Rad.9459.
Casación
Oscar Castaño V.
Divulg.Doc.Reserv.
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACION PENAL
Magistrado Ponente:
DR.DIDIMO PAEZ VELANDIA
Aprobado Acta No.101
Santafé de Bogotá, D.C., julio diez de
mil novecientos noventa y seis.
Conoce la Corte del recurso de casación
incoado contra la sentencia dictada el 24 de septiembre de
1993 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Manizales, en la cual, por revocación de la de primera
instancia, se condena al médico OSCAR CASTAÑO VALENCIA a
la pena principal de seis meses de arresto y a la
accesoria correspondiente, como autor responsable del
delito de divulgación y empleo de documentos reservados.
Por tratarse de hecho punible sancionado
con pena inferior a la que autoriza el recurso tradicional
de casación, la impugnación fue interpuesta por la defensa
con fundamento legal en el tercer inciso del artículo 218
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del C. de P.P. y concedida por la Corte en auto del 3 de
febrero de 1994 (cd.5).
HECHOS Y ACTUACION PROCESAL
En rueda de prensa convocada el 26 de
julio de 1989 por los directivos del Instituto de Seguros
Sociales seccional Manizales, el entonces Director de esta
entidad, el médico OSCAR CASTAÑO VALENCIA, con el
pregonado propósito de explicar el procedimiento realizado
para la selección de médicos aspirantes a laborar allí uno
de los cuales había sido el doctor Jaime Alberto Miranda
Arroyo, que al no ser aceptado expresó su inconformidad,
dio a conocer detalles de su historia clínica como
paciente psiquiátrico, que reposaba en su hoja de vida,
con lo cual, según el denunciante que lo fue el mismo
afectado, se le ocasionaron serios perjuicios de diversa
clase, siendo tal la razón para que denunciase al primero
por los delitos de divulgación de documentos reservados e
injuria.
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Adelantadas diligencias preliminares el
entonces Juzgado 13 de I.C. de la mencionada ciudad inició
investigación penal (fl.260 cd.ppl.1) y vinculó mediante
indagatoria al sindicado. Una vez perfeccionado el
sumario, el Juzgado 23 de la misma especialidad lo
comprometió en juicio solamente por el primero de los
delitos por los que fue denunciado, en resolución
acusatoria del 30 de abril de 1992, mientras que por el de
injuria ordenó la cesación de procedimiento (fls. 513-546
Cd.ppl.2).
Por el mismo hecho punible fue absuelto
en sentencia de primera instancia emanada del Juzgado 1
Penal del Circuito de Manizales (fl.783-803 cd.ppl.2),
pero apelada que fue esta decisión por la parte civil, el
Tribunal Superior del Distrito la revocó y lo condenó a
la pena referida (fls.820-838 cd.ppl.2), en la sentencia
que ha sido recurrida extraordinariamente por la defensa.
LA DEMANDA
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Dos cargos con fundamento legal en la
causal 1a. y uno en la causal 3a., ambas del artículo 220
del C. de P.P. formula el censor al fallo de la segunda
instancia:
Cargo Primero.- Es violatorio, de manera
directa, de la ley sustancial en la forma de
interpretación errónea del numeral 4 del artículo 40 del
C.P., error de tipo, porque le atribuye un sentido que
contraría, según precisa, "...su misma esencia y
finalidad, haciéndole... virtualmente inaplicable".
Previa transcripción de un fragmento de
la sentencia y referencia a la doctrina nacional respecto
de los elementos normativos del tipo penal afirma que el
fallo acusado omite importante parte de la tesis de
conocido tratadista nacional, en la que se basa, sobre el
error de tipo como excepción al principio del conocimiento
de la ley, el casacionista se da a la tarea de discutir
esa intelección del artículo 289 del C.P. por el ad quem,
pues dice, excluye "los casos en que el tipo contiene
elementos normativos especializados en los que,
cualitativamente, debe agregarse un juicio valorativo
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particular respecto de esos elementos", lo que implica que
no pueden ser fácilmente percibidos por los sentidos; como
erradamente lo afirma el Tribunal.
Ratificando su criterio, afirma que el
Tribunal excluyó, en su interpretación, "los elementos
normativos especializados que requieren en el agente un
juicio valorativo particular...".
Ocupándose de la citada disposición
legal, explica que contiene "una serie de elementos
normativos especializados, de carácter extrapenal
constituídos por unas "categorías jurídicas extrapenales
que no pueden percibirse con una simple comprobación
sensorial" y, que es una norma penal en blanco "en cuanto
la clasificación de 'reservados' se hace para los
documentos en otras disposiciones, civiles, ..." y que esa
clasificación tampoco puede establecerse por 'una simple
comprobación sensorial'. Puntualiza que ese elemento
normativo es "la condición reservada del documento"
divulgado.
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Concretándose al caso en estudio afirma
que "los documentos divulgados por el acusado...provenían
de una historia clínica siquiátrica del querellante, pero
estaban incorporados al archivo administrativo de la
Jefatura de Salud del ISS, despacho del doctor Castaño
Valencia en esa época, lo que les hacía en principio
problema, no tan común y corriente como ser captado por
una simple comprobación sensorial".
Tras aseverar el acierto sobre el tema
en consideración, de la sentencia de primer grado y
reiterar su ya conocido criterio, afirma que el error del
Tribunal determinó la condenación de su cliente; si no
hubiera incurrido en él, lo habría absuelto al concluir
que "obró con la convicción errada e invencible de que el
contenido del archivo administrativo de la Jefatura de
Salud del ISS a su cargo, era de libre conocimiento o
libre acceso, incluído el extracto de la historia clínica
siquiátrica de Jaime Miranda Arroyo, incorporada a ese
archivo tiempo atrás, sin su intervención personal,
incluso sin su conocimiento". Si el Tribunal hubiera
interpretado correctamente la norma tipificadora, habría
entendido que no podía darse por integrada "en la esfera
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del dolo" por contener elementos "sobre los cuales debe
preceder un juicio valorativo de carácter jurídico extra-
penal y especializado", por lo cual justamente el acusado
se procuró previamente a la divulgación de los documentos
el concepto de los asesores jurídicos del ISS sobre el
carácter no reservado de los mismos, basado en la Ley 23
de 1981, artículo 34, lo que confirma que actuó "con el
convencimiento errado e invencible de que su
comportamiento no infringía la ley penal, ni irrogaba
agravio a ningún bien jurídico tutelado...", de ahí que
asumiera la responsabilidad de lo que hacía, que siempre
consideró ajustado a derecho". Volviendo finalmente a otro
aparte de la sentencia en el que dice radica el yerro
interpretativo, solicita que se case y sustitutivamente se
absuelva al procesado.
Cargo Segundo.- PRIMERO SUBSIDIARIO.- La
sentencia es violatoria en forma indirecta de la ley
sustancial por error de hecho manifiesto en la apreciación
de determinadas pruebas.
Tras advertir: a... "Que el núcleo
probatorio del error sobre el tipo" invocado como causal
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de inculpabilidad no aceptada en la sentencia lo
constituye la constancia firmada por los abogados al
servicio del I.S.S. Carlos Arturo Yela y Gregorio Fidel
León de fecha 21 de julio de 1986, cinco días antes de la
rueda de prensa en el sentido de que el concepto sobre la
salud mental del médico Jaime Miranda Arroyo obrante en
"un archivo general" de la oficina del Jefe de División de
Salud era un documento público accesible a "cualquier
persona", precisamente por hallarse en ese archivo y no en
su historia clínica, sin que ello implicara violación de
la reserva establecida en el artículo 34 de la Ley 23 de
1981 ;
b. Que ese documento fue aducido legalmente
como prueba por el acusado siendo reconocido por sus
signatarios ;
c. Que la parte civil jamás lo tachó de
falso ni aportó prueba que controvirtiera a sus firmantes;
y,
d. Que dicha prueba debió ser analizada por
el Tribunal como lo ordena el artículo 254 del C.P.P.;
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afirma el censor que el Tribunal distorsionó, por "un
falso juicio de identidad" la tantas veces mencionada
prueba documental al analizarla en forma tal que en "un
decurso degradante y sucesivo", virtualmente la hizo
desaparecer del proceso con desconocimiento de las reglas
de la sana crítica.
Explicando los asertos precedentes el
profesional dedica su discurso seguidamente a controvertir
la premisa probatoria del Tribunal de que el archivo
administrativo en donde reposaba la historia clínica del
doctor Miranda no fue examinada por los abogados del
I.S.S. previamente a la emisión de su concepto del 21 de
julio porque ellos opinaron ante una "consulta verbal" del
procesado sobre si podía divulgar la historia
"administrativa" del doctor Miranda.
Concluye entonces que la inferencia del
Tribunal es "una suposición..., una valoración irrazonada
de la prueba" que aceptó "El pensamiento" de la parte
civil, de que el documento "...es espurio". Por lo tanto,
al aceptar el Tribunal que el procesado carecía del
concepto de los abogados al momento de divulgar la
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historia clínica en cuestión y desechar el error de tipo
que se propuso por la defensa, lanzó la afirmación "contra
la fuerza misma de la prueba legalmente aportada...en una
franca suposición, un falseamiento de la realidad...".
Pero además el Tribunal no apreció en
conjunto la prueba, pues disgregó de un grupo de pruebas,
la documental prealudida, separándola "de su contexto
histórico" e incurriendo en falso juicio de identidad,
"pues su valoración no coincide con la naturaleza de la
prueba". Las pruebas de las cuales se separó erradamente
para su valoración el documento fueron la inspección a la
Secretaría de Salud del I.S.S. y los testimonios de los
abogados Carlos Arturo Yela, Gregorio Fidel León y Blanca
Inés Benitez, las cuales demostraban la "real existencia
en la División de Salud, que fuera despacho del procesado
para la época de los hechos", del archivo llamado
"Doctor...Miranda...EXPEDIENTE HISTORIA ADMINISTRATIVA"; y
la existencia en ese archivo del "resumen de la historia
clínica del Doctor...Miranda..., durante su permanencia en
clínica neurosiquiátrica del Valle Ltda.".
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Igualmente los testimonios de los abogados
establecían que el concepto para la divulgación de los
documentos firmados por los abogados fue obtenido antes de
la rueda de prensa. En apoyo de este dicho transcribe
apartes de los testimonios de los abogados referidos.
Reiterando la censura sostiene que el
Tribunal afirmó "el ánimo criminal del procesado y no su
error sobre el tipo como circunstancia de inculpabilidad",
gracias al yerro probatorio denunciado.
Después de explicar la relación causal
entre la errada apreciación de que habla y el fallo de
condena, volviendo a los planteamientos anteriores
solicita que la Corte case la sentencia y sustitutivamente
absuelva al procesado "reconociendo su inculpabilidad al
tenor del ordinal 4 del artículo 40 del C.P.".
Cargo Tercero.- SEGUNDO SUBSIDIARIO.- La
sentencia se dictó en juicio viciado de nulidad por
vulneración al debido proceso.
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Varios fueron los principios reguladores de
esa garantía que se transgredieron en el proceso y de lo
cual resultó la referida nulidad: el principio de igualdad
-artículo 20 del C.P.P.- ; Los principios de legalidad y
de especialidad -artículo 1 del C.P.P.-; el principio de
unidad probatoria -artículo 2 del C.P.P.-.
Asevera, en relación con el primero, que el
Tribunal hizo caso omiso de los alegatos de la defensa
porque solo los refirió de manera "tangencial y
anecdótica", mientras que al escrito presentado por la
parte civil, que compartió y transcribió "a espacio" le
dedicó notable atención. Infringió así el fallador el
artículo 180 del C. de P.P. que ordena consignar un
resumen de la acusación y de los alegatos de los sujetos
procesales en la sentencia.
Atinente al principio de especialidad,
sostiene que al concretar la responsabilidad del procesado
el Tribunal no podía incluir los artículos 1-15, 2,9,37 y
47 de la Ley 23 de 1981 sobre Etica Médica porque estas
normas se refieren "específicamente a obligaciones ético-
profesionales de los médicos" y no a "probable o eventual
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responsabilidad penal". Esta ley solamente podía tomarse
como referencia normativa "para completar el tipo penal en
blanco del artículo 289 del C.P., en tanto en su artículo
34 define qué es la historia clínica, y le asigna la
calidad de documento sometido a reserva". Unos son los
deberes éticos del médico y "otros sus deberes jurídico-
penales; infringir los primeros comporta sanción
disciplinaria por parte del Tribunal de Etica Médica,
mientras transgredir la ley penal traduce sentencia
judicial; por tanto al confundir el fallo acusado la
naturaleza y los alcances de la legislación aludida
regresó "a la etapa de la moralidad indiferenciada,
inaceptable y violatoria del debido proceso".
La unidad probatoria fue vulnerada debido a
la "consideración fragmentaria de la prueba que contiene
la transcripción" de la rueda de prensa porque alude
solamente a la segunda parte de ella donde el procesado
"hace referencias al Doctor Miranda Arroyo", omitiendo la
primera parte de la entrevista, en la que el acusado se
dedicó a informar "amplia y detenidamente sobre el
concurso médico".
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También desconoció el principio de la
unidad probatoria "al considerar la sentencia una prueba
que conceptúa determinante de la intención antijurídica
del procesado", como fue su anticipada aceptación de la
responsabilidad civil "consecuente a sus afirmaciones",
omitiendo considerar las explicaciones de esa afirmación,
rendidas en su ampliación de indagatoria en la audiencia
pública por el acusado, en la que manifestó su convicción
de haber actuado correctamente, basado en el consejo de
sus asesores jurídicos.
De igual manera hubo violación al mismo
principio de unidad probatoria al considerar como indicio
"sustancial de responsabilidad la consulta que el acusado
elevó al Tribunal de Etica Médica".
El acusado adujo haber obtenido
autorización expresa del Presidente del Tribunal de Etica
Médica, Doctor Jaime Villegas, para la divulgación de la
historia clínica del médico denunciante, pero dicho
funcionario negó haber dado tal autorización, aunque sí
conversó con el procesado respecto de los "peritazgos del
Doctor Miranda".
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La sentencia desconoce el conjunto
probatorio al respecto y por ello concluye contrariamente
a la verdad procesal, pues desvincula la cuestión de la
prueba indiciaria del contexto de la rueda de prensa, de
los informes del periódico LA PATRIA y de la entrevista al
médico denunciante que generó la aclaración del Presidente
del Tribunal de Etica Médico, así como de la indagatoria
del procesado y el testimonio del Doctor Jaime Villegas.
Si no se hubiera fragmentado la apreciación
de la prueba en la forma mencionada la conclusión del
fallador habría sido diferente, pues el procesado nunca
sostuvo haber sido autorizado para revelar la historia
clínica del denunciante.
Terminando su alegación dice el demandante
que "hay entonces, debidamente demostrados, una serie de
contenidos en la sentencia violatoria del derecho
fundamental al debido proceso, que irrogaron injustamente
al acusado un resultado contrario a la verdad procesal a
la ley, y a la justicia". Solicita, para terminar la
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casación de la sentencia, que su procurado sea absuelto en
sede extraordinaria.
LOS NO RECURRENTES.- ALEGATO APRECIATORIO
DE LA PARTE CIVIL.
En escrito en el que ninguna referencia
hace a la demanda de casación, el señor representante de
la parte civil formula consideraciones tendientes a
solicitar el mantenimiento de la sentencia recurrida
extraordinariamente, mediante el recuento del contenido
procesal y amplia alusión a las reflexiones del Tribunal,
específicamente en lo atinente a la desestimación del
aducido error de tipo en que la defensa sustentó en los
debates de instancia su pretensión absolutoria. Para
abundar en razones el profesional relaciona, también en
amplitud, apartes de un fallo de la Corte Constitucional
que tuteló, en caso similar, el derecho a la intimidad.
Con cita del artículo 34 de la Ley 23 de
1981 definitorio de la naturaleza de la historia clínica
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del paciente y reiteraciones sobre la comisión del hecho
punible por parte del procesado, cierra la alegación con
la antedicha solicitud confirmatoria.
EL MINISTERIO PUBLICO
A la pretensión del casacionista se opone
el señor Procurador Tercero Delegado en lo Penal, con
juiciosas reflexiones al cabo de las cuales sugiere que se
mantenga el fallo acusado.
Ocupándose en primer lugar de la censura
tercera, en la que se pregona la nulidad de la sentencia,
considera que carece de asidero porque ninguna de las
vulneraciones que se pregonan tuvo ocurrencia.
Es así como, previamente cuestionando la
estructuración técnica de la demanda, que objeta por no
allanarse a la realidad procesal y por ser, más bien un
glosario de afirmaciones sin solidez, destaca que el
principio del debido proceso se respetó a plenitud en el
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aspecto de igualdad de las partes cuando el Tribunal
dedicó especial atención al alegato de la parte civil,
pues fueron los intereses de ésta, atacados por el fallo
absolutorio de la primera instancia los que determinaron
la interposición del recurso de apelación por ese sujeto
procesal; de tal manera los argumentos del recurrente
debían, como en efecto lo fueron, ser estudiados por el
sentenciador de segundo grado, sin que ello implicara la
omisión del estudio del alegato de la defensa. Al contexto
pertinente de la sentencia hace alusión el funcionario al
descartar el reclamo del actor.
En relación con la transgresión al
principio de legalidad destaca que el fallador, al acudir
al Estatuto de la Etica Médica al efectuar la adecuación
típica de la conducta del procesado, lo que hizo fue
complementar el tipo en blanco del artículo 289 del C.P.
en lo referente a la calidad de reservado que tiene el
documento llamado "historia clínica de un paciente".
Atinente a la violación del principio de la
unidad probatoria, que el censor localiza en tres aspectos
probatorios, advierte el Procurador que la inconformidad
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en verdad alude a la valoración de algunos de los
elementos de juicio por el fallador, con la que el
profesional no está de acuerdo; vale decir la objeción
debió ser formulada bajo la egida de la causal primera de
casación y, al no haberse hecho así, el cargo resalta su
deficiencia técnica casacional.
Lo anterior porque el debate lo orienta el
actor a reclamar por el desconocimiento de una causal
excluyente de culpabilidad a su poderdante discutiendo las
conclusiones probatorias del Tribunal, acudiendo a
afirmaciones variadas que desatienden las premisas
gobernantes de la demanda de casación, cuando de proponer
la nulidad del proceso se trata.
Decir que la rueda de prensa se analizó en
forma fragmentaria y que por ello se imputó al acusado el
delito materia de condenación, que es en lo que radica la
primera afirmación de violación de la unidad probatoria,
es atribuir a la sentencia un error de hecho en la
apreciación probatoria, que no podía tratarse a través de
la causal tercera del artículo 220 del C. de P.P. .
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Idéntica situación descalificante de la
demanda emerge de la acusación de que la indagatoria del
procesado fue analizada parcialmente por el fallador para
inculparlo, negándole el alcance absolutorio que sus
explicaciones contenían.
Otro tanto considera el funcionario, acaece
respecto de los reparos según los cuales se omitió en el
estudio probatorio del Tribunal la consideración integral
de algunas de las pruebas tales como la rueda de prensa,
los informes del diario la Patria y la entrevista al
médico denunciante.
Con estas acotaciones solicita la
desestimación del cargo tercero de la demanda.
Para oponerse a la censura de la violación
directa de los artículos 40.4 y 289 que pregona el actor
en el cargo primero, el Ministerio Público hace amplia
referencia a las consideraciones del Tribunal relativas a
la calidad de reservado del documento cuya divulgación
ilícita sanciona la ley penal y concluye que la
interpretación dada al artículo 34 de la Ley 23 de 1981
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con el que integró el tipo penal prealudido, fue la
correcta. Destaca que esa disposición complementaria,
incluída en el Estatuto de la Etica Médica, aunque es de
carácter administrativo, con consecuencias de esta misma
índole en caso de transgresión, no obsta para que asuma la
condición de complemento normativo del tipo penal del
artículo 289 citado.
Añade que al rechazar el fallador la
exculpante alegada consideró factores que concurrían
inequívocamente a la atribución de culpabilidad al
acusado, como ser médico que ejercía la docencia
universitaria y ocupar el cargo que detentaba. Así
desentimó toda posibilidad de ignorancia del precepto
administrativo en comentario y de prohibición de
divulgación de los documentos sometidos a reserva en el
campo de la práctica de la medicina y acertadamente
estableció que la comprensión del precepto así tipificado
requería solamente una percepción sensorial común a
cualquier persona.
Ampliando su concepto consigna
apreciaciones en torno a la función del principio de
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legalidad en el tipo penal y reflexiona sobre la manera
como deben analizarse, conforme a la hermenéutica
jurídica, los diversos elementos estructurantes del tipo
en el proceso de adecuación de la conducta, encontrando
que en el caso concreto el sentenciador aplicó las
necesarias previsiones para arribar a la conclusión que
desató la objeción del demandante.
Error de juicio no cometió, en la opinión
del funcionario, el fallador, que si bien no teorizó en el
aspecto de la invencibilidad del error, sí consideró esta
condición al estudiar la prueba y rechazar la exculpante
basado en las características del sujeto agente.
Tampoco el cargo segundo cumple con las
exigencias de orden técnico de la demanda de casación,
según el pensar del señor representante de la sociedad.
Encuentra que la descalificación por el
actor al estudio probatorio del Tribunal comporta
contradicciones conceptuales inaceptables en el tema de la
violación indirecta de la ley sustancial.
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Tras precisar la clase de errores de hecho
aducibles en la demanda de casación y discurrir
extensamente al respecto, anota que el censor desconoce
los lineamientos básicos sobre el tema, dedicándose a
criticar, para rechazarlo, el criterio probatorio del
juzgador en su análisis de los varios elementos de juicio
en los que apoyó sus inferencias y conclusiones.
Es así que al cuestionar el fallo por no
aceptar que la divulgación de la historia clínica del
denunciante se realizó con autorización del Tribunal de
Etica Médica y con previa consulta a los asesores
jurídicos del I.S.S., incurre el censor en contradicciones
al afirmar coetáneamente que la comunicación en que se
resolvió por los abogados la consulta del acusado se
analizó separadamente del haz probatorio y fuera de su
contexto histórico pero, que la apreciación de esa prueba
obedeció a consideraciones subjetivas y suposiciones
desconocedoras de la naturaleza de la prueba.
Esta mezcla de aseveraciones envuelve una
aparente acusación por falso juicio de existencia de la
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prueba, que además de confusamente expuesta se aparta de
la realidad procesal.
De otra parte, al criticar la valoración
del Tribunal atribuyéndole desconocimiento de los motivos
del procesado para divulgar la historia clínica tantas
veces mencionada, el discurso se dedica a objetar el grado
de credibilidad del fallador a las explicaciones de la
indagatoria, vale decir a plasmar el criterio
interpretativo del impugnante sobre la sentencia, más no a
indicar y demostrar el error que aduce.
Por lo demás la afirmación de que el único
fundamento del Tribunal para rechazar el error de tipo
devino del rechazo de la comunicación de los abogados
estimando que ellos no revisaron los documentos para
conceptuar y que además su comunicación fue posterior a la
rueda de prensa, el censor se aparta de la verdad en
cuanto las consideraciones a este respecto plasmadas en la
sentencia son adicionales a la que tuvo en cuenta las
características especiales del procesado para incurrir en
el reato.
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Las reflexiones del casacionista así
propuestas, conducen según el Procurador a tener la
demanda como una especie de alegación de instancia, no
aceptable en sede de casación e imponen también la
desestimación de esta censura, llevándolo a solicitar en
últimas la no casación impetrada.
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
Pese a ser el delito materia de la
sentencia uno de los que por su penalidad no admiten el
recurso de casación, éste fue concedido a discrecionalidad
de la Corte de acuerdo al tercer inciso del artículo 218
del C. de P.P., por cuanto el demandante adujo al
solicitarlo la necesidad de desarrollo jurisprudencial
sobre la causal de inculpabilidad del numeral 4 del
artículo 40 del C.P., conocida doctrinariamente como error
de tipo y la necesidad de protección de la garantía
fundamental del debido proceso.
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Se ocupará pues la Sala, en el orden de
prioridad que impone la alegación de la nulidad parcial
del proceso, del cargo atinente a ésta.
Cargo Tercero.- Violación de la garantía
del debido proceso por desconocimiento del principio de
igualdad de las partes (art.20 del C.P.P.).
Cierto es que el apelante de la sentencia
absolutoria que fuera proferida por el fallador de la
primera instancia fue el representante de la parte civil y
que para el efecto argumentó controvirtiendo las
consideraciones fundamentales de esa decisión judicial.
Indiscutible entonces el deber del Tribunal en su
condición de juez de segunda instancia de analizar las
razones de la inconformidad y cotejarlas con el fallo
recurrido; obviamente esto no le impedía al Tribunal
estudiar los fundamentos de la parte oponente que
respaldaban a dicho fallo, como en efecto lo hizo. Al así
proceder, el ad quem atendió la obligación de prestar
oídos a los sujetos procesales en igualdad de condiciones,
garantizando la imparcialidad del juzgamiento; de ello es
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muestra fehaciente el contexto de la sentencia en su parte
considerativa, y más específicamente al tratar del aspecto
de la culpabilidad -que encontró manifestada en forma
dolosa-, al desechar el invencible error de que habló la
defensa y que el Juzgado había aceptado para impartir
absolución.
El que se hubieran rechazado los
planteamientos de la defensa no implicaba, como
equivocadamente parece haberlo entendido el recurrente,
atentado alguno contra la garantía de la igualdad, pues en
su trabajo de discernir el fallador tenía que decidirse
por alguna de las propuestas de los memorialistas en el
evento de compartirla, que tal fue lo que sucedió.
Incuestionable entonces que la pretensión
anulatoria por la razón en examen carece de fundamento.
Idéntico resultado obtiene la acusación de
vulneración del principio de legalidad por haberse
estructurado el tipo penal con el auxilio de la Ley 23 de
1981, es decir el Estatuto de la Etica Profesional de los
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médicos, respecto de la condición de documento reservado
de la historia clínica del paciente.
El artículo 289 del C.P. es, en efecto, una
de las llamadas normas penales en blanco, que por tal
motivo, para que surtan el efecto buscado por el
legislador deben complementarse con elementos normativos
ajenos provenientes del mismo ordenamiento penal o de otro
jurídico para precisar o actualizar la conducta a punir;
de lo contrario el encuadramiento típico resulta
imposible, pues contienen un vacío conceptual de
imperativa provisión.
Al acudir el Tribunal al Estatuto propio
del ejercicio profesional de la medicina para completar la
naturaleza del documento "historia clínica reservada",
simplemente llenó el vacío de la definición conductual del
artículo 289 del C.P. para lograr la correcta adecuación
típica. No sobrepasó la posibilidad que le confería la
correcta interpretación de la ley porque el Estatuto
extrapenal es una normatividad jurídica especializada y
perfectamente atendible, que no por ser del orden
disciplinario podía soslayarse arbitrariamente.
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Bajo este punto de vista no se menguó ni
desconoció el principio de legalidad del delito. No existe
entonces la pregonada necesidad de protección de la
garantía del debido proceso.
Menos surge esa necesidad garantista por el
alegado desconocimiento del estudio de la prueba conforme
a las reglas de la sana crítica, y en particular del
estudio conjunto de la prueba -unidad probatoria-.
No se remite a duda, como bien lo advierte
el Ministerio Público, que el motivo de disenso del
demandante se ancla en su inconformidad con la apreciación
probatoria adelantada por el Tribunal para revocar el
fallo absolutorio de la primera instancia.
Es así como asevera, de una parte, que la
transcripción de la rueda de prensa concedida por el
procesado, en la que incurrió en el hecho punible se hizo
en forma parcial; que se dejó de apreciar la explicación
del acusado respecto de su pública aceptación de la
responsabilidad civil que pudiera generar la entrevista
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periodística en que publicó la historia clínica del
denunciante, y que erró en la apreciación del indicio de
responsabilidad resultante de la consulta al Tribunal de
Etica Médica porque no analizó conjuntamente pruebas tales
como los testimonios del Presidente del dicho Tribunal
médico, la entrevista al médico denunciante que motivó la
carta aclaratoria de aquél, ni las explicaciones del
acusado en su indagatoria.
La explicación del reparo, como puede
verse, lejos está de pertenecer a los motivos que ameritan
la solicitud de nulidad por la vía casacional seleccionada
por el demandante. Todo él, constituído como está por
implicaciones de naturaleza probatoria debió ser propuesto
a través de la causal primera del artículo 220 del C. de
P.P., e imperativo como lo es el principio de limitación
en el recurso de casación, no corresponde a la Corte
enmendar los yerros conceptuales del libelo que inciden en
la intelección de la idea directriz de las censuras
propuestas.
De ahí que asista la razón al Procurador
cuando glosa el aspecto técnico de la alegación destacando
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las falencias de ésta índole que tan severamente la
descalifican.
Pero es que además, haciendo caso omiso de
estas inconsistencias, no advierte la Corte necesidad de
proteger la garantía que afirma el actor fue desconocida,
pues ella se revela incólume en el devenir procesal
íntegro.
No prospera el cargo.
Cargo Primero.- Violación directa de los
artículos 40.4 y 289 del C.P. por errónea interpretación
de estas normas, que condujo a la negación del
reconocimiento de la causal excluyente de culpabilidad
contenida en la primera.
Según el demandante erró el Tribunal al
considerar en su estudio del factor normativo contenido en
esa definición típíca: "documento que deba permanecer en
reserva", que es suficiente que el agente activo del hecho
punible tenga apenas un conocimiento general de la
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antijuridicidad de la conducta y que ese factor no
requiere para su comprensión condiciones especiales en las
personas, bastando su conocimiento de todos los elementos
que la rodean para, así, bajo estas consideraciones
rechazar el error de tipo por desconocimiento de uno de
los elementos integrantes de la descripción legal.
De cara a las disposiciones legales que el
Tribunal consideró en el proceso de encuadramiento típico
y al contexto del reparo, tiénese que la acusación pregona
la errada interpretación del numeral 4 del artículo 40
del C.P. y del artículo 34 de la Ley 23 de 1981 (Estatuto
de la Etica Médica), y la consecuente errada
interpretación del artículo 289 del C.P. .
Pues bien; el fallador tuvo en cuenta el
amplio ejercicio profesional del acusado en calidad de
docente de la facultad de medicina de la Universidad de
Caldas así como la investidura oficial y especializada que
ostentaba, que hacían suponer en sana lógica su
conocimiento del Estatuto Etico regente del cuerpo médico
y de las implicaciones de su transgresión en el campo
disciplinario. Siendo así era evidente que no podía
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desconocer que la divulgación de la historia clínica del
médico denunciante era dar a la publicidad un documento
reservado que solo podía pasar a dominio de la comunidad
con autorización del paciente implicado. De esta suerte,
totalmente pertinente era el acudir al artículo 34 del
Estatuto Etico Médico consagratorio de la calidad de
reservado del documento historia clínica, en orden a
completar la adecuación típica de la conducta del acusado
en el artículo 289 del C.P. .
Este precepto, norma en blanco, imponía al
fallador acudir al Estatuto Médico para verificar la
obligada reserva de la historia clínica; no de otra manera
el tipo penal adquiría su connotación integral.
Con esta comprensión del contenido y
alcance de dichos dispositivos legales, adecuados a la
prueba militante en un análisis serio y coherente, fuerza
es concluir que tampoco en la interpretación de la causal
de inculpabilidad alegada erró el sentenciador.
Clara muestra del acierto interpretativo la
constituyen las reflexiones contenidas en la parte motiva
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de la decisión impugnada, de las que no escapa la
explicación expuesta a manera de defensa por el acusado,
de que para la divulgación contó con el asentimiento del
Tribunal de Etica Médica previa consulta al respecto y con
el concepto jurídico de los abogados del I.S.S., siendo
estas consideraciones complementarias a la fundamental de
que las condiciones personales calificadas del acusado lo
excluían de la inculpabilidad que su defensor con
insistencia sostuvo, aunque sin éxito, pues que el alegado
error resultó también en criterio del Tribunal, vencible,
justamente por las calidades del sujeto activo del delito.
En estas condiciones, nada aporta el caso
en examen, ni la alegación del casacionista como para
generar su aducida necesidad de desarrollo o cambio
jurisprudencial en relación con el concepto de
inculpabilidad consagrado en el numeral 4 del artículo 40
del C.P., comunmente llamado error de tipo.
Por consiguiente, no prospera el cargo.
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Cargo Segundo.- Violación indirecta de la
ley sustancial por error de hecho en la apreciación de
determinadas pruebas.
La controversia del casacionista se arraiga
en discutir las conclusiones del Tribunal sobre la forma y
oportunidad en que los abogados del I.S.S. conceptuaron
que la historia "administrativa" del médico denunciante
podía ser divulgada.
En sentir del recurrente el fallador supuso
que la historia clínica del mencionado profesional no fue
examinada por los juristas para emitir su concepto sino
que opinaron ante una "consulta verbal" del médico acusado
sobre si se podía dar a conocer la historia
"administrativa" aludida. Esta suposición, según el actor
se basó en la aceptación del pensamiento de la parte civil
de que el documento de los abogados era espurio.
Como lo enseña el discurso, el actor
simplemente opone al criterio judicial el suyo propio, sin
indicar de donde provino el error que pudiera haber
provocado la errada apreciación de la prueba por el
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Tribunal; se limita a descalificar la conclusión alcanzada
por el fallador buscando invertirla en esta sede
extraordinaria, pero sin demostrar la razón de su dicho.
Olvida la elemental pero básica obligación
de enjuiciar la sentencia indicando con claridad y
precisión los errores de evaluación probatoria y
demostrándolos con la objetividad que permita al juez
extraordinario establecer su trascendencia en la decisión
impugnada con miras a su rompimiento.
Se ha dicho con insistencia por la Sala que
la apreciación probatoria del fallador de la segunda
instancia solo puede ser desconocida en sede casacional
cuando se puntualizan y demuestran por el demandante los
errores de objetiva detección, se prueba, e igualmente se
establece su eficacia para modificar el sentido o el
alcance de la decisión cuestionada. Si estos parámetros
son soslayados en la demanda ésta pierde su carácter como
sustento del recurso extraordinario, relegándose a la
categoría de glosario insustento, o incompleto, pero de
todas maneras desestimable. No basta que se conceptualice
el error que se aduce cometido por el sentenciador para
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habilitar como correcto el reparo, la demostración debe
ser completa y pertinente, y además extenderse a todas las
pruebas que soportan la decisión, pues de quedar en pie
las suficientes para mantener la imputación, resulta
igualmente inane la censura.
En el caso presente entremezcla el actor
para controvertir al Tribunal, bajo el concepto de "falso
juicio de identidad", situaciones que podrían comportar
falsos juicios de existencia, cuando afirma que se
disgregó erróneamente de otras la prueba documental
contenida en la constancia de los abogados del I.S.S. de
haber sido consultados sobre la posibilidad de divulgación
de la historia clínica tantas veces referida y su anuencia
a esa publicación por el acusado por tratarse de una
historia administrativa constitutiva de documento público
de libre acceso a cualquier persona sin que ello implicara
la violación del artículo 34 de la Ley 23 de 1981
(Estatuto de la Etica Médica). A continuación, sin la
necesaria precisión, asegura que la apreciación fue
errada, pero como se advirtió en precedencia, no demuestra
cuál fue la distorsión del contenido de la prueba
referida, dejando de puntualizar a la vez si los
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testimonios de los abogados, que cataloga de
confirmatorios de su concepto jurídico que autorizó la
publicación, fueron omitidos en el estudio probatorio,
prefiriendo, con cíclica reiteración convertir en error de
hecho por falso juicio de identidad el criterio judicial
contra el cual propone sin sustentación adecuada, el suyo.
Por este método en definitiva, termina
sustrayéndose del recurso extraordinario, cuya
sustentación, según también lo ha dicho con insistencia la
Corte, traduce y así debe plantearse, un juicio en derecho
contra la sentencia de segundo grado.
Soslayadas por el censor las exigencias en
referencia, impera concluir que tampoco esta censura cobra
eficacia.
No prospera el cargo.
Por lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE
JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del
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Ministerio Público y acogido, administrando justicia en
nombre de la República y por autoridad de la Ley,
R E S U E L V E :
NO CASAR la sentencia recurrida. En firme
DEVUELVASE el expediente al Tribunal de origen.
Cópiese y cúmplase.
FERNANDO E.ARBOLEDA RIPOLL RICARDO CALVETE RANGEL
JORGE CORDOBA POVEDA CARLOS A.GALVEZ ARGOTE
JORGE A.GOMEZ GALLEGO CARLOS E.MEJIA ESCOBAR
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DIDIMO PAEZ VELANDIA NILSON PINILLA PINILLA
JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA
PATRICIA SALAZAR CUELLAR
Secretaria
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