100%(1)100% encontró este documento útil (1 voto) 288 vistas15 páginasBLANCO AGUINAGA Carlos Realidad y Estilo en Juan Rulfo 1
Realidad y estilo en Juan Rulfo
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Loffargie, Yonge (
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estructura rigida, artificiosa, geometrizante, es el pro,
{ecto propio de una conciencia reificada en’el “smundo”
Se su clase, La accién se desenvuelve en Ia. ciudad
capital de México, a la velocidad de un tixista por
auyo auto deslilan individuos de. variada ,condiciéa,
‘costumbres; oficios, ambiciones...Esa procesién tipica
avanza encuadrada’ por dos slmbolos poco elnborados:
un nacimiento repentino al comienzo; la muerte del
Eeneral Robles en el final, Equidistante, el eje de este
idoscopic es el discurso de un personaje anacrénico
que autodefine su rol en el mundo: observar, stestiguar,
analizar inclusive lz historia oculta, secreta, de la urbet
“.,. me he convertids en especialista de la ciudad, mi
experiencia no la tiene ni ef més planchado historiador
nivel periodista mAs éguila, ni el confesor, ni el médico
Ge mas clientela, porque todos ellos no ven sino aspeo-
tox, parte de In vide, y yo abarea todo el panorama
subterrineo, todos los secretos, todas las debilidades
de os empingorotados y de los mas desgraciados, sin
que nadie se me escape, pues algo de todos ellos for-
wosamenie pass por el dichoso canal de desagiie..”
Estas palabras suponen una felsaria igealacién de to
material humans con deseclable y vergonzoso,
tuna de lar més earacterizadas inhiblciones de ta ima-
ineria escatoligica burguese, completada por una pré-
Sica espiritualista; “Contemplar las aguas, neyras, es
come leer apasionadamente las paginas del Apocalip-
ss, como descifrar cada uno de los simbolos para leer
el pasado, el prezcate y e! futuro de Ia humanidad .. .”
Ademés de una crematistice visién de Ia ciudad, conver-
tida en lugar de cita para todas les especies de Te co-
Frupeidn; en lo que Paul Ricoeur lama el mal ya-ahi,
anterior a fa conciencia. Yéiez se limité, por lo demés,
2 catslogar temas de conversagién, motivaciones, suces0s
dishdos... Nada edificé entie la inmediatez del nate-
Tel y se proyecoién abstracta; entre exhibicién y slego-
rh. Yuna novel alegérica, sin duda, se Jena con un
Sentide anterict y exterior a la fSbuls, Es, desde el
punto de wists extstice, preseincible,
Edusrde, Romano
Realidad y estilo de
Juan Rulfo
‘La verdad es lo subjctiva" habie dicho Kierkegeard;
realidad es un ésiad de alna", sientea ya los
imeras romansicos.. Asi, centrindolo tode oo, cada
mmbre sin pretensiéa de objetividad, limitnda los
campos de la ciencia y Ia rezén, este nuevo {dealismo
csoterrade en los grandes momentos del ‘dealisms ob-
Jetivo, del triunfo de lo ciencis y de le revolucion in
dustrial burguess, del positivismo— recorme el siglo xx
para estallsr en el irracionalismo de fines de siglo,
sirviendo de apoyo ideoiégico a 12 angustia del hozbis
prodemo que exige su subjetividid en medida de todsr
Tas cosas. Y enfrentandose a ie razin y la cleacia van
surgiendo en la filosofia_y en ef arte te oposicién al
elasicismo y 2] reaiismo. Coro en ta poesia y ia filoso-
fia y la pinture y la musica, se da ei fenémeno en Ie
prosa narrativa: frente al reslismo que deserboca en
el naturalisme de preteasiones nas, van surgiendo
en la novela y en el cuento el isapresionismno, el espirit:a-
lismo, el simbolismo. Frerte a iz narracin de pretensio-
nes fotogrificas —convivicndo con cllz en el iltimo tercio
del sighs xx—, la pintura, reflejo de un estado de alma;
frente ¢ Faubert'y Zela'el aco angus Ses
mo tratando de supera sus limitaciones por medi
de Ia destruccién de la re, lids a eae
hacia ¢! fondo del cacs hasta
irvealidad y destruccién de las} dee:
tempo, inferioridad y exteriondad, sueto
pesadills y mundo concreta. Asi, convisiondo
“chjetiva®, ahon
"gar, a veees,dad literaria con los mAs sensalos antinaturalistas (con
‘el romanticismo exaltado de Dostoievski, con el neo-
atealismo de Tolstoi, Caldés, el primer Joyce, He
mingway y tantos oles, con el realismo subjetivo de
D.-H. Lawrence), encontramas Ja prosa lirica de K
Mansfield, bondamente interior y atemporal, el subje-
tivismo total de Proust, al abstraccionismo del Ulysses
y, Finnegan's Wake, ies angustiadas narraciones de
Kafka. Obras y autores que, al Hevar al extremo la
Bisqueda subjetiva, destruyen las relaciones clisicas
‘entre el narrador y la realidad més concreta, entre lo
narrado y el espacio y tiempo.
En el cruce de todas estas corrientes, viviendo y crean-
do desde dentro con originalidad plena una La
Ta vez universal y moderna, tradicional y ‘mexicana,
encontramos ¢ Juan Rulfo, quien, con sus cuentos de
El Uano en lamas, y con su novela Pedro Pésamo, abre
rBuevos derroteros para 1: prosa narrativa mexicana,
Ralfo trae 2 la prose moricona esta subjetivided com
tempordnea, Ia sngustia del hombre modemy que $8
fiente nacido de la tires, do. un rion coneredsino
de terra (Dublin, Alabama, Jalisco), y que quisiera
agarratse a ella mientras todo se le desmorcna por
dentro: Ia agonia ~ya purarente contemplativa~ del
+ Esos “auevos deroteros” han sido reconocidos por muchos
de ios j6venes narradores mesicancs, La reticencia, l silencio,
Jegendaria de Rulfo, maestro e pesar suyo, no ha sid que-
brado desde Peto hamo rade que por algin oven esti
pendo —plenso ea “El dia del dezrimbe’— 0 por alguna
‘entrevista ceasinval Ja iltima, Ia realizada por Miguel
Brlante, aparecida en dos niimeros de la revista Confirmado
‘de Buenos Aitus, 11 ¥ 18 de julio le 1988, Los comentarios
tices sobre su obra, si bien ahundan, son breves o insii~
Riclentes. No conozco eh texto de Malksh Rabel que, segiia
Edmundo, Valades, es. “qiion-quiza, ha _huigado con mis
sapacidad” en Ia obra de lulfo (E, Viz "E] cueato mexicano
Hoelente” en Armas y Letras, Revista de lq Universidad de
Nueco Leéa, aii 3, nit. 4, sctubresdicieabre
Jog amills mais serine proton enatarce |
Inby (La infhues
dures hisgincarsericonos, Mexico,
60
solitario sin fe para quien todas las cosas que lo rodeat
son simbolos muds. No se trata ya dele tstean
Aesencanto reflexive del eseéptico-optimista, liberal
algo finisecular, a lo Azuela, por ejemplo. Rullo apa.
rece en las letras mexicanas eno de la angustia al
parecer sin solucién del hombre contemporineo, y aps-
rece —concretisima realidad nacional— en el despuds
de la Revolucién que presagiaba el desereido Solis en
Los de abajo; sparece sin fe, contemplando tierras
secas, caciques, el maiz que no érece, el polvo, el viento
sin sentido, las peregrinaciones a Talpa, los eximenes
mecinicos y primitivas, la soledad y miscria mudas de
los hombres del campo; coavencido de que hay st
interiores que ng se resuelven ni con el mensaje sovial
ni con la “bola”; “Pensaba enti, Susana... Miraba
caer las gota ‘luminadas por los’ seldmpagos, y cada
vez que sespiraba suspirabs, y cada vez que pensabs
pensaba en ti, Susana..." No queda ya ninguna, fe
‘exterior en que apoyarse. En su lugar, le violencia sor.
da, el fatalismo, y esa angustia licdniea, ‘quieta, que
efian Jos cuentos y la novela de Rullo. “Es difed
‘exeer sebiendo que In cosa de donde podemos sgarrar
nos pare entaizar esté mwerta”, dice wn personale. de
“Diles que no me maten”. En esta situociée Sle queds
vivir por dentro y desde dentro; a ta curiosidad obetiva
de Jos realistas y de los movelisins de la Revolucion,
curiosidad tm tanto cientifica y movalizante, a sa prea.
eupacién por ts realidad histéviea, sucede en ls prose
fareativa mexicana la pura angustia interior, sin teus
hia, de Raifo, angusta que Ib be toda te 50 propia
color, al costumbrismo sucede la penetracion lisica del
tema’y del lengua Pesetncin Kies de
Fronk (particularmente si reseia de Pedro Pisano, en la
Revota de la Universidad de Métien, vl SV maa VL
jlio 1961; reproducida en EL esrantiaie de
pins. 31 'y 35, jullsagista x miegutae f
Rodrigue Aleati (C1 arte ale Juan Balt He
y difuntos. Mevien, Vastituto Nacional de Belioe
Ko obstante elias, af traltsio ve Bluice,
ceoastitxe Cl Akis inipesw tele po
slog taubien esta
ata inberpretacion global de ls wbut de
sDonde mis se nota esta visién subjetiva del mundo de
Rulfo, su enfoque interior, lrico, de Ja realidad, es
‘en su tratamiento del tiempo y los personajes. La bue-
ype prosa natrativa mexicana anterior, ia de Azuela y
Martin Luis Cuzmén por ejemplo, so enfrenta objeti-
‘vamente, a la manera realista, a una realidad dindmica,
Fiuyente; Rulfo, solitario, terior, vive un tiempo sub-
jetivo que impone desde dentro, sentimentalmente, a
toda realidad ajena a si mismo, Ya en El Hono en
Hames, su libro de cuentos, es agobiante la falta de
dinamismo de la prose de Rulfo. Una sorda quictud,
un laconismo manétono y casi onirico, impregnan de
Sabor @ tragedia inminente el fatalismo primitive de ¢s-
tes cuentos en Jos cuales parece haberse detenido el
empo. Tanto en Tos cuentos que podriamos, llamar
descriptivos, sin aceién (“Luvina”), como en lor dra-
Initicos dislogados ("Diles que no’ me maten") o los
que narran un acontecer extemo (“Talpa"), Rulfo, con
mano maestra, logra detener el tempo, borrando « Ie
Yer todo aparecer exterior de los personajes, para dar-
‘nos esa monétons y difusa vivencia interior en que
Ja wagedia es siempre inmivente, intuida y aceptada,
En “Luvina” encontramos tal vez e) mejor ejemplo,
Desde el principio de la narracién, .con segura mano,
os lleva Rollo hacia va tempo de aparioncia imeal
tn tiempo que, segin avanza el cuento, vemos 0 ha
quedado quieto dentro de alguien, muerte. Empieza
Rui, el narrador aparente de Is historia, por eliminar
toda situacién espacial conereta: “De los cecos altos
del Sur, el de Luvina es el més alto y el mis pedre-
'g0s0". “Cerros altos del Sur": con esta primera frase
—engafiosa geografia_inconcreta que dominard todo el
Guento— nos lanza Rulfo hacia lo indefinido de uns
realidad interior, Y sigue la descripcién, en tiempo
presente —eliminando Iz historia cargada de color gris
y aceutuando lo negativo de ese mundo exterior que
Rulfo transforma con su palabra en visién subjetive
“Esta plagado de esa piedra gris con In que hacen cal,
pero en Luvina no hacen cal con cella nl te sacan nin-
frin provecho", Negando con estas dos oraciones, lo
extomo concrete, empieza Rulfo a bower 1a realidad
sparencial de su mundo
8
Al principio del segundo pérrafo nos sorprenden unos
Puntos suspensivos: “... ¥ la tierra es empinada”, Lo
que creiamos ser descripcién del esctitor parece ahora
fragmento sin légica de continvidad del meditar obs
nado de agin personaje, Fn efecto, cere de Hel
del pirrafo descubrimos que se trata de un personaje
que ‘habla: “Solo a veces, alli donde bay un poco
de sombra, escondido entre las piedras, floreoe el chi-
alote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote
pronto se marchita [se sigue acentuando el desmoro-
amiento de la realidad}. Entonoes uno lo oye rasgu-
fando el aire..." En efecto, nadie eseribe: alguien
habla, Y Ia vaguedad de ese uno apuntando hacia la
Gifuminacién del que habla, caracterlstica constante de
Rulfo. No s6lo [Link] ® descubriz que lo que pa
recia descripcién desde fuera, obra del narrador, es
conversucién que nos Tega desde dentro mismo’ del
euento, sino que nos Hega desde el origen impreciso
de ese uno peculiar de Ruifo: uno de sus tantos perso-
hajes sin nombre, sin apariencia hacia afuera,
Con ta entrada en ef tereer pirrafo ya nos ba evado
Rulfg desde lo que parecia ser su descripeién objetiva
a toda Ia vaguedad de una conversacién de un perso.
aje que no se nos ha situsdo ni en ef espacio ni en el
Hempo, tpagraticamente se nos antincia ahora que este
aque vamos leyendo es un didlogo:
=Ya mirard usted ese viento que sopla sobre Luving.
Es pardo...
Diblogo en que aparentemente, como en todo dislogo,
se enfrentan un yo y un ti 0 un vsted, pats acer pro-
fresar la namrzcién en el tempo. Pero esto es sélo
aparent. Al Lal del pirato (en que se hha acentuado
ahora et color parde}, alguien, gue suponemos es el
escritor, nos dice:
EX ommeg aque que hablobs 2 aveds collate wn rato,
mirando hacia fucre,
Hasta ellos Ueguba el sonido del rio.
892Quién habla?, goon quién?, edénde? El didlogo ha re-
Sultado una especic de monélogo interior de alguien,
mondlogo, en verdad, sin persona, espacio ni tiempo.
El yo y €l td nevesarlas al progreso de la accién en el
tiempo se hunden, se esfuman, desde ese aquel y ese
ellos. situados no sabemos culrido ni dénde.. eQuién
habla? gY con quién? Acentuando aqui, lo que es un
rasgo peculiarisimo de su visién del mundo (y de su
técnica), Rulfo ni se molesta en darnos nombres: frente
‘@ los cerros, el hombre aque] hablaba con alguien. Y,
‘en verdad, habla solo, por dentro; el didlogo es ya,
‘como siempre en Rulfo, monblogo ensimisinado,
Le falta de situacién conereta, el color gris pardo, la
[Link] lo negative dela realidad deserita, y
este paso apenas perceptible de autor a un personaje
ue, en rigor, habla do s{ hacia sf mismo, empiezan a
Uaslocar la relacién entre sujeto y objeto, la realidad
¥ quien Ie observa, Va surgiendo ¢} mundo fantasma-
érico que, llevado @ su extremo, conformaré Ia reali-
Cad de Pedrc Péramo. Y empieza Luvina, ee pueblo
del cero, ten realistamente descrito en su irrealidad,
2 dominarlo todo, a matarlo todo. Ni dénde, ni quia,
ni cuando: silo un cero alto y pedregoso. gris pardo,
en que hasta el viento “se planta”, sin tiempo.
Porque en Luvina, por fuera, no ocurre nada, 0 casi
nada: “Llveve poco... sf, Nueve poco”, no se habla
casi, no se trabaja, y hasta el viento, 2 pesar de su
rugit, esta estacionaco alla, de “bulto”, y “siempre”
encima de unc... oprimente”. Todo en Luvina esté
ara siempre, sin movimiento ni tempo; “Es cl lugar
jonde anida ta tistera”. Alld sélo hay viejos, sentados
en el umbral de fa puerta, “mirando Ja salida y Ia
puesta del sol, subiendo y ‘bajando la cabeza ... Es
fa custumbre, Alld le dicen ta ley...” Costumbre, ley,
Jp fijo, lo que no cambia, to gue se da en cl interior
del tiempo, ‘ajo ly historia de hiechos, de stcesos, do
movimiento, "Y alla siguen, Usted los vers ahora
‘Ahora, eomo siempre”. ¥ es que en Lavina se ha sus
pendide tudo ritmo exterior de vida.
90
Me parece que usted me pregunté cudntos of
Me parece que ysted me pregunté cudntos ofos estuve
(En los que hablan, casi fantasmas, ni el que se hayan
preguntado es seguro.)
La verdad es que no lo sé. Perdi la nocién del tiem;
deade que las fibres me lo enrcveserons pero. debts
haber silo uma eternidad.. Yes que alé el tem
tes muy largo. Nodie leva cuenta de tos horas ni a nadie
Ie preocupa cdémo san amontondndase los afias. Los
dias comiensan y se accban Luego viene Ja nache,
Solamente ef dia'y la nocke hasta ¢} dia de la rmerte,
que para ellos es una esperanza... Estar sentudo en
al umbral de la puerta, mirando la salida y la puesta
del sol, subiondo y dajando la cabexa, hasta que aca
ban alotindoce tos resorts y entonec todo se queda
Guieio, rin tlempo, como glee viclera slenipre
Gternidad. B20" hacen ell tos vies, meena
Todo se queda quieto, sin tiempo exterior, en esta
ferirlad dp ‘Ralls: Hasta Ty moasiona repeteton de
ideas y palabras en boca de} baSlante ~monolozante—
acentis esta impresién de aislainiento do todo, de vide
‘que se ha quedaco en susseaso, dentro,
Yo minh meted nse cient. gue sonle sabre Teninn
Es pardo. Dicon que porque arrastra arenc de volcdn;
re fo cierto ep eh un aire nero, YT werd wed
E u aire necro.
Be planta en Luving prontiendose de las covey como
si las mordiera... Ya lo veri usted.
Con este repetir se sittia ta conversaciém en un lento
¥ ensimismado tiempo interior. Cama para no salir do
Si mismos, como para evitar ensiguies progeesicn tem
poral, vital, los personajes dle Rulfo
de récoger, cada cierto nimera de frases,
ial de su chatla para hacer asi que
qeden snspensas ea un mismo momo sin historia
EI pracedimiento es constante en lus diiluges de Rul:
+s. Otra cosa, Niwa verd usted
en Luvin, AUG iodo A Rorizonts std d
31‘lado siempre por una mancha caliginosa que no se
ora nunca. Todo el lomerio pelén, sin una cosa verde
‘pare descansar los ojos; todo enouelto en el calin ceri-
Glonto... Usted verd es.
Y en otra parte:
Pues si, como le estaba diciendo. Ald Hueve poco...
Si, Hueve poco... como si alli hasta a la terra le hu
bieran crecido espinas. Como si asi fuera.
No se permite e} paso del tiempo entre la primera
pelabra y Ia dhtima, Se recage todo en una repeticiin
* @ uns variante de la frase original, Este procedimiento
de aguictamiento, este monétono y machacante hablar
interior recorre todos los cuentos de Rulfo y va a ser
fundamental en Pedro Pézamo.
¥ en este mediter obstinade que ex el mondlogo de
Luving, asi como no se permite Ia entrada del tiempo,
ge rechaza toda interferencia de lo vital:
Los gritos de los nifos se acercaron hasta meterse den
t70 de le tienda, Bsto hise qua €! hombre se laganta,
fuara haole la puerta y les dijera: “jVayanse mds lejos!
Ne interumpan! Sigin jugondo, pero sin armar cl-
roto”.
‘Que el’ ruido exterior no destruya esta quictud atem-
poral del mundo de Rulfo,
Asi, guidndonos sabiamente con su maestria, Rulfo nos
hha llevado a su visién de Ia realidad del campo mexi-
ano, realidad en que, por fuera, no pasa casi nada y
cuando pasa, ello es mecinicamente, por ley, por cor
tumbre de estallido violento que gcaba siempre por
rocogerse en Ia rombrin quletud do ere mundo ‘en
que los personajes sun come la naturaleza que él siente:
grises, difusos, sin vida autéatica hacia fuera, simbolos
mudos.
Hasta en un cuento esencislmenie dramético y dialo.
gado como “Diles que no me maten” es notable este
aquictamiento del tiempo y de todo suceder extero,
“Dies que no me muten” es uno de esas estalicias
99
violentos que, de vex en cuando, interrumpen ef mo-
nétono discurtir del tiempo interior de tos hombres
Ja naturaleza de Rulfo: se narra aqui un asesinato
y un fusilamiento.
Pero, en verdad, estos dos acontecimientos son entra-
das mecinicas y sin sentido ge aconlecet bistfrco en
la resignacién atemporal de Ja vida ‘Personajes
¥ que, como la ocasional Hegada 0 partda de algon
foven o de Ja luvia a Luvina, nada cambian a la quieta
muda realidad que Rulfo imagine dentro de sus
fombres. Hay aqui, como ea todos ics cuentos de Rulfo
una monétona y obsesionante fuerza que, desde den-
tro, aquieta todo tiempo y achata el sentido de toda
accidn extema, ¥ es que estamos en un mundo alienado
de le historia, un mundo desde dentro del cual todo
acontecer histérico se acopta en resignado silencio,
como ley mecénica e inevitable, pero superficial y sin
importancia trascendente,
Quién le tba o decir que volveria oguel esunta tan
‘ieio, ten rancio, tan enterredo como ereia que estab,
Aguel gsunto dé cuando twvo gue mater adon Lupe.
No nada mas por nomds, como quisicron hacerlo vcr
lay de Alima, sina poraue tua sus ezones. FL se ase
Don Lupe Terreros, el ducto de la Puerta de Piedra,
por més seftus su compedze. Al que él, Jucencio Nava,
tuvo que matar por eso; por ser cl ducio de be Pucria
de Piedra y que, siendo también su compadre, le megs
el pasto para sus animales,
Primero se aguanté por puro compromiso. Pero des-
pues, cuando fn sequia, on que ti cana se le marian
uno tras ofro sus animales hostigades por el hambre y
que sv compadre don Lupe scguia neasndele le yerba
de sus potreros, entonces fue cuando se puso a romper
la cerea ya arrear la bola de animoles flacos hista
las purancras para que so hurtaran de comer. ¥ ¢s0
no lo habia gustado a don Lupe, que mands topar
otra vex la cevea, para que é, Juvencio Nava, Je rol
8viera a abrir otra vez ef agujero. Ast, de dia se tapaba
el agujero y de noche se volole a abrir, micntras ef
ganado estaba alli, siempre pegado a la cerca, siempre
‘esperando; aquel ganado suyo que antes només se-vi-
‘via oliendo el pasto sin poder probarlo.
Y 4 y don Lupe alegaban y volvtan a alegar sin liegar
a ponerse de acuerdo,
Hasta que wna vez don Lupe le dijo:
Mira Juvencio, otro animal més que metas al potrero:
¥ te lo mato,
Y 41 le contesté:
=Mire, don Lupe, yu no tengo Ia culpa de que lor
‘animales busquen su acomedo. Ellos son inocentes. Ali
2 To halga st me los mata.
Y me maté un novillo,
Esto pasé hace treinta y cinco afios, por marzo, porque
ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del
exhorta.
Fatalismo y laconismo meditetiva yon aqui le razén.
de cer v la técnica narrative que conforman Ja realidad
de Rulfo, Aiadamos a esto la lejania imprecisa desde
Ja que viven y hablan, como ensimismados, cast todos
Jos personajes; el hecho de que todo disloga, en vex
de ir de un yo a un fd, va slempre, en realidad, de
tun yo hacia si mismo, convistiéndose en un mediter
hacia dentro ajeno a las formas del cambio, y tendre-
mas los elementos esencieles del mundo de Rulfo.
Si es sorprendente encontrar este meditar absorto, esto
estancamiento del tiempo en un cuenta dramitico, din
logado como “Diles que no me maten", mis aiin lo es
que se busque ¥ se logre este efecto en “Talpa, cuento
en que se natia una peregrinacién, un acontecer ex
temo, historico, progresivo,
Rolo podia haberse aceresdo a esta na
desde fuera, como observa
de ura realidad dinimica;’podia haber desairollado
a
todo ef evento como parece anuncialo en la primera
oracibn:
Natolia se metié entre los Urazos de su madve y Word
largaments alli con un lanto quedivo.
Pero, para imponcros su visién del mundo, he prefe-
rio bicetlo en primera persona,
Era un Uanto aguantado por muchos dias, guardado
hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su max
dre y comenzé a sentirse con ganas de consuclo.
Una primera persona que, arrancando de esta escena
de ahora, empieza a hablarse a si misma, desde dentro,
cen forma’ de recuerdo, casi como el personaje de “Lu-
vina”. En este recordar, ahora y antes parecen ys ser
€l mismo instante. Con’ ello se logra un estancamienta
del tiempo que, como en “Luvina”, como en "Diles que
no me maten”, como después en forma extrema en
Pedro Péramo, te permite 2 Rulfo trastomar lot planos
convencicnales de la rea‘idad objetiva pura lograr esa
honda y mexicanisima atinéstera de irrealidad que ha
traido @ nuestra prosa. La peregrinacién, la muerte
Ge Tani, los amores del carrador y Natalia, aparecen
ya, por obra de este provedimiento, en una iefania ex-
terior casi irreal de la que sélo queda el obstinado
recordar interior, quieto, zbsorto, sin tiempo de historia.
Mis insistente atin que en fos demis cuentos es aqui
el laconismo repetitive y monétono del que naira la
historia. Mas ain que en “Luvina”, a mondlogo, con
su repeticién de frases e ideas, con's recnger al final
de Jos pirsafos to dicho al principio, parece haber es-
taneado para siempre los litchos exterivics en ki mer
Gitacién Interior del personyje.
Lo que queriamos ea que se murine No estd poe
demas decir que eso ers ho que guuctianras desde untes
de sulir de Zenzontia y en cads na de las woches ae
sew ef camino de Telpa, Es cleo gue wo podemos entender chora; pero, entonces era lo que que-
ramos, Me acuerdo muy bien.
Me acuerdo muy bien de esas noches,
Entre el principio y et final del pérrafo, por obra de
1a repeticién, no ha pasado: el tiempo; ni eatre el final
nj el principio del pérrafo siguiente. Y ea otra parte
gl aismo procediieate: Stamos. 1
Algiin dia Tlegaré la noche, En eso pensSbamos. Lle-
garh In noche y nos pondremos 6 descansar. Ahora se
tata de cruzar ef dia, de atravesarlo como sea para
garter del color y del el. Desputs nos detendremos
Después. Lo que tenemas que hacer por lo pronto es
esfuerso tras esfuerzo para ir de prisa detrds de tantos
di nosotros y delante de otros muchos. De eso se trata.
Ya descansaremos bien bien cuando estemos muertos.
En eso pensibamos Natalia y yo...
La repeticién machacante, sorda, de la misme idea cle-
mental, de las mismas palabras, el paso de la narracioa
al presente en imperceptible cainbio de tempo (ea
eso pensdbamos... Ahora se trata... Después...), y
cl empleo insistente del vago relative “eso” nos prods-
‘cen la sensacién de estancamiento en el fiuir de la vida
que busca Rulfo.
Ingtil citar més ejemplos: casi no hay pérrafo en
“Talpa® en que no se emplee este método para elimi-
nar él fluir exterior del tempo. Para el personaje, sea-
tado tal ver como los viejos de “Lavina”, tal vez como
el vieio Pedro Paramo én su equipal, todo el acontecer
Amingo
Fran brajecks dos inelioe cove sive vosuciie de mucnzan:lls,
ste romcea, sts manvjas de foil, N+ fan tesido outa
201porque el ocote esié mojado, y ni tierra de encino por-
que también esté mojada por el mucho lover. Tienden
gus yerbas en el suelo, bajo los arcos del portal, y
esperan.
La Wuvia sigue cayendo sobre los charcos.
Los indlios esperan, Sienten que es un mal dia...
Nadie viene, El pucblo parece estar solo, La mujer les
encargé un poco de hilo de remiendo y algo de azdcar,
y de ser posible y de haber, un cedazo para colar ef
atole. El “gabén” seo les hace’ pesado de hunedad con-
forme se acerca el mediodia, Platican, se cusntan chis-
es y suelten [a risa. Las manzanillas brillan salpicadas
etl reco, Flere: St al mena habitat pao
fantito pulque, ne importarla; pero el cogoyo de
magueyes esté hecho un mar de agua. En fin, qué se
Ue 0a a haces”
¥ ello narrado ast, en tiempo presente, como si todos
Jos tiempos fuesen el mismo en esta realidad mexicans.
Realidad interior sobre la que Ia “violencia” exte-
or de un cacique, removigndolo todo, matindolo todo
menos ese tltimo refugio del fondo del alma en el que
‘se sabe que todo es come debe ser, que la “ley” es
fija, que, desde tiempo inmemorial, nada importa hacia
fuera. Pueblo que vive sus muertes y su muerte fuera
de la historia: Allé lejos, de repente, la Revolucién, el
hecho histérico de radical importancia, Pero aqui, a
Comala, de ia Revolucién sélo llegan algunos miembros
de Ja “bola” que se marchan como han legade; do-
jando un poco més de miseria tal vez, um poco’ mas
de muerte, pero sin cambiar apenas el fondo de las
cosas y las personas que, impetceptiblemente, en si-
lencio, sin gestos, marchan cada uxo hacia su ‘muerte,
El ciclo esid tan alto, y mis ojos ton sin mirada, que
vivia contenta con suber déade quedeba Ia tiesra
Yo de por si la vila so Veva con trabajos
2
La historia, la Revolucién por ejemplo, es para esto
vivir interior y resignada de Comala spenas el esquema
de vn lejano viento.
Comala sin historia hacia fuera. Comal que cuando
‘empieza In novela es ya definitivamente lo que, en un
sentido, habia sido siempre: un pueblo muctto. Co-
mala poblado sélo ya de rumores; rumores y ecos, pies
que 2e artastran. “Ruidos. Vooes, Rusores. Canciones
leianas:
mi novia me dio un pefuelo
zon orillas de Morar.
Rumores que lo conforman y deforman todo desde la
muerte.
¥ como en Comale, cvando Rolfo lo eoncibe, por fin
se, ha detenido el tiempo, todo el tiempo es ya una
¢temidad sepultada, Rollo se encuentra con tina lie
bertad absoluta para enfocer su mundo sin ninguna de
hs couvenciones de la novela realista wradicional. Ya
varios de sus cuentos estaban estructurados a base de
tn entigjvego de tiempos presentadas sin orden apa.
rente. Ahora, frente aun mando de fantasmas y Ta:
mores, of orden cronolégico de la narracién pierde toda
razbn'de ser y al desaparecer este orden desaparece
su convencién’simbélica: Ja estructaracitn de la obra
en capitules. En Pedro Péramo, en lugar de capitulys
cronolégieos 0 aun contrapunteadas~ encontramos
fragmentos: sélo fragmeatos de tiempos divessos, tela-
cionados tados entie si po: la unidad sin limites que cs
el no-tiempo de la muerte 7 1x confusién que son los
rumores mismos.
Con macstria asombrosa Rulfo ha ordenado ta confer
sid, el euos de voces y runores atemporslss con gue
se le dio esta obra y su persongie ceotial, Pero ha
ordenaddy —ahi by maastriim en Lieto hte, $i
que notemos Ja pesca Geikadara de) ane
escetbe desde ef tiempe
El experimento fallido de Joyea, que tantos frutes tea
dade 331, da uno unis, ahora en he literatina mesicans
103Era imposible seguir a Joyce, por ejemplo, en el orde-
nadisimo pero inevitablemente confuso ‘meditar de
Molly Bloom y ssi fo han comprendide todos los gran-
des narradores modernos que han “rebajado” su téc-
pica. Aqueilas cincuenta 0 sesenta iltimas paginas del
Ulysses, sia un punto ni una coma, en las que se en-
tecruzan resuerdo,senscioes @ ideas para el futuro,
a pesar de la meticulosidad con que fueron escritas
son el eaos mismo. Curiosa paradoje ésta ya que Joyce,
como pocos artistas antes o después, erey6 siempre en
1s capacidad del hombre para ordenar el caos desde
fuera. Pero en estas piginas lo ordena de tal manera
como si fuese e! ca0s mismo que sélo saliéndose de Ia
narracién y estudidndola desde fuera se puede llegar a
comprensién alguna. Asi, tenemos ahi o el caos mismo
© Ia asombrose pero obvia, exterior, maestria. Esta tée-
ica de Joyce fa sido juiciossmente. moderada en el
evento y la novela posterieres. Y con tal capacidad en
Rulfo que el eaos se nos ordena sin aparente macstria,
7 Jo compuendemcs sin que dej2 de ser por ello el ca0s
de voces 'y rumozes que vienen desde la muerte.
Desde luego, la novela tiene una estructure general
muy estricla, aungue no eparente en. ninguna separa-
cin de partes que romperia la unidad de ua momento
de tiempo que es toda lz narracién. Se podria decir
que esté dividide en dos pastes y am “remaase” que
sirve a la vez de explicaciin a la primera parte y de
‘wansicida para la segunda, La primera, parte va hasta
1a pagina 73. En ella se hacen casi todas lus observa-
ciones y Te narracién a través de una primera persona,
de ttn personaje de le novela, Juan Preciada, el hijo
que viene a Comala # buscar a’su padre Pedro Paramo.
Esta parte, que termina con la muerte de Juan Preciadlo
nos da [a atmésfera del pueblo y sirve para crear al
Pedro Péramo que veremos actiar en Ja segunda parte?
ppligscién: ahi ave-
narrada desde la
El “semanso” enopican por sor una
riguamos que Ja primera parte es
4 Diga “east” porque junto con la _narmacién en primers
persona aparecen aqul los suuiios romiutions de Polio Par
104
tumba? Y narrada de uy muerto a otto muerto, de
Joan Preciado & Doroten Dyada. Servirk inego ‘este
“remanso” para que en Ja segunda parte podamos co.
nocer los recuerdos més {ntimos de Susena San Juan,
natrados por ella misma desde su tomba, contigua a la
de Juan Preciado y Dototen Dyada.
La segunda parte (de la pig. 78 en adelante), interea-
Tada con idas y vueltas al “remanso” que son las tums
bas narra le plenitud del podeifo de Pedro Piramo y
su progresiva desintegracién, Agui, el narcador ee ¢!
novelista mismo que recoge la historia ~leyenda ya (al
vez— donde Ix dejan los rumozes y Juan Preciado en
su mueite, En esta parte narracién directa cas! tous
ella~ se vuelve sl tiempo anterior 2 que Comals fuese
jun pueblo definitivamente muerto, un pueblo de fan-
tesmas.
Dentro de esia estructura general, Rulfo maneja a la
perfeccisn €l entrejvego de reslidades en difeventes
plazes. Ast, en la primera parts se eatremezclua Ib pa
tracién en primera perscna de jan Freciadg, con Iye
sueitos del niiio Pedro Pirame, eon los recuerdos de Is
madie de Juan Preciado, los recuerdos de Edvviges,
ete, hasta que todo ello queda envuclto en unidad con
la muerte de Juan Preciado. En la segunda parte se
entiomezclan 1a naracién objetiva de fos sucesos exte-
iores del Comala anterior a ln muerte. de todo, cou
Jos recuerdos de Pedro Param, la realidad objetiva de
Ja muerte de Susana San Juan, con sus recuerdos deste
Ia tumba, etc. Y aparece la historia de In muerte de
Miguel Péramo contada dos veces, desde los eoctespan-
Gientes enfoques, una en cada parte de la novela. Y
todo ello sin confusién alguna, con un dominio de la
téemiea que demuestra Ia perfecta asimilacion del fondo
a Ja fonma, Asimilueidn tan honda pen
sresivamente, yayainas desde Ia contusica primera {la
risa confusion de Jum Preckado, Ja snisma dal nose
ram (y de Dolores Precio) que entean ew Le yar see
sit feito degen
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