0% encontró este documento útil (0 votos)
227 vistas15 páginas

Giusti 2

Este documento describe las tertulias literarias y los escritores en Buenos Aires a principios del siglo XX. Menciona que había poca actividad editorial y que los autores tenían que pagar sus propias publicaciones. También describe la librería Moen y el papel que jugaba en dar visibilidad a los nuevos escritores.

Cargado por

Simón Altkorn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
227 vistas15 páginas

Giusti 2

Este documento describe las tertulias literarias y los escritores en Buenos Aires a principios del siglo XX. Menciona que había poca actividad editorial y que los autores tenían que pagar sus propias publicaciones. También describe la librería Moen y el papel que jugaba en dar visibilidad a los nuevos escritores.

Cargado por

Simón Altkorn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TERTULIAS LITERARIAS Y ESCRITORES PORTENOS

DE PRINCIPIOS DEL SIGLO

Allá entre el 80 y el 90, Miguel Cané decía humorísticamente


que publicar libro en Buenos Aires era hazaña parecida a
un
Co-
recitar un soneto de Petrarca en la rueda de la Bolsa de
años
mercio. Cuatro Iustros más tarde, cuando en los primeros
de este siglo, yo, recién entrado en las aulas universitarias, casi
actividad
adolescente, asomé la nariz en los círculos literarios, la
intelectual sin duda había crecido y hubiera sido excesivo repe
forma
tir la humorada de Cané; con todo, aunque disminuída en
inquietante en estos últimos años nuestra producción editorial,
ayer prodigiosa, nadie puede sospechar hoy la pacífica modorra
que reinaba en el principal hogar de la cultura argentina-la
a principios del siglo. Una persona
de
ciudad de Buenos Aires
recursos medianos podía adquirir, si lo deseaba,
todos los libros
los había. El autor
impresos en el país. Editores propiamente no
se pagaba la edición.

LA LIBRERÍA DE MOEN

Los libreros Moen, Arnoldo y Balder, de origen dinamarqués,


establecidos desde el año 1885 en la calle Florida, casi al llegar
de la farmacia Franco-
a Sarmiento, en lo que es hoy ensanche sin comprometer
Inglesa, autorizaban con su nombre prestigioso, tanto honor.
un centavo, las obras de los escritores que lograban
decía: "Moen me hace una vi-
Cuando un poetao un novelista envidiosa admiración
driera", lo contemplábamos con la misma
Con que hubiéramos mirado a quien nos dijese: "El emperador
"Estuve en una cacería con
Guillermo me invitó en su yate", o:

Eduardo VI". Hacer una vidriera significaba llenarla durante


una semana con los libros que llevaban al pie el nombre
de los
coronada la artística pila por el retrato del
supuestos editores,
92 RORERTO F. GIUSTi MOMENTos Y ASPECTOS DE LA
CULTURA ARGENTINA 93

feliz autor flanqueado por los recortes de algún sucito periodís- habia asomado desde fines de 1904, desde cuando, llevado de la
tico elogioso. Había grados en el honor. Aqulla cra la máxima ano de Alfredo Bianchi, que me fué después durante casi cua-
jerarquía. Inmediatamente por dcbajo estaba la muy apctccida renta años anigo inseparable y por más de un tercio de siglo
de merecer todo el
primer plano de la vidricra, y ya cra bastantc compañcro insustituible cn la dirección de Nosotros, me habia
favor conseguir de los hermanos Mocn, no sicndo cllos los cdi- deslizado en la tertulia que algunos escritores formaban de noche
tores responsabies, que exhibicran un libro en el café "La Brasilena", situado cn la calle Maipú, entre Can-
franceses que fomaban la habitual
agentino cntre los galloy Sarmiento. Alii trabé relación con Roberto Payró, Joa
El poeta novel que les había confiado
población de su vidricra.
uin de Vedia, Florencio Sánchez, Emilio Becher, Carlos de
para la venta dicz ejcm-
plares de su libro recién impreso, imploraba cse favor como una Soussens, Atilio Chiappori, Alberto Gerchunof, Ricardo Rojas,
gracia divina, y cuando lo descubría escondido allá cn cl fondo el escultor Arturo Dresco y algún otro. Bianchi me ilevaba cinco
entre una novela de Anatole France
y una revista de modas, años y participaba cn clla como comprovinciano y amigo de Emi-
su corazón desfallecía de gozo. lio Becher y Emilio Ortiz Grognet; yo lo seguí. Acercarme a esa
Escasa venta tenían los libros mesa y tener el honor de sentarme, callando y admirando, era
argcntinos. Si Lugones vendía el secreto orgullo que me infundía aliento para confiar en el por
en pocas semanas unos cuantos centenares de ejemplares, por
ejemplo, de Los crepúsculos del jardin o de La guerra gaucha, venir en la ciudad donde me sabía solo y desamparado.
la salida se
juzgaba considerable. El mayor éxito de librería que
yo recuerdo por aquellos años fué cl ROBERTO PAYRO
que tuvo en 1905 Stella, la
noble pero dulzona novela de César
artículo muy elogioso
Duáyen. La favoreció un Payró era el de más años, y cuando venía, el centro de la ter-
publicado en La Nación,
los pocos días un letrero adherido al cristal del y tanto, que
a
tulia. No publicaría El casamiento de Laucha, su breve novela
ciaba triunfalmente: "Agotada la escaparate anun- picaresca, llena de gracia e intención, hasta el año siguiente, y
primera edición de 1.000 solamente en 1911 conoceríamos su novela más sólida, las Diver-
ejemplares". Eso pareció fabuloso. En cambio, por regla general, tidas aventuras del nieto de Juan Moreira; pero ya era el autor
los diez
ejemplares del poeta novel no tentaban a un solo com- de La Australia Argentina, los Cuentos de Pago Chico y otros li
prador. Se aseguraba que hubo casos en que en la soledad pro- bros celebrados; tenía un nombre en el periodismo y ese mismo
picia del sótano tuvieron cria.
Florida, entonces una calle por donde daba gusto pasear, año Jerónimo Podestá había estrenado en el teatro de la Co-
minaba prácticamente en a angosta ter- media Sobre las ruinas, la primeraobra de nuestro tea-
de ideas
Corrientes.
del norte, empezaba la animación comercial social. Alli, viniendo tro, a cuya representación habíanse negado hasta entonces los
y Los hom- Cómicos criollos, doblegados al fin por el insistente reclamo de la
bres presenciaban el desfile femenino
de la confitería del Aguila o del hotel
apostados en las
puertas juvenil "élite" literaria
Helder, o del diario El
Tengo memoria poco segura de las fisonomías: a los hombres
Pais, o desde otros lugares estratégicos. Los eran para los escri-
tores las librerías,
principalmente la de Moen y la francesa de Es un interesantedocumento la encuesta celebrada alrededor de la
Espiasse, ésta a pocos metros de Rivadavia. La primera sobre mesa del banquete, en el primer aniversario
de ldeas, en la cual opina-
todo. Gozar del trato y amistad de los hermanos David Peña, Carlos Octavio Bunge, Antonio Monteavaro, Juan Pablo
todo del comunicativo Balder, era
libreros, sobre ron
reputado de muy buen tono chagüe, José Ingegnieros (quien todavia usaba la s en su apellido),
Fernández Salvador Oría, Abel Cháneton, Atilio M. Chiap-
literario. Yo sólo me sentí con Lorenzo Duque,
más tarde al avecinarse el
títulos a scr tolerado-allí años
pori, Julián Aguirre, Ricardo Rojas,
Alberto Gerchunoi, José Ojeda,
centenario de la Revolución, cuando Emilio Becher, Alfredo Arteaga, Osvaldo Saavedra, A. Novillo Linares,
dragoneaba en El Pais de crítico teatral y había hecho mis pri- Manuel Gálvez y el mismo Payró. Se publicó en el núm. 14 de Ideas,
meras armas literarias. Sin
embargo, al mundillo literario me de junio de 1904.
94 ROBERTO F. GIUSTi
MOMENTos Y ASPECTOS DE ILA CULTURA ARGENTINA 95

los recuerdo, más por sus gestos, diré, espirituales, que por su
año y mcdio después de publicada, me cscribió una larga carta
rostro. Veo a de cuerpo aplomado y fucrte, el cuello in-
Payró, de la cual transcribo la parte referente al problema que yo plan-
flado por ligera papada, algo ladeada la cabeza, los ojos azules, tcaba sin resolverlo:
globosos y movedizos y las manos nerviosas, dominando la re-
unión con su autoridad. de hombre que sin haber alcanzado los
"El hombre de presa -me escribía- es nuestro enemigo en
todos los campos y en todas las clases; el hombre de presa es el
cuarenta años, venía de más lejos que los demás. Era aquel a perturbador de la humanidad. Hay que combatirlo sin descanso.
quien los jóvenes ya consideran el maestro. Su corteza quizás Y el de es darlo a conocer,
mejor modo combatirlo pintándolo
era
algo áspera; pero escondía la savia cordial, que los amigos con pelos y sefñales. Pero el hombre de presa no es necesaria-
conocian. Procedía de más allá del 90 y había sido el mayor
amigo porteño de Rubén Darío. De éste se recordaba un juicio
mente
antipáticoni
repugnante, y muchas veces resulta más atra-
yente y simpático que los inofensivos y aun que los benefacto-
critico
las
sobre una novela suya, titulada Nosotros, publicada en
columnas de La Nación. Si bien no pasó de los primeros
res. También ciertos hongos ponzoñosos son más bonitos y ape
titosos que los comestibles y sólo se acaba de distinguirlos a fuerza
capítulos, prestaría su nombre significativo, años más tarde, a la de descripciones y dibujos iluminados". "No es, pues -resumía
revista que fundamos Bianchi y yo.
inclinación sino todo lo contrario
a Laucha, a Gómez
lo que me lleva a dedicarmne
En el grupo finisecular de Rubén, frecuentador asiduo de las Herrera, a Bohórquez y a tantos otros yaa
venidos o que vendrán, 'si Dios me empriesta la vida.' " 2
cervecerías de y de Monti y del Aue's Keller, se había
Luzio
bebido fuerte. Muy fuerte se bebía todavía en mi
juventud. El Concluída la guerra regresó al país, se estableció en Lomas
de Zamora y en esa ciudad murió en 1928. Todavía tuvo tiem-
whisky y el ajenjo eran baratos y de buena calidad, pero no por
eso menos
pérfidos. Muchos pagaron la desmedida afición con po de representar otras comedias y publicar varios libros y m u
la abulia, el fracaso y la misma
vida, sacrificada tempranamente chas crónicas, notas y apuntes, ese trabajador incansable que ha
al paraíso artificial alcohol. Cuando conocí a Payró, él se dejado una
la
vasta obra argentina, gran parte de ella, y acaso no
siempre más deleznable, sepultada sin
esperanzas de resu-
privaba de beber. Había sustituído el excitante por otro: el café, rrección en el osario anónimo del periodismo: drama espiritual
que consumía en repetidas tazas dobles. Algunos años más tarde
del creador falto de ambiente propicio, por él tan sentido que
partió para Europa. Allí concluyó las Divertidas aventuras, luego
regresó por breve tiempo, y en 1912 se radicó en Bélgica, espe lo hizo vivir a través de algunas figuras de ficción en el drama
El triunfo de los otros. Fué además un propulsor fervoroso de
rando encontrar un
pacífico refugio para su bella madurez de
escritor y sociólogo empírico y
agudo de la realidad argentina. nuestra cultura y un luchador por todas las causas justas. Antes
En Bruselas lo sorprendió la
guerra del 14. Nada supimos de
de conocerlo yo, había militado en las filas socialistas y tradu-
cido a Ferri y a Emilio Zola. Muchos han de tener presente
l durante la dura ocupación alemana.
Muerto? Encarce su generoso drama Marco Severi, alegato en favor de la reden-
lado? QComentando su silencio, en 1917 di sobre su obra una ción de un perseguido,
conferencia que publicó La Nación. Esa conferencia vino a pro0 estrenado con mucho éxito en 1905 y
repuesto en escena pocos años atrás, en el teatro Nacional de
porcionarme más tarde la clave de la afición de Payró retratar Comedia.
pícaros y aventureros de toda laya. Recordemos a los personajes
de Pago Chico, a Laucha, a Mauricio Gómez Herrera-el nieto BECHER VERSUS INGENIEROs
audaz de Juan Moreira, escalador de altas posiciones
políticas Incidentalmente me referí a la fundación de Nosotros. La re-
y diplomáticas, a los aventureros españoles que el escritor r e
trató en sus novelas históricas de la vista nació 1907 de la iniciativa de dos muchachos inexper-
en
conquista, soldados y frailes
que entraron en el Río de la Plata "como fieras en un corral de Puede leerse completa en mi libro Critica y Polémica, 2 serie,
ovejas"-me decía. Cuando conoció mi conferencia en págs. 33-35.
1919,
96
ROBERTo F. GIUsTI
MOMENTOs Y ASPECros DE LA CULTURA ARGENTINA 97

tos pero animosos, quienes tuvieron mås voluntad, más acicrto o nado al folletín, están presentes todas las cualidades del espíritu
más suerte que otros, pues supieron prolongar su existencia a la agudeza, la ironía, la
y el estilo de aquel gran malogrado:
través de varios decenios, duración no igualada hasta hoy en la paradoja, la
concIsión incisiva.
historia de las publicaciones literarias hispano-americanas; pero Acababa Ingenieros de publicar Los accidentes histéricos, salió
y su
se incubó al calor intelectual del saloncito de Emilio Becher en Becher
La Nación y allí fué bautizada. Sugirió el nombre Alberto Ger- fama de sabio se confirmaba y
crecía. Pues bien,
más deliberadamente anticien-
la inconclusa novela de al medio a decir: "Es el espíritu
chunoff, tomándolo,
según se creyó, de tífico de su generación. Para proseguir con esta magnífica pun
Payró que antes cité.
ta: "Es cierto que ha estudiado
la psiquiatría, pero la psiquiatria
redacciones, entonces menos burocráticamente organizadas
Las
no es u n a
ciencia género literario". Desenvolviendo esta
sino u n
y repartidas que las de los diarios actuales, abrían su sala común nueva disciplina: "Es el útimo
idea, agregaba, refiriéndose a la
a algunos tertulianos nocturnos, por supuesto casi todos periodis- bluff de la mistificación positivista... El único maestro v e r
tas y escritores. Becher tenía un cuartito de trabajo reservado, Dos-
dadero que haya tenido esta pseudociencia es u n literato,
donde era agradable de vez en cuando pasar una hora en ama- Lombroso ni Ferri han agregado nada a lo que
toiewski. Ni
ble comunicación espiritual, con derroche de ingenio y también extraordinario vi-
revelara sobre el alma de los criminales aquel
de mordacidad. Qué resonancias despierta hoy el nombre de
dente". Y encarándose de nuevo con Ingenieros declaraba
con
Emilio Becher? Probablemente ninguna. Nada más natural. Pa- "Yo no vacilaría en llamarle u n artista...
Sus
punzante malica:
r a aquellos que lo conocimos es u n nombre casi sagrado, que literaria...
libros son pequeñas novelas de tesis, de factura muy
no pronunciamos sin melancolía. la dis-
Ora relate el proceso de las obsesiones o los percances de
La primera vez que oí hablar de él fué en el mes de setiembre sabe ser u n diestro e ingenioso cuentista". Luego pasaba
nea,
de 1904, a propósito de un artículo muy comentado en los círcu-
al hombre, de quien decía que "su personalidad confina por
sus
los literarios. Se titulaba El médico imaginario y estaba endere- el catedrático y el pilluelo", en lo cual
con
extremos opuestos
zado con agridulce ironía contra José Ingenieros, a quien coro andaba Becher muy acertado, para rematarlo con esta
definición
maban entonces, en sus 27 años bien aprovechados, los laureles a su espíritu chancero y exhibicionista:
"Alci-
ingeniosa, alusiva
de la fama, por su afortunada obra La simulación de la locura.
No he podido ahorrarme la imagen gastada de los laureles coon
bíades excesivo, se complace en cortar hasta las colas de los pe-
rros ajenos". Había herido en carne viva. A Ingenieros, a quien
su tufillo entre clásico
y culinario, al recordar cómo lo represen- lo conocí
taba triunfante, ceñida de ellos la frente, un caricaturista de quise, estimé y admiré como a pocos amigos y maestros,
de
siempre deliberadamente desdeñoso de los ataques sus
con
aquella, época. trarios. Esta vez acusó la estocada.
Pepe Ingenieros, como sus intimos
siempre lo llamamos, preguntaba en u n artículo de igual
y exten-
Emilio Becher no congeniaban. Aunque amigos, a Becher Al día siguiente se
u n hombre de cienciao
mortificaba que Ingenieros, con su espíritu burlón, quisiera ha- sión titulado El otro Ingenieros: " Soy
conceder su inclinación
cerlo víctima de sus bromas, no siempre finas. Había también soy un literato jovial?", y después de
"a gozar al prójimo, a la chanza y al titeo, conforme al espíritu
una
oposición de temperamentos. Ingenieros era ruidoso, expan- *Creo poder afirmar
sivo, invasor; Becher, tímido, discreto, retraído; aquél, un medi- porteño, decía, manifiestamente dolorido:
hombre estudioso trabajador. Me juzgan-decla-
terráneo fecundo en ardides como Ulises, con
la sangre encen- que soy un y
colectivamente a todos los rostros burlones de
dida por el sol de Sicilia donde vió la luz o la vieron raba dirigiéndose
sus
padres; Becher
hombro de
y éste, un galo cortés, sensible y soñador, siempre distante y algo los
amigos que veía asomarse detrás del
con ustedes, la media hora
irreal, como envuelto en brumas, En ese, artículo de
Becher, por la media hora que comparto diez ustedes no ven, de
olvidado en una plana de Diario Nuevo, en el aestinada a descansar de las otras que
piso bajo, desti-
98 ROBSRTO i. GIUSTi
MOMENTos Y ASPBOTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 99
trabajo improbo, a solas o en compaiía de mis autores de
sulta". con- chas lo hiricron, disparadas del campo socialista; pero él siem-
del
su aprecio y su respeto hacia los fundadores
JOSE INGENIEROS pre mantuvo
término hacia Justo,
partido y companeros dc aycr, cn primer amistad.
con los mejorcs conservó u n a
inalterable
y
Esa frase ilumina los dos Era gencroso: de su tiempo é l que tanto lo necesitaba para
aspectos de la
nieros, para mí nada enigmática. No fué personalidad
de Inge tam-
e intelectuales,
un hombre sus trabajos, de sus auxilios profesionales
quiso serlo. Túvo una seriedad más intima, la que nace grave, no bién de su dinero. Para cualquier empresa idealista, podía con-
convicción con que abrazamos un ideal la fimeza de la
y tarse con él. Si hubiera sido rico, podemos figurárnoslo dándolo
y constancia
todo por la causa de la cultura libre. Y no fué rico precisamente
con que lo defendemos. En
un país donde la
seriedad del burro
todavía sigue siendo hoy un dinero a paladas "haciendo la
pasaporte que mucha gente no osa porque habiendo podido juntar
revisar ni sospechar de farsa" en su profesión, como solía él decir, prefirió al fatigoso
fraudulento, Ingenieros, hombre de cien-
cia, traducido,desde sus
primeros libros, a varios idiomas, profe- desfile de los neurasténicos y las histéricas, y al consiguiente lu-
escritor de reputación
sor, cro, aquellos menesteres que
dan u n sentido profundo a la vida
continental, fué
amigo de burlas. Estas han hecho sin duda noexpansivo, jovial,
dañio a su y salvan el espiritu.
A la empresa editorial que lo tuvo de an
poco de la cultura,
reputación. Y más fué amigo de ellas
reacción contra la mador, fundada con la colaboración de otro amigo Vaccaro
oquedad oronda, la necedad presuntuosa, porla farsa solemne. Pen- el hombre de negocios e inteligente publicista
Saverio
incontables
samos en Bernard Shaw. Era - m e refiero a La Cultura Argentina consagró
artificios, Ingenieros un hombre llano, sin horas de trabajo y desvelos. A su consultorio
no le pidió sino
a
quien le chispeaba en el alma la alegría solar del mnedida
que pasaban
lo necesario para vivir decorosamente, y
a
mar de Sicilia de donde
procedía su estirpe. Fecundo en ardides cada En ese sótano de la calle Viamonte,
como
Ulises, no era, sin embargo, doble. Más lo caracterizaba
los años vez menos.
no se le visitaba por
la
la franqueza audaz
que la prudencia. Buen hijo, buen siempre iluminado con luz artificial,
buen padre, fué también buen esposo, tarde sin encontrarlo doblado sobre las pruebas de imprenta de los
el menor asomo de amigo. Nunca descubrí en él libros de La Cultura Argentina o de la Revista de Filosofia.
envidia. Sentíase atraído hacia los la luz del sol. Su distracción más
que para él encerraban las jóvenes, Acabó por no conocer casi
promesas del futuro. No temía la del talento y del
frecuente era, ya en la plenitud de la vida,
emulación; los alentaba, los sostenía, les abría paso, y no les con unos cuantos amigos,
o asistir a
elogios. Las disidencias ideológicas,pedía
la reciprocidad de los renombre, sentarse a cenar
las las comidas mensuales y
extraordinarias de Nosotros, donde
divergencias personales, la misma injusticia e hacía derroche de travesuras. Luego,
si el tiempo lo permitía,
le hicieron
renegar una
ingratitud,
antigua amistad. Podría citar varios
nunca
caminatas con los habituales compañeros
sos. Básteme hoy recordar el de ca- gustaba de las largas e n el género no aburrido,
en las
publicaciones Lugones. Jamás permitió que amenos e ingeniosos, escogidos por
él
chistes y discusiones, que
que él dirigió o inspiró se le atacara desde distracción peripatética florecida de
cuando el poeta se
listas y belicistas
entregó a la predicación de las ideas naciona- concluía en la puerta de su casa. Recuerdo el tiempo en que
que Ingenieros y su grupo ideas argentinas. Vivía entonces e n
escribía la Evolución de las
gones-decía- ha sido mi amigo y yo no puedo repudiaban. "Lu- Hernández. Más de u n a vez, en pri-
se hable mal de
él en permitir que Belgrano, en la calle José allí a las doce de la noche
litado de joven en laspublicaciones mías". lo hemos dejado
filas del socialismo, Después
de haber mi- m a v e r a o en verano,
Qué lo esperaba después de haber
ellas si no enteramente de habíase apartado de o a la u n a de la madrugada.
consultorio en u n a fatigosa jornada de
tra-
en la edad
sus
ideales, a los que volvió decidido empalidecido en su horas de
madura, reconquistado por las inmensas esperanzas bajo cuyo único descanso
habían sido esas pocas vagan-
que hizo concebir la Revolución tampoco ha de creerse que
Rusa. Ahora bien, muchas fle- cia y jovialidad muchachiles, que
100 ROBERTO Ë. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA
ARGENTINA 101

se repitieran todos los días, pues generalmente se sentaba


el vicio de leer y escribir...
a es.
cribir las dicz de la nocher No la cama apetecible. Una
a costcarme durante la noche
mesa para
salud; no conozco
baja-más bien una tabla tendida a lo largo de la estantcria Mi fecundidad es el resultado de mi óptima Personas c o
ni cl mal humor. .
de la biblioteca, un montón de cuartillas en blanco, un el desgano, cl ocio, la fatiga
.

lápiz. dicen admirar mi talento; las más de


ellas podrían
los libros y papeles de consulta, una lata de
membrillo, un pan nozco quc
con sólo poseer mi prodigiosa salud fisica
una jarra de agua o de lechc, porque
Ingenieros fué abstemio o hacer lo quc yo hago, de
mental, mis hábitos de trabajo, nunca interrumpidos
poco menos, y largas horas, más de cuantas había pasado con y y
Si esa 'máquina aguanta
diez o
años a esta parte.
nosotros, de estudio, meditación y escritura. Cuando en el jardi vcinte . .

me he
años más, podré cumplir programa que ya
un
nillo comenzaban a gorjcar los pájaros, se acostaba. Había con- quince felicidad me rodea
que
cluído su labor del día, y así todos los de la semana. En lo trazado. Me ayuda a creerlo la completa consiste actual-
distracción más agradable
he descrito no había ningún fingido apresto. Ahí están sus que en el hogar,
donde mi
cambiarle los pañales a nuestra
mu-
chos libros para testimoniar la obra ingente llevada a cabo mente en ayudar a mi esposa a a Aristóteles y
por nena; pongo en
ello tanto interés como en leer
ese incansable trabajador que falleció a los 47 años.
De paso cité los avíos con que entretenía las horas de a Kant"
tra- ello no contiene secreto
Y por último: "Como se ve, y aunque
bajo insomne restaurándose con algún bocado. Son la expresión hombre sano, bueno y trabajador.
El único in-
de su sobriedad. Hombre de excelente salud alguno, soy un aún
porque la sinusitis consiste en que paso meses, y
conveniente de mis hábitos
que lo derribó fué un deplorable accidente, sin duda evitable día ni ver el sol. Esta
vida nocturna puede
de no haber él descuidado más años, sin salir de se la aconsejo; pero
tiempo que el aconsejado los vulnerar la salud; lo comprendo y
a nadie
auxilios de la medicina, comía para vivir, no comía necesite ejercer mi profesión para
para darle no podré variarla mientras sacrificio".
gusto al cuerpo. Solía elegir los platos simples y sustanciosos y vivir. El lujo de estudiar y
escribir me cuesta este
Era
desdeñaba las exquisiteces culinarias. Asi, el Mefistófeles de "La Syringa".
igualmente honrada, Este era, en el fondo,
Payró desde París:
era su
personalidad intelectual. Su mismo estilo, algo retórico el mismo que diez años
antes le escribía a
en ciertos Es una compensa-
trabajos literarios juveniles, fué adquiriendo la rotunda "Algunas veces lloro sin que
nadie me vea.
pulidez de lo exclusivamente necesario. Mucho de eso hay en ción por haber reído mucho".
Las fuerzas morales, su libro con esta
póstumo. El examen de la correc- se trazó pudo cumplirla
ción de sus manuscritos de la edad Gran parte del programa que vasta obra cuyo
aná-
madura, y de las pruebas de continuada. El fruto fué la
labor intensa y
imprenta en que procuraba condensar su pensamiento, dándole el recuerdos. Tenía el justo orgullo
lisis no cabe cn los presentes vanidad. Desdeñó
mayor resalte con el menor número de palabras, y rehaciendo de estaba lejos de él la pueril
continuo sus libros, constituiría una buena lección de de esa obra; pero ostentosos. No temió empe-
estilística títulos y honores; no procuró cargos y de-
práctica. Las "Advertencias del autor" antepuestas al primer en ésta no pidió jefaturas
libro de la Evolución de las ideas ñarse en la batalla política; pero
confundir y desba-
argentinas, es satisfacción de descubrir,
ejemplo
lúcida, precisa, enérgica, contundente, cargada
de
prosa coraciones y sí la
las fuerzas regresivas,
de intención. ratar al enemigo.
Lo fueron para éé todas Las per-
Otro ejemplo la autoridad despótica.
do Estudiantil
es su
"Autorretrato", publicado en la revista Mun-
la intolerancia, el fanatismo, desandándola hasta los
en 1915 y reproducido el número de Nosotros la historia argentina,
siguió a través de combatió sin descanso en sus reductos polí-
en
compuesto en su
homenaje
cuando murió. Con eticacia
días coloniales; las
briedad dice en una sola
y so-
emboscadas filosóficas.
La parte pragmática de
recuerdo. Quiero entresacar de él
página
cuanto yo he desleido en este ticos y en sus himno a la juventud.
moralista es un
unas pocas frases: "No soy su obra de sociólogo y sonreírse; creía
inspirado sino un estudioso... El trabajo del cual luego ha sido ley
un
intelectual es mi Creía en el progreso, para la patria y
lujo. Necesito consagrar las tardes al más hermoso que el presente
ejercicio de mi profesión en un porvenir
102 ROBERTO F. GIUSTI Y ASPECTos DE LA CULTURA ARGENTINA 103
MOMENTOS

para la humanidad entera. Positivista en el campo filosófico salto de mata en redacciones ocasionales y
miserables? Fué la
a
cientifico, en la acción era un idealista romántico. Tenía fe vida noctámbula y bohemia? No, porque
cuando llegó a La Na-
los apostolados
y creo que no se engañaba. Algunas de las aún todos los resortes quebra-
ción en 1906, su voluntad no tenía
en

admoniciones más nobles y más dignas de ser escuchadas y con dos. Fué un drama espiritual
más profundo. Contempló lúcida-
vertidas en doctrina de acción por las nuevas generaciones ame- mente la vanidad
de cuanto el hombre crea, espera y ambiciona,
ricanas, pueden leerse en sus libros de moralista. Mantengo esta verdaderamente sincero en su desengaño, no
escéptico radical,
convicción, ya expresada en una semblanza anterior, de 1945. hizo de éste literatura, pues hacerla es ya una forma de apego
que la presenté completa con rasgos más íntimos. al mundo y a sus ilusiones, sino que, un día, rompió la pluma
No fué una quiebra brusca, catastrófica, sino un
decididamente.
íntima.
EMILIO BECHER declinar doloroso y lento, no sin lucha
de estada Buenos Aires, mientras
En los primeros años su en
Pero dejé en el camino a Emilio Becher. Qué no de basura de las noti-
hurgaba para u n diario inglés en cajón escribía en periodiqui-
habríia el
hecho Becher con su extraordinario talento, si hubiese
voluntad de Ingenieros? Cómo pudo ser que un poseído la u s o palabras suyas-,o
cias municipales soñando
espíritu de aventura, había alentado aspiraciones muy altas,
noblemente dotado, en el cual, equilibrio, ingenio, mesura, tan
nes

pers- escribir obras profundas y revolvedoras.


picacia, imaginación, con innumerables caminos abiertos delante Ortiz
1903 comunicaba a su amigo
Era ávido de lecturas. En
de sí, rodeado del afecto y la admiración de cuantos tenían "Lo siento-de-
la por sexta vez el "Quijote".
Grognet haber leído extraordinario
dicha de acercársele, se hundiera voluntariamente en la anormal. Veo el drama en
bruma cía- de un modo y
más
pegajosa del fracaso, hasta ambicionar una sola cosa: la muerte más secretos motivos, los
todos sus detalles, adivino los de la realidad,
y el olvido? él para olvidarme
imperceptibles... Me hundo en la
Cuando ensayo sobre
su
generación ya lo consideraba
el primero, se escon
que esestúpida y cruel".
Pensaba escribir un

Ricardo Rojas lo anonadó leyéndole


uno
dió en la
penumbra, se replegó sobre sí mismo en una renuncia obra cervantina, cuando dolía-.
desdeñosa al mundo y al éxito, y se dejó morir vuelto a casa abatido - s e
lentamente, mi- de Paul de Saint Victor. "He
rando pasar los hombres y sucederse las cosas con una descubrir, encontrar algo debajo
fina iQué difícil es inventar, crear, no idea que
cansada sonrisa de filósofo, con el solo consuelo de los
del sol! No hay palabra que
haya sido dicha, ni
paraísos
artificiales que-ya lo dije-- en aquellos días muchos buscaban ni comparación que no haya
sido imagi
n o haya sido pensada,
en el fondo de la raíces de su escep-
de las
copa. Su cultura literaria, de raíz francesa, nada." En esta frase ya se percibe una

legó a ser no menos exquisita que vasta. Su espíritu era traba- ticismo y renunciamiento posteriores.
jado además por inquietudes filosóficas y religiosas que le hicieron tratarlo en su cuartito
de La Nación y e n
Cuando empecé a no se había
anu-
ahondar en la experiencia mística "La Brasileña", a u n
y que acaso no fueron ajenas las tertulias literarias de ya estaba
a
aquel renunciamiento temprano. "Emilio Becher es una cosa autoridad de crítico y ensayista
lado e n t e r a m e n t e . Su en la revista Ideas,
demasiado grande y demasiado asentada sobre las bellas páginas
que publicara
pura para ser expresado con pa- escribiendo de letras
fran-
labras" --me decía Ricardo Ricardo Olivera,
Rojas poco años atrás. de Manuel Gálvez y
en los
densos artículos dados a
Aunque porteño, su mente y su corazón se formaron en el cesas, y había
de robustecerse
en nuestra
colegio nacional de Rosario, donde concluyó sus estudios en 1898, el "Stylo". Nadie,
seudónimo de
La Nación bajo nadie ha mos-
a los dieciséis
años. análisis más agudos y originales;
tierra, ha hecho
disociar las ideas y
examinarlas bajo
:Quién lo perdió en Buenos Aires? Fué el era de es-
periodismo,
hecho trado más capacidad para
Lo mismo que su cultura,
su espíritu
todas las luces. acaso
Figura en Siglos,
1946. escuelas, autores, Editorial Problemas, Buenos Aires, gracia, levedad, lucidez y penetración,
tirpe francesa, cuya
104 ROBERTO F. GIUSTI
MOMENTOs Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA
105

heredara padre, culto pianista. En Renan y en Anatole


del
ce,perfeccionó su don innato de expresar armoniosamenteFran. de
Filosofía y Letras publicó en 1938 sus mejores páginas, enca
modos sencillos y amables, las ideas más con
sutiles. Tan limpia era
nor cl Diálogo de las sombras, el más fiel homenaje
su
prosa como su perfil aristocrático, de rasgos rendir Becher al maestro Anatole France. Quien lea
Bec
podia
En Flaubert se confirmó en el purísimos. eque ibro, desgraciadamente fuera de circulación por su origen
aborrecimiento de toda
ridad. En Rémy de Gourmont y en sus vulga- niversitario, sabrá qué valor excepcional perdió la crítica de li-
gina aquella generación devoraba todas las
que
Epilogues,
deliciosa pá- hros e ideas con esa muerte temprana. Lectores exigentisimos
Mercure de France, se adiestró en el arte quincenas en el de gusto afinado me han confesado su gozoso descubrimiento
cir el sentir vulgar glorioso de
de la gente, descubriéndoles contrade de un escritor de verdad. que no quiso ser nada, el que se
El
a las cosas
pectos inéditos. Era muy sensible a la necedad. as declaró muerto antes de corporalmente, queda incorpo-
morir

contra ella de dos maneras diferentes: Reaccionaba rado a la literatura argentina del novecientos al lado de sus
el arrebato; irritándose a veces hasta valores más indiscutibles. Ninguno de nuestros ensayistas ha
paladeándola
otras como ambrosía,
de la infinita imbecilidad cuando
tise" era la "sot- colección de artiículos como los veinte que firmó
quintaesencia
cazador insomne de estupideces de oradores humana. Era un
escrito
Stylo"
una
durante el año 1906, de expresión tan diáfana y ceñida
e hinchados. y escritores bárbaros ondulante. No se encontrará cosa que le supere
al pensamiento
en la celebrada labor de los mejo-
Su aversión a lo por su agudeza y originalidad
vulgar fué ciertamente el del 80: Lucio López, Cané, Wilde, García Mérou.
que le impidió concluir sus estudios de derecho. principal motivo res ensayistas
discontinua de ocho meses.
tura de ciertos
La oronda cha- Y ésa fué nada más que la tarea
juristas y catedráticos lo afligía como una Después vino el silencio, cada
vez más espeso, roto por alguna
cia nacional. En 1905 le escribía a desgra- sin firma. Al propio Diálogo de
su amigo, hablándole
de rara publicación, generalmente
Félix Outes, más tarde de La Isla de los
rasgo honorable y es haber
prestigioso arqueólogo: "Le conozco un las sombTas, publicado a raz de la aparición
le estamparon la firma
taria" interrumpidosu carrera universi- Pingüinos, cuenta Rojas que los amigosRenunciando a escribir, se re-
al pie, traicionando su voluntad. del diario.
Poseía de atender el archivo
un
ingenio vivacísimo, afilado en la esgrima de las salas
de redacción y en los corrillos
fugió en la tarea burocrática de redactar la lista de la
literarios. A. nadie he conocido Con displicente ironía se enorgullecía
más diestro en
jugar con las ideas. Y con los vocablos, si bien correspondencia retenida.
alma las llamas
tenía en menos la habilidad verbal reavivó en su
del retruécano, que
gastaba primera guerra mundial
Sólo la arancán-
como moneda chica en las sacándolo de su apatía y
tertulias y en la correspondencia extinguidas del antiguo fervor, de la causa que
familiar. Encerrado en su vibrantes en favor
vencido por el alcohol, desencanto, paralizado por su abulia, dole páginas indignadas y militar. Como
angustiado por terribles accesos de neu- los aliados y en contra del despotismo
sOstenían otro atormentado genial,
aun-
rastenia, una tarde de febrero de 1921 lo encontraron en el caso de Florencio Sánchez,
la pieza del sanatorio en muerto en
el cual había ido a buscar alivio a ciertamente inferior a la de Emilio
dolencias fisicas y morales. Murió del sus que de calidad espiritual culpa tuvieron de su aciaga
corazón. Tenía 38 años. Becher, los contemporáneos ninguna
víctimas de sí mismos.
Sus amigos guardábamos a su memoria una. admiración suerte. Uno y otro fueron las
ningún "pero" empañaba. Sin embargo, como que
al acaso de sus lo habíamos leído
publicaciones intermitentes, dispersas en los po- EL CAFÉ DE LOS INMORTALES
riódicos, nos
preguntábamos en secreto si lo que él escribió
dría dar la medida de su po el vigoroso dramaturgo de
talento a los que no lo conocieron Ya he citado a Florencio Sánchez, conocido por pri-
cerca. Hoy ya no temo esta posible desilusión. de Los muertos y Barranca abajo.
Creo haberlo
también el
de Ricardo Bajo la dirección
Rojas y prologadas bellamente por él, la Facultad Brasileña. Pero él
frecuentaba
mera vez e n La
106 ROBERTO F. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 107

café de Los Inmortales (antes Brasil) en la calle Corrientes, de noche, las


tre Suipacha y Carlos Pellegrini (todavía llamada
en.
Tres tipos dc clientes ocupaban, particularmente
entonces de casi todos en cierne;
sillas del café de L0s Inmortales: escrítores,Acabo
las Artes), inmediato al teatro
Nacional. Eclécticos, Bianchi y teatrales, y anarquistas. de recordar a
yo, éramos equitativamente parroquianos tanto de La 2utores y actores
como de Los Inmortales. En este último se Brasileña algunos de ellos
sin pretender recorrer la larguísima lista de Mar-
noches
improvisaba todas las tinez Cuitiño, quien incluye tuvehasta a los que pasaban por la ve-
una peña, o un
archipiélago de
pequeñitas peñas,
cuyas a los que más cerca, no todos tipos puros,
empresas literarias quizás ha exagerado la leyenda. reda de enfrente; se los
eran híbridos de escritor y anarquista, y
En el correr de pocos años, cuando se nues algunos
dispersó la tertulia
La Brasileña, nuestro campo de operaciones se concentró en de
reconocía por la pelambre.
Los
Inmortales, ante la mesa arrendada una noche entera mediante HORACIO QUIROGA Y ALFONSINA STORNI
el pago de unos cuantos cafés a diez centavos DOS SUICIDAS:
por barba, las
veces que no se hacía
responsable de la mesa el menos pobre, el hacía Los Inmortales el gran cuentista
más generoso o el más inocente. Sánchez caía Apariciones fugaces en
comenzaba a ser apreciado
ahí casipor todas Horacio Quiroga, cuyo arte original
las noches. También Antonio desgalicha-
Monteavaro, talentoso escritor fuera de los círculos estrictamente literarios; magro y menos r a r o
pronto envilecido por el alcohol; Enrique Banchs, revelado por do, con algo de
mefistofélico en su barbita, n o era
Las Barcas, en 1907: Evaristo fuera, c o m o escapado de u n o de
los cuentos
Carriego, el reputado.cuentista por dentro que por de la selva
uruguayo Javier de Viana, José Pardo, el buen "Pardito". aventuras de sus extraños
que n a r r a las
solitarios
gran en
aunque sin fre-
amigo de Ingenieros y veterano de la tertulia de Rubén Darío; misionera. Más tarde fuimos bastante amigos,
Juan Mas y Pi, crítico muy querido, de origen catalán, fallecido cuentarmos mucho.
trágicamente en 1916, regresando de Europa, en el naufragio del Recuerdo que días antes de ocurrido muchos años
su suicidio,
Principe de Asturias; Vicente Martínez Cuitiño, el hoy prestigioso en el v e r a n o
de 1937, lo e n -
dramaturgo, por esos días autor primerizo de un libro de versos después de los tiempos que evoco, Viamonte. Con su dalabra
resonantes, Rapsodias paganas; José González contré en la esquina de Florida y
internado en el hospital
cía sus
Castillo, que ha- atrodellada y seca me contó que
se había
primeros pasos en el teatro; cl periodista Edmundo Cal de Clinicas y debía operarse.
cagno, entonces barbado anarquista, luego cónsul en Barcelona y formado la resolución de
más tarde secretario de sé si ya había
ese momento
prensa en la presidencia del general Jus- No en
la operacióón, sabiéndose
condenado por
to; otro anarquista, el uruguayo Angel Falco, perfecta estampa matarse; pero no aguardó c a m a . Había bebido u n a
del bardo romántico un cáncer. Fué
encontrado yerto e n su
y tribunicio, de negra melena, hirsutos mos- suicidio el 24 de
motivo arrastró al
tachos y chambergo solución de cianuro. Igual Alfonsina Storni.
mosqueteril; y muchos más, bohemios y es- octubre del año siguiente a
su buena amiga
critores-Soiza Reilly, Alejandro Sux, Alberto Tena, Domingo Posiblemente la decisión de Quiroga,
y la de Lugones, también
Robatto, Raymundo Manigot- de más fueron extra-
vinculados con nuestro grupo habitual. fugaz aparición mismo año de 1938, no
o menos
suicida, en febrero de ese Cuando Quiroga murió,
ella
de la poetisa.
Vicente Martínez Cuitiño, que fué uno de los asiduos tertu- ñas al paso
extremo
publicamos e n
resolución en u n a poesía que
lianos, le ha dedicado un libro ameno y cordial, en el cual aplaudió la trágica
nan la rica memoria
y la férvida fantasía.
alter- Nosotros. Recordaré algunos de sus
versos:

No he de contender
con Martínez Cuitiño, con quien mantengo una inalterable la feria...
afectuosa amistad de casi cincuenta años, a pesar de alguna
y un rayo a tiempo y se acabó
antigua polémica, sobre la verdad de cada uno de los episodios Allá dirán
y anécdotas que relata. Yo
digo mi humilde y limitada verdad.
106 ROBERT F. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 107

café de Los Inmortales (antes Brasil) en la calle


tre Suipacha y Carlos
Corrientes, en. tipos dc clientes ocupaban, particularmente de noche, las
Pellegrini (todavia llamada entonces de Tres
de Los Inmortales: escritores, casi todos en cierme;
las Artes), inmediato al teatro Nacional. sillas del café
Eclécticos, Bianchi v
vo, éramos equitativamente parroquianos tanto de anarquistas. Acabo de recordar a
La autores y actores teatralcs, y
como de Los Inmortales. En este último Brasileña algunos de ellos sin pretender
recorrer la larguísima lista de Mar
se
improvisaba todas 1las hasta los que pasaban por la ve
noches una peña, o un archipiélago de
pequeñitas tinez Cuitiño, quien incluye a

empresas literarias quizás ha exagerado la leyenda.


peñas, cuyas reda de enfrente; a
los que tuve más cerca, no todos tipos puros,
En el correr de pocos años, cuando se pues algunos
eran hibridos de escritor y anarquista, y se los
dispersó la tertulia de
La Brasileña, nuestro campo de operaciones se reconocía por la pelambre.
concentró en Los
Inmortales, ante la mesa arrendada una noche entera mediante HORACIO QUIROGA Y ALFONSINA STORNI
el pago de unos cuantos cafés a diez centavos DOS SUICIDAS:
por barba, las
veces que no se hacía
responsable de la mesa el menos pobre, el Los Inmortales el gran cuentista
más generoso o el más inocente. Apariciones fugaces hacía en apreciado
Sánchez caía por ahí casi todas Horacio Quiroga, cuyo arte original
comenzaba a ser
las noches. También Antonio Monteavaro, talentoso escritor estrictamente literarios ; magro y desgalicha-
fuera de los círculos
pronto envilecido por el alcohol; Enrique Banchs, revelado por algode mefistofélico e n su barbita, no
era menos raro

Las Barcas, en 1907; Evaristo do, con


de uno de los cuentos
Carriego, el reputado cuentista por dentro que por
fuera, c o m o escapado
selva
uruguayo Javier de Viana, José Pardo, el buen "Pardito". de sus extraños solitarios de la
e n que n a r r a las
aventuras
gran sin fre
amigo de Ingenieros y veterano de la tertulia de Rubén Darío; misionera. Más tarde fuimos bastante amigos, aunque
Juan Mas y Pi, crítico muy querido, de origen catalán, fallecido cuentarnos mucho.
trágicamente en 1916, regresando de Europa, en el naufragio del Recuerdo que días antes de su suicidio,
ocurrido muchos años
Príncipe de Asturias; Vicente Martínez Cuitiño, el hoy prestigioso evoco, en el
v e r a n o de 1937, lo
en-

dramaturgo, por esos días autor primerizo de un libro de versos después de los tiempos que Viamonte. Con su dalabra
Florida y
contré e n la esquina de internado en el hospital
resonantes, Rapsodias paganas; José González Castillo, que ha- contó que se había
cia sus
primeros pasos en el teatro; el periodista Edmundo Cal
atropellada y seca m e
de Clínicas y debía operarse.
cagno, entonces barbado anarquista, luego cónsul en Barcelona y formado la resolución de
más tarde secretario de No sé si en ese ya había
momento
prensa en la presidencia del general Jus- sabiéndose condenado por
n o aguardó la operación,
to otro anarquista, el uruguayo Angel Falco, perfecta estampa matarse; pero encontrado
yerto en su
cama. Había bebido u n a
del bardo romántico Fué
al suicidio el 24 de
y tribunicio, de negra melena, hirsutos mos- un cáncer.
tachos y chambergo mosqueteril; y muchos más, bohemios es solución de cianuro. Igual motivo arrastróamiga Alfonsina
Storni.
su buena
critores-Soiza Reilly, Alejandro Sux, Alberto Tena, Domingo y Octubre del año siguientede Quiroga, y la de Lugones, también
a

decisión
Robatto, Raymundo Manigot- de más fugaz aparición o menos Posiblemente la año de 1938, no
fueron extra-
ese mismo
vinculados con nuestro grupo habitual. e n febrero de ella
suicida, Cuando Quiroga murió,
Vicente Martínez al paso extremo
de la poetisa. publicamos e n
Cuitiño, que fué uno de los asiduos tert ñas resolución en u n a poesía que
ianos, le ha dedicado un libro ameno y aplaudió la trágica
nan la rica cordial, en el cual alter
memoria y la férvida fantasía. No he de Nosotros. Recordaré algunos de sus versos:

con Martínez Cuitiño, con quien contender


una inalterable y acabó la feria. .
afectuosa amistad de casi cincuentamantengo
.

se
. .un rayo a tiempo y
años, a pesar de alguna
antigua polémica, sobre la verdad de cada uno de los
Allá dirán
y anécdotas que relata.
Yo digo mi humilde episodios
y limitada verdad.
108 ROBERTO F. GIUSTI Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 109
MOMENTos

Bien por tu 1910 nuevo libro. Yo, secretario de redac-


como
mano firme, gran Horacio... Olivera en un
Alá dirán. de Nosotros, había tenido algún trato
ción de El Pais, y director
tarde recibí una carta en que
Dersonal y literario con el. Una
Unos minutos menos...
quién ocupara de su libro. Al día siguiente se mató en
te acusa? me pedía me
Ald dirán. del Sur donde Vivia, me parece que Adrogué. Toda-
un pueblo
Más pudre el miedo,
Horacio, que la muerte me pregunto
Si cuando el me escribió, cediendo a la vanidad
vía detrás de la
Que a las espaldas va. resuelto
a tranquear la puerta
literaria, estaba ya
cual cuentan muy poco
los juicios de los periodistas anónimos,
Cuando le llegó la hora, ella no tuvo aun de los críticos ilustres.
menor firmeza. El acto y
tremendo fué serenamente
meditado,
Queda el testimonio de ello en la heroicamente arrostrado.
crita a modo de testamento antes admirable poesía que dejó es-
FLORENCIO SÁNCHEZ
de arrojarse a las
aue tituló sin
que le temblara el pulso: Voy a
olas, aquella de la memoria en la
dormir... Arrastrado por los disparos imprevistos
he dejado llevar hasta el ayer in-
LOS SUIcIDIOS DE carrera de las evocaciones, me
Florencio Sánchez.
ESCRITORES mediato. Regreso, desandando el camino, a
años, en el cual
treinta y tres
Todo suicidio hace cavilar Un libro entero le dediqué hac
sobre los motivos referí todas las noticias dispersas que
pacientemente pude reco-
las circunstancias
aparentes, profundos, no
lo han producido. Los de los lenta agonía, en Mi-
que y su penosa y
escritores que nombré han sido
atribuídos a culpas del ambiente, ger sobre su vida vagabunda, Ese libro es el único fundamento de
a la soledad
y el desamparo en lán, donde falleció e n 1910. después se han escrito,
artista viven en la que-dicen- el literato y el las demás biografías del dramaturgo que la simple
de exageración. Argentina. A mi juicio hay en ello un
poco en
el país y en el extranjero; puedo
decirlo porque es
él largamente
a hablar de
En París verdad. Me sentiría, pues, tentado a encerrar la
llegóse escribir por Francis de Miomandre, eviden-
a
pero la naturaleza de
estas evocaciones
m e obliga
temente muy mal
Debí explicarle en informado, que Lugones se suicidó de hambre. carillas.
memoria del amigo en pocas italiano, que
la revista Nosotros su caricaturista e ilustrador
y que, como funcionario profunda equivocación E nz Sacchetti, el gran
varios años antes de 1910,
personalidad dc
tenía el cómodo público y escritor, Lugones, sin ser rico, paso en Buenos Aires florentino del Renaci-
pasar de un burgués. Nadie ha e n la que
revivía el
blecer todavía la causa cierta podido esta- capacidad múltiple,
de las mesas que tormábamos
que llevó al fuerte escritor a qui- niento, c o m o
contertulio frecuente
varias veces
sobre
tarse la vida, él también por medio del cianuro. Unos e n el sótano del Royal Keller, trazó en ellas

hartazgo de la dijeron:
existencia; otros adujeron razones sentimentales. fuertes rasgos de lápiz azul,
la caricatura de Floren-
Todas he donado al
Cartones, destrucción se la
a
conjeturas. Me inclino a
suponer una neurastenia en salvé de la de
una fuerte
depresión física se cruzó con disgustos morales que C1o una de las que
Nacional de Investigaciones
y
Archivos Literarios
de
indole diversa. Más fáciles de explicar son los suicidios de Ho- nstituto la lámina
LXl del nú-
reproducida en revista de dicho
racio Quiroga y Alfonsina ontevideo y aparece de la notable
Storni. 1° (Diciembre de 1949) que yo
trace

Estos mero ilustración del


retrato
casos
trágicos la memoria otro de los tiem-
me traen a
statuto. La juzgo
la mejor encorvado, de
cara

pos lejanos que libro: alto, flaco,


estoy evocando: el suicidio de Carlos Olivera, comediógrafo e n mi
los ojos saltones y
encapotados,
ensayista muy distinguido de la generación que ansa y algo
aindiada a la que aire
larga daban cierto más.
mia, políitico, autor del primer proyecto precedió a la la mandíbula
inferior caído y nada
bueno, y
cutido en 1902 en la de ley de divorcio dis abio muchachón
Cámara de Diputados. Había vulgar de un
e Dobería, el aire
publicado
110 RORERTO r. GIUST MOMENTOs F ASPRcTo8 DE LA CULrURA ARGENTINA
111

Cuando cstaba en vena de hablar, sobre todo si contaba los argu.


pático, disc retamente ilustrado, inteligente, cuyo talento supieron
mentos de sus obras pcnsadas, lo hacía con confusa abundancia, apreciar y honrar sus contemporáneos. Era un inadaptado y
animando su verba con un continuo mover de los largos brazos un desorde nado, es verdad. Estaha enfermo. Ei teatro nacional
desgarbados. remuncraba mal entonces a los autores. Esto no
Lo más simpático de su fisonomía cra la risa cfusiva derramada incipicnte muy
podernos reprochárselo a sus contemporáneos. Tarmpoco la pos
cn ella, aun cn sus ojos obscuros y domidos, una risa tras
toda asomaba tcridad ha sido injusta con él.
la cual una punta dc mclancólica burla. Era una risa

leal ligeramente atenuada por la cautcla dc quicn como él había EL ALMORZÁCULO


coido mucho la vida y conocido bastantc a los hombres ysu
frecucnte necedad. Algunos amigos, cntre cllos Antonio Mon-
Por esa é poca, los domingos, en el popuiar restaurante Ferrari,
tcavaroyJoaquin de Vedia, lo han pintado un poco cgoista,
situado en la esquina de Sarmiento y Uruguay, empezó a tenderse
más
propenso buscar cl afecto de los demás que a cntregar el
a una larga mesa en torno de la cual nos sentábamos
a aimortar
propio. Si
es cierto quc con su vida desordenada de bohemio u n grupo de colaboradores de Nosolr0s,
casi todos literatos, casi
incurable, alguna vcz hizo sufrir a los más întimos, a los que mnás sería difícil recordarlos uno uno,
todos todavía en agraz. Me por
queria, también lo es que de su pecho brotaba una caudalosa Entre los muertos: Evaristo Carriego,
fuente de amor y ternura. Corría ésta hacia los humildes, los pero citaré a los asiduos.
Carlos de Soussens, Macedonio
débiles, los desamparados, los oprimidos, los extraviados. De ahí Juan Mas y Pi, Alfredo Bianchi, vivien-
Fernández, Carlos Alberto Leumann; de los por fortuna
su lirico y generoso anarquismo. Alberto Arieta, Manuel Calvez. Juan
tes: Enriquc Banchs, Rafael
No lo traté en la intimidad del Alvaro Melián Lafinur, Emilio Ravignani,
hogar, cn donde por otra parte José de Soiza Reilly,
Sanchez solia venir, a
no
habría sido fácil encontrarlo, sino en el café, en la redacción, Federico Mertens y Marcelo del Mazo.
cn el vcstíbulo dc los teatros. Inenudo mal dormido, porque era
menos aguerrido que de Sous
trasnochadas en calés y bares. Era
Estuve presente en el estreno de todas sus obras principales, sens para afrontar las largas

el quc llamamos el "almorzáculo",


fiesta literaria dominical pre
menos en el de M'hijo el dotor, que en 1903,
representada por comidas del restaurante Genova, iniciadas
Jerónimo Podestá en el teatro de la Comedia, le alcanzó de golpc c u r s o r a de las famosas
racion de ravioies y de
la notoricdad, y sobre algunas de aquéllas escribí desde 1904. e n 1915. La barata, copiosa y sabrosa
nos servia el gordo Ferrari,
ociada, y
Con motivo del estreno de Los derechos de la salud en el teatro pollos allo spiedo" que el legitino Chianti, desembocaba
a u n bañada y sumergida por
Nacional de la calle Corrientes en diciembre de 1907, le dedica- de sobremesa y tambien, de vez
en c u a n
en implacables
lecturas
mos un número especial de Nosotros. Desde entonces nuestra repentina, como la que le sobrevino a

do, en alguna indisposición


amistad, estrechada aún más, se mantuvo hasta su viaje a Eu- m i s n o instante en que
mientras cl
Charles de Sousseas en el lastrada, un
ropa, adonde se trasladó en 1909, pensionado por el gobierno de bebida
se aligeraba en la
misma mesa del e x c e s o
lo llamaba "blan-
uruguayo. La mía le ha sobrevivido, como lo certifica el home- al cielo en éxtasis
compaiero, alzando los ojosideal". Inolvidables almuerzos, donde
naje que tributé a su memoria. Ello me da derecho a desmentir "caballero del
co cisne" y
la leyenda que ha pretendido convertirlo en Ja víctima de no se a ecuchar la ectura de poemas,
los comensales se resignaban inconcebible
actualmente
sabe qué terrible conjuración y sorda guerra, desconocido y per- o actos de comedia (tortura
del urópico); donde Súnchcz cxpli-
cuentos

seguido por propios yextraños. Nada más falso. En defensa de salvo en los poéticos paíises
vecino entre enredados adema-
la verdad debí polemizar, en 1920, con Vicente Martínez Cui- caba confwanmente al
desdichado
nadurando, y Charles de
tiño, uno de los propaladores de la leyenda. Sánchez no fué el c s el asunto
de la obra que venia
nocedadecs suizas, sus andan-
sus
analfabeto genial y maldito que en él han visto periodistas de- Soussens contaba entre hipidos
clamadores y admiradores mal informados. Fué un hombre sim-
ROBERTo F. GIUSTI MOMENTOS Y ASPECTOs DE LA CULTURA ARGENTINA
112 113

zas revolucionarias del 90, casi recién desembarcado e ignorante nosotros, se me apareció severo y descontento el rostro bona-
el divino Rubén. hón de don Salvador y entonces me prometí no participar más
de lo que ocurría, o sus míticas orgías líricas con
rico don
Era infaltable don Salvador Boucau. Había sido muy en estas excursiones de saqueo al pais de Jauja descubierto por
nomnbre de este durar, aunque
Salvador. Sin ser un literato ni un artista, el el poeta. Aquello no podía saliera fiador Rocke-
com- muerte don Salvador
culto hombre de mundo, de este sportman antaño popular, duró. Pero hasta le faltó
su
feller, y no no

prador en cien mil pesos oro del famoso Ormonde, el arte ar-
estuvo un
a ese niño grande que fué siempre Soussens.
tiempo vinculado al desenvolvimiento de las
letras y Pobre viejo amigo! Su presencia parecía impuesta por el des
mecenas en la medida en que la
disminu-
Generoso
gentinos. de su vida, tino en los círculos literarios en que se prolongaban todavía a
ción de s u fortuna se lo permitía en los últimos años y los sentimientos de los
era el comensal más espe-
principios del siglo, no sólo las formas
aquel criollo leal y afable, ya sesentón,años DOetas decadentes franceses, sino, con inútil frecuencia, sus "po-
rado en el "almorzáculo". Algunos atrás, visitando la es- El hizo entre nosotros el papel de Verlaine.
Ensenada Ses" y desarreglos.
tancia de San Luis Chico, que fué suya, allá por la simbolista de siem-
Aunque formó parte del gruporomántico en su Darío, en sus
de Samborombón, antes de pertenecer a don Alejandro Shaw, un poco del éntasis porte y
pre persistió
pude apreciar la riqueza de obras artísticas y vajillas y muebles debía titularse román-
versos nobles y s o n o r o s . Château liryque
suntuosos que con gusto refinado atesoró en ella el antiguo pro- nunca reunidas; y ro-
ticamente el soñado libro de sus poesías,
sino en España,
pietario. mánticamente edificó todos sus castillos de ilusión,
en el aire. El más caro
recuerdo y el mayor orgullo de su exis
CHARLES DE SOUSSENS
Víctor Hugo.
tencia e r a n haber sido besado, de nino, por
de la Universidad de Friburgo. El
Soussens, "sans-sous", como lo llamó Rubén Darío, gozó Su padre había sido rector de la
culminó cierta afectación de
hijo era culto y exquisitamente educado,
con
benévola protección de don Salvador. El mecenazgo con plumas"
con c a m a y co- cortesanía francesa que lo llevaba a
"barrer el suelo
cierta vez liberalmente en u n a pensión completa, versallescamente la
e n la "garçonnière" de don
besarle
cuando saludaba a u n a dama y a
mida, todo pago: dormía el poeta de Corrientes y Junín. aun en los momentos
en que
Salvador y comía e n u n bar de la esquina
ami-
punta de los dedos. El bohemio, mostrarse caballero, Y,
a u n a mesa, recibía a los más olvidado parecía de sí mismo,
sabía
Allí, instalado largas horas frente seññorío con la c e r v e z a quue estuviera enteramente nublada,
era
con dadivoso
gos, obsequiándolos aceitunas y algo más.
salvo que su inteligencia alusiones y en aguzar
ilechas pun
Salvador. La cerveza, las diestro e n apuntar oportunas
pagaba don lo visitamos Bian- le quiso de veras,y
Recuerdo que u n a noche, ante su insistencia, 2antes, Talentoso, ocurrente, gentil corazón, se

más. No perdimos veces s e le evitaba:


así fuéronle amigos
chi, Banchs, creo que Carriego, yo y alguienc e r v e z a "bien tirée" 1o merecía, aunque a distinguidisimas figuras
el boleto de tranvía, si lo tomamos. La y en algunos casos dadivosos protectores,
esferas políticas, y, por
su
dueño
saber dónde se había metido y el de la sociedad culta porteña y de las
-pues Soussens debía
tendría en él además a u n experto
a s e s o r - la repetimos con puesto, todos los hombres de
letras. era
medioslitros de entonces, sin arries- de Soussens, no
gusto e n los no mentirosos literaria sin discursos y lágrimas
no malo y cortado en grue
Comida nadie, después de Inge
gar encharcarnos, gracias al jamón, De ese mundo que ha desaparecido,
huevos pasados por agua con que
lo mari- tal. detrás de sí, más rico,
gracioso y caracteristico
sas tajadas, y a los cantito nasal: "Coman, eros, ha dejado lo vistió u n tiempo. omo
damos. Soussens n o s alentaba con su Ingenieros, precisamente,
anecdotario.
en u s a r largos
levitones grises y
muchachos, coman... aquel entonces había dado multi-
mentalmente la cuenta y pensé por Soussens u n día le preguntó
indignado,
Comimos; pero cuando hice 5cra también gris, habitual de sus erres: "Pero, Pepe, me
vas

que todas las noches se repetía


la misma historia, quizá con el arrastre
discretos que PIcando
bohemios más famélicos, más sedientos y m e n o s a condenar a levita perpetua?".
ROBSRTO F. GIUSTi
114 MOMENTOS Y ASPECTOS DE LA CULTURA
ARGENTINA4 115

en la mesa del café


Darío lo llamó en u n o s versos compuestos Alguna vcz lo había visto cruzar fugazmente el 3alón de La Brasi-
"Soussens, hombre triste y profundo", ytriste Becher, en 1905, en lcfia corno buscando a alguicn con sus ojos miopes; pero no se
constante amante
"Pierrot cscéptico y
-

un precioso sonetillo: arrimaba a nuestra nesa. Su clan literario era otro. Intimamos
Para él escribió Emilio quizá sus
de alguna luna remota. . ." cn cambio cn Los Inmortales. En el segundo número de Nos-
antes de morir, sufrió un ata-
últimas líneas. Cuando, dos meses
Soussens quiso visitarlo en cl mo-
otros
ofrcció una poesía suya: "Cosas de Andresillo". En el pri-
que agudo de edema pulmonar, mero se había cstrenado Enrique Banchs, cuyo primer libro, Las
Le fué impedida la
desto hotel donde el enfermo se alojaba.
las visitas. Soussens, Barcas, de ese mismo año de 1907, lo reveló a los buenos catado-a
entrada, pues los médicos habían prohibido res el mayor lirico argentino de nuestra generación, aunque
en carta a Emi-
herido en su amor propio y en su afecto, se quejó Carriego le costara explicablemente concederlo, cediendo el cetrTO
le escribió en respuesta,
lio, y éste, apenas pudo tomar la pluma, elocuentee
principesco que empezaba a cmpuñar entre los jóvenes poetas.
una
hermosa epístola en francés, de sabor dearcaico, Yo asistí al alumbramicnto de Las Barcas y pucdo decir que tuve
ingeniosa c o m o una tirada del "Cyrano" Rostand, postrera al poeta en la fuente bautismal; también vi formarse el volumen
definitiva confirmación de cuanto era el talento del malogrado de Misas herejes, aparecido al año siguiente con esta dedicatoria
y
crítico y ensayista argentino. También Sousseens, como lo hizo el a don Salvador Boucau: "Uno de los pocos'". Las noches
maestro Verlaine, hubiera podido escribir sus "Hospitales", por- salíamos de Los Inmortales, dejábamos detrás de nosotros la calle
de estio
que los útimos años de su pasó enfermo y resignado
vida los
Corrientes, ya rumorosa, y a paso lento, por Suipacha, subiamos
en una sala del Rawson, con cierto aire orgulloso de pensionista hasta la plaza San Martín. Eramos tres, éramos cuatro, pocas
que cuenta con la protección de médicos amigos. Entonces veces más. En el grupo iba Carriego, movedizo y parlanchin.
es

taba ya muy disminuído fisica y moralmente, como lo representa Vuelvo a verlo sentado en un banco diciéndonos sus versos; vuel-
una fotografía suya tomada en el hospital. Cuando murió en vo a recordar nuestra turbación ante aquel
muchacho magro de
octubre de 1927, pudo decirse que con él desapare el último ojillos hurgadores, siempre trajeado de negro, que vivia e n el
su alma. Evocaba
bohemio. En 1947 trasladamos susrestos al panteón del Círculo arrabal, al que n u n c a pisábamos, y conocía
de la Prensa. Un amigo se enteró de que serían arrojados al osa- las obreritas tísicas, las novias burladas, las dolientes
Carriego los
rio y piadosamente les descubrió este nuevo asilo. A
pesar deasis-
los Margaritas, los niños sin madre, los patios de vecindad,los que-
a diez jumbrosos organillos, los bailes, los velorios, los guapos, lugares
repetidos anuncios de los diarios no alcanzábamos
tentes a la fúnebre ceremonia.
los
Sin embargo, todos sus amigos no de perdición, su carne de presidioy de hospital.
Hombres del
como si nos contase fábulas
hemos muerto. La ley es que todo pasa, todo muere, todo se centro, lo escuchábamos encantados,
olvida. de un lejano y extraño país, mientras debajo de nosotros, sobre
coches rodaban con sordo y monótono r u m o r y sus
Santa Fe, los
dirección Palermo. El poeta decía muy
EVARISTO CARRIEGO luces se perseguían en
bien sus versos, e n los cuales tijó
u n aspecto de esta Buenos Aires
nos des-
cambiante y multiforme. Incorrectos, sencillos, vulgares,
Los recuerdos se atropellan en mi memoria, pidiéndome des- hasta entonces desconocida en la poesía
cubrían una realidad
Palermo evocado por él, es u n apacible
cender al papel. No puedo complacerlos a todos. El tropel crece
a medida que transcurren los años.
argentina. Hoy, aquel lindaba con la Tierra del Fuego,
barrio residencial; e n su tiempo
Los hilos se me enredan a cada vuelta; pero este primer ovilli- de aquéllos la sentía
temido arrabal de malevos. La guapeza
to ya lo veo suficientemente devanado. No he de soltarlo, sin n o tenía boca, en
hasta lo hondo el muchacho entrerriano, que
embargo, antes de recordar a uno de los compañeros de las pri- recitaba sus versos, sino para cele-
la mesa del café, cuando
no
Pancho Ramírez,
meras empresas a quien ya he citado varias veces. Hablo de Eva-
risto Carriego, grande amigo él también de don Salvador Boucau.
brar las hazañas de su paisano
el caudillo o, cosa
116 ROBERTo F. GIUSTI

curiosa, para referir las campañas de Napoleón,


pues picaba de
estratega. Lo perdimos pronto. Un ataque de
mató el 13 de octubre de 1912, cuando aun no apendicitis lo
los treinta años. había alcanzado
Ante su tumba, JuanMás y M y Marcelo del
con palabra fraternal;
Mazo hablaron
y Soussens sollozó unas pocas frases.
pasado más de un tercio de siglo y todavía me duele el Ha
miento de no haber asistido al entierro. Esa noche remordi.
conferencia de mucho compromiso y no la tenía debía dar una
serias de la vanidad o tonterías del preparada. ; Mi.
deber! cumplimiento estricto del

También podría gustarte