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Ni Muchos Ruidos y Pocas Nueces. Abakuá

El documento resume la evolución de la sociedad secreta Abakuá en Cuba desde sus orígenes. Comenzó como una institución fundada en 1834 en Regla inspirada en los cabildos de nación africanos, pero con el tiempo se hizo multiétnica incorporando elementos hispánicos y de otras culturas. Mantuvo tradiciones como el canto coral y la ayuda mutua, pero también se adaptó a la sociedad cubana, como cuando adoptó coros religiosos españoles. Su mística resulta de una singular recomposición de elementos african
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Ni Muchos Ruidos y Pocas Nueces. Abakuá

El documento resume la evolución de la sociedad secreta Abakuá en Cuba desde sus orígenes. Comenzó como una institución fundada en 1834 en Regla inspirada en los cabildos de nación africanos, pero con el tiempo se hizo multiétnica incorporando elementos hispánicos y de otras culturas. Mantuvo tradiciones como el canto coral y la ayuda mutua, pero también se adaptó a la sociedad cubana, como cuando adoptó coros religiosos españoles. Su mística resulta de una singular recomposición de elementos african
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NI MUCHOS

POR EL
RUIDOS, NI POCAS
CUERO
DEL CHIVO NUECES… LA
VERDADERA
TODO

JOSÉ Teófilo Gorrin castellanos

Una sociedad valerosa que dependió del misterio

0
Dedicaciones:

A mi muy querida familia:


Maritza, la Dra. Noemí, Gabriel,
Yarelita… y otros que ya no
están.

A quienes han sido mis amigos


por años.

1
Entrante

La figura del Abakuá o al también conocido por ñáñigo en la cultura cubana


requiere de una objetiva revisión, toda vez que se ha asumido con una
dependencia afromística, casi única; y no nos damos por aludidos del aporte y
trasiego cultural, criollo, de amplia gama y matices, mucho de profano,
promovido y realizado por el Abakuá en su asiento de la barriada habanera. Como
lo fueron igualmente, aquellas primeras generaciones de iniciados. Reconstruir
historia obliga rastrear etapas donde quedan las reminiscencias; las que por
nefastas, eliminarlas, e incorporar nuevas apreciaciones para una historiografía
objetiva, apegada a los hechos, ...de hecho, muy escasa.
Cuando leemos escritos de personajes como el escritor y político Martín Morúa
Delgado:1 “parece que los ñañigos brotaron en Cuba como centros lupanarios de
los bailes de cuna, las casa de rumba, las escuelitas de bailoteos…”, de tales
desaciertos que confunden; que bien criticara el etnólogo Ortiz, 2 categórico: “ni
tales juegos3 tuvieron en La Habana carácter de «centros inmorales como un
medio de bajo lucro»”. (1995:9) Se impone recurrir al mundo de ideas del insigne
escritor del patio Cirilo Villaverde, tras las denuncias sociales abundantes en su
novela ejemplar Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, con que consigue describir
la pútrida sociedad esclavista colonial, sirviéndose para ello de los ajetreos
sociales tanto festivos, como de las continuas e inhumanas acciones punitivas,
incriminatorias… En un medio esclavista consumado, plagado de hondas
exclusión; presente en la familia, la finca, el barco tratante; y el medio político, de
1
Martín Morúa Delgado, de su novela: “La Familia Unzuázu”. La Habana. Obras Completas,
publicadas por la Comisión del Centenario de Morúa. 1957. Tomo 2, p 144.
2
Dr. Fernando Ortiz, (1882-1966) estudioso de la cultura cubana, y particularmente del tema afro
uno de los más importantes del siglo XX cubano. Igualmente, hispanista consumado; y para
muchos el tercer descubridor de Cuba. De él utilizaremos abundantes referencias.
3
Juego, potencia, tierra… nombre que les daban a las logias, o asociaciones, que integraban.
2
las élites blancas. La tenaz critica de su pluma, la esgrime contrastante y de una
ejemplaridad singular, con que sostiene apreciaciones que hacen públicas
impúdicas dobleces morales, en que no se atribuyen excepciones cuando las
provocan similares pareceres, aún los abismos con que pretenden marcar
diferencias las entidades económicas y de poder. Y es en ese contexto que incluye
Villaverde al Abakuá, con rasgos contrapuestos, normalmente negativos, en
ocasiones grotescos mostrados en determinados personajes a la manera de José
Dolores Pimienta. Propio de una literatura tendenciosa que se resuelve todo a
puñaladas, lo que pone en dudas la congruencia del personaje negro novelado,
aunque asombrosamente poco semejante en intenciones a otros, supuestamente
similares, como el curro Malanga.
Y de lo dicho por la doctora María del C. Barcia en su libro Los Ilustres
Apellidos…,4 al redefinir los orígenes de la cultura habanera desde instituciones
negras como los Cabildos de Nación en lo que centra una importante atención.
Para ello cita de Pedro Deschamps Chapeaux: “los Cabildos eran unas
agrupaciones de negros africanos pertenecientes a una misma “nación” o tribu;
entre cuyos propósitos está la ayuda mutua, el socorro en caso de enfermedad o
muerte y mantener vivo el recuerdo de la patria lejana y perdida, mediante la
práctica de la religión propia, el uso del idioma, los cantos y la música”. 5 Era el
esquema de una institución suficientemente abarcadora, como cuando uno de
estos cabildos, de base Carabalí bricamo, apadrina la sociedad que se da por
fundada con el nombre de potencia o tierra Abakuá o ñáñiga en el suburbial
población ultramarina habanera de Regla, en 1834 (ó 1836). La nueva fundación,
legalizada en los registros oficiales del gobierno colonial, tomó un grupo de
decisiones conductuales propias del Cabildo bricamo Appapá que los aceptó
patrocinar para su constitución; y se hicieron llamar Ekorio Enyene Abakuá, en
sus inicios constituida predominantemente por negros, libres, esclavos…, pronto
fue multiétnica.

4
Los Ilustres apellidos: negros en La Habana colonial. (Premio como mejor Obra Crítica por el
Instituto cubano del Libro, Editorial Ciencias Sociales, [y por Ediciones Boloña]. La Habana,
2009, p.54.
5
Pedro Deschamps Chapeaux: La Habana de intra y extramuros y los cabildos de negros de
nación. Comisión de Activistas de Historia del regional 10 de Octubre. La Habana. 1972.
3
Reglamentaron y conservaron principios como el de la ayuda mutua y el
socorro, y de mantener vivo el recuerdo de la patria lejana con el uso del idioma,
mística, música… Salvo, que en su caso, no era patria perdida…, porque estaban
en ella… Eran por encima de todo criollos, de ley; porque puede que la mayoría
originaria fuera afrodescendientes... Así las cosas, la nueva sociedad nos encara
con una institución que se plantea imitar, de manera planetaria, a los ancestros;
pero, como eran en su mayoría mulatos, tenían también ancestros hispanos, …y
del patio.
Del canto, sea cual sea la designación de la línea seguida por el Abakuá en
cuanto a la música, se dio lo que les era propio: los Coros de clave; orfeones que
se arrimaron a las tendencias de la que eran originalmente deudores: lo afro más
lo hispánico. Por lo que también, a su tiempo, se fueron incorporando a otras
tipologías de las corales en Cuba, las introducidas del barcelonés obrero Anselm
Clavé. Pero la filiación a parámetros de esos orfeones sucedió luego de pasada la
mitad del siglo XIX, cuando la fuerte –y original-- incursión de ese know-how
ocurre en la propia España.
E, igualmente discutible, lo de mantener viva la lengua…; objetivamente ¿cuál?
Era el Abakuá, en definitiva, un hijo, a buen decir para nada bastardo; que asume,
como criollo, lo de sus ancestros étnicos afro-hispanos. A agregar, el factor
religioso-cultural que se traduce en una singular recomposición mística, que a
muchos les ha reblandecido el cacumen al pretender rearmar el rito; que no le
encuentran su procedencia física cabal en las originales etnias y pueblos del
Africa donde se les ha procurado situar, muy generalizado en el Antiguo Calabar.
Repare como lo discurre Lydia Cabrera: 6

La primera Potencia, toda de erensuá (16) era Apapa Efor. Y aquí se


hizo como allá en el Calabar. Ekoi, (efór) le dio el ser a Efik. A Efi, que
entonces pudo llamarse Apapa Efik. Fue el mismo Efik Butón, Efí Aroró,
el primer juego que nació en Cuba, apadrinado por los Efó, en Regla; –
“por lo que se dice Appapa bríkamo Iyá berómo Ekué Butón Iyá bekondó,
kandé itiá ororó: los que saben cantar, tocar y bailar son los de Regla,
6
La Habana Elegante - El Rincón: El ñañiguismo en el siglo pasado: “El Ideal de Petit. Los
Krúkoro Mbómipó. Los Akanarán Efor”. De Lydia Cabrera: La sociedad secreta Abakuá narrada
por sus adeptos. Miami: Ediciones C. R. Colección del Chicherekú, 1969.
4
porque aprendieron con los africanos […] Desde muy antiguo los
estibadores, los obreros del puerto…, eran ñáñigos, Efikes, como en
Matanzas y Cárdenas. Por eso la Virgen de Regla, Okandé, es su
Patrona, patrona de Efik, de hombres de mar, como en el Calabar. ¡Y las
refriegas que había en el puerto y los matados!". (L. Cabrera)

Así, ya en el poblado barrial del habanero Regla, años 1834 (o 36); rodeados de
las fuerzas inglesas anti-esclavistas, que se valían entre otras, de un pontón,7
cargado de congéneres ex esclavos, ya entrajeados, representando la embarcación;
y endeudándose con otros elementos de la anglo-cultura, en que se entonaban
meleas anglicanas aunque por suerte… desconocido el idioma.
Por las contadas calles y asientos poblacionales nada sobresalientes de la
habanera barriada ultramarina de Regla. En la época, poco podía verse más que el
pontón inglés Rom-Ney, atracado, por meses, al mismo borde marino; que no se
le acallaron las penas al gobernante español hasta que no lo atrabancaron a
cualquier precio y lo arrimaron cerca, en el lado opuesto de la bahía, sin su
habitual cargamento. En tales circunstancias, al profesor de geografía, periodista
y etnólogo Juan Luís Martín,8 le descalabró los andares averiguadores por la
Regla Abakuá cuando no pudo cotejar las lenguas o dialectos asumidos por la
hermética sociedad, ni de las razones de ese hermetismo subuso. Ni del arrimo de
su mística y de cuántos elementos practicados cuando quiso darle razón de ser a
una única procedencia africana. Porque no era única, ni necesariamente
predominante.
Igual sucedió con la pretendida explicación orticiana de darle méritos de
“Revolución Protestante” a la revuelta del polifacético hijo de esclava mina
Andrés Petit; que más tenía de purga romana cuando, en pretendida “visita” al
mismísimo papa de todos los católicos, consiguió, para sus fieles ñañigos en
Cuba, el indulto espiritual, a condición del acomodo del crucifijo en los sagrados
altares de los multiétnicos fambas. Porque si de algo tiene plena razón Ortiz es en
esa contundente afirmación en cuanto a la religiosidad Abakuá: “Los ñáñigos
tienen ritos esotéricos de tipo religiosos, pero no constituyen propiamente una
7
Pontón (Dicc. De la RAE, 1955): Barco chato…/ Buque viejo que, amarrado de firme en los
puertos, sirve de almacén, de hospital o de depósito de prisioneros…
8
Profesor Titular de Geografía, de la antigua Escuela Profesional de Periodismo de La Habana.
Etnólogo, escritor. En su haber varios títulos de libros publicados y materiales didácticos docentes
5
religión ni tampoco ejercitan una función de magia colectiva”. (Ortiz,1995:11).
Es que, originalmente --y por muchos años--, la sociedad Abakuá fue un gremio
laboral, creado a pie de grada en el Real Astillero de La Habana; entre cuyos
obreros afiliados, se podía profesar o no, religión alguna… Y de Petit: murió
amortajado de franciscano ayudado por otro sacerdote igual; y nada de
protestantes a la manera del pontón inglés; ni presidiendo homilías anglicanas o
weyslerianas afro-habaneras: “Andrés Facundo del Cristo de los Dolores Petit,
«caballero de color»; congo, lucumí, espiritista, ñáñigo, católico, masón; Bacocó
Efó, temido mayombero (congo-palero); de la orden católica de san Francisco,
creador de la regla del Santo Cristo del Buen Viaje del Palo Monte…; iniciador
de singulares reformas dentro de las tempranas creencias populares en el país;
pero no iniciador de una “Reforma a lo Protestante del ñañiguismo”, como
pudiera sugerirse, o de cualquier otra pretensión en esta dirección…; a ello
dedicaremos acápite.
En otro orden de ideas, Salillas fue también un pionero del estudio del
“ñañiguismo”, o Abakuá, …y de los tatuajes entre prisioneros. El criminólogo
español Rafael Salillas (1855-1923),9 en sus estudios destacó la importancia de la
sociología del hampa, a finales del siglo XIX… “Don Rafael Salillas, …había
recibido una carta de un ñáñigo presidiario,10 acompañada de un dibujo
representado un "plante" o ceremonia de la sociedad y la promesa de develarle
los misterios abakuás, podía entrevistarse personalmente, si no con el mismo que
le había escrito, con otros que se hallaban allí deportados igual…”. Era de los
cientos de ñáñigos encausados por supuestos delitos y desterrados, entre otros
ultramarinos penales, al de la isla española de Fernando Poo (hoy Bioko).
Confinamientos penosos y crueles impuestos por el gobierno colonial, en toda la
segunda parte del mencionado siglo al ñáñigo cubano. Antes de continuar merece
la pena repetir criterios que del criminólogo Salillas que escribe un periodista:

9
Rafael Salillas un importante médico criminólogo oscense, empezó a investigar el mundo
Abakuá y publicó en 1901 el artículo ‘Los ñáñigos en Ceuta’, en la Revista General de
Legislación y Jurisprudencia.
10
El presidiario cubano ñáñigo se llamaba –quizás por sobrenombre o por el propio secretismo
de la sociedad—, “Caoba”.
6
Contemplando los "juegos" de los ñáñigos en la prisión de Ceuta, Dn.
Rafael Salillas se pregunta: "qué es el ñañiguismo? y se dice: "no es una
mascarada, ni una sociedad tenebrosa. Es una importación étnica: es el
país africano que canta y danza cosas que en Africa deben de tener una
significación". Esta pregunta, el interés de estudiar el fenómeno ñáñigo,
aún no había tentado a ningún cubano. El estudio, desgraciadamente
inconcluso del español Salillas, es el primero, que con un sentido
científico se publica sobre el ñañiguismo a comienzos de este siglo.11

Luego aparecerá "Los Criminales de Cuba", narración de los servicios prestados


en el cuerpo de policía de la Habana por José Trujillo, cuyos datos utiliza en lo
que tienen de utilizables, donde refiere de los ñáñigos; es, al decir de Salillas, 12
un conjunto "incorrectísimo y desbalazado de noticias". Otro tanto puede decirse
del libro aparecido, "La Policía y sus Misterios en Cuba", del jefe policial
habanero Rafael Roche y Monteagudo
Los ñañigos o Abakuá fueron en sus orígenes agrupaciones corporativas de
negros y mulatos, como se ha indicado; que aparecieron inicialmente en las
estructuras laborales del emporio del astillero, y en trabajo en el puerto
habanero; a la manera de mutuales sindicadas, como insistiremos. Sumaron
elementos del ritual religioso de procedencia afro pero en esencia, desarticulados
de cualquiera de los traídos directamente de África; y de ello, predominaron los
procedentes de las etnias carabalíes. No siempre el material divulgado ofrece la
necesaria información y se halla caído en confusiones; por eso, lo mínimo debe
ser cuestionado en aras de obtener el mejor producto. El poliglota Fernando
Ortiz, en su libro Los negros curros, señalaba, comparativamente, de este sector
español migrado: “Para que en el puerto de La Habana hubiese curros influyeron
decisivamente sus intimas relaciones políticas, marineras, mercantiles y sociales
[…] sobre todo con Sevilla”. (1995: 14) En definitiva, no puede quedar
marginado el Real Arsenal de La Habana; con sus más de 3000 trabajadores, que
incluía los “carpinteros y tallistas”, que tenían su razón de ser en esa gran fábrica
de navíos de velámenes; una de las más importante españolas de su tiempo en
11
Isabela de Aranzadi, (2013): “Deportados ñáñigos cubanos en la prensa española. Presencia de
la sociedad Abakuá en Fernando Poo, a finales del siglo XIX”. (Miembro del Grupo de
Investigación MUSYCA. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Universidad Complutense,
Madrid.
12
Rafael Salillas, (1901): “Los ñáñigos en Ceuta”, Revista de legislación y jurisprudencia 98.
7
capacidad y técnica, aunque esto no siempre esto, se haya reconocido. Emporio
con una mano de obra en su inmensa mayoría afrodescendiente, que se formó allí
y que debió protegerse, y unirse, en las potencias Abakuá, para mantener esa
fuente de trabajo, bien pagada. Natalia Bolívar, autora del estudio Los Orishas en
Cuba13 escribía: “No pocos etnólogos y folkloristas cubanos y de otras latitudes
han sentido alguna vez la compulsión de adentrarse en las prácticas y
concepciones sacro-mágicas de la hermética y excluyente Sociedad Secreta
Abakuá, atípica respecto a otros exponentes de la religiosidad popular afrocubana
en más de un sentido”. Y no lo dice bien, porque Abakuá, en sus concepciones
iniciales, refería al gremio-mutual en el primitivo Real Arsenal y en los muelles
habaneros, y no de una religión criollo-africana en que ha llegado a convertirse al
paso de las generaciones con otros adeudos. De ahí, las incongruencias en los
análisis.
Y la mayor afrenta a sus miembros, desde antes de la mitad del siglo XIX y
hasta que finiquitó en 1899: ser deportados… Hubo momentos en que fue de más
de seiscientos el tirón, negros habaneros pobres lanzados, ahora de regreso hacia
las tétricas islas y sitios penales españoles en las costas africanas, como la
tristemente célebre de Fernando Poo. Pero apunta bien Natalia Bolívar cuando
afirma: “el orden colonial los persiguió temeroso del potencial de rebeldía de los
Abakuá… y fueron también perseguido los miembros de esta sociedad en la
seudorrepública, en cuyo contexto fueron aún más vilipendiados y perseguidos
que en la época colonial. Sin embargo la asociación, más secreta que nunca,
continuó existiendo en la clandestinidad. A pesar de que fueron detenidos y
procesados cientos de ñáñigos, sus templos profanados por la policía y sus objetos
rituales confiscados, el culto Abakuá continuó y continúa perviviendo…” Y para
ampliar criterios reproducimos otro párrafo: “Su lucha contra la esclavitud,
mayormente enfocada en la ayuda a los hermanos Abakuá y sus familias, realizó
alguna tímida incursión en el terreno político, siempre tras el más sepulcral
secreto. Pero la extraordinaria dureza de sus ritos iniciáticos limitaba el acceso
a los Abakuá a una élite de varones especialmente duros, inflexibles e
intolerantes”. Con el tiempo y las circunstancias, muchos de los juicios, no
13
Natalia Bolívar “Los Orishas en Cuba” 1994. La Habana. Ediciones P. M.
8
siempre objetivos, generalizados por una crítica ingenua que no evitan infinitas
adiciones que comprometen los originales motivos que promovieron la aparición
de ésta, ya más que bicentenaria, institución Abakuá; y los añadidos han sido
muchos que alteran los orígenes. Por lo que prima la voluntad de dejar claro: qué
hay de nueces; qué hay de ruidos y qué hay de historia…

Capítulo I: De los Abakuá o ñañigos


Es sorprendente el hecho de que el fenómeno del ñañiguismo no
comenzara a manifestarse sino dentro de las tres primeras décadas
del siglo XIX, cuando antes habían tenido que llegar forzosamente
esclavos de parajes en que había sociedades secretas y en número
suficiente como para reconstruirlas aquí. Juan Luís Martín, (1944).

Historia y leyenda. Y levantamos velas reafirmando, temprano, la advertencia


orticiana que señalaba, en los inicios de su libro, “Los negros Curros”: “ni los
ñáñigos, ni los curros tenían que ver con la santería afrocubana, ni mucho
menos con el vodú afrohaitiano, ni con la macumba brasileña […] Los ñáñigos
tienen rito esotérico de tipo religioso, pero no constituyen propiamente una
religión, ni tampoco ejercitan una función de magia colectiva” (1995: 11).
Según algunos estudiosos, la sociedad secreta Abakuá se desarrolló en Cuba
hacia el 1830 con los recién llegados esclavos del Calabar o Carabalíes, y
encontró rápidamente adeptos entre los negros, esclavos o no; mulatos, e incluso
blancos de extracción humilde de la Habana. En los momentos de mayor
hostilidad hacia el esclavo y negro, quienes, ante el acoso, solo hallaron un medio
apropiado para evadirlo: una agrupación mutualista, asumiendo presupuestos
místicos con adeudos al apadrinaje afro, no siempre preciso. Un comentario del
tema señalaba:

Regla fue el kilómetro cero de la expansión, a partir de 1836, de las


potencias abakuás en Cuba. La primera de esas sociedades secretas
diseñadas por los esclavos de origen carabalí o del Calabar -actual
Nigeria- se nombró Efí Butón. Sus miembros, que juraron el secreto
código de comportamiento y autodefensa, pertenecían a la tribu apapá efí
[…] Sólo había negros y no admitían mulatos, ni mucho menos blancos.14

14
Tomado de “A propósito de los cultos populares sincréticos y la masonería negra en Cuba”,
Juan Jorge Álvarez Sánchez. Wikipedia (2019) [https://es. wikipedia.org/wiki/Abaku%C3%A1]
9
De la generalidad de lo anterior se han emitido diferentes criterios que
consideran como antecedente una matriz original, y excluyentemente africana, en
línea con la etnia carabalí; lo que obliga conferir a dichos antecedentes
preferencia en la atención, sin que ello restrinja sus débitos, como fenómeno
criollo, a otras figuras, incluso de más allá del propio patio. Es esta dirección de
conformar, objetivamente, los orígenes del Abakuá, nos servimos para introducir
al análisis de una cita muy abarcadora, aunque con varias imprecisiones que de
paso pretendemos subsanar en el presente trabajo:

Un gran número de hombres (esclavos, negros y mulatos libres) que


per-tenecían a los cabildos carabalíes trabajaban en las áreas portuarias
de La Habana organizados en cuadrillas bajo un control cuasi-militar de
acuerdo con una orden del Conde de Ricla emitida en 1763. La división
etno-militar de las cuadrillas determinó la existencia de un capataz o jefe
de cuadrilla que en verdad tenía un gran poder de decisión alrededor de
la admisión o permanencia de los hombres en el trabajo portuario. Estas
organizaciones estaban integradas inicialmente por esclavos (muchos
alquilados por sus amos para desempeñar esas labores), negros libres y
mulatos quienes ocupaban los puestos de jornaleros y capataces. Entre
los cabildos de nación los carabalíes tuvieron una participación
mayoritaria lo que convirtió a los muelles en una zona bajo su dominio.
Las agrestes condiciones económicas motivaron el surgimiento de un tipo
de asociación en la que tuvieran cabida por una parte la continuación en
tierras americanas de las viejas prácticas tribales basadas en
representaciones animistas y por la otra, vínculos de ayuda mutua y
socorro. (Álvarez, 2009:s/p)

Advierta que subrayamos particulares características que vinculan al Carabalí


con eficientes capataces, ligados al trabajo portuario. Por otra parte, es hacia fines
de la tercera década del siglo XIX, que “se extendió el ñañiguismo por extra e
intramuros de La Habana, a la que dividían las destruidas murallas; siendo mayor
el número de los criollos ekobio, (iniciados) del ñañiguismo que el de los
africanos; y, sus núcleos principales estaban en el barrio de Jesús María y la
demarcación conocida por los Barracones”, considera Rafael Roche, inspector de

Además en: www.ecured.cu.


10
policía del gobierno habanero de la época en su libro La policía y sus misterios en
Cuba.15
Esta cofradía secreta aparecida y extendida en La Habana, mostraba recuerdos
muy liados. Sin embargo, avanzado este siglo colonial, se había arropado de un
fuerte ritual de donde se pueden entresacar figuras místicas de variada
procedencia en que predomina lo carabalí; más en su procedencia geofísica que
en las preponderancias étnicas.
Quizás en este sentido, y entre lo más importantes –y servimos de ideas del
etnólogo Jorge Álvarez (“A propósito de los cultos populares sincréticos y la
masonería en Cuba”): la del hombre leopardo, que los encontramos designando e
identificando plazas y jerarquías de la sociedad. Así mismo a una mujer que
integra la leyenda fabularia, Sikán, quien descubre el secreto mítico y es
sacrificada en aras de que éste pasara a los hombres y no desapareciera. Pero
Sikán muere en vano, el secreto se extingue cada vez más. Consistía en una voz,
uyo-unfano, sagrada producida por un pez que entra en el recipiente en su con el
que la joven Sikán fuera por agua al río. El pez era la reencarnación del rey
Obón Tanzé, monarca de los guerreros Efik y regeneración de Abasí, el Dios
Supremo. Y es el personaje femenino Sikán o Sikanekué. De manera, que en la
leyenda que refrenda la sociedad Abakuá asesinan a su máxima figura, la joven
Sikán, para luego, en la liturgia activa, hacerla imprescindible… El secreto de la
comunicación de Abasí (el Dios Supremo) con los hombres se produce a través
del tambor sagrado; un tambor que al principio de la historia fue cubierto con la
piel de la princesa Sikán, sacrificada por haber dado muerte al dios Tanzé,
encarnación de la Divinidad enviada; …y el culto gira alrededor de esa cripto-
creencia. (2009: 26-27)
De manera que así las cosa, en este momento avanzado el sigo XIX, la sociedad-
mutual ha elaborado un importante entramado fabulario, en un ritual que integra
en su teogonía igualmente, entre otras, el sacrificio del chivo, o macho cabrío…
que como mejor se sostiene es en la tradición católica vía española.
Y fueron apareciendo otras versiones de la leyenda que se integraban al ritual de
esa secta. En el material: "Las sociedades Secretas Abakuá" se relata: "...no hay
15
Nos servimos de la 2da. Edición. Impreso en la Moderna Poesía. La Habana. 1925.
11
plante ñáñigo sin Ekueñón, el mismo verdugo que mató a Sikán, a la que va a
buscar previamente al monte para traer su espíritu vivificador al parche --a falto
de ello, permanecerá mudo el tambor-- del Ekué sagrado”. (Castellanos, 1992:
220). De manera, que se hace obligada la presencia de la mujer en una ceremonia
exclusivamente masculina, que supone no tiene ella cabida. El investigador
Enrique Sosa16 aporta nuevos conceptos, entre los que explica que el sonido hizo
a Sikán sagrada e inmortal. El primer poseedor del secreto fue una mujer ekoi. Y
sigue explicando Sosa: desde el punto de vista etimológico, el nombre de la mujer
Sikán se descompone en nsi=tierra y kan=ganar, o por conquistar. Una vez que
Sikán es bautizada por el gran dios Tanzé, se transforma en Sikanekué. Así,
eka=madre, en Efik queda como: ¨La madre que gana la tierra¨ (2008: 317,320) lo
que remeda la diosa griega Rea”. De hecho, esta leyenda de esencia criolla,
cubana, mucho la relaciona con las ideas que trasmitió Aponte en su Libro de
Pintura lo que debe considerarse... De ésta historia existe una liturgia similar
cuyos practicantes africanos se localizarían en un territorio al occidente de
Nigeria, en el embarcadero del Calabar, en la parte del delta del Río Cruz (Cross
River) y en la porción sur-oeste del río Níger.
Por su parte, la etnóloga Lydia Cabrera17 señalaba, que agrupaciones Abakuá o
ñáñigos se conocían en Cuba ya en el 1836; proliferaban en zonas de la Habana y
Matanzas, donde las tales cofradías eran asociaciones secretas que conservaban
las historias legendarias de su surgimiento en Africa, que permitía la creación de
la estructura jerárquica, ordenaba las bases para un código de comportamiento
tanto interno como para determinadas formas de conducta social. Estas eran
secretas porque no se daba a conocer sus membresías ni poseían éstos documento
16
Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002). Doctor en Ciencias e Investigador, estudioso de la
identidad cubana hecho reflejado en obras relacionadas con los cultos sincréticos de la Isla.
Premio Casa de las Américas con su libro: Los Ñáñigos, publicado por la editorial de dicha
institución en 1982.
17
Lydia Cabrera (1899, La Habana-1991, Miami) fue una excelente portavoz de la cultura
afrocubana y fiel rescatadora de las creencias y prácticas religiosas en Cuba. En 1927 viaja a
París, estudia en l'École du Louvre. Comienza a investigar en 1928 y después de dos meses en
Cuba regresa a París y publica cuentos negros en Cahiers du Sud, Revue de Paris, y Les Nouvelles
Littéraires. Se ganó la confianza de los afrocubanos, lo que le permitió en 1950 recorrer todo el
país y recopilar información sobre rituales y mitos conocidos por pocos. Su libro "El Monte" es
considerado por muchos una especie de Biblia de las religiones afrocubanas. Escribió además: La
sociedad secreta Abakuá, narrada por viejos adeptos; Otán Iyebiyé, las piedras preciosas;
Anaforuana: ritual y símbolos de la iniciación en la sociedad secreta Abakuá; La Regla Kimbisa
del Santo Cristo del Buen Viaje, entre otros.
12
alguno identificativo. Sus miembros practicaban la protección y socorro entre
ellos, tratándose de «hermanos» entre sí. Esa fidelidad y espíritu de cooperación
interna los convertiría en «potencias abakuá», “ganándose el respeto y el temor de
los demás grupos”.
Frente a lo anteriormente dicho deben también considerarse otras hipótesis,
debida cuenta que las confraternidades Abakuá de La Habana y localidades
cercanas de Matanzas son únicas; porque hay carabalíes en muchas otras partes
de Cuba, incluso de América; pero Abakuá, exclusivamente en ese espacio al
occidente, y originalmente entre los obreros y capataces del Real Astillero; por
lo que se localizaron en las barriadas que se conformaron con estos trabajadores:
en Jesús María, Regla y de otras inmediatas a dicho emporio fabril en el puerto
habanero. En ello pondremos nuestro esfuerzo en sostenerlo y ampliarlo

De contexto el Real Astillero en Jesús María.

Antes de 1715, solo contaba Armada española de un número inapreciable de


buques, y en lo táctico eran muy reducidas las capacidades de fuego de estos
navíos; sin los
requerimientos elementales
de fuego para enfrentar
cualquier contingencia tanto
en sus desavenencias
europeas como las que se
producían en sus posesiones
coloniales.
Ninguno de los buques era
navío de línea, lo que
demostraba la completa ruina
de la política naval del siglo
XVII (Zanam, 1981:457).
Con Felipe V, el primer rey
de la familia de los borbones,
13
Al fondo la Torre de Arboladura-Machina- de 1757
que se instala en el poder con el nuevo siglo, inició así mismo España la
reorientación de su política en tal sentido, con el mejoramiento, a fondo, de la
Armada. A la vez, hay además que destacar, se interesó más en sus relaciones
con las colonias ultramarinas de América que en sus confrontaciones europeas,
“…lo que supuso el resurgimiento del poderío naval español”.(457)
El Real Arsenal en La Habana, alcanza tal desarrollo que lo convierte en una
verdadera industria naval y con la mejor tecnología del XVIII. Aportó, “el mayor
número de navíos de línea” a la Marina del Imperio; cuya transformación y
efectividad se había convertido en preocupación de los Ilustrados borbones desde
Felipe V. Así llega a ser el principal astillero español que, en 97 años, construye
197 navíos; el Fénix de los Astilleros Reales, expresión con la que el Monarca
Carlos III (1758-1788) calificó al en su momento flamante Arsenal. Los recursos
naturales ricos de Cuba y sus fuerzas defensivas la hicieron el sitio ideal para la
fabricación de bajeles. El propio rey Carlos III expresó por su parte: «Siendo
como es, y debe ser, la España potencia marítima por su situación, por la de sus
dominios ultramarinos, y por los intereses generales de sus habitantes y
comercio activo y pasivo, nada conviene tanto, y en nada debe ponerse mayor
cuidado que en adelantar y mejorar nuestra marina».(Instrucción núm.159, pp.
183-188)
Hay sin embargo que destacar, que el nuevo rey Carlos III, halló la nación
imperial en un estado que historiadores consideran de “poderío y prosperidad”
solo comparable con el lapso de Felipe II. Esto le permitió gobernar con una
relativa paz, aunque su principal fuerza, la Real Armada, se fortaleció de una
manera imponente, a la altura de los adelantos marinos modernos; …y, con una
pertinaz preocupación para con el resto de Europa. Visto en síntesis se concluye,
fue un largo proceso de estabilización que alcanza su máximo desarrollo, incluso
tecnológico, con la instauración del monarca Carlos III. A nuestro interés vierten
luz los factores sociales que concurren, por lo que de todo ello se hace necesario
reflexionar.
Fueron favorables comportamientos en circunstancias azarosas en que los
afrodescendientes cubanos, incluso los de nación, esclavos o libres, les habían
sido muy fieles a la Corona; y, señaladamente, en la reciente refriega –que fuera,
14
en primer lugar, para dicho monarca--, contra los ingleses en la capital caribeña
en 1762. Y Carlos III demostró que lo apreciaba, además de pensar como
ilustrado que era, que quizás en algo influyera. De manera que se hizo también
propicio por los particulares miramientos --para decirlo de alguna forma--, con
que este “ilustrado” monarca asumió la figura del negro en Cuba, por esos años.
Por otro lado, terminada la refriega, se produjo en definitiva una etapa
floreciente del Real Arsenal, cuando se necesitó promover hacia las instalaciones
habaneras de la Armada18 un importante movimiento de mano de obra, porque se
necesitó satisfacer la demanda de fuerza de trabajo preferentemente
especializada,19 o al menos conocedora del oficio marino. A la mano estaban los
Negros curros sevillanos, enviados al puerto habanero donde debían mejorar --y
compaginar--, con la mano de obra criolla negra que laboraba ya en el Real
Arsenal de La Habana. Por lo que, no por meras coincidencias estos también
fueran de mayoría afrodescendientes…
Pero sucedió que los negros criollos habaneros, allí, estaban bien organizados –
o se organizaron bien-- para la ocasión, para no dejarse arrebatar empleo
alguno… ¡Y se organizaron en las tierras o potencias Abakuá!, ¿las primeras? …
a todas luces. Así que esto fue también razón, para que muchos negros enviados
desde Sevilla no pudieran encontrar plazas, ni viviendas para habitar. Aunque no
existan los datos para confirmar que el color de la piel, por sí sólo, influyera en
tan mal recibimiento que recibieron, cuando, de plano, fueron a parar al arbóreo
lodazal ribereño, con el nombre que trasciende de El Manglar, en el espacio
anejo al barrio, obrero, de Jesús María.
Hay un suceso propio de las circunstancias que ilustra porque acontece en los
mismos años y con similares referencias, dentro de otro de estos arsenales activo
en la península. El hecho ocurre, según el historiador Emilio de Diego García, 20
en 1750; cuando, en un momento, fueron enviados al astillero de Ferrol, en La
Coruña, más de 15,000 operarios con el interés de ampliarlo. Lo que dio lugar a
18
Armada, según el Dicc. RAE (1955): Conjunto de fuerzas navales de un estado.
19
Adelantamos al lector interesado de que el propio Ortiz nos ofrece datos, que iremos
incorporando, donde se corrobora estos llegados curros provenían de la Maestranza de Artillería
sevillana.
20
Diego García, Emilio de: “Estructuras de la Organización Naval: Departamentos y Arsenales
Peninsulares”. Madrid. Tomado de: A. Meiside Pardo, (1961): “Contribución a la Historia de la
Industria Naval en Galicia Lisboa. Actas del Congreso de Historia de los Descubrimientos. (p: 26)
15
levantar numerosas casas para alojarlos en dos calles laterales a la salida de dicho
astillero, en la playa del Esteiro… Pero, en La Habana, sucedió que los Negros
curros sevillanos, igualmente seleccionados y enviados a uno de los Reales
arsenales, en este caso el habanero, porque podían mejorar, o sumarse como
técnicos a los obreros criollos en circunstancias militares y políticas apremiantes;
…pero, allí, en lo de la recepción, ocurrió lo contrario…
Volviendo a la ideas inicial de establecer la primigenia permanencia del ñáñigo
o Abakuá en el mencionado barrio habanero de Jesús María; que originariamente
supuso al trabajador del emporio fabril de navíos y donde encontraron sentido las
Confraternidades ñáñigas. De ello es importante lo que dicen y cómo lo dicen la
etnóloga Lydia Cabrera: en el Jesús María, (los Barracones) donde brillarían los
Barondó, los Eforiankómo (las potencias Abakuá), se distinguieron los Curros,
petulantes y rijosos, pavoneándose con sus anchos cinturones de cuero, sus
divisas de cintas rojas y azules… (1969b:s/p); muy claro y contundente.
Y volviendo a lo anterior, una crónica de época nos amplía la cita de Cabrera,
que destaca la importante presencia Abakuá en la composición social del Jesús
María a propósito del dramaturgo español en Cuba, Bartolomé José Crespo y
Borbón; quién, “con su personaje-pseudónimo Creto Gangá puso en cuadros
vivos toda la interesante tropa ñáñiga del barrio Jesús María”. (Bernal,1928:145) 21
Podemos adelantar que lo urbano en el Abakuá lo distingue… Es que la relación
entre los Cabildos de Nación y los Sociedades fue realizada en un medio urbano;
(Sosa, 1982:311) …fueron y siguieron siendo expresiones culturales en su génesis
y prevalencia de la barriada metropolitana, …y ligados al Arsenal habanero en
gran parte del siglo XVIII.
Por su parte el estudioso Fernando Ortiz de alguna manera coincide con las
anteriores afirmaciones: “primero en Regla, en su ribera, luego, se desparramaron
por los otros barrios marinos de la urbe, como Jesús María, Carraguao, Luz,
Atares, etc… Y ellos mantuvieron siempre la tradición de que el juego siempre
estaba en un fondeadero de la marina, o sea barrio junto al mar”. (Ortiz, 1995:16)
Acepta en definitiva la dependencia al espacio marino habanero aunque no

21
Emilia Bernal Agüero, importante escritora e historiadora cubana. (Nuevitas, 1882-1964)
También cultivó otros géneros como el ensayo, la traducción y la novela autobiográfica.
16
coincida con su exacta ubicación laboral primitiva, en el espacio, y como mano de
obra –y algo más, como veremos--, del emporio del Astillero en la bahía.
Posteriormente aparecen a la legalidad en determinados barrios periféricos de La
Habana; como concluye Sosa: “en la práctica el Jesús María (asiento poblacional
de los obreros del Astillero) fue territorio ñáñigo, con numerosas sociedades
fuertes, belicosas, como Ibondá, Kodón dibbó, Ekerewa Menú, Anandibá,
Ibiabangú, Borondó, Orú Appapa…”(1982: 196) o sea, repite la idea de Cabrera.
Y se suceden otras versiones; vea ésta:

En 1753 en la Calle Real de Jesús María, hoy Revillagigedo, fue


levantada la ermita. Fue un poblado en La Habana antigua de
extramuros hacia la segunda década del siglo XVIII, con el nombre de
San José del Astillero debido al establecimiento de este último. Hacia
1730 ya se podía hablar de dicho barrio como quedó, gracias a dos
hechos significativos. El primero fue el traslado de los talleres de
construcción naval desde cerca del castillo de La Fuerza hasta el lugar
donde se formó el famoso arsenal, que se llamó San José del Real
Astillero. Una parte de la mano de obra se fue asentando en las
cercanías del Arsenal, en la zona llamada del Manglar. Y en segundo
lugar la fundación de la ermita en 1753, cuando el Obispo de la Habana,
Pedro Morell de Santa Cruz, ordenó, se edificara una, llamada de Jesús,
María y José, que con el tiempo quedó, Jesús María. 22

Lo que va quedando del ñañiguismo que lo diferencia de otros complejos


culturales afrocubanos --además, evidente--, es su “histórica vinculación con el
trabajo”, como el cumbite haitiano pero circunscrito al marco urbano, que
acertadamente señala el investigador Sosa: “donde existen sociedades muy
señaladamente supeditadas a faenas para las que se impuso o se prefirió la
contratación de grupos de trabajadores o cuadrillas, como las labores portuarias y
otras; nada de campesinos sino de obreros… (Cursiva de Sosa) Lo que pudo
contribuir a su arraigo a pesar de los cambios sociales o persecuciones oficiales,
la aceptación utilitaria conveniente para propietarios y administradores de
empresas…(Sosa, 1982:315) A lo que agregamos, enfático: desde los primitivos
tiempos coloniales…, en los mismos inicios siglo XVIII.
22
Condensado de: “El Barrio de los Amalianos”. Yamira Rodríguez Marcano, (2006)
17
Este destacado afro-estudioso insiste más, precisando que: “la presencia social
del ñañiguismo solo se integró al marco del sitio de reunión, fundamentalmente
cuando los rituales de iniciación, en que se montaba o se activaba el fambá, o
cuarto sagrado”.(315) De manera, que le fue propio –y por supuesto necesario--,
extenderse a otros lugares donde encontrar medios económicos y sociales de vida,
finalizadas las grandes producciones en el Real Arsenal a poco andar el siglo
XIX. Igualmente se efectuaron los pactos entre jefes, negros y blancos, para las
nuevas incorporaciones de los ekobios y abanekués.
Y hay que señalar algo más del nuevo sector social negro llegado de Sevilla,
cuando debieron vincularse a los ñáñigos o Abakuá. De primero, especificar qué
sucedió para que se produjera la emigración dieciochesca de negros desde Sevilla;
porque al decir de Argeliers León: “...el poblamiento español siempre se produjo
por oleadas…”;(1981: 93) oleada de enjambre… agregamos. Mano de obra,
presumiblemente especializada, o barata, para el Real Arsenal habanero; figura
del curro que debió relacionarse con el ñáñigo ya en la fábrica; y vecinos cercanos
en el espacio del barrio que los acogió, el Manglar de Jesús María. Vale aclarar,
que en muy poco debió tener que ver con los Abakuá, cuando los posteriores
comportamientos, ya sin trabajo, en la calles metropolitanas, de dicho curro
sevillano. Si bien pudo coincidir en los dramáticos comportamientos así relatados
por Ortiz en su libro, Los negros curros: “…todo le era siempre público y
ostensible, exhibicionista, con imitación de tipos hampones de España […]
siempre era negro o mulato […] aunque los curros jamás guardaron rituales ni
tuvieron puñaladas típicas como se decía de los ñáñigos. (1995:5-7). Merece el
lector conocer una escena, narrada por el hábil cronista decimonono, José
Victoriano Betancourt, ducho en ello; de los residuos de sabiduría en un viejo ya,
curro sevillano. Relato que refiere de la figura de un “poeta” del patio,
campesino:

En efecto, era Pepe el poeta.


«Buenas noches, caballeros --dijo al entrar--. Vuestro mondongo23
despide un olor famoso.
23
La Fiesta del mondongo, fue comida típica, de ocasión, en el campo cubano, a la que se
refieren muchos de los cronistas Costumbristas del siglo XIX.
18
«--Buenas noches, buenas noches –le respondieron veinte voces a la
vez--. ¿Y tú tiple y guitarra?
«Aquí los traigo; no vengo desprevenido. (157). […]
«…Pepe el Mocho, guajiro […] trovador inagotable, recoge su cosecha
de maíz […] y se pasa lo demás del tiempo recorriendo el país con su
instrumento en la mano, la guitarra, para cantar sus décimas, que desea
oír todo el mundo; compone décimas para los celos, décimas para el
amor dichoso, décimas para la venganza y la pasión y se las canta y se
las enseña a las muchachas […] Hombre extremadamente útil […]
camisa por encima de su pantalón, unos anteojos y su guitarra colgada al
hombro».(Merlín, 1974:159)

No, …no, no…, es que Pepe, el poeta cubano todavía no compone él las
décimas… Claro, digo todavía, según Luís Victoriano Betancourt. Y en eso
desmiente lo dicho por la condesa de Merlín, que es la que lo copia, a todas luces;
porque si no, vea que la Merlín entrecomilla la “Carta 8va”, en su libro: Cartas
de La Habana. Ahora, vea como lo escribe, a diferencia, el cronista Betancourt,
de lo que sería el fin del relato:

Es de advertir que este Ño Pepe […] está comisionado, además, para


comprar las décimas que necesiten los de aquellos partidos, lo que
efectúa acudiendo a un pardo anciano que vende libros viejos, poesías,
cantos eróticos en la esquina del Campo de Martes, y por más señas,
gasta espejuelos de hierro, camisón de ruan y un hidrocele de dos
quintales.(Betancourt,1838)(Tomado de Salvador Bueno, 2016: pp. 291-
292)

No le falta el erotismo criticón de buen Costumbrista, que añade José Victoriano


Betancourt para desprestigiar al negro curro cuando completa la crónica: “…con
su bien destacado: “hidrocele de dos quintales”; hinchazón en los testículos por
la abundancia de infecciones sifilíticas de proxeneta que le adjudica; y, “…que
vendía cantos eróticos…” ¿Serían las rumbas de guaguancó?
Así de claro: nuestro famoso poeta decimista, campesino, blanco, Ño Pepe; para
hacerse de décimas como trovador criollo, debía acudir al viejo curro sevillano,
de los que quedaron, poniendo un timbiriche24 para ʻbuscárselaʼ, en la esquina de
la emblemático Campo de Marte, en Jesús María; vender las décimas espinelianas
24
Timbiriche, voz popular que refiere de punto de venta humilde.
19
de las que solo él podía hacer en la barriada habanera de entonces, como lo
afirmó, sin proponérselo, el cronista mayor, Betancourt. Y aclaramos: es el
mismo Campo de Marte de donde venía también el curro del Manglar, criollo,
que estrenó Villaverde en su genial Cecilia Valdés: “al entrar en la calle Ancha,
traía nuestro curro la vuelta del Campo de Marte” (Cecilia Valdés Tomo II; IV
Parte, Capítulo I)
En otro orden de ideas, muchas de las sociedades de confraternidad Abakuá
tuvieron dentro de sus motivaciones, como se ha insistido, la adecuada
mutualidad entre los adeptos, y de redimir esclavos al comprar su libertad con el
dinero colectado entre los miembros. Y cuándo se trajeron negro, libres, de
Sevilla, los curros, con vista al mejoramiento laboral en el Real Arsenal, luego del
ataque de los ingleses a La Habana, en 1762; que sin lugar a duda, muy
ocurrentes los curros, por sus características privilegiadas, entre otras; con ellos,
no tuvieron confrontaciones los ñáñigos o Abakuá en Jesús María: coexistieron.
Aunque muchos curros, al no recibir el trabajo prometido, debieron dedicarse a
otras “buscas”, en el proxenetismo, el hampa, el juego; que sí lo hubo. La
conformación de gremios y cofradías Abakuá pretendió una férrea protección de
los puestos de trabajo por entre otros, que debió impedir, en un primer momento,
trabajar a muchos.
Y la situación negra, en la tercera década del siglo XIX en el país al momento
del resurgimiento de los Abakuá en Regla, era difícil. La acciones españolas en la
llamada Conspiración de la Escalera, representó un manifiesto propósito
exterminador. Una estrategia para eliminar la “élite negra” y descabezar la
población criolla, libre, que se había ido conformado y fortalecido en el seno de la
sociedad esclavista dominante. Y no era solamente evitar coexistir “política y
epistemológicamente” con grupos burgueses e ilustrados negros, sino por temor
al poder que tuvieran que compartir o entregar, que les recordaba la revolución
haitiana. La ofensiva no se hizo esperar y el resultado cruento fue ejemplarizante
casi cuatro mil ajusticiados o eliminados con torturas, además de los deportados.
A ello sobreviven las cofradías abakuás --y muy bien queda argumentado por
Jorge Pavez--, transformadas y fortalecidas en su secretismo y objetivos
filantrópicos; y como queda bien establecido: “Todos los fines trágicos de una
20
organización que nace para protegerse de una sociedad criminal, y se realiza en
ella como organización criminal”. El propio autor explica la “cristalización de los
abakuá” después de estos sucesos y cómo otras instituciones que representaron así
mismo ese despunte de elites negrófilas, “las academias orientalistas,
filomasónicas, […] afrancesadas por lo ilustrado y revolucionario…”, --como
25
enfatiza-- y los, “milicianos carpinteros y tallistas”. Y se añaden otros
argumentos más, con los que se conforma la génesis del Abakuá, también
definitivamente criolla: “los trabajadores libres y esclavos de la ciudad, carabalíes
apapá chiquitos (hijos) auto afiliados a los viejos cabildos de nación carabalí, de
código proto abakuá”. Y en otro
historiador añade: “Sin embargo, sobre
esos fundadores abakuás [...] sus
componentes eran negros criollos,
basaban su organización en un sistema
jerárquico tribal, con sus jefe
nominados en lengua carabalí y
mostraban un cierto orgullo en llamarse
apapás, por ser hijos de carabalíes
apapás.” (Martín,1944: 51) Toda una
información muy definidora: “esa
historia del mundo del Calabar reescrita
por los Abakuás al interior del fambá
(el cuarto secreto de los ritos secretos) es la gnoseología de su secreto”. (Cabrera:
1969:5) Y aquí llega la interrogante: ¿Fueron social y culturalmente transpuestos
los ñañigos o Abakuás del Calabar suroriental en las migraciones esclavas?
Porque, aunque muchos lo afirman, es una tesis poco sostenible dada la fuerte
realidad criolla conformadora de su matriz.

Carlos III. Los capitales negros en el Real Arsenal habanero.

25
Jorge Pavez Ojeda, (2006): Anales de Desclasificación. Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2.
21
La historia del Abakuá en Cuba, en muchas ocasiones aparecerá asociada a la
figura del borbón Carlos III de España, que fue rey desde 1759 hasta su falleci--
miento en 1788.26 No todos los cuestionamientos que susciten sus políticas
podrán encontrase en el presente acápite, toda vez que la historiografía no
siempre ha sido espléndida e imparcial con el monarca; en muchos momentos ha
sufrido de la incomprensión, por lo que se deben examinar, al menos, aquellos
sucesos de su gobierno que tengan relación con la colonia caribeña que ofrezcan
detalles para procurar una aceptable valoración.
Por su importancia precisa mencionar sus funestas relaciones y enfrentamientos,
desde su nacimiento, con el otro imperio colonial: el inglés. Proceso que
coincidió muy críticamente con el español. La presencia militar agresiva británica
en La Habana, en 1762, en mucho toma al español por sorpresa; teniendo en
cuenta además, el valor que le representaba al aún recién instalado monarca
Carlos III esta capital como base importante del gobierno y comercio con las
colonias ultramarinas. Nuevas relaciones quedaron como resultado de estos
hechos militares, con implicaciones futuras, incluso con el resto de sistema
colonial español. ¿El final de esta acción inglesa? Desastroso. Y súmese a ello
los gastos en la restauración y para las obligadas nuevas construcciones
defensivas necesarias al enclave habanero. Y, el a nuestro interés Real Astillero
Betlem, había quedado totalmente inutilizado; los navíos terminados y surtos en
bahía y los por terminar en grada.
Las inversiones fueron propias de alguien que ante todo, odiaba. Así, los nuevos
elementos ejecutados en La Habana tuvieron visos del gigantismo característico
de este monarca. Muy pronto quedó terminada la nueva Fortaleza de San Carlos
de la Cabaña que al mismo don Carlos le causó aturdimiento conocer de su
enormidad y costo.
Y algo muy especial sucedió con el hombre negro en sus instalaciones, libre o
esclavo; del que conoció el Monarca su total entrega a la defensa y protección,
26
Carlos III, hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Ocurrida la muerte sin
descendencia de su hermanastro Fernando VI se hizo cardo de la monarquía española; ya tenía
experiencia de gobierno pues había sido duque de Parma, y rey de Nápoles. Precisamente de allí
se trajo a su gran colaborador, el marqués de Esquilache, secretario de Hacienda y de Guerra. Más
tarde el genovés marqués de Grimaldi sustituyó a Ricardo Wall al frente de la secretaría de
Estado, con lo que el gobierno quedó en manos de "italianos"; un hecho que cobrará importancia
durante los motines de la primavera de 1766.
22
cuando sus tropas penaban arrepentidas fácilmente doblegadas por el enemigo.
De particulares miramientos pueden catalogarse las relaciones, que dadas las
circunstancias mejoran del rey para con el hombre negro; y que, de alguna modo,
favorecen la misma existencia de las confraternidades Abakuá en el Arsenal.
Carlos III tuvo singulares manejos de determinadas escenarios en su gobierno.
Baste recordar el seguimiento que dio a la estratégica eliminación de la orden de
los jesuitas de sus territorios, que a su entender e investigaciones fueron causantes
de la sublevación, y a resultas su propio aniquilamiento físico, conocida por el
nombre de su ministro italiano el marqués de Esquilache.
Y con el hombre negro en La Habana, post ingleses, hubo cambios en su trato.
Y no es para nada casual o arbitraria, la ubicación primera, de la estatua de
Carlos III en la capital cubana, en 1804. Mucha significación tiene dentro del
contexto que se le buscó en área del extramuros; zona franca del entramado
subalterno social, a un costado del Campo de Marte. 27 Tan simbólico espacio
para el hombre negro avecindado en la tanta veces incendiada barriada de Jesús
María. Y no descuidar las descripciones de ocasión que ofrece la genial novela
Cecilia Valdés o la Loma del Ángel para ubicar detalles de bailes de negros, o de
cuna, y otros aconteceres. Así lo señala desde un inicio el capítulo XVII (Parte II:
219 y 220):

Dijo José Dolores Pimienta que el baile de la gente de color se


celebraría en la casa de Soto. Ocupa la esquina occidental de la calle de
Jesús María, en su encuentro con la calzada del Monte, opuesta al Campo
de Marte. […] El de los hombres en frac de paño negro, chaleco de piqué
y corbata de hilo blanco, calzón corto de Nankín, media de seda color de
carne y zapato bajo con hebilla de plata, todo según la moda de Carlos
III; cuya estatua, hecha por Cánovas, se hallaba al extremo del Prado,
donde hoy se ostenta la fuente de la India o de La Habana…

27
“Campo de Marte… hoy Plaza de la Fraternidad Americana”. “Paraje cenagoso, anegado y
cubierto de mangles, y por ello apenas transitable, de la villa San Cristóbal de La Habana,
convertido en estancia, después en las que abundaban los cocales y otros árboles frondosos;
desmontado, luego, y abierto al tránsito, ostentando un molino de viento y que era lugar de
reuniones de los pelucones” –no acaba de decir curros y ñañigos Roig, el autor de esta
referencia--, “…de la época que acudían a chismorrear y refrescar en un despacho que allí había
de sambumbia, escenario, al aire libre, en otra época de las primeras representaciones cómicas en
la Villa
23
Como si fueran una sola cosa. Otros datos de época los aporta el médico Domin-
go Rosain;28 quien señala necesarias referencias: Someruelos formó la Alameda
de Paula, dio más amplitud al paseo de extramuros, que adornó con la estatua de
Carlos III, inaugurada el 4 de Noviembre de 1803, trabajada por Cánovas,
primera que hubo en la Isla... (1875:182) Y, Villaverde no escatimó
circunstancias en que pudo incluir que significaba esta única estatua dedicada a
Carlos III, a inicios del siglo XIX y en un franco territorio que comprendía la
barriada de Jesús María extramuros, y de gran presencia del hombre negro. Las
citas de Cecilia Valdés:

Por la puerta llamada popularmente de la Muralla, salieron a la Alameda y se


sentaron en un asiento de piedra, protegido por un árbol frondoso, entre el
antiguo café de Atenas y la estatua de Carlos III. (355)
….
También se me quejó de que al oscurecer del día de ayer, dos negros con puñal
en mano le pararon cerca de la estatua de Carlos III y le desvalijaron de cuanto
llevaba encima de valor, el reloj, etcétera. Si Vd. hubiera tenido un tantico de
prudencia, le dije, no se habría expuesto a perder la vida atravesando sitio tan
solitario como ese del Paseo, a la entrada de la noche, hora que escoge la gente
mala para cometer sus fechorías. (162)
….
Sospechó desde luego quién podría ser y trató de llamarle la atención a su
compañero, al lado opuesto, indicándole el café nombrado de Atenas, solitario y
oscuro, cerca de la estatua de Carlos III, a la entrada del paseo.
….
Mucho después, al extremo meridional del Prado, donde estuvo originalmente
la estatua en mármol de Carlos III, que don Miguel Tacón trasladó en 1835 a su
paseo Militar… (112)

Y sin olvidar, que su famoso Malanga, negro curro del Manglar, al que le dedica
el primer capítulo de la Cuarta Parte de su novela insigne, y citamos: Al entrar en
la calle Ancha, traía nuestro curro la vuelta del Campo de Marte.(326)29
Pero retomemos el tema sígnico: los capitales negros en el Real Arsenal de La
Habana; pero antes el comentarios de que existían similares agrupaciones
28
Domingo Rosain, en su libro Necrópolis de La Habana. Historia de los Cementerios de esta
Ciudad, con multitud de noticias interesantes. La Habana. Imprenta "EL TRABAJO," Amistad
número 100. 1875. [Copia Digital Museo Ultramar, Madrid.]
29
Tomada de la Edición digital de Cecilia Valdés del Proyecto Gutenberg.
24
mutualistas como señala Deschamps: “Hacia mucho que en La Habana los
negros y los pardos habían constituido, no solo en los barrios de extramuros,
sino en la ciudad también, gremios y partidos con los nombres de Franceses,
Moros, Ingleses, el Cordón Celestial, Comerciantes y otros, que venían del Siglo
XVIII”. Le agrega el propio autor: “se trata de trabajadores portuarios criollos
que se identifican con la nación carabalí….” (1972:33)
Pero antes establecer, si podrían ser de afrodescendientes Abakuá esos capitales
que sufragaron importantes inversiones para las dotaciones navales que construía
el dieciochesco Arsenal de la Real Armada española. Por su parte, la
historiografía recoge el desenvolvimiento económico que miembros de estas
mutuales habaneras lograban: “…en la práctica mostró la conveniencia de
contratar grupos de obreros con un jefe mayoral confiable para la patronal, y la
organización ñáñiga sirvió para eso… pues propició el lucro en actos entre
obones (capataces ñáñigos) y empresas. (Sosa: 316-317)
Pero prosigamos con la idea inicial: “en el XVIII no se quedaron ahí […] (se
desarrolló) una clase media de color libre, si no rica por lo menos bastante
acomodada y con cierta integración a la estructura económica”. (Castellanos,
1992:86). Agregando más ideas al tema, porque hay suficientes datos que
reflejan cómo el hombre negro defiende La Habana de los invasores ingleses:
“…la no esperada defensa negra de los puestos asignados; la mayoría de las veces
sin armamento, mostrando una valentía sin paragón”; para ello mostraremos
algunos textos más del libro que se publica de esos sucesos, que mandó realizar
el propio “Rey Borbón, Carlos III”. (Se respeta la ortografía del original siempre
que se pueda para su inteligibilidad):

Algunos pocos Negros de la Guarnición del Morro forprehendíeron ayer


al medio dia una Abanzada de los Enemigos, de un Sargento, doce
hombres, de los quales folo efeaparon tres, y efte corto golpe no ha
dexado de infundir algún efpirítu á la Tropa, y Gentes del País. No hay
tiempo para más, que repetir áVmd. la fineza, que le confervará fiemprc
fu verdadero Amigo de Vmd. Soler. Somos 27 de Junio, Señor Don Carlos
Caro…

25
Se ha trascrito una primera cita, tal cual el libro, y se muestra en cursiva. Las
otras, continuación se exponen, arregladas su ortografía, y en letra normal:

“Semejantes disposiciones se tomaron asimismo para el cuidado y


defensa de la parte interior del Puerto, desde la Puerta de la Punta hasta la
Tenaza, en inteligencia de que por falta de tropa reglada para cubrir la
mayor parte de la Muralla, estaban las Cortinas, y Baluartes guarnecidos
de negros, mulatos, y otras especies de gentes semejantes, a quienes la
necesidad solo pudo elegir para unos destinos de tan recomendable
consideración”.(17)
……………
“Negros llevaban la orden de seguir a la primera; y, tomando el flanco de
las trincheras formadas por los enemigos, atacarlos con la mayor
precipitación, a fin que arrojados de sus puestos, tuviese lugar la gente de
Maestranza, y los Negros de operar en deshacer los trabajos, y en lo demás
que iban instruidos, a, cuyo fin se había prevenido a esta División,
empezase a obrar luego que sintiesen el fuego, o ataque de la primera, y la
tercera División , que iban al mando del Capitán de Granaderos del
Regimiento de España Don Nicolás Amir y un Piquete de 50”. (20)
……………
“…respecto de que la cortedad de su número no prestaba proporción
para el relevo, y la poca confianza en las Milicias, Mulatos, y Negros que
cubrían mucha parte de la Muralla, hacía mayor la fatiga de la Tropa, que
por estas razones enferma cada día en términos que causan el mayor
cuidado. (25)
…………
Trece negros esclavos de algunos vecinos de la Habana, que se hallaban
en la entrada encubierta del Castillo del Morro, se arrojaron con sus
machetes sobre una Guardia avanzada de los enemigos, compuesta de un
cabo, y 11 Soldados, de los cuales hicieron 6 prisioneros, mataron a uno, y
los demás se pusieron en precipitada fuga. Esta acción se la gratificó el
Gobernador dándoles la libertad en nombre del Rey, mandando satisfacer
de las Cajas Reales el importe a sus Dueños”. (31 y 32)

…………
“Algunos pocos negros de la Guarnición del Morro sorprendieron ayer al
medio día una avanzada de los enemigos, de un sargento, doce hombres,
de los cuales solo se escaparon tres, y este corto golpe no ha dejado de
infundir algún espíritu a la tropa, y gentes del país”. (52)

26
Son muchos los ejemplos que se incluyeron en el abultado libro escrito, como se
indicó, a solicitud real, que debió incluir muchos soldados y no negros, incluidos
esclavos, y pocos soldados y oficiales caucásicos españoles con algún mérito que
señalar. Que se debieron incluir, no del agrado e interés de la dirección militar y
política en La Habana a quienes Carlos III les demandaba, en este libro, rendir
cuentas. Pero hay una nota que no debemos dejar fuera:

Los ingleses se apoderaron en La Habana de 300 millones de reales, de


una porción inmensa de pertrechos de guerra, de nueve buques de línea y
de 9 fragatas. En Manilla tomaron 40 millones de reales en metálico v
otra gran cantidad en créditos contra el gobierno español, varios navíos
anclados, gran porción de pertrechos de guerra y dos buques de línea.
(Tomado de: La España bajo los Borbones,30 t. 4, p. 492)

En otro orden de ideas, hay que destacar, que sucedidos estos hechos, el Arsenal
alcanza momentos de máxima producción de navíos, cuando el “dinero corría”, o
como se diría también: “caía una lluvia de plata”; podía ser así atendiendo a lo
que oficialmente se expresó: “una fábrica «capaz de enriquecer toda la Isla».
Y existía una importante incorporación negra y particularmente Abakuá a la
nómina laboral del Real Astillero-Arsenal, de manera que se originó en el medio
urbano un sector social libre negro o mulato, de artesanos que en el siglo XVIII
dominó, en su inmensa mayoría, los oficios citadinos […] con capacidad
económica, y que integró los batallones de «pardos y morenos libres»”.
(Arrate,1760) Aunque no todo lo argumentado deba generalizar y condicionar los
comportamientos, sí pesaron mucho, y pudieron, incluso, determinar algunos.
Muy acertadamente señala el estudioso Moreno Fraginals cuando asegura que,
“está por estudiarse el poder efectivo de este sector en el siglo XVIII y parte del
XIX. (Moreno, 1986:312) Vale insistir que aunque luego de las acciones inglesas
de 1762, en La Habana y en muchos bolsillos, el dinero corría gracias al amplio
plan para la construcción --o reconstrucción-- de fortificaciones militares; sin
embargo, el oficio y arte debieron ser superiores a pie de grada en el Arsenal,

30
La España bajo los Borbones, de: William Coxe. Londres, 1813.Edición digital BNE.
27
aunque en obras como la Fortaleza de la Cabaña se daba, a su vez, una gran
demanda de profesionalidad. Vea la siguiente cita:

Con la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, se cerró una etapa
en la historia del Arsenal de La Habana, uno de los objetivos
fundamentales en la invasión. Pasado el año, al ser devuelta la ciudad a
España en 1763, el Arsenal estaba en ruinas, pues los ingleses habían
segado las Gradas de construcción naval, saqueado los artificios
mecánicos, y las maderas preciosas estaban mal almacenadas. Para su
restauración hicieron falta alrededor de cuatro mil hombres trabajando
de forma constante, lo que posibilitó que en 1765 quedara restablecido.

Flota inglesa entrando a La Habana en 1762. Foto de WIKIPEDIA


Y no descuidar el hecho, que este importante dato final de la cita, con poca
argumentación, aclara de la importante migración dirigida, del interés del propio
monarca, que trasladaba Negros Curros Sevillanos, así conocidos en Cuba, desde
la Maestranza militar existente en la Atarazana de Sevilla, al Real Arsenal
habanero; cuatro mil en total. Al tema volveremos.
A partir de los años, desde 1765 y hasta 1778, se producía un proceso que
favorecía la desaparición del Sistema de Flotas --el antiguo sistema naviero de
relación mercantil y de todo tipo de la Metrópoli con las colonias de ultramar--;
las condiciones, sin embargo, en el Real Arsenal, dieron la oportunidad a que un
capital privado habanero, y negro, favorecido económicamente, se iniciara como
figura capitalizadora que invertía en sufragar la propia fabricación naviera: “por
lo que el anclaje de los sectores privados de capital dentro de la administración

28
militar se hizo usual, y legal” de bajeles a interés de la Real Armada, y de otras
demandas en la factoría: “…la participación de actores privados en los negocios
de la Guerra constituía norma general…(103) Pero algo más, que muy enfático
alude el estudioso Dr. Serranos:

En la Habana, un «simple» carpintero de ribera adinerado pertenecía


tanto a la élite como el conde de Macurijes, en los términos en que los
estamos describiendo, y que también percibió Humboldt. Obviamente,
esto no evitaba que hubiera estatus diferentes dentro de la propia élite, y
que en última instancia, los ricos comerciantes, o los propietarios
enriquecidos, aspiraran a lucir también su propio escudo de armas o la
inserción en una orden de caballería.31

Pero sucedía que el sabio alemán Alexander von Humboldt, que visitó Cuba y
La Habana, varias veces; aludía, para su conjetura, también al poder del hombre
negro: “…la posición de los libres de color en la Habana es más feliz que en
ninguna otra nación, de lo que se lisonjean […] de estar muy adelantados en la
carrera de la civilización”. (2005: 220) Lo que precisan mejor los Castellanos:
“…en el XVIII no se quedaron ahí […] se desarrolló) una clase media de color
libre, si no rica por lo menos bastante acomodada y con cierta integración a la
estructura económica”. (1992:86) Y el investigador Serranos, añade: “…que
todas las contratas se hicieron mediante asientos privados…” Le queda muy claro
que el poder económico que se había gestado a pie de grada en los bolsillos
privados, necesariamente debió incluir al mayoritario trabajador negro; pero que
se desconoce cuándo, sólo se relaciona una “elite criolla blanca” habanera. Sin
embargo, esos inversores criollos debieron ser muchos negros o mulatos,
incluido los cófrades Abakuá, de lo que nada se divulgaba.
Así las cosas, vale insistir que la realeza desde Madrid había apostado para
incrementar las construcciones marinas a la Real Compañía de Comercio en la
década del cuarenta; incluso, cuando se hacen las nuevas construcciones,
incluido el traslado de las instalaciones de Astillero a nuevos espacios en la
propia bahía; capaz de construir varios buques a la vez, hasta tres en sus diques

31
Tomado de: José Manuel Serrano Álvarez. Universidad de Antioquia, Colombia Correo-e:
[email protected]
29
secos, en la Tenaza; así llamado el nuevo lugar y con el nuevo nombre de Real
Arsenal. Pero la Real Compañía de Comercio no pudo dar a todo respuesta, al
despojar del asiento para la construcción de navíos en mano de Acosta y
Montalvo. El despegue ocurrido a partir de la segunda mitad del siglo XVIII
dependerá, en mucho, aún de los situados de Virreinato de México, …y de los
bolsillos privados mencionados. Sin esa relación el pedido naval de la Armada no
habría podido realizarse: “Esto explicaría por qué fueron los sectores medios y
bajos de la élite habanera…”

Algo insólito, en 1779 se aprobó la contratación directa de la


construcción de navíos de tres y dos puentes, nada menos que a varios
consorcios de carpinteros, calafates y maestros de obras privados, cuyos
nombres son desconocidos, pero que pudieron reunir suficiente capital –
más de 70,000 pesos--, para hacerse acreedor de tan riesgosa actividad.
32

Pero, antes, note: “Hay una serie de magnates cubanos que prestan dinero a
Lorenzo Montalvo, (Comisario Ordenador de Marina) para iniciar la construcción
de barcos en 1764, que obligó a un verdadero ejército de operarios, que debió
superar la cifra de 600, entre los cuales casi un centenar del cuerpo de expertos
del ejército…”33 ¿Serían estos a los que se refirió Ortiz, de curros adscritos a la
Maestranza de Artillería que tenía ubicado su cuartel en la Atarazana de Sevilla?
Volvamos al tema inicial de las reales condiciones favorables que se procuró el
hombre negro en La Habana, en estos años del siglo XVIII, que coinciden con la
regentura del Carlos III. El historiador de La Habana, Emilio Roig de
Leuchsenring relata algunos pasajes de interés, particularmente de sucesos
ocurridos durante la Toma inglesa de La Habana, y menciona una carta que envía
a Madrid el 21 de julio 1763 la Administración de la Real Compañía de esta
ciudad, a don Diego José de Cosa, Secretario de la Comisión establecida en la
capital española por el rey, que asombrosamente especifica qué también sucedió
allí cuando la perdida, a manos inglesas, de La Habana… Y dice en uno de los

32
(70)AGM, Archivo General de Marina-Arsenales, 5514. Ver: J. M. Serranos. “Elites…”
33
Tomado de Martínez Shaw, Carlos y Alfonso Mola, Marina: El Arsenal de La Habana. Siglo
XVIII. Madrid. UNEN
30
dos párrafos que extrajo Roig: 34 La restitución de La Habana a los españoles, se
efectuó… sin haber habido el menor alboroto, ni encuentros entre nuestras
tropas y las inglesas, mediante las acertadas providencias de nuestro Excmo.
Sor Comandante, bien no se ha podido remediar algunas muertes, que han hecho
los negros españoles entre los ingleses que se encontraban en las calles. (Roig,
1963,t.1:206) (Nuestro el subrayado) ¿A qué negros españoles les producían tal
escozor los ingleses como para deshacerse de ellos en las calles habaneras a
riesgo de ser ultimados? ¿Les pagaban, a los hacían por su propia cuenta e
interés…? Indudablemente, a estos negros españoles la presencia inglesa en La
Habana les interrumpían sus lucrativas utilidades –en lo económico, y en lo
social--, obtenidos como inversores en la construcción naval que gracias a Carlos
III, se les daba, entre otras razones, en el Real Arsenal. Y los negros, eran los
carpinteros, talladores, …y armadores artilleros navales los españoles… Y la otra
parte, la criolla, organizada en los gremios-mutuales Abakuá… Como hemos ya
señalado.

Del negro curro sevillanos y los Abakuá. La Atarazana de Sevilla.

Tal como se lee del documento de Ortiz: los curros en La Habana vinieron de
Sevilla, e insistimos en lo que dice, además, Ortiz, por objetivo: desde las
instalaciones de las Atarazanas Reales de Sevilla; los astilleros-careneros oficiales
que en largo tiempo de la etapa colonial sirvieron al Puerto de Indias, pero que
se habían transformado en una importante Maestranza, lo que se entendía “…de
un conjunto de talleres análogos para la Artillería y efectos movibles para los
buques de guerra y del conjunto de operarios que trabajaban en ellos”. (Dicc.
RAE, 1955) Actividades que mucho lo vinculaban a las nuevas necesidades del
Arsenal habanero luego de que Inglaterra hubiera sojuzgado la capital cubana en
1762, por ser productora de los insumos armamentísticos necesarios a la
habilitación de buques militares.

34
La carta, integra, la incluye el historiador de La Habana Emilio Roig en el primer tomo de su
libro: La Habana, apuntes históricos; 2ª. ed. notablemente aumentada, 1963, t.3, pp.205-206.
31
Las Atarazanas, diecisiete enormes edificaciones en sentido perpendicular al
Guadalquivir, eran instalaciones antiguas ubicadas en el barrio del Arenal, de
Sevilla. Construidas desde mucho tiempo antes, en época del Rey Sabio, en el
siglo XII. El complejo de naves erigido denominada Atarazana; la de Sevilla
estaba junto a una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del
caudaloso río Guadalquivir; donde, carpinteros de ribera se dedicaban a la
construcción de barcos; pescadores y almacenistas se dedicaban a la salazón y
preservado del pescado; en fin, el aprovisionamiento para las largas y tortuosas
travesías… Pero cuando el Sistema de Flota que salía del puerto fluvial en el
interior, en Sevilla, cambió posteriormente a Cádiz, puerto de mar; fue la razón,
entre otras, que obligaran a la Corona con las grandes reformas del Cuerpo de
Artillería y de su Maestranza en Sevilla, e instalar éstas en Las Atarazanas…
Otros sucesos más tuvieron lugar durante el siglo XVIII que contrariaron las
actividades habituales de la Atarazana, incluso de otras que existían a la par en
regiones de Andalucía: en Málaga, Algeciras…; y una fue la escasez de madera
apropiada para la elaboración de embarcaciones de mayor resistencia y
navegabilidad.

Foto interior de uno de los 7 edificios preservado de la Real Atarazana de Sevilla.

Los soberanos reales, entrado el siglo XVIII, le dieron una nueva utilización a
esa importante instalación sevillana, como se ha insistido, con la ubicación, allí,
de una Maestranza de Artillería, para elaborar explosivos, y pertrechos propios
de esa rama militar; ya aclarada. Que a la larga se correspondía con el importante

32
apoyo logístico y en todos los sentidos, que recibiera el Real Arsenal habanera a
partir de 1763 luego de su recuperación de manos inglesas.

Arquitectónicamente se trataba de una inmensa obra gótica y mudéjar


construida toda ella en fábrica de ladrillo, que muestra del influjo del
arte almohade en las construcciones medievales en la ciudad de Sevilla,
donde asombran las enormes dimensiones de sus anchas y largas naves
adosadas y cubiertas por bóvedas de arista, apropiadas para la
construcción de los mayores barcos de la época. En 1762 comienzan las
grandes reformas del Cuerpo de Artillería que influirán decisivamente en
el futuro de estas instalaciones, siendo el primer paso importante para
que en esta edificación cuente con un gran depósito de carruajes y
pertrechos para suministrar a las tropas, que acabó traduciéndose en una
ampliación en la capacidad de talleres y almacenes, con la anexión de
dos naves más, que completan las siete actuales. Sirve, a partir del siglo
XVIII, como fábrica y depósito de artillería, siendo el Ejército el último
de los grandes inquilinos en la historia de la Reales Atarazanas
sevillanas, hasta casi finales del siglo XX. (Tomado de Sevillapedia.
(2013). El subrayado es nuestro)

Y algo más, el propio Fernando Ortiz, señala la relación del curro sevillano con
la Maestranza de Sevilla; idea que no profundiza, pero que señala en más de una
ocasión en el libro: Los Negros Curros, (1995). Pero no insiste en el tema que
constituye, sin embargo, tesis fundamental por su importancia reveladora de la
presencia en La Habana de estos especialistas militares negros sevillanos.
Reparemos en algunas de dichas citas: “Las mismas causas económicas y sociales
codeterminaron, con las étnicas, que en Cuba hubiesen negros curros y negros
ñáñigos; para los primeros el impulso originario, estuvo en las atarazanas de
Sevilla; para los segundos la influencia promotora llegó desde los embarcaderos
del Calabar”. (Ortiz, 1995:14) (El subrayado es nuestro) Observe lo enfático y
definitorio de lo que dice.
El Abakuá, como se ha venido señalando, había surgido en esencia, del negro y
mulato descendiente africano, dueño casi, de la fuerza laboral y técnica a pie de
grada ya en el primer emporio erigido en la bahía metropolitana habanera, así
llamado Real Astillero. Luego, cuando se completó el traslado y ampliación como
Real Arsenal, en la década de 1740, fueron igualmente los Abakuá quienes
33
cubrieran los puestos de trabajo como mañosos carpinteros, tallistas, calafateros,
capataces…, convertido el Real Arsenal en la gran industria naval del Imperio
español en América. Y los curros, de quienes poca o ninguna información se
dispone, debieron incorporarse luego de la entrega por los ingleses de La
Habana a España; y por lo dicho por Ortiz: procedentes de las Atarazanas
sevillanas –y repetimos--: en ese momento Maestranza militar especializada en
armamento de artillería para uso en la flota de la Armada Real. A ello súmese que
con la Ordenanza de Arsenales de 1772, se producía la completa militarización de
los mismos.35 Y ahí coincidieron Abakuá y Negros curros sevillanos; vivieron en
el mismo barrio, solo que a los curros le tocó el único espacio inhóspito
disponible, en el orilleo marino; parte de la bahía adjunta dentro del Manglar; el
barrio obrero del portentoso Arsenal.
Así quedaba dilucidada la ubicación geo-social de los ñáñigos o Abakuá en
iguales sitio que los Curros. Categórico sentenció, aunque algo impreciso, Ortiz:
“…sólo existieron negros curros donde también hubo ñáñigos, o sea en La
Habana, Regla, Guanabacoa, Marianao y sus barrios orilleros, y por extensión
en Matanzas y Cárdenas. Nada más. En ninguna otra ciudad ni región de Cuba
(ni de América, agregamos), se dieron ni se dan esos personajes y sus escenas”.
(1995: 13)
Y a continuación explica las razones, a su entender, que pecan por desconocer
del origen, razón y circunstancias de esos personajes en La Habana, incluso de
Matanzas y su principal municipio, Cárdenas. ¿Desconoció, realmente, su
avecindamiento en los lugares de laboreos del Real Astillero… luego Arsenal? Y
cuántas otras preguntas… porque a página y algo, del negro curro sevillano, da
las razones reales de la presencia habanera de éste en el Arsenal, sin proponérselo
parece, aunque no incluye con atino la del Abakuá: Y repetimos, de su libro, lo ya
dicho: “Las mismas causas económicas y sociales codeterminaron, con las
étnicas, que en Cuba hubiesen negros curros y negros ñáñigos; para los primeros
el impulso originario, estuvo en la Atarazana de Sevilla”. El propio estudioso
reconoce el valor y representatividad de esta institución en esos años. En otras
35
Con la Ordenanza para los Arsenales se producía la completa militarización de los mismos en
1772, según referencias: El arsenal de La Habana en el siglo XVIII. Carlos Martínez Shaw y
Marina Alfonso Mola. Universidad NED, Madrid
34
notas cercanas vuelve a referirse a ellas, …y nada en este libro está demás, de su
tema Los negros curros. Vea: “Cuando las flotas llegaban de Indias vaciaban en
las Atarazanas del Guadalquivir el oro y la plata”. (Op. cit.:124) Y a seguidas
otra, claro, que se carga de alguna soez: “…porque si la valentonería fue
característica de España, en Sevilla fue donde tuvo su Catedral, su Alcázar, su
Atarazana y su río (El Guadalquivir) por donde se corría a otros mundos”.
Procedían los curros en La Habana de la Real empleomanía de las Atarazanas de
Sevilla, lo máximo en tecnología marítima de su tiempo; y, fueran por tanto
también de lo mejor como técnicos y como personas llegados a La Habana. No
hay porqué a ese conglomerado de técnicos, militares, laboriosos, y grandes
aportadores a nuestra cultura, junto a sus congéneres criollos los Abakuá, por
razones raciales consideralos lo peor humano, a su decir: “hampones”, como
sucedió hasta nuestros días. Ortiz en definitiva unifica a ambos instituciones
sociales, los ñañigos y los curros; destacando si, sus diferentes procedencias. Pero
ya en La Habana, residieron original-mente ambos, en el barrio de Jesús María.
Y en tal sentido amplía: …por lo general se les conoció por los negros del
Manglar, es decir el orillero así llamado […] No fue único el barrio del
Manglar, como asiento de los curros, pues los suburbios del Horcón y de Jesús
María también contaron con curros famosos.
Y añade más Ortiz: esta raigambre andaluza parece indicárnosla el apelativo
de curro… Rogamos al lector que recoja esa indicación, (SIC) porque habremos
de ir aludiendo a los elementos andaluces que en Cuba se fundieron en el
complejo tipo del negro curro. (Ortiz, 1995:15, 16,17)

35
Capítulo II:

Lo paradójico de Regla. De congos y Carabalíes.

Los incendios en Jesús María. La primera Potencia en Regla.

Antes de terminar el siglo XVIII, les empezaron a aplicar medidas de


exterminio, porque muy a pesar de la élite la sociedad criolla y de los
peninsulares, introdujeron costumbres y hábitos considerados impropios. Cerraba
las puertas la factoría que les había dado empleo, les sobrevino la propia
marginalidad de la pobreza… y por la tez oscura. No es posible rehacer la
historia de los Abakuá sin hacer obligada referencia a los incendios, vinculados a
sus orígenes. Con el tiempo, ya terminado el siglo XVIII y cerradas sus puertas la
gran fábrica de navíos para la Armada en La Habana, es cuando se suceden los
intencionados incendios en el barrio de Jesús María para blanquearlo. El más
destacado en esos menesteres de latrocinio, el Capitán general de la Isla: Tacón, 36
quién intentó limpiar La Habana en los años de su mandato. (1834-1838), ocasión
ésta para que los Abakuá o ñañigos cruzaran la bahía y se guarecieran de la batida
en la muy ultramarina barriada habanera de Regla. Allí reaparecen, de manera
legal, institucionalizados en logias --mejor nombradas potencias, tierras--,
cuando éstas justamente, por determinadas razones, pudieron hacerlo, incluso
judicialmente, avanzada la tercera década del siguiente siglo XIX.
Y hay un comentario aclarador de Cabrera referido a los incendios
exterminadores de curros y Abakuás, entre otros sectores negros, en el

36
Miguel Tacón, (1779-1855). Con la graduación de Teniente general tomó el mando de la Isla el
7 de Junio de 1831 hasta el 22 de Abril de 1838.
36
asentamiento barrial de Jesús María, que dice: “Un tremendo incendio, en 1826,
después de otros fuegos ocurridos en aquella peligrosa barriada, cuentan que
privó de sus escondites a estos pícaros, que la mano dura, pero eficaz del
General Tacón, arrojó de allí. Pero Jesús María fue, y es aún , barriada abakuá.
(1969b: s/p) (El subrayado es nuestro) Muy escueto, pero muy preciso y enfático,
aun lo discutible de los tiempos y lo que ello representa, porque si no, observe la
pregunta: ¿No se dice –y la Cabrera por su parte--, que los Abakuá o ñáñigo
vieron la luz en Regla en 1834- o 36-? Y menciona lo del incendios a que les
sometieron varios gobiernos de turno para eliminarlos de dicha barriada; quemas
que se sucedieron no muchos años atrás.
Haciendo historia, de primero señalar que el polígrafo Samuel Feijóo en su libro
Lirica Crítica, al abordar de la glosa con empleo de la décima como ejercicio
poético; introduce a dos grandes poetas exponentes de la décima “culta” del
siglo XIX cubano, momento en que Feijóo intercala la siguiente información:
“Hay glosa ya al incendio del barrio Jesús María a finales del siglo XVIII)”.
(1982: t.I, 260) Criterio muy definitorio aunque no satisface la pregunta de, quién
escribía tales glosas con el tema del incendio.
Por su parte el cronista costumbrista decimonono José Victoriano Betancourt
afirma que el tal primer incendio ocurre a inicios del siglo XIX y no al final del
XVIII. Con amplitud, relaciona de hechos que divulga en uno de sus artículos,
que citamos: “El Manglar era el Hampa de la Habana […] asquerosas pocilgas,
donde vivían en mezquinas casuchas una numerosa población casi toda africana,
antes del incendio que la convirtió en cenizas el año 1802”. (Ortiz, 1995:15)37
Este incendio sucede siendo Gobernador de la Isla el Marqués de Someruelos.38
Y otra información al respecto: La primera división de La Habana en barrios la
decretó el conde de Ricla (bando del 23 de septiembre de 1763). De aquellos
tiempos proceden los barrios muy pobres, marginales […] De esos desastres
resultó terrible el de los barrios de Jesús María y Guadalupe, entre la calle Águila
y el puente de Chávez, en La Habana de extramuros… Quedaron sin hogar más

37
74 La cita la toma Ortiz de “Los curros del Manglar”, Artículos de costumbres. Publicaciones
del Ministerio de Educación. La Habana, 1941, p. 133.
38
Tristemente célebre marqués de Someruelos: Don Salvador de Muro y Salazar (1799-1812).
37
de 8 mil personas, 700 murieron carbonizadas, 200 casas quedaron destruidas y
otras muchas en ruinas.39
Y otra crónica del acontecimiento: “lo cierto es que habiéndose incendiado el
referido barrio a la 1 del día, el 25 de abril de 1802, consumió el fuego 194 casas,
en que vivían más de 11,300 personas, casi todas infelices… salió [se refiere al
Capitán General el Márquez de Someruelos] de puerta en puerta a pedir una
limosna, para resarcirles sus bienes perdidos del mejor modo posible.” 40
Posteriormente, y según otro historiador de la época que repite el dato, con
algunas diferencias: “Reparó (se refiere igual al Capitán General) los efectos del
terrible incendio de Jesús María, ocurrido el 25 de abril de 1802, que devoró más
de 200 casas donde se albergaban 10,000 personas de la clase proletaria; haciendo
levantar barracones y exhortando de puerta en puerta a los vecinos, cuya caridad
correspondió a sus esfuerzos.”41 De hecho existió la demarcación conocida por
los Barracones, como antes lo menciona la cita de Cabrera; (Cabrera,1969b:s/p)
alojamiento que el propio marqués de Someruelos les consiguió como definitivos;
por supuesto, más distante de la ciudad. Y no lleva tanto esfuerzo suponer, que si
realmente salió el presupuesto por las tales donaciones de caridad, el incendio fue
importante… y su acusadora conciencia. La estudiosa Lydia Cabrera precisa algo
más: “(Las autoridades) les obligaban retirarse a las tres de la tarde, con cuyo
motivo se confinaban a Jesús María en lo que entonces se llamaba los
Barracones”. En definitiva, a los que sobrevivieron les ofertaron: edificios
múltiples, de estilo barracón42 y, con la condición de recogerse a media tarde,
como en una prisión.
Los criterios que propalaron los medios de información de la época, achacaban
el incendio: “a lo endeble y transitoriedad del bohío de yaguas y guano, y más
contados con tabla, propio de las edificaciones de esto barrios”. (Roig,1966: t

39
Tomado de: Palabra, Revista de la Arquitectura. Autora: Perla Cartaya COTTA. La Habana.
JUNIO / 2008 No.175.(p. 65)
40
Del historiador: Antonio José Valdés (1780- ?). En: Historia de la Isla de Cuba y en especial
de La Habana, Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964.
41
Pedro José Guiteras, (2005): Primeros historiadores del siglo XIX. (Volumen II) Imagen
Contemporánea. La Habana, Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, p. 74
42
Construcción estilo barracas, y ¡de materiales muy volátiles!, porque sufrieron similares
incendios. 83 84 Roig de Leuchsenreing (1889-1963), por muchos años historiador de la ciudad de
La Habana.
38
I,38) Sin embargo, una investigadora norteamericana, escritora de temas cubanos
y muy citada por el historiador de la ciudad Emilio Roig de Leuchsenreing: Irene
A. Wright,43 decía algo más de las casuchas de pobres: “…a causa de sus
materiales se quemaban fácilmente […] Era el argumento de mayor peso
--ampliaba la Wright--, en boca de las autoridades, desde épocas tempranas de la
Habana colonial, para que fueran trasladados y eliminados de los entorno de
blancos; porque – añadían--: «los negros serán ocasión de muchos males»”. (38)
Los hechos obligan a la reflexión; y, de primero, el factor de la fecha que
debemos aclarar en lo posible. Si es posible contabilizar varios incendios, fue
todo un proceso de exterminio; de manera que mejor también señalar: fue
responsabilidad de la Gobernación colonial.
Debe insistirse en establecer claro, la demarcación del vecindario del Manglar,
espacio habitacional que fue por excelencia de los negros curros sevillanos dentro
del entorno geográfico del barrio «Jesús María», donde, y antes de la llegada del
emigrante curro, recoge en la cita, ya mencionada, de la etnógrafa Lydia Cabrera:
En el Jesús María (los Barracones), donde brillarían los Barondó, los
Eforiankómo, se distinguieron los Curros, petulantes y rijosos…”; (1969-b:s/p)
que deja esclarecido lo de ese entorno combinado adjunto al antiguo emporio
astillero-arsenal. Lo meritorio, además, de la cita, es precisamente la obligada
referencia a las poderosas potencias Abakuá mencionadas (Barondó y
Eforiankómo), y a la realidad de que estas cohabitaron con los curros en dicha
barriada tuvieron el asentamiento poblacional los miembros de la Confraternidad
Abakuá, como trabajadores que eran del Real Astilleros, luego Arsenal. Vale la
ocasión para releer la definición de época que de Barracón ofrece el Diccionario
Novísimo Pichardo…vasto paralelogramo con tantas habitaciones como siervos,
las cuales dan al patio interior; cerradas las puertas de esta especie de cuartel,
quedan aquellos en completas seguridad durante las horas de sueño.”44

43
La cita a Irene Aloha Wright la hace en su libro Roig.(1966) Como historiadora de la capital
publicó entre otros: Historia documentada de San Cristóbal de la Habana en la primera mitad del
siglo XVII. La Habana. Imprenta Siglo XX. 1930.
44
PICHARDO NOVISIMO o diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas”.
(1953). Edición original en Matanzas, 1836. (El dato dice Pichardo, lo tomó de J. García
Arboleya, de su Manual de la Isla de Cuba. 2da. Edición,1859)
39
De Capitán General, Don Luis de las Casas, el primero de los llamados
ilustrados en tiempo del Carlos III, y alcanzara renombre, además de por su labor
en favor del desarrollo social, económico y cultural de la colonia, por sus Bandos
del Buen Gobierno para la ciudad de la Habana. Bandos que promulgó a poco de
su llegada a la gobernación de la Isla en 1792. Y lo más destacable que había en
el fondo de estos bandos de estricto cumplimiento, era: “Atendiendo a que […] se
hallan en calles habitadas de vecinos honrados, que justamente reclaman la
incomodidad [...] y a que los solares ocupados con ellos merecen ser fabricados
de modo que adornen, o complementen la población […] mando que dentro de un
año contando este día, todos… se pasen a las orillas de la ciudad”.45 Estos Bandos
llevaban como principal objetivo el desahucio de los espacios negros ocupados en
la ciudad, como el caso señalado del barrio Jesús María; en los que, a la supuesta
consideración de embellecimiento urbanístico, se le añadían las propias
características subversivas que ofrecían sus principales habitantes: curros y
Abakuá.
El estudioso Menéndez Alberdi afirma que fundado el Papel Periódico de la
Havana sus páginas dieron cuenta de una profusa publicación de décimas, “a
granel”. (Menéndez 1986: 36) Pero el tema merece algunos comentarios más. En
el documentado libro: La Poesía Lírica en Cuba (tomo I)46 José M. Carbonell
señalaba de la aparición pública del Papel Periódico de la Havana era la primera
publicación de carácter literario y económico en el país; una fuente abundante de
nuestra poesía --y en particular de décimas. Y, agregaba más: es que, “a partir de
1790 comienza nuestra historia”, en este caso como nación; porque antes,
--recalca--, “la poesía lírica no había florecido en el país en el por fenecer siglo
XVIII”. (Carbonell,1928:92) Pero las pesquisas de Carbonell fueron más allá al
agregar: que el “punto de vista” de una importante parte de la poesía aparecida en
el Papel Periódico estaba cargada de sátiras contra la mujer.(Ídem, 92) Y, lo más
importante: el segundo tipo en proporción, de esa poesía publicada en el

45
En Los Ilustres Apellidos Negros en La Habana Colonia, de la Dra. María del C. Barcia, La
Habana, 2009, pp.122-123.
46
Colección de varios tomos que con el título: Evolución de la Cultura Cubana (16081926),
escribe en 1928 Don José Manuel Carbonell y Rivero, Presidente de la Academia Nacional de
Artes y Letras, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y Correspondiente de la Real
Academia Española.
40
Periódico, según el balance hecho que incluye el polígrafo Carbonell, era entre
otras --dicho justamente--: “el incendio de Jesús María, de décimas anónimas o
con seudónimos. Las décimas que se adjudicaban firmantes eran de otros temas,
hechas por españoles” –concluye la cita de Carbonell. (93)
Pero valoremos algo más. En los finales de ese I Tomo, se incluye del también
poeta Ramón de Palma y Romay un apéndice: Cantares de Cuba, donde, escribe :

“las glosas de los guajiros con las décimas que a cada paso se improvisan en las
ciudades, y las que hace los versistas de pueblo en conmemoración de algún
hecho escandaloso. (Carbonell: 321) De hecho, dice el historiador Emilio Roig
(1966: tomo I, 215): que para la colaboración y comunicación espontánea con el
público”, desde el primer número del Papel Periódico de la Havana, se creó una
caja, a manera de «cepillo de ánimas», en que se echaban los artículos, poesías,
cartas etc., estando el propio Capitán General de la Isla, Don Luis de las Casas, de
redactor… Y la selección a publicar de estas colaboraciones la hacía además, el
redactor… La caja se suprimió en 1809: “porque se había convertido en un
depósito de libelos infamatorios”, argumentó que esgrimió, para suprimirla, el
redactor de turno: Don Tomás Agustín Cervantes. (Carbonell: 215). En definitiva
puede que más que infamatorios fueran inflamatorios; y, precisamente, por
referirse a los incendios del Jesús María en la pluma de los curros.
Todo contribuye a indicar existieron tres grandes incendios en Jesús María, en
1802, en 1826 y en 1828. De este último nos ofrece datos el Emilio Roig de
Leuchsenreing, cuando se discutía mantenerle o no, el nombre a la Calzada de
Vives: “Porque se construyó, después del segundo incendio de Jesús María, en
1828, de Capitán General de la Isla Dionisio Vives…” (Roig,1966: Tomo II,52)
Y de los incendios dieron cuenta los bomberos de La Habana, recogido en sus
Archivos de la época… Cómo los que reseñó en trabajo leído en la Sociedad de
Higiene de La Habana, el Dr. D. Antonio de Gordon y Acosta: “En la tarde del 25
de Abril de 1802 siendo Gobernador de la Isla el Marqués de Someruelos, tuvo
lugar el primer voraz incendio de Jesús María, que duró dos días y redujo a
cenizas 194 casas; quedando sin hogar y en la miseria gran número de sus
habitantes”. Y, en la misma página y sólo con la reseña de otro incendio de por

41
medio, se inserta la información del nuevo; aunque no especifica año, el tiempo
entre ellos no debió ser mucho, cuando dice: “El 11 de febrero tuvo lugar el
segundo incendio del barrio Jesús María, el cual no fue menos desastroso que el
anterior, pues fue grande el daño que ocasionó”. (1894:16)47
No se debe olvidar que el Manglar fue sólo un espacio dentro del barrio mayor
de Jesús María, el asiento poblacional de la emigración sevillana de los negros
curros; venidos para cubrir la empleomanía urgida como necesaria para el Real
Arsenal luego de la devolución de éste por los ingleses. Por su parte, en los otros
espacios habitados del Jesús María, se asentaban, igual como empleomanía,
criollos, de mayoría negra, entre los que se destacaban las señaladas, entre otras,
confraternidades Abakuá o de ñáñigos, que como gremios laboraban de mucho
antes, en la gran fábrica de navíos de la Real Armada. Y como se indicó: de
Astillero es transformado en Arsenal, y en sitio anexo, cercano a la segunda mitad
del siglo XVIII. En definitiva, estos fueron, en más o menos proporción, los
parajes que debió conocer el prolijo novelista costumbrista Villaverde para que,
en sus suficientes y definidos espacios ubicara el hábitat del personaje curro del
Manglar, Malanga, en su novela Cecilia Valdés: “Trazamos ahora aquí con
brocha gorda la vera efigie de un curro del Manglar, en las afueras de la culta
Habana […] traía nuestro curro la vuelta del Campo de Marte”.(Parte IV: Cap.
I)
Se conformó la secta-mutual en el medio y con predominio del laborante y sus
capataces, a pie de grada en el Arsenal. La mutual, secta –nombrada igual logia,
potencia, o tierra-- Abakuá o de ñáñigos, fue primero mulata y luego multiétnica
por razones propias de su expansión en el medio criollo. Las cuadrillas de obreros
en el Real Arsenal se habían ido nutriendo, mayoritariamente, con los mulatos y
morenos; quienes rápidamente se aplicaron a casi todas las actividades que
generaba el Arsenal, dentro y fuera de sus instalaciones oficiales; toda vez que el
español que arribaba desde la Metrópoli evitaba desempeñar profesiones
artesanales. La complejidad de la mano de obra que tenía el obrero específico del
Real Astillero luego Arsenal, no suponía iguales características al de los muelles,

47
Antonio de Gordon y Acosta: Los incendios, los Bomberos y la Higiene. Trabajo leído en la
Sociedad de Higiene de La Habana, el 5 de Julio de 1894. La Habana. Imprenta A. Miranda y Cía.
42
incluso para el dedicado de siempre a la carena y reparación de embarcaciones
menores en el puerto habanero. De forma que no era el mismo sector laboral ni
tenía iguales prerrogativas e intereses, aún económicas. Sin embargo, las
mutuales Abakuá que surgieron dentro del Real Arsenal, terminaron por absorber
a una gran mayoría.
Fernando Ortiz, 48 reconocido etnólogo, contrapone los ñáñigos o Abakuá a los
negros curros sevillanos que llegaron a compartir allí empleos; al plantear una
suerte de evolución diferente en las formas de comportamiento características de
tales agrupaciones. Por su parte el especialista chileno, Jorge Pavés, definía los
negros curros por una performance vestimentaria, un dialecto castellano
ostentoso expresado fuerte y públicamente, un exacerbado individualismo,
sumado a su filiación sevillana; a los que sucedían los negros ñáñigos, cultores de
la discreción y el secreto, corporativistas, de procedencia lingüística y ritual
africanas. (2006: 665) También para el ñáñigo o Abakuá se generalizó la
afirmación que la primera agrupación que se instituía como tal, y oficialmente en
los registros de las instancias españolas, se dio en la cercana población de Regla
con características y naturaleza más propia de un acatar religioso.

Respecto a las prácticas rituales, es preciso hacer comparaciones


antropológicas con el régimen de las llamadas sociedades secretas de los
pueblos colocados en el delta del rio de la Cruz. (Calabar, África) La
procedencia de la mayor parte de los esclavos ñáñigos, de los libertos o
emancipados de esta región acaso nos explique la causa de que solo en
esta provincia en Cuba hubiera ñáñigos…(Martín:48)

El profesor e historiador Juan Luís Martín, sumaba razones a los sucesos


acontecidos en tiempo de la aparición de las logias-potencias ñáñiga o Abakuá
reglanas. Y agregamos ha seguido esa otra argumentación que aporta el propio
investigador: “…porque (Regla) podía mantener mejor comunicación con los
pontones ingleses fondeados en la bahía y tripulado por negros, de hecho
súbditos británicos. Cuyo contacto facilitaría la conspiración, a la que muchos
serían atraídos por razones religiosas… afinidad con la entidades abolicionistas y

48
Abundantes consideraciones en esta dirección puede encontrase en su libro Los negros curros,
(1995), compilación post-morten de materiales de Ortiz, de la especialista Dra. Diana Iznaga.
43
los juegos secretos ayudaría…” La aparición de esa primer sociedad secreta
ñáñiga coincidía con la mayor intensidad del Abolicionismo, en el que se
advierte, dice: “cierto matiz weysleriano, negros anglicizados, 49 entre los
ñáñigos,” y sumándolos a otros compromisos religiosos. Al tema Argeliers León
agrega además: “Se vivía en esa época de un intenso movimiento esclavista y de
serias contradicciones de ese lucrativo comercio con hombres, además, el
abolicionismo cobraba fuerza y se llenaba de matices políticos…” (1881:79)
Realmente fueron un fenómeno de la vida colonial las agrupaciones en defensa
de los esclavos; de grupos filantrópicos de libertos afines con las entidades
abolicionistas de promoción inglesa para introducir, como agentes secretos, los
iniciados de las sociedades Abakuá; y según el historiador Martín, era una de las
maneras de los ingleses de organizar a los esclavos, y afrodescendientes, en una
conspiración abolicionista contra España: constituirlos en sociedades secretas
propias… y sumándolos a otros compromisos religiosos. A ello añade: “…el
barco inglés que se estacionaba en el fondeadero de Regla, …el contacto con
iniciados propiciaría las conspiraciones.”50
Nada desmiente que la reaparición de la primera potencia de ñáñigos o Abakuá
apareciera en Regla cuando el respaldo inglés fuera en firme, y así obligar fuera
inscrita, oficialmente, en 1836, en los registros legales de Regla. Y dos hechos,
nada casuales tampoco, se sucedían coincidiendo en tiempo: el primero, la
ratificación de un nuevo tratado entre Inglaterra y España para interceptar el flujo
esclavo. La esclavitud se había abolido en Inglaterra en 1934, el año anterior al
Tratado que se concretaba entre las dos naciones en 1835. La abolición la había
asumido Inglaterra y obligaba a España hacer lo mismo. De manera, que casi
coincide la aparición de la ʻprimeraʼ potencia en Regla, con la de los llamados
emancipados… a causa de los tratados… Y el otro hecho que aporta condiciones
para su aparición lo aporta la reina española Isabel II; cuando se procuraba el
apoyo inglés accediendo sin muchos reparos al nuevo Tratado; el que, en uno de

49
Son formas de las religiones protestantes, en este caso inglesas, muy comprometidas en estos
trasiegos humanos para captar feligreses, mucho más activos que los católicos.
50
Datos tomados del libro separata, del doctor Juan Luís Martín a título de “Esquema sobre los
factores alógenos de la población cubana”, La Habana, 1944. “Temas complementarios sobre la
geografía social de Cuba”; que edita para sus alumnos de la Escuela Profesional de Periodismo:
Manuel Márquez Sterling.
44
sus anexos planteaba un reglamento para el buen tratamiento de los esclavos que
se emanciparan. El historiador Le Riverend añade que en definitiva a los grandes
hacendados en la Isla no les venía mal el comportamiento de Isabel II, ante los
“brotes sediciosos en las congestionadas zonas de La Habana y Matanzas”;51 con
pronunciamientos afines de ideólogos como José A. Sacos.

Tacón hostilizó y dio caza en las aguas de la Isla á varios buques


mercantes, pretextando ser negreros; ya cuando en Agosto de 1837
plantaron
los ingleses en el centro de la Bahía de la Habana el Pontón Rom-Ney
con el aparente destino de depositar en él los negros que la Comisión
Mixta declarase libres.(45)Comprado el pontón en $14,000 en 1846 por
el Gobierno Español, que izó el pabellón nacional el 9 de Enero de dicho
año.

Objetivamente, esta secta-mutual ha causado muchas desazones y zozobras a los


investigadores. Y, mucho dice el libro citado del Dr. Martín, donde dedica largas
páginas a descifrar aspectos del ñañiguismo en Cuba, llenas de reflexiones y
cargadas de incertidumbre. Martín los define muy preciso:

Pero aunque el ñañiguismo, en sus cualidades todas, es un fenómeno de


la vida colonial, tiene sus gérmenes y estímulos en África […] y tantos
años de conocido en Cuba, una existencia accidentada, como agrupación
de defensa de esclavos, como grupo filantrópico de libertos, acaso como
sección de afinidad con las entidades abolicionistas que tal es
introdujeran sus agentes (agentes de las sociedades africanas) en la
colonia, en un tiempo como camorra destinada a sujetar los esclavos al
yugo por la coerción de los juegos secretos…” (47)

Por otro lado, se han dedicado estudios a la lengua ñáñiga o Abakuá que
hubiesen refundido los africanos ya en Cuba, y sus descendencias… Y realmente
no fue cómo una lengua para entenderse con los españoles, ni menos a la inversa.
Fue, llamémosle parla; muchos de sus elementos procedían de parte de la región
al frente de Fernando Poo;52 y que, luego acá, sirviera para comunicarse los
ñáñigos entre sí en la potencia; y, que no lo entendieran ni los españoles, ni los
51
Historia económica de Cuba. Julio Le Riverand. La Habana. Ediciones Revolucionarias. 1971.
52
Con el nombre de Fernando Poo, posesión y penal español, hoy Bioko, en Guinea Ecuatorial.
45
criollos no iniciados a una de las logias secretas. Las referencias reafirman: “que
no puede decirse que el ñáñigo sea un idioma, o un dialecto africano; es un
conjunto mínimo de voces africanas, convencional, que se sueldan aisladamente,
procedentes del Calabar…” (Martín,1944:55-56) Y otras voces que se agregan
incluso de las germanías españolas… que identifica un singular entramado de
lenguas. Al estudio y cotejo de las cuales dedica Martín la mayor parte de su
trabajo; dictamina que lo más actual que podía investigar […], nada o muy poco,
tenía que ver con la primitiva lengua conocida de los “apapá”, que dio vida a la
primera logia-mutual, que existiera en la marítima Regla. Y no entraremos en
todas las voces que se integran, procedencia, características, raíces y otras
modalidades, que devela dicha investigación. Fue el Abakuá una entidad criolla;
en demostrarlo también se ha sido minucioso.
El doctor Martín53 dedicó particular énfasis al lenguaje de las distintas se etnias
representadas en Cuba, y va estableciendo pautas a lo que sucede con los ñáñigos.
Así, en el acápite que titula. Los lenguajes y el criollo, menciona el generalmente
practicado por las llamadas Sociedades Secretas, no necesariamente de Abakuá
varias veces.
¿Qué significado especial tenían? Las menciona como instituciones tratantes de
esclavos. --“Su hijo (dice Martín refiriéndose a Guzmán Blanco quien fuera
Dictador de Venezuela), era el gran sacerdote de las sociedades secretas
tratantes, lo cual significa que éstas ya admitían a blancos y mestizos”. (1944: 39)

El Conde de Jaruco y los Abakuá en Matanzas.


También serían dignas de describirse las operaciones públicas
del conde de Jaruco o Mopox, sus viajes, su fausto, mejoras que
dio al país... (A. J. Valdés,1853:154)

El conde Jaruco fue nombrado presidente de una Comisión especial en Madrid


en 1796 para reconocer la Isla de Pinos, la bahía de Guantánamo y otros puntos
de la Isla y asentar en ellos nuevas poblaciones. Fueron nombradas además, otras
personas que integrarían dicha Comisión Los Generales Montalvo y Arango; los
hermanos Félix y D. Francisco Lemaurt, Tirry, Martín S. Aróstegui y Herrera y

53
Profesor de Geografía de la que fuera Escuela Nacional de Periodismo “Manuel Márquez
Sterling”.
46
otras personas formaron dicha comisión, con el encargo de elaborar memorias,
informes y otros trabajos, para ampliar la divulgación. De ello se decía que eran:
Proyectos para fomentar una población en Nipe; establecimiento del Puerto de
Mariel; descripción de Guantánamo; Terrenos realengos de id.; Presupuestos de
id; Reconocimiento de la, parte Oriental; Terrenos realengos de Holguín, Nipe
y Mayarí; Fomento de Matanzas; Descripción de la Isla ele Pinos; Informes
sobre caminos: Insectos de la Isla de Cuba.
De los informes dados a la publicitado, la Comisión informaba de: “…Juan
Montalvo y O'Farril… que ya Brigadier fue ascendido a Mariscal de campo en
1843. Se les orientó reconocer la bahía de Guantánamo, visitada por Colón, que la
llamó Puerto Grande y los ingleses Bahía de Cumberland, por la que desembarcó
el 18 de Julio de 1712 el Almirante inglés Vermon, quien en 1741 estableció allí
una población con el nombre de Bay Incomberland Harbour. En dicha fecha
arribaba a dicha bahía una escuadra inglesa, con el propósito de construir el
ferrocarril en la Habana aunque una gran parte de sus integrantes arribó
padeciendo la epidemia del vómito negro. Con conocimientos de agricultura, se
construyeron los ingenios azucareros El Desquite y San Ignacio, en Canasí.
Trabajó en el naciente poblado de Madruga, en su fomento, Martín S. Aróstegui
y Herrera donde se descubrieron baños medicinales en 1796. Así también otros
formaron parte de la Comisión del Conde Jaruco, y publicó trabajos en 1802. Y
algo muy importante que a la larga da razón de la presencia de los Abakuá en
Regla: “La Comisión: “…contribuyó al establecimiento en el Mariel y en
Matanzas de las familias que de resultas del primer incendio de Jesús María, se
hallaban errantes é indigentes”. (Rosain,1875:177) (Se respeta la ortografía
original)
Los integrantes de esta secta-confraternidad, al igual que otros
afrodescendientes igual, como los negros curros sevillanos, al perder sus trabajos
en el Real Arsenal, que cerraba sus puertas con el fin de siglo, y ser non grata sus
viviendas y pobreza; sufrieron del desalojo inducido por incendios, como hemos
señalado. Uno de ellos de la responsabilidad del Capitán General de la Isla, el
marqués de Someruelos. Una versión de los incendio en Jesús María, la escribe el
en su momento Historiador de la Habana, Emilio Blanchet:
47
Durante los días veinticinco y veintiséis de abril de 1802, las llamas
consumieron en la Habana ciento noventa y cuatro casas del muy
populoso barrio de Jesús María, quedando sin hogar más de diez mil
personas. Muchas se albergaron en barracas hechas á costa de la Real
Hacienda y los Propios, otras se refujiaron en conventos. Abrióse una
suscricion para el socorro de tal calamidad y Someruelos anduvo de
puerta en puerta recojiendo limosnas. Quizá desapareció entonces en el
pueblo la opinión de que el Capitán general era duro con los pobres. (Se
respeta la ortografía original) 54

Por su parte Domingo Rosain,55 ampliaba más con otros pormenores del conde
de Jaruco: “D. Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, nació en la Habana el 10 de
Setiembre de 1769 y dedicado á la carrera de las armas llegó á Mariscal de
Campo. Muy niño quedó huérfano y abandonado á sus luces naturales y á su
amor al saber…” (Ídem) A los l1 años de edad vistió el hábito de dominico y fue
catedrático de Teología, de Moral y de Sagrada Escritura. En Marzo de 1789
marchó a la Península ya capitán de Infantería, viajando por las principales
capitales de Europa, ingresó en Guardias de Corps en la compañía de Caballeros
Americanos, que fundó en sociedad con el Marqués de Casa Flores. Fue
Subinspector de las tropas de la Isla.
Comisionado real para dirigir la antes señalada Comisión especial de estudio
geofísicos, lo que le permitió hacer estudios, cómo el ejecutado para el canal de
Güines. Puede señalarse además, que su animosidad le llevó a fundar, cerca de La
Habana, la población de Nueva Paz en 1801. Solicitó, desde 1767 que de las
temporalidades de los Jesuitas se extrajese cierto fondo con la calidad de
reintegro para la dotación do las cátedras de la Universidad, sin cuyo subsidio no
podía sostenerse la de Matemáticas. (Rosain,1875 :177-178) En los terrenos que
ocuparon sus ingenios se hallaron restos de la primera máquina de vapor que él
introdujo. Carlos IV le concedió el monopolio de poder extraer azúcares para
España en buques extranjeros. La casa de este opulento habanero fue el centro de
cuantos hombres de mérito visitaron nuestras playas.
54
Emilio Blanchet, (1866): Compendio de historia de Cuba. Matanzas, Imp. A. del Yumurí.
55
Historiador y médico Dr. Domingo Rosain: Necrópolis de La Habana. (1875). La Habana.
Imprenta El Trabajo.
48
Y lo más destacado, como antes señalamos y ahora subrayamos: que a resultas
de las catástrofes incendiarias habaneras provocadas por la élites en el poder en
Jesús María, miles de familias negras fundamentalmente, quedaran sin hogares ni
recursos, ante lo que tanto el conde Jaruco y la Comisión que dirigía,
contribuyeron a su ubicación: “… al establecimiento en el Mariel y en Matanzas
de las familias que se hallaban errantes e indigentes…”; familias negras de
mayoría Abakuá y curras… que a causa de incendios a la barriada Jesús María,
“se hallaban errantes e indigentes”, en lo que hemos venido insistiendo. Y muy
significativa la cita, no solo por los valores humanistas que pudieron haber
animado los sucesos; sino además, por lo que explican de la presencia de curros y
ñáñigos fuera de La Habana --y en específico fuera del Jesús María--; y de su
aparición social en esos nuevos territorios indicados, cercanos a La Habana, de
donde eran expulsados.
Las peculiaridades personales del conde de Mopox o Jaruco las recoge
Villaverde en su ejemplar Cecilia Valdés. Novela con una temática básicamente
historicista, su tiempo-relato es contentiva, según el propio escritor, de un período
comprendido entre la segunda y tercera década del siglo XIX. Es ahí donde
refiere de este singular personaje Jaruco, de grandes aciertos humanistas aún su
procedencia esclavista, todo en unas cortas pinceladas muy bien dispuestas. El
lector lo apreciará a través del matrimonio esclavos suyos, y así denominados
Dionisio Jaruco, cocinero, y su esposa María de Regla, ahora comprados por la
familia Gamboa. Ambos con una cultura que se aprecia por un lenguaje
comunicativo cotidiano impecable, que Villaverde lo justifica por estar al amparo
del ese piadoso conde de Jaruco o Monpox.
El novelista añade, que el matrimonio esclavo de Dionisio y María de Regla a la
muerte del conde fueron vendidos fortuitamente, empobrecidos sus familiares por
las deudas que aquejaban al conde.

Alud bantú y semibantú de congos y carabalíes. S. XIX.


Aquellos carabalíes que vinieron a la tierra de los blancos a servirles de esclavos,
traían en su cabeza el recuerdo de la voz de Ecué. Lydia Cabrera.

49
56
Según el diccionario cubano de términos y referencias Congas, se puede
establecer el origen del reino del Kongo en el siglo XIV. Sobre la segunda mitad
de dicho siglo y dentro de la dinámica de expansión de los pueblos bantúes,
grupos de la etnia de los bakongo procedentes de lo que hoy es la zona de
Kinshasa cruzan el río Congo, llamado Nzaidi por los nativos, hacia lo que hoy es
Angola, sometiendo a los pueblo locales y estableciendo su capital en Mbanza-
Kongo:

“Congo: 1. // Este término, como etnónimo y como denominación


genérica es común en las Américas y el Caribe debido a la cantidad y
variedad de esclavos transportados. Referidos con la denominación
metaétnica congo, condicionada por su denotación topográfica e
hidrográfica, relacionada con el territorio y el río, se han identificado en
Cuba a muchos africanos de origen banda, boma, bubi, fang, kamba,
kongo (propiamente dichos), kuba, marawi, mbala, mbamba, mbundu,
ndamba, nganguela, nhaneca-humbi, ovimbundu, rundi, songe, sundi, teké
y yaka, un amplio grupo de pueblos extraídos de sus respectivos
territorios de origen y vendidos en diferentes momentos históricos a
través de esa gran cuenca fluvial. En República Dominicana, donde
también se reporta la denominación manicongo, esta cultura se
transculturó fuertemente en la colonia, y varios de sus rasgos pasaron a
la dominicana. La toponimia criolla recoge, por su parte, el Cerro de los
Congos --provincia de Peravia--; los Llanos de Francois Congo y las
secciones de Fransuá Congo –Pedernales- y Palma Conga, en San Pedro
de Macorís. Esta denominación se reitera en Brasil, México, Colombia,
Venezuela, donde también se reportan como embuila y luango. 2. // Se
refiere a manifestaciones músico-danzarias y religiosas procedente de
esta región.57

Siguiendo, cronológicamente, los comportamientos de las sociedades secretas


ñáñigas; en un inicio gremio obrero, de base originalmente negra, luego
multiétnica. Ya cerradas las puertas del Real Arsenal de La Habana, entrado el
siglo XIX, nuevas opciones debió buscarse el Abakuá o ñáñigo. Esa parte de la
sociedad deslindada del poder y los beneficios sociales, encontraba su medio en

56
Tomado del Diccionario Congo. La Habana 2008-10. [Digital]
57
Ver compilación de términos realizada por Margarita Mejuto y Jesús Guanche Consejo
Nacional de Casas de Cultura Ciudad de La Habana, 2008.
50
La Habana subalterna. Principalmente sufrió trasformaciones cuando cambió
mucho la etno-conformación de la inmigración esclava desde Africa. Ese
momento, habla de un antes y un después de estas sociedades-confraternidades.
Estos sucesos quedaban muchos fuera de la gran historiografía socio-política,
imbuido el país en las guerras independentistas; generalizadoras y muy activas en
la segunda parte del siglo XIX, mientras la esclavitud continuaba en el país con la
nueva presencia de miles de hombres –y mujeres--, que se traían de África.
El mencionado etnólogo y profesor Martín, en su documentada Separata:
“Factores alógenos de la población cubana”58, señalaba aspectos, que aún su
extensión reproduciremos:

Hay en el interior del Calabar una zona riquísima en restos de una


antigua civilización, tan antigua tal vez como la de Ilé, Ifé o la de
Zambezi […] luego vinieron los ibos, arraigados en Ogoja, en Werre y en
Calabar […] los portugueses hallaron los ibis en la zona del rio del Rey
[…] Allí los halló la trata negrera […] y remitieron a los países
americanos pueblos enteros. (pág. 43) […] enviando miles y miles de
ibos, a Cuba y al Brasil. […] la guerra entre los tratantes Amakiri y
Peble, contribuyó para que entre 1845 y 1850 fueran enviados a Cuba,
grandes núcleos de los llamados “carabalíes”… los calificados de
bricamos apapás, bilis, briches e ibos; bantúes y semi-bantúes, que
hicieron rugir, en los cuartos fambás, de nuestros ñañigos, la voz
milenaria del oráculo de Aro-Chuku, el Delfos de África […] los
negreros aprovecharon las diferencia lingüística entre los bantúes
(congos)… y los semi-bantúes (carabalíes)… (44) (El subrayado es
nuestro)

De hecho, la avalancha de congos y carabalíes afectó, significativamente, la


propia institución Abakuá. Ya entrados los primeros años de la Revolución, en
1959, podía notarse fuertes manifestaciones culturales de esas procedencias
étnicas africana que aún pretendían imponerse en ciudades como centro-sureña
Trinidad; llegadas a Cuba con fuerza en los últimos años de esclavitud… ¿Qué
sucedió realmente con los carabalíes en el siglo XIX…? Veamos antes lo que

58
La Habana, 1944.
51
señala Bronislaw Malinowski59 sobre el proceso de transculturación que nos sirva
de base:

Todo cambio de cultura, o como diremos de ahora en lo adelante,


toda  transculturación, es un proceso en el cual siempre se da algo a
cambio de lo que se recibe [...] Es un proceso en el cual ambas partes de
la ecuación resultan modificadas. Un proceso en el cual emerge una
nueva realidad, compuesta y compleja; una realidad que no es una
aglomeración mecánica de caracteres, ni siquiera un mosaico, sino un
fenómeno nuevo, original e independiente.

Por su parte, el propio creador del término-concepto, Ortiz, opinaba: “en todo
abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la
criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es
distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación,
y este vocablo comprende todas las fases de su parábola”.60
En esos años finales de la esclavitud, que finiquitó en la década del 80 del
siglo XIX, se había incrementado el envío desde África de miles de esclavos de
las etnias carabalíes y de congos; de las zonas del continente negro de “riquísimos
restos de antiguas civilizaciones. (Martín:43) Zonas afectadas de conmociones,
“arrojaron sobre las costas del Calabar fuertes contingentes…”(43-44); y, a
seguidas, tratantes como Amakiri y Peble, “arrojaron miles y miles,
principalmente ibos, a Cuba y Brasil…” De 20,000 esclavos que los barcos
lograron conducir a América, 16,000 eran ibis. Y, por otra parte, luchas internas
entre tratantes, en particular entre los mencionados Amakiri y Peble contribuyó a
que se enviaran a Cuba, grandes partidas de carabalí; y como antes señalábamos,
predominaban los bricamos, apapás, bilis, ibos… --y dice más, enfático, Martín--,
“que hicieron rugir en los cuartos fambas de nuestros ñáñigos, la voz milenaria
del oráculo de Aro-Chuku, el Delfo de África, condensada en los Ekué…”;(44)
como antes señalábamos. Sin embargo, debemos considerar que cuando releíamos
59
Bronislaw Malinowski, 1940: “La transculturación, su vocablo y su concepto”. Revista
Bimestre Cubana. La Habana, nº46, pp. 220-228.
60
Tomado del trabajo: “El estudio del arte negro en Fernando Ortiz”, de Diana Iznaga Beira,
publicado Online, por la Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2019.

52
el cuadro que anexa de los Cabildos habaneros la Dra. Barcia en “Los Ilustres
Apellidos: negros…”, no aparece registrado cabildo bricamos en La Habana antes
de la década de 1840… Sólo aparece un Cabildo “Cinco Naciones”, o sea quizás
incluyó al bricamo, en 1827, que no detalla lugar, y el otro en 1837. Los demás,
bricamos, a partir de la década de 1840 (1843, 1853, 1865, y 1876).
No obstante, Martín señala de: “trabajadores libres y esclavos de la ciudad,
carabalíes apapá chiquitos (hijos) auto-afiliados a los viejos cabildos de nación
carabalí, de código proto abakuá”. Y en otra parte añade: “Sin embargo, sobre
los fundadores abakuás [...] sus componentes eran negros criollos, basaban su
organización en un sistema jerárquico tribal, con sus jefe nominados en lengua
carabalí y mostraban un cierto orgullo en llamarse apapás, por ser hijos de
carabalíes apapás.” (51) O sea, sería ello un tanto difícil si aceptamos lo de la
primera potencia Abakuá en 1835 en Regla. Y repetimos otra información, muy
aportadora: “esa historia del mundo del Calabar reescrita por los Abakuás al
interior del fambá (el cuarto secreto de los ritos secretos) es la gnoseología de su
secreto”, suscribe la etnóloga Lydia Cabrera:61

Antes de las contiendas de los ñáñigos de Efor y de Efik, mucho antes,


desde los días lejanos de su fundación, apenas comienzan a importarse
africanos, La Habana presenció las pendencias y escándalos de los
esclavos, entre los que ya en época tan temprana, con biochos, jolofos,
capes, mangolas, biáfaras, briches, brán y congos, aparecen los futuros
fundadores del Abakuá, los carabalí.

Se hace necesario considerar los datos numéricos que ofrecen los cuadros que
anexa la Dra. Carmen Barcia sobre los Cabildos en La Habana, que pueden ser
ilustrativos de la gran presencia de las etnias de carabalí y congas en zonas
habaneras.62 De primeros, cuando fueron mayoría los Cabildos Carabalí
--incluyendo las referencia antes señaladas, en fechas--, desde la década de 1830
hasta la de 1870. La tabla confeccionada recoge la totalidad de los cabildos
existentes registrados, en los dos siglos, XVIII y XIX.
61
Lydia Cabrera: La sociedad secreta Abakuá narrada por sus adeptos. Miami: Ediciones C. R.
Colección del Chicherekú, 1969.
62
De su libro: “Los ilustres apellidos: negros en La Habana Colonial”, de: María del Carmen
Barcia. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales –Ediciones Boloña. 2009. (En: Anexos)
53
--Carabalí: 80 cabildos; en los que, de las décadas de 1830 a la de 1870: 29
--Congos: 42 cabildos; y en las décadas señaladas: 28
--Lucumíes: 19; y en las décadas señaladas: 6
--Ararás: 20; y en las décadas: 12
--Gangas: 8; y en las décadas: 6
--Mandingas: 11; y en las décadas: 8
En un libro publicado del polígrafo Ortiz, 63 éste va un poco más allá en la
crónica, que no caben dudas amplían sus anteriores reflexiones. Se refiere
específicamente, a “una poesía negra sacada de la liturgia africana”. Y añade: “se
trata de poesía realmente negra, tradicional y religiosa […] en los sagrados ritos
traídos a Cuba por lo negros de los calabares”. Y amplía las consideraciones:
“Tan sólo conocemos una composición lirica hecha en lenguaje africano de los
calabares, escrita en Cuba por la musa afrocubana. Podría titularse Gueyí barió
bakongó, por su verso inicial”. Y añadimos del comentario de Ortiz: Se compone
de cinco estrofas en el modelo métrico de las décimas castellanas. Los versos
está hechos con palabras carabalí, de las propias del lenguaje jergal y sagrado de
los ñáñigos, pero metrificadas como señalamos, con el arte retórico castellano, en
las consonancias casi todas agudas, y en los acentos, a veces transportados, por
exigencia del consonante, con esa libertad que se toman las musas negras con las
palabras de los cantos, para moldearlas según el imperio de sus ritmos. Un de las
décimas en lengua Abakuá:

Gueyí barió bakongó


Ekué Efi ya va enkama,
Ekutónerié moniná,
Umone. Ekué eritongó,
Erie uriabanga muñón,
Ordán, Efí, Ekueñón,
Obonekué, enkico enfión
Koria Abakuá, eromiyén,
Obonekué, enseniyén.
Inhuma batamú, musón.
63
Epifanía de la mulatez. Historia y poesía. (Compilación y prólogo de José A. Matos Arévalo)
La Habana. Colección Fernando Ortiz. Fundación Fernando Ortiz. Edición 2015.(pp:95-96)
(Poema completo, cinco décimas: pp. 354-356)
54
Y añade el etnólogo: “La estrofa final es un ditirambo a la deidad suprema o
Abasí, llamada también por los ñáñigos Eribó”
Bakongo sanseribó,
Karaguajo ifonetí,
Kamba Eribó abasisí,
Efori sese kondó,
Abanekue embemoró,
Abakuá yansereré,
Ekue, yaó, munangayé
Inua abanga insunékue
Asere ekruko abanekue
Enkamé ya Butamé

Tomamos, traducidas, las últimas cuatro líneas:


Ekué, pez, está callado,
El isunékue lo hace hablar
Saludos a todos los abanekués
Ya hable para el fambá.

El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales


centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las
tres grandes tribus conocidas de esa etnia: los ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le
atribuye la procedencia a lo que se conoce como el ñañiguismo. Los carabalíes
llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos
de africanos que sirvieron a los esclavistas en la colonia cubana. Aunque el tráfico
de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la
servidumbre colonial antillana hizo compleja esta composición, al confundir en
los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los
igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos más
importantes de Cuba.
Y vale reconsiderar que en 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía
habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñáñigo
abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo
negro carabalí: Appapa Efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el

55
gobierno español y debían servir a tales fines al registrarse oficialmente como
centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana. Y, al
igual que los de carabalíes, los hubo lucumíes, congos, y de otras procedencias
étnicas de africanos esclavos.
Forzoso señalar los elementos musicales congos en Cuba. Para su contrastación,
añadiremos algunos elementos más de la etnia conga, por la importante presencia
de alguno de sus Cabildos en la barriada habanera de Jesús María.
En relación a lo planteado por la Dra. Linares, donde dice: “Decimar, como
nombre de la acción de decir en décima, fue una forma de definir decimar de
los Congo; de referir o referirse a lo hechos por improvisadores en sus fiestas…”.
(1992:s/p) 64 Tenían cantos no rituales, que podían entonar “de manera incidental
e improvisados” –como lo recoge la Dra. Linares-- (Ídem) llamados managuas o
makaguas, que cataloga de satíricos y jactanciosos. Poco es posible añadir, ni aún
disentir, por desconocido lo señalado… Y a seguidas, explica algo similar, de
decimar, por los Negros curros… sin relación aparente, porque étnicamente no la
había. Puede que el congolés –o bantú--, esclavo en Cuba, bozal o descendiente,
conociera de la décima y de decimar y lo asumiera en sus tradiciones siendo parte
de la barriada habanera de Jesús María. La incorporación de la décima y de la
rumba como actividad celebracional del congo, se da en los inicios, en el barrio
de Jesús María y a tono con los factores propios curros y Abakuá! No hay dudas.
De lo contrario, aparecerían tales comportamientos y tradiciones en los distantes
lugares de la isla donde pulularon, al igual, congos; que no fue así.
Y, algo más; cuando se cantaban eso cantos --dice textualmente León--: “entre
los asistentes, varios pueden arrebatarse, el canto y empezar a hacer de solistas.”
(1981:74) (La cursiva es de León) Vea que en estos bailes y cantos makaguas o
managuas eran donde, como señalamos antes, habían contactos pélvicos como el
vacunao del guaguancó; para establecer relaciones de coincidencia, o incluso
imitaciones
Por los distribución geográfica de los Cabildos que hace la Dra. Barcia, (2009:
Anexos s/p) conocemos de Cabildos Congos en esa barriada de Jesús María, de
64
El término arrebatar ha sido usado indistintamente por ambos etnólogos: Argeliers León y
María Teresa Linares, para expresar en el Punto Cubano, o en el canto del Guaguancó, el
encuentro o controversia entre dos cantantes de décimas.
56
muy fuerte presencia y tradiciones curras. Sucede que en las Tablas (de datos)
anexas que dedica a los Cabildos Congos, menciona al Cabildo “Congo
Mucamba-Musundi”, situado en la calle Jesús María Nº 2, en el año 1801.
Algunos argumentos vinculatorios o relacionables entre sectores afros en Cuba
obligan abundar en los comportamientos de los conocidos por congos o bantúes.
León, en su libro Del Canto y el Tiempo, (1981) de interés por razones de la
especificidad que los trata en el capítulo que dedica a la música bantú.
Esta etnia arriba a Cuba desde las costas africanas, en los mismos albores de
conformada la colonia, propiciado por el sistema de la trata esclavista
implantado. Se caracterizaron, destaca de sus integrantes: “por ser individuos
muy moldeables y de fácil asimilación de vocablos y costumbres ajenas.”
(1981:61) Por lo que además se distinguieron por una mayor adaptabilidad al
nuevo medio… muy apreciados como empleados domésticos. Se conocen más
por sus destacadas prácticas rituales: la regla Kimbisa; la regla Mayombe y la
regla Briyumba. En su libro, Los bailes y el teatro de los negros (1951), Ortiz
habla de un curioso personaje, realmente criollo, André Petit, como gran
reformador; creador de la regla conga Kimbisa, como también artífice de una
ingeniosa síncresis de elementos congos y católicos.
De los Congos o bantúes, por interés del trabajo, mencionaremos algunos de sus
procederes en el medio nacional, teniendo como base el libro citado de Argeliers
León (1981: 5976), desde conductas que parecen más relacionables a
características adjudicadas a otros grupos afrodescendiente aquí contemplados,
que hacen dudar de sus verdaderos orígenes. Aunque ellos debieron influir y ser
importantes aportadores, dada su significativa presencia en esos años intermedios
del siglo XIX, a la par que sus congéneres carabalí. Vea elementos que nos
recuerdan unas al Abakuá y otras a los negros curros sevillanos:
1. Estos grupos practicaban el rito de iniciación.
2. Cuando bailan la danza conocida por makuta, la pareja logra el contacto
pélvico en el baile, como el vacunao.

57
3. Los congos del grupo abundante en Cuba loango, emplearon un tambor
65
llamado Kinfuiti, que en vez de percutir se friccionaba con una varilla de
madera. Era un tambor abarrilado, de 60 cms., de alto, por casi 40 cms., de
ancho; con el parche agujereado, por donde pasaba un cordel sujeto a una varilla
de madera que se frotaba y halaba, con las manos. (Foto adjunta)
4. El tambor Kinfuiti,
congo, era ejecutado por
músico –el kinfuitero--,
iniciado; detrás de una
cortina para que no se
viera la sagrada función;
y, al que se le ofrenda
sangre de los animales en
sacrificio; similar a los
tambores makuta, también
rituales. Abarrilado como
las tumbadoras curras, sí.
Incluso cuando no podían hacerlo con duelas, que los hicieron también; se
cortaban una “palma barrigona”, cubana.66 Si el Kinfuiti tambor de procedencia
congo-loangos, fuera una versión, imitada, del Ekué del ritual de iniciación
Abakuá; no caben dudas, que el nuevo artificio congo fue más ingenioso… Y del
fambá Abakuá y su tambor Ekué de fricción... En una esquina o parte lateral, es
un pequeño recinto, conocido por famballín --iriongo o fe-Ekué-, se encerrará y
ocultará celosamente el secreto máximo de cada hermandad: un tambor de
fricción, el Ekué, que, con el frotar rítmico de la mano que aguanta una varilla de
güin que se apoya en su parche, deja escuchar la voz de Tanzé. El Ekué se cierra
con una cortinilla de tela, en la que se inscribirá su Anaforuana distintiva.
(León,1972). Dado su importancia haremos un aparte para resumir sobre este
tambor de fricción del ritual Abakuá.

65
Kinfuiti, tambor abarrilado como las tumbadoras curras. Incluso cuando no podían hacerlo
con duelas, que los hicieron también; se cortaban una “palma barrigona”, cubana. (Ídem).
66
Argeliers León, (1972): “El círculo de dominación” en revista Universidad de La Habana, No.
196 – 197, 2-3 de 1972, la Habana, pp. 130–147.
58
No caben dudas de las aseveraciones, más que apropiadas, que emitía el
africanista y narrador Miguel Barnet de los congos en Cuba, y como lo expresa:
“La flexibilidad de las creencias, su origen remoto e impreciso, dio lugar a […]
una imaginación menos dogmática… más fantástica y creadora…” (1966:204) Y
la pregunta es: ¿de quién, primero, fueron las tradiciones y comportamientos?
¿Congas o de los Abakuá? Queda en una perspectiva conciliadora cuando se
contrastan los temas congos tratados con los de los ñáñigos o Abakuá; estos
resultan cercanos si aceptamos, en su ascendencia, lo de carabalí bríkamo. Desde
su re-inicios, en Regla, en 1835,67 mostraron muchas relaciones con los esclavos
de esa procedencia, del Viejo Calabar, en el África subsahariana. Y hay que tener
además en cuenta, que esa primera potencia Abakuá asentada oficialmente como
asociación, aparece en el portuario barrio de Regla, en La Habana suburbana, y no
en lo barracones plantacionales del campo, donde debió estar el mayor número de
estos Cabildos de nación carabalí y de congos en 1835 (o, 1834). Con este
antecedente, los nombres de estos cabildos junto con los recuerdos sagrados de
esta etapa de los ñáñigos, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros
se cuentan, además de Appapa Efik, Carabalí Abalo, Carabalí Insuamo-Isieque,
Carabalí Ibó, Carabalí Ingré, Carabalí Efik… Y entre las tierras del ñañiguismo:
Efik Butón, la iniciadora; Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí
Abakuá, Usagaré Mutanga… Las designaciones de los cabildos representan
consignar un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, así
llamadas las agrupaciones ñáñigas, donde aparecen, insistentemente, efor y efik,
la madre y el padre del Abakuá según el linaje tradicional asimilado ñáñigo,
criterios muy extendido entre estudiosos del tema,
Hay que insistir en algo a todas luces definidor, cuando se asegura que: “los
negros carabalís acostumbraban cortar sus dientes en punta”. Por su parte lo trae a
cuenta José Victoriano Betancourt en referencia a los negros curros…;
evidentemente equivocado, mal intencionado y como un estigma más; lo que
afecta, por extensión del criterio, la presencia social del ñáñigo en el medio
67
Afirmamos lo de re-inicio Abakuá en 1835 con la logia de Regla; porque, como hemos
insistido, existió antes, el gremio-mutual Abakuá entre los trabajadores del Real Astillero de La
Habana, desde la primera mitad del siglo XVIII. Y un poco más se corrobora: “Las mismas
causas económicas y sociales codeterminaron, con las étnicas, que en Cuba hubiese negros curros
y negros ñañigos conviviendo en la habanera barriada de Jesús María.
59
criollo. A todo ello, Ortiz acopia alguna información que, a su criterio, asevera de
la existencia de dientes en punta entre los ñañigos…: “propios, de los carabalí
bibis, que le llaman irentes, voz compuesta de irén ʻdientesʼ y ten ʻpuntiagudosʻ”.
Además, precisa el etnólogo: “Una de las lenguas o locuciones ñáñigas dice:
irenten bibí amanangó, que quiere decir “dientes afilados tienen los bibis como
amanangó, o sea como «el cocodrilo»”.68 Y menciona de otros cantos de los
ñáñigos, referido igual, de que tienen los dientes afilados como los caimanes para
defenderse…En fin, se insiste en catalogar al ñáñigo como un zoolatrico.
Ortiz, para ese estudio que le llevó varias páginas, debió servirse, de principio,
del relato, que por su parte elaborara de esta mutilación Villaverde en Cecilia
Valdés; o mejor decir: de la mala interpretación que se hiciera de la “descripción”
que de los dientes del curro Malanga apuntara el novelista al describir a su curro
del Manglar; y que se ha sostenido hasta nuestros días. Y añadimos la
descripción del curro del Manglar: Malanga que trae Villaverde, con sus
correspondientes floreos, a su Cecilia Valdés. Note que parte de establecer la
criolledad de su curro habanero Malanga: “…era la vera efigie de un curro del
Manglar”; cuando añade la necesaria procedencia identitaria, muy valioso, y
añade: “No es nuestro original el majo que viste traje andaluz”; cuando le agrega
algo a los detalles descriptivos que rompe con la realidad que estos tenían: “…
dientes de perro en vez de borde”.
De principio, Ortiz lo aceptaba, según esta otra cita: “Los curros tenían una
fisonomía peculiar […] y sus dientes cortados a la usanza carabalí”.(1995:38).
Sin embargo más adelante afirma: “Entre los negros curros no debió de ser
característica esta mutilación, o debió perderse muy pronto, pues no la menciona
más que J. V. Betancourt”(Ortiz:55) O sea, que también el Curro villaverdiano
tendría dientes punteados –o no--; un trabajo de dramática mutilación propio de
un africano, de nación, valga la redundancia, y no de un curro del Manglar como
Malanga, criollo del mismísimo orilleo habanero..! Y de un padre, esclavo
africano en Cuba, ¡que solo luchaba porque su hijo aprendiera a leer y escribir! Y

68
Para referirnos a los dientes como adornos –o como ritual--, entre los ñáñigo o Abakuá en
Cuba, nos servimos de las informaciones que acopia Fernando Ortiz aparecidas en su libro Los
Negros curros (1995:55-57); de mutilaciones poco probadas por desconocidas en ese medio en La
Habana,
60
lo repite Villaverde en dos ocasiones: “…su padre, bien intencionado africano,
tuvo siempre particular empeño en que recibiera alguna educación su callejero
hijo.”(2005:325) Y en la otra página, aporta más el novelista Villaverde:
“Rayaba en la adolescencia cuando su padre, desengañado de que las letras no
le entraban ni con sangre, le puso de aprendiz con el maestro zapatero Gabriel
Sosa…” (326) Es que Ortiz..., en el comienzo del propio libro, destacaba. Y
repetimos: … para los primeros (los curros) el impulso originario estuvo en la
Atarazana…”,(pág. 14) en la de Sevilla, en ese momento militar… ¡Un curro
sevillano, salido de dicha instalación practicando la mutilación dental carabalí..!
Desconocida hasta en las extensas novelas cervantinas cotejadas en Sevilla…
Lo relatado de mutilación no vale ni como ficción. Es que en Cuba no se
conocían de esos penosos arreglos bucálicos de ritual africano y de etnias muy
específicas, aunque Ortiz invirtiera página de su libro (1995:52-58) en demostrar
lo de dientes punteados a la orden, del continente negro en sus enviados, esclavos
bantúes y semibatúes. Ni Villaverde tampoco lo creía; porque era la suya una
supuestas primera visión exagerada del curro, para contrastar --lo que a muchos
ha confundido--, a lo que nos referiremos más detenidamente. Pero algo más de
esta supuesta práctica en cómo lo dice la descripción de Malanga que, a su vez, es
de las que menciona Ortiz en su libro “Los negros Curros”, vea: “…y dientes de
perro en vez de borde”. (2005:324) La que comparamos a una similar de entre las
otras que acopia Ortiz con una evidente contradicción. La cita que toma Ortiz de
Mary H Kingsley69 : “Frecuentemente se oye a un natural de estas tierras, que va a
que le limen o rompan los dientes, decir despreciativo de aquellos que no siguen
esta costumbre: «Estos hombres tienen los dientes iguales a los perros»”. (Ortiz,
1995:58) O sea, dientes sin mutilaciones. La pregunta: ¿A que llamaba entonces
Villaverde, dientes de perro…?
Retomando de Betancourt el momento en que fija su narración, coincide con la
fundación en Regla del primer juego de ñáñigos en 1836, pero lo narrado incurre
en el error de considerar de procedencia carabalí a los curros, y de prestarse a
decir algo incierto de estos sevillanos en La Habana: de llevar mutilados sus
dientes. Ortiz repara, como antes señalamos, esta insalvable imprecisión; aunque,
69
Mary H. Kingsley, (1897): “Travels in West Africa”. Londres, p. 477
61
y al igual que hacen Betancourt, Villaverde y otros escritores costumbristas de
esta época, a los curros los califican de pícaros, rufianes, chulos y a su mujer, la
curra, de ramera… Pero, si importa como Ortiz termina lo de los dientes
mellados:

La íntima conexión del curro con los ñáñigos, que le sucedió en su


significado hampón, y la clara ascendencia genealógica de éste que llega
a las selvas de los Calabares, explican cumplidamente porqué entre los
curros los hubo dentimellados, con los incisivos superiores mutilados en
forma puntiaguda triangular. (1995:59)

Como se desprende: la unión curro-ñáñigo se da, para Ortiz, en un medio


hampón, aunque conociera de otras maneras; una gran contradicción que su
literatura con esos temas deja pendiente.
En otro orden de ideas debe señalarse de la mujer entre “ekobios”, y lo que, con
mucha paridad, consigue aludir este verso: “Si me matas, mueres”, con que
culmina el trovador Manuel Corona su universal bolero Doble Inconciencia…,
cómo si con ello Corona matara --en su fantasioso-- la mujer, que fue igualmente
su obsesión a la manera Abakuá de Sikanekue!. Y, porque también le
representaba su ancestro: ¡una mujer en esclavitud! El factor Abakuá fue un
activo que integró la trovadoresca de Corona cuando esa antigua confraternidad
mutual afro-habanera sublima el tema fémino: a una mujer que se elabora y
enriquece dentro de una singular mítica fabularía a pesar del pretendido
misogenismo que profesaban los ekobios o iniciados ñáñigos. Cabe insistir en ese
efecto ambiguo de Sikán, que en tal caso es muy similar a las características que
le atribuye Padrón Nodarse al ente femenino inspirador de boleros: atracción/
rechazo, placer/dolor, amor/odio, que genera dice, las composiciones de mayor
vuelo y riqueza. (1999:53-58) En resumen, no hay Abakuá sin una mujer… Y
ahora bien, ¿cuál fue la situación de la fémina dentro de esta sociedad secreta?
¿Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma? La consideración de
la mujer dentro de las sociedades Abakuá no difería mucho de una mujer en
esclavitud, en que solo las que habían pertenecido a grandes familias, madres de
jefes o de hombres ricos en sus antecedentes africanos, lograban disfrutar de una
62
situación mejor que las del resto de ellas. La sociedad ñáñiga no aceptó a las
mujeres entre sus miembros porque éstas, según el testimonio de muchos ñañigos,
era incapaces de guardar un secreto… Y porque, objetivamente esto sucedió
cuando los Abakuá aparecieron como trabajadores en el Real Astillero y del
Arsenal; y en los muelles, lugares que no daban cabida, ni se conoce, de la mano
de obra de la mujer, libre, ni de la esclava. La trovadoresca de compositores
como Manuel Corona sublimaron el tema fémino porque el Abakuá les arropó de
una mítica fabularía. Y otro componente contextual del activo fémino fue José A.
Aponte, de finales del siglo XVIII, apoyado en una sólida base ideoestética.

63
Capítulo III

Las sociedades secretas Abakuá o ñáñigas

Las sociedades secretas. El subuso o tapado.


Para iniciar tema merece recordar criterios de don Fernando Ortiz: “me pareció
más característico del elemento de color en Cuba, o sea el misterio de las
sociedades secretas de oriundez africana que son supervivientes en nuestra
tierra”. Y es conveniente decir que no siempre las sociedades secretas en África
tenían buenas encomiendas. El citado etnólogo Juan Luís Martín mencionaba
sociedades secretas como instituciones tratantes de esclavos, de las que
mencionaremos: --la del mestizo portugués Domingo, enriquecido “enviando
esclavos a las colonias españolas…Este Domingo utilizaba las sociedades
secretas como tribunales, para remitirlo en pena de sus delitos a las plantaciones
antillanas” (Marín, 1944: 39)
Un mestizo, Mungo John, o John Ormond, llevado por los esclavista a
Inglaterra, regreso a su país, Africa, en 1758, para ‘reorganizar’ las sociedades
secretas…adquirir con ello poder… Prestaba dinero y cuando no le pagaban
movilizaba a sus ‘Illambas’ que cobraban con carne humana…que le permitió
enviar esclavos en abundancia a las colonias francesas, españolas e inglesas.
(Idem:39) Y, el interesante personaje Pedro Blanco, de Málaga, a principio del
siglo XIX…comenzó a extraer esclavos de entre Cabo Gallinas y Liberia y hacer
fortuna. Vino a Cuba en 1839 trayendo $5 millones. Su hijo, era el gran sacerdote
de las sociedades secretas…admitían blancos y mestizos. El hijo fue Guzmán
Blanco que llegó a ser Dictador de Venezuela.(Idem:39)
Por supuesto, hay que tener en cuenta igualmente, que en Cuba el factor del
secretismo se daba, por muchas razones también a la francmasonería establecida
en el país a finales del siglo XVIII; secretismo relacionado a que su ritual, incluso
membresía, impactó en el criollo negro y mulato, que se comprometía con las

64
confraternidades Abakuá o ñáñiga. Del asunto añade nuevas ideas el etnólogo
Argeliers León: Las cofradías Abakuá fueron surgiendo como sociedades
secretas, porque simplemente no se daban a conocer sus membresías, ni se les
otorgaba documentación alguna. En cambio el Abakuá no ocultaba su
adscripción a tales organizaciones.(León, 1984:81)
En sus inicios estas sociedades tuvieron un carácter estrictamente secreto pues
sus miembros eran perseguidos por las autoridades españolas por lo que debieron
utilizar medios de identificación y comunicación solo conocidos por los
miembros de las mismas. El sistema organizativo coadyuvó a que una potencia
apadrinara la creación de otra, así las cosas, poco tiempo después de fundada la
Efik Butón, apadrinó a la Appapa Efó que dio lugar a las dos grandes ramas,
tierras o vías abakuás: Efik y Efó. Rápidamente se fueron expandiendo las
potencias abakuás y cruzaron la bahía hacia los barrios de Jesús María, Belén,
Los Sitios, entre otros. En contraposición con otros cultos sincréticos, los abakuás
se caracterizaron por disponer de un recinto especial para realizar sus ritos
iniciáticos o culturales: el baroko. Diferencie lo que señala un investigador:

...algunos han remedado a los masones, creando una suerte de


masonería negra, de la que tomaron algunos puntos del ritual,
mezclándolos con los propios. Sus logias, llamadas bocó o locó, se
integraban a una suerte de grandes logias, por proliferación de las
sociedades matrices, apellidadas potencias, como las masónicas; pero
rehuían llamar templos a los puntos en que se efectuaban sus prácticas,
prefiriendo llamarlos butamú o cuarto fambá o paraje del fondo del río.
(Martín,1844:47)

Queda claro que en la masonería en principio, hay una regla que en ella no
deben admitirse prácticas discriminatorias. Y presupuesto originario del Abakuá,
de una sociedad de ayuda mutua y fraternidad, que en mucho supusieron hacerlo a
la manera de las logias masónicas, de entre hombres en el seno de las clases
desposeídas; y mucho más cercas éstas a los de piel negra, en general. Sin
embargo, mientras desde los puntos de vista fraternal y organizativo existe más de
un vaso comunicante entre ñáñigos y masones. Como se ha señalado, en
definitiva comulgan como una inevitable manifestación de ese entresijo cultural
65
entre los cultos populares sincréticos y su relación con las prácticas masónicas.
Traemos esta otra preceptiva que, de cierto modo, los acercaban a un
filomasonismo:

En la sociedad secreta Abakuá solo se admiten varones heterosexuales.


«Hombre no es solo aquel que no es homosexual, sino el que refleja la
más pura dignidad del ser humano como laborioso, fraterno, alegre,
rebelde ante la injusticia, cumplidor del código moral establecido por los
antepasados formadores del
abakuá. Es aquel que es buen
padre, buen hijo, buen hermano y
buen amigo».

Para ser aceptado como iniciado debía


soportar varias horas de rodillas sin
moverse; “rayarse” infringiéndose heridas
sangrantes en el cuerpo, y beber el brebaje
ritual. Ya, aceptado como obonekué no
pueden revelar información alguna al
profano, y menos si es blanco. “Los
secretos no se dicen ni a la madre de
uno”. Según el jefe de Policía Manuel
Asensio, la lengua para las comunicación Un altar Abakuá con itones y crucifijo.
interna de la sociedad que poco tiene que
ver con el dialecto yoruba utilizado en las demás religiones afrocubanas, era de un
código de grafismos, firmas y señales con que se marcan los templos, rituales o
nombres de espíritus (similar a los ve-ves vodú); y, en particular, el Gran Secreto
de Ekwé; los tambores sagrados a través de los que se comunica el divino Abasí,
que jamás deben ser profanados por los no iniciados. Otra cosa son las
procesiones en fechas señaladas de las corales (Coros de Clave), y otras
actividades, que puntualmente se hacen públicas en los sitios barriales de las
confraternidades.

66
El hermetismo practicado por los cabildos carabalíes pudo ser un antecedente
para que, algunos años después algo similar fuera práctica común en las
sociedades Abakuá (o ñañiguismo), sin descontar el marcado filomasonismo que
igualmente fue característico de la sociedad. Lo que está lejos de quedar claro, y
constituye un asunto historiográfico y sociológico pendiente, es el proceso que va
desde los años en que Aponte trabaja en su Libro de Pinturas (años de importante
agitación política y circulación de personas e información), y el final de la década
del 30, en la que el régimen colonial inicia una ofensiva mayor contra las
organizaciones negras, ofensiva que culminará con la gran masacre de negros
acusados alevosamente en la llamada Conspiración de la Escalera (1844).
Georges Bataille, comentando un texto de Roger Caillois de una época
igualmente agitada, enuncia varias distinciones que pueden ser útiles para
entender la relación entre los textos fabricados. Si aceptamos que los
comportamientos del luchador y defensor del hombre negro en Cuba y su
identidad, José Antonio Aponte; en quien los contactos con factores luchadores
franco-haitianos, en su mayoría que le llegaban vía clandestinaje con los que se
relacionó. Por ellos conoció de muchos ardides del secretismo para la lucha que
debieron llegarle unidos a comportamientos masones que por esta vía también les
afectaron, como adelantamos. Fueron, en definitiva las luchas del pueblo
haitiano que mucho le inspiraron, no caben dudas. Y luego Aponte, y su
capacidad y vocación comunicativa, que volcó en las sociedades Abakuá. De esta
experiencia apontiana iremos señalando contribuciones.
Por otra parte, el secretismo se avenía a los trajines abolicionistas conspirativos
con una importante inspiración y sostén en el embajador inglés y sus personeros,
cuando el pontón se atracaba en el fondeadero de Regla en la década de treinta
del siglo XIX. Por ello nada casual que los gobernantes españoles se vieran
precisados a darle legalidad a una primera potencia Abakuá, en esas
circunstancias.
A ello se suma, en la propia época, el incremento de las sociedades secretas y
las conspiraciones se produjera en muchas otras poblaciones como dice el
investigador.(201).Aunque, contra dicho criterio conspira que las potencias
Abakuá o ñáñigos se reservaron a las zonas habaneras marinas señalas; cuando
67
desaparece el emporio de la Marina. Y aunque luego a otras, pero en la misma
Habana; y, se han fundado algunas más en el puerto matancero y la población
de Cárdenas.
Y debe considerarse el secretismo, incluyendo el del lenguaje para las
comunicaciones secretas, elemento que caracteriza al hombre Abakuá de
primero, sin lugar a dudas. Varias han sido las razones de ser de este fenómeno
tan particular que se ha expuesto en el transcurso del trabajo, y las que se traerán
a colación. Pero, de hecho, muchos investigadores han insistido en que las
potencias ñáñigas o Abakuá heredan el secretismo de sus ancestros en África y
como propia de algunas etnias; incluso, localizadas en determinadas zonas
específicas del continente. Y en el caso Abakuá se insiste como propio de cultura
de etnia Calabar, en zonas del Río Cross, como adelantamos antes ideas de ello.
Muy razonable es considerar que la práctica del secretismo debió tener una
necesaria razón de ser, originalmente, entre los primitivos Abakuá o ñáñigos en
momentos de su presencia como laborantes en el Real Astillero; muy apropiado
para conservar sus empleos; y al Real Arsenal que le sustituye, y para los adeptos
que se iniciaban a la secta en los trajines del puerto.
Para Juan Luís Martín muchas agrupaciones africanas se les denominó como
sociedades secretas: “cuya funciones variaban regionalmente.” (1944: 27) De
manera que las de carácter judicial originaron los cabildos. Los miembros de las
sociedades secretas eran o-gboni. “…la de los ñañigos eran de otro tipo; los
cabildos eran naturistas, las potencias, espiritistas”.(28) Por supuesto no se
comprende mucho de estos elementos diferenciadores que usa Martín por esos
nombres; aunque, mejor diríamos, las diferencias si eran de fondo.
Ortiz señalaba que con el gobierno de Tacón (1834-39) puede darse como
término de la historia de los antes mencionados Negros curros sevillanos, y
arranca el desarrollo del ñáñigo. (1995: 196) A ello se suma, en la propia época,
el incremento de las sociedades secretas y las conspiraciones en todas las
poblaciones, como dice el investigador. (201) Aunque, contra este criterio
conspira que las potencias Abakuá o ñáñigos se reservaron a las zonas habaneras,
marinas, señalas; y aunque luego a otras, cuando desaparece el Real Arsenal de
la Armada. Y, por razones de fuerza mayor, obligados por los incendios
68
provocados, los desplazaron de la barriada de Jesús María, y aparecieron en el
cercano puerto matancero y la población de Cárdenas.

Para los ñáñigos, la hermandad está por encima de todo. Sus secretos
jamás pueden ser rebelados y la traición a ese pacto de silencio puede
pagarse con la vida. Los ñáñigos honestos buscaban en Abakuá una
realización personal que la sociedad les negaba, sin embargo el
secretismo que rodeaba la orden atrajo hacia el ñañiguismo a numerosos
delincuentes que encontraban en la radical discreción Abakuá cobijo a
sus huidas de la justicia. No es de extrañar que a principios de los años
70, según el investigador Arístides Soto Navarro, “más del 90% de los
jóvenes que han acogido la secta (Abakuá) poseen antecedentes penales o
son buscados por las autoridades. Estos son quienes resuelven los
problemas “de hombre a hombre” y buscan la ocasión de tener
“historia” (hechos de sangre) y después “jurarse”. Porque mientras no
pisan “el talero” (la cárcel) no se consideran hombres “ranqueados”
(probados)…”.
Sin embargo, y pese a poder atisbar a hurtadillas -con un cierto
nerviosismo algunos objetos sagrados, el Gran Misterio de Ekwé continua
siendo el secreto mejor guardado de los ñáñigos. El secreto de la
comunicación de Dios (Abasí) con los hombres a través del tambor
sagrado. Un tambor que al principio de la historia fue cubierto con la piel
de la princesa Sikán, sacrificada por haber dado muerte al sagrado
Tanzé, el enviado de la Divinidad. […] La esencia del secretismo Abakuá
para con esos grandes misterios la encontramos en un cuadro que
presidía el templo de Uriabón Efí y que rezaba: “Lo que usted vea aquí /
lo que usted haga aquí / lo que usted oiga aquí / cuando usted se vaya de
aquí / déjelo que se quede aquí. 70

Y hay otro elemento importante que aporta el manifiesto filomasonismo


Abakuá; y es mucho más evidente ese particular secretismo, o subuso, en el
lenguaje asumido por el obonekué. Y la propia historiografíar de la figura del
monarca Carlos III, al que le es adeudo el ñáñigo o Abakuá recoge un corto relato
en la bibliografía del historiador del Rio:

70
Archivado bajo: MISTERIO | Etiquetado: Abakuá: el culto maldito, crueldad, espiritista;
MISTERIO, sacrificio, sacrificios humanos, santería. Blog de WordPress.com. Publicado el
sábado, Septiembre 13, 2008 por blog: Tu Mundo Virtual.
69
D. Carlos (III, entonces rey de Nápoles y Sicilias) […] Acorde con la
Santa Sede, persiguió a los denominados liberi muratori o francmasones,
muy extendidos a la sazón en aquel reino por el atractivo del socorro
mutuo que se prometía a los filiados y la facilidad de adquirir relaciones en
todas partes […] mirábalos fundadamente como enemigos de la religión y
del Estado. Bajo pena de ser tratados como perturbadores del orden
público y violadores de los derechos de la soberanía, prohibió D. Carlos
(III) en sus dominios las juntas de los francmasones, tenidos hoy, y con
justicia, por raíz de las muchas sociedades secretas que han infestado el
globo, siendo siempre terrible ariete de todas las instituciones y jamás
fecundo plantel de ninguna. (Ferrer del Río)71 (Nuestro el subrayado)

El Tambor Ekué
Es la voz del tambor sagrado que suena en el interior del templo... En la
leyenda la voz del pez que surge del agua y la voz del leopardo.

Este elemento merece espacio aparte. Consustancial, y del que puede afirmarse
mito fundacional de esta sociedad Abakuá, así es de importante el Tambor Ekué.
La investigadora, online, Argelia Vizcaíno, que dedica un artículo en su blog del
que aprovecharemos ideas, que trataré de reformular. Es un instrumento
fundamental manipulado por fricción, tambor secreto, oculto –incluso al ser
tocado--, tras una cortina en el cuarto sagrado (fambá). Al frotar el Ekué con una
varilla de güin se logra obtener un sonido que simboliza la voz o bramido mágico
que producía el pez Tanze. Según la leyenda, con la muerte del pez, el brujo
Nasakó tuvo que fabricar un instrumento que reprodujera el bramido, creando el
tambor secreto Ekué tras numerosos e infructuosos intentos; a ello nos
referiremos de nuevo. La tradición también refiere de los cuatro tambores
biankomeko, formado por: bonkó enchemillá, biankomé, obi-apá, kuchi-yeremá;
dos palos percutientes (itones); un cencerro (ekón) y dos sonajas (eríkundí);
conjunto que acompaña los cantos y
bailes de los Iremés.
De su organografía la especialista
Lydia Cabrera considera los Abakuá
empleaban dos órdenes de

71
Antonio Ferrer del Río: Historia del reinado de Carlos III. Madrid, 1852. p.102 (Digital: BNE)
70
instrumentos. De ellos, cuatro eran tambores simbólicos: 1- Empegó: impone
señal de atención, alerta y orden; 2- Ekueñón: anuncia y preside las funciones de
sacrificio; 3- Enkríkamo: llama y domina a los Iremés, y 4- Seseribó: con este se
dirige las procesiones y marchas.
En esto hay contradicciones que se dan cuando concurren elementos y
circunstancias que establecen el origen criollo en el suburbial habanero donde
esta secta o confraternidad se integró, e integró muchos elementos que se
enriquecieron de la realidad nacional, y de una procedencia no necesariamente
afro, incluido la presencia instrumental en que destaca lo afro percutido; que no
fue siempre preferencia del criollo Y, adelantamos de ello algo, sirviéndonos de
un artículo para el periódico Patria de José Martí, en que refiere precisamente a
los ñáñigos: “…una tremenda orden secreta de africanos, con ordenanza y quién
sabe qué, que dejó ir a unos hermanos porque querían aún el tambor, los demás
no querían ya tambor en la orden…”
Es que el originario compromiso ñáñigo con el contexto laboral del Real
Astillero-Arsenal habanero, desde temprano en el siglo XVIII, fue la de una
confraternidad mutual, a la manera de gremio, y por tanto de obligada integración
multi-etno-social, aunque persistiera una presencia carabalí que a la larga
matizara mucho su base mítica, y en definitiva su abigarrada organología.
El tambor Ekué, elemento base del ritual que se ha mantenido en las tradiciones
del Abakuá, aún el pasar de los tiempos. Que puede haber estado presente desde
los tiempos iniciales, cuando los gremios-potencias que abonaron la historia a su
paso por el Real Astillero habanero del siglo XVIII; o introducido en sus
acercamiento al ritual bantú, de los carabalí, en el segundo tercio del siglo XIX.
Y, en la cita que hacemos de José Martí, muestra de la presencia de las potencias
emigradas a Cayo Hueso en la segunda mitad del siglo XIX, en que cuenta de un
rechazo a la percusión, y al tambor como instrumento por esas sociedades. Muy
extraño porque ello alude incluso las tradiciones africanas.
De estas reflexiones añadimos otra, necesaria, sobre el Ekué Abakuá o ñáñigo.
Lydia Cabrera en su libro El Monte decía: "... en qué consiste el secreto
portentoso y sobrecogedor que en él se oculta. ¡El obsesionante Ekué, Ekué,
Ekué!”. Cada vez que los abakuás tenían "plante" (ceremonia, fiesta) sus vecinos
71
por varias cuadras a la redonda se enteraban por el bramido de Ekué que se
hacía sentir con fuerza… Y Lydia, añadía más:

"El mecanismo que produce este sonido selvático, bestial, que parece
emitido por un ser viviente pero ignoto y tremebundo, ya es bien conocido
del vulgo". Al contacto del güin con el cuero del tambor dicen los
miembros de la Asociación Abakuá, que lleva el alma de Sikán, que de la
piel de ella brota la voz de su Dios Todopoderoso al que nombran Abasí.
Este ritual se hace en el cuarto secreto, el Fambá. El ejecutante
permanecerá escondido junto al mismo detrás de una cortina, y para
hacerlo sonar se pone el tambor entre sus piernas, se moja sus dedos en
sangre —del mismo gallo que se sacrificó para ofrecerlo antes al tambor
— para friccionar la varilla (güin) de arriba hacia abajo con ambas
manos.

Por supuesto, aquella primera ocasión cuando se creó Ekué con la piel y los
huesos de Sikán también se usó su sangre. Según los iniciados se emplea sangre
para sacar este sonido tan especial, porque la sangre es la que revive el alma de
los antepasados, "lo que da fuerza a la voz". A esta acción que se le llama
fragayar; para lo que se usa un güin también nombrado yin que en español le
dicen Caña de Castilla, y es una varilla vegetal (como ratificó Argeliers León),
adornada en la punta superior con una pluma blanca, porque el blanco representa
la pureza de Sikán que es la protagonista de la leyenda donde se basan los ritos
abakuás.72

Chivo a lo Abakuá

El doctor Guanche señala de la presencia del crucifijo en el fambá de iniciación,


incluso el uso del propio bautismo iniciático cristiano. (2007: 72-73) A lo que
puede añadirse el sacrificio del chivo (macho cabrío, de referencias bíblicas) está
ligado al culto a Sikanekué, la diosas del mito ñáñigo. Y se añade: y es el
personaje femenino Sikán o Sikanekué quien cumplimenta el entramado
fabulario del culto Abakuá, en un ritual que integra en su teogonía el sacrificio del
chivo, o macho cabrío, elemento al que dedicaremos atención.
72
Notas de María A. Vizcaíno en: El misterio del tambor Ékue, (maito:mariaargelia2 @hot-
mail.com)
72
Ya señalamos antes como Petit y sus seguidores: “salieron por la calle de Jesús
María y se pararon en la misma puerta de la sacristía, ...con sus tambores,
llevando un crucifijo, una tinaja y la cabeza de un chivo…” ¿Qué pretendía
señalar con esto último en particular …a interés del párroco, que interpelaban la
procesión armada?
Decía, muy expresivo Álvarez: “…el erótico frogoyar (frotar) del güin, sobre el
cuero de chivo del tambor Ekwe en representación de la joven Sikanekué y el dios
pez Tanzé en los misterios del Abakuá. 73
Y el pueblo celebra la Fiesta del Chivo el treinta de mayo.» Mataron al Chivo,
Merengue dominicano”…Así ponía en los mismos inicios de su relato, así
denominado, Vargas Llosa, cuya temática era basada en el legendario dictador
dominicano Leónidas Trujillo; reconocido, además, por varios otros epítetos con
que amigos y enemigos le apostillaban. Y este de chivo, el más expresvo al
parecer, o el que así lo juzgó al escritor.
Este singular cuadrúpedo, domestico y aportador a la alimentación humana, con
su carne y con su leche,muy presente en Cuba en los inicios de la colonización
por abundantes tanto en la penincula española como en las islas Canarias. De ahí
su gran presencia en una literatura comercial de esos años iniciales. (Ver Papel
Periódico de La Havana /sic/ 1790-1802) ha encontrado diferentes interpretacio-
nes en la literatura. En Dino, de Ítalo Calvino, este usaba la expresión tìpica: “…
en caso de derrota, un chivo expiatorio que se entrega al enemigo para cal-
marlo…” Muy común la imagen lograda, de semejanza bíblica.
De parecida manera lo utiliza Ernest Cassirer en Antropológía filosófica (p.96)
“Algunas veces el pecado es trasmitido a un animal, al chivo expiatorio o a un ave
que vuela y escapa con el pecado”.
Y el Diccionario del Diablo74 decía, en alusión al personaje mitológico griego,
Sátiro: “Uno de los pocos personajes de la mitología griega cuya existencia
reconoce la mitología hebrea (Levítico, xvii,7). Suele confundírsele con el fauno,
invención romana, más tardía y docente, que se parecía menos a un hombre y más
a un chivo”.
73
Juan Jorge Álvarez Sánchez, (2009): “A propósito de los cultos populares sincréticos y la
masonería en Cuba”. WEBSITE. (IDEM)
74
Del norteamericano Ambrose Gwinet Bierce. (1842-1914)
73
Con sus varientes esta otra comparación literaria: “Era un hombre corpulento
con una cara rojiza y barba de chivo”. 75 Muchos escritores repiten esta com-
paración Zoé Valdés (2003) en, Lobas de mar. “Los negros dieron su consenti-
miento. Desde entonces, los tres cruzaban los matorrales, y arrellanados en
taburetes forrados en cuero de chivo, en el barracón más espacioso, el menos
sórdido y caluroso, gozaban de la sensación de lo prohibido…” Y Stephen King:
en “Calla Brun Sturgis”, prólogo de la Torre Oscura: “Tenía pequeños y bri-
llantes ojos azules en una pequeña cabeza que parecía inclinarse desde su barbilla
de chivo”. Y esta otra: “Era un hombre corpulento con una cara rojiza y barba de
chivo. Y Dan Brown, en El código Da Vinci: “estaba buscando un chivo expia-
torio para explicar los asesinatos de la noche.
Y oportuno traer a cuenta las disertaciones en Ecue-Yamba-Ó;76 donde
Carpentier lo trae, a dos manos: cuando el chivo ha sido degollado entre cuatro
colinas hostiles; o, “Afuera, la música sagrada entonó un himno de gracia:
porrazos en piel de chivo, síncopas y sacudidas”. Y más preciso aún con el tema
que nos embarga del ñáñigo:

Chivos y sapos rivalizaban en las parrandas de Carnaval por


presentar los altares más rutilantes y emperifollados. Y sapos todos
eran los miembros de la Potencia ñáñiga del Enellegüellé, a la que
pertenecía Menegildo, el negro Antonio, Elpidio y los del Sexteto
Física Popular. Los chivos tenían su Ebión también: el Efó-Abacara,
Potencia de antiguos, cuyo diablito era el maraquero del Alma
Tropical.(1986:100)

Y el historiador, en particular de los Abakuá, Sosa, señalaba: “El chivo o


macho cabrío (con una discriminación femenina hasta en los animales inmolados
para la ceremonia: gallos, el nbori o chivo), debe esperar en isaroko (fuera del
fambá). (1998: 318) El nbori se transforma en Sikán, se comen al chivo, a Sikán
es a quien se comen, su poder y sabiduría, de ahí su matriarcado. Y para Abasí,
que en Cuba es el Dios Cristiano; en Efik, la máxima deidad celeste creadora de
todo. (Ídem:318). En las reflexiones semánticas que el poliglota Ortiz, (178)

75
Tomado de: Jugadores del juego de la gente. Autor: John Brunner.
76
Novela carpenteriana (1985), una de las primeras, con el tema de los Abakuá habaneros.
74
aporta en su Glosario de afronegrismos,77 refiere que: “Hace años que Rufino J.
Cuervo, en sus célebres, «Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano»
(555), observaba como en América (y en Cuba inclusive) la voz chivo, se
aplicaba al “macho cabrío”, cualquiera que fuere su edad, y no, como detalla la
Academia, “a la cría, desde que no mama hasta que llega a la edad de
procrear”. Y añadía el eminente filólogo, que el uso hispanoamericano cuenta
con los buenos apoyos de Moratín, Quevedo, Iglesias y Arriaza, demostrando así
cómo estos países mantienen voces y significados castizos ya perdidos en su
patria originaria. Más adelante, considerando el origen más bien francés de
chevreau, especialmente cuando el castellanos se apropió de una locución por
cierta danza corveta que hacían caballos napolitanos de faranduleros en las
Cortes. Así el pie de gibao, … el pie de chivaou… Según Ortiz: “El chevreau
francés con sus cabrunos corcovos y el chivaou de las corvetas danzantes se
bastaron para producir el chivo español”. Y añade Ortiz eufemísticamente:

…para disfrazar el satánico nombre del macho de la cabra, que en


todos los dominios del castellano denota consentidor del adulterio de su
mujer […] que no basta para explicar el vocablo cubano chivar y sus
derivados: chivada, chivado, chivadura, chiveta, chivón, chivería; hasta
llegar al chivo de los negocios y del engaño…(1924:179)

Si analizamos el “diablito” asimilado a la danza pública del ñáñigo y al ritual de


sus iniciados, no es difícil establecer manifiestas relaciones con las características
de los corcoveos del chivo, cuya presencia en el medio Abakuá en Cuba se
ampliaría. Y cuántos elementos más pueden relacionarse, la presencia solitaria, y
en su propia figura como macho cabrío en sus representaciones, y en elementos
inclusos de su disfraz.

Los Diablitos

77
Tomado de Fernando Ortiz, Glosario de Afronegrismos. (Con Prólogo de Juan M. Dihigo). La
Habana. Imprenta Siglo XX. 1924.
75
Dejando a un lado los írimes Abakuá, que son una
aparición del siglo XIX. (Rine Leal)78

Este extraño personaje que acompañó la mayoría de las festividades con


presencia afro-cubana desde época de la colonia; para muchos estudiosos y
adeptos: parte del rito Abakuá; y hoy, muy presente en las representaciones del
folk para turistas. Pero veamos muy similar en intención a la anterior, las
situaciones que ocurren en la España de los siglos XVI y XVII según fuente: “En
las fiestas de carácter
religioso, como la del Corpus
Christi, en la que los negros
con sus danzas y bailes, en
calidad de diablitos,
representaban al pecado, que
era finalmente vencido por la
divinidad de sus amos
blancos. También
participaban en los desfiles
procesionales y en la Semana
Santa”.79 El vocablo diablito
es puramente tomado del
culto cristiano, incluyendo los
elementos del vestuario o
disfraz; lo que lo relaciona
con las cofradías muy
Óleo de Landaluze. Museo de La Habana
difundidas en diversos lugares
del sur peninsular de donde procedían los negros curros sevillano; a todas luces
sus transportadores a la isla antillana y a la fiesta del 6 de enero, Día de Reyes.
Este era el único e importante jolgorio instituidos para los negros en la época de
la Colonia. El fe-nómeno diablito estaban dentro de las tradiciones que portó
78
Así lo afirma el teatrólogo cubano Leal, en su libro: La Selva Oscura, Editorial Arte y
Literatura, La Habana, 1975, p: 81
79
Tomado de: María Luisa Peña Tristán (2012) “La esclavitud en la literatura española de los
Siglos de Oro”. [Memoria para optar por el grado de Doctor]. Universidad Complutense de
Madrid. Facultad de Filología.
76
como andaluz el negro curro sevillano en La Habana; que como, a seguidas del
curro del Manglar, criollo, sobrevivió un diablito, muy promiscuo, que bien
recoge Ortiz en su trabajo el Día de Reyes”80; y, del que luego hacia participe a
los obonekues Abakuá para sus fiestas rituales y no rituales. En ocasión de su
actuación en las fiestas capitalinas del 6 de enero, bien descritas por Ortiz; el
Diablito actuó de forma particular, sin relación con etnia africana, cofradía,
incluso logia alguna.
Por otro lado, el diablito podía vestirse o disfrazarse, con toda brillantez, como
los describió visualmente en sus pinturas el vizcaíno Víctor Patricio Landaluze,
(adjunto su óleo: Los diablitos, en el Museo Nacional) gracias al nada modesto
estipendio que muchos aún percibían como trabajadores de la Real factoría de
bajeles capitalina. La cita:

En Sevilla […] los esclavos intervenían de forma activa en las


celebraciones de la Iglesia y participaban en las procesiones religiosas,
vistiendo trajes de gran lujo. En la celebración del Corpus Christi […]
tenían el papel de diablitos, representando, al igual que la tarasca o los
cabezudos, el desorden y el pecado que el Sacramento venía a redimir.
Están documentados al menos 21 grupos de danzas en Sevilla desde
mediados del XVI a mediados del XVII, con expresivos nombres tal como
“Los negros”, “Los negros de Guinea”, “La cachumba de los negros",
"Los reyes negros" o la "La batalla de Guinea y otros. (Vílchez, 2009:
203)

Ortiz aporta una cita muy valiosa por lo que implica, dice: “En el tiempo de
Cervantes estos moharrachos o mamarrachos, solían ir en la procesión del
Corpus, de Sevilla, abriendo paso entre la muchedumbre en el parque, haciéndola
reír”. (1960: 30) En la cita, antigua, están claras las practicas del diablito: salir en
Corpus en Sevilla; el vestido de mamarracho, y de entretenimiento a la
multitud… En otra aparte del texto sin embargo, afirma Ortiz: “los negros
ñáñigos afrocubanos sumaron sus exotismos a la fiesta del Día de Reyes, por la
participación de los “juegos o potencia” acompañados de sus diablitos” y añade:
“Al ñañiguismo […] debemos la supervivencia del diablito”. (31) Lo que
80
“La Antigua fiesta afrocubana del ‘Día de Reyes’”. La Habana. 1960. Departamento de
Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores.
77
confirma Rine Leal: “a partir del siglo XIX se unieron a esta procesión los
diablitos Abakuá o ñáñigos”; (1980: 450) tal como lo destacamos en el exergo; lo
que señala enfático Leal, teniendo en cuenta que esta confraternidad aparece
pública, historiográficamente hablando --si asumimos lo que generalmente se
acepta de la primera potencia ñáñiga conocida-- en la barriada habanera de Regla,
entrada la tercera década del siglo XIX. Y en otra parte del artículo, señala: “Era
el día de los «diablitos», que duraron desde sus comienzos, aún inciertos, hasta el
6 de enero de 1884” (449). Pero hay algo muy significativo que de los diablitos
agrega el ya señalado periodista de la Prensa de La Habana, Ontiano Lorcas en
su artículo, también citado por Ortiz, del 6 de enero de 1859: “y hasta
improvisaban décimas y escenas dramáticas, con las que suelen ganar algunos
reales”. Con ello, sumado a lo anterior, resumimos lo dicho: un diablito que
improvisa también décima --lo que sólo hacían los negros curros sevillanos, o
quienes los imitaran--, entre otros artificios festivos, el Día de Reyes de 1859,
en calles habaneras… y por qué no, en las también espirituanas. Otra cita de
Ortiz que menciona a Frazer,81y que amplía: “Las fiesta se celebran a inicios del
año […] el Día de Reyes. […] Son de estos ritualismos las periódicas
“expulsiones de los diablos”; de limpiezas morales según Frazer […]
comúnmente precedidas por un período de extraordinaria licencia… de un animal
porta culpas, etc. 1960:35)
Este personaje del que las noticias más antiguas señalaban aparecía, de manera
especial, en las festividades profanas, fue un préstamo, no tenía atributos ni
arrimos visibles en sus inicios con ninguna institución ritual criolla, o de
manifiesta procedencia africana directamente a Cuba. Los asumieron las
festividades públicas de las potencias o tierras Abakuá a su salida éstas del Real
Arsenal habanero al igual que los Coros de Clave. Con testimonios de
entrevistados por Lydia Cabrera se puede llegar a estas conclusiones:

Los carabalíes acostumbraban salir por las calles el día de Reyes a


pedir aguinaldo lo mismo que los demás, con el traje de ñáñigos; pero la
81
“The Golden Bough. The Scapegoat”, obra del inglés James George Frazer (Londres, 1922)
dedicada a fundamentar una teoría “sociológica” del Carnaval, a cuyos comentarios dedicó
espacios el cubano Fernando Ortiz en el trabajo dedicado al Día de Reyes en Cuba.
78
única diferencia de que aquél era de pieles, que es como lo usan en África
y de que en lugar de llevar las campanillas en la cintura como los
criollos, aquéllos las llevaban en las piernas. También el capirote con
que cubrían su cabeza era redondo en su extremidad y no puntiagudo
como el de ahora; pero siempre llevaban la cara tapada como los
actuales.(Cabrera,1969:14)

Y el diablito se incorpora como írime al ritual del Abakuá cuando va perdiendo


sentido práctico para la secta la gestión gremial-mutual en el Real Arsenal, razón
de existencia de las entidades laborales Abakuá o ñáñigas cuando el inicio
azaroso allí del personal negro. Estas agrupaciones, logias o potencias, no fueron
temporal y espacialmente tan localizables como los cabildos, a lo que contribuía
el secretismo de la institución. A ello también había favorecido la digresión
laboral, cuando cerrado el Arsenal se diversificaron los tipos de centros donde
conseguían trabajar: las tabaquerías, el propio puerto y muelle de La Habana, los
oficios de ejecutoria individual como músicos, sastres… y se iban integrando los
nuevos obonekues ampliados los objetivos iniciales de la secta. A aquel figurín
inicial del diablito, asumido ya por el ritual Abakuá, se le integra una importante
sacralidad al añadirlo al ritual del fambá o cuarto de la iniciación.
En un comienzo de la institución gremio-mutual, la actividad esencial no la
precedía ningún arrimo mítico específico ni ritual venido con los emigrados de los
ancestros en África; incluso, ni por el nombre de diablito que predominaba al de
írime. Aunque este último si ya con una connotación ritual más específica, que le
añade el Abakuá.
Ortiz, en el mencionado trabajo (1960), dedica un importante espacio a
establecer antecedentes españoles; desde las procesiones del Corpus Cristi, desde
fines del siglo XVIII. Y trae al trabajo unos versos que toma de Colección de
Entremeses…82 Repare el primero de los versos del poema: En la Mojiganga del
Alma, de finales del siglo XVIII:

“El principio de la fiesta


Es la procesión, y luego
Van corriendo los diablillos
82
Emilio Cotarelo: “Colección de entremeses…”. Bailly-Baillière. Madrid. 1911. I, pág. CCCI.
79
Para desocupar el puesto,
Sacudiendo de esta suerte
A los que están de por medio”
…..

Y añadimos un pequeño párrafo, que le quedó a Ortiz en letra pequeña…pero


con un gran contenido: “No faltaron, pues, modelos que imitar a los negros
africanos (…en Cuba --agregamos). De esas fiestas católicas pudieron los negros
creer que no tenían otra social que la primitiva de las suyas propias, y como si
fuesen cosas de África traducidas al español”. (1960:29)
Cumplimenta Ortiz la idea, mostrando referencias de figurines similares en
Puerto Rico, que según su criterios se relaciona con similares del tiempo de
Cervantes, los mamarrachos, participantes de las fiestas del Corpus, de Sevilla…
(Idem) Y añade más: “Véase, pues, cómo no todos los diablitos cubano no
vinieron de Guinea, y cómo los negros tuvieron aquí diablitos blancos a quienes
imitar o tomar en buena disculpa de sus no menos disculpables extravagancia…”
(El destaque es de Ortiz). Pero la idea no la deja ahí, la concluye:

A la vitalidad de los diablitos debieron de contribuir, grandemente, los


negros ñáñigos o Abakuá, y los brujos […] porque ya entre las
costumbres netamente africanas que fueron raíz del ñañiguismo cubano,
encontramos algunas ceremonias equivalentes. (El subrayado es mío)
[…] Al ñañiguismo que aún vive en Cuba debemos la supervivencia del
diablito… (Idem:31)

Los írimes –una entidad de la leyenda ñáñiga--, tiene entre sus más reconocidas
figuras los: Diablitos. De los írimes que funcionan en sus eventos rituales,
especialmente el de la iniciación mencionaremos: Los aberisún y Aberiñán, que
cumplen la función de sacrificar al mbori en las ceremonias. Aberisún le asestan
un golpe fatal en su testa mientras Aberiñán le sostiene firmemente en el
momento del sacrificio. Al final, va al monte a arrojar los despojos… “El írime
funerario, Anamanguí, conoce completo el proceso de amortajamiento del
difunto y del proceso previo a la inhumación del cadáver. Es el cajero o tesorero
de la potencia. Durante la época colonial recogía el aguinaldo...” (Álvarez,2006)

80
A preguntarse de la cita, ¿en época colonial, este diablito solo recogía los
aguinaldos lanzados al desfile carnavalero, o era el funerario en el ritual Abakuá
también? Otra cita, del mismo trabajo de Álvarez: “Los írimes completan esta
cohorte de personajes y son ellos los que más difusión han tenido inclusive a
partir de su nombre popular,
diablitos. […] los írimes son escogidos entre los obonekues, especialmente
preparados para desempeñar determinado papel simbólico en las ceremonias
Abakuá”. (Ídem) Cuando se reflexiona en informaciones como esta se concluye
que muy pocos de estos írimes, de igual forma concebidos, tenían que ver o
participaban en fiestas carnavaleras, menos para recaudar aguinaldos. *Se conoce
por ñáñigos a los miembros de una cofradía secreta, Abakuá, formada por
hombres negros de origen carabalí entre los esclavos que los españoles
introdujeron en Cuba. Les dicen ñáñigos porque en sus ceremonias participa de
forma destacada un personaje enmascarado conocido como írime, ñaña o ñáñigo,
al que popularmente se le conoce como diablito que, con sus bailes y gestualidad
al compás de los tambores y las músicas, representa a un ente sobrenatural que
viene a la tierra para intervenir en las ceremonias abakuá. El diablito había sido,
por sus características, un personaje de disfraz, caricaturesco, exótico vestuario y
de circense baile. Poco ceremonioso, por lo que no siempre encaja atributos
míticos, ni con el contexto que Ortiz le encuentra, en las tierras o potencias
Abakuá.
Estas logias Abakuá tuvieron comportamientos atemperados, no practicaron los
ritmos increpantes, ni les bajaba el “santo”. Incluso el tambor Ekué se fragoya
(fricciona), no se percute, no hay toque “duro-duro”. La misma canción clave fue
un camino al bolero en mano del trovador al occidente… Y nombrar diablitos a
esos figurines parece más propio de los socialmente atemorizados costumbristas
decimononos… una funesta cristianización de un mote. Dice Ontiano Lorcas
citado por Ortiz, de su artículo para la prensa: Los diablitos o el día infernal en
La Habana: “El Día de Reyes se formaban agrupaciones, algunas numerosas que
llaman tangos, con tamboriles, fotutos y cantos diabólicos, que sin dudas han
dado lugar a que se califique de diablitos…” Ortiz agrega: “escribe esta firma
siempre en sentido descriptivo… Los tangos o cuadrillas son las más temibles,
81
por su ruido tronador, por los saltos y asaltos de los diablitos que los
capitanea…”(1960: 12-13) Hay contactos entre las descripciones que se hacen
del Diablito con el curro del Manglar; entre otras, el uso que dan a la décima y
los vistosos trajes… Pero cualquier relación resulta imprecisa, tendenciosa y no
siempre bien documentada por la pobre información... Así las cosas, el diablito
primero fue obra del curro sevillano y luego su imitación por otros: “andan,
décima en mano, que les ha costado una o dos pesetas. Y con las tales décimas
suelen ganar algunos reales… y hasta las improvisan”. En Guanabacoa, principal
enclave de la magia cubana, y del templo Abakuá de Gamaroró Efó. Esta
“potencia” ñáñiga ha protagonizado espectaculares procesiones encabezadas por
sus “Diablitos” o Írimes, recorriendo calles y plazas al ritmo de los tambores
hasta llegar a la costa, donde se sacrifican carneros, pollos y palomas en una
espectacular orgía de sangre; y, “alcanzó gran incremento la ñañigueria,
formándose in-finidad de corporaciones en los barrios de la capital; y el día de
Reyes pedían aguinaldo vestidos con su saco, que es el nombre que le dán al traje
peculiar del Diablito".

82
Diablito en fiesta de ñañigos en la isla-penal Fernando Poo

Capítulo IV. Los grandes adeudos.

Aponte y los Abakuá.

La Sociedad Abakuá o de ñáñigos generalmente se considera fue fundada en


enero de1836. Sin embargo, la presencia de esta Sociedad ocurre con
anterioridad a dicha fecha, atribuyéndole una activa participación en la
conspiración antiesclavista que en 1812 dirigiera el negro libre José Antonio
Aponte. Entre otras, lo confirma, se encontraron documentos secretos con
83
contraseñas de origen abakuá83 usadas por los conspiradores. Para algunos
estudiosos era Aponte un iniciado hijo de Changó y presidente del cabildo
Changó Tedeum, calificado así por José Luciano Franco, 84 y de cabildo
«revolucionario», quien, igualmente, vincula Aponte con la organización secreta
Abakuá de La Habana, al adjudicarle la autoría de un documento que convoca a
los comerciantes blancos a unirse al movimiento revolucionario… Todo así, no
queda bien parada una opinión muy generalizada, que la fundación de la primera
hermandad –también llamadas nación, potencia o juego--, ocurriera en 1836…; y
que no existen suficientes pruebas sobre la existencia de la sociedad Abakuá en la
época de Aponte cuando el primer encuentro entre miembros Abakuá y la policía
se da en 1839.
Se sostienen así mismo criterios de la existencia de los cabildos carabalí donde
se “usaba la grafía nsibidi de los ekpe del Cross River en el delta del río Níger”,
de uso Abakuá. Y, la doctora Carmen Barcia señala en referencia a la figura del
luchador mulato José Antonio Aponte, lo siguiente: “Aponte era criollo, razón
por la cual pertenecía a algún juego Abakuá…” Más adelante aclara: “…existe
la certeza de la presencia de los juegos Abakuá no se ubica hasta los años treinta
del siglo XIX; no obstante, en diversos expedientes aparecen elementos que
permiten avizorar su presencia anterior”. (2012: 18)
Del trabajo de Elzbieta Sklodowska, “José Antonio Aponte y los archivos de la
represión”,85 tomamos el siguiente apunte por revelador: “Es en las
intersecciones cubano-haitianas del Circuncaribe diaspórico, híbrido y rebelde
donde debe ser enmarcada la figura del cubano José Antonio Aponte y Ubarra (?
– 1812); pintor, descendiente de africanos, liberto, héroe y mártir, acusado por las
autoridades coloniales españolas de haber sido líder de la conspiración
antiesclavista, encarcelado, interrogado y ejecutado…, en la horca, el 9 de abril de
1812 en La Habana”. No pasamos por alto la dramática escena de un
ajusticiamiento por horca de las autoridades coloniales en Cuba. Era un alevoso y

83
El criterio es de Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002).(37)
84
José Luciano Franco, 1974. «La conspiración de Aponte» -Ensayos históricos-. La Habana,
Ciencias Sociales, pp. 125-190,
85
En revista: América sin nombre, noº 19, (2014), pp.19-26.
84
violento suplicio; espeluznantemente descrito por Villaverde en su Cecilia
Valdés, …cuyo supliciado puede no haber sido otro que Aponte.

Se hizo, por tanto, necesaria su condenación a último suplicio, aunque


éste fuese el de horca, pues que entonces sólo se aplicaba el del garrote a
la gente noble… […]La pena de muerte en horca, en los dominios
españoles era, si cabe, más terrible que la del garrote […]El verdugo, así
que ataba dos sogas al pescuezo del reo, le lanzaba desde lo alto de la
escalera, se le montaba a horcajadas en los hombros, y con los calcañales
le golpeaba el estómago para apresurar su fin; deslizándose por los pies
del ajusticiado, cuyo cadáver, dentro de un traje talar, quedaba
meciéndose al aire libre por ocho horas, a dos varas del suelo.
(Villaverde, 2005 (Gutenberg):Parte I, XII,76)

Aún todo ello, poco le pareció el espectáculo a Cirilo Villaverde, por lo que
agrego que la ahorcada era una mujer, que había pérfidamente asesinado:
“Semejante espectáculo no debía presentarse en La Habana con una mujer
blanca, por vulgar que ella fuese u horrible su delito […] cuando hubo fallado el
recurso de una supuesta preñez, Bermúdez solicitó […] se la hiciera morir en
garrote. Recordará el lector que siete u ocho años después de aquel a que nos
contraemos ahora, se abolió el suplicio de horca en Cuba”. (76) Por supuesto ya
Aponte había sido ahorcado; que lo era, el 9 de abril de 1812, año coincidente con
el de inicio del tiempo-novela de Cecilia Valdés. Villaverde daba los argumentos
patrióticos que compulsaban al hombre a morir por sus ideas. Y terminaba así:
“Quedaban, además, confusas, si ya no tristes, reminiscencias de las pasadas
conjuraciones. De la del año 12 sólo sobrevivía el nombre de Aponte, cabeza
motín de ella…”. (77)
En la época, los trabajadores de los astilleros y muelles habaneros eran, en una
importante proporción, negros y mulatos o (pardos) libres, entre los que
predominaban oficios como los de carpintero y tallista; de los que, en referencia a
la conspiración de Aponte, se afirmaba: “el grupo del capitán y maestro León
Monzón, tallista, capitán de Batallón de Pardos Leales de La Habana --del cual se
dice agrupaba a la mayoría de los carpinteros o tallistas como él--,
representaban el sector más peligroso, no sólo por su condición de militares, sino

85
por poseer mayores conocimientos y relaciones políticas que los de otros grupos”.
(Pavés, 2006: 685) La profesión de carpintero-tallista en madera puede
describirse como desarrollada en el trayecto del siglo XVIII, época que se
corresponde con la fundación del Real Astillero de La Habana. Estos artífices de
la madera, además de obras navales realizaron los artesonados para las principales
edificaciones, posiblemente alguna imaginería y los retablos para las iglesia
recién fundadas, según comento en otro párrafo. Es que las artes plásticas estaban
en manos en su mayoría de la población negra y mestiza, que entonces era la que
realizaba los trabajos de oficio. 86 Vale considerar que las necesidades de estas
profesiones, en especial de maestros carpinteros-tallistas para el Real Astillero de
La Habana, fue mano de obra de obligada procedencia mulata o prieta criolla.
Vinieron carpinteros, tallistas, pintores, españoles, como el vasco Zirartegui;
quien, en 1797, era nombrado "maestro tallista" por Real Decreto. Ese mismo año
el ingeniero general José Romero lo propone como maestro de escultura para el
astillero de La Habana. Pero se mantuvieron los criollos negros y mulatos que no
se nombraban… pero existían.
Por su parte y visto los ñañigos desde otra perspectiva, cómo la hace
Castellanos; cuando añade criterios que amplían el ángulo más ambicioso de la
perspectiva fundacional Abakuá: “La secta de los ñañigos cubanos presenta
curiosas similitudes con los misterios de la antigüedad greco-romana… sin
nexos”. (205)
Esto dicho así, nos arrima más a la realidad de los aportes que le llegaron por la
fuente que les tributaba José Antonio Aponte, acercando al hombre negro a
formas del pensamiento avanzado: de los griegos, romanos, egipcios…; con el
Mitraismo, el Orfismo, con los ritos de Eleusis o Isis, con la secta pitagórica…;
con el hermetismo, iniciación, los complicados ritos de purificación. Del uso de
agua o líquidos lustrales; el sacrificio de animales o “teología de la sangre”; de
las pruebas u ordalías de los catecúmenos, tabúes sexuales y alimenticios; el mito
genérico, la mágia, el uso de máscaras: los diablitos, la danza sagrada, entre lo
más señalable. En una relación que bien apuntan los Castellanos. (1992:206)

86
Según trabajo de Olga López Núñez, en: http://www.espaciolaical.net/contens/08/0846. pdf.)
86
Pero vale hacer una encuesta igual de lo que acopia Aponte en su Libro de
Pintura, del que quedaron elementos registrados de su interrogatorio a cuenta de
los emisarios del Gobernador de la Isla, marqués de Someruelos. El singular
material de láminas de Aponte de setenta y dos laminas en total; criptográfico,
cargado de simbología y con objetivos didácticos, divulgadores y
propagandísticos. Dicho libro, no sólo aportó a la sublevación antiesclavistas e
independentistas que encabezaba --le achacaban infidencia con razón… Del libro
esquematiza el investigador Pavez87:

El Libro de Pintura y las visiones geohistóricas de Aponte […] para los


trabajadores ñáñigos (Abakuá) constituirá una senda que ampliarían al
extremo [...] desarrollando una escritura jeroglífica [...] instituyendo una
ritualidad y una organización africana del secreto […] el Libro de
Pintura de Aponte constituye un nudo clave para la comprensión de los
desarrollos que tendrá la textualidad afrocubana. (Pavez, 2006:689-90)

Recolectamos algunos elementos en la mitología que, de alguna manera


aparecen utilizados por Aponte, y que trasmitieran al fantasioso mundo místico
Abakuá. Advierta que llamados misterios de Eleusis habían tomado su origen en
los subterráneos de Menfis; pues también allí era necesario ocultarse de las
miradas públicas. En todas partes, se comenta, el pueblo es pueblo, entregado a
las dádivas de los hombres habilidosos que saben deslumbrar sus ojos y subyugar
su voluntad, historia propia de la Legión de Caballeros de Eleusis, cargados de
misterios, entre quienes Elfou era uno de los nombres más antiguos de Dios.
Eleusis fue célebre, como antes se ha dicho, por sus misterios: “Sábese tan solo
que tenían por objeto ostensible reconocer los servicios eminentes que Ceres
dispensaba al Ática; pero en su celebración había otro fin secreto, sobre el cual
se comprometían los iniciados á guardar absoluto secreto mediante los más
terroríficos juramentos. Los fanáticos, pues siempre los hubo, trataban de
difundir entre el pueblo que el secreto de tales misterios no tenía más objeto que
87
Jorge Pavez Ojeda. Investiga el tema desde la Universidad de Santiago de Chile. Su Tesis de
Doctorado se tituló: “Africanismes à Cuba. Textes, images et clases (1812-1917)". Ecole des
Hautes Etudes en Sciences Sociales, 2007. Ya conocido en Cuba por sus importantes
investigaciones de tema afrocubano. De los que aprovechamos sus trabajo sobre el luchador negro
supliciado a inicios del siglo XIX José Antonio Aponte, y el tema de los Abakuá, en lo que llama
Laboratorio de Desclasificación Comparada.
87
ocultar las torpezas y excesos que en ellos se cometían”.88 En otras localidades
además de la micénica de Eleusis, Diodoro Sículo, se realizaban ritos análogos a
los eleusinos, como en Cnosos, para todos los que querían asistir, y que aunque
según los cretenses, los ritos de iniciación fueron inventados por sus antepasados.
Las autoridades usaron el Libro de Pinturas de Aponte, como un corpus delicti
para comprobar el rol del artista en las actividades subversivas que iban a
desembocar en la supuesta conspiración antiesclavista. Enfrentado al Libro de
pinturas, obra pictoglífica saturada de personajes, íconos, alegorías, hieróglifos,
versos, mapas, paisajes, ciudades, símbolos, colores y textos repartidos en setenta
y dos láminas. De acuerdo a Pavez Ojeda, el expediente fechado en los meses de
marzo a abril de 1812 es «un largo y alucinante documento» que consiste en «la
trascripción de las varias sesiones de interrogatorio que el juez Juan Ignacio
Rendón, el comisionado de la causa, Licenciado José María Nerey, y el escribano
Balaguer efectuaron al inculpado» (Pavez 2006: s/p). De hecho, en considerables
leyendas del fantasioso Abakuá, de esencia criolla, mucho las relacionan con las
ideas que trasmitió Aponte en su Libro de Pintura; que deben analizarse en este
sentido, incluidas las propias ideas de intransigencia y rebeldía social. En
definitiva, los sucesos que le acaecen a la fémina Sikán, sufrieron del
enriquecimiento y la transformación en el ámbito criollo habanero del Abakuá.
Este posible personaje convertido en una diosa, conservó atributos y
características de honda significación humana, de entrega, de sacrificio, entereza,
pasión, aunque carente del aporte erótico o sensual al menos; por lo que no es
perjura a la manera casquivana que se valora en el patrón que da Frank Padrón
Nodarse de la mujer-bolero (1999:53-58). Es que en esa Sikán Abakuá, también
afloran dependencias apontianas es su fuerza intercesora ante el Supremo Abasí,
que la acerca por un lado al fenómeno mariano católico al ser cómo la madre de
todos (la Akanarán); pero que suma atributos de una donna, dominante, típica de
la representación trovadoresca provenzal del medioevo que repercuten en
trovadores al occidente cubano, como Manuel Corona, que analizaremos. Por su

88
Observaciones tomadas del libro sobre aspectos de la miología antigua de Roberts Graves: Los
mitos griegos-I. (pp.25-79)
88
parte, José Luciano Franco89 verá en Aponte la encarnación del agente
revolucionario que lidera un conato de insurgencia, incorporándolo a la galería
hagiográfica revolucionaria cubana, en tanto héroe de la clase negra, artesano
insurgente, ciudadano ilustrado, afrocubano… En definitiva, el Libro de Pintura
muestra en el tratamiento del fenómeno fémino las características tipológicas al
escoger elementos de figuras aportadoras del en los respectivos panteones
mitológicos, lo que ayuda a entender el tratamiento del factor fémino que
indiscutiblemente afectó la obras artístico-creadoras de figuras del patio. La del
caibarienense Manuel Corona Raimundo como a ningún otro trovador.
Y volviendo al libro de Aponte que emplea las referencias grecolatinas,
egipcias, cristianas y otras, entre las que predominan las diosas madres, la Madre
Tierra y la Justicia y estas ligadas a figuras etéreas de diosas féminas como Isis,
Rea/Cibeles, Venus, Ceres/Deméter y su hija Proserpina; y se le atribuye, una
particular importancia, a los personajes mitológicos de Isis como la madre de
Horus; de la diosa Tierra, madre de Urano, madre de Júpiter; y un sin número de
diosas, 37, a ellas ligadas, con lo que se justifica la validez y primacía de la figura
femenina, madre de Dios, esencia de la Creación, principio fémino como creador
de todas las cosas., lo que se reafirma aprovechando las referencias cuantitativas;
en resumen, de las 57 referencias plásticas que hace el Libro de figuras de la
mitología greco-latina y cristiana, son femeninas y las 17 masculinas son los
descendientes de las figuras femeninas que protagonizan los mitos y alegorías.
El factor de incidencia en lo fémino merece atención especial considerando la
certeza de esa especial preferencia apontiana, que influiría al final del mismo
siglo XIX, en el compositor Corona Raimundo. Y algo antes, en la muy
subyugadora Sikán que elabora el hombre criollo Abakuá, y digamos igual, el
ñáñigo, que no por despectivo, trascendente en nuestra cultura.
Es que asombra el número de diosas que pinta o pega Aponte en su Libro de
Pinturas. Nombres de mujeres diosas, heroínas, santas, etc., que incluye en las
láminas de su Libro: Ceres, Ninfa Endey, Clorinda, Helena, Enone, Palas,
Terpsícore, Andrómaca, las Amazonas, Analipe, Siparisa, Eufrasia, Calia,

89
José Luciano Franco, 1974. «La conspiración de Aponte» - en: Ensayos históricos. La Habana,
Ciencias Sociales, pp. 125-190,
89
Polígena, Alcmena, Artemisa, Sirena, Liria, Medusa, Diana, Isis, Velona,
Proserpina, Rea, Polinia, Erato, Talía, Huraña, Euterpe, Clío, Melpómene,
Calíope, Venus, Minerva, Juno, Virgen de Regla, Reinas de Saba, de Candase,
Etiopia, Chipre; Afrodita Ninfas de Venus y otras. (Ver Franco, 2006:88-121) Y
así hacíamos igual al compaginar de las mujeres aparentemente comunes de lo
que podríamos llamar el panteón fémino del mulato trovador Manuel Corona, el
de las Longinas.
Pero valoremos, además, algunas de las concepciones de tema fémino, tomadas
de las mitologías, de diverso origen, que se presentan en el Libro de Pintura de
Aponte. Las láminas 52 a la 55 se dedican al legendario rapto de la diosa
Proserpina por Plutón, argumento del que resultan los difundidos Misterios de
Eleusis, ya mencionados; que, en esencia, procuran la unión de los iniciados al
aportarles un argumento ideomítico -incluyendo los recursos solidarios--,
consolidado en sus prácticas rituales. Salvando la manera trágica en que el
Libro de Aponte se presenta en los legajos judiciales del juicio publicados muy
estricta y someramente, que repercutió entre los afrodescendientes y en la
criolledad amplia y sin etnias, cuando el Libro circuló en la barriada capitalina y
lo hizo entre los adeptos de la secta Abakuá, originalmente laborantes en el Real
Astillero. Los rituales de dichos misterios y que pudieron ser asimilados por el
Libro se resumían en: propugnar una conducta moral definida, apta para
conseguir la felicidad entre los hombres negros en esclavitud.
Pero volvamos al caso de los Misterios en que se requería participar de las
representaciones del drama de la diosa Deméter, que originalmente tenían lugar
en Eleusis realizadas según comportamientos celosamente secretos, cuyo
conocimiento, en definitiva, trascendieron muy limitadamente. Los elementos se
correspondían al dolor de Ceres/Deméter diosa de la vegetación y la agricultura,
entre otras cosas, por su querida hija Perséfone (o la romana Proserpina, versión
que prefiere Aponte), que había raptado el dios Hades/Plutón para llevársela a sus
dominios infernales. Obviando los detalles del acontecimiento refiere lo que
sucede alrededor de la natural cópula que se ejecuta cuando la pareja descendía a
los lugares oscuros. Pasado algún tiempo aparece la figura teatral del hierofante
que representa al dios, exhibiendo como fruto de la unión una espiga del cereal
90
similar al güin Abakuá. En esa circunstancia una voz dice: La reina Brimo, ha
parido un hijo Brimo. Y destacaba Frazer: "La revelación de la espiga parece que
fue el acto culminante de los misterios" (179) Merece insistir que este elemento
de la espiga eleusidiana la que debió retomar el Abakuá por la insistencia
apontiana de su Libro. Empezando por el erótico frogoyar (frotar) del güin, 90
sobre el cuero de chivo del tambor Ekwe en representación de la joven Sikanekué
y el dios-pez Tanzé en los misterios del Abakuá. Este elemento de la espiga
reaparece en otros momentos del ritual Abakuá siguiendo las descripciones de
Argeliers León: "sucede que en los plantes» o actividades rituales, los bailes que
sólo ejecutan los Írimes o diablitos, figuras teatrales, que llevan en una de sus
manos una rama de yerba "escobamarga" o de millo". (León,1986:86) Además,
estos bailes de los Írimes se adornan con plumones, así llamados por ellos, que
regularmente se toma de lo que produce en su floración la caña de azúcar, que es
lo criollo. Advirtamos lo que dice, comparativamente, el Libro de Pintura de
Aponte en su Lamina 55, dedicada a: "[...] Ceres (o Deméter), la cual está
figurada más adelante con una antorcha buscando a Proserpina. Después se
demuestra con un hombre y una mujer que danzan el trigo y la espiga: y concluye
con adornos de la misma" (sic) (Franco,2006:119) Incluye Aponte además, de la
mitología cristiana sobre el origen del mundo; pero, interesante, con el factor
erótico fémino incluido. Lo que se apunta en el Legajo judicial de la primera
Lámina dice (respetando el texto y ortografía):

"y en el propio día veinte y cinco… se dejó ceducir del demonio la muger,
indujo á Adán y este pecó también—Una fuente qe. Existe en el medio del
paraíso de donde salen quatro ríos, Nilo, Gabge, Geon, Ofrates.
Quebrantado el mandato divino quedaron Adán y Eva cubiertos de…
(ilegible) trataron de…(ilegible) de su culpa aquel con tener muger
hermosa y esta con el engaño del Demonio". (SIC) (Franco,2006:90)

Así, según las concepciones apontianas, el pecado de Adán se reduce al factor


sensual: ¡…buscarse una mujer hermosa! Así, se suceden hechos de similar
intención en muchas imágenes vertidas en las láminas del Libro: 12 y 13. Suceso

90
Elemento que han retomado algunos ensayos de historia que ya hemos señalado.
91
erótico que en la mitología recuerda al joven de ese nombre, que el dios Ares
transforma en gallo en castigo por no velar cuando éste tenía relaciones sexuales
con Venus, --que es la versión romana de la diosa griega Afrodita que representa
la eroticidad. De nuevo aparece la misma diosa ligada al tema en la Lámina
treinta y nueve: "La Diosa Venus con su hijo Cupido". Luego la lámina cuarenta y
uno: "las cuatro ninfas de Venus y Cupido danzando en medio". Venus vuelve a
salir en la última lámina --la setenta y dos--, en tres ocasiones: "La disputa de la
manzana de oro entre Juno, Venus y Minerva"; en una segunda representación,
parte de un conjunto que estructura como un collage: "un León bajo de un
vidrio figurando una puerta por donde entró el rayo del sol al lecho de Venus", y
finali-za Aponte con la figuración que ya había usado al comienzo:
"Electrón por haberlo consentido lo convirtió en gallo".(121) De nuevo cuenta lo
del joven que se duerme cuando lo han puesto a velar mientras disfrutan
carnalmente Venus-A-frodita-- y su amante Ares.
Pero veamos de otras féminas, que es lo que más abunda: en las láminas 4 y 5:
"[...] Empieza por el lunes, en signo de Escorpión", y dice: "lo que significa un
carro tirado por mujeres que significan el día y la noche." En las láminas 12 y 13:
"El día viernes planeta Venus […] en Tracia por Reyna de Chipre […] influyendo
la estrella, música, poesía para tipos de encuentro hombre mujer, la hermosura del
clavel y la rosa." (93) La 14 y 15: "Planeta Saturno [...] Reyna en la Etiopia, su
esposa Rea […] más a la derecha la Diosa de las Ciudades y Plazas fuertes [...]
madre de Neptuno Plutón”. (93) La Lámina treinta y cinco, que sólo dice: "el
sueño por una dama que tiene recostado sobre su cuerpo un hombre dormido".
Escena parecida se repite en otra lámina: sesenta y cinco: "Astucias de una dama
para lograr su matrimonio"; agrega el legajo, que lo que dibuja en la lámina
sesenta y seis, (sic): "Es continuación de lo mismo". No le bastó para agotar el
tema, con una lámina. También Aponte repite la figura sexual del rapto en
Proserpina en la lámina setenta y dos, la última del Libro, y la recarga con otros
sucesos eróticos como el de Helena raptada por Paris. Y otras laminas más que no
consignamos, pero que repiten asuntos como este: la 58: "Euterpe diosa de la
música [...] La Ninfa Endey y un Ángel que le baja flores a la diosa".

92
Es indudable, el tema fantasioso apontiano incluye, especialmente, el de la
eroticidad; que, como anticipamos, se interrelaciona con el tratamiento de lo
fémino dado por la secta Abakuá, para, de tono similar, llegar a la poética
trovadoresca del compositor de la universal canción Longina, Manuel Corona, a
la manera de un todo… ¡y en una forma sobria y elegante! En definitiva, esto
erótico les fue trágico que les venía de nuestras mujeres en esclavitud. Es que el
componente contextual del activo fémino lo aportaba, de una manera muy
particular, el legendario luchador social y mártir negro, Aponte, a finales del siglo
XVIII; apoyado en una contextura ideoestética que afianzara el estamento
identitario del hombre negro. A quien no por gusto, al coloniaje español le
pareció, le sobraba la cabeza.

Andrés Petit: ¿“Reforma Protestante”, ñáñiga?

Otro de los adeudos del Abakuá lo fue, sin lugar a dudas, el carismático: Andrés
Facundo Cristo de los
Dolores Petit, “caballero de
color”, de militancia conga –
era criollo, hijo de esclava
mina--, lucumí, espiritista,
ñáñigo, católico, bacocó efó,
temido mayombero (congo-
palero); de la orden católica
de San Francisco, creador de
la Regla del Santo Cristo del
Buen Viaje del Palo Monte, e iniciador de la “Reforma Protestante” del
ñañiguismo como así lo conceptualizar Fernando Ortiz.91 Algún adepto escribió:

A la eterna y siempre viva memoria de Andrés Facundo Cristo de los


Dolores Petit, alias Andrés Kimbisa o Andrés Congo. Maestro supremo y
guía espiritual de la Orden Kimbisa. Issué de la potencia de los Bakoko
91
WEBSITE: http//ve-es.sonico.com/g/968059381andres-petit-y-regla-kimbisa&ei=Religiosas
93
en la Sociedad Secreta Abakuá, Nganga Nkisa, Olorisha, Masón y
Terciario Franciscano, fue el primero que introdujo al hombre blanco en
la Sociedad Secreta Abakuá y en las reglas de Palo Monte. Aprobada por
el Papa católico Pío IX en el año 1853 --según testimonio del propio
Petit--, la fundación de la fraternal orden de la Regla Kimbisa del Santo
Cristo del Buen Viaje, algunos adepto la señalaron como una de las más
importantes religiones del Congo de donde arribó a Cuba. Sus órdenes y
reglas están basadas en un sincretismo entre los misterios de varias
religiones del Congo, los lukumí, los espiritistas y la Iglesia de Roma.
Andrés Petit fundó una religión, la primera expresión en Cuba de la
diáspora africana con una mezcla de lo social, político y religioso. Fue el
que preservó las tradiciones de sus perseguidores e integró al hombre
blanco en los cultos de los esclavos de manera que, su trabajo, es de
fundamental importancia en la moderna sociedad afro-cubana y la
espiritualidad neo-africana. Sigue su memoria y que te ilumine como
fuente de inspiración y guía.

Al implantar el crucifijo en la Nganga, en el Fambá y otros espacios, introduce


reformas al ritual de la Sociedad Secreta Abakuá de la que sobrevive y expande
más allá de sus limitadas cofradías en el país. El 24 de diciembre de 1863, había
fundado el juego Mukarará Efó o Aknarán Efó, el primer juego conformado por
ñáñigos blancos. Patriarca Nkisi de la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen
Viaje; e Indiabón, el grado de iniciación más alto en Abakuá. A su muerte pidió
que se le amortajase con el hábito del Padre Santo Domingo… que remeda al
otro, pintor: Fidelio Ponce. Las celebraciones más importantes de los Kimbiseros
son, la Comida de los Muertos, la Despedida del Año Viejo y el Advenimiento
del Año Nuevo. Allí mientras se les reza, se canta y baila, se coloca una cazuela
con comida (arroz con frijoles y carne de puerco) de la que todos van comiendo
con la mano a la vez que bailan alrededor. Rito similar de comunión mediante la
comida tienen los Abakuá.
La primera sociedad de blancos se fundó a mediados del siglo XIX, también en
la barriada de Regla, y llevó el nombre de Akanarán Efó Muñón Ekobio Mucarán
como se indicó. Su creador Andrés Petit, célebre también por sus aportes a la
Regla de Palo con la elaboración de una ordenación sacramental para un nuevo
ritual de la variedad Kimbisa, admitió en su secta, de la rama efó, a “numerosos

94
españoles y descendientes de blancos, obreros, pero también se incorporaron
algunos aristócratas, altos oficiales militares, políticos y jóvenes gentilhombres”,
además de emigrantes asiáticos, como chinos y filipinos.92
Petit, el “caballero de color” fungía en la dirección de la potencia Bacocó Efó,
que dio paso a “un curioso y peculiar sincretismo criollo”. Además, le cobraba a
los blancos por iniciarse 30 onzas de oro con cuyo fondo le procuraban la libertad
a los ekobios u obonekues, por lo que una gran masa de negros obtiene la libertad
en fechas tempranas de la colonia. Petit que vestía de levita negra, zapatos
sandalias y con un "itón" (bastón Abakuá), adornado con casquillos de plata;
controvertido personaje de cuya presencia acusa lo francés que le viene de los
amos de su madre Juana Mina, doméstica de una señora de esa procedencia,
Leonor Petit.

El temible taumaturgo habanero, siendo abakuá, santero, palero,


espiritista, terciario de la muy católica Orden de San Francisco y masón,
personificaría como nadie el epítome del sincretismo religioso y cultural
de la nación cubana. Y si Judas vendió a Jesús a las autoridades romanas
y a los sacerdotes judíos por treinta monedas de plata, Petit vendió el
secreto Abakuá a los blancos cubanos por treinta onzas de oro, y si Judas
pasó a la posteridad como un traidor, otro tanto le ocurrió a Petit. En
definitiva usó el dinero cobrado por iniciar a los blancos; para sacar de
la cárcel a varios hermanos de religión y, lo más importante, que su
acción de empezar a admitir a adeptos no negros en las potencias
impediría finalmente la desaparición de Abakuá pues, de ese momento en
adelante, la secta iba a contar con poderosos y encumbrados ekobios que
impidiesen o amortiguasen los efectos de la persecución que llevaban a
cabo contra la hermandad secreta las autoridades coloniales.

Mucho de los blancos iniciados pertenecían a familias de la élite criolla. Ya, con
anterioridad a estas fechas de expansión del secreto, el segundo Marqués de Casa
Calvo había sido desterrado por el Capitán General Tacón, entre otras cosas, por
celebrar reuniones, se supone, que de las seguidores de Petit. Para 1878, el año en
que muere Petit, se crea el segundo juego de blancos, el Ecorie Efor.

92
Abakuá o ñañigos. Materiales acopiados; con elementos tomado de Wikipedia (2019)
https://es.wikipedia.org/wiki/Abaku%C3%A1
95
Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit, realmente es ese su nombre, siendo
abakuá, santero, palero, espiritista, terciario de la muy católica Orden de San
Francisco y masón, personificó, como nadie, el sincretismo religioso y cultural de
la nación cubana; y personificaría también, el sumario del pensamiento de lo que
llamaríamos corrientes sincréticas de índole filosófico-religiosa propias de un
primitivo cristianismo. Que algunos consideran derivó hacia un pensamiento
declarado herético, después de una etapa de cierta aceptación por las autoridades
eclesiásticas. Algunos también refieren que practicó un cristianismo propio de un
gnosticismo.
En el artículo La llegada del bilongo, 93 se precisa que Andrés Petit nació en
Guanabacoa, en 1829; y bautizado por la fe católica una año después, el 3 de
enero de 1830 según lo atestigua el libro de Bautismos de Pardos y Morenos,
tomo 33, folio 209, número 813. Y en el tomo 14 del Registro de Difuntos
correspondiente a Pardos y Morenos, Folio 10, Número 27, en hojas que el
tiempo deshace, la constancia de la muerte, el 20 de mayo de 1878. El
escribiente, un sacerdote, transcribió con cuidadosa caligrafía parte del
testamento otorgado, cinco días antes, en que se dice que no sólo recibió los
Santos Sacramentos y que era soltero de cuarenta y ocho años de edad, sino que,
además, disponía por su alma las treinta misas de San Gregorio y las mandas pías,
y que pidió que se le amortajase con el hábito del Padre Santo Domingo, se
le colocase en una caja sin lujo que se cubriría de inmediato alumbrándose el
féretro con cuatro luces puestas encima de la mesa de su habitación en que tiene
la imagen del Santo Cristo del Buen Viaje. Así, se pone de manifiesto la realidad
de un personaje de existencia que, por extraordinaria, estuvo envuelta en el
misterio y la leyenda; de alguien que lleva un estigma a manera de una cruz en el
cielo de la boca o en la lengua, y que, por otro lado, su poder de adivinación y su
don de realizar conjuros mágicos, vinculados al espiritismo, eran tales que vienen
a ofrecer de Petit una imagen muy difícil de enmarcar entre los límites a que nos
tiene acostumbrado ese racionalismo ramplón. Petit caminaba las calles de La
Habana calzado con sandalias, vestido de levita negra y portando un bastón,

93
De María del C. Muzio, en su artículo La llegada del bilongo, publicado en la revista Vitral, de
La Diócesis de Pinar del Río. (2001)
96
báculo poderoso, que a diferencia de los bastones corrientes tenía casquillos de
plata por ambos lados que lo hacía asemejarse un itón de los utilizados por los
altos dignatarios abakuá; báculo que, se asegura, trabajaba de modo que bastaba
con que lo levantara y dijera las palabras mágicas de Adiós, mi niño para que lo
mismo paralizara en plena calle a un transeúnte que impidiera un atraco; báculo
con el que además, corre la negra fama, podía matar llegado el caso al enemigo
empecinado; ese del que, ya sabemos, no se puede esperar redención alguna.
Muchos recuerdan la anécdota que narra Lydia Cabrera contada por uno de sus
entrevistados:94

Fue Andrés Petit quien metió el crucifijo en las Potencias, para que
todos se convencieran de que no somos salvajes; quien les aconsejó que
llevasen el santo de su devoción al altar y quien ideó con sus blanquitos,
pasar un día con asanga makotero con la procesión ñáñiga por delante
de las puertas de la iglesia para demostrarle al cura que eran devotos,
cristianos y no judíos. Esto me lo contó Antonio Nkandémbo. Salieron los
ñáñigos por la calle de Jesús María. Se pararon en la misma puerta de la
sacristía. Al verlos el cura con sus tambores, llevando un crucifijo, una
tinaja y la cabeza de un chivo, les preguntó: --¿Quiénes son Uds. ¿Qué
quieren?
– Somos Abakuá. Queremos que nos bendiga.
–¿Pero Uds. creen en Dios?
–Creemos en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu Santo y en la Santa
Madre Iglesia.
El cura les echó un rezado y los bendijo.

Muchos también aseguran que Petit podía predecir, a quien estimara merecedor,
el número de la lotería, y lograr que un culpado, o culpable, procedente de familia
adinerada saliera absuelto en el juicio, contra todo pronóstico, siempre y cuando
la familia ofrendara limosnas para los pobres de su convento. Aparte del
sobrenombre de Andrés Kimbisa se le conocía también con el de Caballero de
color porque cuentan, que en una ocasión en que estaba de visita en la casa de un
criollo de título nobiliario, otro de los visitantes le protestó al anfitrión por recibir
a un mulato, a lo que éste contestó tranquilamente que ese mulato no era un
94
L. Cabrera y la verdad histórica de Abakuá. La Habana Elegante - El Rincón. (El ñañiguismo
en el siglo pasado).
97
mulato cualquiera, sino un caballero de color. Y algo más se agrega que el gran
taumaturgo habanero consultaba solamente usando un vaso de agua que solía
remover con una varilla y que, antes de comenzar la sesión, exigía el rezo de tres
Padre Nuestro, tres Ave María y  tres Credo; no parece acá que sea gratuito el uso
del número tres que aludiría, por un lado, al dios Elegguá de la regla de Ocha y,
por el otro, a la Santísima Trinidad de los católicos.
La nueva regla fundada por Petit, Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje,
exigía que el iniciado prestara juramento al mandamiento cristianos y, dar fe de
creer en la existencia de un ser supremo; tal cual deben hacer los masones antes
de iniciarse en logia. Así, el Kimbisa jura ante el crucifijo no blasfemar ni
maldecir, perdonar a su enemigo, atender a sus hermanos, y, sobre todo, no
traicionar a la hermandad; eso de perdonar al enemigo es un principio puramente
cristiano, pues en ninguno otro de los cultos advenidos del África existe nada
parecido a perdonar al enemigo. Andrés Petit, como buen conocedor del
ocultismo, sabía muy bien que la gran paradoja de lo luminoso, o de la
manifestación de lo luminoso, se da precisamente en el pacto entre la luz y la
sombra, entre el bien y el mal. Cuentan que Petit es capaz de matar mediante el
báculo poderoso, probablemente sin odio, al enemigo empecinado y de vender el
secreto Abakuá a los blancos con el fin último de obtener la sobrevivencia de la
temible hermandad; quiere decir, hace uso del supuesto mal para obtener un
supuesto bien en el negociado de la existencia. La etnóloga Lydia Cabrera escribe
en su obra La Sociedad Secreta Abakuá narrada por sus viejos adepto:

“No hemos buscado su fe de bautismo. Ni su partida de defunción.


Existieron otros dos, brujos como él, ya desparecidos, que se confunden
con el verdadero y reverenciado Andrés Facundo Cristo de los Dolores
Petit, (alias Andrés Kimbisa), famoso Isué de Bakokó Efor (...) Nos
atenemos a repetir lo que el pueblo, y muchos viejos en particular, saben
de él, mezclando ampliamente la realidad con la leyenda. Andrés Petit es
un personaje de leyenda. La posteridad ñáñiga y Kimbisa hoy lo
contempla como un mago dotado de extraordinarios poderes, capaz de
convertir el agua en vino –por lo menos en una ocasión tornó el agua en

98
leche- y como nos dice Tankéwo, “de apagar y encender el sol cuando le
daba la gana”. 95 

Lo esperaron armados a su regreso de un viaje que hizo, según la leyenda, a


Tierra Santa y al Vaticano, a visitar al Papa Pío Nono, quien, supuestamente
bendijo la rama de olivo con la que confeccionó su portentoso báculo, además de
darle permiso para fundar la regla Kimbisa Santo Cristo del Buen Viaje, y que,
desde la embarcación, Petit sólo tuvo que levantar el báculo para que los
enfurecidos ekobios que lo aguardaban con muy malas intenciones quedaran
paralizados como peleles, dando oportunidad para que el príncipe de potestades
descendiera del barco despreocupadamente y sin problema alguno. En definitiva,
es posible concluir como lo hizo el sabio Fernando Ortiz: que Andrés Petit
promovió, en intensiones, toda una Reforma, a su manera, replicando la
Protestante, pero Ñáñiga.

El Segundo Marqués de Casa Calvo: ¿Ñañigo?

Según el médico-historiador habanero, Domingo Rosain: “el segundo Marqués


de Casa Calvo había sido desterrado por el Capitán General Tacón, entre otras
cosas, por permitir sospechosas reuniones de negros en su casa…”96 Como se
adelantó, muchos blancos que se iniciaron en el ñañiguismo pertenecían a las
mejores familias de la nobleza criolla. Es bueno señalar que, ya con anterioridad
a estas fechas de expansión del secreto, es cuando el destierro del segundo
Marqués de Casa Calvo por las reuniones en su casa donde concurrían negros.
Por su parte Cirilo Villaverde en su novela Cecilia Valdés, menciona al marqués
de Casa Calvo, pero con referencias bastante estigmatizadoras. Vea: Para las de
alta posición social, queremos decir, para los blancos, había algo más decente,
había la casa de bailes, donde un Farruco, un Brito, un Illas o un Marqués de
Casa Calvo tenían puesta la banca o juego del monte desde el oscurecer hasta
pasada la media noche, mientras duraban los dieciocho días de la feria.
95
Lydia Cabrera: La sociedad secreta Abakuá narrada por sus adeptos. (Miami: Ediciones C. R.
Colección del Chicherekú, 1969)
96
Domingo Rosain, (1875): La necrópolis de La Habana. (Biblioteca digital Nacional de España)
99
(Tomado de Cecilia Valdés: Primera parte. Cap. IV. 34) Y para abundar en
características del árbol genealógico de este marqués se añade otros datos: 97

“El Teniente General D. Sebastián Calvo, biznieto de D. Martín, fundó


el título de Marqués de Casa Calvo en 1786. Natural de la Habana, fué
Gobernador de la Luisiana y comisionado por Carlos IV para hacer
entrega de esta provincia á la Francia. Murió en Paris el 20 de Mayo de
1820. Nieto también de D. Martín lo era el habanero D. Pedro Calvo,
Mariscal de Campo, al que se le concedió en 1767 el título de Conde de
Buena Vista, nombre de una de sus fincas, cuya dotación destinó á los
trabajos de fortificación cuando la Habana fué sitiada por los ingleses.

Capítulo V. Filo-masónismo Abakuá

97
Ídem: pp.119-120.
100
La masonería es una de las instituciones que se dan paralelas a los Abakuá y de
quienes tendrán una subrepticia influencia. De ello afirma el investigador chileno
Dr. Jorge Pavez:

(Del Abakuá)“…sus formas de organización y reclutamiento, la gnosis


gramatológicos de sus cultos (ritualidad especializada, hermetismo,
criptografía) [...] Si bien los documentos oficiales que atestiguan de
Abakuá son posteriores […] tanto en su articulación organizacional y sus
redes de influencia […] cabildos africanos, trabajadores libres de los
muelles […] como en su textualidad gnoseológica (el juramento, el
secreto y las firmas como estructura de la escritura jeroglífica […] se
pueden vincular tanto con el hermetismo esotérico de las logias
masónicas […] como a ciertos sistemas político-religiosos africanos
trasladados al Caribe.98

En tal sentido, del conglomerado sectario Abakuá, el etnólogo Argeliers León


hace precisiones: ―sus ceremonias inicíacas y la real hermandad de sus
asociados hicieron del ñañiguismo una verdadera masonería popular. (A. León:
266)
Con los sucesos independentistas y liberadores en los finales del siglo XVIII, en
la porción de la isla caribeña haitiana, de gobernanza francesa, muchos
pobladores arribaron a las costas cubanas, lo que favorecía la corta travesía; y
que, por ciertas razones de conveniencia y circunstancias, en un inicio, las
autoridades españolas en Cuba, no ponían muchos reparos en dicha inmigración.
Esta afluencia incluía no solo al francés blanco dueño de propiedades, con sus
dotaciones de esclavos. A lo que se añadía toda una población, de gran
parcelación socio-cultural, carismática; entre la que se incluía, el esclavo. Lo que
carecía, en proporción, la población cubana.
El emigrado franco-haitiana encontró cabida en varios lugares del país,
apareciendo, en consecuencia, varias logias masónicas de esa precedencia donde
estaban muy extendidas. Si bien, con la conocida Toma inglesa de La Habana
unas décadas antes, se daba, igualmente transportada, una logia masónica en La

98
Pavez O., Jorge: Libro de Pinturas de José Antonio Aponte, Vol.1, nº 2, pp. 667-668. WEB-
SITE: [Consulta: 20/15/2008]: http:// www.desclasificación.org/pdf/presentación_aponte_pavez)
101
Habana beneficiada por el florecimiento cultural que acompañó las nuevas
relaciones socio-económicas con la presencia inglesa; aunque esta logia que no
tuvo mayores implicaciones ni adeptos, en ese contexto socio-cultural.
Así las cosas, las franco-haitianas fueron numerosas, especialmente en La
Habana y Santiago de Cuba desde 1791. A mencionar en la capital: Concorde,
Amitie, Perseverance y Benefique, que se caracterizaron por una amplia
integración de su membrecía, incluido el hombre negro. La siguiente cita puede
ilustrar cómo se sucedían los hechos, aunque no reconoce la existencia de la
logia inglesa en 1762; pero note:

La primera logia fundada en Cuba fue “El Templo de las Virtudes


Teologales” No. 103, gracias a la labor masónica del francés radicado
en Saint Domingue Joseph Cerneau. “El Templo…” recibió la carta
patente en 1804, emitida por la Gran Logia de Pennsylvania. […] La
corona colonial española, prohibió las reuniones masónicas entre 1828 y
1859 en todo el territorio español, y por ende en sus colonias, que eran
territorio español igualmente.99

El clero español --y a resultas el gobierno español--, con manifiesta dependencia


a las tradiciones medievales, fue perseguidora de esas transgresiones doctrinales
que, en su criterio, traían aparejadas dichas logias; incluso, so pena de muerte; lo
que introdujo periodos de estancamiento en su desarrollo, substancialmente en
momentos del siglo XIX en Cuba. De hecho, al poco tiempo de estar asentadas
las Logias en Santiago de Cuba son trasladadas a Louisiana procurándose
mejores aires.
Los talleres que sesionaron en La Habana también desaparecieron con el
tiempo, más las calles donde tenían sus templos, aún hoy en día, conservan la
memoria de aquellos sitios. Por lo que es de suponer, que su espectacular
presencia habanera atrajo un interés filo-masónico, y en el medio contextual
Abakuá se produjo una natural absorción de ideas y patrones de comportamiento
de esa factura. Cuando consideramos los aportes que hacen los presupuestos
culturales del luchador afrocubano Aponte al fenómeno Abakuá, son

99
Nota de Juan Jorge Álvarez Sánchez. (2009): ¿Sociedades Abakuá o Masonería negra? (A
Propósito de los cultos populares sincréticos y la masonería en Cuba. (Web: CAFE BERLIN)
102
identificables muchas referencias conductuales que de estas logias afrancesadas
debió refrendar, a lo que nos referiremos.
Es importante tener en cuenta algunos elementos conformadores de la esencia
mística de estas logias, surgidas en Europa fundamentalmente, al calor de los
llamados tiempos modernos en los albores del capitalismo; aunque, sus
promotores, ingleses, franceses…, insistieran en sus orígenes en las antiguas
civilizaciones egipcia, greco-latina, cristiana. Así podemos mencionar los valores
geométricos mezclados o los oficios de arquitectos, de maestros de obras, que se
incorporaban, muy relacionados al periodo constructivo gótico. Como tres,
número perfecto: los lados del triángulo equilátero que simboliza la
magnificencia del Gran Arquitecto del Universo y tres son los lados iguales que
nos conducen a la divisa masónica de LIBERTAD, IGUALDAD Y
FRATERNIDAD y tripartita es la división justa y equilibrada del poder
democrático.
Igualmente, la perfección del maestro masón está presente en la estrella de
cinco puntas, a saber: FUERZA, BELLEZA, SABIDURÍA, VIRTUD Y
CARIDAD. Cinco es el resultado de todas las franjas y tiene que ver con el
espíritu vivificador que fortalece la naturaleza. Y siete es el resultado de la suma
de las cinco franjas, el triángulo y la estrella, número que es considerado divino
por los griegos y judíos.
Y siguiendo lo antes señalados de las influencias, traemos algunas referencias
que en este sentido se dan en la música profana que se le atribuye al Abakuá. Así,
en la integración de las primeras orquestas Típicas en Cuba, con gran presencia
del músico de color y del Abakuá en la Habana, las que interpretaron los primeros
danzones, danzas y habaneras: estas incorporaron el clarinete, instrumento
vinculado originalmente a lo masón. La integración de la Típica armada por
Miguel Faílde, ekobio Abakuá, para dar a conocer su primer danzón Las Alturas
de Simpson, en el Liceo de Matanzas en 1879, muchos elementos nuevos se
introducían que merecen atención. Con el ritmo: era más pausado, menos
prosaico y menos ennegrecido, valga el término --algo así como de pretensiones
filomasónicas--; mucho menos movido que las contradanzas y danzas que le

103
antecedieron. Aquel primer danzón estaba estructurado --y nos servimos de la
descripción que ofrece el reconocido especialista Helio Orovio:

Comienza con una introducción de ocho compases que se


repite para hacer un total de dieciséis antes de entrar en la llamada
parte del clarinete. Aunque no existe interrupción de una u otra
parte y aunque el ritmo se sostiene siempre dentro del mismo tiempo
(ya que la ligera aceleración a que se llega en la última es apenas
perceptible), podemos decir que la primera parte es más movida que
la segunda, puesto que, como indica su nombre, está escrita para la
agilidad (se entiende, más sobria. (N/A) del clarinete […] El
Danzón de Faílde se configura en tres secciones de 16 compases que
se denominan: introducción, parte de clarinete o trío de clarinete y
trío de metales. El Danzón era interpretado por las formaciones
denominadas Orquestas Típicas, (Orovio:2010)

O sea se configura en tres secciones de 16 compases que se denominan:


introducción, parte de clarinete o trío de clarinete y trío de metales… Donde se
insiste en el número tres como en las piezas musicales del genial músico, y
masón, Amadeus Mozart. La descripción de Helio Orovio es aportadora además,
al referirse al movimiento: “más movida que la segunda (parte), puesto que estaba
escrita ésta para la agilidad de la ejecución del clarinete…” Menos movida, como
debió caracterizarse la masónica y lo percibiera el atemperamiento ritmático con
el que se concibe el Coro de clave, de factura Abakuá; lo que tendrá especial
atención en el trabajo.
El clarinete comienza a tener importancia por su originaria relación con la
masonería. Destaca en la obra de Mozart la "Gran Partita", donde fue quizás el
principio de la gran correspondencia del compositor con el clarinete y de éste con
la masonería. Mozart elaboró un sin número de composiciones en función del
ceremonial masónico para que su amigo también masón, el clarinetista Antón
Stadler las interpretara; se introducía así el instrumento. Es que además éste
estaba en proceso de perfeccionamiento, que terminaría por asociarse a la
fraternidad masónica.

104
De hecho, la masonería --que no era tan antigua en Europa--, tenía prácticas en
el ritual que a las mutuales Abakuá les venía muy a su conveniencia e interés: "El
ritual masónico requiere de mucha música", dice un investigador, y dice más:

En la Masonería, la música representa una de las siete artes liberales,


simbolizando la armonía del mundo y, especialmente, la que debe
existir entre los masones. A través de la belleza de los sonidos y de la
armonía de los ritmos se llega a la sabiduría del silencio […] la música
es, en ella misma y por esencia, una forma de masonería, una
construcción de carácter iniciático". (Diez Fuentes,2008)

Tan presente en el ritual masón, la llamada Columna de la Armonía --o


conjunto instrumental-- fue objeto de imitación Abakuá. Por manifiestas
intenciones filomasónicas, muchas de las agrupaciones musicales populares,
incluso sin ser Abakuá, incorporan a su tradición, en un momento, la preferencia
por el clarinete, llegando a sustituir con él al violín.
Por su parte la música Abakuá, no ritual, de los Coros de Clave, que conoció,
compuso e interpretó el trovador Manuel Corona --en lo que nos ocuparemos más
luego--, se acompañó en ocasiones del clarinete por idénticas razones, aunque
algunos estudiosos, quizás erróneamente, lo hayan relacionado a las prohibiciones
que, en efecto, imponían las gobernaciones españolas a las actividades estridentes
que se integraban con los tambores y otros instrumentos ejecutados por, y lo afro,
que satanizaban. Por lo que valga repetir: siempre la música Abakuá fue más
atemperada. Veamos si no: cuando la comparsa Los Alacranes de La Habana,
organizada por vez primera para carnavales por una potencia Abakuá, debutó con
la participación de 25 músicos: ¡los instrumentos eran 20 clarinetes y el resto
timbales! (Wisdom-Camilleri, 2008).100 (La admiración señalada es nuestra)
En definitiva, que no es posible extrañar que la trovadoresca que emprende
Corona con esa factura sonoro-significante, tenga esa tesitura atemperada del
clarinete, contenida en el Coro de Clave. Fueron asimilaciones, muchas, como
el instrumento del clarinete, de efecto meteórico. En definitiva, también otras
varias permanecerían en el tiempo, aunque hayan tenido diferentes aplicaciones y
100
Wisdom Viña, Yinette y Camilleri Pardiñas, Mailin (2008): El Alacrán, historias y
tradiciones: La Habana. Revista La Jiribilla, Nº 379.
105
explicaciones, pero que en el caso de Manuel Corona dejan huella que le llega al
fantasioso creacional apropiado a su prolífera actividad autoral. Y, adelantamos,
que tal fenómeno se da, así mismo, en la novela Cecilia Valdés de Villaverde.
Veamos algunos nuevos aspectos de ese filomasonismo ñáñigo.
Con más o menos precisión historiográfica se puede reconstruirse lo que
consideramos el segundo período de esas sociedades o potencias Abakuá ya
dispersas, después de las acciones en su contra del gobernante español; tal el caso,
del Capitán General de Cuba, el marqués de Someruelos. Como así recogen datos
--que hemos repetido--, la sociedad Abakuá es reconocida en 1836 por el medio
oficial del gobierno español en el poblado ultramarino habanero de Regla. Esta
asociación, tuvo por objeto la protección y ayuda mutua de sus miembros, así
como la conservación de las tradiciones de sus áreas de procedencia africana
esencialmente. Muchos insisten, en que un elemento que enlaza a las potencias
Abakuá o ñáñiga con su raíz primigenia en África es la lengua Efik, que de alguna
manera aparece en sus rituales. Aunque de ello hay detractores.
Por otra parte, estas hermandades debieron establecer normas estrictamente
secretas para sus miembros, muy perseguidos por las autoridades españolas; por
lo que utilizaban medios de identificación y comunicación solo conocidos por
sus miembros. Se promovió un sistema organizativo para las potencias ya
funcionando que apadrinara la creación de otra. De manera que la llamada Efik
Butón, patrocinó a la Appapa Efó y éstas a su vez dieron lugar a las dos grandes
ramas, tierras o potencias de tendencia Efik. Les fue propio el privativo ritual de
la iniciación, que activó la idea de preparar un recinto especial para realizarlo que
protegieron celosamente, el fambá o baroko. Del fambá Abakuá, un aparte para
establecer semejanzas, que nos aporta León: 101

En una esquina o parte lateral, un pequeño recinto llamado el famballín


—iriongo o fe-Ekué-—, encerrará y ocultará celosamente el secreto
máximo de cada hermandad: un tambor de fricción, el Ekué, que, con el
frotar rítmico de la mano que aguanta una varilla de güin que se apoya

101
Argeliers León. “El círculo de dominación”. Artículo en la revista Universidad de La
Habana, No. 196 – 197, 2-3 de 1972, la Habana, pp. 130–147.
106
en su parche, deja escuchar la voz de Tanzé. El fe-Ekué se cierra con una
cortinilla de tela, en la que se inscribirá su Anaforuana distintiva.

Era realmente muy similar a los ritos que practicaban las logias masónicas. Las
que, correlativamente, tenían una estructura jerárquica simbólica encabezada por
el Venerable Maestro, máxima autoridad del taller, a quienes se subordinan los
Vigilantes, para conducir las sesiones ante una ausencia del Venerable Maestro.
Observe que lo señalado de los masones, de una manera u otra se reproduce en
el accionar conductual del ekobio Abakuá, evidentemente y a partir de la década
de 1830, que hemos considerado un segundo período o etapa. Así, a lo anterior,
añadimos nuevas similitudes propias de un filomasonismo Abakuá; y, realmente,
sólo eso: una imitación.
Hay que añadir el tratamiento masón al Hermano –el ekobio, (iniciado)…--, al
ingresar; que cumplimenta un ritual después de afrontar un exigente proceso de
admisión. El aspirante a masón debe ser un hombre de probada moral y buenas
costumbres; dispuesto a practicar la solidaridad; ser respetuoso y de buen trato
con los demás. No debe practicar discriminaciones en lo social, ni en lo racial.
Las prácticas masónicas se llevan a cabo en un sitio especialmente acondicionado
al efecto y aunque hay asociaciones paramasónicas integradas por mujeres,
normalmente, éstas no pueden ingresar a logias regulares en las que sólo
admiten, pertenecer, hombres.
Si bien la filo-masonería Abakuá muestra prácticas como esa. Y, añadiendo, que
existen otros puntos más de contacto entre ñáñigos y masones. Para ampliar,
algunas consideraciones más de la mística y rituales Abakuá según Lydia Cabera:

Los principales ritos Abakuá son el de iniciación o plante y el funerario


o nlloró celebrados en el isaroko, patio o espacio público y en el fambá o
templo sagrado, lugar privado no accesible para los no iniciados, rituales
realizados por las distintas logias, juegos o potencias ñáñigas (grupos)
integradas por los miembros o ekobios con una jerarquía de cargos
llamados grados o plazas.[XVIII] La mitología en las creencias de los
abakuá se basa en la leyenda de origen en África, aunque hay diferentes
versiones según Lydia Cabrera (2005 [1959]: 105).

107
Por su parte repite, en esencia, lo que es de general conocimiento en cuanto a la
mítica, que acompaña el ritual que conforma el fantasioso Abakuá:

En la leyenda de Sikanekué, se relata la historia de la bella princesa


Sikán, hija del rey del pueblo efor, quien cierto día se acercó al río para
buscar agua en su calabaza. Llenó la calabaza y cuando la transportaba
sobre su cabeza oyó una voz similar a un rugido y accidentalmente al
arrojar la tinaja, dio muerte al pez sagrado llamado Tanze, voz de Abasí
(la deidad suprema) y portador del gran misterio (también llamado Uyo).
Iyamba, el rey efor, su padre, le ordenó que guardara secreto sobre lo
sucedido pero Sikán le confió el secreto a su marido Mokongo hijo del rey
efí. Los efí quisieron poseer el secreto de la voz de la deidad suprema,
Abasí y tras varios conflictos lo obtuvieron de los efó. (Lydia Cabrera,
2009 [1981]: 306-310) …Y, como castigo por su profanación, Sikán fue
sacrificada ritualmente.

Villaverde, masonería y ñañiguismo. José Dolores Pimienta.


“Abriole Rinconete, y en la primera hoja vio que decía: Memoria de las
cuchilladas que se han de dar esta semana”. Cervantes (Rinconete y
Cortadillo)

Por su parte, Domingo del Monte le dijo a José Luis Alfonso: que la novela
Cecilia Valdés:

…era la de más longue


haleine que se ha
publicado en La
Habana, y fuera de
algunas incorrecciones
de lenguaje y ciertos
resabios de estilo, es lo
mejor que en su clase ha
producido el ingenio
cubano: tiene el mérito
particular de presentar
un cuadro exacto y
animado de las
costumbres de la gente suburbana y mulatesca de nuestra población… En
segundo lugar, su texto literario es una descripción de los principales
sectores productivos de la oligarquía habanera: los ingenios y los
108
cafetales y, por primera vez, se introdujo el comercio. (del Monte, 2002:
201)

El liberalismo aparente, de base racista, de Domingo del Monte y Saco –para


quien, la nación unicolor, blanca…--, quien decía: “…le viene de la esclavitud,
institución abominable que ni la raza infeliz negra, se aviene con los
adelantamientos de la cultura europea. Todo cubano debe acabar con la Trata
primero y por último limpiar a Cuba de la raza africana…”, predicaba del
Monte.102 Según Sophie Andioc Torres,103 la investigadora y presentadora de la
publicación del Centón Epistolario del intelectual decimonono del Monte, además
de lo anterior, señalaba:

La participación inglesa, tanto en forma directa a través de presiones de


los gabinetes británicos sobre los españoles, como indirecta, por medio
de la acción de importantes agentes suyos en la Isla, constituye uno de los
factores más importantes en el desencadenamiento de los profundos
conflictos, de las insurrecciones y de las conspiraciones de esclavos y de
negros y mulatos libres así como de la compleja participación de la
intelectualidad blanca en la discusión y presentación del problema de la
esclavitud en la Isla. (Idem:VI)

La versión definitiva de Cecilia Valdés de 1882 en Estados Unidos, posee un


tono antiesclavista que no tenían las versiones anteriores que Villaverde habían
dado a la prensa en Cuba en la década de 1830, aun cuando comulgaba con la
tendencia abolicionista imperante. El novelista en la nueva y definitiva versión, es
mucho más incisivo en lo que supone aspectos medulares; cuando, junto a ese
hombre esclavo coexisten elementos igual de perturbadores como la mujer sujeta
a idéntica ignominia, en una sociedad que se abre a sentimientos de nación para
sí, con un portal criollo abarcador:

La ostentación se convierte en uno de los móviles principales de la


sociedad criolla decimonónica… De manera que, Villaverde no puede
102
Ver Humanismo y humanitarismo. 1936. La Habana, pp. 107-108.
103
Sophie Andioc Torres en la Presentación a la publicación del Centón Epistolarios de
Domingo del Monte, Volumen III-- tomo V 1841-1843. Ed. Biblioteca de Clásicos Cubanos.
Univer-sidad de La Habana)
109
dejar de narrarnos en su novela los bailes de salón que se celebran en La
Habana, en los que sobresalen los manjares y el lujo de los festines…Una
ciudad que debe su esplendor a “los criollos enriquecidos [que]
condicionarán las transformaciones urbanas y arquitectónicas” en el
siglo diecinueve (Segre 127).

Y dice algo más de las criollas, la investigadora Sophie Andioc Torres; en que
se detiene, con particulares análisis, en la otra figura, central para Villaverde: la
esclava María de Regla. Es que la mujer era esquema negativo, aunque en
apariencia, para el hombre Abakuá; sin embargo, el novelistas, y la estudiosa,
creen lo contario. De hecho Villaverde avanza más en Cecilia Valdés; y una de
sus referencias a dicha noción feminista la arma con la esclava María de Regla. Y
a ella empieza a sumar tributos en que se conjuga como el mejor exponente del
naciente, pero ya reluciente, personalidad criolla.

Estos acontecimientos son expresión de la prevalencia de la mezcla


sobre lo blanco y de la redefinición de lo criollo, a partir del mestizaje al
permitir que Cecilia y María de Regla, se reproduzcan. Esclava María de
Regla intenta trocar su status de enfermera del ingenio La Tinaja y así
regresar a la Habana; Leonardo se rebaja para estar con Cecilia y,
también, para estar con Isabel Ilincheta, cuya dote es insuficiente. Esta
negociación, desde el plano de la efectividad, es posible solo entre los
criollos.(Idem)

Sumemos las cualidades de la esclava María de Regla –la mujer del esclavo
Dionisio, el hombre de las “entradas en la cabellera” a la manera caucásicas--, y
“sabe hablar muy bien español.1042: Villaverde incluye el parlamento de la
esclava como si fuera el de otro personaje blanco; no lo modifica con bastardilla.
María de Regla es descrita como una “mujer de talento y de algún trato social”;
3: María de Regla es la madre de las tres razas—Adela, blanca; Cecilia y Tirso,
mulatos; Dolores, negra—desde su posición de ama de leche y desde su condición
de madre biológica. 4. El potencial materno de María de Regla se manifiesta
también en su calidad de negra fecunda, elemento que no es privativo de Cecilia
Valdés. María de Regla no es construida solamente desde el espacio de la
104
Tomado de: Lengua, raza e identidad en la novela cubana Cecilia Valdés. De: Patricia
Catoira. Montana State University. WEBSITE: [email protected]
110
oratoria, sino también desde la imagen de la nodriza negra criolla. 5. Posee una
dimensión simbólica que contribuye a su diseño... Su nombre bien escogido, que
refiere a la Virgen María en su representación de la virgen de Regla, en su
carácter de madre nutricia, que es recreada en las representaciones de la Virgen
alimentando al niño Jesús. Y, representa el equivalente católico a la Oricha
Yemayá, que simboliza el útero de la naturaleza por su fertilidad, y ha criado en
la mitología yoruba a los otros que no eran sus hijos: los ibeyis, hermanos
gemelos (Lydia Cabrera, 20-21),
y por metonimia Adela y Cecilia. (17) En María de Regla ocurre la simbiosis de
las dos religiones —el catolicismo y la santería— en un evidente sincretismo
religioso.105 La historia de María de Regla proporciona un profundo análisis sobre
cómo se construye la identidad
étnica del pueblo cubano en los
siglo XVI al XIX. Todo se da en
esta región aparentemente inicia
cubana, y en que se inscribe por
oficio español, la primera
potencia Abakuá, al menos en
documentación.
No pasamos por alto, por
negativa, la visión
estigmatizadora del hombre
negro, y no solamente en
esclavitud, a la que se quiere
arrimar a Villaverde y su novela
Cecilia Valdés o la Loma del
Ángel, de una tendencia que tildan de romántica. Repare en lo que dice el
comentario:

105
Tomado de: Elvira Aballi Morell (2013): “El criollo y la esclavitud en Cecilia Valdés o la
Loma del Ángel: potencia, resistencia y empoderamiento”. Universidad de Vanderbilt. En
WEBSITE.
111
Villaverde continua la corriente romántica de presentar al negro como
noble salvaje; un ser que debe blanquearse, perfeccionarse. La gente de
color parece añadir únicamente exotismo a la novela y a la vida cubana,
y por ello mismo, Villaverde sugiere implícitamente que no se les puede
incluir activamente dentro del proyecto nacional cubano que liberales
abolicionistas como el escritor buscaban instaurar en la isla. Villaverde
no permite que los esclavos tengan voz propia: sus testimonios quedan
enturbiados y oprimidos simbólicamente por sus dialectos o por el poco
conocimiento de español. Por lo tanto, con esta caracterización del sujeto
negro en Cecilia Valdés, Villaverde ayuda a mantener el estatus quo de
marginalidad del afrocubano tanto en el campo literario como en la
realidad que le rodea. (Ídem)

De manera que ha sido una constante nuestra, insistir en aquellos


condicionamientos éticos, intelectuales, incluso artísticos optados por Villaverde
en su novela, de conferirles altos valores, comparables, incluso en ocasiones por
encima, a los de las tradicionales etnias blancas elitisadas. Y la ocasión, y el tema
nos han sido propicios.
En otro orden de ideas, vale
destacar que lo que quedó en
funcionamiento del Arsenal
habanero contribuyó a que una
parte del éxodo migratorio
franco-haitiano, propiciado por
los sucesos independentistas de
1790, también se direccionara
hacia La Habana, siempre
esperanzados estos en encontrar
en el Real Arsenal algo de las
riquezas que produjo en los
pasados años de glorias fabriles.
Dicha emigración facilitó la
efervescencia francmasona –muy
activa en los territorios
ultramarinos franceses— en la capital cubana. De hecho, tal migración no
112
afectaba la base sociocultural que se formaban con los afrodescendientes,
porque los sostenía un importante corpus de tradiciones. A la larga, no afectó el
corpus de la “sevillanía”, ni del curro criollo, ni del Abakuá, pues no eran estas
manifestaciones conductuales transitorias ni efímeras, sino que se consolidaban.
Los aportes afro-haitianos a la cultura nacional cubana. En lo que pudiera
llamarse, un pulimento en los comportamiento, sociales que se translucen es
estilos, de los fenómenos culturales…el “dejo” cortesano… La llegada a la
sociedad habanera y de otras ciudades del país de la francmasonería junto a los
contingentes fugitivos de la Revolución haitiana de fin del XVIII. A ellos se liga
el filo-masónismo que se produce en algunas capas sociales como en la secta
Abakuá.
El uso de hábitos y costumbre como el clarinete y otros elementos que influyen
en las preferencias organográficas de las primeras Orquestas. El cinquillo que se
incorpora en los primeros boleros orientales. Nuevos géneros y sus repercusiones
posteriores: el Cocuyé. Presencia en áreas donde surgen géneros cubanos: danzón,
bolero, son, y otros.
En definitiva, el alto nivel en cantidad y cualidad que tiene de incidencia la
migración franco-haitiana cuando los cruentos sucesos libertarios de 1791, en la
porción de Haití de la isla dominicana, le convierten un factor fracturante en la
historia de los territorios vecinos, de Cuba y de la región periférica caribeña
objetos de esa migración. Fracturante por los resultados permanentes que se
producen, además de introductor de innovaciones de consideración en el medio
social y cultural y porque interrumpe el devenir histórico en determinados
aspectos, cuando no lo hace en todos.
Se dio la situación en Cirilo Villaverde con el personaje que cierra triángulo
amoroso con la figura principal, Cecilia Valdés; que describe y da a la prensa en
la versión anticipada de 1839, como lo señala Esteban Rodríguez Herrera:106 que
llamó Águedo Falcón Pimienta, mulato músico y lo presenta inicialmente como
profesional del violín como instrumento. Pero como por algún motivo, el
masoneísmo se hace definitivamente evidente para la versión que Villaverde da
106
Esteban Rodríguez Herrera, realiza una edición crítica de la novela Cecilia Valdés, o la Loma
del Ángel, que pública la Editorial Lex, de La Habana, en 1953, y que se reedita, ampliada, en
1972 por Ediciones Huracán del Instituto Cubano del Libro.
113
finalmente a la prensa avanzada la segunda parte del propio siglo XIX; el músico
que entonces dibuja su pluma para ese personaje, que ahora llama José Dolores
Pimienta, un consagrado intérprete del clarinete, y preste atención cómo: “el
célebre tocador de clarinete”; (Villaverde, Parte II- Cap. I: 96) instrumento con
unas híper-glamurosas cualidades en mano del nuevo personaje, el eterno
enamorado de la ebúrnea Cecilia Valdés, en adjetivo que usa del trovador
Manuel Corona. Recortamos, de las páginas de la novela, las frases indicativas de
las cualidades del masónico instrumento:

--“Pimienta, el clarinete, se mantenía en pie a la cabeza (como director)


de la, orquesta, tocando su instrumento favorito”(138);
--“el clarinete ejecutaba las más difíciles y melodiosas
variaciones…”(139);
--“bien claro decía el clarinete en sus argentinas notas: caramelo
vendo…”(160);
--sus penas “encontraron desahogo por la llaves del clarinete, se
exhalaron… según lo peregrino y suave de las notas que el
sacaba…”(161).

Nada similar sucedía con los otros instrumentos, incluido el contrabajo que
ejecutaba el afamado Claudio Brindis. Además aparecen elementos masónicos
como el número siete: la cantidad de los integrantes del grupo musical… Es que,
además, el mulato ceciliano José Dolores Pimienta, personaje definitivo de
Villaverde, asume el clarinete como instrumento para él imprescindible, porque
le facilitaban, además, su blanqueo racial; y, para el que los presupuestos
masónicos le proporcionaban concretar. ¡Nada; y, que como buen Abakuá!
Y traemos un suceso que en la introducción señalábamos, que mucho aporta al
tema para apreciar la concepción de ser “Abakuá” con sus implicaciones; sucede
con la puñalada típica que dio Pimienta al esclavo Dionisio y que así la
reconoció, al verla, el curro Malanga: “--¡Guenajería! Se conoce que el pardito
sabe su oficio…” (Villaverde, 1986: tomo II, 164). Hay que reconocer, que lo de
establecer como de la naturaleza del ñáñigo asestar una puñalada, y que además
esta fuera típica suya, es de los tantos San Benitos, que les han sido colgados. Y
en esto hay imprecisiones en la literatura tendenciosa que lo cultiva. Incluso, esto
114
es transferible al parecer, porque igualmente otros de raza etíope, como el curro
del Manglar, daban y sabían dar puñaladas típicas. El mismo caso de Malanga,
que muy conocedoramente apreciaba la de el clarinetista Pimienta. Vea cómo en
su caso, lo describe la novela: “…para esgrimir el cuchillo de palo hasta
arañarse y sacarse sangre unos a otros, cosa de aprender y adquirir agilidad en
el manejo de esa arma traidora”.   (Ídem: 325) De manera que Villaverde, con
otras plausibles intenciones antirraciales, dejó claro en su discurso literario en
Cecilia Valdés, el que la puñalada no era un típico por naturaleza.
Y algo más, retomando al paso aspectos al parecer sin relaciones dentro de la
novela, de algunos recursos descriptivos que se aplican a determinados
personajes de los que señalados estudios consideran como de la subordinación…
Y se refrenda de específicas partes del organismo humano; cómo el que, muy
particularmente, hace Villaverde tomando como referencia la delineación
orgánica de los pies, a la manera de un documentado antropólogo… ¿Por qué le
interesa al escritor de Cecilia Valdés describir esta parte del cuerpo de entre otros
miembros y elementos físicos, y de determinados personajes, en la citada novela?
De hecho, adelantaba Villaverde predicciones antropológicas con más o menos
eficacia. El tema ya no literario, abría paso, no obstante, lo aún conjetural de
tipificar personajes por los rasgos fisiológicos; aspectos aún de seudociencia pero
que empezaban a considerarse necesarios para las caracterizaciones. En Cuba se
daba un importante desarrollo incluida la biología, en esa parte del siglo XIX; una
verdadera revolución cultural de la época… cuando quedaba instituida la
Sociedad Antropológica de Cuba, abierta desde 1877, inaugurada bajo la
dirección de la de Madrid.
En esa dirección, son pertinentes algunas interrogantes sobre los recursos
descriptivos que aplica el novelista al personaje del curro Polanco, Malanga, para
la descripción de los pies. ¿Por qué le interesa al escritor esta parte del cuerpo de
entre otros miembros y elementos físicos y de determinados personajes, en la
obra Cecilia Valdés? De los pies de Malanga, dice: “Dábanle en el barrio el
apodo de Malanga por ser él desmalazado de porte y carácter, por tener lo
zancos y los brazos largos, en contraste con el tronco, y sobre todo los pies
grandes y gruesos”? (Villaverde,1985: tomo II,165)
115
De hecho, adelantaba Villaverde predicciones antropológicas, con más o menos
eficacia. El tema ya se abría paso no obstante lo conjetural; le venía de tipificar
personajes en los que quería abundar en aspectos que creía básicos a sus
caracterizaciones bien a la hora.
No siempre a los personajes que representa en su novela les describe esa parte
del cuerpo, aunque reseñe otras. En ocasiones las referencias de esta región son
tan específicas que sobresalen; incluso, repite aspectos como el arco del pie, a lo
que le atribuye una importancia, que no deja siempre muy clara su relación a la
personalidad del individuo que le pertenece. Ni tampoco deja muy claro el porqué
de los que escoge para referir de sus pies; qué los une o diferencia y por qué…
Así refiere de los pies del maestro sastre Francisco de Paula Uribe: “…llevaba
chancletas de cordobán, dejando al descubierto unos pies que no tenían nada de
chiquitos, ni bien conformados, porque sobre mostrar demasiados los juanetes,
apenas formaban puentes”. (Villaverde, 1975: tomo I, 281)
Otro que toma para referirse a sus pies es la importante figura dentro del
entramado del relato del mulato José Dolores Pimienta. En esta ocasión se
detiene más en la razón de las características que tienen las formas de estas sus
extremidades inferiores y las compara con su compadre el maestro mulato
Uribe. Ilustramos con los párrafos de la novela: “…en Pimienta y Uribe
concurrieron por igual la raza blanca y negra, pero Pimienta sacó más sangre
de la primera que de la segunda…, y citamos: “circunstancia a que deben
atribuirse el color menos bilioso de su rostro, aunque pálido, la regularidad de
sus facciones, la amplitud de su frente, la casi perfección de sus manos y la
pequeñez de sus pies, que así en la forma como en el arco del puente podían
competir con los de una dama de raza caucásica.” (Idem:286) (El subrayado es
nuestro)
Así mismo, toma otro personaje para un análisis de los pies, el de nombre
Padrón; un preso condenado a presidio cuando el gobierno de la Isla del Capitán
General Dionisio Vives quien, por influencias de allegados suyos, lo traslada de
la prisión y pone al frente de su gallería; lugar típico y de costumbre criolla, que
tenía Vives para las peleas gallos finos. De Padrón citamos: “Los zapatos de
vaqueta que apenas cubrían los pies pequeños y el empeine arqueado como de
116
mujer, y sin calcetines […] Era de talla mediana, enjuto,(sic) musculoso, fuerte y
pálido, de facciones menudas y podía contar con 34 años de edad” (Ídem: 396)
(Los subrayados son nuestros.) ¿Y de Padrón, qué debemos entender por tener los
arcos de los empeines altos y definidos como los de dama? O, ¿si no tuviera los
pies planos se entendía que era un mulato adelantado? O, ¿que en cuerpo de
mujer tenía corazón de asesino? Porque en Cecilia Valdés, todos tenían algo de
bueno y algo de malo.
En definitiva, de los ejemplos tomados podría establecerse que tanto en el caso
del curro Polanco de sobrenombre Malanga, como en el del sastre Uribe, eran
mulatos con mayor presencia sanguínea etíope107; los pies eran mayores, gruesos,
tendientes a lo deforme y sin arco de puente. En el de los otros casos: el
clarinetista y artesano, eterno enamorado José Dolores Pimienta y los del penado
por homicida alevoso, el cría gallos del Capitán General Vives, Padrón, eran
arqueados los empeines, como los de una dama. En dichos casos, se establece del
mulato Pimienta el predominio en la mezcla racial del factor sanguíneo
caucásico, algo que no queda muy claro al establecer semejanzas y/o diferencias
con el homicida penado, a cargo y doctrina de gallos, Padrón. (Ídem: 396)
Y no le quedaron sin considerar los pies de una dama, los de la misma
protagonista Cecilia ya avanzada la obra: (Capítulo III, de la Cuarta Parte, en los
finales):

…se hallaba sentada en un columpio con los pies apoyados en el


travesaño de la silla que tenía delante, una joven que a María de Regla le
pareció blanca. De este color era su vestido; pero negro el del pañuelo de
batista que ceñía su torneado cuello; negro el del copioso cabello hecho
dos trenzas que coronaba la bien modelada cabeza; negro el de los
zapatos de carro de oro que aprisionaban sus piececitos de elevado
empeine y arqueado puente; la hermosa desconocida vestía luto en el
cuerpo…

Era la ocasión para la descripción de la belleza de una mujer mulata, adusta,


sosegada… y de luto; donde no se descuidaba además de referir de otros
elementos que contribuían a la singular belleza: los piececitos de elevado
107
Epíteto generalizado para referir del africano de piel negra
117
empeine y arqueado puente… de Cecilia. Indiscutiblemente en todos estos
entresijos está la cuestión racial con el negro, con los que se habían traído de
África o descendían de ellos. ¿No habría logrado superar a pesar de todo, esa
pandemia el novelista? Aunque, mirándolo diferente, cabe, como otros pasaje, el
factor de lo increíble o poco trascendente para cuestionar la objetividad del juicio.
En definitiva el tema antropológico, fue trasfondo de la importante novelística de
esa parte del siglo decimonono. La obra de Francisco Calcagno Monti; a
mencionar de 1888: ―En busca del eslabón. Estos novelistas, incluyendo
Villaverde, estuvieron sometidos a una información muy fuerte de esa nueva
corriente del pensamiento; de una época científica muy convulsa, que igualmente
asimilaba las teorías darwinianas, entre otros temas…
El caso físico del esclavo de los Gamboa: Dionisio Gamboa (o Jaruco). Este
personaje negro, esclavo, afrodescendientes; el cocinero de la principal familia,
blanca, que desarrolla el genial Cirilo Villaverde en su novela Cecilia Valdés o la
Loma del Ángel. Se presenta como una de las familias, negras; que,
paralelamente se va imbricando en la trama, única en que logra reunir el novelista
todas ellas, como una única familia, con ramificaciones. Llega al gran hogar de
los Gamboa por la compra que hace el don Leonardo, en venta de los restos de
propiedades del que fuera el Conde Jaruco, fallecido.
La elaboración del personaje es concienzuda. De lenguaje limpio, perfecto del
español hablante. Sin jerga para decires, lo que hace contrastar Villaverde, lo que
reafirma su gran tesis: de que no hay nada humano que no pueda estar a la mano
de todos. Para ello recurre a un interesante argumento antropológico, si así puede
decirse del recurso aun en ciernes de una ciencia fisiológica por desarrollar: un
hombre que tiene entradas en los nacientes de sus cabellos en su frente. Elemento
descriptivo que lo algunas en la gran mayoría de sus apariciones en la novela.
Llega casado a la mansión de los Gamboa, con María de Regla y algunos de sus
hijos. Pronto sufre la cruel ruptura de su grupo familiar. Y él, finalmente, se
convierte en un prófugo cimarrón urbano, al escapar de sus amos esclavistas. A
partir de ello, ocurrirán tres importantes acontecimientos, con particular
protagonismo: la gran fiesta, baile de cuna en que provoca un sonado incidente

118
con la protagonista Cecilia Valdés, que lo antecede toda una elaborada sucesión
de hechos. Y una de ellas es la manera de llamarlo el novelista:

“Este esclavo había nacido y se había criado en Jaruco, en el palacio de


los condes de ese título. Sabía leer y escribir casi por intuición, dones
adquiridos que le revestían de mérito extraordinario a los ojos de sus
compañeros de esclavitud, mucho más ignorantes que él, en general, bajo
esos respectos. Era aficionadísimo al baile, gran bailador de minué, que
aprendió en las suntuosas fiestas de sus amos, pues en su calidad de paje,
que fue su empleo primitivo, siempre estaba en contacto con ellos; y allí
conoció a la después Condesa de Merlín, a varios Capitanes Generales,
al primer conde de Barreto y a otras notabilidades de Cuba, de España y
del extranjero, por ejemplo, a Luis Felipe de Orleans, después rey de los
franceses.(140)

De dos graves faltas adolecía Dionisio --comentaba Villaverde--, graves por su


triste condición, era negro: la una su afición a las mujeres; la otra ya se ha dicho a
tan singular personaje esclavo: su afición al baile propio de los blancos. Y
redondea más el novelista“…el cocinero, negro de aire aristocrático, bien
hablado y racional, según dicen los esclavistas…” (164)
Y, finalmente, la novela nos acerca al momento fatal: el encuentro del esclavo
Dionisio con la bella Cecilia Valdés. Es todo el Capítulo XVII; de la Segunda
Parte: El capítulo final… Y, sucede algo interesante, que en nada menos nueve
ocasiones se refiere el novelista a Dionisio: por el negro de entradas profundas:
1.con grandes entradas en ambos lados de la frente…(219); 2.el negro de las
entradas se hizo el blanco de las miradas…(221); 3…replicó el de las entradas,
enfadado…(221);4. la ocurrencia con el negro de las grandes entradas…(222);
5… se le presentó el negro de las entradas profundas… (223); 6...tropezó con el
negro de las entradas…(223); 7… y el desconocido de las grandes entradas...
(225); 8…Afectaron un tanto a Cecilia la conducta y sobre todo las palabras del
negro de las entradas. (226); 9…Negro criollo, prieto rechoncho, marcado de
viruelas, cara redonda, grandes entradas, boca grande, nariz chata, buenos
dientes, ojos saltones, cuello corto, aire aristocrático, oficio cocinero, sabe

119
leer…(349).108¿Qué pretendía Villaverde con esta manifiesta persistencia --mejor
que insistencia--, en esa referencia física, personal, de un esclavo, negro?

Cualquiera mediano observador pudo advertir que, a vueltas de la


amabilidad empleada por Cecilia con todos los que se le acercaban,
había marcada diferencia entre los negros y los mulatos. Con éstos, por
ejemplo, bailó dos contradanzas, con los primeros sólo minués
ceremoniosos. Pero dio amplia rienda a su innato exclusivismo cuando se
le presentó el negro de las entradas profundas y la rogó le admitiera
como pareja para una danza o un minué. Eso sí, no llevó su negativa
hasta el no áspero y seco; le dio sus razones para no bailar con él, que
tenía comprometida la siguiente pieza, que se sentía muy cansada, etc. El
hombre no se dio por satisfecho, antes se mortificó lo que es indecible y
se alejó murmurando frases groseras y amenazantes. No paró mucho en
esto la atención Cecilia; pero cuando poco después se paseaba con
Nemesia y seña Clara en torno de las mesas del ambigú y tropezó con el
negro de las entradas, que parecía en acecho reclinado en la jamba de la
puerta de uno de los cuartos laterales, tuvo miedo… (Villaverde:223)

Y luego vuelve a referirse de él en iguales términos:¿No recuerda Vd. las señas


de Dionisio? ¿Su figura? ¿Su empaque? Negro criollo, prieto rechoncho,
marcado de viruelas, cara redonda, grandes entradas, boca grande, nariz chata,
buenos dientes, ojos saltones, cuello corto, aire aristocrático, oficio cocinero,
sabe leer, debe darse por libre, falta de la casa de sus amos desde tal fecha…”
(373):
Antes de ampliar las referencias tan específicas a un detalle físico, de marcado
interés antropológico, merece traer de algo similar en otra de las páginas de la
novela insigne de Villaverde, Cecilia Valdés…
Dionisio era un gran bailador, según se adelantaba en páginas anteriores. Y en el
tal baile, donde uno de los asuntos sobresalientes es el encuentro Dionisio-
Cecilia, se aprovecha para mostrar las facultades y amaneramiento que como
bailarín espectacular era Dionisio: “…se atrevió a invitar a una a bailar un
minué de corte, con anti compás y donaire que llamó por ello la atención
general…” (271) Pero por alguna razón no especificada, Villaverde también

108
Todas las citas se corresponden a la edición digital de la Fundación Gutenberg.
120
incluye otro negro bailarín, con algunas características similares y otras… muy
opuestas. Vea:

En efecto, no tardó en presentarse en el aposento ocupado por las


matronas un mulato alto, calvo, algo entrado en años, aunque robusto,
quien plantándose delante de la Mercedes Ayala, le dijo en voz bronca y
con los brazos levantados:
—Vengo por la gracia y la sal para romper el baile. (Cecilia Valdés…
Edición digital Gutenberg:34)
[…]—Ya se ve, agregó el calvo, que no faltan esta noche en tan selecta
reunión muchas y muy bonitas muchachas…(35)
[…] El calvo llevaba de la mano a la Ayala, y con ella se cuadró de
frente para la orquesta, a la cual mandó en tono imperioso que tocase un
minué de corte. Este baile serio y ceremonioso estaba en desuso en la
época de que hablamos; pero por ser propio de señores o gente principal,
la de color de Cuba…
[…]Bailaba aquella anticuada pieza con bastante gracia por parte de la
mujer y con aire grotesco por la del hombre…( 35)

Otro personaje quien Villaverde le endilga “deformaciones” en el rostro con


claras intenciones de valoración antropológica, es al comisario de barrio de
apellido Cantalapiedra y que se topa participando en el baile de cuna que organiza
la parda: Repare en la cita: “Le acompañaba a todas partes, como la sombra al
cuerpo, un hombre de facha ordinaria, notable por la estrechez de la frente, por
sus movibles y ardientes ojicos, y, sobre todo, por sus enormes patillas negras,
que le daban el aire antes de bandolero que de alguacil…” (31)

Martí y el ñáñigo

El gran intelectual latinoamericano y prócer cubano de las libertades, José Martí,


al fiel con criterios muy objetivos y universales, pregonaba rotundo de las causas
que promovían las injusticia sociales que sufría el hombre negro, que incluía
instituciones como la de los ñañigos de gran base afrodescendiente:

121
No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los
pensadores de lámpara enhebran y recalientan las razas de librería, que
el viajero justo y observador cordial buscan en vano en la justicia de la
naturaleza, donde resalta el amor victorioso y el apetito turbulento, la
identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los
cuerpos diversos en forma y color.109

José Martí, aprovechó la circunstancia de reconocer en las páginas del periódico


que dirigía: Patria, a uno de los luchadores negros de la contienda contra España:
Tomás Surí. El anciano pertenecía a una secta secreta: los Abakuá, que elogia
Martí; y una de las razones, además la de su incorporación a la contienda
independentista que lideraba, el que dicha sociedad, a la manera de una logia
masona, requiriera del aspirante a obtener el tercer nivel que, al menos, hubiera
concluido el tercer grado de instrucción. (Martí, O.C.: tomo 5, 324) Y Martí, para
explicar la favorable opinión que profesaba de la secta habanera Abakuá, de
mayoría afrodescendiente, partió del contraste de opiniones como lo hiciera
Villaverde en su novela insigne Cecilia Valdés; o sea: supuestos comportamientos
satanizadores vs otros, positivos, que en realidad eran. Perciba como lo dice: “de
una misteriosa, peligrosa, funesta orden secreta es Tomás Surí, donde el tercer
grado no lo puede tomar quien no sepa leer…” (324)
Los Abakuá, componentes en un principio del conglomerado negro de origen en
la étnia carabalí, se incorporaban como gremio mutuales, en ocasión de sus
prestaciones artesanales al Real Astillero, luego Arsenal; y al incipiente puerto de
la Habana, desde temprano en el siglo XVIII.
En el artículo del periódico Patria que escribe Martí, en referencia a la
institución ñáñiga o Abakuá, ya citado, dice más: “…una tremenda orden secreta
de africanos, con ordenanza y quién sabe qué, que dejó ir a unos hermanos porque
querían aún el tambor, los demás no querían ya tambor en la orden, sino escuela
(O.C., 1963: tomo 5, 324) Muy claro y evidente lo expone para elaborar su
contundente artículo, y valorar, con justeza, al Abakuá. En cuanto a los tambores,
añadimos, que fueron muy pronto a capella sus Coros de clave, sin tambor,
como señala Martí. Sí vale la corrección a la afirmación en el artículo, de que la
109
Cita incluida por Ortiz en Martí y las Razas. Ver Etnia y Sociedad, p.117.

122
Orden de ñáñigos o Abakuá era de africanos, porque se nutrió, desde sus inicios,
del personal laborante, en su inmensa mayoría de afrodescendientes; que incluía,
por supuesto, esclavos o libertos, en menor proporción; pero nunca de un
originario africano excluyente, ni por religión ni por etnia, no tardando en incluir
en sus gremios-logias otras razas y grupos sociales… Surgió en Jesús María,
antes que llegara el curro sevillano y permaneció allí hasta tanto pudo, que
sucedió cuando las quemas “blanqueadoras” a que sometieron ese barrio las élites
en el poder con pretensiones caucásicas. Razón por lo que re-aparecieron en el
siglo XIX en Regla y también en otras barriadas habaneras y de Matanzas. La
secta-fraternidad Abakuá –o de ñáñigos--, fue siempre parte de la barriada
capitalina. De esta inclusión en la periferia muchos historiadores se han expresado
como lo hace Torres Zayas: “La Sociedad Abakuá se articula con los integrantes
de la sociedad habanera […] se identifican pronto con el barrio al cual
pertenecía. Y en cada barrio, cercano al puerto sobre todo, surgiría uno o varios
juegos como el sello tipificador que lo representaba.” (2006: 16)
Pero hay otro negro, ñáñigo, en la vida del Héroe Nacional: Simón… del que
nos referiremos luego. De él, se señalan otras referencias, de las que
adelantaremos algunas. El negro Simón,110 en el año 1871 fue detenido y
deportado con la primera remesa de sublevados de las guerras carlistas de
Aragón. Enviado a la isla-penal en Fernando Poo por el Capitán general
Lersundi, en su caso, acusado de ser “ñáñigo y asesino”. 111 Y no se nos ocurre
nada mejor que transcribir, integro, lo que por su parte cuenta el propio Martí; de
los valores excepcionales del negro Simón, cuando nos relata, vehemente, los
sucesos de los que es artífice Simón en su artículo para “Patria” del 16 de abril de
1892: En Zaragoza, cuando Pavía holló el congreso de Madrid y el aragonés se
levantó contra él, no hubo trabuco más valiente en la Plaza de Mercado, en la
Plaza donde cayeron las cabezas de Lanuza y Padilla, que el del negro cubano
Simón, y cuando Aragón había abandonado las trincheras, y no se veía más que
el humo y la derrota, allí estaba Simón, el negro cubano, ¡allí estaba, él solo,

110
Así reconocido por la bibliografía consultada.
111
Jesús Cosano. 2016: Los negros curros. De la academia de los pícaros al Caribe afroandaluz.
Sevilla. WEBSITE: https://secretolivo.com/index.php/raices/
123
peleando en la plaza! (O.C., t.4:391) 112 Y releemos el poema que escribió de ello,
además, Martí:

Estimo a quien de un revés


hecha por tierra a un tirano:
lo estimo, si es cubano
lo estimo si aragonés.

Y luego, queda muy poco más que decir necesario para juzgar la visión,
superior, que tuvo Martí de la valerosa sociedad que nos ocupa.

CAPÍTULO VI

Orfeones profanos: los Coros de Clave. Anselmo Clavé

Los Coros de Clave son creación, eminentemente, de la sociedad Abakuá o


ñáñiga, y así ha pasado desapercibido; lo que debemos asumir. Aún hoy, persisten
las corales ¿profanas? Abakuá en las tradiciones ñáñigas, en la que fuera isla-
penal española Fernando Poo: “En Malabo salen durante los días de navidad,
seguidos del coro de mujeres y hombres y de los músicos.”113
En el blog, SONCUBANO114 se ofrecía datos de sus orígenes:

Género cantable creado por grupos populares en barrios próximos a las


zonas del puerto de La Habana. Se extendió por otros barrios habaneros
y por zonas de las ciudades de Matanzas, Cárdenas y Sancti Spíritus. Los
coros de clave conforman agrupaciones corales mixtas al estilo de los
112
Tomamos, para la citas de Martí, la edición de Obras Completas, de la Editorial Nacional de
Cuba. La Habana, 1963.
113
La sociedad Abakuá y su legado en Fernando Poo, de Isabela de Aranzadi, Miembro del
Grupo de Investigación MUSYCA. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Universidad
Complutense de Madrid (UCM)]. Soto del Real. Madrid
114
Coro de Clave. Tomado el 05,11,2010 http://www.soncubano.com/nsc/nsc_search_ lst.asp?
text_search=Casas%20Romero
124
orfeones españoles. Cada coro de clave tenía un local para ensayos, y
constaba, además del coro mixto, de un "tonista" que, como su nombre
indica, fijaba la tonalidad del canto por medio de una diana o un tarareo
vocal.
Poseía, además, un cantante solista o creador de décimas que
improvisaba las glosas de acuerdo con el tipo de las coplas que cantaba
el coro. Había, asimismo, un "censor" que se encargaba de velar por la
mejor utilización del idioma. "La Unión", "El Arpa de Oro", eran algunos
de los nombres de coros de claves cuyo trabajo tenía su momento de
mayor esplendor y popularidad en las fiestas navideñas. Los cantos de
clave fueron una mezcla de elementos africanos y españoles. Lo español
se ubicaba en la línea melódica, en los giros, y en la presencia de
cadencias de música rural. Por otra parte, como las claves habían
cobrado vida en barrios pobres de población mayormente negra, era
natural que estuviera vivo el ambiente y sabor de esa afrocubanía.
.
Aunque en principio no utilizaron tambores, si existió un ritmo. En sus orígenes
un percusionista lo marcaba en la tapa de una vieja vihuela sin cuerdas, viola o
bajo; además del sonido acompasado de las mismas claves xilofónica, de donde,
para muchos pudo, igualmente, tomar su nombre este tipo de coro. Por otra parte,
de la llamada clave folklórica se generaron otras variantes; de ahí la existencia de
la "clave ñáñiga", con el dialecto Abakuá en sus textos; y, la también conocida
"clave teatral" que alcanzó un alto desarrollo y perfeccionamiento que se
debieron al notable músico cubano Jorge Anckermann.
En las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX, hicieron, por su parte,
aparición, los coros famosos de guaguancó, señalados popularmente por sus
nombres. Entre los conocidos: Paso Franco y Los Roncos, de los barrios del Pilar
y Pueblo Nuevo, respectivamente. Dice Pavez:115 El canto guaguancó surgió en
ciudades y pueblos, y en barrios muy humildes y marginales. Tiene una línea
melódica y texto mucho más elaborado que el resto de las variantes. La primera
parte se canta generalmente a dúo”. Corales que no deben ser confundidas con
los orfeones populares, antes señalados, de coros de Clave; integrados, casi en su
totalidad, por hombres y mujeres vinculados a la potencias Abakuá. En el gran
boom de corales de finales del siglo XIX, se mezclaron agrupaciones entre las

115
Pavez, Jorge, (2006): Anales de Desclasificación. Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2.
125
que se mencionan: Pendón de Negros Curros, Cabildo Lucumí y Sociedad de
Recreo, de sus barrios respectivos.
Compromete esta ligazón: Coro de Guaguancó -vs- Coro de Clave, las
fuerzas --o figuras sociales-- propulsoras de cada una de estas manifestaciones
musicales; que muestran las diferencias de expresiones que les son
características. Del Guaguancó: corporales, danzarias, organográficas; orales, a la
manera de la "rumba" violenta, erótica; y los orfeones de Clave: de un ritmo
pausado, románticos, sin baile o 'toque': a lo Clavé.
¿Qué afectó de todo esto al trovador al occidente, como al caso de Manuel
Corona? Puede que más afectara al sonero-trovador Ignacio Piñeiro --tan ligado
en su desarrollo a la cantante María Teresa Vera--, aunque Piñeiro llegara mejor
al son que a la rumba. Argeliers León es quien mejor dilucida la simbiosis y le
cierra el ciclo: "pero el guaguancó116 siguió cultivándose fuera de los coros que
desaparecieron rápidamente. Esto permitió concretar un tipo de conjunto
instrumental y vocal que se mantuvo creando e interpretando guaguancó" (León,
1981:148) Vale añadir, que el destacado etnólogo cubano de la segunda mitad del
pasado siglo XX, describe y diferencia estos coros: "en La Habana y Matanzas
habían aparecido [...] coros de rumba [...] para cantar Guaguancó" (149) y
textualmente agrega: "y los coros de claves tenían sus locales". Diferenciándose
de "los coros de rumba se desarrollaron separadamente". Incluso añade esto: "El
canto de los coros de rumba, (era) el guaguancó." (1981:147) O sea, los Coros de
Clave cantan Claves, pero los coros de rumba, guaguancó.
Desde las ópticas de Sánchez de Fuentes y Alejo Carpentier se ofrecen dos
maneras diferentes de ver el alcance del Canto de clave. Para el aborigenista
Fuentes117 las dos aportaciones afros más importantes a la música cubana están en
la Rumba y en la Clave (2010:20) y cito:

“En el ritmo quebrado y en la síncopa de la Rumba y en los acentos


metronímicos de la Clave es donde más asoma el segmento rítmico
africano amalgamado [...] con otros elementos [...] de nuestro medio

116
Argeliers León en "Del canto y el tiempo",
117
Eduardo Sánchez de Fuentes. (La Habana 1874-1944) Compositor, investigador y crítico
musical, en particular de los ritmos africanos en nuestro cancionero. Autor de la habanera “Tú”.
126
tropical". Más adelante en el mismo trabajo amplía: "la Rumba nacida en
un medio licencioso", donde defiende a ultranza el “cadencioso danzón”.
(21)

En este sentido se refiere a Nicolás Ruíz Espadero: “el único que utilizó una
melodía que él juzgó originaria de la esclavitud, pero que por su línea encarna
el alma cubana [...] y es así, porque esos elementos africanos que influyeron en
la formación de la Clave y de la Rumba [...] las han ido desterrando nuestros
conscientes compositores. Comportamiento que Sánchez de Fuentes considera
"plausible".(22) Pero dice algo más: "El ñañiguismo, aliado del africanismo,
adoptó de los lucumíes y otras tribus negras, fórmulas y diseños, en sus ritos y
esparcimientos, que han figurado más tarde en sus asociaciones […] como la de
Los Roncos, afectando una forma coral" (22). Y dicha asociación habanera era
muy famosa como intérprete de Clave…
O sea, reconoce el origen Abakuá del Coro de Clave. Y añade que en:
"nuestra capital alcanzó gran popularidad esta nueva forma del 6/8 de
la Clave, con un ritmo más pausado" (24). Dentro del compás de seis por
ocho, que a veces presenta un figurado de tres por cuatro, como una
síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni la peculiar de la Rumba,
rima su bajo invariablemente con el primer tercio del tiempo fuerte y el
segundo el débil de su compás, contentivo de seis corcheas,
correspondientes a sus seis tercios. (15)

Y concluimos parafraseando a Sánchez de Fuentes: La raíz africana de nuestro


cancionero, acusa:

'de dinamismo en la fisonomía, más rítmica que melódica, de algunas


de sus modalidades, como la rumba y la Clave, que se diferencian
marcadamente, por su estructura, del danzón, la criolla, el bolero, la
guajira, el zapateo, la habanera, la guaracha y la canción, que surgieron
libres de las desarticulaciones morfológicas y de los monótonos y
característicos afro-cubanismos de los citados géneros, la Clave y la
rumba'.(11)

Por su parte Carpentier (2012:182) aboga por la inserción en el patrimonio


cubano de esos géneros: "La Clave, la Guajira y la Criolla que habrían de escribir

127
músicos de buena inspiración como José Mauri, Casas Romero y otros. Si puede,
--dice, como consciente pero opuesto, de lo que había conjeturado Sánchez de
Fuentes--, advertirse una diferencia entre Claves, Guajiras y Criollas, meramente
superficial: tipo de melodías, tempo, atmósfera armónica, más simplemente en
una Clave, más ambiciosas en una Criolla. Pero la base rítmica y tonal era la
misma" (141). No dejan a dudas las lagunas entre ambas concepciones, que se
divulgaron no tan distantes en el tiempo una de otra, donde, para Fuentes, lo
afrocubano en la música nacional existe, pero expresado a la manera de un
'dicho': 'se mastica, pero no se traga'.
Regresando a la idea primera, en el cancionero nacional existe la Canción Clave
que se escribe en tiempo de 6/8 con síncopa, la que se acompañó preferentemente
de la guitarra. En su estructura semejante a la guajira y a la criolla, de las cuales
es antecesora (Gómez-Elí,1995:6). Y aunque no puede establecerse un patrón que
las unifique, sí tuvieron intenciones musicales similares. Las diferencias
resultaron del medio ideoestético en que se desenvolvieron y de los aportes que
les yuxtaponen los grupos que los interpretaban; que bien pudo ser de una
agrupación nacida de una potencia Abakuá. Tuvieron una base estética que
conformó un interés por hacer cosas de buen gusto y poder incluirse en la
sociedad establecida, estimulados por un medio con pródigos remanentes de la
migración franco-haitiana, porque lo distinguido, «a lo versallesco», muy propio
de esa migración, fue también pretensión de esos coros.
De los Coros populares refiere Ortiz en su libro “Los negros curros” (1995), 118
cuestiona lo apreciado por Morúa Delgado, quien los referencia, a su manera, más
próximo a una coral de Guaguancó, de producción curra, que a los Coros de
Clave la música “profana” ñáñiga o Abakuá, a la que nos hemos estado
refiriendo. Vea la cita:

“Liberato --personaje de la novela de Morúa citada por Ortiz--, …en


cuanto veía una oportunidad volaba al barrio de Antúnez, donde
campaban a su capricho…las asociaciones de rumba, concurridas
siempre por hombres y mujeres del bronce, libres, que organizaban

118
Fernando Ortiz: “Los negros curros”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. (1995)
128
francachelas con repiqueteos de tamborcitos y cantos africanizados,
siguiendo con desaforada viveza el ritmo de la danza cubana.

Vale destacar que, con base en la clave folklórica, se comienzan a generar otras
variantes. De ahí la existencia de la "clave ñáñiga", con dialecto de los abakuás en
sus textos; y la "clave teatral", cuyo desarrollo y perfeccionamiento se debieron
al notable músico cubano Jorge Anckermann. Y traemos la letra de una muy
difundida:

“luz que irradia de tus ojos


dame en tu pecho ese calor de sol
dámelos y no me dejes nunca morir
mustio de pena cual la flor
Dame esa flor que muere mustia
cuando no recibe la luz del día/ y el calor del sol…

Los trovadores también cultivaron este género, con las adaptaciones propias a su
estilo de canto. Finalmente, la "clave folklórica" en el teatro fue base para la
creación de nuevos géneros de música. Lo que dice Argeliers León119 de los Coros
y Claves: “Aparecieron las Claves: La Unión; El Desengaño; la Generación; El
Timbre de Oro; El Arpa de Oro; Las Moralidad; La Discusión; Los Jóvenes
Lindos, y otros…” y amplía:

…el decimista era el que sacaba los cantos y muchos se distinguieron


por su capacidad de improvisar y compartían sus responsabilidades con
el censor, que cuidaba de la corrección de los textos […]Las
agrupaciones de clave aparecieron en Sancti Spíritus, y del mismo tipo
fueron las agrupaciones conocidas por tonadas en la ciudad de Trinidad
[…] Las tonadas trinitarias se aplicaban a otro repertorio, más próximo a
la canción por la estructura melódica de sus cantos, y por sus textos…
emparentadas por el tratamiento percutido a la música de origen
africano…”

119
Argeliers León: Del canto y el tiempo, pp. 146-147
129
Pero regresemos a los criterios del investigador de la Universidad de Chile,
Jorge Pavez, quien a su vez
asumía: “que en el principio fue
el coro de Guaguancó…” que
tenía, según Pavez, las siguientes
características:
--que el canto guaguancó surgió
en ciudades y pueblos, y en
barrios muy humildes y
marginales:
--que tiene una línea melódica y
texto mucho más elaborado que
el resto de las variantes,
--la primera parte se canta
generalmente
Medalla masona que circulóa en
dúo.
Cuba de A.
Clavé
Entonces, ¿por qué si el Coro de clave, originario, estaba integrado, o vinculado,
a las Potencias Abakuá, Pavez incluía a Pendón de Negros Curros? …La cita
resulta imprecisa en lo que plantea…: o era Abakuá, o de Negros Curros; dos
entidades muy bien diferenciadas, incluso en su procedencia cultural: el primero,
el Abakuá, habanero; y, el segundo, Negro Curro, sevillano…
Lo otro a tener en cuenta es la integración del dúo… ¿Es ese el origen de la
presencia de tal estructura vocálica de la preferencia de los trovadores en el país,
entrado el siglo XX? Mostremos características que señala José Manuel
Carbonell y Rivero120 de los Coros de Clave:

“Dentro del compás de seis por ocho que a veces presenta un figurado
de tres por cuatro, o una síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni
la peculiar de la Rumba rímase su bajo invariablemente con el primer
tercio del tiempo fuerte y el segundo el débil de su compás, contentivo de
seis corcheas, correspondientes a sus seis tercios”.

120
Carbonell y Rivero, José Manuel (1928a): “Evolución de la Cultura Cubana (1608-1927)”,
[Tomo XVIII]: Las Bellas Artes en Cuba. La Habana. Imprenta “El Siglo XX”, pp. 99-102, y
pp.174-175 (Reseña de Laureano Fuentes).
130
Las corales catalanas originalmente –de las corales, y de su promotor el
barcelonés Anselm Clavé luego nos referiremos más--, carecían de una
instrumentación acompañante, algo normal en una coral; pero si además
entendemos que los Coros promovidos en Barcelona por Anselm Clavé se
conformaban para facilitar la masiva participación obrera a los que solamente les
era más dable incorporar su voz. Eso también explica que la tradición iniciada por
los abakuás no incluyera tampoco ninguna forma de acompañamiento; ni tampoco
algún tipo de danza o baile habitual en las expresiones musicales africanas del
ritual o profanas, abundantes en Cuba.
¿Por qué no cantaron siempre en décima los Coros de Clave los Abakuá?
Porque no eran como los curros, andaluces portadores de esa tradición, para nada
sencilla. Pero hubo intenciones e imitaciones: el pizarrón, el censor, el decimista
y todo lo demás; que habla del interés y esfuerzos por su incorporación, en la
medida que les fue posible, de la décima; tan familiar en la fiesta --como la
define León-- no ritual, entre sus congéneres los curros sevillanos. De hecho los
curros no traían, básicamente, ningún sostén ideomítico; carentes de cualquier
elemento del ritual africano; sin nada en que creer; iban de lleno al placer fácil,
sensual, contrario a los comportamientos rituales que sí practicaban los Abakuá.
Ese hombre negro ñáñigo o Abakuá, por la violencia o no, se hizo de la fuerza
de trabajo, a pie de rada, en el Real Astillero, luego Arsenal, habanero. Para lo
que debió organizarse, protegerse, ilustrarse; al agruparse en las mutuales
Abakuá a la manera de gremios integrales, que sumaron elementos del ritual
religioso de procedencia afro, pero, en esencia, desarticulados de cualquiera de
los traídos de África como esclavos, aunque predominaran las etnias y luego sus
descendencias criollas, carabalí.
Así mismo, con el apego o acercamiento del criollo Abakuá a los rituales y
prácticas francmasonas, que le llegaron de primero con la emigración haitiana en
los finales del S.XVIII y parte del XIX, pudo ser uno de los factores
condicionantes de esta ausencia de baile o danza, por el indudable filomasonismo
que les fue propio. Imitó la música a lo masón como otros tantos productos, y la
casi nula existencia de danza, incluso tamboreo (percusión), en sus rituales.

131
A lo que añadimos, por ello les fue factible asimilar luego los orfeones del
barcelonés Anselm Clavé que carecían de danza –incluida la propia masonería del
barcelonés Clavé--. Fernando Ortiz se refiere a: “claves cantadas en coro, que
abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto habanero, para incorporarse a
las fiestas populares o jolgorios de los barrios y poblaciones cercanas de La
Habana” (1984:82). No es de extrañar que el mulato Abakuá optara por
“blanquear” los cercanos cantos propios del africano de nación; por lo que,
además, pudiera lograra una música profana.
En definitiva, de todo ella resultaron los nuevos Coros de clave, ruta por donde
luego transitaron los trovadores tradicionales, que, en el occidente del país diera
paso a una de las vertientes cubanas, del universal bolero. Para ello, los Abakuá
eliminaron o transformaron en lo posible, elementos como el acompañamiento y
ritmia del tambor a la manera afro; prefiriendo atemperar, incluso interpretar los
cantos en los Coros de clave a capella… y sin danza, como se insiste.
En el libro consultado, Del canto y el tiempo, se le dedica un capítulo a la
música Abakuá, en el cual se advierte que cuando el negro Abakuá constituyó sus
sociedades de tipo gremial, en ese momento, aparecen los primeros vestigios de
las canturías. (80). Sin embargo, todo lo que refiere Argeliers León en este acápite
de música Abakuá, en su mayor parte se refiere a la actividad ritual de las
ceremonias o plante. Lo único que altera lo anterior lo señala al final cuando
dedica, en el último párrafo, la siguiente observación: “la música Abakuá es la
más cuidada…” (87). Por otra parte, refiere Ortiz:

“que esa primigenia música y cantos del Abakuá de evidente


ascendencia africana, […] por muchas razones, se consideraban
atemperados rítmicamente si se les comparaba con las referencias, que
en tal sentido, mostraban las demás etnias africanas presentes en la
Isla”. En su libro Poesía y canto de los negros africanos (1994), afirma
que los ritmos Abakuá no son tan variados. (39) Y agrega: "en las
ceremonias religiosas de los lucumíes, los ararás y los congos, a cada
numen se le dedican uno o varios ritmos [...] para facilitar la "subida" del
Oricha, o del engueye [...] para ello, acentúan y apresuran el ritmo de los
rezos o de los tambores, "cantan duro-duro", "tocan bravo", en definitiva,

132
la insistencia en la sugestión provocadora del trance a veces alargada
con una forma rítmica invariada”

En la idea abunda Ortiz diferenciando a los Abakuá de tales comportamiento,


por lo que, tajante, afirma: “entre los Abakuá o ñáñigos no hay posesos ni se
conoce la "subida" del santo a la cabeza”.(24) 121 Entre los Abakuá, que no era
típico en sus rituales el “santo bajao” –como afirma Ortiz--: “los ritmos no son tan
variados, y se acude a los cambios de frases orales y a una inagotable
improvisación, para que la mente no caiga en la entrega hipnoide…”(Ortiz:39)
Note como entiende dicha conducta en el Abakuá Carpentier, otro etnólogo en
materia afrocubana; la referencia la reproducimos de su libro, La música en
Cuba:

…en ciertas tipos de ceremonias, los cantos responden a usos y


emociones muy diversas. Si la práctica de «hacer bajar el santo» se
acompaña de un canto monótono, cuya finalidad de engendrar la
obsesión, la idea fija, propiciadora del éxtasis; en las fiestas ñáñigas, por
ejemplo, hay tantos cantos diferentes como las fases presentan el
complicadísimo ceremonial inicíaco. Verdadero auto ritual, el «juego»
incluye, en este caso, himnos antifonales, danzas de los diablitos,
responsos marchas procesionales, y una invocación al sol, a más de
recitaciones de fórmulas «en lengua», medidas sobre el parche de un
tambor. Inútil sería insistir sobre la riqueza sonora de esos tipos del
folklore. (Carpentier:2012: 212) (Los subrayados son nuestros)

Aparecieron agrupaciones que entonaban las precursoras meleas que darían paso
a la Canción Clave, aportadora de elementos a la trova y a géneros ligados a ella,
especialmente el bolero, interpretadas por los Coros de Clave, corales que la secta
Abakuá122 les habían dado vida y sostén; integrada en sus empieces, por
afrodescendientes que trabajaron en el dieciochesco Real Astillero –luego
Arsenal-- de la Habana; confraternidad mutuo-gremial que se extendiera a los

121
Base de cita tomada de Fernando Ortiz: Poesía y canto de los negros afrocubanos. La Habana,
Publigraf, Colección Raíces.1994, páginas 36-39.
122
Secta muy controvertida, por lo que ampliaremos de ella de inmediato…Utilizaremos el
término Abakuá a la manera que lo hizo el sabio folklorista cubano Argeliers León sentido, quizás
por las diferencias o transformaciones que puede haber tenido en el tiempo esa mutual,
originalmente de afrodescendientes
133
enclaves portuarios habaneros y matanceros y a otras instituciones y barriadas
cercanas; y que tuvo sus ekobios y aspirantes en ciudades del centro del país,
aunque algunos intenten, en vano, desconocerlo.
A la secta se integraba una importante música profana, incluso superior a la
utilizada para el ritual secreto. Y ese particular cancionero Abakuá fue parte de
sus concepciones sociales de blanquear, de adquirir representatividad en un medio
social colonial y de elites de blancos europeos y de criollos; incluso, cuando
devengaban sustanciosos salarios en el Real Arsenal. Los Coros de clave, fueron
su principal aporte en esta dirección; y estos coros de clave, llegaban en ocasiones
a elaborar textos en décima para la letra de sus cantos, como sus compadres los
Curros sevillanos… En otros pasajes se sintetiza, en esencia, ese necesitar ser el
otro, del Abakuá.
¿Ritualidad Abakuá? Ahora bien, refiriéndose a la ejecutoria profana de la
música Abakuá, dice Ortiz: en esta secta, no aparece el canto asociado al baile…
(86) Esto no siempre ha quedado esclarecido, el por qué, en las festividades no
rituales, en lo que fue muy activo el primitivo Abakuá –a mencionar los Coros de
clave--, no le incluyeron baile: ¡ningún tipo de danza! Mientras que en
afrodescendientes que le fueron tan cercanos en La Habana, como los negros
curros, a quienes, sin ningún lugar a dudas les adjudicamos el guaguancó
--engendro curro--, que tuvo una magnífica danza, incluso, tan susceptible al
medio, que luego, con el tiempo y las circunstancias, fue contaminando –y
contaminándose--, con los importantes elementos de las tradiciones afro-criollas,
hasta nuestros días...
123
Como señalamos en un anterior libro, el apego o acercamiento del criollo
Abakuá a los rituales y prácticas masónicas, (Gorrin,2016: 124 127) pudo ser uno
de los factores condicionantes de esta ausencia de baile o danza, por el indudable
filomasonismo, en momentos, que les fue propio. En mucho concurrieron a
dichos patrones de fuerte presencia en la barriada habanera; masonería que
123
Añadimos de nuestra experiencia individual cuando realizábamos trabajo de campo para la
Universidad Central de Las Villas, en 1969, investigamos los Fandangos trinitarios, coros de clave
de procedencia Abakuá; ya sufrían de la integración instrumental y rítmica del afro-criollo, pero
no asimilaban danza alguna. El grupo creado resultaba, en escenario, una coral sin movimiento
alguno.
124
José Teófilo Gorrin Castellanos, 2016: Avatares de la trova en el Manglar habanero. El hito
de Manuel Corona. Deutschland, Alem. Editorial Académica Española. pp. 125-128
134
acompañó las importantes migraciones haitianas que por las fuertes luchas
independentista ya referidas, arribaban desde la isla vecina. El Abakuá imitó en la
música al masón como a otros tantos productos; así, la casi nula existencia de la
danza, incluso de un limitado tamboreo (percusión) --que no estaría de más añadir
sus rituales, en particular el esencial para acompañar la iniciación, cuando
prefieren un tambor de fricción. Y por ello les fue posible asimilar, las Corales
del barcelonés Clavé, sin danza y a capella…
Ya en Cuba las tradiciones barcelonesas de Anselm Clavé, serían asimiladas por
instituciones mulatas como los Abakuá, que designaron sus agrupaciones como
Coros de 'Clave' --sin la tilde, por acomodo a la pronunciación llana en el español
o porque influyera a la hora de tomar el nombre, el nominativo 'clave', del
instrumento xilofónico percutivo denominado o igual que describe Ortiz; tuviera
coincidentemente uso manido por el operario Abakuá cuando orígenes en el Real
Astillero; de clavo de madera para los navíos de vela, hasta instrumento percutivo
para marcar el ritmo o clave, que incluía acompañar aquellas originales afro
corales; que como dijera Ortiz: salieron de igual forma del emporio fabril.
Del barcelonés Anselm Clave es necesario un aparte.
Ya con el nombre de: “Coros de clave”, estos orfeones y el género que
interpretaban, según Orovio: “canto de clave” (1981:95); que como se ha
afirmado se desarrolló por el ideal e interés social del afrodescendientes Abakuá,
mayoritarios en un principio. Y con la llegada de las corales catalanas conocidas
por el apellido de su autor Clavé, debieron imprimirles determinada
transformación a estas canturías patrocinadas por gremios y barrios, tan pronto
llegaron al país:

…a comienzos de la década de 1870 inmigrantes peninsulares


introdujeron en Cuba sociedades corales similares a las establecidas por
J. A. Clavé entre los trabajadores catalanes, en la década de 1850 […]
Sociedad Coral Dulzuras de Euterpe en La Habana y Matanzas, la Lira
Catalana en Cienfuegos, que eran también sociedades de socorro mutuo.
(Casanovas, 2000:12).

De manera, que se incorporaba otra agrupación eminentemente coral a la


sociedad en gran parte del país, patrocinada por las abundantes instituciones
135
catalanas. Muy prolíferas en el medio habanero, pero en sentido general,
efímeras en el tiempo. Quizás contra ellas conspiraron el idioma que pronto se
hizo jerga en el medio cubano, y la misma elaboración cultural y técnica carente
en la base promedio del criollo y de mucho del emigrante peninsular en general.
Y salvo casos puntuales, no duraron activas más allá de un cuarto de siglo
finalizando el XIX en la Habana; y con el mismo respaldo, en muchos otros
lugares del país. Hoy desconocidas y olvidadas; a mencionar, entre otras: el
orfeón gallego “Rumores del Miño”, la sociedad coral “El Festival”, la sociedad
coral “Ecos de Galicia”, la sociedad coral “Aires d´Amiña Terra”. En la revista
La Habana Elegante, que describe la gala de apertura del “Colla de Sant Mus”,
un casino-sociedad humorístico a orillas del río Almendares, que fuera decorado
con un bajo relieve de Anselm Clavé y, “por la noche asistió lo más escogido de
la sociedad habanera y el coro Dulzuras de Euterpe cantó, en los intermedios
composiciones de Clavé que fueron muy aplaudidas…” (Euterpe, 1883:115).
Todas estas en La Habana:…y, los cubanos se les incorporaron a tono con su
gusto por la música, comentaba igualmente Casanovas. (2000:12)
Otros territorios y ciudades distantes de la capital reciben también esta pre-
sencia de la coral de Clavé. En Sagua La Grande, población del centro norte se
funda una coral en 1873, y en 1890 se integrará “La Sociedad Coral” (Cemt:
2008), por lo que quizá no fuera casual que surgiera allí el bolerista mulato
Antonio Machín, de indudable fama en España. En Santiago de Cuba el mulato
Pepe Sánchez, trovador y autor del primer bolero reconocido; conformó también
un grupo coral popular a lo Clavé: “en la década del 90 (siglo XIX) fundó y
dirigió un coro mixto con el que hizo representaciones en el gran Teatro Reina, en
la Sociedad Luz de Oriente, promociones comerciales y hasta en serenatas”, al
decir de Guillermo Tomás: “este valioso y simpático coro, conquistó, gran
popularidad”. (Puig, 2008) En Cienfuegos marcada, al igual, por el rápido
enriquecimiento azucarero recuerda la gala de inauguración del espléndido Teatro
Terry en 1890, ejecutada por el Orfeón Nacional de Cienfuegos y la coral
“Glorias de Galicia” en cuya interpretación no faltó La Mar del catalán Clavé.
El sector social humilde, con gran presencia del afrodescendiente, medio propio
de las potencias Abakuá capitalinas, las incorporaran en todo lo que de ellas
136
pudieron aprovechar dado sus carencias técnico-musicales y culturales, que
explicarán mucho de las características de los Coros de Claves Abakuá, …al
menos éstos sus mayores y mejores patrocinadores. La ocasión nos obliga
recordar, el exquisito diálogo jergal entre el curro del Manglar, el
afrodescendiente Malanga; y el vendutero catalán Juan;125 la fina vía que encontró
nuestro genial Villaverde en Cecilia Valdés, para mostrarnos como había
entendimientos posibles. Hubo grandes orfeones en lo culto, pero los hubo,
también, gracias al ñáñigo en el medio popular con los Coros de Clave habaneros;
…y también espirituanos, trinitarios y algún cienfueguero...
No hay duda de que la tradición que conformaron los Coros de clave alcanza en
dicha época su mayor esplendor, parte final del XIX e inicial del siglo XX;
cuando los coros de clave y los coros de guaguancó, entiéndase también coros de
rumba –para muchos, nombre con el que le apodaron los costumbristas
decimononos--, adquirieron indiscutida trascendencia en los barrios capitalinos. Y
a ellos le fue importante e indiscutible aportadora la Revolución Coral Euterpe
de José Anselmo Clavé, al menos a las corales Abakuá y sus Coros de Clave.
Y esos orfeones Abakuá con una incorporación limitada de la décima a sus
composiciones, no se extendieron por el resto del país, salvo los casos puntuales
de Trinidad y Sancti Spíritus. Donde, en los espirituanos, florecieron los coros y
los cantos en décima. En el resto del país carecieron de la base socio-laboral que
habían tenido en el Real Arsenal, en el puerto y en los barrios habaneros; y, por su
carácter sectario e iniciático excluyente del Abakuá.
Aunque estos coros de clave los caracterizó la ausencia de acompañamiento
instrumental por la concepción que de ello tenían las corales polifónicas
catalanas, y de otras influencias. Luego se les fueron adhiriendo
espontáneamente, instrumentos ajustados a procedencia e intereses de los
colectivos intérpretes. Esto supuso, en algún momento, la utilización de
instrumentos más occidentales como el clarinete. Y sobre el tema algunos
estudiosos han argumentado que se debió a las restricciones de los gobernantes de

125
No deje de releer, en la Cuarta Parte, todo su primer capítulo, de la novela Cecilia Valdés, de
Villaverde.
137
turno para el uso estridente de los tambores; y más, cuando se percutían a la
manera africana…. Y realmente no fue así!
Los coros de clave fueron abundantes en Cuba para muchos tipos de
celebraciones profanas, aunque muchas de base religiosa:

DIA SAN JUAN: Esa noche se abre la puerta que nos introduce al
conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la
noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto y los campos son
bendecidos por el Bautista. Es una costumbre que en la mañana, muy
temprano la gente se lava el pelo y la cara con las aguas bendecidas y
comienza a llamar, tres veces consecutivas: ¡San Juan!, ¡San Juan!, dame
milcao (guiso de papas con manteca) que yo te daré pan.

Músicos destacados de finales del siglo XIX y primeros años del XX fueron
compositores o intérpretes de los Cantos de claves habaneros, incorporados a las
agrupaciones que se integraban con ese fin, famosas en los barrios capitalinos.
"Creadores de claves" Con la asimilación, avanzada la segunda mitad del siglo
XIX, de los presupuestos de hacer una coral a lo "Clavé", los coros sufrieron
transformaciones que los diferenciaron de lo anterior afro y lo más importante fue
darle vida a la Canción Clave, melódico y romántico anticipo del bolero que se da
en el occidente.
De más está decir que para el Coro de Clave, el canto fue lo básico, sin ninguna
danza --carentes de expresión corporal-- y con un atenuado "toque" por
acompañamiento, si lo tenían, como anteriormente se ha indicado. Helio Orovio
se refiere en su Diccionario de la Música del Canto de Clave, al destacar el diseño
rítmico de aire moderado; en cuanto al tiempo esquematiza el de 6/8 | ♩♫♩ | ♩♫♩
| ♩♫♩ |, y al género: el de Coro de Clave, cultivado por la secta-confraternidad
Abakuá.(95) A lo que añade el criterio de que: "la afrocubanía, […] implícita, ya
que no usaban tambores, sino sólo suave repiqueteo [...] en la tapa de una vieja
vihuela sin cuerdas" (Orovio,1981:95-96). En otra parte agrega: "O la Viola, un
instrumento que parece fue de uso único en los Coros de Clave habaneros";
"forma proveniente de la vieja lira etiópica, que aparece en Cuba a finales del

138
siglo XIX […] una caja (como un banjo) que la atraviesa dos varas de madera
[…] para tañerlo con las dos manos […] que se apoya en el hombro". (432)
De estas corales, en sentido general, diremos que la participación era abierta a
todos sin distinción; aunque a las principales figuras que se establecían se les
exigiera naturales condiciones de afinamiento y corrección -y el censor para
cuidar la letra del cante: mucha corrección, exagerada corrección diría-- buscando
satisfacer un prestigio social y, como se ha indicado, junto al elemento africano se
mezclaban técnicas y otros recursos de la música española, como lo señala
Argeliers León:

lo que hace que la música Abakuá sea la más cuidada entre las
expresiones musicales[...] solista, siempre será a base del que mejor sepa
cubrir esta función. Lo mismo sucede con las intervenciones del coro, al
que concurren siempre las mismas personas [...] En estos coros llegan a
perfilarse la afinación y hasta producen movimientos paralelos de las
voces por terceras, sextas y octavas, [...] sin faltar alguien que haga de
falsete. (1974:86-87)

Todos estos orfeones mantuvieron idéntico celo por el cuidado de la letra y por
la selección de las voces integrantes, como se ha insistido, para velar por las
presentaciones públicas. Y repetimos: "que [hacía] que la música Abakuá [fuera]
la más cuidada entre las expresiones musicales cubanas", al decir de Argeliers
León. Había mucho preciosismo compositivo e interpretativo en esos coros de
claves126 primigenios. Se ha señalado como la técnica y alternancia en los coros
aquellos elementos fundamentales de ese lenguaje que el compositor transforma:
1. La estructura alternante solo-coro, el sentido de contraste tímbrico y la
repetición. En la música de procedencia africana el coro interviene
principalmente como un elemento de contraste tímbrico para completar el trazo
melódico ejecutado por el solista. El coro unas veces repite el período expuesto
por el cantor, o solo una parte de su canto.

126
Tomado de: Marta Rodríguez Cuervo (2002): “Tendencias de lo Nacional en la Creación
Instrumental Cubana Contemporánea” Tesis de Doctorado del Departamento de Arte III
(Contemporáneo). UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. (CIDMUC, La Habana,
1986)
139
2. En el canto de ascendencia africana, existen sonidos más fijos que actúan
como referencia sonora fundamental, junto a sonidos cambiantes, de afinación
no precisa, móviles, variables, según los textos que se improvisan. Generalmente
estos cantos no exceden de una quinta. Lo que expreso de la música de
procedencia africana en Cuba el musicógrafo Eduardo Sánchez de Fuente:127

Es lo cierto que dentro de los negros mandingas, congos, lucumíes,


ararás, carabalíes y otros elementos africanos que en nuestra tierra
dieron origen a los brujos, ñáñigos, curros del manglar, cheches del
manglar, etcétera, se cultivó el baile y el canto ampliamente […]El
ñañiguismo, aliado del africanismo, adoptó de los lucumíes y de otras
tribus negras, fórmulas y diseños, en sus ritos y esparcimientos, que han
figurado más tarde en sus asociaciones similares a los cabildos, como la
de los Roncos, afectando, a las veces, una forma coral. Pero hay que
advertir que los cantos de los ñáñigos son, en su mayor parte, de
procedencia lucumí, pues generalmente solo tienen como elementos
propios de musicalidad los rezos unísonos que emplean en sus ritos; por
ejemplo, en la ceremonia del juramento, que es entre ellos la más
importante. Consideremos la arquitectura de la Clave, sin que dejemos
asomar en sus líneas los destellos de aquella época afrocubana, de
ignominia y de sangre, en la que las parejas del orden público libraban
verdaderas batallas campales en nuestras calles, persiguiendo a los
negros curros del manglar, a los cheches, brujos y demás representativos
del crimen….Creemos innecesario decir que nuestra canción nació y se
desarrolló libre por completo de la influencia africana […]Crea nuestra
juventud, ansiosa de moldes nuevos, que nuestros compositores no han
perdido el tiempo cultivando Clave..

Los coros de clave en Sancti Spíritus.

Las actuaciones profanas y públicas fueron consustanciales al ser Abakuá,


porque procuraron mostrar su lado emblanquecido con una música atemperada al
estilo "Clavé", entre otros adeudos. Y esos orfeones Abakuá no se extendieron
por el resto del país, porque carecieron de la base socio-laboral que habían
127
Eduardo Sánchez de Fuentes. (La Habana 1874-1944) Compositor, investigador y crítico
musical. Autor de la habanera “Tú”. Fuente: Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras
(La Habana), año 12 (t. XI): 115-166, enero-diciembre de 1927.
140
alcanzado en el Real Astillero, en el puerto y en los barrios habaneros y por su
carácter sectario e iniciático excluyente del Abakuá.
Sin embargo, avanzada la segunda mitad del siglo XIX, dos figuras aisladas,
como se indicó antes, fueron las promotoras de ese único proceso, discreto, de
diseminación hacia esas otras regiones: Patricio Gascón en Trinidad y Juan
Echemendía en Sancti Spíritus, quienes desplazaron los Coros de Clave y de
rumba desde los barrios capitalinos. Tanto Gascón en Trinidad como el
espirituano Echemendía se habían iniciado en "potencias" Abakuá capitalinas. En
definitiva, ellos solo trasladaron la encomienda -al parecer--, de formar Coros de
Clave, de carácter y fines festivos, profanos; aunque hubo 'diablitos' Abakuá en
los carnavales espirituanos de la época.
Era la cuidada cara pública que caracterizó al Abakuá, algo que, evidentemente,
desmiente la afirmación de una secta tan secreta y propia de matones y porque,
además, los Coros de Clave espirituanos dieron paso a una sensible y delicada
trova. Vale recordar la canción inmortal del trovador espirituano Rafael Mayea,
'Teofilíto': "Pensamiento dile a fragancia que yo la quiero." y cómo no asociarla al
poeta Amado Nervo de: 'a la mujer herirla ni con el pensamiento'. Merece dedicar
alguna atención a estas dos únicas manifestaciones de los Coros de Claves que
llegan y se desarrollan en esas dos poblaciones distantes, del centro del país: "De
La Habana el padre de la trova espirituana trajo los aires de la rumba y la
ascendencia africana del trabajo, […] estaba relacionada con los Coros de clave".
Y se añade:

Juan de la Cruz Echemendía Peraza, [...] desde joven se unió a los


coros de rumba y a los coros catalanes llamados Coros de Clavé, por su
fundador el catalán Anselmo Clavé. Nacido en esa ciudad fundó el coro
"La Yaya" […] Pronto se nutrió aquella peña con talentosos músicos
como Rafael Gómez Mayea "Teofilíto" y Miguel Companioni. Más tarde
se unirían Rafael Rodríguez, Hermes Rodríguez y Alfredo Varona. Al coro
"La Yaya" le siguieron otros nacidos en los barrios de Santa Ana, Jesús
María y Pueblo Nuevo o Bayamo. [...] la actividad musical popular más
importante en Sancti Spíritus, estaba relacionada con los coros de
clave. (Betancourt, 2001)

141
Este hijo de esclava pasaría, desde muy joven, once años en los barrios
capitalinos, en los que entra en contacto con las 'potencias' o 'tierras' Abakuá.
Otro estudioso nos amplía la información acerca de esas experiencias: "La
estancia de Juan Echemendía en La Habana le permitió el contacto con ciertas
manifestaciones citadinas [...] que al margen de la cultura elitista existente en la
capital iban a defender en cofradías los intereses más genuinos de las grandes
masas populares". (Bernal,1990: 141) La información la concluye Bernal
destacando características de esas influencias --y presencia-- Abakuá:

A su regreso en 1892, funda el Coro de Clave […] Allá (en La Habana)


también asimiló la manifestación de los Coros de Clave [...] Unidos a los
coros de rumba surgen los Coros de Clave originalmente festivos, pero
con un mayor nivel de organización en cuanto a formato musical,
sistematicidad de ensayo, y carácter de las actuaciones [...] hay en el
Coro de Claves, como género significativo un tono lastimero, heredado
de los cantos africanos, pero subyacente a pesar del tiempo [...] Existe
en la obra de Juan Echemendía claves en cuya interpretación el lamento
figuraba en la estructura melódica, lento, más cerca de la canción que de
la rumba [...]El son gradualmente desplaza a la Clave(142-151)

Se destaca el tono con que Bernal cataloga lo lastimero de la Clave, que


considera provenía del esclavo. En definitiva, el Coro de Clave asumía un tono
atemperado, que fomentó lo melodioso, lírico, apropiado luego a la trovadoresca.
Lo

habitual en las expresiones africanas del ritual o profanas era acompañarse de


instrumentación con fuertes valores ritmáticos e incluyendo danza; eso no pasó
con los Coros de Claves de factura Abakuá habaneros. Las Tonadas de Trinidad
también conservaron los tambores atemperados y sin danza, a la manera que lo
describe Argeliers: "las claves
empleaban para acompañar a sus cantos
un pequeño tambor de un solo parche,
con un mango encintado llamado viola,

142
al que sustituían por un banjo sin cuerdas" (1974: 147). Aún hoy se ven en
Trinidad los dos pequeños tambores usados por las originales corales 128, hechos
de un cedro ahuecado con candela y tensados con cuñas, como bongóes, sin
parecido específico a similares de las antiguas agrupaciones africanas. (Ver
tambor original en foto adjunta). De las Tonadas Trinitarias son estas canciones
que solo tiene una estrofa:

"Yo traigo pa' los mayores de Pueblo Nuevo


yo traigo los angelitos vestidos de oro,
las flores más elegantes de mi cantero";
………..
Para el Santo Juan de Dios
Juana Mina le hizo flores.
Blancas, azules y punzó
…….
"Clara le dijo a Cirilo,
Cirilo no me tienes amor,
Cirilo le dijo a Clara
tú eres la mujer (bis)
de mi corazón".
……
Tun, tun, tun ¿quién va?
Tun, tun, tun ¿quién va?

Soy tu marido mujer,


¿No me conoces la voz?
Abre la puerta por Dios
Que eso sí no puede ser.

Coro: Llorona llorona, llorona no llores más


…..
Soy tu marido mujer
Mujer de malos sentimientos
Todo se te ha vuelto un cuento
desde aquel día fatal.
128
El autor de estas líneas, Gorrin Castellanos, aborda de manera testimonial el tema del coro de
clave conocido por Tonadas Trinitarias. Siendo alumno universitario investigó de ellas en la
propia Trinidad, armó un grupo de universitarios para interpretarlas y con él participó en el Primer
Festival cultural universitario
143
Las Tonadas trinitarias
se cantaron siempre en
ocasión de las fiestas
católicas -y masónicas-,
muy especialmente la de
San Juan el día 23 de
junio. Los coros
trinitarios tampoco
rebasaron la primitiva
Grupo de Tonadas Triniatarias. Fines folkloricos conformación Abakuá
más cercana a los elementos afros carecieron de la fresca fusión con la tradición
de las corales catalanas, por lo que no incorporan la Canción Clave, lo que sí pasó
en los espirituanos. Estos grupos corales surgieron en barrios populares de las
zonas portuarias habaneras y luego se extendieron a ciudades como Cárdenas,
Matanzas y Sancti Spíritus. Estaban estructurados al estilo de los orfeones
peninsulares, aunque los cantos constituían una síntesis de elementos hispanos y
africanos. En la villa espirituana los Coros de Clave tuvieron un singular
desarrollo al vincularse a ellos compositores y músicos de la talla de Juan de la
Cruz Echemendía, su principal precursor; Rafael Gómez Mayea “Teofilíto”, autor
de Pensamiento e incontables piezas; Miguelito Companioni, creador de Mujer
Perjura y otras tantas bellas páginas trovadorescas, y Alfredo Varona, excelente
autor e intérprete de lo tradicional. Bajo la dirección de estos y otros maestros y
cultores del folclor estuvieron los coros Grano de Oro, Club Joven Clave, La
Unión, La Yaya y Santa Ana, célebres en la primera década de 1900 y años
después. Con ese legado que data de un siglo atrás, prosigue la tradición del
actual Coro de Claves espirituano, que cuenta con la presencia del único
representante vivo del folclor de la tierra yayabera, Serapio Echemendía, creador
de innumerables pasacalles, claves y rumbas, géneros que conforman el repertorio
de este tipo de agrupación sui generis en Cuba. Y con un acriollado pasacalle de
raíces hispanas y africanas, nacido en la inspiración de Serapio, hace más de
medio siglo, termino esta reseña:
144
"Si tú pasas por mi casa
y si ves a mi mujer
tú le dices que hoy no me espere
que yo con Pueblo Nuevo
me voy a echar un pie."
…..

Mi canto es para el Pimpá y el Tamarindo (Se Repite)


bajo su sombra, feliz cantamos
lindas tonadas nacidas en Trinidad…
Mi canto es para el Pimpá y el Tamarindo
mi canto es para el Pimpa y el Tamarindo,
bajo su sombra, feliz cantamos
lindas tonadas nacidas en Trinidad…

Otros elementos Abakuá están presentes es Sancti Spíritus. Rine Leal menciona:
"En las fiestas del Corpus se ofrecía la novedad de los Diablitos"; 129 que antes
citaba Ortiz (1966:33). También se señala que: "a partir del siglo XIX se unieron
a esta procesión (festividades) los diablitos Abakuá o ñáñigos". 130 (450) Por
su aparte Fernando Ortiz afirma: "los negros ñáñigos afrocubanos sumaron sus
exotismos a la fiesta del Día de Reyes, por la participación de sus "juegos o
potencia" acompañados de sus diablitos" y añade: "Al ñañiguismo […] debemos
la supervivencia del diablito" (31) No olvidar lo señalado antes, en el acápite,
dedicado a los diablitos, su existencia española de mucho antes del ñañiguismo
cubano, como lo describe Ortiz.

Ignacio Piñeiro, y otros ñañigos de renombre.

Ignacio Piñeiro, salió a iluminar el 21 de mayo de 1888 en el barrio de Jesús


María, la academia de música popular más grande del mundo, y en su momento,
con una densidad inaudita de población de origen africano-; se mudó siendo niño

129
Leal: 1980: dato que toma del historiador local Rafael F. Pérez Luna. (p. 452)
130
"Historia de Sancti Spirítu", T.II. S. Spíritus, 1888, (p.411)
145
todavía a otro barrio igualmente sonoro: Pueblo Nuevo la cadencia sanguínea del
guaguancó:
Nació en el mismo solar que yo nací
es buena como yo,
le encantan las melodías de los suburbios,
y da su corazón
cuando siente este cantar.

Figuras como el genial sonero Ignacio Piñeiro (1888-1969), eran “creadores


de claves", --llamado así también el género de la canción que en Cuba cantaban
los Cantos de clave--; quien de niño ya cantaba en una coral a la catalana y creció
como cantante y compositor del coro "Los Roncos", recordado por sus bellas
claves. Músicos destacados de finales del siglo XIX y primeros años del XX
fueron compositores o intérpretes de los Cantos de claves habaneros,
incorporados a las agrupaciones que se integraban con ese fin, famosas en los
barrios capitalinos. De muy temprano se tienen noticias en la ciudad de
Matanzas, de una antigua agrupación de clave conocida con el nombre de “El
trovador”, (28) que anticipaba los cauces interpretativos que seguirían muchos
creadores de clave.
Creadores de claves ñáñigas ya avanzadas algunas décadas del siglo XX, como
el genial sonero Ignacio Piñeiro, dan la medida del alcance de su influencia, que
de niño ya cantaba en una coral Clavé. Muchas personalidades de la música
cubana fueron ekobios abakuá: Ignacio Piñeiro; el violinista Claudio José Brindis
de Salas, el percusionista Chano Pozos, y otros.131 El gran aporte Abakuá a la
trova está en que dan vida y forma a los coros de clave y las variantes de
guaguancó y rumba, tributarios de los orfeones catalanes de Josep Anselm Clavé.
Existía ya una música de aliento Abakuá, que empezó a conformarse mucho antes
de la presencia en Cuba del fenómeno coral del barcelonés Clavé. Fernando Ortiz,
refiere que claves cantadas en coro, abandonaron pronto el Real Arsenal y el
puerto habanero, para incorporarse a las fiestas populares o jolgorios de los
barrios y poblaciones cercanas de La Habana. (Cuestión de fechas, las corales de
Anselm Clavé entraban a Cuba en la segunda mitad de XIX y no antes. De ellas
131
Ángel Guerrero: “Reflexiones sobre el Abakuá”, 2007. [Consulta en línea: 20/02/2009]
http:// www. afrocubaweb.com/Abakuá/angelguerrero.htm, p. 3
146
estaba ausente la danza y no necesariamente la instrumentación. Ya, coros
abakuá, habían integrado lo responsorial y lo ritmático y pronto buscaron —o
restablecieron— el acompañamiento del tambor, con “toques”, según el medio
sonoro que predominó. O sea, hay una nueva integración con las corales
catalanas, persistiendo o no la percusión afro.
En el medio popular la tradición catalana se extiende por las potencias abakuá
en el medio portuario-laboral habanero y matancero, en la segunda mitad del S.
XIX. Dice el historiador Carbonell y Rivero de la Canción clave, en su libro
“Las Bellas Artes en Cuba”132

Dentro del compás de seis por ocho que a veces presenta un figurado
de tres por cuatro, o una síncopa sui géneris, que no es la del Danzón, ni
la peculiar de la Rumba, rímase su bajo invariablemente con el primer
tercio del tiempo fuerte y el segundo el débil de su compás, contentivo de
seis corcheas, correspondientes a sus seis tercios.

Y trae a sus páginas la Clave de J. Ankermann:


….
luz que irradia de tus ojos
dame en tu pecho ese calor
de sol
dámelos y no me dejes
nunca morir
mustio de pena cual la flor
dáme esa flor que muere
mustia
cuando no recibe la luz del
día
y el calor del sol…

Y, según Argeliers León,


“junto a los coros aparecieron
otras agrupaciones llamadas
claves también dedicadas a un
132
José Manuel Carbonell y Rivero, (1928): “La Bellas Artes en Cuba (1608-1927)”.Vol: XVIII.
La Habana. Imprenta “El Siglo XX”, pp.174-175
147
canto colectivo ensayado…, visitándose por barrios estas agrupaciones eran
consecuencia de los modos de vida urbana que surgían en estas ciudades a fines
del siglo XIX. Había un pizarrón para escribir los textos recién sacados…Los
Coros tenían sus nombres: Los Roncos, del barrios Pueblo Nuevo en La Habana;
El Paso Franco, barrio Carraguao; El Lugareño: barrio Jesús María, Los Jesuitas,
de Colón, en Jesús del Monte: Los Dichosos, La Tuya, La Hoja de Guayaba, El
Pañuelo Blanco y otros”.
De Chano Pozo, otro ñáñigo, músico de los mejores…,133 transcribimos una
síntesis del trabajo de Padura: «La cumbre y el abismo: “En este barrio Chano
salió con las comparsas, aquí se hizo abakuá, del fundamento «muñanga», que es
uno de los juegos de este barrio. Y de otra cosa que estoy seguro que vivió ahí, en
la otra esquina, en el solar El África´ […] «Pero creo que donde se equivocó fue
metiéndose a abakuá, porque la religión no tiene nada que ver con la guapería y,
además, nosotros no tenemos que andar pregonando por ahí que pertenecemos a
esa hermandad. Incluso, Chano murió expulsado de su juego, no por un problema
de hombría, no, su lío fue que, grabó para Radio Cadena Azul unos cantos
secretos y su juego lo expulsó por 120 años. […] La gente no debe hablar de lo
que no sabe, muchacho. Para saber esas cosas hay que conversar con la familia,
¿verdad? ―me asegura Petrona Pozo, la hermana más pequeña de Chano, la
preferida del músico y la única sobreviviente' de aquella estirpe. Nosotros nos
mudamos para El África cuando ya éramos grandecitos, después que murió
mamá.
Pero nacimos, todos, en El Vedado, en el Solar Pan con Timba, de la calle 33:
de ahí salió Chano Pozo. […] «‘Manteca’, con la banda de Dizzy Gillespie».
Mas, con los pies heridos por el frío de Nueva York, no pudo impedir que su
corazón se le hubiera ido hasta La Habana: A esta misma hora, Chano, en Cayo
Hueso, Pueblo Nuevo y Belén, los altares tapizados de rojo están llenos de
ofrendas y velas, esperando el 4 de diciembre y los tambores ya están llorando su
salvaje plegaria de 'bienvenida al guerrero Changó, tu padre, dueño del rayo y la
espada. Pero esta 'noche faltará tu tambor, Chano... En Nueva York, solo tú

133
Leonardo Padura: Chano Pozo. La cumbre y el abismo. (Tomado de El viaje más largo.
Ediciones Unión. La Habana,1994).
148
piensas en Changó. […] la poderosa y principal influencia de la música
afrocubana sobre jazz y, especialmente, en el bop, alcanzó su punto culminante en
el invierno de 1947, cuando el director de banda Dizzy Gillespie contrató al
tamborero cubano Chano Pozo para un concierto en Town Hall. «Así fue como
tomé a Chano Pozo y no me arrepentí nunca. Cuando lo vi tocar siete tambores a
la vez supe que había encontrado un genio de la música…. Graba, entre otros
éxitos, una pieza clásica del jazz latino: «Manteca..., Es la apoteosis de los
tambores cubanos que enriquecían, definitivamente, la concepción rítmica de la
música estadounidense”.

El trovador caibarienense Manuel Corona Raimundo.

En el legendario trovador, mencionado, Manuel Corona Raimundo, la mujer


llena de significación sus canciones; porque aunque no fuera la única fuente que
desembocó en el torrente autoral, sí la más importante y la que resultó más
cargada con valores ideoestéticos… Pero es que además, Corona parece no
olvidar lo "africano" para definir el ser de sus féminas-canciones; y así lo escribe
en su inmortal "Santa Cecilia": por tu simpático rostro de africana, dice uno de
sus versos Y fuente compositiva que ocupa la figura fantasiosa de la mujer en
Corona, le es importante la que le aporta las agrupaciones de afrodescendientes
localizadas en la barriada de los Sitios, estancia vital del compositor, incluida la
de los Abakuá o ñáñigos. (Fotos adjuntas de Corona en épocas diferentes.)

149
Y los versos de la canción Doble Inconsciencia para confirmarlo:

quisiera asesinarte
y con paciencia, disimulo
mi horrible sufrimiento...

como si con ella Corona matara --en su fantasioso--, a la mujer-Sikán, …a lo


Abakuá; que no era otra, repetimos, que la mujer en esclavitud.
Manuel Corona Raimundo, (1880-1950), reconocido pilar precursor de la Trova
cubana y para muchos uno de los cuatro grandes y genuino cultor del
movimiento; entregó, al patrimonio nacional y universal, una tras otra, obras
musicales inolvidables, como las conocidísimas Longina, Santa Cecilia, Una
mirada, Adriana, Aurora, Doble Inconciencia, Las flores del Edén, La Alfonsa;
entre un abultado número, que han recorrido el mundo en las voces latinas más
fecundas.
Manuel Corona, el también llamado «trovador de todos los momentos», hizo
una intensa vida artística y bohemia que le relaciona con las principales figuras de
esa vertiente. El propio Corona decía “hasta los quince años residí en Caibarién
[...] un poblado del centro-norte cubano y poco después de iniciada la Guerra de
independencia, con mi familia, nos trasladamos a La Habana” (Ramírez, 1943).
Fue admirado por un público interesado en bares y cafés y tertulias y del teatro,
habanero y del país; ámbito que traspone cuando su obra lo universaliza.
El singular cancionero fémino coroniano sin parangón en esa trovadoresca, fue
además, un proyecto inducido por el rico sedimento que arropa a la
afrodescendencia en la barriada habanera; el ámbito ideomítico suburbial en que
factores contextuales se combinaron enriquecedoramente. Allí Corona encuentra
el modelo fantasioso de su Longina, quizás el más destacado tema en su obra que
da vida a otras tantas composiciones de igual móvil; ello lo corrobora, entre otras
razones, el que a tales mujeres-modelos solo le ligara un interés autoral.
En tal contexto citadino, el factor Abakuá fue un activo que integra la
trovadoresca de Manuel Corona cuando éste sublima el tema fémino; que, en esa

150
antigua confraternidad mutual afro-habanera, ocupaba lugar destacado dentro de
su mítica fabularía a pesar del pretendido misogenismo que predica y práctica.
En la barriada habanera proliferaban otros componentes del fenómeno fémino,
como los que introduce la emblemática diosa Yemayá del panteón yoruba, ligada
en el imaginario social a la Virgen parda de Regla, que tan excepcionalmente
retoma la novela Cecilia Valdés con el personaje de María de Regla. Así se
transformaron tradiciones cuyos productos confluyeron en la trovadoresca. Al
fenómeno barrial se integran otros componentes: el negro curro sevillano y, el del
Manglar. En definitiva, tales personajes aportan a la conformación del patrimonio
caribeño cultural --y musical--, como el fenómeno mulata, esencial en la
cancionistica de Manuel Corona y de la trovadoresca en general en una magnitud
aún por verificar. De todo ello, por nuestra parte, hemos venido haciendo
puntuales referencias
Y uno de esos importantes ingredientes que se dan en el medio capitalino y en
otros espacios al centro del país, todo indica que en separadas condiciones y
anticipando géneros aparecieron agrupaciones que entonaban las precursoras
melodías que darían paso a la Canción Clave, tributaría de elementos a la trova y
a géneros ligados a ella, especialmente el bolero; interpretadas por los Coros de
Clave, corales a que la sociedad Abakuá habían dado vida y sostén.
Fueron circunstancias típicas, en cuyo contexto se crearon las condiciones para
el desarrollo de la trova y del bolero, al menos del que se condicionó al occidente
cubano; cuando, nuevos productos culturales se integraban de la mano de las
afrodescendencias, muy particularmente en las agrupaciones callejeras llamadas
Coros de Clave, creadas para la actuación pública y profana de las
confraternidades Abakuá y que luego hicieron rápida apropiación del orfeonísmo
peninsular promovido por el movimiento coral del barcelonés Clavé extendido
en el país.
Militó Manuel Corona en las agrupaciones de los Coros de Clave habaneros. No
hay duda que la tradición que conformaran los Coros de clave alcanza en la época
niveles de boom; con trascendencia en los barrios capitalinos, como el de Los
Sitios, donde residiera Corona y recibiera la influencia con mayor frescura.

151
Manuel Corona inicia su carrera de trovador siendo un prolífero compositor de
Clave. En Los Sitios conforma un Coro de Clave nombrado "La Moralidad", que
en la primera década del siglo populariza más de veinte Claves. Ello muestra las
semejanzas que lo unían, en este sentido, al universal Ignacio Piñeiro, y conocido
sonero-trovador. Además, a Corona lo caracterizó ese procurado preciosismo que
predominaba en el medio Abakuá presente en el modo de hacer los Cantos de
Clave. Con la asimilación de los presupuestos, asimilados luego, al entrar en
contacto con las corales a lo barcelonés “Clavé"; lo que, avanzada la segunda
mitad del siglo XIX, dio lugar a importantes transformaciones que los
diferenciaron de lo anterior afro; y, lo más importante fue, darle vida a la Canción
Clave, melódico y romántico anticipo del bolero que se da al occidente.
Por otra parte, Corona también asimiló, tras tortuoso camino, qué le llegó de la
prístina trovadoresca Occitana medieval, movimiento aún por precisar la
magnitud de su presencia en suelo cubano.134 En definitiva, puede que igualmente
en Corona persistiera, excepcionalmente, la influencia de la antigua vena
trovadoresca medieval que le llegara inducidas por un sentimiento moderno-
modernista a lo dariniano, como sostiene la portorriqueña Iris Zavala, (1991:20)
le sucedió a la trovadoresca latinoamericana; o que lo asumiera por fuentes
bibliográficas no reconocidas. Pero lo que enriqueció a este trovador, con o sin la
presencia justificada de algunas de las características señaladas, fue esa dinámica
de esencia afro-caribeña cargada de presupuestos imaginativos ideoestéticos, con
fuerza capaz de dar sentido y trascendencia a una significativa producción autoral.
La figura de Corona se singulariza por ser de una trovadoresca parda, portadora
de alientos sutiles, donde desplegó una prolífera creación compositiva, de un
objetivado tema fémino, de cientos de creaciones con designaciones específicas
de damas, que dieron vida a otros tantos subtemas a manera de códigos de
inspiración. En muchos casos superaban los posibles modelos sociales físicos o de
circunstancias señaladas; eran como referencias a entes que no tuvieran una vida
física real. De manera, que no lo sedujeron los gracejos de las mujeres que
conoció, porque no lo movían meras necesidades pasionales. Si bien enriqueció la
134
En trabajos anteriores hemos destacado la presencia en La Habana de una población de
cátaros integrantes de la emigración catalana; la que, de manera novelada, desarrolla el
desaparecido escritor cubano Humberto Arenal, "Occitania" (2009), así llamado su libro.
152
obra de este trovador la dinámica contextual afrocaribeña cargada de un
imaginario ideoestético, con sólidos compromisos de pertenencia. En fin, que dio
sentido y trascendencia a un singular cancionero fémino, sin parangón en la
trovadoresca nacional, que fue un proyecto inducido por el rico sedimento que
arropaba la herencia de ascendencia afro, interactuando con el ámbito barrial
habanero de variados factores contextuales. En esas circunstancias Corona
encuentra el modelo ideal de su Longina, quizás el más destacado tema en su
cancionero; que da vida a otras tantas composiciones de igual modelo; que
corrobora, entre otras razones, que a tales mujeres-modelos solo les ligaran un
particular espacio fantasioso. En el contexto citadino, el factor Abakuá fue un
activo que integró la trovadoresca de Corona cuando esa antigua confraternidad
mutual afro-habanera sublima el tema fémino: una mujer que elabora y enriquece
dentro de una singular fabularía, a pesar del pretendido misogenismo que
profesaban los ekobios o iniciados. Lugar aparte corresponde al trasfondo de
esclavitud, que le llegaba sedimentado por huellas de sus cercanos ancestros
africanos, y cuando sus preferencias por lo fémino lo implicaban en la
persistencia del mulato por blanquear. Pero es que también, aunque contrapuesto,
prefirió manifestarse con el lenguaje sonoro musical de la trovadoresca provenzal,
que en particular contrastación, igualmente le facilitó ser el apasionado juglar de
la mujer.
Otro aspecto que se destaca en el tratamiento del tema fémino en el conjunto au-
toral del Corona es lo que podemos denominar una cancionista mulata de piel y
de esencias. En Corona, el fenómeno de la mulata está en la misma base de esa
omnipresencia femenina, que le particulariza como a ningún otro. Es por ello que
se hace necesario dar forma a esa figura coroniana de mujer; figura, que también
en su cancionero se particulariza, en un número determinado de letras, con
términos y situaciones a considerar dentro del aspecto de lo que podemos
designar como prietura.
Todo debió quedar en la esencia de las tradiciones que anduvieron esos viales de
resistencia y luego en la memoria que se fijó en la creación musical trovadoresca;
porque el tema incide en una parte importante de la obra autoral de Manuel
Corona y toca al producto musical, al género grande, el bolero. Se advierte en la
153
expresión del verso que encabeza Longina, la "mulata-canción" preferida de su
cancionero: "En el lenguaje misterioso de tus ojos / hay un tema que destaca
sensibilidad". Todo un tema de perceptibilidad, que entrañan misterios, lo ignoto,
trágico; expresiones similares algunas, que repite en su otra grande, Santa Cecilia:
"Las lánguidas miradas/ de tus profundos ojos que dicen los misterios/ del reino
celestial". Además de las tan conocidas composiciones, en algunas otras letras
está. Algunos historiadores han dado gran peso a este fenómeno social por las
características que le apañan. Reynaldo González titula un acápite de su libro
Contradanzas y latigazos (2012): "La necesidad hace parir mulatas"(131) teniendo
como soporte temático a Cecilia Valdés, de la novela homónima de Villaverde.
Afirma que Cecilia era la forma literaria del mito ya existente en el imaginario
social y describe la mulata con una cita que toma de Estralgo--: "hembra hermosa,
sensual, frívola, llena de sexo, pero vacía de seso, envanecida de la cabeza a los
pies". Y concluye González de Cecilia: "era una amante arrastrada por la pasión
que le llegó como factum en su belleza y en el condicionamiento que la sociedad
causó en ella". Si hay matices que difieran con lo anterior en el autor Corona,
habría que considerar las propias características de ser y sentirse él, mulato,
plasmado desde el título de una temprana composición suya: `Prieta mía`, bolero,
1915; `Divina mulata', rumba-son de 1919; 'Mi novia blanca' y otras. De esta
última: la letra y el comentario: "Yo la soñé más blanca que el armiño,/ que la
blanca azucena y que los lirios,/ la quise como lo cándido de un niño,/ y en sueños
la besaba con delirios.// En sueños me juró pasión ferviente,/ que nuestro amor
jamás tendría barreras,/ que el mundo le sería indiferente,/ que era fiel su ilusión,
no una quimera.// Me supuse feliz en ese sueño,/ Era blanca, muy blanca, mi
adorada,/ la que pude adorar con loco empeño,/ en el vértigo ensueño de una
nada.// ¡Qué horrible borrasca, qué tristeza/ ese engaño siniestro!/ Al meditar y
palpar que hizo mal la naturaleza,/ al ponerme en mi sueño esa belleza/ que no he
visto nunca más al despertar". La composición aparece bajo dos títulos: "Ilusión
de un sueño" y "Mi novia blanca", sobre la que la investigadora Yorisel Andino
ha realizado un acucioso estudio del texto que tituló: "Las Rosas Negras de
Manuel Corona" (Andino,2012:38-44) al que nos referiremos; una canción casi
desconocida, que los archivos le dan pocas referencias. Con el sugestivo título:
154
"Mi novia blanca", trae Corona a colación una singular figura femenina de la que
dice sentirse atado con lazos tan comprometedores como los del noviazgo.
Con esta temática compuso Corona guarachas, rumbas, sones, bachatas,
géneros que le facilitaron expresar los sentimientos: Mulata; Linda Mulata;
Negrita Angelical; Las Mulatas de Bombay; Reina Mora; Mi Prieta Dorada eres
Sultana; Dónde Estabas Anoche, Prieta; La Mulata Fascinante. "Las rosas
negras", es una canción que para algunos la letra desdice del apasionado retrato
que Corona había escrito de su "Longina", de mujer virginal…

Capítulo VII. Pasaje oscuro.

Los ñáñigos en los penales ultramarinos españoles


El legado de la sociedad secreta Abakuá en el Bonkó o Ñánkue
fernandino135 que hoy se sigue practicando… Supone un símbolo de la
ciudad: “en Malabo no puede haber navidad sin el ñánkue”.

¿Qué de terriblemente malo vio el gobernante y político español en el hombre


Abakuá o ñáñigo, en La Habana, donde único existía en la colonia antillana, para
que desde su propio reconocimiento oficial como secta mutual en mayoría
mulato, para procurar desarraigar, en montones, lejos, en sus famosas penales-
islas en lejanos territorios zonas africanos? ¿Cuántos, objetivamente, podrán ser
los iniciados, trabajadores en mayoría, de poca presencia blanca; sin conocido
vínculos con las tendencias políticas predominantes; pocos adinerados, o ilustres,
o vinculados a las élites?
La tenaz persecución cruenta, emprendida por la llamada Conspiración de La
Escalera que se propuso descabezar cualquier sobresalientes, en la cultura,
algunos en alguna fortuna o cualquier otro bien materia… Prefirió sobreseer casos
y enviar las casos comprobados, a los reconocidos espacios de olvido.

135
Fernandinos: refiere de la isla penal española: Fernando Poo.
155
Si de algo la historiografía
José Victoriano Betancourt dice en las décimas de El negro José del Rosario
publicadas en El Artista de La Habana en diciembre de 1848:

Yo nasí en Jesús María


En el famoso Manglai
Fui Perico, no hay dudai,
Y a ningún cheché temía

Preso tres años etube
Y en la caisel aprendí
Cosas que ni poi aquí
Supe cuando sueito etube.
……………………….
Allí se rompió la nube
Que ante mis ojos cubría
Y cuando al fin llegó el día
Que para Seuta salí
Yo me encontré tan así
Que yo mismo me temía…

En este poema ¿del negro curro? Es que mucho alude, igual, al otro congénere
afrodescendiente del ñáñigo. El poema, que José Victoriano Betancourt da a la
prensa en 1848, cuando ya era notorio, enviaban deportados los ñáñigos, y quien
si no, igual, ¿los curros? al penal de Ceuta. Lo decía el genial asintomático
Betancourt. A Villaverde no le quedó otra que darle Capítulo aparte al curro
Malanga en 1812 y algo; y a éste, poema aparte. Pero este curro de Betancourt,
que Ortiz, igual le encuentra acomodo, ahora en poema, nada menos que al
retornado de Seuta (corrijo, Ceuta).

Y ahí lo importante de Betancourt, aún su inescrupuloso y sórdido racismo, sea


quien nos ofrezca detalles, que hoy facilitan ver claro ese lado oscuro de nuestra
historia. Páginas de un acontecer que aún necesita un trabajo de rebuscamiento
profundo, de los envío a Cádiz, y posteriormente también a los penales en África

156
de Guinea y Ceuta, de una importante cantidad de presos negros y mulatos;
ñáñigos, curros que compartían formas de comportamiento similares,
confundiéndose en muchos casos. Y, tristemente, de muchos líderes negros del
levantamiento cubano contra los españoles como José Maceo, o como el negro
Simón que acompañaba en Zaragoza a José Martí, también deportado, cómo
antes señalamos. El negro Simón fue detenido el año 1871 con la primera remesa
de sublevados de las guerras carlistas de Aragón y enviado a la prisión en
Fernando Poo por el general Lersundi, en su caso, acusado de ser ñáñigo y
asesino.
Negros que luchaban contra los españoles por la independencia de Cuba y que,
encarcelados y transportados a España, poblaron las tierras gaditanas y las
cárceles africanas. El doctor Salillas en 1901 documenta y publica con textos e
imágenes un plante ñáñigo en la cárcel de Ceuta.136 La prohibición en Cuba de la
salida por las calles de los írimes o máscaras Abakuá, a mano de las autoridades
coloniales españolas, se había ocasionado en 1880. Esta sociedad secreta,
propició el socorro y la ayuda mutua; sufrió, de consecutivas deportaciones a los
territorios e islas-penales españolas de Fernando Poo, Chafarinas y Ceuta, entre
las más conocidas. Las deportaciones que se sucedieron desde antes de la mitad
del siglo XIX y se mantuvieron hasta los mismos finales del gobierno colonial en
137
Cuba. Dentro de la lista de los funestos gobernadores que la propiciaron en la
isla antillana, se destacó el Capitán General Lersundi, quien envió muchas
partidas de ñáñigos deportados prisioneros, según Brown,138 (135) situación que
procuraremos detallar. Desde 1862 hasta finales de 1897, son enviados cubanos
emancipados y deportados a Fernando Poo. Se conocen las deportaciones
políticas de 1866, 1869 y 1881. Se menciona una en 1896 pero no se describe el
número exacto de deportados y no hay noticia alguna de las de 1897. 10 No se
habla de los ñáñigos. Sin embargo ya en la primera deportación de 1866, lo que se
recoge en la prensa. (p.1428)
136
Todavía se recordaban en los carnavales de Cádiz como se ve en carteles del carnaval
gaditano de 1950 en el que se anuncia la chirigota de “Los Ñáñigos”
137
Algunos de los pasajes se tomaron de Batey: Revista Cubana de Antropología sociocultural
V. 5 N. 5. 2014. (digital)
138
David H. Brown, The Light Inside: Abakuá Society Arts and Cuban Cultural History.
Washington, DC, Smithsonian Institution Press. 2003.
157
Innúmeras notas periodística aparecieron en la época, con uno u otro asunto
referido a esos infaustos
confinamientos, de naturales
cubanos practicantes de
potencias ñáñigas o de
Abakuá. Extraemos algunas
de estas notas:

Merece la pena que


todos, y
principalmente el
gobierno, fijemos la
atención en la carta
que publica anoche La
Correspondencia
contando lo que
sucede en nuestra
colonia de Fernando
Poo. [...] La llegada
Diablitos, de potencia deportada al África de los deportados
cubanos que en su
mayoría no son políticos sino ñáñigos [...] ha hecho cambiar por
completo la vida tranquila de la colonia.” (Batey,2014:41)

Y consignamos algunas de los periódicos españoles 139 de fines de la


colonia:--“Lo que pasa en Fernando Poo.” El Imparcial, 4 de marzo de 1897;
--“Ecos políticos”, La Correspondencia de España, 2 de marzo de 1897; --“De
Fernando Poo”. Santa Isabel de Fernando Poo, 3 febrero 1897; La
Correspondencia de España, 4 de marzo de 1897.
A cuyas notas periodísticas añadimos otras, que manos laboriosas han
buscados con particular interés: La España, (1865, mayo 18). 71 Revista de
Geografía Comercial, (1886, junio 15 y 30). Año II, nº. 24, Madrid, p. 360.
“Captura de ñáñigos.” (1889, febrero 6). La Vanguardia, “Noticias. Los ñáñigos.”

139
Vale revisar el acápite: Deportados ñáñigos cubanos en la prensa española, del trabajo:
Presencia de la Sociedad Abakuá en Fernando Poo; de Isabela de Aranzadi. Universidad
Complutense de Madrid.
158
(1889, marzo 9). La Monarquía. La Unión Católica, (1896, octubre 30); La
Dinastía, (1896, octubre 31); La Correspondencia de España, (1896, noviembre
16); La Época, (1896, noviembre 15); Diario de Tenerife, (1896, noviembre 23).
BLANCO, D. (1896, noviembre 20). “Los ñáñigos […]. El Imparcial. También
en La Iberia, (1896, diciembre 1); El Liberal, (1896, diciembre 14); Diario Las
Palmas, (1896, enero 4); La Correspondencia de España, (1896, marzo 3).140
El concepto generalizado de interés oficial y de las élites sociales, consideraban
que el nombre de ñáñigos que se le daba a los miembros de la sociedad Abakuá
tenía una connotación de criminalidad argumentada también por la prensa. Se
publicaban textos cómo: “descontento en la colonia por el elevado número de
ñáñigos en la isla”; (2014: 41) criterios que se generalizaban de estos adeptos
ñáñigos. El 21 de agosto de 1876 había 50 potencias según. Y no paso mucho
tiempo para que el Gobernador de la Isla de Cuba dictara decreto por el que
“quedaban completamente prohibidas las reuniones de ñáñigos”.141
Igualmente válida esta otra aseveración que resumimos: el hecho de que esta
sociedad o confraternidad fuera considerada transportada, y recreada en ocasiones
como de esclavos; porque conservaban de la lengua, de los ritmos, instrumentos,
y ciertas ceremonias, y posteriormente se haya visto obligado a “un doble viaje en
el Atlántico”, constituye una clara forma de resistencia en Cuba; y, Fernando
Poo… uno de los escenarios coloniales hispánicos. (Ídem: 42)
En los meses entre febrero y junio de 1896, seguían llegando deportados a
Fernando Poo y a otras zonas-penales. El 28 de junio se anuncia la salida de 80
deportados cubanos desde Cádiz, apoyados por infantes de Marina. Y luego más:
el vapor Larache sale en diciembre de 1896 de Cádiz con 278 ñáñigos, asistidos
por fuerzas de la Infantería de Marina. Los deportados ñáñigos documentados en
la prensa ascienden a un total de casi 600. En marzo de 1897 hay de nuevo un
envío de 206 ñáñigos en el vapor Larache. Y muchos de los deportados
permanecerían hasta enero de 1899. (47)

140
Más, del trabajo de Isabela de Aranzadi: Deportados ñáñigos cubanos en la prensa española.
141
Palmié, S. y Pérez. E. (2005): p. 220.
159
En junio continúa el envío de ñáñigos a Fernando Poo. El agobio producido por
el elevado número de ñáñigos se trasluce en artículos, cartas e incluso poesías
como la que aparece el 27 de junio:

“En un apuro terrible


se está viendo Castellano [Ministro de Ultramar],
pues de Cádiz le avisan
que allí hay un montón de ñáñigos,
y que no hay donde meterlos,
[...]”

Más de 580 supuestos ñáñigos fueron deportados durante la guerra; y su destino,


hasta finales de septiembre de 1896, era Fernando Poo, isla situada irónicamente
al lado de Cross River, en el Delta del Níger, donde se afirma los ñañigos
tuvieron su origen.142
Hay una interesante nota periodística referida a estos espacios-penales de
Fernando Poo, Chafarinas y Ceuta que decía: “…la resistencia se ha dado como
elemento de identidad africana en una comunidad cuyos miembros se han
considerado largo tiempo como sujetos británicos, que ya desde América habrían
asumido el papel de civilizadores de África por influencia de las ideas
abolicionistas”.143 Por supuesto considerando la presencia del pontón –y sus
organizadores-- ingleses en Regla, que ya hemos señalado antes.
En 1865 encontramos unas notas en la prensa relatando la triste realidad de la
deportación a Fernando Poo. Y, en el periodo de la guerra de los diez años (1868-
1878), los ñáñigos fueron importante objeto de persecución y deportados en
significativas cantidades, si consideramos, nuevamente, que el ñáñigo era sólo de
la Habana –y algunos de ciudad Matanzas y Cárdenas-; y potencias secretas y no
de toda las capital, y preferentemente de las zonas portuarias… Algunos de los
cubanos deportados en 1881 formaron parte de la expedición que acompañarían a
Osorio en 1886 en la exploración del Muni. En 1888 se arrestan muchos juegos
ñáñigos en La Habana y los objetos sagrados, llamados “atributos” son
142
HELG, A. (1995). Our Rightful Share: The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912.
Chapel Hill: North Carolina UP. ), p. 83
143
Isabela de Aranzadi. Madrid, 2013.

160
requisados, siendo posteriormente depositados en el Museo de Ultramar en
España y actualmente conservados en el Museo Nacional de Antropología de
Madrid. Y la prensa con títulos como estos, “Captura de Ñáñigos”, La
Vanguardia, 6 de febrero de 1889; “Noticias. Los ñáñigos”, La Monarquía, 9 de
marzo de 1889. Ortiz habla de estos objetos requisados y luego museados. (1996:
409). Estos enseres aparecen fotografiados en Bordas Ibáñez (1999: 333-334). En
1880 se leía en El Gallego, un periódico de Buenos Aires: “actualmente los
ñáñigos son aliados naturales de los que deliran por la independencia antillana
[...] la sociedad de ñáñigos fue descubierta en tiempos del general Concha, y
[…] fueron detenidos más de dos mil, muchos de los cuales fueron llevados en
cadena y distribuidos entre las islas de Fernando Poo y Annobón.”[Cisneros
Luces, “Los ñáñigos”, El Gallego, 14 de marzo de 1880.]
Miguel Barnet en su obra cimera “El Cimarrón” pone en boca de su personaje
Esteban Montejo, ex-esclavo y cimarrón, relatos de esa cruel deportación de
cubanos por ser ñáñigos y obligados a la resistencia, en las islas-cárceles en
territorio africano; decía Montejo: “Yo me acuerdo de un criminal al que se
llamaba Camilo Polavieja144 […] gobernador por los años noventa. Nadie lo
quería […] Una vez le dio por mandar negros a la isla de Fernando Poo. […] Los
ñáñigos también iban a esa isla. Polavieja mandaba a los ñáñigos porque él decía
que eran anarquistas. Los trabajadores que no estaban complicados con el
ñañiguismo ni con la revolución se quedaban en Cuba” (Barnet, 1966: 90).
No obstante, la suerte en sus territorios de origen no fue la mejor: “El merecido
ascenso de La Barrera [...] a quien se debe que hayan desaparecido por completo
los ñáñigos” (Blanco, D., noviembre 20, 1896). Otras notas periodísticas
aparecidas: “Los ñáñigos...”, El Imparcial. También en La Correspondencia de
España, (1897, julio 6); en: La Época, (julio 6 de 1897.)
De la nueva vida ñáñiga y los eventos propios de la hermandad, hay igualmente
información. Ya en Malabo (penal): “donde estos ñañigos salían durante los días
de navidad, seguidos del coro de mujeres y de los músicos (Aranzadi, 2009) Así
se hicieron de la campana kon-kon fernandina, igual a las funciones del ekón para

144
Camilo Polavieja, Capitán General de la Isla, uno de los últimos gobernadores antes el fin de
ese coloniaje en 1898.
161
marcar la clave rítmica como los Abakuá en La Habana. Ambos de la lengua
Abakuá son derivados del efik a-kañ-kañ. Ñangué es el baile de los fernandinos
(Ortiz, 1924: 353); y Ñangüe es ñáñigo según Martín. (1946: 16). El atuendo con
el capirote puntiagudo es el mismo que en los írimes Abakuá, aunque en Malabo
se le han añadido en la cabeza algunos “tentáculos” de adorno y muchos pañuelos
en la cintura. (2014: 43) En Cuba el írime o máscara abakuá denominado
Enkríkamo llevaba pañuelos de seda en la cintura (Ortiz, (1951: 83). ¿Algún
antecedente con los Coros de Clave? Miranda describe el trayecto con cánticos de
ñáñigos en el barco y su llegada a la cárcel de Cádiz, abarrotada de deportados
esperando a ser distribuidos hacia Ceuta, Chafarinas y Fernando Poo. Algunos
deportados permanecerán hasta enero de 1899. En los documentos oficiales y en
la prensa existe una asociación repetida entre ñáñigos cuatreros y anarquistas, por
lo que delincuencia y anti-patriotismo suelen asociarse igualmente.
El indulto llega muy lento. Finalmente, en enero de 1899 cuando todavía
quedaban numerosos ñáñigos en la península y en Fernando Poo, por Real Orden,
de 5 de enero de 1899, se decreta que:

“En vista de que todavía se encuentran en la Península y en Fernando


Poo los individuos deportados […] no comprendidos en anteriores
indultos por su condición de ñáñigos, cuatreros o anarquistas, [...] S.M.
el rey se ha servido autorizar el regreso a la isla de Cuba [...] siendo por
cuenta del Estado el pasaje de regreso en tercera clase. Madrid, 4 de
enero de 1899.

Ceuta: el penal de Monte Hacho. El estudio de Ceuta tempranamente inspiró


una nueva visión sobre Cuba. La lectura de la inacabada investigación de Rafael
Salillas sobre los ñáñigos de Ceuta propició que Fernando Ortiz, que estudiaba
por entonces en España e Italia publicara en 1906 el trabajo ‘El hampa afro-
cubana’, donde asumía la visión sociológica de Salillas, según la cual el hampa
constituye “el estrato social donde lo humano, lo terriblemente humano se
manifiesta al desnudo, por lo cual sirve para comprender, no al hampa en sí
misma, sino desde ella al resto de la sociedad y la cultura”, tal y como lo expresa
Roberto González Echevarría, profesor de la Universidad de Yale.

162
Pero volvamos a los artículos publicados del tema. Uno de ellos cerraba
aduciendo: “Restos Abakuá en el Penal de Hacho”. Adjunta, la imagen,
pintoresca, del típico Diablito, írime, al estilo Hacho.145 Y un trabajo recién
aparecido en la prensa de esta posesión española en la banda mediterránea
africana, se iniciaba con esta nota muy sugerente: “Un presidario cubano del
penal del monte Hacho le aseguraba pertenecer a la sociedad secreta de los
ñáñigos o abakuás y acompañaba el texto con un dibujo que lo representaba.” Y
otro trabajo, al narrar de la institución habanera habitando los fosos en el presidio
ultramarino español de Hacho, finales del siglo XIX, los describía: “los ñáñigos,
llegaron a tener fuerza como gremio incluso a la hora de facilitar puestos de
trabajo”; o sea, los consideraba más que de hampones o criminales, a todo un
emporio gremial de gestión laboral que se mandaba a bolina…, opinaba alguien.
Oportuno insistir, además, que el cronista concretaba, muy escuetamente, la
verdadera razón, originaria, que fuera de esta sociedad; cuando sus miembros o
ekobios se dedicaban, como buenos carpinteros, tallistas y otros oficios, incluidos
capataces, del Real Arsenal habanero, ya historia en esos años del siglo XIX;
cuando fue toda un institución laboral con sus consiguientes adeudos africanos
entre otros, por su multiétnia en lo racial y variedad social. Sin embargo, se
buscaron acusaciones para justificar las deportaciones, encarcelamientos y otros
castigos que promovían referencias como ésta:

“los ñáñigos fueron encarcelados por las acusaciones que contenía un


informe “del sub-inspector de Vigilancia del Noveno Distrito habanero,
José María del Cristo, al señor Teniente Coronel Jefe”, a fines de 1870,
en el que se calificaba a los ñáñigos como “instrumentos para la
maldad”. Según el referido informe contenía que “uno de los fines
Abakuá era político, contra la esclavitud y contra España.146

Y retomamos, en los finales, el tema, ya mencionado, que incriminó de alguna


manera los ñañigos en el abolicionismo. Hay criterios de algunos estudiosos que
igualmente explicarían esas deportaciones forzosas de ñáñigos antes de la mitad

145
Tomado online del sitio: http://elfarodeceuta.es/autor/el-faro-de-ceuta... (20/02/2011)
146
La nota, señalada, aparecía en el periódico cubano Juventud Rebelde, La Habana, 2011.
163
del siglo XIX. Las dudas del doctor Martín, por la vinculación de deportados con
las acciones abolicionistas de los ingleses:

También es singular el hecho de que el primer juego de ñáñigo formado


de la nación apapá (Akpá, rio La Cruz) se constituyesen en Regla, o sea
en una región de la Habana que podía mantener mejor comunicación con
los pontones ingleses fondeados en la bahía, casi todos tripulados por
negros, súbditos británicos, lo que podía facilitar la conspiración, a la
que muchos sería atraídos por razones religiosas, en su mayoría
ignorantes de toda acción política. 147

Tal es así que esos contactos entre libres y emancipados preocupó al Capitán
General, que el 31 de mayo de 1844, dictó disposiciones, que delataban sus
temores: 1.Los negros emancipados… se recogerán por el gobierno, tan pronto se
hallen en uso de su libertad, a modo de proporcionarles embarque y salida de este
territorios…; 2.Todo hombre de color que exista en la isla, será juzgado por el
tribunal privativo de vagos…; 3…serán expulsados los hombres de color libres
procedentes de otros países…
En definitiva, desde temprano en la supuesta fecha de aparición Abakuá en
Regla, en 1836; sin que pasaran diez años, se iniciaron las regulares deportaciones
que emprendieron los diferentes Capitanes de la Isla contra una población negra
habanera. Y no dudar que esa orden, con preferencia, incluyó los muchos
afrodescendientes deportados por ñáñigos a Fernando Poo, Ceuta o Chafarinas
Sea como fuere, decenas de Abakúas fueron trasladados al África española,
donde mantuvieron sus ritos y comportamientos sociales propios de su sociedad.
Uno de estos ñáñigos se puso en contacto con Rafael Salillas, importante médico
criminólogo oscense, cuyos estudios sobre la picaresca española y la obra de
Cervantes renovaron el sistema penitenciario nacional. El cubano prometía
comunicarle los secretos de la críptica sociedad. Y se mencionaba al ñáñigo
insurrecto llamado Caoba”.

147
Tomado de: Juan Luís Martín: (1944): Esquema sobre los factores alógenos de la población
cubana. La Habana. Editora Nacional. S. A. Línea y Belascoaín.
164
Salillas se desplazó en 1888 al penal del monte Hacho, donde presenció
una ceremonia ñáñigo y pudo entrevistarse con miembros del grupo,
aunque no se tiene constancia de que contactase con el que le había
escrito. Impresionado, El trabajo publicado en 1970 ‘La Sociedad Secreta
Abakúa’, obra de la experta en cultura afrocubana Lydia Cabrera,
rescató las impresiones transmitidas por Salillas después de presenciar el
rito: “Estábamos practicando la visita a los calabozos del Achó, cuando
oímos ruido de algazara y de tambores y el presidiario que se encontraba
en el calabozo en que nos hallábamos perdió su aspecto mustio, se
incorporó con alegría, prestó atención y exclamó: ¡Los ñáñigos!

Poco después, agrega mas, se encontraron en el espacio abierto de una


explanada en que vieron un “…cortejo extraño, con figuras extrañas, vestidas
algunas de ellas con trajes fantásticos, tocando una especie de tambores de
estructuras primitiva, cantando, accionando y bailando”. Una verdadera
exhibición ñáñiga tan fidedigna como las presenciadas en las calles de La
Habana, integrada por miembros de la sociedad en su mayoría, naturales de aquel
país, “que habían traído con sus personas, sus costumbres y su ceremonia”.
Contemplando los “juegos” de los ñáñigos en la prisión de Ceuta, Salillas se
pregunta: “¿qué es el ñañiguismo?”. A lo que contesta: “No es una mascarada, ni
una sociedad tenebrosa. Es una importación étnica: es el país africano que canta
y danza cosas que en África deben de tener una significación”.

Otro destino Abakuá: Cayo Hueso, al Norte…

Y de los viajes emprendidos por el ñáñigo o Abakúa en Cuba, y no siempre de


plácemes, a Cayo Huesos, al Norte. Allí también les dio sus parabienes de apoyo
soldario, Martí, cómo lo hemos señalado antes, al referirse de viejo Tomás Surí.
Del tema vale reproducir materiales, que por su información reflejan los hechos,
no siempre fidedignos en todo. Traemos una de estas reflexiones, añadidos los
comentarios requeridos:

En los años de 1869 a 1899, con el auge del poblamiento y la


interrelación múltiple entre Key West (para los cubanos Cayo Hueso o,

165
simplemente, el Cayo) y Cuba. Este auge se debió al traslado a Key West
de parte importante de la industria manufacturera de Tabacos de La
Habana, que comprendió a miles de obreros cubanos dedicados a su
elaboración. Auge que llevó a José Martí a escribir en Patria un poema
dedicado a la deportada Hortensia Lechuga:

Yo he visto, en la noche clara


De nuestras Antillas bellas,
Sobre la sangre del ara
Escondidas las estrellas.

Yo he visto, por una oscura


Vereda del campo umbrío,
Una clavellina pura
Enamorada de un río.

Yo he visto, en la misteriosa
Nave del templo ferviente,
Esplender, como una rosa
De luz, un sirio doliente.

Yo he visto en mi Cayo amado


En el hogar y en la escuela,
Lucir como un castigado
Torvo mar, la limpia estela.
Nueva York, 1893.

Hay que repasar alguno de los versos: “sobre la sangre del ara”. ¿Qué
significado le daba Martí al término ara? Del Dicc. de la RAE //Altar donde se
ofrece al santo sacrificio//. Pero más abajo señala // Acogerse uno a las ara// fig.
Refugiarse o tomar asilo//. Definiciones todas que suman en el pensamiento
martiano… Y lo del otro verso a Hortensia: “Por una oscura vereda/ del campo
umbrío.
Y del último verso, que cierra: “Yo he visto en mi Cayo (Hueso) amado,…lucir
como un castigado…” Bello, poema dedicado al obligado asilo. El sentido del
poema bien representaba los Abakuá obligados a la deportación a dicho Cayo
floridano.
166
Entre los años de 1869 1870, Key West alcanzaba una limitada población de
unos 2000 habitantes, entre lo que predominaba la emigración cubana de
empleados en la profesión tabaquera, que se estabilizaba como industria allí. A
los que se sumaba una importante migración de nacionales antillanos a que los
obligaba la persecusión politica, arreciada luego del inicio de la Guerra de los
Diez Años, en 1868. Rn esos mometos, la cifra de personas según los datos,
alcanzaba el dígito de 5657.
Llegó a acumularse unos cincuenta y tantos talleres para la elaboración
comercial del tabaco en sus diferentes presentaciones. De manera que todas esas
razones para promover un destino humano al territorio, lo convirtió pronto en una
de las ciudades mayores del estado de la Florida, hasta ocupar el lugar cimeros
con más de 9000 habitantes para 1880. No olvidar que, como bien señala el
trabajo citado: “las fábricas de tabaco en Cuba, en particular en La Habana, se
contaron entre los grandes centros laborales, junto a los puertos y los mataderos,
conunas de destacada proliferación ñáñiga en el siglo XIX, aunque con una
membresía limitada a las zonas portuarias…”148 en especifico La Habana, Regla-
Guanabacoa; las cercanas de Matanzass y Cárdenas; además de otros barrios
capitalinos como Marianao. Y, en los años señalados del siglo XIX: Cayo Hueso,
en la Florida, donde se funda, al menos una conocida: «potencia» o «tierra», si
olvidara los miles de ñañigos deportados a las islas y territorios penales
españoles, territorio africano, antes referenciado.
Dos autores cubanos establecidos en el Cayo a partir de 1869 testimonian en
sus libros la presencia ñáñiga en Key West: Gerardo Castellanos y Juan Pérez
Rolo. El primero en Motivos de Cayo Hueso, de 1935, rememoró que, "en el afán
de divertirse efectuaban los ñáñigos el Día de Reyes, esas raras ceremonias y
paseos con el consabido diablito y demás funcionarios al toque del ronco tambor"
(Castellanos: 250); el segundo, en Mis recuerdos aparecido en la década del
veinte del siglo pasado, de nuevo que los ñáñigos salían a las calles el 6 de
enero, con paseos; "…que fueron suspendidos --no dice fecha--, pues la colonia
cubana creyó que esos espectáculos desdecían de la cultura de la emigración"
(Pérez Rolo:23). Ambos testimoniantes recuerdan los desfiles ñáñigos el 6 de
148
Abakuás en Key West, Florida.
167
enero, una práctica que tuvo su equivalente en La Habana, donde fue prohibida
por las autoridades coloniales en años que coinciden con los de su práctica en
Key West. Su prescripción, de acuerdo con lo informado por Pérez Rolo, debió
preceder a la desaparición de la(s) sociedad(es) secreta(s), síntoma de un ocaso
--o del menosprecio según Pérez Rolo--, que debió iniciarse, con el último baile
ñañigo callejero que se produjo en el Cayo en 1923. Importada de Cuba la
palabra “ñañigo” apareció en Key West como una religión de ayuda mutua entre
negros en el período de 1880 y 1890. El articulo de Stetson Kennedy titulado
"Ñáñigos in Florida", publicado en 1940 por la Universidad de ese estado, 149 da
una vigencia al ñañiguismo cubano/cayero de no menos de cuarenta años. Ya en
1930, en Key West, se ·ponía en entredicho el origen Afro y no cubano de los
nánigos.150 Otro cubano en Key West escribó respecto al origen de la palabra
"ñáñigo": destacando que su nombre real, al ser introducidos los esclavos en
Cuba, era Carabalí Apapa Abacua. Con la primera palabra por el lugar de su
procedencia, la segunda por algo que es viejo y grande para ellos y la tercera por
compromiso (pled-ge). El ritual fue tomado por los blancos y nombrado por
ellos ñáñigo. A ello se añadió que el ñañiguismo no era un producto de Cuba,
decían, era una sociedad secreta con origen en el Bajo Congo, importada a Cuba
por esclavos africanos. Entre los dioses de la sociedad se conservaba Ecue, hijo
de Abasi: ser supremo; Changó, el espíritu del bien y el mal, poseedor del poder
del castigo; Yemayá, espíritu del aire; Ñanga, espíritu supremo del mal.(Idem:48)
Solo recordar cómo les fue de mal a los deportados, obligados a abandonar su
patria por criterios políticos más que éticos.

149
En la revista Southern Folklore Quaterly, el volumen IV, número 3, 1940.
150
Investigaciones en Key West por Stetson Kennedy en la década del treinta con los auspicios
de la Works Progress Administration (WPA).
168
Capítulo VIII. Pareceres.

Betancourt y el Costumbrismo blanco. Enérgicos a sus maneras.

José Victoriano Betancourt había nacido en Guanajay, provincia La Habana,


(1813-1875). Según Salvador Bueno uno de los costumbristas más elogiados…. Y
de su patriotismo también dio pruebas a través de su vida. Partió al destierro y
murió en tierra mexicana.
Empezó a publicar sus artículos en la revista La Cartera Cubana, en 1838,
caracterizados por un interés moralizador mientras deleitaba… Ambos elementos
se compensan, por lo que afirmaba: “Las costumbres forman la fisonomía moral
de los pueblos”. Algunas de las costumbres que describe iban desapareciendo en
su época; las describe con pluma ágil, como las de “Velar un Mondongo”, y “Las
tortillas de San Rafael”. Y cuando capta tipos universales, logra sus mejores
descripciones; para ello utiliza un sinnúmero de epítetos que demuestran el
dominio del idioma y la elocuencia de su talento. Continuando ardides de
Francisco de Quevedo, acumula rasgos ridículos hasta dejar trazada una grotesca
caricatura.(Bueno, 2016:18):
Muy valiosa, en opinión de algunos, su estampa de «Los negros curros del
Manglar»; de gentes que le argumenta lo de maleantes, a su entender… En
definitiva, como que escogen aquellos de origen africano, negro y mulatos; libres
o cimarrones, de extravagante vestimenta, …que ya en su época estaban
desapareciendo; y los transforma en imágenes insólitas dentro de la turbia
realidad de aquella sociedad esclavista. Quizás por eso Antonio Bachiller y
Morales (1812-1889) observaba: «En las obras de Betancourt “El día de Reyes”,
“Un Velorio en Jesús María”. “Los ñañigos”, en fin, no podía dejar de encontrarse
en la narración los escollos de unas materias tan escabrosas por el estilo y por la
lengua».151 A ello le sumaba un característico “humor y donoso grajeo”.

151
Introducción a: Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba…
169
Llamado por Francisco Calcagno «el primer costumbrista de su tiempo»; fue de
los primeros en enfocar sectores tan marginados en el régimen colonial como eran
los «curros»; sin embargo, artículos suyos con el tema de las sociedades ñáñigas
no abundaron, aún las coincidencias de estos con los curros, lo que Ortiz hizo y
de los que haremos particular reseña. Aunque, adelantando ideas destacaremos
algunas de las referencias que toma de Betancourt para su libro Los Negros
Curros. En el primer Capítulo Ortiz se cuestiona el criterio que el cronista
Betancourt tiene del término criollo y su adjudicación. Así mismo disiente cuando
el cronista afirma que el Manglar, en la antigua barriada de Jesús María, era el
hampa de La Habana. Para Ortiz errado, porque el hampa, dice: más que espacio
geográfico es un concepto sociológico.
En definitiva es de extrañar, sin embargo, la ausencia de citas de Betancourt en
este primer capítulo del libro orticiano donde se destacan los principales criterios
en relación con las sociedades ñáñigas o de Abakuá relacionados a la figura del
negros curros; y como en posteriores capítulos, las citas a Betancourt, más o
menos extensas y aportadoras, le ilustran de los curros. Un material citado de
Betancourt del tema, aparece incluido en “Artículos de Costumbres”152
Fernando Ortiz, etnólogo y antropólogo, había dedicado atención a esas figuras
de la farándula solariega habanera. Hacía coincidir el Abakuá o ñáñigo con el otro
personaje de época, el Negro curro sevillano, emigrante andaluz; imitado luego
por la figura popular criolla, de ese entorno contextual, el así igualmente llamado
curro del Manglar. En ese libro, póstumo, Los Negros Curros, versión cotejada
con materiales suyos que estructura de la mano de su colaboradora la doctora
Diana Iznaga. En el mismo capítulo inicial se define al curro sevillano, el que se
va contrastando, y sentando pautas, como a su par, al Abakuá o ñáñigo. El ñáñigo
va a recibir por Ortiz un tratamiento referencial sobresaliente, y quizás único
entre los especialistas del tema. Veamos:

Los mismos individuos no pudieron a la vez ser curros y ñáñigos por


especiales razones prohibitorias de incompatibilidad, sino por causas
meramente cronológica. Porque en la época original de los curros no
habían venido aún los ñáñigos a La Habana y sus términos aledaños, que
152
Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura. La Habana, 1941.
170
es donde únicos había curros y ñáñigos en Cuba. En la década de 1830 se
fundó el primer juego de ñáñigo, el llamado Efik Butón, que fue traído de
África y aquí reorganizado y establecido integralmente en Regla. Villa
litoral de la barriada habanera.(1995:7)

La nota no creemos fuera definitiva, pero ya son criterios madurado de Ortiz;


aunque, varios de los discernimientos que se exponen, les hemos señalado
distorsiones. Son versiones que han llegado a nuestros días; muchas que debieron
irse corrigiendo por el etnólogo con el tiempo, aunque mantengan criterios
válidos. Baste señalar, que a su pesar sí hubo concurrencia secular y temporal
entre ambos sectores, al menos en los primeros años, cuando coincidieron las
sociedades Abakuá con la migración curra como empleados ambos del Real
Arsenal pasada la 1ra. mitad del siglo XVIII.
Volviendo a los criterios mantenidos por Ortiz de los ñáñigos o Abakuá que les
relacionan con elementos considerados dentro de proyecciones profanas. Muchas
coincidencias se dan con las corales públicas practicadas por ambos sectores
sociales, entre otros elementos. Sin embargo, es de notar, que la poesía y el canto
se dan como elementos esenciales entre los afrocubanos en los ritos donde, por lo
general, llegan a los estados de posesos, y les “baja el santo”. El componente
esencial, en estas situaciones, es la reiteración rítmica; en especial con la
música y en el canto, y en la ejecución de los tambores. Entre los Abakuá --y
totalmente desconocido por los curros sevillanos--, este estado psíquico del
“santo bajao” no fue típico en sus rituales, como bien afirma Ortiz: “los ritmos
son variados, y se acude a los cambios de frases orales y a una inagotable
improvisación, para que la mente no caiga en la entrega hipnoide…”(Ortiz,1994:
39) Y a la larga, gracias a estos comportamientos, se hace fácil comprender como
a los Abakuá no les fue tan contradictorio compaginar con sus congéneres
sevillanos y adaptarse, en lo que les era posible, a sus hábitos; y con poco éxito,
cuando el curro metió mano al versaje con la espineliana décima. Advierta como
entiende dicha conducta del ritual Abakuá otro etnólogo en materia afrocubana,

171
Alejo Carpentier. La referencia la reproducimos de su libro La música en Cuba:
(117)153

…en ciertas tipos de ceremonias, los cantos responden a usos y


emociones muy diversas. Si la práctica de «hacer bajar el santo» se
acompaña de un canto monótono, cuya finalidad de engendrar la
obsesión, la idea fija, propiciadora del éxtasis; en las fiestas ñáñigas, por
ejemplo, hay tantos cantos diferentes como las fases presentan el
complicadísimo ceremonial inicíaco. Verdadero auto ritual, el «juego»
incluye, en este caso, himnos antifonales, danzas de los diablitos,
responsos marchas procesionales, y una invocación al sol, a más de
recitaciones de fórmulas «en lengua», medidas sobre el parche de un
tambor. Inútil sería insistir sobre la riqueza sonora de esos tipos del
folklore. (Carpentier:2012: 212)

A la música que generalmente producía y practicaba el hombre perteneciente a


la Confraternidades Abakuá muy poco le quedaba de los que señala Hornbostel 154
integraba la música africana: «para los negros africanos, la música no es la
reproducción ni la producción de algo; es la vida de un espíritu vivo que se
manifiesta en los que cantan o bailan. De esto están ellos convencidos y la idea de
estar poseídos o inspirados les da a sus cantares y danzas una carácter
sobrehumano, relacionado con la religión». El Abakuá, fue en ello muy
comedido, en definitiva, diferente.

El mulato Martín Morúa Delgado.

Para el Diccionario de la Academia Cubana de la Literatura, Martín Morúa


Delgado (1857-1910), originalmente gremialista; luego, periodista, escritor,
político.155 Fue Martín Morúa uno de los intelectuales cubanos muy citados por
153
Tomamos para la cita la edición de La música en Cuba. Temas de la lira y el Bongó, de
Ediciones del Museo de la Música, La Habana. 2012.
154
E. M. Hornbostel: “African negro music”, Africa, Oxford.(p.28)
155
Organizó gremios de trabajadores. Se estableció, a partir de 1876, en Cárdenas (Matanzas).
Fundó el periódico El Pueblo (1879), donde publicó versos. Por la colaboración que prestó a la
lucha independentista fue apresado. Suspendida la publicación de El Pueblo, partió a Cayo Hueso
(1881) y en 1882 a Nueva York. Fue redactor de El Separatista (1883). Formó parte de la
Directiva del Comité Patriótico de Nueva York y fue su delegado. Terminada la guerra, se traslada
a Las Villas, donde funda, dirige o colabora, con varios periódico: La Libertad; La República; El
172
Ortiz, al menos en los primeros capítulos, de su obra póstuma: Los Negros
Curros, particularmente su novela “La Familia Unzuázu” y en menos proporción,
“Sofía”; que se publican en 1957, año del Centenario de su nacimiento en las
Obras Completas, editada por la Comisión que se creó. En estas primeras
referencias que hace Ortiz, destaca lo que escribe Morúa de los ñáñigos o
Abakuá; donde abundan los desacuerdos que le toman más de tres páginas. No
asimila toda la crítica con que los ataca Morúa. Y Ortiz abre presentando: “Esa
confusión que existe todavía en relación con la naturaleza, historia y funciones
sociales de los ñáñigos… Cundió entre los escritores cubanos, aún en los de
color, como el aludido novelista y político… Presidente que fue del Senado…”
(1995: 8) Y continúa Ortiz con las aseveraciones acerca de lo que discurre Morúa
de esta sociedad, en momentos de mayoría afrodescendiente:

“Eran los juegos de los ñáñigos asociaciones de origen africano,


sostenidas por criollos libertos que no solo inventaron con tales centros
inmorales un medio de bajo lucro, sino que en su maligna ignorancia
editaban las pasiones e inspiraban el odio selvático…” (Lo toma Ortiz de
la novela “La familia Unzuázu” (1957: t,2: 144)

Existieron las puñaladas, considerando comportamientos sociales en la relación


propia entre integrantes de colectivos humanos, pero no, cómo se quiere estatuir:
solo a mano de un ñañigos por naturaleza hampón, en una supuesta manera de
actuar de los individuos por su color y condición social. Villaverde en Cecilia
Valdés tampoco lo concibió así. Y vale referirnos a las cuchilladas, que nunca
dio el negro curro Malanga en Cecilia Valdés, aunque sí dio el prospecto Abakuá,
José Dolores Pimienta, en particular la que dio al esclavo huido Dionisio Gamboa
o Jaruco; puñalada que muy justamente valora el curro Malanga: ―¡Guenajería!
Se conoce que el pardito sabe su oficio… (Villaverde, 1986: tomo II, 164) Y, la
mortal, que finalmente asestó el clarinetista, a la figura eje: Leonardito Gamboa.
Esto de puñalada ñáñiga lo recoge igualmente Martín Morúa en su novela Sofía:

Villareño (1900) y es delegado a la Constituyente en 1901. Durante la República fue senador,


fundador del Partido Moderado (1904), presidente del Senado (1910), ponente de la «Ley Morúa»
y secretario de Agricultura, Comercio y Trabajo (1910). Es autor del Ensayo político: Cuba y la
raza de color [1881?].
173
“Un brazo fuerte y certero le había hundido un puñal por la clavícula
izquierda, dejando el arma enterrada hasta el mango atravesada en el
corazón. Puñalada de ñáñigo, (sic) dijo al examinarla un inspector de
policía… salió dando de espaldas el primer paso de la puerta a la calle,
luego simuló un estremecimiento con todo el cuerpo, movimiento peculiar
del ñáñigo para hacer sonar las gangarrias de las vestimentas oficiales y,
haciendo cabriolas, siguió el mismo rumbo que llevaba su amo”
(Morúa,1957:198)

Fernando Ortiz y los ñáñigos en Los Negros Curros.

Un importante material el libro Los negros curros, que sobre el tema de estos
personajes en La Habana debemos a la pluma de don Fernando Ortiz. Editado
post mortem; con la prologación, añadido de notas actualizadoras e
incorporación de nuevos materiales escogido de Ortiz, y con otros aportes
enriquecedores, realizados por la investigadora doctora Diana Iznaga Beira de la
fundación Fernando Ortiz. Y sirva de necesaria explicación, que en el mismo
inicio del libro señalado se contrasta el tema del curro con una detallada
referenciación, no repetida después, de esa otra figura que habitara la barriada
habanera, de esencia mulata, que fue el ñáñigo o Abakuá; de referencias que no
son posibles desconocer para la historiografía del tema. La cotejadora y
prologadora doctora Diana Iznaga comenta:

…la colección pretendía estudiar el hampa de Cuba a partir del análisis


de grupos como "Los negros curros", "Los negros ñáñigos", "Los negros
criminales", "La negra prostituta", y "La mala vida de los chinos en
Cuba" Mucha de esta bibliografía sirvió de apoyo a la tesis de Ortiz, que
envió a Dorado Montero en 1902 antes de regresar a Cuba. Años
después, en 1906, le regaló a Dorado “Los negros brujos”. En noviembre
recibía la obra que Dorado Montero le había anunciado en sus anteriores
cartas, De criminología y penología (publicada en Madrid, en 1906), que
contenía algunos trabajos como el que trataba del matonismo español,
que pensaba utilizar para la redacción de Los negros curros ya que en su
opinión éstos no eran sino una cristalización del matonismo andaluz en el
ambiente africano y colonial de Cuba.

174
El tema del matonismo como de la hamponería han sido objeto de muchas
disensiones, por lo tendencioso y no siempre fundamentado. Aunque el prólogo
aludido de la doctora Iznaga poco mejoró los existentes criterios que del tema del
hamponismo, matonismo, etc., se discutían; sin embargo, la doctora escribe un
documento posterior que deja sin efecto muchas discrepancias en esta dirección,
insistiendo en las transformaciones que daban nueva orientación al pensamiento
del sabio avanzado el siglo.
Detengámonos en algunos párrafos de ese tendencia inicial de Ortiz con que
Dra. Diana armaba el trabajo que tituló, El estudio del arte negro en Fernando
Ortiz; contrastando de una primera etapa, a otra posterior. Vea: africano es el
ñáñigo, tipo el más curioso de nuestra delincuencia; africana la brujería, que
acaso debido a su aspecto semi-religioso, es la supervivencia más tenaz;
africanos eran los cabildos, manifestación del carácter localista de los
asociados… Sin embargo, años después, escribiría lo que igualmente recoge el
artículo de la Dra. Diana Iznaga:

«la mala vida»; es decir en una vida conceptuada como «no buena» y
marcada por el apartamiento y la inferioridad social, impuestos por los
elementos dominadores; o sea en esa «mala vida» que la ideología
imperante en cada época y pueblo define, desde lo alto de su posición
ordenadora, como «mala» …porque no es la misma de los dominantes,
quienes por sí definen la suya como la buena y normativa. El blanco y el
negro chocaron; sus lenguajes, sus artes, sus morales, sus religiones, sus
familias, sus costumbres, sus ideas, sus trabajos y sus economías eran,
dentro de la esencial humanidad común, radicalmente distintas. Uno
dominó al otro por el histórico avance evolutivo de sus posiciones y
técnicas y clavó al otro en una conceptuación de «mala vida». La religión
del dominado se tuvo por ridícula y diabólica; su lenguaje era «un ruido,
no una voz»; su arte, risible; su moral, abominable; su familia,
desvinculada; su costumbre, sin derecho; su ideación, absurda; su
economía, ineficaz [...] Al negro, como al indio que lo antecedió en la
subyugación social, hubo teólogo que lo declaró «sin alma humana». Sólo
le fueron reconocidos su potente aparato muscular de trabajo y su
jocundidad anestesiante. Luego el negro salió de la esclavitud y entró en
el proletariado.

175
Mucho se ha insistido –y Ortiz--, en que cuando existía la infame trata negrera,
las sociedades secretas (ñáñigas) de la región de los kalabares (sic), servirían en
los embarcaderos de las costas de intermediarios entre los negros y los puestos
del interior. (239) He insiste, como diría el sabio, en que de allí los trajeron y no
fueron acá inventados por criollos libertos.

Es cierto que los juegos ñáñigos fueron de origen africano, Aún allí
perduran al sur de Nigeria, con los nombres de Epke, Ekpon y otros. Pero
de allí los trajeron y no fueron aquí inventados por criollos libertos. Pues
en sus comienzos, al menos en una generación, no pudieron entrar en
ellos, ni los criollos ni los libertos, aunque fueran negros… (Ortiz,
1995:8)

Es que eso no es argumento, incluso para determinar la africanía de nación de


esos supuestos originales; ni, a Ortiz le hubiera sido posible determinar de una
sociedad secreta que no conservó por principio documento alguno; enterarse,
cuando “ni a los propios hijos” les fue permitido… Así lo dice antes en la propia
página: “Los ñañigos en Cuba eran exclusivamente negros de Guinea, nacidos en
África,, quienes repelían a los criollos, y no iniciaban ni a sus propios hijos
negros”. (1995: 8-9) Y no se puede señalar que el ñáñigo cubano hoy día sea tal
cual fue en sus orígenes. Es que para Ortiz, los fines sociales que en África
hicieron surgir el ñáñigo jamás pudieron realizarse en Cuba. Vea: 156

el impacto de esas instituciones tribales africanas con las troncalmente


hispánicas de los cubanos, las hizo buscar reajustes, transculturaciones
para poder pasar de la cultura negra de su oriundez a la cultura blanca
de su adaptación […] aun cuando siguen siendo […] de asistencia mutua
[…] han perdido las motivaciones y los procedimientos […] en su
existencia africana y que fueron siempre innecesarios, inútiles e
inadaptables en el ambiente social de Cuba… (1995:114) El impacto de
esas instituciones tribales africanas con las troncalmente hispánicas de
los cubanos, las hizo buscar reajustes, transculturaciones para poder
pasar de la cultura negra de su oriundez a la cultura blanca de su
156
Parte de esta cita es del artículo: “¿Dónde hay ñáñigos?” que Ortiz publicara antes, en la
revista cubana Bohemia, La Habana, 42: 4-5, 144-145, 156; del 22 de octubre de 1950
176
adaptación […] aun cuando siguen siendo […] de asistencia mutua […]
han perdido las motivaciones y los procedimientos […] en su existencia
africana y que fueron siempre innecesarios, inútiles e inadaptables en el
ambiente social de Cuba […]Cuando existía la infame trata negrera, las
sociedades secretas (ñáñigas) 114 de esa región de los kalabares (sic),
servirían en los embarcaderos de las costas de intermediarios entre los
negros y los puestos del interior. (239).

En esta dirección del pensamiento orticiano, hay ocasiones que insiste en el


origen totalmente africano del Abakuá, y hay momentos, en el mismo libro, que
lo desmiente. Advierta como insiste en la tesis repetida una y mil veces:

En la década de 1830 se fundó el primer juego ñáñigo, el llamado Efik


Butón, que fue traído de África y aquí reorganizado y establecido
integralmente en Regla, villa litoral de la bahía habanera […] Los
ñañigos eran exclusivamente negros de Guinea, nacidos en África,
quienes repelían a los criollos y no iniciaban a sus propios hijos negros
(Ortiz,1995:8)

Así las cosas, queda claro que todo le fue negado al afrocubano como se ha
señalado… Cuando nos daba ese tesoro inefable de su música desde el siglo XVI;
cuando se negaba africanidad hasta a las típicas e indómitas sincopaciones de sus
propias danzas. De manera que con esos antecedentes bien cabe reunir de esas
inferencias en la realidad social cubana a partir de los documentos antes
señalados. Ortiz llega a precisar el lugar originario de muchas de estas
festividades y su organigrafía, cuando plantea: “coros de clave […]
instrumentos musicales salieron del Arsenal”. Profundiza que fuera el historiador
de La Habana Emilio Roig quen también afirmara: “Las «claves», instrumento de
percusión muy usado en nuestra música popular, no son otra cosa que las
«clavijas», de madera dura, fijadas a golpe de mano por los carpinteros de ribera
para asegurar las ensambladuras, tablas y cuadernas de las naves, y que la
población negra de La Habana, que en mucha parte residía por entonces en El
Manglar, barrio de extramuros, cerca de los astilleros, ideó utilizar para
acompañamiento de sus cantos y bailes […] la clave es genuinamente habanera.”
(1966:Tomo III,121) Ortiz cierra la panorámica con otras precisiones: “claves

177
cantadas en coro, que abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto habanero,
para incorporarse a las fiestas populares o jolgorios de los barrios y poblaciones
cercanas de La Habana” (1984:82). Y logra establecer similares prioridades
temporales sin definir fechas.
Al respecto debe tenerse presente el artículo citado de Martí sobre la secta
Abakuá en relación al rechazo de ésta al tambor: …una tremenda orden secreta
de africanos, con ordenanza y quién sabe qué, que dejó ir a unos hermanos
porque querían aún el tambor, los demás no querían ya tambor en la orden, sino
escuela (O.C., 1963: t. 5, 324) Ortiz cierra la panorámica con claras precisiones:
“claves cantadas en coro, abandonaron pronto el Real Arsenal y el puerto
habanero… que da la evidente procendencia Abakuá.
En otro orden de ideas, Fernando Ortiz llega a descubrir con toda claridad la
lucha contra el racismo, ligándola al liberalismo político y cultural, sobre todo
desde el momento en que la raciología se hace presente en la vida científica con la
exaltación étnica llevada a cabo en por el nazismo.
Este complejo mundo mental, solucionado en el día a día, y cuyo hilo conductor
más que ideológico era de posición, de congruencia entre el pensamiento diario y
la acción liberal que inspiraba a Fernando Ortiz, pero tomó una carta de
naturaleza combativa con la aparición de la raciología nazi. La conciencia de los
problemas que arrastraba el fascismo le permitió redondear su pensamiento, a la
vez que sentirse parte de un proyecto internacional en el que participaba la mayor
parte de la antropología; en el caso norteamericano con Franz Boas a la cabeza
del antirracismo antropológico. En concreto, en 1939 Ortiz figura como
presidente de una Asociación Nacional contra las Discriminaciones Racistas, que
hace pública una declaración contra el antisemitismo cubano e internacional. Da
cuenta Ortiz, escribiendo el ensayo Martí y las razas, en 1941, de su profunda
conexión con el prócer de Dos Ríos en lo tocante a la pluralidad cultural cubana.
Para culminar todo este pensamiento en una de sus obras maestras, El engaño de
las razas, de 1945.
Y de la décima. Ortiz en su libro: Poesía y canto de los negros afrocubanos, trae
a colación la reseña de una incursión de los Abakuá en el uso de la décima como
rima poética; una información que llama a la reflexión, es lo planteado: ―Por
178
rareza –asegura el antropólogo—, […] tenemos una curiosa versificación cubana
del siglo XIX, escrita en el lenguaje Abakuá o ñáñigo, con la forma estrófica
castellana de la décima o espinela, tan arraigada en Cuba desde hace tantos siglos.
Pero ése –termina diciendo el antropólogo—, es un caso excepcional, quizá
único." (Ortiz,1994: 93) Destaca Fernando Ortiz al curro como «único», quizás sí,
o… no; pero lo importante es que el autor no pudo dejar de resaltar que el Abakuá
encontró también acomodo para expresarse en la tal forma tradicional poética
española, a la manera como lo veía y oía hacer, a sus convecinos en Jesús María
(y el Manglar): los negros curros sevillanos , cultivadores natos de la popular y
sevillana espinela.

El parecer de Sosa…157

Un importante investigador de los Abakuá o ñañigos en Cuba fue el doctor en


Ciencias, historiador y escritor Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002). Estudioso
de la identidad cubana, hecho reflejado en obras relacionadas con los cultos
sincréticos de la Isla. Obtiene el premio Casa de las Américas con su libro: Los
Ñáñigos, publicado por la editorial de dicha institución en el año de 1982. Sus
investigaciones, como la de tantos más, sobre el tema ñáñigo en la mayor de las
Antillas, se centró en la mono-céntrica bibliografía que sobre esta figura, social,
aparecida y desarrollada, casi exclusivamente, en zonas de la barriada habanera; y
vinculados, en gran parte de las ocasiones, como obreros de los grandes centros
manufactures e industriales, aglutinadores laborales con grandes gremios. En un
inicio en el puerto, y la industria marinera habanera, muy poderosos en los siglos
XVIII y XIX; y a seguidas, en los importantes trajines de trasiegos de carga y
descarga en los muelles capitalinos, tal cual hemos centrado parte del presente
trabajo.

157
Enrique Sosa Rodríguez, (1930-2002). Doctor en Ciencias e Investigador, estudioso de la
identidad cubana, hecho reflejado en obras relacionadas con los cultos sincréticos de la Isla.
Premio Casa de las Américas con su libro: Los Ñáñigos, publicado por la editorial de dicha
institución en el año de 1982.
179
De manera, que salvo el principio seguido por Sosa de la especificidad
historicista, dentro de una laboriosidad técnico-literaria e investigativa; donde
solo se dio una continuidad de análisis, muy escudriñadores de los sucesos que
acompañaron esta agrupación social, gremial, mutual, con cierto ritual; donde
predominó lo propio de las afrodescendencias criollas. Siendo de mucho valor el
producto resultante en los aspectos de los nuevos enfoques, y lo logrado, en
cuanto a lo que puede denominarse sociedad secreta Abakuá o ñáñiga. Valga el
pequeño resumen con algunas de las ideas que consideramos importantes.
La relación entre los Cabildos de Nación y los Complejos culturales, … fue
realizado en un medio urbano, …fueron y siguieron siendo expresiones culturales
en génesis y prevalencia en las ciudades, al menos en lo que respecta a la santería
y al Abakuá. El medio urbano permitió contactos más íntimos y «libres».
Existió una situación ambigua ante la religión católica oficial, por la persecución
desatada contra ellos a partir del último cuarto de siglo XIX: tuvo su expresión
acabada en la sociedad secreta masculina de los ñáñigos. La pervivencia no fue
fácil…
Los Abakuá, o el conjunto de estas sociedades, es un producto transculturizado
de la región del viejo Calabar, frente a la bahía de Biafra, traído por los esclavos
Bantú o Semibantúes; y según Lydia Cabrera en su libro La Sociedad Secreta
Abakuá, aceptaba ya lo antes expresado de la creación de la primera potencia,
tierra, juego o nación a partir del Cabildo de bricamos Carabalí Appapa Efik y
previo permiso Ekoi; así, afirmaba, que la primera sociedad ñáñiga en Cuba
perteneció a su rama Efik. “No conocemos si existe sociedades similares a éstas
en otras partes de América” En cuanto a la representación comunitaria de los
iniciados dice: La presencia social del ñañiguismo desbordó el marco de su
templo o centro de reunión extendiéndose a todos los demás lugares a donde
estuviera su presencia social.
En definitiva, de su real antecedente africano, concluye: es posible que hasta en
el vejo Calabar no llegara a integrarse en una mitología coherente y única
aceptada por todas las tribus ongbe y ekpe.
Para el ñáñigo Abasí en Efik, es la máxima deidad celestial creadora de todo,
que en Cuba es el Dios Cristiano, y en la mística del masón el Gran Arquitecto.
180
Aunque en la Regla Ocha está la participación de la madrina; pero la jerarquía
más alta, la de babalao con acceso al tablero de Ifá, que es masculino. En Cuba se
efectuó un pacto entre jefes negros y blancos que aspiraban a integrase como
ecobios. La rama que entregó el secreto fue la Ekoi. Se opuso la Efik.
Como detalla el profesor Enrique Sosa, el cabildo negro preservó y difundió
creencias, costumbres, ritos, ritmos musicales, lenguas de varias etnias africanas,
etc. Al amparo de esas asociaciones y “sindicatos” de negros se crearon también
órdenes y sociedades secretas, como los Abakuá.
Y reconsideramos, finalmente, una notas ya dicha en el material: 158 que relata
una de las versiones de la leyenda que integra el ritual de esa secta: "...donde no
hay plante ñáñigo sin Ekueñón, el mismo verdugo que mató a Sikán, quien va
previamente al monte a buscarla (a Sikán) para traer su espíritu vivificador al
parche -a falto de ello, mudo el tambor-- del Ekué sagrado”. Se hace obligada la
presencia de la mujer en una ceremonia exclusivamente masculina, que supone no
tiene cabida.

Los Abakuá de Israel Castellanos.159

En 1906, en su primer libro Hampa afrocubana: Los Negros Brujos, Fernando


Ortiz (1881.1969) propone se declare delictiva la práctica de las religiones
afrocubanas, a las que llama brujerías; que se encarcele a sus sacerdotes, a los que
llama brujos; y que se confisquen los tambores y de más objetos sagrados a los
practicantes de esos ritos.” “Unos 30 años más tarde, el 30 de mayo de 1936, el
propio Ortiz presenta a la IHC presenta un espectáculo inusitado: tambores de la
santería ejecutan sus ritmos sagrados los fieles bailan a su compás, y Ortiz explica
la ceremonia exaltando sus méritos folclóricos y sus valores estéticos…
“hablando de algo tan exótico como los ñañigos, y algo más de lo que yo había
visto en el madrileño Museo de Ultramar, con vestidos de diablito,
instrumentos… de esa asociación de tan tétrica fama durante la Colonia, me

158
Es del trabajo, "Las sociedades Secretas Abakuá", de Jorge e Isabel Castellanos, (1992: 220)
159
Nos referimos aquí al Dr. Israel Castellanos, antropólogo de entre siglos, XIX y XX, cuya
obra conoció Ortiz y utiliza.
181
propuse escribir “La mala vida en La Habana, incluyendo al ñañiguismo…”; en:
“Los criminales en Cuba”: en: «Los brujos santeros», Estudios afrocubanos, Vol.
III, 1939. Núm., 1, 2, 3,4; pág. 86
Y concluye Castellanos: “En esta extraordinaria transición ideológica se resume,
en verdad, todo el proceso de maduración de la etnografía nacional en la primera
parte del siglo XX, junto con un nuevo concepto de la identidad patria”. (109) La
sociedad pigmentocrática debe entenderse aquella en que el color de la piel
constituye un factor esencial en el ordenación de los grupos humanos y el
funcionamiento de las instituciones…(88)Según Castellanos, Ortiz estuvo
recopilando datos por solo un año y los redactó en Europa en el tiempo que
estuvo allí de 1903 a 1905, donde estudiaba derecho penal junto a Casare
Lombroso y Enrico Fermi…
O sea sus primeros trabajos propios de la Antropología criminalista, imbuido de
las teorías lombrosianas, de corto tiempo de conocimiento; y, según Castellanos
con errores: 1.de interpretación y omisión; 2. refleja un falso concepto de la
cultura afrocubana y de su relación con la cubana en general… Echando leña a la
destructiva hoguera de los prejuicios raciales… Aunque inauguraba los estudios
sistemáticos de las religiones de origen africano en Cuba.160 Preguntas: ¿En que
echó leña…; qué prejuicios raciales?
Castellanos nota positivo que de primero ve el típico monoteísmo de la religión
afrocubana… Su divo supremo –ocioso- y sus divinidades intermedias: los
Orishas transculturada en los santos Católicos (112-113) en quienes se concentra
casi toda la actividad religiosa y de los fieles… 161En los acentos metronómicos de
la clave, es donde asoma más vigorosamente el segmento rítmico africano,
amalgamado, desde luego, con otros elementos productos de nuestro medio
tropical.

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Historia. Universidad de Los Andes. Bogotá D.C.-Colombia

188
IMAGINERÍA AL AZAR

189
190
191
192
193
INDICE

Entrante………….…………...…………………………………….........2
Capítulo I: De los Abakuá o ñañigos
a.Historia y leyenda.………………………………………………….......9
b.De contexto, el Real Arsenal en Jesús María………………...……….13
c.Carlos III. Los capitales negros del Real Arsenal habanero.................21
d.Del Negro curro sevillanos y los Abakuá. La Atarazana de Sevilla.…31
Capitulo II. Lo paradójico de Regla. Y de congos y Carabalíes.
a Los incendios en Jesús María. La primera Potencia en Regla………..36
b.El Conde de Jaruco y los Abakuá en Matanzas……………………….46
c.Alud de bantúes y semibantúes: congos y carabalíes en el s.XIX…...49
Capítulo III: Las sociedades secretas Abakuá o ñáñigas
a.Las sociedades secretas. El tapado o Subuso………………………….64
b.El tambor Ekué………………………………………………………...70
c.Chivo a lo Abakuá………………..……………………………………72
d.Los Diablitos……………………………….…………………………..75
Capítulo IV. Los grandes adeudos.
a.Aponte y los Abakuá………………… …………………………….....83
b.Andrés Petit y la “Reforma Protestante Ñáñiga”, según Ortiz………..92
c.El segundo marqués de Casa Calvo: ¿Ñáñigo?..................................98
Capítulo V. Filo-masónismo Abakuá
a.Los Abakuá y la masonería…………………………………..…........100
b.Villaverde, masonería, y ñañiguismo. José Dolores Pimienta……….107
c.Martí y el ñáñigo……………………………………………………...129
194
Capítulo VI: Los orfeones populares.
a.Orfeones profanos: los Coros de Clave. El barcelonés Anselm Clav..123
b.Los Coros en Sancti Espíritu, Trinidad y otros………...…….…….....139
c.Ignacio Piñeiro y otros ñáñigos de renombre…..……………………..144
d.El trovador caibarienense Manuel Corona.…………………………...148
Capítulo VII. Pasaje oscuro.
a.Los ñáñigos en los penales ultramarinos españoles...........................154
b.Otro destino Abakuá: Cayo Hueso, al Norte…..…………….............163
Capítulo VIII. Pareceres.
a.Betancourt y el Costumbrismo blanco. Contrariedades...……………167
b.El mulato Martín Morúa Delgado…………………………………....170
c.Fernando Ortiz y los ñáñigos, en Los Negros Curros……………....172
d.El parecer de Sosa…….……………………………………………...177
e.Los Abakuá de Israel Castellanos……..….…………………….……179

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS…...….………......................181
IMAGINERÍA AL AZAR..………………………………..................187

195

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