El problema de tener dos mentes Cuando vemos que la fuerza de voluntad nos falla —
gastando demasiado dinero, comiendo en exceso, malgastando el tiempo y perdiendo los
estribos—, podemos preguntarnos si tenemos en realidad una corteza prefrontal.
Naturalmente es posible resistirnos a una tentación, pero esto no nos garantiza que lo
hagamos. Tal vez realicemos hoy lo que nos encantaría dejar para mañana, pero a menudo
acabamos haciendo lo segundo. La evolución ha sido en parte culpable de este frustrante
hecho de la vida. A medida que los seres humanos evolucionábamos, nuestro cerebro, aunque
aumentara de tamaño, no cambió tanto como parece. La evolución prefiere añadirle cosas a lo
que ya ha creado en lugar de empezar de cero. Así que a medida que los seres humanos
necesitábamos nuevas habilidades, nuestro primitivo cerebro no fue reemplazado por un
modelo totalmente nuevo, sino que el sistema de autocontrol se construyó encima del antiguo
sistema de impulsos e instintos. La evolución ha conservado todos los instintos que nos servían
en el pasado, aunque ahora nos causen problemas. La buena noticia es que también nos ha
dotado con los medios para resolver los problemas. Por ejemplo, lo más probable es que
nuestras papilas gustativas que disfrutan con la comida nos hagan engordar. La glotonería nos
ayudaba en el pasado a sobrevivir cuando la comida escaseaba y la grasa corporal proveniente
de unos quilos de más era vital para ello. Volviendo rápidamente a nuestro mundo moderno
de comida rápida, comida basura y comida integral, en la actualidad tenemos más que de
sobras para vivir. El sobrepeso se ha convertido ahora en un riesgo para la salud en lugar de
asegurarnos la supervivencia, y la capacidad de resistirnos a la tentadora comida es más
importante a la larga para la supervivencia. Pero como a nuestros antepasados les servía,
nuestro cerebro moderno sigue conservando el antiguo instinto de desear consumir grasas y
azúcares. Por suerte, podemos utilizar el sistema de autocontrol más reciente de nuestro
evolucionado cerebro para superar estos deseos y no meterle mano al cuenco de caramelos. Y
aunque no nos hayamos desembarazado de este impulso, también poseemos el impulso del
autocontrol. Algunos neurocientíficos llegan al extremo de afirmar que tenemos un cerebro y
dos mentes, o incluso dos personas distintas viviendo en nuestra cabeza. Hay una parte de
nosotros que actúa movida por los impulsos y busca una recompensa inmediata, y otra que
controla los impulsos y pospone la recompensa para proteger nuestras metas a largo plazo.
Somos ambas cosas, pero pasamos de la una a la otra. Algunas veces nos identificamos con la
persona que quiere adelgazar, y otras con la que quiere comerse una galleta. Estas situaciones
ponen a prueba nuestra fuerza de voluntad. Una parte de nosotros quiere una cosa, y la otra,
lo contrario. Nuestro yo actual quiere una cosa, pero para nuestro yo futuro es mejor hacer
otra. Cuando estos dos yoes entran en conflicto, una parte de nosotros tiene que anular la
otra. Esa parte tuya que quiere sucumbir al deseo no es mala, simplemente tiene otro punto
de vista sobre lo que es más importante