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Tipos y origen de la energía eléctrica

La electricidad se origina en las partículas que componen la materia y se manifiesta en reposo o movimiento. Se genera en centrales eléctricas a través de procesos basados en el principio de Faraday, donde imanes hacen girar turbinas que inducen corriente eléctrica en conductores. La energía eléctrica se transporta a través de redes de alta, media y baja tensión hasta llegar a los consumidores finales como hogares e industrias. Un sistema eléctrico completo incluye la generación, transporte y
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Tipos y origen de la energía eléctrica

La electricidad se origina en las partículas que componen la materia y se manifiesta en reposo o movimiento. Se genera en centrales eléctricas a través de procesos basados en el principio de Faraday, donde imanes hacen girar turbinas que inducen corriente eléctrica en conductores. La energía eléctrica se transporta a través de redes de alta, media y baja tensión hasta llegar a los consumidores finales como hogares e industrias. Un sistema eléctrico completo incluye la generación, transporte y
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Generación de la energía eléctrica

Antes de proceder al análisis de los distintos sistemas de producción eléctricos, es


necesario que conozcamos el origen de la electricidad. La electricidad es una propiedad
fundamental de la materia, originada en las partículas que la componen, y se puede
manifestar tanto en reposo (electricidad estática) como en movimiento (corriente
eléctrica). La electrotecnia se encarga del estudio de las aplicaciones técnicas de la
electricidad. Para analizar los efectos que se producen en los distintos cuerpos, es
necesario conocer la estructura de la materia. El átomo es la cantidad elemental de un
elemento químico y, de manera simplificada, podemos decir que está compuesto de un
núcleo (formado por los protones y los neutrones) y de electrones girando en sus orbitales
en torno al núcleo, según se indica de manera simplificada en la Figura 1.2.

Fig. 1.2. Representación genérica y simplificada de un átomo.


El más sencillo de todos los elementos es el átomo de hidrógeno, que se muestra en la Figura 1.3.
El átomo de hidrógeno tiene un electrón (los electrones tienen carga negativa, y los que están más
alejados del núcleo, que se encuentran en el orbital más externo, se denominan electrones de
valencia), orbitando alrededor del núcleo, donde se encuentra el protón con carga positiva. En el
núcleo de los átomos también se encuentran los neutrones, que no tienen carga.

Si acercamos dos átomos de hidrógeno, de forma que compartan sus electrones (a través del
denominado enlace covalente), formarán una molécula de hidrógeno (Figura 1.4).

De un modo sencillo, podemos decir que por agrupación de átomos se forman distintas moléculas
y, por agrupación de estas, distintos compuestos. Así por ejemplo, si se pone en contacto un
átomo de oxígeno que tiene ocho electrones (dos en su primera capa y seis en la segunda) con dos
átomos de hidrógeno, se formará una molécula de agua (Figura 1.5).
La energía eléctrica se obtiene por procesos basados en el principio de Faraday.
Este físico inglés intuyó que los campos magnéticos podían producir electricidad,
de manera que colocó un disco de c
obre, en forma de herradura, entre los dos polos de un imán, y lo hizo girar,
movimiento que indujo una corriente eléctrica en el disco. En las centrales de
producción de energía eléctrica actuales, lo que gira es una turbina que comunica
su movimiento a un grupo de imanes. Al girar, estos imanes modifican la posición
del material conductor respecto a las líneas de fuerza del campo magnético,
induciendo una corriente eléctrica en el conductor. La energía que impulsa las
turbinas en las centrales de generación eléctrica puede ser de muchos tipos –
nuclear, hidráulica, térmica, solar, eólica, etc.–, cada una de las cuales está sujeta
por ley a un régimen determinado. En este sentido, hay dos grandes grupos de
centrales: • las de régimen ordinario, que se dedican exclusivamente a generar
electricidad a gran escala. • las de régimen especial, que tienen una alta eficiencia
energética, con energías renovables o con un bajo impacto ambiental.

Estructura de un sistema eléctrico Un sistema eléctrico se define como el conjunto


de instalaciones, conductores y equipos necesarios para la generación, el
transporte y la distribución de la energía eléctrica. Desde finales del siglo XIX y
durante todo el siglo XX, el crecimiento de los sistemas eléctricos ha ido a la par
del avance tecnológico de la sociedad, hasta el punto de considerar el consumo
de energía eléctrica como uno de los indicadores más claros del grado de
desarrollo de un país.{

Figura 1.1. Estructura de un sistema eléctrico. Los primeros sistemas eléctricos


estaban aislados unos de otros; el crecimiento de la demanda de electricidad, y de
la consiguiente capacidad de generación y de transporte, supuso un rápido
proceso de concentración empresarial y de interconexión de esos pequeños
sistemas dando lugar a otros mucho más grandes, tanto en potencia como en
extensión geográfica, que son los que existen actualmente. La Figura 1.1 muestra
un esquema de la estructura de un sistema eléctrico actual de generación,
transporte y distribución de energía eléctrica. La generación de energía eléctrica
tiene lugar en las centrales eléctricas. La mayor parte de las centrales son
hidráulicas y térmicas, tanto convencionales (de carbón, de fuelóleo, de gas, de
ciclo combinado y de cogeneración) como nucleares. Actualmente se está
ampliando el tipo de centrales y así, aunque aun con una potencia instalada
mucho menor que las anteriores, existen centrales basadas en energías
renovables (eólicas, fotovoltaicas, de biogás obtenido a partir de la biomasa o de
residuos sólidos urbanos, etc.). Los alternadores de las centrales producen la
energía eléctrica en media tensión, de 6 a 30 kV, tensión que se eleva mediante
los transformadores de salida de la central, para ser inyectada en la red de
transporte. La frecuencia del sistema de corriente alterna que se genera es fija y
está normalizada: 50 Hz en Europa y 60 Hz en gran parte de América. La red de
transporte y distribución está formada por las líneas que llevan esa energía hasta
los consumidores. El transporte se hace en alta tensión (400, 220 y 132-110 kV)
para disminuir las pérdidas. La red de alta tensión es una red geográficamente
extensa, va más allá de las fronteras de los países, y es mallada. En los nudos de
esa malla, donde las líneas se interconectan (es decir, a donde llegan y de donde
salen), se encuentran las subestaciones en las que están los transformadores,
para cambiar a los niveles de tensión de las líneas, los elementos de mando y de
protección, que sirven para manipular y proteger la red (interruptores,
seccionadores, fusibles, pararrayos, etc.), y los elementos de medida, que
permiten conocer en todo momento la situación del sistema y los valores de las
variables más importantes. De algunas de esas subestaciones salen líneas a
menor tensión que forman las redes de distribución en media tensión (de 66 a 1
kV), mucho menos malladas y de menor tamaño, en las se encuentran los centros
de transformación en los que la tensión se va reduciendo hasta que finalmente, y
conforme el sistema llega hasta los últimos consumidores, se transforman en otras
redes de baja tensión (400 y 230 V). Por último están los consumidores de esa
energía eléctrica que se genera en las centrales. Esos consumidores, también
llamados cargas, se conectan a la red en alta tensión (grandes industrias y, sobre
todo, las redes de distribución de media tensión), en media tensión (industrias,
distribución a las ciudades y redes de distribución en baja tensión) y en baja
tensión (la mayoría de los consumidores como, por ejemplo, pequeñas industrias y
los consumidores domésticos finales).

- En el hogar y en los servicios La cocina, el horno, la lavadora, el lavavajillas, el


frigorífico, el congelador, el termo, la plancha, la secadora, el televisor, el
ordenador, el microondas o el equipo de aire acondicionado, son algunos de los
aparatos accionados con corriente eléctrica que pueden encontrarse en el hogar,
en el comercio o en los servicios colectivos, como hospitales o escuelas. Sólo
hace falta disponer de un enchufe conectado a la red eléctrica para que cualquier
aparato eléctrico pueda ser accionado y proporcione un servicio, bien sea en
forma de calor –aprovechando la propiedad de alguno de sus elementos de
ofrecer resistencia al paso de corriente eléctrica y calentarse–, o en forma de
trabajo al ser accionado por un motor eléctrico. La electricidad puede ser
empleada también como fuente de confort ambiental, para climatizar las viviendas
o los lugares de trabajo. Hay numerosos sistemas y aparatos de calefacción
eléctrica: los de calefacción directa, que emiten calor en el mismo momento en el
que se produce; los de calefacción por acumulación, que almacenan calor en
aparatos especiales durante un determinado período –los acumuladores–, y la
emiten al ambiente cuando es necesario; o los de calefacción mixta, que combinan
ambos sistemas. La climatización durante las épocas de calor ha sido resuelta,
asimismo, mediante aparatos eléctricos que operan con un ciclo semejante al de
los frigoríficos y congeladores domésticos: los equipos de aire acondicionado.
Estos acondicionadores pueden proveer sólo frío en verano, o con bomba de
calor, para el invierno. La bomba de calor es una máquina que suministra más
energía de la que consume, gracias al aprovechamiento que hace de la energía
ambiental del exterior.

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