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MIH Examen Parcial

El documento discute la metodología de la investigación histórica. Define la historia como una ciencia humana cuyo objeto de estudio son las sociedades humanas del pasado a través del análisis de reliquias e interpretación. Reconoce que los historiadores no pueden eliminar su subjetividad pero construyen relatos históricos justificados y apoyados en evidencias. También explora conceptos como sociedad, individuo y la distinción entre ciencias naturales y sociales.
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MIH Examen Parcial

El documento discute la metodología de la investigación histórica. Define la historia como una ciencia humana cuyo objeto de estudio son las sociedades humanas del pasado a través del análisis de reliquias e interpretación. Reconoce que los historiadores no pueden eliminar su subjetividad pero construyen relatos históricos justificados y apoyados en evidencias. También explora conceptos como sociedad, individuo y la distinción entre ciencias naturales y sociales.
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Metodología de la investigación histórica (Examen parcial)

C1: La sociedad y la historia


Para el historiador marxista Pierre Vilar (1999), “el objeto de la ciencia histórica es la
dinámica de las sociedades humanas” (p. 43). Entonces, según esta definición, la
sociedad es el ente primordial en la indagación histórica, siendo esta estudiada en su
movimiento a través del devenir histórico. Como vemos, esta definición se compone de
dos conceptos, sociedad y dinámica. Respecto al concepto de dinámica es definido
como el estado de movimiento en que se encuentra un objeto, el objeto en nuestro caso
sería la sociedad. Este estado de movimiento o dinámica, en la historia es producto de
un factor clave, el tiempo. Por otro lado, la sociedad, el ente primordial de la indagación
histórica, es definida como la totalidad de los hombres que viven en un tiempo
determinado. En esta definición se asume que la sociedad es totalmente idéntica a los
sujetos que la componen. Theodor Adorno afirma que esta definición omite el sentido
más propio del término sociedad. Para él, lo específicamente social lo constituye “la
preponderancia de las circunstancias sobre los hombres, que no son ya sino productos
impotentes” (Adorno, 2001, p. 9). Sin embargo, esta acepción de lo social que señala
Adorno prescinde del papel de los hombres, ya que, no serían más que “productos
impotentes” de la sociedad. Esta definición trae consigo graves consecuencias. En
primer lugar, reduce el individuo a la sociedad, en segundo lugar, condiciona su
pensamiento y hasta cierto punto su accionar (determinismo).
A diferencia de lo que afirma Adorno, el individuo no es un componente disoluble en la
sociedad (reducible a ella), al contrario, el individuo tiene su propia dimensión
individual (subjetividad, libertad de elección limitada, pero no determinada) que le es
inalienable. No es un producto impotente de su sociedad. Es un ente actuante gracias a
su capacidad de elección y es a través de sus decisiones, de sus ideas, que hacen la
historia.
Ante todo lo dicho, podríamos decir que la sociedad, el objeto primordial de la
indagación histórica, es un conglomerado de individuos relacionados entre sí, ubicados
en un tiempo y espacio determinado, que tienen libre decisión, pero que se ven inmersos
en determinadas circunstancias producto de su propia sociedad, pero estas
circunstancias no los determinan o los vuelven impotentes “per se”.
C2: La historia como ciencia humana
La llamada “república de las ciencias” se configura según una sintaxis, constituido por
las términos y operaciones realizadas en la parcela de la realidad correspondiente, una
semántica, conformada por los referentes materiales utilizados, y una pragmática,
constituida por una dimensión social e institucional en la que esta inmersa. Además, de
estos elementos, las ciencias se distinguen por su pretensión de construir verdades, que
la distinguen de los dogmas, creencias y opiniones. Pero estas verdades que construyen
las ciencias no proporcionan una sabiduría total sobre la realidad, son parciales y
limitadas, sujetas a constante revisión, por ello, las ciencias están siempre en
construcción.
Dentro de esta república de las ciencias, cabe apreciar una distinción entre “ciencias
naturales o formales” y “ciencias sociales o humanas”. El principal elemento que
distingue a estas dos ciencias tiene que ver con la participación del sujeto cognoscente
en el proceso operativo del conocimiento. En las ciencias formales o naturales es
posible neutralizar todo rastro del sujeto cognoscente en la operación del conocimiento
y establecer un mayor carácter objetivo en dicho campo. Al contrario, en las ciencias
humanas o sociales es imposible eliminar la interferencia del sujeto cognoscente en el
proceso de conocimiento, porque las acciones de los sujetos operatorios que estudian no
son comprensibles hasta que el investigador o sujeto cognoscente sea capaz de entender
y reconstruir de manera analógica en su mente la acción que su sujeto de estudio llevó a
cabo, debido a la presencia del sujeto cognoscente en todo el proceso operativo de
conocimiento se introduce un elemento subjetivo en dichas ciencias
Es en este campo de las ciencias humanas o sociales en el que habita la historia. La
historia es una disciplina, que al igual que las otras ramas de esta ciencia, tiene como
objeto de estudio a los sujetos pretéritos y sus acciones. En el caso de la historia su
objeto de estudio es imposible de conocer de manera directa, ya que, son seres humanos
que vivieron y actuaron en situaciones pasadas, siendo encapsuladas en el abismo de lo
que ya no es. Pero de estas situaciones pretéritas quedaron reliquias que aún perviven en
el presente. Es a partir de estas reliquias que el historiador puede conocer sobre su
objeto de estudio, y es en base a ellas que el historiador construye su relato
historiográfico. Entonces, la historia se hace desde el presente a partir de los restos que
aún perviven. Esta atadura al presente impide que el historiador prescinda de su bagaje
ideológico, político, de su formación cultural, etc. Además, de este elemento, es
necesario resaltar el papel que cumple la imaginación del historiador, ya que, las
reliquias de las que se vale el investigador son incompletas, hasta incluso
contradictorias, es por ello que los historiadores tienen que utilizar la imaginación para
superar las dificultades resultantes y llenar las lagunas. Asimismo, las acciones de los
sujetos pretéritos que estudian no son comprensibles hasta que el historiador sea capaz
de entender y reconstruir de manera analógica en su mente la acción o acciones que el
sujeto pretérito llevó a cabo. Todos estos elementos hacen que, en la historia, al igual
que todas las ciencias sociales o humanas, este latente un fuerte componente subjetivo
en los conocimientos que producen.

C3: La ciencia de la historia


El vocablo compuesto “ciencia histórica” formado por la conexión entre los conceptos
historia y ciencia es un fenómeno reciente, que surge en el siglo XIX con la
contribución de la escuela histórica alemana, para denotar un nuevo tipo de historia,
centrado en el análisis y la crítica documental, muy diferente a la practicada en la
Antigüedad.
En su estatuto como ciencia humana, la historia tiene un campo de estudio peculiar que
no es ni puede ser el Pasado, ya que, el pasado no existe en la actualidad (en el
presente), y no puede haber conocimiento científico de algo que no tiene presencia ni
existencia, porque dicho tipo de conocimiento requiere una base material presente para
poder construirse. Debido a esta inexistencia de los tiempos pretéritos, las disciplinas
históricas están incapacitadas para conocer el pasado tal y como realmente fue y
alcanzar una verdad absoluta sobre cualquier hecho pretérito. Sin embargo, el campo de
estudio de la historia está compuesto por vestigios o reliquias del pasado que aún
perviven en el presente. Estas reliquias constituyen la materia prima del historiador, ya
que, a partir de ellas construye su relato historiográfico. Por lo cual, sólo puede hacerse
historia y lograrse conocimiento histórico de aquellos sucesos, acciones, instituciones,
estructuras y procesos pretéritos de los que se conservan vestigios en la actualidad, en
nuestra propia dimensión temporal.
Por ello, la primera labor del historiador es descubrir, identificar, y discriminar esas
reliquias, que pasaran a ser las fuentes primarias, sus pruebas y evidencias, sobre las que
levantara su relato. Esta primordial labor es conocida en el gremio de historiadores
como heurística.
La segunda labor tiene que ver con la interpretación de la información brindada por las
reliquias. Esta interpretación es solo posible, porque el historiador percibe esos residuos
materiales como fabricados y elaborados por hombres pretéritos. Y ello es posible, ya
que, existe una homogeneidad entre el historiador y el agente pretérito: las reliquias son
restos de acciones realizadas por individuos como él. Por ello, los historiadores tratan de
ponerse en el lugar del sujeto pretérito (o sujetos) y reactualizar las acciones y
operaciones del agente (o agentes) cuyos restos estudia. Esa homogeneidad entre el
sujeto gnoseológico actual (el historiador) y el sujeto operatorio pretérito (el
hombre o los hombres del pasado) es condición absoluta de posibilidad del
conocimiento histórico. A esta segunda labor se la denomina “reactualización
hermenéutica”.
Resulta evidente que un historiador sólo podrá investigar, analizar, comprender y
eventualmente explicar un suceso, un proceso o una estructura si conoce el significado
de esos conceptos y frases, que necesariamente deberá extraer de la conciencia
operatoria de su propio presente y experiencia vital, no sería capaz de entender, analizar
y explicar lo que cuentan y reflejan las reliquias y testimonios disponibles.
El historiador construye un pasado histórico a partir de las reliquias, de las pruebas
legadas por el pasado real en el presente, mediante un método esencialmente inferencial
e interpretativo y en el cual es imposible eliminar o neutralizar al propio sujeto
gnoseológico. Sin embargo, la irreductibilidad del componente subjetivo no conduce al
puro escepticismo («todo vale») o al crudo nihilismo («nada se sabe») sobre el
conocimiento del pasado. Porque si bien la labor interpretativa y hermenéutica es
esencial e imposible de eliminar, el relato histórico construido por el historiador no es
arbitrario, ni caprichoso, ni ficticio, sino que tiene que estar justificado, apoyado,
soportado y contrastado por las pruebas y evidencias, por las reliquias que existen al
respecto
La labor de imaginación necesaria que el historiador debe ejercitar para animar,
revivir, envolver, contextualizar sus reliquias y que permite poblar racionalmente
de «espectros» y «fantasmas» los relatos históricos.
A parte de esos elementos gnoseológicos, la historia es tributaria de tres principios
axiomáticos y categoriales inexcusables para su constitución como tal ciencia
1. El principio semántico
Toda obra historiográfica debe articularse a partir de fuentes de información que
son reliquias y testimonios del pasado finitas y fragmentarias pero disponibles
en
nuestro tiempo y susceptibles de observación, cotejo, estudio y análisis.
2. El principio determinista genético o de negación de la magia
Se postula que cualquier acontecimiento humano surge, brota o emerge
necesariamente a partir de condiciones previas homogéneas y según un proceso
de desarrollo interno, endógeno, inmanente y secular. Con lo cual se descarta la
intervención de causas o factores exógenos en el devenir del curso de los
procesos humanos, como pudieran ser la Divina Providencia.
3. El principio de significación temporal irreversible
Convierte a la cronología en un vector y factor de evolución histórica
irreversible e impone la exclusión de cualquier anacronismo o ucronía en las
interpretaciones y narraciones historiográficas.

C4: Las categorías del análisis histórico


Un historiador no podrá analizar

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