado en uso de razón, si en casa los tenían, todos debían
acudir á ella. La cofradía facilitaba gratis seis cirios para la
sepultura de aquéllos (XX).
Al asociado que fenecía fuera de la villa, los parientes ó
amigos debían salir á buscar; y en caso de carencia de recur-
sos, la Hermandad sufragaba los gastos. En uno y otro caso sa-
lía aquélla á recibir el cuerpo del finado hasta las puertas de
la villa, con ostentación y cirios encendidos. Igualmente eran
acompañados hasta el indicado punto los que habían previa-
mente dispuesto ser enterrados fuera del lugar (XXI y XXII).
El rezo de todo cofrade en la muerte de otro, treinta padre-
nuestros con otras tantas avemarias; los que supiesen leer, los
Salmos penitenciales con la letanía; los sacerdotes una misa
cada uno, y el día de la novena diez padrenuestros y avemarias
cada asociado (XXIII).
Es de notar la cláusula XXIV: «Item. si algún cofadre ó co-
fadresa querrá açer alguna conmemoración de açer decir misas
por sus padres y madres, que los clérigos que serán cofadres si re-
queridos serán por aquéllos ayan de decir las misas francamente
sin salario, pero aquel que las dichas missas hará decir aya de
darles á dichos clérigos de comer suficientemente.»
El limosnero no podía entregar al andador la campanilla
anunciadora de la muerte do cofrade ínterin no hubiera co-
brado cuanto el difunto adeudaba á la cofradía; si hacía lo con-
- 64 -
trario, y lo debido no se podía cobrar sin pleito, debía abonar-
lo de su bolsillo (XXV).
La reunión, convite general ó banquete que celebraba la
cofradía anualmente, era uno de los actos más curiosos de aque-
lla célebre Hermandad. Costumbre de antigüedad indiscutible,
aparece ya como añeja y arraigada en 1349. Dificilísimo es de-
terminar su origen. Muy aficionados hemos sido siempre los
aragoneses á esta clase de esparcimientos; buena prueba de
ello es el sin fin de escrituras que citan la alifara, merienda
que celebraban las partes como en perfección de ciertos con-
tratos. Pero el convite anual que celebraban aquellas asocia-
ciones populares, se apoyaba en miras mucho más elevadas. No
diré que tuviera principio en los primeros años del cristianis-
mo, pero sí que recuerda en cierto modo las prácticas cristia-
nas de los primeros tiempos. Antes que nadie tomara asiento ni
fuera probado ninguno de los manjares, eran llamados doce
pobres, y en honor de Jesucristo, de su santa Madre y de los
doce Apóstoles, eran espléndidamente obsequiados, sirviéndo-
les la comida cuatro ó cinco de los propios cofrades. ¿Se quie-
re costumbre más simpática, más cristiana y más hermosa?
(XXVI).
Esta comida simbolizaba una fiesta también de verdadera
confraternidad: á los que por desobediencia habían sido sepa-
rados de la Hermandad, les facilitaba ocasión propicia de rein-
gresar en ella. Avisados previamente del intento algunos her-
manos, éstos lo transmitían al capítulo: el solicitante sólo tenía
que personarse en el momento de compartir la mesa, y, puesto
de hinojos, recabar el perdón de todos. El prior lo otorgaba y
los clérigos presentes le absolvían (XXVII).
Antes de tener lugar el convite, se reunía el capítulo con el
prior, y juntos elegían oficiales para el año venidero, los cua-
les no entraban en posesión del cargo hasta el día siguiente, en
que les rendían cuentas los del año anterior en presencia de
cinco ó más prohombres de la Hermandad (XXVIII).
Nadie podía empezar á comer sin que fuese dada la bendi-
ción por los sacerdotes (XXIX). También estaba prohibido que
alguno llevara criado, hijo ú otra persona, por lo menos sin li-
cencia del prior (XXX). Para evitar todo desorden, estaba ter-
minantemente prohibido que nadie hiciera uso de la palabra ni
aun con el que tenía al lado; hasta si se notaba la falta de al-
guna cosa, debía ser pedida á los encargados de servir la mesa
— 65 —
(XXXI). Todos debían darse por contentos y satisfechos de lo
que allí se servia, condenándose el menosprecio y murmura-
ción (XXXII). Por fin, antes de levantarse, y sin causar el me-
nor ruido, cada uno debía pagar su escote 6 porción que le to-
caba por partes iguales (XXXIII).
El día asignado para la celebración de tan secular comida
fué el domingo después de San Bartolomé, con facultad de po-
derlo cambiar siempre que fuere conveniente (XXXIV).
Toda cláusula confusa, debía ser aclarada por el capítulo y
prior (XXXV).
* *
*
Hemos recorrido detenidamente los estatutos de 1349. Poco
hubo de legislarse después, prueba evidente de la bondad de
aquéllos. Las disposiciones dictadas posteriormente son de me-
ro detalle, de mero complemento. Afortunadamente, el con-
feccionador del manuscrito citado tuvo buen cuidado de anotar
á continuación las juntas y fechas en que fueron ampliadas y
reformadas algunas cláusulas, lo que nos permite seguir las
huellas legislativas á través de los siglos XIV, XV y XVI.
Algunos oficiales que habían gobernado durante el año, pa-
rece que no presentaban sus cuentas con la puntualidad debi-
da. A 27 de Agosto de 1360, día de la comida, congregados el
prior y capitulo, ordenan que siempre que alguno de aquéllos
no comparezca el día siguiente al del convite, fuese multado en
dos libras de cera y expulsado de la cofradía para siempre.
Resultaba injusto que siempre qne algún aprovechado se
negaba al pago de sus deudas á la Hermandad, tuviera que per-
derlo ésta ó su tesorero. Así debió comprenderlo el capítulo
reunido en el Santuario de la Fuente el día de la Encarnación
(no dice de que año, pero hubo de ser antes del 1373). Obligá-
ronse unánimemente á satisfacer dinero ó sisa en este caso, y
el limosnero podía llevar ante el justicia de la villa á todo mo-
roso y recargarle los gastos si los hubiere.
Pronto poseyeron su correspondiente casa, dotada de todas
las comodidades y enseres para celebrar sus juntas y convites.
En 1377 se reunen ya en las casas de la Cofadría, siendo muy
probable que la tuvieran ya de muy antiguo, y en esta fecha
poseyeran más de una.
Cierta costumbre un tanto curiosa nos descubre el capítulo
convocado en la iglesia de San Miguel (desaparecida) el 29 de
- 66 -
Enero de 1373. Se permitía á los cofrades que hicieran uso de
los muebles y demás enseres que poseía la Hermandad, incluso
el llevárselos á sus casas para la celebración de bodas, bautizos
y otros festejos. En este año se acordó que dejaran prenda al
hacerlo, abonando después el deterioro, caso de producirlo. Pe-
ro ocurrían ciertos abusos difíciles de remediar, y más adelan-
to hubo de dictarse un ítem, prohibiendo tan hermosa como ca-
ritativa costumbre.
Las faltas de asistencia á las juntas, á los entierros y al con-
vite, menudearon durante el siglo XV. En 1419 y en 1450 esta-
blecieron que fuesen penados en una libra de cera los que sin
legítima excusa no compareciesen, disposición que hallaron in-
justa en 1469 y fué rebajada al pago de la mitad como antes
estaba. El propio año 1450 (26 de Agosto) fué determinado que
á los que por su avanzada edad no pudiesen asistir á la comida
les fuese dada una libra de carne y dos panes, con obligación
de pagar doce dineros en caso de aceptarla y tres si la rehusa-
ban. A las mujeres de los cofrades también decidieron darles,
en iguales casos, media libra y dos panes desde 1492.
De la cláusula encaminada á reconciliar á los enemistados,
se escapaban algunos eludiendo el presentar sus contiendas en
manos de la Hermandad. Esta, acordó en 31 de Agosto de 1483,
entender no obstante en ello, y juzgar sus causas, despidiendo
y borrando del libro á la parte ó partes que mostraran su dis-
conformidad.
Algún síntoma de decadencia acongojaba á la Hermandad
en 1548. El 27 de Agosto, congregada en el cementerio, su
prior, D. Antonio Albesa, expuso ante multitud de cofrades que
la cofadría se iva perdiendo por razón y respeto que no guarda-
ban los mandamientos del prior ni officiales, antes bien avía pre-
sentes cofadres que sé apartaban y no querían guardar los man-
damientos del prior ni querían hermandad en dicha confadría.
antes buscaban questiones y dislates. Para que cesase aquel esta-
do de cosas, acordaron los allí presentes que todo aquel que
negaría la obediencia al prior en cosas tocantes á los estatutos
y ordinaciones de la cofadría, fuese condenado á pagar doce
sueldos y seis dineros y á ser expulsado definitivamente.
En cambio, presentaba muestras inequívocas de prosperi-
dad en 1584. Tantos eran los asociados, que el prior y oficiales
confiesan no verse capaces de poder regirles. Al parecer, había
muchos de otros pueblos. Para evitar mayor aglomeración, fué
- 67 —
elevada á treinta sueldos la cuota de entrada, siendo ésta única
y no teniendo que abonar nada en concepto de fin de vida.
Algunas otras disposiciones fueron promulgadas durante el
siglo XVI, pero de más limitado interés, por lo que no merecen
atención. Ahora me extendería muy gustoso presentando un
análisis de los libros de cuentas subsistentes, con el relato de
las muchas obras y mejoras públicas que, aun en la parte pu-
ramente material ó temporal, obtuvo de la cofradía la pobla-
ción, asunto importantísimo que me llevaría á trazar un ar-
tículo de mayores dimensiones que el presente. Prometo hacer-
lo algún día.
La Hermandad de la Muela perduró hasta estos últimos
años. Todavía recuerdo haberla visto funcionar. Guardaba tan
sólo un débil reflejo de su antiguo esplendor. Fué disuelta y
suprimida por el año 1886. Por cierto que ocurrió un rasgo
digno de mención. Los masoveros de la partida de los Prados
(llamados antiguamente de Avinadaza) protestaron airados de
ello, y reuniéndose todos, acordaron guardar entre ellos algu-
nas de aquellas sabias ordinaciones. Ignoro lo acaecido después.
¿Por qué han desaparecido instituciones tan respetables y
benéficas? ¿Es qué no existen las necesidades 6 causas primor-
diales que les dieron vida? No; desgraciadamente aquéllas sub-
sisten con poca diferencia... ¡A cuántos infelices no faltará hoy
el confortativo de aquellos consuelos!
¿Es qué no estamos tan dotados de aquel valor cívico que
tanto dignificó á nuestros antepasados? Algo hay de esto. Hoy
presumimos de filántropos, de demócratas, de no sé cuántas
cosas más; pero no pasamos de palabras; nuestras teorías pocas
veces descienden á la práctica. El que tiene, se preocupa muy
poco del que nada posee. Todos envidiamos al más rico y nos
apartamos del más pobre. El hacendado de hoy dista mucho
del de antaño: éste gozaba contribuyendo moral y material-
mente á estos institutos, aún sin necesitarlos; el actual no pien-
sa en ellos porque no los necesita.
¿Han fenecido por anticuados, por rancios, por que no res-
ponden á las exigencias y gustos modernos? Conformes. Ven-
gan nuevos organismos con nuevos estatutos adecuados á la
actualidad. No importa que sean mejores, ni aun peores. Todo,
menos seguir indiferentes, contemplando sin entrañas el
enorme vacío dejado por aquéllos.
MATÍAS PALLARÉS GIL.
LAS PINTURAS RUPESTRES DEL TÉRMINO DE CRETAS
H ASTA nuestros días no han sido miradas, y menos estudiadas,
como auxiliares útiles de la investigación histórica ciertas
notabilísimas pinturas de animales que en algunas rocas y ca-
vernas dejó estampadas la antigüedad. D. Marcelino Sautuola des-
cubrió en 1876 esta clase de pinturas en la hoy famosa caverna
de Altamira, y la dió á conocer en 1880, en un folleto titulado
Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia
de Santander. Pero algunas autoridades científicas, así de aquen-
de como de allende el Pirineo, dudaron por entonces de la auten-
ticidad de estas reliquias, inclinándose las más á decir con el pa-
recer vulgar que eran apócrifas aquellas pretendidas manifesta-
ciones de un vetusto arte, relegándolas á la categoría de capricho
de artista excéntrico y desconocido de los modernos tiempos,
cuando no á travesura y broma de algún fisgón desocupado, como
entendía la tradición local.
Tantos desprecios arrojados á una sobre las pinturas en cues-
tión por la necia vulgaridad y la pretenciosa erudición, no habían
acabado de convencer á D. Hermilio Alcalde del Río, digno di-
rector de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, acerca de
la rediente estampación de las figuras, cuando en 1902 supo el
mundo sabio el descubrimiento de otras grutas en territorio fran-
cés con pinturas murales análogas á las de Altamira; y la com-
paración de las figuras altamirenses con las descubiertas en las
paredes de la gruta de Font de Gaume (Dordogne) disipó en él
toda duda respecto á la autenticidad tan cuestionada.
- 69 -
Desde entonces dedicóse el Sr. Alcalde del Río á rehabilitar
la memoria y mérito de nuestro compatriota Sautuola, procla-
mándole primer descubridor é investigador de este tipo de locali-
dades, es decir, de este género de auxiliar histórico que hoy se
comienza á aprovechar; y con perseverancia digna de loa ha re-
buscado y descubierto por su parte otras y otras muestras de 1
curioso género en la provincia de Santander, y sus estudios aca-
ban de cristalizar brillantemente en un libro que han aplaudido
los doctos. (1)
Con todo ello, son realmente escasas, hoy por hoy, las manifes-
taciones conocidas de este arte, cuya edad no se ha fijado ni po-
dido fijar definitivamente, aunque á las de Altamira y demás
denunciadas por el Sr. Alcalde del Rio en España, y á las de la
Dordoña, el Gard, los Altos Pirineos y otros departamentos fran-
ceses, añadamos las ya célebres de La Batanera y Cueva de los
Letreros, en nuestra provincia de Ciudad Real, por más que en
éstas las figuras no son de animales; y esta escasez avalora mu-
cho el descubrimienio novísimo de las pinturas rupestres (2) del
término de Cretas que son objeto de estas líneas.
Mi amigo Juan Cabré, amoroso cultivador de las antigüedades
comarcanas, es el verdadero descubridor de las pinturas prehis-
tóricas del Calapatá. El supo de boca de los campesinos cretanos
en 1905 que en una roca de este barranco veíanse pintadas nota-
bles figuras de ciervos y otros animales; él sospechó de plano el
valor de aquellas revelaciones, y él desamortizó en el verano
último el conocimiento de estas pinturas del estrecho círculo de
conocedores donde vivían mal apreciadas y las mostró á una re-
unión de personas entusiastas encargadas de divulgar el impor-
tante hallazgo para honra de la región y pasto á la atención de
los estudiosos.
Abre su cuenca el Calapatá en las cercanías de Cretas, del
partido de Valderrobres, para tributar sus aguas al Matarraña,
después de un curso de quince ó más kilómetros por los términos
de Cretas, Calaceite y Mazaleón. Sobran motivos para pensar que
este barranco discurrió en el periodo de la historia de España que
llamamos preromano por un territorio feraz, tan rico 'en pastos,
cazas y frutos de la tierra como nutrido de habitantes, que hoy
(1) Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander.—Alta-
mira.—Cotalanas.—Hornos de la Vena.—Castillo.—Santander, 1906.
(2) No creo propia de¡ caso la voz mural: es rupestre m á s expresiva, ha sido usa-
da por los t r a t a d i s t a s y no puede tildarse de ilegítima procedencia,
- 70 -
aparece salpicado de innumerables reliquias de aquellas civiliza-
ciones ibéricas, modificadas primero por las influencias griegas
que poderosamente pugnaban por dominar desde las cercanas
costas levantinas, y acaso también más tarde por los uso3 y cos-
tumbres de los romanos dominadores. Si bien se mira, el Calapatá
aparece ceñido de estas interesantes y no estudiadas estaciones,
de todo en todo prehistóricas tratándose del pasado de la región.
No lejos de su origen, brinda muchos objetos á la curiosidad de
los entendidos la estación de la partida Mas de les Perchades, en
el término de Valderrobres, al paso que en las proximidades de
su desagüe, al lado opuesto del Matarraña, empina su cumbre
llena de vestigios de aquellas edades la montaña mazaleonense
llamada del Barranc Fondo; y el costado izquierdo del barranco
se ennoblece con las estaciones del Mas de Jasanada y Castellans,
fronteras á las más notables del Mas de Madalenes (Cretas), Fe-
rreres y San Antonio (Calaceite), que, sin mentar otras muchas,
condecoran el costado derecho; y hasta el mismo nombre del
barranco, puede calcularse procedente de sus remotos habitado-
res (1) .
A unos cinco kilómetros de su origen (todavía en la jurisdic-
ción de Cretas, partida La Tejería), en propiedad de mi buen
amigo el virtuoso sacerdote D. Juan Antonio Villagrasa, á unos
cincuenta metros del cauce, sobre un terreno peñascoso levan-
tado en rápida subida, se alza un murallón de rocas areniscas que
recibe el nombre de Roca del Moro y también de Roca de los Cuar-
tos. Sabréis el por qué de estas denominaciones si os dignáis inte-
rrogar al humilde tejero que á la vista del peñasco, en cuyas cer-
canías ha nacido y vivido medio siglo, modela en barro los
arcaicos productos de su oficio. La peña llámase del Moro porque
en este país como en tantos otros al moro atribuyó siempre el
vulgo la paternidad de cualquiera notable fábrica ó manifesta-
ción extraordinaria de la vida pasada: así se apellida Coll del
Moro el collado tan conocido del término de Gandesa donde se
descubre una estación á todas luces preromana; así se obstina la
generalidad en llamar Casa dels Moros al panteón romano de
Fabara; y esta propensión vulgar, engañando más de una vez á
los mismos eruditos que no han vivido prevenidos contra ella, ó
han creído de ligero, ha podido engendrar errores como el del
(1) "Muchos nombres ibéricos principiaron por Cal, como Calagurris, Calaetus, Cale-
--la, Callaecia, Callet, Calubriga, e t c . „ — F . F i t a , Bol. de l a Acad. de la H i s t . , Octubre
de 1894.
— 71 —
P. Moix en sus manuscritas Noticias de Calaceite, donde llamó
musulmanas á las ruinas prehistóricas de San Antonio y Caste-
llans. El modelador de arcillas os dirá que el peñón se llama tam-
bien de los Cuartos por suponerse en su seno cuadras y habita-
ciones misteriosas. El informante ha visto una entrada, cegada
hoy de tierras y malezas, al mediodía, hacia la parte de Cretas,
por cuya boca intentaron conocer las interioridades del terreno
dos atrevidos curiosos á la luz de un puñado de teas encedidas
sobre una sartén, y hubieron de desistir porque el humo resinoso
les ahogaba. Añadirá, si más le preguntáis, que no conoce en los
contornos otras pinturas á estas semejantes, y os provocará á risa
la candorosa ignorancia de la grandeza del tiempo con que os
ponderará la antigüedad de estos animales porque hace cincuenta
años que los ha visto.
Pero la disposición de la peña y el examen concienzudo de sus
vecindades parecen alejar cualquiera sospecha de oquedades de
apropiada capacidad para morada humana en sus entrañas. Más
bien puede creerse que en remotísimos tiempos una parte de gru-
mo rocoso se apartó de la masa por desgajamiento, dando lugar á
un callejón más ó menos ancho, cubierto después artificialmente
y aprovechado para vivienda, de cuya decoración formaron parte
las figuras que estudiamos; ó que se utilizó la facilidad de cons-
truir la vivienda al abrigo de la peña levantando frente á ella una
pared. De cualquiera manera, la parte de gruta más próxima al
cauce, y más inestable en el pronunciado declive del terreno,
hubo de resbalar más tarde, después de abandonada la habitación,
dejando al descubierto las pinturas en la forma que hoy se
miran, y probablemente arrastrando otras en su caida. A cual-
quiera de las dos suposiciones prestará ayuda el crecido número
de bloques erráticos grandes y pequeños que puebla la pendiente.
Pensando asi, resulta, pues, lo más seguro, que las pinturas del
Calapatá formaron parte del decorado de una gruta prehistórica
al igual de otras descubiertas y apreciadas hasta el día. Pero al-
gunas de las nuestras les aventajan (al menos á las que yo conoz-
co) en la corrección del dibujo y en la expresión del movimiento
y la vida. Es asombrosa la verdad en el ciervo macho que á la
izquierda del observador corre hacia la derecha encogidos con
instintivo temor los cuartos traseros, como esquivándolos al golpe
del cazador (1) . Esta figura, la mejor conservada y más bella de
(1) Figura núm. 1.
- 72 -
factura, mide 0'30 X 0'25 metros. Sigue otro animal de la misma
especie, andante en dirección contraria, de 0'33 X 0'27 me-
tros y poco menos correcto. (1) Sigue otro de 0'26 X 0'22 la direc-
ción del primero con más reposado movimiento, cual si el pintor
se hubiera propuesto expresar con estas tres reses una gradación
descendente de la marcha, un jabalí, de 0'12 X 0'08, sigue la al-
ternativa de direcciones marchando de cara al último cervato;
pero el paquidermo ha sufrido los ataques destructores de una he-
rramienta ó piedra que ha picoteado la pintura en la cabeza y
vientre, cuyo procedimiento habrá borrado probablemente otras.
Varias de éstas no pasan hoy de manchas confusas y sospechosas,
otras ofrecen todavía vestigios apreciables, como la cabeza de
ciervo que está debajo del primero de los descritos, y el lomo,
cuello y piernas delanteras de un caballo ó mulo, al parecer, que
estuvo más abajo, entre las verticales del tercer ciervo y el jabalí.
La composición zoológica descrita ocupa en la roca una exten-
sión de 2'32 metros. El mismo muro le ha prestado un fondo na-
tural de color rojizo donde las figuras destacarían en su origen
con un rojo muy subido, ahora más atenuado. Todavía se divisan
hoy desde la senda que remonta el barranco paralela y cercana al
álveo, notoriedad que ha podido ser fatal á la existencia de las pin-
turas en terreno tan despoblado y abierto á todos los ataques. Un
saliente de la peña, cual amoroso doselete, las proteje de ciertas
contrariedades atmosféricas; pero de las embestidas de algunos se-
res racionales, cuando sepan que las rústicas figuras alcanzan una
significación y una importancia que ellos no pueden comprender,
¿quién las defenderá?
Terminaré sin aventurar ningún cálculo sobre la edad proba-
ble de estos documentos, pues, para hacerlo, carezco en absoluto
de una competencia que, hoy por hoy, puede negarse á las mis-
mas autoridades científicas reconocidas ocupadas en el estudio de
estas cuestiones. Es una fuente histórica nueva y en mantillas
todavía, llena, como toda infancia, de indecisiones, vaguedades y
misterios. Pero sí que me atrevo á tachar de grandemente hiper-
bólica la suposición de un Almanaque muy conocido al atribuir
á las pinturas rupestres del género de las nuestras una existencia
de ¡40.000 años! y creerlas obra de los dibujantes más primitivos.
Creo que ni las extrañas pueden blasonar con razón de tamaña
antigüedad, ni las del Calapatá acaso puedan considerarse desli-
gadas de los muchos residuos del pasado que les son vecinos, con
(1) Figura núm. 2.
NUM. 2
-3
7-,
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vecindad no poco sospechosa. Y si algún día llegara á demostrar-
se que entre las pinturas de la Tejería cretana y aquellos restos
de civilizaciones no tan apartadas (según ahora se entiende)
hubo parentescos ó relaciones de coetaneidad, claro es que la hi-
porbólica cifra habría de sufrir enorme resta y nuestra peña
apertaría un precioso dato al desarrollo de la fuente histórica de
que se t r a t a .
SANTIAGO VIDIELLA
Marzo, 1907.
NOTA. Preparado este artículo, he sabido que mi amigo Juan Cabré,
con sobrados motivos receloso de la destrucción de tan notables pintu-
ras, ha logrado arrancar y poner en seguro las más valiosas mediante
permiso del propietario del terreno. Hoy, pues, forman el número más
importante de la ya nutrida colección de antigüedades del joven pintor
calaceitano, á quien debo los dibujos que ilustran este trabajo. Claro
es que las vetustas figuras han perdido algo de su interés al ser tras-
plantadas de la roca al estudio del pintor, porque aquí no causarán la
impresión honda que producían allí entronizadas en el peñasco abrupto
y rodeadas de una naturaleza solemnemente salvaje; pero se habrán
librado de una destrucción facilísima á los desprecios de la ignorancia
y alargarán su edad bajo los mimos de un admirador entusista.
v
LA EXPULSÉ DE LOS LLAMADOS MORISCOS
EN EL DUCADO DE HIJAR
EPOCA forma en los anales de la historia aragonesa el famoso
decreto para la expulsión de los moriscos, pues las conse-
cuencias fueron en España lamentables, pero en Aragón perni-
ciosas.
Los Diputados y nobleza de este reino aragonés, en la súplica
que elevaron al Emperador, demostraban la improcedencia de
tal orden y apuntaban el trastorno que había de experimentar
este país, y entre otras cosas decían: "Que los moriscos eran úti-
les al reino„. "Que con la expulsión serían perdidos y puestos en
peligro los patrimonios y las haciendas,,.
Efectivamente; si se estudia aquella época, ¿quién sino los
expulsos formaban la clase por excelencia productora de la na-
ción?; pero nada les valió ante la Bula expedida por el Papa Cle-
mente VII, á tal fin dirigida al César. (1)
Las consecuencias que se siguieron de tal disposición, presto
se tocaron, y el Ducado de Híjar, cuyo señor era entonces don
Juan Francisco Cristóbal Fernández de Híjar, vió sus pueblos de
Urrea de Gaén, Hijar, La Puebla y Vinaceite despoblarse; de tal
manera, que en este último pueblo no quedó una sola persona, y
en La Puebla, de los 80 vecinos con que figuraba, quedaron sólo
cuatro, cuyo número de personas era de 27.
En tan grave situación, perdidas las haciendas y arruinados
los edificios, yermos aquellos feraces campos que llevan por nom-
bre La Daza (Folaza), Mirón, Val de Muza y la tan renombrada
Val de Zafán, como también las pintorescas huertas de Híjar y
Urrea, no tuvo más remedio el ya citado conde-duque que bus-
car nuevos pobladores, á los que dió las haciendas de los expulsos.
(I) Sayas, Anales de Aragón,
- 77 -
No quiero omitir un dato interesantísimo y muy elocuente que
dice cómo se encontraban los pueblos.
En 1622 aún continuaba Vinaceite despoblado totalmente,
pues en capitulación y concordia con los vecinos de La Puebla,
Urrea y la Nueva parroquia de Híjar, hecha por D . a Francisca
de Castro Pinós y Fonollet, segunda esposa de D. Juan Francisco
Fernández de Hijar, 4.° conde de Belchite, se lee lo siguiente:
"Que estando de presente del todo despoblado el lugar de Vina-
ceit, se tomen á su mano dicho lugar (los tres anteriores), con
todo lo que procediere de él, así de yerbas como de cualesquiera
bienes, comodidades ó utilidades que de dicho lugar resultaren,
las cuales hayan de ser y sean en beneficio de los citados; excep-
tuando la jurisdicción civil y criminal y derecho de poblar, más
los derechos dominicales y el que se da a! alcalde».
¡Puede darse mayor cuadro de desolación!
Ahora veamos la forma en que, el nunca bien ponderado don
Juan Francisco Fernández de Hijar y de Cabrera, Duque de Hí-
jar y conde de Belchite, otorgó carta de nueva población en el
día 12 de Abril del año 1611, para lo cual, en la forma acostum-
brada en estos casos y en el castillo de Hijar, á presencia tam-
bién del Justicia de La Puebla, que era Sebastián Candela, los
Jurados Juan Navarro de Alonso, Juan Miravete y Jaime La Sie-
rra y los Consejeros Francisco Bosque, Miguel Monclús, Antón
Gimeno, Miguel Salvador, Miguel Vidal, Juan Navarro y Juan de
Medina, otorgan los nuevos pobladores lo siguiente:
«Primeramente, que desde 1.° de Enero de 1612 han de pagar
los censales conforme la escritura concertada, siendo la mitad de
las pensiones de dichos censales, y los siete años siguientes, de
las tres partes, las dos de la pensión.
»Item, pagarán á su Excelencia los derechos dominicales,
que son sisas, pecha, etc.
>Item, que su Excma. les da á los dichos concejo y consejo
del dicho lugar, perpétuamente, los mesones, carnicerías, taber-
nas, tiendas y panaderías, como también las casas ó cambras
sitas en la plaza, con sus graneros, cárcel, como así les concede
todos los derechos y acciones y todo aquello que tenían, poseían y
usaban los vecinos y habitadores que fueron del dicho lugar.
»Item, que les da al concejo para campos del concejo, doce
cahizadas de tierra de huerta, de sembradura, y ocho cahizadas
en el monte, franco de todo derecho, perpétuamente.
»Item, que si alguno no cultivase la tierra que se le dará, sea
6
- 78 -
expelido y puesto otro en su lugar, con el beneplácito de su Ex-
celentísima.
•Item, que si alguno de los que de presente se admitieren,
quisiere en adelante probar ser caballeros hijos-dalgo, no pue-
dan gozar de las exenciones de la caballería ni infanzonía, antes
bien han de estar sujetos á las cargas y obligaciones que ahora
admiten con los demás.
»Item, que el valor y precio de cuatro porciones y suertes
que su Excma. se reserva, tasados por los tasadores de Híjar,
se obliguen las personas ó persona á quien de ellas hiciese mer-
ced su Excma. en favor de la Puebla, y el treudo de ellas lo haya
de pagar al concejo con condición de poder luir el treudo en tres
luiciones iguales, y el cargamento principal ha de ser á razón
de quince libras jaquesas por mil de hacienda.
»Item, se reserva su Excma. la Casa grande que fué de
Agustín de Lécera, con corrales, pajares, huertos, era y la casa
pequeña que está contigua, á la parte de arriba y cuatro cahiza-
das de sembradura de los huertos contiguos al de la misma casa
principal, y de todo esto que se reserva hace gracia y merced á
Gil Español de Niño, su Secretario y Alcaide de la villa de Lé-
cera, por los muchos y buenos servicios que á su Excma. ha
hecho, pagando* el seteno de lo que cogiere, como los demás
vecinos.
«Item, que los oficiales y gobiernos los nombre su Excelen-
tísima, como se nombran cada año en la villa de Hijar.
»Item, que el Gobernador de la villa de Híjar ó su lugarte-
niente haya de ir á La Puebla á tomar juramento á los ofi-
ciales elegidos de nuevo, y en caso que no fuere, siendo avi-
sado, dentro de tres días, lo pueda hacer el Justicia del dicho
lugar, y la elección firmada y sellada la entregue el Secretario
de su Excma. á los síndicos.
»Item, que por cualquier caso civil ó criminal puedan pren-
der en los términos y lugar de La Puebla los Gobernadores y
lugartenientes de Híjar, el Justicia y su teniente, Jurado y con-
sejeros de dicha Puebla.
»Item, que los presos por deudas civiles, estén en las cárceles
de La Puebla y no puedan ser sacados ni llevados á Híjar, si no
fuere con cédula firmada y sellada de su Excma., y los carcela -
ges hayan de ser del Gobernador de Híjar, con tal que el preso
esté á su cuenta, riesgo y custodia.»
Igualmente se ordena la tramitación en lo criminal y la es-
- 79 -
tancia de presos en el Palacio-Castillo de Hijar, lo cual omitimos
transcribir, mas no el CABREO DE LAS RENTAS, FRUTOS, PRODUC-
TOS y EMOLUMENTOS, que es el siguiente:
Pecha ordinaria. Ha de pagar el pueblo al Señor en cada un
año 1.036 sueldos jaqueses, por tercios de cuatro en cuatro meses.
Compartimiento de censales. Han de pagar al Señor en cada
un año por el mes de Noviembre 2.000 sueldos jaqueses.
Penas forales. Han de pagar la tercera parte al Señor.
Hornos de cocer pan. Item, que los hornos son del Señor y de
veinte panes, pagan uno en masa, y cuando el arrendador vende
este pan, se ha de dar cuatro onzas más, en la cuaderna que el
panadero.
Sisas. Pagan al Señor en cada un año por la sisa 1.800 suel-
dos, y esta paga la hacen de cuatro en cuatro meses por tercios,
y en cada tercio seiscientos sueldos, y los tres años de Cortes pa-
gan la misma cantidad á su Magestad el Rey nuestro Señor y no
al Señor.
Capellanía. Pagan al Señor por la Capellanía 500 sueldos ja-
queses en cada año, y ha de dar su Excma. Capellán ó Vicario
á su costa.
Molinos harineros. Los molinos harineros son del Señor, pa-
gan de moledura de cuatro cuartales, uno.
Diezmos de corderos. De todos los diezmos de corderos y ca-
britos se paga al Señor, de ocho, uno, y de cinco se toma diezmo,
y de aqui hasta ocho, el Señor paga por cada un exeque seis dine-
ros, y de cinco abajo, el vasallo paga de la misma manera, y á
cada cabaña ó rebaño da el Señor por la asadura la mitad del
valor ó precio en que se ha vendido un cordero. La diezma por
Santa Cruz de Mayo á portillo, y el Señor ó su arrendador da de
comer aquel día á los diezmadores y ligalleros, un cordero, una
cordera y un cabrito.
Alcaceles verdes. No pagan ni deben los alcaceles y yerbas
verdes que siegan para dar de comer á sus cabalgaduras propias,
pero si acaso granaren ó se trillaren, sacudiesen ó majaren y ven-
dieren, han de pagar de siete uno, como de los otros panes (gra-
nos).
Derechos de los panes. Han de pagar al Señor de todos los
panes (granos) de regadío y monte, de siete uno y no más. Han de
llevar los vasallos á su costa el derecho al granero del Señor.
Derechos de azafrán. Pagan al Señor de dieciseis libras una,
como en Híjar.
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Uvas. Pagan al Señor de ocho una, y las han de poner fran-
camente á su costa en la casa que su Excma. designase en La
Puebla.
Olivas. Pagan de ocho uno, poniendo el derecho en las casas
que su Excma. señalará en La Puebla á costa de los vasallos, y
asimismo han de llevar sus olivas á moler á los molinos de la vi-
lla de Híjar y han de pagar por cada pie (molinada) un cuartal
de olivas y catorce dineros, y tienen su ador, y en todo lo tocante
á la molienda se use y paguen como pagan y usan los vecinos de
Híjar.
Lino y cáñamo. Pagan al Señor el octavo espadado.
Legumbres y frutas. No pagan ningún derecho al Señor los
ajos, cebollas, nueces, higos, granadas, judías, hoja de morera,
mimbres, cañas ni de cualquier legumbre ó fruta.
Presente. Han de dar al Señor en cada año por fiestas de
Natividad, cuando llevan la elección de oficiales, por presente,
dos carneros y cuatro perniles de tocino.
Derechos de pesos y medidas. Paga el pueblo al Señar cada
año 200 sueldos jaqueses.
Escribanía y Notaría. Pagan al Señor cada año 450 sueldos
por concierto y arrendación de la escribanía y notaría de la Corte
del dicho lugar de La Puebla de Híjar.
Fueron testigos de este documento el magnifico Martin Cato-
ya, vecino de Híjar, y Jerónimo Gil Górriz, de Zaragoza.
Notario, Juan Batista.
* *
*
Mal debieron quedar económicamente los nuevos pobladores,
cuando les vemos en el año 1622 hacer una concordia con doña
Francisca de Castro Pinós y Fonollet, según hemos citado, en
cuyo documento quedan obligados los censatarios á pagar los dos
tercios del interes anual; (1) y por tratarse de personas que figu-
raron en la comarca, hago reseña de lo que á La Puebla toca, no
siendo menor el agobio en los demás pueblos del Ducado, por el
número de esta clase de cargas.
(1) En este documento se nombra un Colector para guardar y recoger los granos y
se obliga i los pueblos á facilitar un granero.
En este caso La Puebla construyó un edificio capaz, donde hoy existen las Escuelas
públicas, y cuatro casas más con un horno de pan cocer.
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CENSALES
En '2 de Enero de 1589 mosén Miguel Baptista de Lanuza,
infanzón, domiciliado en la villa de Hijar, procurador legítimo
del Excmo. Sr. D. Juan Francisco Fernández de Híjar, da licen-
cia al Consejo y Universidad del lugar de La Puebla para que
pueda cargar en favor de mosén Juan Bielsa un censal, de mil
sueldos de anua pensión con una propiedad de '20.000 sueldos
jaqueses.
Fallecido que fué mosén Juan Bielsa, heredó su sobrino Juan
de Bielsa el censal mencionado, vendiéndolo á D.ª Ana Baptista
de Lanuza, y ésta, al hacer testamento, dejó heredero universal
á su sobrino D. Miguel Jerónimo Baptista de Lanuza á condición
de lo que dispusiesen sus hermanos D. Martin Baptista de Lanu-
za, caballero del Consejo de S. M. y Justicia de Aragón y el
Padre Maestro Fr. Jerónimo Baptista de Lanuza.
Dicho D. Miguel, al hacer testamento, dejó heredero de sus
bienes á su mujer D. a Teresa Serra de Artiaga, y por tanto del
susodicho censal.
En aquel entonces, Jaime López, mercader, domiciliado en
Zaragoza, en nombre de la censualista, y los lugartenientes del
Alcaide y Justicia, Jurados y Consejo de la Parroquia de Nuevos
Convertidos de la villa de Hijar, juntamente con los lugares de
Urrea de Gaén, La Puebla y Vinaceite, pactaron tres censales de
rail sueldos cada uno en favor de la Ilma. Sra. D.a Luisa Fernán-
dez de Heredia, condesa de Sástago. Esta, al hacer testamento,
dejó heredero universal á D. Martin de Alagón, su hijo, conde que
fué de Sástago, y éste al morir dejó también á su hijo D. Martín
de Alagón, y éste á otro su hijo de igual nombre, el cual vendió
los censales, juntamente con los de su mujer D. a Catalina de Ala-
gón, á D. Jerónimo Virto de Vera, infanzón, domiciliado en
Zaragoza.
Sucedióle su hijo Lorenzo Virto de Vera, que dejó al morir sus
bienes en usufructo á su esposa D. a Jerónima Ximénez Cerdán,
hasta tener 20 años su hijo Jerónimo Virto de Vera.
También cargaron en favor de D. Miguel Matías Clemente,
protonotario que fué en los reinos de Aragón, un censal de 5.000
sueldos jaqueses de anua pensión, con 5.000 libras jaquesas
de propiedad, dejando éste en su testamento heredero á su hijo
D. Jerónimo Clemente Enríquez, y éste declaró heredera á su
hermana D.a María Clemente, la cual contrajo matrimonio con
D. Juan Enríquez de Navarra Funes y Villalpando, Marqués
de Osera, que tuvo un hijo llamado Francisco Jacinto de Vi-
llalpando Enriquez de la Carra y Clemente.
En resumen: 7.000 sueldos anuales de censales, más la tribu-
tación aceptada en la Concordia del año 1611.
Estos fueron los frutos que trajo para La Puebla la tristemente
famosa expulsión de los llamados moriscos.
LORENZO PÉREZ TEMPRADO.
VARIEDADES
EDUARDO GONZÁLEZ H U R T E B I S E . — L a C r ó n i c a General e s c r i t a por
P e d r o IV d e A r a g ó n . — Barcelona, T i p . «L' Avenç», Ronda de la
Universidad, 20.-1906.
Agradecemos al señor González Hurtebise la delicada atención de
habernos dedicado un ejemplar de su folleto.
H o y no se duda y a que los trabajos de investigación histórica han de
ser concienzudos, sólidos, documentados, ceñidos al argumento, libres
de inútil palabrería, á la manera del trabajo que nos ocupa. E n él
prueba el digno Oficial del Archivo de la Corona de Aragón: I.° Que
D . P e d r o I V fué autor de una Crónica de los Reyes de Aragón y Condes de
Barcelona.—!.0 Que esa obra no ha podido perderse, por la personalidad
social del autor, por la pujanza literaria del tiempo en que se escribió y
por las varias copias que se hicieron de ella. —3.° Que ha de ser alguna
de las que corren anónimas.—4. 0 Q u e es la conocida con el nombre de
Crónica Pinatense ó de San Juan de la Peña, por otro nombre.
Así y todo, teme pronunciarse de lleno á favor de esta Crónica por
ciertas dudas, cuya pequenez prueba la escrupulosidad y modestia del
señor González; y son en realidad pequeñas esas dudas, porque es sa-
bido el desahogo peregrino usado por copistas y glosadores de la Edad
Media al interpolar pasajes, hacer pasar al fondo apostillas y notas mar-
ginales, añadir y quitar según su arbitrio, no siempre tan prudente ni
ilustrado como debiera.
P u e d e el autor estar seguro de haber prestado un buen servicio á la
Historiografía de los reinos aragoneses, por el cual sinceramente le
felicitamos.
P r e l a d o s T u r o l e n s e s p o r el l u g a r d e s u nacimiento.—Noticias reco-
gidas y ordenadas por DOMINGO GASCÓN Y GUIMBAO, Cronista de la pro-
vincia de Teruel.- S e g u n d a edición.—Teruel, 1907. I m p r e n t a de la
Beneficencia. (Núm. 32 de la t i r a d a especial de cincuenta ejempla-
res, no venales).
Aquel Domingo Gascón, que costeó la memorable Miscelánea Turo-
lense; que gasta sus caudales, y tal vez su salud, en la formación de vasto
repertorio de escritores de la provincia; que colecciona el cancionero de
los Amantes, y que de otras mil maneras labora por la tierra sin des-
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Canso, acaba de regalar (en bella forma por cierto) la segunda edición
de este folleto, primero de una serie de trabajos regionales que han de
admirar los entendidos.
Si los méritos del autor fueran menos conocidos, nosotros seríamos
parcos en alabarle, porque Gascón es muy de casa en este BOLETÍN. Pero,
no habiendo alabanza del ilustre Cronista de la provincia que pueda
parecer apasionada ni pueda venirle ancha, se nos ha de permitir una
que brota muy claramente de las hojas de su folleto. Al frente de él se
declaran no vendibles los ejemplares de la tirada (¡siempre igual gene-
rosidad! ¡sigue el sacrificio en aras de la patria!), y en las últimas líneas
del Epílogo, contestando á la pregunta de por qué nadie ha venido á
ayudarle con el socorro de datos que había solicitado, se estampan es-
tas palabras amargas: «por la escasa ó ninguna afición que en nuestra
provincia hay á esta clase de trabajos. L o sentimos mucho, pero no está
á nuestro alcance el remedio. N o podemos hacer otra cosa que conti-
nuar la labor comenzada á pesar de la indiferencia que nos rodea, bien
seguros de que si esta generación no estima ni agradece nuestro esfuer-
zo, otras vendrán que harán más justicia á nuestra voluntad y buen de-
seo en procurar el mayor provecho y esplendor posibles de la querida
provincia donde nacimos.»
E s una triste verdad: la mayor parte del amor á la tierra madre está,
en la provincia de Teruel, centralizado en el corazón de su Cronista; y
de aquí que otras provincias no presenten un fenómeno igual de ama-
dor tan ardiente como Gascón entre tan pocos amadores.
P o r lo demás, se trata de una recopilación de prelados nacidos en
territorio turolense, muy bien hecha, tipográficamente bien presentada
y acompañada de índices tan cómodos como expresivos. Esperamos
que el asunto tendrá valiosos complementos: por nuestra parte hemos de
aportar en su día, como refuerzo humilde, la noticia de algún notable
mitrado tierra-bajino.
Aragón.—Revista regional ilustrada.—Imprenta de La Defensa del Magis-
terio, Madrid.
Son de desear las mejoras que promete esta Revista, por ahora en
formación.
V.
Zaragoza.— M. E s c a r , Tipógrafo. San Migue!, 12
En el próximo número Los "seniores,,
de Teruel. Solar de los Entenzas en el Bajo
Aragón.
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN
En España, un año. . . 5 pesetas.
En el extranjero, un año 7 »
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y Enero, y formarán cada año un tomo de 300 páginas.
Los materiales y la correspondencia relacionada con asun-
tos literarios de la publicación, al Director; la puramente admi-
nistrativa, al Redactor-Administrador.