UNIVERSIDAD PERUANA UNIÓN
EAP PSICOLOGIA
RUTH KARINA AYUDANTE BALDOCEDA
28/06/10
CITAS SOBRE LA PSICOLOGIA EDUCATIVA
LIBRO: MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO I Y LA EDUCACION
AUTOR: ELENA G. DE WHITE
La verdadera educación no consiste en inculcar por la fuerza la instrucción en una
mente que no está lista para recibirla. Hay que despertar las facultades mentales, lo
mismo que el interés. A esto respondía el método de enseñanza de Dios. El que
creó la mente y ordenó sus leyes, dispuso su desarrollo de acuerdo con ellas.
La ciencia de una vida cristiana pura, saludable y consecuente se obtiene por el
estudio de la Palabra del Señor. Esta es la educación más elevada que cualquier ser
terrenal puede obtener. Estas son las lecciones que deben enseñarse a los
estudiantes en nuestras escuelas, para que puedan salir con pensamientos puros y
mentes y corazones limpios, preparados para ascender la escalera del progreso y
practicar las virtudes cristianas. -Ms 86, 1905.
Si un maestro no puede sentir la responsabilidad y el cuidado que debería revelar al
tratar con las mentes humanas, es que su educación en algunos casos ha sido muy
defectuosa. En la vida de hogar el adiestramiento ha sido perjudicial para el
carácter, y es triste reproducir este carácter y conducción defectuosos en los niños
puestos bajo su cuidado. -FE 260, 261 (1893).
Los maestros que trabajan en esta parte de la viña del Señor, necesitan tener
dominio propio, mantener bajo control su genio y sus sentimientos, y asimismo
estar sujetos al Espíritu Santo. Deben dar evidencia de poseer, no una experiencia
unilateral, 197 sino una mente bien equilibrada, un carácter simétrico. -CM 183 (ed
PP); 148 (ed ACES) (1913).
Lo que Dios hará con estos jóvenes aparentemente sin posibilidades usted no lo
sabe. Dios ha aceptado y escogido, en lo pasado, a personas precisamente como
ellos para hacer una gran obra para El. Su Espíritu, obrando sobre el corazón, ha
actuado como una batería eléctrica, despertando las facultades aparentemente
dormidas a una acción vigorosa y perseverante. El Señor vio en estas piedras
ásperas, sin interés y sin pulir, el metal precioso que soportará la prueba de la
tormenta y la tempestad y la fiera prueba del fuego. Dios no mira lo que el hombre
mira, Dios no juzga como el hombre juzga-. El escudriña el corazón. -Ms 2, 1881.
La educación que consiste en adiestrar la memoria y tiende a desalentar la reflexión
personal, ejerce una influencia moral que se aprecia demasiado poco. Al renunciar
el estudiante a la facultad de razonar y juzgar por sí mismo, se incapacita para
distinguir la verdad y el error, y es fácil presa del engaño. No cuesta inducirlo a
seguir la tradición y la costumbre.(pág. 231)
Mientras se tenga en vista el gran propósito de la educación, debería animarse a los
jóvenes a avanzar hasta donde le permitan sus aptitudes. Pero antes de iniciarse en
los ramos superiores de estudio, deberían dominar los inferiores. Con demasiada
frecuencia se descuida esto. Hasta entre los estudiantes de los colegios superiores
se nota gran deficiencia en el conocimiento de los ramos comunes de la educación.
Muchos estudiantes dedican el tiempo al estudio de las matemáticas superiores
cuando son incapaces de llevar cuentas sencillas. Muchos estudian declamación
para ser oradores elegantes, cuando ni siquiera saben leer de manera inteligible e
impresionante. Muchos que han terminado sus estudios de retórica no saben
redactar una simple carta y cometen faltas de ortografía.(pág. 233)
En todo aspecto de la educación debe haber fines más importantes que los que se
logran mediante el mero conocimiento técnico. Tómese, por ejemplo, el caso del
lenguaje. Es de mayor importancia la capacidad de escribir y hablar la lengua
propia con facilidad y exactitud, que aprender idiomas extranjeros, vivos o muertos.
Pero ninguna educación lograda por medio del conocimiento de las reglas
gramaticales puede compararse en importancia con el estudio del idioma desde un
punto de vista superior. A este estudio están ligadas, en extenso grado, la felicidad
o la desgracia de la vida. (pág. 235)