10 Reglas en la crianza de los hijos de padres judíos.
1. Recompensa la independencia
En las familias normales los padres están convencidos de que los
niños triunfarán en la vida si creen que pueden hacer cualquier cosa.
Pero en las familias judías los padres creen que es más importante
que los niños piensen que pueden hacer cualquier cosa por sí mismos.
En los cafés de Israel es común ver a un niño de un año comiendo un
bistec por sí mismo. Esto ocurre porque a los niños se les permite
hacer todo por sí mismos tan pronto como son físicamente capaces de
ello.
2. Todas las cosas son difíciles antes de volverse fáciles
Para volverse independientes, los esfuerzos de los niños deben ser
reconocidos y apreciados. Si un niño inicia un nuevo hobby, a la edad
que sea, sus padres deben apoyarlo y alentarlo.
Si algo no va bien, los familiares mayores dirán “Kol haschalot kashot“,
que significa: ”Todos los comienzos son difíciles".
3. La confianza es la mejor recompensa
¿Entonces cómo debemos recompensar esos esfuerzos? No con
caramelos, eso es seguro.
En las familias judías, un niño es recompensado con confianza. Si se
le da plena confianza para hacer una tarea por sí mismo, para el niño
significa que está haciendo un buen trabajo.
4. El exterior lo es todo
Si una madre europea se fijara en cómo lucen los niños judíos cuando
pasean, enloquecería. Con frecuencia van cubiertos en barro, sus
dedos están pegajosos, sus rodillas polvorientas y les faltan algunos
botones.
La verdad es que mantener a tus niños limpios y prolijos al aire libre
toma mucho tiempo y esfuerzo de parte de los padres, así como del
niño. Lo padres judíos consideran innecesario para el crecimiento
personal y el desarrollo del niño el tener siempre limpia la ropa. A los
niños no les importa en lo más mínimo cómo lucen.
5. Aceptar el desorden
Los niños judíos con frecuencia están rodeados de caos, lo cual no
molesta a sus padres. Ellos entienden: los niños son descuidados,
tumban cosas al suelo y derraman todo a su alrededor.
6. Toda la energía se agota eventualmente
Otros padres pueden sentirse exhaustos sólo de mirar cómo se
comportan los niños judíos. Pasan todo el día corriendo y nadie les
dice "¡No te trepes ahí!", "¡No toques eso!", o "¡Cálmate!"
Los padres de niños así de enérgicos creen que es importante para los
niños dejarlos drenar toda su energía mientras aún son pequeños. De
esta manera, cuando sean adultos, serán más seguros de sí mismos y
perseverantes en todo lo que emprendan.
7. Libertad inteligente
De hecho, a los niños judíos se les permiten muchas cosas. Incluso
dibujar en el papel tapiz es visto como un signo de que el niño tiene el
potencial artístico de un gran pintor.
Sin embargo, hay una línea que incluso un niño judío no puede cruzar:
irrespetar su familia. Pintar el gato de rosado puede merecer sólo una
mirada de desaprobación, pero insultar a uno de sus padres le ganará
al chico un castigo severo.
8. Papá es el líder y también lo es mamá
El respeto por los padres se enseña desde una edad temprana. Cada
niño del hogar sabe que sus padres son los líderes y que todo lo que
él hace es de menor importancia.
De esa manera, los niños nunca dependen de sus padres para que
hagan algo por ellos o les consigan cosas, sino que intentan lograr las
cosas por sí mismos.
9. Existe el auto-control infantil
En las familias judías no se puede castigar a los niños quitándole las
cosas. En su lugar, tienen varias reglas que garantizan un beneficio
por una acción correcta. De esta manera, el niño no piensa
estrictamente en términos de restricciones y castigos, sino que
aprende a corregir su comportamiento por su propio bien.
No es por el temor a ser castigado que un niño judío no derrama el
perfume de su madre en el perro del vecino: es porque sabe que en
lugar de comprar un perfume nuevo mañana, su madre podrá comprar
comida con ese dinero.
10. Nada pasa desapercibido
Los psicólogos modernos recomiendan no elogiar a tu hijo por
cualquier cosa, de manera que estimules su desarrollo. Sin embargo,
los padres judíos están convencidos de que cualquier logro debe ser
recompensado.
Incluso si el niño de una madre judía le lleva una servilleta con un
garabato irreconocible por toda su superficie, ella encontrará un patrón
y se lo mostrará orgullosa, como si fuera una pintura, al resto de la
familia.