0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 170 vistas103 páginasTeologia Del Mundo Metz Johann Baptist PDF
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leologia
del mundoJOHANN BAPTIST METZ
Teologia del mundo
VERDAD E IMAGEN
18
SEGUNDA EDICION
EDICIONES SIGUEME |
Apartado 332
SALAMANCA
1971Tradujo Constanrino Rur-Garrivo sobre el original alemén Zur
Theologie der Welt, publicado en 1968 por Matthias-Griinewald-
Verlag de Mainz y Chr. Kaiser Verlag de Miinchen. - Censor: Juan
S. Sknexez; Imprimase: Mauro Rupto, obispo de Salamanca, 22 de
enero de 1970
© Matt. Griinewald Verlag
Chr. Kaiser Verlag, 1968
© Ediciones Sigueme, 1970
Es propiedad Printed in Spain
Depésito Legal: S. 14-1971 Num. Edicién: ES. 423
Industrias Graficas Visedo. Hortaleza, 1. Teléf. *21 7001 - Salamanca, 1971
CONTENIDO
Introduccion .... 9
1. La CoMPRENSIGN DEL MUNDO EN LA FE. LA ORTEN-
TACION CRISTIANA EN LA SECULARIDAD ACTUAL DEL
MUNDO.. 11
Estudio complementario I: El mundo como historia. 66
EL FUTURO DE LA FE EN UN MUNDO HOMINIZADO....... 73
La IGLESIA Y EL MUNDO EN EL HORIZONTE ESCATO-
Estudio complementario II; El oscurecimiento del
problema del futuro en la metaffsica.... 126
La TEOLOG{A DEL MUNDO Y¥ LA ASCESIS.... we BIL
La IcLEsIA ¥ EL MUNDO A LA LUZ DE UNA «TEOLO-
GiA POLETICA....... . vee 139
Estudio complementario III: ¢El evangelio como
informacién? Aspectos teolégicos de la palabra
ordenada a la sociedad
Estudio complementario IV: Sobte la institucién y
Ja institucionalizacién. dese eaeesseetneneenee 172
Estudio complementario V; Sobre la participacién de
los cristianos en Ja obra polftica de la paz...
179
LA RESPONSABILIDAD CRISTIANA CON RESPECTO A LA
PLANIFICACION DEL FUTURO EN UN MUNDO SECULAR... 185INTRODUCCION
Aunque este libro contiene trabajos de los aftos
1961-62 a 1967, no tiene carécter, propiamente, de
una simple compilacién de articulos. Sino que su enfo-
que es rigurosamente teméitico. Teniendo en cuenta
esta unidad tentdtica, se han seleccionado tinicamente
los estudios que se relacionen expresamente con la
«teologia del mundo», a fin de presentarlos aqui de
manera arménica.
Abora bien, estas reflexiones acerca de la «teologta
del s2undo» no se proponen ofrecer un tratado teold-
gico uniforme acerca del «mundo». Sino que estudian
la cuestién —una cuestién que se esta planteando sin
cesar y que hoy dia resulta insoslayable— acerca del
punto de partida y de la orientacién de la respuesta
teoldgica de la fe: el punto «secular», el mundo como
partida y meta de esa respuesta. Y, ast, la dilucidacién
del tema «mundo» se estuvo convirtiendo sin cesar,
para mi, en la cuestidn acerca del principio de donde
parte la respuesta teolégica de la fe. Por tanto, la se-10 INTRODUCCION
cuencia de los diversos estudios acerca del problema
«mundo» o «Iglesia y mundo» (en la sucesién del
I al IID) testimonian, al mismo tiempo, el camino y
el caminar que se ha seguido en el intento por definir
hoy el comienzo de esta respuesta teoldgica dela fe.
Los diversos trabajos se han refundido un poco en
bastantes lugares, en comparacién con la forma con
que aparecieron anteriormente. Lo hice principalmente
para evitar repeticiones del mismo tema. No obstante,
me ha parecido que he debido aceptar algunas repeti-
ciones dentro del borizonte de la totalidad del texto,
a fin de conservar en cada uno de los trabajos la uni-
dad de la argumentacién.
Por las sugerencias que me han hecho, y por la
ayuda técnica que me han prestado, desearia dar las
gracias en este lugar a mi ayudante, profesor Ernst
Feil, asi como también a Wolfgang Darschin y Norbert
Kopp.
Dedico esta obra a Karl Rahner.
JOHANN BAPTIST METZ
Minster, 22 de febrero de 1968.
1
LA COMPRENSION DEL MUNDO
EN LA FE
LA ORIENTACION CRISTIANA
EN LA SECULARIDAD ACTUAL
DEL MUNDO
I
LA PERSPECTIVA DIRECTRIZ DE LA ACTUAL
COMPRENSION CRISTIANA DEL MUNDO
i mundo, hoy dia, se ha hecho secular. Y si no nos
engafian todos los indicios, este proceso no ha lle-
gado atin a un final que pueda divisatse en lontanan-
za'. La fe siente la interrogacién de esta secularidad
1. Las reflexiones se comprenden como un primer ensayo por in-
terpretar positivamente a la luz de la teologia catdlica, esta permanen-
te y creciente secularidad del mundo. Para caracterizar su situacién de
partida, puede consultarse especialmente: K. Mannuerm, Die Diagno-
se unserer Zeit. Ziirich 1951; H. Frever, Theorie des gegenwirtigen
Zeitalters. Stuttgart 1955; D. Goupcumint - F. Grewer - H. Scuet-
sky, Soziologie der Kirchengemeinde. Mainz 1960; T. Luckmann, Das
Problem der Religion in der modernen Gesellschaft. Freiburg 1963;
J. Martins, Die Emigration der Kirche aus der Gesellschaft. Ham-
burg 1964; Ip., Religion und Gesellschaft. Hamburg 1967; Ip., Reli-
gidser Pluralismus und gesellschaftliche Struktur: Internationales Jahr-
buch fiir Religionssoziologie 1 (1965); K. Ranier -N. GREINACHER,
Die Gegenwart der Kirche. Theologische Analyse der Gegenwart als
Situation der Setbstvollzugs der Kirche, en Handbuch fir Pastoral-
theologie IU, 1. Freiburg 1966, 178-276 (bibliogr.).12 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
universal. Y tiene que preguntarse a si misma cémo se
comprende ante ella. Claro est4 que la fe, ante esta
situacién tan aguda, podria siempre echar Jas cortinas
y, @ puerta cerrada, apelar tinicamente a sus hdbitos
familiares en teologia y espiritualidad: como si el dia
de Pentecostés no hubiese amanecido sobre ella, y con
esto la necesidad de comprender cada tiempo del mun-
do y darle una respuesta. Una fe que viva tan de es-
paldas a Ia historia, tan inhistéricamente, dificilmente
se verd a si misma en perplejidad (en aquella saludable
perplejidad que impulsa a la conciencia de fe a adoptar
nuevas iniciativas).
Semejante fe puede seguir siendo rica en palabras.
Puede seguir hablando, con asombrosa superioridad,
acerca de Dios y del mundo. Pero carece entonces del
sonido del rigor? y del colorido de Jo real. Y, cuando
menos lo esperaba, en medio del cristianismo, puede
degradarse hasta llegar a ser mitologfa. Peto si se co-
loca en Ia situacién que se le ha encargado (en cuya
inmensidad puede estarse anunciando sin cesar —iilti-
mamente— la exigencia de Dios: una exigencia que no
queda bajo nuestro dominio), entonces la fe —al prin-
cipio— se encuentra quizds en la indigencia, en la po-
breza de la palabra y de la ocurrencia. Los horizontes
familiares huyen, el terreno que era para ella harto
conocido, se hunde bajo los pies. Hay que asentarse en
2, «El sonido del rigor», literalmente: «el sonido de lo necesa-
rio». La palabra alemana que significa «riguroso», «necesario» (Not-
wendiges), podria significar también —etimolégicamente— «lo que
esté vuelto» (wendig) hacia la «crisis» (Not), hacia la necesidad real,
€s decir, lo que tiene los ojos bien abiettos para ver 1a ineludible
crisis de los tiempos (N. del T.).
PERSPECTIVA DIRECTRIZ 13
una posibilidad histérica apenas esbozada, de existen-
cia creyente. *
1. Critica de los diversos
puntos de arranque
Ahora bien, hay actualmente algunos intentos dig-
nos de tenerse en cuenta por responder, desde el espi-
ritu de la revelacién y de su teologia, a la situacién del
mundo que se nos ha confiado. No podemos exponerlos
aqui, ni hacer una apreciacién de ellos. Junto a ensayos
por volver a captar finalmente hoy dia la secularidad
de] mundo a través de una «teologia de las realidades
terrenas», y reintegrarla en aquella inmediatez con
Dios que era corriente en la comprensién medieval del
mundo 4, se halla también el esfuerzo por encarecer a
los cristianos una mas espontdnea «apertura al mun-
do», con la clara meta y encargo de atraer hoy dia a
este mundo secular, y volver a enraizarlo en el misterio
de Cristo. °
3. A propdsito de esto, véase por ejemplo: K. Rauner, El cris-
tianismo y el hombre nuevo, en Escritos de teologia, 5. Taurus, Ma-
drid 1964, 157-177.
4. Cf. G. Tums, Teologia de las realidades terrenas.
5. Véase principalmente: A. Aver, Weltoffener Christ. Grund-
sitzliches und Geschichtliches zur Laienfrémmig] Diisseldorf
31963; Ip., Gestaltwandel des christlichen Weltverstindnis: Gott in
Welt, 1. Freiburg 1964, 333-365. Véase, ademds: R. ScHEreR, Christ-
liche Weltverantwortung. Freiburg *1949; F. Wuie, Der Christ und
die Gestalt der heutigen Welt: Geist und Leben 28 (1955) 117-133;
Y. Concar, Jalones para una teologia del laicado. Estela, Barcelona
31965; J. LecLERco, Bekebrung zur Welt. Olten 1959; G. Tavarn,
The Church, the Layman and the Modern World. New York 1959.
Entre las aportaciones a este tema, que aparecieron después de estar
redactado este articulo, vamos a seleccionar algunas: H. ScHMIDT,14 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
Nos parece que los ensayos que hemos mencionado
en primer lugar estén demasiado de espaldas a la his-
toria (son muy inhistéricos) y de sentido excesivamente
conservador. Sin embargo, nos preguntamos también
si la legitima acentuacién de la cristiana «apertura ha-
cia el mundo», en la cual el mundo aparece como ma-
terial inmediato del acto cristiano, toma siempre com-
pletamente en serio la secularidad del mundo (esa
seculatidad universal, sumamente diferenciada y com-
plicada, y que dificilmente se puede penetrar y abarcar
con la mirada) y sus principios pluralistas, Y nos pre-
guntamos si esa comprensién del mundo no caer4, por
tanto, en la peligrosa cercanfa de un optimismo secu-
lar, optimismo que precisamente en aquel que toma
radicalmente en serio esa secularidad del mundo, fo-
menta un malestar cristiano. Sea como fuere, nos limi-
taremos aqui a [lamar [a atencién sobre algo que es
comtin —en cuanto nosotros vemos— a todos estos y
parecidos ensayos: todos ellos presuponen, como cosa
Verbeissung und Schrecken der Freibeit. Von det Krise des antik-
abendlandischen Weltverstiindnis, dargestellt im Blick auf Hegels Ex-
fahrung der Geschichte. Stuttgart 1964; K. Rauner, El hombre ac-
tual 9 la religién, en Eseritos de teologia, 6. Taurus, Madrid 1969,
15-33; J. Rarzinoer, Angesichts der Welt von heute: Wort und
Wahrheit 20 (1965) 493-504; E. Scuruiesreckx, La Iglesia y la bu-
manidad, en El mundo y la Igiesia. Sigueme, Salamanca 71970, 229-
258; J. B. Metz (ed.), Fe y entendimiento del mundo. Taurus, Ma-
drid 1970, con aportaciones de: H. U. von Balthasar, E. Biser,
J. B. Metz, H. de Lubac, H. R. Schlette, YM. Congar, E. Schille-
heeckx, J. Ratzinger, L, Scheffezyk, R. Schnackenburg, A. Deissler,
A. Vigtle, W. Dirks, J. Pieper, J. Splett, K. Rahner, E..W. Bocken-
férde; W. D, Maxscn, Protestantisches Weltverstindnis, en Protes-
tantische Texte aus dem Jahre 1965. Stuttgart 1966, 100-112; H. R.
Scuterre, Wie bewerten wir die Sakularisierung? Theologische Ue-
berlegungen zur Welt von heute: ZMissRel 50 (1966) 72-88; Ip.,
Christen als Humanisten, Miinchen 1967.
PERSPECTIVA DIRECTRIZ 15
mds o menos evidente, que la secularidad del mundo
como tal es algo que, originalmente, va en contra de la
comprensién cristiana del mundo, y que, por tanto,
desde un punto de vista cristiano, ha de ser superada
totalmente. Es comin a todos estos ensayos un «jno!»
fundamental a la secularizacién del mundo, tal como
ha surgido modernamente y se ha expresado con acti-
tud en nuestra actual situacién del mundo. ®
2. La fe cristiana
y la historia concreta del mundo
Ahora bien, precisamente este presupuesto «evi-
dente» nos parece a nosotros que se presta a muchas
objeciones, desde el punto de vista de la teologia de la
historia. Porque una teologia que piense histéricamen-
te, no puede aceptar facilmente la imputacién de que
el moderno proceso de secularizacidén es, en su mismo
meollo, a-cristiano, y que por tanto la historia del mun-
do, palpable en la intrinsecidad histérica, ha seguido
un proceso evolutivo por el que se ha vuelto a separar
—de una manera que hace época— de la historia de la
salvacion. En semejante concepcidn se oculta un peli-
gtoso extrinsecismo con respecto a la historia de la
salvacidn, y un positivismo teolégico que no toma com-
pletamente en serio la verdad de que el «espiritu» del
cristianismo se ha instituido permanentemente en la
«carne» de la historia del mundo, y que ha de impo-
nerse y probar su eficacia en el curso irreversible de esa
6, Asé lo vemos (a pesar de que recalca bien su apertura») en
A. Auer, |. c., 59 s.16 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
historia. La teologia no debe echar por el camino facil,
menospteciando (como quien dice, por una compren-
sidn monofisista de la historia de la salvacién) el pro-
ceso de Ia historia concreta del mundo. Lejos de eso,
este proceso esté «asumido» y seguir4 estando «asu-
mido» en el logos cristiano. No puede ya desligarse de
él, constituyendo una época. Y, por tanto, la teologia
tiene que rastrear y atestiguar ese «desposorio» entre
la historia de Ia salvacién y la historia del mundo, aun-
que tal desposorio esté encubierto y ctucificado.
Expresdéndolo de cara hacia nuestra cuestién: la
teologia ha de poner de manifiesto que, y de qué modo,
en el comienzo histdricamente irreversible y creador
de una época, en ese comienzo de la moderna seculari-
zacién del mundo, el principio cristiano no se escurre
sino que estd histéricamente activo, y de manera autén-
tica. En efecto, lo que pertenece a la «esencia del cris-
tianismo», no por eso esta siempre «ahi», no por eso
se da ya siempre en su plena palpabilidad y desarrollo
histérico. Por consiguiente, a lo histéricamente «nue-
vo» no podemos situarlo ante Ja alternativa de ser
o bien una contradiccién, una aberracién, una decaden-
cia con respecto a lo cristiano (en sus manifestaciones
sociales, culturales y demés), o bien —en el mejor de
los casos— de ser un paso de la pura historia profana,
y de carecer por tanto de interés para el cristianismo y
para la Iglesia, debiendo considerarse a lo sumo como
situacién exterior del quehacer eclesial y como algo
para asegurar la vida del cristianismo. Una cosa histé-
ricamente nueva puede ser también, por lo menos, la
nueva manifestaci6n —una manifestacién que haga
época— de lo que antes no se hallaba presente como
algo que tiene poder histérico, pero si como algo que
PERSPECTIVA DIRECTRIZ 17
de algtin modo se hallaba depositado en la esencia del
cristianismo, y que el cristianismo debia realizar, y que
sigue siendo (ahora con agudeza mucho més urgente)
un encargo, una tarea que hace época.
Asi que, por lo menos, podemos hacer ahora la si-
guiente pregunta: esa secularizacién del mundo —una
secularizacién irreversible y que nunca la tomariamos
demasiado en serio— ¢cdmo sigue estando bajo la «ley
de Cristo»? (1 Cor 9, 21). ¢Cémo va a seguir siendo,
hoy dia, en la intrinsecidad de la historia, el adviento,
el futuro de procedencia cristiana, cé6mo va a seguir
siendo —digo— el «venir-a-nosotros» de algo que su-
cedié en Jesucristo? ¢Cémo Jesucristo va a seguir sien-
do poderoso como el Sefior que reina internamente en
la historia, y no simplemente como su garantfa trascen-
dente? ¢No hace muchisimo tiempo que Jesucristo, por
Ja secularizacién del mundo, se ha retirado a su rincén,
del cual sélo se le puede hacer salir por medio de la
acrobacia metafisica de la teologia? ¢Cémo sigue es-
tando derramado su espiritu sobre la faz de nuestro
mundo secularizado? Lo que se nos viene encima, cada
vez con cardcter de mayor urgencia, gcémo sigue pro-
cediendo histéricamente, en su futuridad, de la «hora
de Cristo»? ¢Hasta qué punto toda nuestra actual teo-
logia de la historia no es mds que el velo mistico que
se echa sobre nuestra situacién «sin-dios»?
3. Permanente ambigtiedad
de la secularizacion
Pues bien, en primer lugar se podria responder, y
con ello se habrfa dicho algo absolutamente decisivo:
la comprensién cristiana de la historia esta bajo el sig-18 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
no de la cruz, es decir, estd incesantemente bajo la se-
fial de la permanente protesta intramundana contra
Dios. En Ja secularizacién del mundo, Ia cruz se revela
como existencial permanente de la economia cristiana
de la historia: el mundo secular, en el que hoy dia nos
hallamos, no es —en definitiva— sino la expresién,
exacerbada a escala planetaria, de aquella «contradic-
cidn» secular contra lo sagrado, contra Dios y contra
su Cristo, que siempre se ha previsto en el proyecto
cristiano de Ia historia. 7
Esta respuesta, aunque no sca la respuesta plena,
seguird siendo vdlida en lo sucesivo. En efecto, si la
historia no es sélo lo que ocurre dentro del «mundo»,
como marco fijo, sino que es el acontecimiento mismo
del mundo *: entonces es posible aquella unidad con-
tradictoria de la historia y, por tanto, del «mundo». En
esta unidad, las mismas objetivaciones del «mundo»
pueden tener el doble sentido de ser las objetivaciones
del pecado y, al mismo tiempo, las objetivaciones del
proceso de Ia superacién del pecado: un proceso que
traspasa el mundo a Dios. Lo que, luego, esas objeti-
vaciones, por suprema decisién, son original y definiti-
vamente: eso constituye el misterio de la historia, un
misterio transferido a Dios. Esta ambigtiedad de la
historia, que es Ja razén de la ambivalencia del mundo,
7. Un intento de interpretar teoldgico-histéricamente (es decir,
desde el punto de vista de Ia teologia de Ia historia), y bajo este as.
pecto, nuestra situacién mundial, podemos verlo en: J. M. Merz,
Die «Stunde» Christi: Wort und Wahrheit 12 (1957) 5-18.
8, Véase, a propésito de esto, el articulo Welt: LTAK (= Lexi-
kon fiir Theologie und Kirche) X, 1021-1026, Véase, igualmente, el
estudio complementario I en este libro, paginas 66-72. Alli interpre.
tamos el mundo como historia.
PERSPECTIVA DIRECTRIZ 19
se transparenta facilisimamente en el fenémeno de la
muerte, pero es una caracteristica trascendente de
Ja historia y del mundo en general.
Por consiguiente, en las pdginas sucesivas, cuando
tratemos de comprender el cardcter positivo de la per-
manente secularidad del mundo desde un punto de par-
tida cristoldgico: ello no significard ni la negacién de
la interpretacién hamartolégica del mundo ni la nega-
cién de Ia interpretacién soterioldgica. Sino que expli-
cara la ambivalencia de una esencia existencial del
mundo que es hamartoldégica 0 sotetiolégica, porque
precisamente esa ambivalencia sdlo es posible en el su-
puesto de que la historia es secular y sigue siendo
secular, secularmente compuesta por el acontecimiento
de salvacién y por el acontecimiento de perdicién que
hay en ella, ya que la historia solamente asi (sin postu-
lar por eso la paradéjica identidad de salvacién y con-
denacién) puede tener ambas posibilidades histdricas.
4. La secularidad del mundo
como enunciado teoldgicamente positivo
Por consiguiente, en la realidad del mundo actual
no vamos a ver tan sdlo, ni de manera preferente, el
(necesario) elemento negativo del movimiento de la
historia cristianamente entendido. Sino que —final-
mente y de maneta definitiva— vamos a ver en él una
positividad cristiana. Para decirlo con otras palabras:
la secularidad del mundo no seré para nosotros la ex-
presién no-dialéctica de que la aceptacién divina del
mundo ha sido desechada por éste, en medio de pro-
testas. Sino que esa secularidad ha de patentizarse20 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
como posibilidad de la manifestacién histérica de su
«asuncién» ? por parte de Dios. La secularidad del
mundo no se nos manifestar4 primariamente como des-
tronamiento intramundano de Cristo, en medio de una
conttadiccién —agudizada histdricamente— contra él.
Sino como momento decisivo del reinado histérico de
Cristo.
En este sentido, vamos a remontarnos pata investi-
gar la razén teolégica de la secularizacién, a fin de
orientar —con ayuda de esta razén teolégica— nuestra
comprensién creyente del mundo. Preliminarmente, po-
demos formular esta intencién en una tesis, la cual tes-
tifica a un mismo tiempo la limitacién y el cardcter
eminentemente teoldgico-bistérico (es decir, dentro de
una perspectiva de la teologia de la historia) con que
adoptamos una actitud ante el tema, que en si es mds
universal, de Ja «comprensién del mundo en la fe».
Esta ¢esis podriamos enunciarla as{: La secularidad del
mundo, tal como surgid en el moderno proceso de
secularizacién, y tal como se nos encara hoy dia de for-
ma globalmente més aguda™, ha surgido en su fondo,
9, «Asuncidn» (en alemdn: Angenommenbeit) puede tener, claro
estd, varias significaciones. Puede significar: 1. que el mundo, como
creacién por Ia voluntad de Dios, esta Iamado a la comunicacién que
Dios hace de s{ mismo, por la «participacién en Ja naturaleza divinay;
2, que esa vocacién, y gracias a la predestinacién divina de salvacién,
se impone victoriosamente —la impone Dios victoriosamente— en el
mundo como totalidad; 3. que en todo ello se realiza también la
libre aceptacién de esa’ «asuncién», por parte de Ja criatura; 4. que
la asuncién y la libre aceptacién manifiestan histdricamente (es decir,
para la fe) esta su esencia. No hace falta que distingamos aqui minu-
ciosamente entre estos estratos y gradaciones del significado de la
palabra.
10. Cf. K. Léwrra, Weltgeschichte und Heilsgescheben. Stutt-
gart 1953; Ip., Der Weltbesriff der neuzeitlichen Philosophie (Sit-
PERSPECTIVA DIRECTRIZ 21
aunque no en sus distintas expresiones bistéricas, no
como algo que va contra el cristianismo, sino como
algo que nace precisamente por medio del cristianismo.
Es un acontecimiento originalmente cristiano, y testi-
fica con ello el poderio intramundano de la «hora de
Cristo» en la situacién actual de nuestro mundo."
zungsberichte der Heidelberger Akademie der Wissenschaften, Phil.-
Hist. Klasse IV). Heidelberg 1960; T. Parsons, Structure and Pro-
cess in Modern Societies. Minois 1960; H. Liwne, Sakularisierung.
Geschichte eines ideenpolitischen Begriffs. Freiburg 1965; H. Bru-
MENBERG, Die Legitimitat der Newzeit. Frankfurt/M. 1966; H. Mat-
res, Religion und Gesellschaft. Hamburg 1967.
ll. Cf. F. Gocarten, Der Mensch zwischen Gott und Welt.
Heidelberg 1952; Ip., Verhingnis und Hoffnung der Neuzeit. Die
Sakularisation als theologisches Problem. Stuttgart 1953; F. Dezekar,
Ueber den Begriff der Sakularisation. Heidelberg 1958; W. Hann,
Sakularisation und Religionszerfall: Kerygma und Dogma 5 (1959)
84-98; D. von Oppen, Das personale Zeitalter. Stuttgart 1960;
T. Renprorrr, Sdkularisierung als theologisches Problem: Neue Zeit-
schrift fiir systematische Theologie 4 (1962) 318-339; D. BonHorF-
FER, Etica. Estela, Barcelona 1968; A. E. Loen, Siéikularisation, Von
der wahren Voraussetzung und angeblichen Gottlosigkeit der Wissen-
schaft. Miinchen 1965; J. B. Merz (ed.), Fe y» entendimiento del
mundo. Taurus, Madrid 1970; H. Cox, La ciudad secular. Peninsula,
Barcelona 1968.22 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
It
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS
DE UNA INTERPRETACION TEOLOGICA
DE LA REALIDAD DEL MUNDO
A primera vista, esta tesis podria extrafiarnos. ¢No
serfa de esperar precisamente lo contrario? El poderfo
del espiritu cristiano sobre la historia ¢no queda tes-
tificado precisamente en la creciente integracién del
mundo dentro de la institucién salvadora fundada en
Cristo? gNo queda testificado precisamente en la su-
peracién definitiva de la diferencia entre sacralidad y
ptofanidad? ¢Acaso el mundo, desde el punto de vista
cristiano, no aparece precisamente como la «materiali-
zacién» de la salvacién, como el comienzo de una litur-
gia césmica universal? ¢Y el cristianismo no es, por
tanto, esencialmente una constante lucha contra la secu-
latizaci6n del mundo?
1. Jesucristo en su significacién
para la comprensién del mundo
Por ahora, vamos a dejar a un lado estas pregun-
tas. Pero esperamos que tal interrogacidn halle al me-
nos una respuesta indirecta, al esforzarnos ahora direc.
tamente por ofrecer una fundamentacién positiva de la
anterior tesis. Para ello, reflexionemos con toda senci-
Ilez acerca de lo que acontecié histéricamente en Jesu-
cristo para nuestra comprensién del mundo. Claro est4
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 23
que ese acontecimiento no podremos esbozarlo siquiera
en toda su anchura y profundidad. Lo que digamos,
estar4 orientado por nuestra intencidn directriz de dar
una interpretacién teoldgica del actual mundo secular,
Pues bien, con la reserva de que vamos a ofrecer
esta abreviacién perspectivista, diremos que el aconte-
cimiento de Cristo se puede formular en la siguiente
proposicién fundamental: Dios ha asumido (=ha acep-
tado) el mundo con definitividad escatoldgica en su
Hijo Jesucristo. Porque «el Hijo de Dios, Jesucristo...,
no fue al mismo tiempo sf y no. Con él ha entrado (7é-
yovev) el sf en la historia. Por él esta ahi el amén»
(2 Cor 1, 19 s.). La Iglesia fundada por Cristo es la
sefial histéricamente palpable y eficaz, es el sacramento
de la asuncién (= aceptacién) escatolégicamente defi-
nitiva del mundo por parte de Dios.
Claro esta que la dualidad «Iglesia-mundo» ser4
siempre la visibilidad histérica de la repulsa culpable
del mundo frente al logos aceptante. En efecto, si el
mundo no hubiera sido aceptado en contradiccién y
protesta, entonces la Iglesia (que siempre est4 también
en diferencia antagonista con el mundo) no seria tam-
bién ecclesia ex corde scisso («iglesia de corazén divi-
dido»). El mundo serfa, mds bien, no-dialécticamente,
Ja actualidad de esa aceptacién. Y la historia del mun-
do seria la representacién no-velada de la cercania de
Dios: de una cercanfa dispuesta definitivamente.
Pero esto no suprime nuestra proposicién funda-
mental. La posibilidad de que el mundo pueda ser y
sea de hecho dos cosas —mundo aceptado y mundo
contradictor—, se da precisamente por su secularidad,
la cual permanece y crece.24 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
Pues bien, gqué nos dice esa proposicién para Jo
que nosotros pretendemos? En ella encontramos pri-
metamente una declaracién formal y una declaracién
de contenido, acerca de Dios y del mundo. Una decla-
racién formal: «Dios mismo acttia, con acto histérico,
en el mundo». Una declaracién de contenido: «Dios
acttia de tal suerte en el mundo, que lo acepta irrevo-
cablemente en su Hijo».
2. Presupuestos para la recta comprension
de la encarnacién de Dios
Vamos a detenernos primeramente en Ja declara-
cién formal. ¢Qué se nos dice formalmente acerca de
Dios?
Dios —afirma esta declaracidn— es un Dios de la
historia. Dios de la historia: no simplemente porque,
permaneciendo en la Jejanfa, la haya puesto en marcha.
Sino porque Dios mismo, con toda verdad, se mani-
fiesta en ella, y porque la historia —en el Hijo de
Dios— se convierte en el propio designio del Dios in-
mutable. ?
Nuestra fe en Dios no es la objetivacién, revestida
simplemente de cardcter dramdtico, de la conciencia
metafisica ¢ intemporal que el hombre tiene de sf
12, Por qué el Dios trino y uno actila en nosotros por medio
de su Verbe eterno? Esta pregunta, que en sf tiene importancia tam-
bién para la teologfa de la historia, no podemos dilucidarla aqui.
‘A propésito de ella, véase: K. Ratner, Escritos de teologia, 3.
Taurus, Madrid *1968, 35-45; Escritos de teologta, 4. Taurus, Madrid
1965, 96 s., 117-123, 139 s.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 25
mismo. No. Sino que nuestra fe es la respuesta a un
acontecimiento histéricamente unico. Dios no es para
nosotros un Dios que permanezca igual, un Dios sin co-
lorido ni rostro, un Dios que estuviera presente como
el horizonte —con centelleos luminosos— de nuestro
existit, y que no obstante estuviera sustrafdo all4 le-
jos, en la lejania infinita e inobligatoriedad de su tras-
cendencia. Dios no es la cifra del vértice de nuestro
existir, que se perdiera asintéticamente en el infinito.
No. Sino que Dios es Emmanuel, el Dios de la hora
histérica. La trascendencia misma se ha convertido en
acontecimiento. La trascendencia no es sdlo, simple-
mente, lo suprahistérico y del més alld, sino que es lo
que histdricamente est4 a nuestro lado y fuera de nos-
otros, el futuro (o «cercanfa inmediata al») del hom-
bre. Dios no esté ya meramente «sobre» la historia,
sino que él mismo estd «en» la historia, estando tam-
bién incesantemente «ante» ella, como su libre futuro,
como un futuro del que no se puede disponer. ?
En todo esto, hay que tener en cuenta fundamen-
talmente: el Hijo de Dios no es nunca un hecho cual-
quiera dentro de la historia. No se trata simplemente
de que él se halle en estimacién ético-religiosa més ele-
vada que todas las demas figuras de la historia, y que
por tanto posea cardcter ejemplar. Sino que el Hijo de
Dios es también de importancia decisiva para la reali-
dad que es la historia. El no sdlo reina sobre la histo-
ria, manifest4ndose ev ella (junto a otras manifestacio-
nes histéricas) y erigiendo en ella un reino universal
(junto a otros «reinos»), sino que reina impregnando
13. Cf. J. B. Merz, Gott vor uns. Statt eines theologischen Ar-
gumentes, en Ernst Bloch zu ebren. Frankfurt 1965, 227-241,26 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
desde dentro la historia, ya que de manera primordia-
lisima le da histéricamente su fundamento (cf. Col 1,
17). Por tanto, el Hijo de Dios no se limita a reclamar
para sf, con posterioridad, 1a historia. Sino que la his-
toria le pertenece a él originalmente, por cuanto él la
ha instituido como genuina historia, y por cuanto
Ja presencia de su reino ez la historia —la Iglesia—
es la re-presentacién significativa de esa fundamenta-
cién escatolégica de Ja historia. "
Seguimos pregunt4ndonos: en nuestra proposicién
equé se nos dice formalmente acerca del mundo? En
primer lugar: este mundo, en el que acttia Dios, no es
un simple mundo de cosas, sino que siempre es ya el
mundo del hombre; un mundo en el que siempre ha
entrado ya el hombre comprendiendo-actuando, por-
que, en esa actuacién de Dios con respecto al mundo,
se trata siempre del hombre, y por tanto se trata siem-
pre del mundo como existir del hombre ®. Esta com-
prensién «antropocéntrica» del mundo estriba en que
14. Para Ja comprensién del poder de Jesucristo sobre Ja historia,
es de suma importancia tener en cuenta esta diferencia interna (éras-
cendental) en el fenémeno mismo de la historia. Ast que la encarna-
cién no es, por ejemplo, un «principio» que fuera aplicado con pos-
terioridad, dentro de la historia (a determinados fenédmenos). Sino
que Ia encarnacién es el principio mismo de Ia historia: su «punto
de vista» clave (Col 1, 17), su «tazdn original» (Apoc 3, 14), su por
qué anterior y que todo Jo sustenta, su «alfa> y «omega» (Apoc 1, 8),
su «plenitud» (Gél 4, 4; Mc 1, 15), su concrecién absoluta en la cual
el antes y después del tiempo se convierte en genuina historia. Tan
sélo cuando reflexionemos histéricamente acerca de la razén reinante
de la historia, se nos manifestard la historicidad en toda su seriedad.
15. Por eso, el «mundo» no puede comprendetse simplemente en
un sentido cosmocéntrico y objetivista, sino que hemos de represen-
térnoslo «antropocéntricamentes: como relacién césmica, como com-
prensidn del mundo. Para més detalles, véase el atticulo Welt (amun-
do»): LTSK X?, 1021-1026.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 27
el mundo se hace patente como magnitud originalmen-
te histérica por medio de la libre e indeducible actua-
cién de Dios en él’, Sera una concepcién més griega
que cristiana el reptesentar ptimordialmente la reali-
dad del mundo como el matco fijo, dentro del cual, en
un retorno indiferente y supremamente mortal de siem-
pre lo mismo, acontece la historia”. Lejos de eso, el
mundo, por medio del acto histérico que acontece en
él, «se convierte» en el «devenir histérico». Es de-
cit; el «haber acontecido histérico» es algo que per-
tenece a la desctipcién de la realidad del mundo. *
16. Véase también: F. Gocarten, Was ist Christentum? Gottin-
gen 1956, 78s.
17. CE. R. Butrmann, Das Versténduis von Welt und Mensch
im Neuen Testament und im Griechentum, en Glauben und Verste-
ben, 2. Tibingen 1952, 59-78; Ip., Der Mensch und seine Welt nach
dem Urteil der Bibel, en Glauben und Versteben, 3. Tibingen 71962,
151-165.
En cuanto a bibliografia exegética sobre el tema, véase, entre ottas
cosas: el articulo Kosmos, en ThWENT (= Theologisches Warterbuch
zum Neuen Testament) III, 71950, 867-896; R. Voerxt, Christ und
Welt nach dem Neuen Testament. Wiirzburg 1961; H. Braun, Die
Indifferenz gegeniiber der Welt bei Paulus und bei Epiktet, en Ge-
sammelte Studien zum Neuen Testament und seiner Umwelt. Tibin-
gen 1962, 159-167; H. Scuuter, Mundo y hombre en el evangelio
de Juan, en Problemas exegéticos fundamentales en el Nuevo Testa-
mento. Fax, Madrid 1970, 317-334; W. Scuace, Die Stellung zur
Welt bei Paulus, Epiktet und in der Apokalyptik: Zeitschrift fir
Theologie und Kirche 61 (1964) 125-154; G. von Rap, Aspekte alttes-
tamentlichen Weltverstiindnisses: Evangelische Theologie 24 (1964)
57-73; R. SCHNACKENBURG, El homtbre nuevo, centro del sentido cris-
tiano del mundo (Col 3, 9-11), en J. B. Merz, Fe y entendimiento
del mundo, Taurus, Madrid 1970, 339-374; A. Dreisster, La vincu-
lacién del hombre con Dios en la Alianza como proyeccién hacia el
mundo y hacia los hombres, en ibid., 375-414; G. Voxrctin, Tiempo
y superioridad sobre el tiempo en el pensamiento biblico, en ibid.,
415-472,
18. El mundo no es una magnitud estdtica, no es primariamente
un «estado», sino que originalmente es un «acontecer>. La historia
no se afiade @ posteriori a un mundo-naturaleza ya en s{ constituido,28 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
El mundo, en su ser, es ya siempre la expresién
existencial de los mds diversos orfgenes histéricos li-
bres. Y esto precisamente condiciona también la ambi-
giiedad de su realidad”: hay diversos «dioses» y «se-
fiores» de Ia historia del mundo (cf. 1 Cor 8, 5). Ahora
bien, la definitiva actuacién histérica de Dios en el
mundo (jno propiamente dentro del mundo!) revela
al mundo no sdlo en su historicidad general, sino prin-
cipalmente en su cardcter escatoldgico: el mundo, en
un curso histérico que para él todavia no se transpa-
renta, ha de buscar lo que ya se le ha prometido como
genuino fin: el mundo ha de Uegar a ser todavia lo que
ya es por medio del acto de Jesucristo: el nuevo edn,
«el nuevo cielo y la nueva tierra» (Apoc 21, 1), la ba-
sileia@ —una sola— de Dios y de los hombres”! (cf.
estudio complementario 1).
sino que pertenece a la constitucién ontolégica del mundo mismo.
Por eso, el mundo, en su «en-si», es ya siempre mds que lo que se
puede enunciar de él en una simple reflexién metafisica.
19. Esto significa teoldgicamente: el mundo estd preformado ya
existencialmente por el acto de Adan (més atin, en sentido més ori-
ginal todavia, por el acto culpable de los angeles: un acto que no
estuvo jamds puramente sustraido al mundo) y por el acto salvador
de Cristo en él.
20. «Revelar>, descubrir, tiene aqui significacién omtoldgica: el
aset descubiertoy (o «ser reveladon) es un aresaltar» y «emergerp en
Ja actualidad de la propia realidad histérica.
21. Aqui se nos muestra un formal proyecto histérico del mun-
do, el cual podria servirnos como punto de partida para apreciar
(formalmente) el proyecto monfstico del mundo, elaborado por el
materialismo dialéctico, y para superarlo cristianamente. Pues incluso
(y precisamente) para Ia comprensién histérica del mundo que es
ptopia det cristianismo, la trascendencia no es algo absolutamente
del més all, sino que es algo que esté en y fuera del mundo. Sélo
que esa unidad de Dios y del mundo a través del medio de la histo-
ria, no es una unidad dispuesta por nosotros, sino por Dios mismo
(el cual es el tinico que, en la unidad libremente comunicada con
nosotros, puede mantener al mismo tiempo la diferencia con respecto
a nosotros). Cf, nota 12.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 29
3. La dialéctica interna
de la asuncién (= aceptacién)
del mundo por medio de la encarnacién
de Dios
Pues bien, volvamos ahora a la declaracién de con-
tenido que hay en nuestra proposicién teolégica funda-
mental. Y tengamos en cuenta una vez mas que la
vamos a investigar en orden a conseguir una compren-
sién teolégica de nuestro actual mundo secularizado.*
Esta proposicién bdsica dice materialmente: «Dios
—en su Hijo— acttia de tal modo en el mundo, que
lo asume (== que lo acepta) con definitividad escatolé-
gica>. gQué se quiere decir con ello? *
Todo depende de que esa «asuncién» (0 acepta-
cidn) la entendamos rectamente en su divina dialéctica,
y no la comprendamos erréneamente, por ejemplo, en
sentido monofisista: un malentendido que, en la histo-
22. Sefialemos ya aqui un punto de vista, que en el texto mismo
no vamos a considerar expresamente: 1a defixitiva asuncién o acepta-
cién del mundo por parte de Dios, en Jesucristo, significa también
que el «Principe de este mundo» ha sido ya «echado fuera» (cf. Jn
12, 31; 16, 11; Le 10, 18; Col 2, 15, entre otros textos). El «poder»
de este Principe (al que no debemos absolutivizar endsticamente, ha-
ciendo de él una apoteosis del mal, ni debemos nivelar a la categoria
de una actuacién simplemente puntual, actuacién que —en el inte-
rior de este mundo— pudiera abarcarse con la mirada y fuese eludi-
ble, sino que hemos de entenderlo como més que una supersignacién
existencial —nacida de orfgenes histéricos—, como més que una pre-
suncién negativa universal del ambito de nuestra libertad histérica
concreta) este poder —digo— se encuentra ya «en demolicién». No
tiene, ni mucho menos, el mismo rango que la actuacién histérico-
salvifica de Dios en Jesucristo, actuacién que no sdlo se impone den-
tro de una (abarcadora) historia (junto a otros poderes intrahistéricos),
sino que ha instituido escatolégicamente !a historicidad de la historia
misma. Cf. H. Scotter, 317-334.30 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
ria del cristianismo, ha tenido sin cesar nueva signi-
ficacién. En Jesucristo, el hombre y su mundo fue
asumido por el Verbo eterno: asumido de manera defi-
nitiva e irrevocable, en unién hipostdtica, como dicen
la Iglesia y la teologfa. Ahora bien, lo que se puede de-
cir de esta naturaleza de Cristo, asumida por el Verbo,
se puede aplicar bdsicamente a la asuncidn o aceptacién
del hombre y de su mundo por Dios #. Lo humano-
mundano no quedé desenmascarado por esa asuncién,
como si fuera algo provisional, meramente esquemé-
tico, y, en definitiva, irreal. La naturaleza humana de
Cristo no quedé «menguada» por su asuncién en el
Logos divino, no se degradé a la categoria de instru-
mento muerto, de simple escenario y de gesticulaciones
intramundanas de Dios, sino que precisamente por eso
quedo instituida en su otiginalidad humana, una origi-
nalidad casi insospechable: Jesucristo fue completa-
mente hombre, mds hombre incluso que cualquiera de
nosotros.
Porque lo que Dios asume y acepta, no lo violenta.
No lo absorbe en si. No lo diviniza, con un mal teo-
panismo. Dios no es como los dioses. Dios no es usur-
23. Contemplamos aqu{ —un poco en perspectiva— la naturaleza
humana, asumida, de Cristo como expresién de la fundamental asun-
cién 0 aceptacién del hombre y de su mundo. Quien conciba de una
manera teoldgicamente recta esta asuncién de la naturaleza humana
por el Logos, y sostenga, por tanto, rigutosamente que el Logos divi-
no permanece como hombre durante toda la eternidad, como hombre
de este mundo: ese tal nos acompafiard en la extrapolacién que hemos
hecho de la proposicién cristolégica bésica a 1a relacidn que por prin-
cipio existe entre Dios y el mundo, En su «Espiritu, por el cual el
Logos encarnado permanece con nosotros, tenemos garantizada esa
asuncién 9 aceptacién —permanente ¢ irrevocable— del mundo de
los hombres: sin que por eso, con una predefinicién formal; se deter-
mine algo acerca del destino individual de salvacién de cada uno.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 31
pador. Dios no es Moloc. Dios (y ahi esté precisamente
su divinidad) no suprime a lo que es distinto de
(a «lo otro») en cuanto a su diferencia con él. Sino que
acoge y asume a «lo otto», precisamente como lo que
es «otro» que él. Puede y quiere acogerlo y asumirlo
precisamente en lo que es distinto de él, en su no-
deidad, en su humanidad y secularidad como tal. Y tan
sélo porque es capaz de hacerlo, le ha gustado «crear»
un mundo, y «asumirlo», finalmente, por completo en
su Verbo eterno.
Por tanto, la asuncién y aceptacién por parte de
Dios es, mds originalmente, un don gratuito que se
hace a lo propio y caracteristico, a lo independiente
que hay en lo que no es divino, que es como Dios
quiere aceptarlo. La verdad de Dios «hace libres» (cf.
Jn 8, 32). Al acogerlo, liberta a lo otro. Y Jo liberta
en lo més propio de su ser-si-mismo. Dios es (y ahi
tenemos precisamente la majestad de su libertad) el
que de veras otorga, el que hace ser. Dios no es el que
hace la competencia al mundo, sino el que da garantia
al mundo. El peso especifico del mundo crece con el
adviento de Dios. Dios no extingue la luz de lo no-
divino, sino que la hace que luzca mas originalmente:
en definitiva, para la mayor gloria de él. *
Para pensar esto de manera consecuente, hallamos
siempre un obstdéculo. Y es que nos extraviamos sin
cesar por el hecho de que, para la comprensidén onto-
24. Asi como la verdadera grandeza y libertad de un hombre se
manifiestan finalmente en que deje ser a los demds, en que, por con-
siguiente, ellos no palidezcan junto a él, no mengiien ni perezcan,
sino que aparezcan ante él en su brillo original y casi insospechado,
y «se encuentren como en su casa».32 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE
Idgica de la asuncién y aceptacién del mundo por Dios,
tomamos nuesttos modelos representativos del mundo
de Ja naturaleza, mds bien que del 4mbito de la exis-
tencia*. Ahora bien, nuestra comprensién de lo que
acontece en esa asuncién y aceptacién, debemos orien-
tatla tomando como imagen directriz lo que ocurre
en los comportamientos caracteristicamente humanos,
Pensemos, por ejemplo, en Ia reciprocidad que se da
en una amistad. Cuanto més hondamente es «acep-
tado» el uno por el otro y «acogido dentro» de su pro-
pia existencia, tanto mds se halla él —al mismo tiem-
po— en lo propio de si mismo, tanto mds radicalmente
es liberado él en cuanto a sus propias posibilidades.
«Asuncién» (0 «aceptacién», «acogida») e «indepen-
dencia propia» no estan, aqui, en conflicto mutuo, sino
que se corresponden y se acrecientan con un mismo
sentir. Un mundo acogido y aceptado llega entonces
a ser mundo en sus propisimas posibilidades seculares,
no a pesar de, sino precisamente porque ha sido aco-
gido por Dios, amorosamente, en el espacio de su vida
intratrinitaria.
Hay, finalmente, otra cosa, a la que nos hard estar
atentos el modelo intuitivo de la amistad humana: por
medio de esta aceptacién (0 asuncidn) liberadora del
mundo, Ilega a set posible su forma mds honda de per-
tenencia a Dios; as{ como, por ejemplo, el esclavo li-
bertado puede pertenecer més radicalmente, precisa-
25. Com respecto a la tarea de representarnos, en general, la rea-
lidad de Ja revelacién, primariamente en categor{as existenciales («an-
tropocentricas») y no en categorfas de Ja naturaleza («cosmocéntri-
ca»), cf. J. B. Merz, Christliche Anthropozentrik, Zur Denkform des
Thomas von Aquin. Miinchen 1962, 108-115.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 33
mente por ser amigo libre, a su antiguo amo, y puede
ser reclamado por él de una manera mds original y ex-
tensa.
Dios, decfamos, [lama a lo propio, cuando Mama
hacia él. Ahora bien, en lo mds propio de la criatura
reina Ja distancia infinita con respecto a Dios. Sin em-
bargo, esa distancia es mantenida, no desde la criatura
misma, sino desde Dios. Porque Dios, en la asuncién
o aceptacién de la criatura, sigue siendo él mismo: y
sigue siendo la nica razén de Ja diferencia con res-
pecto a él”, Cuando Dios se acerca, no desaparece la
distancia de él y la diferencia con respecto a él (incon-
fuse: D. 302), sino que entonces es cuando esa dis-
tancia y diferencia se marcan y hacen patentes. Lo que
Dios asume y acepta, llega a él precisamente en su
creaturidad y no-divinidad. Ipsa assumptione creatur
(«Por la misma asuncién, es creada»), dice profunda-
mente san Agustin, refiriéndose a la humanidad de
Cristo ¥: en la asuncién y por medio de Ja asuncién
por el Logos divino, esa humanidad llegé a ser real
precisamente como criatura, como no-divina. Precisa-
mente cuando Dios asume y acepta Jo no-divino, se
eleva sobre ello como creador trascendente. Por su
descendimiento al mundo, Dios manifiesta su inefable
excelsitud, su radical trascendencia de creador.
26. Con esto se designan relaciones ontolégicas, y no (como po-
dria pensar una ontologia orientada primariamente por la existencia
de cosas) «meras relaciones morales», Véase, a propésito de esto,
J.B. Merz, 1, c., 87.
27. Cf. K. Ratner, Problemas actuales de cristologia, en Escri-
tos de teologia, 1. Taurus, Madrid *1967, 193-205; Ip., Problemas de
la teologia de controversia sobre la justificacién, en Escritos de teolo-
gia, 4. Taurus, Madrid 1965, 141 s.
28. Acustix, Contra sermonem Arianorum 8, 6: PL 42, 688. A34 LA COMPRENSION DEL MUNDO EN LA FE,
El descendimiento de Dios y su trascendencia cre-
cen en el mismo sentido. El ctistianismo, que predica
la asuncidn o aceptacidén del mundo por la encarnacién
del Verbo eterno, proclama al mismo tiempo con toda
insistencia y con singular radicalismo que Dios es el
creador trascendente del mundo, que Dios es el Deus
semper maior, que «habita en luz inaccesible» (1 Tim
6, 16), y que el mundo no es divino sino que es he-
chura de sus manos. Para el cristianismo, la compren-
sién de la creaturidad del mundo se halla siempre en
el horizonte de la comprensién histérico-salvifica del
mundo (la comprensién del mundo desde el Angulo de
Ja historia de la salvacion), Ja realidad del mundo como
criatura se mediatiza siempre a través de la realidad
de la salvacién histérica del mundo”. Pero en esta
propdsito de la significacién cristolégica de este axioma, véase:
F, Matmpere, Ueber den Gottmenschen. Freiburg 1960, 38 s. (bibl.).
29. En efecto, lo que hallarnos de manera primordial ¢ inmediata
en el nuevo testamento no es a Dios como el creador trascendente del
mundo, y no es al mundo en su dependencia —como criatura— de
Dios. Sino que hallamos a Dios como el Padre de nuestro Seffor Je-
suctisto, y al mundo como el que es afectado —en la historia de la
salvacién— por él, La comprensién teoldgica de 1a creacién, el con-
cepto teoldgico de Ja creaturidad (0 finitud) se halla siempre en un
horizonte histérico (de Ia historia de la salvacién). En telacién con
esto, podemos sefialar la doctrina (sostenible tambi¢n por los catdli-
cos) de que Dios no dejé que el orden infralapsario de Ia naturaleza
(el orden de Ja naturaleza después del pecado original) se alienase
completamente de él, porque el pecado que perturbaba ese orden per-
manecié siempre envuelto por su precedente voluntad salvifica en
Jesucristo, de tal suerte que —finalmente— todo el orden infralapsa-
tio de Ja naturaleza o creacidn aparece también teolégicamente como
expresién de la voluntad de gracia de Dios: esa voluntad que vemos
en la historia de la salvacién. Véase: H. Kine, articulo Christozen-
tik: LTbK IP, 1169-1174, Véase también del mismo autor, Rechtfer-
tigung. Einsiedeln 1957, 277-288; a propésito de él: K. Ranier,
Problemas de la teologia de controversia sobre la justificacién, en Es-
critos de teologta, 4. Taurus, Madrid 1965, 245-280, principalmente
270 s.
FUNDAMENTOS CRISTOLOGICOS 35
mediatizacién, no se rebaja la comprensién de la crea-
turidad (y finitud) del mundo, sino que se encarece
agudamente y se aclara. En efecto, por la asuncién
o aceptacién del mundo en Jesucristo, el mundo no se
convierte en un «trozo» de Dios, y Dios no se con-
vierte en un «sector» (intramundano) del universo,
sino que por esa asuncidn y en esa asuncidén apare-
ce plenamente el mundo como secular, y Dios aparece
plenamente como divino. El mundo se hace visible, no
en su divinidad, sino precisamente en su no-divinidad
0 (gcémo no?) en su secularidad, en Ia cual Gnicamente
es como Dios le habla (como a lo que es radicalmente
distinto de él, a lo que es radicalmente «otro»), y en
su «Espiritu» reina impregndndolo.
EI que piense esto constantemente, el que de ma-
nera incesante esté teniendo en cuenta la dialéctica in-
terna que se da en el acontecimiento de la asuncién
o aceptacién del mundo, ese tal no imputar4 a la com-
prensién del mundo que aqui hemos desarrollado,
aquel optimismo de mala ley con respecto a la encat-
nacién, que presenta al mundo como «divinizado»
inmediatamente por la encarnacién de Dios y que
interpreta la historia de la salvacién como la creciente
divinizacién del mundo.
Ahora bien, esta secularidad del mundo, mantenida
por Dios en lo més propio, en su diferencia con res-
pecto a Dios, debemos esclarecerla en una caracteris-
tica importante; y lo haremos otra vez con el ejemplo
de Cristo. En si, viendo las cosas abstractamente y en
consumacién escatolégica, el mundo instituido en lo
mas propio serfa concebible como una manifestacién
pura, absolutamente didfana de la comunicacién que
Dios hace de si mismo. Expresdndolo teolégicamente:
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