Ni Muchos Ruidos y Pocas Nueces. Abakuá
Ni Muchos Ruidos y Pocas Nueces. Abakuá
POR EL
RUIDOS, NI POCAS
CUERO
DEL CHIVO NUECES… LA
VERDADERA
TODO
0
Dedicaciones:
1
Entrante
4
Los Ilustres apellidos: negros en La Habana colonial. (Premio como mejor Obra Crítica por el
Instituto cubano del Libro, Editorial Ciencias Sociales, [y por Ediciones Boloña]. La Habana,
2009, p.54.
5
Pedro Deschamps Chapeaux: La Habana de intra y extramuros y los cabildos de negros de
nación. Comisión de Activistas de Historia del regional 10 de Octubre. La Habana. 1972.
3
Reglamentaron y conservaron principios como el de la ayuda mutua y el
socorro, y de mantener vivo el recuerdo de la patria lejana con el uso del idioma,
mística, música… Salvo, que en su caso, no era patria perdida…, porque estaban
en ella… Eran por encima de todo criollos, de ley; porque puede que la mayoría
originaria fuera afrodescendientes... Así las cosas, la nueva sociedad nos encara
con una institución que se plantea imitar, de manera planetaria, a los ancestros;
pero, como eran en su mayoría mulatos, tenían también ancestros hispanos, …y
del patio.
Del canto, sea cual sea la designación de la línea seguida por el Abakuá en
cuanto a la música, se dio lo que les era propio: los Coros de clave; orfeones que
se arrimaron a las tendencias de la que eran originalmente deudores: lo afro más
lo hispánico. Por lo que también, a su tiempo, se fueron incorporando a otras
tipologías de las corales en Cuba, las introducidas del barcelonés obrero Anselm
Clavé. Pero la filiación a parámetros de esos orfeones sucedió luego de pasada la
mitad del siglo XIX, cuando la fuerte –y original-- incursión de ese know-how
ocurre en la propia España.
E, igualmente discutible, lo de mantener viva la lengua…; objetivamente ¿cuál?
Era el Abakuá, en definitiva, un hijo, a buen decir para nada bastardo; que asume,
como criollo, lo de sus ancestros étnicos afro-hispanos. A agregar, el factor
religioso-cultural que se traduce en una singular recomposición mística, que a
muchos les ha reblandecido el cacumen al pretender rearmar el rito; que no le
encuentran su procedencia física cabal en las originales etnias y pueblos del
Africa donde se les ha procurado situar, muy generalizado en el Antiguo Calabar.
Repare como lo discurre Lydia Cabrera: 6
Así, ya en el poblado barrial del habanero Regla, años 1834 (o 36); rodeados de
las fuerzas inglesas anti-esclavistas, que se valían entre otras, de un pontón,7
cargado de congéneres ex esclavos, ya entrajeados, representando la embarcación;
y endeudándose con otros elementos de la anglo-cultura, en que se entonaban
meleas anglicanas aunque por suerte… desconocido el idioma.
Por las contadas calles y asientos poblacionales nada sobresalientes de la
habanera barriada ultramarina de Regla. En la época, poco podía verse más que el
pontón inglés Rom-Ney, atracado, por meses, al mismo borde marino; que no se
le acallaron las penas al gobernante español hasta que no lo atrabancaron a
cualquier precio y lo arrimaron cerca, en el lado opuesto de la bahía, sin su
habitual cargamento. En tales circunstancias, al profesor de geografía, periodista
y etnólogo Juan Luís Martín,8 le descalabró los andares averiguadores por la
Regla Abakuá cuando no pudo cotejar las lenguas o dialectos asumidos por la
hermética sociedad, ni de las razones de ese hermetismo subuso. Ni del arrimo de
su mística y de cuántos elementos practicados cuando quiso darle razón de ser a
una única procedencia africana. Porque no era única, ni necesariamente
predominante.
Igual sucedió con la pretendida explicación orticiana de darle méritos de
“Revolución Protestante” a la revuelta del polifacético hijo de esclava mina
Andrés Petit; que más tenía de purga romana cuando, en pretendida “visita” al
mismísimo papa de todos los católicos, consiguió, para sus fieles ñañigos en
Cuba, el indulto espiritual, a condición del acomodo del crucifijo en los sagrados
altares de los multiétnicos fambas. Porque si de algo tiene plena razón Ortiz es en
esa contundente afirmación en cuanto a la religiosidad Abakuá: “Los ñáñigos
tienen ritos esotéricos de tipo religiosos, pero no constituyen propiamente una
7
Pontón (Dicc. De la RAE, 1955): Barco chato…/ Buque viejo que, amarrado de firme en los
puertos, sirve de almacén, de hospital o de depósito de prisioneros…
8
Profesor Titular de Geografía, de la antigua Escuela Profesional de Periodismo de La Habana.
Etnólogo, escritor. En su haber varios títulos de libros publicados y materiales didácticos docentes
5
religión ni tampoco ejercitan una función de magia colectiva”. (Ortiz,1995:11).
Es que, originalmente --y por muchos años--, la sociedad Abakuá fue un gremio
laboral, creado a pie de grada en el Real Astillero de La Habana; entre cuyos
obreros afiliados, se podía profesar o no, religión alguna… Y de Petit: murió
amortajado de franciscano ayudado por otro sacerdote igual; y nada de
protestantes a la manera del pontón inglés; ni presidiendo homilías anglicanas o
weyslerianas afro-habaneras: “Andrés Facundo del Cristo de los Dolores Petit,
«caballero de color»; congo, lucumí, espiritista, ñáñigo, católico, masón; Bacocó
Efó, temido mayombero (congo-palero); de la orden católica de san Francisco,
creador de la regla del Santo Cristo del Buen Viaje del Palo Monte…; iniciador
de singulares reformas dentro de las tempranas creencias populares en el país;
pero no iniciador de una “Reforma a lo Protestante del ñañiguismo”, como
pudiera sugerirse, o de cualquier otra pretensión en esta dirección…; a ello
dedicaremos acápite.
En otro orden de ideas, Salillas fue también un pionero del estudio del
“ñañiguismo”, o Abakuá, …y de los tatuajes entre prisioneros. El criminólogo
español Rafael Salillas (1855-1923),9 en sus estudios destacó la importancia de la
sociología del hampa, a finales del siglo XIX… “Don Rafael Salillas, …había
recibido una carta de un ñáñigo presidiario,10 acompañada de un dibujo
representado un "plante" o ceremonia de la sociedad y la promesa de develarle
los misterios abakuás, podía entrevistarse personalmente, si no con el mismo que
le había escrito, con otros que se hallaban allí deportados igual…”. Era de los
cientos de ñáñigos encausados por supuestos delitos y desterrados, entre otros
ultramarinos penales, al de la isla española de Fernando Poo (hoy Bioko).
Confinamientos penosos y crueles impuestos por el gobierno colonial, en toda la
segunda parte del mencionado siglo al ñáñigo cubano. Antes de continuar merece
la pena repetir criterios que del criminólogo Salillas que escribe un periodista:
9
Rafael Salillas un importante médico criminólogo oscense, empezó a investigar el mundo
Abakuá y publicó en 1901 el artículo ‘Los ñáñigos en Ceuta’, en la Revista General de
Legislación y Jurisprudencia.
10
El presidiario cubano ñáñigo se llamaba –quizás por sobrenombre o por el propio secretismo
de la sociedad—, “Caoba”.
6
Contemplando los "juegos" de los ñáñigos en la prisión de Ceuta, Dn.
Rafael Salillas se pregunta: "qué es el ñañiguismo? y se dice: "no es una
mascarada, ni una sociedad tenebrosa. Es una importación étnica: es el
país africano que canta y danza cosas que en Africa deben de tener una
significación". Esta pregunta, el interés de estudiar el fenómeno ñáñigo,
aún no había tentado a ningún cubano. El estudio, desgraciadamente
inconcluso del español Salillas, es el primero, que con un sentido
científico se publica sobre el ñañiguismo a comienzos de este siglo.11
14
Tomado de “A propósito de los cultos populares sincréticos y la masonería negra en Cuba”,
Juan Jorge Álvarez Sánchez. Wikipedia (2019) [https://es. wikipedia.org/wiki/Abaku%C3%A1]
9
De la generalidad de lo anterior se han emitido diferentes criterios que
consideran como antecedente una matriz original, y excluyentemente africana, en
línea con la etnia carabalí; lo que obliga conferir a dichos antecedentes
preferencia en la atención, sin que ello restrinja sus débitos, como fenómeno
criollo, a otras figuras, incluso de más allá del propio patio. Es esta dirección de
conformar, objetivamente, los orígenes del Abakuá, nos servimos para introducir
al análisis de una cita muy abarcadora, aunque con varias imprecisiones que de
paso pretendemos subsanar en el presente trabajo:
21
Emilia Bernal Agüero, importante escritora e historiadora cubana. (Nuevitas, 1882-1964)
También cultivó otros géneros como el ensayo, la traducción y la novela autobiográfica.
16
coincida con su exacta ubicación laboral primitiva, en el espacio, y como mano de
obra –y algo más, como veremos--, del emporio del Astillero en la bahía.
Posteriormente aparecen a la legalidad en determinados barrios periféricos de La
Habana; como concluye Sosa: “en la práctica el Jesús María (asiento poblacional
de los obreros del Astillero) fue territorio ñáñigo, con numerosas sociedades
fuertes, belicosas, como Ibondá, Kodón dibbó, Ekerewa Menú, Anandibá,
Ibiabangú, Borondó, Orú Appapa…”(1982: 196) o sea, repite la idea de Cabrera.
Y se suceden otras versiones; vea ésta:
No, …no, no…, es que Pepe, el poeta cubano todavía no compone él las
décimas… Claro, digo todavía, según Luís Victoriano Betancourt. Y en eso
desmiente lo dicho por la condesa de Merlín, que es la que lo copia, a todas luces;
porque si no, vea que la Merlín entrecomilla la “Carta 8va”, en su libro: Cartas
de La Habana. Ahora, vea como lo escribe, a diferencia, el cronista Betancourt,
de lo que sería el fin del relato:
25
Jorge Pavez Ojeda, (2006): Anales de Desclasificación. Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2.
21
La historia del Abakuá en Cuba, en muchas ocasiones aparecerá asociada a la
figura del borbón Carlos III de España, que fue rey desde 1759 hasta su falleci--
miento en 1788.26 No todos los cuestionamientos que susciten sus políticas
podrán encontrase en el presente acápite, toda vez que la historiografía no
siempre ha sido espléndida e imparcial con el monarca; en muchos momentos ha
sufrido de la incomprensión, por lo que se deben examinar, al menos, aquellos
sucesos de su gobierno que tengan relación con la colonia caribeña que ofrezcan
detalles para procurar una aceptable valoración.
Por su importancia precisa mencionar sus funestas relaciones y enfrentamientos,
desde su nacimiento, con el otro imperio colonial: el inglés. Proceso que
coincidió muy críticamente con el español. La presencia militar agresiva británica
en La Habana, en 1762, en mucho toma al español por sorpresa; teniendo en
cuenta además, el valor que le representaba al aún recién instalado monarca
Carlos III esta capital como base importante del gobierno y comercio con las
colonias ultramarinas. Nuevas relaciones quedaron como resultado de estos
hechos militares, con implicaciones futuras, incluso con el resto de sistema
colonial español. ¿El final de esta acción inglesa? Desastroso. Y súmese a ello
los gastos en la restauración y para las obligadas nuevas construcciones
defensivas necesarias al enclave habanero. Y, el a nuestro interés Real Astillero
Betlem, había quedado totalmente inutilizado; los navíos terminados y surtos en
bahía y los por terminar en grada.
Las inversiones fueron propias de alguien que ante todo, odiaba. Así, los nuevos
elementos ejecutados en La Habana tuvieron visos del gigantismo característico
de este monarca. Muy pronto quedó terminada la nueva Fortaleza de San Carlos
de la Cabaña que al mismo don Carlos le causó aturdimiento conocer de su
enormidad y costo.
Y algo muy especial sucedió con el hombre negro en sus instalaciones, libre o
esclavo; del que conoció el Monarca su total entrega a la defensa y protección,
26
Carlos III, hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Ocurrida la muerte sin
descendencia de su hermanastro Fernando VI se hizo cardo de la monarquía española; ya tenía
experiencia de gobierno pues había sido duque de Parma, y rey de Nápoles. Precisamente de allí
se trajo a su gran colaborador, el marqués de Esquilache, secretario de Hacienda y de Guerra. Más
tarde el genovés marqués de Grimaldi sustituyó a Ricardo Wall al frente de la secretaría de
Estado, con lo que el gobierno quedó en manos de "italianos"; un hecho que cobrará importancia
durante los motines de la primavera de 1766.
22
cuando sus tropas penaban arrepentidas fácilmente doblegadas por el enemigo.
De particulares miramientos pueden catalogarse las relaciones, que dadas las
circunstancias mejoran del rey para con el hombre negro; y que, de alguna modo,
favorecen la misma existencia de las confraternidades Abakuá en el Arsenal.
Carlos III tuvo singulares manejos de determinadas escenarios en su gobierno.
Baste recordar el seguimiento que dio a la estratégica eliminación de la orden de
los jesuitas de sus territorios, que a su entender e investigaciones fueron causantes
de la sublevación, y a resultas su propio aniquilamiento físico, conocida por el
nombre de su ministro italiano el marqués de Esquilache.
Y con el hombre negro en La Habana, post ingleses, hubo cambios en su trato.
Y no es para nada casual o arbitraria, la ubicación primera, de la estatua de
Carlos III en la capital cubana, en 1804. Mucha significación tiene dentro del
contexto que se le buscó en área del extramuros; zona franca del entramado
subalterno social, a un costado del Campo de Marte. 27 Tan simbólico espacio
para el hombre negro avecindado en la tanta veces incendiada barriada de Jesús
María. Y no descuidar las descripciones de ocasión que ofrece la genial novela
Cecilia Valdés o la Loma del Ángel para ubicar detalles de bailes de negros, o de
cuna, y otros aconteceres. Así lo señala desde un inicio el capítulo XVII (Parte II:
219 y 220):
27
“Campo de Marte… hoy Plaza de la Fraternidad Americana”. “Paraje cenagoso, anegado y
cubierto de mangles, y por ello apenas transitable, de la villa San Cristóbal de La Habana,
convertido en estancia, después en las que abundaban los cocales y otros árboles frondosos;
desmontado, luego, y abierto al tránsito, ostentando un molino de viento y que era lugar de
reuniones de los pelucones” –no acaba de decir curros y ñañigos Roig, el autor de esta
referencia--, “…de la época que acudían a chismorrear y refrescar en un despacho que allí había
de sambumbia, escenario, al aire libre, en otra época de las primeras representaciones cómicas en
la Villa
23
Como si fueran una sola cosa. Otros datos de época los aporta el médico Domin-
go Rosain;28 quien señala necesarias referencias: Someruelos formó la Alameda
de Paula, dio más amplitud al paseo de extramuros, que adornó con la estatua de
Carlos III, inaugurada el 4 de Noviembre de 1803, trabajada por Cánovas,
primera que hubo en la Isla... (1875:182) Y, Villaverde no escatimó
circunstancias en que pudo incluir que significaba esta única estatua dedicada a
Carlos III, a inicios del siglo XIX y en un franco territorio que comprendía la
barriada de Jesús María extramuros, y de gran presencia del hombre negro. Las
citas de Cecilia Valdés:
Y sin olvidar, que su famoso Malanga, negro curro del Manglar, al que le dedica
el primer capítulo de la Cuarta Parte de su novela insigne, y citamos: Al entrar en
la calle Ancha, traía nuestro curro la vuelta del Campo de Marte.(326)29
Pero retomemos el tema sígnico: los capitales negros en el Real Arsenal de La
Habana; pero antes el comentarios de que existían similares agrupaciones
28
Domingo Rosain, en su libro Necrópolis de La Habana. Historia de los Cementerios de esta
Ciudad, con multitud de noticias interesantes. La Habana. Imprenta "EL TRABAJO," Amistad
número 100. 1875. [Copia Digital Museo Ultramar, Madrid.]
29
Tomada de la Edición digital de Cecilia Valdés del Proyecto Gutenberg.
24
mutualistas como señala Deschamps: “Hacia mucho que en La Habana los
negros y los pardos habían constituido, no solo en los barrios de extramuros,
sino en la ciudad también, gremios y partidos con los nombres de Franceses,
Moros, Ingleses, el Cordón Celestial, Comerciantes y otros, que venían del Siglo
XVIII”. Le agrega el propio autor: “se trata de trabajadores portuarios criollos
que se identifican con la nación carabalí….” (1972:33)
Pero antes establecer, si podrían ser de afrodescendientes Abakuá esos capitales
que sufragaron importantes inversiones para las dotaciones navales que construía
el dieciochesco Arsenal de la Real Armada española. Por su parte, la
historiografía recoge el desenvolvimiento económico que miembros de estas
mutuales habaneras lograban: “…en la práctica mostró la conveniencia de
contratar grupos de obreros con un jefe mayoral confiable para la patronal, y la
organización ñáñiga sirvió para eso… pues propició el lucro en actos entre
obones (capataces ñáñigos) y empresas. (Sosa: 316-317)
Pero prosigamos con la idea inicial: “en el XVIII no se quedaron ahí […] (se
desarrolló) una clase media de color libre, si no rica por lo menos bastante
acomodada y con cierta integración a la estructura económica”. (Castellanos,
1992:86). Agregando más ideas al tema, porque hay suficientes datos que
reflejan cómo el hombre negro defiende La Habana de los invasores ingleses:
“…la no esperada defensa negra de los puestos asignados; la mayoría de las veces
sin armamento, mostrando una valentía sin paragón”; para ello mostraremos
algunos textos más del libro que se publica de esos sucesos, que mandó realizar
el propio “Rey Borbón, Carlos III”. (Se respeta la ortografía del original siempre
que se pueda para su inteligibilidad):
25
Se ha trascrito una primera cita, tal cual el libro, y se muestra en cursiva. Las
otras, continuación se exponen, arregladas su ortografía, y en letra normal:
…………
“Algunos pocos negros de la Guarnición del Morro sorprendieron ayer al
medio día una avanzada de los enemigos, de un sargento, doce hombres,
de los cuales solo se escaparon tres, y este corto golpe no ha dejado de
infundir algún espíritu a la tropa, y gentes del país”. (52)
26
Son muchos los ejemplos que se incluyeron en el abultado libro escrito, como se
indicó, a solicitud real, que debió incluir muchos soldados y no negros, incluidos
esclavos, y pocos soldados y oficiales caucásicos españoles con algún mérito que
señalar. Que se debieron incluir, no del agrado e interés de la dirección militar y
política en La Habana a quienes Carlos III les demandaba, en este libro, rendir
cuentas. Pero hay una nota que no debemos dejar fuera:
En otro orden de ideas, hay que destacar, que sucedidos estos hechos, el Arsenal
alcanza momentos de máxima producción de navíos, cuando el “dinero corría”, o
como se diría también: “caía una lluvia de plata”; podía ser así atendiendo a lo
que oficialmente se expresó: “una fábrica «capaz de enriquecer toda la Isla».
Y existía una importante incorporación negra y particularmente Abakuá a la
nómina laboral del Real Astillero-Arsenal, de manera que se originó en el medio
urbano un sector social libre negro o mulato, de artesanos que en el siglo XVIII
dominó, en su inmensa mayoría, los oficios citadinos […] con capacidad
económica, y que integró los batallones de «pardos y morenos libres»”.
(Arrate,1760) Aunque no todo lo argumentado deba generalizar y condicionar los
comportamientos, sí pesaron mucho, y pudieron, incluso, determinar algunos.
Muy acertadamente señala el estudioso Moreno Fraginals cuando asegura que,
“está por estudiarse el poder efectivo de este sector en el siglo XVIII y parte del
XIX. (Moreno, 1986:312) Vale insistir que aunque luego de las acciones inglesas
de 1762, en La Habana y en muchos bolsillos, el dinero corría gracias al amplio
plan para la construcción --o reconstrucción-- de fortificaciones militares; sin
embargo, el oficio y arte debieron ser superiores a pie de grada en el Arsenal,
30
La España bajo los Borbones, de: William Coxe. Londres, 1813.Edición digital BNE.
27
aunque en obras como la Fortaleza de la Cabaña se daba, a su vez, una gran
demanda de profesionalidad. Vea la siguiente cita:
Con la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, se cerró una etapa
en la historia del Arsenal de La Habana, uno de los objetivos
fundamentales en la invasión. Pasado el año, al ser devuelta la ciudad a
España en 1763, el Arsenal estaba en ruinas, pues los ingleses habían
segado las Gradas de construcción naval, saqueado los artificios
mecánicos, y las maderas preciosas estaban mal almacenadas. Para su
restauración hicieron falta alrededor de cuatro mil hombres trabajando
de forma constante, lo que posibilitó que en 1765 quedara restablecido.
28
militar se hizo usual, y legal” de bajeles a interés de la Real Armada, y de otras
demandas en la factoría: “…la participación de actores privados en los negocios
de la Guerra constituía norma general…(103) Pero algo más, que muy enfático
alude el estudioso Dr. Serranos:
Pero sucedía que el sabio alemán Alexander von Humboldt, que visitó Cuba y
La Habana, varias veces; aludía, para su conjetura, también al poder del hombre
negro: “…la posición de los libres de color en la Habana es más feliz que en
ninguna otra nación, de lo que se lisonjean […] de estar muy adelantados en la
carrera de la civilización”. (2005: 220) Lo que precisan mejor los Castellanos:
“…en el XVIII no se quedaron ahí […] se desarrolló) una clase media de color
libre, si no rica por lo menos bastante acomodada y con cierta integración a la
estructura económica”. (1992:86) Y el investigador Serranos, añade: “…que
todas las contratas se hicieron mediante asientos privados…” Le queda muy claro
que el poder económico que se había gestado a pie de grada en los bolsillos
privados, necesariamente debió incluir al mayoritario trabajador negro; pero que
se desconoce cuándo, sólo se relaciona una “elite criolla blanca” habanera. Sin
embargo, esos inversores criollos debieron ser muchos negros o mulatos,
incluido los cófrades Abakuá, de lo que nada se divulgaba.
Así las cosas, vale insistir que la realeza desde Madrid había apostado para
incrementar las construcciones marinas a la Real Compañía de Comercio en la
década del cuarenta; incluso, cuando se hacen las nuevas construcciones,
incluido el traslado de las instalaciones de Astillero a nuevos espacios en la
propia bahía; capaz de construir varios buques a la vez, hasta tres en sus diques
31
Tomado de: José Manuel Serrano Álvarez. Universidad de Antioquia, Colombia Correo-e:
[email protected]
29
secos, en la Tenaza; así llamado el nuevo lugar y con el nuevo nombre de Real
Arsenal. Pero la Real Compañía de Comercio no pudo dar a todo respuesta, al
despojar del asiento para la construcción de navíos en mano de Acosta y
Montalvo. El despegue ocurrido a partir de la segunda mitad del siglo XVIII
dependerá, en mucho, aún de los situados de Virreinato de México, …y de los
bolsillos privados mencionados. Sin esa relación el pedido naval de la Armada no
habría podido realizarse: “Esto explicaría por qué fueron los sectores medios y
bajos de la élite habanera…”
Pero, antes, note: “Hay una serie de magnates cubanos que prestan dinero a
Lorenzo Montalvo, (Comisario Ordenador de Marina) para iniciar la construcción
de barcos en 1764, que obligó a un verdadero ejército de operarios, que debió
superar la cifra de 600, entre los cuales casi un centenar del cuerpo de expertos
del ejército…”33 ¿Serían estos a los que se refirió Ortiz, de curros adscritos a la
Maestranza de Artillería que tenía ubicado su cuartel en la Atarazana de Sevilla?
Volvamos al tema inicial de las reales condiciones favorables que se procuró el
hombre negro en La Habana, en estos años del siglo XVIII, que coinciden con la
regentura del Carlos III. El historiador de La Habana, Emilio Roig de
Leuchsenring relata algunos pasajes de interés, particularmente de sucesos
ocurridos durante la Toma inglesa de La Habana, y menciona una carta que envía
a Madrid el 21 de julio 1763 la Administración de la Real Compañía de esta
ciudad, a don Diego José de Cosa, Secretario de la Comisión establecida en la
capital española por el rey, que asombrosamente especifica qué también sucedió
allí cuando la perdida, a manos inglesas, de La Habana… Y dice en uno de los
32
(70)AGM, Archivo General de Marina-Arsenales, 5514. Ver: J. M. Serranos. “Elites…”
33
Tomado de Martínez Shaw, Carlos y Alfonso Mola, Marina: El Arsenal de La Habana. Siglo
XVIII. Madrid. UNEN
30
dos párrafos que extrajo Roig: 34 La restitución de La Habana a los españoles, se
efectuó… sin haber habido el menor alboroto, ni encuentros entre nuestras
tropas y las inglesas, mediante las acertadas providencias de nuestro Excmo.
Sor Comandante, bien no se ha podido remediar algunas muertes, que han hecho
los negros españoles entre los ingleses que se encontraban en las calles. (Roig,
1963,t.1:206) (Nuestro el subrayado) ¿A qué negros españoles les producían tal
escozor los ingleses como para deshacerse de ellos en las calles habaneras a
riesgo de ser ultimados? ¿Les pagaban, a los hacían por su propia cuenta e
interés…? Indudablemente, a estos negros españoles la presencia inglesa en La
Habana les interrumpían sus lucrativas utilidades –en lo económico, y en lo
social--, obtenidos como inversores en la construcción naval que gracias a Carlos
III, se les daba, entre otras razones, en el Real Arsenal. Y los negros, eran los
carpinteros, talladores, …y armadores artilleros navales los españoles… Y la otra
parte, la criolla, organizada en los gremios-mutuales Abakuá… Como hemos ya
señalado.
Tal como se lee del documento de Ortiz: los curros en La Habana vinieron de
Sevilla, e insistimos en lo que dice, además, Ortiz, por objetivo: desde las
instalaciones de las Atarazanas Reales de Sevilla; los astilleros-careneros oficiales
que en largo tiempo de la etapa colonial sirvieron al Puerto de Indias, pero que
se habían transformado en una importante Maestranza, lo que se entendía “…de
un conjunto de talleres análogos para la Artillería y efectos movibles para los
buques de guerra y del conjunto de operarios que trabajaban en ellos”. (Dicc.
RAE, 1955) Actividades que mucho lo vinculaban a las nuevas necesidades del
Arsenal habanero luego de que Inglaterra hubiera sojuzgado la capital cubana en
1762, por ser productora de los insumos armamentísticos necesarios a la
habilitación de buques militares.
34
La carta, integra, la incluye el historiador de La Habana Emilio Roig en el primer tomo de su
libro: La Habana, apuntes históricos; 2ª. ed. notablemente aumentada, 1963, t.3, pp.205-206.
31
Las Atarazanas, diecisiete enormes edificaciones en sentido perpendicular al
Guadalquivir, eran instalaciones antiguas ubicadas en el barrio del Arenal, de
Sevilla. Construidas desde mucho tiempo antes, en época del Rey Sabio, en el
siglo XII. El complejo de naves erigido denominada Atarazana; la de Sevilla
estaba junto a una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del
caudaloso río Guadalquivir; donde, carpinteros de ribera se dedicaban a la
construcción de barcos; pescadores y almacenistas se dedicaban a la salazón y
preservado del pescado; en fin, el aprovisionamiento para las largas y tortuosas
travesías… Pero cuando el Sistema de Flota que salía del puerto fluvial en el
interior, en Sevilla, cambió posteriormente a Cádiz, puerto de mar; fue la razón,
entre otras, que obligaran a la Corona con las grandes reformas del Cuerpo de
Artillería y de su Maestranza en Sevilla, e instalar éstas en Las Atarazanas…
Otros sucesos más tuvieron lugar durante el siglo XVIII que contrariaron las
actividades habituales de la Atarazana, incluso de otras que existían a la par en
regiones de Andalucía: en Málaga, Algeciras…; y una fue la escasez de madera
apropiada para la elaboración de embarcaciones de mayor resistencia y
navegabilidad.
Los soberanos reales, entrado el siglo XVIII, le dieron una nueva utilización a
esa importante instalación sevillana, como se ha insistido, con la ubicación, allí,
de una Maestranza de Artillería, para elaborar explosivos, y pertrechos propios
de esa rama militar; ya aclarada. Que a la larga se correspondía con el importante
32
apoyo logístico y en todos los sentidos, que recibiera el Real Arsenal habanera a
partir de 1763 luego de su recuperación de manos inglesas.
Y algo más, el propio Fernando Ortiz, señala la relación del curro sevillano con
la Maestranza de Sevilla; idea que no profundiza, pero que señala en más de una
ocasión en el libro: Los Negros Curros, (1995). Pero no insiste en el tema que
constituye, sin embargo, tesis fundamental por su importancia reveladora de la
presencia en La Habana de estos especialistas militares negros sevillanos.
Reparemos en algunas de dichas citas: “Las mismas causas económicas y sociales
codeterminaron, con las étnicas, que en Cuba hubiesen negros curros y negros
ñáñigos; para los primeros el impulso originario, estuvo en las atarazanas de
Sevilla; para los segundos la influencia promotora llegó desde los embarcaderos
del Calabar”. (Ortiz, 1995:14) (El subrayado es nuestro) Observe lo enfático y
definitorio de lo que dice.
El Abakuá, como se ha venido señalando, había surgido en esencia, del negro y
mulato descendiente africano, dueño casi, de la fuerza laboral y técnica a pie de
grada ya en el primer emporio erigido en la bahía metropolitana habanera, así
llamado Real Astillero. Luego, cuando se completó el traslado y ampliación como
Real Arsenal, en la década de 1740, fueron igualmente los Abakuá quienes
33
cubrieran los puestos de trabajo como mañosos carpinteros, tallistas, calafateros,
capataces…, convertido el Real Arsenal en la gran industria naval del Imperio
español en América. Y los curros, de quienes poca o ninguna información se
dispone, debieron incorporarse luego de la entrega por los ingleses de La
Habana a España; y por lo dicho por Ortiz: procedentes de las Atarazanas
sevillanas –y repetimos--: en ese momento Maestranza militar especializada en
armamento de artillería para uso en la flota de la Armada Real. A ello súmese que
con la Ordenanza de Arsenales de 1772, se producía la completa militarización de
los mismos.35 Y ahí coincidieron Abakuá y Negros curros sevillanos; vivieron en
el mismo barrio, solo que a los curros le tocó el único espacio inhóspito
disponible, en el orilleo marino; parte de la bahía adjunta dentro del Manglar; el
barrio obrero del portentoso Arsenal.
Así quedaba dilucidada la ubicación geo-social de los ñáñigos o Abakuá en
iguales sitio que los Curros. Categórico sentenció, aunque algo impreciso, Ortiz:
“…sólo existieron negros curros donde también hubo ñáñigos, o sea en La
Habana, Regla, Guanabacoa, Marianao y sus barrios orilleros, y por extensión
en Matanzas y Cárdenas. Nada más. En ninguna otra ciudad ni región de Cuba
(ni de América, agregamos), se dieron ni se dan esos personajes y sus escenas”.
(1995: 13)
Y a continuación explica las razones, a su entender, que pecan por desconocer
del origen, razón y circunstancias de esos personajes en La Habana, incluso de
Matanzas y su principal municipio, Cárdenas. ¿Desconoció, realmente, su
avecindamiento en los lugares de laboreos del Real Astillero… luego Arsenal? Y
cuántas otras preguntas… porque a página y algo, del negro curro sevillano, da
las razones reales de la presencia habanera de éste en el Arsenal, sin proponérselo
parece, aunque no incluye con atino la del Abakuá: Y repetimos, de su libro, lo ya
dicho: “Las mismas causas económicas y sociales codeterminaron, con las
étnicas, que en Cuba hubiesen negros curros y negros ñáñigos; para los primeros
el impulso originario, estuvo en la Atarazana de Sevilla”. El propio estudioso
reconoce el valor y representatividad de esta institución en esos años. En otras
35
Con la Ordenanza para los Arsenales se producía la completa militarización de los mismos en
1772, según referencias: El arsenal de La Habana en el siglo XVIII. Carlos Martínez Shaw y
Marina Alfonso Mola. Universidad NED, Madrid
34
notas cercanas vuelve a referirse a ellas, …y nada en este libro está demás, de su
tema Los negros curros. Vea: “Cuando las flotas llegaban de Indias vaciaban en
las Atarazanas del Guadalquivir el oro y la plata”. (Op. cit.:124) Y a seguidas
otra, claro, que se carga de alguna soez: “…porque si la valentonería fue
característica de España, en Sevilla fue donde tuvo su Catedral, su Alcázar, su
Atarazana y su río (El Guadalquivir) por donde se corría a otros mundos”.
Procedían los curros en La Habana de la Real empleomanía de las Atarazanas de
Sevilla, lo máximo en tecnología marítima de su tiempo; y, fueran por tanto
también de lo mejor como técnicos y como personas llegados a La Habana. No
hay porqué a ese conglomerado de técnicos, militares, laboriosos, y grandes
aportadores a nuestra cultura, junto a sus congéneres criollos los Abakuá, por
razones raciales consideralos lo peor humano, a su decir: “hampones”, como
sucedió hasta nuestros días. Ortiz en definitiva unifica a ambos instituciones
sociales, los ñañigos y los curros; destacando si, sus diferentes procedencias. Pero
ya en La Habana, residieron original-mente ambos, en el barrio de Jesús María.
Y en tal sentido amplía: …por lo general se les conoció por los negros del
Manglar, es decir el orillero así llamado […] No fue único el barrio del
Manglar, como asiento de los curros, pues los suburbios del Horcón y de Jesús
María también contaron con curros famosos.
Y añade más Ortiz: esta raigambre andaluza parece indicárnosla el apelativo
de curro… Rogamos al lector que recoja esa indicación, (SIC) porque habremos
de ir aludiendo a los elementos andaluces que en Cuba se fundieron en el
complejo tipo del negro curro. (Ortiz, 1995:15, 16,17)
35
Capítulo II:
36
Miguel Tacón, (1779-1855). Con la graduación de Teniente general tomó el mando de la Isla el
7 de Junio de 1831 hasta el 22 de Abril de 1838.
36
asentamiento barrial de Jesús María, que dice: “Un tremendo incendio, en 1826,
después de otros fuegos ocurridos en aquella peligrosa barriada, cuentan que
privó de sus escondites a estos pícaros, que la mano dura, pero eficaz del
General Tacón, arrojó de allí. Pero Jesús María fue, y es aún , barriada abakuá.
(1969b: s/p) (El subrayado es nuestro) Muy escueto, pero muy preciso y enfático,
aun lo discutible de los tiempos y lo que ello representa, porque si no, observe la
pregunta: ¿No se dice –y la Cabrera por su parte--, que los Abakuá o ñáñigo
vieron la luz en Regla en 1834- o 36-? Y menciona lo del incendios a que les
sometieron varios gobiernos de turno para eliminarlos de dicha barriada; quemas
que se sucedieron no muchos años atrás.
Haciendo historia, de primero señalar que el polígrafo Samuel Feijóo en su libro
Lirica Crítica, al abordar de la glosa con empleo de la décima como ejercicio
poético; introduce a dos grandes poetas exponentes de la décima “culta” del
siglo XIX cubano, momento en que Feijóo intercala la siguiente información:
“Hay glosa ya al incendio del barrio Jesús María a finales del siglo XVIII)”.
(1982: t.I, 260) Criterio muy definitorio aunque no satisface la pregunta de, quién
escribía tales glosas con el tema del incendio.
Por su parte el cronista costumbrista decimonono José Victoriano Betancourt
afirma que el tal primer incendio ocurre a inicios del siglo XIX y no al final del
XVIII. Con amplitud, relaciona de hechos que divulga en uno de sus artículos,
que citamos: “El Manglar era el Hampa de la Habana […] asquerosas pocilgas,
donde vivían en mezquinas casuchas una numerosa población casi toda africana,
antes del incendio que la convirtió en cenizas el año 1802”. (Ortiz, 1995:15)37
Este incendio sucede siendo Gobernador de la Isla el Marqués de Someruelos.38
Y otra información al respecto: La primera división de La Habana en barrios la
decretó el conde de Ricla (bando del 23 de septiembre de 1763). De aquellos
tiempos proceden los barrios muy pobres, marginales […] De esos desastres
resultó terrible el de los barrios de Jesús María y Guadalupe, entre la calle Águila
y el puente de Chávez, en La Habana de extramuros… Quedaron sin hogar más
37
74 La cita la toma Ortiz de “Los curros del Manglar”, Artículos de costumbres. Publicaciones
del Ministerio de Educación. La Habana, 1941, p. 133.
38
Tristemente célebre marqués de Someruelos: Don Salvador de Muro y Salazar (1799-1812).
37
de 8 mil personas, 700 murieron carbonizadas, 200 casas quedaron destruidas y
otras muchas en ruinas.39
Y otra crónica del acontecimiento: “lo cierto es que habiéndose incendiado el
referido barrio a la 1 del día, el 25 de abril de 1802, consumió el fuego 194 casas,
en que vivían más de 11,300 personas, casi todas infelices… salió [se refiere al
Capitán General el Márquez de Someruelos] de puerta en puerta a pedir una
limosna, para resarcirles sus bienes perdidos del mejor modo posible.” 40
Posteriormente, y según otro historiador de la época que repite el dato, con
algunas diferencias: “Reparó (se refiere igual al Capitán General) los efectos del
terrible incendio de Jesús María, ocurrido el 25 de abril de 1802, que devoró más
de 200 casas donde se albergaban 10,000 personas de la clase proletaria; haciendo
levantar barracones y exhortando de puerta en puerta a los vecinos, cuya caridad
correspondió a sus esfuerzos.”41 De hecho existió la demarcación conocida por
los Barracones, como antes lo menciona la cita de Cabrera; (Cabrera,1969b:s/p)
alojamiento que el propio marqués de Someruelos les consiguió como definitivos;
por supuesto, más distante de la ciudad. Y no lleva tanto esfuerzo suponer, que si
realmente salió el presupuesto por las tales donaciones de caridad, el incendio fue
importante… y su acusadora conciencia. La estudiosa Lydia Cabrera precisa algo
más: “(Las autoridades) les obligaban retirarse a las tres de la tarde, con cuyo
motivo se confinaban a Jesús María en lo que entonces se llamaba los
Barracones”. En definitiva, a los que sobrevivieron les ofertaron: edificios
múltiples, de estilo barracón42 y, con la condición de recogerse a media tarde,
como en una prisión.
Los criterios que propalaron los medios de información de la época, achacaban
el incendio: “a lo endeble y transitoriedad del bohío de yaguas y guano, y más
contados con tabla, propio de las edificaciones de esto barrios”. (Roig,1966: t
39
Tomado de: Palabra, Revista de la Arquitectura. Autora: Perla Cartaya COTTA. La Habana.
JUNIO / 2008 No.175.(p. 65)
40
Del historiador: Antonio José Valdés (1780- ?). En: Historia de la Isla de Cuba y en especial
de La Habana, Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964.
41
Pedro José Guiteras, (2005): Primeros historiadores del siglo XIX. (Volumen II) Imagen
Contemporánea. La Habana, Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, p. 74
42
Construcción estilo barracas, y ¡de materiales muy volátiles!, porque sufrieron similares
incendios. 83 84 Roig de Leuchsenreing (1889-1963), por muchos años historiador de la ciudad de
La Habana.
38
I,38) Sin embargo, una investigadora norteamericana, escritora de temas cubanos
y muy citada por el historiador de la ciudad Emilio Roig de Leuchsenreing: Irene
A. Wright,43 decía algo más de las casuchas de pobres: “…a causa de sus
materiales se quemaban fácilmente […] Era el argumento de mayor peso
--ampliaba la Wright--, en boca de las autoridades, desde épocas tempranas de la
Habana colonial, para que fueran trasladados y eliminados de los entorno de
blancos; porque – añadían--: «los negros serán ocasión de muchos males»”. (38)
Los hechos obligan a la reflexión; y, de primero, el factor de la fecha que
debemos aclarar en lo posible. Si es posible contabilizar varios incendios, fue
todo un proceso de exterminio; de manera que mejor también señalar: fue
responsabilidad de la Gobernación colonial.
Debe insistirse en establecer claro, la demarcación del vecindario del Manglar,
espacio habitacional que fue por excelencia de los negros curros sevillanos dentro
del entorno geográfico del barrio «Jesús María», donde, y antes de la llegada del
emigrante curro, recoge en la cita, ya mencionada, de la etnógrafa Lydia Cabrera:
En el Jesús María (los Barracones), donde brillarían los Barondó, los
Eforiankómo, se distinguieron los Curros, petulantes y rijosos…”; (1969-b:s/p)
que deja esclarecido lo de ese entorno combinado adjunto al antiguo emporio
astillero-arsenal. Lo meritorio, además, de la cita, es precisamente la obligada
referencia a las poderosas potencias Abakuá mencionadas (Barondó y
Eforiankómo), y a la realidad de que estas cohabitaron con los curros en dicha
barriada tuvieron el asentamiento poblacional los miembros de la Confraternidad
Abakuá, como trabajadores que eran del Real Astilleros, luego Arsenal. Vale la
ocasión para releer la definición de época que de Barracón ofrece el Diccionario
Novísimo Pichardo…vasto paralelogramo con tantas habitaciones como siervos,
las cuales dan al patio interior; cerradas las puertas de esta especie de cuartel,
quedan aquellos en completas seguridad durante las horas de sueño.”44
43
La cita a Irene Aloha Wright la hace en su libro Roig.(1966) Como historiadora de la capital
publicó entre otros: Historia documentada de San Cristóbal de la Habana en la primera mitad del
siglo XVII. La Habana. Imprenta Siglo XX. 1930.
44
PICHARDO NOVISIMO o diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas”.
(1953). Edición original en Matanzas, 1836. (El dato dice Pichardo, lo tomó de J. García
Arboleya, de su Manual de la Isla de Cuba. 2da. Edición,1859)
39
De Capitán General, Don Luis de las Casas, el primero de los llamados
ilustrados en tiempo del Carlos III, y alcanzara renombre, además de por su labor
en favor del desarrollo social, económico y cultural de la colonia, por sus Bandos
del Buen Gobierno para la ciudad de la Habana. Bandos que promulgó a poco de
su llegada a la gobernación de la Isla en 1792. Y lo más destacable que había en
el fondo de estos bandos de estricto cumplimiento, era: “Atendiendo a que […] se
hallan en calles habitadas de vecinos honrados, que justamente reclaman la
incomodidad [...] y a que los solares ocupados con ellos merecen ser fabricados
de modo que adornen, o complementen la población […] mando que dentro de un
año contando este día, todos… se pasen a las orillas de la ciudad”.45 Estos Bandos
llevaban como principal objetivo el desahucio de los espacios negros ocupados en
la ciudad, como el caso señalado del barrio Jesús María; en los que, a la supuesta
consideración de embellecimiento urbanístico, se le añadían las propias
características subversivas que ofrecían sus principales habitantes: curros y
Abakuá.
El estudioso Menéndez Alberdi afirma que fundado el Papel Periódico de la
Havana sus páginas dieron cuenta de una profusa publicación de décimas, “a
granel”. (Menéndez 1986: 36) Pero el tema merece algunos comentarios más. En
el documentado libro: La Poesía Lírica en Cuba (tomo I)46 José M. Carbonell
señalaba de la aparición pública del Papel Periódico de la Havana era la primera
publicación de carácter literario y económico en el país; una fuente abundante de
nuestra poesía --y en particular de décimas. Y, agregaba más: es que, “a partir de
1790 comienza nuestra historia”, en este caso como nación; porque antes,
--recalca--, “la poesía lírica no había florecido en el país en el por fenecer siglo
XVIII”. (Carbonell,1928:92) Pero las pesquisas de Carbonell fueron más allá al
agregar: que el “punto de vista” de una importante parte de la poesía aparecida en
el Papel Periódico estaba cargada de sátiras contra la mujer.(Ídem, 92) Y, lo más
importante: el segundo tipo en proporción, de esa poesía publicada en el
45
En Los Ilustres Apellidos Negros en La Habana Colonia, de la Dra. María del C. Barcia, La
Habana, 2009, pp.122-123.
46
Colección de varios tomos que con el título: Evolución de la Cultura Cubana (16081926),
escribe en 1928 Don José Manuel Carbonell y Rivero, Presidente de la Academia Nacional de
Artes y Letras, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y Correspondiente de la Real
Academia Española.
40
Periódico, según el balance hecho que incluye el polígrafo Carbonell, era entre
otras --dicho justamente--: “el incendio de Jesús María, de décimas anónimas o
con seudónimos. Las décimas que se adjudicaban firmantes eran de otros temas,
hechas por españoles” –concluye la cita de Carbonell. (93)
Pero valoremos algo más. En los finales de ese I Tomo, se incluye del también
poeta Ramón de Palma y Romay un apéndice: Cantares de Cuba, donde, escribe :
“las glosas de los guajiros con las décimas que a cada paso se improvisan en las
ciudades, y las que hace los versistas de pueblo en conmemoración de algún
hecho escandaloso. (Carbonell: 321) De hecho, dice el historiador Emilio Roig
(1966: tomo I, 215): que para la colaboración y comunicación espontánea con el
público”, desde el primer número del Papel Periódico de la Havana, se creó una
caja, a manera de «cepillo de ánimas», en que se echaban los artículos, poesías,
cartas etc., estando el propio Capitán General de la Isla, Don Luis de las Casas, de
redactor… Y la selección a publicar de estas colaboraciones la hacía además, el
redactor… La caja se suprimió en 1809: “porque se había convertido en un
depósito de libelos infamatorios”, argumentó que esgrimió, para suprimirla, el
redactor de turno: Don Tomás Agustín Cervantes. (Carbonell: 215). En definitiva
puede que más que infamatorios fueran inflamatorios; y, precisamente, por
referirse a los incendios del Jesús María en la pluma de los curros.
Todo contribuye a indicar existieron tres grandes incendios en Jesús María, en
1802, en 1826 y en 1828. De este último nos ofrece datos el Emilio Roig de
Leuchsenreing, cuando se discutía mantenerle o no, el nombre a la Calzada de
Vives: “Porque se construyó, después del segundo incendio de Jesús María, en
1828, de Capitán General de la Isla Dionisio Vives…” (Roig,1966: Tomo II,52)
Y de los incendios dieron cuenta los bomberos de La Habana, recogido en sus
Archivos de la época… Cómo los que reseñó en trabajo leído en la Sociedad de
Higiene de La Habana, el Dr. D. Antonio de Gordon y Acosta: “En la tarde del 25
de Abril de 1802 siendo Gobernador de la Isla el Marqués de Someruelos, tuvo
lugar el primer voraz incendio de Jesús María, que duró dos días y redujo a
cenizas 194 casas; quedando sin hogar y en la miseria gran número de sus
habitantes”. Y, en la misma página y sólo con la reseña de otro incendio de por
41
medio, se inserta la información del nuevo; aunque no especifica año, el tiempo
entre ellos no debió ser mucho, cuando dice: “El 11 de febrero tuvo lugar el
segundo incendio del barrio Jesús María, el cual no fue menos desastroso que el
anterior, pues fue grande el daño que ocasionó”. (1894:16)47
No se debe olvidar que el Manglar fue sólo un espacio dentro del barrio mayor
de Jesús María, el asiento poblacional de la emigración sevillana de los negros
curros; venidos para cubrir la empleomanía urgida como necesaria para el Real
Arsenal luego de la devolución de éste por los ingleses. Por su parte, en los otros
espacios habitados del Jesús María, se asentaban, igual como empleomanía,
criollos, de mayoría negra, entre los que se destacaban las señaladas, entre otras,
confraternidades Abakuá o de ñáñigos, que como gremios laboraban de mucho
antes, en la gran fábrica de navíos de la Real Armada. Y como se indicó: de
Astillero es transformado en Arsenal, y en sitio anexo, cercano a la segunda mitad
del siglo XVIII. En definitiva, estos fueron, en más o menos proporción, los
parajes que debió conocer el prolijo novelista costumbrista Villaverde para que,
en sus suficientes y definidos espacios ubicara el hábitat del personaje curro del
Manglar, Malanga, en su novela Cecilia Valdés: “Trazamos ahora aquí con
brocha gorda la vera efigie de un curro del Manglar, en las afueras de la culta
Habana […] traía nuestro curro la vuelta del Campo de Marte”.(Parte IV: Cap.
I)
Se conformó la secta-mutual en el medio y con predominio del laborante y sus
capataces, a pie de grada en el Arsenal. La mutual, secta –nombrada igual logia,
potencia, o tierra-- Abakuá o de ñáñigos, fue primero mulata y luego multiétnica
por razones propias de su expansión en el medio criollo. Las cuadrillas de obreros
en el Real Arsenal se habían ido nutriendo, mayoritariamente, con los mulatos y
morenos; quienes rápidamente se aplicaron a casi todas las actividades que
generaba el Arsenal, dentro y fuera de sus instalaciones oficiales; toda vez que el
español que arribaba desde la Metrópoli evitaba desempeñar profesiones
artesanales. La complejidad de la mano de obra que tenía el obrero específico del
Real Astillero luego Arsenal, no suponía iguales características al de los muelles,
47
Antonio de Gordon y Acosta: Los incendios, los Bomberos y la Higiene. Trabajo leído en la
Sociedad de Higiene de La Habana, el 5 de Julio de 1894. La Habana. Imprenta A. Miranda y Cía.
42
incluso para el dedicado de siempre a la carena y reparación de embarcaciones
menores en el puerto habanero. De forma que no era el mismo sector laboral ni
tenía iguales prerrogativas e intereses, aún económicas. Sin embargo, las
mutuales Abakuá que surgieron dentro del Real Arsenal, terminaron por absorber
a una gran mayoría.
Fernando Ortiz, 48 reconocido etnólogo, contrapone los ñáñigos o Abakuá a los
negros curros sevillanos que llegaron a compartir allí empleos; al plantear una
suerte de evolución diferente en las formas de comportamiento características de
tales agrupaciones. Por su parte el especialista chileno, Jorge Pavés, definía los
negros curros por una performance vestimentaria, un dialecto castellano
ostentoso expresado fuerte y públicamente, un exacerbado individualismo,
sumado a su filiación sevillana; a los que sucedían los negros ñáñigos, cultores de
la discreción y el secreto, corporativistas, de procedencia lingüística y ritual
africanas. (2006: 665) También para el ñáñigo o Abakuá se generalizó la
afirmación que la primera agrupación que se instituía como tal, y oficialmente en
los registros de las instancias españolas, se dio en la cercana población de Regla
con características y naturaleza más propia de un acatar religioso.
48
Abundantes consideraciones en esta dirección puede encontrase en su libro Los negros curros,
(1995), compilación post-morten de materiales de Ortiz, de la especialista Dra. Diana Iznaga.
43
los juegos secretos ayudaría…” La aparición de esa primer sociedad secreta
ñáñiga coincidía con la mayor intensidad del Abolicionismo, en el que se
advierte, dice: “cierto matiz weysleriano, negros anglicizados, 49 entre los
ñáñigos,” y sumándolos a otros compromisos religiosos. Al tema Argeliers León
agrega además: “Se vivía en esa época de un intenso movimiento esclavista y de
serias contradicciones de ese lucrativo comercio con hombres, además, el
abolicionismo cobraba fuerza y se llenaba de matices políticos…” (1881:79)
Realmente fueron un fenómeno de la vida colonial las agrupaciones en defensa
de los esclavos; de grupos filantrópicos de libertos afines con las entidades
abolicionistas de promoción inglesa para introducir, como agentes secretos, los
iniciados de las sociedades Abakuá; y según el historiador Martín, era una de las
maneras de los ingleses de organizar a los esclavos, y afrodescendientes, en una
conspiración abolicionista contra España: constituirlos en sociedades secretas
propias… y sumándolos a otros compromisos religiosos. A ello añade: “…el
barco inglés que se estacionaba en el fondeadero de Regla, …el contacto con
iniciados propiciaría las conspiraciones.”50
Nada desmiente que la reaparición de la primera potencia de ñáñigos o Abakuá
apareciera en Regla cuando el respaldo inglés fuera en firme, y así obligar fuera
inscrita, oficialmente, en 1836, en los registros legales de Regla. Y dos hechos,
nada casuales tampoco, se sucedían coincidiendo en tiempo: el primero, la
ratificación de un nuevo tratado entre Inglaterra y España para interceptar el flujo
esclavo. La esclavitud se había abolido en Inglaterra en 1934, el año anterior al
Tratado que se concretaba entre las dos naciones en 1835. La abolición la había
asumido Inglaterra y obligaba a España hacer lo mismo. De manera, que casi
coincide la aparición de la ʻprimeraʼ potencia en Regla, con la de los llamados
emancipados… a causa de los tratados… Y el otro hecho que aporta condiciones
para su aparición lo aporta la reina española Isabel II; cuando se procuraba el
apoyo inglés accediendo sin muchos reparos al nuevo Tratado; el que, en uno de
49
Son formas de las religiones protestantes, en este caso inglesas, muy comprometidas en estos
trasiegos humanos para captar feligreses, mucho más activos que los católicos.
50
Datos tomados del libro separata, del doctor Juan Luís Martín a título de “Esquema sobre los
factores alógenos de la población cubana”, La Habana, 1944. “Temas complementarios sobre la
geografía social de Cuba”; que edita para sus alumnos de la Escuela Profesional de Periodismo:
Manuel Márquez Sterling.
44
sus anexos planteaba un reglamento para el buen tratamiento de los esclavos que
se emanciparan. El historiador Le Riverend añade que en definitiva a los grandes
hacendados en la Isla no les venía mal el comportamiento de Isabel II, ante los
“brotes sediciosos en las congestionadas zonas de La Habana y Matanzas”;51 con
pronunciamientos afines de ideólogos como José A. Sacos.
Por otro lado, se han dedicado estudios a la lengua ñáñiga o Abakuá que
hubiesen refundido los africanos ya en Cuba, y sus descendencias… Y realmente
no fue cómo una lengua para entenderse con los españoles, ni menos a la inversa.
Fue, llamémosle parla; muchos de sus elementos procedían de parte de la región
al frente de Fernando Poo;52 y que, luego acá, sirviera para comunicarse los
ñáñigos entre sí en la potencia; y, que no lo entendieran ni los españoles, ni los
51
Historia económica de Cuba. Julio Le Riverand. La Habana. Ediciones Revolucionarias. 1971.
52
Con el nombre de Fernando Poo, posesión y penal español, hoy Bioko, en Guinea Ecuatorial.
45
criollos no iniciados a una de las logias secretas. Las referencias reafirman: “que
no puede decirse que el ñáñigo sea un idioma, o un dialecto africano; es un
conjunto mínimo de voces africanas, convencional, que se sueldan aisladamente,
procedentes del Calabar…” (Martín,1944:55-56) Y otras voces que se agregan
incluso de las germanías españolas… que identifica un singular entramado de
lenguas. Al estudio y cotejo de las cuales dedica Martín la mayor parte de su
trabajo; dictamina que lo más actual que podía investigar […], nada o muy poco,
tenía que ver con la primitiva lengua conocida de los “apapá”, que dio vida a la
primera logia-mutual, que existiera en la marítima Regla. Y no entraremos en
todas las voces que se integran, procedencia, características, raíces y otras
modalidades, que devela dicha investigación. Fue el Abakuá una entidad criolla;
en demostrarlo también se ha sido minucioso.
El doctor Martín53 dedicó particular énfasis al lenguaje de las distintas se etnias
representadas en Cuba, y va estableciendo pautas a lo que sucede con los ñáñigos.
Así, en el acápite que titula. Los lenguajes y el criollo, menciona el generalmente
practicado por las llamadas Sociedades Secretas, no necesariamente de Abakuá
varias veces.
¿Qué significado especial tenían? Las menciona como instituciones tratantes de
esclavos. --“Su hijo (dice Martín refiriéndose a Guzmán Blanco quien fuera
Dictador de Venezuela), era el gran sacerdote de las sociedades secretas
tratantes, lo cual significa que éstas ya admitían a blancos y mestizos”. (1944: 39)
53
Profesor de Geografía de la que fuera Escuela Nacional de Periodismo “Manuel Márquez
Sterling”.
46
otras personas formaron dicha comisión, con el encargo de elaborar memorias,
informes y otros trabajos, para ampliar la divulgación. De ello se decía que eran:
Proyectos para fomentar una población en Nipe; establecimiento del Puerto de
Mariel; descripción de Guantánamo; Terrenos realengos de id.; Presupuestos de
id; Reconocimiento de la, parte Oriental; Terrenos realengos de Holguín, Nipe
y Mayarí; Fomento de Matanzas; Descripción de la Isla ele Pinos; Informes
sobre caminos: Insectos de la Isla de Cuba.
De los informes dados a la publicitado, la Comisión informaba de: “…Juan
Montalvo y O'Farril… que ya Brigadier fue ascendido a Mariscal de campo en
1843. Se les orientó reconocer la bahía de Guantánamo, visitada por Colón, que la
llamó Puerto Grande y los ingleses Bahía de Cumberland, por la que desembarcó
el 18 de Julio de 1712 el Almirante inglés Vermon, quien en 1741 estableció allí
una población con el nombre de Bay Incomberland Harbour. En dicha fecha
arribaba a dicha bahía una escuadra inglesa, con el propósito de construir el
ferrocarril en la Habana aunque una gran parte de sus integrantes arribó
padeciendo la epidemia del vómito negro. Con conocimientos de agricultura, se
construyeron los ingenios azucareros El Desquite y San Ignacio, en Canasí.
Trabajó en el naciente poblado de Madruga, en su fomento, Martín S. Aróstegui
y Herrera donde se descubrieron baños medicinales en 1796. Así también otros
formaron parte de la Comisión del Conde Jaruco, y publicó trabajos en 1802. Y
algo muy importante que a la larga da razón de la presencia de los Abakuá en
Regla: “La Comisión: “…contribuyó al establecimiento en el Mariel y en
Matanzas de las familias que de resultas del primer incendio de Jesús María, se
hallaban errantes é indigentes”. (Rosain,1875:177) (Se respeta la ortografía
original)
Los integrantes de esta secta-confraternidad, al igual que otros
afrodescendientes igual, como los negros curros sevillanos, al perder sus trabajos
en el Real Arsenal, que cerraba sus puertas con el fin de siglo, y ser non grata sus
viviendas y pobreza; sufrieron del desalojo inducido por incendios, como hemos
señalado. Uno de ellos de la responsabilidad del Capitán General de la Isla, el
marqués de Someruelos. Una versión de los incendio en Jesús María, la escribe el
en su momento Historiador de la Habana, Emilio Blanchet:
47
Durante los días veinticinco y veintiséis de abril de 1802, las llamas
consumieron en la Habana ciento noventa y cuatro casas del muy
populoso barrio de Jesús María, quedando sin hogar más de diez mil
personas. Muchas se albergaron en barracas hechas á costa de la Real
Hacienda y los Propios, otras se refujiaron en conventos. Abrióse una
suscricion para el socorro de tal calamidad y Someruelos anduvo de
puerta en puerta recojiendo limosnas. Quizá desapareció entonces en el
pueblo la opinión de que el Capitán general era duro con los pobres. (Se
respeta la ortografía original) 54
Por su parte Domingo Rosain,55 ampliaba más con otros pormenores del conde
de Jaruco: “D. Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, nació en la Habana el 10 de
Setiembre de 1769 y dedicado á la carrera de las armas llegó á Mariscal de
Campo. Muy niño quedó huérfano y abandonado á sus luces naturales y á su
amor al saber…” (Ídem) A los l1 años de edad vistió el hábito de dominico y fue
catedrático de Teología, de Moral y de Sagrada Escritura. En Marzo de 1789
marchó a la Península ya capitán de Infantería, viajando por las principales
capitales de Europa, ingresó en Guardias de Corps en la compañía de Caballeros
Americanos, que fundó en sociedad con el Marqués de Casa Flores. Fue
Subinspector de las tropas de la Isla.
Comisionado real para dirigir la antes señalada Comisión especial de estudio
geofísicos, lo que le permitió hacer estudios, cómo el ejecutado para el canal de
Güines. Puede señalarse además, que su animosidad le llevó a fundar, cerca de La
Habana, la población de Nueva Paz en 1801. Solicitó, desde 1767 que de las
temporalidades de los Jesuitas se extrajese cierto fondo con la calidad de
reintegro para la dotación do las cátedras de la Universidad, sin cuyo subsidio no
podía sostenerse la de Matemáticas. (Rosain,1875 :177-178) En los terrenos que
ocuparon sus ingenios se hallaron restos de la primera máquina de vapor que él
introdujo. Carlos IV le concedió el monopolio de poder extraer azúcares para
España en buques extranjeros. La casa de este opulento habanero fue el centro de
cuantos hombres de mérito visitaron nuestras playas.
54
Emilio Blanchet, (1866): Compendio de historia de Cuba. Matanzas, Imp. A. del Yumurí.
55
Historiador y médico Dr. Domingo Rosain: Necrópolis de La Habana. (1875). La Habana.
Imprenta El Trabajo.
48
Y lo más destacado, como antes señalamos y ahora subrayamos: que a resultas
de las catástrofes incendiarias habaneras provocadas por la élites en el poder en
Jesús María, miles de familias negras fundamentalmente, quedaran sin hogares ni
recursos, ante lo que tanto el conde Jaruco y la Comisión que dirigía,
contribuyeron a su ubicación: “… al establecimiento en el Mariel y en Matanzas
de las familias que se hallaban errantes e indigentes…”; familias negras de
mayoría Abakuá y curras… que a causa de incendios a la barriada Jesús María,
“se hallaban errantes e indigentes”, en lo que hemos venido insistiendo. Y muy
significativa la cita, no solo por los valores humanistas que pudieron haber
animado los sucesos; sino además, por lo que explican de la presencia de curros y
ñáñigos fuera de La Habana --y en específico fuera del Jesús María--; y de su
aparición social en esos nuevos territorios indicados, cercanos a La Habana, de
donde eran expulsados.
Las peculiaridades personales del conde de Mopox o Jaruco las recoge
Villaverde en su ejemplar Cecilia Valdés. Novela con una temática básicamente
historicista, su tiempo-relato es contentiva, según el propio escritor, de un período
comprendido entre la segunda y tercera década del siglo XIX. Es ahí donde
refiere de este singular personaje Jaruco, de grandes aciertos humanistas aún su
procedencia esclavista, todo en unas cortas pinceladas muy bien dispuestas. El
lector lo apreciará a través del matrimonio esclavos suyos, y así denominados
Dionisio Jaruco, cocinero, y su esposa María de Regla, ahora comprados por la
familia Gamboa. Ambos con una cultura que se aprecia por un lenguaje
comunicativo cotidiano impecable, que Villaverde lo justifica por estar al amparo
del ese piadoso conde de Jaruco o Monpox.
El novelista añade, que el matrimonio esclavo de Dionisio y María de Regla a la
muerte del conde fueron vendidos fortuitamente, empobrecidos sus familiares por
las deudas que aquejaban al conde.
49
56
Según el diccionario cubano de términos y referencias Congas, se puede
establecer el origen del reino del Kongo en el siglo XIV. Sobre la segunda mitad
de dicho siglo y dentro de la dinámica de expansión de los pueblos bantúes,
grupos de la etnia de los bakongo procedentes de lo que hoy es la zona de
Kinshasa cruzan el río Congo, llamado Nzaidi por los nativos, hacia lo que hoy es
Angola, sometiendo a los pueblo locales y estableciendo su capital en Mbanza-
Kongo:
56
Tomado del Diccionario Congo. La Habana 2008-10. [Digital]
57
Ver compilación de términos realizada por Margarita Mejuto y Jesús Guanche Consejo
Nacional de Casas de Cultura Ciudad de La Habana, 2008.
50
La Habana subalterna. Principalmente sufrió trasformaciones cuando cambió
mucho la etno-conformación de la inmigración esclava desde Africa. Ese
momento, habla de un antes y un después de estas sociedades-confraternidades.
Estos sucesos quedaban muchos fuera de la gran historiografía socio-política,
imbuido el país en las guerras independentistas; generalizadoras y muy activas en
la segunda parte del siglo XIX, mientras la esclavitud continuaba en el país con la
nueva presencia de miles de hombres –y mujeres--, que se traían de África.
El mencionado etnólogo y profesor Martín, en su documentada Separata:
“Factores alógenos de la población cubana”58, señalaba aspectos, que aún su
extensión reproduciremos:
58
La Habana, 1944.
51
señala Bronislaw Malinowski59 sobre el proceso de transculturación que nos sirva
de base:
Por su parte, el propio creador del término-concepto, Ortiz, opinaba: “en todo
abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la
criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es
distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación,
y este vocablo comprende todas las fases de su parábola”.60
En esos años finales de la esclavitud, que finiquitó en la década del 80 del
siglo XIX, se había incrementado el envío desde África de miles de esclavos de
las etnias carabalíes y de congos; de las zonas del continente negro de “riquísimos
restos de antiguas civilizaciones. (Martín:43) Zonas afectadas de conmociones,
“arrojaron sobre las costas del Calabar fuertes contingentes…”(43-44); y, a
seguidas, tratantes como Amakiri y Peble, “arrojaron miles y miles,
principalmente ibos, a Cuba y Brasil…” De 20,000 esclavos que los barcos
lograron conducir a América, 16,000 eran ibis. Y, por otra parte, luchas internas
entre tratantes, en particular entre los mencionados Amakiri y Peble contribuyó a
que se enviaran a Cuba, grandes partidas de carabalí; y como antes señalábamos,
predominaban los bricamos, apapás, bilis, ibos… --y dice más, enfático, Martín--,
“que hicieron rugir en los cuartos fambas de nuestros ñáñigos, la voz milenaria
del oráculo de Aro-Chuku, el Delfo de África, condensada en los Ekué…”;(44)
como antes señalábamos. Sin embargo, debemos considerar que cuando releíamos
59
Bronislaw Malinowski, 1940: “La transculturación, su vocablo y su concepto”. Revista
Bimestre Cubana. La Habana, nº46, pp. 220-228.
60
Tomado del trabajo: “El estudio del arte negro en Fernando Ortiz”, de Diana Iznaga Beira,
publicado Online, por la Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2019.
52
el cuadro que anexa de los Cabildos habaneros la Dra. Barcia en “Los Ilustres
Apellidos: negros…”, no aparece registrado cabildo bricamos en La Habana antes
de la década de 1840… Sólo aparece un Cabildo “Cinco Naciones”, o sea quizás
incluyó al bricamo, en 1827, que no detalla lugar, y el otro en 1837. Los demás,
bricamos, a partir de la década de 1840 (1843, 1853, 1865, y 1876).
No obstante, Martín señala de: “trabajadores libres y esclavos de la ciudad,
carabalíes apapá chiquitos (hijos) auto-afiliados a los viejos cabildos de nación
carabalí, de código proto abakuá”. Y en otra parte añade: “Sin embargo, sobre
los fundadores abakuás [...] sus componentes eran negros criollos, basaban su
organización en un sistema jerárquico tribal, con sus jefe nominados en lengua
carabalí y mostraban un cierto orgullo en llamarse apapás, por ser hijos de
carabalíes apapás.” (51) O sea, sería ello un tanto difícil si aceptamos lo de la
primera potencia Abakuá en 1835 en Regla. Y repetimos otra información, muy
aportadora: “esa historia del mundo del Calabar reescrita por los Abakuás al
interior del fambá (el cuarto secreto de los ritos secretos) es la gnoseología de su
secreto”, suscribe la etnóloga Lydia Cabrera:61
Se hace necesario considerar los datos numéricos que ofrecen los cuadros que
anexa la Dra. Carmen Barcia sobre los Cabildos en La Habana, que pueden ser
ilustrativos de la gran presencia de las etnias de carabalí y congas en zonas
habaneras.62 De primeros, cuando fueron mayoría los Cabildos Carabalí
--incluyendo las referencia antes señaladas, en fechas--, desde la década de 1830
hasta la de 1870. La tabla confeccionada recoge la totalidad de los cabildos
existentes registrados, en los dos siglos, XVIII y XIX.
61
Lydia Cabrera: La sociedad secreta Abakuá narrada por sus adeptos. Miami: Ediciones C. R.
Colección del Chicherekú, 1969.
62
De su libro: “Los ilustres apellidos: negros en La Habana Colonial”, de: María del Carmen
Barcia. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales –Ediciones Boloña. 2009. (En: Anexos)
53
--Carabalí: 80 cabildos; en los que, de las décadas de 1830 a la de 1870: 29
--Congos: 42 cabildos; y en las décadas señaladas: 28
--Lucumíes: 19; y en las décadas señaladas: 6
--Ararás: 20; y en las décadas: 12
--Gangas: 8; y en las décadas: 6
--Mandingas: 11; y en las décadas: 8
En un libro publicado del polígrafo Ortiz, 63 éste va un poco más allá en la
crónica, que no caben dudas amplían sus anteriores reflexiones. Se refiere
específicamente, a “una poesía negra sacada de la liturgia africana”. Y añade: “se
trata de poesía realmente negra, tradicional y religiosa […] en los sagrados ritos
traídos a Cuba por lo negros de los calabares”. Y amplía las consideraciones:
“Tan sólo conocemos una composición lirica hecha en lenguaje africano de los
calabares, escrita en Cuba por la musa afrocubana. Podría titularse Gueyí barió
bakongó, por su verso inicial”. Y añadimos del comentario de Ortiz: Se compone
de cinco estrofas en el modelo métrico de las décimas castellanas. Los versos
está hechos con palabras carabalí, de las propias del lenguaje jergal y sagrado de
los ñáñigos, pero metrificadas como señalamos, con el arte retórico castellano, en
las consonancias casi todas agudas, y en los acentos, a veces transportados, por
exigencia del consonante, con esa libertad que se toman las musas negras con las
palabras de los cantos, para moldearlas según el imperio de sus ritmos. Un de las
décimas en lengua Abakuá:
55
gobierno español y debían servir a tales fines al registrarse oficialmente como
centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana. Y, al
igual que los de carabalíes, los hubo lucumíes, congos, y de otras procedencias
étnicas de africanos esclavos.
Forzoso señalar los elementos musicales congos en Cuba. Para su contrastación,
añadiremos algunos elementos más de la etnia conga, por la importante presencia
de alguno de sus Cabildos en la barriada habanera de Jesús María.
En relación a lo planteado por la Dra. Linares, donde dice: “Decimar, como
nombre de la acción de decir en décima, fue una forma de definir decimar de
los Congo; de referir o referirse a lo hechos por improvisadores en sus fiestas…”.
(1992:s/p) 64 Tenían cantos no rituales, que podían entonar “de manera incidental
e improvisados” –como lo recoge la Dra. Linares-- (Ídem) llamados managuas o
makaguas, que cataloga de satíricos y jactanciosos. Poco es posible añadir, ni aún
disentir, por desconocido lo señalado… Y a seguidas, explica algo similar, de
decimar, por los Negros curros… sin relación aparente, porque étnicamente no la
había. Puede que el congolés –o bantú--, esclavo en Cuba, bozal o descendiente,
conociera de la décima y de decimar y lo asumiera en sus tradiciones siendo parte
de la barriada habanera de Jesús María. La incorporación de la décima y de la
rumba como actividad celebracional del congo, se da en los inicios, en el barrio
de Jesús María y a tono con los factores propios curros y Abakuá! No hay dudas.
De lo contrario, aparecerían tales comportamientos y tradiciones en los distantes
lugares de la isla donde pulularon, al igual, congos; que no fue así.
Y, algo más; cuando se cantaban eso cantos --dice textualmente León--: “entre
los asistentes, varios pueden arrebatarse, el canto y empezar a hacer de solistas.”
(1981:74) (La cursiva es de León) Vea que en estos bailes y cantos makaguas o
managuas eran donde, como señalamos antes, habían contactos pélvicos como el
vacunao del guaguancó; para establecer relaciones de coincidencia, o incluso
imitaciones
Por los distribución geográfica de los Cabildos que hace la Dra. Barcia, (2009:
Anexos s/p) conocemos de Cabildos Congos en esa barriada de Jesús María, de
64
El término arrebatar ha sido usado indistintamente por ambos etnólogos: Argeliers León y
María Teresa Linares, para expresar en el Punto Cubano, o en el canto del Guaguancó, el
encuentro o controversia entre dos cantantes de décimas.
56
muy fuerte presencia y tradiciones curras. Sucede que en las Tablas (de datos)
anexas que dedica a los Cabildos Congos, menciona al Cabildo “Congo
Mucamba-Musundi”, situado en la calle Jesús María Nº 2, en el año 1801.
Algunos argumentos vinculatorios o relacionables entre sectores afros en Cuba
obligan abundar en los comportamientos de los conocidos por congos o bantúes.
León, en su libro Del Canto y el Tiempo, (1981) de interés por razones de la
especificidad que los trata en el capítulo que dedica a la música bantú.
Esta etnia arriba a Cuba desde las costas africanas, en los mismos albores de
conformada la colonia, propiciado por el sistema de la trata esclavista
implantado. Se caracterizaron, destaca de sus integrantes: “por ser individuos
muy moldeables y de fácil asimilación de vocablos y costumbres ajenas.”
(1981:61) Por lo que además se distinguieron por una mayor adaptabilidad al
nuevo medio… muy apreciados como empleados domésticos. Se conocen más
por sus destacadas prácticas rituales: la regla Kimbisa; la regla Mayombe y la
regla Briyumba. En su libro, Los bailes y el teatro de los negros (1951), Ortiz
habla de un curioso personaje, realmente criollo, André Petit, como gran
reformador; creador de la regla conga Kimbisa, como también artífice de una
ingeniosa síncresis de elementos congos y católicos.
De los Congos o bantúes, por interés del trabajo, mencionaremos algunos de sus
procederes en el medio nacional, teniendo como base el libro citado de Argeliers
León (1981: 5976), desde conductas que parecen más relacionables a
características adjudicadas a otros grupos afrodescendiente aquí contemplados,
que hacen dudar de sus verdaderos orígenes. Aunque ellos debieron influir y ser
importantes aportadores, dada su significativa presencia en esos años intermedios
del siglo XIX, a la par que sus congéneres carabalí. Vea elementos que nos
recuerdan unas al Abakuá y otras a los negros curros sevillanos:
1. Estos grupos practicaban el rito de iniciación.
2. Cuando bailan la danza conocida por makuta, la pareja logra el contacto
pélvico en el baile, como el vacunao.
57
3. Los congos del grupo abundante en Cuba loango, emplearon un tambor
65
llamado Kinfuiti, que en vez de percutir se friccionaba con una varilla de
madera. Era un tambor abarrilado, de 60 cms., de alto, por casi 40 cms., de
ancho; con el parche agujereado, por donde pasaba un cordel sujeto a una varilla
de madera que se frotaba y halaba, con las manos. (Foto adjunta)
4. El tambor Kinfuiti,
congo, era ejecutado por
músico –el kinfuitero--,
iniciado; detrás de una
cortina para que no se
viera la sagrada función;
y, al que se le ofrenda
sangre de los animales en
sacrificio; similar a los
tambores makuta, también
rituales. Abarrilado como
las tumbadoras curras, sí.
Incluso cuando no podían hacerlo con duelas, que los hicieron también; se
cortaban una “palma barrigona”, cubana.66 Si el Kinfuiti tambor de procedencia
congo-loangos, fuera una versión, imitada, del Ekué del ritual de iniciación
Abakuá; no caben dudas, que el nuevo artificio congo fue más ingenioso… Y del
fambá Abakuá y su tambor Ekué de fricción... En una esquina o parte lateral, es
un pequeño recinto, conocido por famballín --iriongo o fe-Ekué-, se encerrará y
ocultará celosamente el secreto máximo de cada hermandad: un tambor de
fricción, el Ekué, que, con el frotar rítmico de la mano que aguanta una varilla de
güin que se apoya en su parche, deja escuchar la voz de Tanzé. El Ekué se cierra
con una cortinilla de tela, en la que se inscribirá su Anaforuana distintiva.
(León,1972). Dado su importancia haremos un aparte para resumir sobre este
tambor de fricción del ritual Abakuá.
65
Kinfuiti, tambor abarrilado como las tumbadoras curras. Incluso cuando no podían hacerlo
con duelas, que los hicieron también; se cortaban una “palma barrigona”, cubana. (Ídem).
66
Argeliers León, (1972): “El círculo de dominación” en revista Universidad de La Habana, No.
196 – 197, 2-3 de 1972, la Habana, pp. 130–147.
58
No caben dudas de las aseveraciones, más que apropiadas, que emitía el
africanista y narrador Miguel Barnet de los congos en Cuba, y como lo expresa:
“La flexibilidad de las creencias, su origen remoto e impreciso, dio lugar a […]
una imaginación menos dogmática… más fantástica y creadora…” (1966:204) Y
la pregunta es: ¿de quién, primero, fueron las tradiciones y comportamientos?
¿Congas o de los Abakuá? Queda en una perspectiva conciliadora cuando se
contrastan los temas congos tratados con los de los ñáñigos o Abakuá; estos
resultan cercanos si aceptamos, en su ascendencia, lo de carabalí bríkamo. Desde
su re-inicios, en Regla, en 1835,67 mostraron muchas relaciones con los esclavos
de esa procedencia, del Viejo Calabar, en el África subsahariana. Y hay que tener
además en cuenta, que esa primera potencia Abakuá asentada oficialmente como
asociación, aparece en el portuario barrio de Regla, en La Habana suburbana, y no
en lo barracones plantacionales del campo, donde debió estar el mayor número de
estos Cabildos de nación carabalí y de congos en 1835 (o, 1834). Con este
antecedente, los nombres de estos cabildos junto con los recuerdos sagrados de
esta etapa de los ñáñigos, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros
se cuentan, además de Appapa Efik, Carabalí Abalo, Carabalí Insuamo-Isieque,
Carabalí Ibó, Carabalí Ingré, Carabalí Efik… Y entre las tierras del ñañiguismo:
Efik Butón, la iniciadora; Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí
Abakuá, Usagaré Mutanga… Las designaciones de los cabildos representan
consignar un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, así
llamadas las agrupaciones ñáñigas, donde aparecen, insistentemente, efor y efik,
la madre y el padre del Abakuá según el linaje tradicional asimilado ñáñigo,
criterios muy extendido entre estudiosos del tema,
Hay que insistir en algo a todas luces definidor, cuando se asegura que: “los
negros carabalís acostumbraban cortar sus dientes en punta”. Por su parte lo trae a
cuenta José Victoriano Betancourt en referencia a los negros curros…;
evidentemente equivocado, mal intencionado y como un estigma más; lo que
afecta, por extensión del criterio, la presencia social del ñáñigo en el medio
67
Afirmamos lo de re-inicio Abakuá en 1835 con la logia de Regla; porque, como hemos
insistido, existió antes, el gremio-mutual Abakuá entre los trabajadores del Real Astillero de La
Habana, desde la primera mitad del siglo XVIII. Y un poco más se corrobora: “Las mismas
causas económicas y sociales codeterminaron, con las étnicas, que en Cuba hubiese negros curros
y negros ñañigos conviviendo en la habanera barriada de Jesús María.
59
criollo. A todo ello, Ortiz acopia alguna información que, a su criterio, asevera de
la existencia de dientes en punta entre los ñañigos…: “propios, de los carabalí
bibis, que le llaman irentes, voz compuesta de irén ʻdientesʼ y ten ʻpuntiagudosʻ”.
Además, precisa el etnólogo: “Una de las lenguas o locuciones ñáñigas dice:
irenten bibí amanangó, que quiere decir “dientes afilados tienen los bibis como
amanangó, o sea como «el cocodrilo»”.68 Y menciona de otros cantos de los
ñáñigos, referido igual, de que tienen los dientes afilados como los caimanes para
defenderse…En fin, se insiste en catalogar al ñáñigo como un zoolatrico.
Ortiz, para ese estudio que le llevó varias páginas, debió servirse, de principio,
del relato, que por su parte elaborara de esta mutilación Villaverde en Cecilia
Valdés; o mejor decir: de la mala interpretación que se hiciera de la “descripción”
que de los dientes del curro Malanga apuntara el novelista al describir a su curro
del Manglar; y que se ha sostenido hasta nuestros días. Y añadimos la
descripción del curro del Manglar: Malanga que trae Villaverde, con sus
correspondientes floreos, a su Cecilia Valdés. Note que parte de establecer la
criolledad de su curro habanero Malanga: “…era la vera efigie de un curro del
Manglar”; cuando añade la necesaria procedencia identitaria, muy valioso, y
añade: “No es nuestro original el majo que viste traje andaluz”; cuando le agrega
algo a los detalles descriptivos que rompe con la realidad que estos tenían: “…
dientes de perro en vez de borde”.
De principio, Ortiz lo aceptaba, según esta otra cita: “Los curros tenían una
fisonomía peculiar […] y sus dientes cortados a la usanza carabalí”.(1995:38).
Sin embargo más adelante afirma: “Entre los negros curros no debió de ser
característica esta mutilación, o debió perderse muy pronto, pues no la menciona
más que J. V. Betancourt”(Ortiz:55) O sea, que también el Curro villaverdiano
tendría dientes punteados –o no--; un trabajo de dramática mutilación propio de
un africano, de nación, valga la redundancia, y no de un curro del Manglar como
Malanga, criollo del mismísimo orilleo habanero..! Y de un padre, esclavo
africano en Cuba, ¡que solo luchaba porque su hijo aprendiera a leer y escribir! Y
68
Para referirnos a los dientes como adornos –o como ritual--, entre los ñáñigo o Abakuá en
Cuba, nos servimos de las informaciones que acopia Fernando Ortiz aparecidas en su libro Los
Negros curros (1995:55-57); de mutilaciones poco probadas por desconocidas en ese medio en La
Habana,
60
lo repite Villaverde en dos ocasiones: “…su padre, bien intencionado africano,
tuvo siempre particular empeño en que recibiera alguna educación su callejero
hijo.”(2005:325) Y en la otra página, aporta más el novelista Villaverde:
“Rayaba en la adolescencia cuando su padre, desengañado de que las letras no
le entraban ni con sangre, le puso de aprendiz con el maestro zapatero Gabriel
Sosa…” (326) Es que Ortiz..., en el comienzo del propio libro, destacaba. Y
repetimos: … para los primeros (los curros) el impulso originario estuvo en la
Atarazana…”,(pág. 14) en la de Sevilla, en ese momento militar… ¡Un curro
sevillano, salido de dicha instalación practicando la mutilación dental carabalí..!
Desconocida hasta en las extensas novelas cervantinas cotejadas en Sevilla…
Lo relatado de mutilación no vale ni como ficción. Es que en Cuba no se
conocían de esos penosos arreglos bucálicos de ritual africano y de etnias muy
específicas, aunque Ortiz invirtiera página de su libro (1995:52-58) en demostrar
lo de dientes punteados a la orden, del continente negro en sus enviados, esclavos
bantúes y semibatúes. Ni Villaverde tampoco lo creía; porque era la suya una
supuestas primera visión exagerada del curro, para contrastar --lo que a muchos
ha confundido--, a lo que nos referiremos más detenidamente. Pero algo más de
esta supuesta práctica en cómo lo dice la descripción de Malanga que, a su vez, es
de las que menciona Ortiz en su libro “Los negros Curros”, vea: “…y dientes de
perro en vez de borde”. (2005:324) La que comparamos a una similar de entre las
otras que acopia Ortiz con una evidente contradicción. La cita que toma Ortiz de
Mary H Kingsley69 : “Frecuentemente se oye a un natural de estas tierras, que va a
que le limen o rompan los dientes, decir despreciativo de aquellos que no siguen
esta costumbre: «Estos hombres tienen los dientes iguales a los perros»”. (Ortiz,
1995:58) O sea, dientes sin mutilaciones. La pregunta: ¿A que llamaba entonces
Villaverde, dientes de perro…?
Retomando de Betancourt el momento en que fija su narración, coincide con la
fundación en Regla del primer juego de ñáñigos en 1836, pero lo narrado incurre
en el error de considerar de procedencia carabalí a los curros, y de prestarse a
decir algo incierto de estos sevillanos en La Habana: de llevar mutilados sus
dientes. Ortiz repara, como antes señalamos, esta insalvable imprecisión; aunque,
69
Mary H. Kingsley, (1897): “Travels in West Africa”. Londres, p. 477
61
y al igual que hacen Betancourt, Villaverde y otros escritores costumbristas de
esta época, a los curros los califican de pícaros, rufianes, chulos y a su mujer, la
curra, de ramera… Pero, si importa como Ortiz termina lo de los dientes
mellados:
63
Capítulo III
64
confraternidades Abakuá o ñáñiga. Del asunto añade nuevas ideas el etnólogo
Argeliers León: Las cofradías Abakuá fueron surgiendo como sociedades
secretas, porque simplemente no se daban a conocer sus membresías, ni se les
otorgaba documentación alguna. En cambio el Abakuá no ocultaba su
adscripción a tales organizaciones.(León, 1984:81)
En sus inicios estas sociedades tuvieron un carácter estrictamente secreto pues
sus miembros eran perseguidos por las autoridades españolas por lo que debieron
utilizar medios de identificación y comunicación solo conocidos por los
miembros de las mismas. El sistema organizativo coadyuvó a que una potencia
apadrinara la creación de otra, así las cosas, poco tiempo después de fundada la
Efik Butón, apadrinó a la Appapa Efó que dio lugar a las dos grandes ramas,
tierras o vías abakuás: Efik y Efó. Rápidamente se fueron expandiendo las
potencias abakuás y cruzaron la bahía hacia los barrios de Jesús María, Belén,
Los Sitios, entre otros. En contraposición con otros cultos sincréticos, los abakuás
se caracterizaron por disponer de un recinto especial para realizar sus ritos
iniciáticos o culturales: el baroko. Diferencie lo que señala un investigador:
Queda claro que en la masonería en principio, hay una regla que en ella no
deben admitirse prácticas discriminatorias. Y presupuesto originario del Abakuá,
de una sociedad de ayuda mutua y fraternidad, que en mucho supusieron hacerlo a
la manera de las logias masónicas, de entre hombres en el seno de las clases
desposeídas; y mucho más cercas éstas a los de piel negra, en general. Sin
embargo, mientras desde los puntos de vista fraternal y organizativo existe más de
un vaso comunicante entre ñáñigos y masones. Como se ha señalado, en
definitiva comulgan como una inevitable manifestación de ese entresijo cultural
65
entre los cultos populares sincréticos y su relación con las prácticas masónicas.
Traemos esta otra preceptiva que, de cierto modo, los acercaban a un
filomasonismo:
66
El hermetismo practicado por los cabildos carabalíes pudo ser un antecedente
para que, algunos años después algo similar fuera práctica común en las
sociedades Abakuá (o ñañiguismo), sin descontar el marcado filomasonismo que
igualmente fue característico de la sociedad. Lo que está lejos de quedar claro, y
constituye un asunto historiográfico y sociológico pendiente, es el proceso que va
desde los años en que Aponte trabaja en su Libro de Pinturas (años de importante
agitación política y circulación de personas e información), y el final de la década
del 30, en la que el régimen colonial inicia una ofensiva mayor contra las
organizaciones negras, ofensiva que culminará con la gran masacre de negros
acusados alevosamente en la llamada Conspiración de la Escalera (1844).
Georges Bataille, comentando un texto de Roger Caillois de una época
igualmente agitada, enuncia varias distinciones que pueden ser útiles para
entender la relación entre los textos fabricados. Si aceptamos que los
comportamientos del luchador y defensor del hombre negro en Cuba y su
identidad, José Antonio Aponte; en quien los contactos con factores luchadores
franco-haitianos, en su mayoría que le llegaban vía clandestinaje con los que se
relacionó. Por ellos conoció de muchos ardides del secretismo para la lucha que
debieron llegarle unidos a comportamientos masones que por esta vía también les
afectaron, como adelantamos. Fueron, en definitiva las luchas del pueblo
haitiano que mucho le inspiraron, no caben dudas. Y luego Aponte, y su
capacidad y vocación comunicativa, que volcó en las sociedades Abakuá. De esta
experiencia apontiana iremos señalando contribuciones.
Por otra parte, el secretismo se avenía a los trajines abolicionistas conspirativos
con una importante inspiración y sostén en el embajador inglés y sus personeros,
cuando el pontón se atracaba en el fondeadero de Regla en la década de treinta
del siglo XIX. Por ello nada casual que los gobernantes españoles se vieran
precisados a darle legalidad a una primera potencia Abakuá, en esas
circunstancias.
A ello se suma, en la propia época, el incremento de las sociedades secretas y
las conspiraciones se produjera en muchas otras poblaciones como dice el
investigador.(201).Aunque, contra dicho criterio conspira que las potencias
Abakuá o ñáñigos se reservaron a las zonas habaneras marinas señalas; cuando
67
desaparece el emporio de la Marina. Y aunque luego a otras, pero en la misma
Habana; y, se han fundado algunas más en el puerto matancero y la población
de Cárdenas.
Y debe considerarse el secretismo, incluyendo el del lenguaje para las
comunicaciones secretas, elemento que caracteriza al hombre Abakuá de
primero, sin lugar a dudas. Varias han sido las razones de ser de este fenómeno
tan particular que se ha expuesto en el transcurso del trabajo, y las que se traerán
a colación. Pero, de hecho, muchos investigadores han insistido en que las
potencias ñáñigas o Abakuá heredan el secretismo de sus ancestros en África y
como propia de algunas etnias; incluso, localizadas en determinadas zonas
específicas del continente. Y en el caso Abakuá se insiste como propio de cultura
de etnia Calabar, en zonas del Río Cross, como adelantamos antes ideas de ello.
Muy razonable es considerar que la práctica del secretismo debió tener una
necesaria razón de ser, originalmente, entre los primitivos Abakuá o ñáñigos en
momentos de su presencia como laborantes en el Real Astillero; muy apropiado
para conservar sus empleos; y al Real Arsenal que le sustituye, y para los adeptos
que se iniciaban a la secta en los trajines del puerto.
Para Juan Luís Martín muchas agrupaciones africanas se les denominó como
sociedades secretas: “cuya funciones variaban regionalmente.” (1944: 27) De
manera que las de carácter judicial originaron los cabildos. Los miembros de las
sociedades secretas eran o-gboni. “…la de los ñañigos eran de otro tipo; los
cabildos eran naturistas, las potencias, espiritistas”.(28) Por supuesto no se
comprende mucho de estos elementos diferenciadores que usa Martín por esos
nombres; aunque, mejor diríamos, las diferencias si eran de fondo.
Ortiz señalaba que con el gobierno de Tacón (1834-39) puede darse como
término de la historia de los antes mencionados Negros curros sevillanos, y
arranca el desarrollo del ñáñigo. (1995: 196) A ello se suma, en la propia época,
el incremento de las sociedades secretas y las conspiraciones en todas las
poblaciones, como dice el investigador. (201) Aunque, contra este criterio
conspira que las potencias Abakuá o ñáñigos se reservaron a las zonas habaneras,
marinas, señalas; y aunque luego a otras, cuando desaparece el Real Arsenal de
la Armada. Y, por razones de fuerza mayor, obligados por los incendios
68
provocados, los desplazaron de la barriada de Jesús María, y aparecieron en el
cercano puerto matancero y la población de Cárdenas.
Para los ñáñigos, la hermandad está por encima de todo. Sus secretos
jamás pueden ser rebelados y la traición a ese pacto de silencio puede
pagarse con la vida. Los ñáñigos honestos buscaban en Abakuá una
realización personal que la sociedad les negaba, sin embargo el
secretismo que rodeaba la orden atrajo hacia el ñañiguismo a numerosos
delincuentes que encontraban en la radical discreción Abakuá cobijo a
sus huidas de la justicia. No es de extrañar que a principios de los años
70, según el investigador Arístides Soto Navarro, “más del 90% de los
jóvenes que han acogido la secta (Abakuá) poseen antecedentes penales o
son buscados por las autoridades. Estos son quienes resuelven los
problemas “de hombre a hombre” y buscan la ocasión de tener
“historia” (hechos de sangre) y después “jurarse”. Porque mientras no
pisan “el talero” (la cárcel) no se consideran hombres “ranqueados”
(probados)…”.
Sin embargo, y pese a poder atisbar a hurtadillas -con un cierto
nerviosismo algunos objetos sagrados, el Gran Misterio de Ekwé continua
siendo el secreto mejor guardado de los ñáñigos. El secreto de la
comunicación de Dios (Abasí) con los hombres a través del tambor
sagrado. Un tambor que al principio de la historia fue cubierto con la piel
de la princesa Sikán, sacrificada por haber dado muerte al sagrado
Tanzé, el enviado de la Divinidad. […] La esencia del secretismo Abakuá
para con esos grandes misterios la encontramos en un cuadro que
presidía el templo de Uriabón Efí y que rezaba: “Lo que usted vea aquí /
lo que usted haga aquí / lo que usted oiga aquí / cuando usted se vaya de
aquí / déjelo que se quede aquí. 70
70
Archivado bajo: MISTERIO | Etiquetado: Abakuá: el culto maldito, crueldad, espiritista;
MISTERIO, sacrificio, sacrificios humanos, santería. Blog de WordPress.com. Publicado el
sábado, Septiembre 13, 2008 por blog: Tu Mundo Virtual.
69
D. Carlos (III, entonces rey de Nápoles y Sicilias) […] Acorde con la
Santa Sede, persiguió a los denominados liberi muratori o francmasones,
muy extendidos a la sazón en aquel reino por el atractivo del socorro
mutuo que se prometía a los filiados y la facilidad de adquirir relaciones en
todas partes […] mirábalos fundadamente como enemigos de la religión y
del Estado. Bajo pena de ser tratados como perturbadores del orden
público y violadores de los derechos de la soberanía, prohibió D. Carlos
(III) en sus dominios las juntas de los francmasones, tenidos hoy, y con
justicia, por raíz de las muchas sociedades secretas que han infestado el
globo, siendo siempre terrible ariete de todas las instituciones y jamás
fecundo plantel de ninguna. (Ferrer del Río)71 (Nuestro el subrayado)
El Tambor Ekué
Es la voz del tambor sagrado que suena en el interior del templo... En la
leyenda la voz del pez que surge del agua y la voz del leopardo.
Este elemento merece espacio aparte. Consustancial, y del que puede afirmarse
mito fundacional de esta sociedad Abakuá, así es de importante el Tambor Ekué.
La investigadora, online, Argelia Vizcaíno, que dedica un artículo en su blog del
que aprovecharemos ideas, que trataré de reformular. Es un instrumento
fundamental manipulado por fricción, tambor secreto, oculto –incluso al ser
tocado--, tras una cortina en el cuarto sagrado (fambá). Al frotar el Ekué con una
varilla de güin se logra obtener un sonido que simboliza la voz o bramido mágico
que producía el pez Tanze. Según la leyenda, con la muerte del pez, el brujo
Nasakó tuvo que fabricar un instrumento que reprodujera el bramido, creando el
tambor secreto Ekué tras numerosos e infructuosos intentos; a ello nos
referiremos de nuevo. La tradición también refiere de los cuatro tambores
biankomeko, formado por: bonkó enchemillá, biankomé, obi-apá, kuchi-yeremá;
dos palos percutientes (itones); un cencerro (ekón) y dos sonajas (eríkundí);
conjunto que acompaña los cantos y
bailes de los Iremés.
De su organografía la especialista
Lydia Cabrera considera los Abakuá
empleaban dos órdenes de
71
Antonio Ferrer del Río: Historia del reinado de Carlos III. Madrid, 1852. p.102 (Digital: BNE)
70
instrumentos. De ellos, cuatro eran tambores simbólicos: 1- Empegó: impone
señal de atención, alerta y orden; 2- Ekueñón: anuncia y preside las funciones de
sacrificio; 3- Enkríkamo: llama y domina a los Iremés, y 4- Seseribó: con este se
dirige las procesiones y marchas.
En esto hay contradicciones que se dan cuando concurren elementos y
circunstancias que establecen el origen criollo en el suburbial habanero donde
esta secta o confraternidad se integró, e integró muchos elementos que se
enriquecieron de la realidad nacional, y de una procedencia no necesariamente
afro, incluido la presencia instrumental en que destaca lo afro percutido; que no
fue siempre preferencia del criollo Y, adelantamos de ello algo, sirviéndonos de
un artículo para el periódico Patria de José Martí, en que refiere precisamente a
los ñáñigos: “…una tremenda orden secreta de africanos, con ordenanza y quién
sabe qué, que dejó ir a unos hermanos porque querían aún el tambor, los demás
no querían ya tambor en la orden…”
Es que el originario compromiso ñáñigo con el contexto laboral del Real
Astillero-Arsenal habanero, desde temprano en el siglo XVIII, fue la de una
confraternidad mutual, a la manera de gremio, y por tanto de obligada integración
multi-etno-social, aunque persistiera una presencia carabalí que a la larga
matizara mucho su base mítica, y en definitiva su abigarrada organología.
El tambor Ekué, elemento base del ritual que se ha mantenido en las tradiciones
del Abakuá, aún el pasar de los tiempos. Que puede haber estado presente desde
los tiempos iniciales, cuando los gremios-potencias que abonaron la historia a su
paso por el Real Astillero habanero del siglo XVIII; o introducido en sus
acercamiento al ritual bantú, de los carabalí, en el segundo tercio del siglo XIX.
Y, en la cita que hacemos de José Martí, muestra de la presencia de las potencias
emigradas a Cayo Hueso en la segunda mitad del siglo XIX, en que cuenta de un
rechazo a la percusión, y al tambor como instrumento por esas sociedades. Muy
extraño porque ello alude incluso las tradiciones africanas.
De estas reflexiones añadimos otra, necesaria, sobre el Ekué Abakuá o ñáñigo.
Lydia Cabrera en su libro El Monte decía: "... en qué consiste el secreto
portentoso y sobrecogedor que en él se oculta. ¡El obsesionante Ekué, Ekué,
Ekué!”. Cada vez que los abakuás tenían "plante" (ceremonia, fiesta) sus vecinos
71
por varias cuadras a la redonda se enteraban por el bramido de Ekué que se
hacía sentir con fuerza… Y Lydia, añadía más:
"El mecanismo que produce este sonido selvático, bestial, que parece
emitido por un ser viviente pero ignoto y tremebundo, ya es bien conocido
del vulgo". Al contacto del güin con el cuero del tambor dicen los
miembros de la Asociación Abakuá, que lleva el alma de Sikán, que de la
piel de ella brota la voz de su Dios Todopoderoso al que nombran Abasí.
Este ritual se hace en el cuarto secreto, el Fambá. El ejecutante
permanecerá escondido junto al mismo detrás de una cortina, y para
hacerlo sonar se pone el tambor entre sus piernas, se moja sus dedos en
sangre —del mismo gallo que se sacrificó para ofrecerlo antes al tambor
— para friccionar la varilla (güin) de arriba hacia abajo con ambas
manos.
Por supuesto, aquella primera ocasión cuando se creó Ekué con la piel y los
huesos de Sikán también se usó su sangre. Según los iniciados se emplea sangre
para sacar este sonido tan especial, porque la sangre es la que revive el alma de
los antepasados, "lo que da fuerza a la voz". A esta acción que se le llama
fragayar; para lo que se usa un güin también nombrado yin que en español le
dicen Caña de Castilla, y es una varilla vegetal (como ratificó Argeliers León),
adornada en la punta superior con una pluma blanca, porque el blanco representa
la pureza de Sikán que es la protagonista de la leyenda donde se basan los ritos
abakuás.72
Chivo a lo Abakuá
75
Tomado de: Jugadores del juego de la gente. Autor: John Brunner.
76
Novela carpenteriana (1985), una de las primeras, con el tema de los Abakuá habaneros.
74
aporta en su Glosario de afronegrismos,77 refiere que: “Hace años que Rufino J.
Cuervo, en sus célebres, «Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano»
(555), observaba como en América (y en Cuba inclusive) la voz chivo, se
aplicaba al “macho cabrío”, cualquiera que fuere su edad, y no, como detalla la
Academia, “a la cría, desde que no mama hasta que llega a la edad de
procrear”. Y añadía el eminente filólogo, que el uso hispanoamericano cuenta
con los buenos apoyos de Moratín, Quevedo, Iglesias y Arriaza, demostrando así
cómo estos países mantienen voces y significados castizos ya perdidos en su
patria originaria. Más adelante, considerando el origen más bien francés de
chevreau, especialmente cuando el castellanos se apropió de una locución por
cierta danza corveta que hacían caballos napolitanos de faranduleros en las
Cortes. Así el pie de gibao, … el pie de chivaou… Según Ortiz: “El chevreau
francés con sus cabrunos corcovos y el chivaou de las corvetas danzantes se
bastaron para producir el chivo español”. Y añade Ortiz eufemísticamente:
Los Diablitos
77
Tomado de Fernando Ortiz, Glosario de Afronegrismos. (Con Prólogo de Juan M. Dihigo). La
Habana. Imprenta Siglo XX. 1924.
75
Dejando a un lado los írimes Abakuá, que son una
aparición del siglo XIX. (Rine Leal)78
Ortiz aporta una cita muy valiosa por lo que implica, dice: “En el tiempo de
Cervantes estos moharrachos o mamarrachos, solían ir en la procesión del
Corpus, de Sevilla, abriendo paso entre la muchedumbre en el parque, haciéndola
reír”. (1960: 30) En la cita, antigua, están claras las practicas del diablito: salir en
Corpus en Sevilla; el vestido de mamarracho, y de entretenimiento a la
multitud… En otra aparte del texto sin embargo, afirma Ortiz: “los negros
ñáñigos afrocubanos sumaron sus exotismos a la fiesta del Día de Reyes, por la
participación de los “juegos o potencia” acompañados de sus diablitos” y añade:
“Al ñañiguismo […] debemos la supervivencia del diablito”. (31) Lo que
80
“La Antigua fiesta afrocubana del ‘Día de Reyes’”. La Habana. 1960. Departamento de
Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores.
77
confirma Rine Leal: “a partir del siglo XIX se unieron a esta procesión los
diablitos Abakuá o ñáñigos”; (1980: 450) tal como lo destacamos en el exergo; lo
que señala enfático Leal, teniendo en cuenta que esta confraternidad aparece
pública, historiográficamente hablando --si asumimos lo que generalmente se
acepta de la primera potencia ñáñiga conocida-- en la barriada habanera de Regla,
entrada la tercera década del siglo XIX. Y en otra parte del artículo, señala: “Era
el día de los «diablitos», que duraron desde sus comienzos, aún inciertos, hasta el
6 de enero de 1884” (449). Pero hay algo muy significativo que de los diablitos
agrega el ya señalado periodista de la Prensa de La Habana, Ontiano Lorcas en
su artículo, también citado por Ortiz, del 6 de enero de 1859: “y hasta
improvisaban décimas y escenas dramáticas, con las que suelen ganar algunos
reales”. Con ello, sumado a lo anterior, resumimos lo dicho: un diablito que
improvisa también décima --lo que sólo hacían los negros curros sevillanos, o
quienes los imitaran--, entre otros artificios festivos, el Día de Reyes de 1859,
en calles habaneras… y por qué no, en las también espirituanas. Otra cita de
Ortiz que menciona a Frazer,81y que amplía: “Las fiesta se celebran a inicios del
año […] el Día de Reyes. […] Son de estos ritualismos las periódicas
“expulsiones de los diablos”; de limpiezas morales según Frazer […]
comúnmente precedidas por un período de extraordinaria licencia… de un animal
porta culpas, etc. 1960:35)
Este personaje del que las noticias más antiguas señalaban aparecía, de manera
especial, en las festividades profanas, fue un préstamo, no tenía atributos ni
arrimos visibles en sus inicios con ninguna institución ritual criolla, o de
manifiesta procedencia africana directamente a Cuba. Los asumieron las
festividades públicas de las potencias o tierras Abakuá a su salida éstas del Real
Arsenal habanero al igual que los Coros de Clave. Con testimonios de
entrevistados por Lydia Cabrera se puede llegar a estas conclusiones:
Los írimes –una entidad de la leyenda ñáñiga--, tiene entre sus más reconocidas
figuras los: Diablitos. De los írimes que funcionan en sus eventos rituales,
especialmente el de la iniciación mencionaremos: Los aberisún y Aberiñán, que
cumplen la función de sacrificar al mbori en las ceremonias. Aberisún le asestan
un golpe fatal en su testa mientras Aberiñán le sostiene firmemente en el
momento del sacrificio. Al final, va al monte a arrojar los despojos… “El írime
funerario, Anamanguí, conoce completo el proceso de amortajamiento del
difunto y del proceso previo a la inhumación del cadáver. Es el cajero o tesorero
de la potencia. Durante la época colonial recogía el aguinaldo...” (Álvarez,2006)
80
A preguntarse de la cita, ¿en época colonial, este diablito solo recogía los
aguinaldos lanzados al desfile carnavalero, o era el funerario en el ritual Abakuá
también? Otra cita, del mismo trabajo de Álvarez: “Los írimes completan esta
cohorte de personajes y son ellos los que más difusión han tenido inclusive a
partir de su nombre popular,
diablitos. […] los írimes son escogidos entre los obonekues, especialmente
preparados para desempeñar determinado papel simbólico en las ceremonias
Abakuá”. (Ídem) Cuando se reflexiona en informaciones como esta se concluye
que muy pocos de estos írimes, de igual forma concebidos, tenían que ver o
participaban en fiestas carnavaleras, menos para recaudar aguinaldos. *Se conoce
por ñáñigos a los miembros de una cofradía secreta, Abakuá, formada por
hombres negros de origen carabalí entre los esclavos que los españoles
introdujeron en Cuba. Les dicen ñáñigos porque en sus ceremonias participa de
forma destacada un personaje enmascarado conocido como írime, ñaña o ñáñigo,
al que popularmente se le conoce como diablito que, con sus bailes y gestualidad
al compás de los tambores y las músicas, representa a un ente sobrenatural que
viene a la tierra para intervenir en las ceremonias abakuá. El diablito había sido,
por sus características, un personaje de disfraz, caricaturesco, exótico vestuario y
de circense baile. Poco ceremonioso, por lo que no siempre encaja atributos
míticos, ni con el contexto que Ortiz le encuentra, en las tierras o potencias
Abakuá.
Estas logias Abakuá tuvieron comportamientos atemperados, no practicaron los
ritmos increpantes, ni les bajaba el “santo”. Incluso el tambor Ekué se fragoya
(fricciona), no se percute, no hay toque “duro-duro”. La misma canción clave fue
un camino al bolero en mano del trovador al occidente… Y nombrar diablitos a
esos figurines parece más propio de los socialmente atemorizados costumbristas
decimononos… una funesta cristianización de un mote. Dice Ontiano Lorcas
citado por Ortiz, de su artículo para la prensa: Los diablitos o el día infernal en
La Habana: “El Día de Reyes se formaban agrupaciones, algunas numerosas que
llaman tangos, con tamboriles, fotutos y cantos diabólicos, que sin dudas han
dado lugar a que se califique de diablitos…” Ortiz agrega: “escribe esta firma
siempre en sentido descriptivo… Los tangos o cuadrillas son las más temibles,
81
por su ruido tronador, por los saltos y asaltos de los diablitos que los
capitanea…”(1960: 12-13) Hay contactos entre las descripciones que se hacen
del Diablito con el curro del Manglar; entre otras, el uso que dan a la décima y
los vistosos trajes… Pero cualquier relación resulta imprecisa, tendenciosa y no
siempre bien documentada por la pobre información... Así las cosas, el diablito
primero fue obra del curro sevillano y luego su imitación por otros: “andan,
décima en mano, que les ha costado una o dos pesetas. Y con las tales décimas
suelen ganar algunos reales… y hasta las improvisan”. En Guanabacoa, principal
enclave de la magia cubana, y del templo Abakuá de Gamaroró Efó. Esta
“potencia” ñáñiga ha protagonizado espectaculares procesiones encabezadas por
sus “Diablitos” o Írimes, recorriendo calles y plazas al ritmo de los tambores
hasta llegar a la costa, donde se sacrifican carneros, pollos y palomas en una
espectacular orgía de sangre; y, “alcanzó gran incremento la ñañigueria,
formándose in-finidad de corporaciones en los barrios de la capital; y el día de
Reyes pedían aguinaldo vestidos con su saco, que es el nombre que le dán al traje
peculiar del Diablito".
82
Diablito en fiesta de ñañigos en la isla-penal Fernando Poo
83
El criterio es de Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002).(37)
84
José Luciano Franco, 1974. «La conspiración de Aponte» -Ensayos históricos-. La Habana,
Ciencias Sociales, pp. 125-190,
85
En revista: América sin nombre, noº 19, (2014), pp.19-26.
84
violento suplicio; espeluznantemente descrito por Villaverde en su Cecilia
Valdés, …cuyo supliciado puede no haber sido otro que Aponte.
Aún todo ello, poco le pareció el espectáculo a Cirilo Villaverde, por lo que
agrego que la ahorcada era una mujer, que había pérfidamente asesinado:
“Semejante espectáculo no debía presentarse en La Habana con una mujer
blanca, por vulgar que ella fuese u horrible su delito […] cuando hubo fallado el
recurso de una supuesta preñez, Bermúdez solicitó […] se la hiciera morir en
garrote. Recordará el lector que siete u ocho años después de aquel a que nos
contraemos ahora, se abolió el suplicio de horca en Cuba”. (76) Por supuesto ya
Aponte había sido ahorcado; que lo era, el 9 de abril de 1812, año coincidente con
el de inicio del tiempo-novela de Cecilia Valdés. Villaverde daba los argumentos
patrióticos que compulsaban al hombre a morir por sus ideas. Y terminaba así:
“Quedaban, además, confusas, si ya no tristes, reminiscencias de las pasadas
conjuraciones. De la del año 12 sólo sobrevivía el nombre de Aponte, cabeza
motín de ella…”. (77)
En la época, los trabajadores de los astilleros y muelles habaneros eran, en una
importante proporción, negros y mulatos o (pardos) libres, entre los que
predominaban oficios como los de carpintero y tallista; de los que, en referencia a
la conspiración de Aponte, se afirmaba: “el grupo del capitán y maestro León
Monzón, tallista, capitán de Batallón de Pardos Leales de La Habana --del cual se
dice agrupaba a la mayoría de los carpinteros o tallistas como él--,
representaban el sector más peligroso, no sólo por su condición de militares, sino
85
por poseer mayores conocimientos y relaciones políticas que los de otros grupos”.
(Pavés, 2006: 685) La profesión de carpintero-tallista en madera puede
describirse como desarrollada en el trayecto del siglo XVIII, época que se
corresponde con la fundación del Real Astillero de La Habana. Estos artífices de
la madera, además de obras navales realizaron los artesonados para las principales
edificaciones, posiblemente alguna imaginería y los retablos para las iglesia
recién fundadas, según comento en otro párrafo. Es que las artes plásticas estaban
en manos en su mayoría de la población negra y mestiza, que entonces era la que
realizaba los trabajos de oficio. 86 Vale considerar que las necesidades de estas
profesiones, en especial de maestros carpinteros-tallistas para el Real Astillero de
La Habana, fue mano de obra de obligada procedencia mulata o prieta criolla.
Vinieron carpinteros, tallistas, pintores, españoles, como el vasco Zirartegui;
quien, en 1797, era nombrado "maestro tallista" por Real Decreto. Ese mismo año
el ingeniero general José Romero lo propone como maestro de escultura para el
astillero de La Habana. Pero se mantuvieron los criollos negros y mulatos que no
se nombraban… pero existían.
Por su parte y visto los ñañigos desde otra perspectiva, cómo la hace
Castellanos; cuando añade criterios que amplían el ángulo más ambicioso de la
perspectiva fundacional Abakuá: “La secta de los ñañigos cubanos presenta
curiosas similitudes con los misterios de la antigüedad greco-romana… sin
nexos”. (205)
Esto dicho así, nos arrima más a la realidad de los aportes que le llegaron por la
fuente que les tributaba José Antonio Aponte, acercando al hombre negro a
formas del pensamiento avanzado: de los griegos, romanos, egipcios…; con el
Mitraismo, el Orfismo, con los ritos de Eleusis o Isis, con la secta pitagórica…;
con el hermetismo, iniciación, los complicados ritos de purificación. Del uso de
agua o líquidos lustrales; el sacrificio de animales o “teología de la sangre”; de
las pruebas u ordalías de los catecúmenos, tabúes sexuales y alimenticios; el mito
genérico, la mágia, el uso de máscaras: los diablitos, la danza sagrada, entre lo
más señalable. En una relación que bien apuntan los Castellanos. (1992:206)
86
Según trabajo de Olga López Núñez, en: http://www.espaciolaical.net/contens/08/0846. pdf.)
86
Pero vale hacer una encuesta igual de lo que acopia Aponte en su Libro de
Pintura, del que quedaron elementos registrados de su interrogatorio a cuenta de
los emisarios del Gobernador de la Isla, marqués de Someruelos. El singular
material de láminas de Aponte de setenta y dos laminas en total; criptográfico,
cargado de simbología y con objetivos didácticos, divulgadores y
propagandísticos. Dicho libro, no sólo aportó a la sublevación antiesclavistas e
independentistas que encabezaba --le achacaban infidencia con razón… Del libro
esquematiza el investigador Pavez87:
88
Observaciones tomadas del libro sobre aspectos de la miología antigua de Roberts Graves: Los
mitos griegos-I. (pp.25-79)
88
parte, José Luciano Franco89 verá en Aponte la encarnación del agente
revolucionario que lidera un conato de insurgencia, incorporándolo a la galería
hagiográfica revolucionaria cubana, en tanto héroe de la clase negra, artesano
insurgente, ciudadano ilustrado, afrocubano… En definitiva, el Libro de Pintura
muestra en el tratamiento del fenómeno fémino las características tipológicas al
escoger elementos de figuras aportadoras del en los respectivos panteones
mitológicos, lo que ayuda a entender el tratamiento del factor fémino que
indiscutiblemente afectó la obras artístico-creadoras de figuras del patio. La del
caibarienense Manuel Corona Raimundo como a ningún otro trovador.
Y volviendo al libro de Aponte que emplea las referencias grecolatinas,
egipcias, cristianas y otras, entre las que predominan las diosas madres, la Madre
Tierra y la Justicia y estas ligadas a figuras etéreas de diosas féminas como Isis,
Rea/Cibeles, Venus, Ceres/Deméter y su hija Proserpina; y se le atribuye, una
particular importancia, a los personajes mitológicos de Isis como la madre de
Horus; de la diosa Tierra, madre de Urano, madre de Júpiter; y un sin número de
diosas, 37, a ellas ligadas, con lo que se justifica la validez y primacía de la figura
femenina, madre de Dios, esencia de la Creación, principio fémino como creador
de todas las cosas., lo que se reafirma aprovechando las referencias cuantitativas;
en resumen, de las 57 referencias plásticas que hace el Libro de figuras de la
mitología greco-latina y cristiana, son femeninas y las 17 masculinas son los
descendientes de las figuras femeninas que protagonizan los mitos y alegorías.
El factor de incidencia en lo fémino merece atención especial considerando la
certeza de esa especial preferencia apontiana, que influiría al final del mismo
siglo XIX, en el compositor Corona Raimundo. Y algo antes, en la muy
subyugadora Sikán que elabora el hombre criollo Abakuá, y digamos igual, el
ñáñigo, que no por despectivo, trascendente en nuestra cultura.
Es que asombra el número de diosas que pinta o pega Aponte en su Libro de
Pinturas. Nombres de mujeres diosas, heroínas, santas, etc., que incluye en las
láminas de su Libro: Ceres, Ninfa Endey, Clorinda, Helena, Enone, Palas,
Terpsícore, Andrómaca, las Amazonas, Analipe, Siparisa, Eufrasia, Calia,
89
José Luciano Franco, 1974. «La conspiración de Aponte» - en: Ensayos históricos. La Habana,
Ciencias Sociales, pp. 125-190,
89
Polígena, Alcmena, Artemisa, Sirena, Liria, Medusa, Diana, Isis, Velona,
Proserpina, Rea, Polinia, Erato, Talía, Huraña, Euterpe, Clío, Melpómene,
Calíope, Venus, Minerva, Juno, Virgen de Regla, Reinas de Saba, de Candase,
Etiopia, Chipre; Afrodita Ninfas de Venus y otras. (Ver Franco, 2006:88-121) Y
así hacíamos igual al compaginar de las mujeres aparentemente comunes de lo
que podríamos llamar el panteón fémino del mulato trovador Manuel Corona, el
de las Longinas.
Pero valoremos, además, algunas de las concepciones de tema fémino, tomadas
de las mitologías, de diverso origen, que se presentan en el Libro de Pintura de
Aponte. Las láminas 52 a la 55 se dedican al legendario rapto de la diosa
Proserpina por Plutón, argumento del que resultan los difundidos Misterios de
Eleusis, ya mencionados; que, en esencia, procuran la unión de los iniciados al
aportarles un argumento ideomítico -incluyendo los recursos solidarios--,
consolidado en sus prácticas rituales. Salvando la manera trágica en que el
Libro de Aponte se presenta en los legajos judiciales del juicio publicados muy
estricta y someramente, que repercutió entre los afrodescendientes y en la
criolledad amplia y sin etnias, cuando el Libro circuló en la barriada capitalina y
lo hizo entre los adeptos de la secta Abakuá, originalmente laborantes en el Real
Astillero. Los rituales de dichos misterios y que pudieron ser asimilados por el
Libro se resumían en: propugnar una conducta moral definida, apta para
conseguir la felicidad entre los hombres negros en esclavitud.
Pero volvamos al caso de los Misterios en que se requería participar de las
representaciones del drama de la diosa Deméter, que originalmente tenían lugar
en Eleusis realizadas según comportamientos celosamente secretos, cuyo
conocimiento, en definitiva, trascendieron muy limitadamente. Los elementos se
correspondían al dolor de Ceres/Deméter diosa de la vegetación y la agricultura,
entre otras cosas, por su querida hija Perséfone (o la romana Proserpina, versión
que prefiere Aponte), que había raptado el dios Hades/Plutón para llevársela a sus
dominios infernales. Obviando los detalles del acontecimiento refiere lo que
sucede alrededor de la natural cópula que se ejecuta cuando la pareja descendía a
los lugares oscuros. Pasado algún tiempo aparece la figura teatral del hierofante
que representa al dios, exhibiendo como fruto de la unión una espiga del cereal
90
similar al güin Abakuá. En esa circunstancia una voz dice: La reina Brimo, ha
parido un hijo Brimo. Y destacaba Frazer: "La revelación de la espiga parece que
fue el acto culminante de los misterios" (179) Merece insistir que este elemento
de la espiga eleusidiana la que debió retomar el Abakuá por la insistencia
apontiana de su Libro. Empezando por el erótico frogoyar (frotar) del güin, 90
sobre el cuero de chivo del tambor Ekwe en representación de la joven Sikanekué
y el dios-pez Tanzé en los misterios del Abakuá. Este elemento de la espiga
reaparece en otros momentos del ritual Abakuá siguiendo las descripciones de
Argeliers León: "sucede que en los plantes» o actividades rituales, los bailes que
sólo ejecutan los Írimes o diablitos, figuras teatrales, que llevan en una de sus
manos una rama de yerba "escobamarga" o de millo". (León,1986:86) Además,
estos bailes de los Írimes se adornan con plumones, así llamados por ellos, que
regularmente se toma de lo que produce en su floración la caña de azúcar, que es
lo criollo. Advirtamos lo que dice, comparativamente, el Libro de Pintura de
Aponte en su Lamina 55, dedicada a: "[...] Ceres (o Deméter), la cual está
figurada más adelante con una antorcha buscando a Proserpina. Después se
demuestra con un hombre y una mujer que danzan el trigo y la espiga: y concluye
con adornos de la misma" (sic) (Franco,2006:119) Incluye Aponte además, de la
mitología cristiana sobre el origen del mundo; pero, interesante, con el factor
erótico fémino incluido. Lo que se apunta en el Legajo judicial de la primera
Lámina dice (respetando el texto y ortografía):
"y en el propio día veinte y cinco… se dejó ceducir del demonio la muger,
indujo á Adán y este pecó también—Una fuente qe. Existe en el medio del
paraíso de donde salen quatro ríos, Nilo, Gabge, Geon, Ofrates.
Quebrantado el mandato divino quedaron Adán y Eva cubiertos de…
(ilegible) trataron de…(ilegible) de su culpa aquel con tener muger
hermosa y esta con el engaño del Demonio". (SIC) (Franco,2006:90)
90
Elemento que han retomado algunos ensayos de historia que ya hemos señalado.
91
erótico que en la mitología recuerda al joven de ese nombre, que el dios Ares
transforma en gallo en castigo por no velar cuando éste tenía relaciones sexuales
con Venus, --que es la versión romana de la diosa griega Afrodita que representa
la eroticidad. De nuevo aparece la misma diosa ligada al tema en la Lámina
treinta y nueve: "La Diosa Venus con su hijo Cupido". Luego la lámina cuarenta y
uno: "las cuatro ninfas de Venus y Cupido danzando en medio". Venus vuelve a
salir en la última lámina --la setenta y dos--, en tres ocasiones: "La disputa de la
manzana de oro entre Juno, Venus y Minerva"; en una segunda representación,
parte de un conjunto que estructura como un collage: "un León bajo de un
vidrio figurando una puerta por donde entró el rayo del sol al lecho de Venus", y
finali-za Aponte con la figuración que ya había usado al comienzo:
"Electrón por haberlo consentido lo convirtió en gallo".(121) De nuevo cuenta lo
del joven que se duerme cuando lo han puesto a velar mientras disfrutan
carnalmente Venus-A-frodita-- y su amante Ares.
Pero veamos de otras féminas, que es lo que más abunda: en las láminas 4 y 5:
"[...] Empieza por el lunes, en signo de Escorpión", y dice: "lo que significa un
carro tirado por mujeres que significan el día y la noche." En las láminas 12 y 13:
"El día viernes planeta Venus […] en Tracia por Reyna de Chipre […] influyendo
la estrella, música, poesía para tipos de encuentro hombre mujer, la hermosura del
clavel y la rosa." (93) La 14 y 15: "Planeta Saturno [...] Reyna en la Etiopia, su
esposa Rea […] más a la derecha la Diosa de las Ciudades y Plazas fuertes [...]
madre de Neptuno Plutón”. (93) La Lámina treinta y cinco, que sólo dice: "el
sueño por una dama que tiene recostado sobre su cuerpo un hombre dormido".
Escena parecida se repite en otra lámina: sesenta y cinco: "Astucias de una dama
para lograr su matrimonio"; agrega el legajo, que lo que dibuja en la lámina
sesenta y seis, (sic): "Es continuación de lo mismo". No le bastó para agotar el
tema, con una lámina. También Aponte repite la figura sexual del rapto en
Proserpina en la lámina setenta y dos, la última del Libro, y la recarga con otros
sucesos eróticos como el de Helena raptada por Paris. Y otras laminas más que no
consignamos, pero que repiten asuntos como este: la 58: "Euterpe diosa de la
música [...] La Ninfa Endey y un Ángel que le baja flores a la diosa".
92
Es indudable, el tema fantasioso apontiano incluye, especialmente, el de la
eroticidad; que, como anticipamos, se interrelaciona con el tratamiento de lo
fémino dado por la secta Abakuá, para, de tono similar, llegar a la poética
trovadoresca del compositor de la universal canción Longina, Manuel Corona, a
la manera de un todo… ¡y en una forma sobria y elegante! En definitiva, esto
erótico les fue trágico que les venía de nuestras mujeres en esclavitud. Es que el
componente contextual del activo fémino lo aportaba, de una manera muy
particular, el legendario luchador social y mártir negro, Aponte, a finales del siglo
XVIII; apoyado en una contextura ideoestética que afianzara el estamento
identitario del hombre negro. A quien no por gusto, al coloniaje español le
pareció, le sobraba la cabeza.
Otro de los adeudos del Abakuá lo fue, sin lugar a dudas, el carismático: Andrés
Facundo Cristo de los
Dolores Petit, “caballero de
color”, de militancia conga –
era criollo, hijo de esclava
mina--, lucumí, espiritista,
ñáñigo, católico, bacocó efó,
temido mayombero (congo-
palero); de la orden católica
de San Francisco, creador de
la Regla del Santo Cristo del
Buen Viaje del Palo Monte, e iniciador de la “Reforma Protestante” del
ñañiguismo como así lo conceptualizar Fernando Ortiz.91 Algún adepto escribió:
94
españoles y descendientes de blancos, obreros, pero también se incorporaron
algunos aristócratas, altos oficiales militares, políticos y jóvenes gentilhombres”,
además de emigrantes asiáticos, como chinos y filipinos.92
Petit, el “caballero de color” fungía en la dirección de la potencia Bacocó Efó,
que dio paso a “un curioso y peculiar sincretismo criollo”. Además, le cobraba a
los blancos por iniciarse 30 onzas de oro con cuyo fondo le procuraban la libertad
a los ekobios u obonekues, por lo que una gran masa de negros obtiene la libertad
en fechas tempranas de la colonia. Petit que vestía de levita negra, zapatos
sandalias y con un "itón" (bastón Abakuá), adornado con casquillos de plata;
controvertido personaje de cuya presencia acusa lo francés que le viene de los
amos de su madre Juana Mina, doméstica de una señora de esa procedencia,
Leonor Petit.
Mucho de los blancos iniciados pertenecían a familias de la élite criolla. Ya, con
anterioridad a estas fechas de expansión del secreto, el segundo Marqués de Casa
Calvo había sido desterrado por el Capitán General Tacón, entre otras cosas, por
celebrar reuniones, se supone, que de las seguidores de Petit. Para 1878, el año en
que muere Petit, se crea el segundo juego de blancos, el Ecorie Efor.
92
Abakuá o ñañigos. Materiales acopiados; con elementos tomado de Wikipedia (2019)
https://es.wikipedia.org/wiki/Abaku%C3%A1
95
Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit, realmente es ese su nombre, siendo
abakuá, santero, palero, espiritista, terciario de la muy católica Orden de San
Francisco y masón, personificó, como nadie, el sincretismo religioso y cultural de
la nación cubana; y personificaría también, el sumario del pensamiento de lo que
llamaríamos corrientes sincréticas de índole filosófico-religiosa propias de un
primitivo cristianismo. Que algunos consideran derivó hacia un pensamiento
declarado herético, después de una etapa de cierta aceptación por las autoridades
eclesiásticas. Algunos también refieren que practicó un cristianismo propio de un
gnosticismo.
En el artículo La llegada del bilongo, 93 se precisa que Andrés Petit nació en
Guanabacoa, en 1829; y bautizado por la fe católica una año después, el 3 de
enero de 1830 según lo atestigua el libro de Bautismos de Pardos y Morenos,
tomo 33, folio 209, número 813. Y en el tomo 14 del Registro de Difuntos
correspondiente a Pardos y Morenos, Folio 10, Número 27, en hojas que el
tiempo deshace, la constancia de la muerte, el 20 de mayo de 1878. El
escribiente, un sacerdote, transcribió con cuidadosa caligrafía parte del
testamento otorgado, cinco días antes, en que se dice que no sólo recibió los
Santos Sacramentos y que era soltero de cuarenta y ocho años de edad, sino que,
además, disponía por su alma las treinta misas de San Gregorio y las mandas pías,
y que pidió que se le amortajase con el hábito del Padre Santo Domingo, se
le colocase en una caja sin lujo que se cubriría de inmediato alumbrándose el
féretro con cuatro luces puestas encima de la mesa de su habitación en que tiene
la imagen del Santo Cristo del Buen Viaje. Así, se pone de manifiesto la realidad
de un personaje de existencia que, por extraordinaria, estuvo envuelta en el
misterio y la leyenda; de alguien que lleva un estigma a manera de una cruz en el
cielo de la boca o en la lengua, y que, por otro lado, su poder de adivinación y su
don de realizar conjuros mágicos, vinculados al espiritismo, eran tales que vienen
a ofrecer de Petit una imagen muy difícil de enmarcar entre los límites a que nos
tiene acostumbrado ese racionalismo ramplón. Petit caminaba las calles de La
Habana calzado con sandalias, vestido de levita negra y portando un bastón,
93
De María del C. Muzio, en su artículo La llegada del bilongo, publicado en la revista Vitral, de
La Diócesis de Pinar del Río. (2001)
96
báculo poderoso, que a diferencia de los bastones corrientes tenía casquillos de
plata por ambos lados que lo hacía asemejarse un itón de los utilizados por los
altos dignatarios abakuá; báculo que, se asegura, trabajaba de modo que bastaba
con que lo levantara y dijera las palabras mágicas de Adiós, mi niño para que lo
mismo paralizara en plena calle a un transeúnte que impidiera un atraco; báculo
con el que además, corre la negra fama, podía matar llegado el caso al enemigo
empecinado; ese del que, ya sabemos, no se puede esperar redención alguna.
Muchos recuerdan la anécdota que narra Lydia Cabrera contada por uno de sus
entrevistados:94
Fue Andrés Petit quien metió el crucifijo en las Potencias, para que
todos se convencieran de que no somos salvajes; quien les aconsejó que
llevasen el santo de su devoción al altar y quien ideó con sus blanquitos,
pasar un día con asanga makotero con la procesión ñáñiga por delante
de las puertas de la iglesia para demostrarle al cura que eran devotos,
cristianos y no judíos. Esto me lo contó Antonio Nkandémbo. Salieron los
ñáñigos por la calle de Jesús María. Se pararon en la misma puerta de la
sacristía. Al verlos el cura con sus tambores, llevando un crucifijo, una
tinaja y la cabeza de un chivo, les preguntó: --¿Quiénes son Uds. ¿Qué
quieren?
– Somos Abakuá. Queremos que nos bendiga.
–¿Pero Uds. creen en Dios?
–Creemos en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu Santo y en la Santa
Madre Iglesia.
El cura les echó un rezado y los bendijo.
Muchos también aseguran que Petit podía predecir, a quien estimara merecedor,
el número de la lotería, y lograr que un culpado, o culpable, procedente de familia
adinerada saliera absuelto en el juicio, contra todo pronóstico, siempre y cuando
la familia ofrendara limosnas para los pobres de su convento. Aparte del
sobrenombre de Andrés Kimbisa se le conocía también con el de Caballero de
color porque cuentan, que en una ocasión en que estaba de visita en la casa de un
criollo de título nobiliario, otro de los visitantes le protestó al anfitrión por recibir
a un mulato, a lo que éste contestó tranquilamente que ese mulato no era un
94
L. Cabrera y la verdad histórica de Abakuá. La Habana Elegante - El Rincón. (El ñañiguismo
en el siglo pasado).
97
mulato cualquiera, sino un caballero de color. Y algo más se agrega que el gran
taumaturgo habanero consultaba solamente usando un vaso de agua que solía
remover con una varilla y que, antes de comenzar la sesión, exigía el rezo de tres
Padre Nuestro, tres Ave María y tres Credo; no parece acá que sea gratuito el uso
del número tres que aludiría, por un lado, al dios Elegguá de la regla de Ocha y,
por el otro, a la Santísima Trinidad de los católicos.
La nueva regla fundada por Petit, Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje,
exigía que el iniciado prestara juramento al mandamiento cristianos y, dar fe de
creer en la existencia de un ser supremo; tal cual deben hacer los masones antes
de iniciarse en logia. Así, el Kimbisa jura ante el crucifijo no blasfemar ni
maldecir, perdonar a su enemigo, atender a sus hermanos, y, sobre todo, no
traicionar a la hermandad; eso de perdonar al enemigo es un principio puramente
cristiano, pues en ninguno otro de los cultos advenidos del África existe nada
parecido a perdonar al enemigo. Andrés Petit, como buen conocedor del
ocultismo, sabía muy bien que la gran paradoja de lo luminoso, o de la
manifestación de lo luminoso, se da precisamente en el pacto entre la luz y la
sombra, entre el bien y el mal. Cuentan que Petit es capaz de matar mediante el
báculo poderoso, probablemente sin odio, al enemigo empecinado y de vender el
secreto Abakuá a los blancos con el fin último de obtener la sobrevivencia de la
temible hermandad; quiere decir, hace uso del supuesto mal para obtener un
supuesto bien en el negociado de la existencia. La etnóloga Lydia Cabrera escribe
en su obra La Sociedad Secreta Abakuá narrada por sus viejos adepto:
98
leche- y como nos dice Tankéwo, “de apagar y encender el sol cuando le
daba la gana”. 95
97
Ídem: pp.119-120.
100
La masonería es una de las instituciones que se dan paralelas a los Abakuá y de
quienes tendrán una subrepticia influencia. De ello afirma el investigador chileno
Dr. Jorge Pavez:
98
Pavez O., Jorge: Libro de Pinturas de José Antonio Aponte, Vol.1, nº 2, pp. 667-668. WEB-
SITE: [Consulta: 20/15/2008]: http:// www.desclasificación.org/pdf/presentación_aponte_pavez)
101
Habana beneficiada por el florecimiento cultural que acompañó las nuevas
relaciones socio-económicas con la presencia inglesa; aunque esta logia que no
tuvo mayores implicaciones ni adeptos, en ese contexto socio-cultural.
Así las cosas, las franco-haitianas fueron numerosas, especialmente en La
Habana y Santiago de Cuba desde 1791. A mencionar en la capital: Concorde,
Amitie, Perseverance y Benefique, que se caracterizaron por una amplia
integración de su membrecía, incluido el hombre negro. La siguiente cita puede
ilustrar cómo se sucedían los hechos, aunque no reconoce la existencia de la
logia inglesa en 1762; pero note:
99
Nota de Juan Jorge Álvarez Sánchez. (2009): ¿Sociedades Abakuá o Masonería negra? (A
Propósito de los cultos populares sincréticos y la masonería en Cuba. (Web: CAFE BERLIN)
102
identificables muchas referencias conductuales que de estas logias afrancesadas
debió refrendar, a lo que nos referiremos.
Es importante tener en cuenta algunos elementos conformadores de la esencia
mística de estas logias, surgidas en Europa fundamentalmente, al calor de los
llamados tiempos modernos en los albores del capitalismo; aunque, sus
promotores, ingleses, franceses…, insistieran en sus orígenes en las antiguas
civilizaciones egipcia, greco-latina, cristiana. Así podemos mencionar los valores
geométricos mezclados o los oficios de arquitectos, de maestros de obras, que se
incorporaban, muy relacionados al periodo constructivo gótico. Como tres,
número perfecto: los lados del triángulo equilátero que simboliza la
magnificencia del Gran Arquitecto del Universo y tres son los lados iguales que
nos conducen a la divisa masónica de LIBERTAD, IGUALDAD Y
FRATERNIDAD y tripartita es la división justa y equilibrada del poder
democrático.
Igualmente, la perfección del maestro masón está presente en la estrella de
cinco puntas, a saber: FUERZA, BELLEZA, SABIDURÍA, VIRTUD Y
CARIDAD. Cinco es el resultado de todas las franjas y tiene que ver con el
espíritu vivificador que fortalece la naturaleza. Y siete es el resultado de la suma
de las cinco franjas, el triángulo y la estrella, número que es considerado divino
por los griegos y judíos.
Y siguiendo lo antes señalados de las influencias, traemos algunas referencias
que en este sentido se dan en la música profana que se le atribuye al Abakuá. Así,
en la integración de las primeras orquestas Típicas en Cuba, con gran presencia
del músico de color y del Abakuá en la Habana, las que interpretaron los primeros
danzones, danzas y habaneras: estas incorporaron el clarinete, instrumento
vinculado originalmente a lo masón. La integración de la Típica armada por
Miguel Faílde, ekobio Abakuá, para dar a conocer su primer danzón Las Alturas
de Simpson, en el Liceo de Matanzas en 1879, muchos elementos nuevos se
introducían que merecen atención. Con el ritmo: era más pausado, menos
prosaico y menos ennegrecido, valga el término --algo así como de pretensiones
filomasónicas--; mucho menos movido que las contradanzas y danzas que le
103
antecedieron. Aquel primer danzón estaba estructurado --y nos servimos de la
descripción que ofrece el reconocido especialista Helio Orovio:
104
De hecho, la masonería --que no era tan antigua en Europa--, tenía prácticas en
el ritual que a las mutuales Abakuá les venía muy a su conveniencia e interés: "El
ritual masónico requiere de mucha música", dice un investigador, y dice más:
101
Argeliers León. “El círculo de dominación”. Artículo en la revista Universidad de La
Habana, No. 196 – 197, 2-3 de 1972, la Habana, pp. 130–147.
106
en su parche, deja escuchar la voz de Tanzé. El fe-Ekué se cierra con una
cortinilla de tela, en la que se inscribirá su Anaforuana distintiva.
Era realmente muy similar a los ritos que practicaban las logias masónicas. Las
que, correlativamente, tenían una estructura jerárquica simbólica encabezada por
el Venerable Maestro, máxima autoridad del taller, a quienes se subordinan los
Vigilantes, para conducir las sesiones ante una ausencia del Venerable Maestro.
Observe que lo señalado de los masones, de una manera u otra se reproduce en
el accionar conductual del ekobio Abakuá, evidentemente y a partir de la década
de 1830, que hemos considerado un segundo período o etapa. Así, a lo anterior,
añadimos nuevas similitudes propias de un filomasonismo Abakuá; y, realmente,
sólo eso: una imitación.
Hay que añadir el tratamiento masón al Hermano –el ekobio, (iniciado)…--, al
ingresar; que cumplimenta un ritual después de afrontar un exigente proceso de
admisión. El aspirante a masón debe ser un hombre de probada moral y buenas
costumbres; dispuesto a practicar la solidaridad; ser respetuoso y de buen trato
con los demás. No debe practicar discriminaciones en lo social, ni en lo racial.
Las prácticas masónicas se llevan a cabo en un sitio especialmente acondicionado
al efecto y aunque hay asociaciones paramasónicas integradas por mujeres,
normalmente, éstas no pueden ingresar a logias regulares en las que sólo
admiten, pertenecer, hombres.
Si bien la filo-masonería Abakuá muestra prácticas como esa. Y, añadiendo, que
existen otros puntos más de contacto entre ñáñigos y masones. Para ampliar,
algunas consideraciones más de la mística y rituales Abakuá según Lydia Cabera:
107
Por su parte repite, en esencia, lo que es de general conocimiento en cuanto a la
mítica, que acompaña el ritual que conforma el fantasioso Abakuá:
Por su parte, Domingo del Monte le dijo a José Luis Alfonso: que la novela
Cecilia Valdés:
Y dice algo más de las criollas, la investigadora Sophie Andioc Torres; en que
se detiene, con particulares análisis, en la otra figura, central para Villaverde: la
esclava María de Regla. Es que la mujer era esquema negativo, aunque en
apariencia, para el hombre Abakuá; sin embargo, el novelistas, y la estudiosa,
creen lo contario. De hecho Villaverde avanza más en Cecilia Valdés; y una de
sus referencias a dicha noción feminista la arma con la esclava María de Regla. Y
a ella empieza a sumar tributos en que se conjuga como el mejor exponente del
naciente, pero ya reluciente, personalidad criolla.
Sumemos las cualidades de la esclava María de Regla –la mujer del esclavo
Dionisio, el hombre de las “entradas en la cabellera” a la manera caucásicas--, y
“sabe hablar muy bien español.1042: Villaverde incluye el parlamento de la
esclava como si fuera el de otro personaje blanco; no lo modifica con bastardilla.
María de Regla es descrita como una “mujer de talento y de algún trato social”;
3: María de Regla es la madre de las tres razas—Adela, blanca; Cecilia y Tirso,
mulatos; Dolores, negra—desde su posición de ama de leche y desde su condición
de madre biológica. 4. El potencial materno de María de Regla se manifiesta
también en su calidad de negra fecunda, elemento que no es privativo de Cecilia
Valdés. María de Regla no es construida solamente desde el espacio de la
104
Tomado de: Lengua, raza e identidad en la novela cubana Cecilia Valdés. De: Patricia
Catoira. Montana State University. WEBSITE: [email protected]
110
oratoria, sino también desde la imagen de la nodriza negra criolla. 5. Posee una
dimensión simbólica que contribuye a su diseño... Su nombre bien escogido, que
refiere a la Virgen María en su representación de la virgen de Regla, en su
carácter de madre nutricia, que es recreada en las representaciones de la Virgen
alimentando al niño Jesús. Y, representa el equivalente católico a la Oricha
Yemayá, que simboliza el útero de la naturaleza por su fertilidad, y ha criado en
la mitología yoruba a los otros que no eran sus hijos: los ibeyis, hermanos
gemelos (Lydia Cabrera, 20-21),
y por metonimia Adela y Cecilia. (17) En María de Regla ocurre la simbiosis de
las dos religiones —el catolicismo y la santería— en un evidente sincretismo
religioso.105 La historia de María de Regla proporciona un profundo análisis sobre
cómo se construye la identidad
étnica del pueblo cubano en los
siglo XVI al XIX. Todo se da en
esta región aparentemente inicia
cubana, y en que se inscribe por
oficio español, la primera
potencia Abakuá, al menos en
documentación.
No pasamos por alto, por
negativa, la visión
estigmatizadora del hombre
negro, y no solamente en
esclavitud, a la que se quiere
arrimar a Villaverde y su novela
Cecilia Valdés o la Loma del
Ángel, de una tendencia que tildan de romántica. Repare en lo que dice el
comentario:
105
Tomado de: Elvira Aballi Morell (2013): “El criollo y la esclavitud en Cecilia Valdés o la
Loma del Ángel: potencia, resistencia y empoderamiento”. Universidad de Vanderbilt. En
WEBSITE.
111
Villaverde continua la corriente romántica de presentar al negro como
noble salvaje; un ser que debe blanquearse, perfeccionarse. La gente de
color parece añadir únicamente exotismo a la novela y a la vida cubana,
y por ello mismo, Villaverde sugiere implícitamente que no se les puede
incluir activamente dentro del proyecto nacional cubano que liberales
abolicionistas como el escritor buscaban instaurar en la isla. Villaverde
no permite que los esclavos tengan voz propia: sus testimonios quedan
enturbiados y oprimidos simbólicamente por sus dialectos o por el poco
conocimiento de español. Por lo tanto, con esta caracterización del sujeto
negro en Cecilia Valdés, Villaverde ayuda a mantener el estatus quo de
marginalidad del afrocubano tanto en el campo literario como en la
realidad que le rodea. (Ídem)
Nada similar sucedía con los otros instrumentos, incluido el contrabajo que
ejecutaba el afamado Claudio Brindis. Además aparecen elementos masónicos
como el número siete: la cantidad de los integrantes del grupo musical… Es que,
además, el mulato ceciliano José Dolores Pimienta, personaje definitivo de
Villaverde, asume el clarinete como instrumento para él imprescindible, porque
le facilitaban, además, su blanqueo racial; y, para el que los presupuestos
masónicos le proporcionaban concretar. ¡Nada; y, que como buen Abakuá!
Y traemos un suceso que en la introducción señalábamos, que mucho aporta al
tema para apreciar la concepción de ser “Abakuá” con sus implicaciones; sucede
con la puñalada típica que dio Pimienta al esclavo Dionisio y que así la
reconoció, al verla, el curro Malanga: “--¡Guenajería! Se conoce que el pardito
sabe su oficio…” (Villaverde, 1986: tomo II, 164). Hay que reconocer, que lo de
establecer como de la naturaleza del ñáñigo asestar una puñalada, y que además
esta fuera típica suya, es de los tantos San Benitos, que les han sido colgados. Y
en esto hay imprecisiones en la literatura tendenciosa que lo cultiva. Incluso, esto
114
es transferible al parecer, porque igualmente otros de raza etíope, como el curro
del Manglar, daban y sabían dar puñaladas típicas. El mismo caso de Malanga,
que muy conocedoramente apreciaba la de el clarinetista Pimienta. Vea cómo en
su caso, lo describe la novela: “…para esgrimir el cuchillo de palo hasta
arañarse y sacarse sangre unos a otros, cosa de aprender y adquirir agilidad en
el manejo de esa arma traidora”. (Ídem: 325) De manera que Villaverde, con
otras plausibles intenciones antirraciales, dejó claro en su discurso literario en
Cecilia Valdés, el que la puñalada no era un típico por naturaleza.
Y algo más, retomando al paso aspectos al parecer sin relaciones dentro de la
novela, de algunos recursos descriptivos que se aplican a determinados
personajes de los que señalados estudios consideran como de la subordinación…
Y se refrenda de específicas partes del organismo humano; cómo el que, muy
particularmente, hace Villaverde tomando como referencia la delineación
orgánica de los pies, a la manera de un documentado antropólogo… ¿Por qué le
interesa al escritor de Cecilia Valdés describir esta parte del cuerpo de entre otros
miembros y elementos físicos, y de determinados personajes, en la citada novela?
De hecho, adelantaba Villaverde predicciones antropológicas con más o menos
eficacia. El tema ya no literario, abría paso, no obstante, lo aún conjetural de
tipificar personajes por los rasgos fisiológicos; aspectos aún de seudociencia pero
que empezaban a considerarse necesarios para las caracterizaciones. En Cuba se
daba un importante desarrollo incluida la biología, en esa parte del siglo XIX; una
verdadera revolución cultural de la época… cuando quedaba instituida la
Sociedad Antropológica de Cuba, abierta desde 1877, inaugurada bajo la
dirección de la de Madrid.
En esa dirección, son pertinentes algunas interrogantes sobre los recursos
descriptivos que aplica el novelista al personaje del curro Polanco, Malanga, para
la descripción de los pies. ¿Por qué le interesa al escritor esta parte del cuerpo de
entre otros miembros y elementos físicos y de determinados personajes, en la
obra Cecilia Valdés? De los pies de Malanga, dice: “Dábanle en el barrio el
apodo de Malanga por ser él desmalazado de porte y carácter, por tener lo
zancos y los brazos largos, en contraste con el tronco, y sobre todo los pies
grandes y gruesos”? (Villaverde,1985: tomo II,165)
115
De hecho, adelantaba Villaverde predicciones antropológicas, con más o menos
eficacia. El tema ya se abría paso no obstante lo conjetural; le venía de tipificar
personajes en los que quería abundar en aspectos que creía básicos a sus
caracterizaciones bien a la hora.
No siempre a los personajes que representa en su novela les describe esa parte
del cuerpo, aunque reseñe otras. En ocasiones las referencias de esta región son
tan específicas que sobresalen; incluso, repite aspectos como el arco del pie, a lo
que le atribuye una importancia, que no deja siempre muy clara su relación a la
personalidad del individuo que le pertenece. Ni tampoco deja muy claro el porqué
de los que escoge para referir de sus pies; qué los une o diferencia y por qué…
Así refiere de los pies del maestro sastre Francisco de Paula Uribe: “…llevaba
chancletas de cordobán, dejando al descubierto unos pies que no tenían nada de
chiquitos, ni bien conformados, porque sobre mostrar demasiados los juanetes,
apenas formaban puentes”. (Villaverde, 1975: tomo I, 281)
Otro que toma para referirse a sus pies es la importante figura dentro del
entramado del relato del mulato José Dolores Pimienta. En esta ocasión se
detiene más en la razón de las características que tienen las formas de estas sus
extremidades inferiores y las compara con su compadre el maestro mulato
Uribe. Ilustramos con los párrafos de la novela: “…en Pimienta y Uribe
concurrieron por igual la raza blanca y negra, pero Pimienta sacó más sangre
de la primera que de la segunda…, y citamos: “circunstancia a que deben
atribuirse el color menos bilioso de su rostro, aunque pálido, la regularidad de
sus facciones, la amplitud de su frente, la casi perfección de sus manos y la
pequeñez de sus pies, que así en la forma como en el arco del puente podían
competir con los de una dama de raza caucásica.” (Idem:286) (El subrayado es
nuestro)
Así mismo, toma otro personaje para un análisis de los pies, el de nombre
Padrón; un preso condenado a presidio cuando el gobierno de la Isla del Capitán
General Dionisio Vives quien, por influencias de allegados suyos, lo traslada de
la prisión y pone al frente de su gallería; lugar típico y de costumbre criolla, que
tenía Vives para las peleas gallos finos. De Padrón citamos: “Los zapatos de
vaqueta que apenas cubrían los pies pequeños y el empeine arqueado como de
116
mujer, y sin calcetines […] Era de talla mediana, enjuto,(sic) musculoso, fuerte y
pálido, de facciones menudas y podía contar con 34 años de edad” (Ídem: 396)
(Los subrayados son nuestros.) ¿Y de Padrón, qué debemos entender por tener los
arcos de los empeines altos y definidos como los de dama? O, ¿si no tuviera los
pies planos se entendía que era un mulato adelantado? O, ¿que en cuerpo de
mujer tenía corazón de asesino? Porque en Cecilia Valdés, todos tenían algo de
bueno y algo de malo.
En definitiva, de los ejemplos tomados podría establecerse que tanto en el caso
del curro Polanco de sobrenombre Malanga, como en el del sastre Uribe, eran
mulatos con mayor presencia sanguínea etíope107; los pies eran mayores, gruesos,
tendientes a lo deforme y sin arco de puente. En el de los otros casos: el
clarinetista y artesano, eterno enamorado José Dolores Pimienta y los del penado
por homicida alevoso, el cría gallos del Capitán General Vives, Padrón, eran
arqueados los empeines, como los de una dama. En dichos casos, se establece del
mulato Pimienta el predominio en la mezcla racial del factor sanguíneo
caucásico, algo que no queda muy claro al establecer semejanzas y/o diferencias
con el homicida penado, a cargo y doctrina de gallos, Padrón. (Ídem: 396)
Y no le quedaron sin considerar los pies de una dama, los de la misma
protagonista Cecilia ya avanzada la obra: (Capítulo III, de la Cuarta Parte, en los
finales):
118
con la protagonista Cecilia Valdés, que lo antecede toda una elaborada sucesión
de hechos. Y una de ellas es la manera de llamarlo el novelista:
119
leer…(349).108¿Qué pretendía Villaverde con esta manifiesta persistencia --mejor
que insistencia--, en esa referencia física, personal, de un esclavo, negro?
108
Todas las citas se corresponden a la edición digital de la Fundación Gutenberg.
120
incluye otro negro bailarín, con algunas características similares y otras… muy
opuestas. Vea:
Martí y el ñáñigo
121
No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los
pensadores de lámpara enhebran y recalientan las razas de librería, que
el viajero justo y observador cordial buscan en vano en la justicia de la
naturaleza, donde resalta el amor victorioso y el apetito turbulento, la
identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los
cuerpos diversos en forma y color.109
122
Orden de ñáñigos o Abakuá era de africanos, porque se nutrió, desde sus inicios,
del personal laborante, en su inmensa mayoría de afrodescendientes; que incluía,
por supuesto, esclavos o libertos, en menor proporción; pero nunca de un
originario africano excluyente, ni por religión ni por etnia, no tardando en incluir
en sus gremios-logias otras razas y grupos sociales… Surgió en Jesús María,
antes que llegara el curro sevillano y permaneció allí hasta tanto pudo, que
sucedió cuando las quemas “blanqueadoras” a que sometieron ese barrio las élites
en el poder con pretensiones caucásicas. Razón por lo que re-aparecieron en el
siglo XIX en Regla y también en otras barriadas habaneras y de Matanzas. La
secta-fraternidad Abakuá –o de ñáñigos--, fue siempre parte de la barriada
capitalina. De esta inclusión en la periferia muchos historiadores se han expresado
como lo hace Torres Zayas: “La Sociedad Abakuá se articula con los integrantes
de la sociedad habanera […] se identifican pronto con el barrio al cual
pertenecía. Y en cada barrio, cercano al puerto sobre todo, surgiría uno o varios
juegos como el sello tipificador que lo representaba.” (2006: 16)
Pero hay otro negro, ñáñigo, en la vida del Héroe Nacional: Simón… del que
nos referiremos luego. De él, se señalan otras referencias, de las que
adelantaremos algunas. El negro Simón,110 en el año 1871 fue detenido y
deportado con la primera remesa de sublevados de las guerras carlistas de
Aragón. Enviado a la isla-penal en Fernando Poo por el Capitán general
Lersundi, en su caso, acusado de ser “ñáñigo y asesino”. 111 Y no se nos ocurre
nada mejor que transcribir, integro, lo que por su parte cuenta el propio Martí; de
los valores excepcionales del negro Simón, cuando nos relata, vehemente, los
sucesos de los que es artífice Simón en su artículo para “Patria” del 16 de abril de
1892: En Zaragoza, cuando Pavía holló el congreso de Madrid y el aragonés se
levantó contra él, no hubo trabuco más valiente en la Plaza de Mercado, en la
Plaza donde cayeron las cabezas de Lanuza y Padilla, que el del negro cubano
Simón, y cuando Aragón había abandonado las trincheras, y no se veía más que
el humo y la derrota, allí estaba Simón, el negro cubano, ¡allí estaba, él solo,
110
Así reconocido por la bibliografía consultada.
111
Jesús Cosano. 2016: Los negros curros. De la academia de los pícaros al Caribe afroandaluz.
Sevilla. WEBSITE: https://secretolivo.com/index.php/raices/
123
peleando en la plaza! (O.C., t.4:391) 112 Y releemos el poema que escribió de ello,
además, Martí:
Y luego, queda muy poco más que decir necesario para juzgar la visión,
superior, que tuvo Martí de la valerosa sociedad que nos ocupa.
CAPÍTULO VI
115
Pavez, Jorge, (2006): Anales de Desclasificación. Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2.
125
que se mencionan: Pendón de Negros Curros, Cabildo Lucumí y Sociedad de
Recreo, de sus barrios respectivos.
Compromete esta ligazón: Coro de Guaguancó -vs- Coro de Clave, las
fuerzas --o figuras sociales-- propulsoras de cada una de estas manifestaciones
musicales; que muestran las diferencias de expresiones que les son
características. Del Guaguancó: corporales, danzarias, organográficas; orales, a la
manera de la "rumba" violenta, erótica; y los orfeones de Clave: de un ritmo
pausado, románticos, sin baile o 'toque': a lo Clavé.
¿Qué afectó de todo esto al trovador al occidente, como al caso de Manuel
Corona? Puede que más afectara al sonero-trovador Ignacio Piñeiro --tan ligado
en su desarrollo a la cantante María Teresa Vera--, aunque Piñeiro llegara mejor
al son que a la rumba. Argeliers León es quien mejor dilucida la simbiosis y le
cierra el ciclo: "pero el guaguancó116 siguió cultivándose fuera de los coros que
desaparecieron rápidamente. Esto permitió concretar un tipo de conjunto
instrumental y vocal que se mantuvo creando e interpretando guaguancó" (León,
1981:148) Vale añadir, que el destacado etnólogo cubano de la segunda mitad del
pasado siglo XX, describe y diferencia estos coros: "en La Habana y Matanzas
habían aparecido [...] coros de rumba [...] para cantar Guaguancó" (149) y
textualmente agrega: "y los coros de claves tenían sus locales". Diferenciándose
de "los coros de rumba se desarrollaron separadamente". Incluso añade esto: "El
canto de los coros de rumba, (era) el guaguancó." (1981:147) O sea, los Coros de
Clave cantan Claves, pero los coros de rumba, guaguancó.
Desde las ópticas de Sánchez de Fuentes y Alejo Carpentier se ofrecen dos
maneras diferentes de ver el alcance del Canto de clave. Para el aborigenista
Fuentes117 las dos aportaciones afros más importantes a la música cubana están en
la Rumba y en la Clave (2010:20) y cito:
116
Argeliers León en "Del canto y el tiempo",
117
Eduardo Sánchez de Fuentes. (La Habana 1874-1944) Compositor, investigador y crítico
musical, en particular de los ritmos africanos en nuestro cancionero. Autor de la habanera “Tú”.
126
tropical". Más adelante en el mismo trabajo amplía: "la Rumba nacida en
un medio licencioso", donde defiende a ultranza el “cadencioso danzón”.
(21)
En este sentido se refiere a Nicolás Ruíz Espadero: “el único que utilizó una
melodía que él juzgó originaria de la esclavitud, pero que por su línea encarna
el alma cubana [...] y es así, porque esos elementos africanos que influyeron en
la formación de la Clave y de la Rumba [...] las han ido desterrando nuestros
conscientes compositores. Comportamiento que Sánchez de Fuentes considera
"plausible".(22) Pero dice algo más: "El ñañiguismo, aliado del africanismo,
adoptó de los lucumíes y otras tribus negras, fórmulas y diseños, en sus ritos y
esparcimientos, que han figurado más tarde en sus asociaciones […] como la de
Los Roncos, afectando una forma coral" (22). Y dicha asociación habanera era
muy famosa como intérprete de Clave…
O sea, reconoce el origen Abakuá del Coro de Clave. Y añade que en:
"nuestra capital alcanzó gran popularidad esta nueva forma del 6/8 de
la Clave, con un ritmo más pausado" (24). Dentro del compás de seis por
ocho, que a veces presenta un figurado de tres por cuatro, como una
síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni la peculiar de la Rumba,
rima su bajo invariablemente con el primer tercio del tiempo fuerte y el
segundo el débil de su compás, contentivo de seis corcheas,
correspondientes a sus seis tercios. (15)
127
músicos de buena inspiración como José Mauri, Casas Romero y otros. Si puede,
--dice, como consciente pero opuesto, de lo que había conjeturado Sánchez de
Fuentes--, advertirse una diferencia entre Claves, Guajiras y Criollas, meramente
superficial: tipo de melodías, tempo, atmósfera armónica, más simplemente en
una Clave, más ambiciosas en una Criolla. Pero la base rítmica y tonal era la
misma" (141). No dejan a dudas las lagunas entre ambas concepciones, que se
divulgaron no tan distantes en el tiempo una de otra, donde, para Fuentes, lo
afrocubano en la música nacional existe, pero expresado a la manera de un
'dicho': 'se mastica, pero no se traga'.
Regresando a la idea primera, en el cancionero nacional existe la Canción Clave
que se escribe en tiempo de 6/8 con síncopa, la que se acompañó preferentemente
de la guitarra. En su estructura semejante a la guajira y a la criolla, de las cuales
es antecesora (Gómez-Elí,1995:6). Y aunque no puede establecerse un patrón que
las unifique, sí tuvieron intenciones musicales similares. Las diferencias
resultaron del medio ideoestético en que se desenvolvieron y de los aportes que
les yuxtaponen los grupos que los interpretaban; que bien pudo ser de una
agrupación nacida de una potencia Abakuá. Tuvieron una base estética que
conformó un interés por hacer cosas de buen gusto y poder incluirse en la
sociedad establecida, estimulados por un medio con pródigos remanentes de la
migración franco-haitiana, porque lo distinguido, «a lo versallesco», muy propio
de esa migración, fue también pretensión de esos coros.
De los Coros populares refiere Ortiz en su libro “Los negros curros” (1995), 118
cuestiona lo apreciado por Morúa Delgado, quien los referencia, a su manera, más
próximo a una coral de Guaguancó, de producción curra, que a los Coros de
Clave la música “profana” ñáñiga o Abakuá, a la que nos hemos estado
refiriendo. Vea la cita:
118
Fernando Ortiz: “Los negros curros”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. (1995)
128
francachelas con repiqueteos de tamborcitos y cantos africanizados,
siguiendo con desaforada viveza el ritmo de la danza cubana.
Vale destacar que, con base en la clave folklórica, se comienzan a generar otras
variantes. De ahí la existencia de la "clave ñáñiga", con dialecto de los abakuás en
sus textos; y la "clave teatral", cuyo desarrollo y perfeccionamiento se debieron
al notable músico cubano Jorge Anckermann. Y traemos la letra de una muy
difundida:
Los trovadores también cultivaron este género, con las adaptaciones propias a su
estilo de canto. Finalmente, la "clave folklórica" en el teatro fue base para la
creación de nuevos géneros de música. Lo que dice Argeliers León119 de los Coros
y Claves: “Aparecieron las Claves: La Unión; El Desengaño; la Generación; El
Timbre de Oro; El Arpa de Oro; Las Moralidad; La Discusión; Los Jóvenes
Lindos, y otros…” y amplía:
119
Argeliers León: Del canto y el tiempo, pp. 146-147
129
Pero regresemos a los criterios del investigador de la Universidad de Chile,
Jorge Pavez, quien a su vez
asumía: “que en el principio fue
el coro de Guaguancó…” que
tenía, según Pavez, las siguientes
características:
--que el canto guaguancó surgió
en ciudades y pueblos, y en
barrios muy humildes y
marginales:
--que tiene una línea melódica y
texto mucho más elaborado que
el resto de las variantes,
--la primera parte se canta
generalmente
Medalla masona que circulóa en
dúo.
Cuba de A.
Clavé
Entonces, ¿por qué si el Coro de clave, originario, estaba integrado, o vinculado,
a las Potencias Abakuá, Pavez incluía a Pendón de Negros Curros? …La cita
resulta imprecisa en lo que plantea…: o era Abakuá, o de Negros Curros; dos
entidades muy bien diferenciadas, incluso en su procedencia cultural: el primero,
el Abakuá, habanero; y, el segundo, Negro Curro, sevillano…
Lo otro a tener en cuenta es la integración del dúo… ¿Es ese el origen de la
presencia de tal estructura vocálica de la preferencia de los trovadores en el país,
entrado el siglo XX? Mostremos características que señala José Manuel
Carbonell y Rivero120 de los Coros de Clave:
“Dentro del compás de seis por ocho que a veces presenta un figurado
de tres por cuatro, o una síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni
la peculiar de la Rumba rímase su bajo invariablemente con el primer
tercio del tiempo fuerte y el segundo el débil de su compás, contentivo de
seis corcheas, correspondientes a sus seis tercios”.
120
Carbonell y Rivero, José Manuel (1928a): “Evolución de la Cultura Cubana (1608-1927)”,
[Tomo XVIII]: Las Bellas Artes en Cuba. La Habana. Imprenta “El Siglo XX”, pp. 99-102, y
pp.174-175 (Reseña de Laureano Fuentes).
130
Las corales catalanas originalmente –de las corales, y de su promotor el
barcelonés Anselm Clavé luego nos referiremos más--, carecían de una
instrumentación acompañante, algo normal en una coral; pero si además
entendemos que los Coros promovidos en Barcelona por Anselm Clavé se
conformaban para facilitar la masiva participación obrera a los que solamente les
era más dable incorporar su voz. Eso también explica que la tradición iniciada por
los abakuás no incluyera tampoco ninguna forma de acompañamiento; ni tampoco
algún tipo de danza o baile habitual en las expresiones musicales africanas del
ritual o profanas, abundantes en Cuba.
¿Por qué no cantaron siempre en décima los Coros de Clave los Abakuá?
Porque no eran como los curros, andaluces portadores de esa tradición, para nada
sencilla. Pero hubo intenciones e imitaciones: el pizarrón, el censor, el decimista
y todo lo demás; que habla del interés y esfuerzos por su incorporación, en la
medida que les fue posible, de la décima; tan familiar en la fiesta --como la
define León-- no ritual, entre sus congéneres los curros sevillanos. De hecho los
curros no traían, básicamente, ningún sostén ideomítico; carentes de cualquier
elemento del ritual africano; sin nada en que creer; iban de lleno al placer fácil,
sensual, contrario a los comportamientos rituales que sí practicaban los Abakuá.
Ese hombre negro ñáñigo o Abakuá, por la violencia o no, se hizo de la fuerza
de trabajo, a pie de rada, en el Real Astillero, luego Arsenal, habanero. Para lo
que debió organizarse, protegerse, ilustrarse; al agruparse en las mutuales
Abakuá a la manera de gremios integrales, que sumaron elementos del ritual
religioso de procedencia afro, pero, en esencia, desarticulados de cualquiera de
los traídos de África como esclavos, aunque predominaran las etnias y luego sus
descendencias criollas, carabalí.
Así mismo, con el apego o acercamiento del criollo Abakuá a los rituales y
prácticas francmasonas, que le llegaron de primero con la emigración haitiana en
los finales del S.XVIII y parte del XIX, pudo ser uno de los factores
condicionantes de esta ausencia de baile o danza, por el indudable filomasonismo
que les fue propio. Imitó la música a lo masón como otros tantos productos, y la
casi nula existencia de danza, incluso tamboreo (percusión), en sus rituales.
131
A lo que añadimos, por ello les fue factible asimilar luego los orfeones del
barcelonés Anselm Clavé que carecían de danza –incluida la propia masonería del
barcelonés Clavé--. Fernando Ortiz se refiere a: “claves cantadas en coro, que
abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto habanero, para incorporarse a
las fiestas populares o jolgorios de los barrios y poblaciones cercanas de La
Habana” (1984:82). No es de extrañar que el mulato Abakuá optara por
“blanquear” los cercanos cantos propios del africano de nación; por lo que,
además, pudiera lograra una música profana.
En definitiva, de todo ella resultaron los nuevos Coros de clave, ruta por donde
luego transitaron los trovadores tradicionales, que, en el occidente del país diera
paso a una de las vertientes cubanas, del universal bolero. Para ello, los Abakuá
eliminaron o transformaron en lo posible, elementos como el acompañamiento y
ritmia del tambor a la manera afro; prefiriendo atemperar, incluso interpretar los
cantos en los Coros de clave a capella… y sin danza, como se insiste.
En el libro consultado, Del canto y el tiempo, se le dedica un capítulo a la
música Abakuá, en el cual se advierte que cuando el negro Abakuá constituyó sus
sociedades de tipo gremial, en ese momento, aparecen los primeros vestigios de
las canturías. (80). Sin embargo, todo lo que refiere Argeliers León en este acápite
de música Abakuá, en su mayor parte se refiere a la actividad ritual de las
ceremonias o plante. Lo único que altera lo anterior lo señala al final cuando
dedica, en el último párrafo, la siguiente observación: “la música Abakuá es la
más cuidada…” (87). Por otra parte, refiere Ortiz:
132
la insistencia en la sugestión provocadora del trance a veces alargada
con una forma rítmica invariada”
Aparecieron agrupaciones que entonaban las precursoras meleas que darían paso
a la Canción Clave, aportadora de elementos a la trova y a géneros ligados a ella,
especialmente el bolero, interpretadas por los Coros de Clave, corales que la secta
Abakuá122 les habían dado vida y sostén; integrada en sus empieces, por
afrodescendientes que trabajaron en el dieciochesco Real Astillero –luego
Arsenal-- de la Habana; confraternidad mutuo-gremial que se extendiera a los
121
Base de cita tomada de Fernando Ortiz: Poesía y canto de los negros afrocubanos. La Habana,
Publigraf, Colección Raíces.1994, páginas 36-39.
122
Secta muy controvertida, por lo que ampliaremos de ella de inmediato…Utilizaremos el
término Abakuá a la manera que lo hizo el sabio folklorista cubano Argeliers León sentido, quizás
por las diferencias o transformaciones que puede haber tenido en el tiempo esa mutual,
originalmente de afrodescendientes
133
enclaves portuarios habaneros y matanceros y a otras instituciones y barriadas
cercanas; y que tuvo sus ekobios y aspirantes en ciudades del centro del país,
aunque algunos intenten, en vano, desconocerlo.
A la secta se integraba una importante música profana, incluso superior a la
utilizada para el ritual secreto. Y ese particular cancionero Abakuá fue parte de
sus concepciones sociales de blanquear, de adquirir representatividad en un medio
social colonial y de elites de blancos europeos y de criollos; incluso, cuando
devengaban sustanciosos salarios en el Real Arsenal. Los Coros de clave, fueron
su principal aporte en esta dirección; y estos coros de clave, llegaban en ocasiones
a elaborar textos en décima para la letra de sus cantos, como sus compadres los
Curros sevillanos… En otros pasajes se sintetiza, en esencia, ese necesitar ser el
otro, del Abakuá.
¿Ritualidad Abakuá? Ahora bien, refiriéndose a la ejecutoria profana de la
música Abakuá, dice Ortiz: en esta secta, no aparece el canto asociado al baile…
(86) Esto no siempre ha quedado esclarecido, el por qué, en las festividades no
rituales, en lo que fue muy activo el primitivo Abakuá –a mencionar los Coros de
clave--, no le incluyeron baile: ¡ningún tipo de danza! Mientras que en
afrodescendientes que le fueron tan cercanos en La Habana, como los negros
curros, a quienes, sin ningún lugar a dudas les adjudicamos el guaguancó
--engendro curro--, que tuvo una magnífica danza, incluso, tan susceptible al
medio, que luego, con el tiempo y las circunstancias, fue contaminando –y
contaminándose--, con los importantes elementos de las tradiciones afro-criollas,
hasta nuestros días...
123
Como señalamos en un anterior libro, el apego o acercamiento del criollo
Abakuá a los rituales y prácticas masónicas, (Gorrin,2016: 124 127) pudo ser uno
de los factores condicionantes de esta ausencia de baile o danza, por el indudable
filomasonismo, en momentos, que les fue propio. En mucho concurrieron a
dichos patrones de fuerte presencia en la barriada habanera; masonería que
123
Añadimos de nuestra experiencia individual cuando realizábamos trabajo de campo para la
Universidad Central de Las Villas, en 1969, investigamos los Fandangos trinitarios, coros de clave
de procedencia Abakuá; ya sufrían de la integración instrumental y rítmica del afro-criollo, pero
no asimilaban danza alguna. El grupo creado resultaba, en escenario, una coral sin movimiento
alguno.
124
José Teófilo Gorrin Castellanos, 2016: Avatares de la trova en el Manglar habanero. El hito
de Manuel Corona. Deutschland, Alem. Editorial Académica Española. pp. 125-128
134
acompañó las importantes migraciones haitianas que por las fuertes luchas
independentista ya referidas, arribaban desde la isla vecina. El Abakuá imitó en la
música al masón como a otros tantos productos; así, la casi nula existencia de la
danza, incluso de un limitado tamboreo (percusión) --que no estaría de más añadir
sus rituales, en particular el esencial para acompañar la iniciación, cuando
prefieren un tambor de fricción. Y por ello les fue posible asimilar, las Corales
del barcelonés Clavé, sin danza y a capella…
Ya en Cuba las tradiciones barcelonesas de Anselm Clavé, serían asimiladas por
instituciones mulatas como los Abakuá, que designaron sus agrupaciones como
Coros de 'Clave' --sin la tilde, por acomodo a la pronunciación llana en el español
o porque influyera a la hora de tomar el nombre, el nominativo 'clave', del
instrumento xilofónico percutivo denominado o igual que describe Ortiz; tuviera
coincidentemente uso manido por el operario Abakuá cuando orígenes en el Real
Astillero; de clavo de madera para los navíos de vela, hasta instrumento percutivo
para marcar el ritmo o clave, que incluía acompañar aquellas originales afro
corales; que como dijera Ortiz: salieron de igual forma del emporio fabril.
Del barcelonés Anselm Clave es necesario un aparte.
Ya con el nombre de: “Coros de clave”, estos orfeones y el género que
interpretaban, según Orovio: “canto de clave” (1981:95); que como se ha
afirmado se desarrolló por el ideal e interés social del afrodescendientes Abakuá,
mayoritarios en un principio. Y con la llegada de las corales catalanas conocidas
por el apellido de su autor Clavé, debieron imprimirles determinada
transformación a estas canturías patrocinadas por gremios y barrios, tan pronto
llegaron al país:
125
No deje de releer, en la Cuarta Parte, todo su primer capítulo, de la novela Cecilia Valdés, de
Villaverde.
137
turno para el uso estridente de los tambores; y más, cuando se percutían a la
manera africana…. Y realmente no fue así!
Los coros de clave fueron abundantes en Cuba para muchos tipos de
celebraciones profanas, aunque muchas de base religiosa:
DIA SAN JUAN: Esa noche se abre la puerta que nos introduce al
conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la
noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto y los campos son
bendecidos por el Bautista. Es una costumbre que en la mañana, muy
temprano la gente se lava el pelo y la cara con las aguas bendecidas y
comienza a llamar, tres veces consecutivas: ¡San Juan!, ¡San Juan!, dame
milcao (guiso de papas con manteca) que yo te daré pan.
Músicos destacados de finales del siglo XIX y primeros años del XX fueron
compositores o intérpretes de los Cantos de claves habaneros, incorporados a las
agrupaciones que se integraban con ese fin, famosas en los barrios capitalinos.
"Creadores de claves" Con la asimilación, avanzada la segunda mitad del siglo
XIX, de los presupuestos de hacer una coral a lo "Clavé", los coros sufrieron
transformaciones que los diferenciaron de lo anterior afro y lo más importante fue
darle vida a la Canción Clave, melódico y romántico anticipo del bolero que se da
en el occidente.
De más está decir que para el Coro de Clave, el canto fue lo básico, sin ninguna
danza --carentes de expresión corporal-- y con un atenuado "toque" por
acompañamiento, si lo tenían, como anteriormente se ha indicado. Helio Orovio
se refiere en su Diccionario de la Música del Canto de Clave, al destacar el diseño
rítmico de aire moderado; en cuanto al tiempo esquematiza el de 6/8 | ♩♫♩ | ♩♫♩
| ♩♫♩ |, y al género: el de Coro de Clave, cultivado por la secta-confraternidad
Abakuá.(95) A lo que añade el criterio de que: "la afrocubanía, […] implícita, ya
que no usaban tambores, sino sólo suave repiqueteo [...] en la tapa de una vieja
vihuela sin cuerdas" (Orovio,1981:95-96). En otra parte agrega: "O la Viola, un
instrumento que parece fue de uso único en los Coros de Clave habaneros";
"forma proveniente de la vieja lira etiópica, que aparece en Cuba a finales del
138
siglo XIX […] una caja (como un banjo) que la atraviesa dos varas de madera
[…] para tañerlo con las dos manos […] que se apoya en el hombro". (432)
De estas corales, en sentido general, diremos que la participación era abierta a
todos sin distinción; aunque a las principales figuras que se establecían se les
exigiera naturales condiciones de afinamiento y corrección -y el censor para
cuidar la letra del cante: mucha corrección, exagerada corrección diría-- buscando
satisfacer un prestigio social y, como se ha indicado, junto al elemento africano se
mezclaban técnicas y otros recursos de la música española, como lo señala
Argeliers León:
lo que hace que la música Abakuá sea la más cuidada entre las
expresiones musicales[...] solista, siempre será a base del que mejor sepa
cubrir esta función. Lo mismo sucede con las intervenciones del coro, al
que concurren siempre las mismas personas [...] En estos coros llegan a
perfilarse la afinación y hasta producen movimientos paralelos de las
voces por terceras, sextas y octavas, [...] sin faltar alguien que haga de
falsete. (1974:86-87)
Todos estos orfeones mantuvieron idéntico celo por el cuidado de la letra y por
la selección de las voces integrantes, como se ha insistido, para velar por las
presentaciones públicas. Y repetimos: "que [hacía] que la música Abakuá [fuera]
la más cuidada entre las expresiones musicales cubanas", al decir de Argeliers
León. Había mucho preciosismo compositivo e interpretativo en esos coros de
claves126 primigenios. Se ha señalado como la técnica y alternancia en los coros
aquellos elementos fundamentales de ese lenguaje que el compositor transforma:
1. La estructura alternante solo-coro, el sentido de contraste tímbrico y la
repetición. En la música de procedencia africana el coro interviene
principalmente como un elemento de contraste tímbrico para completar el trazo
melódico ejecutado por el solista. El coro unas veces repite el período expuesto
por el cantor, o solo una parte de su canto.
126
Tomado de: Marta Rodríguez Cuervo (2002): “Tendencias de lo Nacional en la Creación
Instrumental Cubana Contemporánea” Tesis de Doctorado del Departamento de Arte III
(Contemporáneo). UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. (CIDMUC, La Habana,
1986)
139
2. En el canto de ascendencia africana, existen sonidos más fijos que actúan
como referencia sonora fundamental, junto a sonidos cambiantes, de afinación
no precisa, móviles, variables, según los textos que se improvisan. Generalmente
estos cantos no exceden de una quinta. Lo que expreso de la música de
procedencia africana en Cuba el musicógrafo Eduardo Sánchez de Fuente:127
141
Este hijo de esclava pasaría, desde muy joven, once años en los barrios
capitalinos, en los que entra en contacto con las 'potencias' o 'tierras' Abakuá.
Otro estudioso nos amplía la información acerca de esas experiencias: "La
estancia de Juan Echemendía en La Habana le permitió el contacto con ciertas
manifestaciones citadinas [...] que al margen de la cultura elitista existente en la
capital iban a defender en cofradías los intereses más genuinos de las grandes
masas populares". (Bernal,1990: 141) La información la concluye Bernal
destacando características de esas influencias --y presencia-- Abakuá:
142
al que sustituían por un banjo sin cuerdas" (1974: 147). Aún hoy se ven en
Trinidad los dos pequeños tambores usados por las originales corales 128, hechos
de un cedro ahuecado con candela y tensados con cuñas, como bongóes, sin
parecido específico a similares de las antiguas agrupaciones africanas. (Ver
tambor original en foto adjunta). De las Tonadas Trinitarias son estas canciones
que solo tiene una estrofa:
Otros elementos Abakuá están presentes es Sancti Spíritus. Rine Leal menciona:
"En las fiestas del Corpus se ofrecía la novedad de los Diablitos"; 129 que antes
citaba Ortiz (1966:33). También se señala que: "a partir del siglo XIX se unieron
a esta procesión (festividades) los diablitos Abakuá o ñáñigos". 130 (450) Por
su aparte Fernando Ortiz afirma: "los negros ñáñigos afrocubanos sumaron sus
exotismos a la fiesta del Día de Reyes, por la participación de sus "juegos o
potencia" acompañados de sus diablitos" y añade: "Al ñañiguismo […] debemos
la supervivencia del diablito" (31) No olvidar lo señalado antes, en el acápite,
dedicado a los diablitos, su existencia española de mucho antes del ñañiguismo
cubano, como lo describe Ortiz.
129
Leal: 1980: dato que toma del historiador local Rafael F. Pérez Luna. (p. 452)
130
"Historia de Sancti Spirítu", T.II. S. Spíritus, 1888, (p.411)
145
todavía a otro barrio igualmente sonoro: Pueblo Nuevo la cadencia sanguínea del
guaguancó:
Nació en el mismo solar que yo nací
es buena como yo,
le encantan las melodías de los suburbios,
y da su corazón
cuando siente este cantar.
Dentro del compás de seis por ocho que a veces presenta un figurado
de tres por cuatro, o una síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni
la peculiar de la Rumba, rímase su bajo invariablemente con el primer
tercio del tiempo fuerte y el segundo el débil de su compás, contentivo de
seis corcheas, correspondientes a sus seis tercios.
133
Leonardo Padura: Chano Pozo. La cumbre y el abismo. (Tomado de El viaje más largo.
Ediciones Unión. La Habana,1994).
148
piensas en Changó. […] la poderosa y principal influencia de la música
afrocubana sobre jazz y, especialmente, en el bop, alcanzó su punto culminante en
el invierno de 1947, cuando el director de banda Dizzy Gillespie contrató al
tamborero cubano Chano Pozo para un concierto en Town Hall. «Así fue como
tomé a Chano Pozo y no me arrepentí nunca. Cuando lo vi tocar siete tambores a
la vez supe que había encontrado un genio de la música…. Graba, entre otros
éxitos, una pieza clásica del jazz latino: «Manteca..., Es la apoteosis de los
tambores cubanos que enriquecían, definitivamente, la concepción rítmica de la
música estadounidense”.
149
Y los versos de la canción Doble Inconsciencia para confirmarlo:
quisiera asesinarte
y con paciencia, disimulo
mi horrible sufrimiento...
150
antigua confraternidad mutual afro-habanera, ocupaba lugar destacado dentro de
su mítica fabularía a pesar del pretendido misogenismo que predica y práctica.
En la barriada habanera proliferaban otros componentes del fenómeno fémino,
como los que introduce la emblemática diosa Yemayá del panteón yoruba, ligada
en el imaginario social a la Virgen parda de Regla, que tan excepcionalmente
retoma la novela Cecilia Valdés con el personaje de María de Regla. Así se
transformaron tradiciones cuyos productos confluyeron en la trovadoresca. Al
fenómeno barrial se integran otros componentes: el negro curro sevillano y, el del
Manglar. En definitiva, tales personajes aportan a la conformación del patrimonio
caribeño cultural --y musical--, como el fenómeno mulata, esencial en la
cancionistica de Manuel Corona y de la trovadoresca en general en una magnitud
aún por verificar. De todo ello, por nuestra parte, hemos venido haciendo
puntuales referencias
Y uno de esos importantes ingredientes que se dan en el medio capitalino y en
otros espacios al centro del país, todo indica que en separadas condiciones y
anticipando géneros aparecieron agrupaciones que entonaban las precursoras
melodías que darían paso a la Canción Clave, tributaría de elementos a la trova y
a géneros ligados a ella, especialmente el bolero; interpretadas por los Coros de
Clave, corales a que la sociedad Abakuá habían dado vida y sostén.
Fueron circunstancias típicas, en cuyo contexto se crearon las condiciones para
el desarrollo de la trova y del bolero, al menos del que se condicionó al occidente
cubano; cuando, nuevos productos culturales se integraban de la mano de las
afrodescendencias, muy particularmente en las agrupaciones callejeras llamadas
Coros de Clave, creadas para la actuación pública y profana de las
confraternidades Abakuá y que luego hicieron rápida apropiación del orfeonísmo
peninsular promovido por el movimiento coral del barcelonés Clavé extendido
en el país.
Militó Manuel Corona en las agrupaciones de los Coros de Clave habaneros. No
hay duda que la tradición que conformaran los Coros de clave alcanza en la época
niveles de boom; con trascendencia en los barrios capitalinos, como el de Los
Sitios, donde residiera Corona y recibiera la influencia con mayor frescura.
151
Manuel Corona inicia su carrera de trovador siendo un prolífero compositor de
Clave. En Los Sitios conforma un Coro de Clave nombrado "La Moralidad", que
en la primera década del siglo populariza más de veinte Claves. Ello muestra las
semejanzas que lo unían, en este sentido, al universal Ignacio Piñeiro, y conocido
sonero-trovador. Además, a Corona lo caracterizó ese procurado preciosismo que
predominaba en el medio Abakuá presente en el modo de hacer los Cantos de
Clave. Con la asimilación de los presupuestos, asimilados luego, al entrar en
contacto con las corales a lo barcelonés “Clavé"; lo que, avanzada la segunda
mitad del siglo XIX, dio lugar a importantes transformaciones que los
diferenciaron de lo anterior afro; y, lo más importante fue, darle vida a la Canción
Clave, melódico y romántico anticipo del bolero que se da al occidente.
Por otra parte, Corona también asimiló, tras tortuoso camino, qué le llegó de la
prístina trovadoresca Occitana medieval, movimiento aún por precisar la
magnitud de su presencia en suelo cubano.134 En definitiva, puede que igualmente
en Corona persistiera, excepcionalmente, la influencia de la antigua vena
trovadoresca medieval que le llegara inducidas por un sentimiento moderno-
modernista a lo dariniano, como sostiene la portorriqueña Iris Zavala, (1991:20)
le sucedió a la trovadoresca latinoamericana; o que lo asumiera por fuentes
bibliográficas no reconocidas. Pero lo que enriqueció a este trovador, con o sin la
presencia justificada de algunas de las características señaladas, fue esa dinámica
de esencia afro-caribeña cargada de presupuestos imaginativos ideoestéticos, con
fuerza capaz de dar sentido y trascendencia a una significativa producción autoral.
La figura de Corona se singulariza por ser de una trovadoresca parda, portadora
de alientos sutiles, donde desplegó una prolífera creación compositiva, de un
objetivado tema fémino, de cientos de creaciones con designaciones específicas
de damas, que dieron vida a otros tantos subtemas a manera de códigos de
inspiración. En muchos casos superaban los posibles modelos sociales físicos o de
circunstancias señaladas; eran como referencias a entes que no tuvieran una vida
física real. De manera, que no lo sedujeron los gracejos de las mujeres que
conoció, porque no lo movían meras necesidades pasionales. Si bien enriqueció la
134
En trabajos anteriores hemos destacado la presencia en La Habana de una población de
cátaros integrantes de la emigración catalana; la que, de manera novelada, desarrolla el
desaparecido escritor cubano Humberto Arenal, "Occitania" (2009), así llamado su libro.
152
obra de este trovador la dinámica contextual afrocaribeña cargada de un
imaginario ideoestético, con sólidos compromisos de pertenencia. En fin, que dio
sentido y trascendencia a un singular cancionero fémino, sin parangón en la
trovadoresca nacional, que fue un proyecto inducido por el rico sedimento que
arropaba la herencia de ascendencia afro, interactuando con el ámbito barrial
habanero de variados factores contextuales. En esas circunstancias Corona
encuentra el modelo ideal de su Longina, quizás el más destacado tema en su
cancionero; que da vida a otras tantas composiciones de igual modelo; que
corrobora, entre otras razones, que a tales mujeres-modelos solo les ligaran un
particular espacio fantasioso. En el contexto citadino, el factor Abakuá fue un
activo que integró la trovadoresca de Corona cuando esa antigua confraternidad
mutual afro-habanera sublima el tema fémino: una mujer que elabora y enriquece
dentro de una singular fabularía, a pesar del pretendido misogenismo que
profesaban los ekobios o iniciados. Lugar aparte corresponde al trasfondo de
esclavitud, que le llegaba sedimentado por huellas de sus cercanos ancestros
africanos, y cuando sus preferencias por lo fémino lo implicaban en la
persistencia del mulato por blanquear. Pero es que también, aunque contrapuesto,
prefirió manifestarse con el lenguaje sonoro musical de la trovadoresca provenzal,
que en particular contrastación, igualmente le facilitó ser el apasionado juglar de
la mujer.
Otro aspecto que se destaca en el tratamiento del tema fémino en el conjunto au-
toral del Corona es lo que podemos denominar una cancionista mulata de piel y
de esencias. En Corona, el fenómeno de la mulata está en la misma base de esa
omnipresencia femenina, que le particulariza como a ningún otro. Es por ello que
se hace necesario dar forma a esa figura coroniana de mujer; figura, que también
en su cancionero se particulariza, en un número determinado de letras, con
términos y situaciones a considerar dentro del aspecto de lo que podemos
designar como prietura.
Todo debió quedar en la esencia de las tradiciones que anduvieron esos viales de
resistencia y luego en la memoria que se fijó en la creación musical trovadoresca;
porque el tema incide en una parte importante de la obra autoral de Manuel
Corona y toca al producto musical, al género grande, el bolero. Se advierte en la
153
expresión del verso que encabeza Longina, la "mulata-canción" preferida de su
cancionero: "En el lenguaje misterioso de tus ojos / hay un tema que destaca
sensibilidad". Todo un tema de perceptibilidad, que entrañan misterios, lo ignoto,
trágico; expresiones similares algunas, que repite en su otra grande, Santa Cecilia:
"Las lánguidas miradas/ de tus profundos ojos que dicen los misterios/ del reino
celestial". Además de las tan conocidas composiciones, en algunas otras letras
está. Algunos historiadores han dado gran peso a este fenómeno social por las
características que le apañan. Reynaldo González titula un acápite de su libro
Contradanzas y latigazos (2012): "La necesidad hace parir mulatas"(131) teniendo
como soporte temático a Cecilia Valdés, de la novela homónima de Villaverde.
Afirma que Cecilia era la forma literaria del mito ya existente en el imaginario
social y describe la mulata con una cita que toma de Estralgo--: "hembra hermosa,
sensual, frívola, llena de sexo, pero vacía de seso, envanecida de la cabeza a los
pies". Y concluye González de Cecilia: "era una amante arrastrada por la pasión
que le llegó como factum en su belleza y en el condicionamiento que la sociedad
causó en ella". Si hay matices que difieran con lo anterior en el autor Corona,
habría que considerar las propias características de ser y sentirse él, mulato,
plasmado desde el título de una temprana composición suya: `Prieta mía`, bolero,
1915; `Divina mulata', rumba-son de 1919; 'Mi novia blanca' y otras. De esta
última: la letra y el comentario: "Yo la soñé más blanca que el armiño,/ que la
blanca azucena y que los lirios,/ la quise como lo cándido de un niño,/ y en sueños
la besaba con delirios.// En sueños me juró pasión ferviente,/ que nuestro amor
jamás tendría barreras,/ que el mundo le sería indiferente,/ que era fiel su ilusión,
no una quimera.// Me supuse feliz en ese sueño,/ Era blanca, muy blanca, mi
adorada,/ la que pude adorar con loco empeño,/ en el vértigo ensueño de una
nada.// ¡Qué horrible borrasca, qué tristeza/ ese engaño siniestro!/ Al meditar y
palpar que hizo mal la naturaleza,/ al ponerme en mi sueño esa belleza/ que no he
visto nunca más al despertar". La composición aparece bajo dos títulos: "Ilusión
de un sueño" y "Mi novia blanca", sobre la que la investigadora Yorisel Andino
ha realizado un acucioso estudio del texto que tituló: "Las Rosas Negras de
Manuel Corona" (Andino,2012:38-44) al que nos referiremos; una canción casi
desconocida, que los archivos le dan pocas referencias. Con el sugestivo título:
154
"Mi novia blanca", trae Corona a colación una singular figura femenina de la que
dice sentirse atado con lazos tan comprometedores como los del noviazgo.
Con esta temática compuso Corona guarachas, rumbas, sones, bachatas,
géneros que le facilitaron expresar los sentimientos: Mulata; Linda Mulata;
Negrita Angelical; Las Mulatas de Bombay; Reina Mora; Mi Prieta Dorada eres
Sultana; Dónde Estabas Anoche, Prieta; La Mulata Fascinante. "Las rosas
negras", es una canción que para algunos la letra desdice del apasionado retrato
que Corona había escrito de su "Longina", de mujer virginal…
135
Fernandinos: refiere de la isla penal española: Fernando Poo.
155
Si de algo la historiografía
José Victoriano Betancourt dice en las décimas de El negro José del Rosario
publicadas en El Artista de La Habana en diciembre de 1848:
En este poema ¿del negro curro? Es que mucho alude, igual, al otro congénere
afrodescendiente del ñáñigo. El poema, que José Victoriano Betancourt da a la
prensa en 1848, cuando ya era notorio, enviaban deportados los ñáñigos, y quien
si no, igual, ¿los curros? al penal de Ceuta. Lo decía el genial asintomático
Betancourt. A Villaverde no le quedó otra que darle Capítulo aparte al curro
Malanga en 1812 y algo; y a éste, poema aparte. Pero este curro de Betancourt,
que Ortiz, igual le encuentra acomodo, ahora en poema, nada menos que al
retornado de Seuta (corrijo, Ceuta).
156
de Guinea y Ceuta, de una importante cantidad de presos negros y mulatos;
ñáñigos, curros que compartían formas de comportamiento similares,
confundiéndose en muchos casos. Y, tristemente, de muchos líderes negros del
levantamiento cubano contra los españoles como José Maceo, o como el negro
Simón que acompañaba en Zaragoza a José Martí, también deportado, cómo
antes señalamos. El negro Simón fue detenido el año 1871 con la primera remesa
de sublevados de las guerras carlistas de Aragón y enviado a la prisión en
Fernando Poo por el general Lersundi, en su caso, acusado de ser ñáñigo y
asesino.
Negros que luchaban contra los españoles por la independencia de Cuba y que,
encarcelados y transportados a España, poblaron las tierras gaditanas y las
cárceles africanas. El doctor Salillas en 1901 documenta y publica con textos e
imágenes un plante ñáñigo en la cárcel de Ceuta.136 La prohibición en Cuba de la
salida por las calles de los írimes o máscaras Abakuá, a mano de las autoridades
coloniales españolas, se había ocasionado en 1880. Esta sociedad secreta,
propició el socorro y la ayuda mutua; sufrió, de consecutivas deportaciones a los
territorios e islas-penales españolas de Fernando Poo, Chafarinas y Ceuta, entre
las más conocidas. Las deportaciones que se sucedieron desde antes de la mitad
del siglo XIX y se mantuvieron hasta los mismos finales del gobierno colonial en
137
Cuba. Dentro de la lista de los funestos gobernadores que la propiciaron en la
isla antillana, se destacó el Capitán General Lersundi, quien envió muchas
partidas de ñáñigos deportados prisioneros, según Brown,138 (135) situación que
procuraremos detallar. Desde 1862 hasta finales de 1897, son enviados cubanos
emancipados y deportados a Fernando Poo. Se conocen las deportaciones
políticas de 1866, 1869 y 1881. Se menciona una en 1896 pero no se describe el
número exacto de deportados y no hay noticia alguna de las de 1897. 10 No se
habla de los ñáñigos. Sin embargo ya en la primera deportación de 1866, lo que se
recoge en la prensa. (p.1428)
136
Todavía se recordaban en los carnavales de Cádiz como se ve en carteles del carnaval
gaditano de 1950 en el que se anuncia la chirigota de “Los Ñáñigos”
137
Algunos de los pasajes se tomaron de Batey: Revista Cubana de Antropología sociocultural
V. 5 N. 5. 2014. (digital)
138
David H. Brown, The Light Inside: Abakuá Society Arts and Cuban Cultural History.
Washington, DC, Smithsonian Institution Press. 2003.
157
Innúmeras notas periodística aparecieron en la época, con uno u otro asunto
referido a esos infaustos
confinamientos, de naturales
cubanos practicantes de
potencias ñáñigas o de
Abakuá. Extraemos algunas
de estas notas:
139
Vale revisar el acápite: Deportados ñáñigos cubanos en la prensa española, del trabajo:
Presencia de la Sociedad Abakuá en Fernando Poo; de Isabela de Aranzadi. Universidad
Complutense de Madrid.
158
(1889, marzo 9). La Monarquía. La Unión Católica, (1896, octubre 30); La
Dinastía, (1896, octubre 31); La Correspondencia de España, (1896, noviembre
16); La Época, (1896, noviembre 15); Diario de Tenerife, (1896, noviembre 23).
BLANCO, D. (1896, noviembre 20). “Los ñáñigos […]. El Imparcial. También
en La Iberia, (1896, diciembre 1); El Liberal, (1896, diciembre 14); Diario Las
Palmas, (1896, enero 4); La Correspondencia de España, (1896, marzo 3).140
El concepto generalizado de interés oficial y de las élites sociales, consideraban
que el nombre de ñáñigos que se le daba a los miembros de la sociedad Abakuá
tenía una connotación de criminalidad argumentada también por la prensa. Se
publicaban textos cómo: “descontento en la colonia por el elevado número de
ñáñigos en la isla”; (2014: 41) criterios que se generalizaban de estos adeptos
ñáñigos. El 21 de agosto de 1876 había 50 potencias según. Y no paso mucho
tiempo para que el Gobernador de la Isla de Cuba dictara decreto por el que
“quedaban completamente prohibidas las reuniones de ñáñigos”.141
Igualmente válida esta otra aseveración que resumimos: el hecho de que esta
sociedad o confraternidad fuera considerada transportada, y recreada en ocasiones
como de esclavos; porque conservaban de la lengua, de los ritmos, instrumentos,
y ciertas ceremonias, y posteriormente se haya visto obligado a “un doble viaje en
el Atlántico”, constituye una clara forma de resistencia en Cuba; y, Fernando
Poo… uno de los escenarios coloniales hispánicos. (Ídem: 42)
En los meses entre febrero y junio de 1896, seguían llegando deportados a
Fernando Poo y a otras zonas-penales. El 28 de junio se anuncia la salida de 80
deportados cubanos desde Cádiz, apoyados por infantes de Marina. Y luego más:
el vapor Larache sale en diciembre de 1896 de Cádiz con 278 ñáñigos, asistidos
por fuerzas de la Infantería de Marina. Los deportados ñáñigos documentados en
la prensa ascienden a un total de casi 600. En marzo de 1897 hay de nuevo un
envío de 206 ñáñigos en el vapor Larache. Y muchos de los deportados
permanecerían hasta enero de 1899. (47)
140
Más, del trabajo de Isabela de Aranzadi: Deportados ñáñigos cubanos en la prensa española.
141
Palmié, S. y Pérez. E. (2005): p. 220.
159
En junio continúa el envío de ñáñigos a Fernando Poo. El agobio producido por
el elevado número de ñáñigos se trasluce en artículos, cartas e incluso poesías
como la que aparece el 27 de junio:
160
requisados, siendo posteriormente depositados en el Museo de Ultramar en
España y actualmente conservados en el Museo Nacional de Antropología de
Madrid. Y la prensa con títulos como estos, “Captura de Ñáñigos”, La
Vanguardia, 6 de febrero de 1889; “Noticias. Los ñáñigos”, La Monarquía, 9 de
marzo de 1889. Ortiz habla de estos objetos requisados y luego museados. (1996:
409). Estos enseres aparecen fotografiados en Bordas Ibáñez (1999: 333-334). En
1880 se leía en El Gallego, un periódico de Buenos Aires: “actualmente los
ñáñigos son aliados naturales de los que deliran por la independencia antillana
[...] la sociedad de ñáñigos fue descubierta en tiempos del general Concha, y
[…] fueron detenidos más de dos mil, muchos de los cuales fueron llevados en
cadena y distribuidos entre las islas de Fernando Poo y Annobón.”[Cisneros
Luces, “Los ñáñigos”, El Gallego, 14 de marzo de 1880.]
Miguel Barnet en su obra cimera “El Cimarrón” pone en boca de su personaje
Esteban Montejo, ex-esclavo y cimarrón, relatos de esa cruel deportación de
cubanos por ser ñáñigos y obligados a la resistencia, en las islas-cárceles en
territorio africano; decía Montejo: “Yo me acuerdo de un criminal al que se
llamaba Camilo Polavieja144 […] gobernador por los años noventa. Nadie lo
quería […] Una vez le dio por mandar negros a la isla de Fernando Poo. […] Los
ñáñigos también iban a esa isla. Polavieja mandaba a los ñáñigos porque él decía
que eran anarquistas. Los trabajadores que no estaban complicados con el
ñañiguismo ni con la revolución se quedaban en Cuba” (Barnet, 1966: 90).
No obstante, la suerte en sus territorios de origen no fue la mejor: “El merecido
ascenso de La Barrera [...] a quien se debe que hayan desaparecido por completo
los ñáñigos” (Blanco, D., noviembre 20, 1896). Otras notas periodísticas
aparecidas: “Los ñáñigos...”, El Imparcial. También en La Correspondencia de
España, (1897, julio 6); en: La Época, (julio 6 de 1897.)
De la nueva vida ñáñiga y los eventos propios de la hermandad, hay igualmente
información. Ya en Malabo (penal): “donde estos ñañigos salían durante los días
de navidad, seguidos del coro de mujeres y de los músicos (Aranzadi, 2009) Así
se hicieron de la campana kon-kon fernandina, igual a las funciones del ekón para
144
Camilo Polavieja, Capitán General de la Isla, uno de los últimos gobernadores antes el fin de
ese coloniaje en 1898.
161
marcar la clave rítmica como los Abakuá en La Habana. Ambos de la lengua
Abakuá son derivados del efik a-kañ-kañ. Ñangué es el baile de los fernandinos
(Ortiz, 1924: 353); y Ñangüe es ñáñigo según Martín. (1946: 16). El atuendo con
el capirote puntiagudo es el mismo que en los írimes Abakuá, aunque en Malabo
se le han añadido en la cabeza algunos “tentáculos” de adorno y muchos pañuelos
en la cintura. (2014: 43) En Cuba el írime o máscara abakuá denominado
Enkríkamo llevaba pañuelos de seda en la cintura (Ortiz, (1951: 83). ¿Algún
antecedente con los Coros de Clave? Miranda describe el trayecto con cánticos de
ñáñigos en el barco y su llegada a la cárcel de Cádiz, abarrotada de deportados
esperando a ser distribuidos hacia Ceuta, Chafarinas y Fernando Poo. Algunos
deportados permanecerán hasta enero de 1899. En los documentos oficiales y en
la prensa existe una asociación repetida entre ñáñigos cuatreros y anarquistas, por
lo que delincuencia y anti-patriotismo suelen asociarse igualmente.
El indulto llega muy lento. Finalmente, en enero de 1899 cuando todavía
quedaban numerosos ñáñigos en la península y en Fernando Poo, por Real Orden,
de 5 de enero de 1899, se decreta que:
162
Pero volvamos a los artículos publicados del tema. Uno de ellos cerraba
aduciendo: “Restos Abakuá en el Penal de Hacho”. Adjunta, la imagen,
pintoresca, del típico Diablito, írime, al estilo Hacho.145 Y un trabajo recién
aparecido en la prensa de esta posesión española en la banda mediterránea
africana, se iniciaba con esta nota muy sugerente: “Un presidario cubano del
penal del monte Hacho le aseguraba pertenecer a la sociedad secreta de los
ñáñigos o abakuás y acompañaba el texto con un dibujo que lo representaba.” Y
otro trabajo, al narrar de la institución habanera habitando los fosos en el presidio
ultramarino español de Hacho, finales del siglo XIX, los describía: “los ñáñigos,
llegaron a tener fuerza como gremio incluso a la hora de facilitar puestos de
trabajo”; o sea, los consideraba más que de hampones o criminales, a todo un
emporio gremial de gestión laboral que se mandaba a bolina…, opinaba alguien.
Oportuno insistir, además, que el cronista concretaba, muy escuetamente, la
verdadera razón, originaria, que fuera de esta sociedad; cuando sus miembros o
ekobios se dedicaban, como buenos carpinteros, tallistas y otros oficios, incluidos
capataces, del Real Arsenal habanero, ya historia en esos años del siglo XIX;
cuando fue toda un institución laboral con sus consiguientes adeudos africanos
entre otros, por su multiétnia en lo racial y variedad social. Sin embargo, se
buscaron acusaciones para justificar las deportaciones, encarcelamientos y otros
castigos que promovían referencias como ésta:
145
Tomado online del sitio: http://elfarodeceuta.es/autor/el-faro-de-ceuta... (20/02/2011)
146
La nota, señalada, aparecía en el periódico cubano Juventud Rebelde, La Habana, 2011.
163
del siglo XIX. Las dudas del doctor Martín, por la vinculación de deportados con
las acciones abolicionistas de los ingleses:
Tal es así que esos contactos entre libres y emancipados preocupó al Capitán
General, que el 31 de mayo de 1844, dictó disposiciones, que delataban sus
temores: 1.Los negros emancipados… se recogerán por el gobierno, tan pronto se
hallen en uso de su libertad, a modo de proporcionarles embarque y salida de este
territorios…; 2.Todo hombre de color que exista en la isla, será juzgado por el
tribunal privativo de vagos…; 3…serán expulsados los hombres de color libres
procedentes de otros países…
En definitiva, desde temprano en la supuesta fecha de aparición Abakuá en
Regla, en 1836; sin que pasaran diez años, se iniciaron las regulares deportaciones
que emprendieron los diferentes Capitanes de la Isla contra una población negra
habanera. Y no dudar que esa orden, con preferencia, incluyó los muchos
afrodescendientes deportados por ñáñigos a Fernando Poo, Ceuta o Chafarinas
Sea como fuere, decenas de Abakúas fueron trasladados al África española,
donde mantuvieron sus ritos y comportamientos sociales propios de su sociedad.
Uno de estos ñáñigos se puso en contacto con Rafael Salillas, importante médico
criminólogo oscense, cuyos estudios sobre la picaresca española y la obra de
Cervantes renovaron el sistema penitenciario nacional. El cubano prometía
comunicarle los secretos de la críptica sociedad. Y se mencionaba al ñáñigo
insurrecto llamado Caoba”.
147
Tomado de: Juan Luís Martín: (1944): Esquema sobre los factores alógenos de la población
cubana. La Habana. Editora Nacional. S. A. Línea y Belascoaín.
164
Salillas se desplazó en 1888 al penal del monte Hacho, donde presenció
una ceremonia ñáñigo y pudo entrevistarse con miembros del grupo,
aunque no se tiene constancia de que contactase con el que le había
escrito. Impresionado, El trabajo publicado en 1970 ‘La Sociedad Secreta
Abakúa’, obra de la experta en cultura afrocubana Lydia Cabrera,
rescató las impresiones transmitidas por Salillas después de presenciar el
rito: “Estábamos practicando la visita a los calabozos del Achó, cuando
oímos ruido de algazara y de tambores y el presidiario que se encontraba
en el calabozo en que nos hallábamos perdió su aspecto mustio, se
incorporó con alegría, prestó atención y exclamó: ¡Los ñáñigos!
165
simplemente, el Cayo) y Cuba. Este auge se debió al traslado a Key West
de parte importante de la industria manufacturera de Tabacos de La
Habana, que comprendió a miles de obreros cubanos dedicados a su
elaboración. Auge que llevó a José Martí a escribir en Patria un poema
dedicado a la deportada Hortensia Lechuga:
Yo he visto, en la misteriosa
Nave del templo ferviente,
Esplender, como una rosa
De luz, un sirio doliente.
Hay que repasar alguno de los versos: “sobre la sangre del ara”. ¿Qué
significado le daba Martí al término ara? Del Dicc. de la RAE //Altar donde se
ofrece al santo sacrificio//. Pero más abajo señala // Acogerse uno a las ara// fig.
Refugiarse o tomar asilo//. Definiciones todas que suman en el pensamiento
martiano… Y lo del otro verso a Hortensia: “Por una oscura vereda/ del campo
umbrío.
Y del último verso, que cierra: “Yo he visto en mi Cayo (Hueso) amado,…lucir
como un castigado…” Bello, poema dedicado al obligado asilo. El sentido del
poema bien representaba los Abakuá obligados a la deportación a dicho Cayo
floridano.
166
Entre los años de 1869 1870, Key West alcanzaba una limitada población de
unos 2000 habitantes, entre lo que predominaba la emigración cubana de
empleados en la profesión tabaquera, que se estabilizaba como industria allí. A
los que se sumaba una importante migración de nacionales antillanos a que los
obligaba la persecusión politica, arreciada luego del inicio de la Guerra de los
Diez Años, en 1868. Rn esos mometos, la cifra de personas según los datos,
alcanzaba el dígito de 5657.
Llegó a acumularse unos cincuenta y tantos talleres para la elaboración
comercial del tabaco en sus diferentes presentaciones. De manera que todas esas
razones para promover un destino humano al territorio, lo convirtió pronto en una
de las ciudades mayores del estado de la Florida, hasta ocupar el lugar cimeros
con más de 9000 habitantes para 1880. No olvidar que, como bien señala el
trabajo citado: “las fábricas de tabaco en Cuba, en particular en La Habana, se
contaron entre los grandes centros laborales, junto a los puertos y los mataderos,
conunas de destacada proliferación ñáñiga en el siglo XIX, aunque con una
membresía limitada a las zonas portuarias…”148 en especifico La Habana, Regla-
Guanabacoa; las cercanas de Matanzass y Cárdenas; además de otros barrios
capitalinos como Marianao. Y, en los años señalados del siglo XIX: Cayo Hueso,
en la Florida, donde se funda, al menos una conocida: «potencia» o «tierra», si
olvidara los miles de ñañigos deportados a las islas y territorios penales
españoles, territorio africano, antes referenciado.
Dos autores cubanos establecidos en el Cayo a partir de 1869 testimonian en
sus libros la presencia ñáñiga en Key West: Gerardo Castellanos y Juan Pérez
Rolo. El primero en Motivos de Cayo Hueso, de 1935, rememoró que, "en el afán
de divertirse efectuaban los ñáñigos el Día de Reyes, esas raras ceremonias y
paseos con el consabido diablito y demás funcionarios al toque del ronco tambor"
(Castellanos: 250); el segundo, en Mis recuerdos aparecido en la década del
veinte del siglo pasado, de nuevo que los ñáñigos salían a las calles el 6 de
enero, con paseos; "…que fueron suspendidos --no dice fecha--, pues la colonia
cubana creyó que esos espectáculos desdecían de la cultura de la emigración"
(Pérez Rolo:23). Ambos testimoniantes recuerdan los desfiles ñáñigos el 6 de
148
Abakuás en Key West, Florida.
167
enero, una práctica que tuvo su equivalente en La Habana, donde fue prohibida
por las autoridades coloniales en años que coinciden con los de su práctica en
Key West. Su prescripción, de acuerdo con lo informado por Pérez Rolo, debió
preceder a la desaparición de la(s) sociedad(es) secreta(s), síntoma de un ocaso
--o del menosprecio según Pérez Rolo--, que debió iniciarse, con el último baile
ñañigo callejero que se produjo en el Cayo en 1923. Importada de Cuba la
palabra “ñañigo” apareció en Key West como una religión de ayuda mutua entre
negros en el período de 1880 y 1890. El articulo de Stetson Kennedy titulado
"Ñáñigos in Florida", publicado en 1940 por la Universidad de ese estado, 149 da
una vigencia al ñañiguismo cubano/cayero de no menos de cuarenta años. Ya en
1930, en Key West, se ·ponía en entredicho el origen Afro y no cubano de los
nánigos.150 Otro cubano en Key West escribó respecto al origen de la palabra
"ñáñigo": destacando que su nombre real, al ser introducidos los esclavos en
Cuba, era Carabalí Apapa Abacua. Con la primera palabra por el lugar de su
procedencia, la segunda por algo que es viejo y grande para ellos y la tercera por
compromiso (pled-ge). El ritual fue tomado por los blancos y nombrado por
ellos ñáñigo. A ello se añadió que el ñañiguismo no era un producto de Cuba,
decían, era una sociedad secreta con origen en el Bajo Congo, importada a Cuba
por esclavos africanos. Entre los dioses de la sociedad se conservaba Ecue, hijo
de Abasi: ser supremo; Changó, el espíritu del bien y el mal, poseedor del poder
del castigo; Yemayá, espíritu del aire; Ñanga, espíritu supremo del mal.(Idem:48)
Solo recordar cómo les fue de mal a los deportados, obligados a abandonar su
patria por criterios políticos más que éticos.
149
En la revista Southern Folklore Quaterly, el volumen IV, número 3, 1940.
150
Investigaciones en Key West por Stetson Kennedy en la década del treinta con los auspicios
de la Works Progress Administration (WPA).
168
Capítulo VIII. Pareceres.
151
Introducción a: Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba…
169
Llamado por Francisco Calcagno «el primer costumbrista de su tiempo»; fue de
los primeros en enfocar sectores tan marginados en el régimen colonial como eran
los «curros»; sin embargo, artículos suyos con el tema de las sociedades ñáñigas
no abundaron, aún las coincidencias de estos con los curros, lo que Ortiz hizo y
de los que haremos particular reseña. Aunque, adelantando ideas destacaremos
algunas de las referencias que toma de Betancourt para su libro Los Negros
Curros. En el primer Capítulo Ortiz se cuestiona el criterio que el cronista
Betancourt tiene del término criollo y su adjudicación. Así mismo disiente cuando
el cronista afirma que el Manglar, en la antigua barriada de Jesús María, era el
hampa de La Habana. Para Ortiz errado, porque el hampa, dice: más que espacio
geográfico es un concepto sociológico.
En definitiva es de extrañar, sin embargo, la ausencia de citas de Betancourt en
este primer capítulo del libro orticiano donde se destacan los principales criterios
en relación con las sociedades ñáñigas o de Abakuá relacionados a la figura del
negros curros; y como en posteriores capítulos, las citas a Betancourt, más o
menos extensas y aportadoras, le ilustran de los curros. Un material citado de
Betancourt del tema, aparece incluido en “Artículos de Costumbres”152
Fernando Ortiz, etnólogo y antropólogo, había dedicado atención a esas figuras
de la farándula solariega habanera. Hacía coincidir el Abakuá o ñáñigo con el otro
personaje de época, el Negro curro sevillano, emigrante andaluz; imitado luego
por la figura popular criolla, de ese entorno contextual, el así igualmente llamado
curro del Manglar. En ese libro, póstumo, Los Negros Curros, versión cotejada
con materiales suyos que estructura de la mano de su colaboradora la doctora
Diana Iznaga. En el mismo capítulo inicial se define al curro sevillano, el que se
va contrastando, y sentando pautas, como a su par, al Abakuá o ñáñigo. El ñáñigo
va a recibir por Ortiz un tratamiento referencial sobresaliente, y quizás único
entre los especialistas del tema. Veamos:
171
Alejo Carpentier. La referencia la reproducimos de su libro La música en Cuba:
(117)153
Un importante material el libro Los negros curros, que sobre el tema de estos
personajes en La Habana debemos a la pluma de don Fernando Ortiz. Editado
post mortem; con la prologación, añadido de notas actualizadoras e
incorporación de nuevos materiales escogido de Ortiz, y con otros aportes
enriquecedores, realizados por la investigadora doctora Diana Iznaga Beira de la
fundación Fernando Ortiz. Y sirva de necesaria explicación, que en el mismo
inicio del libro señalado se contrasta el tema del curro con una detallada
referenciación, no repetida después, de esa otra figura que habitara la barriada
habanera, de esencia mulata, que fue el ñáñigo o Abakuá; de referencias que no
son posibles desconocer para la historiografía del tema. La cotejadora y
prologadora doctora Diana Iznaga comenta:
174
El tema del matonismo como de la hamponería han sido objeto de muchas
disensiones, por lo tendencioso y no siempre fundamentado. Aunque el prólogo
aludido de la doctora Iznaga poco mejoró los existentes criterios que del tema del
hamponismo, matonismo, etc., se discutían; sin embargo, la doctora escribe un
documento posterior que deja sin efecto muchas discrepancias en esta dirección,
insistiendo en las transformaciones que daban nueva orientación al pensamiento
del sabio avanzado el siglo.
Detengámonos en algunos párrafos de ese tendencia inicial de Ortiz con que
Dra. Diana armaba el trabajo que tituló, El estudio del arte negro en Fernando
Ortiz; contrastando de una primera etapa, a otra posterior. Vea: africano es el
ñáñigo, tipo el más curioso de nuestra delincuencia; africana la brujería, que
acaso debido a su aspecto semi-religioso, es la supervivencia más tenaz;
africanos eran los cabildos, manifestación del carácter localista de los
asociados… Sin embargo, años después, escribiría lo que igualmente recoge el
artículo de la Dra. Diana Iznaga:
«la mala vida»; es decir en una vida conceptuada como «no buena» y
marcada por el apartamiento y la inferioridad social, impuestos por los
elementos dominadores; o sea en esa «mala vida» que la ideología
imperante en cada época y pueblo define, desde lo alto de su posición
ordenadora, como «mala» …porque no es la misma de los dominantes,
quienes por sí definen la suya como la buena y normativa. El blanco y el
negro chocaron; sus lenguajes, sus artes, sus morales, sus religiones, sus
familias, sus costumbres, sus ideas, sus trabajos y sus economías eran,
dentro de la esencial humanidad común, radicalmente distintas. Uno
dominó al otro por el histórico avance evolutivo de sus posiciones y
técnicas y clavó al otro en una conceptuación de «mala vida». La religión
del dominado se tuvo por ridícula y diabólica; su lenguaje era «un ruido,
no una voz»; su arte, risible; su moral, abominable; su familia,
desvinculada; su costumbre, sin derecho; su ideación, absurda; su
economía, ineficaz [...] Al negro, como al indio que lo antecedió en la
subyugación social, hubo teólogo que lo declaró «sin alma humana». Sólo
le fueron reconocidos su potente aparato muscular de trabajo y su
jocundidad anestesiante. Luego el negro salió de la esclavitud y entró en
el proletariado.
175
Mucho se ha insistido –y Ortiz--, en que cuando existía la infame trata negrera,
las sociedades secretas (ñáñigas) de la región de los kalabares (sic), servirían en
los embarcaderos de las costas de intermediarios entre los negros y los puestos
del interior. (239) He insiste, como diría el sabio, en que de allí los trajeron y no
fueron acá inventados por criollos libertos.
Es cierto que los juegos ñáñigos fueron de origen africano, Aún allí
perduran al sur de Nigeria, con los nombres de Epke, Ekpon y otros. Pero
de allí los trajeron y no fueron aquí inventados por criollos libertos. Pues
en sus comienzos, al menos en una generación, no pudieron entrar en
ellos, ni los criollos ni los libertos, aunque fueran negros… (Ortiz,
1995:8)
Así las cosas, queda claro que todo le fue negado al afrocubano como se ha
señalado… Cuando nos daba ese tesoro inefable de su música desde el siglo XVI;
cuando se negaba africanidad hasta a las típicas e indómitas sincopaciones de sus
propias danzas. De manera que con esos antecedentes bien cabe reunir de esas
inferencias en la realidad social cubana a partir de los documentos antes
señalados. Ortiz llega a precisar el lugar originario de muchas de estas
festividades y su organigrafía, cuando plantea: “coros de clave […]
instrumentos musicales salieron del Arsenal”. Profundiza que fuera el historiador
de La Habana Emilio Roig quen también afirmara: “Las «claves», instrumento de
percusión muy usado en nuestra música popular, no son otra cosa que las
«clavijas», de madera dura, fijadas a golpe de mano por los carpinteros de ribera
para asegurar las ensambladuras, tablas y cuadernas de las naves, y que la
población negra de La Habana, que en mucha parte residía por entonces en El
Manglar, barrio de extramuros, cerca de los astilleros, ideó utilizar para
acompañamiento de sus cantos y bailes […] la clave es genuinamente habanera.”
(1966:Tomo III,121) Ortiz cierra la panorámica con otras precisiones: “claves
177
cantadas en coro, que abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto habanero,
para incorporarse a las fiestas populares o jolgorios de los barrios y poblaciones
cercanas de La Habana” (1984:82). Y logra establecer similares prioridades
temporales sin definir fechas.
Al respecto debe tenerse presente el artículo citado de Martí sobre la secta
Abakuá en relación al rechazo de ésta al tambor: …una tremenda orden secreta
de africanos, con ordenanza y quién sabe qué, que dejó ir a unos hermanos
porque querían aún el tambor, los demás no querían ya tambor en la orden, sino
escuela (O.C., 1963: t. 5, 324) Ortiz cierra la panorámica con claras precisiones:
“claves cantadas en coro, abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto
habanero… que da la evidente procendencia Abakuá.
En otro orden de ideas, Fernando Ortiz llega a descubrir con toda claridad la
lucha contra el racismo, ligándola al liberalismo político y cultural, sobre todo
desde el momento en que la raciología se hace presente en la vida científica con la
exaltación étnica llevada a cabo en por el nazismo.
Este complejo mundo mental, solucionado en el día a día, y cuyo hilo conductor
más que ideológico era de posición, de congruencia entre el pensamiento diario y
la acción liberal que inspiraba a Fernando Ortiz, pero tomó una carta de
naturaleza combativa con la aparición de la raciología nazi. La conciencia de los
problemas que arrastraba el fascismo le permitió redondear su pensamiento, a la
vez que sentirse parte de un proyecto internacional en el que participaba la mayor
parte de la antropología; en el caso norteamericano con Franz Boas a la cabeza
del antirracismo antropológico. En concreto, en 1939 Ortiz figura como
presidente de una Asociación Nacional contra las Discriminaciones Racistas, que
hace pública una declaración contra el antisemitismo cubano e internacional. Da
cuenta Ortiz, escribiendo el ensayo Martí y las razas, en 1941, de su profunda
conexión con el prócer de Dos Ríos en lo tocante a la pluralidad cultural cubana.
Para culminar todo este pensamiento en una de sus obras maestras, El engaño de
las razas, de 1945.
Y de la décima. Ortiz en su libro: Poesía y canto de los negros afrocubanos, trae
a colación la reseña de una incursión de los Abakuá en el uso de la décima como
rima poética; una información que llama a la reflexión, es lo planteado: ―Por
178
rareza –asegura el antropólogo—, […] tenemos una curiosa versificación cubana
del siglo XIX, escrita en el lenguaje Abakuá o ñáñigo, con la forma estrófica
castellana de la décima o espinela, tan arraigada en Cuba desde hace tantos siglos.
Pero ése –termina diciendo el antropólogo—, es un caso excepcional, quizá
único." (Ortiz,1994: 93) Destaca Fernando Ortiz al curro como «único», quizás sí,
o… no; pero lo importante es que el autor no pudo dejar de resaltar que el Abakuá
encontró también acomodo para expresarse en la tal forma tradicional poética
española, a la manera como lo veía y oía hacer, a sus convecinos en Jesús María
(y el Manglar): los negros curros sevillanos , cultivadores natos de la popular y
sevillana espinela.
El parecer de Sosa…157
157
Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002). Doctor en Ciencias e Investigador, estudioso de la
identidad cubana, hecho reflejado en obras relacionadas con los cultos sincréticos de la Isla.
Premio Casa de las Américas con su libro: Los Ñáñigos, publicado por la editorial de dicha
institución en el año de 1982.
179
De manera, que salvo el principio seguido por Sosa de la especificidad
historicista, dentro de una laboriosidad técnico-literaria e investigativa; donde
solo se dio una continuidad de análisis, muy escudriñadores de los sucesos que
acompañaron esta agrupación social, gremial, mutual, con cierto ritual; donde
predominó lo propio de las afrodescendencias criollas. Siendo de mucho valor el
producto resultante en los aspectos de los nuevos enfoques, y lo logrado, en
cuanto a lo que puede denominarse sociedad secreta Abakuá o ñáñiga. Valga el
pequeño resumen con algunas de las ideas que consideramos importantes.
La relación entre los Cabildos de Nación y los Complejos culturales, … fue
realizado en un medio urbano, …fueron y siguieron siendo expresiones culturales
en génesis y prevalencia en las ciudades, al menos en lo que respecta a la santería
y al Abakuá. El medio urbano permitió contactos más íntimos y «libres».
Existió una situación ambigua ante la religión católica oficial, por la persecución
desatada contra ellos a partir del último cuarto de siglo XIX: tuvo su expresión
acabada en la sociedad secreta masculina de los ñáñigos. La pervivencia no fue
fácil…
Los Abakuá, o el conjunto de estas sociedades, es un producto transculturizado
de la región del viejo Calabar, frente a la bahía de Biafra, traído por los esclavos
Bantú o Semibantúes; y según Lydia Cabrera en su libro La Sociedad Secreta
Abakuá, aceptaba ya lo antes expresado de la creación de la primera potencia,
tierra, juego o nación a partir del Cabildo de bricamos Carabalí Appapa Efik y
previo permiso Ekoi; así, afirmaba, que la primera sociedad ñáñiga en Cuba
perteneció a su rama Efik. “No conocemos si existe sociedades similares a éstas
en otras partes de América” En cuanto a la representación comunitaria de los
iniciados dice: La presencia social del ñañiguismo desbordó el marco de su
templo o centro de reunión extendiéndose a todos los demás lugares a donde
estuviera su presencia social.
En definitiva, de su real antecedente africano, concluye: es posible que hasta en
el vejo Calabar no llegara a integrarse en una mitología coherente y única
aceptada por todas las tribus ongbe y ekpe.
Para el ñáñigo Abasí en Efik, es la máxima deidad celestial creadora de todo,
que en Cuba es el Dios Cristiano, y en la mística del masón el Gran Arquitecto.
180
Aunque en la Regla Ocha está la participación de la madrina; pero la jerarquía
más alta, la de babalao con acceso al tablero de Ifá, que es masculino. En Cuba se
efectuó un pacto entre jefes negros y blancos que aspiraban a integrase como
ecobios. La rama que entregó el secreto fue la Ekoi. Se opuso la Efik.
Como detalla el profesor Enrique Sosa, el cabildo negro preservó y difundió
creencias, costumbres, ritos, ritmos musicales, lenguas de varias etnias africanas,
etc. Al amparo de esas asociaciones y “sindicatos” de negros se crearon también
órdenes y sociedades secretas, como los Abakuá.
Y reconsideramos, finalmente, una notas ya dicha en el material: 158 que relata
una de las versiones de la leyenda que integra el ritual de esa secta: "...donde no
hay plante ñáñigo sin Ekueñón, el mismo verdugo que mató a Sikán, quien va
previamente al monte a buscarla (a Sikán) para traer su espíritu vivificador al
parche -a falto de ello, mudo el tambor-- del Ekué sagrado”. Se hace obligada la
presencia de la mujer en una ceremonia exclusivamente masculina, que supone no
tiene cabida.
158
Es del trabajo, "Las sociedades Secretas Abakuá", de Jorge e Isabel Castellanos, (1992: 220)
159
Nos referimos aquí al Dr. Israel Castellanos, antropólogo de entre siglos, XIX y XX, cuya
obra conoció Ortiz y utiliza.
181
propuse escribir “La mala vida en La Habana, incluyendo al ñañiguismo…”; en:
“Los criminales en Cuba”: en: «Los brujos santeros», Estudios afrocubanos, Vol.
III, 1939. Núm., 1, 2, 3,4; pág. 86
Y concluye Castellanos: “En esta extraordinaria transición ideológica se resume,
en verdad, todo el proceso de maduración de la etnografía nacional en la primera
parte del siglo XX, junto con un nuevo concepto de la identidad patria”. (109) La
sociedad pigmentocrática debe entenderse aquella en que el color de la piel
constituye un factor esencial en el ordenación de los grupos humanos y el
funcionamiento de las instituciones…(88)Según Castellanos, Ortiz estuvo
recopilando datos por solo un año y los redactó en Europa en el tiempo que
estuvo allí de 1903 a 1905, donde estudiaba derecho penal junto a Casare
Lombroso y Enrico Fermi…
O sea sus primeros trabajos propios de la Antropología criminalista, imbuido de
las teorías lombrosianas, de corto tiempo de conocimiento; y, según Castellanos
con errores: 1.de interpretación y omisión; 2. refleja un falso concepto de la
cultura afrocubana y de su relación con la cubana en general… Echando leña a la
destructiva hoguera de los prejuicios raciales… Aunque inauguraba los estudios
sistemáticos de las religiones de origen africano en Cuba.160 Preguntas: ¿En que
echó leña…; qué prejuicios raciales?
Castellanos nota positivo que de primero ve el típico monoteísmo de la religión
afrocubana… Su divo supremo –ocioso- y sus divinidades intermedias: los
Orishas transculturada en los santos Católicos (112-113) en quienes se concentra
casi toda la actividad religiosa y de los fieles… 161En los acentos metronómicos de
la clave, es donde asoma más vigorosamente el segmento rítmico africano,
amalgamado, desde luego, con otros elementos productos de nuestro medio
tropical.
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Historia. Universidad de Los Andes. Bogotá D.C.-Colombia
188
IMAGINERÍA AL AZAR
189
190
191
192
193
INDICE
Entrante………….…………...…………………………………….........2
Capítulo I: De los Abakuá o ñañigos
a.Historia y leyenda.………………………………………………….......9
b.De contexto, el Real Arsenal en Jesús María………………...……….13
c.Carlos III. Los capitales negros del Real Arsenal habanero.................21
d.Del Negro curro sevillanos y los Abakuá. La Atarazana de Sevilla.…31
Capitulo II. Lo paradójico de Regla. Y de congos y Carabalíes.
a Los incendios en Jesús María. La primera Potencia en Regla………..36
b.El Conde de Jaruco y los Abakuá en Matanzas……………………….46
c.Alud de bantúes y semibantúes: congos y carabalíes en el s.XIX…...49
Capítulo III: Las sociedades secretas Abakuá o ñáñigas
a.Las sociedades secretas. El tapado o Subuso………………………….64
b.El tambor Ekué………………………………………………………...70
c.Chivo a lo Abakuá………………..……………………………………72
d.Los Diablitos……………………………….…………………………..75
Capítulo IV. Los grandes adeudos.
a.Aponte y los Abakuá………………… …………………………….....83
b.Andrés Petit y la “Reforma Protestante Ñáñiga”, según Ortiz………..92
c.El segundo marqués de Casa Calvo: ¿Ñáñigo?..................................98
Capítulo V. Filo-masónismo Abakuá
a.Los Abakuá y la masonería…………………………………..…........100
b.Villaverde, masonería, y ñañiguismo. José Dolores Pimienta……….107
c.Martí y el ñáñigo……………………………………………………...129
194
Capítulo VI: Los orfeones populares.
a.Orfeones profanos: los Coros de Clave. El barcelonés Anselm Clav..123
b.Los Coros en Sancti Espíritu, Trinidad y otros………...…….…….....139
c.Ignacio Piñeiro y otros ñáñigos de renombre…..……………………..144
d.El trovador caibarienense Manuel Corona.…………………………...148
Capítulo VII. Pasaje oscuro.
a.Los ñáñigos en los penales ultramarinos españoles...........................154
b.Otro destino Abakuá: Cayo Hueso, al Norte…..…………….............163
Capítulo VIII. Pareceres.
a.Betancourt y el Costumbrismo blanco. Contrariedades...……………167
b.El mulato Martín Morúa Delgado…………………………………....170
c.Fernando Ortiz y los ñáñigos, en Los Negros Curros……………....172
d.El parecer de Sosa…….……………………………………………...177
e.Los Abakuá de Israel Castellanos……..….…………………….……179
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS…...….………......................181
IMAGINERÍA AL AZAR..………………………………..................187
195