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Padre Pio Libro

El Padre Pío fue un sacerdote franciscano que llevó visiblemente en su cuerpo las llagas de Jesucristo por más de cincuenta años. Recibió los estigmas en 1918 y médicos no pudieron explicar sus heridas. También realizó milagros de sanación y conversión.

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Padre Pio Libro

El Padre Pío fue un sacerdote franciscano que llevó visiblemente en su cuerpo las llagas de Jesucristo por más de cincuenta años. Recibió los estigmas en 1918 y médicos no pudieron explicar sus heridas. También realizó milagros de sanación y conversión.

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EL PADRE PÍO: UN

SACERDOTE CATÓLICO
QUE REALIZÓ MILAGROS Y
LLEVÓ EN SU CUERPO LAS
LLAGAS DE JESUCRISTO
Hno. Miguel Dimond O.S.B.

1
El Padre Pío conversó con una mujer que recién había
enviudado; ella y sus dos hijos habían sido abandonados
por su marido hacía más de tres años para vivir con otra
mujer. Un cáncer repentino le había consumido la vida.
Antes de morir, él consintió en recibir los últimos
sacramentos, después de muchas súplicas insistentes.

La mujer le preguntó: “Padre, ¿dónde está su alma? No he


podido dormir de la preocupación”. “El alma de tu esposo
está condenada para siempre”, le respondió el Padre Pío.
La mujer expresó: “¿Condenado?”. El Padre Pío asintió
tristemente con la cabeza. “Cuando recibió los últimos
sacramentos, él ocultó muchos pecados. No tuvo ni
arrepentimiento ni una buena resolución. También había
pecado contra la misericordia de Dios, porque él siempre
quería tener parte de los bienes del mundo, dejando para el
final de su vida el tiempo de convertirse a Dios”.

Dos masones, que obstinadamente se oponían a Dios y a la


Iglesia católica, decidieron hacer confesiones de pecados
fantaseados para burlarse del Padre Pío. El plan era
profanar el sacramento de la penitencia. Estos hombres se
acercaron a él en distintos momentos. Al comenzar la
confesión de sus pecados inventados, el Padre Pío los
detuvo; les dijo que él sabía lo que estaban haciendo, y
después comenzó a decirles a cada uno de ellos sus
verdaderos pecados, detallando la ocasión, el lugar y cómo
los cometieron. Los dos hombres quedaron tan
asombrados, que pocos días después se arrepintieron de
sus vidas pecaminosas y se convirtieron.

Se autoriza hacer copias de la información contenida en este libro o


citar secciones de él, con la condición de indicar el nombre del autor.

Todos los derechos reservados © 2017 por el Monasterio de la Sagrada


Familia.

2
\

Arriba: una foto tomada del


estigma de la mano derecha
del Padre Pío durante la
Misa

Arriba: por obediencia el


Padre Pío muestra sus
estigmas en 1918

Abajo y a la derecha:
muestras de los calcetines y
la camisa del Padre Pío
manchadas de sangre

3
En cuanto se supo que el Padre Pío había recibido los estigmas,
grandes multitudes peregrinaban al monasterio

Fotografía del Monasterio de Nuestra Señora de la Gracia por


cerca del año 1916, la época en que ingresó el Padre Pío

4 El Padre Pío oyendo confesiones


El Padre Pío: Un sacerdote católico
que realizó milagros y llevó en su
cuerpo las llagas de Jesucristo

Hno. Miguel Dimond, O.S.B.

El Padre Pío fue un sacerdote franciscano capuchino que llevó


visiblemente en su cuerpo, por más de cincuenta años, las llagas
de Jesucristo. El Padre Pío fue también un vidente, que leía los
secretos de la mente, un profeta, un taumaturgo, confesor,
místico, asceta, y misionero a escala mundial1. Cientos de libros y
artículos se han escrito sobre el Padre Pío. Extensos artículos
sobre él aparecieron en muchas revistas, incluyendo Newsweek,
Times, y The New York Times Magazine2.

El significado de recibir los estigmas


Tener los estigmas significa llevar en el cuerpo “marcas semejantes
a las heridas del cuerpo crucificado de Cristo” 3. En la historia de
la Iglesia se han reconocido sólo unos sesenta casos de estigmas 4.

El Padre Pío fue el primer sacerdote en la historia de la Iglesia


católica que recibió los estigmas visibles, los cuales tuvo de forma
visible por más de cincuenta años. La pérdida de sangre durante
esos años fue tan grande que, según la ciencia médica, él no
habría podido sobrevivir por mucho tiempo – mucho menos
durante cincuenta años5.

1
De hecho, el Padre Pío recibió los estigmas invisiblemente el 14 de
agosto de 19106. El Padre Pío rezaba para que sus estigmas
permanecieran invisibles y ocultos ante los ojos de los hombres 7.
Pero el 20 de septiembre de 1918, mientras hacia su acción de
gracias después de una Misa, recibió los estigmas visibles. Su
director espiritual le ordenó que contara todo lo que le había
ocurrido en aquel día. El Padre Pío así describió el hecho:

“… vi a un visitante misterioso delante de mi… [cuyos] pies y


costado sangraban. La visión me espantó… Luego, la visión del
visitante desapareció, y vi que mis manos, pies y costado estaban
traspasados y sangraban. Se puede imaginar el dolor que sentí en
ese momento y que sigo experimentando casi todos los días
continuamente8. La herida del corazón sangra continuamente,
especialmente desde el anochecer del jueves hasta el sábado.
Querido Padre, me estoy muriendo de dolor a causa de la herida
y del bochorno resultante… Levantaré mi voz y nunca dejaré de
implorarle [a Dios] hasta que, en su misericordia, me quite ―no
tanto las heridas o el dolor, cosa que es imposible porque deseo
embriagarme de dolor― estas señales externas que me causan
gran vergüenza y una humillación insoportable” 9.

Sus estigmas eran heridas muy profundas que penetraban el


centro de sus manos y pies y el costado izquierdo de su cuerpo.
Sus manos y pies estaban totalmente perforados, incluso se podía
ver la luz que atravesaba la membrana que cubría sus heridas.
Llevaba guantes en sus manos (excepto durante la Misa), y
calcetines en los pies10. En el transcurso de los años, miles de
personas vieron las heridas del Padre Pío expuestas durante sus
Misas11. La venda que estaba ubicada en su costado izquierdo se
empapaba con sangre que fluía durante la noche, y tenía que ser

2
remplazada al día siguiente. Sus estigmas fueron examinados en
varias ocasiones por los doctores. La conclusión imparcial a la que
llegaban era que sus heridas no tenían explicación. Sin el permiso
inmediato de sus priores, nadie podía ver sus heridas12.

El Dr. Bignami examinó las heridas poco después de que las había
recibido el Padre Pío. Él explicó: “… no entiendo cómo estas
heridas han persistido hasta ahora por casi un año sin mejorar o
empeorar”13.

Otro hecho que corroboró la conclusión de los médicos de que la


presencia de los estigmas era inexplicable y milagrosa, fueron las
cirugías de una hernia y un quiste a las que fue sometido. Estas
afecciones se curaron normalmente, pero su estigma no curaba
debidamente14. Increíblemente, las heridas de las manos del
Padre Pío a menudo estaban al descubierto, pero permanecían
completamente libres de infección. De la herida de su costado,
que estaba siempre cubierta por un paño de lino, perdía cerca de
una taza llena de sangre todos los días15.

Otro médico, el Dr. Sanguinetti, le dijo a un amigo: “Si usted o yo


sufriéramos una décima parte del dolor que sufre el Padre Pío por
causa de sus heridas, ya estaríamos muertos” 16.

Una vez se le preguntó al Padre Pío por qué su herida del costado
era un poco diferente del lugar donde se encontraba la herida de
nuestro Señor. Él respondió: “Sería demasiado si fuera
exactamente igual a la del Señor”17. Además de los estigmas, el
Padre Pío sufrió la corona de espinas y la flagelación casi una vez
a la semana18.

3
La sangre que salía del estigma del Padre Pío a veces emanaba
una fragancia agradable “como una mezcla de violetas y rosas”.
Un médico añadió: “Hay que considerar que de todas las partes
del organismo humano, la sangre es la que más rápido se
descompone. En cualquier caso, la sangre nunca da un olor
agradable”19.

Esta milagrosa fragancia agradable también se olía en las cosas


que pertenecían al Padre Pío y en algunas cosas que tocaba.
Algunos devotos del Padre Pío han olido una fragancia
agradable, rosas, flores silvestres o un olor de humo de cigarro de
puro. Ellos creen que esto les indicaba su presencia, una
advertencia o un mensaje de algún tipo.

En los archivos del Monasterio de Nuestra Señora de la Gracia,


hay varios volúmenes de testimonios de más de mil personas
distintas que estuvieron diagnosticadas como irremediablemente
enfermas por los médicos, pero que, por la intercesión de Padre
Pío, fueron sanadas de sus enfermedades incurables y de los
efectos de las lesiones invalidantes 20. El Padre Pío también causó
la conversión de numerosos no creyentes, ateos y agnósticos – y
entre personas que decían ser católicas, pero que habían dejado la
práctica de la fe21.

La niñez de Padre Pío


La madre del Padre Pío dio a luz ocho hijos, tres de los cuales
murieron a una edad muy temprana 22. El Padre Pío nació el 25 de
mayo de 1887, su nombre era Francesco Forgione, y fue bautizado
al día siguiente23. A los cinco años de edad, Francesco era
extremadamente sensible acerca de las cosas de Dios. A esa edad

4
comenzó a tener visiones de cosas santas como también de cosas
muy malas. Esas visiones horriblemente malvadas le daban
miedo y le hacían llorar24. A Francesco (el Padre Pío) no le
gustaba salir de casa y jugar con los otros niños de su edad
porque, como él decía, “ellos no son honestos; usan malas
palabras, y dicen groserías”25.

Francesco era un niño contemplativo y dócil. A los cinco años de


edad, dijo que ya le había prometido fidelidad a San Francisco de
Asís; a los nueve años, su madre lo descubrió intentando dormir
sobre el piso duro y frío, con una piedra como almohada 26. De
niño, ya se había vuelto costumbre natural de Francesco controlar
sus ojos con modestia cuando estaba cerca de las niñas,
manteniendo la cabeza algo inclinada, con una actitud muy
reservada, y evitando el trato demasiado familiar con ellas 27.
Todas las noches, la familia del Padre Pío rezaba unida el rosario.
Había un lugar especial en su hogar destinado para el rosario. Se
podían sacrificar otras cosas del hogar, pero jamás el rosario28.

Una vez cuando joven, vio a una niña que trabajaba duro con su
aguja cosiendo una banda en un vestido. Le dijo: “Andrianella,
hoy no se trabaja. Es domingo”. Mostrando su irritación, la niña
contestó: “Mira niñito que eres muy chico para hablar de esa
manera”. Francesco la dejó, y después regresó con una tijera.
Entonces él agarró la banda en la que ella estaba trabajando y la
cortó en pedazos29.

Cuando Francesco Forgione (el Padre Pío) tenía catorce años


(1901), fue enviado a trabajar en un programa de la escuela
secundaria bajo el director Angelo Caccavo. En 1902, Caccavo le
asignó a Francesco la tarea de escribir un artículo con el título “Si

5
yo fuera rey”. Esto fue lo que escribió Francesco Forgione de
quince años de edad:

“[Si yo fuera rey] Lucharía, primero, contra el divorcio, que tantos


hombres malvados desean, y haría que las personas respeten lo
más posible el sacramento del matrimonio. ¿Qué le paso a Juliano
el Apóstata, que era valiente, sereno, y estudioso, pero que
cometió el gran error de renegar del cristianismo en el que fue
educado, porque él decidió revivir el paganismo? Su vida fue en
vano porque no logró nada más que recibir el nombre
despreciable de apóstata”30.

El 6 de enero de 1903, el Padre Pío entró a la vida religiosa como


monje capuchino31. La salud del Padre Pío era tan mala que su
profesor de teología le dijo: “Tu salud no se encuentra bien, así
que no puedes ser un predicador. Mi esperanza es que seas un
gran y concienzudo confesor”32.

Esta declaración fue profética, puesto que se cumplió de manera


increíble. El Padre Pío fue ordenado sacerdote de la Iglesia
católica el 10 de agosto de 191033.

Confesiones
Juan 20, 21-23: “Y otra vez les dijo: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me
envió, así yo también os envío’. Y dichas estas palabras, sopló sobre ellos,
y les dijo: ‘Recibid el Espíritu santo. A los que perdonareis los pecados,
perdonados le son; y a los que se los retuviereis, les son retenidos’”.

En el Evangelio de Juan, vemos que Jesucristo confiere el poder


de perdonar los pecados a los apóstoles. El poder de perdonar

6
pecados que se confiere a los sacerdotes válidamente ordenados
por un obispo desempeñaría un papel importante en la vida y
milagros del Padre Pío. Desde 1918 hasta 1923, el Padre Pío oía
confesiones de quince a diecinueve horas al día. En las décadas de
1940 y 1950, él generalmente dedicó un poco menos de tiempo a
escuchar confesiones; no obstante, le siguió dedicando entre cinco
a ocho horas al día34.

El promedio de las confesiones hechas por el Padre Pío duraban


sólo tres minutos. Según una estimación, el Padre Pío escuchó
aproximadamente un total de cinco millones de confesiones 35.

Las muchas personas que querían que el Padre Pío escuchara sus
confesiones por lo general tenían que esperar su turno por unas
dos o tres semanas36. El número de personas llegó a ser tan
grande que fue necesario abrir una oficina donde se les daba un
boleto numerado que les indicaba en qué parte se encontraban en
la fila del confesionario del Padre Pío 37. Este sistema de
enumeración comenzó a implementarse en enero de 195038. Se
estableció una regla de que nadie podía volver a confesarse con el
Padre Pío hasta que pasaran más de ocho días.

Un hombre de Padua, quien ya había ido a confesarse con el


Padre Pío, trató de ir a confesarse de nuevo antes de que se
terminara el límite de los ocho días. Para esquivar este período de
espera, mintió acerca de cuántos días habían pasado desde que
tuvo su última confesión con el Padre Pío. Cuando entró al
confesionario, el Padre Pío lo echó y lo acusó fuertemente de su
mentira. Después de ser echado, el hombre dijo con lágrimas, “He
dicho muchas mentiras en mi vida, y pensé que podía engañar al

7
Padre Pío también”39. Pero el Padre Pío tuvo un conocimiento
sobrenatural de su acción.

El Padre Pío exigía que cada confesión fuese una verdadera


conversión. Nunca toleraba una falta de honestidad en la
explicación de los pecados. Él era muy duro con aquellos que
decían excusas, o que hablaban fingidamente, o no tenían la firme
resolución de cambiar. Exigía total franqueza y honestidad de
parte del penitente. Él también exigía una verdadera contrición de
corazón, y una firmeza absoluta en las futuras resoluciones de la
persona40.

Muchos penitentes del Padre Pío hicieron la asombrosa


declaración de que cuando estaban en su confesionario ellos
experimentaban la extraordinaria impresión de estar ante el
tribunal de Dios41.

Si el penitente no era honesto, o solo leía su lista de pecados sin


tener la firme resolución de cambiar, a menudo el Padre Pío
refunfuñaba diciendo “fuera de aquí”42. Muchas personas dijeron
que el Padre Pío era brusco e irritante, que a veces cerraba la
puerta en la cara del penitente. El Padre Pío a menudo
denunciaba al penitente con una frase áspera43.

Un hombre que fue expulsado del confesionario por el Padre Pío


dijo: “¿Qué clase de monje sinvergüenza es éste? ¡Ni siquiera me
dio tiempo para decir una palabra, sino que inmediatamente me
llamó de viejo cerdo y me dijo que me fuera!”. Otra persona le
dijo a ese hombre que era probable que el Padre Pío tuviera
buenas razones de haberlo llamado viejo cerdo y tratarlo así. “No
se me ocurre por qué”, dijo el hombre que fue echado fuera del

8
confesionario; y luego después de una pausa, el hombre dijo: “a
menos que sea porque al momento estoy viviendo con una mujer
que no es mi esposa”44.

El Padre Pío también echó de su confesionario a ciertos sacerdotes


y obispos45. Una vez el Padre Pío le dijo a un sacerdote: “¡Si
supieras plenamente qué cosa tan terrible es estar ante el tribunal
del confesionario! Estamos administrando la Sangre de Cristo.
Debemos tener cuidado de no arrojarla por ser tolerante o
negligente”46.

Otro hombre fue a confesarse con el Padre Pío para ponerlo a


prueba. Quería saber si el Padre Pío podía darse cuenta que
estaba mintiendo. El hombre le dijo al Padre Pío que no había
venido para confesarse sino para pedir oraciones por unos
parientes. Esto no era verdad y el Padre Pío lo supo de inmediato.
El Padre Pío lo golpeó en la cara y le ordenó que saliera del
confesionario47.

Una mujer que había venido de un largo viaje para ver al Padre
Pío le dijo al confesarse, “Padre Pío, hace cuatro años perdí a mi
esposo y no he asistido a la iglesia desde entonces”. El Padre Pío
le respondió: “¿Por perder a tu marido, también has perdido a
Dios? ¡Vete! ¡Vete de aquí!”, mientras cerraba rápidamente la
puerta del confesionario.

Poco después de este acontecimiento, la misma mujer recuperó su


fe, atribuyéndolo a la manera como fue tratada por el Padre Pío –
probablemente porque reconoció que había puesto su cariño en
su esposo más que en Dios48.

9
Andre Mandato cuenta que cuando fue a confesarse con el Padre
Pío: “Estuve yendo a misa todos los domingos pero no tenía una
fe firme en la confesión. Iba de vez en cuando. Sólo después de ir
con el Padre Pío es que comencé a creer en la confesión, él me dijo
qué pecados había cometido”49.

Katharina Tangeri describe lo que sucedió cuando fue a


confesarse con el Padre Pío:

“… el Padre Pío empezaba preguntándonos cuánto tiempo había


pasado desde la última confesión. Esta primera pregunta
establecía el contacto entre el Padre Pío y el penitente; de repente
parecía como si el Padre Pío ya supiera todo sobre nosotros. Si
nuestras respuestas [las del penitente] no eran claras o eran
inexactas, él las corregía; nos daba la impresión de que… sus ojos
podían ver nuestras almas tal y como si estuvieran delante de
Dios”50.

El Padre Pío comentó respecto de las numerosas confesiones que


había oído, y de cómo fue capaz de hacerlas: “Hubo períodos en
los que oía confesiones dieciocho horas continuas sin
interrupción. No tenía tiempo para mí. Pero Dios me ayuda
efectivamente en mi ministerio. Siento la fuerza de renunciar a
todo, con tal que las almas regresen a Jesús y lo amen” 51.

John McCaffery se fue a confesar con el Padre Pío, y escribió


sobre su extraordinaria experiencia. McCaffery quería que el
Padre Pío rezara por algunos de sus amigos.

Así lo cuenta McCaffery: “Entonces, después de una pausa,


comencé a decirle: ‘Ah, y Padre…’, pero me interrumpió

10
sonrientemente y me dijo: ‘Sí, ¡también me acordaré de tus
amigos!’”52.

Una mujer que se llamaba Nerina Noe fue a confesarse con el


Padre Pío. Le dijo que estaba pensando en dejar de fumar; no se
esperaba la brusca respuesta que le dio el Padre Pío: “Las mujeres
que fuman cigarrillos son repugnantes”53.

Frederick Abresh era uno de esos penitentes que se había


convertido después de ir a la confesión con el Padre Pío. He aquí
algunas cosas que él describió sobre la historia de su increíble
conversión:

“En noviembre de 1928, cuando fui a ver por primera vez al


Padre Pío, habían pasado unos pocos años desde que me convertí
del protestantismo al catolicísimo, cosa que sólo hice por
conveniencia social. No tenía fe; por lo menos ahora entiendo que
yo no tenía más que una ilusión de tenerla. Habiendo sido criado
en una familia muy anticatólica e imbuida de prejuicios contra los
dogmas ―hasta tal punto que una ligera instrucción no era
suficiente para borrarlos―, siempre estaba ansioso por las cosas
secretas y misteriosas.

“Encontré a un amigo que me introdujo a los misterios del


espiritismo. Muy rápidamente, sin embargo, me cansé de estos
mensajes poco concluyentes que venían desde las tumbas; entré
fervorosamente al campo del ocultismo, en la magia de todo tipo,
etc. Luego me encontré con un hombre que declaró, con aire
misterioso, que él poseía la única verdad: ‘la teosofía’.
Rápidamente me hice su discípulo, y en nuestras mesas fuimos
acumulando libros con los títulos más tentadores y atractivos.

11
Con gran seguridad de mí mismo y presunción, utilizaba
palabras como rencarnación, logos, Brahma, maja, esperando
ansiosamente alguna nueva y grande realidad que supuestamente
tenía que ocurrir.

“No sé por qué ―aunque creo que todo fue para complacer a mi
esposa―, pero de vez en cuando seguía acercándome a los santos
sacramentos. Este era el estado de mi alma cuando, por primera
vez, escuché del cura capuchino que lo describían como un
crucifijo viviente, obrando continuos milagros.

“Aumentando mi curiosidad… decidí en ir y verlo con mis


propios ojos… me hinqué en el confesionario [y le dije al Padre
Pío que]… consideraba que la confesión era como una buena
institución social y educacional, pero que no creía en absoluto en
la divinidad del sacramento… El Padre, sin embargo, dijo con
expresiones de gran dolor, ‘¡Herejía! Entonces todas vuestras
comuniones fueron sacrílegas… debéis hacer una confesión
general. Examinad vuestra conciencia y recordad cuándo fue la
última vez que hicisteis una buena confesión. Jesús ha sido más
misericordioso con vos que con Judas’.

“Luego, mirando por encima de mi cabeza, con una mirada


severa, dijo con una fuerte voz, ‘¡Alabados sean Jesús y María!’ y
se fue a la Iglesia para oír las confesiones de las mujeres, mientras
que yo me quedé en la sacristía, profundamente conmovido e
impresionado. Mi cabeza daba vueltas y no pude concentrarme.
Aun escuchaba en mis oídos: ‘¡Recuerda cuándo fue la última vez
que hiciste una buena confesión!’. Con dificultad me las arreglé
para llegar a la siguiente decisión: Le diré al Padre Pío que había
sido protestante, y que si bien después de la abjuración fui

12
rebautizado (condicionalmente), y todos mis pecados de mi vida
pasada fueron borrados en virtud del santo bautismo, no
obstante, para mi tranquilidad, quise comenzar la confesión
desde mi niñez.

“Cuando regresó el Padre al confesionario, me repitió la misma


pregunta: ‘¿Así que cuándo fue la última vez que hicisteis una
buena confesión?’. Le respondí, ‘Padre, como yo…’ pero hasta
aquí me interrumpió el Padre, diciendo, ‘… la última vez que
hicisteis una buena confesión fue cuando regresabais de tu luna
de miel, ¡dejemos todo lo demás a un lado y comenzad desde
allí!’.

“Me quedé mudo, sacudido por un estupor, y comprendí que


había tocado lo sobrenatural. El Padre, sin embargo, no me dio
tiempo para reflexionar. Ocultando su conocimiento de todo mi
pasado, y en la manera de cuestionario, me enumeró todas mis
culpas con precisión y claridad… Después el Padre sacó a la luz
todos mis pecados mortales con palabras impresionantes, con lo
que me dio a entender la gravedad de estas mis culpas,
añadiendo con un tono de voz inolvidable, ‘Le habéis cantado un
himno a Satanás, mientras que Jesús en su ardiente amor se
rompió el cuello por vos’. Luego me dio mi penitencia y me
absolvió… Creo no solamente en los dogmas de la Iglesia católica,
sino también en lo más mínimo de sus ceremonias… quitarme
esta fe significa quitarme la vida también”54.

Joe Greco, ahora un gran devoto del Padre Pío, tuvo un sueño en
donde conoció al Padre Pío yendo por un camino y le pidió que
salvara a su padre enfermo. El padre de Joe se curó
repentinamente después del sueño. Para agradecerle al Padre Pío,

13
Joe decidió ir a verlo en persona. Después de cuatro días, Joe llegó
donde el Padre Pío para la confesión. Así describió el encuentro:

“Esto fue, de hecho, lo que me convenció; cuando el Padre Pío me


vio, me dijo: ‘Pues, tu padre ya está bien’. Esto en serio me quebró
porque nunca había visitado San Giovanni Rotondo. Nunca había
estado en esa parte del mundo, ni conocía a persona alguna de
allí. Y aun así le hice una pregunta en mi mente, diciéndome
‘¿era usted?, ¿era usted?’, y él replicó, ‘en el sueño, en el sueño’.
Empecé a temblar, estaba totalmente asustado. Le dije, ‘sí Padre,
en el sueño, Padre’. Le dije todos mis pecados, y antes de darme
la absolución me dijo: ‘ahora bien, usted sabe que hay otra cosa’
[que no ha mencionado en la confesión]. Le dije, ‘pues Padre, no
puedo recordar qué más me falta’. El Padre Pío describió a
continuación un incidente con una muchacha en el parque
cuando recién estuve en el ejército. Con eso recordé todo. Tanta
fue mi vergüenza que quería que el suelo se abriera y me tragara.
Luego le dije al Padre Pío, ‘Sí Padre, ya todo lo estoy recordando
y me temo que he olvidado confesarlo, me siento tan
avergonzado’ – ‘Pues’, dijo, ‘has estado cargando ese pecado
contigo desde 1941, y de hecho el lugar era Blackburn’. Me
levanté para irme y me dijo el Padre Pío, ‘Hay otra cosa que se te
ha olvidado’, y había una pequeña sonrisa en su rostro. Le dije,
‘Oh no Padre, en serio que ya no hay nada más que recuerde’.
Pensaba que era sobre algún pecado. Y me dijo: ‘mira en tu
bolsillo’. Entonces saque mi rosario [de mi bolsillo], se lo di, me lo
bendijo y me lo regresó. Y eso fue todo”.

Un hombre le dijo al Padre Pío en la confesión: “Pero estoy atado


a mis pecados, parece que son una necesidad para mi forma de
vida. Ayúdeme a encontrar un remedio”. El Padre Pío le dio una

14
oración a San Miguel Arcángel para que la rezara a diario por
cuatro meses55.

Don Nello Castello, un sacerdote de Padua, Italia, que había ido a


confesarse con el Padre Pío cientos de veces, recuerda sus
increíbles experiencias:

“Yo fui a confesarme con el Padre Pío por lo menos cien veces.
Recuerdo que en la primera de ellas, sus palabras me sacudieron
tanto como me iluminaron. Los consejos que él me daba
reflejaban un conocimiento exacto de toda mi vida tanto presente
como futura. A veces me sorprendía con sugerencias que no
tenían que ver con los pecados confesados. Pero con los eventos
posteriores se volvía claro que sus consejos eran proféticos. En
una confesión en 1957, me hizo cinco veces con insistencia la
misma pregunta, usando diferentes palabras, y recordándome de
una fea culpa de impaciencia. A continuación, me iluminó las
causas subyacentes que provocaban la impaciencia. Me describió
cuál debería haber sido mi actitud para evitar la impaciencia en el
futuro. Esto ocurrió sin que yo le hubiera dicho ni una sola
palabra acerca del problema. Por lo tanto, él conocía mis
problemas mejor que yo y me aconsejaba cómo corregirlos” 56.

Entre los que fueron a ver al Padre Pío, había incrédulos públicos.
Algunos iban a verlo por curiosidad, otros para burlarse del
Padre Pío y de Dios.

Dos masones, que obstinadamente se oponían a Dios y a la Iglesia


católica, decidieron hacer confesiones de pecados fantaseados
para burlarse del Padre Pío. El plan era profanar el sacramento de
la penitencia. Estos hombres se acercaron a él en distintos

15
momentos. Al comenzar la confesión de sus pecados inventados,
el Padre Pío los detuvo; les dijo que él sabía lo que estaban
haciendo, y después comenzó a decirles a cada uno de ellos sus
verdaderos pecados, detallando la ocasión, el lugar y cómo los
cometieron. Los dos hombres quedaron tan asombrados, que
pocos días después se arrepintieron de sus vidas pecaminosas y
se convirtieron57.

Un incrédulo comunista también fue donde el Padre Pío para


confesarse. En aquel entonces aún no había dejado sus creencias
malvadas. El Padre Pío lo corrió fuera del confesionario
diciéndole: “¿Qué hacéis delante del tribunal de Dios si no creéis?
¡Idos de aquí! ¡Lejos! ¡Sois un comunista!”58.

En el confesionario, el Padre Pío decía cosas como:

“¿Por qué le vendiste tu alma al demonio?… ¡Qué


irresponsable!… ¡Estáis en el camino al infierno!… ¡Oh, hombre
imprudente, id primero y obtened el arrepentimiento, y después
venid aquí…!”59.

Una persona le preguntó en la confesión sobre la existencia del


infierno. El Padre Pío le respondió, “Lo creerás cuando estés
allí”60.

El Padre Pío consideraba que la confesión frecuente era algo


necesario para el progreso en la vida espiritual. Él se confesaba
por lo menos una vez a la semana. Nunca permitía que sus hijos
espirituales dejaran pasar más de diez días sin confesión 61.

16
Una vez se le preguntó al Padre Pío: “Confesamos todo lo que
recordamos y sabemos, pero, ¿quizás Dios ve otras cosas que no
podemos recordar?”. Él respondió: “Si ponemos [en nuestra
confesión] toda la buena voluntad y tenemos la intención de
confesar [todos los pecados mortales]… todo lo que sabemos o
recordamos, la misericordia de Dios es tan grande que Él incluirá
e incluso borrará lo que no podemos recordar o saber” 62.

Por esta razón, es recomendable decir al final de la confesión, “y


confieso todos los pecados que haya olvidado y no he
mencionado en esta confesión”.

El Padre Pío sobre las modas modernas


1 Timoteo 2, 9: “Asimismo, que las mujeres se presenten en hábito
honesto, con recato y modestia…”.

Gálatas 5, 19: “Bien manifiestas son las obras de la carne, las cuales son
adulterio, fornicación, impureza…”.

El Padre Pío tenía una opinión muy enérgica sobre las modas de
vestir en la mujer. Cuando salió la moda de la mini falda, ninguna
se atrevía a ir al monasterio del Padre Pío vestida tan
inapropiadamente. Otras mujeres no iban con mini faldas, pero sí
con faldas que eran cortas. El Padre Pío se molestaba mucho con
esto. Una mujer cambió su falda antes de presentarse a la
confesión; una amiga le prestó una falda más larga. Cuando entró
al confesionario, el Padre Pío abrió la ventanilla y la cerró de
golpe diciendo: “¿Pues qué? ¿Acaso nos estamos disfrazando
para un carnaval?”63. Toda mujer que se acercaba a la confesión
con una falda que no llegara al menos a 20 cms. por debajo de las

17
rodillas era despedida inmediatamente sin que tuviera la
oportunidad de confesarse64. Si otras mujeres se presentaban
arregladas inadecuadamente, eran echadas por el Padre Pío, a
veces gritándoles: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!”65.

El Padre Pío no toleraba ni las faldas apretadas ni los vestidos


cortos o escotados. También prohibió a sus hijas espirituales usar
medias transparentes. Su dureza aumentaba cada año. Echaba del
confesionario a las mujeres incluso antes de entrar, si es que
percibía su manera inapropiada de vestir. En muchas mañanas
tuvo que echar a una tras otra, terminando oyendo apenas unas
pocas confesiones. También hizo que se colocara un letrero en la
puerta de la iglesia, que decía:

“Por el deseo explícito del Padre Pío, las mujeres deben entrar a
su confesionario vestidas con faldas de al menos 20 cms. por
debajo de las rodillas. Está prohibido pedir prestados en la iglesia
vestidos largos para luego usarlos en la confesión”.

El Padre Pío reprendía a algunas mujeres con palabras como,


“Váyanse a vestir”. A veces añadía: “¡Payasas!”. A ninguna le
daba la aprobación, ya sea que fueran conocidas de él o las haya
visto por primera vez o fueran hijas espirituales desde hace
tiempo. En muchos casos, las faldas llegaban hasta varios
centímetros debajo de las rodillas, pero aun así no eran
suficientemente largas para la severidad del Padre Pío. Los
muchachos y hombres tenían que vestir con pantalones largos, si
es que no querían ser echados de la iglesia 66.

18
Sobre los pecados de impureza
Jacinta de Fátima: “Los pecados que llevan más almas al infierno son los
de la carne”.

Era bien conocido entre los sacerdotes más ancianos que el Padre
Pío no estaba en contra de usar un lenguaje duro, áspero, y
chocante, como ya lo hemos visto. Esto era aún más cierto cuando
trataba con los casos de impureza, escándalo, calumnia, y
pecados contra la maternidad. No perdonaba a estas personas sin
darles primero su reprensión, y a menudo una muy dura. A los
pecadores más serios a menudo los amonestaba con una dura
advertencia, a otros les negaba la absolución porque no estaban lo
suficientemente preparados67. El Padre Paolo Rossi, el postulador
general de los capuchinos, declaró: “El Padre Pío tenía un carácter
fuerte”68.

Un hombre que era infiel con su esposa le confesó al Padre Pío


que él estaba teniendo “una crisis espiritual”. El Padre Pío se
levantó y le gritó, “¿Qué crisis espiritual? Eres un vil cerdo y Dios
está enojado contigo. ¡Vete!”69.

Otra mujer joven le confesó que ella cometía pecados contra la


pureza. Sin embargo, sabía que cuando regresara a casa caería de
nuevo en la misma tentación y volvería a cometer el pecado. Ella
carecía del firme propósito de enmienda (la firme resolución de
cambiar su vida y dejar de pecar, condición esencial para hacer
una confesión válida). El Padre Pío se negó absolverla. Regresó de
nuevo e hizo la misma confesión, pero el Padre Pío de nuevo no
la absolvió. Esto ocurrió cuatro veces sucesivas. Antes de su
quinta confesión, ella se dijo a sí misma: “Prefiero morir que

19
cometer este pecado otra vez”, y estaba pensando en eso durante
toda su confesión. El Padre Pío la examinó detenidamente, y
luego la absolvió70.

Una mujer que había cometido un aborto conoció al Padre Pío.


Ella le dijo, “Yo no sabía que el aborto era pecado”, a lo que él
replicó: “¿Cómo asíque no sabía que era pecado? ¡Eso es
asesinato… es un pecado, un grandísimo pecado!”71.

Una mujer le dijo que había leído libros inmorales. El Padre Pío le
preguntó: “¿Ha confesado esto antes?”. “Sí”, replicó. “¿Qué le dijo
el confesor?”, preguntó el Padre Pío. “Que no lo volviera a hacer”,
le respondió. Sin decir ninguna palabra, el Padre Pío le cerró la
ventanilla del confesionario en su cara y comenzó a escuchar la
siguiente confesión72.

La influencia del Padre Pío en las personas


El que Dios se haya servido del Padre Pío para interceder
milagrosamente por otros era algo tan conocido, que las personas
en el área le tenían un apego profundo, incluso absurdo. Cuando
se dio a conocer que quizá el Padre Pío iba a ser transferido a otra
localidad, la gente local intentó impedirlo con amenazas violentas
si se lo llevaban. Esto, por supuesto, fue una decisión terrible y
pecaminosa de parte de esas personas. Ello sirve para mostrarnos,
sin embargo, que la intercesión milagrosa del Padre Pío era muy
bien conocida entre las personas.

En agosto de 1923, los superiores del Padre Pío le dijeron que iba
a ser transferido. El 10 de agosto de 1923, un hombre llamado
Donato se acercó al Padre Pío y apuntándole con una pistola, le

20
dijo, “Muerto o vivo, se quedará con nosotros aquí en el pueblo”.
De inmediato la gente se interpuso ante Donato y lo
desarmaron73.

La gente solía cortar pedazos del hábito del Padre Pío para
quedárselos como reliquias. El Padre Pío dijo de esto: “¡Mire lo
que hacen! ¡Esto es paganismo! Debo ser duro con ellos” 74.

El Padre Pío restaura la vista a los ciegos


Un ciego le pidió al Padre Pío que le restaurara su vista “aunque
fuese sólo en un ojo”, para que pudiera ver los rostros de sus
seres queridos. El Padre Pío le preguntó repetidas veces, “¿Sólo
en un ojo?”. Él Padre Pío le dijo al hombre que tuviera un buen
corazón y que rezaría por él. ¡Algunas semanas después el
hombre regresó con lágrimas para agradecerle al Padre Pío
porque su vista estaba restaurada! El Padre Pío le dijo: “Así que,
¿ya puede ver otra vez normalmente?”. El hombre replicó, “Sí, de
este ojo, no del otro”. El Padre Pío dijo: “¡Ah! ¿Sólo de un ojo?
Que sea una lección para usted. Nunca ponga límites a Dios.
¡Siempre pida la gracia más grande!”75.

Un joven le pidió al Padre Pío que lo curara de su ceguera. El


Padre Pío le preguntó: “¿Quieres que se te restaure tu vista o
salvar tu alma?” El hombre respondió: “Si debo elegir
estrictamente, prefiero mejor salvar mi alma”. “Es una elección
estricta”, le dijo el Padre Pío, y fue algo muy amargo y duro de
aceptar para el joven76.

En 1919, un sacerdote llamado Padre Carlo Naldi vino junto con


su amigo judío, Lello Pegna. El sacerdote le explicó que Pegna

21
recientemente se había quedado totalmente ciego. Fueron donde
el Padre Pío para ver si él lo podía curar. El Padre Pío le dijo a
Pegna: “El Señor no te concederá la gracia de su visión física a
menos que primero recibas la visión de tu alma. Después de que
seas bautizado, entonces el Señor te concederá tu visión”.

Meses después, Pegna regresó sin los anteojos negros que


normalmente llevaba puestos. Pegna le explicó al Padre Pío que, a
pesar de la oposición de su familia, él se había hecho cristiano y
fue bautizado. Al principio, él estaba desanimado porque
continuaba con su ceguera, pero después de unos meses, su
visión regresó. Los médicos que le habían dicho anteriormente a
Pegna que estaba ciego sin esperanzas, se vieron obligados a
admitir que su visión estaba en perfectas condiciones. El P.
Paolino se mantuvo en contacto con Lello Pegna por casi treinta
años, e informó que su visión aún seguía perfecta77.

¡Una niña sin pupilas puede ver!


Gemma di Giorgi era una niña que había nacido sin pupilas en
sus ojos. Gemma fue declarada incurable por numerosos
especialistas. A los siete años de edad (1947), la abuela de Gemma
la llevó a conocer al Padre Pío78. A la mitad del camino, Gemma
comenzó a ver. La abuela de Gemma y sus otros amigos se
maravillaron de este suceso milagroso; ¡lo llamaron un milagro!
Cuando Gemma llegó, el Padre Pío, aunque nunca la había visto
antes, la llamó por su nombre delante de la congregación en la
iglesia, y oyó su confesión. Durante la confesión, a pesar del
hecho de que Gemma no mencionó nada de su ceguera, el Padre
Pío hizo la señal de la cruz en cada ojo. Al final de la confesión, la
bendijo, y le dijo: “Sed buena y santa” 79.

22
Décadas después de este evento, Gemma ve perfectamente y ha
continuado siendo examinada por especialistas que están de
acuerdo en admitir que no hay explicación para su capacidad de
ver. Gemma no tiene pupilas, y es un hecho científico que sin las
pupilas nadie puede ver. La abuela de Gemma también dijo:
“Muchos oculistas han venido a nuestro hogar y todos ellos han
declarado lo mismo: que sin las pupilas, la persona no puede ver
y que, por lo tanto, esto es un milagro” 80.

La Sra. Dryden explica cómo el Padre Pío se involucró en la


curación de su hija. “Cuando se enfermó mi hija de cáncer de
cérvix hace seis años, el médico le pronosticó cinco años de vida.
En su último chequeo le habían dicho que ella estaba
completamente curada. Creo que todo esto se debió al Padre Pío.
Un amigo católico me habló de él, así que le hice oración y confié
en él. No soy católica, pero creo que esto fue un milagro” 81.

Historias como estas son numerosas. Hay muchas otras historias


de curaciones físicas e intervenciones especiales del Padre Pío que
no voy a relatar aquí, puesto que este folleto no se enfoca en las
curaciones físicas milagrosas. Hay muchos libros donde se
pueden leer los testimonios de personas que fueron curadas
milagrosamente por la intercesión del Padre Pío; algunos se
dedican principalmente a este tema82.

Historias personales
El Padre Pío habló con una mujer que recién había enviudado; su
esposo la había dejado junto con sus dos hijos para irse a vivir con
otra mujer por más de tres años. Repentinamente el cáncer le

23
arrebató la vida. Consintió en recibir los últimos sacramentos
antes de su muerte, después de muchas súplicas insistentes.

La mujer le preguntó: “¿Dónde está su alma, Padre? No he


podido dormir, preocupada por ello”. “El alma de tu esposo está
condenada para siempre”, le respondió el Padre Pío. La mujer
replico: “¿Condenada?”. El Padre Pío asintió con la cabeza
tristemente. “Cuando recibió los últimos sacramentos, él oculto
muchos pecados. También fue un pecador contra la misericordia
de Dios porque él decía que siempre quería disfrutar de las cosas
buenas de la vida y que después tendría tiempo para convertirse
a Dios”83.

Otra mujer le dijo a su novio que no podría casarse con él hasta


que él se decidiera a regresar a la Iglesia. Molesto y cínico, accedió
a ir con ella al monasterio del Padre Pío. Fueron juntos a la misa
más temprana. Durante la Misa la muchacha se quedó
sorprendida al ver cómo su novio se quedaba viendo el altar,
pálido y como sobresaltado. “¿Esto ocurre a diario?”, le dijo a ella
silenciosamente. “Sí”, respondió ella perpleja, ignorante de la
razón de su rara pregunta. Sólo después, cuando salieron de la
Iglesia fue que él le explicó claramente su reacción. Él había visto
un montón de espinas sobre la cabeza del Padre Pío, y sangre que
le corría por su rostro; y pensaba que todos estaban viendo lo que
él veía84.

Un día un sacerdote le llevó al Padre Pío una pareja de esposos


para que los bendijera. Tres de sus hijos estaban en la prisión por
robo. El Padre Pío les dijo:

24
“¡Absolutamente me rehusó a bendecirlos! Ustedes no pudieron
tomar las riendas cuando sus hijos estaban creciendo, así que no
vengan a pedir mi bendición ahora que ellos están en la cárcel” 85.

Alberto Del Fante era un periodista que despreciaba al Padre Pío.


Lo denunciaba en sus revistas como un charlatán que se
aprovechaba de la gente crédula. Unos años después, el nieto de
Del Fante, Enrico, cayó con una enfermedad renal y tuberculosis.
Los médicos tenían pocas esperanzas de que Enrico se recuperara.
Los parientes de Enrico viajaron a ver al Padre Pío y le pidieron
que rezara por él. El Padre Pío les aseguró que el muchacho se
recuperaría. Desesperado e inquietísimo, el mismo Del Fante dijo:
“Si Enrico se recupera, yo mismo haré peregrinación a San
Giovanni Rotondo”. Estaba convencido de que nada pasaría, pero
el muchacho se curó. Del Fante se quedó profundamente
conmovido por este milagro, y fue a ver al Padre Pío que lo
ayudó a regresar a Dios. Después de la conversión de Del Fante,
él se convirtió en un dedicado promotor del Padre Pío86.

Una mujer cuya hija había muerto recientemente en un parto fue


donde el Padre Pío. La mujer no podía pensar en otra cosa más
que en el fallecimiento de su hija. El Padre Pío le dijo: “¿Y por qué
lloras tanto por ella cuando ya está en el paraíso? Harías mejor en
poner más atención a las actividades de tu hija de diecisiete años
que llega tarde en la noche de los bailes y entretenciones” 87.

Un joven de Roma se avergonzaba de su costumbre de inclinar su


sombrero cuando pasaba frente de una iglesia católica. Tenía
miedo de que sus amigos se burlaran de él. Pero una vez escuchó
la voz del Padre Pío en su oído diciendo: “cobarde”. Después,

25
conoció al Padre Pío en persona y sin decirle nada el Padre Pío le
dijo, “¡Para la próxima vez será una caja de sonido en el oído!”.

Una señora anciana le dijo al Padre Pío: “Padre, hoy cumplo


sesenta. Dígame algo bonito”. El Padre Pío le dijo en voz baja: “Se
acerca la muerte”88.

Una vez en que el Padre Pío se acercaba al altar le dijo a un


hombre que tomaba fotografías que no tomara más de una o dos
fotos durante la misa. La persona estuvo de acuerdo, pero luego
tomó dos rollos enteros. Todas salieron en blanco89.

Un doctor tomó una sola foto del Padre Pío, y luego decidió que
tomaría más fotos. Cuando el doctor ajustaba su cámara y estaba
a punto de tomar una más, el Padre Pío le dijo: “¡No, doctor; no
más fotografías, por favor!”. “¡Claro Padre, disculpe!”. Y luego el
doctor procedió a tomar una tras otra. Todas salieron en blanco,
excepto aquella foto que el doctor tomo antes que se le
prohibiera90.

Cesare Festa era un abogado y primo del médico personal del


Padre Pío. Festa decidió ir y ver al famoso sacerdote de quien su
primo le había hablado tanto. Cuando se conocieron, el Padre Pío
le dijo, “Tu eres masón”. En una expresión arrogante de lealtad a
la logia, Festa dijo: “Sí, Padre”. “¿Y cuál es tu tarea como masón?”
le preguntó el Padre Pío. “Luchar contra la Iglesia en la esfera
política”, replicó Festa. El Padre Pío le dijo entonces a Festa cosas
que lo convencieron de que el Padre Pío no podía haber tenido
conocimiento de él y de su pasado excepto por medios
sobrenaturales91.

26
Un comunista se acercó al Padre Pío y comenzó a hablarle. El
Padre Pío lo interrumpió diciendo, “¿Me permite ver su tarjeta de
membresía?”. El hombre tomó su cartera y se la dio. El Padre Pío
tomó la tarjeta y la rompió en pedazos92.

Una vez el Padre Pío le dijo a un hombre llamado Antonio,


“¿Cómo puedes llamarte católico y comunista al mismo tiempo?
Elija ya. O es lo uno o lo otro, pero no los dos”. Estas palabras
sacudieron a Antonio, y lo hicieron renunciar al comunismo y
regresar a la fe católica93.

Giovanni da Prato era taxista y un comunista violento. Cuando se


emborrachaba, da Prato a veces golpeaba a su esposa. Una tarde
él había hecho justamente eso, y estaba tambaleándose en su
cuarto, y se lanzó sobre la cama. En aquel instante, empezó a
sentir que la cama se sacudía fuertemente desde la base inferior
de la cama, y mirando asombrado hacia abajo vio a un fraile
sosteniendo la base y que lo miraba con enojo. El fraile le dijo
claramente lo que pensaba de él [de Prato] y de su
comportamiento, y luego desapareció. El violento comunista
Giovanni se levantó de su cama, rápidamente cerró con llave la
puerta, y le gritó a su esposa: “Ahora bien, ¿dónde está ese tal
monje?”.

Dejando a un lado sus negaciones y protestas, Giovanni buscó


por toda la casa y no encontró a nadie. Pasado algún tiempo,
recuperó suficientemente la sobriedad como para convencerse de
la paciencia de su esposa. Su esposa le había rezado al Padre Pío
para que la ayudase; se preguntaba si lo que había sucedido era la
respuesta a sus oraciones. Le dijo a su esposo que ella creía que
era el Padre Pío quien se le apareció en el cuarto. Giovanni dijo

27
severamente, “Mira, ningún monje se burla de mí. Voy a ir a ver a
este Padre Pío tuyo y oír lo que él tiene que decir por sí mismo.
¡También sabré si puede volar!”.

Algunos días después, fiel a sus palabras, Giovanni hizo un largo


viaje en su taxi para ver al Padre Pío. Llegó y encontró al Padre
Pío. Luego de reconocerlo, le habló. Se quedó totalmente
sorprendido y el Padre Pío lo llevo a la confesión. Después de su
confesión, Giovanni admitió: “Lo que había olvidado, él me lo
hizo recordar. Estaba llorando…”. Al final de su confesión,
Giovanni sacó su tarjeta de membresía del partido comunista y le
pidió al Padre Pío que la destruyera. “Sí, lo haré. Pero tienes otras
de estas tarjetas en tu ropero cerca de la cabecera de la cama.
Destruye esas también cuando llegues a casa”. El Padre Pío luego
le dijo, “Has dado un gran escándalo, y ahora debes hacer algo
para pagar por ello. Como penitencia irás todos los domingos a la
Santa Comunión en la última misa en la iglesia principal hasta
cuándo yo te diga que pares”. En aquellos días, la regla del ayuno
era de abstenerse de toda comida solida desde la media noche
hasta la Santa Comunión. Giovanni tuvo que hacer esto durante
gran parte del año. Él era una figura importante entre sus
compañeros comunistas, pero ahora sólo era regularmente un
“santo común y corriente”. Él desafiaba a algunos de los
comunistas que conocía diciéndoles: “¿Por qué no vienen
conmigo y ver cómo les va?”. Mes tras mes los comunistas iban a
ver al Padre Pío; siempre se impresionaban y a veces se
convertían94.

Un hombre llamado Francis escribió en la revista oficial del Padre


Pío relatando cómo el Padre Pío le había ayudado. Él escribió:
“Como pueden ver del domicilio de arriba, estoy en una prisión

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en Inglaterra. He estado aquí por cinco años… No se preocupen
que no culpo a nadie, excepto a mí mismo por estúpido. Sí, yo soy
el culpable… Yo soy alcohólico y ahí fue donde comenzó todo el
problema… Una noche estaba durmiendo y soñé con el Padre Pío,
advirtiéndome que si no paraba de beber terminaría con muchos
problemas. Pues no le puse mucha atención al sueño y hoy en día
estoy en una prisión, sentenciando a cadena perpetua… No
entraré en detalles, pero aún sigo rezando mi rosario y por
supuesto mi novena al mismo buen hombre” 95.

Otra historia interesante enviada a la revista es la del R. Van


Gisbergen: “Soy un hombre de Holanda de veintiochos años de
edad… De pequeño estaba en contra de todo tipo de religiosidad.
Mis padres me llevaban a la iglesia los domingos, pero cuando
tenía la oportunidad trataba de escaparme. Sí, algo en mí estaba
en contra de Dios. Mi vida estaba llena de todo tipo de pecados
contra Dios… En esa época a veces trataba de suicidarme y estaba
lleno de odio contra mí mismo, contra las personas y contra el
mundo… El 23 de septiembre de 1988, el diablo se me apareció en
un sueño y yo tenía mucho miedo. Antes de este sueño no creía ni
en Dios ni en el diablo. El diablo se me apareció en la forma de
cabezas de perros y dragones con lenguas llenas de sangre.
Estaba en verdadero pánico. Luego vino un monje con una barba
y un hábito café. Me dijo: ‘¡No temáis hijo mío, yo te protegeré
por el Dios todopoderoso!’. E inmediatamente desperté y había en
mí un gozo y felicidad inexplicables…

“De todos modos, llamé a mi madre y le conté sobre el sueño. Me


pidió que fuera a visitarla. Fui donde ella y me mostró un libro
llamado: Padre Pio de Pietrelcina. Mi madre lo abrió y olía como a
perfume,… Después ojeé las páginas y no lo podía creer ante mis

29
ojos porque en la foto que me mostraba aparecía el mismo monje
de mi sueño. Exclamé: ‘… este es el mismo hombre de mi sueño’.
Mi madre estaba maravillada… de repente escuché en holandés,
‘ven a mi tumba, ven a mi tumba’. Su voz era tan clara… y el año
pasado le agradecí al Padre Pío… en su tumba” 96.

Bilocación
El Padre Pío era conocido también por su don de bilocación: el
don de estar en más de un lugar simultáneamente. Si bien casi
nunca dejó su monasterio, un obispo vio al Padre Pío en la
beatificación de Santa Teresa. También fue visto en la tumba del
Papa San Pío X97.

En 1916, un general italiano llamado Cadorna sufrió una terrible


derrota en la batalla. Bajo su liderazgo hubo muchas víctimas, y
como resultado fue despedido del cargo. El general tomó su
pistola, y estaba a punto de suicidarse cuando el Padre Pío se le
apareció en frente de él en su tienda. El Padre Pío le dijo que
pusiera a un lado su pistola. Después de terminada la guerra, el
general, que nunca había conocido al Padre Pío, visitó el
monasterio en San Giovanni Rotondo. Inmediatamente reconoció
al Padre Pío como el monje que se le había aparecido en su
tienda98.

El Padre Pío visto en el aire


Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos pilotos americanos
e ingleses recibieron la orden de bombardear el área de San
Giovanni Rotondo en Italia. Cuando estaban a punto de dejar caer
las bombas, los pilotos reportaron haber visto en el aire a un

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monje que, con sus manos extendidas los convenció de no dejar
caer las bombas. Después reconocieron que era el Padre Pío quien
se les había aparecido en el aire99. Un presbiteriano, el coronel
Loyal Bob Curry, reportó lo mismo. El coronel Curry sirvió en el
Grupo de Bombas no. 464 de la Fuerza Aérea Decimoquinta, bajo
el general Nathan F. Twining, desde diciembre de 1944 hasta que
su avión fue derribado, y él fue tomado prisionero por los
alemanes un mes después. Él oyó sobre las apariciones del Padre
Pío en el aire. Curry declaró: “Todo el mundo hablaba de ello,
tanto los militares americanos como los italianos que estaban a
cargo de los cuarteles”100.

De su trato con los ángeles


A menudo, el Padre Pío recomendaba a las personas que, si
querían enviarle un mensaje o una petición, se la podían enviar
por medio de su ángel guardián. El P. Dominic, que se encargaba
de la correspondencia americana para el Padre Pío, le preguntó:
“Padre… una mujer quiere saber que si ella le envía a su ángel
guardián, ¿llegará?”. A lo que él respondió: “Dígale que su ángel
no es como ella. ¡Su ángel es muy obediente, y cuando ella lo
envíe, él vendrá!”101.

El Padre Pío vivió en contacto cercano con su ángel guardián, que


le enseño a traducir cartas en francés y griego. El ángel le
ayudaba al Padre Pío a quedarse despierto para que los dos
cantaran alabanzas a Dios. El ángel del Padre Pío también le
aliviaba los dolores que sufría de las palizas que recibía de los
demonios102.

31
El Padre Pío tenía muchos nombres para su ángel guardián,
incluyendo: pequeño ángel, amigo, hermano, compañero,
conductor, secretario, mensajero celestial, compañero de mi
infancia, y otros103.

Padre Pío, Carta del 20 de abril de 1915: “Repite seguido la


hermosa oración: ‘Ángel de Dios, mi querido guardián, a quien el
amor de Dios me ha confiado, permanece a mi lado en este día
para iluminarme y cuidarme, gobernarme y guiarme’” 104.

Un abogado llamado Attilio De Sanctis estaba completamente


maravillado por el hecho de que había manejado su auto por 45
km mientras dormía y sin sufrir un accidente. Durante su visita al
Padre Pío, le pregunto qué había ocurrido en aquella noche que
manejó por kilómetros mientras estaba dormido. El Padre Pío le
dijo a De Sanctis: “Usted se durmió y su ángel guardián manejó el
auto por usted”105.

El Padre Pío dijo sobre los ángeles lo siguiente: “Los ángeles nos
envidian por sólo una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios” 106.

El Padre Pío escribió lo siguiente a su director espiritual el 5 de


noviembre de 1912:

“Yo no puedo explicarle a usted cómo estos sinvergüenzas [los


demonios] me golpean. A veces pienso que voy a morir. El
sábado, me pareció que ellos realmente quisieron matarme, yo no
sabía a qué santo pedirle ayuda. Yo me dirigí a mi ángel de la
guarda, suplicándole ayuda, me hizo esperar largo tiempo, y
finalmente, él voló alrededor de mí y con su voz angélica cantó
los himnos de alabanza a Dios… Yo le reproché amargamente,

32
porque me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de
que yo lo había llamado urgentemente; y por castigo, yo no quise
mirarlo a la cara; yo quería mantenerme alejado, escaparme de él.
Pero él, pobre criatura, me cogió casi en lágrimas y me sostuvo
hasta que yo lo miré fijamente en la cara y lo vi acongojado.
Luego me dijo: ‘Yo siempre estaré cerca de ti, mi joven
amado…’”107.

El Padre Pío sobre el diablo


Una vez el Padre Pío le dijo a un grupo de personas que el
número de los demonios activos en el mundo era mayor que el de
todas las personas que han vivido desde Adán108.

El Padre Pío también dijo: “Si todos los demonios que están aquí
tomaran forma corpórea, ¡ellos taparían la luz del sol!” 109.

En un tiempo durante su vida, el Padre Pío fue director espiritual


de muchachos en un seminario. Una noche un muchacho se
despertó por unas risas desdeñosas, por el ruido de pedazos de
hierro siendo retorcidos y arrojados al suelo, y de cadenas
golpeando el piso, mientras se le escuchaba susurrar al Padre Pío
una y otra vez, “¡Oh, mi Madonna!”, Al día siguiente, el
muchacho examinó los herrajes de apoyo de las cortinas
alrededor de la cama del Padre Pío, y descubrió que todas las
piezas estaban torcidas. También miró al Padre Pío y lo vio “con
un ojo hinchado, medio enfermo” 110. Esta historia circuló entre los
seminaristas, que luego le preguntaron al Padre Pío sobre ello. El
Padre Pío replicó y describió lo que había ocurrido con el fin de
convencer a los muchachos de la necesidad absoluta de la oración
en la batalla con el demonio. El Padre Pío dijo:

33
“¿Quieren saber por qué el demonio me dio una paliza terrible?
Fue porque yo, como su padre espiritual, estoy dispuesto a
defenderlos a cada uno de ustedes”. Identificando al muchacho
de nombre, continuó: “Él estaba sufriendo una fuerte tentación
contra la pureza, y cuando llamó a la Madonna, él también me
estaba llamando espiritualmente para que lo ayudara. Me
apresuré de inmediato en asistirlo, y con la ayuda del Rosario de
Nuestra Señora tuve éxito. El muchacho que recibió la tentación
durmió hasta la mañana, mientras que yo entré en la batalla,
sufriendo los golpes, pero gané la pelea”111.

Un ex seminarista, del cual el Padre Pío había sido director


espiritual y confesor, escribió que él y sus compañeros
escuchaban el ruido espantoso de barras de hierro golpeando el
cuarto del Padre Pío. También escucharon el sonido como de un
tren viajando a alta velocidad en un túnel 112. Uno de los
estudiantes, que luego fue el P. Matrice, también explicó cómo en
una noche se despertó debido a un alboroto terrible que venía del
área donde dormía el Padre Pío. Él describe haber escuchado “un
estallido de risas burlonas y un sonido de barras de hierro siendo
retorcidas, así como también de cadenas que se arrastraban por el
suelo”113.

Las increíbles torturas que los demonios


infligieron al Padre Pío
El Padre Pío se encontraba normalmente en su cuarto por la
noche. Los fuertes ruidos que se escuchaban asustaban a los
frailes. Cuando iban al cuarto del Padre Pío, ellos encontraban

34
que él estaba “empapado de sudor, y sus ropas debieron ser
cambiadas desde la cabeza hasta los pies”114.

Ciertas personas que iban al monasterio no creían en los informes


de dichas ocurrencias extrañas; se burlaban como siendo el
producto de la imaginación de un monje. Una vez el obispo
Andre D’Agostino fue invitado al monasterio. Tomaba la historia
del Padre Pío como una fábula medieval. Sin embargo, mientras
comía con los frailes, se asustó por un gran ruido en el techo. Se
puso pálido y tembló115. El asistente del obispo, que comía en el
cuarto de huéspedes, corrió al refectorio lleno de miedo. El obispo
estaba tan asustado que no quiso dormir solo durante la noche. Al
día siguiente se fue del monasterio y nunca más regresó 116.

Temprano una madrugada, después de que todos se hubieron


dormido, el Padre Pío escuchó un golpe en su puerta. Parecía ser
el P. Agostino (su director espiritual) pidiéndole entrar. El Padre
Pío dijo, “Pase… ¿para qué viene?… ¿Cómo llegó aquí?”. El P.
Agostino le dijo: “Dios me envió. Está descontento contigo”. El
Padre Pío se quedó sorprendido: “¿Qué?”, mientras se levantaba
de la cama. “No, no, no es necesario que se levante. Sólo vine a
decirle que Dios no aprueba su práctica de penitencia”. El Padre
Pío le dijo: “Si en verdad fuiste enviado por Dios, debes darme un
signo. Te pido que digas el nombre de Jesús”. En ese momento,
los labios de Agostino se separaron y comenzó a reírse; su voz
cambió. El Padre Pío trató de alcanzar y tocar su túnica marrón.
La aparición desapareció, dejando un hedor fuerte de azufre 117.
Hablando de este acontecimiento, en una carta del 28 de julio de
1914, el Padre Pío dijo: “El demonio, como usted sabe, es un
artífice del mal… puede engañarlo por alguna ilusión o aparición
diabólica disfrazado como un ángel de luz… Este infeliz apóstata

35
incluso sabe cómo disfrazarse de capuchino y actuar muy bien su
papel. Le pido que le crea a uno que ha experimentado este tipo
de cosas”118.

En una carta a su director espiritual del 18 de diciembre de 1912,


el Padre Pío dijo: “La otra noche, el demonio se me apareció de
una forma como uno de nuestros Padres y me dio un mandato
estricto del Padre providencial de que no le escribiera más a
usted, porque ello era contra la pobreza y un serio obstáculo para
la perfección. Confieso mi debilidad, querido Padre, porque lloré
amargamente, creyéndolo que era real. Nunca hubiera tenido ni
siquiera la menor sospecha de que se trataba de una de las
trampas del ogro si no fuera por el ángel que me reveló el
fraude”119.

El Padre Pío era atacado muy frecuentemente por los demonios a


quienes él llamaba “demonios impuros” y “monstruos feos”.
Ocurrían asaltos interiores y exteriores, que incluían aullidos,
temblores, ruidos, y objetos que volaban. Un incidente lo
describió a su director espiritual:

“Era tarde en una noche y empezaron a asaltarme con sus ruidos


diabólicos. Aunque no veía nada al principio, entendí quién
estaba haciendo el ruido extraño. En vez de asustarme, me
preparé para la batalla enfrentándolos con una sonrisa burlona.
Luego, se me aparecieron en las apariencias más detestables.
Después, para que abusara de la gracia de Dios, me empezaron a
tratar con guantes de seda. Pero gracias al cielo los vencí muy
bien, y los traté según lo que valían. Cuando vieron que sus
esfuerzos eran inútiles se lanzaron sobre mí, me tiraron al suelo, y
me dieron terribles golpes, lanzando en el aire almohadas, libros

36
y sillas, dejando escapar al mismo tiempo gritos desesperados y
pronunciando palabras extremadamente sucias”120.

En una carta a su director espiritual del 14 de octubre de 1912, el


Padre Pío dice: “El diablo quiere el fin absoluto de toda relación y
comunicación con usted. Amenazándome con que si me niego
obstinadamente en hacerle caso, me hará cosas que ni la mente
humana puede concebir” 121.

Hablando del diablo y sus demonios, el Padre Pío reveló la


increíble ferocidad de su malicia demoníaca: “El ogro se niega a
admitir la derrota. Se me ha aparecido en casi todas las formas.
En los últimos días, me ha visitado junto con unos de sus satélites
armados con palos y armas de hierro y, lo peor, en sus mismas
apariencias como demonios”122.

El Padre Pío reveló más de los increíbles sufrimientos que el


demonio le hizo padecer: “¿Quién sabe cuántas veces me ha
tumbado de la cama y me ha arrastrado por el cuarto?… La otra
noche fue una de las peores. Desde las diez de la noche, cuando
me fui a acostar hasta las cinco de la mañana, ese malvado no
paró de golpearme,… En serio pensé que era la última noche de
mi vida; o, si no moría, me volvería loco. A las cinco de la
mañana, cuando se fue el malvado, todo mi ser estaba envuelto
en un frío que me hacía temblar de cabeza a los pies. Esto me
duró unas horas. Sangraba por la boca…” 123.

En otras ocasiones, el Padre Pío describió las reacciones de los


demonios cuando recibió una carta de su director espiritual:
“Cuando recibí su carta hace poco y antes de abrirla, esos
miserables me dijeron que rompiera la carta o me echarían al

37
fuego. Si hacía eso, ellos se irían para siempre y ya no me
molestarían más. Me quedé en silencio sin darles ninguna
respuesta, mientras que en mi corazón los despreciaba. Luego
añadieron: ‘Queremos que esto sea meramente una condición
para nuestro retiro. Al hacerlo, no mostrarás ningún desprecio a
nadie’. Les dije que nada me haría cambiar de opinión. Se
arrojaron ellos mismos hacia mi persona como si fueran muchos
tigres hambrientos, maldiciéndome y amenazándome de hacerme
pagar por ello. ¡Mi querido Padre, cumplieron su palabra! A
partir de ese día en adelante me han golpeado todos los días”124.

El demonio se aparecía a veces en la forma de un feo gato negro,


o como una joven mujer desnuda haciendo bailes impuros, o bajo
la apariencia de Cristo crucificado, de su padre espiritual, de su
Padre provincial, de su ángel guardián, de nuestra Señora, o de
San Francisco125. En otras ocasiones el demonio le escupía en su
cara y lo atormentaba con ruidos ensordecedores 126.

A veces el Padre Pío se refería al diablo y sus demonios como: “el


ogro, sinvergüenzas, espíritu maligno, miserable impuro, bestia
inmunda, esos canallas, espíritu malvado, bestia horrible, bestia
maldita, apóstata infame, apóstata impuro, aullantes bestias
salvajes, engañador maligno, príncipe de las tinieblas” 127.

Una tarde del 5 de julio de 1964, un grito de ayuda se escuchó en


el monasterio: “¡Mis hermanos, ayúdenme!”. Era el Padre Pío
pidiendo ayuda. Sus hermanos corrieron en su auxilio y lo
encontraron postrado en el piso, sangrando de la nariz y de la
frente, y con varias heridas sobre su ceja 128.

38
Una vez, el maligno le habló a través de una persona poseída, y le
gritó: “¡Padre Pío, no te robes nuestras almas y no te
molestaremos!”129.

Un hijo espiritual le dijo al Padre Pío, “Padre, algunas personas


niegan la existencia del diablo”; a lo que respondió el Padre Pío:
“¿Cómo pueden dudar de su existencia cuando yo lo veo
alrededor de mi todo el tiempo?” 130.

En otra ocasión, el demonio entró al confesionario y pretendió


hacer una confesión. El Padre Pío recuerda este suceso increíble:

“Un día por la mañana, mientras confesaba a los hombres, un


señor alto y delgado vestido de una manera muy refinada y con
buenos modales se presentó ante mí. Cuando se hincó, este
desconocido empezó a confesar sus pecados que eran de toda
clase contra Dios, contra el prójimo, contra la ley moral; ¡todas
eran aberrantes! Una cosa me llamo la atención. Después de
reprender a todas estas acusaciones, utilizando la palabra de
Dios, la enseñanza de la Iglesia, y la enseñanza moral de los
santos para respaldar mis palabras, este misterioso penitente
contrapesó mis palabras, justificando, con gran habilidad y rara
gentileza, toda clase de pecados, quitándoles toda la malicia y
tratando, al mismo tiempo de hacer que todo acto pecaminoso
pareciera normal, natural, humanamente indiferente. Y esto no
sólo eran pecados horribles contra Jesús, nuestra Señora y los
santos,… sino también pecados que eran moralmente sucios y
groseros que llegaban a los niveles más nauseabundos
imaginables.

39
“Las respuestas que este misterioso penitente daba de vez en
cuando a mis argumentos, con sutileza y malicia algodonosas, me
causó una terrible impresión. Me preguntaba: ‘¿Quién es este?
¿De qué mundo viene? ¿Quién es?’. Y traté de verle
cuidadosamente la cara para quizás poder reconocer algo de los
rasgos de su cara, y al mismo tiempo oír muy cuidadosamente
cada palabra para que ninguna se me escapase y pudiera pesarlas
en todo su significado. En cierto momento, por medio de una luz
interior, vívida y brillante, percibí claramente quién era el que
estaba ante mí. Y con tono decisivo e imperativo le dije: ‘Diga:
¡Viva Jesús! ¡Viva María!’. En cuanto pronuncié estos nombres tan
dulces y poderosos, Satanás desapareció inmediatamente en un
destello de fuego, dejando un olor sofocante” 131.

En una carta del 2 de marzo de 1917, el Padre Pío dijo: “Debes


encomendarte a Dios cuando seas asaltado por el enemigo; debes
esperar en Él y contar con todo lo bueno de Él. No pongas
atención a lo que el enemigo te esté presentando. Recuerda que el
que huye es el que gana…” 132.

El Padre Pío también explicó que el demonio no puede dañarnos


espiritualmente a no ser que se lo permitamos:

“El demonio es como un perro loco amarrado con una cadena.


Más allá del largo de la cadena no puede atrapar a nadie. Por lo
tanto, mantén tu distancia. Si te acercas mucho te atrapará.
Recuerda, el demonio sólo tiene una puerta por la cual puede
entrar a tu alma: la voluntad. No hay puertas secretas ni ocultas.
Ningún pecado es un verdadero pecado si no lo consentimos
voluntariamente”133.

40
El Padre Pío dijo: “No tengo ni un minuto de tiempo libre; todo se
emplea en liberar a los hermanos de las garras de Satanás.
¡Bendito sea Dios! La caridad más grande consiste en liberar a las
almas apresadas por Satanás y ganarlas para Cristo” 134.

Al final de la vida del Padre Pío (a la edad de 80) ni siquiera era


capaz de voltearse él solo en su cama. El Padre Pío también tenía
que recibir ayuda para sentarse y levantarse de su silla. Cuando
estaba en su silla, rezando el rosario, de repente era lanzado al
piso por el demonio135.

El Padre Pío dijo: “Si el demonio pega un grito, esa es buena


señal: lo aterrorizante es cuando él está tranquilo y en concordia
con el alma del hombre” 136.

Los sufrimientos del Padre Pío


Una de las principales razones por las que el demonio odiaba
tanto al Padre Pío era porque él estaba ganando muchas almas
por causa de sus sufrimientos. Él muchas veces comentó sobre el
alcance de estos increíbles sufrimientos.

Padre Pío: “El Padre celestial no ha cesado de permitirme


compartir los sufrimientos de su Hijo Unigénito, incluso
físicamente. Estos dolores son tan intensos que son absolutamente
indescriptibles e inconcebibles”137.

El Padre Pío dijo que sus sufrimientos podrían compararse “a los


que experimentaron los mártires cuando eran incinerados vivos o
muertos brutalmente por ser testigos de su fe en Jesucristo” 138.

41
Padre Pío, 25 de noviembre de 1915: “Mi condición se está
volviendo inaguantable y permanezco vivo únicamente por un
milagro”139.

Padre Pío, Carta, 3 de noviembre de 1915: “El Señor me hizo


experimentar las penas que sufren los condenados en las regiones
infernales”140.

Padre Pío, Carta, 13 de agosto de 1916: “… No estoy exagerando


cuando digo que las almas del purgatorio no sufren ningún dolor
mayor [al mío]”141.

Padre Pío: “… Estoy sufriendo mucho y siento que me estoy


muriendo todo el tiempo”142.

Hablándole a una persona acerca de algunos de sus sufrimientos


físicos, el Padre Pío dijo: “No es tanto durante el día. Cuando los
acontecimientos del día comienzan, una cosa me lleva a la otra, y
así se pasa el día. Más bien son las noches. Si alguna vez se me
permite el sueño, el dolor de estas (y él levantó las manos para
indicar sus llagas de los estigmas) se intensifican sin medida”143.

Contestándole a una persona que le preguntó si sus estigmas le


dolían, el Padre Pío dijo: “¿Usted cree que el Señor me las dio de
adorno?”144.

Padre Pío: “Sólo imagínense la angustia que sentí entonces y que


aún sigo experimentando prácticamente todos los días. Las llagas
en mi corazón sangran abundantemente…” 145.

42
“… He sido consciente de que hay en mí algo que se siente como
una hoja de hierro que se extiende desde la parte inferior de mi
corazón a la parte derecha debajo de la espalda. Ello me causa un
dolor muy fuerte y no me deja descansar”146.

El Padre Pío rechazó toda clase de calefacción artificial, de gas o


eléctrica, incluso calefacción a carbón para las frías noches del
invierno147.

Una vez el Padre Pío pasó veintiún días sin comer, salvo
únicamente la Sagrada Comunión. “Debes comer”, le dijo el
superior. “Por favor, no puedo”. “Debes hacerlo”, insistió el
superior y a los pocos minutos el Padre Pío vomitaba todo lo que
trataba de comer148. El Padre Pío a menudo no tenía apetito,
pasaba periodos de vómito y sudores. A veces tenía momentos de
fiebre alta, desconcertando a los médicos, que no sabían cómo
curarlo149.

Algunas de las temperaturas del Padre Pío eran tan altas que el
mercurio salía disparado del termómetro. Algunos termómetros
ordinarios se quebraban bajo su axila150. En una ocasión,
utilizando un termómetro diferente que no se quebraba, su
temperatura llegó hasta los 53° C151.

A veces la fiebre le subía repentinamente a 51,7º C (125 grados


Fahrenheit) sin motivo alguno. El P. Michaelangelo, un
franciscano que vivía con él, dijo: “Ningún termómetro ordinario
podía medir la temperatura del Padre Pío,… Estuve presente una
vez cuando el médico quiso tomarle su temperatura y ver si se
quebraba el termómetro. El Padre Pío dijo: ‘¡No, se quebrará el

43
termómetro!’. En un instante, ¡bum! El mercurio subió y se
quebró de inmediato”152.

Un médico hablando con otro médico sobre las altas temperaturas


del Padre Pío, declaró: “Cuando le tomé la temperatura, se salió
de la escala inmediatamente. Tuve que pedir un termómetro
especial, y anoche registró 51,7° C y esta mañana 48,9° C. No
debería ni siquiera estar vivo”153.

El Padre Pío comentó sobre el sufrimiento: “No hay sufrimiento


soportado por amor a Cristo, aunque mal soportado, que no sea
recompensado en la vida eterna. Por la confianza y fe en los
méritos de Jesús, incluso el barro más pobre se convertirá en el
oro más fino que brillará en el palacio del Rey del cielo”154.

Una vez nuestro Señor le habló de la siguiente manera al Padre


Pío sobre sus sufrimientos: “Mi hijo, necesito víctimas con el fin
de apaciguar la ira justa y divina de mi Padre: renueva tu
sacrificio y hazlo sin reservas”155.

Padre Pío: “Si las personas sólo entendieran el valor del


sufrimiento, ellos no buscarían el placer, sino únicamente el
sufrimiento”156.

El Padre Pío también comenzó a padecer problemas de la vista


tan temprano como el 18 de noviembre de 1912157. El 30 de enero
de 1915, el Padre Pío escribió: “… mi vista… mejora de vez en
cuando”158.

44
El Padre Pío tuvo un sufrimiento adicional de ser llamado al
servició militar por un periodo de tiempo, a pesar de su increíble
estado de salud física159.

Otro sufrimiento (aunque no físico) fue el hecho de que si bien


Dios a menudo le dejaba claro el estado de las demás almas, el
Padre Pío permanecía en obscuridad respecto al estado de su
propia alma160. El Padre Pío dijo: “En las otras almas, por la gracia
de Dios, puedo ver claramente, pero en la mía no veo más que
oscuridad”161.

El Padre Pío quiso ser misionero


Cuando se daba la posibilidad de que el Padre Pío fuera
transferido a otro lugar, él estaba siempre dispuesto a ir, sin
embargo, prefería el campo misionero. Incluso les escribió a sus
superiores pidiéndoles permiso de ir a trabajar como misionero
en la India. Este permiso le fue denegado162.

El Padre Pío dijo: “Cuánto deseo, y qué feliz sería, si pudiera estar
en la India para ofrecer mi pobre trabajo en propagar la fe. Pero si
esa buena fortuna no está reservada para mí, sino para otras
almas más nobles y más queridas a Jesús, ejerceré mi misión con
humildad y con oración fervorosa y eficaz”163.

La comida y el dormir
En 1945, la ingestión de comida del Padre Pío era de tres y media
onzas por día [aproximadamente 100 gramos], sin embargo, su
peso corporal superaba los 77 Kg.164. La cantidad de comida y

45
bebida que el Padre Pío consumía no hubiera sido suficiente para
sustentar la vida de un infante 165.

Cuando el Padre Pío conseguía dormir bien, algo que no era


frecuente, no dormía más de dos o tres horas. Muchas noches se
las pasaba sin dormir en absoluto. Esta carencia de sueño
maravillaba a los médicos; ellos se desconcertaban de cómo era
posible que él pudiera trabajar sin un sueño reparador166.

La oración y el Padre Pío


Cuando el Padre espiritual del Padre Pío le pidió que redoblara
sus oraciones, el Padre Pío le dijo que esto no era posible porque
su tiempo era “empleado en oración”167.

El Padre Pío dijo: “Lo que le falta a la humanidad hoy en día es


oración”168.

Padre Pío: “Buscamos a Dios en los libros, pero es en la oración en


donde lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón
de Dios”169.

Padre Pío: “Toda oración es buena cuando es acompañada por


buenas intenciones y buena voluntad”170.

El Padre Pío les recomendaba a las personas que hicieran breves


oraciones mentales, ofreciendo todo lo que hicieren a Jesucristo,
no importando qué tan trivial fuese171.

46
Padre Pío, Carta, 14 de diciembre de 1916: “Intenten practicar la
oración mental, esto es, la santa meditación, y que sea
habitualmente sobre la vida, pasión y muerte de Jesús” 172.

El Padre Pío hacía que sus penitentes rezaran la siguiente oración:


“¡Mi pasado, oh Señor, a tu Misericordia, mi presente, a tu Amor,
mi futuro, a tu Providencia!”173.

El Padre Pío dijo: “El Señor sólo me permite recordar a las


personas y cosas que Él quiere que recuerde. De hecho, en varias
ocasiones nuestro Señor misericordioso me ha sugerido personas
a quienes nunca he conocido o he oído de ellas, con el único fin de
que las tenga presentes ante Él e interceda por ellas, y, en este
caso, Él nunca falla en responder a mis pobres oraciones. Por el
contrario, cuando Jesús no quiere responderme, me hace olvidar a
aquellas personas por las que yo había decidido e intentado
firmemente rezar”174.

En una carta del 16 de septiembre de 1916, el Padre Pío dijo:


“Recen por el restablecimiento del reino de Dios; por la
propagación de la fe; por la exaltación y triunfo de nuestra santa
madre, la Iglesia. Recen por… los infieles, por los herejes y por la
conversión de los pecadores”175.

El Padre Pío sobre las distracciones en la oración: “No debes


distraerte voluntariamente. Pero si eres distraído, continúa en la
oración, y tendrás gran mérito, puesto que nuestro Señor sabe que
no eres un ángel que le hace oración, sino una pobre mujer. Reza
sin parar. Y cuando te sea difícil concentrarte, no pierdas más
tiempo en considerar el por qué te sucede. Por ejemplo, es como
un viajero que pierde su camino. En cuanto se da cuenta que está

47
en el camino equivocado, inmediatamente se coloca nuevamente
en el camino correcto. Así debes continuar tú en la meditación sin
detenerte a pensar en tu falta de concentración” 176.

El Padre Pío sobre la Santísima Virgen y el


Rosario
La devoción del Padre Pío a la Virgen María tenía su raíz en la
verdad de que Jesús quiere específicamente dicha devoción. Jesús
decidió venir a la tierra por María. De la misma manera, Jesús
quiere que nosotros lleguemos a Él por ella; puesto que su alma
glorifica al Señor. Como lo enseña la Escritura:

“Dijo María: Mi alma magnifica al Señor y exulta de júbilo mi espíritu


en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva; por
eso todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho
en mí maravillas el Todopoderoso, cuyo nombre es santo”. (Lucas 1, 46-
49)

La Escritura nos da una clara profecía sobre la devoción que


“todas las generaciones” de cristianos (católicos) tendrán a la
Madre de Dios. Incluso dice lo mismo que el Avemaría que rezan
los católicos: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu
vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros
pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte”.

La Sagrada Escritura también nos señala que la Virgen María es el


Arca de la Nueva Alianza. El Arca de la Antigua Alianza era un
arca que contenía las Tablas de la Ley que Dios le dio a Moisés en
el monte Sinaí. La divina presencia de Dios o la nube de su gloria

48
(“shekinah”) habitaba en el Arca. Por eso el Arca tenia poderes
misteriosos sobre los enemigos de Dios (1 Reyes/1 Samuel
capítulos 5-6). En Éxodo 40, 34-35, el Antiguo Testamento usa la
palabra “cubrió” (“episkiasei” en griego) para describir cómo la
nube de gloria de Dios o su presencia visible (el “Shekinah”)
cubrió el Templo y el Arca de la Antigua Alianza. En Lucas 1, 35
nos encontramos con la misma palabra, usada para describir al
Espíritu Santo cubriendo a María, ya que ella es el Arca de la
Nueva Alianza, el templo viviente de la verdadera Palabra de
Dios (Jesucristo).

Lucas 1, 35: “El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre
ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo
engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios”.

En el Evangelio de San Lucas la Virgen María es identificada


claramente como la nueva y perfecta Arca de la Alianza, el
tabernáculo viviente de la divina presencia, Jesucristo. Téngase en
cuenta el increíble paralelo que nos da la Escritura en lo que le
ocurrió al Arca de la Antigua Alianza en los primeros dos libros
de Reyes (o de Samuel), y lo que le ocurrió al Arca de la Nueva
Alianza, la Santísima Virgen María, en el Evangelio de San Lucas.

2 Reyes (o 2 Samuel) 6, 9: “Por lo que David concibió en aquel día un


gran temor al Señor, y dijo: ¿Cómo ha de venir a mi casa el arca del
Señor?”.

Lucas 1, 43: “[Isabel dijo:] ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor


venga a mí?”.

David dice: “¿Cómo ha de venir a mi casa el arca del Señor?” e


Isabel se pregunta cómo es que “la madre de mi Señor viene a

49
mí”. Isabel dice lo mismo acerca de María de lo que David dijo
del Arca; porque María es el Arca de la Nueva Alianza. Esto se
confirma sin ninguna duda al relatar aún más la historia de 2
Reyes. Poco después que David dijo: “¿Cómo ha de venir a mi
casa el arca del Señor?” leemos que el Arca se quedó tres meses
con Obededom de Get.

2 Reyes (o 2 Samuel) 6, 11: “Estuvo, pues, el arca en casa de Obededom


de Get tres meses y bendijo el Señor a Obededom y toda su casa”.

De la misma manera, en Lucas capítulo 1 leemos que María (el


Arca de la Nueva Alianza) se quedó con Isabel por tres meses.

Lucas 1, 56: “María permaneció con ella [Isabel] como unos tres meses,
y se volvió a su casa”.

Nótese que así como el Arca se quedó tres meses con Obededon y
el Señor bendijo la casa; de la misma manera, María (el Arca) se
quedó con Isabel por tres meses, y el Señor bendijo su casa
concediéndole un nuevo niño, como leemos en Lucas 1, 57.

Luego leemos que David bailó y saltó delante del Arca cuando
vino a su presencia.

2 Reyes (o 2 Samuel) 6, 16: “Al entrar el arca del Señor en la Ciudad de


David, Micol, hija de Saúl, mirando desde una ventana, vio al rey David
bailando y saltando delante del Señor; y lo despreció en su corazón”.

En el mismo capítulo de Lucas leemos que el niño en el vientre de


Isabel saltó ante María (el Arca).

50
Lucas 1, 41: “En cuanto oyó el saludo de María, la criatura saltó en su
vientre, e Isabel fue llena del Espíritu Santo”.

En el Apocalipsis también se ve que la Virgen María es


identificada con el Arca de la Alianza.

Apocalipsis 11, 19: “Se abrió el templo de Dios, que está en el cielo, y
dejóse ver el arca del testamento en su templo, y hubo relámpagos, y
voces, y rayos, y un temblor y granizo fuerte”. Apocalipsis 12, 1:
“Apareció en el cielo una gran señal, una mujer vestida del sol, con la
luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”.

Cuando la Biblia fue escrita no tenía capítulos ni versículos. La


división de la Biblia en capítulos y versículos se hizo en el siglo
XII. Por lo tanto, el autor del Apocalipsis, el apóstol San Juan,
escribió su libro de manera continua, sin división de capítulos y
versículos. Así, las palabras que terminan en el capítulo 11 siguen
inmediatamente con las palabras que comienzan en el capítulo 12,
sin ninguna división mayor. Esto significa que la aparición del
arca al final del capítulo 11 ―“dejóse ver el arca del testamento en
su templo” (Apoc. 11, 19)― se explica inmediatamente por la
visión de la “mujer” vestida del sol, que es como se inicia el
capítulo siguiente (Apoc. 12, 1). Esto nos indica, nuevamente, que
la “mujer” vestida del sol, que dio a luz a la Persona divina en su
vientre (la Virgen María), es el Arca del Nuevo Testamento.

Como se puede ver, Dios utiliza tipos y prefiguras en la Escritura.


El tipo del Antiguo Testamento ―un evento real en la historia del
pueblo de Dios― es prefigura del cumplimiento del Nuevo
Testamento. La necesidad de que el pueblo elegido de Dios
tuviera que pasar por el agua en el mar Rojo es un tipo de la
necesidad del bautismo de agua para la salvación. El Cordero

51
pascual es un tipo de la muerte de nuestro Señor en la Cruz. El
maná milagroso en el desierto, relatado en el libro del Éxodo, es
un tipo de la Eucaristía. El Arca de la Alianza en el Antiguo
Testamento es claramente un tipo de nuestra Señora.

El cumplimiento del Nuevo Testamento es mucho mayor que el


tipo del Antiguo Testamento. Nuestra Señora, como es
tabernáculo viviente de la presencia divina, es mucho mayor que
el Arca de la Alianza del Antiguo Testamento. El Arca del
Antiguo Testamento guardaba la palabra de Dios, pero el Arca
del Nuevo Testamento guardaba al Verbo de Dios encarnado.
Moisés colocó el maná del desierto dentro del Arca de la Antigua
Alianza, pero María tuvo al verdadero pan vivo que ha bajado del
cielo (Juan 6), Jesucristo. Moisés también colocó el bastón de
Aarón dentro del Arca, que eventualmente florecía para mostrar
al verdadero Sumo Sacerdote; mientras que María contuvo al
verdadero y eterno Sumo Sacerdote, Jesucristo. El Arca del
Antiguo Testamento estaba cubierta con oro puro (Éxodo 25, 11)
sin mancha de aleación, pero el Arca de la Nueva Alianza es la
persona humana más perfecta que haya vivido sin ninguna
mancha de pecado original o actual – llena con una
superabundancia de la gracia de Dios: “llena de gracia” (Lucas 1,
28). Oza fue herido de muerte por tocar el Arca de la Antigua
Alianza (2 Reyes/2 Samuel 6, 6-8), y María es perpetuamente
virgen que no “conoce varón”, intocable y preservada por Dios
por un privilegio especial (Lucas 1, 34).

Desde luego que el Nuevo Testamento siempre es mayor que el


tipo del Antiguo Testamento, el poder del Arca de la Nueva
Alianza (María) sobre los enemigos de Dios es mucho mayor que
el poder del Arca del Antiguo Testamento.

52
El Padre Pío entendía todo esto. El Padre Pío decía muchas veces:
“Quisiera tener una gran voz lo suficientemente fuerte para
decirle a todos los pecadores del mundo que amen a María. Ella
es el mar que debemos cruzar para alcanzar a Jesús”177. Arriba de
la puerta del Padre Pío estaban escritas las palabras: “María es la
razón de toda mi esperanza”178.

El Padre Pío dio la siguiente recomendación: “Recen el Rosario y


recítenlo siempre y lo más que puedan” 179.

Una persona dijo: “Siempre lo veíamos con su rosario en la mano:


en el monasterio, en los pasillos, en las escaleras, en el santuario,
en la Iglesia, incluso en el breve intervalo de ir y venir del
confesionario”180. Otra persona añadió: “Al final cuando ya no
nos hablaba, le decíamos nuestros pensamientos. Le pedíamos
ayuda. Y todo lo que él nos mostraba era el rosario, siempre,
siempre”181.

Hablando de nuestra Señora, el Padre Pío dijo: “Toda gracia pasa


por sus manos”182.

El Padre Pío les instruyó a sus hijos espirituales: “En todo tiempo
libre que tengáis, una vez terminados sus deberes de estado,
deben hincarse y rezar el Rosario. Recen el Rosario ante el
Santísimo Sacramento o ante un crucifijo”183.

Con respecto al Rosario, la misma Señora le dijo al Padre Pío:


“Con esta arma vencerás”. Convencido del poder del Santo
Rosario, el Padre Pío siempre sostenía el Rosario en sus manos.
Cuando se acercaba su muerte, le recomendó a sus hijos

53
espirituales el Rosario al decirles: “Amen a nuestra Señora y
hagan que sea amada. Siempre recen el Rosario”184.

El Padre Pío sobre el Rosario como arma


Unos pocos días antes de morir, al acostarse, el Padre Pío dijo a
los frailes que se encontraban en su cuarto: “¡Denme mi arma!”. Y
los frailes, sorprendidos y curiosos, le preguntaron: “¿Cuál arma?
¡No vemos nada!”. El Padre Pío replicó: “¡Está en mi hábito, que
acaban de colgar!”. Después de buscar en los bolsillos de su
hábito religioso, los frailes le dijeron: “¡Padre, no hay ningún
arma en su hábito!… ¡sólo pudimos encontrar su rosario aquí!”.
Inmediatamente dijo el Padre Pío: “¿Y esa no es un arma?... ¡¿la
verdadera arma?!”185. El Padre Pío llevaba el rosario alrededor de
su brazo en la noche186.

Algunas otras visiones dadas al Padre Pío


El Padre Pío recibió muchas visiones fascinantes y asombrosas en
su vida. En marzo de 1913, el Padre Pío le escribió a su confesor,
el P. Agostino, y le dijo lo siguiente:

“El viernes por la mañana, todavía estaba en cama cuando se me


apareció Jesús. Estaba muy triste y molesto. Me mostró una
multitud de sacerdotes regulares y seculares, entre ellos varios
dignatarios eclesiásticos. Algunos celebrando el Santo Sacrificio
de la Misa. Otros poniéndose las vestiduras sagradas; otros se las
estaban sacando.

“Ver a Jesús angustiado me daba mucho dolor, entonces le


pregunté por qué sufría tanto. No me respondió, sino que se

54
quedaba mirando hacia esos sacerdotes. Cuando se cansó de
mirarlos, apartó la vista. Levantando los ojos hacia mí, dos
lágrimas corrieron por sus mejillas. Se alejó de la multitud de
sacerdotes con una expresión de desdén y desprecio, exclamando:
‘¡Verdugos!’. Luego dirigiéndose a mí me dijo: ‘Mi hijo, no creáis
que mi agonía duró solamente tres horas. No, yo estaré en agonía
hasta el fin del mundo por aquellos a quienes les he dado la
mayor parte. Durante mi agonía, hijo mío, no debemos dormir.
Mi alma busca unas pocas gotas de piedad humana. Pero ay, por
desgracia, me han dejado solo bajo el peso de la indiferencia. La
ingratitud e indiferencia de mis ministros hacen que mi agonía
sea mucho más difícil de llevar. Ay, cómo me retribuyen mi amor.
Lo que me causa más pena es que ellos añaden desprecio e
incredulidad a su indiferencia. Cuántas veces estuve a punto de
destruirlos, pero fui retenido por los ángeles y por las almas que
me aman. Escríbele a tu confesor y dile todo lo que has visto y lo
que has escuchado esta mañana. Dile que le muestre la carta al
provincial”187.

Mientras rezaba en la iglesia, el Padre Pío escuchó a Jesús decir lo


siguiente: “¡Con qué ingratitud me pagan mi amor por el hombre!
Estaría menos ofendido por ellos si los hubiera amado menos. Mi
Padre ya no quiere soportarlos más. ¡Yo mismo quiero dejar de
amarlos, pero, ay! ¡Mi corazón está hecho para amar! Hombres
débiles y cobardes, no se esfuerzan para superar la tentación y en
realidad se deleitan en su maldad. Las almas por quienes tengo
una predilección especial me fallan cuando son puestas a prueba,
los débiles se dejan llevar por el desaliento y la desesperación,
mientras que los fuertes se relajan gradualmente. En las iglesias
me dejan solo durante la noche, solo durante el día. Ya no les
importa el Sacramento del altar. Casi nadie habla de este

55
Sacramento de amor, y los que sí, hablan, ay, con gran
indiferencia y frialdad. Mi corazón es olvidado; nadie piensa más
en mi amor y continuamente estoy apenado. Para muchas
personas mi casa se ha convertido en un centro de diversión,…
He aquí, hijo mío,… las muchas personas que actúan
hipócritamente y me traicionan con comuniones sacrílegas,
pisoteando la luz y la fortaleza que continuamente les doy…”188.

El Padre Pío y el purgatorio


2 Macabeos 12, 46: “Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por
eso hizo el sacrificio expiatorio por los muertos, para que fuesen
absueltos de los pecados”.

Mateo 12, 32: “…pero quien hablare contra el Espíritu Santo no será
perdonado ni en este siglo ni en el venidero”.

1 Cor. 3, 13, 15: “Sepa que la obra de cada uno ha de manifestarse. Por
cuanto el día del Señor la descubrirá, como quiera que ha de manifestarse
por medio del fuego; y el fuego mostrará cuál es la obra de cada uno. …
Si la obra de alguno fuere quemada, será suyo el daño; no obstante, él no
dejará de salvarse, si bien como quien pasa por el fuego.”.

Una noche, el Padre Pío estaba sentado solo en un cuarto absorto


en la oración, cuando de pronto entró un hombre viejo y se sentó
junto a él.

“Lo miré pero no se me ocurría cómo pudo haber entrado al


monasterio a esa hora. Le pregunte: ‘¿Quién es usted? ¿Qué
quiere?’. El hombre respondió: ‘Padre Pío, yo soy Pietro di
Mauro, apodado Precoco. Morí en este monasterio [en un

56
incendio] el 18 de septiembre de 1908, en el cuarto número 4. Aún
sigo en el purgatorio, y necesito una Misa para liberar mi alma.
Dios me permitió venir donde usted y pedirle sus oraciones’.
Después de oír su historia, le dije: ‘Puede quedarse tranquilo que
mañana celebraré la Misa por su liberación”.

El Padre Pío luego dijo que la Misa que celebró al día siguiente,
liberó del purgatorio al alma del hombre. Uno de los sacerdotes
del monasterio buscó en los registros del pueblo y encontró que
tal individuo efectivamente había muerto bajo las circunstancias
descritas por el Padre Pío189.

Un día, en el monasterio vieron que el Padre Pío dejó la mesa y


empezó a hablar como si estuviera conversando con alguien. Pero
no había nadie cerca del Padre Pío como para que él le hablase.
Pensaron que el Padre Pío se estaba volviendo loco, y le
preguntaron con quién hablaba. “Oh no se preocupen, sólo les
hablaba a algunas almas que estaban en su camino del purgatorio
al cielo. Se detuvieron para agradecerme porque los recordé en mi
Misa de esta mañana”190.

El Padre Pío dijo: “Son más las almas de los difuntos del
purgatorio que de los vivos que suben esta montaña para asistir a
mis Misas y pedirme oraciones”191.

Una vez alguien le preguntó al Padre Pío cómo se podría evitar el


purgatorio. Él respondió, “Aceptando todo de la mano de Dios.
Ofreciéndole todo con amor y agradecimiento; eso nos permitirá
ir de nuestros lechos de moribundos al paraíso”192.

57
El cielo
1 Cor. 2, 9: “… Ni el ojo vio, y ni el oído oyó, ni vino a la mente del
hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman”.

El Padre Pío dijo lo siguiente sobre el cielo: “El cielo es todo gozo,
un continuo gozo. Estaremos constantemente agradeciéndole a
Dios. Es inútil tratar de explicar exactamente lo que es el cielo
porque no lo podemos comprender. Pero cuando el velo de esta
vida sea quitado, entenderemos las cosas de una manera
diferente”193.

“… en las noches cuando cierro mis ojos, se corre el velo y puedo


ver abrirse el paraíso ante mí: y alegre por esta visión duermo con
una sonrisa, con la dulce beatitud en mis labios y con un rostro
perfectamente tranquilo…” 194.

El Padre Pío no lo sabía todo


Puesto que el Padre Pío recibió dones milagrosos que incluso
sobrepasaron a los de los grandes santos de la historia de la
Iglesia, algunos han caído en la falsa idea de que, de alguna
forma, él lo sabía todo. Pero el Padre Pío, siendo meramente un
humano y un instrumento de la voluntad de Dios, sólo conocía lo
que el Señor le revelaba y lo que Él quería que supiera. Como
todos nosotros, él ignoraba muchas otras cosas.

Por ejemplo, su director espiritual, el P. Agostino, le preguntó al


Padre Pío si el médico que murió en la guerra se había salvado o
perdido. El Padre Pío respondió: “Yo no sé nada”. El P. Benedetto
le preguntó al Padre Pío sobre el P. Luca, a quien no lo podían

58
encontrar después de una batalla. El Padre Pío dijo: “En lo tocante
al P. Luca, de feliz memoria, no sé nada… Pero mi mente me dice
que no debe estar entre los vivos. Que le agrade a Dios refutar mi
presentimiento”. El Padre Pío estaba equivocado: el P. Luca
estaba vivo195.

A veces los juicios y evaluaciones del Padre Pío eran incorrectos.


Por ejemplo, se dio el caso del sobrino del Padre Pío. Su sobrino,
Ettore Masone, fue expulsado de un colegio porque la
administración descubrió que tenía epilepsia, y el colegio no
quería tener la responsabilidad de cuidarlo. Cuando el Padre Pío
supo que su sobrino ya no iba a la escuela, se imaginó que era
porque él se había salido. “¡Aléjate de mí, vago!” le gritó el Padre
Pío a su sobrino. “¡Tienes mucha desfachatez como para estar en
mi presencia!” le dijo. “¿Por qué me está hablando así, tío?” le
respondió su sobrino. “Porque te saliste del colegio. ¡Vete!”. “Tío,
lea esta carta”. Cuando el Padre Pío leyó el verdadero motivo de
por qué se le pidió a Ettore que dejara la escuela, puso su cabeza
en su mesa y comenzó a llorar196.

Sobre la Iglesia, su orden, la justicia de Dios, el


mundo, y las almas que se condenan al
infierno
Con respecto a su provincia franciscana, en una carta fechada del
29 de diciembre de 1912, el Padre Pío escribió: “Por algún tiempo
en el pasado, Él [nuestro Señor] no ha estado muy contento en
responderme cuando le hago preguntas sobre temas tocantes a
nuestra provincia, pues está muy disgustado por el
comportamiento de nuestra provincia” 197.

59
El Padre Pío también podía ver que crecía la apostasía y
desolación casi universales y esto era ya tan temprano como en
1914.

En una carta del 20 de abril de 1914, el Padre Pío dijo: “… me


aflige en el corazón ver a tantas almas apostatar de Jesús. Lo que
congela la sangre cerca de mi corazón es el hecho de que muchas
de estas almas se alejan de Dios únicamente por estar privados de
la palabra divina. La cosecha es abundante pero los operarios son
pocos. ¿Quién, pues, va a recoger la cosecha de los campos de la
Iglesia cuando ya esté casi madura? ¿Estarán esparcidos por el
suelo a causa de la escasez de obreros? ¿Serán recogidos por los
emisarios de Satanás que, por desgracia, son numerosos y
extremadamente activos? Ah, que el más dulce Dios nunca
permita que ocurra esto. Que Él sea movido a la compasión por la
pobreza de los hombres que está llegando al extremo”198.

Padre Pío, Carta, 25 de abril de 1914: “Oremos a nuestro Jesús


misericordioso que venga a ayudar a su Iglesia, puesto que sus
necesidades han llegado al extremo” 199.

Padre Pío, Carta, 16 de febrero de 1915: “… ella necesitaría tener


un director [espiritual] que sea muy iluminado en los caminos del
Señor. Pero, ¿dónde se puede encontrar tal dichoso en estos
tiempos terribles? Incluso Jesús misericordioso se ha quejado de
esto. ¡Oh, mi querido Padre, que tiempos tan tristes son estos!…
¡Que el Padre divino ponga pronto fin a esta situación
desastrosa!”200.

60
Padre Pío, Carta, 28 de agosto de 1917: “Rezad por esta alma que
llora por la desolación universal y especialmente por la
desolación de nuestra pobre provincia” 201.

El Padre Pío se lamentaba con Dios Padre de la siguiente manera:


“Padre, te ruego que, o pronto le pongáis fin al mundo o fin a los
pecados que se cometen continuamente contra la Persona
adorable de tu Hijo unigénito” 202. El Padre Pío consideraba que la
primera guerra mundial era un castigo por la incredulidad del
hombre203.

En julio de 1946, el Padre Pío envió palabras duras al arzobispo


de Benevento, Italia: “Benevento fue bombardeado, perdió la
catedral y la residencia episcopal como castigo para el
arzobispo… Peor aún, ni siquiera después de este castigo de Dios
el arzobispo está dispuesto a comprender su responsabilidad. En
verdad que es de corazón duro,… las almas se están condenando
y los enemigos de Dios están causando estragos, todo porque
duerme el arzobispo…”204.

El Padre Pío habla de la necesidad de la fe


católica, de la necesidad de las obras con la fe,
y sobre las otras religiones y sectas
Credo Atanasiano: “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester
que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada,
sin duda perecerá para siempre”.

61
Profesión de Fe del Concilio de Trento: “Esta verdadera fe católica, fuera
de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente
profeso y verazmente mantengo…”.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex


cathedra: “[La Santa Iglesia romana] firmemente cree, profesa y predica
que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos,
sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la
vida eterna, sino que irán al fuego eterno que está aparejado para el
diablo y sus ángeles (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se
uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la
Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su
salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos,
limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y
que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su
sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el
seno y unidad de la Iglesia católica”.

Juan 3, 5: “Respondió Jesús: en verdad, en verdad te digo que quien no


renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los
cielos”.

Marcos 16, 16: “El que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que
no creyere, se condenará”.

Mateo 18, 17: “Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia


desoye, sea para ti como gentil o publicano”.

Mateo 16, 18-19: “… tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi


Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré
las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en
los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”.

62
1 Timoteo 3, 15: “…la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la
verdad”.

Santiago 2, 24: “¿No veis cómo el hombre se justifica por las obras, y no
por la fe solamente?”.

Apocalipsis 20, 12-15: “Vi a los muertos, grandes y pequeños, que


estaban delante del trono; y fueron abiertos los libros, y fue abierto otro
libro, que es el libro de la vida. Fueron juzgados los muertos, según sus
obras, según las obras que estaban escritas en los libros. Entregó el mar
los muertos que tenía en su seno, y asimismo la muerte y el infierno
entregaron los que tenían, y fueron juzgados cada uno según sus obras.
La muerte y el infierno fueron arrojados al estanque de fuego; ésta es la
segunda muerte, el estanque de fuego, y todo el que no fue hallado escrito
en el libro de la vida fue arrojado en el estanque de fuego”.

Apocalipsis 22, 12: “He aquí que vengo pronto, y conmigo mi


recompensa, para dar a cada uno según sus obras”.

Las cartas del Padre Pío claramente prueban que él no respetaba


las falsas religiones y que él creía firmemente en el dogma que
dice que es necesario ser católico para la salvación.

Esto es lo que dijo Monseñor George Pogany (que conoció


personalmente al Padre Pío) respecto a lo que creía el Padre Pío
sobre las otras religiones. “… el Padre Pío insistía que la fe
católica era la única religión fundada por Jesucristo. Él aceptaba a
todos como un hombre, pero estaba convencido que las otras
religiones estaban fundadas por diferentes hombres, ya sea un
Lutero, un Calvino, o por un Zwinglio…” 205.

63
Padre Pío, Carta, 27 de enero de 1918: “… la Iglesia; esta dulce
paloma querida, que sólo ella puede poner huevos, dar luz a las
palomas del Esposo. Agradece a Dios continuamente que eres
una hija de la Iglesia…” 206.

Hablando acerca a los pecados de la humanidad, el Padre Pío


dijo: “Él [Jesús] ve toda la suciedad y la malicia de las creaturas al
cometerlos. Conoce hasta qué punto estos pecados le ofenden e
indignan a la Majestad de Dios. Ve todas las infamias,
inmodestias, blasfemias que salen de los labios de las criaturas
acompañadas por su malicia en sus corazones, de aquellos
corazones y aquellos labios que fueron creados para dar himnos
de alabanza y bendición al Creador. Él ve los sacrilegios con que
los sacerdotes y los fieles se contaminan, sin importarles esos
sacramentos instituidos para nuestra salvación por necesidad de
medio; ahora, en cambio, lo hacen como una ocasión de pecado y
condenación de las almas”207.

Un hombre ciego de nombre Pietruccio le preguntó al Padre Pío


lo qué se debía hacer para que alguien salve su alma. El Padre Pío
le respondió: “Es suficiente que guardes los mandamientos de
Dios y de la Iglesia”208.

Una vez se le oyó al Padre Pío hablar de un médico amable, “Qué


lástima que es un judío”209.

En una carta del 7 de abril de 1913, el Padre Pío dijo: “¡Cuántos


miserables hermanos nuestros le responden al amor de Jesús
entregándose a sí mismos con los brazos abiertos a la secta
infame de la masonería!” 210.

64
En tiempos del Padre Pío, varias sectas no católicas estaban
activamente tratando de ‘convertir’ a la gente italiana. Una de
estas sectas abrió un jardín de niños cerca de la localidad del
Padre Pío. El Padre Pío sabía que a los niños se les exponía el
criticismo contra la fe católica. Esto le causó enojo; el Padre Pío le
dijo al superior: “¡Haga algo rápido! Vaya en mi nombre donde el
arzobispo y obtenga un permiso para abrir un jardín de niños
aquí cerca de el de ellos…”. Inauguró un jardín de niños, y dentro
de muy poco la secta tuvo que cerrar su jardín de niños y
trasladarse a otro lugar211. El Padre Pío luchó contra el mal no
sólo con la oración, sino también con la acción.

Sobre la lectura espiritual


El Padre Pío dijo: “Si la lectura de libros santos tiene el poder de
convertir a los hombres mundanos en personas espirituales, qué
tan poderosa debe ser tal lectura en guiar a hombres y mujeres
espirituales a una perfección mayor” 212.

Padre Pío, Carta, 14 de diciembre de 1916: “Continúen con su


lectura espiritual porque si el alma es la que le habla a Dios
durante la meditación; en la lectura espiritual es Dios quien le
habla al alma por la lectura apropiada de estos libros”213.

De las personas que buscan lo extraordinario


Si bien que los eventos extraordinarios eran comunes en la vida
del Padre Pío, él les aconsejaba a los demás que no buscaran lo
extraordinario; y a menudo amonestaba a quienes lo buscaban,
diciéndoles que carecían de la fe o algo peor. Él decía: “Estoy
convencido de que muchas personas no quieren vivir por la fe,

65
sino que buscan lo extraordinario”. El Padre Pío les avisaba a los
que respondían las cartas de personas que buscaban lo milagroso,
que les respondieran diciendo: “¡Vive por la fe!”214.

Algunas de las mujeres se acercaban con la intención de tocarlo, y


él a menudo les gritaba: “¡Oh, aléjense, aléjense!”. Luego tomaba
su cuerda y la giraba amenazándolas. A veces exclamaba: “¡Esto
es paganismo! ¡Esto es fanatismo!”. Más de una vez, el Padre Pío
comentó: “Debería haber un corral grande rodeando esta área con
un letrero que diga: Asilo de Lunáticos”215.

Una mujer joven creyó que estaba teniendo visiones de Jesús. El


Padre Pío le dijo que no creyera en las visiones. La mujer se negó
seguir al consejo del Padre Pío en este asunto. Ella dijo que el
Padre Pío estaba contradiciendo lo que Jesús le dijo en sus
visiones. Después de un par de meses la mujer se suicidó216.

El Padre Pío sobre cómo llegar al cielo y de los


pocos que se salvan
1 Pedro 4, 18: “Y si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y
el pecador?”

Mateo 7, 13: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y


espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella
entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la
vida, y cuán pocos los que dan con ella!”

Padre Pío, Carta a un sacerdote, 23 de febrero de 1915: “Que Jesús


y María lo asistan siempre y le den el poder en sus palabras para

66
convertir e impedir la condenación precipitada de muchas
almas”217.

El Padre Pío dijo: “¿No sabéis que debemos estar alertas en el


camino de la salvación? Sólo los fervorosos tienen éxito en
alcanzarla, ¡nunca los tibios ni tampoco los que se duermen!” 218.

En una carta del 27 de mayo de 1914, el Padre Pío dijo: “¡querido


Dios! Si todos estuvieran conscientes de vuestra severidad como
también de vuestra ternura, ¿qué creatura sería tan tonta como
para tratar de ofenderos?”219.

Uno de los hermanos le preguntó al Padre Pío, “¿Por qué llora?”.


El Padre Pío respondió: “¿Por qué no habría de llorar cuando la
humanidad se está condenando a sí misma a cualquier
precio?”220.

Hablando de la Sangre divina de Jesús: “Sólo unos pocos


obtendrán beneficio de ella, la mayoría corre por el camino de la
perdición”221.

El Padre Pío sobre la fe


Padre Pío: “Debemos recordar que la fe es el mayor regalo que
Dios le ha ofrecido al hombre en esta tierra, porque convierte al
hombre terreno en un ciudadano del cielo. Guardemos, pues,
celosamente este gran regalo. Ay de aquel que se olvide de sí
mismo, que se olvide del cielo, que su fe se debilite, y peor aún,
de aquellos que niegan su fe. Esta es la mayor ofensa que el
hombre puede hacerle a Dios”222.

67
Padre Pío: “… renovad vuestra fe en las verdades de la doctrina
cristiana, especialmente en tiempos de conflictos. Y renovadla de
una manera más particular en las promesas de la vida eterna que
nuestro dulce Jesús les da a aquellos que luchan enérgica y
valientemente. Debéis estar animado y consolado por el
conocimiento de que no estamos solos en nuestros sufrimientos,
puesto que todos los seguidores del Nazareno están esparcidos
por todo el mundo sufriendo de la misma manera, y todos están
expuestos, como nosotros, a las pruebas y tribulaciones de la
vida”223.

Padre Pío: “En las tentaciones contra la fe, invoquen a San Miguel
y a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo” 224.

El Padre Pío dice que agrademos únicamente a


Dios
En una carta del 3 de diciembre de 1916: “Deben tratar de agradar
únicamente a Dios, y si Él está contento, todos estarán
contentos”225.

El Padre Pío sobre el mundo


En una carta del 4 de agosto de 1915, el Padre Pío dijo: “Mantente
alejado… de las reuniones profanas, de la corrupción y del
entretenimiento corrupto, de toda compañía irreligiosa” 226.

Padre Pío: “… no te molesten las burlas de los necios. Sabed que


el mundo y los mundanos siempre se burlaban de los santos;

68
ellos, en cambio, los han pisoteado bajo sus pies y han triunfado
sobre el mundo y sus máximas”227.

Padre Pío, Carta, 16 de marzo de 1921: “… el mundo está lleno de


malicia, y ninguna vigilancia prudente es suficiente como para no
contaminarse de él. Sólo podremos vencer huyendo”228.

Padre Pío, Carta, 13 de septiembre de 1920: “Alabo vuestra


resolución de querer consagrarte completamente a Dios en la
sombra sagrada del claustro. Por lo tanto, si vuestro padre no te
necesita en absoluto, tratad por todos los medios, incluso
huyendo, de cumplir con este plan santo. El llamado del Señor
debe ser respondido inmediatamente, porque de otra manera
pondremos en peligro nuestra salvación” 229.

El Padre Pío sobre el orgullo


En una carta a un hijo espiritual del 30 de enero de 1915, el Padre
Pío escribió: “Me dices que quieres permanecer desconocido
porque temes caer en el orgullo. Yo no puedo ver cómo alguien
pueda volverse orgulloso a causa de los dones que él se reconoce
en sí mismo. Me parece que entre más rico se cree que es, mayor
razón tiene en humillarse ante el Señor, puesto que los dones de
Dios aumentan y él nunca podrá pagarle completamente al dador
de toda cosa buena. En cuanto a ti, ¿en qué cosa en particular te
sientes orgulloso? ¿Qué cosa tienes que no hayas recibido? Pues,
si recibiste todo, ¿por qué te vanaglorias como si fuera tuyo? Oh,
cuando el tentador quiere que te llenes de orgullo, dite a ti
mismo: todo lo que es bueno en mí lo he recibido de Dios como
préstamo y debería ser necio para enorgullecerme de algo que no
es mío”230.

69
Hablando de la humildad, el Padre Pío dijo: “¿Qué no lo ves? Es
como si alguien te diera un hermoso reloj de oro para que lo
lleves a Milán a repararlo, y por el camino lo sacaras y se lo
enseñaras a los demás como si fuera tuyo. ¿No sería un hombre
vano? O, si tuvieras la intención de quedártelo, ¿no serías un
hombre malvado?”231.

70
El Padre Pío ofreciendo el Santo
Sacrificio de la Misa y
distribuyendo la Santa Comunión

71
El Padre Pío sobre la Misa
Mateo 26, 26-28: “… Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a
los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando un
cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que esta es
mi sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por muchos para
remisión de los pecados”.

1 Cor. 10, 16: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la


comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la
comunión del cuerpo de Cristo?”.

1 Cor. 11, 26-29: “Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este
cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga. Así, pues, quien
come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y
de la sangre del Señor… pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo
del Señor, come y bebe su propia condenación”.

Según algunos cálculos, cerca de veinte millones de personas


vieron al Padre Pío ofrecer la Misa232.

Con respecto al valor de la Misa, el Padre Pío dijo: “Si tan sólo los
hombres apreciaran el valor de una Santa Misa se necesitarían
oficiales de tráfico en las puertas de las iglesias cada día para
mantener a la muchedumbre en orden”233.

Se le preguntó al Padre Pío qué significaba para él la Misa. Él


respondió: “Es una participación sagrada en la pasión de Jesús.
Todo lo que sufrió el Señor en su pasión, yo lo sufro, hasta el
punto en que eso es posible para un ser humano. Y eso es sin
ningún mérito mío, sino todo debido a su bondad”234.

72
Antes de que el Padre Pío ofreciera la hostia no consagrada en su
patena, circulaba la hostia con sus dedos para asegurarse de que
no hubiera partículas sueltas235.

Padre Pío: “Cada Santa Misa, oída con devoción, produce en


nuestras almas efectos maravillosos, abundantes gracias
espirituales y materiales que nosotros no conocemos. Es más fácil
que la tierra exista sin el sol que sin el Santo Sacrificio de la
Misa”236.

Padre Pío: “Voy a la prensa de vino de la Iglesia, al altar sagrado,


de donde la Sangre de aquella exquisita y única uva se destila el
Vino sagrado con el que se les permitirá embriagarse a sólo unos
pocos afortunados”237.

El Padre Pío sobre la recepción de la comunión


Juan 6, 53-54: “Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que, si no
coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida
eterna, y yo le resucitaré el último día”.

Se le preguntó al Padre Pío al respecto de recibir la Santa


Comunión. Él respondió: “Es una misericordia interna y externa.
Un abrazamiento”.

Pregunta: “Cuándo viene Jesús, ¿visita sólo al alma?”.


Padre Pío: “A todo el ser”.
Pregunta: “¿Qué hace Jesús en la Comunión?”.
Padre Pío: “Encuentra placer en su creatura”.

73
Pregunta: “¿La Comunión es incorporación?”.
Padre Pío: “Es una fusión. Como dos velas que se derriten juntas
y ya no son distinguibles”238.

Padre Pío, Carta a un hijo espiritual sobre la recepción de la comunión:


“Continúa recibiendo la comunión, y no te preocupes de no
poder recibir el sacramento de la penitencia. Jesús premiará tu
buena voluntad. Recuerda lo que siempre te he dicho: siempre y
cuando no estemos seguros de estar en grave pecado, no debemos
abstenernos de la comunión” 239. “A menos que estés seguro de
que te encuentras en pecado mortal, no dejes de recibir a diario la
comunión”240.

Padre Pío: “Mi corazón se siente atraído por un poder altísimo


antes de unirme con Él en el Santísimo Sacramento. Me da tanta
hambre y sed antes de recibirlo, que necesitaría un poco más para
morir de deseo… Y en vez de quedarme satisfecho después de
recibir el sacramento, esta hambre y sed aumenta aún más. En el
momento que tengo posesión de este sumo bien, entonces sí, la
plenitud de la dulzura realmente es tan grande que le digo a
Jesús: ¡Es suficiente! ¡No puedo soportarlo más! Me olvido que
aún estoy en este mundo. La mente y el corazón no desean nada
más… A veces me pregunto si hay almas que no sienten sus
pechos quemándose con el fuego divino, especialmente en el
momento en que se encuentran delante de Él en el Santísimo
Sacramento. Me parece imposible, particularmente si el individuo
es un sacerdote o religioso” 241.

74
Devociones especiales del Padre Pío
El Padre Pío siempre llevaba consigo la sagrada reliquia de la
Cruz. Él quería que sus hijos espirituales también llevaran una o
que usaran un crucifijo permanentemente alrededor de sus
cuellos242.

El Padre Pío tenía una devoción especial por la Pasión de nuestro


Señor, a nuestra Señora y a San Miguel Arcángel. Exhortaba a los
demás a tener estas devociones. El Padre Pío recalcaba que San
Miguel es nuestro protector contra las asechanzas del demonio 243.
Él recomendaba a las almas a San Miguel, diciéndoles que lo
invocaran siempre durante las tentaciones. El Padre Pío también
recomendaba a las personas que fueran al Monte San Ángelo para
venerar a San Miguel244.

El Padre Pío sobre el matrimonio


El Padre Pío tenía un lugar muy especial en su corazón para las
familias numerosas. Decía que “el matrimonio es para los niños”,
y, como dice la Biblia, “don del Señor son los hijos” (Salmo 127,
3)245.

Él esperaba que los matrimonios fueran “hermosamente


coronados con hijos” para “poblar la tierra y el paraíso” 246.

El Padre Pío se negaba rotundamente a aceptar a quien no tuviera


el propósito de engendrar hijos. Se negaba a darles la absolución.
Una vez le dijo a una persona: “Que la venganza del Señor no
caiga sobre ti”. Y le dijo a otro: “Cuando te casaste, Dios decidió
cuántos hijos te daría”247.

75
Algunos de los pecados que le molestaban mucho al Padre Pío
eran los pecados contra la maternidad; la limitación de las
familias; los pecados contra la vida; la maledicencia; la blasfemia;
la mentira; la calumnia; y el escándalo de vestirse
inmodestamente248. El Padre Pío nunca quiso desviarse de la
doctrina católica tradicional249.

El Fin de la vida del Padre Pío


Cuando el Padre Pío murió en 1968, estaba recibiendo cinco mil
cartas al mes250. Tantas fueron las cartas que recibió el Padre Pío,
que eran guardadas por los frailes en una bodega del tamaño de
una cochera. Se estima que recibió dos millones de cartas de todo
el mundo251.

Cuando el Padre Pío oyó del crecimiento en el número de


renuncias de sacerdotes, monjas, y laicos, así como también de la
disidencia de la enseñanza católica y de la escasez de vocaciones,
se le escuchó decir más de una vez: “¡Gracias a Dios que soy viejo
y estoy cerca de la muerte!”252. El Padre Pío instaba el recurso
frecuente de la oración, “Oh Jesús, salva a los elegidos en la hora
de la oscuridad”253. Y contrariamente a lo que algunos han dicho,
el Padre Pío nunca celebró la Nueva Misa. El Padre Pío murió en
1968; la Nueva Misa no fue promulgada sino hasta el 3 de abril de
1969.

Puesto que el Padre Pío era bien conocido y buscado por sus
dones extraordinarios de Dios (fue la persona más fotografiada
del mundo en su tiempo)254, no es de extrañar que ciertas
personas ―quizás para promover alguna agenda en particular―

76
hayan hecho correr ciertas historias de él que no son verdaderas.
Algunas personas afirman que él dijo e hizo ciertas cosas que, de
hecho, nunca las dijo ni las hizo. Por ejemplo, se rumorea muy
abiertamente que el Padre Pío supuestamente le dijo a una
persona en particular que “un día serás Papa”, cosa que él nunca
dijo. La persona que supuestamente recibió estas palabras del
Padre Pío más tarde admitió públicamente en una conocida
revista que el Padre Pío nunca le había dicho eso. Algunos dicen
que el Padre Pío hizo una profecía de los tres días de tinieblas,
cuando tampoco es cierto. Otros, que el Padre Pío respetaba las
falsas religiones, o admiraba a quienes las practicaban. Esto no es
cierto; no hay ninguna base, y esto se contradice por sus cartas
personales que muestran que él rechazó absolutamente una falsa
religión ecuménica y sostenía que la fe católica es necesaria. Por
supuesto que el Padre Pío no respetaba las otras religiones ni
admiraba a quienes las practicaban. Al contrario, él estaría
testificando que todos sus esfuerzos y sufrimientos (como el oír
confesiones, que él creía eran necesarias para perdonar los
pecados graves) no tendrían sentido.

Quizás, como advertencia de la creciente Gran Apostasía, unos


pocos días antes de su muerte, cuando fue saludado por una hija
espiritual, el Padre Pío colocó su mano en su cabeza y le dijo dos
veces de una manera enérgica: “Hija, se firme y persevera en la fe
de nuestros padres”255.

Poco antes de su muerte, el 23 de septiembre de 1968, las llagas de


los estigmas del Padre Pío se curaron milagrosamente. Cuando
murió el Padre Pío, ya no había ningún rastro de los estigmas 256.
El Dr. Sala declaró que la curación de las llagas era clínicamente
inexplicable. El Padre Pío siempre quería que los estigmas fueran

77
invisibles y Jesús se lo concedió al final de su vida 257. El P.
Onorato señaló acertadamente que así como el ministerio del
Padre Pío se terminaba, los signos también se terminaban258. En la
tarde, antes de la muerte del Padre Pío, la cripta que contendría
su cuerpo estaba terminada y bendecida259. Durante cuatro días y
cuatro noches después de la muerte del Padre Pío, cerca de
doscientas mil personas pasaron por su ataúd260.

Para los eventuales santos, la causa de canonización incluye cerca


de cinco cajas de documentación que son presentadas a la
Congregación para las Causas de los Santos. En el caso del Padre
Pío, fueron inicialmente presentadas más de cien cajas de
documentación261.

En 1968, cuando murió el Padre Pío, dejó un enorme hospital


llamado Casa para el Alivio del Sufrimiento, que fue descrito por el
The New York Times como “uno de los hospitales más hermosos,
modernos y mejor equipados del mundo” 262. Su legado incluía
726 grupos de oración con 68.000 miembros. También hay
veintidós centros del Padre Pío para niños discapacitados y un
centro para los ciegos. Como ejemplo de la profunda influencia
de su vida, en 1997 seis y medio millones de personas visitaron la
tumba del Padre Pío263.

El Padre Pío dijo lo que iba a hacer después de su muerte. “He


hecho un trato con el Señor: cuando mi alma haya sido purificada
en las llamas del purgatorio y digna de ser admitida en la
presencia de Dios, tomaré mi lugar en la puerta del paraíso, pero
no entraré hasta que haya visto entrar al último de mis hijos
espirituales”264.

78
Abajo a la izquierda: una foto de Gemma Di Giorgi, totalmente ciega
a los siete años de edad debido a que nació sin pupilas en sus ojos.
Los médicos oculistas le examinaron sus ojos y dijeron que no había
manera alguna de que ella pudiera ver sin pupilas. No obstante, ella
sí puede ver gracias a la intercesión milagrosa del Padre Pío.

Abajo: El Padre Pío en su


ataúd. Murió el 23 de
septiembre de 1968. Su
cuerpo espera la resurrección
general en el día del Juicio
Final al fin del mundo.

79
Notas:
* La primera vez que se cita alguna fuente en estas notas, se dará su completa
información, incluyendo editorial, etc. La segunda y siguientes se citará sólo el
título y la página.

1 John McCaffery, Blessed Padre Pio [Beato Padre Pío], Roman Catholic Books, Fort Collins, CO.
p. 24.
2 Padre Pio, The Wonder Worker [Padre Pio, obrador de maravillas], Our Lady’s Chapel, New

Bedford, MA. p. 1.
3 The Oxford Illustrated Dictionary [Diccionario ilustrado de Oxford], segunda edición inglesa,

Clarendon Press, Oxford, Inglaterra. p. 832.


4 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 130.
5 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 27.
6 Augustine McGregor, Padre Pio, His Early Years [Padre Pío, sus primeros años], National

Centre for Padre Pio, Barto, PA, p. 17.


7 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio [La Vida del Padre Pío], Society of St. Pauls, Staten

Island, NY. p. 67.


8 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 25.
9 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 109.
10 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 26.
11 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story [Padre Pío: La Verdadera Historia], Our Sunday

Visitor, Huntington, IN. p. 160.


12 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 26.
13 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People [El Profeta del Pueblo], Alba House, NY, NY. p. 67.
14 P. John A. Schug, Padre Pio, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 88.
15 Radio Replies Press, Inc., Who is Padre Pio [Quién es el Padre Pío], TAN Books, Rockford, IL.

p. 9.
16 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 143.
17 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 63.
18 P. Alessio Parente, Send Me Your Guardian Angel [Envíame Tu Ángel Custodio], National

Centre for Padre Pio, Barto, PA, p. 14.


19 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 29.
20 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 3.
21 Bert Ghezzi, Mystics & Miracles [Místicos y Milagros], Loyola Press, Chicago, IL. p. 79.
22 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 7.
23 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina [Padre Pío de Pietrelcina], Franciscans of the

Immaculate, New Bedford, MA., p. 7.


24 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 9.
25 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 10.
26 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio [Caminos al Padre Pio], séptima edición, Barto, PA. p. 12.
27 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 29.
28 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 8.
29 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 9.

80
30 Renzo Allegri, Padre Pio Man of Hope [Padre Pío, un Hombre de Esperanza], Servant Pub.,
Ann Arbor, MI. pp. 18-19.
31 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 42.
32 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 17.
33 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 73.
34 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 294.
35 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 89.
36 Padre Pío de Pietrelcina, Walking in the Footsteps of Jesus Christ [Caminando los pasos de

Jesucristo], edición inglesa, The Leaflet Missal Company, St. Paul, MN. p. 72.
37 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, pp. 148-149.
38 P. John A. Schug, Padre Pío, edición inglesa, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 122.
39 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 30.
40 Padre Pio, The Wonder Worker, pp. 40, 41.
41 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 42.
42 P. John A. Schug, Padre Pío, p. 122.
43 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 57.
44 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 59.
45 P. John A. Schug, Padre Pío, p. 133.
46 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 41.
47 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 59.
48 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio [Historias del Padre Pío], edición inglesa,

TAN Books, Rockford, IL. p. 57.


49 Patricia Treece, Quiet Moments with Padre Pio [Momentos de silencio con el Padre Pío],

edición inglesa, Servant Publications, Ann Arbor, MI. #94.


50 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio, p. 50.
51 Patricia Treece, Quiet Moments with Padre Pio, #69.
52 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 54.
53 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 183.
54 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio, pp. 107-109.
55 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 207.
56 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 30.
57 Padre Pio, The Wonder Worker, p. XI.

58 Radio Replies Press, Inc., Who is Padre Pio [¿Quién es el Padre Pío?], TAN Books,

Rockford, IL. p. 28.


59 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 41.

60 A Celebration of Padre Pio, Pray, hope and don’t worry [Una celebración del Padre Pío, Orad,

esperad, y no os preocupéis], National Centre for Padre Pio, Barto, PA. (video)
61 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 41.
62 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 128.
63 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 88.
64 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 193.
65 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 299.
66 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 191.

81
67 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 153.
68 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 404.
69 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 297.
70 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 155.
71 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 297.
72 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 155.
73 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 99.
74 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 198.
75 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 71.
76 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 86.
77 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 171.
78 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 111.
79 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, pp. 113, 114.
80 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 115.
81 P. Alessio Parente, God’s Graces Through Padre Pio’s Intercession [Las gracias de Dios por la

intercesión del Padre Pío], vol. 2, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 504.
82 P. Alessio Parente, God’s Graces Through Padre Pio’s Intercession, vol. 2, National Centre

for Padre Pio, Barto, PA.


83 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 158.
84 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 80.
85 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 133.
86 Bert Ghezzi, Mystics & Miracles, p. 79.
87 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 190.
88 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 118.
89 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 30.
90 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 40.
91 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 31.
92 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 217.
93 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 131.
94 John McCaffery, Blessed Padre Pio, pp. 29-30.
95 P. Alessio Parente, God’s Graces Through Padre Pio’s Intercession, vol. 2, pp. 331-332.
96 P. Alessio Parente, God’s Graces Through Padre Pio’s Intercession, vol. 2, pp. 493-494.
97 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 48.
98 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 30.
99 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 30.
100 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 251.
101 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 214.
102 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 52.

103 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio [El demonio en la vida del Padre Pío],

edición inglesa, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 114.
104 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II [Padre Pío de Pietrelcina, Cartas vol. II], edición

inglesa, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. pp. 421.
105 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 148.

82
106 P. Alessio Parente, Send Me Your Guardian Angel, p. 65.
107 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I [Padre Pío de Pietrelcina, Cartas vol. I], edición
inglesa, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 351.
108 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 141.
109 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 367.
110 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 61.
111 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, pp. 61, 62.
112 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 78.

113 Augustine McGregor, Padre Pio, His Early Years [Padre Pío, sus primeros años], National

Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 181.


114 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 56.
115 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 56.
116 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 81.
117 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 27.

118 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II, pp. 150-151.

119 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 362.


120 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 19.

121 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 346.

122 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 60.


123 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 64.

124 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, pp. 376-377.


125 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 20.
126 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 77.

127 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 52. (Letters vol. 1, p. 150).

128 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 88.

129 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 111.

130 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 11.

131 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, pp. 80, 81.

132 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 627.


133 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 157.
134 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 122.
135 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 55.

136 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 627.

137 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 973.


138 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 41.

139 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, Our Lady of Grace Friary, San Giovanni Rotondo,

Italia, p. 770.
140 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 607.

141 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 884.

142 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 525.


143 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 64.

83
144 Radio Replies Press, Inc. Who is Padre Pio [¿Quién es el Padre Pío?], edición inglesa,
TAN Books, Rockford, IL. p. 9.
145 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 107.
146 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 110.
147 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 183.
148 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 24.
149 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 55.
150 Gerardo Di Flumeri, The Mystery of the Cross in Padre Pio of Pietrelcina [El Misterio de la

Cruz en el Padre Pío de Pietrelcina], edición inglesa, National Centre for Padre Pio,
Barto, PA. p. 16.
151 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 21.
152 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 31.
153 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 39.
154 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 177.

155 Augustine McGregor, Padre Pio, His Early Years, p. 198.


156 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 212.
157 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 43.

158 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 590.


159 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 57.
160 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 113.
161 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 218.
162 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 197.
163 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 142.
164 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 237.
165 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 27.
166 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 120.
167 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 33.
168 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 33.
169 Padre Pio of Pietrelcina, Walking in the Footsteps of Jesus Christ [Padre Pío de Pietrelcina,

Caminando los pasos de Jesucristo], edición inglesa, The Leaflet Missal Company, St. Paul,
MN. p. 68.
170 Patricia Treece, Quiet Moments with Padre Pio, #86.
171 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 143.

172 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 671.


173 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio, p. 9.

174 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II, p. 102.

175 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II, p. 256.


176 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 164-165.
177 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 12.
178 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 91.
179 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 89.
180 Padre Pio of Pietrelcina, Spirituality Series [Padre Pío de Pietrelcina, serie espiritual], edición

inglesa, National Centre for Padre Pio, Barto, PA. p. 164.

84
181 Padre Pio of Pietrelcina, Spirituality Series, p. 164.
182 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 219.
183 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio, p. 215.
184 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 54.

185 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 123.


186 Padre Pio of Pietrelcina, Spirituality Series, p. 74.
187 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 31.

188 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, pp. 385-386.


189 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 172.
190 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 172.
191 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 173.
192 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 179.
193 Padre Pio, The Wonder Worker, p. 178.

194 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 347.


195 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 182.
196 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 319.

197 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 370.

198 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 523.

199 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II, p. 88.

200 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 597.

201 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 1041.


202 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 183.
203 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 121.
204 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 273.
205 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 417.

206 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 943.


207 Radio Replies Press, Inc. The Agony of Jesus [La Agonía de Jesús], edición inglesa, TAN

Books, Rockford, IL. p. 24.


208 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 156.
209 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 300.

210 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 396.


211 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 178.
212 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 138.

213 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 671.


214 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 145.
215 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 293.
216 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 138.

217 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 600.


218 Madame Katharina Tangari, Stories of Padre Pio, p. 53.

219 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 534.


220 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 121.
221 Radio Replies Press, Inc. The Agony of Jesus, p. 30.
222 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 33.

85
223 Patricia Treece, Quiet Moments with Padre Pio, #45.
224 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, p. 1103.
225 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 543.

226 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. I, Our Lady of Grace Friary, p. 488.
227 Patricia Treece, Quiet Moments with Padre Pio, #44.

228 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 1065.

229 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. III, p. 904.

230 Padre Pio of Pietrelcina, Letters Vol. II, p. 337.


231 John McCaffery, Blessed Padre Pio, p. 68.
232 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 99.
233 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 101.
234 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 148.
235 Dorothy Gaudiose, Prophet of the People, p. 202.
236 Gerardo Di Flumeri, The Mystery of the Cross in Padre Pio of Pietrelcina, p. 1 6 .
237 Gerardo Di Flumeri, The Mystery of the Cross in Padre Pio of Pietrelcina, p. 27.
238 Gerardo Di Flumeri, The Mystery of the Cross in Padre Pio of Pietrelcina, p. 50.
239 Gerardo Di Flumeri, The Mystery of the Cross in Padre Pio of Pietrelcina, p. 51.
240 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 138.
241 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 181.
242 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 113.
243 Clarice Bruno, Roads to Padre Pio, p. 151.

244 P. Tarcisio, The Devil in the Life of Padre Pio, p. 113.


245 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 117.
246 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 117.
247 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 118.
248 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 152.
249 Gennaro Preziuso, The Life of Padre Pio, p. 180.
250 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 13.
251 P. John A. Schug, Padre Pio, p. 167.
252 C. Bernard Ruffin, Padre Pio: The True Story, p. 364.
253 P. Stefano Manelli, Padre Pio of Pietrelcina, p. 113.
254 Fifty Years of Thorns and Roses (video) [Cincuenta años de Espinas y Rosas]. National Centre

for Padre Pio, Barto, PA.


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Videos

Fifty Years of Thorns &, National Centre for Padre Pio,


Barto, PA.
Pray, Hope & Don’t Worry, National Centre for Padre
Pio, Barto, PA.
Padre Pio: the Marked Man, National Centre for Padre
Pio, Barto, PA.
Padre Pio: the Stigmatist, National Centre for Padre Pio,
Barto, PA.
Padre Pio never preached a sermon, National Centre for
Padre Pio, Barto, PA.
My Friend Padre Pio, National Centre for Padre Pio,
Barto, PA.
I can refure no one, National Centre for Padre Pio, Barto,
PA.
At the Gates of Heaven, National Centre for Padre Pio,
Barto, PA.
Sanctus, Padre Pio Man of God, National Centre for Padre
Pio, Barto, PA.

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Más información y material disponibles en:
Monasterio de la Sagrada Familia
Most Holy Family Monastery
4425 Schneider Rd.
Fillmore, NY. 14735
(800) 275-1126
(585) 567-4433
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