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Las Pankhurst: Sufragismo y Socialismo

Este documento describe el contexto histórico del sufragismo en Gran Bretaña y la familia Pankhurst. La familia Pankhurst, especialmente Emmeline Pankhurst y sus hijas Christabel y Sylvia, jugaron un papel importante en el movimiento sufragista británico aunque tuvieron diferencias ideológicas. El documento explica cómo el sufragismo evolucionó desde los escritos de Mary Wollstonecraft en el siglo XVIII hasta la creación de la organización WSPU por Emmeline Pankhurst a principios del siglo XX para cambiar los

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Las Pankhurst: Sufragismo y Socialismo

Este documento describe el contexto histórico del sufragismo en Gran Bretaña y la familia Pankhurst. La familia Pankhurst, especialmente Emmeline Pankhurst y sus hijas Christabel y Sylvia, jugaron un papel importante en el movimiento sufragista británico aunque tuvieron diferencias ideológicas. El documento explica cómo el sufragismo evolucionó desde los escritos de Mary Wollstonecraft en el siglo XVIII hasta la creación de la organización WSPU por Emmeline Pankhurst a principios del siglo XX para cambiar los

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La familia Pankhurst

sufragismo y diferencias ideológicas

Libro: Sylvia Pankhurst, sufragista y socialista

Autora: Eva Palomo Cermeño

Asignatura

Relaciones de género en la historia

Alumna

Carmen Ramos González

Tutora

Ana Aguado

Fecha de entrega

02/02/2016
Índice
1. Introducción 3

2. Contexto del sufragismo británico 4

3. Sylvia Pankhurst, sufragista y socialista: comienzos y ruptura del 9


movimiento

4. Conclusiones 15

Bibliografía 18

2
[Link]ón

He elegido el tema de la familia Pankhurst no solo por la lucha sufragista de


las mujeres en Inglaterra, sino también por el ejemplo que representa esta
familia en concreto. La Pankhurst, además de ser una importante familia
revolucionaria, tanto sufragista como socialista, representa un claro ejemplo
de las diferentes estrategias y luchas feministas.

Emmeline Goulden, más conocida por su apellido de casada, Pankhurst,


adquirió este en 1789 al casarse con Richard Pankhurst. Se conocieron en
un mitin político en Manchester ese mismo año, y todo su matrimonio
continuó en los mismos ambientes y con el mismo interés por la política.
Fieles al socialismo, pero también firmes defensores ambos del sufragio
femenino, Emmeline fue evolucionando en una dirección hacia el feminismo
radical conforme seguían denegándose las continuas propuestas por el voto
de las mujeres. Creó la WSPU (Women Social and Political Union) para
cambiar sus métodos de activismo y realizar acciones más “llamativas”. Su
primera hija, Christabel Pankhurst, creció en este ambiente y su continua
lucha evolucionó en el mismo sentido que la de su madre.

Pero las dos hijas menores, Sylvia y Adela Pankhurst, aunque también se
involucraron fervientemente en el movimiento sufragista (especialmente
Sylvia), tomaron posiciones opuestas a su madre y hermana mayor conforme
estas se radicalizaban. Adela se retiró del activismo en la WSPU en 1914 y
emigró a Australia. Sylvia Pankhurst, por su parte, tomó la dirección del
feminismo socialista y continuó ligada al ILP (Independent Laborist Party:
“Partido Laborista Independiente”), defendiendo a la clase trabajadora,
aunque sin dejar de mirar por las mujeres (Smith, 2003, pág. 104).

Para tratar este tema he elegido el libro Sylvia Pankhurst, sufragista y


socialista, en el que su autora, Eva Palomo Cermeño, desarrolla un profundo
análisis de la infancia y el entorno de Sylvia. Me interesa especialmente
porque pone gran atención a todos los puntos de foco donde los miembros de
la familia encontraron discrepancias, siendo así un gran ejemplo de las
diferencias entre los distintos tipos de feminismo a los que pertenecen.

3
[Link] del sufragismo británico

Tras la Vindicación por los derechos de la mujer en 1792 de Mary


Wollstonecraft, se desencadenó en Inglaterra poco a poco un movimiento que
buscaba la igualdad de derechos de las mujeres, principalmente en la
educación. Es la primera ola del feminismo, que se fue desarrollando
durante los siglos posteriores. Wollstonecraft defendía que, con otra
educación, las mujeres podrían haber “practicado la medicina, llevado una
granja, dirigido una tienda, y serían independientes y vivirían de su propio
trabajo”1.

En esta época en Gran Bretaña, las mujeres eran consideradas en la


sociedad totalmente excluidas de derechos civiles. Esos derechos los obtenía
el marido, quien tenía potestad como padre de familia sobre su mujer y sus
hijos/as. No podían acceder a la política ni tenían derecho al voto, “no era
sujeto legal y se definía como ser dependiente del padre o del marido. Se le
negaba sistemáticamente la categoría de individuo libre con autonomía de
actuación propia y, por tanto, los atributos necesarios para acceder a la
categoría de ciudadana” (Nash, 2005, pág. 112).

En 1825, William Thompson escribió junto con Anna Wheeler La demanda


de la mitad de la raza humana, las mujeres, contra la paternidad de la otra
mitad, los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en
consecuencia, civil y doméstica. En este libro se critica la situación de
desigualdad y esclavitud de la mujer frente al hombre, y el argumento
común contra la concesión de derechos a las mujeres que decía que los
intereses de estas ya están incluidos con los de los hombres. Pedían, para un
real cumplimiento de los intereses de las mujeres, que se tuviesen en cuenta
unos derechos universales, comunes a todos los seres humanos.

Pero tanto el partido conservador como el liberal estaban disconformes con


esta idea de otorgar a las mujeres el sufragio. Se consideraba una
reivindicación subversiva porque suponía la presencia femenina en la esfera
pública “y cuestionaba, por tanto, el monopolio masculino de este espacio”
(Nash, 2005, pág. 114) Así, las reformas de la ley electoral, antes que
conceder este derecho, lo restringieron más. Aunque no había habido todavía
un movimiento consistente que pidiese el sufragio, sí se habían dado casos
en los que alguna mujer propietaria había intentado ejercer su derecho al

Wollstonecraft, M. (2000). Vindicación de los derechos de la mujer. Madrid: Cátedra (pág.


1.

156).

4
voto puesto que la ley no explicitaba la
exclusión de las mujeres de este. Así, en
1832 tuvo lugar la primera Ley de Reforma
(Great Reform Act), y en esta se incluyó
junto a la palabra person (“persona”) el
distintivo male (“male persons”: personas
masculinas). De esta forma no había lugar
a equívoco o interpretación: las personas
femeninas estaban directamente excluidas
del sufragio. Ya que estas dependían de los
hombres se decía que, entonces, estaban
representadas por ellos, “[n]o se
consideraba que se estuviese negando un
derecho a las mujeres, por el simple hecho
de que no lo tenían” (Cermeño, 2015, pág. Ilustración 1. Cartel de la Liga
45).2 Nacional contra el Sufragio
Femenino.

La situación del sufragio en Inglaterra en este contexto tenía dos puntos


distintos para la restricción: la propiedad y el sexo. El hecho de que
estuviese ligado a la propiedad suponía que gran cantidad de hombres
tampoco podían votar mientras que, parte de aquellos que podían votar,
tenían más de un voto. El Plural Voting (“voto plural”) permitía votar,
además de en su localidad, en el lugar donde estuviese la universidad en la
que se habían graduado y a quienes tenían propiedades en distintos
municipios. Así, había quienes podían votar hasta tres veces. Con este tipo
de sufragio, solo los varones de las clases más altas estaban representados
en las elecciones.

La feminista Harriet Taylor Mill recogió las peticiones de las


norteamericanas en la Declaración de Seneca Falls (o Declaración de los
sentimientos, 1848), que redactaron un texto réplica a la Declaración de la
Independencia de Estados Unidos con los intereses y la demanda de
derechos de las mujeres. H.T. Mill escribió entonces un ensayo Sobre la
concesión de derecho al voto de las mujeres en el que exponía estas ideas;
entre ellas, la de la necesidad de otorgar el sufragio a las mujeres para estas
también pudiesen participar en la redacción de las nuevas leyes. En 1869
junto con su marido, John Stuart Mill, escribió el libro The subjection of
women en el que describía como arcaicas todas las estructuras que, tras la
Ilustración, continuaban siendo “patriarcales [y] contrarias a los principios
universales de libertad, igualdad y justicia” (Cermeño, 2015, pág. 47). Los

2 Ilustración 1. Fuente: vista en (Nash, 2005, pág. 117) y encontrada en


[Link]

5
Mill contemplaban la necesidad de cambiar la situación de la mujer, pero de
forma asociada a la coherencia de los principios del liberalismo: “el sufragio
censitario, basado en el gobierno de los más aptos, era junto al respeto de la
propiedad, el mecanismo necesario para garantizar la consecución del bien
común en una sociedad «libre»” (Nash & Tavera, 1994, pág. 64).

J.S. Mill había estado en política entre 1865 y 1868 por el Partido Liberal.
Ya en su campaña electoral defendió el sufragio femenino. La primera vez
que realizó una petición del voto femenino fue en 1866 para solteras
propietarias y viudas (debido a la idea liberal del sufragio en relación con la
propiedad privada), pero la Cámara se limitó a burlarse de él. Un año más
tarde, en 1867, tuvo lugar la Second Reform Act, donde volvió a reivindicar
el voto para las mujeres pidiendo que se volviese a cambiar la definición que
recogía que quienes podían votar eran las male persons para que volviese a
quedarse solo en persons. Aunque, una vez más, no se le hizo demasiado
caso, se llevó a votación y esta quedó en 196 votos en contra frente a 73.
Stuart Mill quedó contento al ver que había conseguido convencer en ese año
a un número mayor de diputados del que esperaba.

En esta Ley de Reforma de 1867 el sufragio se amplió a un mayor número


de hombres: “elevó el número de electores a aproximadamente un millón y
medio de hombres que fueren propietarios o que demostraran poder pagar
un alquiler no menor de diez libras al año” (Cermeño, 2015, pág. 48). Unos
años más tarde, en la Third Reform Act, este número volvió a crecer:
“habilitó a casi cinco millones y medio de votantes masculinos (esta vez era
suficiente con demostrar que se había pagado la renta no menor de diez
libras anuales durante doce meses)” (Cermeño, 2015, pág. 48). Así, en este
momento seguían sin acceso al voto el 40% de los hombres. Con respecto a
las mujeres, los primeros beneficios que se consiguieron con el movimiento
sufragista se dieron también en relación con la propiedad privada. En 1968,
el “Acta de Reforma” permitió que las mujeres propietarias que no
estuviesen casadas pudiesen votar a nivel municipal. Las casadas todavía
no, porque estas “dependían de sus maridos” (Nash & Tavera, 1994, pág.
65). En 1882, el Married Women's Property Act (“Acta de Propiedad de la
Mujer Casada”) cambió ligeramente esta situación ya que, aunque seguían
sin poder votar, se reconocía su derecho a la propiedad y a disponer de sus
ingresos.

La evolución que tuvo el feminismo desde mediados del siglo XIX y hasta la
consecución de voto en Inglaterra se debe a los cambios que tuvieron lugar
en la sociedad desde la industrialización. En estos momentos, en la entrada
del siglo XX, ya eran un 70’8% las mujeres solteras de entre 20 y 45 años las
que tenían trabajo y sueldo. De esta forma, “después de 1870 el feminismo

6
contó no sólo con figuras intelectuales destacadas, sino también con
numerosas organizaciones de mujeres a nivel de base” (Nash & Tavera,
1994, pág. 107) que se estaban organizando también para conseguir una
mejor situación en los distintos ámbitos de su vida.

A finales de este siglo, la industrialización estaba fuertemente avanzada.


Aun así, existía una potente colaboración entre clases que dio lugar a que
gran parte del movimiento obrero estuviese incluido en el movimiento
liberal. El socialismo llega en 1890-1900 como un fenómeno puramente
marginal y escindido en múltiples facciones (Evans, 1980, pág. 209). No fue
hasta 1893 cuando el Independent Labour Party, el partido más próximo al
socialismo, llegó a la esfera política de Inglaterra.

En 1897, a partir de la unión de distintas organizaciones, nace la National


Union of Women’s Suffrage Societies (NUWSS, Unión Nacional de
Sociedades de Sufragio Femenino). Esta agrupación moderada asociada al
liberalismo y liderada por Millicent Fawcett “se dedicaba a la propaganda
política […] que, dentro de una esfera de orden y legalidad, trataban de
convencer a la sociedad inglesa” (Nash & Tavera, 1994, pág. 111). La idea de
esta asociación era esperar a que, con la llegada del Partido Liberal al poder,
el derecho a voto le fuese concedido a la mujer. Pero la llegada del siglo XX
sin que hubiese cambios hizo que un grupo de mujeres más próximas al
Partido Laborista reaccionasen y se radicalizasen. Aquí, en 1903, es donde
entra la familia Pankhurst con importancia dentro del movimiento.
Emmeline y Christabel Pankhurst, principalmente, crean este año la
WSPU: Women’s Social and Political Union, separada de las formas de
organización y militancia de las moderadas de la NUWSS.

En 1905, el Partido Liberal llegó al poder y “su constante negativa a


conceder el voto a la mujer enfrentó a las sufragistas, que trataron de
estrechar lazos con el Partido Laborista en vías de crecimiento” (Evans,
1980, pág. 223). En ese momento, aunque todavía moderadas y a la espera
del (nuevo) partido, la NUWSS dejó su alianza con el Partido Liberal y se
asoció entonces con el Partido Laborista. Mientras, las sufragistas radicales
de la WSPU, cada vez se alejaban más de los partidos políticos que nunca
respondían a sus demandas. A pesar de haber sido defensoras del
socialismo, incluso Emmeline y su hija Christabel acabaron enfrentándose
con el Partido Laborista y acercándose cada vez más al sufragismo femenino
como primera causa. Esta fue (una) de las causas de la ruptura dentro del
feminismo y de la propia familia Pankhurst, especialmente de las dirigentes
de la WSPU con Sylvia Pankhurst, quien siguió su vida política dedicada a
la causa de la clase obrera y ligada al ILP, lo que le costó su expulsión de la
organización de Emmeline y Christabel.

7
[Link] Pankhurst, sufragista y socialista:
comienzos y ruptura del movimiento

La primera parte del libro (Primera parte: Sylvia Pankhurst. De la tradición


social del siglo XIX al compromiso militante con el sufragismo y el
socialismo) cuenta, primero (en el Capítulo primero: primeras influencias.
La tradición social del XIX en Inglaterra; un hervidero de ideas
transformadoras), la infancia de Sylvia y hace una pequeña biografía de sus
familiares (más extenso en relación con su madre, Emmeline, y con su
padre, Richard). Hace hincapié también en la situación británica,
especialmente en lo que se refiere al sufragismo en general y a las primeras
reivindicaciones por el sufragio femenino. Esto lo he relatado
principalmente en el apartado previo3; en este punto me dedicaré
especialmente a los capítulos segundo y tercero (Capítulo segundo: Sylvia
Pankhurst y el sufragismo. Pensamiento y práctica política en el contexto de
un movimiento heterogéneo y Capítulo tercero: el compromiso de Sylvia
Pankhurst con el socialismo, la revolución rusa y el pacifismo durante la
Primera Guerra Mundial), donde me interesan sobre todo los momentos
clave en los que las ideas sobre la organización y las estrategias, así como
también la ideología, empieza a distanciar a las hermanas Pankhurst (a
Sylvia y a Christabel más fuertemente) y a todo el movimiento, incluyendo
también a Emmeline en oposición a su hija Sylvia.

En los comienzos de la historia de la WSPU, Emmeline era todavía una


socialista convencida, con la idea de organizar y ayudar también a las
mujeres trabajadoras en la lucha. “In 1903 Emmeline, Sylvia and Adela still
shared Esther Roper’s view that the best chance of winning the vote for
women lay in mobilizing female industrial workers in the north of England”
(Pugh, 2002, pág. 103)4. Pero desde ese mismo año, el ILP fue desechando el
voto de la mujer como algo importante, cosa que hizo que las mujeres de la
WSPU, especialmente Emmeline y Christabel fuesen perdiendo la paciencia.
En 1903 Emmeline escribió una carta de queja al Labour Leader porque los
laboristas no condenaban la exclusión de las mujeres del voto, habiendo
incluso algunos de los dirigentes totalmente en contra de este (Cermeño,
2015, pág. 79).

3Apartado 2. Contexto del sufragismo británico.


4Esther Roper ocupó un papel fundamental en la política luchando por el sufragio de la
mujer en el noroeste de Gran Bretaña. Tanto como sufragista, era una socialista convencida
del movimiento obrero (Pugh, 2002, pág. 89).

8
Es también en este año cuando Emmeline se decide a crear la Women’s
Social and Political Union, a la que en principio tenía idea de llamar
Women’s Labour Representation Committee (“Comité de Representación
Laboral de las Mujeres”). Aunque existen varias teorías, no está claro
porqué finalmente se adoptó el conocido WSPU (Pugh, 2002, pág. 107), pero
lo importante de esta idea principal es que Emmeline todavía entonces
pensaba en la causa obrera. En sus comienzos incluía otras causas sociales a
parte del sufragismo, estaba dirigido a mujeres de todas las clases sociales
(exclusivamente a mujeres) y su lema (esto no cambió nunca) era “deeds, not
words” (“hechos, no palabras”) (Cermeño, 2015, págs. 80-81).

En los comienzos se reunían unas veinte mujeres una vez a la semana, sin
lista de miembros o apuntes sobre las sesiones. Se trataba de una
organización recién nacida, con unas integrantes con muchas ganas de
trabajar y mucha fuerza. Iban a los parques o a reuniones del Partido
Laborista a realizar charlas pro-sufragio. “No constitution have conveyed
the spirit of the WSPU at this stage in its life. Its only real assets were the
energy and enthusiasm of the Pankhurst themselves” (Pugh, 2002, pág.
109).

Cuando Sylvia comenzó sus andanzas realizando pequeñas obras para la


organización5, en 1905, fue justo cuando la WSPU comenzó a radicalizarse.
A parte de todas las promesas incumplidas por parte de los distintos
partidos en relación con el sufragio femenino, hubo un hecho concreto que
dio lugar a que la organización cambiase sus estrategias. Ese año, el día 12
de mayo, parecía que por fin se iba a debatir en el parlamento que las
mujeres votasen en las elecciones locales. Más de trescientas mujeres
esperaron en la puerta a la salida para recibir los resultados, pero no ocurrió
lo que esperaban: “Los parlamentarios anti-sufragistas impidieron que se
llegara a producir el debate, agotando el tiempo con chistes y comentarios
insultantes sobre las mujeres” (Cermeño, 2015, pág. 83). Las mujeres
expectantes comenzaron a protestar, hasta que fueron expulsadas por la
policía. A partir de entonces, decidieron comenzar a desobedecer las leyes
que nos les hacían caso, además de “adoptar comportamientos que
cuestionaran las expectativas convencionales sobre las mujeres como seres
subordinados que aceptaban un estatus de sumisión” (Cermeño, 2015, pág.
84).

5 Antes de unirse por completo a la causa política, la primera vocación de Sylvia fue la
pintura. Estuvo en Italia como estudiante de arte gracias a una beca, pero a su vuelta
comenzó a ayudar a la familia y la WSPU, donde continuaba “diseñando logotipos,
pancartas y carteles para la causa sufragista” (Cermeño, 2015, pág. 73).

9
En diciembre de 1905 el gobierno conservador dimitió, dando paso a un
gobierno de coalición liderado por el liberal Henry Campbell-Bannerman
hasta que tuviesen lugar las elecciones en enero de 1906. Durante la
campaña, las sufragistas comenzaron a acudir a los actos del Partido Liberal
con la finalidad de presionarles. En uno de estos, Christabel junto con otras
militantes fueron arrestadas por mostrar una pancarta. Aunque debido a
esto les llegaron críticas tanto desde el Partido Laborista como desde dentro
de la propia WSPU, la mayoría de ellas vieron reforzado el cambio de
estrategia hacia la radicalización. La prensa las sacaba con cada nuevo
escándalo. Las apodaron con el nombre de Suffragettes de manera
despectiva en el Daily Mail (nombre que ellas mismas adoptaron y que
pusieron a una de sus publicaciones periódicas). Trataban de ridiculizarlas,
pero, a su vez, les daban una gran visibilidad.

Cada vez más, se dedicaron a interrumpir reuniones políticas y organizar


desfiles masivos en las calles. Los brutales ataques policiales que se
derivaban daban lugar a mayor representación en los medios, lo que les
sumó más adeptas a la causa (Evans, 1980, pág. 224). La asociación iba
creciendo más y más con el paso del tiempo, de manera que también los
fondos que recibían de donaciones eran cada vez mayores. Sylvia, a pesar de
ser una participante constante dentro de la WSPU, se negó a ser
remunerada por su trabajo en esta. La socialista tenía cada vez más dilemas
por la mala relación entre el ILP y la organización, que crecía con cada roce.
En 1906, Emmeline Pankhurst ya disminuye la importancia del socialismo
en su ideología en una carta que escribe al Labour Leader, en la que aclara
que, aunque le siguen importando las causas socialistas, para ella lo primero
es conseguir el sufragio femenino por encima de todo (Cermeño, 2015, pág.
91).

Por su parte, Christabel también decía que cualquier reforma debía


posponerse hasta que las mujeres consiguiesen el voto. Mientras que la
mayoría de los miembros del ILP consideraban necesaria la lucha por el
Sufragio Adulto, desde la WSPU, y especialmente Christabel, pensaban que
esto solo serviría para que hubiese más hombres decidiendo sobre las
mujeres y que no haría ningún favor a estas. No confiaban en una nueva
reforma que ampliase el voto sin contar con la mitad femenina de la
población.

Llegó tal punto de antipatía mutua que la WSPU puso en marcha una
política de anti-partidos, abandonando por completo su relación con el
Partido Laborista, en el que ya no confiaban. A partir de ese momento, la
organización se estaba volviendo más autoritaria. Emmeline y Christabel,
junto con algunas compañeras más, cerraron el sistema de decisiones a su

10
pequeño grupo, rompiendo con la democracia de la que se disfrutaba hasta
entonces para la toma de decisiones. Algunas de las militantes se quejaron y
decidieron escindirse, formando la Women’s Freedom League (“Liga por la
Libertad de las Mujeres”, WFL) en 1908. La disciplina aumentó hasta el
punto en que las afiliadas tenían que firmar un compromiso en el que decían
estar de acuerdo con los métodos y la política anti-partidos. Sylvia decidió no
firmarla. Aunque continuó en la asociación todavía unos años más, las
discrepancias con la disciplina que imponían sus familiares continuaban en
aumento (Cermeño, 2015, págs. 97-98).

A partir de estos años, las dirigentes de la WSPU se volvieron cada vez más
cercanas a la burguesía, dejando de lado e, incluso, sintiéndose molestas, por
la causa proletaria. Influyó el hecho de que comenzasen a unirse a las
reivindicaciones mujeres de buenas familias, “made suffragette activity
fashionable in certain circles for a time” (Pugh, 2002, pág. 151). Estos
contactos fueron muy beneficiosos para las arcas de la organización, que
comenzaron a crecer sustancialmente.

Pero también fue esta la época de máximo esplendor de la organización, que


utilizaba unos métodos cada vez más radicales. De 1909 a 1914 las acciones
se endurecían cada vez más. Tras una nueva negación por parte del gobierno
en 1909, comenzó una campaña de rotura de escaparates por las calles de
Londres (Evans, 1980, pág. 224). Cuando la policía actuaba contra ellas, ya
no utilizaban la ley de la no violencia, sino que se defendían. Provocaron
incendios en propiedades privadas, tiraron
piedras y tomates al domicilio del primer
ministro y quemaron con ácido un campo de golf
escribiendo Votes for women (“Votos para las
mujeres”) (Nash, 2005, pág. 125). Al ser
detenidas cada vez más tiempo y con más
frecuencia, y siendo situadas junto con las presas
comunes (en lugar de ser tratadas como presas
políticas), comenzaron a realizar huelgas de
hambre. La respuesta del gobierno a las huelgas
fue la alimentación forzada6, introduciendo un
tubo por la nariz o por la boca hasta el estómago
de la presa. La finalidad era evitar que ninguna
de las sufragistas muriese en la cárcel para no
Ilustración 2. Cartel convertirlas en mártires. Pero la respuesta social
propagandístico de la WSPU
contra el gobierno por la
al enterarse de la medida de la alimentación
alimentación forzosa.

6 Ilustración 2. Fuente: [Link]


suffragette-in-walton-jail/

11
forzosa tomada por el gobierno fue absolutamente crítica con este (Cermeño,
2015, pág. 104).

Durante estos años, entre 1911 y 1912, Sylvia realizó dos viajes a Estados
Unidos. Quería distanciarse del despotismo de su madre y su hermana, y a
la vez conseguir fondos para la organización y encontrar la manera de ganar
dinero como periodista (Cermeño, 2015, pág. 106). Estaba cada vez más
disconforme con las ideas de las dirigentes de la WSPU, que sentían
hostilidad hacia el movimiento obrero y eran cada vez más disciplinarias. Su
ideología difería mucho de estas formas de organización. Sylvia tenía unas
ideas muy arraigadas en el socialismo y su pensamiento pasaba por una
democracia participativa, haciendo la política desde abajo hacia arriba, y no
al contrario (Cermeño, 2015, pág. 108).

Al volver de estos viajes, con una nueva seguridad en sí misma y habiendo


conseguido suficiente dinero como para dejar de depender de las ayudas de
su familia, emprendió su camino de forma más aislada, creando una
organización para mujeres obreras en el barrio de East End. “Aspiraba a que
estas mujeres desempeñaran un papel activo en la propia lucha [y] se
impartían clases para que aprendieran a hablar en público y pudiesen
dirigirse a la gente en las calles y mercados del barrio” (Cermeño, 2015, pág.
115). En 1913, las asociaciones creadas por Sylvia en el East End con
mujeres trabajadoras se unieron y formaron la East End London Federation
of Suffragettes (“Federación de Sufragistas del East End de Londes”, ELFS),
ligada a la WSPU, a pesar del rechazo de Christabel que “no veía prioritario
organizar a mujeres proletarias” (Cermeño, 2015, pág. 117).

También a su llegada, se involucró en algunas de las nuevas movilizaciones


que habían surgido durante su ausencia: la de los irlandeses por su
autonomía frente a la represión inglesa y su independencia, y la del
movimiento obrero que se organizaba por unas condiciones de trabajo
dignas. Mientras que Sylvia las apoyaba, su hermana Christabel y su madre
consideraban que eran unas luchas innecesarias porque los trabajadores
varones ya “podían cambiar su situación a través del voto” (Cermeño, 2015,
pág. 112). De esta forma, las antipatías seguían creciendo dentro de la
familia.

Como respuesta por parte del gobierno a la reprimenda y las quejas de las
sufragistas, así como de toda la sociedad, contra la alimentación forzosa en
las cárceles, en 1913 se introdujo una ley conocida como “Ley del Gato y del
Ratón”: “las mujeres, es decir, los «ratones», serían liberadas por las
autoridades –el «gato»– cuando su estado físico fuera preocupante pero, una
vez recuperadas, volverían a ser detenidas y encarceladas” (Nash & Tavera,

12
1994, págs. 112-113). McKenna, el Ministro de
Interior liberal que implementó esta legislación,
acabó prohibiendo los mítines sufragistas y
arrestando a las editoras del periódico The
suffragette, que fue censurado (Cermeño, 2015,
pág. 116). Ese mismo año, el 4 de junio, Emily
Wilding Davison murió tras un acto de protesta
durante el Derby de Epsom al lanzarse a la
pista de carreras y ser arrollada por un caballo.
“Llevaba en el bolsillo la bandera de las
suffragettes, de color púrpura para expresar
dignidad, blanco por la pureza y verde por la
esperanza” (Nash, 2005, pág. 124).7
Ilustración 3. Cartel
Este suceso, junto con la brutalidad empleada propagandístico de la WSPU
por el gobierno, hizo que se crease un clima de contra la Ley del “Gato y el
movilización y protesta social. El sufragio Ratón”.

femenino se había convertido en una cuestión


política y social de primer orden.

Mientras tanto, en el seno de la familia Pankhurst seguían abriéndose


nuevas brechas ideológicas. En noviembre de 1913 Sylvia, que seguía
luchando por otras causas y movimientos sociales, acudió a un acto de
protesta por la liberación de un sindicalista irlandés. Su madre y su
hermana vieron esto como consecuencia de su asociación proletaria en el
East End, la que consideraban perjudicial para la organización que ellas
querían llevar. Finalmente, en enero del año siguiente, Christabel y
Emmeline expulsaron a Sylvia y a la ELFS de la WSPU. Los motivos que le
dieron fue que su organización tenía un carácter demasiado proletario y
democrático, además de que ella misma se encontraba fuera de los modos de
funcionar necesarios (y obligados) dentro de la WSPU.

“Tienes una constitución democrática en tu federación. No estamos de acuerdo con


eso… Queremos mujeres elegidas, las más fuertes e inteligentes… Es un error
utilizar a las más débiles para la lucha… Tú tienes tus propias ideas y eso no
es lo que queremos. Pretendemos que nuestras mujeres sigan las instrucciones y
caminen todas al mismo paso, como un ejército.”
Christabel a Sylvia
(Cermeño, 2015, pág. 122)

7 Ilustración 3. Fuente: vista en (Nash & Tavera, 1994, pág. 112) y encontrada en
[Link]

13
El motivo final de ruptura en la familia fue que, en 1914 y con la llegada de
la Primera Guerra Mundial, las sufragistas volvieron a dividirse. Algunas
asociaciones, como la WSPU y la NUWSS abandonaron el activismo y
ayudaron al gobierno, mientras que la ELFS y otras sufragistas tomaron
una actitud pacifista y totalmente en contra de la actuación de Gran
Bretaña en la Gran Guerra. Así, las discrepancias entre Christabel y
Emmeline con Sylvia llegaron hasta el punto en que dejaron de hablarse
directamente, y se limitaron a criticar en sus escritos las posiciones que
consideraban incorrectas las unas de las otras. Emmeline llegó a decir sobre
Sylvia, al enterarse de actitud frente a la guerra, que la consideraba
antipatriótica y que ojalá no pudiese utilizar el apellido Pankhurst.

Tras la Guerra, quizá por la tregua ofrecida por parte de las sufragistas, o
quizá por la batalla que le había dado hasta entonces al gobierno, las
mujeres consiguieron por fin un pequeño acceso al sufragio. En 1917, el 7 de
diciembre, se aprobó el Proyecto de ley para que las mujeres mayores de
treinta años, ocupantes o esposas de ocupantes de tierras o propiedad por
encima del valor de 5 libras anuales, o que estuviesen en posesión de un
título universitario. A su vez, se concedió el voto a la mujer en las elecciones
locales al mismo nivel que a los hombres. El año siguiente fue aprobado este
proyecto en la ley The Representation of the People Act. Aun así, la igualdad
de voto no se consiguió hasta 10 años más tarde, en 1928, que permitía a las
mujeres votar en los mismos términos que los hombres, con la ley Equal
Franchise Act. Esta concedía el voto a todos los hombres y mujeres a partir
de los 21 años (Cermeño, 2015, pág. 138).

14
[Link]
Como he mencionado en la introducción, este trabajo representa dos visiones
muy distintas de las mujeres frente al feminismo. Y resulta curioso
precisamente este caso porque sucede dentro de una misma familia. Para
empezar, es necesario remarcar la importancia que tuvieron,
independientemente de que estemos de acuerdo o no con las formas o
ideologías, las sufragistas británicas, y especialmente las suffragettes, en la
consecución del voto femenino en Inglaterra. Estas activistas no solo
pidieron el sufragio y otros derechos, sino que significaron una ruptura de
los moldes de feminidad y sumisión que se tenían hasta entonces
completamente asumidos. Que tuviesen una oposición tan fuerte deja claro
que se trataban de un “peligro para el orden social establecido” (Nash &
Tavera, 1994, pág. 114).

Pero, adentrándonos en el tema que nos ocupa, las diferencias entre los
feminismos en la época del sufragio en Gran Bretaña, Sylvia, Christabel y
Emmeline suponen unos ejemplos perfectos. Cabe resaltar la evolución que
Emmeline sufrió con el paso del tiempo y el desarrollo de la WSPU. Ella
había comenzado en la política interesada por la causa socialista, junto con
su marido Richard Pankhurst. Perteneció al Partido Laborista y, aun
después de la muerte de Richard, continuó presenciando y protagonizando
algunos de sus mítines. El grave cambio que sufrió puede deberse a la
influencia de Christabel dentro de su lucha sufragista. Christabel nunca fue
una gran interesada por la causa del movimiento obrero, y lo fue siendo cada
vez menos conforme pasaban los años y se sumaban las decepciones con el
ILP. A Emmeline, obviamente, esto también le afectaría en sus decisiones.
Pero mientras ellas dos pasaron a asociarse cada vez más con la burguesía
para llevar el sufragismo a un nivel superior, Sylvia pasó a hacer todo lo
contrario y se fue a trabajar en su organización en el barrio pobre de
Londres, el East End.

Estas diferencias tan radicales sucedieron, ya no solo dentro de la misma


familia, sino además dentro del mismo movimiento, y dentro de la misma
organización. Conforme su madre y su hermana Christabel se radicalizaban
hacia un activismo que llamase más la atención, captando a las clases altas,
e imponiendo disciplina en la asociación, Sylvia pareció sentirse cada vez
más decepcionada y se acercaba más al socialismo. Hay autores/as que
asocian esta actitud a su (posible) relación con Keir Hardie –“Sylvia’s
socialist beliefs, nurtured by her close relationship with Keir Hardie (…)”

15
(Smith, 2003, pág. 104)8– pero yo no me limitaría a pensar que Sylvia
Pankhurst, una gran activista y firme defensora del socialismo, lo fuese
únicamente debido a una relación amorosa con un hombre. Para empezar, el
entorno en que había crecido Sylvia es una gran fuente de predisposición
para su futuro político. Y la estrecha relación que tenía con su padre, es otro
motivo también más importante. Cuando Richard murió, Sylvia y su madre
estuvieron muy unidas por el dolor, siendo ellas las más afectadas. Pasaron
una temporada consolándose mutuamente por la pérdida (Pugh, 2002, pág.
80). Sylvia escribe sobre él: “Su lucha forma parte de nuestro origen;
constituye un factor determinante de nuestras vidas” (Cermeño, 2015, págs.
28-29). Sin duda, el ambiente en el que creció Sylvia y la influencia de
Richard Pankhurst la marcaron sumamente.

Pero, entonces, cabría preguntarse por qué Emmeline, que había sido tan
influenciada por su marido, al que adoraba, cambió sus políticas y
evolucionó hacia el aburguesamiento y el despotismo. Tal vez los
enfrentamientos con todos los partidos políticos, y en especial con el Partido
Laborista, llevasen a Emmeline a desconfiar de todas las luchas que no
tuviesen como primer punto el sufragio femenino. Quizá el haber vivido
tantas decepciones llevó a esta mujer, que en un principio había sido
socialista, a desechar las causas obreras de su agenda. Sea como sea, lo
destacable es que siempre siguió luchando, hasta su muerte en 1928, justo
cuando las mujeres consiguieron el voto igual a los hombres, “como si de
algún modo se permitiese descansar tras ver realizado el sueño de toda una
vida de lucha” (Cermeño, 2015, pág. 138).

Sobre el libro, Sylvia Pankhurst, sufragista y socialista, he de decir que me


ha parecido un análisis magnífico de toda la historia del sufragio femenino
en Gran Bretaña, además de una reflexión interesante acerca de las vidas
de las dirigentes del movimiento y las diferencias ideológicas que se
sucedieron. Con la “excusa” de escribir sobre Sylvia Pankhurst, la autora
hace un repaso por todos los acontecimientos importantes que tuvieron
lugar en estas épocas, contando además con las ideas de Emmeline y
Christabel, pero también con los choques que se dieron con el Partido
Laborista y otros. Hace, no solo un repaso histórico-biográfico, sino un
estudio de los distintos tipos de movilizaciones que se llevaron a cabo en esta
época. Me ha resultado tan interesante como enriquecedor, otorgándome
más información sobre la ruptura ideológica que se dio en la familia
Pankhurst y en el movimiento sufragista.

8Para la autora del libro que nos ocupa, Eva Palomo Cermeño, esta relación es, más que
amorosa (cosa que no está clara, aunque se intuye por sus cartas), una relación de
admiración mutua y amistad duradera (Cermeño, 2015, pág. 75).

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Cabe destacar también la importancia de este libro en el contexto español,
dado que no existen muchos otros referentes que cuenten esta historia. Me
ha costado bastante encontrar información para contrastar y, como se puede
observar durante el trabajo, parte de lo que encontré está en inglés, sin
traducción a nuestro idioma. El libro de Martin Pugh, que también me ha
servido bastante de referencia, es lo único que encontré que pudiese utilizar
para contrastar mejor la información porque se encuentra tan completo
como el que he utilizado en primer lugar. En el libro de Eva Palomo
Cermeño he encontrado al principio una cita que critica a Pugh por ser uno
de los autores que ha contribuido “a estigmatizar a las mujeres sufragistas”
(Cermeño, 2015, pág. 22), por lo que lo he utilizado con sumo cuidado y
tratando de encontrar partes que no fuesen radicalmente comprometedoras,
sino que se adaptasen a lo que el resto de autores/as que he utilizado de
referencia contaban.

A modo de conclusión final, me limito a insistir en lo que decía en el párrafo


anterior: lo difícil que es encontrar información sobre las luchadoras del
sufragio, y la familia Pankhurst en concreto, en castellano. Por tanto, con
este trabajo busco volver a abrir la curiosidad (la mía propia, para empezar)
para recordar a todas las luchadoras de la historia, sobre las que todavía es
complicado encontrar referencias, para no dejarlas en el olvido.

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Bibliografía

- Cermeño, E. P. (2015). Sylvia Pankhurst, sufragista y socialista.


Almud, ediciones Castilla-La Mancha.

- Evans, R. J. (1980). Las feministas. Los movimientos de emancipación


de la mujer en Europa, América y Australasia 1840-1920. Madrid:
Siglo veintiuno de españa editores.

- Nash, M. (2005). Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.


Madrid: Alianza Editoria.

- Nash, M., & Tavera, S. (1994). Experiencias desiguales: conflictos


sociales y respuestas colectivas (siglo XIX). Madrid: Síntesis.

- Pugh, M. (2002). The Pankhurst. Londres: Penguin Books.

- Smith, A. K. (2003). The pankhursts and the war: suffrage magazines


and first world war propaganda. Women's History Review, 103-118.

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