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Leche Materna vs. Leche de Vaca

La primera versión del curso sobre lactancia materna fue realizada en 2015 por especialistas en el tema y expertos del Ministerio de Salud de Argentina. La versión actual ha sido revisada y actualizada por los mismos expertos del Ministerio de Salud.
Derechos de autor
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Leche Materna vs. Leche de Vaca

La primera versión del curso sobre lactancia materna fue realizada en 2015 por especialistas en el tema y expertos del Ministerio de Salud de Argentina. La versión actual ha sido revisada y actualizada por los mismos expertos del Ministerio de Salud.
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La primera versión del presente curso fue realizada en el año 2015 por especialistas

en Lactancia Materna y el asesoramiento de expertos de la Dirección Nacional de Ma-


ternidad, Infancia y Adolescencia (DiNaMIA), del Ministerio de Salud de la Nación.
La versión actual ha sido revisada y actualizada por los expertos de la DiNaMIA.

Contenido

Introducción .................................................................................................................................2
Objetivos del módulo ...................................................................................................................2
Composición de la leche humana. Especificidad para la especie. ..............................................3
Variaciones en la composición de la leche materna .....................................................................3
Del calostro a la leche madura ....................................................................................................3
Componentes de la leche humana ...............................................................................................6
Datos inmunológicos importantes ...............................................................................................9
Preguntas frecuentes, respuestas importantes ..............................................................................9
La alimentación adecuada del niño comienza con la de la madre ........................................... 12
Recomendaciones para una alimentación saludable durante el embarazo................................... 13
Alimentación complementaria .................................................................................................. 15
¿Cómo incorporar nuevos alimentos? ....................................................................................... 16
Alimentos aptos para cada etapa ............................................................................................... 17
El desarrollo del gusto.............................................................................................................. 19
Bibliografía ................................................................................................................................ 20
Introducción

Las leches más utilizadas como sucedáneo de la leche materna se obtienen mediante modificaciones
realizadas a la leche de vaca a fin de disminuir su contenido de proteínas y sodio (cuyo exceso puede
afectar la salud del bebé) y para agregarles grasas de otras especies o vegetales e hidratos de carbono,
con el objetivo de equiparar el valor calórico con la leche materna. Según el tipo de leche, también se
puede agregar otro tipo de nutrientes que la ciencia ha identificado como beneficiosos en la leche
humana, como oligosacáridos, aminoácidos, etc. Todas las variantes se promocionan como si fueran o
tuvieran algún parecido con la leche humana a la que intentan imitar. Sin embargo, los beneficios de
la alimentación al pecho no logran ser equiparados por ningún sustituto del mercado.
Cuando los niños son amamantados en lugar de recibir remplazo total o parcial de leches sustitutas
(ya sean leche de vaca común o leche de vaca modificada comercializada como fórmula), los niños se
enferman menos; si se enferman, se recuperan más rápido; y las familias y las sociedades ahorran
recursos como: medicamentos, gastos en salud, energía para la preparación y comercialización de fór-
mulas, etc.
La decisión de interrumpir total o parcialmente la LM cuando no existen razones médicas documen-
tadas, tiene un impacto directo sobre la salud y economía de las familias; sin embargo, este impacto
será mayor cuando se trate de poblaciones que carecen de recursos económicos suficientes o de las
condiciones mínimas de salud ambiental, como la provisión de agua potable.

Objetivos del módulo

Que el participante del curso sea capaz de:


▪ Reconocer la superioridad nutricional de la leche materna frente a la leche de vaca común y
a la leche de vaca modificada (fórmula infantil).
▪ Identificar las pautas alimentarias básicas de la mujer embarazada.
▪ Comprender las pautas básicas de la alimentación complementaria, oportuna, adecuada e
inocua.

2
Composición de la leche humana.
Especificidad para la especie.
Por el Dr. Sergio Snieg

La leche humana es un tejido vivo y, como tal, no tiene una composición constante. Sus característi-
cas se ven afectadas por diferentes factores, como el tiempo transcurrido desde el momento del parto,
las diferentes horas del día o el momento de la mamada. Si bien la composición puede variar, es im-
portante saber que la madre va a producir la leche que el bebé necesita, en el momento adecuado, tanto
en cantidad como en calidad (Silvia Macías et al, 2006) (Ruth Lawrence, Robert Lawrence, 2005). A
continuación, se presentan algunas de las modificaciones que puede experimentar la composición de
la leche materna.

Variaciones en la composición de la leche materna

Del calostro a la leche madura

El calostro es la leche de los primeros 4 a 7 días. Es un alimento muy concentrado en proteínas y es


tan denso que el primer día se producen sólo unos 75 ml. Si se midiera en relación a lo que puede
contener una taza, estos 75 ml representarían 1/3 de la misma y esa cantidad es suficiente para el bebé
recién nacido.
En el Gráfico 1 se observa la manera en que el calostro aumenta en cantidad conforme pasan los días
luego del parto. El segundo día la cantidad se duplica, el tercer día se vuelva a duplicar y, al llegar al
cuarto día, la mujer produce aproximadamente 600 ml de calostro.

3
Gráfico 1: Volumen de calostro según número de días posparto.

A medida que transcurren los días, la composición nutricional también se va modificando para pasar
de calostro a leche de transición y, luego, a leche madura. En el Gráfico 2 se muestra cómo varía esa
composición:
Gráfico 2: Composición de macronutrientes de la leche humana según número de días postparto.

Tal como se observa, la concentración de las proteínas, que equivalen casi al 50% en el primer día,
pasan a representar el 5-10% cuando la leche es madura. En el caso de la lactosa, equivale a más del
60% en la leche madura, mientras que el resto son grasas.

La composición de la leche humana madura es el resultante de las distintas fracciones que la compo-
nen (hidrosoluble, suspensión y emulsión). Dado que la composición de la leche va variando a medida
que progresa la toma, para poder dar cuenta de la cantidad de nutrientes se debe medir la leche desde
el inicio de la toma hasta el final de esta.

4
La composición de cada fracción también le dará un color específico a cada momento de la toma,
por lo cual se debe tener en cuenta que también la apariencia de la leche extraída va a ir variando a
medida que avanza la extracción.

Fracción hidrosoluble
Es la que predomina al comienzo de la toma. Tiene un alto contenido de agua y está constituida por
vitaminas, minerales, carbohidratos, proteínas, enzimas, hormonas, inmunoglobulinas, lactoferrina, in-
terferón, fracciones C3 y C4 del complemento, lisozima, factor bífido y lactoperoxidasa, tendiendo a
asumir una apariencia acuosa.

Fracción suspensión
Está constituida principalmente por caseínas, calcio y fósforo, presentes en forma micelar. Es de
color blanco opaco.

Fracción emulsión
Aparece al final de la mamada y presenta un aumento de los constituyentes liposolubles. Se concen-
tran los aceites, las grasas, los ácidos grasos libres, las vitaminas y demás componentes liposolubles,
todo lo cual le confiere un color amarillento.

En el Gráfico 3 se contrasta la composición de la leche humana madura con la de otros mamíferos.


Cada especie produce un tipo de leche específica, que responde a las necesidades propias de supervi-
vencia y crecimiento de su cría. Por ejemplo, la leche del conejo tiene poca lactosa (hidratos de car-
bono), mucha cantidad de proteínas y aproximadamente de 35 a 40% de grasas. Para entender el porqué
de esta característica sirve preguntarse: ¿cómo es la alimentación del conejo? El conejo mama más o
menos dos veces por día, a la mañana y a la noche. Este ritmo tiene que ver con un tema de supervi-
vencia, ya que, si el conejo acompaña a su madre afuera de la madriguera, puede ser devorado por los
depredadores; por eso, debe proveerse el alimento que necesita por largos períodos de tiempo.
Gráfico 3: Comparación de diferentes leches de mamíferos.

5
La leche materna humana tiene mucho menos proteínas y mucho más lactosa que la leche de conejo.
Eso responde a que a que el bebé humano está preparado para acompañar a su mamá todo el tiempo y
puede tomar del pecho varias veces al día. Finalmente, la leche de cabra y vaca son similares entre sí
por el tipo de comportamiento de la cría, que sale a pastar con su madre porque no hay riesgo de
depredadores.
Si bien la composición de macronutrientes de la leche de vaca o cabra es más similar a la leche
humana que la de conejo –por continuar con este ejemplo–, el porcentaje de proteínas de esta última
sigue siendo muy superior al de leche humana. La alimentación de lactantes con leches de elevado
contenido proteico pone en riesgo su salud; por eso, para reducir este efecto, la industria debe diluirla
agregándole agua. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la composición de una y otra leche no se
puede medir exclusivamente en función de la proporción de grasas, proteínas e hidratos de carbono,
ya que la cantidad de vitaminas, minerales y otros compuestos biológicos (como, por ejemplo,
anticuerpos) presentes en la leche humana responde a las necesidades precisas de nuestra especie y no
pueden ser agregadas a ninguna formulación artificial.

Componentes de la leche humana

Proteínas
La composición de proteínas en la leche humana ya sea en cuanto a la cantidad como a las propor-
ciones presentes, es específica para las capacidades digestivas y absortivas del ser humano. En la leche
humana predominan las proteínas del suero sobre la caseína. A su vez, las micelas de caseína en la
leche humana están divididas en finos coágulos, que permiten una muy buena digestión y absorción
intestinal. Esto no sucede con la leche de vaca1, y es una de las razones por las cuales ésta resulta más
difícil de digerir.

1
Cuando nos referimos a leche de vaca también incluimos, en general, a las fórmulas infantiles.

6
Proteínas y defensas
Además de una función nutricional, las proteínas de la leche humana cumplen funciones de defensa
y protección contra enfermedades. Existen tres proteínas relacionadas con las defensas:

Grasas
Las grasas son el componente más variable de la leche materna, ya que su cantidad se modifica a lo
largo del día, a medida que la leche madura, y en los diferentes momentos de la toma. Las grasas de la
leche humana se absorben perfectamente en el intestino debido a su composición química específica.
Adicionalmente, la leche humana (al igual que la del gorila), son las únicas que contienen unas enzimas
llamadas lipasas. Estas enzimas se activan en el duodeno y hacen que la grasa se pueda absorber aún
mejor, ya que facilitan su digestión.
Las grasas contribuyen con el 50% de las calorías y aportan ácidos grasos esenciales, Omega 3 y
Omega 6. En el momento en que la lipasa actúa sobre los triglicéridos, se liberan ácidos grasos libres
y monoglicéridos. Estas grasas también contribuyen al adecuado desarrollo del cerebro, del sistema
nervioso central y de la vista, pues aportan a la formación de la mielina, que actúa como un aislante
de los nervios que componen el sistema nervioso.
Entre las grasas se diferencian: los triglicéridos (98% del total de las grasas), los fosfolípidos y
los ácidos grasos. Entre los ácidos grasos se puede destacar el ácido oleico, que es el precursor de la
mielina, y el ácido linoleico, que es un ácido graso esencial (se debe aportar con la dieta debido a que
no se produce en el cuerpo).

Carbohidratos
El principal carbohidrato es la lactosa, ya que aporta casi la mitad de la energía que necesita el bebé.
La lactosa no solo tiene una función nutricional; también funciona como facilitador de la absorción
del hierro y del calcio; a su vez, promueve la colonización del lactobacilo en el intestino del lactante.
El lactobacilo genera en el intestino un medio ácido que impide el crecimiento de microorganismos
patógenos que pueden enfermar al bebé. Por ese motivo, los carbohidratos de la leche humana también
tienen efecto inmunitario.
Otro tipo de carbohidrato presente en la leche humana es el grupo de los oligosacáridos. Éstos tam-
bién tienen efecto bactericida, ya que se unen a los microorganismos patógenos e impiden que se ad-
hieran a las superficies del intestino del niño y lo enfermen. Los oligosacáridos tienen, además, un
efecto probiótico. Respecto de las cantidades, la presencia de los oligosacáridos en la leche humana es
10 veces superior a la cantidad propia de la leche de vaca, dato a tener en cuenta para comprender la
elevada capacidad protectora de la primera.

7
Como ya se anticipó, la composición de la leche humana está diseñada para alimentar a un niño con
frecuencia durante el día. Por ese motivo, no se debe recomendar la alimentación del lactante a horarios
fijos ni con demasiado espaciamiento. La errónea recomendación de alimentar a los bebés cada 3 ho-
ras, se sustentó en investigaciones realizadas por un médico que había hecho autopsias a bebés falleci-
dos, evaluando el vaciamiento gástrico. Dado que los be-
bés estudiados eran bebés alimentados con leche de vaca,
se llegó a la conclusión de que el estómago tardaba 3 ho-
ras en vaciarse y por eso surgió esa recomendación.
Tal como se ha explicado, a causa de su composición
la leche de vaca es más difícil de digerir y permanece
más tiempo en el estómago del bebé. En consecuencia,
no se puede recomendar alimentar cada 3 horas a un bebé
alimentado con pecho, ya que el vaciamiento gástrico se
realiza más rápido. Los resultados de esta investigación
no son válidos para referenciar la alimentación de un ser humano vivo y alimentado con leche materna
y adoptar este tipo de recomendaciones pone en riesgo la continuidad de la lactancia.

Minerales
La concentración de minerales en la leche materna se adapta a los requerimientos nutricionales y a
la capacidad metabólica del niño. El calcio, el hierro, el potasio, el magnesio, el zinc, el flúor y el
fósforo no están influenciados por la dieta materna; son casi constantes y presentan una alta absorción
(biodisponibilidad). La leche de vaca modificada (fórmula infantil) tiene mucho más hierro que la
leche materna, pero este hierro no es tan biodisponible como el de la leche humana, siendo su absorción
mucho menor.

En el caso de las fórmulas industriales ha sido necesario establecer un límite para nivelar la cantidad de fós-
foro, ya que si está presente en exceso reduce la disponibilidad de calcio; por otra parte, se observó que los
bebés que eran alimentados con leche de vaca tenían manifestaciones de tetania neonatal por hipocalcemia.
La disponibilidad de zinc es muy alta y aun cuando la concentración de cobre en la leche humana es baja, no se
observan deficiencias de este mineral en niños alimentados con leche de madre.

Vitaminas
En una madre nutrida correctamente, las concentraciones de vitaminas son las adecuadas para las
necesidades del lactante.

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Datos inmunológicos importantes
La placenta humana deja pasar ciertos tipos de anticuerpos fabricados por la madre hacia el torrente
sanguíneo de su bebé. Debido a esto, el niño nace con anticuerpos que expresan las defensas generadas
por la madre a lo largo de toda su vida. Sin embargo, las paredes del intestino del recién nacido aún
no tienen suficiente inmunoglobulina A secretoria, porque su sistema inmune no está totalmente ma-
duro. Entonces, para evitar que proliferen microorganismos patógenos a nivel intestinal del bebé, la
leche humana aporta Inmunoglobulina A secretora, Inmunoglublina M, Inmunoglublina G, lisozima,
lactoferrina y factor bífido, que son inmunoreguladores. Entre los 30 y los 45 días de vida, el bebé
comienza a producir su propia Inmunoglobulina A secretoria, por lo que sólo a partir de entonces, su
sistema inmune intestinal estaría “completo”.

Preguntas frecuentes, respuestas importantes


¿Cómo varía la composición de la leche a lo largo de la mamada?
En una misma mamada se puede observar la variación entre las grasas y las proteínas. Las grasas
hacen el camino inverso a las proteínas: son escasas al principio de la mamada y más concentradas al
final de la misma. Por esa razón, al comienzo parece una leche más aguada –lo que significa que es
más rica en proteínas y menos rica en grasas–, mientras que la leche del final de la mamada tiene un
aspecto más denso –porque es menos rica en proteínas y más rica en grasas–. Esta graduación está
relacionada con la saciedad del bebé: si fuera al revés (la leche más rica en grasa al principio) el
bebé tomaría la leche sólo al comienzo y enseguida estaría satisfecho.

¿Qué pasa con el bebé que sólo toma la leche del principio?
Hay muchas razones por las cuales un bebé puede tomar solamente la leche del principio de la ma-
mada. Muchas veces eso se debe a la recomendación que reciben las madres de amamantar algunos
minutos de cada pecho en lugar de observar los signos de saciedad del niño, dejando que sea él quien

9
deja de mamar. Cuando se recomienda que el bebé mame un tiempo limitado (por ejemplo 15 minutos),
se pone en riesgo la continuidad de la lactancia por dos motivos fundamentales: por un lado, el niño
se quedará con hambre al no haber incorporado la grasa del final que le producirá saciedad. Esto hará
que el niño siempre parezca hambriento y la madre terminará interpretando que su leche no lo llena.
Por otro lado, si al niño se lo retira antes del pecho, éste no se vaciará por completo generando un
círculo vicioso ya que la madre producirá menos leche para las tomas subsiguientes.
Si el bebé deja en el pecho de la madre una gran cantidad leche, también deja una gran cantidad de
“Factor Inhibidor de la Lactancia” (FIL). Este FIL, da la señal al organismo de la madre de que la
cantidad de leche producida fue mayor a la requerida por el bebé y eso hará que, las próximas veces,
se produzca menos leche; de esta manera se regula la alimentación en forma negativa (ver esquema).
Adicionalmente, el bebé no se alimenta con suficiente grasa, ya que las mismas son elevadas al final
de la mamada, tal como se mencionó anteriormente. Entonces se produce un doble efecto, el bebé no
se llena porque come poca grasa y al mismo tiempo se impide que la mamá vuelva a generar gran
cantidad de leche para las mamadas siguientes.
Esta es una regulación natural que tiene el organismo. La metáfora que podría darle forma es la de
una línea de producción. Si no se vende todo el stock, el mensaje sería “no fabriquen más porque no
estamos vendiendo la cantidad necesaria”.

En el Gráfico 4 se puede observar la cantidad de FIL presente en el pecho según el tiempo que el
niño este tomando del mismo. Al inicio, la cantidad de FIL es alta (+++); a medida que el niño toma
el pecho, la cantidad de FIL disminuye (++) y (+). Si bien, en la columna del centro del gráfico, el bebé
tomó un poco más de leche, el pecho aún tiene algo de FIL, que quedará en el pecho si la madre
interrumpe la toma aproximadamente en la mitad. En este caso, el bebé toma una buena cantidad de
proteínas, toma una cantidad relativamente buena de grasas, pero deja todavía una buena cantidad de
FIL en el pecho.
Gráfico 4: Concentración de FIL según el tiempo de la toma.

En la tercera columna del Gráfico 4 se muestra como no queda más FIL (+) ya que, a diferencia de
la anterior, el bebé ha vaciado bien el pecho. Antes de pasar al otro pecho, toma una buena cantidad
de proteínas, una buena cantidad de grasas y no deja factor inhibidor de la lactancia. Esta es la razón
por la cual el vaciado completo del pecho es uno de los principales estímulos para que éste se vuelva
a llenar de leche y produzca la cantidad que el bebé necesita. En este sentido, es indispensable que el

10
equipo de salud explique claramente a las mujeres la técnica adecuada de amamantamiento a fin de
que la lactancia no se pierda por razones evitables.

¿Qué pasa si el bebé no termina un pecho, o se queda dormido, o ya no tiene ganas y


deja por la mitad?

Es importante que, la próxima vez, la madre inicie con el pecho que el bebé dejó sin terminar. De
esta forma el pecho se vaciará completamente y quedará sin FIL. Continuando con la metáfora ya utili-
zada, de este modo la glándula mamaria “leerá” que se vendió todo el stock y seguirá fabricando más.

¿Y si el niño se enferma?

Si el niño se enferma no hay que suspender el pecho, ya que la leche materna no sólo sigue cum-
pliendo una función nutritiva, sino que, a través de ella, la madre le transmite al bebé inmunidad espe-
cífica. Durante la enfermedad hay que ofrecerle mamadas frecuentes y, en caso de que el niño sea
mayor de 6 meses, aumentar la ingesta de los líquidos; también se le puede ofrecer la comida que más
le gusta, en porciones pequeñas y con más frecuencia. Durante la enfermedad no es recomendable
incorporar alimentos nuevos porque éstos pueden ser rechazados.

11
La alimentación adecuada del niño comienza
con la de la madre, sigue con la teta... ¿Y luego, qué?
por el Dr. Antonio Morilla

La nutrición adecuada de un niño comienza con la alimentación de la madre, sigue con la leche
materna y continúa con alimentación complementaria adecuada, a partir del sexto mes.
Actualmente se consideran fundamentales los primeros mil días, que hacen referencia al período de
los nueve meses de gestación más los primeros dos años de vida, desde la perspectiva nutricional, para
el desarrollo del niño (SAP, 2001).

La alimentación adecuada de la embarazada y su preparación para la lactancia, así


como la propia lactancia durante los primeros dos años de vida, constituyen el núcleo
alimentario nutricional de este período.
La alimentación de la madre durante la etapa de gestación influye en el peso del bebé. Si la madre se
alimentó correctamente, hay más probabilidades de que el bebé tenga el peso adecuado. Si la madre
recibe pocos alimentos o si es muy delgada, es probable que tenga un niño de bajo peso, lo que se
convierte en un riesgo para toda la vida de la niña o niño.
La obesidad materna también acarrea trastornos porque puede dar como resultado el nacimiento de
un bebé obeso o de mayor tamaño, con mayor riesgo de tener problemas para controlar la glucemia o
una hipoglucemia al momento de nacer.
Una creencia popular sostiene que durante el embarazo la madre debe “comer por dos personas”.
Esta concepción es errónea. Si bien el requerimiento de energía durante el embarazo aumenta para
cubrir las demandas metabólicas de la mujer y del bebé que se está
gestando, este aumento del requerimiento sólo se produce a partir del
segundo trimestre y, en comparación con las necesidades de energía
de una mujer no embarazada, la diferencia es mínima (300 Kcal/día).
Para ponderar ese aumento del requerimiento se puede pensar que
una banana grande aporta aproximadamente 200 Kcal; una rodaja de
pan lácteo, aproximadamente 90 Kcal; una hamburguesa casera, apro-
ximadamente 90 Kcal; y un pote de yogur descremado, aproximada-
mente 100 Kcal.
Si una mujer se alimenta adecuadamente, es esperable que su au-
mento de peso sea también adecuado. Para evaluar si el aumento es
apropiado y se encuentra dentro de lo recomendable se debe utilizar
la gráfica de Índice de Masa Corporal según Edad Gestacional que se
muestran a continuación. Para mayor detalle, sugerimos que lean los
materiales anexos de este módulo donde encontrarán la gráfica y el
modo de utilizarla correctamente.
Si una mujer inicia el embarazo con sobrepeso, la ganancia total esperable será menor que si iniciara
el embarazo con peso adecuado o con bajo peso, pero siempre algo de peso deberá ganar (aproxima-
damente entre 5 a 9 kg) que representan la ganancia para el feto, la placenta y los tejidos anexos.
Aunque una mujer inicie con sobrepeso u obesidad, nunca es aconsejable el descenso de peso durante
el curso del embarazo ya que se pone en riesgo al feto. Si el aumento de peso es lento, se producirá
una aproximación del IMC al área de normalidad de la curva del gráfico sin necesidad de que la mujer
baje de peso.

12
Fuente: (Elvira Calvo et al, 2009)

Interpretación del gráfico

Cuando la ganancia de peso se ubica en la zona de obesidad de la gráfica, se considera que la emba-
razada es Obesa grado II y, en este último caso, los riesgos para la salud de la madre son importantes,
como así también para el lactante.
Si durante las sucesivas visitas de control prenatal se observara un cruce hacia arriba o por debajo de
los límites (o líneas) en la ganancia de peso, se sugerirán intervenciones oportunas (incluyendo edu-
cación alimentaria) para asegurar una ganancia de peso dentro de los parámetros normales. Ver
(MSAL, Nutrición y embarazo. Recomendaciones en nutrición para los equipos de salud, 2012).
Tal como se mencionó, la mujer no debe perder peso durante el embarazo. En caso de recibir una
consulta preconcepcional de una mujer con sobrepeso u obesidad, el equipo de salud debe recomendar
que antes de quedar embarazada normalice su peso, con asesoramiento de un profesional en nutri-
ción, por medio de una alimentación adecuada. Durante el embarazo sólo se brindarán pautas alimen-
tarias orientadas a evitar una ganancia de peso excesiva.

Recomendaciones para una alimentación saludable durante el embarazo

13
Las siguientes recomendaciones (MSAL, Guías alimentarias para la población argentina, 2016) sir-
ven como referencia para aconsejar a la madre embarazada en lo referente a una alimentación saluda-
ble. Sin embargo, siempre que se presenten situaciones de complejidad será necesaria la derivación a
un especialista en el tema.
▪ Incorporar a diario alimentos de todos los grupos.
▪ Tomar a diario 8 vasos de agua segura.
▪ Consumir a diario 5 porciones de frutas y verduras, en variedad de tipos y colores.
▪ Reducir el uso de sal y el consumo de alimentos con alto contenido de sodio.
▪ Limitar el consumo de bebidas azucaradas y de alimentos con elevado contenido de grasas,
azúcar y sal.
▪ Consumir diariamente leche, yogur o queso.
▪ Al consumir carnes quitarle la grasa visible, aumentar el consumo de pescado e incluir huevo.
▪ Consumir legumbres, cereales (preferentemente integrales), papa, batata, choclo o mandioca.
▪ Consumir aceite crudo como condimento, frutas secas o semillas.
▪ No consumir alcohol durante todo el período de gestación.

Gráfica de la alimentación saludable

14
Alimentación complementaria
Durante los primeros 6 meses de vida, el niño debe recibir únicamente de leche materna, sin ningún
otro alimento (sólido o líquido), ni agua. A partir de ese momento, se comenzará a ofrecerle alimentos
adecuados para la capacidad del niño, sin abandonar la lactancia. Para que la etapa de alimentación
complementaria transcurra adecuadamente, desde la Dirección Nacional de Maternidad, Infancia y
Adolescencia (MSAL, Guías alimentarias para la población infantil, 2010) se proponen 9 mensajes
para la alimentación de los más pequeños, a saber:

Alimentar a los bebés nada más que con leche materna durante los primeros 6 meses y
continuar amamantándolos hasta los 2 años o más. ¡Este es el mejor comienzo para la
vida!
A partir de los 6 meses, es necesario complementar la leche materna agregándole de a
poco otros alimentos diferentes, de todos los grupos que aparecen en la Gráfica de la
Alimentación Saludable.
Es importante tomarse el tiempo suficiente para darles de comer bien, con tranquilidad,
ayudándoles a que conozcan y prueben otros alimentos, y se acostumbren a ellos.
A partir del año de vida, los niños pueden compartir la mesa familiar y comer los mis-
mos alimentos que consume el resto de la familia.
Para evitar las enfermedades es importante cuidar la higiene de todos los días y, muy
especialmente, en la alimentación infantil.
La formación de hábitos alimentarios saludables se guía desde los primeros años de la
vida.
Cuando los niños se enferman, hay que darles de comer pequeñas comidas sencillas,
livianas y más seguidas. ¡No hay que reducir ni suspender la lactancia ni la comida
de un niño enfermo!
Cada cierto tiempo –todos los meses hasta que cumplen 6 meses, y luego cada dos
meses hasta que cumplen 2 años–, es muy importante hacer controlar el crecimiento y
desarrollo de los niños. Eso permite saber, entre otros datos, si están bien alimentados.
Acaricie a sus niños con ternura y demuéstreles siempre su amor, para que aprendan a
vivir en armonía, paz y tranquilidad.

Respecto de la cantidad adecuada de comida que requieren los niños durante la primera etapa de su
vida se considera que, restando la energía aportada por la leche materna, el resto debe ser aportado por
la alimentación complementaria. De ese modo:

15
La alimentación complementaria debe aportar suficiente energía, ya que un pequeño volumen debe
asegurar una adecuada nutrición para el niño. Una estrategia nutricional apropiada consiste en agre-
garles a estos alimentos una pequeña cantidad de aceites (una cucharadita), ya que brindan energía en
poco volumen y dan sabor a las comidas.
Se recomienda comenzar con papillas o purés. A medida que el niño crece y mejora su coordinación
para morder, masticar y tragar, se irá aumentando la consistencia de los alimentos (MSAL, La comida
del bebé. Recetas y recomendaciones, 2013).

A medida que el niño crece, la frecuencia de la alimentación complementaria también irá aumen-
tando. El patrón de alimentación que se recomienda seguir es:
→ A partir de los 6 meses: lactancia materna + 1 ó 2 comidas complementarias.
→ A los 7-8 meses: lactancia materna + 2 ó 3 comidas complementarias.
→ Desde los 9 a los 23 meses: lactancia materna + 3 ó 4 comidas complementarias.

¿Cómo incorporar nuevos alimentos?


Cuando el niño llega a la etapa de la incorporación de alimentos complementarios, es necesario darle
de comer despacio y con paciencia, sin presionarlo. De a poco, irá experimentando distintas combina-
ciones de sabores, olores y texturas. Se sugiere ir incorporando de a un alimento nuevo por vez, para
detectar posibles alergias y observar su tolerancia. De este modo, si se observara alguna reacción ad-
versa, se podrá identificar claramente cuál fue el alimento nuevo incorporado.
Tal como se ha mencionado, la alimentación complementaria no debe comenzar antes de los 6 meses.
Sin embargo, es igualmente importante no postergar su
inicio más allá de los 6 meses. A medida que el niño crece,
su organismo podrá ir tolerando nuevos alimentos y es im-
portante respetar estas pautas para cuidar su salud.
A la hora de ofrecer alimentos a los niños, es importante
recordar que no es necesario agregar sal (todos los ali-
mentos ya tienen sodio naturalmente) ni tampoco azúcar.
De este modo, se estarán promoviendo hábitos saludables
desde el comienzo de la vida.
Una vez que los niños comienzan a consumir sólidos, se les
debe ofrecer agua cuidando que sea agua segura. Antes del sexto mes, no es necesario el aporte de

16
ninguna clase de líquido porque la leche materna posee un 98% de agua y su introducción temprana
pondría en riesgo nutricional al niño. Las gaseosas, los jugos sintéticos o de soja no son recomendables
para los niños pequeños, pero sí se les puede ofrecer jugos naturales o licuados.
Al comenzar la alimentación complementaria, los niños experimentan la denominada neofobia, que
es el rechazo a lo nuevo, en este caso manifestado como rechazo a los alimentos. La aceptación de
nuevos alimentos puede llevar unos días y varios intentos. Sólo a los 16 meses, al madurar el cerebro,
el niño está en condiciones de aceptar todos los alimentos. A causa de la neofobia también puede
suceder que un alimento que es bien aceptado un día sea rechazado al siguiente.

Es necesario respetar siempre el apetito del niño y


no darle ni más ni menos de lo que él necesita y acepta.
La capacidad del estómago de un niño es equivalente
al tamaño de su puño cerrado, por lo que si se preten-
diera introducir un plato de puré del tamaño de un plato
de sopa en el estómago de un bebé de 6 meses, no sería
posible. A pesar de eso, con frecuencia los adultos in-
tentan forzar la alimentación, pasando por alto fácil-
mente las señales de saciedad que da el bebé, tales
como cerrar la boca, mostrarse desinteresados y girar
la cabeza cuando se aproxima la cuchara. Para asegu-
rar que el bebé esté relajado al momento de comer co-
mida sólida y para asegurar una adecuada ingesta de nutrientes, se debe ofrecer primero el pecho y
luego la alimentación sólida.

Alimentos aptos para cada etapa

A continuación, se ofrecen pautas generales para saber qué alimentos es recomendable introducir a
medida que el niño crece.

A partir de los 6 meses de edad:


▪ Papillas de cereales (arroz, fécula de maíz, harina de maíz, tapioca).
▪ Hortalizas bien cocidas (papa, batata, mandioca, zapallo y zanahoria).
▪ Carne sin grasa visible (de vaca, pollo, cerdo o conejo), a la plancha, parilla o hervida y
bien desmenuzada. La introducción de las carnes debe ser temprana por su importante
aporte de hierro.
▪ A los purés se les puede agregar salsa blanca, ricota o queso cremoso.
▪ Puré de frutas maduras (manzana, banana, pera o durazno) bien lavadas y peladas.
▪ Bebidas: agua potable.

A partir de los 7-8 meses de edad, se agregan:


▪ Cereales (harina de trigo, sémola, fideos chicos y finos, avena arrollada, cebada).
▪ Vegetales cocidos, vegetales verdes (acelga, espinaca, zapallito verde sin semillas).

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▪ Yema de huevo (cocida, agregada a purés u otras preparaciones).
▪ Papillas de legumbres tamizadas (arvejas, lentejas, garbanzos, habas, etc.).
▪ Pan ligeramente tostado o bizcochos secos o galletitas simples (sin relleno).
▪ Frutas maduras, como palta o mamón (pueden ser ofrecidas en forma de papilla).
▪ Yogur entero, con frutas o cereales.

Independientemente que existan o no antecedentes de enfermedad celíaca en la familia, es muy im-


portante que, al momento de la incorporación de trigo, avena, cebada o centeno (y sus derivados) el
niño se encuentre recibiendo pecho materno.

A partir de los 9 meses de edad:


▪ Todas las frutas y cereales.
▪ Todos los vegetales.
▪ Pulpa de tomate (sin ni piel ni semillas) y choclo rallado.
▪ Huevo entero (siempre bien cocido y picado).
▪ Pescados sin espinas (si no hay antecedentes de alergia).
▪ Dulces de batata o membrillo.

A partir de los 12 meses de edad:


A partir del año, el niño se suma a la dieta de la casa, consumiendo los mismos alimentos que el resto
de la familia.
Durante el primer año de vida es necesario que evitemos darles a los más pequeños los siguientes
alimentos:
▪ Fiambres, salchichas y hamburguesas industriales.
▪ Comidas muy picantes o condimentadas.
▪ Té de yuyos.
▪ Miel.
▪ Soja o alimentos preparados con soja.
▪ Gaseosas, jugos artificiales o bebidas a base de soja.
▪ Productos de copetín (papas fritas, palitos de maíz, etc.).

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El desarrollo del gusto
La exposición del niño a la diversidad de sabores
empieza durante el embarazo, porque el líquido am-
niótico cambia según la alimentación de la madre.
El siguiente contacto de los niños con la variedad
de sabores se hace a través de la leche humana, que
también cambia de sabor según la alimentación de
la madre. Hay estudios que demuestran que si la
madre come, por ejemplo, un caramelo de menta,
durante las 8 horas posteriores la leche tendrá sabor
a menta. Esto posibilita que los bebés que toman el
pecho posean una mayor madurez de su sentido del
gusto y acepten mejor todo tipo de alimentos, que
aquellos niños que han sido alimentados con fórmu-
las, ya que éstas tienen siempre el mismo sabor.

El momento de comer, ocasión de encuentro


El momento de comer es una ocasión especial en la que es importante crear un espacio dedicado a
los niños, una instancia más para compartir. Por esta razón se sugiere evitar distracciones, como mirar
televisión mientras se come. El momento de la comida está muy relacionado con la nutrición, pero no
debemos olvidar los aspectos sociales que ésta tiene, tan importantes como el aspecto nutritivo. Es
necesario asegurar que el momento de la comida sea tranquilo y libre de ansiedades o apuros para
lograr una adecuada conexión entre los miembros de la familia.

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Calvo E. et al. (2009). Evaluación del estado nutricional de niñas, niños y embarazadas mediante
antropometría. Recuperado de https://bit.ly/2eqZhFQ
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Macías S. et al. (2006). Leche Materna: composición y factores condicionantes de la lactancia. P.
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