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Evolución de Barcos: De Vela a Vapor

La historia de los barcos y la navegación se remonta a hace más de 10,000 años cuando los humanos comenzaron a utilizar troncos para transportarse por el agua. A lo largo de los siglos, las embarcaciones fueron mejorando, desde las primeras canoas hasta los modernos portacontenedores impulsados por energía nuclear. Los principales tipos de barcos a vela incluyeron carabelas, galeones y navíos de línea, mientras que la Revolución Industrial trajo la era del vapor con barcos de hierro impulsados por máquinas

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Evolución de Barcos: De Vela a Vapor

La historia de los barcos y la navegación se remonta a hace más de 10,000 años cuando los humanos comenzaron a utilizar troncos para transportarse por el agua. A lo largo de los siglos, las embarcaciones fueron mejorando, desde las primeras canoas hasta los modernos portacontenedores impulsados por energía nuclear. Los principales tipos de barcos a vela incluyeron carabelas, galeones y navíos de línea, mientras que la Revolución Industrial trajo la era del vapor con barcos de hierro impulsados por máquinas

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Historia[editar]

El Gloire, primer buque acorazado.

Fragata acorazada Numancia.

Barco de vela en Puerto Ayora en la isla de Isla Santa Cruz (Galápagos) en las islas Galápagos.

Acorazado británico HMS Dreadnought.

Correíllo La Palma, buque de vapor del año 1912, conservado en Santa Cruz de Tenerife.

Portacontenedores.
Submarino nuclear.

NS Savannah, primera nave mercante a propulsión nuclear.

En la historia, las personas han utilizado las barcas desde hace miles de años. Se tienen


registro de hace más de 10 000 años en que los seres humanos utilizaban un tronco
debidamente tallado como medio de transporte en el agua.
El mar siempre ha causado fascinación en el ser humano desde el comienzo de los tiempos.
En la costa sur central del Perú, en la provincia de Pisco, en el distrito de Paracas hacia el
10 000 a.C.; las primeras personas se volvieron sedentarias a causa del abundante alimento
existente en sus playas. Aun el progreso hacia la agricultura y la ganadería estaba en marcha
en sus similares de la Cordillera de los Andes. Como en este caso, en muchos otros litorales
se dieron las condiciones para que las personas en viviendas precarias se volvieran
sedentarias, debido a la abundancia de recursos que el mar depositaba en sus playas.
[cita  requerida]

Primero la recolección de mariscos y moluscos, luego la pesca y finalmente se aventuró a


adentrarse en ese mar que generosamente le proveía de alimento. La tecnología fue
progresando y se construyeron elementos para flotar en el agua; probablemente se le dio uso
a troncos de árboles u otros materiales abundantes en su entorno que tenían flotabilidad. Para
impulsarse y no quedar a la deriva, echaron mano del remo hasta que descubrieron que la
fuerza eólica podía impulsarlos con menor esfuerzo y mayor efectividad; luego, se descubrió
la manera de llevar la embarcación hacia donde quería y se inventó el timón. Es a partir de
aquí cuando, las personas a través del tiempo fueron introduciendo mejoras a sus naves,
dándoles cada vez mejor impulsión y gobierno, hasta llegar a las modernas naves que surcan
hoy día los océanos del mundo.[cita  requerida]
Pero a la par del gobierno y la deriva, fueron encontrándole nuevos usos a las naves que ya
tenían a la mano; se usaron para recreación, pesca, medio de transporte y para la guerra y
fueron especializando el invento, con nuevas técnicas, mayores velocidades, mejor
maniobrabilidad, y claro, con armamento cada vez más mortífero. La embarcación que hoy
conocemos como buque o barco, descubrió nuevas tierras. Durante muchos siglos fue el único
medio de comunicación entre los continentes e hizo famosos a muchos personajes en tiempo
de paz y de guerra.[cita  requerida]
El empleo de los remos condicionó la vida a bordo hasta el siglo XVII; uno de los peores
castigos que podía recibir una persona era ser condenado a servir en una galera, «para que la
vida le sea un suplicio y la muerte un alivio», como sentenció un juez romano en el siglo XVI.1
No todos los marineros que estaban en los remos eran condenados. También había hombres
libres que se embarcaban por necesidad; eran llamados «de buena gana». Su única diferencia
con los condenados consistía en que podían llevar bigote y cabello, que los condenados no
tenían, pues eran rasurados y pelados al rape. Además, durante el día, los hombres libres que
no estaban remando podían pasear y hablar libremente, pero al caer la noche eran
encadenados igual que los condenados.2
La disciplina era muy estricta para todos, la comida escasa y mala. El aspecto higiénico
resulta inconcebible y difícil de imaginar. Los hombres de mar, oficiales y marineros, no se
lavaban, ya que todos solo llevaban la ropa que tenían puesta, sin embargo
los galeotes estaban obligados a mantenerse limpios, debían a primera hora del día asomarse
por sobre la borda, de acuerdo a lo que les permitía el largo de la cadena, para despiojarse y
limpiar los harapos que llevaban. Debían hacer sus necesidades en su lugar pues nunca eran
liberados de su cadena. Los marineros que los vigilaban, cada cierto tiempo les arrojaban un
balde de agua para que las inmundicias corrieran hasta la sentina.

Edad de vela[editar]
Las carracas eran navíos grandes y robustos, redondos, de alto bordo, de velas,
especializados en el transporte de grandes cargas en travesías largas, aptos para el comercio
entre Flandes y el Mediterráneo, y posteriormente para atravesar el Atlántico. Hubo carracas
desde el siglo XII hasta el siglo XVI. Fueron los mayores buques de su época. Provenían de
modificar la coca nórdica.
Más pequeña que la carraca, pero de excelentes condiciones marineras fue la carabela,
embarcación a vela, ligera, alta y larga hasta 30 m, estrecha que contaba con
tres mástiles sobre una sola cubierta y un castillo elevado en la proa y otro en la popa. Llevaba
velas cuadras en los palos trinquete y mayor, y aparejo latino en el mesana. Gracias a estas
características pudo afrontar con éxito los viajes a través del océano. Navegaba a diez
kilómetros por hora, y fue utilizada por españoles y portugueses en los viajes de exploración
durante el siglo XV. La carabela copió de la escuela mediterránea el casco, el uso de varios
mástiles y la vela triangular, mal llamada latina porque proviene del mundo árabe. De la
escuela del mar del Norte y Báltico, de los vikingos y de las ciudades Hanseáticas, tomó el
ejemplo de la “coca” y de esta última dos elementos: el timón de codaste y la vela cuadra en el
palo mayor. El timón de codaste, gruesa pieza de madera colocada en la popa le permitía a la
nave mantener una dirección o rumbo.
El galeón fue una embarcación a vela utilizada desde mediados del siglo XV. Consistía en
un bajel grande, de alto bordo que se movía por la acción del viento. Fue una derivación de
la carraca pero combinada con la velocidad de la carabela. Los galeones eran barcos de gran
tamaño y poseían gran capacidad de fuego.
En el siglo XVI, después que Juan Sebastián Elcano efectuara la
primera circunnavegación a la Tierra, el comercio marítimo transatlántico aumentó
considerablemente, lo que incentivó la investigación y la creación de nuevos tipos de naves,
más apropiadas para largas travesías y para soportar los rigores de la mar en forma
continuada. Así fue como apareció el bergantín y, en el ámbito comercial, la urca y los ya
nombrados galeones.
Más adelante aparecieron, en la marina militar, la fragata, nave que tenía dos puentes y
la corbeta con solo uno. En la marina comercial apareció el bergantín-goleta y la goleta. Los
barcos más grandes de madera fueron los navíos o navíos de línea, como el HMS Victory o
el Santísima Trinidad. El último tipo importante de nave a vela fue el clíper que apareció
en 1840 construido en los Estados Unidos de América, destinado inicialmente al tráfico
entre Norteamérica y Europa y que luego se extendió a Oceanía y Asia. Era de casco de
madera, fino y ligero. Alcanzaba gran velocidad en sus travesías compitiendo con las naves a
vapor que ya estaban apareciendo.
También en el siglo XIX apareció el buque de pesca de mayor tonelaje, el ballenero. De gran
calado y espacio en cubierta para poder faenar a las ballenas y cachalotes que cazaban.

Vida a bordo de un navío[editar]


Como los viajes se hicieron más largos, las epidemias de escorbuto y de tifus siguieron siendo
comunes. Durante toda la Edad Moderna los barcos distaban mucho de ser cruceros de lujo.
Muy al contrario, el reducidísimo espacio en el que se desarrollaba la vida implicaba unas
incomodidades y un sufrimiento extremo, incluso en las travesías más tranquilas. La vida en
cubierta era muy dura, a veces el frío hacía acto de presencia y en otras el sol del trópico los
abrasaba. Además, de eso la higiene a bordo era necesariamente muy deficiente, con olores
nauseabundos. Si además había mar gruesa, los malos olores se multiplicaban
exponencialmente por los vómitos de unos y de otros. La gran mayoría de marineros eran
reclutados mediante “levas forzosas” para garantizar la mano de obra necesaria.
La vida a bordo comenzó a cambiar gracias a las observaciones de James Cook, oficial de la
marina británica, que comprendió la importancia de la higiene a bordo tras comprobar que en
sus buques, de cada diez marineros muertos, solo uno había sido en acto del servicio y nueve
habían muerto por escorbuto, desnutrición y enfermedades infecciosas. Empezó a
repartir limón contra el escorbuto, mejoró la dieta y luchó porque las tripulaciones tuvieran
cámaras más espaciosas, aireadas y cómodas.

Edad del vapor[editar]


Artículo principal: Barco de vapor

En el siglo XIX la construcción naval comenzó a utilizar el hierro para el casco y el vapor para
la propulsión, lo que constituyó una revolución en el ámbito marítimo.
El Clermont, una pequeña nave de madera construida en los Estados Unidos por Robert
Fulton, fue el primer barco propulsado por ruedas movidas mediante maquinaria de vapor.
Prestó servicios efectivos a la navegación, remontando el río Hudson en 1807. Desde esa
fecha los buques a vapor se multiplicaron. A las naves se les colocaron mástiles y velas
además de ruedas en sus costados para darles más velocidad en sus travesías oceánicas.
En 1819 el Savannah, un velero estadounidense con propulsión auxiliar de ruedas, fue el
primer barco de vapor en atravesar el Atlántico desde Nueva York a Liverpool. En 1821 se
construyó en Inglaterra el primer buque a vapor con casco de hierro, el Aaron Manby, que en
1822 efectuó su primera navegación desde Londres a El Havre. Luego, en 1845, Isambard
Brunel construyó el paquebote SS Great Britain, primer transatlántico con casco de hierro y
hélice, dando inicio a la verdadera era de la construcción naval de hierro. A partir de entonces
el progreso en la construcción naval no se ha detenido.
Durante la guerra de Crimea, en 1855, se probaron con éxito unas baterías flotantes
acorazadas y en 1858 el ingeniero naval Dupuy de Lome construyó el primer buque
acorazado,  La Gloire, nave de madera, blindada. Poseía motor de vapor y aparejo de fragata.
En 1859 se construyó el primer acorazado, el británico HMS Warrior y en 1866 la
española fragata blindada Numancia fue la primera nave acorazada en dar la vuelta al mundo,
al mando del almirante Casto Méndez Núñez.
En la década de 1860 desaparecieron los buques a vapor y vela, esto porque ya la maquinaria
de propulsión se había perfeccionado suficientemente. En el siglo XX aparecieron los motores
de combustión interna y a fines de ese mismo siglo la propulsión nuclear.
La marina mercante es factor fundamental en el desarrollo de los países. La actividad naviera
generó una importante actividad económica que se refleja en sus puertos y en la economía.
La marina mercante, en los últimos tiempos, se ha desarrollado a la par que la marina de
guerra. Desde 1873 se estableció una gran competencia por la velocidad de las naves con el
propósito de acortar sus tiempos de navegación. Partiendo con 14,4 nudos en 1873,
23,36 nudos en 1900. Fue tanto la búsqueda de la velocidad que se estableció un trofeo para
los campeones de velocidad en el mar, un gallardete azul que ganaron naves como
el RMS Mauretania en 1908 con 26 nudos y el RMS Queen Mary en 1936 al conseguir
30,63 nudos.
Los grandes cruceros[editar]
Artículo principal: Barco de pasajeros

El RMS Lusitania, junto con su gemelo el Mauretania, no solo destacaron por su velocidad,


sino por las comodidades a bordo, llegando a ser sus salones interiores tan lujosos como
cualquier instalación de renombre en tierra. Pertenecientes a la naviera Cunard, bien podría
decirse que iniciaron la edad de oro de los grandes transatlánticos, al incitar a las demás
empresas navieras a la competencia por lograr la supremacía en cuanto a lujo, tamaño y
velocidad de sus respectivos barcos.
La empresa de la competencia, la White Star Line, decidió hacer frente a la fama de estos dos
buques construyendo tres grandes barcos de pasajeros que superarían a los de la Cunard:
el Olympic, el Titanic y el Britannic. La repercusión del naufragio del Titanic supuso una mejora
radical en materia de seguridad, diseño y construcción naval que se ha mantenido hasta el
presente.
De casi 270 metros de largo y 11 pisos de alto, estos grandes buques sentaron también un
precedente en cuanto a tamaño y decoración de los interiores se refiere. Tras el hundimiento
del Titanic en 1912, la competencia se intensificó, y otros grandes barcos fueron construidos.
El SS Imperator superaba al Titanic por casi 8000 toneladas, y era prácticamente igual de
lujoso. Los buques hermanos del Titanic, el Olympic y el Britannic continuaron prestando
servicios incluso durante la Primera Guerra Mundial. El Britannic nunca operó como barco de
pasajeros, fue requisado por el Almirantazgo británico y usado como barco hospital durante el
conflicto, hundiéndose en 1916 tras colisionar con una mina.
El hundimiento del Wilhelm Gustloff, un buque alemán más pequeño que el Titanic pero con
capacidad para el doble de pasajeros, fue la mayor catástrofe marítima, causando la muerte
de más de 9000 personas. Se produjo por un torpedo lanzado por el submarino soviético de
la Operación Aníbal.
Los buques de pasajeros se han transformado en verdaderos hoteles flotantes, de muchos
pisos con camarotes, comedores e instalaciones de lujo. Algunos tienen cancha de tenis en
cubierta, piscinas, salas de estar y de juego, teatro, cine, capilla y tiendas.
Los mayores barcos de pasajeros de tiempos modernos superan las 100 000 toneladas de
peso, y disponen de 14 o 15, y en algunos casos más, pisos de alojamientos y áreas
comunes.
Barcos como el Queen Mary 2, de la Cunard Line, el Freedom of the Seas, de la Royal
Caribbean, o el Carnival Dream, son ejemplos de los grandes avances de la ingeniería y
la arquitectura naval de tiempos modernos.
Entre las instalaciones y amenidades a bordo de cualquiera de estos grandes buques, se
pueden encontrar boulevares internos de varios pisos de altura, y en algunos casos tan
extensos como un campo de fútbol o aun mayores, con habitaciones con balcones que dan a
estas espaciosas áreas interiores, grandes atrios internos con ascensores de cristal,
gimnasios de varios niveles, teatros de 2, 3, 4 o incluso más pisos de altura, lujosos y amplios
comedores de varios niveles, salones de conferencias, bibliotecas con miles de volúmenes e
incluso salas de proyección holográfica y planetarios.

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