AGNOSIA VISUAL
INTRODUCCIÓN:
La agnosia visual es un trastorno perceptivo adquirido por daño cerebral, en el que la
persona afectada es incapaz de reconocer, a través de la vista, estímulos que antes de la
lesión si podía identificar, a pesar de conservar la sensación visual al menos parcialmente
(no hay ceguera) y a pesar de poder reconocerlos a través de otros sentidos, como el tacto
o el oído.
Estas personas ven, pero no entienden lo que ven; bien porque el cerebro no llega a
construir una imagen global coherente a partir de los rasgos visuales que le proporcionan
los ojos, o porque a pesar de poder construir dicha imagen (percepto), esta no puede
ponerse en relación con nada ya conocido, de forma que no se le asigna un significado o
una idea sobre qué es o para qué puede servir lo que se está viendo. En el primer caso se
habla de agnosia visual aperceptiva y en el segundo, de agnosia visual asociativa.
SÍNTOMAS:
La agnosia puede afectar a cualquier de los sentidos: oído, gusto, olfato, tacto y vista.
Los síntomas de la agnosia varían dependiendo del lóbulo dañado:
● LÓBULO PARIETAL: como consecuencia, las personas tendrán dificultades para
identificar objetos familiares (como una llave o un imperdible) que sean colocados en
la mano del lado opuesto a la lesión (agnosia somatosensorial). Sin embargo,
cuando miran el objeto, inmediatamente lo reconocen y lo identifican. Algunas
personas que tienen un lóbulo parietal dañado insisten en que todo está bien o
ignoran el problema, incluso cuando está paralizado un lado de su cuerpo (lo que se
denomina anosognosia).
● LÓBULO OCCIPITAL: las personas no pueden reconocer objetos corrientes, como
una cuchara o un lápiz, aunque puedan verlos. Este trastorno se denomina agnosia
visual. Puede que no reconozcan caras familiares (prosopagnosia).
● LÓBULO TEMPORAL: estas lesiones hacen imposible reconocer los sonidos
aunque puedan oírlos (agnosia auditiva).
● LÓBULO OCCIPITAL Y TEMPORAL: es posible que las personas afectadas no
reconozcan lugares conocidos (llamada agnosia ambiental). Pueden ser daltónicas.
CAUSAS:
La agnosia puede deberse a accidentes cerebrovasculares, demencia u otros trastornos
neurológicos. También puede ser inducido por un traumatismo o por una lesión en la
cabeza, una infección cerebral o hereditaria. Además, algunas formas de agnosia pueden
ser el resultado de trastornos del desarrollo. El daño que causa la agnosia generalmente
ocurre en los lóbulos occipital o parietal del cerebro. Aunque en modalidades, se podrán
ver afectadas las habilidades cognitivas, mientras que en otras áreas se conservan. Los
pacientes que experimentan una recuperación dramática de la ceguera experimentan una
agnosia significativa a total.
CASO: EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN
SOMBRERO:
En este caso el Doctor P tenía agnosia visual. El caso del Doctor P pasó a la historia como
uno de los más extraños y curiosos de las neurociencias. Es un ejemplo perfecto de los
singulares caminos que puede tomar el cerebro cuando, como portentosa máquina biológica
que es, deja de funcionar como debiera.
A veces, nos parece que actos como mirar lo que nos rodea y reconocer que una mesa es
una mesa, o que una puerta es una puerta, son procesos naturales y sencillos. No nos
damos cuenta de que en ello está involucrada una compleja red de asociaciones, que
implican funciones cerebrales muy sofisticadas.
Oliver Sacks nos cuenta que el caso del Doctor P se refiere a uno de los pacientes que lo
consultó. Se trataba de un talentoso músico que había alcanzado importante fama como
cantante. Tras el éxito, se había retirado del espectáculo y estaba dedicado a la enseñanza
en una escuela de música. Fue durante esa labor cuando empezó a registrar situaciones
extrañas.
Todo comenzó cuando notó que algunas veces los estudiantes se presentaban ante él, pero
no los reconocía. Era como si no estuvieran ahí. Sin embargo, cuando estos hablaban sí
detectaba su presencia y sabía de quién se trataba. En otras palabras, reconocía a los
alumnos por la voz y no por su presencia.
Más adelante, la situación se volvió un poco más crítica. El Doctor P no solo no reconocía
las caras de sus estudiantes, sino que además comenzó a ver caras donde no las había.
Por ejemplo, terminaba saludando a un parquímetro o le daba palmaditas a los tanques
contra incendios. ¿Se estaba volviendo loco?.
El Doctor P siempre había sido una persona alegre y bromista. Así que los demás no
creyeron que hubiera algo anormal en sus confusiones. Las tomaban como bromas
surgidas de su particular sentido del humor.
Sin embargo, el propio hombre tampoco encontraba nada anormal o preocupante en sus
dificultades para percibir la realidad. Vino a darse cuenta de ello de una forma
completamente accidental.
Esto ocurrió unos tres años después de haber manifestado los primeros síntomas de fallas
en su percepción. El hombre enfermó y le diagnosticaron diabetes. Le recomendaron visitar
al oftalmólogo, ya que la diabetes podría causarle problemas de visión y debía mantener
vigilada la condición de su vista. El especialista le hizo varios exámenes minuciosos.
Al final de estos, le señaló que no tenía ningún problema visual. En cambio, sí había podido
detectar que tenía algunas dificultades en las zonas visuales del cerebro. Debía entonces
consultar con un neurólogo. Así fue como el Doctor P llegó a la consulta de Oliver Sacks.
Este no lograba detectar qué le sucedía, pero sí notaba que había “algo extraño” en este
simpático personaje.
Sacks le pidió que mirara la portada de una revista. En ella había una duna desértica. El
Doctor P aseguró ver un río, personas disfrutando bajo parasoles y otra serie de objetos que
no estaban allí. Al despedirse, tocó a su esposa como si fuera un sombrero y quiso
“ponérsela”. Ella apenas sonrió. Estaba acostumbrada a esos percances.
El neurólogo se interesó mucho en el caso del Doctor P y decidió hacerle un seguimiento
minucioso. Lo visitó en su casa. Le mostró un guante y le preguntó qué era. Notó que el
hombre podía describir todo el guante, pero no sabía decir qué era. La esposa le comentó
que, para vestirse, para comer y para realizar todo tipo de actividades cotidianas, el Doctor
P tenía que cantar. Si no lo hacía, se quedaba paralizado y no sabía qué hacer.
Sacks concluyó que el Doctor P tenía una incapacidad de reconocer rostros, la cual se
denomina prosopagnosia. Tampoco podía reconocer sus propias limitaciones, lo cual se
conoce como anosognosia, y, obviamente, avanzaba hacia una agnosia visual.
En el avance de su problemática, tenía grandes dificultades para asociar lo que veía con los
conceptos que estaban en su mente y con su propia capacidad para percibirlas. Nunca se
recuperó, pero su existencia fue tranquila y siempre estuvo cantando hasta que murió.
CONCLUSIÓN:
Creo que no es necesario justificar lo básica que es para nuestra vida la función de la
gnosis. En cierto modo, nuestra conciencia depende de lo que vemos y de la realidad que
conforma nuestro cerebro. Esta “realidad”, fabricada por nuestros circuitos, posiblemente
dista mucho de lo que es la realidad como tal. Pensemos por un momento: cuando vemos
como habla alguien generalmente lo que vemos y lo que oímos tiene una sincronía. Es
decir, si nos habla un amigo no deberíamos ver que primero mueve la boca y después
escuchamos el sonido, como si se tratase de una película mal doblada. Pero, en cambio, la
velocidad de la luz y la velocidad del sonido son muy distintas.
El cerebro, de algún modo, integra la realidad para que la entendamos de modo ordenado y
lógico. Si tuviera esta enfermedad sería muy difícil adaptarse a mi vida normal (antes de
tener la enfermedad). todo se me haría más difícil. Es decir, sin saber lo que es cada cosa,
necesitaría a alguien para que me guíe y no parezca una loquilla confundiendo cosas. Pero
claro yo SOLA lucharía contra esta enfermedad y tendría que construir mi propio mundo.
FIZZA AFZAAL 2C BACH