Las Nuevas Adicciones sin Sustancia, un Problema Complejo
Introducción a los problemas del consumo: adicciones tóxicas y no
tóxicas. Ludopatía.
Clase mes de setiembre 2016. Dra Susana Calero
En las causas manifiestas con más frecuencia en el uso de las
adicciones aparecen: la búsqueda de placer o la diversión, la curiosidad, el
deseo de nuevas sensaciones, configurándose como fenómeno de relación
social. A mayor distancia, pero con un carácter de significación más complejo,
estarían la trasgresión, la descalificación de códigos y normas, el escape de
problemas personales, la negación de la enfermedad, la frustración intolerable
y la exposición a situaciones traumáticas.
El uso y abuso de sustancias y no sustancias pueden pensarse como un
acto individual, pero no es menos cierto que la dimensión que este tipo de
conductas ha alcanzado es tal que trazar un límite entre lo individual y lo
social resulta difícil. Por ello, si admitimos que el abuso de sustancias o
conductas es un problema de salud, deberemos añadir de inmediato que
estamos hablando tanto de salud individual como de salud pública. Y si lo
definimos como un problema social tendremos que admitir que buena parte de
sus consecuencias y de los problemas asociados a él, demandan
intervenciones comunitarias.
Clasificaciones del comportamiento con o sin sustancia
Es importante poder diferenciar diferentes modalidades de relación del
sujeto con el objeto, sea este una droga o sustancia `psicoactiva o se trate de un
comportamiento que activa mecanismos de satisfacción con similares
potencialidades adictivas.
Así hablamos de Uso cuando el fenómeno no tiene un carácter
problemático y se instala al observador como naturalizado. Aquí, en esta
categoría, se podría incluir la experimentación, comportamiento propio de la
adolescencia y muy promovido por la misma cultura de consumo entre los
miembros de nuestra sociedad.
En el caso de Abuso pensamos en un consumo “recurrente”, que afecta
al sujeto en el cumplimiento de sus obligaciones, o lo expone a situaciones de
riesgo y peligrosidad, o problemas legales o interpersonales.
Y reservamos el concepto de Adicción para como lo define el Manual de
Estadística y Diagnóstico Médico de la Asociación de Psiquiatría Americana
(DSM IV r) como “Un patrón desadaptativo de consumo que conlleva un
deterioro o malestar clínicamente significativo, expresado por tres o más de los
criterios diagnósticos en un período continuado de 12 meses”:
Caracterizada además por los fenómenos de: TOLERANCIA Y
ABSTINENCIA.
Entendemos tolerancia como el fenómeno determinado biológicamente,
manifiesto en la necesidad de aumentar el estímulo (dosis de sustancia o mayor
exposición) para obtener igual intensidad de respuesta.
Y conocemos como abstinencia al conjunto de signos y síntomas
psicofísicos que resultan de la suspensión del estímulo.
El hábito y la tolerancia social influyen. Pocas veces la sociedad reacciona
frente a las adicciones sin sustancia como lo hace frente al alcohol, las
sustancias psicoactivas e inclusive el tabaco que permitió establecer lugares
libres de humo.
El contexto de la consulta actual
El esfuerzo individual para recuperar a un paciente de su adicción se ve
muchas veces complicado por situaciones de contexto entre las que podríamos
destacar:
* Capacitación insuficiente entre la comunidad de profesionales
* Falta de programas de participación en los distintos grupos etarios.
* Falta de control en la facilidad al acceso y uso, referido a lugares de juego y a
control del uso de las TIC. .
Ello guarda relación con la falta de políticas estratégicas en este problema
donde se requieren estrategias orientadas en dos sentidos:
Reducción de la demanda: en tanto daños y riesgos
Control de la Oferta
Son numerosos y diversos los efectos que se detectan sobre nuestra
población expuesta a estos fenómenos de manera sostenida y creciente. El
impacto puede observarse en diferentes niveles, donde particularmente nos
interesan los vinculados al daño a la salud, individual o colectiva:
Incremento de niveles de violencia
Incremento de niveles de exclusión
Hábitos de riesgo: falta de sueño, trastornos de alimentación, fracaso escolar
Incremento de accidentes.
El objeto de la adicción viene a llenar un vacío y a cumplir una función
titánica: debe modificar la vivencia de la realidad del sujeto, en forma
ilusoria y omnipotente, bajo la promesa de satisfacción plena e inmediata…
El sujeto adicto, “ha renunciado a transformar la realidad y se ha resignado
a alterar su percepción de la misma”.[1]Santiago Kovadloff, Diario La Nación,
domingo 15 de julio de2001.
Introducción Modelos de Comprensión. Adicciones Tóxicas y No
Tóxicas
Dra. Susana Calero
Desarrollo
Enfocar el tema de las adicciones significa hablar de patologías crónicas,
de evolución recurrencial y pronóstico grave si no se interrumpe a tiempo y en
forma definitiva.
En las sociedades modernas, las drogas constituyen la manifestación de
experiencias que expresan las modalidades de relación del individuo consigo
mismo y con los demás.
La droga se considera un problema en sí misma, llevándola a la categoría
de causa, negando problemáticas sociales e individuales como: sociedad, en
situación de crisis, ruptura de estructuras familiares tradicionales, dificultad de
inserción laboral, deterioro de la calidad de vida, incremento de la violencia
social, cuadros psicopatológicos de otros integrantes del medio familiar y propios
del paciente.
Existe una policausalidad en el tema de las adicciones comprendiendo lo
individual, lo biológico, lo familiar, lo sociocultural, tratándose entonces de una
policausalidad holística.
La causalidad psicológica referida a trastornos de la personalidad es
discutida y hoy se afirma que muchas veces no se hallaron patrones comunes,
ni trastorno alguno de la personalidad..
Si se encontraron características que incluyen:
Búsqueda de placer
Intolerancia al displacer
Oscilación tímica
Impulsión
Egocentrismo
La palabra adicción desde el punto de vista etimológico según la
Academia Nacional de Letras, deriva del verbo griego “adiccere”, en su primera
acepción significa “encadenado a”, “abandonado a”.
En su segunda acepción, se interpreta como “sin expresión”. Es utilizada
en el sentido de “asignación”, “entrega”, “adhesión”.
El vocablo “adicto” posee la misma raíz y significa “adjudicación por
sentencia del pretor”, actualmente utilizado en sentido de “adjudicado”,
“dedicado”, “consagrado a”.
El individuo que sufre esta patología es un enfermo, independientemente
del objeto de su adicción.
De acuerdo al significado de adicción tiene incapacidad de expresar sus
sentimientos, está abandonado o entregado a.
Según la Organización Mundial de la Salud las adicciones pueden
clasificarse en:
Bien vistas por la sociedad
Regularmente vistas por la sociedad
Mal vistas por la sociedad
En el primer grupo, estarán las socioadicciones o adicciones sin
sustancias (internet, telefonía celular, compra compulsiva, juego compulsivo,
trabajo, sexo).
En el segundo grupo, el alcohol, el tabaco y los psicofármacos.
En el tercer grupo, la marihuana (para algunos grupos sociales), cocaína,
LSD, etc.
Con el término droga o sustancias psicoactiva en forma genérica nos
referimos a tóxicos neuropsiquiátricos que se caracterizan por actuar sobre el
cerebro con efectos nocivos sobre el funcionamiento psíquico y psicomotriz.
Periodicidad y cronicidad son otros elementos a tener en cuenta que sobre
un terreno vulnerable (diferente en cada persona) generan el fenómeno adictivo.
Introduciremos en estos conceptos generales el término “pacientes
duales” que no es de ninguna manera hablar específicamente de rasgos o
pacientes psicóticos.
“El trastorno por dependencia de sustancias psicoactivas y cualquier otro
trastorno psiquiátrico se incluye dentro de la categoría de paciente dual”, señala
claramente el Dr. Guillermo Dorado.
La comorbilidad no es solo con psicosis sino con patologías afectivas,
depresión, cuadros de ansiedad o trastornos de personalidad previas. Este
diagnóstico se realiza con los antecedentes de enfermedad psiquiátrica familiar
o cuando detectamos que los síntomas de la enfermedad se dieron antes del
consumo.
Si luego de largo tiempo de abstinencia el síntoma de la enfermedad
psiquiátrica persiste, es fácil entonces hacer el diagnóstico de comorbilidad como
trastorno afectivo, de ansiedad, psicótico o déficit atencional sobre todo en
pacientes adictos a sustancias estimulantes.
Adelanto otro tema que después veremos en profundidad en el desarrollo
de este curso es el Criterio de Recompensa Cerebral.
Las drogas producen una sensación primaria agradable hasta llegar a
atenuar las sensaciones desagradables. Todos hemos experimentado
sensaciones y vivencias placenteras frente a la comida, actividades físicas,
actividad sexual, logros laborales, profesionales económicos por modificaciones
neuroquímicas naturales que se producen en algunas estructuras cerebrales que
tienen que ver con vivencias de gratificación por ejemplo el Nucleo Accumbens.
Dentro del circuito de recompensa están las vías dopaminérgicas, la que
involucra el lóbulo frontal, el circuito dopaminérgico mesocortical. Cuando
hablamos de lesiones estructurales o funcionales del lóbulo frontal hablamos de
alteraciones de conducta que se darán en nuestros pacientes.
(Queridos compañeros del curso no es para que se asusten con
estos términos, les avisé que no los acosaría con neuroanatomía ni
neurofisiología, pero creo que darle una leída cuando estén con tiempo
libre y repasar algunos conceptos dichos de un modo fácil, no nos viene
mal, comprenderán mejor algo que dará la Dra Verónica Mora en la próxima
clase)
La Dra. Nora Volkow, directora del NIDA, investigadora en los Estados
Unidos sobre neuroimágenes se refiere a los receptores dopaminérgicos de los
adictos decidiendo que hay una menor densidad de receptores dopaminérgicos
en pacientes adictos en ciertas estructuras límbicas como por ejemplo en el
Nucleo Accumbens.
La menor densidad de estos receptores en estos pacientes es anterior al
consumo de drogas, anterior a su adicción. Entonces son pacientes que tendrían
menor capacidad de que su circuito de recompensa y reforzamiento se active
naturalmente. Si en algún momento se ponen en contacto con sustancias que
potencien el circuito que trabaja en forma limitada, tendrán una posibilidad de
experimentar vivencias placenteras usando esas sustancias y esto generaría
una vulnerabilidad para entrar en una adicción
El circuito de re compe ns a
¿Qué utilidad tiene la neurobilogía? Entender la acción de la droga sobre
el sistema neurobiológico nos permitirá ver por qué debemos utilizar estos datos
en el manejo de la clínica del adicto.
Recordemos la historia de Phineas Gage. Era un trabajador ferroviario.
Estaba trabajando en las afueras de Cavendich, Vermont, en la construcción de
una línea de ferrocarril. Era Capataz y se lo consideraba eficiente y capaz. Dentro
de las tareas que hacía, era colocar cargas explosivas en agujeros taladrados
en la roca. Llenaba los agujeros con pólvora, colocaba un detonador, lo tapaba
con arena y aplastaba luego la arena con una gruesa y pesada barra de metal.
Ese día Phineas olvidó echar la arena antes de presionar con la barra de metal
y a presionar una chispa hizo explotar la pólvora.
La explosión hizo que la barra se disparara y le atravesara el cráneo
tirándolo a 30 metros de distancia.
La barra que pesaba 6kg., medía 1 mt de largo y más de 3 cm. de
diámetro, entró a su cráneo por la mejilla izquierda y salió por la parte superior
atravesando el contex cerebral anterior.
No solo sobrevivió al accidente, sino que se mantuvo consiente, habló a
los pocos minutos del accidente. Lo llevaron en una carreta a uno de los médicos
del pueblo, el Dr. Harlow. Sobrevivió a una infección y dos meses después el Dr.
Halow dio el alta considerando que estaba recuperado.
El Dr. Halow, 20 años después hace un informe del caso. Dice: “Antes del
accidente era un capataz eficaz, trabajador, puntual, sensato y sagaz, muy
perseverante en la ejecución de todos sus proyectos. Después del accidente, el
equilibrio o balance entre su facultad intelectual y sus propensiones animales se
había destruido. Tras pasar la fase aguda, se volvió irregular, irreverente,
blasfemo e impaciente.
A veces, era obstinado cuando le llevaban la contraria, pero pese a que
continuamente estaba pensando en planes futuros los abandonaba mucho antes
de prepararlos y era muy bueno a la hora de encontrar siempre algo que no le
convenía”.
Esto contrasta con el hombre responsable anterior al accidente.
Su matrimonio terminó ya que la esposa decía que no era el de antes, que
era mucho más agresivo.
Perdió su trabajo. En los nuevos que tomó, su permanencia era corta ya
que los abandonaba o lo despedían por riñas. Murió probablemente a los 38
años debido a sus crisis epilépticas.
Actualmente tanto su cráneo como la barra de hierro están en el Museo
de Medicina de la Universidad de Harvard.
Sus amigos decían que “había dejado de ser Gage”.
Hoy lo diagnosticaríamos como ablación traumática frontal bilateral con
pérdida de la capacidad funcional del lóbulo frontal.
Los rasgos clínicos que le quedaron son parecidos a los que se ven en la
adicción: dificultad en la anticipación, rasgos paranoides, rasgos de impulsividad,
rasgos psicopáticos.
Estas estructuras frontales se alteran con el uso de las sustancias
adictivas. Cuando se detectan hipoflujos frontales en el SPECT (tomografía
computarizada por emisión fotones) estamos hablando nada menos que de
situaciones que desde el enfoque biológico confirman como clínicamente se ven
cambios en conductas, en los valores y en el funcionamiento operativo de esa
persona.
El neurólogo Antonio Darmesio estudió el caso de Phineas Gage. En la
“teoría del marcador somático” dice que hay relación entre los lóbulos frontales,
la emoción y la toma de decisiones.( Este concepto puede ser pensado también
en conductas de adictos no solamente de sustancias)
El caso Gage también es el pilar básico en el concepto de funciones
ejecutivas. Las funciones ejecutivas son las que nos permiten dirigir nuestra
conducta hacia un fin y la capacidad para planificar, ejecutar y corregir nuestra
conducta.
A pesar de señalar a las adicciones como policausales, multifactoriales,
donde lo bilógico tiene importancia, lo familiar, lo personal y el entorno social
ocupan todos una parte; estamos lejos de coincidir en un modelo único de
comprensión. Cuesta como en otras patologías lograr equipos inter y
multidisciplinarios que trabajen como verdaderos equipos.
A mí personalmente me surgen dudas: Por qué existe el deseo de tomar
al paciente como cosa propia. Por qué no querer compartir los casos. Por qué
no querer ver las distintas facetas desde la visión de las distintas disciplinas. Lo
peor de todo, es que frente a este no puede trabajar en equipo, se plantea otro
inconveniente, “al adicto todos lo rechazan, nadie lo quiere atender” a pesar que
cada uno tiene la verdad absoluta sobre esta patología.
Deberíamos lograr un modelo integrador entre lo neurobiológico, lo
psicológico y lo clínico. Les reitero que es mi opinión personal después de
muchos años de ver el trabajo asistencial de adictos a sustancias y a no
sustancias.
Se revisan siempre tres modelos de intervención: la entrevista
motivacional, la prevención de recaídas y el trabajo de las redes sociales.
La entrevista motivacional desarrollada por Miller y Rollnick en 1991 es
una asistencia directa sobre el paciente y trata de provocar un cambio en su
comportamiento tratando de que conozca sus emociones y resuelva sus
ambivalencias con respecto al consumo de sustancias o conductas. Este
enfoque aumenta el compromiso con tratamientos posteriores y mejora el sostén
de tratamientos ambulatorios.
El modelo de prevención de recaídas propuesto por Marlatt y Gordon
en 1985, se basa en un programa de autocontrol para ayudar al paciente a
anticipar las recaídas y afrontarlas en el cambio de conducta adictiva. Combina
entrenamiento de habilidades, terapia cognitiva conductual y equilibrio del estilo
de vida.
Facilita que el paciente conozca los factores relacionados con sus
dificultades para lograr un estado de abstinencia. Detectar y afrontar situaciones
de alto riesgo. Aportar claridad a un fenómeno tan confuso como el de la adicción
con o sin sustancia.
El trabajo con redes sociales, el ambiente también contribuye al
desarrollo del trastorno adictivo y es fundamental en el proceso de rehabilitación.
Una red de apoyo social principal, es sin duda la familia. Recuperar los
vínculos con la familia deberá ocupar una parte importante en todo tratamiento
de adicciones. Trabajar para resolver el riesgo de familias coadictas o parejas
coadictas que puedan favorecer las recaídas.
Compañeros consumidores o grupos donde se concurre para consumir,
elementos que deberán borrarse del contacto del paciente adicto.
Agregaríamos los modelos de funcionamiento cerebral. Stuss y
Benson en 1986 en su libro “El Lóbulo Frontal” hablan de los mecanismos de la
conciencia relacionados con el lóbulo frontal. En los adictos lo frecuente es
encontrar la falta de conciencia del problema.
El modelo de circuitos cerebrales de Volkow, Fowler y Wang con
estudios de neuroimágenes muestran un amplio abanico de circuitos neuronales
que se ven afectados por el abuso de drogas. El circuito de recompensa lo
componen núcleos cerebrales como el accumbens y el pálido ventral. La droga
aumenta el nivel de dopamina en estos centros.
Estamos en una era donde las nuevas técnicas nos muestran los cambios
de conductas. Las técnicas psicoterapéuticas podrán mostrar su eficacia
evaluando los cambios sobre el funcionamiento cerebral. El cerebro muestra
cambios antes y después de nuestra intervención. Se puede ver cómo y por qué
es eficaz cada intervención.
Deberíamos comprender el efecto de la psicoterapia de las adicciones
sobre los procesos mentales y su correlato en el funcionamiento cerebral. Ayudar
al paciente a salir de la adicción desde el abordaje múltiple al más corto plazo.
Adicciones tóxicas y no tóxicas
Acostumbrados a hablar de adicciones pensando en la ingesta de
sustancias, recordemos las nuevas adicciones sin sustancia, no tóxicas o
adicciones comportamentales, que afrontamos con mayor intensidad desde los
comienzos del siglo XXI.
Estas adicciones se incluyen en lo que podemos llamar socioadicciones
Perduran a lo largo del tiempo, generando cambios físicos, psíquicos o
emocionales y sociales. No pueden ser reconocidas como enfermedad por quien
la padece. Los familiares y amigos son los primeros en descubrirlos. Son
adicciones por el mecanismo de pérdida de control sobre el uso o actividad. Se
convierten en verdaderos esclavos. No pueden frenar el deseo o craving.
Pierde el control, no hay conciencia de lo que pasa, si se le señala lo niega
Ya en el 2005, F. Alonso Fernandez nos hablaba de las Nuevas
Adicciones y nos decía: “Las nuevas adicciones sin sustancia constituyen uno
de los capítulos más representativos de la psicopatología, anunciada para el
siglo XXI, tanto por los aspectos cualitativos, como por los cuantitativos”.
Hagamos una revisión bibliográfica y recordemos que dicen otros autores.
Farré Marti: “la tendencia imperiosa de la persona que pierde su
capacidad de dominio en relación al consumo de drogas, al uso de objetos
(computadoras, televisión) a la repetición de actividades (juego compulsivo),
hasta el punto de dañarse a sí mismo o a la sociedad
Belloch: “dependencia hacia un objeto o actividad donde no existe ingesta
de ningún compuesto químico que ocasione cambios biológicos nocivos
para el organismo”.
Dentro de las adicciones no químicas, vamos a recordar al juego
patológico, la compra compulsiva, la vigorexia, el sexo compulsivo, la adicción al
trabajo, adicción a la telefonía celular y el gran grupo de las tecnofilias (internet,
chat, videos juegos) con las patologías a nivel traumatológico, cardiológico y los
problemas sociales que acarrean.
Ludopatía
En el jugador patológico, compulsivo o ludópata, se produce una
alteración de la conducta que se hace persistente, el sujeto pierde el control
voluntario, incrementa la actividad y aumenta la cantidad en las apuestas.
La Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización mundial de la
Salud (OMS) definen al jugador patológico como un individuo que se va haciendo
crónico y progresivamente incapaz de resistir los impulsos de jugar. La aparición
de una conducta de juego que compromete, rompe o lesiona los objetivos
personales, familiares y vocacionales. El ludópata mantiene un vínculo habitual,
reiterado, irrefrenable, perentorio con el juego.
Existen varias definiciones proporcionadas por distintos autores. El autor
que más ha escrito sobre el tema, es de origen español, su nombre Enrique
Echeburúa.
Echeburúa dice:” ciertos comportamientos, conductas esperables,
normales pueden llevarse de manera no saludables, según la frecuencia e
intensidad con que se realiza determinada práctica, cantidad de tiempo y dinero
invertido. También el modo de interferencia en los vínculos familiares, sociales y
laborales de una persona”.
El término de Juego Patológico se debe a Moran, quien en 1975 le puso
esta denominación.
El DSM III 1980 reconoce al juego patológico como trastorno mental.
El DSM IV-R define al J.P. como el individuo incapaz de resistir los
impulsos de jugar.
Asociación Americana de Psiquiatría APA y la OMS – CIE -10
DSM IV:
Preocupación por el juego.
Necesidad de jugar con cantidades crecientes para mayor grado de excitación.
Fracaso repetido para controlar, interrumpir o detener el juego.
Inquietud o irritabilidad cuando lo intenta.
El juego como estrategia para escapar de problemas o aliviar la disforia
Después de perder se vuelve para intentar recuperar.
Se engaña para ocultar el grado de implicación con el juego.
Se cometen actos ilegales, como falsificación, fraude, robo o abuso de confianza
para financiar el juego.
Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y
oportunidades educativas o profesionales debido al juego.
Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada
situación financiera causada por el juego.
F 63.0 ttrno de control de impulsos, 1980
CIE 10 :
Dos o más episodios de al menos un año de duración
Insistencia a pesar del perjuicio socio laboral y la pérdida de dinero absoluta
Reconocimiento de una acción compulsiva imposible de controlar por voluntad
propia
Preocupación contínua por el acto de jugar con presencia de pensamientos e
imágenes relativas al juego o con la circunstancias que lo rodean
2013
DSM V lo incorpora en la Sección de Trastornos Adictivos y relacionados
a sustancias
Trastorno por Juego de apuestas (F63.0) del DSM V.
4 (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 12
meses:
1.- Necesidad de jugar cantidades crecientes de dinero para lograr la
excitación deseada.
2.- Está inquieto o irritable cuando intenta interrumpir o detener el
juego.
3.- Ha efectuado reiterados esfuerzos no exitosos para controlar,
interrumpir o detener el juego.
4.- Está frecuentemente preocupado por el juego de apuestas
5.- Juega frecuentemente cuando se siente con distrés (ej:
desesperanzado, culpable, ansioso o deprimido).
6.- Después de perder dinero en el juego, vuelve con frecuencia otro
día para intentar recuperarlo.
7.- Miente para ocultar su grado de implicación en el juego.
8.- Ha arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas,
oportunidades de trabajo y educativas o profesionales debido al juego.
9.- Confía en que los demás le proporcionen el dinero que alivie la
desesperada situación financiera causada por el juego.
Nivel de severidad:
- Leve (reúne 4 a 5 de los 9 criterios)
- Moderado (reúne de 6 a 7 criterios )
- Severo (reúne de 8 a 9 criterios)
Recordemos que la adicción al juego se asocia con la compra compulsiva, la
conducta social compulsiva las conductas impulsivas y violentas. Co respecto a
sustancias se asocia con tabaco y alcohol y en menor proporción con
sustancias psicoactivas.
No se es jugador compulsivo desde la primera vez que se juega.
No todo el que juega será jugador patológico.
No para todos el juego es una actividad peligrosa.
Existen distintos tipos de jugadores:
Social u ocasional (llega por invitación o curiosidad… sólo para divertirse)
Jugador habitual/ problemático (crea un grupo, miente, describe sensación
diferente cuando juegan.)
Jugador compulsivo/ patológico (el dinero no tiene valor, problemas legales,
familiares, cuadro clínico florido)
También las fases que se recorren con el juego hasta llegar a la
ludopatía:
Curter, Lesieur y Rosenthal en 1982 y 1991 hablan de fases:
1- fase de ganancia
2- fase de pérdida.
3- fase de desesperación.
4- fase de desesperanza y agotamiento. En esta fase ya nos encontramos con
el jugador patológico
Sin duda el juego deja de ser placentero y social cuando el jugador, por la
pérdidas comienza a incrementar el dinero de las apuestas y recurre a préstamos
y otros medios para conseguir dinero.
Pasará fácilmente a ser un jugador problema y luego jugador patológico, donde,
en algunos casos, se hacen presentes las ideas e intento de suicidio.
Como vemos el jugador patológico no tiene como único problema su
compulsión al juego, sino que todas las áreas de su vida están
comprometidas y el compromiso de éstas agudizan sintomatologías ya
señaladas que puede llevarlo a cuadros severos.
Enumeraremos algunas características a tener en cuenta en los jugadores
patológicos:
Antecedentes familiares:
Familias adictivas
Familias abandónicas
Familias permisivas
Antecedentes de personalidad previa
Impulsividad
Hiperactividad
Antecedentes de déficit atencional con hiperactividad
Tendencia a la mitomanía
Tendencia a la manipulación
Baja tolerancia a la frustración
Baja autoestima
Sentimiento de superioridad, pensamiento omnipotente
Pensamientos mágicos, supersticiosos
Confianza excesiva, sentido de poder o control
La ilusión de libertad.
Las consecuencias que encontraremos en el jugador compulsivo:
Impulsividad e irritabilidad
Sentimiento de superioridad
Vacío existencial
Soledad
Monotonía
Aumento de la angustia
Depresión
Ideas y/o intentos de suicidio
Problemas con la justicia si recurre a créditos, utiliza cheques sin fondo
Situación laboral o educativa: disminución de su rendimiento, desmotivación,
faltas injustificadas, robos en el trabajo, abandono de estudios o trabajo
Conflictos familiares.