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Gardiner, 1975

Este documento presenta una crítica del artículo de Wally Seccombe sobre el trabajo doméstico de las mujeres bajo el capitalismo. En primer lugar, resume y critica la posición de Seccombe de que el trabajo doméstico crea valor que se realiza como parte del valor de la fuerza de trabajo cuando se vende. Luego, examina más generalmente el marco teórico de Seccombe y cómo se contrapone a la perspectiva de las feministas socialistas. Finalmente, analiza las posibles presiones que operan a favor o en contra de la transformación del

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Gardiner, 1975

Este documento presenta una crítica del artículo de Wally Seccombe sobre el trabajo doméstico de las mujeres bajo el capitalismo. En primer lugar, resume y critica la posición de Seccombe de que el trabajo doméstico crea valor que se realiza como parte del valor de la fuerza de trabajo cuando se vende. Luego, examina más generalmente el marco teórico de Seccombe y cómo se contrapone a la perspectiva de las feministas socialistas. Finalmente, analiza las posibles presiones que operan a favor o en contra de la transformación del

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Jean Gardiner**

Esta contribución a l actual debate sobre la economía política del


trabajo doméstico tiene dos objetivos específic~s.~
En primer lugar?
presenta una crítica del artículo de Wally Seccombe, "The housewi-
fe and her labour under capitalism", publicado en New Left Review
en 1973.2 En segundo lugar, examina dos problemas referentes al
trabajo doméstico de las mujeres que se debaten actualmente entre
las feministas marxistas. ¿Por qué el trabajo doméstico y el cuidado
de niños han continuado siendo en tan gran medida responsabili-
dad de las mujeres y están organizados en forma privada y familiar
en sociedades capitalistas industriales modernas como la inglesa?
¿Cuáles son las presiones que actúan en favor o en contra de una
transformación fundamental del papel económico de las mujeres

* Este artículo apareció originalmente en New Left Review, núm. 89, enero-febrero
de 1975, pp. 47-58. Era una versión ligeramente corregida de un trabajo presentado
en la conferencia Women and Socialism de Birmingham, Inglaterra, en septiembre
de 1974.
Las ideas expresadas en el trabajo aunque escritas por una sola persona, son en
gran medida producto de una discusión colectiva e n el London Political Economy of
Women Group.
** Centre for Interdisciplinary Gender Studies. Universidad de Leeds.
Entre las contribuciones publicadas en torno a este debate se encuentran: Marga-
ret Benston, "The political economy of women's liberation", Monthly Review (sep-
tiembre de 1969), reproducido en L.B. Tanner (comp.), "Voices from women's work is
never done", Leviathan (mayo de 1970); Sheila Rowbotham, Women's consciousness,
mans world (Baltimore, Penguin, 1973); John Harrison, "Political economy of house-
w o r k , Bulletin of the Conference of Socialist Economists (primavera de 1974).
Wally Seccombe, "The housewife and her labour capitalism", New Left Revieu~.
núm. 83 (enero-febrero de 1973).
92 JEAN GARDINER

dentro de la familia en la fase actual del capitalismo británico?


Como el propio Seccombe no intenta responder a estas preguntas, a
primera vista podría resultar incomprensible por qué habían de es-
tar vinculadas a una crítica de su artículo. Sin embargo, precisa-
mente el hecho de que no vincule su teoría del trabajo doméstico de
las mujeres a problemas como éstos, que son de importancia política
fundamental para las feministas socialistas, es lo que constituye la
base de esta crítica, antes que la existencia de incoherencias inter-
nas u oscuridad en sus argumentos.
Empezaré por resumir y criticar el núcleo del artículo de Seccom-
be, que se refiere al papel del trabajo doméstico de las mujeres en la
creación del valor. Luego haré un examen más general del marco teó-
rico y político del autor, que se contrapone al enfoque de las feministas
socialistas; todo lo cual llevará a la discusión de por qué el trabajo do-
méstico de las mujeres ha seguido teniendo tanta importancia en la
reproducción y conservación de la fuerza de trabajo. Para terminar,
examinaré las posibles presiones que en la actualidad operan en favor
o en contra de la transformación del papel del trabajo doméstico.

TRABAJO
DOMÉSTICO Y CREACIÓN DE VALOR

Un aspecto indudablemente positivo del artículo de Seccombe es


que refleja un creciente reconocimiento por parte de los marxistas
ajenos al movimiento de liberación femenina de la necesidad de
considerar el aspecto productivo del papel de la mujer dentro de la
familia y la función económica y no sólo ideológica de la familia
proletaria en la sociedad capitalista. A partir de ese reconocimiento
Seccombe se pregunta qué papel desempeña el trabajo doméstico en
la creación de valor y examina cómo se vincula con la mistificación
general del sistema salarial.
Primero, al analizar cómo la forma salarial oculta la relación
del trabajo doméstico con el capital, Seccombe se concentra en demos-
trar que es un aspecto no planteado antes por los marxistas, del modo
más general, descubierto por Marx, en que el sistema salarial oculta
la relación del trabajo con el capital. Pues Marx sostuvo que el sala-
rio parece pagar por el trabajo efectivamente realizado por el obre-
ro, pero en realidad sólo paga el trabajo destinado a la reproducción
EL TRABAJO DOMÉSTICO DE LAS MUJERES 93

y conservación del trabajador, es decir, paga por la fuerza de trabajo y


no por el trabajo realizado. Esto hace que el trabajador realice parte
de su trabajo sin ser pagado, lo cual constituye la fuente del plusva-
lor. De aquí parte Seccombe para sostener que una parte del salario
refleja específicamente el valor creado por el trabajo doméstico del
ama de casa en la reproducción y el mantenimiento del obrero (y de
sus "sustitutos" de la próxima generación). Esta es la parte del sala-
rio que se dedica a mantener y reproducir al ama de casa (y sus "sus-
titutas").
Este enfoque se basa en lo que Seccombe define como "una apli-
cación coherente de la teoría del valor trabajo a la reproducción de la
fuerza de trabajo misma: es decir, que todo trabajo produce valor si
produce cualquier parte de la mercancía que alcance en el mercado
equivalencia con otras mercancías". Este argumento pasa por una
serie de etapas. Primero, puesto que las mercancías que se compran
con el salario del trabajador hombre no se encuentran en forma ya
lista para consumirse sino que es necesario trabajo doméstico para
convertirlas en fuerza de trabajo regenerada, este trabajo del ama de
casa es una parte del trabajo total personificado por el obrero, cuya
otra parte es el trabajo incorporado a mercancías compradas con el sa-
lario. Este punta es evidente e indiscutible, si se acepta que el trabajo
doméstico es un componente necesario del trabajo que se requiere pa-
ra mantener y reproducir la fuerza de trabajo. El problema surge
cuando pasamos a preguntar cuál es la relación entre el trabajo do-
méstico realizado y el valor de la fuerza de trabajo y si es posible medir
la contribución del trabajo doméstico en términos de valor y cómo.
La opinión de Seccombe es que el trabajo necesario del ama de ca-
sa se realiza cuando se vende la fuerza de trabajo, como parte de su va-
lor. Al hacerlo traza una analogía entre la pequeña producción
mercantil y el trabajo doméstico. La pequeña producción mercantil es
el modo de producción en el que los individuos trabajan separada e in-
dependientemente como trabajadores libres para producir diferentes
bienes y servicios que van a intercambiar a través del mercado. Da el
ejemplo de un zapatero y un sastre. Esta forma de producción tiene en
común con el trabajo doméstico el hecho de ser individual y privada.
Marx, al exponer la teoría del valor trabajo en el primer volu-
men de El capital, la aplicó primero en realidad a la pequeña pro-
ducción mercantil precapitalista. Sostenía que en ese modo de
producción, aun cuando no está socializado, los términos en que se
94 JEAN GARDINER

intercambian mercancías están determinados por las diferentes


cantidades de trabajo incorporadas a ellas. No quiero entrar aquí en
la pregunta de en qué medida opera la teoría del valor trabajo en la
pequeña producción mercantil, sino observar primero que este ope-
rar se basa en la suposición de que el trabajador se desplaza entre
distintas ocupaciones. Pues el argumento se desarrolla así: si el za-
patero no fuera recompensado por su trabajo igual que el sastre, ce-
rraría su negocio y se dedicaría a la sastrería, o por lo menos
convencería a sus hijos de que así lo hicieran.
Parece erróneo aplicar este mismo análisis al trabajo do-
méstico, donde las mujeres no tienen, en ningún sentido directo, la
opción de cambiar de ocupación. Las mujeres están amarradas al
trabajo doméstico por el matrimonio y, por lo tanto, no es compara-
ble a otras ocupaciones. En consecuencia, aparentemente no hay
mecanismo por el cual los términos de la venta de la fuerza de
trabajo estén determinados por el trabajo doméstico realizado para
su mantenimiento y reproducción.
Continúa Seccombe afirmando que, aun cuando la teoría del valor
del trabajo puede ser aplicada al trabajo doméstico, la ley del valor no
opera sobre él. Con esto quiere decir que sólo el trabajo realizado di-
rectamente para el capital, es decir, el trabajo asalariado, pero no el
trabajo doméstico, está sujeto a la presión de un constante aumento
de la productividad debido a la competencia entre capitalistas. Esto
explica el atraso tecnológico y la privatización del trabajo doméstico.
Lo que quiere decir Seccombe en realidad, cuando afirma que el
valor que crea el ama de casa se realiza como parte del valor que al-
canza la fuerza de trabajo cuando se vende como mercancía, se aclara
en la sección siguiente, cuando habla sobre la transacción salarial.
Allí ve al salario como dividido e n dos partes: una parte (A) mantie-
ne al trabajador asalariado (y a sus "sustitutos"), y la parte (B)
mantiene a la trabajadora doméstica (y a sus "sustitutas"). Además,
"el valor B es equivalente al valor creado por el trabajo doméstico".
Así, al decir que el ama de casa crea valor que se realiza como parte
del valor de la fuerza de trabajo, Seccombe en realidad sostiene que
la parte del salario del marido que va a la esposa (y a sus "sustitu-
tas") da una medida del trabajo doméstico realizado por ella en la
reproducción de la fuerza de trabajo del hombre. Lo que ha hecho es
saltar de u n análisis de la pequeña producción mercantil, donde el
trabajador recibe de la venta de mercancías el equivalente del tra-
El, TIIABAJO DOMÉSTICO DE LAS MUJERES 95

bajo realizado a la producción capitalista y la transacción salarial.


Pero, mientras sostiene que el trabajador asalariado no recibe a
cambio todo el valor que h a creado, sino meramente el valor de s u
fuerza de trabajo, presenta el valor creado por la trabajadora do-
méstica como efectivamente determinado por el valor que recibe del
salario de su marido. Así la mistificación de la forma salarial que
Seccombe denuncia y rechaza el caso del trabajo asalariado, la apli-
ca luego sin discusión a l trabajo doméstico.
En apoyo a su argumento, Seccombe cita a Marx acerca de los
trabajadores improductivos que prestan servicios personales (tales
como cocineros, costureras, etc.): "Esto no impide que el valor de los
servicios de esos trabajadores improductivos sea determinado en la
misma forma (o e n forma análoga) que el de los trabajadores produc-
tivos: es decir. por los costos de producción correspondientes a s u
mantenimiento o reproducción." Aquí Marx, al referirse al "valor de
los servicios" de los trabajadores productivos e improductivos. no
puede querer decir el valor creado por ese trabajo (como evidente-
mente entiende Seccombe). Se refiere sin duda al valor de su fuerza
de trabajo, pues de otro modo estaría contradiciendo su propia teoría
sobre el papel del trabajo productivo e n la creación de valor.
Si el valor que el a m a de casa crea es e n efecto igual al valor que
recibe del salario de su marido, el capital no gana ni pierde. e n tér-
minos de plusvalor, con el trabajo doméstico. Según el análisis. por
lo tanto, no hay razones económicas visibles para que el capital
quiera conservar el trabajo doméstico. Seccombe no plantea este
problema, sino que en cambio toma la existencia del trabajo domés-
tico e n el capitalismo como u n hecho dado. Desde luego, ocurre que
la ley del valor (véase más arriba) no opera directamente sobre el
trabajo doméstico. Toda vez que u n a mujer es a m a de casa de tiem-
po completo. al capital no le interesa e n absoluto la productividad
de su trabajo. Sin embargo, la cuestión de si las mujeres son o no
amas de casa de tiempo completo o trabajadoras asalariadas de
tiempo completo o de medio tiempo es evidentemente de interés pa-
ra el capital y está sujeta a las exigencias de la acumulación capita-
lista de cada época e n particular. Aun cuando Seccombe reconoce
que no hay nada en el trabajo doméstico y e n el cuidado de los niños
que impida s u socialización, sólo ofrece u n argumento circular para
explicar el hecho de ser privado: sigue siendo privado porque no h a
sido socializado: "Precisamente porque no existe u n impulso cons-
96 JEAN GARDINER

tante para reorganizar el trabajo doméstico a fin de aumentar su efi-


cacia, es uno de los procesos de trabajo que no ha sido socializado,
aunque no hay nada intrínseco en el trabajo mismo que lo impida."
Otra razón del carácter equívoco del enfoque teórico de Seccombe
es que no muestra cómo puede volverse más significativo el papel
del trabajo doméstico desde el punto de vista del capital en una cri-
sis. En efecto, hay una grieta notable entre su examen del valor del
trabajo y sus conclusiones políticas, que reconocen que en un mo-
mento de crisis (como el presente) son las amas de casa las que so-
portan el peso mayor de la pérdida de ingreso real de la clase
trabajadora y se ven obligadas a trabajar más en la casa para esti-
rar el reducido salario. Sin embargo, las implicaciones de su análi-
sis teórico son que una reducción en el salario que llega a la esposa
reflejaría una reducción en el valor creado por su trabajo doméstico,
lo cual parece una conclusión sin sentido, o errónea.
Una última implicación del análisis de Seccombe sería que la re-
lación económica entre marido y mujer es de intercambio igual; que
el valor de los servicios de la esposa es igual al valor que recibe del sa-
lario de su marido. Esto significa ignorar completamente los efectos
de la dependencia económica de la mujer respecto de su marido y las
relaciones de poder dentro de la familia. Si las esposas están obliga-
das por el contrato matrimonial y por muchas presiones ideológicas a
prestar servicios a sus maridos, si dentro del matrimonio son eco-
nómicamente dependientes del salario de su marido y fuera del matri-
monio se hallan en una posición inferior dentro del mercado de traba-
jo, jcuál es entonces el mecanismo por medio del que se puede
establecer un intercambio igual entre maridos y mujeres?

A estas alturas parece propio observar específicamente algunos


aspectos generales de la teoría de Seccombe que pueden criticarse
desde el punto de vista de las feministas socialistas. Pueden formu-
larse tres críticas, todas esbozadas ya en la sección anterior.
El primer punto es que Seccombe no reconoce el sexismo en las
relaciones entre hombres y mujeres de la clase trabajadora. Sí hace
referencia a la dependencia económica del ama de casa respecto de
su marido y a la autoridad que ello confiere al hombre, así como a la
naturaleza privada de la división del salario entre marido y mujer,
pero no examina las resultantes relaciones de poder dentro de la fa-
milia, sino que más bien llega a la conclusión de que la conciencia
que tienen las amas de casa de la opresión de clase y su capacidad
para unirse a la lucha contra ella son limitadas, y ello debido a que
la automatización del ama de casa y su carencia de toda relación
directa con el capital la harán ver a su marido como el opresor en
lugar del capital: "Se rebela como individuo aislado en detrimento
inmediato de su marido e hijos y sus acciones no impugnan direc-
tamente las relaciones de capital." Esta visión no sólo da un cuadro
muy generalizado y bastante discutible de la conciencia de las
mujeres de la clase trabajadora, al ignorar todos los factores que
llevan a las mujeres a identificarse con la posición de clase de sus
maridos, sino que además implica que la conciencia que tienen las
mujeres del sexismo es más producto de su aislamiento y de su
atraso político que la percepción de las relaciones opresivas que
experimentan en la realidad.
La segunda crítica que se podría formular se refiere al modo co-
mo Seccombe sitúa sus propias conclusiones teóricas y políticas en
relación con el marxismo ortodoxo. Como ya hemos señalado, el autor
sostiene que el modo como la forma salarial oculta la relación del tra-
bajo doméstico con el capital es un aspecto del modo general como, se-
gún lo demostró Marx, la forma salarial oculta la relación del trabajo
con el capital. Destaca así la necesidad de integrar el trabajo domés-
tico a la teoría de Marx en lugar de preguntarse si no haría falta una
revaluación más radical de dicha teoría a la luz de la crítica feminis-
ta. Más aún, la caracterización de su propia teoría es sumamente
equívoca, puesto que al argumentar que el trabajo doméstico crea va-
lor adopta una definición de valor que parece bastante heterodoxa
desde el punto de vista marxista. Por lo que se refiere a sus conclusio-
nes políticas, es evidente que lo que le interesa es si las ama de casa
pueden hacer una "contribución al progreso de la lucha de clases" y
no cómo pueden hallar las mujeres de la clase trabajadora modos de
lucha colectiva contra la opresión específica de clase y de sexo ni qué
puede aprender el proletariado masculino de las luchas de las muje-
res. Es bastante perturbador ver que una parte del contenido del fe-
minismo socialista pueda ser reabsorbido con tanta facilidad en
perspectivas políticas prefeministas.
$1H J E A N GARUINER

La tercera crítica se refiere a la falta de perspectiva histórica de


Seccombe en s u análisis sobre la familia y el trabajo doméstico de las
mujeres en el capitalismo. Si bien sí examina cómo el tránsito del
feudalismo al capitalismo produjo cambios fundamentales, para todo
el periodo transcurrido desde entonces ofrece sólo u n cuadro estático
(salvo reconocer de pasada la continua erosión de la "vitalidad y a u -
tonomía" de la familia bajo el capitalismo, a través de la transferen-
cia al Estado de la responsabilidad fundamental de la educación). Se
refiere a la modernización de la tecnología doméstica a través de la
compra de artefactos para ahorrar trabajo, pero lo considera insigni-
ficante para la organización del trabajo en el hogar.
En realidad, h a habido muchos cambios que afectan el papel del
trabajo doméstico de las mujeres desde el ascenso del capitalismo:
por ejemplo, cambios e n el empleo pagado de las mujeres, disminución
del tamaño de la familia y de la mortalidad infantil, mejoras de la
vivienda, desarrollo del bienestar social, producción masiva de pro-
ductos de consumo como comida preparada y ropa hecha. Además, si
queremos tener idea de cómo se relaciona el actual movimiento femi-
nista con las tendencias del capitalismo y de cómo dirigir nuestra lu-
cha. es esencial comprender cómo se h a n producido en el pasado
modificaciones e n el papel de la mujer dentro de la familia, y recono-
cer que la situación actual no es en modo alguno estática.

¿PORQUÉ SE H.4 CONSERVADO EL TRABAJO DOMÉWICO?

El carácter del trabajo doméstico e n el capitalismo tiene dos aspec-


tos importantes. E n primer lugar, u n requisito histórico del modo
capitalista de producción fue que la economía doméstica familiar de
los trabajadores dejase de ser autosuficiente y autorreproductora.
El modo de producción capitalista sólo podía desarrollarse una vez
que la masa de productores hubiera sido despojada de medios inde-
pendientes de subsistencia y pasara por lo tanto a depender de la
venta de su fuerza de trabajo a cambio de u n salario. Así. el trabajo
doniéstico perdió s u base económica independiente.
Pero la dependencia del salario nunca significó que todas las
necesidades de los trabajadores se satisficieran a través de la com-
pra de mercancías. El segundo aspecto del trabajo doméstico de las
EL 'rH4BA.10 DOhlESTICO DE WS MUJERES 99

mujeres es, pues, que en todas las etapas del desarrollo capitalista
ha desempeñado u n papel fundamental, aunque cambiante, e n la
satisfacción de las necesidades de los trabajadores.
Por lo tanto, el capitalismo se desarrolló a partir del feudalismo
a través de la aparición de la dependencia de los trabajadores
respecto del sistema salarial, pero nunca h a satisfecho totalmente
las necesidades de éstos a través de la producción de mercancías y sí
h a conservado en cambio el trabajo doméstico para realizar una
parte importante de la reproducción y la conservación de la fuerza
de trabajo.
Hay tres razones posibles para que esto sea así: 1) podría
resultar más ventajoso e n u n sentido estrictamente económico,
desde el punto de vista ya sea del capital en s u conjunto o de
sectores dominantes del mismo; 2) la socialización de todos los
servicios que actualmente se realizan e n el hogar podría alterar de
tal modo la naturaleza de dichos servicios que dejarían de satisfacer
ciertas necesidades, particularmente emocionales; 3 ) cualquier
erosión ulterior del trabajo doméstico podría socavar aspectos
ideológicos de la familia (por ejemplo el autoritarismo, el sexismo, el
individualismo) que son importantes para que la clase trabajadora
siga aceptando el capitalismo. Examinaremos por turno cada una
de estas tres posibles razones.

Factores económicos

Es preciso tomar en cuenta una serie de factores económicos para


considerar si podría o no ser ventajoso, desde el punto de vista del
capital, socializar el trabajo doniéstico y el cuidado de los niños.
Podríamos resumirlos sumariamente en las siguientes tres catego-
rías de problemas que enfrentan los capitalistas: 1)el nivel general
de los salarios que los capitalistas deben pagar a los trabajadores;
2) la disponibilidad de una fuerza de trabajo adecuada tanto cuanti-
tativa como cualitativamente; 3) la expailsión de los mercados para
mercancías capitalistas.
Examinemos en primer lugar el problema de los salarios o el va-
lor de la fuerza de trabajo. Marx escribía que "el valor de la fuerza
de trabajo, al igual que el de toda otra mercancía, se determina por
el tieinpo de trabajo necesario para la producción, y por tanto tam-
100 JEAN GARDINER

bién para la reproducción, de ese artículo específicon.3La interpre-


tación de Seccombe es que el valor de la fuerza de trabajo incluye el
valor del trabajo realizado por el ama de casa. Sin embargo, es claro
que Marx restringió su análisis del consumo de la familia de la clase
trabajadora al consumo de mercancías. Esto se debe a que el suyo
era un análisis de un modo de producción capitalista puro, en el
cual las únicas relaciones productivas eran las del trabajo asalaria-
do realizado para el capital. Por lo tanto, consideraré que el valor de
la fuerza de trabajo se refiere al valor de las mercancías compradas
por el salario y consumidas por la familia del trabajador. Esto nos da
una definición de trabajo necesario o valor como la porción del tra-
bajo realizado en la pro- ducción de mercancías que va al consumo
de los trabajadores a través del salario, y una definición de plustra-
bajo o plusvalor como la parte del trabajo realizado en la producción
de mercancías que no se paga y que va al beneficio de los capitalis-
tas para su acumulación o consumo.
Lo anterior implica que el trabajo necesario no es sinónimo del
trabajo incorporado a la reproducción y conservación de la fuerza
de trabajo si tomamos en cuenta el trabajo doméstico. Para decirlo de
otro modo, el nivel de vida de los trabajadores no está determinado
únicamente por el ajuste de salarios entre el capital y el trabajo,
como parecería en el análisis de Marx, sino también por la contribu-
ción del trabajo doméstico. Del mismo modo, el papel del Estado a
través de los impuestos y el gasto social también debe ser tomado en
cuenta.
Lo que este enfoque implica es que el valor de la fuerza de trabajo
no es determinado directamente por el nivel de subsistencia históri-
camente determinado de la clase trabajadora. Si aceptamos que exis-
te, en cualquier momento, un nivel de subsistencia históricamente
determinado, ese nivel puede ser alcanzado modificando las contri-
buciones de mercancías compradas con el salario, por un lado, y el
trabajo doméstico realizado por las amas de casa, por el otro. Así,
para un determinado nivel de subsistencia y un determinado nivel de
tecnología, el trabajo necesario puede de hecho ser una variable.
Evidentemente este enfoque también tiene implicaciones para
la determinación de la tasa de plusvalor. En el análisis de Marx del
capital, la tasa de plusvalor está determinada por la doble lucha en-

" Karl Marx. El capital, México, Siglo XXI Editores, 1979, tomo 1, vol. 1, p. 207.
EL TRABAJO DOMÉSTICO DE LAS MUJERES 101

tre el trabajo asalariado y el capital: 1)el trabajo extraído a los tra-


bajadores en el proceso de producción capitalista; 2) el regateo por
el salario entre el trabajo asalariado y el capital. De hecho, debido al
papel que desempeña el trabajo doméstico, la variabilidad del nivel
de precios y la intervención del Estado a través de los impuestos y
del gasto social, la lucha por el plusvalor se da también a otros nive-
les, no menos importantes desde un punto de vista capitalista, aun-
que considerablemente menos organizados desde el punto de vista
del trabajo. La contribución del trabajo doméstico al plusvalor con-
siste en mantener el trabajo necesario a un nivel más bajo que el ni-
vel efectivo de subsistencia de la clase trabajadora. Por ejemplo, se
podría sostener que es más barato para el capital pagar al trabaja-
dor hombre un salario suficiente para mantener, por lo menos en
parte, a una esposa que prepare las comidas, que pagarle un salario
que le permita comer regularmente en restaurantes. Intuitivamen-
te esto parece ser así, aun cuando choca con el argumento de que si
se socializara el trabajo doméstico el consiguiente ahorro en tiempo
de trabajo abarataría sustancialmente el proceso. Un punto impor-
tante aquí es que el ahorro de tiempo de trabajo es sólo un aspecto de
la socialización. El otro es que el trabajo que, como el trabajo domés-
tico, no es pagado como tal (la remuneración de la esposa que sale
del salario de su marido se mantiene con frecuencia en el mínimo,
porque no es visto como un derecho de ella) se convierte en trabajo
asalariado, que debe pagarse de acuerdo con lo generalmente acep-
tado en el mercado de trabajo.
Así, se necesitarían probablemente grandes ahorros de tiempo de
trabajado para que la socialización del trabajo doméstico no acarrease
un aumento en el valor de la fuerza de trabajo. (Esto naturalmente no
implica que la socialización nunca se produciría si acarrease au-
mentos en el valor de la fuerza de trabajo, puesto que hay una serie
de otros factores, que discutiremos más adelante, que pueden in-
fluir en ello.) En efecto, podría ocurrir que muchos de los servicios
que se han mantenido como tareas domésticas no se presten en rea-
lidad a mayores ahorros de tiempo de trabajo. Por ejemplo, el cuida-
do de niños en edad preescolar correctamente socializado exige un
mínimo de un adulto por cada cinco niños, sin tomar en considera-
ción trabajos administrativos y subsidiarios. Si comparamos esto
con la familia promedio, con sus 2.5 niños por cada mujer, obtene-
mos en general un promedio de no más de 50% de ahorro de trabajo.
102 JEAN GARDINER

Así simplemente en términos del nivel general de los salarios,


parece haber presiones en contra de la socialización del trabajo do-
méstico y el cuidado de los niños desde el punto de vista capitalista.
Sin embargo, los otros dos tipos de factores económicos indicados
más arriba como importantes parecerían presionar e n dirección
contraria. El primero de ellos es la disponibilidad de una fuerza de
trabajo adecuada. Una presión por la socialización del trabajo do-
méstico y el cuidado de los niños podría surgir del reconocimiento
por parte del capital de que no podría reclutar suficientes trabaja-
doras sin asumir, directamente o a través del Estado, la responsabi-
lidad de la realización de algunas de las tareas que antes cumplían
éstas en sus familias. U n aspecto algo diferente de este problema es
que la socialización del cuidado de los niños podría producirse tam-
bién por razones educacionales, es decir, por la presión para modifi-
car la calidad de la fuerza de trabajo e n la próxima generación.
El tercer factor económico relacionado con esto se refiere a los
mercados adecuados p a r a la producción capitalista. La producción
de mercancías para consumo de los trabajadores es evidentemente
u n área importante de l a expansión capitalista. Los capitalistas
no siempre están preocupados por mantener bajos los salarios, co-
mo estímulo a la acumulación capitalista epuesto que en ciertos pe-
riodos el aumento de los salarios puede actuarn s u conjunto. Durante
u n a fase semejante del desarrollo capitalista, por lo tanto, la socia-
lización del trabajo doméstico podría producirse e n respuesta a la
búsqueda de nuevas á r e a s de expansión por parte del capital. Evi-
dentemente esto ocurrió, por ejemplo, e n Inglaterra durante las
décadas de 1950 y 1960, con la expansión de los alimentos prepa-
rados.
Si intentamos ahora reunir los diferentes argumentos económicos
relacionados con la socialización del trabajo doméstico, emergen dos
posibles interpretaciones. Por un lado, puede haber presiones conflic-
tivas sobre el capital e n s u conjunto, de modo que predominen pre-
siones diferentes e n diferentes fases del desarrollo capitalista (es
decir, según que haya crisis y estancamiento económico, o expan-
sión y productividad y empleo crecientes). Por otra parte, puede ha-
ber presiones conflictivas entre capitalistas, por ejemplo entre
quienes necesitan una fuerza de trabajo femenina en expansión o
cuyos beneficios están vinculados con la venta de bienes de consu-
mo a los trabajadores y aquellos cuya principal preocupación es
EL TRABAJO DOMESTICO DE LAS MUJERES l0.i

mantener bajos los salarios. (Esto puede reflejar o no un auténtico


conflicto de intereses entre capitalistas; puede verse meramente co-
mo un conflicto de capitalistas individuales incapaces de reconocer
los intereses a largo plazo del capital en su conjunto.) Sin embargo,
es importante señalar que las dos interpretaciones no se excluyen
mutuamente, como lo veremos más adelante.
Es posible así hallar argumentos económicos tanto para expli-
car el mantenimiento del trabajo doméstico bajo el capitalismo
como para sugerir la posibilidad de cambios en su papel en relación
con desarrollos subsiguientes del capitalismo. Ahora examinaré
brevemente los otros dos grupos de razones planteados como
posibles explicaciones de por qué ha conservado su importancia el
trabajo doméstico.

Factores psicológicos

La primera de estas preocupaciones concierne a la naturaleza de los


servicios prestados por el trabajo doméstico y la imposibilidad de
producir verdaderos sustitutos en forma de mercancía. Esto plan-
tea también la cuestión del modo como los trabajadores hombres se
benefician específicamente del papel de la mujer en el hogar. Pues
un componente importante de los valores de uso producidos por las
mujeres en la familia son las relaciones personales directas dentro
de ella en las que ellos se basan. Puede argumentarse que el conte-
nido emocional de muchas de las tareas que la mujer realiza para su
marido es tan importante para él como su propósito práctico. Así,
un hombre privado de los servicios de su mujer, a la vez que recibe un
salario adicional suficiente para comprar sustitutos comerciales,
podría sentir que ha salido perdiendo y terminar sumamente des-
contento. Esto no quiere decir que en la actualidad la familia satis-
faga todas las necesidades emocionales del hombre, sino más bien
que en la sociedad capitalista hay muy pocas maneras de satisfacer
esas necesidades fuera de la familia. Ciertamente nuestra imagen de
lo que sería el socialismo no elimina el trabajo doméstico, sino que
más bien lo plantea como una actividad cooperativamente comparti-
da antes que responsabilidad exclusiva de las mujeres.
104 JEAN GARDINER

Factores ideológicos

La otra explicación posible concierne al papel ideológico de la fami-


lia. Es posible que cualquier erosión ulterior del trabajo doméstico
pudiera socavar la noción de la familia independiente, responsable
de su propia supervivencia y en competencia con otras familias en
la consecución de ese fin. También es posible que la socialización del
cuidado de los niños en edad preescolar pudiera reducir el espíritu
competitivo, el individualismo y la aceptación pasiva del autorita-
rismo. Además, la eliminación del trabajo doméstico podría socavar
aún más el dominio de los hombres, la división sexual dentro de la
clase trabajadora y la pasividad de las mujeres, todo lo cual contribu-
ye a la estabilidad política de la sociedad capitalista. Sin embargo,
los cambios ideológicos ocurren en forma sumamente compleja y
ciertamente no sólo en respuesta a las modificaciones de la produc-
ción. El área de la ideología debe ser considerada mucho más dete-
nidamente de lo que yo puedo hacerlo aquí.

ECONÓMICAS CONTRADICTORIAS
PRESIONES

Como hemos señalado más arriba, en distintas fases del desarrollo


capitalista actuarán presiones económicas diferentes, que influirán
sobre si el trabajo doméstico y el cuidado de los niños seguirán siendo
domésticos o serán socializados.
Esto puede ilustrarse del siguiente modo: en una situación de
estancamiento económico como la actual en Inglaterra, cuando la
tasa general de inversión y de crecimiento económico son muy ba-
jas, el Estado intentará mantener bajos los salarios y el consumo
global de los trabajadores, así como estimular la inversión y la ex-
portación ofreciendo incentivos a los negocios. Esto tendrá las im-
plicaciones siguientes en lo que toca a la socialización del trabajo
doméstico y el cuidado de los niños.
11 El Estado tratará de minimizar el nivel de su gasto social,
reorientando en lo posible los recursos del consumo de los obreros
hacia la inversión industrial. Por lo tanto, es improbable que el
Estado amplíe las instituciones para el cuidado de los niños u otros
sustitutos del trabajo doméstico.
21 Aun cuando los capitalistas que producen mercancías para el
consumo de los trabajadores tratarán de conservar sus mercados,
los capitalistas en general buscarán mantener los salarios bajos. El
efecto general de esto será una reducción de los beneficios de los ca-
pitalistas que producen para el consumo de los trabajadores y posi-
blemente una reorientación del capital hacia sectores en que la
intervención estatal u otros factores aumenta la rentabilidad, por
ejemplo, las exportaciones. Debido a esto, es poco probable que du-
rante un periodo como éste el capital sea atraído a la producción pa-
ra el consumo de los trabajadores, incluyendo la socialización
capitalista del trabajo doméstico y el cuidado de los niños.
31 La producción de mercancías que representa una sustitución
directa del trabajo doméstico, como las comidas preparadas, puede
ser un sector de consumo de los trabajadores especialmente sujeto a
la declinación en un periodo de crisis, porque habrá presión sobre
las amas de casa para que sustituyan mercancías por su propio tra-
bajo a fin de estirar más el salario. Es interesante observar, por
ejemplo, que en 1971, año de alto desempleo y aceleración en el au-
mento de los precios de los alimentos, las ventas de alimentos pre-
parados disminuyeron 5%, mientras que la venta de alimentos de
temporada aumentó 4%, doble inversión de tendencias ya bastante
antiguas.4
41 Aun cuando en un periodo de estancamiento puede haber
ciertas áreas particulares de escasez de mano de obra femenina (por
ejemplo, enfermeras) que podrían presionar a algunos patrones a
que creen guarderías u otras instituciones, es poco probable que
una escasez general de mano de obra llegue a constituir un proble-
ma debido al nivel relativamente alto de desempleo.
Si examinamos ahora una situación de crecimiento económico,
con elevada tasa de inversiones y rápido aumento de la producción
per cápita acompañado por una balanza de pagos firme será proba-
ble que se produzca mayor socialización.
1)Sería posible que aumentaran tanto el consumo de mercancías
de los obreros como el gasto social del Estado sin reducir los beneficios.
2) El capital sería atraído a nuevas áreas de producción para
consumo de los trabajadores que serían rentables debido al au-
mento de los salarios.

"he National Food S u w e y .


106 JEAN GARDINER

3) El aumento de los salarios podría ser un requisito para el cre-


cimiento rápido, si fuera necesario obtener la aceptación por parte
de los obreros de nuevas técnicas y nuevos modos de organización
del trabajo de los cuales podría depender el crecimiento (por ejem-
plo, el trabajo por turnos).
4) Del mismo modo, si el capital necesitase mujeres que pudie-
sen trabajar tiempo completo o en turnos o simplemente requiriera
mayor cantidad de mujeres trabajadoras, la socialización del cuida-
do de los niños podría convertirse en un requisito indispensable.

He sostenido que el enfoque teórico de Seccombe sobre el trabajo do-


méstico de las mujeres puede ser criticado principalmente de los si-
guientes modos: su punto de vista de que es coherente con la teoría
del valor de Marx sostener que el trabajo doméstico crea un valor
equivalente a la suma del salario del trabajador masculino destina-
da a la reproducción y conservación del trabajador doméstico se
basa en una analogía incorrecta con la pequeña producción mercan-
til; su teoría del trabajo doméstico es ahistórica, puesto que no en-
frenta en modo alguno el problema de cómo se ha modificado el
papel del trabajo doméstico a partir del ascenso del capitalismo, o
por qué se ha conservado en la forma que tiene bajo el capitalismo.
La teoría implica un intercambio igual entre el marido asalariado y
el ama de casa, encubriendo tanto la posición desigual de poder den-
tro de la familia derivada de la dependencia económica de la mujer
y de la desigualdad de lo que efectivamente se intercambia, es decir,
servicios personales de parte de la esposa por mercancías moneta-
rias de parte del marido. La teoría lleva también a conclusiones em-
píricamente ridículas, por ejemplo la de que cuanto menos recibe
una esposa del salario de su marido menos contribuye a la creación
de valor. Finalmente, el enfoque teórico de Seccombe niega toda va-
lidez intrínseca a los problemas que está planteando el movimiento
feminista, y se basa en cambio en una preocupación sobre si las
amas de casa pueden "contribuir a la lucha de clases".
En el intento de plantear un enfoque alternativo del papel del
trabajo doméstico, he sostenido que el trabajo doméstico no crea va-
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