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CAS9459Historia Clinica. Divulgación

Este documento presenta el resumen de un caso de casación penal en la Corte Suprema de Justicia de Colombia. El médico Oscar Castaño Valencia fue condenado por divulgar documentos reservados durante una rueda de prensa. Su defensa alega que la sentencia del Tribunal Superior interpretó erróneamente el tipo penal y no consideró que Castaño actuó bajo la convicción errada e invencible de que los documentos no eran reservados. La defensa solicita que se case la sentencia y absuelva a Castaño.

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CAS9459Historia Clinica. Divulgación

Este documento presenta el resumen de un caso de casación penal en la Corte Suprema de Justicia de Colombia. El médico Oscar Castaño Valencia fue condenado por divulgar documentos reservados durante una rueda de prensa. Su defensa alega que la sentencia del Tribunal Superior interpretó erróneamente el tipo penal y no consideró que Castaño actuó bajo la convicción errada e invencible de que los documentos no eran reservados. La defensa solicita que se case la sentencia y absuelva a Castaño.

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Rad.9459.

Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACION PENAL

Magistrado Ponente:

DR.DIDIMO PAEZ VELANDIA

Aprobado Acta No.101

Santafé de Bogotá, D.C., julio diez de

mil novecientos noventa y seis.

Conoce la Corte del recurso de casación

incoado contra la sentencia dictada el 24 de septiembre de

1993 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de

Manizales, en la cual, por revocación de la de primera

instancia, se condena al médico OSCAR CASTAÑO VALENCIA a

la pena principal de seis meses de arresto y a la

accesoria correspondiente, como autor responsable del

delito de divulgación y empleo de documentos reservados.

Por tratarse de hecho punible sancionado

con pena inferior a la que autoriza el recurso tradicional

de casación, la impugnación fue interpuesta por la defensa

con fundamento legal en el tercer inciso del artículo 218


Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

del C. de P.P. y concedida por la Corte en auto del 3 de

febrero de 1994 (cd.5).

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL

En rueda de prensa convocada el 26 de

julio de 1989 por los directivos del Instituto de Seguros

Sociales seccional Manizales, el entonces Director de esta

entidad, el médico OSCAR CASTAÑO VALENCIA, con el

pregonado propósito de explicar el procedimiento realizado

para la selección de médicos aspirantes a laborar allí uno

de los cuales había sido el doctor Jaime Alberto Miranda

Arroyo, que al no ser aceptado expresó su inconformidad,

dio a conocer detalles de su historia clínica como

paciente psiquiátrico, que reposaba en su hoja de vida,

con lo cual, según el denunciante que lo fue el mismo

afectado, se le ocasionaron serios perjuicios de diversa

clase, siendo tal la razón para que denunciase al primero

por los delitos de divulgación de documentos reservados e

injuria.

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Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

Adelantadas diligencias preliminares el

entonces Juzgado 13 de I.C. de la mencionada ciudad inició

investigación penal (fl.260 cd.ppl.1) y vinculó mediante

indagatoria al sindicado. Una vez perfeccionado el

sumario, el Juzgado 23 de la misma especialidad lo

comprometió en juicio solamente por el primero de los

delitos por los que fue denunciado, en resolución

acusatoria del 30 de abril de 1992, mientras que por el de

injuria ordenó la cesación de procedimiento (fls. 513-546

Cd.ppl.2).

Por el mismo hecho punible fue absuelto

en sentencia de primera instancia emanada del Juzgado 1

Penal del Circuito de Manizales (fl.783-803 cd.ppl.2),

pero apelada que fue esta decisión por la parte civil, el

Tribunal Superior del Distrito la revocó y lo condenó a

la pena referida (fls.820-838 cd.ppl.2), en la sentencia

que ha sido recurrida extraordinariamente por la defensa.

LA DEMANDA

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
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Dos cargos con fundamento legal en la

causal 1a. y uno en la causal 3a., ambas del artículo 220

del C. de P.P. formula el censor al fallo de la segunda

instancia:

Cargo Primero.- Es violatorio, de manera

directa, de la ley sustancial en la forma de

interpretación errónea del numeral 4 del artículo 40 del

C.P., error de tipo, porque le atribuye un sentido que

contraría, según precisa, "...su misma esencia y

finalidad, haciéndole... virtualmente inaplicable".

Previa transcripción de un fragmento de

la sentencia y referencia a la doctrina nacional respecto

de los elementos normativos del tipo penal afirma que el

fallo acusado omite importante parte de la tesis de

conocido tratadista nacional, en la que se basa, sobre el

error de tipo como excepción al principio del conocimiento

de la ley, el casacionista se da a la tarea de discutir

esa intelección del artículo 289 del C.P. por el ad quem,

pues dice, excluye "los casos en que el tipo contiene

elementos normativos especializados en los que,

cualitativamente, debe agregarse un juicio valorativo

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

particular respecto de esos elementos", lo que implica que

no pueden ser fácilmente percibidos por los sentidos; como

erradamente lo afirma el Tribunal.

Ratificando su criterio, afirma que el

Tribunal excluyó, en su interpretación, "los elementos

normativos especializados que requieren en el agente un

juicio valorativo particular...".

Ocupándose de la citada disposición

legal, explica que contiene "una serie de elementos

normativos especializados, de carácter extrapenal

constituídos por unas "categorías jurídicas extrapenales

que no pueden percibirse con una simple comprobación

sensorial" y, que es una norma penal en blanco "en cuanto

la clasificación de 'reservados' se hace para los

documentos en otras disposiciones, civiles, ..." y que esa

clasificación tampoco puede establecerse por 'una simple

comprobación sensorial'. Puntualiza que ese elemento

normativo es "la condición reservada del documento"

divulgado.

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Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

Concretándose al caso en estudio afirma

que "los documentos divulgados por el acusado...provenían

de una historia clínica siquiátrica del querellante, pero

estaban incorporados al archivo administrativo de la

Jefatura de Salud del ISS, despacho del doctor Castaño

Valencia en esa época, lo que les hacía en principio

problema, no tan común y corriente como ser captado por

una simple comprobación sensorial".

Tras aseverar el acierto sobre el tema

en consideración, de la sentencia de primer grado y

reiterar su ya conocido criterio, afirma que el error del

Tribunal determinó la condenación de su cliente; si no

hubiera incurrido en él, lo habría absuelto al concluir

que "obró con la convicción errada e invencible de que el

contenido del archivo administrativo de la Jefatura de

Salud del ISS a su cargo, era de libre conocimiento o

libre acceso, incluído el extracto de la historia clínica

siquiátrica de Jaime Miranda Arroyo, incorporada a ese

archivo tiempo atrás, sin su intervención personal,

incluso sin su conocimiento". Si el Tribunal hubiera

interpretado correctamente la norma tipificadora, habría

entendido que no podía darse por integrada "en la esfera

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Oscar Castaño V.
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del dolo" por contener elementos "sobre los cuales debe

preceder un juicio valorativo de carácter jurídico extra-

penal y especializado", por lo cual justamente el acusado

se procuró previamente a la divulgación de los documentos

el concepto de los asesores jurídicos del ISS sobre el

carácter no reservado de los mismos, basado en la Ley 23

de 1981, artículo 34, lo que confirma que actuó "con el

convencimiento errado e invencible de que su

comportamiento no infringía la ley penal, ni irrogaba

agravio a ningún bien jurídico tutelado...", de ahí que

asumiera la responsabilidad de lo que hacía, que siempre

consideró ajustado a derecho". Volviendo finalmente a otro

aparte de la sentencia en el que dice radica el yerro

interpretativo, solicita que se case y sustitutivamente se

absuelva al procesado.

Cargo Segundo.- PRIMERO SUBSIDIARIO.- La

sentencia es violatoria en forma indirecta de la ley

sustancial por error de hecho manifiesto en la apreciación

de determinadas pruebas.

Tras advertir: a... "Que el núcleo

probatorio del error sobre el tipo" invocado como causal

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de inculpabilidad no aceptada en la sentencia lo

constituye la constancia firmada por los abogados al

servicio del I.S.S. Carlos Arturo Yela y Gregorio Fidel

León de fecha 21 de julio de 1986, cinco días antes de la

rueda de prensa en el sentido de que el concepto sobre la

salud mental del médico Jaime Miranda Arroyo obrante en

"un archivo general" de la oficina del Jefe de División de

Salud era un documento público accesible a "cualquier

persona", precisamente por hallarse en ese archivo y no en

su historia clínica, sin que ello implicara violación de

la reserva establecida en el artículo 34 de la Ley 23 de

1981 ;

b. Que ese documento fue aducido legalmente

como prueba por el acusado siendo reconocido por sus

signatarios ;

c. Que la parte civil jamás lo tachó de

falso ni aportó prueba que controvirtiera a sus firmantes;

y,

d. Que dicha prueba debió ser analizada por

el Tribunal como lo ordena el artículo 254 del C.P.P.;

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afirma el censor que el Tribunal distorsionó, por "un

falso juicio de identidad" la tantas veces mencionada

prueba documental al analizarla en forma tal que en "un

decurso degradante y sucesivo", virtualmente la hizo

desaparecer del proceso con desconocimiento de las reglas

de la sana crítica.

Explicando los asertos precedentes el

profesional dedica su discurso seguidamente a controvertir

la premisa probatoria del Tribunal de que el archivo

administrativo en donde reposaba la historia clínica del

doctor Miranda no fue examinada por los abogados del

I.S.S. previamente a la emisión de su concepto del 21 de

julio porque ellos opinaron ante una "consulta verbal" del

procesado sobre si podía divulgar la historia

"administrativa" del doctor Miranda.

Concluye entonces que la inferencia del

Tribunal es "una suposición..., una valoración irrazonada

de la prueba" que aceptó "El pensamiento" de la parte

civil, de que el documento "...es espurio". Por lo tanto,

al aceptar el Tribunal que el procesado carecía del

concepto de los abogados al momento de divulgar la

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historia clínica en cuestión y desechar el error de tipo

que se propuso por la defensa, lanzó la afirmación "contra

la fuerza misma de la prueba legalmente aportada...en una

franca suposición, un falseamiento de la realidad...".

Pero además el Tribunal no apreció en

conjunto la prueba, pues disgregó de un grupo de pruebas,

la documental prealudida, separándola "de su contexto

histórico" e incurriendo en falso juicio de identidad,

"pues su valoración no coincide con la naturaleza de la

prueba". Las pruebas de las cuales se separó erradamente

para su valoración el documento fueron la inspección a la

Secretaría de Salud del I.S.S. y los testimonios de los

abogados Carlos Arturo Yela, Gregorio Fidel León y Blanca

Inés Benitez, las cuales demostraban la "real existencia

en la División de Salud, que fuera despacho del procesado

para la época de los hechos", del archivo llamado

"Doctor...Miranda...EXPEDIENTE HISTORIA ADMINISTRATIVA"; y

la existencia en ese archivo del "resumen de la historia

clínica del Doctor...Miranda..., durante su permanencia en

clínica neurosiquiátrica del Valle Ltda.".

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Oscar Castaño V.
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Igualmente los testimonios de los abogados

establecían que el concepto para la divulgación de los

documentos firmados por los abogados fue obtenido antes de

la rueda de prensa. En apoyo de este dicho transcribe

apartes de los testimonios de los abogados referidos.

Reiterando la censura sostiene que el

Tribunal afirmó "el ánimo criminal del procesado y no su

error sobre el tipo como circunstancia de inculpabilidad",

gracias al yerro probatorio denunciado.

Después de explicar la relación causal

entre la errada apreciación de que habla y el fallo de

condena, volviendo a los planteamientos anteriores

solicita que la Corte case la sentencia y sustitutivamente

absuelva al procesado "reconociendo su inculpabilidad al

tenor del ordinal 4 del artículo 40 del C.P.".

Cargo Tercero.- SEGUNDO SUBSIDIARIO.- La

sentencia se dictó en juicio viciado de nulidad por

vulneración al debido proceso.

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Oscar Castaño V.
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Varios fueron los principios reguladores de

esa garantía que se transgredieron en el proceso y de lo

cual resultó la referida nulidad: el principio de igualdad

-artículo 20 del C.P.P.- ; Los principios de legalidad y

de especialidad -artículo 1 del C.P.P.-; el principio de

unidad probatoria -artículo 2 del C.P.P.-.

Asevera, en relación con el primero, que el

Tribunal hizo caso omiso de los alegatos de la defensa

porque solo los refirió de manera "tangencial y

anecdótica", mientras que al escrito presentado por la

parte civil, que compartió y transcribió "a espacio" le

dedicó notable atención. Infringió así el fallador el

artículo 180 del C. de P.P. que ordena consignar un

resumen de la acusación y de los alegatos de los sujetos

procesales en la sentencia.

Atinente al principio de especialidad,

sostiene que al concretar la responsabilidad del procesado

el Tribunal no podía incluir los artículos 1-15, 2,9,37 y

47 de la Ley 23 de 1981 sobre Etica Médica porque estas

normas se refieren "específicamente a obligaciones ético-

profesionales de los médicos" y no a "probable o eventual

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Oscar Castaño V.
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responsabilidad penal". Esta ley solamente podía tomarse

como referencia normativa "para completar el tipo penal en

blanco del artículo 289 del C.P., en tanto en su artículo

34 define qué es la historia clínica, y le asigna la

calidad de documento sometido a reserva". Unos son los

deberes éticos del médico y "otros sus deberes jurídico-

penales; infringir los primeros comporta sanción

disciplinaria por parte del Tribunal de Etica Médica,

mientras transgredir la ley penal traduce sentencia

judicial; por tanto al confundir el fallo acusado la

naturaleza y los alcances de la legislación aludida

regresó "a la etapa de la moralidad indiferenciada,

inaceptable y violatoria del debido proceso".

La unidad probatoria fue vulnerada debido a

la "consideración fragmentaria de la prueba que contiene

la transcripción" de la rueda de prensa porque alude

solamente a la segunda parte de ella donde el procesado

"hace referencias al Doctor Miranda Arroyo", omitiendo la

primera parte de la entrevista, en la que el acusado se

dedicó a informar "amplia y detenidamente sobre el

concurso médico".

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Oscar Castaño V.
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También desconoció el principio de la

unidad probatoria "al considerar la sentencia una prueba

que conceptúa determinante de la intención antijurídica

del procesado", como fue su anticipada aceptación de la

responsabilidad civil "consecuente a sus afirmaciones",

omitiendo considerar las explicaciones de esa afirmación,

rendidas en su ampliación de indagatoria en la audiencia

pública por el acusado, en la que manifestó su convicción

de haber actuado correctamente, basado en el consejo de

sus asesores jurídicos.

De igual manera hubo violación al mismo

principio de unidad probatoria al considerar como indicio

"sustancial de responsabilidad la consulta que el acusado

elevó al Tribunal de Etica Médica".

El acusado adujo haber obtenido

autorización expresa del Presidente del Tribunal de Etica

Médica, Doctor Jaime Villegas, para la divulgación de la

historia clínica del médico denunciante, pero dicho

funcionario negó haber dado tal autorización, aunque sí

conversó con el procesado respecto de los "peritazgos del

Doctor Miranda".

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Oscar Castaño V.
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La sentencia desconoce el conjunto

probatorio al respecto y por ello concluye contrariamente

a la verdad procesal, pues desvincula la cuestión de la

prueba indiciaria del contexto de la rueda de prensa, de

los informes del periódico LA PATRIA y de la entrevista al

médico denunciante que generó la aclaración del Presidente

del Tribunal de Etica Médico, así como de la indagatoria

del procesado y el testimonio del Doctor Jaime Villegas.

Si no se hubiera fragmentado la apreciación

de la prueba en la forma mencionada la conclusión del

fallador habría sido diferente, pues el procesado nunca

sostuvo haber sido autorizado para revelar la historia

clínica del denunciante.

Terminando su alegación dice el demandante

que "hay entonces, debidamente demostrados, una serie de

contenidos en la sentencia violatoria del derecho

fundamental al debido proceso, que irrogaron injustamente

al acusado un resultado contrario a la verdad procesal a

la ley, y a la justicia". Solicita, para terminar la

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Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

casación de la sentencia, que su procurado sea absuelto en

sede extraordinaria.

LOS NO RECURRENTES.- ALEGATO APRECIATORIO

DE LA PARTE CIVIL.

En escrito en el que ninguna referencia

hace a la demanda de casación, el señor representante de

la parte civil formula consideraciones tendientes a

solicitar el mantenimiento de la sentencia recurrida

extraordinariamente, mediante el recuento del contenido

procesal y amplia alusión a las reflexiones del Tribunal,

específicamente en lo atinente a la desestimación del

aducido error de tipo en que la defensa sustentó en los

debates de instancia su pretensión absolutoria. Para

abundar en razones el profesional relaciona, también en

amplitud, apartes de un fallo de la Corte Constitucional

que tuteló, en caso similar, el derecho a la intimidad.

Con cita del artículo 34 de la Ley 23 de

1981 definitorio de la naturaleza de la historia clínica

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

del paciente y reiteraciones sobre la comisión del hecho

punible por parte del procesado, cierra la alegación con

la antedicha solicitud confirmatoria.

EL MINISTERIO PUBLICO

A la pretensión del casacionista se opone

el señor Procurador Tercero Delegado en lo Penal, con

juiciosas reflexiones al cabo de las cuales sugiere que se

mantenga el fallo acusado.

Ocupándose en primer lugar de la censura

tercera, en la que se pregona la nulidad de la sentencia,

considera que carece de asidero porque ninguna de las

vulneraciones que se pregonan tuvo ocurrencia.

Es así como, previamente cuestionando la

estructuración técnica de la demanda, que objeta por no

allanarse a la realidad procesal y por ser, más bien un

glosario de afirmaciones sin solidez, destaca que el

principio del debido proceso se respetó a plenitud en el

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Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

aspecto de igualdad de las partes cuando el Tribunal

dedicó especial atención al alegato de la parte civil,

pues fueron los intereses de ésta, atacados por el fallo

absolutorio de la primera instancia los que determinaron

la interposición del recurso de apelación por ese sujeto

procesal; de tal manera los argumentos del recurrente

debían, como en efecto lo fueron, ser estudiados por el

sentenciador de segundo grado, sin que ello implicara la

omisión del estudio del alegato de la defensa. Al contexto

pertinente de la sentencia hace alusión el funcionario al

descartar el reclamo del actor.

En relación con la transgresión al

principio de legalidad destaca que el fallador, al acudir

al Estatuto de la Etica Médica al efectuar la adecuación

típica de la conducta del procesado, lo que hizo fue

complementar el tipo en blanco del artículo 289 del C.P.

en lo referente a la calidad de reservado que tiene el

documento llamado "historia clínica de un paciente".

Atinente a la violación del principio de la

unidad probatoria, que el censor localiza en tres aspectos

probatorios, advierte el Procurador que la inconformidad

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

en verdad alude a la valoración de algunos de los

elementos de juicio por el fallador, con la que el

profesional no está de acuerdo; vale decir la objeción

debió ser formulada bajo la egida de la causal primera de

casación y, al no haberse hecho así, el cargo resalta su

deficiencia técnica casacional.

Lo anterior porque el debate lo orienta el

actor a reclamar por el desconocimiento de una causal

excluyente de culpabilidad a su poderdante discutiendo las

conclusiones probatorias del Tribunal, acudiendo a

afirmaciones variadas que desatienden las premisas

gobernantes de la demanda de casación, cuando de proponer

la nulidad del proceso se trata.

Decir que la rueda de prensa se analizó en

forma fragmentaria y que por ello se imputó al acusado el

delito materia de condenación, que es en lo que radica la

primera afirmación de violación de la unidad probatoria,

es atribuir a la sentencia un error de hecho en la

apreciación probatoria, que no podía tratarse a través de

la causal tercera del artículo 220 del C. de P.P. .

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Oscar Castaño V.
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Idéntica situación descalificante de la

demanda emerge de la acusación de que la indagatoria del

procesado fue analizada parcialmente por el fallador para

inculparlo, negándole el alcance absolutorio que sus

explicaciones contenían.

Otro tanto considera el funcionario, acaece

respecto de los reparos según los cuales se omitió en el

estudio probatorio del Tribunal la consideración integral

de algunas de las pruebas tales como la rueda de prensa,

los informes del diario la Patria y la entrevista al

médico denunciante.

Con estas acotaciones solicita la

desestimación del cargo tercero de la demanda.

Para oponerse a la censura de la violación

directa de los artículos 40.4 y 289 que pregona el actor

en el cargo primero, el Ministerio Público hace amplia

referencia a las consideraciones del Tribunal relativas a

la calidad de reservado del documento cuya divulgación

ilícita sanciona la ley penal y concluye que la

interpretación dada al artículo 34 de la Ley 23 de 1981

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

con el que integró el tipo penal prealudido, fue la

correcta. Destaca que esa disposición complementaria,

incluída en el Estatuto de la Etica Médica, aunque es de

carácter administrativo, con consecuencias de esta misma

índole en caso de transgresión, no obsta para que asuma la

condición de complemento normativo del tipo penal del

artículo 289 citado.

Añade que al rechazar el fallador la

exculpante alegada consideró factores que concurrían

inequívocamente a la atribución de culpabilidad al

acusado, como ser médico que ejercía la docencia

universitaria y ocupar el cargo que detentaba. Así

desentimó toda posibilidad de ignorancia del precepto

administrativo en comentario y de prohibición de

divulgación de los documentos sometidos a reserva en el

campo de la práctica de la medicina y acertadamente

estableció que la comprensión del precepto así tipificado

requería solamente una percepción sensorial común a

cualquier persona.

Ampliando su concepto consigna

apreciaciones en torno a la función del principio de

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

legalidad en el tipo penal y reflexiona sobre la manera

como deben analizarse, conforme a la hermenéutica

jurídica, los diversos elementos estructurantes del tipo

en el proceso de adecuación de la conducta, encontrando

que en el caso concreto el sentenciador aplicó las

necesarias previsiones para arribar a la conclusión que

desató la objeción del demandante.

Error de juicio no cometió, en la opinión

del funcionario, el fallador, que si bien no teorizó en el

aspecto de la invencibilidad del error, sí consideró esta

condición al estudiar la prueba y rechazar la exculpante

basado en las características del sujeto agente.

Tampoco el cargo segundo cumple con las

exigencias de orden técnico de la demanda de casación,

según el pensar del señor representante de la sociedad.

Encuentra que la descalificación por el

actor al estudio probatorio del Tribunal comporta

contradicciones conceptuales inaceptables en el tema de la

violación indirecta de la ley sustancial.

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

Tras precisar la clase de errores de hecho

aducibles en la demanda de casación y discurrir

extensamente al respecto, anota que el censor desconoce

los lineamientos básicos sobre el tema, dedicándose a

criticar, para rechazarlo, el criterio probatorio del

juzgador en su análisis de los varios elementos de juicio

en los que apoyó sus inferencias y conclusiones.

Es así que al cuestionar el fallo por no

aceptar que la divulgación de la historia clínica del

denunciante se realizó con autorización del Tribunal de

Etica Médica y con previa consulta a los asesores

jurídicos del I.S.S., incurre el censor en contradicciones

al afirmar coetáneamente que la comunicación en que se

resolvió por los abogados la consulta del acusado se

analizó separadamente del haz probatorio y fuera de su

contexto histórico pero, que la apreciación de esa prueba

obedeció a consideraciones subjetivas y suposiciones

desconocedoras de la naturaleza de la prueba.

Esta mezcla de aseveraciones envuelve una

aparente acusación por falso juicio de existencia de la

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

prueba, que además de confusamente expuesta se aparta de

la realidad procesal.

De otra parte, al criticar la valoración

del Tribunal atribuyéndole desconocimiento de los motivos

del procesado para divulgar la historia clínica tantas

veces mencionada, el discurso se dedica a objetar el grado

de credibilidad del fallador a las explicaciones de la

indagatoria, vale decir a plasmar el criterio

interpretativo del impugnante sobre la sentencia, más no a

indicar y demostrar el error que aduce.

Por lo demás la afirmación de que el único

fundamento del Tribunal para rechazar el error de tipo

devino del rechazo de la comunicación de los abogados

estimando que ellos no revisaron los documentos para

conceptuar y que además su comunicación fue posterior a la

rueda de prensa, el censor se aparta de la verdad en

cuanto las consideraciones a este respecto plasmadas en la

sentencia son adicionales a la que tuvo en cuenta las

características especiales del procesado para incurrir en

el reato.

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

Las reflexiones del casacionista así

propuestas, conducen según el Procurador a tener la

demanda como una especie de alegación de instancia, no

aceptable en sede de casación e imponen también la

desestimación de esta censura, llevándolo a solicitar en

últimas la no casación impetrada.

CONSIDERACIONES DE LA CORTE

Pese a ser el delito materia de la

sentencia uno de los que por su penalidad no admiten el

recurso de casación, éste fue concedido a discrecionalidad

de la Corte de acuerdo al tercer inciso del artículo 218

del C. de P.P., por cuanto el demandante adujo al

solicitarlo la necesidad de desarrollo jurisprudencial

sobre la causal de inculpabilidad del numeral 4 del

artículo 40 del C.P., conocida doctrinariamente como error

de tipo y la necesidad de protección de la garantía

fundamental del debido proceso.

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Se ocupará pues la Sala, en el orden de

prioridad que impone la alegación de la nulidad parcial

del proceso, del cargo atinente a ésta.

Cargo Tercero.- Violación de la garantía

del debido proceso por desconocimiento del principio de

igualdad de las partes (art.20 del C.P.P.).

Cierto es que el apelante de la sentencia

absolutoria que fuera proferida por el fallador de la

primera instancia fue el representante de la parte civil y

que para el efecto argumentó controvirtiendo las

consideraciones fundamentales de esa decisión judicial.

Indiscutible entonces el deber del Tribunal en su

condición de juez de segunda instancia de analizar las

razones de la inconformidad y cotejarlas con el fallo

recurrido; obviamente esto no le impedía al Tribunal

estudiar los fundamentos de la parte oponente que

respaldaban a dicho fallo, como en efecto lo hizo. Al así

proceder, el ad quem atendió la obligación de prestar

oídos a los sujetos procesales en igualdad de condiciones,

garantizando la imparcialidad del juzgamiento; de ello es

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Rad.9459.Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.

muestra fehaciente el contexto de la sentencia en su parte

considerativa, y más específicamente al tratar del aspecto

de la culpabilidad -que encontró manifestada en forma

dolosa-, al desechar el invencible error de que habló la

defensa y que el Juzgado había aceptado para impartir

absolución.

El que se hubieran rechazado los

planteamientos de la defensa no implicaba, como

equivocadamente parece haberlo entendido el recurrente,

atentado alguno contra la garantía de la igualdad, pues en

su trabajo de discernir el fallador tenía que decidirse

por alguna de las propuestas de los memorialistas en el

evento de compartirla, que tal fue lo que sucedió.

Incuestionable entonces que la pretensión

anulatoria por la razón en examen carece de fundamento.

Idéntico resultado obtiene la acusación de

vulneración del principio de legalidad por haberse

estructurado el tipo penal con el auxilio de la Ley 23 de

1981, es decir el Estatuto de la Etica Profesional de los

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médicos, respecto de la condición de documento reservado

de la historia clínica del paciente.

El artículo 289 del C.P. es, en efecto, una

de las llamadas normas penales en blanco, que por tal

motivo, para que surtan el efecto buscado por el

legislador deben complementarse con elementos normativos

ajenos provenientes del mismo ordenamiento penal o de otro

jurídico para precisar o actualizar la conducta a punir;

de lo contrario el encuadramiento típico resulta

imposible, pues contienen un vacío conceptual de

imperativa provisión.

Al acudir el Tribunal al Estatuto propio

del ejercicio profesional de la medicina para completar la

naturaleza del documento "historia clínica reservada",

simplemente llenó el vacío de la definición conductual del

artículo 289 del C.P. para lograr la correcta adecuación

típica. No sobrepasó la posibilidad que le confería la

correcta interpretación de la ley porque el Estatuto

extrapenal es una normatividad jurídica especializada y

perfectamente atendible, que no por ser del orden

disciplinario podía soslayarse arbitrariamente.

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Bajo este punto de vista no se menguó ni

desconoció el principio de legalidad del delito. No existe

entonces la pregonada necesidad de protección de la

garantía del debido proceso.

Menos surge esa necesidad garantista por el

alegado desconocimiento del estudio de la prueba conforme

a las reglas de la sana crítica, y en particular del

estudio conjunto de la prueba -unidad probatoria-.

No se remite a duda, como bien lo advierte

el Ministerio Público, que el motivo de disenso del

demandante se ancla en su inconformidad con la apreciación

probatoria adelantada por el Tribunal para revocar el

fallo absolutorio de la primera instancia.

Es así como asevera, de una parte, que la

transcripción de la rueda de prensa concedida por el

procesado, en la que incurrió en el hecho punible se hizo

en forma parcial; que se dejó de apreciar la explicación

del acusado respecto de su pública aceptación de la

responsabilidad civil que pudiera generar la entrevista

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periodística en que publicó la historia clínica del

denunciante, y que erró en la apreciación del indicio de

responsabilidad resultante de la consulta al Tribunal de

Etica Médica porque no analizó conjuntamente pruebas tales

como los testimonios del Presidente del dicho Tribunal

médico, la entrevista al médico denunciante que motivó la

carta aclaratoria de aquél, ni las explicaciones del

acusado en su indagatoria.

La explicación del reparo, como puede

verse, lejos está de pertenecer a los motivos que ameritan

la solicitud de nulidad por la vía casacional seleccionada

por el demandante. Todo él, constituído como está por

implicaciones de naturaleza probatoria debió ser propuesto

a través de la causal primera del artículo 220 del C. de

P.P., e imperativo como lo es el principio de limitación

en el recurso de casación, no corresponde a la Corte

enmendar los yerros conceptuales del libelo que inciden en

la intelección de la idea directriz de las censuras

propuestas.

De ahí que asista la razón al Procurador

cuando glosa el aspecto técnico de la alegación destacando

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las falencias de ésta índole que tan severamente la

descalifican.

Pero es que además, haciendo caso omiso de

estas inconsistencias, no advierte la Corte necesidad de

proteger la garantía que afirma el actor fue desconocida,

pues ella se revela incólume en el devenir procesal

íntegro.

No prospera el cargo.

Cargo Primero.- Violación directa de los

artículos 40.4 y 289 del C.P. por errónea interpretación

de estas normas, que condujo a la negación del

reconocimiento de la causal excluyente de culpabilidad

contenida en la primera.

Según el demandante erró el Tribunal al

considerar en su estudio del factor normativo contenido en

esa definición típíca: "documento que deba permanecer en

reserva", que es suficiente que el agente activo del hecho

punible tenga apenas un conocimiento general de la

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antijuridicidad de la conducta y que ese factor no

requiere para su comprensión condiciones especiales en las

personas, bastando su conocimiento de todos los elementos

que la rodean para, así, bajo estas consideraciones

rechazar el error de tipo por desconocimiento de uno de

los elementos integrantes de la descripción legal.

De cara a las disposiciones legales que el

Tribunal consideró en el proceso de encuadramiento típico

y al contexto del reparo, tiénese que la acusación pregona

la errada interpretación del numeral 4 del artículo 40

del C.P. y del artículo 34 de la Ley 23 de 1981 (Estatuto

de la Etica Médica), y la consecuente errada

interpretación del artículo 289 del C.P. .

Pues bien; el fallador tuvo en cuenta el

amplio ejercicio profesional del acusado en calidad de

docente de la facultad de medicina de la Universidad de

Caldas así como la investidura oficial y especializada que

ostentaba, que hacían suponer en sana lógica su

conocimiento del Estatuto Etico regente del cuerpo médico

y de las implicaciones de su transgresión en el campo

disciplinario. Siendo así era evidente que no podía

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desconocer que la divulgación de la historia clínica del

médico denunciante era dar a la publicidad un documento

reservado que solo podía pasar a dominio de la comunidad

con autorización del paciente implicado. De esta suerte,

totalmente pertinente era el acudir al artículo 34 del

Estatuto Etico Médico consagratorio de la calidad de

reservado del documento historia clínica, en orden a

completar la adecuación típica de la conducta del acusado

en el artículo 289 del C.P. .

Este precepto, norma en blanco, imponía al

fallador acudir al Estatuto Médico para verificar la

obligada reserva de la historia clínica; no de otra manera

el tipo penal adquiría su connotación integral.

Con esta comprensión del contenido y

alcance de dichos dispositivos legales, adecuados a la

prueba militante en un análisis serio y coherente, fuerza

es concluir que tampoco en la interpretación de la causal

de inculpabilidad alegada erró el sentenciador.

Clara muestra del acierto interpretativo la

constituyen las reflexiones contenidas en la parte motiva

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de la decisión impugnada, de las que no escapa la

explicación expuesta a manera de defensa por el acusado,

de que para la divulgación contó con el asentimiento del

Tribunal de Etica Médica previa consulta al respecto y con

el concepto jurídico de los abogados del I.S.S., siendo

estas consideraciones complementarias a la fundamental de

que las condiciones personales calificadas del acusado lo

excluían de la inculpabilidad que su defensor con

insistencia sostuvo, aunque sin éxito, pues que el alegado

error resultó también en criterio del Tribunal, vencible,

justamente por las calidades del sujeto activo del delito.

En estas condiciones, nada aporta el caso

en examen, ni la alegación del casacionista como para

generar su aducida necesidad de desarrollo o cambio

jurisprudencial en relación con el concepto de

inculpabilidad consagrado en el numeral 4 del artículo 40

del C.P., comunmente llamado error de tipo.

Por consiguiente, no prospera el cargo.

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Cargo Segundo.- Violación indirecta de la

ley sustancial por error de hecho en la apreciación de

determinadas pruebas.

La controversia del casacionista se arraiga

en discutir las conclusiones del Tribunal sobre la forma y

oportunidad en que los abogados del I.S.S. conceptuaron

que la historia "administrativa" del médico denunciante

podía ser divulgada.

En sentir del recurrente el fallador supuso

que la historia clínica del mencionado profesional no fue

examinada por los juristas para emitir su concepto sino

que opinaron ante una "consulta verbal" del médico acusado

sobre si se podía dar a conocer la historia

"administrativa" aludida. Esta suposición, según el actor

se basó en la aceptación del pensamiento de la parte civil

de que el documento de los abogados era espurio.

Como lo enseña el discurso, el actor

simplemente opone al criterio judicial el suyo propio, sin

indicar de donde provino el error que pudiera haber

provocado la errada apreciación de la prueba por el

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Tribunal; se limita a descalificar la conclusión alcanzada

por el fallador buscando invertirla en esta sede

extraordinaria, pero sin demostrar la razón de su dicho.

Olvida la elemental pero básica obligación

de enjuiciar la sentencia indicando con claridad y

precisión los errores de evaluación probatoria y

demostrándolos con la objetividad que permita al juez

extraordinario establecer su trascendencia en la decisión

impugnada con miras a su rompimiento.

Se ha dicho con insistencia por la Sala que

la apreciación probatoria del fallador de la segunda

instancia solo puede ser desconocida en sede casacional

cuando se puntualizan y demuestran por el demandante los

errores de objetiva detección, se prueba, e igualmente se

establece su eficacia para modificar el sentido o el

alcance de la decisión cuestionada. Si estos parámetros

son soslayados en la demanda ésta pierde su carácter como

sustento del recurso extraordinario, relegándose a la

categoría de glosario insustento, o incompleto, pero de

todas maneras desestimable. No basta que se conceptualice

el error que se aduce cometido por el sentenciador para

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habilitar como correcto el reparo, la demostración debe

ser completa y pertinente, y además extenderse a todas las

pruebas que soportan la decisión, pues de quedar en pie

las suficientes para mantener la imputación, resulta

igualmente inane la censura.

En el caso presente entremezcla el actor

para controvertir al Tribunal, bajo el concepto de "falso

juicio de identidad", situaciones que podrían comportar

falsos juicios de existencia, cuando afirma que se

disgregó erróneamente de otras la prueba documental

contenida en la constancia de los abogados del I.S.S. de

haber sido consultados sobre la posibilidad de divulgación

de la historia clínica tantas veces referida y su anuencia

a esa publicación por el acusado por tratarse de una

historia administrativa constitutiva de documento público

de libre acceso a cualquier persona sin que ello implicara

la violación del artículo 34 de la Ley 23 de 1981

(Estatuto de la Etica Médica). A continuación, sin la

necesaria precisión, asegura que la apreciación fue

errada, pero como se advirtió en precedencia, no demuestra

cuál fue la distorsión del contenido de la prueba

referida, dejando de puntualizar a la vez si los

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testimonios de los abogados, que cataloga de

confirmatorios de su concepto jurídico que autorizó la

publicación, fueron omitidos en el estudio probatorio,

prefiriendo, con cíclica reiteración convertir en error de

hecho por falso juicio de identidad el criterio judicial

contra el cual propone sin sustentación adecuada, el suyo.

Por este método en definitiva, termina

sustrayéndose del recurso extraordinario, cuya

sustentación, según también lo ha dicho con insistencia la

Corte, traduce y así debe plantearse, un juicio en derecho

contra la sentencia de segundo grado.

Soslayadas por el censor las exigencias en

referencia, impera concluir que tampoco esta censura cobra

eficacia.

No prospera el cargo.

Por lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE

JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del

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Ministerio Público y acogido, administrando justicia en

nombre de la República y por autoridad de la Ley,

R E S U E L V E :

NO CASAR la sentencia recurrida. En firme

DEVUELVASE el expediente al Tribunal de origen.

Cópiese y cúmplase.

FERNANDO E.ARBOLEDA RIPOLL RICARDO CALVETE RANGEL

JORGE CORDOBA POVEDA CARLOS A.GALVEZ ARGOTE

JORGE A.GOMEZ GALLEGO CARLOS E.MEJIA ESCOBAR

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DIDIMO PAEZ VELANDIA NILSON PINILLA PINILLA

JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA

PATRICIA SALAZAR CUELLAR

Secretaria

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