0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 652 vistas118 páginasEl Sendero Del Terror Umberto Jara
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UMBERTO JARA
EL SENDERO DEL TERROR
S PlanetaUmberto Jara. ‘Es extitor, priodista y abogado.
Eseudi6 en la Universidad Catblica del Perd, donde
se graduié en Letras y Derecho y luego se desempefié
como catedrético en la Facultad de Derecho. Ha
ejercido el periodismo en prensa gréfica, radio y
‘elevisin realizando coberturas sobre terrorism,
natcotréfico y campatias clectorales.
Ha sido editor de las revistas Debate y Semana
Ezonémiea del Grupo Apoyo (1988-1990), editor
de la revista culcural Ei Suplemenzo (1990-1992),
editor general del diario Bxpreso (1991-1992),
director del programa televisivo,Penoniana (1993-
1996) y director del quincenario Gero (2006).
Ha ejercido también el periodismo depottivo
dirigiendo lis coberturs de los Mundiales
‘de Fitbol Estados Unidos 94 (Panameticana
“Televisién) y Feancia 93 (América Televisién) y el
semanario deportivo Once (1997-2000),
Ha publicado el libro de crénicas Con ojos de restiga
(1997) y los libros de petiodismo de investigacién,
jo por ojo, ka veriladera bistoria del Grupo Colina
(2003, 2017); Historia de dos aventureros (2005,
2017), Seeretos det timel (2007) y Morir dos veces
(2016). Sus libros han sido publicados en Peri,
‘Argentina, Colombia y Chile. Actualmente,
se desempefia como Consultor en Estrategias
Corporativas Legales y Comunicacionales.Onros libres de Umberto
© publicados en Planeta
La corrupcion
del Caso Edita Guerr
SECRETOS DEL TUNEL
La historia de los wehenes del MRTA
en la embajada del Japon
090 POROJO
Laverdadera historia
“+ del Grupo Colina
| HISTORIA DE DOS
Toledo y Karp,
la politica como engatio
© PlanetaAbimael Guzman Reinoso es un hombre que el pais tiene
presente desde hace décadas, pero equién es en realidad?
Poco o nada se sabe de su compleja nifiez y adolescencia,
de su oculta intencién de convertirse en oficial de Infanteria
del ejército peruano, de sus tres viajes ala China maoista,
de su vida en Ayacucho y los largos dieciocho afios que
tardé en formar Sendero Luminoso.
La vida de su primera esposa, Augusta La Torre Carrasco,
camarada Norah, ha estado cubierta de unmisterio
atin mayor. Sin embargo fue quien formé la despiadada
milicia femenina senderista y el sanguinario organismo
Socorro Popular. En este libro se develan diversos enigmas
sobre élla; él principal: esta mujer fue quien encabez6
los arrasamientos de haciendas y poblados y dirigié los
‘asesinatos selectivos y los coches bomba,
Un manusctito biogtéfico de mas de 400 paginas escrito por el propio cabecilla
terrorista,testimonios directos de quienes conocieron a Abimael Guzmin y
‘Augusta La Torre y visitas a los escenarios donde nacié Sendero Luminoso han
servido para que Umberto Jara entregue la exhaustiva investigacién que contiene
Abimae, el sendero del terror, wa libro Fundamental para conocer por qué surgié el
terrorism en el Peri.
iAbimaelEste liso no poe sor roproducdo, total ni parialmente, sin
previo permis escrito de edt. Todos los darecnos reservados
Abinae!
(©2017, Umberto Jara
Disoio de portada: Danita Navarro
(Correceién: Rubén Siva
Diagramacién: 8-mad
Fotograta
‘Abimae! Gueman Reynoso Foto Carnot)
Harvard Act Museums/FoggMuseum, Transfer “omthe David Rockefeller Center forLatin
‘Amerean Studies, Hanard Unversity, Estella BogradBodslyFundforLatn American
‘At and Caltre and Gustavo E. Brlembourg Memarai Fund, 2012.133
CCopyghts Photo: ImagingDepariment © President and Felows of Harvard College
La etal no asume ninguna respeasaiktad por el contenido del
presente taba peredsticn e ievestigacion respect, siendo el
Euloreltrco respenate par la veracidad de las sfrmacones y/o
‘omentaries vertios en esta obra,
© 2017, Editorial Planeta Pert S. A
Av, Sanla Cruz No 244, San Isc, Lima, Pers
vw [Link] pe
Premera eccén: agosto 2017
“eae: 6,000 ejemplres
ISBN: 978-612-319-188-7
Regio ce Projecto Editorial 3160131170075
Hetho e! Depdsto Legal en itioteca Naconal del Pent N° 2017-08786
Impreso en Corporacién Grtica Navarele S.A.
Carotera Carval 759 (km 2) Santa Arita
Lina, Pei, agosto 2017
UMBERTO JARA
ABIMAEL
EL SENDERO DEL TERROR
S PlanetaA Olga y Humberto, gue tansitaron con
centerezael valle de sombre de ets tempos.
A mis compateros del colegio Salesian San
Juan Bosco y a mis amigos, en Ayacucho, que
sas ls aos felices enfrentarom lor pervertor
satis del tevorisme.AGRADECIMIENTOS
Tave el privilegio de conocer en mis afios juveniles a Felipe
Ortiz. de Zevallos y la enorme suerte de aprender trabajando
con él en afios duros de terrorismo e hiperinglacién. Me ensefié
muchas cosas importantes, entre ellas a tratar de entender el
Pert reparando en sus matices. Su intervencién fue fundamen-
tal para la publicacién de mi primer libro de investigacién en el
2003 y, esta ver, con este arduo libro, FOZ, siempre solidario y
sgeneroso, me permitié llegar a destino.
Mi hermano Carlos Jara Flores fue fundamental para que
estas péginas hayan sido posibles. Con enorme paciencia y te-
sén me ayudé en laboriosas tarcas de investigacién, cl
cin de material, revisién de textos, ademés, de intcligentes
aportes,
A Rafael Aguilar, Gianfranco Castagnola, Luis Cieza de Len
y Carlo Reyes Cestti gracias una vez mas.
A Marfa Fernanda Castillo de Planera Grupo Editorial, por-
que aiin existe alguien en cuya palabra se puede confiar y por-
‘que su respaldo e insistencia fueron fundamentales.
Ala paciencia de mi editor Rubén Silva, erudo en sus crii-
«as, como debe ser, exigente para mejorar el texto y preciso en
sus acotaciones,
A Carlos Sotomayor Wendorf, Sengo Pérez, Danitza Nava-
110, Rafaella Castagnola, Antonio Sam, Marcela Jara y Neli Ar-
‘mas, cada uno sabe por qué.Aviat
“Tras mis varios viajes a Ayacucho, le debo especial gratitud @
quienes colaboraton generosamente con sus recuerdos y docu-
mentos, en especial a Tatiana Pérez Garcfa Blisquez. por permi-
tirme molestar duros recuerdos suyos; a Arturo Tineo Cabrera,
por sus recuerdos precisos y su buen humor; a Carlos Valdez
Medina, por su apoyo incondicional, a Rolando Séez, Edwin
‘Vasquez del Villar, ivan Alarcén Sierra y José Luis Guciérrez.
Y a quienes no puedo nombrar; les alcanzo en silencio mi
grativud.
INDICE
Una historia personal (a modo de prélogo)
Siempre un forascero
El inevitable destino
Una boda sin Dios
Convertiré en fuego tu esperanza
El idolo fatal de Abimael: Mao
Bella como una hoguera
Somos los iniciadores
Las llaves del infierno
13
23
35
7
93
9
145
175
191UNA HISTORIA PERSONAL
(a Mopo DE pR6LoGo)
Los momentos que consideramos historicos para wna sociedad o los
instantes singulares para una persona no suelen tener un anuncio
pico, simplemente suceden y les damas otra dimension una vee
que han ocurrido, cuando tomamos conciencia de sus efectos, de su
influencia. Es verdad que existen acontecimientos que van anun-
ciando la magnitud que pueden llegar a tener pero, incluso ellos, en
su origen, tienen la textura de lo usual, de lo cotidiano
Fn uno de sus libros mds atractivos, Momentos estelares de la
humanidad, ef clebre ensayisea Stefan Zweig se refiere a un hombre
que vivia, en la ciudad de Ziirich, en la casa del zapatero remen-
din del barrio. Lo describe ast: «Lo que saben de dl os inguilinas
de la casa es que no es muy bablador. ¥ poco mds. Que es rusoy que
su nombre resulta dificil de pronunciar.(...) no dispone de grandes
riquezas, ni esd metido en ningiin negocio lucrative, lo sabe la
patrona por las frugales comidas y el gastado guardarropa de la pa-
1eja, Ese pequeno hombre bajo y corpulento es tan poco llamativo y
vive tan disereramente como le es posibles, De pronto, en marzo de
1917, ese vecino desaparece y Zaveig anota: cel hombre que antes de
«ayer atin vivia en casa del zapatero remendn (...)dirige ou primer
ddiscurso al pueblo. Las calles tiemblan. Y pronto empiezan los diezAmmen
dias que conmocionaron al mundo». Era Vladimir Illich Ulianov,
cl camarada Lenin, el ideblago en el inicio de la revolucién que
abria de implantar el comunismo en Rusia.
He recordado este pasaje porque en Ayacucho, hacia el ato de
1972, un eatedritico de la universidad San Cristobal de Huaman-
ga vivla junto a su esposa en el segundo piso de una casa ubicada
en la calle San Martin n.° 216, justo frente a la casa en la que yo
vivia con mis padres, mis dos hermanos y un pastor alemdn saltim-
bang
Fl vecino se lamaba Abimael Guzmdn y atraia nuestra aten-
cién por su profunda seriedad. Vestido siempre con un terno bolga-
do caminaba minando al vacio o al piso como si estuviese pensando
en algo muy distante, No saludaba ni le bablaba a nadie. Nos
parecia un hombre mayor aungue, en realidad, tenia 38 aris. En
‘cambio, su esposa, Augusta La Torre, era dstinta, Delgada, atenta,
susaba vestidos sencillosy. cuando salta al baleén con su figura de
muchacha bonita, no ensendiamos por qué siendo tan joven (26
atios)vivta con ese hombre extra
Un dia mi hermana Marcela, que era una nina inguiera, y su
amiga Teresa subieron al piso donde habitaba la extraia pareja
‘por la casualidad de ayudar aun simpdtico muchacho que necesi-
taba subir unos paguetes con espléndidas chirimoyas. Ena Boris, el
hermano de Augusta, que solia vsitarla cuando venta a la ciudad
desde la hacienda que su familia tenia en Iribamba, Huanta. Fie
dia, a la hora del almuerzo, Marcela conté que los vecinos de en-
frente weran pobres» porque no tenian cocina, solo un hornilla que
entonces se nombraba por su marca: Primus; no tenian cama sino
un colchén en el piso y todo su mobiliario era wna mesita con una
maquina de escribir, tes sills y wn pegueto ropero. Mi madre di-
rigié la mirada a mi padre y dijo und frase que, para nososrs, fue
_ Uno utsroni nensonat (x 4000 bt 461060)
sun enigma: «Viven asi porque los comunistas viven a salto de matan
1». com buen iono, nos dijeron que deblanos tener cuidado en no ir
a casa de gente gue no conaciamos; pero algo floé en el ambiente y
sentimos que habia algo mas, algo extraio.
Lo supimos semanas més tarde cuando la calle se alborots con la
presencia dela policia, no los uniformados sino los dela Policia de
Investigaciones que vestan como civilesy eran temidos por ser «los
PIP que trabajaban en Seguridad del Estado», Vimos que se leva
barn al profesor Guzman esposado, en pijamay sin zapatos mieneras
su esposa Augusta iba deers lewando una muda de ropa y una fra
ada. Aprendimos otra palabra, redada: haba ocurrido una gran
redada en la ciudad y staban detenidos profisores de la universidad
_y otros dirigentes y milisantes comuniaas. La dueria de la casa le
cancell. a Guzmén el contrato de alguiler y nos lo cruzdbamos, de
cuando en vee, en la Plaza de Armas cuando thamos al colegio.
Tiempo después, Abimael y Augusta desaparecieron de la ciudad.
Otro personaje fimiliar pero de distinso talante era el rector de
4a universidad que apadrinaba a Abimael Guzman y le dio carta
aabierca para el adoctrinamiento en las aulat. Se Uamaba Efrain
Morote Best, Era flaco como un lapiz, ceremoniowo al saludar, con
sun bigotito euidadosamente acicalado y una corbata pajarita po-
pularmense llamada michi. Solta conversar con mi padre porgue
se conocian desde las aulas de la universidad San Antonio Abad
del Cusco y porque al er rector de la universidad era un personaje
notable en la ciudad.
Morote Bess —padre de Osman, aios mds tarde dirigemte pri
cipal de Sendero Luminoso, y de Katia, luego casada con el diri-
gente senderista Julio Casanova— tenia el bienestar de wna casa de
campo en la quebrada de Totorilla, a las afenas de la ciudad, con
acceso por una carretera propia y con una tranguera para evitarAuiwar,
las vistas de extras. El predio era un hermoso lugar de descanso,
rodeado de verdor,atiosos drboles, eaballos dicles y habia el rumor
cde que alli se creunian los comunistas dela universidads, En casa,
mis padres solian ironizar refiriéndose a Morote como el comsunista
de costumbres burguesas que les ensehiaba marxismo a sus srabaja-
doves.
Asi de cotidiano fue el tiempo en que se fue tefiendo la fatal
uurdimbre senderista, En la Plaza de Armas, junto a los diarios na-
cionales, se vendia Pekin informa, el vocero del comunismo chino,
libros y folleos de Mars, Lenin, Mao y el difindido manual de
Georges Politzer que enseiaba el abc de la dialéctica marxista. Co-
rnoctamos a los catedrisicas que solian viajar a la China goberna-
da por Mao Tietung —Hildebrando Perez Huarancea, que habria
de partcipar en la ferox matanza de Lucanamarca, fue a casa
venderle un jarrin chino a mi madre—; vefamos las marchas que
organizaban; y ya cerca a 1980, empexaban a preacuparnos las
descomunales disputas en la universidad que culminaban en medio
de bombas lacrimégenas lanzadas por la policia para controlar los
desmanes, Pero, al fin.y al cabo, en la apacible ciudad de Huaman-
ga, no pasaban de ser clos excesos de los universitarios»
En medio de exe aparense normalidad, nadie podia vislumbrar
que se estaba gestando una organizacin terrorista como Sendero
Luminoso que terminarta causando la muerte de decenas de miles
de personas y habria de destruir la economia del pats con un costo
equivalente a la inmensa deuda externa peruanc.
Por qué interesa lo escrito en los pdrrafos anteriores? Por una
razén dramatica, Un gran sector de peruanos—en especial aquellos
aque se supone tienen formaciin— han decidido enfrascarse en la
guerra civil de las redes sociales denigniindose unos a otros por pasio-
nes sin futuro; y ocupados en gaillarse likes, posts y tits cargados
6
_ Ura msrona masonas ( wove ve rabuoco)
Por qué interesa lo escrito en los pdrrafos anteriores? Por una razén
dramdtica. Un gran sector de peruanos —en especial aquellos gue
se supone tienen formacién— han decidido enfrascarse en la guerra
civil de las redes sociales denignindose unos a otras por pasiones sin
futuro; y ocupados en gasillarse likes, posts y ruts cargados de excar-
nnio, creen que la realidad ocurre en esa burbuija artificial y mien-
tras tanto en las calles e cumplen los veinticinco afos de la captura
del cabecilla sendersta Abimael Guzmdn Reinoso en medio de una
enorme huelga magisterial, y nadie recuerda un dato sombrio: el
senderismo, en sus inicio, logré infiloarse en un seetor del magis-
terio y siere meses antes de su levantamiento ocurrié una huelga de
maestros que duré 118 dias, desde el 4 de junio al 30 de septiembre
de 1979, Dos décadasy media después se ouelven a escuchar nom-
bres que se creian antiguos: Sendero Luminoso, Patria Roja, Puka
Llacta (Terra roja). Cuando no se hace caso a las alertas, cuando
todo parece cotidiano, se van gestando malestares sociales que un
dia terminan expresindose con las formas que existen cuando la
ppaciencia de los desplazados se agota,
aH
En este libro, el lector hallard un retrato de Abimael Guzmén Rei-
nnoso desde el dia de su nacimiento hasta el aio de 1980, que nos
permite mostrar las claves que lo levaron a convertinse en el lider
de una agrapaciin tan violensa como Sendero Luminoso, Junto a
41 se presenta, por vez primera, (a historia de su primena esposa,
Augusta La Torre Carrasco, la camarada Norah, desde una perspec-
tiva que siempre fue soslayada: el rol fundamental que tuvo en la
formacién y en el accionar militar del senderismo. Sin la prevencia‘Annas
de esta mujer, Guzmdn jamds habria podido Uevar adelante su )
lucha armada»
A partir de las vidas de estos dos personajes se narra cémo, de
1962 a 1980, se formé Sendero Luminoso y por qué surgi en Aya-
eucho y en una universidad.
La informacién ha sido obtenida sras una investigacin de cua
so ats que permitié acceder a fuentes de primera mano.
En primer lugar, un manuscrito de més de 400 pdginas en el
cual el propio Abimael Guzidn relata episodios personales de su
rnitez, adolescencia y adultes; de su vida politica —sus viajes a
China y su admiracién profunda por Mao—y todas las tareas que,
junto a Augusta La Tarr, desarrollaron a lo largo de dieciocho avos
‘para dar nacimiento a Sendero Luminoso x fnalmente, las razones
por las que decidib iniciar su «guerra popular»
Realict diversos viajes a los lugares que sirven de escenario a los
hhechos quse se relatan en el libro, Ademés de buscar tstimonias, la
Jfinalidad también fue tener una mirada directa gue permita con-
“frontar los aios antiguos con los dias actuales. Al viajar por Aya-
cucho (Huamanga, Huanta, Chuschi, Vileashuaman, Vischongo,
Pomacocha y el valle del réo Pampas); Arequipa (EL Arenal, Mo-
endo y Arequipa); y Cusco (Sicuant) uno siente cudn frigil es
nuestro pats y cudn miterables son los gobernantes enriquecides
por corrupcién.
Una fuente valiosa de informactén han sido los testimonios de
‘personas que tuvieron trato personal con las personajes de esta in-
vestigacién. Arturo Tineo Cabrera, cuya formacién intelectual y
conocimiento real de la historia ayacuchana, permitieron charlas
enriquecedoras sobre todo par la cireunstancia de baber sido primo
de Augusta La Torre con quien tuvo trata cercano desde la niviex y
asta el momento en que ella se casd con Guzmdn
UUs sistonianeasone 0 stono ne pmb.)
Otro testimonio importante corresponde al periodista Carlos
Valdez Medina, dueto de una visién amplia por haber sido amigo
de la familia La Torre, luego companero universitario de Augusta y
irigense en el Frente Estudiantil Revolucionario cuando las fururos
Uderes de Sendero empezaban sus tareas y, mds tarde, cuando ex-
pplotaron los aias més duros del senderismo, un destacado y valiente
corresponsal de guerra.
Las conversaciones con catedrdticos y alumnos que estuvieron en
1a universidad San Cristobal de Huamanga entre los arios 1962-
1980 permitieron armar un contexto de esos atios; destaco la serena
vision de Carlos Valen, afincado en la ciudad y en la universidad
desde los ahos sesenta y duetio de una valiosa calidad intelectual
Finalmente, hay informacién que proviene de documentos pu-
blicades por milisances de Sendero Luminoso; material revisado en
La biblioteca de la Universidad San Cristobal de Huamange y en
La hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Pert. También fueron
consulsados diversos libros que estén citados en el texto y, en especial,
los trabajos de Carlos luén Degregori y Ponciano del Pino, dos estn-
diosos realmente seriosy acertados en su aproximacién al fendmeno
senderista.
En lo personal, me fue de enorme usilidad el haber vivido en
Huamanga, la eapital de Ayacucho, los primeros diecitis aos de
‘mi vida, Una parte de esos aos coincidieron con el periado en
que Abimnael Guzman Reinoso y Augusta La Torre Carrasco fueron
-gestando la formacién de Sendero Luminoso (1962-1980). Lego
segui vinculado a mi ciudad visitindola cada aio hasta 1985, afas
en que brutales acciones senderstas se mezclaban con el violento
actuar del eército. Esta circunstancia de vida me permitié incor-
‘porar experiencias sobre episodios oruciales, conocer a varios de los
‘protagonistas, culsivar la amistad de testigns privilegiadas, accederAnas
a historias, suftir el dolor por la muerte de amigos y entender la
dificil experiencia de la emignaci6n.
WW
Hace veinticinco aos, el 12 de septiembre de 1992, la captura de
Abimael Guzmdn y su ciipula marci el inicio de la recomsiruccin de
sun Pers devastado. Sin embargo, veinticinco aos después existen dos
nuevas generaciones de peruanos para los cuales esa fecha no significa
(casi) nada y, por su parte, muchos de los que vivieron los cruensos
episodios terrorists consideran que es wna historia archivada.
No se percibe con claridad que en el pais siguen vigentes los
combustibles del malestar social: la pésima distribuciin de la ri-
qweza que acensia ta pobreza, la falta de atencién del Estado a
la poblacién mds necesitada, la ineptitud o el temor para aplicar
ppolttcas pitblicas, la ausencia de institucionalidad y una gran masa
de jévenes con expectativas que empiezan a frustrare.
En suma, no se ha legado a entender que la violencia se engen-
dra cuando la pobreza termina desesperando a los que la padecen.
Umberto Jara
Ayacucho, septiembre de 2017
Es calamidad de estos tiempos que ls locos fen a los ceges.
Winutam SHAKESPEARE
Esto ha pasado y, por lo tanto, puede volver a pasar
Primo LeviSIEMPRE UN FORASTERO
Un dia seré demasiado tarde, y entonces no se sentid
ni de agus ni de alld. Se sentra forastero en todas partes,
1 50 6s peor que estar muerto
Gaprter Garcia MARQuezSuearas 0 worasreRo
A979 KILOMETROS AL SUR DE LIMA, en el n.” 300 de una avenida
llamada Independenci
con los materiales de la zona: quincha, adobe y madera. Tiene
un techo protegido con barro y una leve inclinacién para escu-
rir el agua de las gardias tenues que la mojan en los inviernos.
existe una casa construida hace un siglo
Sus paredes estén tefiidas con un linguido color amarillo y sus
dos puertas y dos ventanas, siempre cerradas, en el dia y en la
noche, tienen el color marrén prieto de los atatides. Aunque est
ubicada en el centro mismo del pueblito, frente a la diminuta
plaza, tiene encima la decrépita penumbra del tiempo, Sobre
la oscura puerta principal cuelga un largo tubo fluorescente
que nadie enciende y, asl, en las noches, parece un fantasma
del pequefio poblado. Su antiguo propietario ya no existe y sus
actuales poscedores la mantienen intacta. Una leyenda urbana
cuenta que el hijo del fallecido duetio habria ordenado conser-
varla tal cual fue edificada, Cierta 0 no la leyenda, quienes hoy
la habitan, con un mi
jo que no saben explicar, han preferido
construir su vivienda sobre el patio que existia al fondo y no
hhan tocado ni un adobe de la vieja casa. Las gentes de la aldea
prefieren ignorarla, No les genera ningiin orgullo; mas bien les
‘convoca liigubres recuerdos. Por eso, los vecinos més antiguos,
25Aainaes
cuando algtin visitante curioso pregunta por ella, dicen, con
tono apagado, en voz tenue: «Es la casa de Abimacl»,
El pucblito se lama El Arenal. Esté ubicado a cuarenta minu-
10s de la ciudad de Mollendo y se desdobla a ambos lados de la
Panamericana Sur. A mano derecha estén los modestos campos
de cultivo del valle del rfo Tambo y, a mano izquierda, sobre una
leve loma, las calles con sentillas viviendas. Lo habitan poco mas
de 2500 pobladores que viven de los cultivos de arroz, cebollas
y ajos. Atienden la mesa hogarefta con la pesca de consumo 2
cargo de pacientes cordeleras de peiiascos y orilla, laboriosos
recolectores de matiscos y uno que otro pescador que, en bores
de vieja madera, se aventura alas fas aguas del océano Pacifico.
En la desembocadura del rio Tambo, que anega los campos de
atro2, se afanan los camaroneros obligados a trabajar de noche
alumbrando las aguas con linternas para distinguic el lomo bri-
ante de Los camarones, La suma de todos estos oficios prove el
pan de cada dia a esa comunidad de la costa sur del Peri.
Para sus gentes amables, serenas y laboriosas, solo existe el
recuerdo sombrio de la casa de Abimae! Guzmén. Pero, en reali-
dad, el dato no. certero porque dofia Blanca Valdivia de Alvarez
tiene una precisién guardada en su memoria, Es una anciana
moradota del lugar, nacida el 30 de septiembre de 1930 —cua-
110 afios antes que Guzman y con quien, en la adolescencia,
compartié un mismo techo en la ciudad de Arequipa—'. Ella,
sentada en una banca de la tinica plaza de El Arenal, sostiene
que la casa fe construida por el comerciante Abimael Guzmdn
jo Abimael Guzmén
Reinoso porque la madre, Berenice Reinoso Cervantes, lo alum-
brs en la cercana ciudad de Mollendo. No le falta razén porque
Silva, pero en ella no nacié ni vivid su
1 Bnevis en El Arenal, 6 de ocube, 2032.
6
el propio Abimael perfecciona el antiguo recuerdo: «Naci el 3 de
diciembre de 1934, en el puerto de Mollendo, en La Aguadita
para mds sefias, provincia de Islay de la Republica Independiente
de Arequipa con bandera, himno e historia propios, parte entra-
fable de este Pera y su pueblo del cual soy hijo»?
Aquel 3 de diciembre fue lunes ya las ses dela tarde, Berenice,
tuna joven muchacha arequipefia de veinticuatto afios de edad,
alumbré a Rubén Manuel Abimael Gumén Reinoso asistida
por la comadrona Isabel Inca en una casa de la calle Villegas
n.* 71 del barrio de La Aguadita, en la ciudad de Mollendo, y,
aunque el futuro oficio del niio serfa el de proveedor de violen-
cia y muerte, alguien, a quien le era imposible saberlo, le dio en
bautizo la ironia de un nombre biblico: Abimael que, en hebreo,
significa «Mi padre es Dios»
La Aguadita es un malecén de apenas cien metros de exten-
sién que da a una pequefia quebrada que termina en el mat y
cuyo subsuelo contiene aguas termales de origen inexplicable
porque fluyen casi a orllas de las frfas aguas marinas. A inicios
del siglo pasado, se construyeron pozas termales cubiertas por
hhabitaciones de madera, que alin se mantienen, para recibir a
los ancianos en busca de alivio para sus dolencias, Don Héctor
Valdivia Aizcorbe, vecino de ochenta y un afios de edad que
liegé al lugar «huyendo de una travesura» y se quedé para
siempre «por otra travesura con una muchacha del bartio» vive
frente al malecén en la calle Melgar 392, y todos los atardece-
18s, abrigado con una bufanda, sale a tomar el aite, a mirar el
paisaje de siempre y a fumar parsimoniosos cigarrllos que tiene
prohibidos encender en casa. El recuerda la romerfa de enfermos
porque «llegaban a las cuatro de la mafiana, iluminados con velas
TRbimael Guam Reino, De Pay Lert, Maro ala cir, Lim, 200, pig 27
2y tenfan que presentar un certificado médico para ingresar a
las pozas», pero, al igual que varios de los viejos vecinos, dice
no recordar el rastro de Abimael Guzman,
Es cierto. Ese rastro no existe porque Guemdn estuvo en La
‘Aguadita apenas los dias necesarios para la recuperacién de su
madre; después volvié con ella a El Arenal a casa de la abuela,
dofia Esther Cervantes de Zanabria, una mujer alta y de contex-
cura grucsa dedicada el dia entero a su oficio de costurera para
sostener la ctianza de Berenice y sus otras dos hijas, Orfelina y
Yolanda, Para dofia Esther, el nacimiento de su nieto Abimael
no fue una noticia de jtibilo porque, ademés de la preocupa-
cién por el sustento, la familia tenfa que afrontar el inclemente
cestigina de aquel tiempo mojigato porque el nifio que su hija
Berenice ttajo en brazos dias antes de la Navidad de 1934, era
producto de una relacién furtiva con un notorio comerciante
dela zona; entonces, para el Cédigo Civil era un hijo ilegitimos
para el rumor de las gentes, un hijo natural; y para quienes pre-
ferian las palabras crudas, un bastardo, en un tiempo en que la
bastardia, por mandato de un puritanismo implacable, era un
estigma social, la marca de un pecado, Ja vergiienza para una
familia
El padre —que recién accedié a reconocerlo doce dias
después del nacimiento segin consta en la anotacién que
aparece en la partida— se llamaba Abimael Guamén Silva y
era el contador de confianza de don Benito Niiiez Alvarez,
tun préspero latifundista duefio de las haciendas El Arenal,
FE] Boquerdn y La Pascana, que sumaba a su riqueza agricola
Jos ingresos de su ingenio arrocero en cuyas instalaciones se
procesaba todo el arroz producido en el valle gracias a que
tuvo la pionera idea de instalar la primera piladora de arroz
en coda la regién su.
Ey
: 2 Simons ponasten0
Asentado en esa prosperidad, con la condicién privilegiada
de ser el contador encargado de llevar las finanzas de un hombre
rico, Guzmén Silva logré convertise en un comerciante acomo-
dado con negocios de abarrotes, confecciones y telas en el valle
deTambo, en el puerto de Mollendo y en la ciudad de Arequipa.
Sus holgados ingresos le permitieron coscearse su mayor aficién:
los placeres de la cama. Asi, tuvo cuatro hijos matrimoniales y
otros diez en distintas mujeres; una de ellas, Berenice Reinoso
Cervantes, una sencilla mollendina que habia culminado con
cesfucrzo sus estudios escolares a fa cual conacié a los veintidds
afios y convirtié en madre a los veinticuatro.
En la casa de la av. Independencia n.° 300, en El Arenal,
estaba uno de los negocios de Abimael Guzmédn Silva: un
almacén en el cual se expendian abarrores, utensilios de casa,
implementos de trabajo agricola, de pesca y todo articulo nece-
sario pata atender las necesidades de un hogar o un oficio. Alli
donde muchos creen que pas6 su nifiex el futuro Iider errorista,
en realidad vivié una mujer que afios més tarde seria fundamen-
tal en su vida.
Con la memoria nitida de los ancianos para los recuerdos
més antiguos, dona Blanca Valdivia de Alvarez, mirando la
puerta principal de la casa, rememora que en el afio de 1936
«dos afios después del nacimiento de Abimadl, y al volver de un
viaje, su padte aparecié en estas calles con una mujer extranjera
al lado. Era la chilena Jorquera que no vino sola, trafa una hija
jovencita. La puso a la chilena a cargo del negocio que ademds
de local comercial era vivienda. ‘Todos ercian que el interés era
por la sefiora, pero resulté que el contador Guzmén estaba pren-
dado de la jovencita. Se llamaba Laura, flaquita, de pelo castaiio
y ojos claros. Les dio todo, a ella y a su madre, y después se cas6
con la muchacha». Esa muchacha era Laura Jorquera Gémez.
»Amos oe
EN Los PRIMEROS ANOS, ABIMAEL PADRE DESATENDIO al véstago
surgido del amor ocasional, pero después ubied a Berenice
como empleada en uno de sus negocios en el cercano puerto de
Mollendo y, asf, Abimael hijo pudo asistira la tinica escuelita de
la ciudad, cerca al hospital, en la avenida Iquitos. «El aula de mis,
fio Jestis de Praga
primeros garabatos tenfa una imagen del
—ha escrito —y la maestra un guardapolvo celester?, Esa macs-
tra cuyo nombre nadie tiene registrado, lo adiestté en la lectura
y esctitura y, sobre todo, lo entrend en el arte de la caligrafia sin
presagiar, que muchos afios después, cuando la policia habria
de incautarle macabros cuadernos llenos de apuntes, la escritura
de su alumano conservaria la antigua letra de trazo fino en lineas
simétricas, ordenadas con pulcritud sobre el papel
Los afios infantiles de Abimael Guzman Reinoso en las calles
del puerto de Mollendo no han dejado vestigios de amistades ni
recuerdos, Incluso, el propio personaje, ya adulto y en prisién,
‘cuando hubo de referirse a sus afios escolareseligié no un recuerdo
infantil sino una remembranza bélica: «De esos tiempos lo més
grabado en mi es un radio antiguo de caja de madera, el locutor
anunciando la invasién a Polonia y la gente hablando de guerra»*,
Era septiembre de 1939 y esa vieja radio anunciaba la «Operacién
Fall Weiss», conocida como la invasién de la Alemania nazi a
territorio polaco, el detonante de la Segunda Guerra Mundial en
Europa y el inicio de las monstruosidades del narismo.
Al afio siguiente, Guzman inicié el que seria el primero de
viajes de abandono, Su madre se embarcé con él en el ren
que cubria la ruta Mollendo-Arequips-Sicuani en un trayecto
de mas de 800 kilémetros que le cambié el paisaje marino por
3 Wile, pig 28
4 Maem.
30
Siew us rorasrano
las cumbres andinas a 3500 metros de altitud. La ciudad de
Sicuani, en las primeras décadas del siglo XX, era una ciudad
de comerciantes impulsada por inmigrantes drabes llegados de
Argentina atrafdos por el auge del comercio lancro en la regién,
Estos mercadetes se establecieron en la zona e introdujeron
fas cosrumbres de su estirpe: las habilidades del regateo y las
facilidades de pago como herramientas para ganar clientes. Al
inicio, esos artificios para ellos tan naturales como sus pobladas
barbas, incomodaron profundamente en las ciudades donde se
instalaban y en Sicuani el encono llegé a ser tan profundo que
los comerciantes locales exigian la expulsién de los laboriosos
frabes. Pero el desacuerdo de costumbres fue finalmente supe-
rado y los nativos, convencidos de las utiidades de la rebaja y
el crédito, adoptaron esos nuevos usos del quehacer econdmico
dela mano de esos extrafios hombres de natices grandes, oracio-
nes extrafias y peculiar manera de hablar el castellano, quienes,
ademés, tuvieron la gracia adicional de aprender el quechua y
‘ofrecer regalos a los campesinos, con lo cual terminaron inte-
grandose a la comunidad.
Berenice Reinoso, junto a su hijo de seis afios de edad, se
trasladé a Sicuani ese afio de 1940, atraida por las promesas de
tun palestino que conocié en el puerto de Mollendo. «Fue mi
primer encuentro con la sierra —ha escrito Guzmén— la regién.
de nuestra patria que he aprendido a amar més y admitar, All{
estudié cn otra escuela estatal, cercana al estadio, pasando el
Puente sobre el rio Vilcanota. Conoci las ferias, el negocio de la
lana, el campesinado indigena y algo del mundo setrano segura-
mente se adentré en min°.
5 Ve Gina, mas Dena, Mons: Slns, Compendia de Hise Foun
std er ane Ceti de Resa dal PTE Lina pgs 7778
© Abimael Guzasa Reino, Deputy kn op. cty pig 28
aEstuvieron poco menos de dos aftos porque, a inicios de
1942, la relacién entre Berenice Reinoso y el comerciante de
Sicuani empez6 a sucumbir por la presencia del nifio. «Nunca
supimos cémo se llamaba ese hombre —acora dofia Blanca
Valdivia— porque a la abuela Esther, que a mi me cosia vesti-
ditos y mandiles, no le gustaba hablar del asunto; solo supimos
‘que era comerciante arabe y no aceptaba al nifio Abimael y si
alguien metia el tema queriendo saber més cosas sobre st nero
ella se molestaba y se vengaba negindose a coserle ninguna ropa
a la chismosa preguntona, de verdad».
Ente las brumas de ese tiempo escondido, un dato minimo
patece dar una leve pista sobre aquel érabe que se negé a asumir
el papel de padrastro, En un texto autobiogréfico escrito por
‘Mi nombre completo es Manuel
Guzmén aparece este pérrat
Rubén Abimael Guzman Reinoso, conforme reza le partida de
nacimiento del Registro Provincial de Islay; y no esté de mds
reiterarlo, pues a alguien se le ocurtié y difundié que mi nom-
bre verdadero era Ismael, y que por inquina politica antiérabe
Jo cambiés”. Més alld de la probable inquina, lo cierto es que el
desencuentro con el comerciante palestino dio lugar al anun-
cio de un nuevo viaje para el nifio Abimael, y madre ¢ hijo se
embarcaron en el tren de retorno por la ruta ferroviatia cons-
truida gracias al provechoso delirio del inglés Henry Meiggs
que se atrevié a tender durmientes y rieles en agrestes parajes
de las sierras de Cusco y Arequipa con un ejército de veinte mil
obretos reclutados entre nativos peruanos, bolivianos, chilenos
y una euota de esclavos culies.
Partieron de Sicuani hacia Arequipa y, desde esta ciudad, a
bordo de un émnibus caletero, tardaron tres dias en llegar al
F Widem, pag 27
2
Stewene tn Fonasraac
puerto de Chimbote. Fue un viaje que traz6 una linea final con
su primera infancia porque Guzman nunea més retornara a las
calles de Mollendo, Berenice lo acompafié apenas un par de
meses. En realidad, habia elegido Chimbore no para iniciar una
nueva vida junto a su hijo sino porque alli vivia el abuelo del
nfo y el objetivo de su viaje uc entregarle al pérvulo y retornar
a Sicuani ya sin la causa del conflicto que impedia su relacién
con el comerciante arabe, Asi ocurrié y Guzmén recuerda que
su madre, una tarde, en el htimedo puerto de Chimbore, le
pidié que aprendiese a cuidarse: «Hlijo mio, cuida al hijo de tu
madre; eres quien mejor puede hacerlo»t, Lo abrazé y se des-
pidi6. Abimadl tenia ocho afios de edad y nunca més volvié a
verla; cuando cumplié veinte se enteré de su muerte,
En el Chimbote del aio de 1942, solo existia una escuela
cestatal de educacién primaria para varones, el Centro Escolar
313, pero nadie se ocupé de matricularlo y el nifio, a su libre
albedrfo, encontré un refugio con propina en el taller de un
relojero que le ensefié a descftar el laberinso de manecillas y
mintisculos tornillos. Estuvo dos afios en el puerto pesquero y
snuevamente, sin preguntas ni adioses, tuvo que enfientarse a una
nueva y obligada excursién, Bsta vez el destino era otro puerto,
el tercero en su vida de infante sin rafces. Arribé al Callao a
vivir con la familia de un hermano de la madre, consciente de
que los adultos no aceptaban darle un cobijo permanente. En
estas travesias de abandono fue perdiendo los vinculos afecti-
vos con sus lugares de nifiez y se quedé sin el aprendizaje de
Ja amistad; por eso, ya adult, solia decir que no tenia amigos,
solo camaradas de partido; y, décadas mas tarde, ya condenado a
reclusién perpetua, Guzmén habria de recordar de manera muy
Tien
asAnnee
cconcisa sus afios de desarraigo al escribir lacnico: «Una serie de
desplazamientos por distintos puntos del pais que, obviamente,
implicaron cambio de ambiente, hogares y telaciones’.
Bl traslado al Callao fue a pedido de su madre para que
Guzman pudiese estudiar, pero es probable que ella descono-
cera la condicién bajo la cual fue recibido en su nuevo destino
porque sus desconocidos familiares aceptaron darle colegio,
habitacién y comida a cambio de destinarlo a las tareas de
empleado doméstico. Tenia diez aftos de edad.
En una antigua casona ubicada en el Jirsn Moctezuma 790,
atin hoy funciona el Instituto Educative n.° 5006, Alberto
Secada Sotomayor, fundado en 1925 bajo el lema «Dios, Patria
y Estudio», En esas aulas, en 1944, Abimael Guzmén reinicié
su edlucacién escolar, Sostiene haber sido un destacado alumno
pero los archivos con sus notas estin extraviados y no es posible
saber con certeza si efectivamente lo fue, més atin, cuando la
prucba que aporta es apenas un impreciso y distante recuerdo:
«Si los premios son un indice, cabe recordar que en el Alberto
Secada, al terminar primaria, recibi una libreta de ahortos, si
mal no recuerdo, del Banco Popular”,
Su vida signada por la ausencia de raices volvi6 a enfren-
tarlo con otto giro. En 1948, al cumplir catorce afios de edad,
tuvo que abandonar la calma de la pequefia escuela para ingre-
sar al rumulto del Colegio Nacional Dos de Mayo, institucién
que més tarde se convirtié en una Gran Unidad Escolar del
mismo nombre y en la cual, una década después del paso
de Guzmén, estudiarfa, en sombria coincidencia, un futuro
colega de estropicios: Victor Polay Campos, el cabecilla del
> Wem:
10 Tbidem pig 29
”
Stewons ow roeasinso
Movimiento Revolucionatio Tiipac Amaru (MRTA); ambos,
Guzmén y Polay, en la década de 1980, habrian de compartir
el oficia de terroriscas.
Su ingreso a las aulas del Dos de Mayo fue otro cambio
drdstico en su vida porque en el barrio chalaco de Chucuito,
Abimael era apenas un adolescente timorato que habfa vivido
en tres pequefias ciudades de provincia y, de pronto, tenfa que
vérselas con muchachos vocingleros, diescros en los cédigos de
barrio y duefios de esas calles en las que el adolescente provin-
ciano descubrfa, sumido en el desconcierto, pequefios mundos y
costumbres ajenas. Fue una experiencia tan intensa que, décadas
més tarde, en una sesién de la Comisién de la Verdad, Guzman
se permitid, frente a extrafios, la licencia de un breve recuerdo
personal: «Todas esas cosas fueron impresionéndome: los autos,
las propagandas, los periédicos; yo vivia en otro mundo»!
Pero el asombro y la curiosidad ante la gran ciudad tenfa como
contraparte la rutina de su oficio obligatorio en la casa: trapear
pisos, lavar utensilios y prendas, ocuparse de encargos. Mientras
su vida transcurrfa tironeada por dos mundos —el de las calles
con sus hechizos y el de la casa con sus labores domésticas—,
una noche lo invadié un dolor repentino que se mantuvo sin
tregua alo largo de la madrugada hasta dejarlo desfalleciente en
el inicio del dia. Los habitantes de la casa al notar que no habia
realizado sus labores antes de marcharse al colegio, lo hallaron
en su habitacién empapado en sudor de fiebre, lo acomodaron
en un taxi y en el hospital ptiblico Daniel Alcides Carrién le
salvaron la vida con una operacién de urgencia por un apéndice
que habia explorado para convertirse en una peritonitis fatal
Habia cumplido quince afios,
TT) Archive Comisiia de lx Verdad, Senin del 28 de mayo de 2002, caste 75.
8Ania.
Enronces una prima de su padre, conmovida por su precaria
situacién, intercedié para que el muchacho sea recibido en
Arequipa, en la casa patema, y nuevamente, Abimael Guzmén,
ptivado de raices y afectos, tuvo ante si otro viaje, uno més,
‘Mucho tiempo después, en el aiio 2009, ya recluido en su pri-
sién de cadena perpetua, habrfa de referirse 2 la huella que le
imprimieron sus peregrinajes y la experiencia de no pertenecer
a ningéin lugar: «Pienso que, pese a tener sus desventajas como
todo en la vida, sirvié a forjarme en una miltiple y diversifi-
cada experiencia, y a desarrollar en mi una tendencia, que con
el tiempo se acentuarfa, a vivit voleado al mundo y sus proble-
mas y no centrado en hurgar los entresijos de mi almas'?. En
esta frase radica una de las claves de la personalidad de Abimael
Guzmén. Quienes lo conocieron en distintas etapas de su vida
coinciden, de manera undnime, en sefialar como rasgo notorio
la impasible reserva de sus emociones y el tenaz silencio sobre
su vida personal. A final de cuentas, «no hurgar en los entresijos
del alma» significa clausurar la revisién de sentimientos impo-
nniendo un cepo de silencio a las emociones; significa optar por
de las heridas propias.
la duzeza emocional para evitar el as
‘Cuando terminé la convalecencia de su operacién el mucha-
cho parti6, desde el Callao hacia Arequipa, una noche de febrero
de 1949 «en el entonces tren de las siete». Sus anteriores viajes
habian sido travesias de un nifio desconcertado que no sabia
a dénde iba ni por qué llegaba, pero, esta vez, el mozuelo era
consciente de que iba a encontratse, por vez primera, con el des-
conocido que embarazé a su madre quince afios atrés, Cuando
llegé a la casona ubicada en la calle Rjercicios 370 —hoy la
calle Alvarez Thomas que desemboca en la Plaza de Armas—
12 Abimael Guamin Rsinoso, De puto y lena, op. cic, pig. 28.
36
Sumerns us sonasrano
golped el amplio portén de madera con la aldaba de bronce y
una criada fo invité a pasar. En la sala principal, una década y
media después de su nacimiento, tuvo ante sf por vez primera a
su padre, Era un hombre de frente amplia, con el rostto abun-
dante en mofletes, dspero y autoritario, Lo habia aceptado por
clemencia y no por tardio afecto paternal y ambas comprobaron
que el hijo de la relacién fugar habla heredado la apariencia
fisica del padre. En efecto, una fotografia de la época muestra
a Guzmén Silva con la cabellera firme a lo ancho de la frente,
las comisuras de los labios cayendo a ambos lados de la cara
como una sonrisa al revésy l rasgo notorio de los cachetes infa-
dos, un detalle que, cuarenta y tres afios mas tarde, la policfa, la
noche en que habria de capturar a Guzmén Reinoso, utilizaria
como clave jubilosa: «Cayé el Cacherén»
A los pocos dias de su arribo a la cémoda casa, el préspero
comerciante le asigné al adolescente la tarea de ayudatlo con
los libros de contabilidad de sus negocios. Los ertores cometi-
dos por el muchacho generaban reprimendas, y el trato distante
y frio no cambié en ningén momento; pero, a pesar de las
asperezas patetnas, los afios vivides en esa casa le entregaron a
Guzmén los mejores recuerdos de su juventud porque la mujer
desu padre, Laura Jorquera Gémez, aquella muchachita chilena
Arenal pata
luego convertirse en la matrona de la casa, le dio proteccién y
afecto, tal vex sensibilizada por su experiencia de nifa que tuvo
‘que enfrentar la vida sin el amparo paterno.
que.a los diecistis afios aparecié en el pueblieo de
La primera sorpresa para Guzmén fue descubrir que en la
casa arequipefia existfa, bajo la administracién de la sefiora
Laura, todo lo que le habia faltado en sus excursiones de tras-
hhumante y la estadia en ese hogar significé para él un final
de viaje que le dejé una huella tan profunda que, atin a losAnia
setenta y cinco afos de edad, al escribir de pufo y letra su
antiguo recuerdo, Guzmén se permitié un instante de graticud
y melancolfa: «lngresé a un nuevo hogar: el de mi padre, su
esposa y mis hermanos, Una vez mds vaya mi mas puro senti-
miento agradecido y reconocimiento a la esposa de mi padre,
dofta Laura Jorquera Gomez, admirable mujer que supo aco-
germe como hijo propio que se reencuentra, a mis hermanas
y hermanos que hicieron que su casa la sintiera mia, y a mi
padre que me dio esa oportunidad. Un mundo nuevo y mis
amplio se abria a mis ojos en nuestra siempre hermosa y tinica
‘Arequipa. Me esperaba una etapa fundamental de desarrollo y
tuna larga estadia extendida hasta 1962, casi tantos aftos como
tos que tenia al llegar: catorces".
La sestona LAURA ERA HIJA DE UN ANDALUZ, Enrique Jorquera,
que artibé a Chile a inicios del siglo XX para trabajar en los
viriedos del valle de Maule, Alli enconteé el amor en la costuc
rera Luzmila Gémez, tuvieron una hija que nacié en la ciudad de
Talca el 13 de junio de 1920 y a quien bautizaron como Laura.
‘Apenas ocho breves afios dur6 la alegrfa en ese hogar porque el
espafol, a la medianoche del 1° de diciembre de 1928, fue sepul-
tado por el derrumbe de una pared en el sismo de 8° en la escala
de Richter que devaseé la ciudad de Talea y el valle de Maule
Pasado el tiempo de luto, Ia viuda se cas6 con un minero
peruano que operaba en Tarapacé y, en el afio 1936, a raiz de
la expulsién de los peruanos del territorio que se habia ane~
xado Chile tras la Guerra del Pacifico, la viuda y Ia huérfana
desembarcaron en el puerto de Mollendo. No existe ningtin
15 idem, pap 30
3°
Sueters ws rongsren0
registro sobre el destino del marido minero ni el motivo por el
cual ambas mujeres pusieron pie a tierra en una ciudad que les
era desconocida. Lo tinico cierto es que fueron rescatadas por
el mujeriego Abimael Guzmén Silva, quien las llevé a vivir a
Ja casa de la Av. Independencia n, 300 en El Arenal. La joven
Laura tenia diecistis aos de edad y Abimacl hijo apenas dos.
Cuando se convirtié en su madre adopriva, en Arequipa, en
1949, ella tenfa veintinueve afios, era madre de cuatro hijos
legitimos y tenia bajo su amparo a otros cinco producto de
los amores fugaces del marido: Eduardo (médico que integté
cl ejército norteamericano en Vietnam); Rail (ingeniero)s
‘Carmen (ama de casa); Filiberto (abogado); Edgard (abogado
¥ fil6sofo); Elizabeth (abogada), Gladys Susana (profesora,
residente en los Estados Unidos de Norteamérica); Artemio
(abogado y filésofo) y Abimael (abogado). ‘Todos crecie-
ron juntos y con igualdad de trato en un hogar en el cual,
en confesién de Al
acl, wlas necesidades de alimentacién,
ropa, estudios, distraccién y propinas estaban bien organiza-
das, desenvolviéndose una vida sencilla y ordenada, de poca
vida social y celebraciones, donde fos hijos, aparte de cen-
trar en los estudios, tenian una tarea especifica que cumplir
responsablemente>'s,
La familia entera vivié siempre en la amplia casona de la calle
Ejercicios 307. Tenia un patio a la entrada con habitaciones
alrededor, un segundo piso para el comedos, un almacén de
viveres y un par de habitaciones mas; en la primera planta un
pasadizo, con habitaciones para las empleadas y; al fondo, un
amplio jardin con un afioso arbol en medio. Hoy ¢s el local en
4que funciona el Instituto Superior Stendhal especializado en la
ia Wem,
»Annee,
ensefianza de Gastronomia, Hoteleria y Turismo y todo aquel
que se acerca a curiosear es echado por un vigilante presuroso
que alcanza una razén para el desalojo del visitance: «Hay gente
que viene y después habla que fue la casa de Abimael Guzmén y
nos malogta el prestigio».
En el aio 1949, el comerciante Abimael Guzman Sila
‘comparcia el alquiler de la casona con Cipriano Alaroén, un com-
padre suyo agricultor en las chacras de El Arenal. Paginas atrés la
sefiora Blanca Valdivia de Alvarez. adelanté que habia vivido en
este inmueble cuando Abimael acudia al colegio y, en esta parte
del relato, provista de su memoria de anciana vital, dibuja este
recuerdo: «Yo trabajaba en la chacra de Alarcén, como era chi-
quilla recogia en mi burro con serén guayabas, higos y plétanos;
y después me llevaron a Arequipa para trabajar cuidando @ la hija
de Alarcén. Alli conoci a Abimael. Era laquito, bien callado, le
hacia caso en todo a la sefiora Jorquera y se encerraba en su cuarto
a estudiar, Los sébados y domingos salia a pasear solo, sobre
todo cuando su padre volvia de sus viajes». Este cardcter solita-
fio y retraido le fue iil cuando, al igual que sus hermanos, fue
matriculado en el colegio privado La Salle y se desempefié como
tun alumno aplicado capaz de ocupar los primeros lugares en las
aulas regentadas por frales franceses y espafioles. En el anuario
del tercer afio de secundaria se puede leer: «los diez primeros
no se dieron descanso, para al fin tencr la siguiente colocacién:
Guzman, Bouroncle, Rodriguez, Ojeda y Diaz Cano».
Fue una experiencia positiva la de salir del abandono
para encontrar un lugar en el mundo y eso esta reflejado
en dos recuerdos en los que Guzman deja asomar cierta
emotividad:
Ei ccrcer afio de secundaria lo cursé el afio 1950 con el mismo tutor,
el hermano Fermin Luis. Este mi segundo aito en Arequipa fue
”
Sterne ws eoRasren0
mucho mejor, ya més ambientado en mis estudios obruve mejores
resultados, sli # I de la clase asi constaen el palmart del aio 50".
Mis condiscipulos en su mayoria eran dela pequefia burguesla
acomodada, también los habia hijos de tertatenientes, burgueses
y de la burocracia. Tavimos el mismo cutor que nos forjé hasta
el cuarto afo, el hermano Fermin Luis, un vasco de ciertas ideas
republicanas; y en quinto, cl hermano Justo, prefecto del colegio,
nos ayudé 2 rematar el ciclo. Como en toda aula, diversos gru-
pos de ainidad se desenvolvian y contendian; yo formaba parte
de los setios y estudiosos. Los castigos que recibt fueron por no
concurric a la mi
o llegar tarde a ella, pues era parte de nuestras
obligaciones.(..) A mas de set poco amiguero, mis continucs
cambios de residencia, no solo antiguos, no han scrvido a que
entablara amistades prolongadas y, at, no sepa hoy qué ha sido de
clos ¢ igualmente de mis posteriores condisefpulos y amigos uni-
verstarios y profesionales. Considero que el colegio de La Salle no
influencié religiosamente en mis i bien vale seialar que mi pocao
‘ninguna preocupacién por las précticas religiosas no implicaron,
en modo alguno, ojeriza,represalia oresticcién en mi contra. A
mas de lo dicho debo a ese centro bastante de mi formacién en esa
saleable erapa dela vida."
Cuando acabs el colegio a los dieciocho afios el muchacho
dio una sorpresa, Contradiciendo sus inquietudes intelectuales
—«No solo estudiaba los cursos escolares; como mis hermanos,
considerable tiempo inverti en leccuras de libros de todo tipo,
especialmente, obras cisicas y novelas»"”— Guzman le anuncié
115, Muchas delas cts bogrfias provencn de un manusclto ce ms de cuarocentos vein
‘cpg esto por Abimad Guzmin Reinos al que avo aero aut En dean,
lis que prowegan de cicho te sconsignarin como Maaco a mens de
pga por cut fueron muse de miners conta pt Carmi
16 Abimael Guzen Reinoso, De poy ln, op ci, pgs 31 y 32
17 bidem, pi, 32
aAumaet
a la responsable de su educacién, su madrastra Laura Jorquera,
la insdlita decision de postular a la Escuela de Infanteria del
Bjército. «Si, es cierto, quise ser militar, oficial del eército y
espectficamente de infanteria. Tenia y tengo, y creo que hoy
més claramente atin, una idea no solo del papel de toda fuerza
armada como columna vertebral del Estado sino, y es insoslaya~
ble, de la funcién de los ejércitos en el surgimiento, desarrollo
yy transformacién de todas las naciones; lo prueba la historia del
mundo, la del prolerariado, muy claro esti, la del pais y la de
nuestro propio partidos".
{Dénde pudo originarse su repentina vocacién militar si en
la casa familiar uno de sus intereses era discutir con sus her
manos las lecturas de la Iliada, El Quijote o las espléndidas
biografias de Stefan Zweig?”, En realidad, ese atisbo de voca-
ci6n habia surgido por la admiracién que el escolar tenia hacia cl
teniente de Infanteria Manuel Reafo, el encargado del curso de
Instruceién Premilitar, Pero lo més sorprendente es que la con-
fesién de st interés por vestir el uniforme de un ejército al que
después se enfrentarfa de manera brutal y encarnizada, se cono-
cié recién cn 1993 en una habiracién dei penal de El Frontén
cuando, tras su captura como lider de la organizacién terrorista
Sendero Luminoso, empe26 a recibir las visitas del jefe de facto
del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos
“Tortes. En una de esas charlas, el jefe terrorista recordé st voca-
ci6n militar, recité integro el himno de la Infanterfa del Bjército
Peruano, «...arma bravia, / es la noble Infanteria, / cuna de
valientes / de heroica misién...», y descortié uno de los velos de
su memoria escondida para entregar esta confidenciaz
16 ibidem, pig 3
19 Tbider, pig. 32
2
Stone ronasraR0
El tniente de Infaneria Manuel Reaio era un gran oficial. E
hombre muy recto ycon mucho aplomo y porte militar Ef siempre
4a Infanceria para alld, Esta
arma esl rina de las batallas, nos deci, y eo mare en mi juven-
nos hablaba de la Infanteria para aqui
tud la admiracién por el arrojo del infance peruano en las guerras,
Los sibados porla mafiana, desde muy temprano, paramos en
ropa de faena, vestidos con el uniforme beige con cristina y corbara,
del colegio La Salle hacia el cuarel Salaverry, ubicado en ef diseivo
de Miraflores en Arequipa, Hiaciamos ejerccios de wiangulacién
on fusiles Mauser que nos prestaban. Nos tendlamos al suelo en
grupos de diez y sobre un caballete estaba el fusil con ef cual debia-
‘mos apuntar pasando el ojo derecho por la linea de mira yal.
Recuerdo que en esa época el cuartel Salavery albergaba dos
uunidades de Infanteria, os baallones niimeros 13 y 45; cada uno al
‘mando de un comandanee del Bjército, segin recuerdo, pues cada
cierto tiempo ingresabamos al interior para tomar desayuno en el
comedor de tropa. Luego un oficial nos mostraba las principales
instalaciones par [a instruccin de su personal. Desde muy tem-
prano estébamos en el cuartel para la ceremonia inicial y lego en el
‘evento destnado a la poblaci.
Alas seis de la tarde era el paseo de antorchas y en el que parti-
«ipaba la banda de misicosrocando el himno de Infanceria durante
todo el rrayecto por las calles de la ciudad. Dernis matchaba la
tropa de los dos batallones cantando su himno y portando cada sol-
dado una ansorche, y nosotros los acompafdbamos en el recorido,
|Realmente era un evento muy bonito y esperado cada a8o por a
poblacién arequipetia!™
Ademds de la influencia ejercida por estas vivencias mili-
tares, ocurtieron otros dos acontecimientos que hicieron
30 Vndimito Monteinos Tore, Sv Sender alent temprona, Eaer Editors. Lima
2009. pigs 257-285,Annexe
germinar el espititu bélico en aquel muchacho que dejaba las
aulas escolares. Uno fue la lectura de la novela La hora 25 del
rumano Virgil Georghiu que refiere la trdgica historia de un
jornalero rumano en la II Segunda Guerra Mundial; la otra
influencia provino de los despachos radiales del conflcto. «De
es0s tiempos guardo no solo imborrables recuerdos, sino acica-
teantes experiencias c ideas nuevas que fueron modelindome.
Asi, las noticias de la parte final de la guerra, a toma de Berlin
por el Ejército Rojo, la celebracidn del Dia de la Victoria cuando
la derrota de Alemania, los periddicos que en primera plana
trafan las imagenes de Roosevelt, Churchill y el gran camarada
Stalin, los bombardeos sobre Nagoya y la bomba atémica»”.
No lo repelfa el horsor de la guerra, le parecia més bien una
fuente de ensefianza y una opcién para generar cambios, y esa
visi6n no fue un fagaz entusiasmo adolescence sino una convic-
cién que lo habria de acompatiar alo largo de su existencia. En
julio de 1988, protegido por la bruma de la clandestinidad y con
centenares de miles de muertos a causa de sus 6rdenes, Abimael
Guzman reiteré su morcal aficién a la barbarie bélica en una
célebre entrevista bautizada por sus feligreses como «La entre-
vista del siglo» en Ia cual afirmé: «Creo que la Segunda Guerra
‘Mundial me ha marcado profundamente (...) Tuve ocasién de
ver en los periédicas a los llamados cinco grandes, al camarada
Stalin entre ellos, por eso dirfa que estos hechos han ido mar-
cindome e imprimigndome la idea del poder, de las masas y de
la capacidad transformadora de la guerra»™.
‘Aunque al final opté por ingresar a a universidad para
estudiar Derecho —esimple y coneretamente para tener un
2B Abad Guariin Renovo, De poy lt, op cl, pig 29
22 La enrevita del sigs, pubcada po El Diario Mark, wocero del sendetiso
24 de julio de 1988
“4
Suenene vn ronasreso
inscrumento profesional que sustentara mis necesidades y
me diera independencia»—®, la vocacién militar de Abimael
Guzman Reinoso terminaria concretindose en el afio 1980 al
organizar y encabezar una desquiciada milicia propia, Sendero
Luminoso, que asolé al pals por mas de una década con feroces
ajusticiamientos de poblacién civil en el campo, brutales aten-
tados terroristas en las ciudades y salvajes emboscadas al ejército
y la policia. Pero atin faltaba un largo trecho, mientras tanto, en
1952, aprobé el examen de ingreso a la Universidad Nacional
San Agustin de Arequipa y arribé a esas aulas portando lo que
Guzman denominaba vel despertar de su conciencia social» en
referencia al impacto que habia tenido sobre él un episodio que
Ja historia peruana tiene anotado como el levantamiento de
Arequipa.
Ocurtié el 12 de unio de 1950 con el esallido de una huelga de
Jos escolares del Colegio Nacional dela Independencia Americana
aque las auroridades decidicron sofocar enviando un pelotén mili-
tar que rermind agrediendo alos menoresy alos padres de familia,
La reaccién inmediata fue la solidaria protesta de los estudiantes
universitarios que ya venian encendidos contra la dictadura del
general Odria que, tras haber propinado al pais un golpe militar,
pretendia legitimarse a través de una farsa electoral. De modo
que los univers
tomaron [as calles con una enorme mani-
festacién repelida a sablazos por la policia montada y, entonces,
se sumaron las organizaciones sindicales de empleados y obreros
¥; en pocas horas, la poblacién civil inundé las calles. El centro
de la ciudad de Arequipa se llené de barticadas levantadas con
los adoquines de las calles y una masa compacta de estudiantes,
trabajadores y ciudadanos tomé por asalto el casino militar, los
235, Abinacl Gusnuin Reinow, Deputy lars, op. ck. pg, 34
6Anna
Sieur ws sonasren0
locales del municipio y la prefectura, capturé el aeropuerto para
cevitar la legada de tropas de refuerzo y se adueié de varias esta-
ciones de radio para avivar la erifulca. Toda la sermana iil, entre
dl lunes 12 y el viernes 16, ls calles mistianas fueron escenario
de una contienda feroz y desigual entre civles y el ejército des-
plegado por todas las calles. Al finalizar la madrugada del viernes
16, un armisticio acordado entre un grupo de parlamentatios y el
mando militar, apagé las hostilidades, las gentes enterraron a sus
muertos, atendieron a sus herids y el dictador Manuel A. Odria,
que habia ordenado la sepresi6n, proclamé su candidatura tinica
y los peruanos, ejerciendo su tenaz vocacién por el disparate, lo
cligieron como presidente constitucional
‘Aquella sangrienta revuelta arequipefia fue una epifania para
Abimael Guzman Reinoso. Esos dias de fuego cruzado, de calles
erizadas de violencia, de victimas tendidas en las calles con ori-
ficios de balazos, tajos de sables y heridas abiertas a pedradas,
marcaron, en sus palabras, «el desarrollo de mi conciencia social
y principalmente de clase», Entusiasmado por el fervor de los
dfas de revuelea, solicits su afiliacién al Partido Comunista de
‘Arequipa, pero tropezé con un requisito de burocracia clasista:
se requerfa la condicién de obrero y Guzmén era, para esa orga-
nizacién, apenas un pequetio burgués. Sin embargo no acepté
dar media vuelta porque estaba convencido de que all se hallaba
la seftal de identidad desde la cual expresar todas las protestas
‘que habitaban en él. Esperé con paciencia y logré convertirse en
milicante. «Entonces habia una tendencia obrerista, no querian
fo no debian ingresar personas que no fueran parte del movi-
miento obrero. Eso me llevé a tener que estar esperando buen
2 idem, pig 35
Gempo»®, «;Por qué ingresé al Partido? Concretamente: la
lucha de clases que me forjé y mi desenvolvimiento ideol6gico
me hicieron devenir marxisca, y si uno es marxista verdadero,
necesariamente debe militar, ser miembro del partido y no se
detendré hasta conseguirlo; no cabe marxista fuera de filas. Por
50 decidi libre y voluntariamente ser comunistas™,
‘Su acceso a fa militancia comunista lo inicié en la admi-
racién hacia Josef Stalin, el tirano de la antigua Unién de
Repiiblicas Socialistas Soviticas, Fue una devacién que se man-
tuvo invariable a lo largo de su vida, incluso en 1989, con el
Perdiensangrentado por las acciones senderistas, Guzmén recor-
daba con orgullo haber participado en las disputas ideol6gicas
defendiendo con vehemencia 2 Stalin frente a los seguidores del
ico, Vladimir Illich Ulianov, camarada Lenin,
‘Tenia una frase que resumia el motivo por el cual defendia
otro lider sovi
con furor a Stalin: «Quitérnoslo entonces era como quitamnos
el almas*; pero, en realidad, mis que una frase fervorosa es
un sombrio trazo del espirieu de Guzmén porque aquel hom-
bre, al que admiraba desde el alma, era el sanguinario dictador
que aniquilé 2 millones de personas enviéndolas a campos de
concentracién y presidios, ordenando fusilamientos y asesina-
cos; habia sido también el aucor del programa que impuso la
sustitucién de las granjas de propiedad individual por gran-
jas colectivas, un irracional experimento agricola que terminé
jocasionando una hambruna tan insondable y barbara que «los
‘campesinos desesperados devoraban los cadaveres de sus hijos
muertos de inanicién»”*, Ese individuo admirado desde el alma
Toms de la Vendad, sin del FA de mayo de 2002, case 75
26 Abitnal Guz Reinso, De puto y Lint, op. ce p35,
27 anew del sgn
{28 Ver Rober Service, Selim Une big Sigla XX1, Mads, 2006,por Guzmdn —que sustituyé su apellido Dzhugashvili por ef
apelativo Stalin, hombre de acero— habia resumido aquella
‘espantosa desventura con una despiadada frase: «Una muerte es
una cragedia, pero un millén de muertes es solo estadistica»”.
ALIGUAL QUE EL DESCUBRIMIENTO dea militancia comunista, el
ingreso al mundo univers
un espacio que jamds habja imaginado: «...) las ideas bullian,
los debates y discusiones eran pan cotidiano y la politica laria en
todas partes. Conferencias, chatlas ¢ interminables conversacio-
jo fue para Guzmén el hallazgo de
nes sobre mil y un temas; cientos de jévenes, hombres y mujeres,
parecian haber descubierto el arte de hablar y pensar y que al
unisono hubieran roto un largo voto de silencio impuesto>”™
En esta evocacion de Guzman asoma otra de sus claves vitales:
la cleceién de las aulas universitarias como el lugar esencial para
su quchacer en las décadas siguientes. Precisa y concisa, la frase
«un largo voto de silencio impuesto» retrata lo que habia ocu-
rrido en su vida hasta antes del feliz descubrimiento del mundo
universitario. En efecto, Guzmén habla habitado en un silen-
cio impuesto en la medida en que estuvo obligado a acatar las
decisions de terceros. El silencio le habia asegurado la sobrevi-
vencia, pero lo habia privado de todo lo demés;y, de pronto, las
aulas universitarias le absian un mundo encendido de juventud
con las voces que expresaban al viento todo lo que quisieran
decir o sentir, un mundo muy distinto al silencio gris de su vida
Era imposible que no se viera cautivado. Fue la universidad el
30 Abimael Guzman Reinoso, De puto yl, op it pi. 33.
“
Sterns un ronnsTe4o
Ambico para el renacimiento de aquel Abimael que ingresaba a
la veintena de sus afios. Por cleccién propia su destino quedé
atado 2 los clausttos universitarios desde los cuales empezaria
2 organizar sus aspiraciones personales, sus proyectos profe-
sionales, sus objetivos politicos y también su delirio final: la
construccién, desde una universidad, del movimiento que
terminaria convirtiendo la vida cotidiana de los peruanos en
una sangrienta pesadilla
Su juvenil encusiasmo universitario tiene también un sello de
indicacién. Fue en la Universidad Nacional San Agustin de
Arequipa donde pudo estrenar la autoestima que habia logrado
rei
reconstruit a partir de la bondad solidaria de su madre postiza,
Laura Jorquera. Asi, el escolar taciturno logré convertirse cn
delegado estudiantil de la Facultad de Letras ante la Federacién
Universitaria,
“Testimonios de esa época lo recuerdan no con el estilo de
un dirigente combativo sino con los gestos y formas de quien
cocupa un cargo desde la solemnidad y el protocolo; también lo
describen como ansioso por iniciarse en las Jecturas de Mars,
Engels, Lenin y Stalin, En efecto, fue el propio Guzman, ya
adulto mayor, quien recordé que, al inicio, su afin por cono-
cer las lecciones del comunismo tropezaba con la ausencia de
«profesores marxistas que me pudieran formar», pero, al menos,
existan alunos «que tenian sus ideas y que obviamente las
comentaban, Asi fui conociendo algunas ideas y leyendo algu-
nos libros»
También fue gencrosa la universidad en proveerle aquello
que la vida no le habia otorgado y, esta vee, como un guitio
de recompensa, el destino lo puso en contacto con alguien
51 Comisin de ts Verdad, sin del 28 de mayo de 2002, casete 75.dispuesto a prestarle atencién al silencioso muchacho para darle
un cauce 2 sus inquietudes. Fue un catedrético de la universi-
dad San Agustin el que se convirtié en su mentor. Se llamaba
‘Miguel Angel Rodriguez Rivas, habia nacido el 29 de septiem-
bre de 1920; y criado con esfuerzo por su madre Rosa, logré
sortear con tesén los escoltos de la pobreza con el tinico recurso
que tenk
Néjar y logeé a los
que lo habilité para ejercer como un modesto docente escola.
Asi conocié el sacrificio del magisterio ejerciendo en pobres y
pequefios poblados de Puno hasta lograr su objetivo de conse-
guir una plaza de maestro en Arequipa para poder ingresar a la
Facultad de Letras dela Universidad del Gran Padre San Agustin.
Se pagé los estudios universitarios trabajando como «docente de
educacién secundaria que salfa de impartic clases cortiendo por
los bordos de las chacras para no llegar tarde a tomar clases en.
la universidad>™. Logré obtener el grado summa cum laude de
doctor en Filosofia y durante més de medio siglo fue catedr4-
tico «en las aulas universitarias de San Agustin, en Arequipa; y
Nacional Mayor de San Marcos, Federico Villarreal, Catélica,
Cayetano Heredia, San Martin de Potres ¢ Inca Garcilaso, en
Lima, ast como en las escuelas superiores y en los centros de
altos estudios de todos los institutos militares y de policia»™.
Fue este catedritico, Miguel Angel Rodriguez Rivas, qui
condujo las leccuras marxistas de Abimael Guzmén y lo intro-
dujo también en el interés por la filosofla, en especial en los
escritos de Inmanuel Kanty fue por esa influencia que Guzmén,
su inteligencia, Estudié en la Escuela Normal Mufioz
istis afios el ritulo de profesor normalista
SE sin igmoriam Miguel Angel Redrgucx Rivar, exo puliado pr su hijo Mic
fuel Agel Rodrigues Sot ol 15 de agoto del 2012. bepsesscel cond
SEcoabasc3iteMenoran- Migel Ange Rodgers
33 idem.
so
Shonen wi vonasias0
luego de obtener el bachillerato en leyes presentando la tesis
+E] Estado democratico-burgués», se matriculé en la diminuta
Facultad de Filosofia —su promocién tuvo apenas tres alumnos:
él y dos compafieras que venian de la Facultad de Educaci6n—
y se gradué con una tesis que titulé «Acerca de la teoria
del espacio» en cuyas 178 piginas desarrolla una teorfa de dificil
comprensién destinada a «demostrar la insostenibilidad de la
posiciin idealista subjetiva de Kant sobre el espacio; y en con-
tratio reafirmar la posicién filoséfice marxista del espacio como
manifestacién de la materia en movimiento».
En un texto escrito por el periodista inglés Simén Strong se
retrata al macstro de Abimacl como «un disciplinario rigur
haste masoquista que estaba en su eee
afiana por creer que dormir demasiado debilitaba las neuro-
Inas. Inflexible y autoritario, tenfa un ansia mistica por la verdad.
[Sus clases eran teatrales y eruditas; cautivaban y subyugaban>”,
|Pue este maestro —que pensaba que los hombres eran superiores
a los Angeles porque éstos solo podian ser buenos mientras que
los hombres tenian por igual inficrno y cielo—*
el que ejercid
Jas influencias que calaron hondo en el discipulo. Le descubrié
la filosofia, una disciplina que para Abimael significé hallar «la
médulz misma de la ideologia que late en todas las acciones»””
ys en simulténeo, lo interné, en un viaje sin retorno, por la
senda de los libros mayores de Ja doctrina comunista. Acaso
por el amparo protector que hallé en su mentor, Abimael
Guzmin consideré las lecciones de Miguel Angel Rodriguez
54 Tappa a gto de ahs lec, sca a aad Leas
ari Bakekihd Natal on tun de cou one BL
tron Song Sdn Lamina eminent erie mi et de and Pe
Reporang ive 1990, pip 3
34 slnmemoram ie Angel Rogues Ris
37 Abmael Guan Reis, De puro sc p34
3
FnAamace
como ef pétreo cimiento sobre el cual habrfa de construir su
fantiles que ningéin padre le
habfa leido en la nitiez fueron sustituidos por la afectuosa cer-
fururo fanatismo. Los cuento:
cania de aquel maestro y guia que lo embazeé en la travesia por
las incivantes paginas de El Manifesto del partido Comunista
de Karl Marx y Friedrich Engels y otros textos fundamentales.
Pero el vinculo entre maestro y discipulo no se limits a los
intereses académicos también compartian alegres incursiones al
bar El Crillén Serrano que, en febrero de 1956, inauguraron
los esposos Segundo Quico Torres y Domitila Rivera en la calle
Pert 109, a pocas cuadras de la universidad San Agustin. En ese
local, el maestro Rodriguez y sus contertulios tenian al fondo
tun ambiente privado para sus celebraciones y este dato es la
primera mencién que existe respecto de una aficién por el licor
que Abimael Guzman cultivaria en los afios siguientes y hasta
su captura,
El profesor Rodriguez tuvo una larga vida, Fallecié en Lima a
Jos 92 affos un 13 de agosto de 2012 y sus longevos dias le per-
mitieron ver las acciones terroristas desplegadas por el alumno
que le habia dedicado su tesis de grado en filosofia con esta
fra
: «A mi maestro y dilecto amigo».
AL CONCLUIR sus EsTUDIOs, ApiMaEL GuzMAN REYNosO
encontré una plaza como amanuensc en el Estudio del abogado
Julio Gémez de la Torre, pero era apenas un trabajo alimentatio
porque su real aspiracion era dedicarse a la docencia universita-
tia. Traté de integrarse a los circulos académicos pero no tuvo
acogida porque vinculaba, de manera obsesiva, todo tema de
conversacién al marxismo y, ademds, carecta de formacién en
otras reas como la literatura o la historia. Guzmén consideré su
fallida integcacién como un rechazo de wos ambientes elitistas
2
Siewons vy rorasten©
de la intelectualidad arequipetia» y, en este punto, alguna razén
tenia, En una ciudad de catedréticos con produccién biblio-
grifica propia, intelectuales con intereses variados, abogados
ilustres, destacados politicos en el parlamento nacional, era muy
dificil que pudiese tener cabida un hombre cuya tinica obsesién
eran Stalin, Marx y Lenin,
En cambio, consiguié el apoyo de su maestro Rodrigues
Rivas que lo ubieé en el plantel de profesores de Ja Facultad
de Letras de la Universidad San Agustin y, segiin Guamén, st
interés politico lo llevé a participar en elas luchas en la Facultad
de Sociologia»; en realidad, fueron operativos de intriga para
incorporar a maestros con ideologia marxista dejando fuera a
profesores capaces con el perverso argumento de la depuracién
para mejorar la ensefianea, Al final, en el inicio del verano de
1962, Guzman perdié el empleo. «Yo estuve en la lucha, en ella
patticipé en la depuracién de algunos profesores para mejorar
la enseftanza, Participé en un congreso, triunfamos en nuestros
objetivos pero (...) me quedé fuera. A ralz de eso me presenté
para postular en Ayacucho»,
El diltimo dia de marzo de 1962, se despidié de su madre
adoptiva la sefiora Laura Jorquera, dejé la tinica casa donde lo
hhabian albergado con afecto y emprendié, una ver més, otro
viaje de desarraigo. En cuanto a la sefiora Jorquera, més allé
de alguna leyenda urbana, nadie sabe las reacciones que pudo
haber tenido cuando,
quel hijo postizo empez6 a ejercer su mortal oficio de terro-
tistas tampoco se sabe cual habré sido el sentimiento suyo el dia
leciocho afios después de su partida,
‘en que vio, en la televisi6n y en los diatios, al muchacho que
acogié para darle una mejor vida, convertido en un adulro con
‘38 ComisiGn de la Verdad, scsi del 28 de mayo de 2002, casete 75.
8
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