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Giusti 2
LA LIBRERÍA DE MOEN
feliz autor flanqueado por los recortes de algún sucito periodís- habia asomado desde fines de 1904, desde cuando, llevado de la
tico elogioso. Había grados en el honor. Aqulla cra la máxima ano de Alfredo Bianchi, que me fué después durante casi cua-
jerarquía. Inmediatamente por dcbajo estaba la muy apctccida renta años anigo inseparable y por más de un tercio de siglo
de merecer todo el
primer plano de la vidricra, y ya cra bastantc compañcro insustituible cn la dirección de Nosotros, me habia
favor conseguir de los hermanos Mocn, no sicndo cllos los cdi- deslizado en la tertulia que algunos escritores formaban de noche
tores responsabies, que exhibicran un libro en el café "La Brasilena", situado cn la calle Maipú, entre Can-
franceses que fomaban la habitual
agentino cntre los galloy Sarmiento. Alii trabé relación con Roberto Payró, Joa
El poeta novel que les había confiado
población de su vidricra.
uin de Vedia, Florencio Sánchez, Emilio Becher, Carlos de
para la venta dicz ejcm-
plares de su libro recién impreso, imploraba cse favor como una Soussens, Atilio Chiappori, Alberto Gerchunof, Ricardo Rojas,
gracia divina, y cuando lo descubría escondido allá cn cl fondo el escultor Arturo Dresco y algún otro. Bianchi me ilevaba cinco
entre una novela de Anatole France
y una revista de modas, años y participaba cn clla como comprovinciano y amigo de Emi-
su corazón desfallecía de gozo. lio Becher y Emilio Ortiz Grognet; yo lo seguí. Acercarme a esa
Escasa venta tenían los libros mesa y tener el honor de sentarme, callando y admirando, era
argcntinos. Si Lugones vendía el secreto orgullo que me infundía aliento para confiar en el por
en pocas semanas unos cuantos centenares de ejemplares, por
ejemplo, de Los crepúsculos del jardin o de La guerra gaucha, venir en la ciudad donde me sabía solo y desamparado.
la salida se
juzgaba considerable. El mayor éxito de librería que
yo recuerdo por aquellos años fué cl ROBERTO PAYRO
que tuvo en 1905 Stella, la
noble pero dulzona novela de César
artículo muy elogioso
Duáyen. La favoreció un Payró era el de más años, y cuando venía, el centro de la ter-
publicado en La Nación,
los pocos días un letrero adherido al cristal del y tanto, que
a
tulia. No publicaría El casamiento de Laucha, su breve novela
ciaba triunfalmente: "Agotada la escaparate anun- picaresca, llena de gracia e intención, hasta el año siguiente, y
primera edición de 1.000 solamente en 1911 conoceríamos su novela más sólida, las Diver-
ejemplares". Eso pareció fabuloso. En cambio, por regla general, tidas aventuras del nieto de Juan Moreira; pero ya era el autor
los diez
ejemplares del poeta novel no tentaban a un solo com- de La Australia Argentina, los Cuentos de Pago Chico y otros li
prador. Se aseguraba que hubo casos en que en la soledad pro- bros celebrados; tenía un nombre en el periodismo y ese mismo
picia del sótano tuvieron cria.
Florida, entonces una calle por donde daba gusto pasear, año Jerónimo Podestá había estrenado en el teatro de la Co-
minaba prácticamente en a angosta ter- media Sobre las ruinas, la primeraobra de nuestro tea-
de ideas
Corrientes.
del norte, empezaba la animación comercial social. Alli, viniendo tro, a cuya representación habíanse negado hasta entonces los
y Los hom- Cómicos criollos, doblegados al fin por el insistente reclamo de la
bres presenciaban el desfile femenino
de la confitería del Aguila o del hotel
apostados en las
puertas juvenil "élite" literaria
Helder, o del diario El
Tengo memoria poco segura de las fisonomías: a los hombres
Pais, o desde otros lugares estratégicos. Los eran para los escri-
tores las librerías,
principalmente la de Moen y la francesa de Es un interesantedocumento la encuesta celebrada alrededor de la
Espiasse, ésta a pocos metros de Rivadavia. La primera sobre mesa del banquete, en el primer aniversario
de ldeas, en la cual opina-
todo. Gozar del trato y amistad de los hermanos David Peña, Carlos Octavio Bunge, Antonio Monteavaro, Juan Pablo
todo del comunicativo Balder, era
libreros, sobre ron
reputado de muy buen tono chagüe, José Ingegnieros (quien todavia usaba la s en su apellido),
Fernández Salvador Oría, Abel Cháneton, Atilio M. Chiap-
literario. Yo sólo me sentí con Lorenzo Duque,
más tarde al avecinarse el
títulos a scr tolerado-allí años
pori, Julián Aguirre, Ricardo Rojas,
Alberto Gerchunoi, José Ojeda,
centenario de la Revolución, cuando Emilio Becher, Alfredo Arteaga, Osvaldo Saavedra, A. Novillo Linares,
dragoneaba en El Pais de crítico teatral y había hecho mis pri- Manuel Gálvez y el mismo Payró. Se publicó en el núm. 14 de Ideas,
meras armas literarias. Sin
embargo, al mundillo literario me de junio de 1904.
94 ROBERTO F. GIUSTi
MOMENTos Y ASPECTOS DE ILA CULTURA ARGENTINA 95
los recuerdo, más por sus gestos, diré, espirituales, que por su
año y mcdio después de publicada, me cscribió una larga carta
rostro. Veo a de cuerpo aplomado y fucrte, el cuello in-
Payró, de la cual transcribo la parte referente al problema que yo plan-
flado por ligera papada, algo ladeada la cabeza, los ojos azules, tcaba sin resolverlo:
globosos y movedizos y las manos nerviosas, dominando la re-
unión con su autoridad. de hombre que sin haber alcanzado los
"El hombre de presa -me escribía- es nuestro enemigo en
todos los campos y en todas las clases; el hombre de presa es el
cuarenta años, venía de más lejos que los demás. Era aquel a perturbador de la humanidad. Hay que combatirlo sin descanso.
quien los jóvenes ya consideran el maestro. Su corteza quizás Y el de es darlo a conocer,
mejor modo combatirlo pintándolo
era
algo áspera; pero escondía la savia cordial, que los amigos con pelos y sefñales. Pero el hombre de presa no es necesaria-
conocian. Procedía de más allá del 90 y había sido el mayor
amigo porteño de Rubén Darío. De éste se recordaba un juicio
mente
antipáticoni
repugnante, y muchas veces resulta más atra-
yente y simpático que los inofensivos y aun que los benefacto-
critico
las
sobre una novela suya, titulada Nosotros, publicada en
columnas de La Nación. Si bien no pasó de los primeros
res. También ciertos hongos ponzoñosos son más bonitos y ape
titosos que los comestibles y sólo se acaba de distinguirlos a fuerza
capítulos, prestaría su nombre significativo, años más tarde, a la de descripciones y dibujos iluminados". "No es, pues -resumía
revista que fundamos Bianchi y yo.
inclinación sino todo lo contrario
a Laucha, a Gómez
lo que me lleva a dedicarmne
En el grupo finisecular de Rubén, frecuentador asiduo de las Herrera, a Bohórquez y a tantos otros yaa
venidos o que vendrán, 'si Dios me empriesta la vida.' " 2
cervecerías de y de Monti y del Aue's Keller, se había
Luzio
bebido fuerte. Muy fuerte se bebía todavía en mi
juventud. El Concluída la guerra regresó al país, se estableció en Lomas
de Zamora y en esa ciudad murió en 1928. Todavía tuvo tiem-
whisky y el ajenjo eran baratos y de buena calidad, pero no por
eso menos
pérfidos. Muchos pagaron la desmedida afición con po de representar otras comedias y publicar varios libros y m u
la abulia, el fracaso y la misma
vida, sacrificada tempranamente chas crónicas, notas y apuntes, ese trabajador incansable que ha
al paraíso artificial alcohol. Cuando conocí a Payró, él se dejado una
la
vasta obra argentina, gran parte de ella, y acaso no
siempre más deleznable, sepultada sin
esperanzas de resu-
privaba de beber. Había sustituído el excitante por otro: el café, rrección en el osario anónimo del periodismo: drama espiritual
que consumía en repetidas tazas dobles. Algunos años más tarde
del creador falto de ambiente propicio, por él tan sentido que
partió para Europa. Allí concluyó las Divertidas aventuras, luego
regresó por breve tiempo, y en 1912 se radicó en Bélgica, espe lo hizo vivir a través de algunas figuras de ficción en el drama
El triunfo de los otros. Fué además un propulsor fervoroso de
rando encontrar un
pacífico refugio para su bella madurez de
escritor y sociólogo empírico y
agudo de la realidad argentina. nuestra cultura y un luchador por todas las causas justas. Antes
En Bruselas lo sorprendió la
guerra del 14. Nada supimos de
de conocerlo yo, había militado en las filas socialistas y tradu-
cido a Ferri y a Emilio Zola. Muchos han de tener presente
l durante la dura ocupación alemana.
Muerto? Encarce su generoso drama Marco Severi, alegato en favor de la reden-
lado? QComentando su silencio, en 1917 di sobre su obra una ción de un perseguido,
conferencia que publicó La Nación. Esa conferencia vino a pro0 estrenado con mucho éxito en 1905 y
repuesto en escena pocos años atrás, en el teatro Nacional de
porcionarme más tarde la clave de la afición de Payró retratar Comedia.
pícaros y aventureros de toda laya. Recordemos a los personajes
de Pago Chico, a Laucha, a Mauricio Gómez Herrera-el nieto BECHER VERSUS INGENIEROs
audaz de Juan Moreira, escalador de altas posiciones
políticas Incidentalmente me referí a la fundación de Nosotros. La re-
y diplomáticas, a los aventureros españoles que el escritor r e
trató en sus novelas históricas de la vista nació 1907 de la iniciativa de dos muchachos inexper-
en
conquista, soldados y frailes
que entraron en el Río de la Plata "como fieras en un corral de Puede leerse completa en mi libro Critica y Polémica, 2 serie,
ovejas"-me decía. Cuando conoció mi conferencia en págs. 33-35.
1919,
96
ROBERTo F. GIUsTI
MOMENTOs Y ASPECros DE LA CULTURA ARGENTINA 97
tos pero animosos, quienes tuvieron mås voluntad, más acicrto o nado al folletín, están presentes todas las cualidades del espíritu
más suerte que otros, pues supieron prolongar su existencia a la agudeza, la ironía, la
y el estilo de aquel gran malogrado:
través de varios decenios, duración no igualada hasta hoy en la paradoja, la
concIsión incisiva.
historia de las publicaciones literarias hispano-americanas; pero Acababa Ingenieros de publicar Los accidentes histéricos, salió
y su
se incubó al calor intelectual del saloncito de Emilio Becher en Becher
La Nación y allí fué bautizada. Sugirió el nombre Alberto Ger- fama de sabio se confirmaba y
crecía. Pues bien,
más deliberadamente anticien-
la inconclusa novela de al medio a decir: "Es el espíritu
chunoff, tomándolo,
según se creyó, de tífico de su generación. Para proseguir con esta magnífica pun
Payró que antes cité.
ta: "Es cierto que ha estudiado
la psiquiatría, pero la psiquiatria
redacciones, entonces menos burocráticamente organizadas
Las
no es u n a
ciencia género literario". Desenvolviendo esta
sino u n
y repartidas que las de los diarios actuales, abrían su sala común nueva disciplina: "Es el útimo
idea, agregaba, refiriéndose a la
a algunos tertulianos nocturnos, por supuesto casi todos periodis- bluff de la mistificación positivista... El único maestro v e r
tas y escritores. Becher tenía un cuartito de trabajo reservado, Dos-
dadero que haya tenido esta pseudociencia es u n literato,
donde era agradable de vez en cuando pasar una hora en ama- Lombroso ni Ferri han agregado nada a lo que
toiewski. Ni
ble comunicación espiritual, con derroche de ingenio y también extraordinario vi-
revelara sobre el alma de los criminales aquel
de mordacidad. Qué resonancias despierta hoy el nombre de
dente". Y encarándose de nuevo con Ingenieros declaraba
con
Emilio Becher? Probablemente ninguna. Nada más natural. Pa- "Yo no vacilaría en llamarle u n artista...
Sus
punzante malica:
r a aquellos que lo conocimos es u n nombre casi sagrado, que literaria...
libros son pequeñas novelas de tesis, de factura muy
no pronunciamos sin melancolía. la dis-
Ora relate el proceso de las obsesiones o los percances de
La primera vez que oí hablar de él fué en el mes de setiembre sabe ser u n diestro e ingenioso cuentista". Luego pasaba
nea,
de 1904, a propósito de un artículo muy comentado en los círcu-
al hombre, de quien decía que "su personalidad confina por
sus
los literarios. Se titulaba El médico imaginario y estaba endere- el catedrático y el pilluelo", en lo cual
con
extremos opuestos
zado con agridulce ironía contra José Ingenieros, a quien coro andaba Becher muy acertado, para rematarlo con esta
definición
maban entonces, en sus 27 años bien aprovechados, los laureles a su espíritu chancero y exhibicionista:
"Alci-
ingeniosa, alusiva
de la fama, por su afortunada obra La simulación de la locura.
No he podido ahorrarme la imagen gastada de los laureles coon
bíades excesivo, se complace en cortar hasta las colas de los pe-
rros ajenos". Había herido en carne viva. A Ingenieros, a quien
su tufillo entre clásico
y culinario, al recordar cómo lo represen- lo conocí
taba triunfante, ceñida de ellos la frente, un caricaturista de quise, estimé y admiré como a pocos amigos y maestros,
de
siempre deliberadamente desdeñoso de los ataques sus
con
aquella, época. trarios. Esta vez acusó la estocada.
Pepe Ingenieros, como sus intimos
siempre lo llamamos, preguntaba en u n artículo de igual
y exten-
Emilio Becher no congeniaban. Aunque amigos, a Becher Al día siguiente se
u n hombre de cienciao
mortificaba que Ingenieros, con su espíritu burlón, quisiera ha- sión titulado El otro Ingenieros: " Soy
conceder su inclinación
cerlo víctima de sus bromas, no siempre finas. Había también soy un literato jovial?", y después de
"a gozar al prójimo, a la chanza y al titeo, conforme al espíritu
una
oposición de temperamentos. Ingenieros era ruidoso, expan- *Creo poder afirmar
sivo, invasor; Becher, tímido, discreto, retraído; aquél, un medi- porteño, decía, manifiestamente dolorido:
hombre estudioso trabajador. Me juzgan-decla-
terráneo fecundo en ardides como Ulises, con
la sangre encen- que soy un y
colectivamente a todos los rostros burlones de
dida por el sol de Sicilia donde vió la luz o la vieron raba dirigiéndose
sus
padres; Becher
hombro de
y éste, un galo cortés, sensible y soñador, siempre distante y algo los
amigos que veía asomarse detrás del
con ustedes, la media hora
irreal, como envuelto en brumas, En ese, artículo de
Becher, por la media hora que comparto diez ustedes no ven, de
olvidado en una plana de Diario Nuevo, en el aestinada a descansar de las otras que
piso bajo, desti-
98 ROBSRTO i. GIUSTi
MOMENTos Y ASPBOTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 99
trabajo improbo, a solas o en compaiía de mis autores de
sulta". con- chas lo hiricron, disparadas del campo socialista; pero él siem-
del
su aprecio y su respeto hacia los fundadores
JOSE INGENIEROS pre mantuvo
término hacia Justo,
partido y companeros dc aycr, cn primer amistad.
con los mejorcs conservó u n a
inalterable
y
Esa frase ilumina los dos Era gencroso: de su tiempo é l que tanto lo necesitaba para
aspectos de la
nieros, para mí nada enigmática. No fué personalidad
de Inge tam-
e intelectuales,
un hombre sus trabajos, de sus auxilios profesionales
quiso serlo. Túvo una seriedad más intima, la que nace grave, no bién de su dinero. Para cualquier empresa idealista, podía con-
convicción con que abrazamos un ideal la fimeza de la
y tarse con él. Si hubiera sido rico, podemos figurárnoslo dándolo
y constancia
todo por la causa de la cultura libre. Y no fué rico precisamente
con que lo defendemos. En
un país donde la
seriedad del burro
todavía sigue siendo hoy un dinero a paladas "haciendo la
pasaporte que mucha gente no osa porque habiendo podido juntar
revisar ni sospechar de farsa" en su profesión, como solía él decir, prefirió al fatigoso
fraudulento, Ingenieros, hombre de cien-
cia, traducido,desde sus
primeros libros, a varios idiomas, profe- desfile de los neurasténicos y las histéricas, y al consiguiente lu-
escritor de reputación
sor, cro, aquellos menesteres que
dan u n sentido profundo a la vida
continental, fué
amigo de burlas. Estas han hecho sin duda noexpansivo, jovial,
dañio a su y salvan el espiritu.
A la empresa editorial que lo tuvo de an
poco de la cultura,
reputación. Y más fué amigo de ellas
reacción contra la mador, fundada con la colaboración de otro amigo Vaccaro
oquedad oronda, la necedad presuntuosa, porla farsa solemne. Pen- el hombre de negocios e inteligente publicista
Saverio
incontables
samos en Bernard Shaw. Era - m e refiero a La Cultura Argentina consagró
artificios, Ingenieros un hombre llano, sin horas de trabajo y desvelos. A su consultorio
no le pidió sino
a
quien le chispeaba en el alma la alegría solar del mnedida
que pasaban
lo necesario para vivir decorosamente, y
a
mar de Sicilia de donde
procedía su estirpe. Fecundo en ardides cada En ese sótano de la calle Viamonte,
como
Ulises, no era, sin embargo, doble. Más lo caracterizaba
los años vez menos.
no se le visitaba por
la
la franqueza audaz
que la prudencia. Buen hijo, buen siempre iluminado con luz artificial,
buen padre, fué también buen esposo, tarde sin encontrarlo doblado sobre las pruebas de imprenta de los
el menor asomo de amigo. Nunca descubrí en él libros de La Cultura Argentina o de la Revista de Filosofia.
envidia. Sentíase atraído hacia los la luz del sol. Su distracción más
que para él encerraban las jóvenes, Acabó por no conocer casi
promesas del futuro. No temía la del talento y del
frecuente era, ya en la plenitud de la vida,
emulación; los alentaba, los sostenía, les abría paso, y no les con unos cuantos amigos,
o asistir a
elogios. Las disidencias ideológicas,pedía
la reciprocidad de los renombre, sentarse a cenar
las las comidas mensuales y
extraordinarias de Nosotros, donde
divergencias personales, la misma injusticia e hacía derroche de travesuras. Luego,
si el tiempo lo permitía,
le hicieron
renegar una
ingratitud,
antigua amistad. Podría citar varios
nunca
caminatas con los habituales compañeros
sos. Básteme hoy recordar el de ca- gustaba de las largas e n el género no aburrido,
en las
publicaciones Lugones. Jamás permitió que amenos e ingeniosos, escogidos por
él
chistes y discusiones, que
que él dirigió o inspiró se le atacara desde distracción peripatética florecida de
cuando el poeta se
listas y belicistas
entregó a la predicación de las ideas naciona- concluía en la puerta de su casa. Recuerdo el tiempo en que
que Ingenieros y su grupo ideas argentinas. Vivía entonces e n
escribía la Evolución de las
gones-decía- ha sido mi amigo y yo no puedo repudiaban. "Lu- Hernández. Más de u n a vez, en pri-
se hable mal de
él en permitir que Belgrano, en la calle José allí a las doce de la noche
litado de joven en laspublicaciones mías". lo hemos dejado
filas del socialismo, Después
de haber mi- m a v e r a o en verano,
Qué lo esperaba después de haber
ellas si no enteramente de habíase apartado de o a la u n a de la madrugada.
consultorio en u n a fatigosa jornada de
tra-
en la edad
sus
ideales, a los que volvió decidido empalidecido en su horas de
madura, reconquistado por las inmensas esperanzas bajo cuyo único descanso
habían sido esas pocas vagan-
que hizo concebir la Revolución tampoco ha de creerse que
Rusa. Ahora bien, muchas fle- cia y jovialidad muchachiles, que
100 ROBERTO Ë. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA
ARGENTINA 101
me he
años más, podré cumplir programa que ya
un
nillo comenzaban a gorjcar los pájaros, se acostaba. Había con- quince felicidad me rodea
que
cluído su labor del día, y así todos los de la semana. En lo trazado. Me ayuda a creerlo la completa consiste actual-
distracción más agradable
he descrito no había ningún fingido apresto. Ahí están sus que en el hogar,
donde mi
cambiarle los pañales a nuestra
mu-
chos libros para testimoniar la obra ingente llevada a cabo mente en ayudar a mi esposa a a Aristóteles y
por nena; pongo en
ello tanto interés como en leer
ese incansable trabajador que falleció a los 47 años.
De paso cité los avíos con que entretenía las horas de a Kant"
tra- ello no contiene secreto
Y por último: "Como se ve, y aunque
bajo insomne restaurándose con algún bocado. Son la expresión hombre sano, bueno y trabajador.
El único in-
de su sobriedad. Hombre de excelente salud alguno, soy un aún
porque la sinusitis consiste en que paso meses, y
conveniente de mis hábitos
que lo derribó fué un deplorable accidente, sin duda evitable día ni ver el sol. Esta
vida nocturna puede
de no haber él descuidado más años, sin salir de se la aconsejo; pero
tiempo que el aconsejado los vulnerar la salud; lo comprendo y
a nadie
auxilios de la medicina, comía para vivir, no comía necesite ejercer mi profesión para
para darle no podré variarla mientras sacrificio".
gusto al cuerpo. Solía elegir los platos simples y sustanciosos y vivir. El lujo de estudiar y
escribir me cuesta este
Era
desdeñaba las exquisiteces culinarias. Asi, el Mefistófeles de "La Syringa".
igualmente honrada, Este era, en el fondo,
Payró desde París:
era su
personalidad intelectual. Su mismo estilo, algo retórico el mismo que diez años
antes le escribía a
en ciertos Es una compensa-
trabajos literarios juveniles, fué adquiriendo la rotunda "Algunas veces lloro sin que
nadie me vea.
pulidez de lo exclusivamente necesario. Mucho de eso hay en ción por haber reído mucho".
Las fuerzas morales, su libro con esta
póstumo. El examen de la correc- se trazó pudo cumplirla
ción de sus manuscritos de la edad Gran parte del programa que vasta obra cuyo
aná-
madura, y de las pruebas de continuada. El fruto fué la
labor intensa y
imprenta en que procuraba condensar su pensamiento, dándole el recuerdos. Tenía el justo orgullo
lisis no cabe cn los presentes vanidad. Desdeñó
mayor resalte con el menor número de palabras, y rehaciendo de estaba lejos de él la pueril
continuo sus libros, constituiría una buena lección de de esa obra; pero ostentosos. No temió empe-
estilística títulos y honores; no procuró cargos y de-
práctica. Las "Advertencias del autor" antepuestas al primer en ésta no pidió jefaturas
libro de la Evolución de las ideas ñarse en la batalla política; pero
confundir y desba-
argentinas, es satisfacción de descubrir,
ejemplo
lúcida, precisa, enérgica, contundente, cargada
de
prosa coraciones y sí la
las fuerzas regresivas,
de intención. ratar al enemigo.
Lo fueron para éé todas Las per-
Otro ejemplo la autoridad despótica.
do Estudiantil
es su
"Autorretrato", publicado en la revista Mun-
la intolerancia, el fanatismo, desandándola hasta los
en 1915 y reproducido el número de Nosotros la historia argentina,
siguió a través de combatió sin descanso en sus reductos polí-
en
compuesto en su
homenaje
cuando murió. Con eticacia
días coloniales; las
briedad dice en una sola
y so-
emboscadas filosóficas.
La parte pragmática de
recuerdo. Quiero entresacar de él
página
cuanto yo he desleido en este ticos y en sus himno a la juventud.
moralista es un
unas pocas frases: "No soy su obra de sociólogo y sonreírse; creía
inspirado sino un estudioso... El trabajo del cual luego ha sido ley
un
intelectual es mi Creía en el progreso, para la patria y
lujo. Necesito consagrar las tardes al más hermoso que el presente
ejercicio de mi profesión en un porvenir
102 ROBERTO F. GIUSTI Y ASPECTos DE LA CULTURA ARGENTINA 103
MOMENTOS
para la humanidad entera. Positivista en el campo filosófico salto de mata en redacciones ocasionales y
miserables? Fué la
a
cientifico, en la acción era un idealista romántico. Tenía fe vida noctámbula y bohemia? No, porque
cuando llegó a La Na-
los apostolados
y creo que no se engañaba. Algunas de las aún todos los resortes quebra-
ción en 1906, su voluntad no tenía
en
admoniciones más nobles y más dignas de ser escuchadas y con dos. Fué un drama espiritual
más profundo. Contempló lúcida-
vertidas en doctrina de acción por las nuevas generaciones ame- mente la vanidad
de cuanto el hombre crea, espera y ambiciona,
ricanas, pueden leerse en sus libros de moralista. Mantengo esta verdaderamente sincero en su desengaño, no
escéptico radical,
convicción, ya expresada en una semblanza anterior, de 1945. hizo de éste literatura, pues hacerla es ya una forma de apego
que la presenté completa con rasgos más íntimos. al mundo y a sus ilusiones, sino que, un día, rompió la pluma
No fué una quiebra brusca, catastrófica, sino un
decididamente.
íntima.
EMILIO BECHER declinar doloroso y lento, no sin lucha
de estada Buenos Aires, mientras
En los primeros años su en
Pero dejé en el camino a Emilio Becher. Qué no de basura de las noti-
hurgaba para u n diario inglés en cajón escribía en periodiqui-
habríia el
hecho Becher con su extraordinario talento, si hubiese
voluntad de Ingenieros? Cómo pudo ser que un poseído la u s o palabras suyas-,o
cias municipales soñando
espíritu de aventura, había alentado aspiraciones muy altas,
noblemente dotado, en el cual, equilibrio, ingenio, mesura, tan
nes
legó a ser no menos exquisita que vasta. Su espíritu era traba- ticismo y renunciamiento posteriores.
jado además por inquietudes filosóficas y religiosas que le hicieron tratarlo en su cuartito
de La Nación y e n
Cuando empecé a no se había
anu-
ahondar en la experiencia mística "La Brasileña", a u n
y que acaso no fueron ajenas las tertulias literarias de ya estaba
a
aquel renunciamiento temprano. "Emilio Becher es una cosa autoridad de crítico y ensayista
lado e n t e r a m e n t e . Su en la revista Ideas,
demasiado grande y demasiado asentada sobre las bellas páginas
que publicara
pura para ser expresado con pa- escribiendo de letras
fran-
labras" --me decía Ricardo Ricardo Olivera,
Rojas poco años atrás. de Manuel Gálvez y
en los
densos artículos dados a
Aunque porteño, su mente y su corazón se formaron en el cesas, y había
de robustecerse
en nuestra
colegio nacional de Rosario, donde concluyó sus estudios en 1898, el "Stylo". Nadie,
seudónimo de
La Nación bajo nadie ha mos-
a los dieciséis
años. análisis más agudos y originales;
tierra, ha hecho
disociar las ideas y
examinarlas bajo
:Quién lo perdió en Buenos Aires? Fué el era de es-
periodismo,
hecho trado más capacidad para
Lo mismo que su cultura,
su espíritu
todas las luces. acaso
Figura en Siglos,
1946. escuelas, autores, Editorial Problemas, Buenos Aires, gracia, levedad, lucidez y penetración,
tirpe francesa, cuya
104 ROBERTO F. GIUSTI
MOMENTOs Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA
105
contra ella de dos maneras diferentes: Reaccionaba rado a la literatura argentina del novecientos al lado de sus
el arrebato; irritándose a veces hasta valores más indiscutibles. Ninguno de nuestros ensayistas ha
paladeándola
otras como ambrosía,
de la infinita imbecilidad cuando
tise" era la "sot- colección de artiículos como los veinte que firmó
quintaesencia
cazador insomne de estupideces de oradores humana. Era un
escrito
Stylo"
una
durante el año 1906, de expresión tan diáfana y ceñida
e hinchados. y escritores bárbaros ondulante. No se encontrará cosa que le supere
al pensamiento
en la celebrada labor de los mejo-
Su aversión a lo por su agudeza y originalidad
vulgar fué ciertamente el del 80: Lucio López, Cané, Wilde, García Mérou.
que le impidió concluir sus estudios de derecho. principal motivo res ensayistas
discontinua de ocho meses.
tura de ciertos
La oronda cha- Y ésa fué nada más que la tarea
juristas y catedráticos lo afligía como una Después vino el silencio, cada
vez más espeso, roto por alguna
cia nacional. En 1905 le escribía a desgra- sin firma. Al propio Diálogo de
su amigo, hablándole
de rara publicación, generalmente
Félix Outes, más tarde de La Isla de los
rasgo honorable y es haber
prestigioso arqueólogo: "Le conozco un las sombTas, publicado a raz de la aparición
le estamparon la firma
taria" interrumpidosu carrera universi- Pingüinos, cuenta Rojas que los amigosRenunciando a escribir, se re-
al pie, traicionando su voluntad. del diario.
Poseía de atender el archivo
un
ingenio vivacísimo, afilado en la esgrima de las salas
de redacción y en los corrillos
fugió en la tarea burocrática de redactar la lista de la
literarios. A. nadie he conocido Con displicente ironía se enorgullecía
más diestro en
jugar con las ideas. Y con los vocablos, si bien correspondencia retenida.
alma las llamas
tenía en menos la habilidad verbal reavivó en su
del retruécano, que
gastaba primera guerra mundial
Sólo la arancán-
como moneda chica en las sacándolo de su apatía y
tertulias y en la correspondencia extinguidas del antiguo fervor, de la causa que
familiar. Encerrado en su vibrantes en favor
vencido por el alcohol, desencanto, paralizado por su abulia, dole páginas indignadas y militar. Como
angustiado por terribles accesos de neu- los aliados y en contra del despotismo
sOstenían otro atormentado genial,
aun-
rastenia, una tarde de febrero de 1921 lo encontraron en el caso de Florencio Sánchez,
la pieza del sanatorio en muerto en
el cual había ido a buscar alivio a ciertamente inferior a la de Emilio
dolencias fisicas y morales. Murió del sus que de calidad espiritual culpa tuvieron de su aciaga
corazón. Tenía 38 años. Becher, los contemporáneos ninguna
víctimas de sí mismos.
Sus amigos guardábamos a su memoria una. admiración suerte. Uno y otro fueron las
ningún "pero" empañaba. Sin embargo, como que
al acaso de sus lo habíamos leído
publicaciones intermitentes, dispersas en los po- EL CAFÉ DE LOS INMORTALES
riódicos, nos
preguntábamos en secreto si lo que él escribió
dría dar la medida de su po el vigoroso dramaturgo de
talento a los que no lo conocieron Ya he citado a Florencio Sánchez, conocido por pri-
cerca. Hoy ya no temo esta posible desilusión. de Los muertos y Barranca abajo.
Creo haberlo
también el
de Ricardo Bajo la dirección
Rojas y prologadas bellamente por él, la Facultad Brasileña. Pero él
frecuentaba
mera vez e n La
106 ROBERTO F. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 107
No he de contender
con Martínez Cuitiño, con quien mantengo una inalterable la feria...
afectuosa amistad de casi cincuenta años, a pesar de alguna
y un rayo a tiempo y se acabó
antigua polémica, sobre la verdad de cada uno de los episodios Allá dirán
y anécdotas que relata. Yo
digo mi humilde y limitada verdad.
106 ROBERT F. GIUSTI
MOMENTos Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 107
dramaturgo, por esos días autor primerizo de un libro de versos después de los tiempos que Viamonte. Con su dalabra
Florida y
contré e n la esquina de internado en el hospital
resonantes, Rapsodias paganas; José González Castillo, que ha- contó que se había
cia sus
primeros pasos en el teatro; el periodista Edmundo Cal
atropellada y seca m e
de Clínicas y debía operarse.
cagno, entonces barbado anarquista, luego cónsul en Barcelona y formado la resolución de
más tarde secretario de No sé si en ese ya había
momento
prensa en la presidencia del general Jus- sabiéndose condenado por
n o aguardó la operación,
to otro anarquista, el uruguayo Angel Falco, perfecta estampa matarse; pero encontrado
yerto en su
cama. Había bebido u n a
del bardo romántico Fué
al suicidio el 24 de
y tribunicio, de negra melena, hirsutos mos- un cáncer.
tachos y chambergo mosqueteril; y muchos más, bohemios es solución de cianuro. Igual motivo arrastróamiga Alfonsina
Storni.
su buena
critores-Soiza Reilly, Alejandro Sux, Alberto Tena, Domingo y Octubre del año siguientede Quiroga, y la de Lugones, también
a
decisión
Robatto, Raymundo Manigot- de más fugaz aparición o menos Posiblemente la año de 1938, no
fueron extra-
ese mismo
vinculados con nuestro grupo habitual. e n febrero de ella
suicida, Cuando Quiroga murió,
Vicente Martínez al paso extremo
de la poetisa. publicamos e n
Cuitiño, que fué uno de los asiduos tert ñas resolución en u n a poesía que
ianos, le ha dedicado un libro ameno y aplaudió la trágica
nan la rica cordial, en el cual alter
memoria y la férvida fantasía. No he de Nosotros. Recordaré algunos de sus versos:
se
. .un rayo a tiempo y
años, a pesar de alguna
antigua polémica, sobre la verdad de cada uno de los
Allá dirán
y anécdotas que relata.
Yo digo mi humilde episodios
y limitada verdad.
108 ROBERTO F. GIUSTI Y ASPECTOS DE LA CULTURA ARGENTINA 109
MOMENTos
hartazgo de la dijeron:
existencia; otros adujeron razones sentimentales. fuertes rasgos de lápiz azul,
la caricatura de Floren-
Todas he donado al
Cartones, destrucción se la
a
conjeturas. Me inclino a
suponer una neurastenia en salvé de la de
una fuerte
depresión física se cruzó con disgustos morales que C1o una de las que
Nacional de Investigaciones
y
Archivos Literarios
de
indole diversa. Más fáciles de explicar son los suicidios de Ho- nstituto la lámina
LXl del nú-
reproducida en revista de dicho
racio Quiroga y Alfonsina ontevideo y aparece de la notable
Storni. 1° (Diciembre de 1949) que yo
trace
seguido por propios yextraños. Nada más falso. En defensa de salvo en los poéticos paíises
vecino entre enredados adema-
la verdad debí polemizar, en 1920, con Vicente Martínez Cui- caba confwanmente al
desdichado
nadurando, y Charles de
tiño, uno de los propaladores de la leyenda. Sánchez no fué el c s el asunto
de la obra que venia
nocedadecs suizas, sus andan-
sus
analfabeto genial y maldito que en él han visto periodistas de- Soussens contaba entre hipidos
clamadores y admiradores mal informados. Fué un hombre sim-
ROBERTo F. GIUSTI MOMENTOS Y ASPECTOs DE LA CULTURA ARGENTINA
112 113
zas revolucionarias del 90, casi recién desembarcado e ignorante nosotros, se me apareció severo y descontento el rostro bona-
el divino Rubén. hón de don Salvador y entonces me prometí no participar más
de lo que ocurría, o sus míticas orgías líricas con
rico don
Era infaltable don Salvador Boucau. Había sido muy en estas excursiones de saqueo al pais de Jauja descubierto por
nomnbre de este durar, aunque
Salvador. Sin ser un literato ni un artista, el el poeta. Aquello no podía saliera fiador Rocke-
com- muerte don Salvador
culto hombre de mundo, de este sportman antaño popular, duró. Pero hasta le faltó
su
feller, y no no
prador en cien mil pesos oro del famoso Ormonde, el arte ar-
estuvo un
a ese niño grande que fué siempre Soussens.
tiempo vinculado al desenvolvimiento de las
letras y Pobre viejo amigo! Su presencia parecía impuesta por el des
mecenas en la medida en que la
disminu-
Generoso
gentinos. de su vida, tino en los círculos literarios en que se prolongaban todavía a
ción de s u fortuna se lo permitía en los últimos años y los sentimientos de los
era el comensal más espe-
principios del siglo, no sólo las formas
aquel criollo leal y afable, ya sesentón,años DOetas decadentes franceses, sino, con inútil frecuencia, sus "po-
rado en el "almorzáculo". Algunos atrás, visitando la es- El hizo entre nosotros el papel de Verlaine.
Ensenada Ses" y desarreglos.
tancia de San Luis Chico, que fué suya, allá por la simbolista de siem-
Aunque formó parte del gruporomántico en su Darío, en sus
de Samborombón, antes de pertenecer a don Alejandro Shaw, un poco del éntasis porte y
pre persistió
pude apreciar la riqueza de obras artísticas y vajillas y muebles debía titularse román-
versos nobles y s o n o r o s . Château liryque
suntuosos que con gusto refinado atesoró en ella el antiguo pro- nunca reunidas; y ro-
ticamente el soñado libro de sus poesías,
sino en España,
pietario. mánticamente edificó todos sus castillos de ilusión,
en el aire. El más caro
recuerdo y el mayor orgullo de su exis
CHARLES DE SOUSSENS
Víctor Hugo.
tencia e r a n haber sido besado, de nino, por
de la Universidad de Friburgo. El
Soussens, "sans-sous", como lo llamó Rubén Darío, gozó Su padre había sido rector de la
culminó cierta afectación de
hijo era culto y exquisitamente educado,
con
benévola protección de don Salvador. El mecenazgo con plumas"
con c a m a y co- cortesanía francesa que lo llevaba a
"barrer el suelo
cierta vez liberalmente en u n a pensión completa, versallescamente la
e n la "garçonnière" de don
besarle
cuando saludaba a u n a dama y a
mida, todo pago: dormía el poeta de Corrientes y Junín. aun en los momentos
en que
Salvador y comía e n u n bar de la esquina
ami-
punta de los dedos. El bohemio, mostrarse caballero, Y,
a u n a mesa, recibía a los más olvidado parecía de sí mismo,
sabía
Allí, instalado largas horas frente seññorío con la c e r v e z a quue estuviera enteramente nublada,
era
con dadivoso
gos, obsequiándolos aceitunas y algo más.
salvo que su inteligencia alusiones y en aguzar
ilechas pun
Salvador. La cerveza, las diestro e n apuntar oportunas
pagaba don lo visitamos Bian- le quiso de veras,y
Recuerdo que u n a noche, ante su insistencia, 2antes, Talentoso, ocurrente, gentil corazón, se
un precioso sonetillo: arrimaba a nuestra nesa. Su clan literario era otro. Intimamos
Para él escribió Emilio quizá sus
de alguna luna remota. . ." cn cambio cn Los Inmortales. En el segundo número de Nos-
antes de morir, sufrió un ata-
últimas líneas. Cuando, dos meses
Soussens quiso visitarlo en cl mo-
otros
ofrcció una poesía suya: "Cosas de Andresillo". En el pri-
que agudo de edema pulmonar, mero se había cstrenado Enrique Banchs, cuyo primer libro, Las
Le fué impedida la
desto hotel donde el enfermo se alojaba.
las visitas. Soussens, Barcas, de ese mismo año de 1907, lo reveló a los buenos catado-a
entrada, pues los médicos habían prohibido res el mayor lirico argentino de nuestra generación, aunque
en carta a Emi-
herido en su amor propio y en su afecto, se quejó Carriego le costara explicablemente concederlo, cediendo el cetrTO
le escribió en respuesta,
lio, y éste, apenas pudo tomar la pluma, elocuentee
principesco que empezaba a cmpuñar entre los jóvenes poetas.
una
hermosa epístola en francés, de sabor dearcaico, Yo asistí al alumbramicnto de Las Barcas y pucdo decir que tuve
ingeniosa c o m o una tirada del "Cyrano" Rostand, postrera al poeta en la fuente bautismal; también vi formarse el volumen
definitiva confirmación de cuanto era el talento del malogrado de Misas herejes, aparecido al año siguiente con esta dedicatoria
y
crítico y ensayista argentino. También Sousseens, como lo hizo el a don Salvador Boucau: "Uno de los pocos'". Las noches
maestro Verlaine, hubiera podido escribir sus "Hospitales", por- salíamos de Los Inmortales, dejábamos detrás de nosotros la calle
de estio
que los útimos años de su pasó enfermo y resignado
vida los
Corrientes, ya rumorosa, y a paso lento, por Suipacha, subiamos
en una sala del Rawson, con cierto aire orgulloso de pensionista hasta la plaza San Martín. Eramos tres, éramos cuatro, pocas
que cuenta con la protección de médicos amigos. Entonces veces más. En el grupo iba Carriego, movedizo y parlanchin.
es
taba ya muy disminuído fisica y moralmente, como lo representa Vuelvo a verlo sentado en un banco diciéndonos sus versos; vuel-
una fotografía suya tomada en el hospital. Cuando murió en vo a recordar nuestra turbación ante aquel
muchacho magro de
octubre de 1927, pudo decirse que con él desapare el último ojillos hurgadores, siempre trajeado de negro, que vivia e n el
su alma. Evocaba
bohemio. En 1947 trasladamos susrestos al panteón del Círculo arrabal, al que n u n c a pisábamos, y conocía
de la Prensa. Un amigo se enteró de que serían arrojados al osa- las obreritas tísicas, las novias burladas, las dolientes
Carriego los
rio y piadosamente les descubrió este nuevo asilo. A
pesar deasis-
los Margaritas, los niños sin madre, los patios de vecindad,los que-
a diez jumbrosos organillos, los bailes, los velorios, los guapos, lugares
repetidos anuncios de los diarios no alcanzábamos
tentes a la fúnebre ceremonia.
los
Sin embargo, todos sus amigos no de perdición, su carne de presidioy de hospital.
Hombres del
como si nos contase fábulas
hemos muerto. La ley es que todo pasa, todo muere, todo se centro, lo escuchábamos encantados,
olvida. de un lejano y extraño país, mientras debajo de nosotros, sobre
coches rodaban con sordo y monótono r u m o r y sus
Santa Fe, los
dirección Palermo. El poeta decía muy
EVARISTO CARRIEGO luces se perseguían en
bien sus versos, e n los cuales tijó
u n aspecto de esta Buenos Aires
nos des-
cambiante y multiforme. Incorrectos, sencillos, vulgares,
Los recuerdos se atropellan en mi memoria, pidiéndome des- hasta entonces desconocida en la poesía
cubrían una realidad
Palermo evocado por él, es u n apacible
cender al papel. No puedo complacerlos a todos. El tropel crece
a medida que transcurren los años.
argentina. Hoy, aquel lindaba con la Tierra del Fuego,
barrio residencial; e n su tiempo
Los hilos se me enredan a cada vuelta; pero este primer ovilli- de aquéllos la sentía
temido arrabal de malevos. La guapeza
to ya lo veo suficientemente devanado. No he de soltarlo, sin n o tenía boca, en
hasta lo hondo el muchacho entrerriano, que
embargo, antes de recordar a uno de los compañeros de las pri- recitaba sus versos, sino para cele-
la mesa del café, cuando
no
Pancho Ramírez,
meras empresas a quien ya he citado varias veces. Hablo de Eva-
risto Carriego, grande amigo él también de don Salvador Boucau.
brar las hazañas de su paisano
el caudillo o, cosa
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