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REVISTA DE PASTORAL LITÚRGICA
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«Sana tradición y
legítimo progreso»
(SC 23)
año 61 (2021) núm. 359
Centre de Pastoral Litúrgica 359
+ Nàpols 346, 1. 08025 Barcelona enero / marzo 2021 (año 61)
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Pere Tena †
Director
José Antonio Goñi
Consejo
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Año 61
2021
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año 61
enero – febrero – marzo 2021
núm. 359
«Sana tradición y legítimo progreso»
(SC 23)
Editorial
Sana tradición y legítimo progreso (José Antonio Goñi
Beásoain de Paulorena)..................................................... 5
Artículos
Juan Javier Flores Arcas
La necesidad de una «tradición viviente»........................ 9
Dionisio Borobio García
Sugerencias para un revivir de la liturgia en esta nueva
situación................................................................................ 17
Matías Augé Benet
Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso..... 25
Paula Marcela Depalma Sinbaldi
Reforma litúrgica: tradición, interpretación y sentido.... 35
José Manuel Bernal Llorente
La liturgia entre la tradición y el progreso........................ 41
Goffredo Boselli
A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso. La
oración litúrgica entre tradición y progreso.................... 49
Pedro Fernández Rodríguez
Sana tradición y legítimo progreso.................................... 59
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4 Sumario
Mario Alberto Haller
La sana tradición y el legítimo progreso en la liturgia.
Una relectura de «Sacrosanctum Concilium» 23............. 67
Cesare Giraudo
La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legí-
timo progreso....................................................................... 79
Salvador Aguilera López
Los hermanos de Betania y tres doctores de la Iglesia.
Nuevas inscripciones en el «Calendario Romano Gene-
ral»....................................................................................... 107
Puntos de vista
«Celebrar la Palabra de Dios». Un comentario al margen
de la Nota de la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos (Juan Javier Flores Arcas) 115
El acceso de las mujeres a los ministerios instituidos (Jaume
Fontbona Missé)..................................................................... 119
Gramática y sintaxis del ministerio eclesial. «Spiritus
Domini» como cambio de paradigma» (Andrea Grillo) . 124
¿Una liturgia paganizada? (Josep Lligadas Vendrell)... 128
Noticias
El ministerio de la liturgia en el ministerio sacerdotal.... 133
La Liturgia, lugar del verdadero encuentro con el Dios
vivo........................................................................................ 133
«Tradición-adaptación-traducción» (SC 37-38). La cues-
tión de la traducción del Misal Romano y el problema
en diferentes lenguas......................................................... 134
IV Congreso internacional «Iglesia y música: textos y
contextos» (Jordi Guàrdia Romeu)................................. 135
Libros
Bibliografía reciente en español (José Antonio Goñi)..... 141
Miquel dels Sants Gros i Pujol, Estudis de litúrgia i
patrística (segle ii-ix) (Josep Urdeix).................................... 143
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Editorial
Sana tradición y legítimo progreso
José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena
Los padres conciliares, en la Constitución sobre la liturgia Sacro-
sanctum Concilium pidieron que en la reforma de la liturgia se
conservara la sana tradición y se abriera el camino a un progreso
legítimo. Concretamente así se expresaban en el número 23 de la
mencionada Constitución:
Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un
progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda inves-
tigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las
partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no solo las
leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también
la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos
concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan inno-
vaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia,
y solo después de haber tenido la precaución de que las nuevas
formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las
ya existentes. En cuanto sea posible evítense las diferencias notables
de ritos entre territorios contiguos.
Sin embargo, no siempre es fácil dilucidar qué tradición es
«sana» y cuál progreso es «legítimo». Para poder iluminar la
cuestión hemos pedido a diferentes liturgistas de diversas pro-
cedencias y sensibilidades variadas que plasmen su parecer. Se
trata de las colaboraciones preparadas por Juan Javier Flores,
Dionisio Borobio, Matías Augé, Paula Depalma, José Manuel
Bernal, Goffredo Boselli, Pedro Fernández, Mario Alberto Haller
y Cesare Giraudo.
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6 Editorial
Al hablar de tradición refiriéndonos al culto, debemos tener
presente que, como nos indicaba Sacrosanctum Concilium en su
número 21, en la liturgia tenemos una parte «inmutable por ser
la institución divina» y «otras partes sujetas a cambio», las cuales
deberían variar «si es que en ellas se han introducido elementos
que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma liturgia
o han llegado a ser menos apropiados». Por ello, no todo lo que la
tradición nos ha legado es «sano», sino que en ocasiones algunos
textos o ritos no han expresado con claridad las cosas santas que
significan, dificultando que el pueblo cristiano los comprendiera.
A mi juicio, serían los altiora principia de la liturgia marcados por
la Constitución los que deben resplandecer en la liturgia y el pro-
greso sería «legítimo» siempre y cuando ayude a potenciar estos
altiora principia.
En esta dirección, señalamos positivamente la reciente modifica-
ción del canon 230 §1 del Código de Derecho Canónico por parte del
papa Francisco con el Motu proprio Spiritus Domini del pasado 10
de enero de 2021 para permitir el acceso de las personas de sexo
femenino al ministerio instituido del lectorado y del acolitado.
Podríamos afirmar que, de alguna manera, se ha mantenido el
legado de la tradición haciéndolo progresar.
Cuando Pablo VI con otro Motu proprio, Ministeria quaedam,
modificó el 17 de agosto de 1972 las llamadas órdenes menores
creando los ministerios laicales del lectorado y acolitado, sola-
mente permitió que recibieran tal institución los varones. Como
afirma el mismo Papa, deseaba mantener esta venerable tradición
de reservar a los hombres estos ministerios. Sin embargo, más que
una tradición había sido una obligación ya que durante siglos solo
a los candidatos a las órdenes sagradas se les confería el lectorado
y acolitado, por tanto era imposible que los recibieran las muje-
res. Sin embargo, no resultaba lógico que los ministerios laicales
estuvieran reservados solamente a los varones, máxime cuando en
gran parte quienes leen en las celebraciones litúrgicas son mujeres.
Ya el Sínodo de la Palabra, en el año 2008, había solicitado que se
abriera el lectorado al sexo femenino. Así decía la parte final de la
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Editorial 7
proposición 17: «Se desea que el ministerio del lectorado se abra
también a las mujeres, de modo que en la comunidad cristiana se
reconozca su papel de anunciadoras de la Palabra». Y en el número
102 del Documento final del Sínodo para la Amazonía de 2019 se
pedía «revisar el Motu proprio de san Pablo VI, Ministeria quaedam,
para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas
puedan recibir los ministerios del lectorado y el acolitado, entre
otros a ser desarrollados». Por tanto, hacía falta hacer progresar
esta tradición.
Al contrario, la situación generada por la pandemia del Covid-19
ha manifestado que un «progreso» que considerábamos asumido
no está bien asentado. Nos referimos a la recuperación, gracias
a la reforma postconciliar, del puesto que le corresponde a la
asamblea en las celebraciones litúrgicas y a la preeminencia de las
celebraciones comunitarias frente a las individuales postulada por
la Constitución Sacrosanctum Concilium y defendida por los libros
litúrgicos posteriores. A pesar de que en diversos momentos los
padres conciliares pedían en la Constitución sobre la liturgia la
participación de la asamblea, asignándole diferentes adjetivos:
consciente, activa, fructuosa, piadosa, plena, interna y externa, o
que al debatir el esquema sobre la Iglesia cambiaran el orden de los
capítulos para que el dedicado al «Pueblo de Dios» precediera al
dedicado a la «constitución jerárquica de la Iglesia», e incluso que
en el propio Misal Romano se modificaron las palabras iniciales
del ordo missae, pasando de «Sacerdos paratus…» en la edición
de Juan XXIII, a «Populo congregato» en la edición de Pablo VI,
poco se ha tenido en cuenta a la asamblea durante el tiempo de
confinamiento. Proliferaron las celebraciones eucarísticas on line
con sacerdotes celebrando solos, aunque el Código de Derecho
Canónico no lo permite. En aquellas ocasiones en las que algunos
fieles seguían una misa retransmitida por televisión o por Internet,
la cámara no solía enfocar a la asamblea sino que solamente se
centraba en el sacerdote que presidía la celebración. Para la cele-
bración del Triduo Pascual se indicó a los fieles que lo siguieran
por televisión o Internet, en cambio se modificó puntualmente la
normativa eclesial para que los sacerdotes pudieran celebrar sin la
asistencia del pueblo la misa de la cena del Señor. Y recientemente,
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8 Editorial
los delegados de liturgia de las diócesis con sede en Cataluña
ofrecieron unas orientaciones para observar en este tiempo de
pandemia respecto a la celebración de la fiesta de la presentación
del Señor (2 de febrero) en las que pedían que los fieles no partici-
paran en la procesión con velas característica de los ritos iniciales
de este día, sino que solo la hiciera el sacerdote con los ministros.
En todos estos ejemplos sobre el papel, o mejor dicho, sobre el no-
papel de la asamblea, resplandece una mentalidad preconciliar
y no una visión renovada de la liturgia postconciliar. En ellos no
está presente la sana tradición sino una tradición contaminada que
el Concilio había querido corregir y el progreso en el que parecía
que nos encontrábamos deja paso a una involución que nos hace
mirar al «Sacerdos paratus…» del Misal tridentino.
José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena
Director de la revista «Phase».
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 9-16
La necesidad de
una «tradición viviente»
Juan Javier Flores Arcas
Abstract: The author analyses what Resumen: El autor analiza qué
is meant by «tradition» and significa «tradición» y qué sig-
what is meant by «progress» nifica «progreso» para seña-
in order to point out how their lar cómo su correcta armonía
correct harmony leads to a conduce hacia una «tradición
«living tradition». viviente».
Keywords: progress, liturgical Palabras clave: progreso, reforma
reform, tradition. litúrgica, tradición.
Juan Javier Flores Arcas, monje benedictino de la abadía de Santo
Domingo de Silos, doctor en liturgia y profesor del Pontificio
Instituto Litúrgico del Ateneo San Anselmo de Roma.
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10 Juan Javier Flores Arcas
1. ¿Qué entendemos por tradición?
Inicio con un recuerdo personal.
Leí una vida del famoso cardenal Alfredo Ottaviani, persona bien
conocida en torno al Concilio Vaticano II, el cual tenía como lema
de su escudo episcopal el siguiente: Semper idem.
Ciertamente fue bien conocida su oposición a la reforma litúrgica y
su amistad con Mons. Lefevre le llevó a posiciones anti conciliares.1
Con el principio que puso −¡nada menos que en su escudo episco-
pal!−, se puede suponer lo amigo que era de cambios y similares.
Puede no pasar de ser una anécdota, con más o menos relevancia,
pero manifiesta un sentimiento, incluso una ideología, que no ha
contribuido mucho al bien de la Iglesia en sí y de la liturgia −que
es lo que nos compete aquí− en particular.
El «que no cambie nada» y el «que todo siga así», ha sido norma
aplicada a la celebración litúrgica que contrasta con una máxima
tradicional que es una realidad a todos conocida: liturgia semper
reformanda.2
Si la iglesia es «semper reformanda», es decir está siempre buscando
la máxima fidelidad a su Señor, entonces la liturgia, del mismo
modo, tiene que ser expresión icónica de su adhesión a Cristo, y
por tanto estará también siempre en actitud de reformarse.
No se puede, como decía Giovanni Papini, detener el reloj de la
historia en el siglo xiii.
Si tradición equivale a comunicar una enseñanza, esta viene car-
gada del magisterio hasta el punto que sintetiza y contiene tanto
a los Padres, los Concilios, como a los documentos pontificios. Ya
el papa Pío X en su Encíclica Pascendi de 1907 decía refiriéndose a
la celebración que:
1 Cf. Annibale Bugnini, La reforma litúrgica (1948-1975), Madrid: BAC
1997, 249 ss.
2 Era el título de una obra conocida e importante: A. Nocent, Liturgia
sempre reformanda. Rilettura della riforma liturgica, Bose: Quiqajon 1993.
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 9-16
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La necesidad de una «tradición viviente» 11
En la evolución del culto, el factor principal es la necesidad de aco-
modarse a las costumbres y tradiciones populares, y también la de
disfrutar el valor que ciertos actos han recibido de la costumbre. En
fin, la Iglesia encuentra la exigencia de su evolución en que tiene
necesidad de adaptarse a las circunstancias históricas y a las formas
públicamente ya existentes del régimen civil.3
Puede sorprender que, en una encíclica dura y fuerte que iba contra
el modernismo reinante, se encuentre una «perla» como la que
acabamos de poner para situar la evolución de la misma liturgia
en consonancia con la renovación y adaptación de la misma Iglesia.
2. ¿Qué entendemos por progreso?
Si la expresión «tradición» puede tener y sufrir muchos significa-
dos, la expresión «progreso» los puede tener muchos más.
La Real Academia de la Lengua dice que progreso tiene diversos
sinónimos como prosperidad, avance, adelanto, florecimiento,
éxito, auge, bonanza, mejora, medro, crecimiento, impulso, desa-
rrollo, ascenso, evolución, perfección, ventaja, civilización, cultura,
luces y los siguientes antónimos: retroceso, involución.
Por tanto progreso es caminar hacia adelante y ello quiere decir
no pararse, sino avanzar siempre.
Cuando los padres conciliares pensaron esta expresión tan sig-
nificativa, estaban sin duda alguna plasmando un principio que
atraviesa toda la historia de la liturgia.
El Misal de Pablo VI vino precedido de una introducción que
supuso, sin duda alguna, la mejor presentación −no solo del
Misal− sino de la misma reforma litúrgica. Digna de mención es la
famosa frase: «Ad pristinam sanctorum patrum normam» que se
presentaba como la dirección que tenía que tomar toda la reforma
litúrgica y que dice así:
Hoy, en cambio, la norma de los santos Padres que trataron de seguir
los que propusieron las enmiendas del Misal de san Pío V, se ha visto
3 Pío XI, Encíclica Pascendi 25.
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12 Juan Javier Flores Arcas
enriquecida con numerosísimos trabajos de investigación. Al Sacra-
mentario Gregoriano, editado por primera vez en 1571, han seguido los
antiguos sacramentarios Romanos y Ambrosianos, repetidamente
editados con sentido crítico, así como los antiguos libros litúrgicos
de España y de la Galia, que han aportado muchísimas oraciones
de gran belleza espiritual, ignoradas anteriormente. Hoy tras los
hallazgos de tantos documentos litúrgicos, incluso se conocen mejor
las tradiciones de los primitivos siglos, anteriores a la constitución
de los ritos en Oriente y Occidente.4
Se trata por tanto de conservar la tradición y a la vez abrirse al
legítimo progreso como dice la constitución conciliar:
Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un
progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda inves-
tigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las
partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no solo las
leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también
la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos
concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan inno-
vaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia,
y solo después de haber tenido la precaución de que las nuevas
formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las
ya existentes. En cuanto sea posible evítense las diferencias notables
de ritos entre territorios contiguos.5
Con sabia prudencia pero con resuelta posición se miraba hacia
atrás pero se proyectaba hacia adelante.
Fue la mente del Concilio Vaticano II que en nuestro caso supuso
un principio que sin ser nuevo suponía un paso adelante.
3. Difícil y necesaria armonía
Recuerdo perfectamente la audiencia con el papa Benedicto XVI
al celebrar el 50º aniversario del Pontificio Instituto de Liturgia en
el que bajo esta misma perspectiva nos dio una lección magistral
que conviene recordar ahora.
4 Ordenación General del Misal Romano, «Proemio», núm. 8.
5 Sacrosanctum Concilium 23
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La necesidad de una «tradición viviente» 13
Al recordar los 50 años de dicho instituto preparamos un con-
greso de liturgia con este título El Pontificio Instituto Litúrgico entre
memoria y profecía y en la audiencia que nos concedió dijo el Papa:
La liturgia, culmen hacia el que tiende la acción de la Iglesia y al
mismo tiempo fuente de la que brota su virtud (cf. Sacrosanctum
Concilium 10), con su universo celebrativo se convierte así en la gran
educadora en la primacía de la fe y de la gracia. La liturgia, testigo
privilegiado de la Tradición viva de la Iglesia, fiel a su misión original
de revelar y hacer presente en el hodie de las vicisitudes humanas
la opus Redemptionis, vive de una relación correcta y constante entre
sana traditio y legitima progressio, lúcidamente explicitada por la
constitución conciliar en el número 23. Con estos dos términos, los
padres conciliares quisieron expresar su programa de reforma, en
equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No
pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En
realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad
viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del
progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también
su fuente y tiende hacia la desembocadura.6
En estas palabras del papa Benedicto XVI vimos una aprobación
de lo que nuestros fundadores nos dejaron y nos proyectaron. Y
todo ello en sintonía con la reforma litúrgica.
Ciertamente no se trata de concebir la liturgia como un depósito
de la tradición, sino como la expresión de la realidad eclesial que
vivimos en cada momento de la historia. Ya lo decía con claridad
teológica Yves M. J. Congar:
No se trata de la liturgia como arsenal didáctico sino de la Sagrada
Liturgia como expresión de la Iglesia en acto de vivir, en alabanza a
Dios y en realización de una comunión santa con Él, una vez reali-
zada la alianza en Cristo Jesús, su Señor […]. No solamente voz del
magisterio que define, enseña, reprende, condena, rechaza, sino voz
de la Iglesia amante y orante, que hace algo mejor que expresar su
fe: que la canta, que la practica en una celebración viviente, en la que
ella se da enteramente. Esta naturaleza de la liturgia le asegura una
cualidad y un rango fuera de serie como instrumento de la Tradición,
6 Benedicto XVI, Discurso al Pontificio Instituto de Liturgia (6.6.2011).
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14 Juan Javier Flores Arcas
tanto en razón de su estilo o de sus modalidades propias como en
razón de su contenido.7
Y el mismo Congar asevera en su obra La tradición y las tradiciones
que:
Para la Iglesia la liturgia no es un monumento muerto, una especie
de panteón que se visitaría como un museo, sino un hogar siempre
habitado, el envoltorio y medio de su vida… se trata de un magní-
fico recurso para la tradición en su gran sentido de fidelidad y de
plenitud.8
Y en otro lugar clarifica como:
La liturgia es el lugar privilegiado de la Tradición, no solamente bajo
su aspecto de conservación, sino bajo su aspecto de progreso. La parte
que corresponde a esta vía en el avance progresivo del conocimiento
dogmático es considerable.9
Y recogiendo una idea de Bossuet dice que la liturgia «es el prin-
cipal instrumento de la Tradición de la Iglesia»10 y con palabras
de Dom Guéranger:
En la liturgia habla todavía el Espíritu que inspiró las sagradas Escri-
turas: la liturgia es la tradición misma, en su más elevado grado de
poder y solemnidad.
La liturgia tiene el modo y ejerce superiormente la función de la
Tradición porque posee el genio de la misma. Al hablar de ella, al
describir su acción, tenemos conciencia de que hablamos de la Tra-
dición misma y de que describimos su obra. También Pío XII pudo
llamar a la liturgia «el espejo fiel de la doctrina transmitida por los
Antiguos (encíclica Ad Coeli Reginam).11
Sin entrar en detalles nos conviene recordar que hay aspectos
inmutables y los hay también mutables y por tanto cambiantes.
7 Y. Congar, La tradición y las tradiciones. Ensayo teológico, vol. 2, San
Sebastián: Dinor 1964, 339.
8 Ibíd., 340.
9 Ibíd., 342.
10 Ibíd., 344.
11 Ibíd., 350.
phase 359.indb 14 26/02/2021 8:27:14
La necesidad de una «tradición viviente» 15
El Concilio de Florencia estableció que: «Forma Eucharistiae sunt
verba Salvatoris quibus hoc confecit Sacramentum»12 mientras el
Concilio Vaticano II en su constitución sobre la liturgia, en concreto
hablando también de la Eucaristía, optó por otro lenguaje cuando
decía que:
Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste con
mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su mutua
conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participación de los
fieles. En consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con
cuidado la sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que,
con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido; restablézcanse,
en cambio, de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres,
algunas cosas que han desaparecido con el tiempo, según se estime
conveniente o necesario.13
4. La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II «modelo
plasmador» de progreso en la tradición
No hay duda de que la Iglesia crece continuamente y que lleva
en su interior lo nuevo y lo viejo, en una simbiosis tan necesaria
como compleja
El jesuita Luis Alonso Shökel tituló uno de sus libros: «El dina-
mismo de la tradición»14 mientras que este artículo habla de una
«tradición viviente».
¿Qué entendemos por tradición viviente? ¿No es de por sí ya una
contradicción?
La liturgia es vital, es vida, por tanto es algo «viviente»; no está,
no deber de estar anquilosada; tiene que ser vital porque lleva en
sí la linfa de la gracia que celebra el misterio pascual de Cristo. Y
la vida es de ayer y de hoy.
12 Concilio de Florencia, Decreto pro Armenis, 1439; cf. DH 1321.
13 Sacrosanctum Concilium 50.
14 L.A. Shökel, Il dinamismo della tradizione, Brescia: Paideia 2011.
phase 359.indb 15 26/02/2021 8:27:14
16 Juan Javier Flores Arcas
La liturgia camina con la Iglesia y con el hombre, a la vez: es del
pasado y es también del presente; es de ayer y es y tiene que ser
del mañana.
Hoy sigue habiendo voces para todo. Un reciente artículo de un
liturgista bien conocido15 acusa a nuestros libros litúrgicos, y a
nuestra misma liturgia, de falta de comunicación y por tanto,
según él, no representa la fe de los cristianos de hoy. Puede que
tenga razón pero estos libros reflejan la fe celebrada de la Iglesia
de todos los tiempos y por tanto lleva en sí la vida de todos los
tiempos y de todas las épocas.
Si la liturgia contiene y expresa la fe de la Iglesia (Tradición) implica
importantes derivaciones y consecuencias para el creyente actual
(progreso).
No hay duda de que la sensibilidad teológica actual queda muy
distante de las preocupaciones teológicas de hace más de mil años,
pero nuestros libros litúrgicos recogen el ayer y aportan el hoy en
una simbiosis desafiante y prometedora.
He utilizado la expresión de «modelo plasmador», refiriéndonos
a la liturgia que ha brotado de la reforma litúrgica. El hoy se une
al ayer y la tradición se hace viva en nuevos libros litúrgicos que
tienen la impronta de la tradición pero que se abren al progreso.
El Bendicional es un buen ejemplo de ello, pero el Misal mismo está
lleno de oraciones de los sacramentarios con textos recientes que
representan nuevas situaciones pastorales y humanas.
Los problemas de la sociedad y del hombre están presentes en la
nueva eucología. Lo está junto a la eucología de todos los tiempos,
de ahí «la tradición viviente» y por eso el «modelo plasmador»
que necesita siempre transparentar lo transcendente, la hondura
del misterio divino pero que a la vez necesita hacerse cercano a los
hombres de todos los tiempos y continentes.
15 J.M. Bernal Llorente, «Problemas de comunicación y de lenguaje en
la liturgia», Teología espiritual 184 (2020) 355-365.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 17-24
Sugerencias para un revivir
de la liturgia en esta nueva situación
Dionisio Borobio García
Abstract: By combining sound tra- Resumen: Al combinar sana tra-
dition and legitimate progress, dición y legítimo progreso,
the author sets out the way for- el autor expone el camino a
ward so that neither the litur- seguir para que ni se renun-
gy’s own identity is renounced cie a la identidad propia de la
nor the possibility of dialogue liturgia ni se excluya la posibi-
with today’s society is excluded. lidad de diálogo con la socie-
dad actual.
Keywords: progress, liturgical
reform, revitalization, tradi- Palabras clave: progreso, reforma
tion. litúrgica, revitalización, tradi-
ción.
Dionisio Borobio García, sacerdote oriundo de Bilbao afincado
en Salamanca, es doctor en teología litúrgica y licenciado en
filosofía; ha dedicado su vida a la docencia y la investigación
litúrgica, siendo actualmente catedrático jubilado de la Uni-
versidad Pontificia de Salamanca.
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E l objetivo de este breve artículo es ofrecer unas sugerencias
para intentar dar vitalidad a una acción que afecta a la totalidad
de la comunidad cristiana, que sobre todo vive en una «cultura
occidental, pero afectada por unas situaciones que implican a la
globalidad de los creyentes».1
Pero nuestro objetivo no es describir estas situaciones, sino ver en
qué medida puede ofrecerse una respuesta desde el punto de vista
litúrgico sacramental, de manera que, ni se renuncie a la identidad
de los ritos cristianos, ni se excluya la posibilidad de un diálogo y
un encuentro oracional o litúrgico con la cultura y situación actual,
en el que destacando los mensajes que nos emite la realidad, se
estimule a superar las divergencias, y a autentificar la celebración
dada, tanto desde la actitud de quienes son responsables de la
celebración, como desde las motivaciones y actitud de quienes
piden los ritos sagrados.
1. Una situación nueva
Después de casi 60 años de la publicación de la Sacrosanctum Con-
cilium, han cambiado muchas cosas en el mundo, en la Iglesia, en
la actitud y sensibilidad del pueblo de Dios respecto a las cele-
braciones litúrgicas, y en general respecto a los ritos. Señalamos
algunos de estos cambios:
− Del entusiasmo por la renovación se ha pasado, en muchos
casos, a la indiferencia o al automatismo ritual; de la liturgia
reglada a la liturgia «salvaje»; de los intentos de folclorizar
1 Trato de revisar y actualizar lo que ya en otros momentos he expresado:
«¿Una nueva Constitución de liturgia para hoy?», Phase 53 (2013) 533-536;
Cultura, fe, sacramento (Biblioteca Litúrgica 17), Barcelona: CPL (2002 ; «Dimen-
siones del sacramento: el don de Dios en el “aquí y ahora” del hombre», Sal
Terrae 5 (1975) 338-348; «La recepción de la reforma litúrgica. De la reforma
“dada” a la reforma “recibida”», Phase 23 (1983) 377-401; «Leitourgia y Diako-
nia. La liturgia como expresión y realización de las cuatro dimensiones de
la misión», Salmanticensis 2 (1989) 135-156; «Puntos pendientes del Misal de
Pablo VI», en AA.VV., El Misal de Pablo VI. De oír misa a celebrar la Eucaristía,
Madrid: Edibesa 1996, 277-315; «La recepción de la reforma litúrgica en
España después del Concilio Vaticano II», Salmanticensis 3 (1998) 385-411;
«Sacramentos e imagen de Iglesia», Phase 46 (2006) 55-74.
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 17-24
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Sugerencias para un revivir de la liturgia en esta nueva situación 19
el acto litúrgico, a la pasividad y la monotonía; del deseo de
incidencia en lo político-social a la desimplicación en una
problemática social y política.
− Junto a esto cabe destacar la mentalidad general reinante, con
los «ismos» correspondientes: secularismo, materialismo,
relativismo, tecnicismo, indiferentismo, igualitarismo, inma-
nentismo… Todos estos «ismos» representan una polariza-
ción interpretativa de la vida, si bien en todos ellos podemos
encontrar aspectos positivos.
− Más en concreto, respecto a la liturgia, se manifiesta no solo
una distancia entre la mentalidad y cultura del pueblo, inclui-
dos no pocos sacerdotes, y la liturgia oficial, que afecta a los
llamados «altiora principia» de la misma liturgia, entre la
participación y corresponsabilidad anunciada y la real acción
litúrgica, entre los signos que representan el misterio, y la
vivencia de una actualización implicativa en el mismo.
− Como consecuencia de ello, se constatan los fenómenos
siguientes: el abandono de la participación en la Eucaristía
dominical; el clericalismo litúrgico que se manifiesta en que es
el sacerdote el que, en ocasiones, hace o tiene que hacer todo;
la ausencia de niños y jóvenes en la mayoría de las celebra-
ciones; la reducción participativa a las personas mayores; la
disminución drástica de la práctica de algunos sacramentos
(penitencia, unción de enfermos); la irrupción o aplicación de
las nuevas tecnologías; la propuesta de medios nuevos para
hacer más atractivos los ritos…
− Junto a todo esto es preciso destacar también no pocos valores
nuevos que emergen de la vitalidad de las comunidades: Se
entiende mejor la liturgia como celebración, y no solo como
rito; se valora más la participación externa e interna; se
desarrollan los diversos servicios y ministerios en la acción
litúrgica; surgen aquí y allá grupos que preparan la liturgia;
la Palabra ha recuperado un puesto importante…
2. Exigencias de una revitalización litúrgica
− La liturgia es mediación «per ritus et praeces» para el encuen-
tro con Dios, que nos ha revelado su misterio, nos ha salvado
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por Cristo, y actualiza su salvación por el Espíritu en la Iglesia.
Es celebración visible de un misterio de salvación invisible;
como actualización del misterio pascual y como inmersión en
su dinamismo salvador. Se trata de un misterio que exige una
educación permanente, una permanente lectura mistagógica
de las palabras y los ritos… que los ministros deben hacer
permanentemente.
− La liturgia tiene un fundamento encarnacional, por el que
se expresa y realiza la relación de Dios con el hombre y del
hombre con Dios. En los sacramentos, sobre todo en la Euca-
ristía se realiza el misterio de la unión de Dios con el hombre,
al modo y en analogía con el misterio de la encarnación. Es
un encuentro de amor que tiene por iniciativa la voluntad
salvadora de Dios en Cristo y el Espíritu Santo.
− Para responder a este misterio, es importante la mediación
de la Iglesia, que propone y anima, desde sus fundamentos
bíblicos y de tradición permanente, unos ritos y palabras
adecuadas y adaptadas para expresar este misterio. Por eso
una de sus tareas al respecto es la de discernir lo fundamental
permanente de lo accidental y secundario, por ser expresión
de una época y un lugar históricos.2 Además, debe tener en
cuenta la dinámica permanente de adaptación e inculturación
que ha sido ampliamente reconocida por el Vaticano II, los
Rituales y documentos posteriores.3
2 Cf. SC 21 y 23.
3 Por ejemplo: SC 23-26 y 37-40: «La Iglesia no pretende imponer una rígida
uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad,
ni siquiera en la liturgia; por el contrario respeta y promueve el genio y las
cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos…». Véase igualmente
las «adaptaciones» que deben realizar las Conferencias Episcopales, tal como
se prevé en los diversos rituales, v.gr. Ritual del matrimonio (de típica 2ª, 1990),
núms. 41-46. Asimismo el Documento de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos, La liturgia romana y la inculturación, Roma
1994.
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Sugerencias para un revivir de la liturgia en esta nueva situación 21
− Por tanto, en la liturgia deben valorarse adecuadamente la
acción de Dios, la mediación de la Iglesia, y las actitudes de los
sujetos. La misma verdad o estructura teológica interpersonal
del sacramento, está reclamando que se respete la triple acción
o intervención que se da en ellos, aunque a nivel diferente por
la desproporción y analogía que supone: la intervención o
acción del Dios vivo por Jesucristo en el Espíritu, la interven-
ción o acción de la Iglesia por la comunidad y los ministerios,
y la intervención o acción del sujeto por sus disposiciones y
su participación. La plenitud de la acción sacramental consis-
tirá siempre en la realización integral de las tres dimensiones
implicadas: la teológica (estructura trinitaria), la eclesiológica
(estructura comunitaria ministerial), y la personal (estructura
de alianza y respuesta de fe).
− En la aplicación de estos principios, habrá que evitar: el obje-
tivismo, que insiste en el aspecto de la eficacia del rito, como
remedio moral, como instrumento y canal de la gracia, dando
pie a una interpretación cosista y mágica; el «subjetivismo»,
que insiste en la importancia subjetiva que para la persona o el
grupo tiene el sacramento, pero solo cuando se celebra desde
una fe activa y comprometida, lo que puede dar lugar a un
cierto pelagianismo. Pues ni el laxismo o libertinaje litúrgico,
ni el rigorismo legal son buenos caminos para la revitalización
de la liturgia.
3. Entonces, ¿cómo hay que proceder en este momento?
No pretendemos ofrecer una solución a la cuestión planteada; ni
queremos generalizar, conscientes de la variedad de situaciones.
Es preciso, como ya se está haciendo en muchos casos, tener en
cuenta los mensajes explícitos e implícitos que nos emite la realidad
de la pandemia, tanto respecto al hombre (fragilidad, impotencia,
contingencia, humildad, búsqueda…), como respecto a la sociedad
(coimplicación, solidaridad, responsabilidad, reconocimiento de
nuestra arrogancia y limitaciones, valoración y relativización de las
nuevas tecnologías y de la ciencia…), como respecto a la creación
(su potencialidad, dinámicas de bien y de mal, interpelación del
maltrato ecológico…).
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22 Dionisio Borobio García
Son muchos los que han reflexionado sobre todo esto. Y en nuestras
celebraciones debemos tenerlo presente, sobre todo pensando en
las personas que más han padecido y en aquellos que más y mejor
han servido a la situación concreta de las personas, de las familias y
grupos. Por nuestra parte, aquí solo nos proponemos recordar algu-
nos principios que reclaman tener en cuenta esta situación; así como
ofrecer unas sugerencias para un cierto mejoramiento situacional
de nuestras liturgias, conscientes de que su activación depende del
conjunto de quienes realizan o participan en el acto litúrgico.
a) No se trata de «inventos litúrgicos nuevos», ni de hacer más
entretenida la liturgia; ni de proponer nuevos ritos a libre
albedrío de los celebrantes… Se trata simplemente, a nuestro
entender, de «HACER BIEN LO QUE DEBEMOS HACER»,
aplicando los «altiora principia» de la renovación litúrgica, y
las «varietates legitimae» que nos ofrecen los rituales y docu-
mentos postvaticanos. Se trata, por parte de los que presiden
la celebración, de desarrollar el sensus liturgicus o el ars cele-
brandi, y de evitar, tanto el manierismo como el automatismo; el
acaparamiento de funciones, o la delegación espontánea de las
mismas… El ars celebrandi requiere siempre cuidar todos los
elementos, personales, comunitarios, e incluso técnicos para
que la comunicación entre Dios y la comunidad se transpa-
rente; para que se visibilice la presencia del misterio salvador
y posibilite nuestra inmersión en el mismo.
b) Para esto se requiere tener siempre en cuenta lo que ya recor-
dábamos en otros momentos:
− Es necesario insistir en la inter-relacionalidad de Palabra,
Comunión, Caridad y sus consecuencias (cf. núms. 9-10).
− Es preciso dar más importancia a la educación litúrgica del
pueblo y del clero atendiendo más a una iniciación mistagógica,
que ayude a entender y vivir las palabras y los signos de la
celebración.
− Se ha avanzado mucho en una participación externa y activa,
pero queda mucho por mejorar la participación interna, que
consiste en descubrir y con-sentir el sentido del misterio.
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Sugerencias para un revivir de la liturgia en esta nueva situación 23
− Es cierto que la relación fe-sacramento se tuvo en cuenta en la
Sacrosanctum Concilium (cf. núm. 59), y ha dado lugar a una
renovación de la pastoral sacramental. Sin embargo, no se ha
desarrollado de modo adecuado y equilibrado la inter-relación
del sacramento con la evangelización y la catequesis, ni el carácter
didascálico y educador específico de la celebración (cf. núm. 33).
− Se han dado pasos importantes en la participación de los
fieles laicos en la liturgia, según el principio: «que cada uno
haga todo y solo aquello que le pertenece» (núms. 28-30). Pero
falta por desarrollar y aplicar lo que, según los documentos
posteriores (Ministeria Quaedam, CIC, ChL, CCE) se permite
y se pide respecto a los servicios y ministerios laicales, cuando
se dan las circunstancias adecuadas.
− La renovación litúrgica cuenta con la necesidad de una adap-
tación a las costumbres y tradiciones de los pueblos y culturas
(cf. núms. 37-40). Se han hecho algunos esfuerzos en diversos
países. Se ha orientado sobre ello en diversos documentos
(v.gr. La liturgia romana y la inculturación; Directorio sobre
piedad popular y liturgia). Sin embargo, sigue pendiente el
reto de la adaptación o inculturación del lenguaje y de los signos
(cf. núms. 34.36), de manera que exista una verdadera comu-
nicación, no solo entre los participantes, sino de estos con el
misterio. Los criterios sobre las partes más adaptables, así
como sobre las costumbres y ritos de las diversas culturas
que se pueden incorporar a la liturgia, no resultan de fácil
aplicación. El lenguaje de muchos textos de eucología mayor
(v.gr. prefacios) y de eucología menor (v.gr. Oraciones) resulta
con frecuencia incomprensible, lejano, inelocuente.
− Asimismo, si bien hay que reconocer la gran aportación que
se ha hecho a la liturgia de la palabra, y la riqueza y variedad
de textos bíblicos seleccionados para cada tiempo y celebración
(cf. núms. 24.35-36), también se reconoce que sería preciso
proceder a una revisión de los textos seleccionados, de manera
que fueran más adaptados e inteligibles para la gran mayo-
ría del pueblo. La comunidad reunida debe poder escuchar
sin rubor los textos que se proclaman, porque chocan con su
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24 Dionisio Borobio García
sensibilidad; y la explicación y diálogo sobre la Palabra debe
hacer posible que la misma liturgia sea «espacio hermeneú-
tico» adecuado por la coherencia y sinfonía de palabras.
En conclusión, la renovación litúrgica del Vaticano II, con sus
documentos posteriores de concreción y explicitación, ofrece
suficientes posibilidades para una revitalización de la misma. La
fuerza del Espíritu y el impulso de la Iglesia no faltan. Basta que
activemos las posibilidades que se nos ofrecen, y que adaptemos
nuestro lenguaje, nuestros contenidos y nuestra comunicación a
las necesidades y circunstancias del pueblo. Y, sobre todo, que ten-
gamos en cuenta sus circunstancias y situaciones, en los diversos
momentos de la celebración (v.gr. introducciones a los diversos
momentos de la celebración, sobre todo homilía, peticiones, etc.).
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 25-34
Conservar la tradición
y abrirse al legítimo progreso
Matías Augé Benet
Abstract: The author specifies the Resumen: El autor concreta la
possibility of «sound tradi- posibilidad de «sana tradición
tions and legitimate progress», y legítimo progreso» que pide
as called for in number 23 of el número 23 de Sacrosanctum
Sacrosanctum Concilium, to the Concilium, al ofertorio de la
offertory of the Mass, to the misa, al sacramento de la peni-
sacrament of Penance and to tencia y al uso de la lengua
the use of the vernacular in the vulgar en la liturgia.
liturgy.
Palabras clave: lengua vulgar, ofer-
Keywords: vernacular language, torio, penitencia, progreso, tra-
offertory, Penance, progress, dición.
tradition.
Matías Augé Benet es sacerdote claretiano; doctor en liturgia, ha
dedicado su vida al estudio y la docencia de la liturgia, contando
con numerosas publicaciones, y forma parte de los consultores
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
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26 Matías Augé Benet
E l capítulo I de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC)
expone los principios generales para la reforma y fomento de
la Sagrada Liturgia. El apartado tercero del capítulo afronta el tema
de la reforma de la liturgia y entre las normas generales que han
de regir esta reforma, el núm. 22 establece que solo la Jerarquía
puede introducir cambios en la liturgia. Seguidamente el núm. 23
establece otro principio general: «conservar la “sana tradición” y
abrir, con todo, el camino a un “progreso legítimo”». ¿Qué debe-
mos entender por «sana tradición» y por «progreso legítimo»? En
estas pocas páginas vamos a intentar dar una respuesta a las dos
preguntas.
1. El texto en su contexto
Las dos afirmaciones que hemos de esclarecer están en un contexto
próximo (la misma SC) y en un contexto amplio (el resto de los
documentos del Vaticano II).
1.1. «Sana tradición» (sana traditio)
En la reforma de la liturgia se debe respetar y conservar la «sana
tradición» (SC 23). Aunque la Constitución litúrgica habla del rito
romano, SC 4 se refiere también a los otros ritos legítimamente
reconocidos, a los cuales la Iglesia atribuye igual derecho y honor
y desea, además que, donde sea necesario, se revisen íntegramente
con prudencia, de acuerdo con la «sana tradición» (ad mentem sanae
traditionis recognoscantur). Notemos que este criterio establecido en
los núms. 4 y 23 de la SC, lo encontramos en las cuatro redacciones
que ha conocido la Constitución Sacrosanctum Concilium, desde el
primer Esquema aprobado por la comisión preparatoria hasta el
texto definitivo aprobado en la Aula conciliar.
En un contexto diverso, reaparece el mismo criterio. En el Decreto
Perfectae caritatis (PC) sobre la adecuada renovación de la vida reli-
giosa, se afirma que entre los principios generales de renovación
de la vida religiosa «han de conocerse y conservarse con fidelidad
el espíritu y los propósitos de los Fundadores, lo mismo que las
sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio de cada
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Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso 27
instituto» (... necnon sanae traditiones, quae omnia cuiusque instituti
patrimonium constituunt, PC 2,b).
1.2. «Progreso legítimo» (legitima progressio)
La reforma de la liturgia ha de abrir el camino a un «progreso
legítimo» (SC 23). También este criterio está presente en las cuatro
redacciones que ha conocido la Constitución Sacrosanctum Conci-
lium. Seguidamente, en SC 24 se afirma: «para procurar la reforma,
el progreso y la adaptación de la liturgia hay que fomentar «el
amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura» (SC 24). En el c. VII
sobre el arte y los objetos sagrados, se dice que la Iglesia acepta los
cambios de materia, forma y ornato que el progreso de la técnica
introduce en el correr del tiempo (cf. SC 122).
El Decreto Orientalium Ecclesiarum (OE) sobre las Iglesias orientales
católicas, cuando habla de la conservación del patrimonio espiri-
tual de las Iglesias orientales, afirma que no se deben introducir
cambios en los ritos «sino por razón de su propio y orgánico pro-
greso» (nonnisi ratione proprii et organici progressus, OE 6).
2. Tradición y progreso
Los dos principios enunciados se apoyan en el hecho de que «la
liturgia consta de una parte que es inmutable, por ser de institución
divina, y de otras partes sujetas a cambio...» (SC 21). Como ya decía
Pío XII en la Mediator Dei:
La Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se
desarrolla también en lo que toca a la Sagrada Liturgia, adaptándose a
las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso
del tiempo y acomodándose a ellas.1
Y nueve años más tarde, en el famoso discurso del 22 de septiembre
del 1956 a los participantes en el Congreso internacional de liturgia
pastoral celebrado en Asís, Pío XII reconocía que «en la liturgia
se encuentran elementos inmutables, un contenido sagrado que
1 Pío XII, Mediator Dei 75.
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28 Matías Augé Benet
trasciende el tiempo, pero también elementos variables, transito-
rios, a veces incluso defectuosos».2
El doble carril sobre el cual ha de correr la reforma de la liturgia es
conservar la sana tradición y consentir un legítimo progreso. No hay
contradicción entre tradición y progreso. Son dos conceptos que se
integran, dado que la tradición es una realidad viva y, consiguiente-
mente, incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso.
Con otras palabras, es precisamente en razón de una fidelidad a la
tradición que se impone la apertura a un legítimo progreso.
Se trata, pues, de un progreso enraizado en la sana tradición; solo en
este modo podemos hablar de un progreso legítimo. Están siempre
al acecho los dos riesgos de un progresismo sin memoria y de un
tradicionalismo sin capacidad de renovación. SC 23 nos da una
norma importante para evitar estos riesgos cuando afirma que
«para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un
progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda inves-
tigación teológica, histórica y pastoral...». La teología profundiza
y garantiza «el contenido sagrado (de la liturgia) que trasciende
el tiempo»; la historia indaga e interpreta el proceso evolutivo de
las formas cultuales, es decir, la vertiente ritual de la liturgia; la
pastoral tiene como objetivo «la plena y activa participación de
todo el pueblo (en la liturgia), porque es la fuente primaria y nece-
saria en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente
cristiano» (SC 14).
Aunque la investigación teológica, histórica y pastoral van actua-
das conjunta y armónicamente, aquí nos vamos a detener en algu-
nos casos paradigmáticos en los que una de estas tres dimensiones
emerge sin excluir las otras.
2 El texto original francés: «On trouve dans la liturgie des éléments
immuables, un contenu sacré qui transcende le temps, mais aussi des élé-
ments variables, transitoires, parfois même défectueux» [en línea], Santa Sede,
<https://w2.vatican.va/content/pius-xii/fr/speeches/1956/documents/
hf_p-xii_spe_19560922_liturgia-pastorale.html> [consulta: noviembre 2020].
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Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso 29
3. Una teología controvertida (el ofertorio)
Es conocida la historia del ofertorio de la misa romana. En suma
síntesis: según el Ordo Romanus I, del siglo vii, el diácono recibe
las ofrendas (oblationes) durante el canto del offertorium. El Ordo
no contiene ninguna oración que acompañe el rito. Sin embargo,
entre el siglo vii y viii, en algunos Sacramentarios aparece como
conclusión del rito la oratio super oblata, llamada también secreta,
cuyo contenido es generalmente oblativo o sacrificial. A fines del
siglo viii, encontramos en Francia el Orate, fratres. Siempre en
ambiente franco, a lo largo de los siglos ix y x se introducen en el
ofertorio una serie de apologías, oraciones individuales que tienen
generalmente un carácter de anticipación o proléptico de la ofrenda
sacrificial. Siete de estas oraciones han pasado en el siglo xvii al
Misal de Pío V y permanecen en sus sucesivas ediciones. Por otra
parte, en este Misal desaparece la ofrenda de los dones, pero se
conserva la antífona del ofertorio.
De esta historia, ¿qué se debe conservar como sana tradición y qué
se puede introducir como legítimo progreso? Es la pregunta que se
hizo el coetus encargado de poner en acto la reforma querida por el
Vaticano II. Apareció enseguida la necesidad de una nueva formula-
ción teológica de las oraciones de contenido proléptico. El Memorial
sobre la labor del coetus, se expresa en los siguientes términos:
Una particular dificultad proviene de los textos. El Consilium cree
unánimemente que las oraciones actuales del ofertorio no se han
de mantener porque anticipan el Canon. Y esto vale tanto para el
Suscipe, Sancte Pater... hanc immaculatam hostiam... quam offero, como
también para el Offerimus tibi, Domine, calicem... y aún más para el
Suscipe, sancta Trinitas, hanc oblationem quam tibi offerimus...: ninguna
de estas tres oraciones es de origen romano y la tercera, sobre todo, ya
en la invocación inicial, contrasta con el genio de la liturgia romana...3
El coetus en sus decisiones tendrá presente cuanto sobre la reforma
del Ordinario de la Misa dice SC 50: «que se manifieste con mayor
3 Maurizio Barba, La riforma conciliare dell’«Ordo Missae». Il percorso
storico-redazionale dei riti d’ingresso, di offertorio e di comunione, nuova edizione
ampliamente riveduta e aggiornata secondo l’editio typica tertia del Messale
Romano, Roma: CLV – Edizioni Liturgiche 2008, 264.
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30 Matías Augé Benet
claridad el sentido propio de cada una de las partes»; «que se
haga más fácil la piadosa y activa participación de los fieles»; «en
consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con cuidado
la sustancia»; «restablézcanse algunas cosas que han desaparecido
a causa del tiempo, según se estime conveniente o necesario».
Aquí se trataba de expresar «con mayor claridad» el sentido propio
del ofertorio, que no podía reducirse a la simple preparación
práctica y material de los dones. No hay que olvidar que los Ritos
orientales tienen la anticipación proléptica de la proscomidia, que
es especialmente solemne en los ritos bizantinos. Por su parte, el
ofertorio de la tradición romana ha tenido siempre un cierto carác-
ter oblativo, expresado al inicio por la oración sobre las ofrendas.
Se decidió suprimir la mayor parte de las oraciones introducidas
en los siglos ix y x, excepto la oración In spiritu humilitatis et in
animo contrito suscipiamur a te, Domine; et sic fiat sacrificium nostrum
in conspectu tuo hodie, ut placeat tibi, Domine Deus («Acepta, Señor,
nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que este sea
hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor,
Dios nuestro»). Es la oración más antigua del grupo, inspirada en
el libro de Daniel (3,39-40), un texto que expresa adecuadamente el
sentido de toda ofrenda exterior, esto es, el sacrificium invisibile del
corazón.4 Por otra parte, se restableció la desaparecida procesión
con las ofrendas, con lo cual se incrementa la participación activa de
los fieles. Finalmente, se introdujeron dos nuevas oraciones para la
presentación del pan y del vino que expresan un estrecho vínculo
entre el ofertorio (preparación de los dones), la plegaria eucarística
(dimensión sacrificial) y la comunión (dimensión convivial), que
forman parte de una única celebración.
4. Una historia compleja (la penitencia)
La historia del sacramento de la penitencia es compleja. Entre los
siglos ii y vi, encontramos la llamada penitencia antigua para los
que habían pecado gravemente (se citan en particular: idolatría,
homicidio, adulterio). Se trata de un proceso penitencial sometido
al control del obispo, que comprende: la entrada en el «ordo pae-
4 J. A. Jungmann, La Messa nel popolo di Dio, Torino: Marietti 1974, 65
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Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso 31
nitentium», un tiempo de expiación pública, y la reconciliación
también pública. Era una disciplina penitencial interpretada
como un «segundo bautismo», posible una sola vez. El penitente
quedaba marcado de por vida con una serie de privaciones. De
hecho, muchos rehuían la penitencia y se hacían reconciliar solo
a las puertas de la muerte.
En el siglo vii irrumpe una nueva disciplina penitencial prove-
niente de los monasterios celtas y anglosajones, la llamada peniten-
cia tarifada, privada, reiterable y administrada por el presbítero que
imponía una penitencia adecuada al pecado según las indicaciones
o «tarifas» de los Libros penitenciales. Cumplida la penitencia, el
penitente volvía al presbítero para la reconciliación. En un primer
momento, la nueva disciplina produjo escándalo en España.5 A
partir del siglo xii, se admite generalmente que la confesión de
los pecados representa el gesto esencial del sacramento y que la
absolución del ministro se obtenga una vez reconocida la culpa.
De ahí que el cuarto sacramento será designado con el nombre de
«confesión». Esta historia revela una cierta evolución e incluso
mutación en la concepción del sacramento: desde una penitencia
pública hasta una praxis privada e incluso individual, desde una
penitencia concebida como reconciliación con la Iglesia concedida
una sola vez en la vida hasta una celebración del sacramento visto
como ayuda y remedio en la vida del penitente, reiterable e incluso
frecuente con imposición de penitencias muy leves.
También aquí nos podemos preguntar: esta historia tan compleja,
¿qué elementos tradicionales nos transmite y qué legítimo pro-
greso requiere? SC 72 afirma: «Revísense el rito y las fórmulas de la
penitencia, de manera que expresen más claramente la naturaleza y
el efecto del sacramento». En los dos primeros esquemas se hablaba
solo del «efecto» del sacramento. En el tercer esquema se añadió,
a petición de muchos Padres, la «naturaleza» del sacramento, es
5 Cf. «Hemos sabido que en ciertas iglesias de España, los fieles hacen
penitencia de sus pecados no según el modo canónico, sino en modo abso-
lutamente indigno (foedissime): cada vez que han pecado, piden al sacerdote
que los reconcilie...» (Concilio III de Toledo [del 589], can. 11, en Concilios
visigóticos e hispano-romanos, Barcelona − Madrid 1963, 128).
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32 Matías Augé Benet
decir se trataba de expresar más claramente su carácter social y
eclesial.6 Es lo que la reforma ha intentado hacer.
Otra cuestión, que aquí no toca tratar, es hasta qué punto la reforma
de este sacramento con las diversas formas celebrativas introduci-
das, ha producido los efectos esperados. El cuarto sacramento está
considerado en crisis. Pero hay que recordar que la Iglesia tiene
muchos modos de «hacer penitencia»; en cambio fácilmente los
hemos identificado con el solo sacramento de la reconciliación e
incluso con el reducido espacio del confesional. La praxis de los
orígenes nos recuerda que el sacramento de la penitencia es el
sacramento de la «crisis de la vida cristiana», una vía no ordinaria
del ejercicio de la penitencia. Esto no significa reajustar el cuarto
sacramento, sino más bien valorizarlo porqué es reconducido a
su función más propia.7
5. Una sensibilidad pastoral olvidada (la lengua vulgar)
Cuando aquí hablo de una sensibilidad pastoral olvidada, me
refiero ante todo a la sensibilidad pastoral que el Concilio de Trento
ha demostrado en el debate sobre la lengua vulgar en la liturgia.
Trento indica una motivación válida para conceder el uso de la
lengua vulgar («la misa contiene una grande instrucción para
el pueblo fiel»), no obstante no considera oportuno ceder a las
presiones de los Reformadores que hacían de la lengua vernácula
un principio irrenunciable. Los argumentos usados en Trento,
en defensa de la lengua latina, son más tácticos que estratégicos,
son argumentos dictados por las circunstancias. Pero más tarde,
cuando los teólogos y el mismo magisterio eclesial se ponen a
justificar el uso del latín, olvidan ese talante tridentino y hacen
alarde tal vez de argumentos dogmáticos: el latín signo de unidad
eclesial, antídoto contra la corrupción de la doctrina,8 etc.
6 «…naturam socialem et ecclesialem melius exprimat» (Francisco Gil
Hellín, Concilii Vaticani II Synopsis. Constitutio de Sacra Liturgia «Sacrosanctum
Concilium», Libreria Editrice Vaticana 2003, 221).
7 Cf. Andrea Grillo – Daniela Conti, Fare penitenza. Ragione sistematica
e pratica pastorale del quarto sacramento, Assisi: Cittadella Editrice 2019.
8 Cf. Pío XII, Mediator Dei 77.
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Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso 33
En el Vaticano II, la cuestión de la lengua litúrgica fue objeto de ani-
madas discusiones. En el texto inicial de SC 36: se pasa de afirmar
que el uso de la lengua latina «omnino servandus est», del texto
preparado por la Comisión preparatoria, a servetur, del texto pre-
sentado en el aula, y a «salvo particolari iure, servetur», del texto
aprobado. SC 36 recoge la sensibilidad tridentina y concluye que
se «podrá dar mayor cabida» a la lengua vulgar. La sensibilidad
pastoral de Sacrosanctum Concilium se apoya en algunos principios
que tendrán su peso en las aperturas ulteriores de Pablo VI. SC 33
afirma el carácter dialogante de la liturgia: «Dios habla a su pueblo»
y «el pueblo responde a Dios». Consiguientemente, SC 34 establece
que los ritos deben ser «adaptados a la capacidad de los fieles y, en
general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones».
En la apertura total al uso de la lengua vulgar ¿se ha respetado
la sana tradición? Se ha respetado un principio de sana tradición
que pertenece a la naturaleza misma de la liturgia: la participa-
ción activa de la asamblea, que requiere una cierta comprensión
del rito. Podemos añadir que, en parte, con la lengua vulgar se
hace practicable lo que la misma liturgia es: acción de Cristo y de
la Iglesia (cf. SC 7 y 26). En cambio, es evidente que no se puede
afirmar que la lengua latina (u otra lengua) pertenezca a la natu-
raleza de la liturgia.
6. Algunas conclusiones
Puede ser que alguien se pregunte si el legítimo progreso que he
ilustrado en los tres ejemplos propuestos, ha respetado el otro
criterio indicado por SC 23: «las nuevas formas se desarrollen,
por decirlo así, orgánicamente, a partir de las ya existentes». Se
podría responder con otra pregunta: ¿la historia de la liturgia se ha
desarrollado según este criterio? Como hemos podido comprobar,
no siempre las nuevas formas de la liturgia se han desarrollado
orgánicamente partiendo de las ya existentes. Hemos recordado
con Pío XII que en la liturgia no solo hay elementos variables,
sino también transitorios y a veces defectuosos. Esto supone que
se puede intervenir para corregir algo que se ha desviado o para
mejorar aquello que se ha empobrecido y que, por lo mismo, no
es fruto de un desarrollo orgánico y positivo.
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34 Matías Augé Benet
La conexión orgánica con la tradición no hay que buscarla solo
en el pasado cercano o reciente, sino también en todo el desarro-
llo histórico de la liturgia. La vuelta a las fuentes de la tradición
cristiana (ressourcement) ha sido un método intelectual que ha
ofrecido un inestimable aporte a la experiencia de renovación de la
primera parte del siglo xx con los movimientos bíblico, patrístico,
ecuménico y litúrgico.9
Por otra parte, un desarrollo orgánico de la liturgia no se opone a
la introducción de novedades. La historia de la liturgia está llena
de novedades más o menos relevantes. Lo importante es que estas
novedades se dispongan en modo armónico en el conjunto de la
celebración y respeten el significado del misterio celebrado. Antoni
Gaudí, el famoso arquitecto de la basílica de la Sagrada Familia
de Barcelona, decía que la proporción es una de las cualidades
principales de la belleza.10 En nuestro caso, esta proporción ha
de entenderse como una ley que organiza las relaciones entre las
diversas partes de la celebración con el conjunto y cada una de las
partes de la celebración con las otras partes de la misma.
Las novedades son bienvenidas cuando respetan la estructura
fundamental del rito, «expresan con mayor claridad las cosas
santas que significan» y «el pueblo cristiano puede comprenderlas
fácilmente y participar en ellas» (cf. SC 21).
Podemos concluir afirmando, como ya hemos dicho, que la fideli-
dad a la tradición y la apertura al legítimo progreso es un criterio
que se aplica a través de una concienzuda investigación teológica,
histórica y pastoral actuada conjunta y armónicamente.
9 Cf. Massimo Faggioli, Vera riforma. Liturgia ed ecclesiologia nel Vaticano
II (Nuovi Saggi Teologici 96), EDB 2013, 27-29.
10 Armand Puig i Tàrrech, La Sagrada Família segons Gaudí. Comprendre
un símbol, Barcelona: Raval Edicions SLU, Pòrtic, 2011, 63.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 35-40
Reforma litúrgica: tradición,
interpretación y sentido
Paula Marcela Depalma Sinbaldi
Abstract: After pointing out what Resumen: Tras señalar qué enten-
we understand for sound tradi- demos por sana tradición y
tion and how to interpret it in cómo interpretarla de un modo
a vital way, the author opens vital, la autora del artículo abre
the horizon to a linking pers- el horizonte a una perspectiva
pective of the liturgy in order vincular de la liturgia para acre-
to increase Christian life among centar entre los fieles la vida
the faithful. cristiana.
Keywords: gathering, progress, Palabras clave: encuentro, pro-
relationship, tradition. greso, relación, tradición.
Paula Marcela Depalma Sinbaldi es doctora en teología dogmático-
sacramental por el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma.
Es profesora de liturgia en el Centro Universitario San Pío X y
en el Instituto de Pastoral de la UPSA (Universidad Pontificia
de Salamanca).
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36 Paula Marcela Depalma Sinbaldi
L a pregunta y convocatoria de los padres conciliares en Sacro-
sanctum concilium 23 sobre cómo mantener en la liturgia una
sana tradición y abrir a la vez un camino a un legítimo progreso,
sigue vigente. ¿Qué debemos entender por «sana tradición»? ¿Qué
innovaciones se pueden incluir en la liturgia para adaptarla a los
tiempos o a las culturas y abrir así un legítimo progreso?
Recordemos, antes que nada, que esta constitución sobre la Sagrada
Liturgia es el primer documento que ve la luz desde el Concilio
Vaticano II por la urgencia y necesidad de las comunidades de
actualizar sus celebraciones litúrgicas. Pero el Concilio seguía en
su conjunto tres ejes que no está de más recordar aquí. Estos son la
reforma ecuménica junto al diálogo interreligioso, la renovación
eclesial y el diálogo con la sociedad actual que quedará reflejado
especialmente en la constitución pastoral Gaudium et spes. Y es, con
estas ideas de fondo, que se quiere promover un aggiornamento de
la liturgia; esto es de cara al ecumenismo y en las coordenadas de
una transformación de la imagen de Iglesia no solo buscándose
a sí misma sino abriendo un serio diálogo con el mundo contem-
poráneo.1 Es muy importante considerar estos tres ejes como
trasfondo del posible aggiornamento litúrgico, porque este parece
referirse de manera incisiva a estas tres dimensiones. Veamos, sin
embargo, algunas cuestiones específicas que ayudan a entender
la propuesta de renovación.
1. Lo que no puede cambiar
En primer lugar, y como señala la misma Sacrosanctum Concilium en
los números 2 y 5, lo que no puede cambiar radica en la dimensión
teológica y espiritual que es la celebración del misterio pascual.
Por medio de la liturgia «se ejerce la obra de nuestra redención»
(SC 2). La acción de Cristo en la Iglesia se hace eficaz en la celebra-
1 En palabras conciliares, se busca: «Acrecentar de día en día entre los
fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo
las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que
pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que
sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que
le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de
la Liturgia» (SC 1).
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 35-40
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Reforma litúrgica: tradición, interpretación y sentido 37
ción litúrgica. Solo a partir de los cimientos teológicos centrados
en la dimensión cristológica y soteriológica se pueden plantear a
continuación las posibilidades de la posible reforma.2
2. Desde una tradición viva e interpretada
Sacrosactum concilium 23 habla de «sana tradición» como clave para
la reforma. Caracterizar a la tradición con el adjetivo de sana da
mucho que pensar. ¿Qué es lo que le ofrece esa salud a la tradición?
En primer lugar, es importante reconocer que la tradición no es
únicamente un conjunto de datos, textos o libros del pasado que se
repiten sin interpretación, sino que hace alusión, junto a los textos
teológicos, a la vida interpretada de los creyentes de todas las
épocas que han percibido y vislumbrado sus vidas personales y el
devenir de la sociedad y del cosmos a la luz de la Palabra revelada.
Es decir, que la tradición puede entenderse como la interpretación y
la encarnación en el tiempo de la revelación. Esta vida interpretada
se vuelve indicador para los creyentes de todas las épocas. En los
evangelios se hace una fuerte crítica, en este sentido, a la falta de
entendimiento, y a la tarea del Espíritu de ayudar a interpretar y
a recordar todo lo concerniente a Jesús.3 La relación comprensiva,
incluso de los textos sagrados, depende de la sensibilidad del
corazón y es don del Espíritu que nos «recordará y explicará todo».
No hay tradición sin entendimiento, sin interpretación, sin pasar
por el corazón y sin la encarnación en la vida concreta. No hay
tradición viva que no se comprenda bajo la luz de la empatía y la
solidaridad con quienes sufren o sin saberse parte de quienes se
reconocen vulnerables, en lucha por la justicia y la paz, en diálogo y
en crisis frente a las incoherencias e injusticias. No se trata de repetir
2 La pretensión de «reforma general de la liturgia» (SC 21) es la intención de
esta constitución y el desarrollo de toda la sección III «Reforma de la Sagrada
liturgia».
3 La crítica puesta en boca de Jesús respecto a la comprensión de las
parábolas puede ser traída aquí: «Aunque miran no ven, aunque oyen no
escuchan ni entienden, porque sus oídos están cerrados. Por mucho que
oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán. Porque el corazón
de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les
han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos,
entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría» (Mt 13,13-14).
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38 Paula Marcela Depalma Sinbaldi
unos textos escritos sino de encontrar sentido a los acontecimientos
a la luz de la revelación interpretada por quienes la han pensado,
reflexionado y adaptado a los tiempos que les tocaba vivir.
La tradición ofrece, de este modo, un universo de significaciones
a los creyentes y no resulta ser un compendio teórico de difícil
interpretación. Desde esta perspectiva dinámica de tradición es
desde donde será más acertado plantear una reforma celebrativa
acorde a los signos de nuestro tiempo.
3. La construcción institucional y la de sentido: una sana
tensión
La autoridad que legitima los sacramentos no puede ser solamente
institucional o legislativa, sino que debe ser también significativa,
es decir ser capaz de llenar de sentido, a través de gestos, símbolos
o ritos lo que representa ser creyente. La actualización no pasa
únicamente por modificar la construcción institucional y canónica
de la liturgia en aras a reflejar una imagen de Iglesia según la pro-
puesta conciliar de comunión, pueblo de Dios, misterio, según se
explicita en Lumen gentium. La reforma debe integrar de manera
creativa la actualización de la liturgia como epifanía eclesial en los
términos conciliares a la vez que reformularla teniendo en cuenta la
significatividad para los creyentes. No hay Eucaristía únicamente
porque se cumplen las cláusulas canónicas y una cierta secuencia
ritual estipulada de palabras y gestos. Hay Eucaristía cuando, en
el marco de unas cláusulas establecidas, una comunidad celebra
el misterio pascual, lo revive y lo expande en sus propias vidas y
misión y así se vuelve icono de la Iglesia en su conjunto.
4. Hacia una perspectiva vincular de la liturgia
Coincido además con la sacramentología personalista de Schille-
beeckx que afirma que muchas veces se nos olvida en nuestras
celebraciones «el dato más obvio del encuentro con Dios».4 Por el
contrario, cuando se da este encuentro siempre pasa algo, nada
queda incólume, sino que se produce una transformación. Cuando
4 Ver Edward Schillebeeckx, Cristo sacramento del encuentro con Dios, San
Sebastián: Dinor 1968.
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Reforma litúrgica: tradición, interpretación y sentido 39
Dios se manifiesta, llama, salva y envía. Las acciones litúrgicas
son por ello performativas, es decir que, por la acción de Dios, son
alteradoras y configuradoras de la realidad.5 Ninguna celebración
litúrgica es igual que la anterior o la siguiente. Lo que no podemos
cambiar, por obviedad de términos, es lo que no se puede cambiar,
lo que nunca cambia porque es de Dios. Nuestras dependencias,
apegos, seguridades y controles rituales han de desaparecer,
cuanto antes mejor, porque convierten las celebraciones en actos
de magia despersonalizados y despersonalizantes.
Evidentemente es una cuestión de fe el dejar a Dios ser Dios. Y
se llama magia, en contraposición a la liturgia, a la pretensión de
control, de dominio sobre las cuestiones que deberían ser tras-
cendentes, es decir, realidades que van más allá de nosotros, que
son siempre mayores (cf. Karl Rahner), tremendum et fascinans (cf.
Rudolf Otto). Pero la fascinación por lo sagrado no puede distan-
ciar o separar lo sagrado de lo cotidiano, sino que justamente la
sacramentalidad indica que en lo mundano se expande la trascen-
dencia, que las cosas vuelven a cobrar sentido, que las celebracio-
nes, lejos de ser unos «ritos de purificación», se «llenan del vino»
de la alegría por la acción de Jesús en medio nuestro (cf. Jn 2,1-11).
5. «Acrecentar entre los fieles la vida cristiana» (SC 1)
La pasividad de los fieles6 es otro síntoma de la distancia entre la
acción de Dios en la vida y los ritos. La experiencia de una «vida
eucarística», como detalladamente describen los padres de la Igle-
sia, es una premisa y una consecuencia de la acción celebrativa. Y no
es posible separarlas. De lo contrario, caemos en aquello que tanto
denunciaban los profetas de ritos separados de la vida concreta y
5 En este sentido, afirma SC 7 que «los signos sensibles significan y, cada
uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Mís-
tico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público
íntegro».
6 La participación de los fieles es un desafío claro en SC 14: «La santa
madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella
participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que
exige la naturaleza de la liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación,
en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, “linaje escogido sacerdocio real,
nación santa, pueblo adquirido”».
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40 Paula Marcela Depalma Sinbaldi
de las opciones morales en consonancia con la justicia y la solida-
ridad. Como señala E. Zenger, en relación con la crítica profética
en Israel, «esa fuerza social constructiva que deberían tener en
cuanto fiestas de Yahvé y en cuanto ritos hechos por seres humanos
que, mediante ellos, habrían de configurar la historia de su vida
colectiva como convivencia de personas liberadas y con iguales
derechos. La actitud de la crítica profética del rito no va dirigida
contra los ritos en sí, sino que pretende hacer patente que Israel se
halla de hecho en una disposición indigna del rito y propiamente
incapaz para él, en tanto no se haga realidad en cuanto principio
básico de la convivencia el orden salvífico y jurídico de Yahvé. En
este sentido la crítica cultual de los profetas es al mismo tiempo
crítica social y crítica de la fe».7 Es decir, que la performatividad
litúrgica se verifica tanto a niveles individuales como colectivos
y sociales y, en palabras del actual pontífice, también culturales.8
Como conclusión, hemos partido del marco eclesial para plantear
una reforma litúrgica en clave ecuménica y en diálogo con la socie-
dad y con la cultura actual. Para este diálogo es imprescindible
entender la tradición desde un dinamismo de fidelidad creativa
que sea capaz de dar sentido y significaciones a la vida de los
creyentes de hoy.
Creemos que este camino ya se ha iniciado, pero queda mucho
por andar en función de una clara comprensión de la liturgia en
el horizonte eclesial renovado por el Concilio Vaticano II. Sabe-
mos que no es un camino fácil. Pero es imprescindible andar los
caminos de conciliación y comunión. Por ello, concluimos con
una frase de Mary Collins: «Se conseguirá (la renovación de las
formas litúrgicas) si la creatividad litúrgica fuera expresión de la
autenticidad eclesial».9
7 E. Zenger, «Rito y crítica al rito en el Antiguo Testamento», en Concilium
132 (1978) 196.
8 El papa Francisco propone generar la «cultura del encuentro» como
modelo social, que se gesta en vínculos nuevos en la sociedad fecundada por
los creyentes.
9 M. Collins, «Obstáculos para la creatividad litúrgica», en Concilium
182 (1983) 195.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 41-48
La liturgia
entre la tradición y el progreso
José Manuel Bernal Llorente
Abstract: In the relationship bet- Resumen: En la relación entre
ween «sound tradition and «sana tradición y legítimo pro-
legitimate progress», the greso», el autor señala algunos
author points out some sombre puntos sombríos, tales como el
aspects, such as language, doc- lenguaje, el contenido doctri-
trinal content, gestures and nal, los gestos y elementos sim-
symbolic elements, cultural bólicos, la resonancia cultural y
resonance and the profiles and los perfiles y las estructuras de
structures of the liturgy. In la liturgia. Para señalar cómo
order to point out how to go recorrer el camino que permita
the way to reconcile the crea- compaginar el esfuerzo crea-
tive effort of new forms with tivo de nuevas formas con las
the demands of the inheritance exigencias de la herencia que
we have received and which is hemos recibido y que se cana-
channelled through tradition. liza a través de la tradición.
Keywords: heritage, progress, Palabras clave: herencia, progreso,
reform, tradition. reforma, tradición.
José Manuel Bernal Llorente cursó estudios de especialidad litúr-
gica en el Instituto Superior de Liturgia de París, fue catedrático
de Teología Dogmática en la Pontificia Universidad de Santo
Tomás de Aquino en Roma y en la Facultad de Teología de
Valencia
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42 José Manuel Bernal Llorente
L a liturgia, en su desarrollo histórico, se mueve entre dos fren-
tes: la fidelidad a la sana traditio y la obligada sintonía con las
exigencias del presente, a través de una adaptación progresiva y
permanente. Hay que prestar atención a la «sana tradición», sin
caer en la servidumbre del pasado y el permanente divorcio con
el entorno histórico. Nuestros fieles se muestran muy sensibles
ante estas exigencias. Sienten muy al vivo la desconexión lacerante
entre la liturgia que celebramos en las iglesias y los modos de vivir,
de sentir, de pensar y de expresarse que envuelven la existencia
cotidiana de la gente.
Al elaborar esta reflexión no puedo omitir una referencia a un
texto de la Sacrosanctum Concilium del Vaticano II (núm. 23). Es
un texto clave. En él se ofrecen los criterios básicos que han de
inspirar cualquier acercamiento al tema propuesto. Para una sin-
tonía entre la sana traditio y el «legítimo progreso» hay que prestar
atención a las implicaciones teológicas, históricas y pastorales que
conlleva la experiencia litúrgica; hay que examinar la estructura
básica de las celebraciones y el espíritu que las impregna; hay que
tener presente la experiencia acumulada durante estos años y, en
el momento de acometer nuevas experiencias, hay que pensar en
la utilidad pastoral de las mismas. En todo caso, dice el texto, hay
que observar la máxima cautela.
Para ofrecer un intento de respuesta a estos problemas vamos a
señalar, en primer lugar, los puntos sombríos que oscurecen nues-
tra experiencia litúrgica. Es algo así como un diagnóstico sobre los
aspectos conflictivos. Luego ensayaremos una propuesta capaz de
ofrecer una posible solución a los interrogantes abiertos.
1. Zonas a revisar
Para aclararnos, es preciso distinguir niveles o aspectos que en
este momento nos resultan más problemáticos.
a) Lenguaje. Es uno de los aspectos que, en la actualidad, ofrecen
más interrogantes. La gente no nos entiende o, más bien, nues-
tro lenguaje resulta extraño, poco transparente. Con frecuencia
nuestro hablar reviste tonos clericales. En todo caso, ni nuestro
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 41-48
phase 359.indb 42 26/02/2021 8:27:17
La liturgia entre la tradición y el progreso 43
modo de hablar ni el lenguaje de las plegarias oficiales conecta
de verdad con la sensibilidad de nuestros fieles, con su forma
de decir y de comunicarse. Posiblemente lo que nosotros les
decimos en nuestras homilías responde escasamente a los
problemas reales que tienen nuestros oyentes y a las preguntas
que nos formulan. Hay una desconexión entre lo que nosotros
decimos y lo que nuestra gente necesita que digamos. Es el
primer problema a la espera de respuesta.
b) Contenido doctrinal. Es un problema diferente. Aquí tocamos
el meollo de la cuestión. El lenguaje afecta al ropaje, al revesti-
miento. Ahora, en cambio, me refiero a lo entitativo y sustan-
cial. Al hablar del contenido doctrinal va en juego el contenido
de nuestra fe, lo que nos une y nos configura como comunidad
cristiana. Tocamos uno de los principios básicos: que la liturgia
es la expresión de nuestra fe, de la fe de la Iglesia. El lenguaje
es contingente, relativo, y está sometido a los vaivenes de la
historia y de la cultura. La fe es lo que hemos recibido y debe-
mos transmitir. Es lo que nos define e identifica. El contenido
de la fe no cambia, es firme. Por eso, en el momento de asumir
adaptaciones, no debemos actuar ingenuamente, a la ligera.
Como dice la Sacrosanctum Concilium, debemos ahondar en
las implicaciones teológicas de la liturgia (núm. 23). El respeto
al contenido doctrinal garantiza, además, nuestra comunión
de fe con la Iglesia y nuestra conexión comunional con toda
la comunidad eclesial.
c) Gestos y elementos simbólicos. Nos situamos aquí en la órbita de
la comunicación y de la expresividad. Los gestos y nuestras
actitudes corporales entran en el género de los signos; nos
hacen salir de nosotros mismos y nos ex-presan. Es el lenguaje
simbólico, a través del cual proyectamos nuestra interioridad.
Pero, para que esto se haga realidad, es preciso que el ele-
mento simbólico sea significativo, transparente, que remita
a una realidad distinta de él, que le transciende. Un signo
que no se entiende se convierte en algo opaco, insignificante,
intranscendente; no sirve, pierde su razón de ser. La liturgia
se mueve en el mundo de los símbolos. Todo contribuye a que
phase 359.indb 43 26/02/2021 8:27:18
44 José Manuel Bernal Llorente
nos expresemos, a que proyectemos nuestra interioridad; a que
conectemos con realidades que nos transcienden. En realidad,
a que conectemos con el misterio de Cristo que vive su exis-
tencia glorificada con el Padre. Pero, insisto, los signos deben
ser comprensibles y transparentes. Ahí está el problema y el
gran reto que nos cuestiona. Tengo la impresión de que, en la
práctica, nuestros gestos resultan poco relevantes, intrascen-
dentes, sin arraigo, chatos. Los elementos simbólicos, por otra
parte, resultan trasnochados; pertenecen a otras culturas y a
otras sensibilidades. Tenemos un problema grave.
d) Resonancia cultural. Todos estos aspectos están relacionados.
El problema de los símbolos, por ejemplo, lleva implicado un
problema de conexión cultural. En este sentido, reconocemos
que todo el conjunto de elementos que forman el entramado de
la liturgia conecta directamente con el universo cultural. Es un
factor histórico, cambiante, con ramificaciones e implicaciones
geográficas evidentes. Las culturas cambian y son diversas
según los tiempos y según las comunidades humanas dispersas
por el mundo. Tiempos y lugares: ahí están las claves. Fijándo-
nos en el mundo de la experiencia cultual, hemos de reconocer
que, en buena parte, nuestras liturgias de Oriente y Occidente
llevan el marchamo y el estigma de mundos culturales anti-
guos, cuya identidad cultural dista notablemente de nuestra
cultura moderna. Indudablemente el envoltorio cultural que
recubre las formas de nuestra liturgia conecta escasamente con
la sensibilidad cultural de nuestro tiempo. Hay que reconocer
un lamentable desfase. Lo mismo podemos decir si nos fija-
mos en la clave geográfica. Nuestra liturgia rezuma formas y
modos de sentir de carácter occidental y europeo. La cultura
grecolatina ha dejado su huella en las formas y en los textos de
nuestras liturgias. Este hecho plantea un serio problema a la
universalidad y a la catolicidad de la Iglesia, no solo en lo refe-
rente a la liturgia, sino también en lo que afecta a su estructura
orgánica, a la reflexión teológica y a la predicación.
e) Perfiles y estructuras. Nuestra liturgia tiene un armazón que la
configura, una estructura que le da forma y consistencia. Más
bien, podríamos hablar de una variedad de formas estruc-
phase 359.indb 44 26/02/2021 8:27:18
La liturgia entre la tradición y el progreso 45
turales. Cada unidad litúrgica, cada celebración cuenta con
una peculiar estructura. La estructura de la Eucaristía cuenta
con un peso tradicional incuestionable, que se remonta al
testimonio del Nuevo Testamento. La liturgia del bautismo,
en cambio, llegó hasta nosotros con una estructura desafortu-
nada; se había reunido en un solo acto, en una sola celebración,
lo que había sido concebido para celebrarse en celebraciones
sucesivas diferentes. Una anomalía insostenible. La reforma
del Vaticano II puso fin a este atropello que había durado
siglos. Otras reformas han logrado una simplificación de ritos
y estructuras, dotándolos de mayor claridad y de un mayor
dinamismo. No vamos a descender a detalles; el marco de
este escrito no da para más. Quedan seguramente lagunas
pendientes de respuesta, metas por alcanzar y objetivos que
cubrir. Un reto estimulante para el futuro.
2. Ensayo de respuesta
Con lo expuesto más arriba he intentado señalar los aspectos más
vulnerables, los que requieren una atención especial al hacer un
balance de situación. No son los únicos, pero sí los más importantes.
En torno a esos aspectos hay que perfilar una revisión y un aggiorna-
mento. El texto conciliar citado nos habla de una legitima progressio.
Ahora bien, para emprender una labor de renovación y puesta al
día se requiere una atención y un cuidadoso respeto a la sana traditio.
Esta es la cuestión. Debemos compaginar el esfuerzo creativo de
nuevas formas con las exigencias de la herencia que hemos recibido
y que se canaliza a través de la tradición. Voy a intentar diseñar los
pasos que pueden encaminarnos hacia ese objetivo.
a) La reforma litúrgica del Vaticano II, grandiosa pero insuficiente.
Los que vivimos de cerca la aventura del Concilio albergamos
en aquel momento grandes esperanzas. Llegamos a pensar
que, con la reforma litúrgica conciliar, todas las carencias que
aquejaban a la liturgia iban a quedar colmadas, resueltas,
con la reforma. No ha sido así. Han quedado muchas tejas
por cubrir y muchas piedras por poner. Esa es la realidad.
Pienso en el sacramento de la reconciliación, en la liturgia de
la concelebración, en el sacramento de la iniciación cristiana,
phase 359.indb 45 26/02/2021 8:27:18
46 José Manuel Bernal Llorente
en la configuración del leccionario, y en la lengua vernácula.
Pensábamos que nuestra gente ya iba a poder entender el
lenguaje de la liturgia; no ha sido así. Nuestra feligresía sigue
sin entender nuestras plegarias. Porque el problema es mucho
más radical. Este tema requiere, sin duda, un tratamiento espe-
cífico, a fondo. Como dice el castizo, la pelota sigue en el tejado.
b) Ni creatividad salvaje, ni inmovilidad estéril. Son los dos extremos
a evitar y a superar. Apostamos, sin duda, por una creatividad
responsable y respetuosa; por un «legítimo progreso», como
dice el Concilio; pero no por una afición desmedida a la creati-
vidad a ultranza, desconsiderada y salvaje; una creatividad sin
apoyos doctrinales, sin base histórica y sin criterios pastorales
serios, poco respetuosa con la herencia que hemos recibido.
No se puede crear ex nihilo, partiendo de cero, haciendo caso
omiso del valioso tesoro eucológico transmitido en la Iglesia
de generación en generación.
Pero tampoco nos podemos instalar en una cómoda postura
inmovilista y estéril. Ni podemos animar la celebración de
nuestras comunidades eclesiales desde la rutina o la insensi-
bilidad pastoral. Nunca debemos dejar de pensar en la asam-
blea que tenemos delante, ni prescindir de sus inquietudes y
problemas. Nuestro mensaje debe ser siempre transmisor de la
buena noticia, sin doctrinalismos ni moralismos innecesarios.
Ojalá llegue pronto el día en que los liturgos sean capaces de
entusiasmar a la asamblea, de animar a los participantes a
adentrase en la hondura del misterio, a dejarse atrapar por
la fuerza y la transcendencia de los símbolos, a vivir intensa-
mente, con emoción, la presencia del Señor Jesús, resucitado
y glorioso. Esa debe ser nuestra apuesta: que la asamblea
conecte, a través de la palabra y los símbolos sagrados, con
lo medular del misterio celebrado, dejándose embargar por
el asombro deslumbrante de lo numinoso e insondable. Pero
seguramente mi deseo no sea más que una entelequia román-
tica, un brindis al sol.
c) Apuesta por un lenguaje transparente. Insisto en este asunto. Es
uno de los puntos candentes que más preocupa a los pastores.
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La liturgia entre la tradición y el progreso 47
Ya he aludido más arriba a este tema. Nunca nos cansaremos
de insistir. Hay que dotar a nuestros textos de oración de una
mayor transparencia; con más soltura, con mayor frescura;
que sean entendibles, que comuniquen, que seduzcan a los
participantes. No pueden limitarse a ofrecernos expresiones
alambicadas, términos trasnochados ajenos al vocabulario de
la gente, tópicos repetidos una y otra vez. Es todo un reto. No
nos podemos limitar a traducir plegarias construidas hace más
de mil años; hay que darles la vuelta; hay que crear textos de
oración nuevos, redactados directamente en nuestras lenguas
vivas, no en latín, que conecten con nuestra manera de decir,
con nuestra sensibilidad. Todo un reto.
d) Sintonía con la teología y la cultura de nuestro tiempo. Los con-
tenidos de la fe son firmes, intangibles, permanentes. Ellos
constituyen el «depósito de la fe» custodiado en la Iglesia como
un tesoro. Las fórmulas por las cuales expresamos nuestra fe
tienen, más bien, un carácter relativo, circunstancial, provisio-
nal y efímero. De hecho santo Tomás de Aquino asegura que
el acto de fe no termina en las fórmulas, va más allá; termina
en lo que hay detrás de la fórmula, en el contenido. Pero aquí
hablamos de la reflexión teológica. Esta es una reflexión sobre
los contenidos que la fe nos transmite. Esta reflexión se sirve de
los elementos lógicos, filosóficos, culturales y racionales que le
brindan las corrientes de pensamiento de su tiempo. El pensa-
miento filosófico circundante es un componente imprescindi-
ble para emprender cualquier aventura teológica; como lo fue
la filosofía aristotélica para la teología de Tomás de Aquino.
Fijémonos en nuestra liturgia. El apoyo teológico subyacente
en sus plegarias corresponde a épocas ampliamente distantes
de la nuestra. Nuestra forma de hacer hoy teología reviste
unas resonancias y unos acentos diferentes. Esto no se refleja
en nuestros textos de oración. Es una carencia injustificable.
Las oraciones de la liturgia debieran conectar con nuestra
sensibilidad; debieran expresar con mayor fidelidad lo que
pensamos sobre Dios y sobre el hombre, cómo entendemos
la salvación y el pecado; y, sobre todo, qué ecos provoca en
nuestra manera de vivir y de pensar la figura deslumbrante
phase 359.indb 47 26/02/2021 8:27:18
48 José Manuel Bernal Llorente
de Jesús de Nazaret. Queda aquí pendiente toda una tarea a
realizar a largo plazo.
e) Siempre en comunión con la Iglesia. Tocamos aquí un paso de
máxima importancia. Es algo que, al emprender cualquier
intento de renovación litúrgica, hay que tener muy presente.
Tengo la impresión, sin embargo, de que en muchas expe-
riencias llevadas a cabo con el sano intento de rejuvenecer la
liturgia, de renovarla y ponerla al día, no siempre se presta la
atención necesaria a las exigencias que nos impone la fidelidad
al ministerio doctrinal de la Iglesia, el respeto a los contenidos
medulares de la enseñanza eclesial. Las líneas fundamentales
de cualquier intento de adaptación o renovación se deben
ajustar a los comportamientos que la Iglesia ha observado
fielmente a lo largo de la historia, a los elementos esenciales
en los que coinciden y convergen las tradiciones litúrgicas de
Oriente y Occidente. Ahí tenemos un criterio importante que
nos ha de ayudar en cualquier proyecto de renovación. Esos
elementos comunes, observados fielmente siempre y en todas
las tradiciones litúrgicas (semper et ubique), tienen la máxima
garantía de legitimidad y son dignos del máximo respeto.
Habría que decir, además, que una tarea de renovación litúrgica a
gran escala, nunca debiera ser un proyecto aislado, particular, gestio-
nado de forma independiente. Porque la liturgia no es de propiedad
particular; los máximos responsables de la liturgia en la Iglesia son
los sucesores de los Apóstoles, los que ejercen en ella el ministerio
episcopal; a ellos corresponde la tarea de emprender, dirigir y llevar a
cabo proyectos de renovación y de reforma. Proyectos a gran escala,
en los que se ve implicada la gran comunidad de la Iglesia.
No es fácil acometer con acierto tareas de renovación y de rejuve-
necimiento. No es fácil tampoco llegar a combinar ajustadamente
las legítimas exigencias de un desarrollo progresivo de las formas
litúrgicas y, al mismo tiempo, la fidelidad respetuosa hacia todo lo
que implica la sana traditio. Tradición y progreso; ese es el reto. A
pesar de las dificultades, los que tenemos puesta nuestra confianza
en el impulso del Espíritu que anima a la Iglesia, no renunciamos
al proyecto y asumimos confiados el reto.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 49-58
A la búsqueda de
un lenguaje litúrgico no religioso.
La oración litúrgica
entre tradición y progreso*
Goffredo Boselli
Abstract: The recent publication of Resumen: La reciente publicación
the Italian version of the third de la versión italiana de la ter-
edition of the Roman Missal cera edición del Misal Romano
serves Goffredo Boselli to show sirve a Goffredo Boselli para
how a liturgical translation mostrar comó una traducción
must move between fidelity to litúrgica debe moverse entre
tradition and openness to pro- la fidelidad a la tradición y la
gress. apertura al progreso.
Keywords: language, Missal, pro- Palabras clave: lenguaje, Misal,
gress, tradition, translation. progreso, tradición, traducción.
Goffredo Boselli es monje de la Comunidad de Bose (Italia); es
doctor en teología, y desarrolla trabajos litúrgicos como experto
en liturgia de la Conferencia Episcopal Italiana, vicepresidente
de la Comisión Francófona Cisterciense, miembro de la redac-
ción de «Rivista Liturgica» y de la revista «Art sacrée».
* Este texto, preparado por el autor para la revista Phase, ha sido traducido
al español por Lino Emilio Díez Valladares, sss.
phase 359.indb 49 26/02/2021 8:27:18
50 Goffredo Boselli
E l largo y laborioso trabajo de traducción de la tercera edición
típica del Missale Romanum, en el que en los últimos años han
participado expertos y obispos de un buen número de episcopados
nacionales, ha vuelto a plantear la compleja y debatida cuestión
del lenguaje litúrgico. Una cuestión en la que se juega en toda su
inmediata evidencia la relación entre cultura contemporánea y
experiencia del creer, el analfabetismo religioso y los lenguajes
litúrgicos. El equilibrio inestable entre tradición y progreso en el
fondo responde de la cuestión: los cristianos que celebran, ¿dónde
viven culturalmente? Se ha convertido en un axioma lo que el
cardenal Giovanni Battista Montini afirmó en el Concilio el 22 de
octubre de 1962: «Liturgia nempe pro hominibus est instituita, non
homines pro liturgia».1 Si la liturgia está realmente hecha para el
hombre y no el hombre para la liturgia, hay que preguntarse si
las expresiones litúrgicas, y en particular los textos de la liturgia,
son para el hombre o, por el contrario, el hombre está al servicio
de una estructura litúrgica predefinida y atemporal. Conjugar
tradición y progreso, o si queremos, fidelidad a las fuentes y justa
creatividad significa ser conscientes de que el lenguaje litúrgico
debe formularse dentro de la cultura si se quiere ser fiel a la diná-
mica de la encarnación para rehacer hoy la memoria de Cristo. Más
precisamente, para lograr la misma elocuencia que la palabra y
los gestos de Cristo, y por lo tanto su Evangelio, tuvieron para sus
contemporáneos. Aquí, una vez más, surge el tema de la relación
entre Evangelio y liturgia, o de una cada vez más grande y decisiva
evangelización de la liturgia.
1. El lenguaje de Jesús
Jesús hablaba en arameo, la lengua de su tiempo, gracias a la cual
se hizo escuchar por la gente de manera simple y directa y, a su
vez, el arameo era la lengua con la que la gente se dirigía a él. Jesús
no solo no hablaba un idioma sagrado, sino que utilizaba el voca-
bulario y las imágenes de la vida cotidiana (doméstica, agrícola
o profesional) mucho más que el vocabulario religioso. Hablaba
1 Acta Synodalia, I/1, Città del Vaticano 1970, 315.
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 49-58
phase 359.indb 50 26/02/2021 8:27:18
A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso... 51
de Dios con profundidad y trascendencia pero de manera sen-
cilla, directa y eficaz, hasta el punto de que el evangelista Mateo
observa que «la gente estaba admirada de su enseñanza: porque
les enseñaba con autoridad, y no como sus escribas» (Mt 7,28-29),
y en el cuarto evangelio los guardianes informan a los sacerdotes
y a los fariseos: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre» (Jn
7,46). Lo que impactaba no era solo lo que Jesús decía sino cómo
lo decía.
La reforma litúrgica del Vaticano II trajo de nuevo la lengua viva a
la liturgia, y este es uno de esos elementos que ahora se han vuelto
irrenunciables, que hicieron que el papa Francisco dijera en su
discurso al CAL el año pasado que «la reforma litúrgica es irrever-
sible». Sin embargo, hoy, más de medio siglo después, las condi-
ciones culturales y el nivel medio de conocimiento de las verdades
de la fe cristiana de los hombres y mujeres que componen nuestras
asambleas litúrgicas, las transformaciones y −bien mirado− el
empobrecimiento del lenguaje y del vocabulario común de la fe,
nos empujan y tal vez incluso nos obligan a estar particularmente
vigilantes no solo sobre el lenguaje y el vocabulario, sino también
sobre las imágenes y figuras que utilizan nuestras liturgias. Vigi-
lantes en el sentido de no dar nunca por sentado, o peor aún por
descontado, que siempre y en toda circunstancia hablen a nuestro
pueblo. Una gran parte de la humanidad de la liturgia se juega en
el lenguaje y el vocabulario de los textos litúrgicos. El problema
decisivo, y más actual que nunca, de las traducciones de los textos
litúrgicos es solo una parte del problema del lenguaje litúrgico.
No podemos no preguntarnos por qué nuestros ritos suelen estar
intercalados con introducciones, explicaciones, comentarios y
leyendas. El excesivo verbalismo que sufren nuestras celebraciones
¿no es también el resultado de una cierta afasia del lenguaje litúr-
gico? Debemos preguntarnos también las razones del alejamiento
progresivo de los jóvenes de nuestras formas litúrgicas. Esto debe
cuestionarnos en profundidad sobre el cristianismo que nos espera,
porque si no vencemos el desafecto de las nuevas generaciones
hacia la liturgia estamos preparando el retorno de una nueva
devotio: ya no una devotio moderna, sino una devotio postmoderna
y secularizada. También en el campo específico de la formación
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52 Goffredo Boselli
litúrgica de los jóvenes, la pastoral juvenil es hoy un verdadero y
preciso laboratorio de la Iglesia de mañana.
El lenguaje de los textos litúrgicos se perfila, cada vez más, como un
ámbito decisivo en el que la Iglesia deberá conjugar en los próximos
años el principio conciliar de la tradición y el progreso legítimo.
El desafío que nos espera, creo, será avanzar hacia un lenguaje
litúrgico no religioso que pueda hablar a los hombres y mujeres
de hoy y proclamarles la palabra del «Evangelio eterno» (Ap 14,6).
2. Las nuevas ediciones del Misal: punto de llegada y punto
de partida
En los últimos meses, episcopados relevantes como el italiano y el
francés han publicado una nueva traducción del Misal Romano. Si
bien esta publicación representa la culminación de una obra que ha
durado en Italia casi veinte años, también marca el comienzo ideal
de un camino que llevará, probablemente en unos pocos decenios,
a la cuarta edición italiana del Misal. Si las anteriores ediciones
nacionales del Misal han durado casi cuarenta años, y en algunos
países aún más, esto significa que los episcopados concretos o los
reunidos en grupos lingüísticos tienen un tiempo particularmente
amplio para iniciar un camino eclesial que involucre no solo a los
obispos y expertos sino también a quienes se enfrentan a la vida
litúrgica diaria de las comunidades cristianas y a la relación real
de los creyentes con la liturgia. Se trata, pues, de implicar en un
itinerario de análisis, verificación, discernimiento y propuesta que
involucre a toda la Iglesia en su conjunto, a los pastores, diáconos,
agentes pastorales, a los fieles asiduos a las celebraciones, y tam-
bién a las personas que participan en las liturgias solo en las fiestas
principales o en determinadas circunstancias particulares y que,
a veces, lo hacen de manera más consciente e inteligente que los
habituales. A menudo, hay que reconocerlo, hombres y mujeres
menos asiduos e incluso alejados de los círculos eclesiales −que
Valérie Le Chevalier llama «creyentes no practicantes»−2 saben
2 Cf. V. Le Chevalier, Credenti non praticanti, Magnano: Edizioni Qiqajon
2019.
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A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso... 53
hacer una lectura particularmente lúcida de la vida de la Iglesia,
hasta ofreciendo incluso una crítica evangélica sobre la calidad y
la credibilidad de su mensaje.
Las profundas transformaciones en la forma de creer y vivir la fe,
así como en las formas de búsqueda espiritual cada vez más diver-
sas y personales, ya hoy, pero aún más en los próximos decenios,
cuestionan la forma de celebrar la fe, de vivir la liturgia y los sacra-
mentos de la Iglesia. Todo hace pensar que las futuras ediciones en
lengua viva del Misal no podrán contentarse con hacer ajustes en
la traducción, mejorar términos o expresiones concretas y añadir
algún texto nuevo, sino que tendrán que presentar un Misal apro-
piado para la cristiandad que nos espera. Esto no será ciertamente
el resultado del trabajo de algunos años llevado a cabo por una
comisión de expertos, sino el resultado del compromiso de toda
una Iglesia nacional que ahora está llamada a asumir el proyecto,
tan complejo como improrrogable, de inculturar la liturgia y los
sacramentos en un contexto social, cultural y antropológico cada
vez más secularizado y, por tanto, sustancialmente ajeno a la pala-
bra cristiana. A lo sumo, ese cristianismo cultural que, si intriga a
los sociólogos de la religión europea y no solo, debe inquietar a los
que llevan a la comunidad de Jesucristo en el corazón.
Ante la lenta pero generalizada disminución del número de par-
ticipantes en las asambleas eucarísticas dominicales en los países
europeos, y en particular la notoria ausencia de jóvenes y especial-
mente de mujeres jóvenes, inculturar la liturgia ya no será solo una
cuestión de actualización sino una cuestión de supervivencia ante
lo que el papa Francisco ha definido repetidamente «no una época
de cambios sino un cambio de época». Es en este contexto social y
cultural sin precedentes y en esta precisa época eclesial cuando el
papa Francisco, con el Motu proprio Magnum Principium, ha dado
a las Conferencias Episcopales una autonomía en materia litúrgica
que nunca antes habían tenido. Por ello es necesario y obligado
aprovechar al máximo esta posibilidad que se ofrece, con sentido
de responsabilidad eclesial pero también con audacia evangélica.
No aprovechar esta oportunidad significará despreciar una opor-
tunidad histórica y, de alguna manera, demostrar que afirmamos
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54 Goffredo Boselli
con palabras, pero no con hechos, el papel esencial de la liturgia en
la vida de la Iglesia y de los creyentes, y su valor fontal y cumbre
en la dinámica de la evangelización. Sería miope, si no insensato,
pensar que podemos inculturar el Evangelio en las sociedades
occidentales de la primera mitad del siglo xxi, sin plantear de
manera autorizada la cuestión de la inculturación de los ritos, de
los gestos, de los textos y de los contenidos de la liturgia. Es dema-
siado poco recordar, como hizo recientemente el papa Francisco,
que ya no estamos en un régimen de cristianismo, ya que desde
hace años los más atentos sociólogos de la religión hablan abier-
tamente de la exculturación del mensaje cristiano de la sociedad y
la cultura postmoderna.3 Esto implica necesariamente también,
y quizás sobre todo, la progresiva exculturación de los signos y
de los significados de la tradición ritual católica. Todo esto exige
un serio y convencido itinerario de reflexión, tanto pastoral como
académico, dirigido a una renovada inculturación de la liturgia,
llevada a cabo con una sabia creatividad libre de ideologías de
cualquier tendencia y origen. Capaz de sacar del depósito de la fe
para despojarlo, a la luz del Evangelio, de aquellas superestruc-
turas culturales no esenciales acumuladas a lo largo de los siglos.
Un proceso de inculturación de la liturgia realizado a la luz de
sólidos y profundos contenidos teológicos pasados a prueba de la
inteligencia y del discernimiento espiritual y, al final, guiado por
un sentido pastoral que hace de las reales situaciones y condiciones
de las personas el criterio último y decisivo.
3. Participación activa, pero ¿en qué condiciones?
Las nuevas ediciones del Misal en la mayoría de las lenguas vivas
más importantes muestran, al examinarlas más de cerca, cómo
el esfuerzo de la reforma litúrgica por articular la fidelidad a la
sana tradición y al mismo tiempo fomentar el legítimo progreso,
seguido de la recepción de la renovación litúrgica y la interpre-
tación en el campo de los principios fundamentales, loablemente
3 Cf. D. Hervieu-Léger, Catholicisme, la fine d’un monde, Paris: Bayard
2003; la socióloga de las religiones es la primera que ha definido el concepto
de «exculturación» (exculturation) del catolicismo.
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A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso... 55
realizado en estos cincuenta años con resultados significativos e
indiscutibles, exige ahora un cambio de ritmo y de paradigma, en
dirección a una más profunda y creativa adaptación cultural de la
liturgia. Lo exige ese principio fundamental sobre el que se apoya
la reforma litúrgica conciliar, el principio de la participación cons-
ciente y activa de los fieles en las celebraciones, principio del que,
tal vez, todavía no se han comprendido plenamente el alcance y
las expectativas que ha creado tanto entre los pastores como entre
los creyentes. Sin embargo, a más de medio siglo de distancia del
Concilio, todavía hoy, es a partir de la aplicación efectiva y real de
este principio, donde se verifica la calidad de la vida litúrgica de
una comunidad, hasta el punto de que la renovación litúrgica y la
participación activa simul stabunt vel simul cadent.
El principio de la participación activa representa, sin duda alguna,
una adquisición irrenunciable y un punto de no retorno; lo que
está en juego es, en efecto, como se ha dicho muchas veces, la
naturaleza misma de la liturgia cristiana y su calidad evangélica.
Sin embargo, es necesario, con extrema honestidad y lucidez, pre-
guntarse hasta qué punto la misma liturgia que salió del Vaticano
II, y el modo ordinario de celebrarla, crean efectivamente las con-
diciones necesarias e irrenunciables para la participación activa de
los fieles. Se puede participar de manera consciente y activa solo
en aquella liturgia que ofrece la base, realiza los presupuestos y
crea las condiciones para que esto suceda. Desde muchos sectores
parece cada vez más necesario preguntarse si el lenguaje de los
textos litúrgicos y los modos de formular la fe que transmiten son
realmente capaces de involucrar a los fieles haciéndoles partici-
par. Ya en el período inmediatamente posterior al Concilio, en el
famoso ensayo Le troisième homme François Roustang observaba:
Antes del Concilio no había preguntas en absoluto, porque el carácter
misterioso de la misa lo envolvía todo en lo incomprensible. Pero,
como la liturgia tiene la pretensión de ser inteligible, uno tiene dere-
cho a preguntarse si la entiende. Ahora, acogiendo la palabra en la
propia lengua, el cristiano constata que esta lengua no la entiende y,
en cualquier caso, que no la entiende en su vida de hombre.4
4 F. Roustang, «Le troisième homme», Christus (1966) 561-567.
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56 Goffredo Boselli
Habiendo entrado plenamente en la era de la sustancial irrelevan-
cia del cristianismo evangélico y de la insignificancia de la palabra
cristiana, es necesario afrontar el desafío de crear un lenguaje
litúrgico no religioso.5 Es casi seguro que la expresión «lenguaje
litúrgico no religioso» puede resonar como un oxímoron, y sin
embargo es decisivo para el futuro de la liturgia y la elocuencia
de su palabra ritual, para forjar un lenguaje significativo para orar
y expresar la fe. Esto no significa en modo alguno renunciar a las
antiguas palabras que nos han sido transmitidas por la Biblia y
la gran tradición cristiana, sino dar a estas palabras un contexto
de imágenes y figuras, pensamientos y expresiones dentro de
las cuales revitalizarse para seguir siendo hoy en día elocuentes
porque son portadoras de significado. La creación de un lenguaje
litúrgico no religioso ayudará a disminuir el creciente hiato que
ahora encontramos entre los textos oficiales de la liturgia y la con-
cepción de Dios y la experiencia diaria de la fe de los creyentes más
maduros. De este modo, cristianos y cristianas podrán encontrar
en la liturgia no solo un lugar de alimento para su vida de fe, sino
también un espacio para la búsqueda de sentido, de identificación,
de expresión, un lugar privilegiado de pertenencia y de inscripción
en una comunidad creyente. De hecho, es en el lenguaje y a través
del lenguaje usado hoy en día para decir la fe, incluso el lenguaje
litúrgico, donde los creyentes podrán expresar y construir juntos
un significado para dar a su esperanza, y encontrar la fuente de
su fe.
No es difícil entender que el lenguaje es un elemento determinante
para lograr una participación dinámica, consciente e inteligente en
la celebración. En efecto, se participa activamente en un evento solo
a condición de que a uno se le haga realmente partícipe del mismo.
Reconozcámoslo: hoy, el principio guía de la participación activa
cuestiona las formas y los lenguajes de la liturgia antes y mucho
más de cuanto cuestione la actitud de los que participan. De ahí la
pregunta: la experiencia espiritual que propone la liturgia ¿puede
interactuar con las formas en que los creyentes de hoy conducen
5 Cf. G. Boselli, Celebrare da cristiani nell’età secolare (Sentieri di senso 42),
Magnano: Qiqajon 2016.
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A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso... 57
su búsqueda espiritual y viven su relación con Dios? ¿O existe ya
tal brecha entre los ritos, textos, contenidos, lenguajes y modos de
expresión de la liturgia y aquello con lo que los creyentes maduros
y conscientes alimentan su vida de fe, que se resignan a asistir a
la celebración sin participar realmente, excepto para escuchar las
Sagradas Escrituras y especialmente el Evangelio en la liturgia de
la Palabra?
Ante las profundas transformaciones que se están produciendo en
todos los niveles de la vida humana y cristiana, existe en Europa
una necesidad urgente de más investigación en el campo litúrgico,
una especie de taller de la liturgia. Por lo tanto, no solo conferencias
y comisiones sino también y sobre todo laboratorios de liturgia, es
decir, realidades, comunidades y lugares en los que se reflexiona,
se elabora, se busca y se experimenta, comenzando en primer
lugar con nuevos textos para la liturgia y un enriquecimiento de
la gestualidad ritual. También laboratorios realizados por jóvenes
en los que pueden involucrarse directamente en la búsqueda de
nuevas formas de expresión, nuevos lenguajes, otras formas de
decir la fe cristiana hoy.
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NOVEDADES
Celebraciones creativas
Por Paula Depalma. Biblioteca Litúrgica 63. 140 págs.
La autora ahonda en la creatividad celebrativa como
expresión vital y ritual de una Iglesia diversificada y ca-
racterizada con diferentes modelos, como comunión,
institución, evangelización y sacramento del encuentro
con Dios y con los demás. Muestra modelos del pasado y
los que están vigentes en la actualidad, pero con raíces en la
historia, para luego dar paso a propuestas de actualización
y de renovación.
23,00 €
13,00 €
De habitu clericorum
Por Leovigildo de Córdoba. Cuadernos Phase 259. 100 págs.
Versión en latín y castellano de esta obra del siglo IX cuando los
clérigos, aunque podían vestir el traje eclesiástico, comenzaron
a vestir como seglares, quizás por presiones religiosas o por no
entender su significado. El hábito descrito por Leovigildo es
austero y refleja la mentalidad monástica hispana.
13,00 €
Obras
Por Pacià de Barcelona. Cuadernos Phase 260. 172 págs.
Paciano, reconocido como Padre de la Iglesia universal, fue un
testigo privilegiado de la praxis cristiana de los sacramentos del
bautismo y penitencia en la Iglesia de Barcelona del siglo IV.
Sus escritos, presentados en este Cuaderno en latín y castellano,
buscan la comprensión de la gente sencilla de su comunidad.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 59-67
Sana tradición y legítimo progreso
Pedro Fernández Rodríguez
Abstract: The analysis of sound Resumen: El análisis de la sana
tradition and legitimate pro- tradición y del legítimo pro-
gress called for in number 23 greso que pide el número 23 de
of Sacrosanctum Conclium leads Sacrosanctum Concilium lleva al
the author of the article to autor del artículo a señalar las
point out possible innovations innovaciones y adaptaciones
and adaptations in order to posibles para adecuar a la litur-
adapt the liturgy to our times, gia a nuestro tiempo, a las dife-
to different cultures, while pre- rentes culturas, conservando su
serving its essence. esencia.
Keywords: adaptations, cul- Palabras clave: adaptaciones, cul-
ture, innovations, progress, tura, innovaciones, progreso,
tradition. tradición.
Pedro Fernández Rodríguez, presbítero, es religioso dominico y
profesor de liturgia, así como penitenciario en la basílica de
Santa María la Mayor en Roma.
phase 359.indb 59 26/02/2021 8:27:21
60 Pedro Fernández Rodríguez
R eflexionamos sobre el número 23 de la Constitución Sacro-
sanctum Concilium, donde se nos habla de conservar la sana
tradición y, al mismo tiempo, abrirse a un progreso legítimo, fruto
de una previa investigación exhaustiva en los niveles histórico,
teológico y pastoral. Para conseguir tal propósito ha de tenerse en
cuenta no solo la realidad de la Sagrada Liturgia, sino también la
experiencia de las reformas litúrgicas recientes e indultos concedi-
dos. Además, se determina que no se realicen innovaciones si no
fueran necesarias y útiles a la vida de la Iglesia y respetando que
lo nuevo se desarrolle orgánicamente a partir de lo ya existente.
Evítense, finalmente, excesivas diferencias en territorios vecinos.
El planteamiento es complejo, pero atrayente.
La Sagrada Liturgia, considerada en su contexto histórico y teo-
lógico, es una realidad entregada y recibida, que se desarrolla
como los organismos vivos. Con otras palabras, es una realidad
no fabricada por nosotros, sino heredada, y que crece en la historia
orgánicamente, es decir, se trata de una realidad que se regenera a
sí misma en el tiempo y en el espacio. Es algo vivo que se desarrolla
y crece, pero sin cambiar de naturaleza; es lo que se llama cambio
orgánico. Estamos, pues, ante un misterio fuente de vida eterna,
cuya experiencia exige la fe viva y se va desarrollando sobre todo
a partir de su misma celebración.
Sería importante, incluso a mi modo de ver necesario, hacer un
análisis en orden a advertir si en la reforma litúrgica posterior al
Concilio Vaticano II se han respetado estos principios, o fue fruto
a veces de una mera labor de maquillaje, con las consecuencias
consiguientes. Pero ahora lo que se me pide es otra cosa; reflexionar
brevemente sobre estos tres puntos fundamentales: qué se entiende
por sana tradición, qué se entiende por legítimo progreso y por
innovaciones o adaptaciones concretas aquí comprendidas.
1. Sana tradición
¿Qué se entiende por sana tradición? La sana tradición es un con-
junto de verdades, ritos y comportamientos (se cree, se celebra y se
vive), que proceden de los apóstoles y son conservados y transmiti-
dos íntegra y fielmente por la Iglesia, una santa, católica y apostólica,
en cada época de la historia humana. Si la Iglesia dejara de conservar
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Sana tradición y legítimo progreso 61
y transmitir la sana tradición dejaría de ser la Iglesia de Cristo, lo
cual nunca sucederá. Es cierto, que esto podría acontecer en algunas
presencias de Iglesia, pero nunca en toda la Iglesia, porque la Iglesia
ha recibido la promesa de su fundador que siempre estará con ella,
hasta el final de los tiempos. Además las puertas del infierno no
prevalecerán. Quizá el definitivo regreso triunfante de Cristo Juez,
cuando suceda, coincida con la pérdida de la fe, pues Cristo ha dicho
que cuando vuelva ¿encontrará fe en la tierra? (Lc 18,8).
Es un principio asumido por todos, que la Sagrada Liturgia es
una de las expresiones concretas de la Tradición apostólica. Con
otras palabras la Liturgia está estructurada con elementos divinos
e inmutables y con elementos humanos y cambiables, a saber, los
elementos de institución divina, y los elementos aprobados por
la autoridad de la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, según
la doctrina expresada, por ejemplo, en la Encíclica Mediator Dei
(1947). Los elementos humanos están sometidos a cambio según los
tiempos, los lugares y la salvación de las almas. La doctrina sobre
la realidad inmutable de la Liturgia se ha expresado igualmente
mediante el sintagma substancia de los sacramentos, que la Iglesia
tiene la obligación de conservar siempre en todo su esplendor, pues
no tiene autoridad para cambiarla.
Para determinar los contenidos concretos de la sana tradición hay
que realizar una investigación exhaustiva en los niveles histórico,
teológico y pastoral, pues la historia nos ayudará a distinguir la
tradición de las tradiciones y de las costumbres litúrgicas, varia-
bles según los tiempos y lugares. Además, una cosa es la historia
y otra el arqueologismo, que en sí mismo es un criterio impreciso
para poder identificar la sana tradición. La teología, por su parte,
nos indicará las notas características de la sana tradición, a saber,
la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. La pastoral, que
es la aplicación de la doctrina, nos indica cómo encuadrar en el
tiempo y en el espacio cultural la sana y permanente tradición.
En este punto hay que aclarar dos conceptos hoy evidentemente
confusos, a saber, la verdadera relación entre Iglesia y mundo y el
concepto de pastoral en su relación con la doctrina.
Ahora bien, la determinación concreta de los elementos que entran
en la sana tradición exige no solo el conocimiento de la historia
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62 Pedro Fernández Rodríguez
de la liturgia de la Iglesia, sino también en concreto la autoridad
de la Iglesia, que es quien puede afirmar con fundamento qué
realidades forman parte de la sana tradición, y qué realidades no.
De todos modos, la Iglesia no inventa la sana tradición, sino que
constata dónde se encuentra, a saber, en la Sagrada Escritura y en
la Tradición oral. En concreto, pertenecen a la substancia de las
acciones litúrgicas aquellas realidades que se encuentran y se han
conservado siempre en los contenidos y en las formas celebrativas
de la Liturgia. El sensus fidelium es un criterio, pero es válido cuando
se expresa en armonía con el verdadero magisterio de la Iglesia.
La Liturgia no crea la fe de la Iglesia; únicamente la contiene, la
manifiesta y la transmite ritualmente.
Conviene advertir que al adentrarnos en la sana tradición nos
situamos en el reino de la objetividad, que no es fácil hoy enten-
der y practicar, pues muchos viven evidentemente oprimidos en
una subjetividad galopante. Un ejemplo evidente de lo que estoy
diciendo es la facilidad con la que hoy muchos entienden el sin-
tagma «fe de la Iglesia», como la fe de las personas y no principal-
mente como la fe significada, contenida y comunicada mediante
la celebración ritual. De todos modos, la participación activa en la
Sagrada Liturgia, cuando sucede en la forma verdadera, armoniza
la dimensión objetiva con la dimensión subjetiva, asumiendo el
valor propio de cada una.
El hallazgo de la sana tradición en los ritos y en los textos litúrgi-
cos origina en los cristianos católicos una sensación de firmeza,
de seguridad y, en definitiva, de libertad. Es la verdad de la fe y
quien la encuentra, especialmente en la celebración de la Sagrada
Liturgia, descansa y al mismo tiempo recobra sus fuerzas para
caminar en la senda de la vida cristiana. Sabemos el dolor que
produce esa excesiva libertad en algunas maneras de celebrar la
Sagrada Liturgia y de interpretar las normas que la identifican y
permiten su celebración auténtica.
2. Legítimo progreso
¿Qué se entiende por legítimo progreso? Este progreso legítimo
es, en cierto sentido, una consecuencia del sentido verdadero de la
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Sana tradición y legítimo progreso 63
sana tradición, pues por principio la sana tradición es una realidad
viva que crece y progresa en la Iglesia con la ayuda y gracia del
Espíritu Santo. De hecho, en la historia de la Iglesia se constata
una permanente reforma de la Sagrada Liturgia, sobresaliendo
la reforma posterior al Concilio de Trento y al Concilio Vaticano
II, continuación al menos temporal de la reforma iniciada por Pío
XII. Pero es fundamental advertir que estamos hablando de un
progreso orgánico, propio y característico de toda realidad viva.
No se trata de una operación técnica, meramente humana, sino de
una verdadera experiencia de vida sobrenatural.
El cambio substancial de los textos y de los ritos no es el camino
adecuado a seguir, pues es contrario al desarrollo orgánico de
cualquier ser vivo. Cuando hablamos de legítimo progreso nos
referimos, pues, a un cambio gradual en el contexto de un equi-
librio global. Hay una diferencia evidente entre una liturgia que
se desarrolla de manera orgánica en la historia y una liturgia
reconstruida a base de un proyecto dominado por el activismo o
el didactismo, donde lo pastoral oculta, impide o transforma lo
teologal. Cuando se separa el culto exterior del culto interior se
rechaza el criterio básico del culto católico. El hombre crece y se
desarrolla en sus diversas etapas, pero nunca cambia de especie.
En el contexto del «legítimo progreso» el fomento de la celebra-
ción litúrgica y su reforma ritual (in instauranda et fovenda Sacra
Liturgia, núm. 14) son dos realidades que no conviene separar y
de hecho son dos finalidades que van unidas diversas veces en la
Constitución Sacrosanctum Concilium, también en el núm. 3 (de
fovenda atque instauranda liturgia). Con otras palabras, sabremos
que el progreso litúrgico ha sido legítimo si el fruto conseguido
ayuda a celebrar con más provecho espiritual la Sagrada Liturgia.
La piedad litúrgica y la buena reforma de los ritos y de los textos
litúrgicos van siempre al unísono.
El legítimo progreso responde a la pregunta sobre cuáles son los
principios fundamentales pertinentes en el proceso de la reforma
general y del fomento de la Sagrada Liturgia (altiora principia), que
se hallan en el texto del capítulo primero de la constitución litúrgica
del Concilio Vaticano II, según la consigna de Juan XXIII (cf. Juan
XXIII, Rubricarum instructum, 25-07-1960). El título de este capítulo
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64 Pedro Fernández Rodríguez
primero es clarificador: «Principios generales para la reforma y el
fomento de la Sagrada Liturgia».
El argumento, aquí planteado, es importante en la historia de la
Iglesia, pues en el orden de la eficacia hay una armonía real entre la
reforma de la Liturgia y la reforma de la vida de la Iglesia, pues es
la Iglesia quien celebra la Liturgia y es la Iglesia la que se manifiesta
con más vitalidad o menos en las mismas celebraciones litúrgicas.
Hay celebraciones litúrgicas que construyen la Iglesia, mientras
otras son solo meros fuegos artificiales, que llaman la atención,
pero no acontece nada.
¿A quién compete realizar en concreto el legítimo progreso en
las formas rituales de la Liturgia de la Iglesia? La competencia
es exclusiva de la autoridad de la Iglesia, expresada en la Sede
Apostólica, en los Obispos residenciales y en alguna medida las
Conferencias Episcopales. Es fundamental que nadie se atribuya
derechos que no tiene, oscureciendo la unidad de la Santa Iglesia.
3. Innovaciones y adaptaciones
Las innovaciones (instauratio) litúrgicas se refiere a los textos y a los
ritos, que se han de reformar de manera que expresen con mayor
claridad el misterio que significan, contienen y transmiten, favo-
reciendo así en los diversos tiempos históricos su participación en
él. Mientras que las adaptaciones tienen que ver con los cambios
posibles y oportunos en orden a favorecer la inculturación de la
fe en las diferentes culturas de los pueblos.
La finalidad de la instauratio litúrgica en el contexto temporal y de
su adaptación a las culturas diversas es favorecer la participación
activa de los fieles y la consiguiente fructuosidad espiritual de las
celebraciones litúrgicas, que tiene que ver con la claridad de su
significado y, por tanto, con la posibilidad de su fácil captación.
Cuando hablamos de participación y de fructuosidad nos refe-
rimos evidentemente a la gracia, fruto de la liturgia, y al sujeto,
asamblea litúrgica, que la gracia está llamada a regenerar. No
podemos olvidar estas verdades básicas cuando se trata de refor-
mar y adaptar las realidades litúrgicas.
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Sana tradición y legítimo progreso 65
Los criterios con los cuales han de realizarse estas innovaciones y
adaptaciones son fundamentalmente dos: el pastoral, que se refiere
a la preparación natural y sobrenatural de los fieles, y sobre todo
el teologal, que se refiere a la recta fe y a la verdadera gloria de
Dios. El fin de las innovaciones y de las adaptaciones es conseguir
que los ritos litúrgicos reciban un nuevo vigor, de manera que su
celebración sea más participada y los ritos en sus vertientes exte-
rior e interior favorezcan la recepción de la vida interior contenida
en la Sagrada Liturgia. En definitiva, la participación activa en la
acción litúrgica es la profesión de la fe verdadera, que se ordena a
la gloria de Dios y a la salvación de los hombres.
El justo medio en la dimensión celebrativa de las formas litúrgicas
es un criterio que hay que tener siempre en cuenta en orden a favo-
recer una participación auténtica, de donde brote la fructuosidad
de la Sagrada Liturgia. Pero dado que el contenido de la Sagrada
Liturgia no es evidente en sí mismo, necesitamos la acción del Espí-
ritu Santo y la fe y la devoción de los celebrantes, adecuadamente
manifestadas, para que lo que decimos o hacemos sea asumible
y creíble por la asamblea. En fin, se celebra no para entretener a
la gente, sino para glorificar a Dios y salvar a los hombres con la
gracia de Dios. La celebración de la Liturgia no es un encuentro
social, sino un encuentro fraternal y comunitario con Dios.
La cuestión de la lengua usada en la celebración litúrgica es una
cuestión nueva, planteada sobre todo después de la última reforma
de la Sagrada Liturgia posterior al Concilio Vaticano II. Al res-
pecto es evidente la conveniencia de mantener la lengua latina en
algunas ocasiones, como igualmente es evidente la conveniencia
de la traducción de los textos litúrgicos a las lenguas usadas por
las diferentes asambleas en determinados contextos. Con todo, la
traducción de los textos litúrgicos ha hecho surgir una cuestión
nueva, a saber, la adecuada transmisión de la fe verdadera en los
textos litúrgicos traducidos a las lenguas modernas. Se pudieran
escribir libros al respecto, con demasiadas anécdotas curiosas (cf.
Instrucción Liturgiam autenticam, 20-03-2001).
En la celebración de la Sagrada Liturgia hay que tratar con serie-
dad las pequeñas cosas, si queremos que funcionen bien las cosas
grandes. Por ejemplo, mientras no se recupere el templo como casa
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66 Pedro Fernández Rodríguez
de oración, tendremos poco que hacer. Mientras no facilitemos la
posibilidad de arrodillarse en los tiempos señalados perderemos
una forma digna de mostrar nuestra actitud ante la presencia
de Dios. El templo es espacio de encuentro con Dios. En el culto
litúrgico el único protagonista es Jesucristo; nosotros somos solo
servidores del Dios Altísimo, nuestro Señor y Salvador. En fin, en
la liturgia de la tierra habría que pregustar ya la liturgia del cielo.
Es evidente, pues, que no todo se aprende en las clases; hay cosas
que solo se aprenden rezando en la celebración.
A los tiempos
En los modos de celebrar la Sagrada Liturgia hay elementos
secundarios, que responden a tiempos concretos y circunstancias
históricas determinadas, que por lo mismo decaen con el tiempo y
es preciso adaptarlos en la celebración según las diferentes épocas.
La historia y la pastoral pueden identificar los elementos presentes
en la Liturgia que responden a un determinado tiempo y lugar,
que bien pudieran cambiarse o abandonarse en nuestro tiempo.
A las culturas
La celebración litúrgica es por principio local y, en consecuencia,
hay que tener en consideración la cultura determinada del pueblo
concreto, es decir, surge la necesidad de la adaptación de las formas
litúrgicas a la mentalidad y tradiciones de los pueblos, según los
números 37-40 de la Constitución litúrgica (cf. Instrucción Varie-
tates legitimae). Es la cuestión de la inculturación de la Sagrada
Liturgia, que se entiende en las coordenadas de la inculturación
de la fe, cuyo resultado es la misma fe en otra cultura o una nueva
cultura nacida de la misma fe cristiana. En fin, nos topamos con
otra de las cuestiones más confusas en la actualidad, la incultu-
ración de la fe.
En el argumento que nos ocupa habría que considerar la relación
entre la unidad del rito romano y las adaptaciones a las tradiciones
de los pueblos; sobre todo cuando se tratare de adaptaciones más
profundas sería necesario advertir su utilidad para poder proce-
der. Además, es evidente que no todos los ritos religiosos paganos
pueden ser asumidos como expresión de la fe y de la vida cristiana.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 69-80
La sana tradición
y el legítimo progreso en la liturgia.
Una relectura
de «Sacrosanctum Concilium» 23
Mario Alberto Haller
Abstract: The author approaches Resumen: El autor nos acerca a
the request in number 23 of la petición del número 23 de
Sacrosanctum Concilium by Sacrosanctum Concilium anali-
analysing how other pontifical zando como en otras enseñan-
teachings also speak of «sound zas pontificias también se habla
tradition» and openness to de la «sana tradición» y la aper-
«legitimate progress» in order tura al «legítimo progreso» para
to offer some examples where ofrecer unos ejemplos donde se
both features are well combi- da una buena conjunción de
ned. ambos rasgos.
Keywords: progress, liturgical Palabras clave: progreso, reforma
reform, tradition. litúrgica, tradición.
Mario Alberto Haller, sacerdote de la arquidiócesis de Paraná
(Argentina). Profesor en dos institutos terciarios. Miembro del
SENALI (Secretariado Nacional de Liturgia de la CEL-CEA).
Vicepresidente de la SAL (Sociedad Argentina de Liturgia).
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68 Mario Alberto Haller
E n estas pocas páginas, intentaré reflexionar sobre un punto de
la Sacrosanctum Concilium (SC): acerca de la «sana tradición» y
el «legítimo progreso» en la liturgia. En efecto, la SC afirma que:
Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un
progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda inves-
tigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las
partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no solo las
leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también
la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos
concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan inno-
vaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia,
y solo después de haber tenido la precaución de que las nuevas
formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las
ya existentes. En cuanto sea posible evítense las diferencias notables
de ritos entre territorios contiguos.1
En consecuencia, trato de reflexionar acerca de cómo mantener
en la liturgia una sana tradición y abrir un camino a un legítimo
progreso. En efecto, intentaré responder a dos preguntas: ¿qué
debemos entender por «sana tradición»?, y ¿qué innovaciones se
pueden incluir en la liturgia para adaptarla a los tiempos o a las
culturas y abrir así un «legítimo progreso»?
Luego de un breve recorrido histórico (SC y enseñanzas pontifi-
cias posconciliares), intento una respuesta y algunas conclusiones
abiertas.
Con respecto a la metodología, citaré las fuentes o la bibliografía
como es costumbre. Cuando la proveniencia de alguna cita es
Internet, para el sitio del Vaticano solo citaré www.vatican.va y
la fecha de la homilía o audiencia papal. Con ese dato, el lector
podrá acceder a la verificación de la cita. Igual procedimiento sigo
con distintos textos magisteriales, citando el año del documento
concreto.
1 SC 23.
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 69-80
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La «sana tradición» y el «legítimo progreso» en la liturgia... 69
1. Concilio Vaticano II: la Constitución «Sacrosanctum
Concilium»
San Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II afirma que
este «quiere transmitir la doctrina católica en su integridad, sin
atenuaciones ni deformaciones». Luego, añade que no se trata
únicamente de guardar este tesoro, «como si nos preocupáramos
tan solo de la antigüedad, sino también decididos, sin temor, a
estudiar lo que exige nuestra época, continuando el camino que
ha hecho la Iglesia durante casi veinte siglos».2 En la clausura de
la segunda sesión del Concilio, san Pablo VI, promulga la SC y con
célebres palabras expuso que:
Hemos profesado que hay que darle a Dios el lugar principal, que
estamos obligados en primer lugar a dedicarnos a dirigir súplicas a
Dios. Hemos profesado que la Sagrada Liturgia es la primera fuente
de aquel contacto con Dios en que se nos comunica la vida misma de
Dios. La liturgia es la primera escuela de nuestro espíritu, es el primer
don que tenenos que entregar al pueblo cristiano unido a Nos en la
fe y en la práctica de la oración. La Sagrada Liturgia es finalmente
la primera invitación al género humano para que suelte su lengua
común en santas y verdaderas preces, para que sienta aquella fuerza
indecible, renovadora del espíritu que reside en cantar con nosotros
las alabanzas de Dios y en la esperanza de los hombres por Jesucristo
y en el Espíritu Santo.3
La SC es el punto de llegada de la renovación de la liturgia iniciado
por el Movimiento litúrgico,4 ya que este documento sería impensable
2 Juan XXIII, Discurso del 11.10.1962, en Concilio ecuménico Vaticano
II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, Madrid: BAC, 2000, 1094-1095.
3 Pablo VI, Discurso del 4.12.1963, en Concilio ecuménico Vaticano
II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, 1124.
4 Recientemente, el papa Francisco recordó que tanto el Concilio Vaticano
II como la reforma litúrgica son «dos eventos directamente unidos (…) no
surgidos improvisadamente sino preparados durante mucho tiempo. Lo
testimonia el que fue llamado movimiento litúrgico, y las respuestas dadas
por los Sumos Pontífices a las dificultades percibidas en la oración eclesial.
(…) El Concilio Vaticano II hizo madurar, como buen fruto del árbol de la
Iglesia, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium,
cuyas líneas de reforma general respondían a necesidades reales y a la concreta
esperanza de una renovación: se deseaba una liturgia viva para un Iglesia
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70 Mario Alberto Haller
sin su aporte (el redescubrimiento de la naturaleza auténtica de la
liturgia y de su importancia vital para la Iglesia), las reformas litúrgicas
parciales inauguradas durante los pontificados de san Pío X, Pío XII,
san Juan XXIII y los Congresos internacionales de Liturgia.5
Ignacio Oñatibia afirma que
para definir la naturaleza profunda de la liturgia, el Vaticano II tomó
como punto de partida la historia de la salvación, la iniciativa divina
de salvar a la humanidad, que culminó en el misterio pascual.6
Asimismo, el mencionado autor añade:
Fue una auténtica sorpresa para no pocos, que seguían contem-
plando la liturgia solo desde la virtud de la religión, como culto que
el hombre tributa a Dios.7
Las propuestas de reforma y de la acción de la SC «se asientan en
unos principios doctrinales y pastorales básicos, que son los que
definen el núcleo dinámico y profundo del proyecto litúrgico del
Vaticano II».8
2. Un breve recorrido en las enseñanzas pontificias
Juan Pablo II expresó que la reforma de los ritos y de los libros
litúrgicos ha sido realizada «obedeciendo al principio conciliar:
completamente vivificada por los misterios celebrados». Francisco, Discurso
a los participantes en la 68ª Semana Litúrgica Nacional Italiana (www.vatican.
va: 24.8.2017).
5 Cf. I. Oñatibia, Constitución sobre la Sagrada Liturgia: Introducción, en
Concilio ecuménico Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones,
210.
6 I. Oñatibia, «El Catecismo de la Iglesia católica en comparación con la
“Sacrosanctum Concilium”», Phase 36 (1996) 5.
7 Ibíd., 5.
8 Cf. I. Oñatibia, Constitución sobre la Sagrada Liturgia: Introducción, en
Concilio ecuménico Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, 210.
Este autor señala los siguientes: naturaleza de la liturgia y su importancia en
la vida de la Iglesia; la liturgia, patrimonio del pueblo cristiano; más amplio
acceso a la Palabra de Dios y voluntad de enlazar con el hombre. Cf. Ibíd.,
212-213. Cf. también, J. Goñi Beásoain de Paulorena, «Resaltar los «altiora
principia» de la liturgia», Phase 58 (2018), 527-529: 528.
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La «sana tradición» y el «legítimo progreso» en la liturgia... 71
fidelidad a la tradición y apertura al progreso legítimo (SC 23);
por ello, se puede decir que la reforma litúrgica es rigurosamente
tradicional “ad normam Sanctorum Patrums” (SC 50)».9 Asimismo,
el Papa polaco expresó:
Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran
gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo xx. Con el
Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en
el camino del siglo que comienza.10
Benedicto XVI ha expresado que los Padres sinodales en el Sínodo
del año 2005 «han constatado y reafirmado el influjo benéfico que
ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en
marcha a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II». Asimismo,
añade que dicho sínodo «ha tenido la posibilidad de valorar cómo
ha sido su recepción después de la cumbre conciliar». Junto a los
numerosos juicios positivos, «han constatado también las dificul-
tades y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor
y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas
no descubiertas del todo».11
En otra oportunidad, Benedicto XVI también ha afirmado que:
La liturgia, testigo privilegiado de la Tradición viva de la Iglesia, fiel
a su misión original de revelar y hacer presente en el hodie de las vici-
situdes humanas la opus redemptionis, vive de una relación correcta y
constante entre sana traditio y legitima progressio, lúcidamente expli-
citada por la constitución conciliar en el número 23. Con estos dos
términos, los padres conciliares quisieron expresar su programa de
reforma, en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y
el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición
y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición
es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del
9 Juan Pablo II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus (VQA), 4 (www.
vatican.va: 1988)
10 Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte (NMI), 57 (www.
vatican.va: 2001).
11 Benedicto XVI, Exhortación postsinodal Sacramentum Caritatis (SCa),
3 (www.vatican.va: 2007).
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72 Mario Alberto Haller
desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva
en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura.12
El papa Francisco en su discurso a los participantes en la 68ª
Semana Litúrgica Nacional de Italia (2017),13 ha prestado una aten-
ción particular a la liturgia guiado por algunos criterios: fidelidad
al Vaticano II y, en este contexto, fidelidad a la reforma litúrgica
de Pablo VI, «cuyos principios e intuiciones fundamentales hay
que considerar “irreversibles” y que aún hoy tienen necesidad de
ser profundizados e interiorizados».14 En efecto, afirma el Papa:
«la fidelidad implica un crecimiento. La tradición, trasmitiendo
de una época a otra el depósito de la fe, crece y se consolida con
el pasar del tiempo, como decía san Vicente de Lérins en su
Commonitorium Primum».15 En efecto, la dirección marcada por el
Concilio encontró forma, según el principio del respeto de la sana
tradición y del legítimo progreso (cf. SC 23), en los libros litúrgicos
promulgados que implica
un proceso que requiere tiempo, recepción fiel, obediencia práctica,
sabia actuación celebrativa por parte, primero, de los ministros
ordenados, pero también de los otros ministros, de los cantores y de
todos aquellos que participan en la liturgia. Realmente, lo sabemos,
la educación litúrgica de pastores y fieles es un desafío para afrontar
siempre nuevo.16
12 Benedicto XVI, Discurso a los participantes de un Congreso organizado por el
Instituto Litúrgico Pontificio San Anselmo, en el 50º aniversario de su fundación
(www.vatican.va: 6.5.2011).
13 M. Augé considera este discurso como momento culminante del magis-
terio litúrgico del papa Francisco, ya que «no se ha tratado de un discurso de
circunstancias, sino de una importante intervención nítida y articulada sobre
la liturgia en el momento actual, que trasciende el contexto italiano». Cf. M.
Augé, «El papa Francisco y la liturgia», Phase 59 (2019) 9-20:13.
14 Ibíd., 13.
15 Ibíd., 20. M. Augé cita una entrevista concedida por el Papa al P. Antonio
Spadaro.
16 En otro discurso, en efecto, Francisco afirma que la liturgia «es la epifanía
de la comunión eclesial. Por lo tanto, en las oraciones y en los gestos resuena
el “nosotros” y no el “yo”; la comunidad real, no el sujeto ideal. Cuando se
añoran con nostalgia tendencias del pasado o se quieren imponer otras nuevas,
existe el riesgo de anteponer la parte al todo, el “yo” al Pueblo de Dios, lo
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La «sana tradición» y el «legítimo progreso» en la liturgia... 73
Hoy todavía hay que trabajar en esta dirección, en particular redes-
cubriendo los motivos de las decisiones cumplidas con la reforma
litúrgica, superando lecturas infundadas y superficiales, recepcio-
nes parciales y praxis que la desfiguran. No se trata de repensar la
reforma revisando las elecciones, sino de conocer mejor las razones
subyacentes, también a través de la documentación histórica, como
de interiorizar los principios inspiradores y de observar la disciplina
que la regula. Después de este magisterio, después de este largo
camino podemos afirmar con seguridad y con autoridad magisterial
que la reforma litúrgica es irreversible.17
3. Un intento de respuesta
Los adjetivos usados en SC 23 son sana tradición y progreso
legítimo. Creo que aquí hay una clave para la interpretación.18 Se
trata, en consecuencia, de valorar la Tradición pero evitando el
tradicionalismo y, asimismo, de procurar un progreso pero dentro
de la normativa eclesial y las orientaciones emanadas de la Iglesia.
Desde los primeros siglos vemos que frecuentemente la liturgia es
considerada como un testigo privilegiado de la tradición apostólica.
abstracto a lo concreto, la ideología a la comunión y, en el fondo, lo mundano
a lo espiritual. (…) Hablar de formación litúrgica del Pueblo de Dios significa,
ante todo, tomar conciencia del papel insustituible que desempeña la liturgia
en la Iglesia y para la Iglesia. Y luego, ayudar concretamente al Pueblo de Dios
a interiorizar mejor la oración de la Iglesia, a amarla como una experiencia
de encuentro con el Señor y con los hermanos y, a la luz de esto, a redescubrir
su contenido y observar sus ritos». Francisco, Discurso a los participantes en
la asamblea plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos (www.vatican.va: 14.2.2019).
17 Francisco, Discurso a los participantes en la 68ª Semana Litúrgica Nacional
Italiana.
18 Un recorrido por las otras lenguas nos permite comparar los adjetivos
usados. El texto latino habla de «sana traditio et via legitimae progressioni»; en
las lenguas romances se usa «sana tradizione e legittimo progresso» (italiano),
«saine tradition et progrès légitime» (francés), «sã tradição e progresso legítimo»
(portugués). En el texto traducido al alemán, la expresión es «gesunde Über-
lieferung und berechtigten Fortschritt» y en inglés «sound tradition and legitimate
progress». Las traducciones son muy fieles al original latino. Cf. SC 23 en www.
vatican.va.
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74 Mario Alberto Haller
[…] Una concepción exageradamente estática llevaría […] a posi-
ciones insostenibles.19
La Tradición ininterrumpida, no es tradicionalismo, porque esta
Tradición siempre está internamente vivificada por el Espíritu Santo,
el cual hace que viva de nuevo, hace que pueda ser interpretada y
comprendida en la vitalidad de la Iglesia.20
En efecto, como se sabe, la recepción de la reforma litúrgica del
Concilio Vaticano II ha sido dinámica, divergente y plural. Dos
extremos de la misma han sido los grupos tradicionalistas y pro-
gresistas.21 Juan Pablo II ofrece una síntesis de los méritos de la
reforma litúrgica pero también de los abusos cometidos22 en su
Carta apostólica con ocasión del vigésimo quinto año de la SC.23
En consecuencia,
no tiene sentido aferrarse a una falsa bandera de fidelidad a la
doctrina para retornar caducos modelos preconciliares ni caer en
divertimentos o shows fuera de lugar para aumentar a toda costa
la audiencia eclesial. El evangelio se revela, cada vez más, como el
ancla en torno a la cual deben girar palabras, gestos, ornamentos y
músicas para que la liturgia sea motor de vida y permita acercar al
hombre de hoy al misterio.24
19 L. Dalmais, «Teología de la celebración litúrgica», en A. Martimort,
La Iglesia en oración, Barcelona: Herder 1992, 300.
20 Benedicto XVI, Catequesis sobre san Ireneo (www.vatican.va: 28.3.2007).
21 Cf. X. Basurko, Historia de la Liturgia (Biblioteca Litúrgica 28), Barcelona:
CPL 2006, 624-636.
22 Un ejemplo de progreso mal entendido es lo ocurrido recientemente con
el sacramento del bautismo administrado con una fórmula arbitrariamente
modificada, que ha motivado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a
declarar no válido este bautismo.
23 Cf. VQA 11-13.
24 L. Díaz Valladares, «Hoy la liturgia sufre, y con la liturgia la Iglesia»,
Phase 58 (2018) 495-504: 504.
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La «sana tradición» y el «legítimo progreso» en la liturgia... 75
4. Ejemplos de la conjunción de una «sana tradición» y de
un «legítimo progreso»
Un tema tan antiguo como actual es el tema de la iniciación cristiana
(IC) y dentro de esta el tema del Catecumenado, una experiencia
antigua recuperada en el siglo xx, particularmente con la publi-
cación del Ritual de la iniciación cristiana de adultos. En efecto, la
IC tiene en el catecumenado antiguo un principio de inspiración
y un modelo aún vigente, sobre todo por su carácter procesual
e integrador de la fe, la celebración y la vida.25 El conocimiento
de la Tradición ha permitido la recuperación de este modo de
iniciación, como un modelo para los procesos iniciatorios en la
época actual. Así lo propone recientemente el tercer Directorio de
Catequesis (núms. 61-65).
Otro tema de una recuperación de la auténtica tradición se ha dado
con respecto al sacramento de la unción de los enfermos. El Concilio
ha recuperado una visión amplia con respecto a este sacramento:
ya no exeuntium sino infirmorum. Sin embargo, cabe preguntarse si
ha sido suficientemente asumida la enseñanza de la Iglesia y si la
praxis no está todavía «impregnada» de la modalidad imperante
durante muchos siglos, es decir la costumbre de administrar este
sacramento in extremis en la mayoría de los casos.26
En relación al sacramento del Orden, una novedad en la Iglesia y
una riqueza para la Iglesia de nuestra época ha sido la recuperación
del diaconado permanente. El diaconado, tras prestar importantes
25 Cf. M. Haller, «La experiencia catecumenal en la época patrística.
Un ejemplo de integración de la fe, la celebración y la vida», en Cuadernos
monásticos 203(2017) 11-35.
26 X. Basurko, Historia de la Liturgia, 597-598. En Argentina, existe el Servicio
Sacerdotal de Urgencia (SSU). Nació de la experiencia de un laico que buscaba
en horas nocturnas un sacerdote y no lo encontraba. Luego, se institucionalizó.
A mi entender, es una institución ambigua: garantiza la atención sacerdotal
nocturna pero creo que favorece la continuidad de la praxis medieval y difi-
culta la amplitud de mirada propuesta por el Concilio Vaticano II en SC 73 y
luego en el Catecismo de la Iglesia Católica (núms. 1514-1516) ya que los fieles
continúan con la percepción del sacramento de la unción para los moribundos.
El cambio de nombre ya podría mejorar la comprensión: Guardia Sacerdotal
Permanente.
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76 Mario Alberto Haller
servicios a la vida de las comunidades cristianas en tiempos de la
Iglesia antigua, cayó en declive durante la Edad Media llegando
al punto de desaparecer como ministerio permanente y quedando
solo como momento de transición hacia el presbiterado y el episco-
pado. Después de su restauración como ministerio efectivo, puesto
a disposición de las Iglesias particulares por el Concilio Vaticano
II se ha asistido a un proceso diferenciado de recepción, en el que
se han planteado diversas cuestiones. J. Ratzinger afirma «desde
hace largo tiempo, en la Iglesia latina –a diferencia de la Iglesia
del Oriente− el ministerio del diácono es más una mera estación
de paso en el camino hacia el presbiterado». En el Vaticano II, el
esquema presentado proponía hacer posible de nuevo «un minis-
terio diaconal independiente».27 Como testimonio, afirma:
Más de un discurso pronunciado en este contexto quedará grabado
de manera inolvidable en sus oyentes. Como un grito de auxilio reso-
naron en el aula conciliar las palabras pronunciadas el 14 de octubre
por el obispo Kemerer, de Posadas (Argentina): «Reverendos Padres,
no nos arrebatéis nuestra esperanza. El esquema abre la puerta para
el diaconado. No os obligamos a entrar por ella, pero permitid que
aquellos que quieren entrar puedan hacerlo».28
Finalmente, no cabe duda que la pandemia del Covid-19 ha creado
nuevos desafíos para la liturgia.29 La respuesta a los mismos tendrá
que tener en cuenta el principio formulado por SC 23.
27 Cf. J. Ratzinger, Obras completas VII/1: Sobre la enseñanza del Concilio
Vaticano II, Madrid: BAC 2013, 318ss. Creo que se debería llamar simpliciter
Diaconado al hoy llamado «diaconado permanente» y al que llamamos diá-
cono llamarlo transitorio ya que la vocación es hacia el ministerio presbiteral:
una «estación de paso en el camino hacia el presbiterado» (como afirma J.
Ratzinger).
28 Ibíd., 328.329.
29 Cf. M. Tymister, «La pandemia. Sfide nuove per la liturgia − più
domande che risposte» [en línea], Ecclesia Orans <https://www.ecclesiaorans.
com/year-xxxvii-2020-nota/> [consulta: octubre 2020]. No podemos dete-
nernos en este punto. Es recomendable por su actualidad y por los desafíos
que ha planteado a la liturgia la actual pandemia, particularmente el uso de
los medios digitales.
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La «sana tradición» y el «legítimo progreso» en la liturgia... 77
En una reunión virtual de la Sociedad Argentina de Liturgia, el P.
José Antonio Goñi planteaba el tema del sacramento de la recon-
ciliación en situaciones límite. Un planteo abierto para pensar. Un
caso de un paciente de Covid-19, completamente aislado y en fase
terminal, que pide confesarse. Es un caso in extremis, abierto a la
reflexión actual. También aquí puede ser útil lo que afirma SC 23,
cuando afirma que se «debe preceder siempre una concienzuda
investigación teológica, histórica y pastoral». La investigación
surge como búsqueda de respuesta a un problema pastoral; en
consecuencia requiere investigación histórica y teológica… Me
pregunto: si en situaciones límites se puede absolver aunque
haya habido impedimentos,30 ¿por qué en una situación límite no
se podría contemplar un medio hasta ahora desaprobado? No es
una afirmación; es solo un interrogante (como dice M. Tymister:
«più domande che risposte»).
5. Conclusiones
Propongo a modo de conclusiones (sin la posibilidad de expla-
yarme) lo siguiente:
− Educación litúrgica del clero y de todo el Pueblo de Dios: clave
para una renovación litúrgica y la celebración de una liturgia
vital para la comunidad creyente y celebrante.
− Centralidad de la Liturgia en la vida de la Iglesia: jerarquía
de la liturgia y armonía con la piedad popular (cf. Directorio
de Liturgia y Piedad Popular [DLPP], 11-12).
− Importancia de la Palabra de Dios en continuidad con SC 51,
DV 21, VQA 8, etc.
− Valoración de los signos: promoción de iniciación mistagógica
del Pueblo de Dios.
− Inculturación y adaptación de la liturgia en consonancia con
la Instrucción Varietates Legitimae (1994): dentro de la tradición
30 Cf. Código de Derecho Canónico, can. 976 y Catecismo de la Iglesia Católica
1463.
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78 Mario Alberto Haller
viva y sana atender a estos conceptos que merecen una relec-
tura en el contexto de la vida de la Iglesia actual, hoy marcada
por la pandemia.
− Búsqueda lúcida y serena de respuesta a las nuevas situacio-
nes, como expresión concreta del punto anterior.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 81-108
La revisión de la liturgia:
entre «sana tradición»
y «legítimo progreso»*
Cesare Giraudo
Abstract: From the point of view Resumen: Desde la óptica de la
of sound tradition and legiti- sana tradición y el legítimo pro-
mate progress, Cesare Giraudo greso, Cesare Giraudo analiza el
analyses the use of the verna- uso de la lengua vulgar en la
cular in the liturgy, the dialogi- liturgia, la dimensión dialógica
cal dimension of the word and de la palabra y la plegaria euca-
the Eucharistic prayer. Finally, rística. Ofreciendo, finalmente,
he offers some suggestions for algunas sugerencias para hacer
progressing the liturgy in the progresar la liturgia en el surco
furrow of tradition. de la tradición.
Keywords: vernacular language, Palabras clave: lengua vulgar, pala-
word, Eucharistic prayer, pro- bra, plegaria eucarística, pro-
gress, tradition. greso, tradición.
Cesare Giraudo, sacerdote jesuita, doctor en teología y licenciado
en filosofía, ha impartido clases de liturgia y de teología dogmá-
tica en el Pontificio Instituto Oriental de Roma, en la Pontificia
Universidad Gregoriana de Roma y en la Facultad de Teología
de Nápoles.
* Este texto, preparado por el autor para la revista Phase, ha sido traducido
al español por Lino Emilio Díez Valladares, sss.
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80 Cesare Giraudo
1. La enseñanza conciliar entre la metáfora del camaleón
y un axioma patrístico
En el número de dotes que la naturaleza ha proporcionado al
camaleón, como la mímica de la piel, la lengua flexible, los dedos
de las extremidades reunidos en dos grupos opuestos y la cola
prensil, existe también el control independiente de los ojos, ya que
este curioso reptil puede mirar al mismo tiempo y con la misma
intensidad visual en direcciones opuestas. Mientras que las prime-
ras habilidades dejan indiferente al liturgista, la segunda debería
interesarle. De hecho, cuando se prepara para redactar o revisar
un formulario oracional, el liturgista debe ser capaz de apuntar
sus ojos hacia adelante y hacia atrás: un ojo en la dirección que
mira del presente al pasado y el otro en la dirección que apunta del
presente al futuro. Solo así podrá ofrecer a las asambleas fórmulas
de estructura armoniosa y que respondan a las sensibilidades
actuales. Además de mirar adelante y atrás, el liturgista también
debe mirar a la derecha y a la izquierda, es decir, un ojo a las tra-
diciones de Oriente y el otro a las de Occidente, es decir, a los dos
pulmones con los que respira la Iglesia.1 Así como los dos fuelles
respiratorios no pueden dejar de trabajar en perfecta sincronía y
armonía para oxigenar el cuerpo, así los dos pulmones de Oriente
y Occidente2 deben oxigenar conjuntamente el organismo vivo
tanto de la Iglesia universal como de cada Iglesia particular,
1 Oriente y Occidente, según una declaración retomada varias veces por
san Juan Pablo II y que ahora se ha hecho famosa, son de hecho «los dos pul-
mones con los que respira la Iglesia». Sobre la metáfora de los dos pulmones y
la necesidad de no reducir el pulmón oriental solo a la tradición bizantina, cf.
C. Giraudo, Un Congresso per auscultare i primi battiti del racconto istituzionale
nella preghiera eucaristica. Liturgisti-teologi e teologi-sistematici a confronto, in
Gregorianum 96 (2015) 180-187.
2 Para Oriente la dicción en plural es obligatoria, ya que no existe una
«Iglesia oriental», sino varias «Iglesias orientales», con sus propias tradicio-
nes históricas, litúrgicas y canónicas. Se podría decir que la dicción plural
debería aplicarse también al Occidente latino, donde diferentes tradiciones
y prácticas eclesiales han coexistido durante siglos −y donde sobreviven,
aunque sea mínimamente−: las tradiciones hispano-mozárabe, galicana, celta,
ambrosiana y romana. Hoy, incluso, el rito romano incluye, además de una
forma propia de la Iglesia de Zaire-Congo, la «forma ordinaria» expresada
por el Misal y los Rituales de Pablo VI y la «forma extraordinaria» vinculada
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 81-108
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 81
especialmente en relación con la liturgia, que Sacrosanctum Conci-
lium presenta como «la cumbre hacia la que tiende la acción de la
Iglesia y al mismo tiempo la fuente de la que mana toda su fuerza».3
Pero ¿qué dice la constitución conciliar sobre el tema que hemos
querido introducir con la metáfora del camaleón? La respuesta se
halla en los principios generales que presiden la restauración del
edificio litúrgico.4 Así, podemos leer:
Para conservar la sana tradición (sana traditio) y abrir, con todo, el
camino a un progreso legítimo (legitima progressio), debe preceder
siempre una concienzuda investigación teológica, histórica y pasto-
ral, acerca de cada una de las partes que se han de revisar. Téngase
en cuenta, además, no solo las leyes generales de la estructura y
mentalidad litúrgicas, sino también la experiencia adquirida con la
reforma litúrgica y con los indultos concedidos en diversos lugares.
Por último, no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad
verdadera y cierta de la Iglesia, y solo después de haber tenido la
precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así,
orgánicamente a partir de las ya existentes. En cuanto sea posible
evítense las diferencias notables de ritos entre territorios contiguos.5
al Misal y los Rituales de Pío V. No se puede negar que a las diferencias en el
rito parecen subyacer diferentes visiones de la Iglesia.
3 Sacrosanctum Concilium 10.
4 Aquellos que, hojeando las páginas de Sacrosanctum Concilium, espera-
ban encontrar una alta frecuencia del par latino «reformare/reformatio» se
sentirían decepcionados, ya que estas palabras no aparecen ni una sola vez.
En su lugar, en correspondencia con lo que las traducciones traducen mayor-
mente como «reformar/reforma» −rara vez como «restaurar/restauración»
o «renovar/renovación»−, el par «instaurare/instauratio» aparece veintiuna
veces. La diferencia no es insignificante. Mientras que «reformare» significa
«devolver la forma», en el sentido de dar a un objeto una forma que podría
no ser ni siquiera la original, el verbo «instaurare», intensivo de «staurare»,
que es a su vez causante de «stare», significa «hacer que algo vuelva a estar
de pie», es decir, devolver algo a su estado original, exactamente en el sentido
expresado en italiano por los términos «restaurare/restauro». Imaginemos
un edificio que ha pasado a través de los siglos, por ejemplo una iglesia,
donde a la fachada original puramente románica se le han unido elementos
góticos, luego renacentistas, luego barrocos, etc. No hay otro remedio, ante la
desagradable superposición de estilos, que restaurar la fachada a su pureza
original.
5 Sacrosanctum Concilium 23.
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82 Cesare Giraudo
La declaración conciliar con que se abren estas directrices da por
sentado que no hay oposición entre la «sana tradición», que debe
preservarse, y el «progreso legítimo», que debe promoverse. Así
lo afirma también la etimología de «tradición», que pertenece al
área semántica del latín tràdere (trans-dare), es decir, «entregar
algo a otro», y que en la forma original trans-manui-dare [pasar de
mano en mano] subraya la delicadeza de la operación. Un objeto
precioso, que se pasa de mano en mano, requiere infinitas precau-
ciones para que pase intacto. La tradición es como una cadena,
en la que no puede faltar ningún eslabón. El eslabón intermedio
sobre el que gravita todo el pasado y todo el futuro de la cadena es
la generación actual, cuyo deber es velar por la correcta recepción
y la fiel transmisión de los contenidos. De hecho, si quien recibe
y a su vez transmite se sitúa en el presente, el mensaje recibido y
transmitido proviene de la experiencia del pasado y se ordena a
un presente que está en continuo devenir. Reconocer nuestro lugar
en la tradición es por lo tanto un deber que no podemos eludir, por
respeto a las generaciones que nos han precedido y a las que nos
seguirán. De este presupuesto deriva otro. De hecho, decir que la
tradición y el progreso no se oponen entre sí es reconocer que las
formas litúrgicas recibidas del pasado, para seguir el ritmo de la
historia, necesitan una revisión y actualización constantes.6
Para confirmar lo que el texto conciliar dice sobre la relación entre
«sana tradición» y «progreso legítimo» en la esfera litúrgica, se
puede aducir un axioma patrístico contenido en la respuesta del
papa Esteban I a las decisiones de un sínodo de obispos africanos
presidido por Cipriano, obispo de Cartago. Fue el propio Cipriano
quien informó de la respuesta del pontífice, discutiéndola con acri-
tud, y sin aceptarla. A los obispos africanos que habían decidido
rebautizar a los que habían sido bautizados por herejes, el papa
Esteban respondió lo siguiente:
6 La palabra «aggiornamento» (literalmente, «puesta al día / actualiza-
ción»), que es sinónimo de «revisión», fue pronunciada por san Juan XXIII en
el anuncio, hecho el 25 de enero de 1959 en la Sala Capitular del Monasterio de
San Pablo, de un Concilio Ecuménico para la Iglesia universal. Actualmente,
se utiliza en su forma italiana original en todos los idiomas.
phase 359.indb 82 26/02/2021 8:27:24
La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 83
Si vienen a vosotros personas de cualquier herejía, no cambiéis nada,
si no a partir de lo que se ha transmitido (nihil innovetur, nisi quod
traditum est), de modo que se les impongan las manos como [signo
de] penitencia, ya que los mismos herejes recíprocamente no bautizan
en absoluto a los que vienen a ellos, sino que se dan mutuamente un
signo de comunión.7
Interviniendo en la controversia bautismal, el pontífice apeló a la
práctica romana que, aunque prohíbe el rebautismo de los herejes
(nihil innovetur), contempla su acogida sobre la base de lo que se ha
transmitido (nisi quod traditum est), precisamente a través de una
nueva imposición de la mano como signo de penitencia. La innova-
ción excluida por el pontífice es, por lo tanto, la práctica de rebautizar
a los bautizados en la herejía; en cambio, la innovación permitida
es la de añadir a la precedente imposición de la mano, que confería
el Espíritu Santo, otra imposición de la mano como signo de recon-
ciliación. Aunque una correcta interpretación del axioma requiere
que se lea en su contexto, como se acaba de hacer, sigue siendo cierto
que el axioma, recibido como tal a lo largo de los siglos, va más allá
del contexto que lo transmitió.8
Hoy, el dilema «innovación sí, innovación no» puede considerarse
superado por la distinción que la constitución conciliar establece
entre «una parte inmutable, por institución divina» y las «otras
partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún
deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que
no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o
han llegado a ser menos apropiados».9 A la luz de esta aclaración
debemos convenir en que para toda innovación el punto de partida
sigue siendo la tradición, es decir, lo que está dentro de los límites
7 Cipriano, Epistula 74,1, in Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum
3/2, 799 (cf. DS 110).
8 Para tener una idea de las dificultades que la formulación elíptica del
axioma latino plantea a las traducciones, me remito a la nota exegética de A.
d’Alès,La théologie de Saint Cyprien, Paris 1922, 380-388. En la discusión sobre
el alcance del axioma, el autor se refiere, junto a la interpretación rígida que
comparte («Que rien ne soit innové; rien que la tradition», «Ne rien innover,
maintenir la tradition»), a la interpretación moderada que, sin embargo,
excluye («Que rien ne soit innové, si ce n’est dans le sens de la tradition»).
9 Sacrosanctum Concilium 21.
phase 359.indb 83 26/02/2021 8:27:24
84 Cesare Giraudo
establecidos por la propia tradición, de modo que no será posible
relacionarse ni con nuestro presente ni con nuestro futuro, salvo en
la medida en que nos hayamos confrontado con nuestro pasado.
Disponiéndonos ahora a considerar lo que implica la revisión
de la liturgia, nos limitaremos a la misa, ya que sus dos aspectos
particularmente exigentes −la liturgia de la Palabra y la liturgia
eucarística− pueden iluminar otros ámbitos. Nos dejaremos guiar
por la fórmula programática «a través de ritos y oraciones» (per
ritus et preces)10 que, al tiempo que expresa la dinámica de la acción
litúrgica, dice también la forma en que los fieles están llamados
a entenderla.
Bajo el término «ritos» colocamos los signos no verbales, es decir,
los que se refieren a los sentidos de la vista y el tacto, que son tanto
los signos referidos a objetos (como el ambón, el leccionario, el
altar, el Misal, el pan, el vino y el agua, así como los vasos sagra-
dos que los contienen) como los signos referidos a gestos (como
extender los brazos para rezar, extender las manos para saludar o
invocar el poder divino). Bajo el término «oraciones» colocamos los
signos verbales, aquellos precisamente que se refieren al sentido
del oído/habla, que para la liturgia de la Palabra y para la liturgia
eucarística son, respectivamente, la oración de los fieles y la ora-
ción eucarística,11 con las relativas intervenciones de la asamblea.
Aunque hoy la modernidad tiende a imponernos el lenguaje de la
imagen, no es la imagen la que tiene la primacía en la comunica-
ción, sino la palabra. De hecho, es el signo verbal el que especifica
al no verbal. Mientras que la palabra se maneja normalmente de
forma autónoma, la imagen generalmente espera ser especificada,
obviamente por la palabra.
10 Sacrosanctum Concilium 48.
11 Como alternativa a plegaria eucarística y canon, uso habitualmente el
término anáfora (en griego: ἀναφορά), que significa «plegaria de la ofrenda»,
«plegaria que hace subir a Dios la ofrenda».
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 85
Para no quedarme en la vaguedad, propongo algunos puntos clave
de la restauración litúrgica de la misa querida por el Concilio,12
para tratar de comprender cómo Pablo VI, gracias al trabajo del
Consilium ad exsequendam constitutionem de sacra Liturgia, pudo
adoptar decisiones óptimas.
2. La adopción de las lenguas vernáculas entre «sana tra-
dición» y «legítimo progreso»
La introducción de lenguas vivas en la celebración litúrgica puede
considerarse la decisión básica de la restauración del edificio litúr-
gico. Fue un cambio trascendental que, si bien fue acogido con
entusiasmo por quienes mejor podían comprender su significado
y prever sus efectos, no dejó de suscitar aprensión, perturbar los
hábitos establecidos y despertar profundas nostalgias. Pero ¿en
qué idioma debemos rezar? Algunos ya se habían hecho esta pre-
gunta en tiempos pasados.
Los historiadores de la liturgia nos informan que la cuestión de
la lengua con la que dirigirse a Dios se planteó por primera vez
cuando los hermanos Constantino Cirilo y Metodio se vieron
obligados a justificarse ante los prelados de Venecia. Esto sucedió
en el año 867, durante su viaje a Roma para llevar las reliquias de
san Clemente al Papa y obtener de él el uso litúrgico de la lengua
eslava. Así leemos en el capítulo 16 de la Biografía eslava de san Cirilo:
Mientras estaba en Venecia, se reunieron contra él obispos, sacerdotes
y monjes, como cuervos contra un halcón, y levantaron la herejía de
las tres lenguas, diciendo: «Oye, tú: dinos, ¿por qué has compuesto
ahora un alfabeto para los eslavos y lo has enseñado, algo que nadie
antes había ideado, ni los Apóstoles, ni el Papa de Roma, ni Gregorio
Magno, ni Jerónimo, ni Agustín? Solo conocemos tres idiomas en los
que es lícito alabar a Dios: hebreo, griego y latín».13
12 Para una comparación entre el sueño de San Pío V de devolver la misa a la
norma originaria de los Santos Padres (ad pristinam sanctorum Patrumnormam)
y su realización actual por parte de san Pablo VI, me remito a mi artículo: «El
laborioso camino de la reforma litúrgica», en Phase 57 (2017) 166-175.
13 F. Grivec − F. Tomšič (ed.), Constantinus et Methodius Thessalonicenses.
Fontes, Zagreb 1960, 205.
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86 Cesare Giraudo
La imagen del halcón −el ave fuerte que no teme a ningún adversario,
el ave de presa segura de su presa− ya anticipa que el ganador del
litigio será él, Constantino Cirilo, contra quien sus adversarios no
son más que una bandada de cuervos que graznan. En la continua-
ción del relato él responde comparando la lengua en la que rezar
con la lluvia que Dios hace caer sobre todos por igual, con el sol que
brilla sobre todos por igual (cf. Mt 5,45) y con el aire en el que todos
respiramos. De esta manera afirma que el uso litúrgico de la propia
lengua es un derecho de todo pueblo que se acerca al Evangelio.
Podemos imaginar que alguno de los acusadores debe haber susu-
rrado: «No importa si entendemos lo que se dice en la liturgia o no:
sufficit ut intellegat Deus». Los que pensaban así absolutizaban una
práctica, como si debiera ser la única. En concreto: absolutizaban
el usus receptus de una o dos lenguas14 como
eso fuera realmente exclusivo. En resumen: no tenían sentido de la
«sana tradición», la que desde el día de Pentecostés había inaugu-
rado la predicación de la Palabra de Dios −y ciertamente también la
liturgia− en las lenguas de los pueblos.15 En cambio, para los santos
hermanos de Salónica, la cuestión de la lengua litúrgica no era en
absoluto marginal: constituía un elemento irrenunciable. En el capí-
tulo 18 de la Biografía eslava se lee que el moribundo Constantino, que
para entonces había tomado el nombre monástico de Cirilo, todavía
invocaba: «¡Haz que se arruine la herejía de las tres lenguas!».16
Siete siglos más tarde, la cuestión de la lengua litúrgica volvió a
ser planteada por los Reformadores, que pretendían que la misa se
celebrara necesariamente en la lengua vernácula, para que todos
pudieran entenderla. A la pregunta «An missa nonnisi in lingua
14 Los prelados de Venecia pensaban en primer lugar en el latín, en segundo
lugar en el griego. Es dudoso que también pensaran en el siríaco, una lengua
semítica relacionada con el hebreo.
15 «La actitud de los dos hermanos de Salónica representaba, en la anti-
güedad cristiana, un estilo típico de muchas Iglesias: la revelación se anuncia
de modo adecuado y se hace plenamente comprensible cuando Cristo habla el
idioma de los diversos pueblos, y estos pueden leer la Escritura y cantar la Liturgia
en la lengua y con las expresiones que les son propias, casi renovando los
prodigios de Pentecostés» (Juan Pablo II, Orientale lumen 7).
16 Grivec − Tomšič, Constantinus et Methodius, 211.
phase 359.indb 86 26/02/2021 8:27:24
La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 87
vulgari, quam omnes intelligant, celebrari debeat», el teólogo
español Francisco De Sanctis, experto en el Concilio de Trento en
nombre del obispo de Salamanca, respondió así:
[...] la misa no debe celebrarse en lengua vernácula, sino en latín o
en griego o en hebreo, que son las tres lenguas escritas en el título
de la cruz, destinadas a difundir el Evangelio de Dios. En efecto, en
la conversión de la Galia y de Alemania hace mil años, la misa se
celebraba siempre en latín, para «no arrojar perlas a los cerdos» [cf.
Mt 7,6], no revelar al vulgo los misterios de Dios y no exponerlos
al ridículo [...]. El Sumo Pontífice podría, sin embargo, establecer lo
contrario, si lo considera oportuno.17
Aunque no queremos insistir en las razones que, según el teólogo
De Sanctis, llevaron a las Iglesias de la Galia y de Alemania a
adoptar el uso exclusivo del latín para la misa, no podemos dejar
de constatar que, en aquella época, la aristocracia despreciaba a
las masas, consideradas completamente incapaces de comprender
y, por lo tanto, condenadas irremediablemente a la ignorancia. En
boca del teólogo tridentino, la misma cita evangélica, extrapolada
del contexto original, no parece ciertamente apreciar las necesida-
des y capacidades del «vulgo». Comparada con la convicción de
los prelados de Venecia, su declaración fue sin embargo un paso
adelante. De hecho, apelando al argumento de los tres idiomas, De
Sanctis añadió que el Papa podría decidir lo contrario, cuando lo
considerara oportuno. Por otra parte, fue precisamente al Papa de
Roma −al apostólico Adriano II− a quien Cirilo y Metodio habían
apelado, ya que con sus argumentos no habían logrado debilitar
a sus irreductibles oponentes.
La historia atestigua que Trento fue incapaz de aceptar la rei-
vindicación de la Reforma y que el latín siguió siendo la única
lengua litúrgica de la Iglesia occidental. Se necesitaron cuatro
siglos, otro Concilio, para que el proyecto de hablar con Dios en
el propio idioma −un proyecto finalmente despojado de la opo-
sición polémica y purificado de cualquier espíritu reivindicativo
17 Societas Goerresiana, Concilium Tridentinum: Diariorum, Actorum,
Epistularum, Tractatuum nova collectio, tomus 8, Actorum Pars 5, Friburgi Br.
1919, 743-744.
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88 Cesare Giraudo
que amenazara la unidad de la fe− llegara a buen término. Esto es
precisamente lo que el Vaticano II hizo con la constitución sobre la
liturgia18 y con los documentos operativos que la aplicaron.
Hoy estamos más que convencidos de la urgente necesidad de que
la Iglesia de nuestro tiempo devuelva al discurso entre la asamblea
y Dios las profundas resonancias del lenguaje de cada pueblo. Por
consiguiente, tenemos la impresión de que, a partir de ese histórico
7 de marzo de 1965 −fecha que inauguró el uso de la lengua ver-
nácula en la liturgia− esto haya sucedido como por arte de magia
para todas las partes de la celebración litúrgica. Intentando volver
con la memoria a las intensas emociones de aquellos años, parece
imposible imaginar un curso diferente de los acontecimientos.
Pero el recuerdo indiscutible de los documentos nos convence de
que, precisamente en este ámbito vital y delicado para la vida de la
Iglesia, el principio de gradualidad fue escrupulosamente obser-
vado y sabiamente medido, como lo demuestran las tres grandes
instrucciones que marcaron la restauración del edificio litúrgico.19
Pero, aparte del precipitado desalojo que se ha querido dar al latín
en muchos contextos eclesiásticos,20 la cuestión sigue siendo si la
adopción de las lenguas vernáculas ha resuelto realmente todos
los problemas. La respuesta negativa es evidente para cualquiera
que comprenda la diferencia entre «oír» y «escuchar», entre «escu-
char» y «comprender». No basta con oír si no se escucha, ni basta
con escuchar si no se tiene cuidado de comprender. La escucha
que se realiza en la Iglesia no puede ser una escucha pasiva, lo
que equivaldría a una negativa a escuchar; debe ser una escucha
activa, receptiva, participativa, que permita que brille la profunda
resonancia de la invitación bíblica Šema‘ Israel, «Escucha, Israel»
(Dt 6,4).
18 Cf. Sacrosanctum Concilium 36.
19 Inter œcumenici (29.09.1964), Tres abhinc annos (04.05.1967) y Eucharisticum
mysterium (25.05.1967).
20 Esa no era ciertamente la intención de Pablo VI y sus colaboradores.
El abandono sistemático del latín, por ejemplo en Italia, está vinculado a
la superficialidad con que los agentes pastorales recibieron la restauración
litúrgica.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 89
3. La dimensión dialógica de la palabra entre «sana tradi-
ción» y «legítimo progreso»
La palabra es nativamente dialógica. En el límite, un individuo
también puede dialogar consigo mismo, como sucede cuando
elabora mentalmente un pensamiento. Pero, por regla general, el
discurso presupone el papel del orador y el del oyente, papeles
distintos que a su vez deben invertirse, si no queremos transfor-
mar el diálogo en monólogo. Tomando prestado el lenguaje de las
telecomunicaciones, podemos comparar el hablante con la antena
de un transmisor de radio y el oyente con la antena de un receptor
de radio. Entonces Sacrosanctum Concilium no ha hecho otra cosa
que sintonizar las antenas de los dos protagonistas de la acción
litúrgica: primero, los oídos de la Iglesia escuchando la voz de Dios
que habla a través del ministerio del lector; e, inmediatamente des-
pués, los oídos de Dios escuchando la voz de la Iglesia que habla
a través del ministerio del sacerdote. De hecho, es el oyente quien
debe sintonizarse con el interlocutor. Si en el Misal de Pío V, hasta
cierto punto, se podía hablar todavía de diálogo cuando el sacer-
dote dice el canon en latín y «en secreto» (secreto), ya que Dios tiene
buenos oídos y entiende el latín, la situación no era la misma para
las lecturas. De hecho, el sacerdote, adjudicándose en exclusiva
la epístola y el evangelio, que leía «con una voz inteligible» (inte-
llegibili voce), como dice la antigua rúbrica,21 se expresaba siempre
en una lengua que escapaba a la mayoría, si no a la totalidad, de
los fieles. La falta de comprensión de los contenidos se remediaba
de alguna manera con la homilía que, aunque no se contemplaba
en las rúbricas generales del Misal, de hecho tenía lugar todos los
domingos. Pero la desaparición de la oración de los fieles, que ya
había durado más de mil años, había transformado el diálogo en
un monólogo destinado a durar otros cuatrocientos años antes
21 Cf. M. Sodi − A.M. Triacca (ed.), Missale Romanum. Editio Princeps (1570).
Edizione anastatica, Introduzione e Appendice, Città del Vaticano: LEV 1998, 12.
La exigencia de leer «con voz inteligible» −que debe entenderse como «con
voz perceptible»− solo concernía al ministro, que estaba obligado a responder
«Deo gratias» al final de la epístola y luego «Gloria tibi, Domine» y «Laus tibi,
Christe», respectivamente, al principio y al final del evangelio.
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90 Cesare Giraudo
de que se restableciera esa respuesta, sin la cual la liturgia de la
Palabra, apoyada en un solo pilar,22 resultaba coja.
Reconociendo que con la proclamación de las lecturas en lenguas
vernáculas se ha respetado la «sana tradición», debemos sin
embargo estar de acuerdo en que el esperado «progreso legítimo»
se traduce a menudo en una flagrante regresión. ¿De quién es la
culpa? Creo que hay que culpar a la liberalización de facto, de la
que estamos siendo testigos, del oficio de lector y la consecuente
inadecuación de los que a menudo suben al ambón.23 La Iglesia
primitiva tenía una alta concepción del ministerio del lector. Prueba
de ello son las cartas que Cipriano, obispo de Cartago, envió a la
comunidad para notificarles las decisiones que había tomado con
respecto a los lectores. Una de estas cartas muestra que los lectores
extraordinarios, admitidos en situaciones de emergencia, eran una
excepción, mientras que los lectores instituidos eran la norma. Así
escribe Cipriano:
Sabed entonces que hice lector a Saturo y subdiácono a Ottato,
el confesor. Ambos ya de antemano, por deliberación común, los
habíamos iniciado en el clero. A Saturo, en efecto, le habíamos
confiado dos veces la tarea de leer el día de Pascua, mientras que
a Ottato lo habíamos constituido entre los lectores de los maestros
de los catecúmenos, cuando recientemente examinamos diligen-
temente a los lectores para acompañar a los maestros presbíteros a
fin de comprobar si tenían todos los requisitos exigidos en los que
se preparan para entrar en el clero. Por lo tanto, no he emprendido
nada nuevo en vuestra ausencia, sino que lo que ya había comenzado
antes por deliberación común de todos nosotros, se ha acelerado por
necesidad urgente.24
22 Para la imagen de los dos pilares de soporte, que a menudo utilizo para
destacar la estructura, respectivamente, de la liturgia de la Palabra y de la
liturgia eucarística, cf. C. Giraudo, «In unum corpus». Tratado mistagógico sobre
la Eucaristía, Madrid: BAC 2017, 558-560.
23 Cf. «2. Una proclamación que espera ser “escuchada”», en C. Giraudo,
«“Venite et auscultate”. Saber proclamar y saber escuchar», en Phase 55 (2015)
153-165; aquí 157-160.
24 Para el encuadre del texto y para otras cartas relacionadas cf. C. Giraudo,
La liturgia de la Palabra. Escucha, Israel. Escúchanos, Señor, Salamanca: Edicio-
nes Sígueme 2014, 93-96 (textos publicados por E. Cattaneo, I ministeri nella
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 91
Hoy estamos siendo testigos de una flagrante inversión de pape-
les, que ahora se da por sentado: los lectores extraordinarios son
la norma y los lectores institucionales una rara excepción. En casi
todas partes, la gente se comporta como si el Motu proprio Minis-
teria quædam25 nunca hubiera sido emitido. ¿No es esta incompren-
sible negativa tácita la que explica la frecuente inadecuación de
nuestros lectores y la incomodidad en el tratamiento de la Palabra
de Dios que muchos sienten, sin saber siquiera cómo explicarla?
Ahora bien, para volver a un manejo más juicioso y verdadera-
mente ministerial del servicio de la Palabra, más respetuoso de
Aquel a quien pertenece y más atento a satisfacer el hambre espi-
ritual de la asamblea a la que está destinada, debemos decidir dar
un valiente paso atrás en el presente proceso, un retroceso que se
hará precisamente en nombre del «legítimo progreso».
En estrecha relación con la justa vigilancia sobre la gestión de la
homilía,26 debe haber una justa vigilancia paralela sobre la gestión de
las lecturas, cuya proclamación, buena o mala, condiciona para bien
o para mal la propia homilía. Si colocáramos al lector a un lado de la
balanza y al homileta al otro, para nuestra gran sorpresa, veríamos
Chiesa antica. Testi patristici dei primi tre secoli, Milano: Edizioni Paoline 1997,
526-534).
25 En 1972 Pablo VI reservó el lectorado instituido solo a los hombres,
temiendo que una eventual extensión a las mujeres pudiera alentar ciertas
reivindicaciones, ya entonces en el aire, en relación con la naturaleza del
sacerdocio. Desde hace tiempo, sin embargo, es opinión común que la Iglesia
puede y debe, en un contexto de mayor serenidad, reconsiderar la cuestión y
contemplar a las mujeres como sujetos de la institución ministerial, como se
pedía en el Documento final del Sínodo para la Amazonia: «Pedimos revisar el
Motu proprio de san Pablo VI, Ministeria quaedam, para que también mujeres
adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del
Lectorado y el Acolitado, entre otros a ser desarrollados» (núm. 102; cf. tam-
bién el núm. 103 de la Exhortación apostólica post-sinodal Querida Amazonia
del papa Francisco).
26 La Ordenación General del Misal Romano afirma en el núm. 66: « La homilía
la pronuncia ordinariamente el sacerdote celebrante o un sacerdote concele-
brante a quien este se la encargue o, a veces, según la oportunidad, también
el diácono, pero nunca un fiel laico». La referencia en nota remite al canon 767
§ 1 del Código de Derecho Canónico y a las correspondientes interpretaciones
autorizadas.
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92 Cesare Giraudo
caer visiblemente el plato en el que está sentado el lector y subir
simétricamente el plato con el homileta, ya que el peso específico de
las lecturas es mayor que el de la homilía. Por el hecho mismo de ser
una proclamación cultual de la Palabra de Dios, la lectura ya es actua-
lizante. Al prestar su boca a Dios, el lector actualiza la Palabra, en el
sentido de que hace pasar la Palabra de Dios de Palabra-documento
a Palabra-acontecimiento; de Palabra-escrita a Palabra-hablada; de
Palabra-muerta, que se confía a un soporte de papel, a Palabra-viva
que justo en ese instante sale de la boca de Dios.
Hablando propiamente, debemos decir que la homilía no actua-
liza; de lo contrario, cuando la homilía no está prevista, habría
que concluir que la actualización de la Palabra de Dios no tiene
lugar. La homilía de Jesús en la sinagoga de Nazaret, de la que el
evangelista ofrece la declaración central, es esclarecedora en este
sentido. Cuando dice: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que
acabáis de oír» (Lc 4,21),27 el Señor reconoce que la actualización
ya se ha producido, precisamente cuando, como lector, ha puesto
en relación a Dios que habla con la asamblea que escucha. Junto a
la proclamación de la Palabra, cuya tarea es actualizarla, la homilía
está dispuesta como su complemento natural, para permitir que
la Palabra de Dios penetre en nuestros corazones, se inculture en
nuestras mentes, para ayudarnos a comprender mejor las impli-
caciones de esa irrupción de lo divino en la vida del individuo y
de la comunidad. Sin menoscabar en modo alguno la importancia
de la homilía y el cuidado que requiere, la autoridad competente
debería cuidar más la proclamación de las lecturas.
Hemos hablado de la dimensión dialógica de la Palabra, pero
en nuestro caso no sería así si no se hubiera puesto en pie el otro
pilar de la liturgia de la Palabra, que ha estado en el suelo durante
quince siglos. Si bien nos abstenemos de culpar a Pío V por la falta
de redescubrimiento de la oración de los fieles, que no era posible
en aquel momento, careciendo de los conocimientos científicos
necesarios, sigue siendo cierto que la presentación de la liturgia
de la Palabra bajo el título «De Epistola, Graduali et aliisusque ad
27 Para la exégesis de Lc 4,16-22, cf. Giraudo, La liturgia de la Palabra, 71-75.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 93
Offertorium», tal como aparece en las rúbricas generales del Misal
de 1570,28 huele a amontonamiento, ciertamente no a estructura.
El redescubrimiento de la oración de los fieles, debido al estudio de
esos supervivientes populares que se llaman prières du prône29 está
sin duda en línea con la «sana tradición». Presentamos en paralelo
el texto conciliar y la rúbrica actual del Misal:
Restablézcase (restituatur) En la oración universal u ora-
la «oración común» o de los ción de los fieles, el pueblo, res-
fieles después del Evangelio ponde de alguna manera (quo-
y la homilía, principalmente dammodo) a la palabra de Dios
(præsertim) los domingos y fies- acogida en la fe y ejerciendo su
tas de precepto, para que con sacerdocio bautismal, ofrece a
la participación del pueblo se Dios sus peticiones por la salva-
hagan súplicas por la santa ción de todos. Conviene (expe-
Iglesia, por los gobernantes, dit) que esta oración se haga nor-
por los que sufren cualquier malmente en las misas a las que
necesidad, por todos los hom- asiste el pueblo, de modo que
bres y por la salvación del se eleven súplicas por la santa
mundo entero.30 Iglesia, por los gobernantes, por
los que sufren alguna necesidad
y por todos los hombres y la
salvación de todo el mundo.31
28 Esta descripción, que en las rúbricas generales del Misal de 1570 figura
como la cuarta de las diez partes en las que entonces se dividía la misa, se
encuentra en el último Misal tridentino de 1962 (p. 57, § VI) y en el sucesivo
Misal latino-italiano de 1965 (p. IX, VI).
29 Sobre estas oraciones populares y sobre las vicisitudes de la oración de
los fieles, cf. Giraudo, La liturgia de la Palabra, 121-163.
30 Sacrosanctum Concilium 53.
31 Ordenación General del Misal Romano (2002.2020), núm. 69. Il quodammodo
[de alguna manera] es un poco débil; hubiera sido mejor usar revera [en rea-
lidad, verdaderamente].
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94 Cesare Giraudo
Y ¿qué pensar del «progreso legítimo» en la restauración de la ora-
ción de los fieles? 32 Diría que todo depende de la interpretación de
las normas que el dictado conciliar y la rúbrica del Misal vinculan,
respectivamente, al adverbio præsertim y al verbo expedit. Quien
lea ambas cosas de manera minimalista se sentirá autorizado a
concluir que la oración de los fieles es obligatoria solo los domin-
gos, en los días de precepto y en las misas con la participación
del pueblo; a falta de estas condiciones, se puede legítimamente
contentar con una liturgia coja. Sin embargo, quienes lean tanto el
præsertim como el expedit a la luz de la historia y la teología de los
ritos concluirán que es obligatorio. Ilustro la suposición con una
experiencia personal. Un día, en el curso del ministerio pastoral
que ejercía en la costa este de Madagascar, mientras intentaba, sin
mucho éxito, explicar a un grupo de adultos la consecuencialidad
entre las lecturas y la oración de los fieles, un catequista acudió
en mi rescate y dijo algo así como: «Veo que te cansas de tantas
palabras. Tenemos un proverbio que dice: “Un discurso que no
obtiene respuesta derriba la santidad de la persona que lo hizo”».
Ahora, a Dios que nos ha hablado a través de la proclamación
de las lecturas debemos responder absolutamente con nuestro
discurso, un discurso de oración, con el que pediremos que nos
ayude a poner en práctica lo que nos ha hecho entender. Sin esta
respuesta suplicante nuestra, el discurso de Dios es como si per-
diera credibilidad. Debemos estar agradecidos a la restauración
del edificio litúrgico que finalmente nos ha permitido dar a Dios
esa respuesta que, en la liturgia de la Iglesia Occidental, ha estado
esperando pacientemente durante mil quinientos años.
4. La plegaria eucarística entre «sana tradición» y «legí-
timo progreso»
Es bien conocida la comprensión unitaria que los Padres de la
Iglesia tenían de la plegaria eucarística. Justino lo describe como
32 La oración de los fieles fue comparada por A. Bugnini con «una perla
que se había perdido y que ahora ha sido reencontrada en todo su esplendor»
(La reforma litúrgica, Madrid 1999, 354).
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 95
«acción de gracia y súplicas».33 Ambrosio, a quien debemos el
primer testimonio, aunque parcial, del canon romano, nos trans-
mite la parte central, la que, entre la epíclesis sobre los dones y la
epíclesis sobre los comulgantes, contiene el relato institucional y
la posterior anámnesis.34 Teodoro de Mopsuestia declara que «el
sacerdote en este momento es la lengua común de la Iglesia».35 Juan
Crisóstomo afirma que «el sacerdote no dice la oración eucarística
solo, sino que todo el pueblo [la dice con él]»..36 Estos breves testi-
monios son suficientes para convencernos de que en la época de los
Padres −más o menos en el primer milenio− la plegaria eucarística
se entendía como un discurso único y unitario, que la asamblea
celebrante dirige a Dios Padre a través del ministerio del sacerdote.
En el siguiente milenio, debido a una combinación de circunstan-
cias que no son fáciles de vincular, tanto los liturgistas como los
teólogos ya no logran captar la unidad de la oración eucarística, y
lo que es peor, no les importa. Me limito solo a un ejemplo. En las
rúbricas generales del Misal de Pío V el término «canon» aparece en
la descripción de tres de las diez partes en que se dividía entonces
la misa: la quinta, «De Offertorio et aliis usque ad Canonem», es
decir, hasta el canon excluido; la sexta, «De Canone Missæ usque
ad Consecrationem»; la séptima, «De Canone post Consecrationem
usque ad Orationem Dominicam». Como el Prefacio y el Sanctus
ya habían sido clasificados entre «las otras cosas» que precedían
al canon, lo único que quedaba a la vista de los rubricistas era la
consagración enmarcada por dos jirones del canon, a saber, por
un «canon Missæ ante consecrationem» y por un «canon Missæ
post consecrationem». Por otra parte, la comprensión desarticu-
lada durante todo el segundo milenio de lo que todavía se seguía
llamando «canon» demuestra que el término indicaba ya un
33 Para las dos descripciones que Justino (Apologia Prima 65,3; 67,3-7)
hace de la estructura de la misa, cf. C. Giraudo, In unum corpus, 243.557. La
inversión de los dos componentes («súplicas y acciones de gracias») se debe
a un efecto estilístico que le gusta a Justino.
34 Cf. Giraudo, In unum corpus, 12-13.
35 Cf. Ibíd., 549.
36 Cf. Ibíd.
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96 Cesare Giraudo
archipiélago de oraciones que, en torno a la consagración, apenas
se murmuraban −por respeto a la consagración misma− («submissa
voce», «tacite», «secreto»).
La consecuencia más grave de esta deconstrucción de la gran
oración fue, por el lado latino, haber añadido a la eficacia absoluta
de las palabras de la institución, consideradas por otra parte de
manera reductiva («Esto es mi cuerpo», «Esta es mi sangre»), la
noción de exclusividad, que, negando toda eficacia consagratoria
a la epíclesis, terminó por encerrar estas mismas palabras en un
áureo aislamiento. Provocada por la tesis católica, la Ortodoxia se
vio obligada, por su parte, a forzar sus posiciones, hasta el punto
de hacer depender de las palabras de la epíclesis la eficacia abso-
luta de las palabras del Señor, de las que Juan Crisóstomo y otros
orientales nunca habían dudado.37
En primer lugar hay que reconocer que, en el umbral del tercer
milenio, con la intención de restaurar el edificio litúrgico, el
Concilio hizo su parte. Como la oración eucarística no pertenece
absolutamente al sacerdote que la proclama, sino que es la oración
de la comunidad llamada a ratificarla con el Amén, la constitución
conciliar, junto con los documentos que la aplicaron, se ocupó de
operar una doble sintonización. La primera, sintonizar los oídos
de Dios a la escucha con la voz de la Iglesia en oración, se hizo de
inmediato, porque Dios fue rápido en aprender nuestros idiomas.
La otra, más exigente, está todavía en marcha; se trataba de sinto-
nizar la escucha de la asamblea con la voz del sacerdote. A ello se
orientaron dos instrucciones cercanas en el tempo, pero diversas
en los intentos: mientras la instrucción Tres abhinc annos (4 de mayo
de 1967), que autorizaba «al sacerdote celebrante [...] a pronunciar
el canon con una voz inteligible (intellegibili voce),38 se limitaba al
volumen de la voz, la instrucción Eucharisticum mysterium (25 de
mayo de 1967) iba más allá con una invitación apremiante:
los pastores guíen a los fieles con una catequesis apta a la plena
inteligencia de este misterio de fe (ad hoc mysterium fidei plene
37 Cf. Giraudo, In unum corpus, 41116.52263.
38 Tres abhinc annos, núm. 10.28.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 97
intellegendum), la cual debe iniciarse [...] por los ritos y oraciones
de la celebración, para esclarecerles el sentido de los mismos, sobre
todo el de la gran oración eucarística, y conducirlos a la percepción
íntima del misterio que tales ritos significan y realizan.39
Aquí el grupo semántico «intellegere/intellegibilis» −especial-
mente si se considera a partir de los dos componentes «intus» y
«lègere», que significan «leer en profundidad»− resume bien la
preocupación mistagógica que había inspirado el magisterio de
Pablo VI y que había sostenido el trabajo paciente y tenaz de sus
colaboradores en los tres años siguientes a la promulgación de
la constitución litúrgica, con el fin de recomponer en armonía de
voz, mente y corazón el discurso orante entre la asamblea y Dios.
Hoy, más de cincuenta años después de la promulgación de las
dos instrucciones, los sacerdotes y los fieles se han acostumbrado
ciertamente a la recitación del canon «con voz inteligible». Pero
debemos preguntarnos si el pueblo cristiano lo entiende realmente,
si los propios celebrantes perciben la profunda dinámica de este
discurso de la asamblea a Dios. Tal vez en ambos lados la oración
eucarística se sigue percibiendo más o menos como se percibía en
los últimos mil años, es decir, como un complejo de párrafos de
oración a rienda suelta, algunos de los cuales como justamente
sucede con la consagración− captan nuestra atención, mientras
que otros, recitados y escuchados casi mecánicamente, nos dejan
indiferentes.
Ahora que la proclamación de la plegaria eucarística «con voz
inteligible» nos ha realineado con la «sana tradición», debemos
sin embargo preguntarnos sobre el «legítimo progreso». A nivel
de proyecto, sin duda se han hecho progresos, como lo demuestra
el añadido al antiguo canon romano de otras nuevas fórmulas,
algunas de excelente elaboración como las oraciones eucarísticas II,
III y IV; otras de una redacción que ya ha requerido ajustes;40 otras
39 Eucharisticum mysterium 15.
40 Sobre la revisión a la que se ha visto sometido el canon suizo, cf. C.
Giraudo, Preghiere eucaristiche per la Chiesa di oggi. Riflessioni in margine al
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98 Cesare Giraudo
que todavía necesitan una revisión profunda.41 Pero a nivel de la
aplicación, el «progreso legítimo» tal vez todavía esté esperando
la señal de salida. No creo exagerar cuando digo que se trata de
un camino todavía por recorrer. Prueba de ello es el sistemático
recurso, por parte de muchos sacerdotes de todas las edades y ten-
dencias, a la II plegaria eucarística, la que, correspondiendo con las
páginas más manoseadas de nuestros Misales, es elegida, no por
su belleza, sino porque en su brevedad garantiza la consagración
con un mínimo de esfuerzo y tiempo.42
Si es cierto que la «fe creída» (lex credendi) depende de la «fe
rezada» (lex orandi), 43 es decir que creemos la Eucaristía tal como
la rezamos, se deduce que la falta o el insuficiente conocimiento
de la oración eucarística termina por empobrecer incluso la com-
prensión de la comunión sacramental.44 Puesto que los fieles no
pueden contentarse con una comprensión puramente auditiva de
la oración eucarística, los pastores deben preocuparse por llevarlos
al siguiente nivel de comprensión, que es la comprensión espiritual
y teológica de sus inmensas posibilidades. Por otro lado, ¿a quién
hay que preguntar qué es la Eucaristía, si no es la oración con la
que la Iglesia siempre la ha celebrado? Nuestros obispos y sacer-
dotes, siguiendo los pasos de sus hermanos de la era patrística,
deben convencerse de que es hora de volver a hacer mistagogía
commento del canone svizzero-romano, Roma − Brescia: Gregorian University
Press & Morcelliana 1993.
41 Para la revisión aún pendiente de otros formularios de nueva composi-
ción, cf. C. Giraudo, «“Preces eucharisticæ de Reconciliatione”: analisi della
progressione tematica alla luce della struttura anaforica», en Id.(ed.), Il messale
romano. Tradizione, traduzione, adattamento, Roma: Edizioni Liturgiche 2003,
299-336.
42 Temo que si un día –por absurda hipótesis– la Iglesia autorizase la cele-
bración de la Eucaristía solo con la consagración, como han hecho por ejemplo
las Iglesias de la Reforma, no pocos sacerdotes renunciarían a la plegaria
eucarística II en favor de esta forma más económica de celebración. Sobre la
reducción de la plegaria eucarística solo a la consagración en los rituales de
Lutero, de Calvino y de Farel, cf. Giraudo, In unum corpus, 446-451.
43 Sobre la relación entre las dos «leges», cf. Giraudo, In unum corpus, 15-25.
44 Para la luz que la epíclesis sobre los participantes aporta a la comprensión
de la comunión sacramental, cf. Giraudo, In unum corpus, 301-307.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 99
principalmente a partir de la gran desconocida. Por supuesto,
para poder hablar de ella, es necesario conocerla. Ahora bien, para
conocerla, es necesario tomar el Misal en mano, y considerarlo no
solo como un libro de celebración, sino también como un libro de
estudio y meditación. Del estudio y la meditación de esta oración,
que tiene una prioridad estratégica sobre los ritos que la acompa-
ñan, la celebración se beneficiará enormemente.
5. Algunas sugerencias para hacer progresar la liturgia
«en el surco de la tradición»
La conciencia de las limitaciones que en los últimos cincuenta años
han aumentado la brecha entre la bondad del proyecto conciliar y
su aplicación concreta sugiere ciertas necesidades urgentes. Qui-
siera enumerarlas en forma de bienaventuranzas, en alabanza de
quienes las perciben y como recordatorio para los demás.
1. Bienaventurados sean los sacerdotes que se encargan de
revisar el Misal personalmente antes de que la celebración
comience, poniéndo las cintas marca-páginas en las partes
individuales, para evitar hojearlo cuando la celebración ya
ha comenzado.45
2. Bienaventurados los que −con Justino− conocen la estructura
de la celebración litúrgica46 y −con Benedicto XVI (Summorum
Pontificum cura)− captan su exquisita dimensión sagrada,
para no perderla, o para recuperarla lo antes posible en caso
de haberla perdido.47
45 En la lista de los «abusus qui circa venerandum missæ sacrificium evenire
solent», redactado por el Concilio de Trento, encontramos uno que desgracia-
damente sigue siendo actual: «Item abusus est, quod sacerdos ad altare accedat
non præparatis iis, quæ ad missam sunt necessaria, et quod ipse missale non
adnotaverit et missam etiam prælegerit» (Societas Goerresiana, Concilium
Tridentinum: Diariorum, Actorum, Epistularum, Tractatuum nova collectio, 920).
46 Cf. nota 33.
47 Cf. C. Giraudo, La liturgia nel solco della tradizione. Riflessioni in margine
al motu proprio «Summorum Pontificum», con Nota complementare, en Rivista
Liturgica 95 (2008) 253-272.
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100 Cesare Giraudo
3. Bienaventurados los que, con Cipriano de Cartago, se preo-
cupan del ministerio de la proclamación de las lecturas48 y,
con Pablo VI, promueven el lectorado instituido.49
4. Bienaventurados los que se preocupan por educar a los
fieles a la escucha de la Palabra de Dios, invirtiendo genero-
samente en la formación remota, permanente y próxima de
los lectores, cuidando asiduamente de su profesionalidad,
eliminando con esclarecida determinación todo aquello que
pueda transformar el anuncio cultual en muchas lecturas
privadas.50
5. Bienaventurados los que, incluso aprobando el celo con el
que la dirección operativa de la Iglesia vela por el ministerio
del homileta, desearían que, de hecho, estos mismos líderes
se mostrasen aún más celosos, exigentes y vigilantes con
respecto al ministerio del lector, ya que es a través de la pro-
clamación de las lecturas como la Palabra se actualiza.51
6. Bienaventurados los que, atentos al diagnóstico y a los reme-
dios sugeridos por los obispos del Sínodo sobre la Palabra de
Dios, se esfuerzan por mejorar las técnicas homiléticas con
vistas a homilías escriturísticas y kerigmáticas que, a partir
de las lecturas proclamadas, se preocupan por presentar las
grandes líneas de la vida cristiana.52
48 Cf. nota 24.
49 Cf. nota 25.
50 Me refiero concretamente a las hojas dominicales, mediante las que la
editorial católica, con intenciones no del todo limpias, ha querido salir al
paso de la frecuente falta de preparación de los lectores. Estos pretendidos
subsidios, cortocircuitando el ministerio del lector, transforman la lectura
cultual en muchas lecturas privadas y, terminada la misa, reducen la iglesia
a un campo de batalla. Estoy convencido de que esta ilusoria utilidad sería
ampliamente compensada si la autoridad competente tuviese el valor de
empeñarse a fondo en una auténtica promoción del lectorado instituido. Mi
sugerencia a los responsables de la pastoral es ahorrar en las hojas e invertir
en los lectores.
51 Cf. notas 26 y 27.
52 Cf. C. Giraudo, «Aiutare l’assemblea ad ascoltare la Parola. Natura e
finalità dell’omelia liturgica», en Rivista Liturgica 95 (2008) 981-1000.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 101
7. Bienaventurados los que, con Agustín de Hipona y Paulino
de Nola, entienden la función de la oración de los fieles, esa
perla que ahora se ha reencontrado en todo su esplendor.53
8. Bienaventurados los que, en las comunidades en espera de
presbítero, se preocupan de que no falte a los fieles la Euca-
ristía uniendo a la liturgia de la Palabra la liturgia de los
Presantificados, que prolonga operativamente la misa de la
que procede el Pan Eucarístico.54
9. Bienaventurados los que respetan el carácter sagrado del
altar, sin cargarlo con adornos inútiles y sin convertirlo en
un depósito de encendedores, teléfonos móviles, estampas
y papeles varios.
10. Bienaventurados los que no convierten la preparación de las
ofrendas en un momento folclórico, limitándose a hacer que
los fieles traigan al altar, después de la oración de los fieles,
lo que necesitan para la Eucaristía (pan, vino y agua, cáliz
y patena, Misal), y preocupándose por hacer que lo que no
se necesita (la caja de hostias y las vinajeras) sea devuelto a
la credencia.
11. Bienaventurados los sacerdotes que insertan un breve espa-
cio de silencio después de la oración sobre las ofrendas, para
ayudar a la asamblea a percibir la importancia de la plegaria
eucarística, una oración no para ser leída sino para ser pro-
clamada, una oración que, a través de la boca ministerial del
sacerdote, se eleva de los fieles a los oídos de Dios Padre.
Igualmente bienaventurados son aquellos sacerdotes que,
con el diálogo invitatorio, saben disponer a la asamblea en
una tensión de mentes y corazones hacia Dios.
53 Cf. nota 29.
54 Sobre la liturgia de los Presantificados, cf. Giraudo, In unum corpus,
557-566; Id., La liturgia de la Palabra, 165-176.
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102 Cesare Giraudo
12. Bienaventurados sean aquellos sacerdotes que elijan la ple-
garia eucarística (así como el eventual prefacio móvil)55 a
tiempo, para poder avisar a los concelebrantes antes de que
comience. Bienaventurados, de igual modo, los sacerdotes
que, conscientes de las advertencias del laico Justino,56 no
recurren a la plegaria eucarística de la «pereza sacerdotal»,
es decir, a ese formulario que hoy en día prefieren un gran
número de sacerdotes de todas las edades y tendencias, no
por su belleza, sino por otra razón.
13. Bienaventurados los que, convencidos de que por el canto
del Sanctus la asamblea de abajo está unida a la de arriba
(Ángeles + Santos / Difuntos), se preocupan de que sea
cantado siempre por toda la asamblea, sin confiarlo nunca
exclusivamente a un coro.57
14. Bienaventurados los que se preocupan por redescubrir la
unidad y la articulación dinámica de ese cuerpo literario-
teológico que es la plegaria eucarística, para captar las
conexiones: a) entre el prefacio y el post-Sanctus, b) entre la
narración de la institución y la anamnesis, c) entre el bloque
55 Cuando se utiliza una plegaria eucarística con prefacio móvil, el cele-
brante principal debe elegir cuidadosamente el prefacio, dando preferencia
a los criterios cristológicos. Todos deberían aprender a anhelar la densidad
cristológica y trinitaria de los prefacios orientales, ricos en cuanto a contenido
y ricos también en relación con la dinámica teológica del Sanctus. Comparados
con los prefacios orientales, los prefacios móviles de la tradición romana, sobre
todo reciente, a menudo revelan una notable pobreza cristológica. Particular-
mente pobres son los que se centran en la conmemoración de un santo o en
la espiritualidad de un instituto religioso. Vale la pena recordar que, cuando
se elige la II plegaria eucarística, el prefacio propio es parte integrante del
respectivo formulario −como sucede también con la IV plegaria eucarística− y
nunca debe ser sustituido. En este sentido, sería prudente no aprovechar la
posibilidad por la cual una rúbrica específica permite utilizar otro prefacio
para la II plegaria eucarística.
56 En las dos descripciones mencionadas en la nota 33, Justino precisa que
el sacerdote hace la plegaria eucarística «profusamente» (ἐπὶ πολύ) y «con
toda su fuerza» (ὅσηδύναμις αὐτῷ).
57 Para la teología del Sanctus, cf. Giraudo, In unum corpus, 214-215.220.
288-292.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 103
relato-anamnesis y la doble epíclesis, d) entre la epíclesis
sobre nosotros y las intercesiones, e) entre la oración presi-
dencial y el Amén final. Bienaventurados, también, aquellos
sacerdotes que, adaptando el tono de voz y el ritmo de la
proclamación, sepan suscitar el Amén de los fieles, es decir,
«la firma que valida» la oración presidencial (Agustín), para
que resuene en nuestras iglesias «como un trueno del cielo»
(Jerónimo).58
15. Bienaventurados los sacerdotes que, absteniéndose de
extraer de los copones desbordantes guardados en el taber-
náculo, distribuyen a los fieles el cuerpo de Cristo con el pan
consagrado en la misma misa.59 Bienaventurados los agentes
pastorales que, inspirándose en las mistagogías de Cirilo de
Jerusalén, se preocupan de explicar a los fieles el modo de
recibir la comunión en la mano y el respeto debido a los frag-
mentos.60 Bienaventurados también los obispos y sacerdotes
que, de acuerdo con el mandato de Jesús «Tomad, comed y
bebed», estudian cómo dar la comunión bajo ambas especies
a los fieles.61 Finalmente, bienaventurados los confesores
58 Sobre la urgencia de redescubrir las articulaciones dinámicas de la ple-
garia eucarística, cf. Giraudo, In unum corpus, 496-500. Sobre la teología del
Amen final, cf. Ibíd., 378-382.
59 Aparte del caso del viático y de la liturgia de los Presantificados, cuando
el sagrario actúa como una extensión natural del altar, ¿qué se debe pensar de
la práctica −50 años después de Sacrosanctum Concilium 55− de seguir poniendo
grandes copones en él a los que se recurre cuando llega el momento de la
comunión de los fieles? En una diócesis que conozco, el obispo resolvió el
problema diciendo: «¡Quiero pan fresco para una Eucaristía fresca!» Y todos,
desde los sacerdotes hasta los sacristanes, lo entendieron. ¿No sería una buena
idea también cuidar el pan para la Eucaristía, para que sepa más a pan? ¿No
dice nada la verdad del signo? (cf. Bugnini, La reforma litúrgica, 741).
60 Cf. Giraudo, In unum corpus, 570-571. Al decir «fragmentos», me refiero
a los fragmentos de pan eucarístico; evidentemente no a las pequeñas grapas
metálicas o a los trozos de plástico que, no raramente, se encuentran en el
copón en el momento de la purificación. Me pregunto: ¿dónde habrá ido a
parar el tamiz que se usaba en las sacristías de otro tiempo para seleccionar
las hostias para poner en la píxide?
61 Aparte del caso de la misa celebrada en pequeñas comunidades, la aper-
tura a los laicos de la comunión bajo las dos especies −a 50 años de Sacrosanctum
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104 Cesare Giraudo
que no se cansan de explicar a los fieles que la Eucaristía no
es una recompensa para los sanos, sino una medicina para
los enfermos.62
16. Bienaventurados los sacerdotes que, para poder celebrar
mejor, aman concelebrar cuando las circunstancias lo
permiten.63
17. Bienaventuradas las Conferencias Episcopales que, en virtud
del Motu proprio Magnum Principium con el que el papa
Francisco les devolvió la competencia sobre las traducciones
litúrgicas, se proponen −en un futuro no muy lejano− revisar
la traducción de las plegarias eucarísticas en nombre de una
«translatio semper aptanda».64
18. Igualmente bienaventuradas las Conferencias Episcopales
que, para fomentar la participación activa de los fieles en la
plegaria eucarística y obviar las limitaciones inherentes a
Concilium 55− seguía siendo letra muerta. Ahora, en el debate conciliar que
hizo posible esta concesión, el obispo melquita Neophytos Delby −respon-
diendo al cardenal Alfredo Ottaviani que lo atribuía al «pruritus innovatio-
num»− dijo: «Cristo el Señor instituyó el sacramento de la Eucaristía bajo las
dos especies de pan y vino, y quiso que los fieles se alimentaran regularmente
bajo ambas especies. Si Cristo pensó en hacerlo así, nadie puede dudar que
lo hizo bien. También hay que señalar que Cristo no reservó la comunión en
el cáliz solo para los sacerdotes, sino que se la permitió a todos los fieles; de
hecho, parece que lo ordenó, diciendo: «Bebed todos». Estas palabras del Señor
son seguras y claras» (Acta Synodalia Concilii Vaticani II, vol. I, pars II, p. 18.85).
62 Cf. C. Giraudo, L’eucaristia: premio per i sani o medicina per i malati? Nuovi
orizzonti di teologia a partire dalle anafore d’Oriente e d’Occidente, en La Civiltà
Cattolica 166 (2015) 480-493.
63 En el debate conciliar que llevó a la restauración de la concelebración
(cf. Sacrosanctum Concilium 57), respondiendo a las acusaciones del cardenal
Ottaviani que había definido la concelebración como «una forma teatral»,
Mons. Edelbydid dijo: «No concelebramos porque no haya altares o para
ganar tiempo. Nosotros concelebramos porque la concelebración resalta
mejor la unidad del sacerdocio, así como la unidad del sacrificio místico [...]
Nosotros no concelebramos cuando no podemos celebrar individualmente.
Concelebramos porque queremos celebrar mejor» (Acta Synodalia Concilii
Vaticani II, vol. I, pars II, p. 19.88).
64 Cf. C. Giraudo, «El lenguaje del Misal Romano: “Translatio semper
aptanda”», en Pastoral Litúrgica 352 (2016) 43-57.
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La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legítimo progreso» 105
su normal amplitud, se preocupan de insertar apropiadas
aclamaciones de la asamblea.65
19. Aún más bienaventuradas son las Conferencias Episcopales
que, sensibles a las exigencias de la inculturación, se preo-
cupan por dar a la plegaria eucarística el rostro de su propia
Iglesia, como lo ha hecho la Iglesia suiza con el canon suizo-
romano66 y la Iglesia zaireña con su propio Misal,67 y como
lo podrá hacer un día la Iglesia española aprovechando con
más valentía los dones de la tradición hispano-mozárabe.68
20. Bienaventurados seremos todos si, convencidos verdadera-
mente de que la «nueva evangelización»69 es una evangeli-
zación mistagógica, es decir, una evangelización a partir de
65 Son anamnéticas cuatro aclamaciones que, en la anáfora zaireña, ritman
la alabanza; son, sin embargo, epicléticas tres aclamaciones que, en la misma
anáfora, especifican la epíclesis de comunión y las intercesiones (cf. Giraudo,
In unum corpus, 401-403; cf. también 31778 y 318). Otro elemento a considerar
es la monición «Misterio de la Fe», que en el Misal de Pablo VI precede a la
anámnesis, y que actualmente se confía al celebrante principal. Una eventual
revisión de la rúbrica debería tener en cuenta que se trata de una monición
al pueblo, de carácter no presidencial. El presidente está de hecho ocupado
en su discurso oracional a Dios. Esta monición típicamente diaconal debería
por tanto ser confiada al diácono, como el Misal alemán ha hecho desde hace
tiempo. Además sería bueno −siguiendo el ejemplo del Misal español− tener
tres moniciones diferentes en correspondencia con las tres aclamaciones del
Misal, para evitar intervenciones banales del tipo: «¡Ahora tomaremos la 2ª
(o 3ª) fórmula!». Como la monición es como la batuta del director que da la
entrada, a cada aclamación debe corresponder a su propia monición, capaz
de suscitarla.
66 Para el intento de inculturación ofrecido por el canon suizo-romano, cf.
Giraudo, In unum corpus, 398.
67 Sobre la anáfora zaireña, cf. Giraudo, In unum corpus, 398-402. Reciente-
mente esta anáfora ha recobrado notoriedad por el prólogo del papa Francisco
al libro coordinado por Rita Mboshu Kongo, Papa Francesco e il «Messale
Romano per le Diocesi dello Zaire». Un rito promettente per altre culture, Città del
Vaticano: LEV 2020, 3-6.
68 Para un apunte sobre esta tradición, cf. Giraudo, In unum corpus, 319-323.
69 Se trata de una expresión frecuente en los escritos de Juan Pablo II. Se
encuentra, por ejemplo, en Novo millennio ineunte, núm. 40.58 y en Ecclesia de
Eucharistia, núm. 6.
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106 Cesare Giraudo
la liturgia, una evangelización a través de la liturgia, somos
capaces de comprometernos en todos los frentes para mejo-
rar la calidad de nuestras celebraciones, promoviendo el ars
celebrandi, que no es prerrogativa del sacerdote, sino el arte
de toda la comunidad celebrante.
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Núm. 359 – enero / marzo – Phase 61 (2021) 107-113
Los hermanos de Betania
y tres doctores de la Iglesia.
Nuevas inscripciones
en el «Calendario Romano General»
Salvador Aguilera López
Abstract: The inclusion in the Gene- Resumen: La inclusión en el Calen-
ral Roman Calendar of the three dario Romano General de los tres
brothers from Bethany and three hermanos de Betania y de tres
new doctors has been the occa- nuevos doctores ha sido la oca-
sion for the author to analyse sión para que el autor analice
these liturgical celebrations. estas celebraciones litúrgicas.
Keywords: General Roman Calen- Palabras clave: Calendario Romano
dar, Doctors of the Church, pope General, doctores de la Iglesia,
Francis, Sanctorale. papa Francisco, santoral.
Salvador Aguilera López, presbítero de la archidiócesis de Toledo
es licenciado en teología litúrgica por la Universidad Eclesiás-
tica San Dámaso y en liturgias orientales por el Pontificio Insti-
tuto Oriental de Roma. Además, es Oficial de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
phase 359.indb 107 26/02/2021 8:27:26
108 Salvador Aguilera López
P or medio de los decretos Sanctitas cum intellectu, de fecha 25
de enero (Prot. N. 40/21) y Marthæ, Mariæ et Lazari, de fecha
26 de enero (Prot. N. 35/21), el papa Francisco ha decretado tres
nuevas inscripciones y una modificación en el Calendario Romano
General.
En el primer decreto, el Pontífice señala que estos santos docto-
res, al ser discípulos de la sabiduría divina, se han convertido en
maestros de sabiduría para toda la Iglesia y, por tanto, «teniendo
en cuenta que recientemente han sido reconocidos con el título de
doctor de la Iglesia de Occidente y Oriente», se decreta la inscrip-
ción, en el Calendario Romano General con el grado de «memoria
ad libitum», de las celebraciones de san Gregorio de Narek, abad y
doctor de la Iglesia,1 el 27 de febrero, de san Juan de Ávila, presbítero
y doctor de la Iglesia,2 el 10 de mayo, y de santa Hildegarda de Bingen,
virgen y doctora de la Iglesia,3 el 17 de septiembre.4
Los motivos de la inserción de los nombres de María y Lázaro a
la memoria de Marta, ya inscrita en el Calendario Romano General
el 29 de julio con el grado de «memoria», los indica el Papa en el
segundo decreto. Por un lado, ya ha sido resuelta la incertidumbre
sobre la identidad de María y, por otro, el importante testimonio
evangélico que ofrecen los tres hermanos al hospedar, escuchar y
creer en Cristo.
1 Declarado doctor de la Iglesia por el papa Francisco el 12 de abril de 2015
(Carta Apostólica «Vidimus stellam eius»).
2 Declarado doctor de la Iglesia por el papa Benedicto XVI el 7 de octubre
de 2012 (Carta Apostólica «Caritas Christi»).
3 Canonizada por el papa Benedicto XVI el 10 de mayo de 2012 (De peracta
Canonizatione æquipollente Hildegardis Bingensis «Spiritum Sanctum usque invo-
cemus») y declarada «doctor Ecclesiæ» por el mismo Pontífice el 7 de octubre
de ese año (Carta Apostólica «Lux sui populi»).
4 Sobre los requisitos y el proceso para la concesión del título de doctor,
además de información sobre los doctores que, hasta ahora, aparecían en el
Calendario Romano General, ver: J. A. Goñi Beásoain de Paulorena, «Dos
nuevos doctores de la Iglesia: san Juan de Ávila y santa Hildegarda de Bingen»,
Phase 312 (2012) 579-595.
Núm. 359 – Phase 61 (2021) 107-113
phase 359.indb 108 26/02/2021 8:27:27
Los hermanos de Betania y tres doctores de la Iglesia 109
Doctores de la Iglesia en el «Calendario Romano General»
Otros doctores de la Iglesia que encontramos inscritos en el Calen-
dario Romano General son: santos Basilio Magno y Gregorio
Nacianceno, el 2 de enero; san Hilario, el 13 de enero; san Francisco
de Sales, el 24 de enero; santo Tomás de Aquino, el 28 de enero;
san Pedro Damiani, el 21 de febrero; san Cirilo de Jerusalén, el 18
de marzo; san Isidoro, el 4 de abril;5 san Anselmo, el 21 de abril;
san Atanasio, el 2 de mayo; san Efrén, el 9 de junio; san Antonio
de Padua, el 13 de junio; san Cirilo de Alejandría, el 27 de junio;
san Buenaventura, el 15 de julio; san Lorenzo de Brindis, el 21 de
julio; san Pedro Crisólogo, el 30 de julio; san Alfonso María de
Ligorio, el 2 de agosto; san Bernardo, el 20 de agosto; san Agustín,
el 28 de agosto; san Gregorio Magno, el 3 de septiembre; san Juan
Crisóstomo, el 13 de septiembre; san Roberto Belarmino, el 17 de
septiembre; san Jerónimo, el 30 de septiembre; santa Teresa del
Niño Jesús, el 1 de octubre; santa Teresa de Jesús, el 15 de octubre;
san León Magno, el 10 de noviembre; san Alberto Magno, el 15 de
noviembre; san Juan Damasceno, el 4 de diciembre; san Ambrosio,
el 7 de diciembre; san Juan de la Cruz, el 10 de diciembre; y san
Pedro Canisio, el 21 de diciembre.
La mayoría de las celebraciones en honor de dichos santos doctores
tiene el grado de «memoria ad libitum» a excepción de las siguien-
tes que tienen el grado de «memoria»: santos Basilio y Gregorio,
san Francisco de Sales, santo Tomás de Aquino, san Atanasio,
san Antonio de Padua, san Buenaventura, san Alfonso María de
Ligorio, san Bernardo, san Agustín, san Gregorio Magno, san Juan
Crisóstomo, san Jerónimo, santa Teresa del Niño Jesús, santa Teresa
de Jesús, san León Magno y san Juan de la Cruz.
Con la inserción de santa Hildegarda son ya tres las vírgenes que
cuentan con el título de «doctor Ecclesiæ»: santa Teresa del Niño
Jesús y santa Teresa de Jesús. Por otro lado, con la declaración de
san Juan de Ávila son cuatro los españoles que han recibido tal
título: san Isidoro, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.
5 En el Calendario propio de España, la celebración en honor de san Isidoro,
obispo y doctor de la Iglesia, aparece inscrita el 26 de abril con el grado de «fiesta».
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110 Salvador Aguilera López
Intervenciones del papa Francisco en el «Calendario
Romano General»
Con estas tres inserciones, son ya seis las celebraciones, con grado
de «memoria ad libitum», que el papa Francisco ha decretado inscri-
bir en el Calendario Romano General: bienaventurada Virgen María,
Madre de la Iglesia, lunes después de Pentecostés; san Pablo VI, papa,
29 de mayo; santa Faustina Kowalska, virgen, 5 de octubre;6 san Juan
XXIII, papa, 11 de octubre; san Juan Pablo II, papa, 22 de octubre;
bienaventurada Virgen María de Loreto, 10 de diciembre.
Además, a la modificación de título de la celebración del 29 de julio,
hemos de recordar que, el mismo Pontífice, elevó el grado de la
celebración de santa María Magdalena (22 de julio) de «memoria»
a «fiesta».7
Textos litúrgicos para la celebración eucarística
Se adjuntan a los citados Decretos los textos litúrgicos propios para
que sean traducidos y aprobados por las Conferencias de Obispos
y, tras recibir la oportuna confirmatio de la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sean publicados
por dichas Conferencias.8
Para las celebraciones de los tres doctores de la Iglesia, adjunto al
Decreto, se ofrecen la oración colecta para la celebración eucarís-
tica, señalando el respectivo Común para el resto de elementos,
y las lecturas para el Leccionario, haciendo referencia también al
Común.
Con respecto a la celebración litúrgica en honor de los Hermanos
de Betania, en el formulario de la misa, las antífonas de entrada y
comunión permanecen invariables, mientras que la oración colecta
es de nueva composición. La oración sobre las ofrendas y la oración
después de la comunión han sufrido ligeros cambios.
6 S. Aguilera López, «La celebración de santa Faustina Kowalska en el
Calendario Romano General», Phase 357 (2020) 441-447.
7 Decreto de 3 de junio de 2016 (Prot. N. 257/16).
8 Cf. Motu proprio Magnum principium; can. 838 § 3.
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Los hermanos de Betania y tres doctores de la Iglesia 111
Con respeto al Leccionario, las lecturas son las que ya aparecen
el 29 de julio: primera carta de san Juan (1Jn 4,7-16) y salmo res-
ponsorial (Sl 33,2-3.4-5.6-7.8-9.10-11). El aleluya (cf. Jn 8,12b) y
el evangelio, que es propio para esta memoria,9 cuenta con dos
opciones: «Creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Jn
11,19-27) y «Marta, Marta, andas inquieta y preocupara por muchas
cosas» (Lc 10,38-42).
Textos litúrgicos para la Liturgia de las Horas
Para los tres doctores de la Iglesia se ofrece, adjunto al Decreto,
una lectio altera para el Oficio de lectura de la Liturgia de las Horas.
Dichas lecturas proceden del Libro de las Lamentaciones10 de san
Gregorio de Narek, del Tratado sobre el amor de Dios11 de san
Juan de Ávila y de las cartas12 de santa Hildegarda. Además, el
primero de estos cuenta con antífonas propias para el Benedictus
y el Magnificat.
En cuanto a la celebración del 29 de julio, la nota hagiográfica ha
sido ampliada y los himnos latinos del Oficio de lectura, Laudes
y Vísperas han sufrido ligeras modificaciones. La segunda lectura
del Oficio de lectura, que antes era un Sermón de san Agustín,13
ahora es un Sermón de san Bernardo;14 el responsorio sigue siendo
el mismo.
9 En el núm. 83 del Ordo lectionum Missæ se indica que, en algunas ocasio-
nes, se proponen lecturas llamadas «propias» para las celebraciones de los
santos; al tratar de la persona del santo o del misterio, se hará uso de dichas
lecturas en lugar de las lecturas de la feria. Por tanto, dado que el día 29 de
julio el Leccionario señala que el evangelio es propio, la primera lectura y el
salmo pueden ser de la feria correspondiente, mientras que el evangelio ha
de ser una de las dos perícopas propuestas.
10 Oratio 70, III-IV: SCh 78, 369-370.
11 Tractatus de amore Dei erga nos, 1. 2. 4: Madrid 2004.
12 Ep. LII: Wernerio de Kircheim, cum ceteris societatis suæ fratribus: PL 197,
269-271.
13 Sermo 103, 1-2. 6: PL 38, 613.615.
14 Sermo 3 in Assumptione beatæ Mariæ Virginis, 4. 5: PL 183, 423. 424.
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112 Salvador Aguilera López
Elogios del «Martirologio Romano»
Con respecto al Martirologio Romano, los elogios de las celebra-
ciones de san Gregorio de Narek,15 san Juan de Ávila16 y santa
Hildegarda,17 no son de nueva composición sino que cambian
de posición; pasan del lugar en el que se encontraban, al primer
lugar de los elogios de ese día, excepto la Santa Doctora que va
en segundo lugar, tras el elogio de san Roberto Belarmino.18 En
cuanto al elogio del día 29 de julio, este es de nueva composición,
por tanto, sustituye al anterior.19
Dichas celebraciones en algunos Calendarios Particulares
En el Calendario propio de España, la celebración de san Juan de Ávila
tiene el grado de «memoria» y cuenta con un formulario completo
para la misa,20 exceptuando el prefacio.21 Como segunda lectura del
Oficio de lectura encontramos una plática enviada al P. Francisco
Gómez, de la compañía de Jesús, para ser predicada en el sínodo
15 San Gregorio de Narek se encuentra en el núm. 6: «In monasterio Narecénsi
in Arménia, sancti Gregórii, mónachi, doctóris Armenórum, doctrína, scriptis ac
mýstica sientia illustris».
16 San Juan de Ávila está en el núm. 10: «Montíliæ in Vandalícia Hispániæ
provincia, sancti Ioánnis de Abula, presbýteri, qui cunctam Bǽticam regiónem
Christum prǽdicans pererrávit et, iniúste de hǽresi suspicátus, in cárcerem trusus
est, ubi præcípuam doctrínæ suæ spiritális partem scripsit».
17 Santa Hildegarda aparece en el núm. 7: «In monastério Montis Sancti
Rupérti prope Bíngium in Hássia, sanctæ Hildegárdis, vírginis, quæ, sciéntia rerum
natúræ et medicínæ necnon arte música períta, quam mýstica contemplatióne expérta
erat, pie in libris expósuit ac descrípsit».
18 La diferencia entre el elogio de una celebración inscrita en el Calenda-
rio Romano General y el resto de celebraciones, es que, en el primero, no se
hace mención de algún lugar particular (ejemplo: «In monasterio Narecénsi in
Arménia», «Montíliæ in Vandalícia Hispániæ provincia» o «In monastério Montis
Sancti Rupérti prope Bíngium in Hássia») dado que tiene carácter universal.
19 «Memória sanctæ Marthæ, quæ Bethániæ prope Hierosólymam in domum
suam Dóminum Iesum excépit et, fratre mórtuo, conféssa est: “Tu es Christus Fílius
Dei qui in mundum venísti”».
20 Las antífonas de entrada y comunión proceden del Común de doctores
de la Iglesia del Misal Romano para España.
21 Prefacio de los Santos Pastores.
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Los hermanos de Betania y tres doctores de la Iglesia 113
diocesano de Córdoba en 1563, sobre la santidad sacerdotal.22
Además, señalamos que es el Patrón del Clero secular de España.
En los Calendarios propios de las diócesis de Ciudad Real y Cór-
doba, san Juan de Ávila se celebra con el grado de «fiesta». Esta
última cuenta con un formulario completo, en lengua latina y
española, tanto para la Misa como para la Liturgia de las Horas
en honor del Santo Doctor, aprobado por la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos con fecha de 2 de
abril de 2014 (Prot. N. 460/13/L).23
En el Calendario propio de Alemania la celebración de santa
Hildegarda está inscrita con el título de «Hl. Hildegard von Bingen.
Abtissin. Mystikerin» y tiene el grado de «memoria ad libitum». En
cuanto a textos propios, cuenta con la oración colecta24 y con una
segunda lectura para el Oficio de lectura.25
Finalmente, en el Calendario propio de las órdenes benedictina
y cisterciense, la celebración del día 29 de julio recibe el título de
«Sanctorum Marthæ, Mariæ et Lazari, Hospitum Domini».
22 Cf. Obras completas del santo maestro Juan de Ávila, 3, pp. 364-365. 370. 373.
Hacemos notar que en las additiones del Decreto de la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (25 de enero de 2021; Prot.
N. 40/21) se ofrece como lectio altera un texto procedente del Tratado sobre el
amor de Dios.
23 Como lectio altera, además de la ya citada plática enviada al P. Francisco
Gómez, cuentan también con un texto del Tratado sobre el amor de Dios
(Obras completas, I, núms. 10-11, BAC: Madrid, pp. 968-971).
24 Oración colecta: «Gott, du Quelle des Lebens, du hast die heilige Hil-
degard mit prophetischem Geist erfüllt. Hilf uns, nach ihrem Vorbild über
deine Wege nachzusinnen und deiner Führung zu folgen, damit wir in der
Dunkelheit dieser Welt das Licht deiner Klarheit erkennen. Darum bitten
durch Jesus Christus».
25 Cf. Lektionar zum studenbuch, I/7, p. 258-259: PL 197, 269 ss. Señalamos
que es la misma lectura que encontramos adjuntada al Decreto de la Congre-
gación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (25 de enero
de 2021; Prot. N. 40/21).
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Puntos de vista
«Celebrar la Palabra de Dios»
Un comentario al margen de la Nota de
la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos
Juan Javier Flores Arcas
Con fecha de 17 de diciembre de 2020 y firmada por el cardenal
Robert Sarah y por el arzobispo secretario Arthur Roche, la Con-
gregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,
ha publicado una nota sobre el Domingo de la Palabra de Dios.
Ciertamente dicha nota hay que ponerla en relación con la Carta
apostólica en forma de motu proprio del santo padre Francisco
Aperuit Illis con la que se instituye el Domingo de la Palabra de Dios
con fecha del 30 de septiembre de 2019.
Ciertamente dicha nota nos parece muy oportuna, aunque solo
sea por recordar ciertos aspectos de nuestra celebración litúrgica
que nunca vienen mal recordar y que ayudan a una dignificación
de nuestra celebración.
Todo esto está dicho caramente al final de la nota:
Esta nota… quiere reavivar la conciencia de la importancia de la
Sagrada Escritura en nuestras vidas de creyentes, a partir de su
resonancia en la liturgia, que nos pone en diálogo vivo y permanente
con Dios.
Y se nos recuerda, y con un texto tomado expresamente de la
exhortación apostólica Evangelii gaudium 174, que:
Juan Javier Flores Arcas, monje benedictino de la abadía de Santo
Domingo de Silos.
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116 Puntos de vista
La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaris-
tía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve
capaces de un auténtico testimonio evangélico.
La ocasión de la nota, como del documento papal, es potenciar el
Domingo de la Palabra de Dios, pero esa es la ocasión para precisar
puntos importantes de la liturgia de la Palabra.
Veamos algunos aspectos que nos pueden interesar. Lo primero
sería observar las citas a pie de página.
Las primeras están tomadas −como podía esperarse− de la carta
apostólica Aperuit illis del papa Francisco y de la que encontramos
3 citas; también hay dos citas de la exhortación apostólica Evangelii
gaudium y otra de la carta apostólica Scriptura sacrae affectus en el
XVI centenario de la muerte de san Jerónimo del 30 de septiembre
de 2020.
Del papa Benedicto XVI se cita, naturalmente, la Exhortación
apostólica Verbum Domini.
Tras los documentos del magisterio papal abundan las citas del
Concilio Vaticano II, como la Sacrosanctum Concilium y la Dei
Verbum.
Viene citado también el Caeremoniale Episcoporum en dos ocasiones
y el Directorio homilético, de la misma Congregación para el Culto
Divino, en tres ocasiones.
Y por supuesto las citas que más abundan son las del Ordo lectionum
Missae en su edición de 1981 (OLM) además de las de la Institutio
generalis Missalis Romani (IGMR).
La nota 28 recoge, en cambio, un texto de la Institutio generalis de
Liturgia Horarum que recuerda que «en la celebración litúrgica, la lec-
tura de la Sagrada Escritura siempre va acompañada de la oración».
Tras las notas el contenido del que sintetizo los puntos más esen-
ciales o significativos.
Son diez puntos que merece la pena subrayar y, a pesar de que no
haya novedades significativas, hay precisiones que merece la pena
destacar y que sin duda alguna mejorarán nuestra celebración.
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Puntos de vista 117
El punto primero insiste en la importancia de la proclamación de
la lectura bíblica en la liturgia pues precisamente por medio de
ella Dios habla a su pueblo.
Se sugiere −pensando en el Domingo de la Palabra de Dios− la
procesión de entrada con el Evangeliario como forma particular
e interesante de veneración que se debe a la Palabra de Dios.
El punto segundo se detiene en la necesidad de respetar las lecturas
indicadas, sin sustituirlas o suprimirlas y respetando las lecturas
indicadas, utilizando versiones de la Biblia aprobadas para el uso
litúrgico. Lo que puede parecer innecesario ciertamente no lo es
si observamos la praxis celebrativa en vigor.
La importancia del salmo responsorial como respuesta de la Iglesia
orante es una recomendación importante que conlleva el servicio
del salmista en cada comunidad.
El tema de la homilía ha sido últimamente muy tratado, incluso por
el papa Francisco, pero la insistencia en ella tiene su fundamento,
así como la recomendación de que esta parta de las lecturas bíblicas,
de los misterios de la fe y las normas de vida cristiana.
Importante y novedosa es, en cambio, la insistencia en el silencio
que favorece la meditación y permite que la Palabra de Dios sea
acogida interiormente por quien la escucha. No estamos muy
acostumbrados a los silencios en las celebraciones y que se nos
recuerde es muy importante.
Quienes proclaman la Palabra de Dios en la asamblea: sacerdotes,
diáconos y lectores realizan un ministerio que exige una prepara-
ción interior y exterior. Nunca viene mal que quienes prediquen
tenga familiaridad con el texto que se proclama.
Muy importante me parece la invitación a cuidar el ambón desde el
cual se proclama la Palabra de Dios y el recordarnos precisamente
que el ambón está reservado para las lecturas, el canto del salmo
responsorial y el pregón pascual; en él se pueden pronunciar la
homilía y las intenciones de la oración universal pero no es acon-
sejable que se hagan en el ambón comentarios, avisos o incluso la
dirección del canto.
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118 Puntos de vista
Importante la recomendación de leer siempre en los leccionarios
de los cuales se ha de cuidar su aspecto material y su buen uso
evitando folletos, fotocopias o subsidios.
En torno al Domingo de la Palabra de Dios instituido por el papa
Francisco se harán encuentros formativos que pongan de manifiesto
el valor de la Sagrada Escritura en las celebraciones litúrgicas.
Con este motivo se aconseja un buen conocimiento de los criterios
con los que se hicieron los leccionarios y sus diversas formas de
selección de textos: lectura continua, semicontinua y tipológica.
Finalmente, la creación de este domingo será una ocasión para
profundizar en el vínculo existente entre la Sagrada Escritura y la
Liturgia de las Horas. Ayudará a potenciar la oración de los salmos
y cánticos del Oficio, las lecturas bíblicas y sobre todo a promover
la celebración comunitaria de Laudes y Vísperas.
Al finalizar este comentario no me queda más que agradecer a la
Congregación para el Culto Divino dicha nota y todo lo que con-
lleva, en vistas a mejorar nuestra celebración eucarística.
Recordar es también potenciar y por supuesto mejorar.
Y de todo ello necesita nuestra celebración litúrgica; no dé pasos
atrás sino de marcha hacia adelante, mejorando todo lo mejorable
y potenciando todo lo potenciable.
Y todo ello en sintonía con cuanto en la Vicesimus quintus annus
decía el papa Juan Pablo II:
Dado que la mayor parte de los libros litúrgicos han sido publicados,
traducidos y puestos en uso, es necesario mantener constantemente
presentes estos principios y profundizarlos (núm. 5).
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Puntos de vista 119
El acceso de las mujeres
a los ministerios instituidos
Jaume Fontbona Missé
Hay que tener en cuenta la historia para comprender el paso,
aunque parezca pequeño en la actualidad, que el actual obispo de
Roma Francisco, ha dado con la Carta apostólica Spiritus Domini
en forma de motu proprio (11 enero 2021).
Desde la Edad Media se aplicaron a las mujeres las prescripciones
relativas a la impureza del Levítico, y el presbiterio se ha convertido
en un lugar sagrado, separado de la asamblea. La reforma conciliar
del Vaticano II consigue derribar esta barrera de separación (cance-
lli), pero no la mentalidad, pues todavía hay mujeres que recuerdan
tener prohibido el acceso al presbiterio. Y es precisamente desde
el presbiterio y en él donde se ejercen los ministerios de lector y
acólito, hasta ahora reservado a los varones laicos (viri laici), según
el primer párrafo del antiguo canon 230 del CIC de 1983.
Con otra Carta apostólica en forma de Motu proprio Ministeria
quaedam (15 agosto 1972) se suprimieron las llamadas órdenes
menores y el subdiaconado y se instituyeron los ministerios laica-
les del lectorado y del acolitado. Esta carta es del obispo de Roma
Pablo VI y precisa que la colación de estos ministerios no debe
llamarse ordenación sino institución, pues son laicales y no ordena-
dos al servicio del sacerdocio común (Lumen gentium 10) como lo
son el ministerio del obispo, de los presbíteros y de los diáconos.
Las órdenes menores eran ejercidas en el ámbito del templo y de
lo sagrado; así el ostiario recibe las llaves de la iglesia (pues su
oficio consiste en abrir la puerta y tocar la campana), el lectorado
recibe el libro de las lecturas, el exorcista recibe el libro de los exor-
cismos, el acolitado recibe un candelero con la vela apagada (pues
enciende las luces de la iglesia) y unas vinajeras vacías. Luego, y
Jaume Fontbona i Missé, doctor en teología profesor ordinario de la
Facultad de Teología de Catalunya.
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120 Puntos de vista
según Ministeria quaedam, mientras en el número 3 afirma que «los
ministerios pueden ser confiados a seglares, de modo que no se
consideren como algo reservado a los candidatos al sacramento
del Orden», en el número 7 concreta que «la institución del Lector
y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva
a los varones». Precisamente son los dos ministerios que se ejercen
desde el presbiterio y en él, pues ambón (sede de la Palabra) y altar
están en el presbiterio. San Pablo VI no habla de cuáles pueden ser
los demás ministerios instituidos, pues los deja al criterio de las
variadas Conferencias episcopales, en la línea del Decreto sobre la
actividad misionera Ad gentes, que en el núm. 15 dice:
Ahora bien, para la implantación de la Iglesia y el desarrollo de la
comunidad cristiana son necesarios varios ministerios (varia minis-
teria), que todos deben favorecer y cultivar diligentemente, con la
vocación divina suscitada de entre la misma congregación de los
fieles, entre los que se cuentan las funciones (munera) de los sacerdo-
tes, de los diáconos y de los catequistas y la Acción Católica. Prestan,
asimismo, un servicio indispensable los religiosos y religiosas con
su oración y trabajo diligente, para enraizar y asegurar en las almas
el Reino de Cristo y ensancharlo más y más.
Así pues los posibles ministerios a instituir, además de los ya insti-
tuidos del lectorado y acolitado, deben estar en función de la acción
evangelizadora de la Iglesia y de su edificación como Cuerpo de
Cristo, pues por el sacramento del bautismo, todas y todos somos
miembros del Cuerpo del Señor resucitado en virtud de un mismo
don y auténticamente responsables de la vida de la Iglesia. Aunque
sepamos que la Iglesia recibe de su origen apostólico un ministerio
(la ἐπισκoπή) que conlleva una responsabilidad particular para que
sea ejercida en el seno de esta responsabilidad común. La Iglesia
no puede dispensar de ninguno de ambos dones, pues el primero
se ordena al segundo (cf. LG 10). Todas las personas bautizadas
somos radicalmente iguales; pero, en esta igualdad radical (de
raíz), se inserta la autoridad (ἐξoυσία) específica que algunos
poseen en virtud de la que el Espíritu Santo ha suscitado al inicio
de la predicación apostólica, estructurando la Iglesia como una
comunión, un tejido que tiene como urdimbre la igualdad radical
de todas y todos, y como trama, la diversidad. Igualdad y diversi-
phase 359.indb 120 26/02/2021 8:27:30
Puntos de vista 121
dad dadas a la vida de Iglesia sacramentalmente. Así los ministerios
laicales se fundan en los sacramentos de la iniciación cristiana y el
ministerio ordenado del obispo, de los presbíteros y diáconos en el
sacramento del Orden. En efecto, el Vaticano II define y estructura
el sacerdocio de los fieles por los tres sacramentos de la iniciación
cristiana (cf. LG 11A).
En la citada Spiritus Domini, el actual obispo de Roma, en la estela
abierta por el Vaticano II y que se ha ido concretado en distintas
asambleas sinodales, concreta:
El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la
Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que
permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación
de la Iglesia y al anuncio del Evangelio. Estos carismas, llamados
ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia,
se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable
[...] Algunas asambleas del Sínodo de los Obispos han evidenciado
la necesidad de profundizar doctrinalmente en el tema, para que
responda a la naturaleza de dichos carismas y a las necesidades de los
tiempos, y ofrezca un apoyo oportuno al papel de la evangelización
que atañe a la comunidad eclesial.
Y ¿qué dice la actual IGMR sobre el lectorado y el acolitado? En
el número 98 se dice que la función del acólito instituido consiste
en «servir al altar y ayudar al sacerdote y al diácono»; y que «su
misión principal es la de preparar el altar y los vasos sagrados y,
si es necesario, distribuir la Eucaristía a los files, como ministro
extraordinario». Y en el número 99 se dice que la función del lector
consiste en «leer las lecturas de la Sagrada Escritura, exceptuando
el Evangelio; también puede proponer las intenciones de la oración
de los fieles y, si no hay salmista, decir el salmo entre las lecturas».
Y las funciones más concretas en la celebración eucarística son
detalladas en los números 187-193 (acólito) y 194-198 (lector).1
Pero no se especifica su misión evangelizadora, sobre todo la
del lectorado, teniendo en cuenta que la misión de la Iglesia es el
1 Conviene notar aquí el interesante artículo de Josep Urdeix sobre estos
ministerios instituidos: «Presente y futuro del lector y del acólito», Phase 25
(1975) 435-451.
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122 Puntos de vista
anuncio de la salvación contenido en las Sagradas Escrituras. Sin
embargo, el papa Francisco –en su carta dirigida al Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe sobre este tema– insiste en
la idea de que los ministerios laicales (no ordenados) deben estar «al
servicio de los pobres y del anuncio del Evangelio en fidelidad al
mandato de nuestro Señor Jesucristo». Y por eso insiste:
Es tarea de los pastores de la Iglesia reconocer los dones de cada bau-
tizado, dirigirlos también hacia ministerios específicos, promoverlos
y coordinarlos, para que contribuyan al bien de las comunidades y
a la misión confiada a todos los discípulos.
En consecuencia hay que avanzar en la ministerialidad eclesial y en la
sinodalidad, es decir, en el caminar juntos el sacerdocio ministerial
u ordenado con el sacerdocio común o bautismal.
Y ¿porqué ahora las mujeres pueden acceder a estos ministerios
instituidos? En la citada carta al Prefecto (11 enero 2021), el mismo
papa Francisco lo aclara:
Ofrecer a los laicos de ambos sexos la posibilidad de acceder a los
ministerios del Acolitado y del Lectorado en virtud de su partici-
pación en el sacerdocio bautismal, aumentará el reconocimiento,
también a través de un acto litúrgico (institución), de la preciosa
contribución que desde hace tiempo muchísimos laicos, también
las mujeres, aportan a la vida y a la misión de la Iglesia. […] La
decisión de conferir también a las mujeres estos cargos, que impli-
can estabilidad, reconocimiento público y un mandato del obispo,
hace más efectiva en la Iglesia la participación de todos en la obra
de evangelización. «Esto da lugar también a que las mujeres tengan
una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones
más importantes y en la guía de las comunidades, pero sin dejar de
hacerlo con el estilo propio de su impronta femenina» (Francisco,
Exhortación Apostólica Querida Amazonia, 103). El «sacerdocio
bautismal» y el «servicio a la comunidad» representan así los dos
pilares en los que se basa la institución de los ministerios. De este
modo, además de responder a lo que se pide para la misión en el
tiempo presente y de acoger el testimonio de muchísimas mujeres
que se han ocupado y siguen ocupándose del servicio a la Palabra y
al Altar, se hará más evidente –también para quienes se encaminan
hacia el ministerio ordenado– que los ministerios del Lectorado y
del Acolitado están enraizados en el sacramento del Bautismo y de la
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Puntos de vista 123
Confirmación. De esta manera, en el camino que lleva a la ordenación
diaconal y sacerdotal, los que han sido instituidos Lectores y Acólitos
comprenderán mejor que participan en un ministerio compartido
con otros bautizados, hombres y mujeres. Así, el sacerdocio propio
de cada fiel (commune sacerdotium) y el sacerdocio de los ministros
ordenados (sacerdotium ministeriale seu hierarchicum) se mostrarán
aún más claramente ordenados entre sí (cf. LG 10), para la edificación
de la Iglesia y para el testimonio del Evangelio.
Así el papa Francisco aclara que este acceso a estos ministerios
instituidos no es una puerta abierta a la ordenación de las muje-
res, pues queda muy clara la distinción entre ministerio instituido
y ministerio ordenado. Pero no se cierra la posibilidad de ordenar
mujeres al diaconado, una vez se pueda redefinir en un futuro como
orden abierto a hombres y mujeres. Otra cosa es la ordenación de
mujeres al ministerio del obispo y de los presbíteros. La razón se
funda en la vinculación de ambos con la presidencia de la Euca-
ristía (y en el caso del obispo, también con la presidencia de una
Iglesia local o diocesana) y en su íntima relación sacramental, pues
forman un único colegio en cada Iglesia local (el presbyterium, cf.
LG 28; PO 7), mientras el diaconado no es un orden colegial y está
al servicio del obispo diocesano y de su presbiterio.2
En conclusión, queda camino por andar, y a los teólogos, la tarea
de profundizar en el sacramento del Orden y en la ministerialidad
eclesial al servicio de los pobres y del anuncio del Evangelio. Que
la fuerza del Espíritu nos inspire y nos acompañe en la misión.
2 Véase esta reflexión más ampliada en mi libro editado en catalán: El
ministeri de comunió en l’Església avui (CPL Libri), Barcelona: CPL 2021.
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124 Puntos de vista
Gramática y sintaxis del ministerio eclesial.
«Spiritus Domini» como
«cambio de paradigma»*
Andrea Grillo
La tarea de la teología –como dice una larga tradición y como ha
resumido recientemente el papa Francisco en su famoso discurso
al Colegio de Escritores de la Civiltà Cattolica–1 es un servicio
eclesial que se alimenta de tres íes: inquietud, imperfección e
imaginación. Evidentemente, el magisterio de la cátedra pastoral
se nutre de manera diferenciada del trabajo teológico. Lo asume,
lo estudia, lo tolera y a veces lo contrasta. A su vez, el magisterio
de la cátedra teológica, que elabora la tradición en el sentido más
pleno y más libre, se encuentra interactuando con el magisterio
episcopal y papal en formas unas veces más pacíficas, otras veces
más conflictivas.
La gran diferencia sigue siendo, sin embargo, entre la «eficacia
inmediata» del magisterio episcopal y la «eficacia mediata» del
magisterio teológico. En este sentido, continuar el camino abierto
por las proposiciones del Magisterio es una parte del trabajo que la
teología realiza de oficio. No se trata de algo eventual, sino necesario.
En este caso, quisiera detenerme en la relectura de dos textos, que
el 10 y 11 de enero de 2021 –hace menos de un mes– firmó el papa
Francisco sobre el tema de los ministerios instituidos y que represen-
tan, para la teología católica del ministerio eclesial, un pasaje que
Andrea Grillo es doctor en teología litúrgica.
* Traducción de Lino Emilio Díez Vallarades, sss, del original italiano [en
línea], Citta de la editrice <https://www.cittadellaeditrice.com/munera/
grammatica-e-sintassi-del-ministero-ecclesiale-spiritus-domini-come-
cambio-di-paradigma/> [consulta: 15 de febrero de 2021].
1 Discorso alla Civiltà Cattolica [en línea], Citta de la editrice <http://www.
cittadellaeditrice.com/munera/discorso-alla-civilta-cattolica-1-il-testo/>
[consulta: 13 de febrero de 2021].
phase 359.indb 124 26/02/2021 8:27:31
Puntos de vista 125
no es exagerado definir como punto de inflexión. Nos enfrentamos
a un cambio de paradigma, sobre cuyos efectos nos cuesta hacer un
adecuado ejercicio de imaginación.
Como siempre, incluso de Cristóbal Colón, se podría decir: fue
un error, quiso ir a la India y fracasó. Incluso de estos dos textos
recientes se podría leer: nada nuevo, simplemente registra lo que
se ha hecho desde hace 50 años, siempre llegamos tarde, es una
cosa ridícula...
En realidad en estos dos textos encontramos, por primera vez
expresada de manera oficial en la larga historia de la Iglesia
católica antigua, medieval, moderna y contemporánea, la supe-
ración de una «reserva masculina del ministerio eclesial» que fue
considerada, durante muchos siglos, un elemento perteneciente
a la «sustancia del mismo ministerio». Este paso tiene un valor en
sí mismo, al superar una evidencia clásica, asumiendo una nueva
visión. Por lo tanto, me gustaría presentar los puntos de novedad de
los dos textos y destacar cómo aparecen oficialmente formas argu-
mentativas cuya fecundidad no será fácil de detener en el futuro.
a) El Motu proprio «Spiritus Domini»
Con una técnica que no es infrecuente, el primer documento, direc-
tamente operativo, es muy breve y se limita a realizar, con la auto-
ridad de un Motu proprio, una modificación del Código de Derecho
Canónico (can. 230), en el que suprime la «reserva masculina» esta-
blecida para lo que se llamaban, antes de 1972, órdenes menores
y que desde entonces se denominan «ministerios instituidos». Es
evidente que este punto de inflexión –que suprime la exclusividad
masculina para el acceso al lectorado y al acolitado– se apoya en el
gran cambio de paradigma que el Concilio Vaticano II había realizado
primero a nivel de las órdenes mayores, y que Ministeria quaedam
de Pablo VI realizó a nivel de las órdenes menores. Resumamos
brevemente estos dos pasajes:
– El Concilio reinterpreta las órdenes mayores de forma muy
articulada: recupera el episcopado dentro del sacramento
del orden como su cumbre; excluye el subdiaconado; supera
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126 Puntos de vista
la distinción estructural entre potestas ordinis y potestas iuris-
dictionis.
– Con Ministeria quaedam no solo se reducen las órdenes
menores a dos (de las 4 o 5 que eran), sino que se desligan del
sacramento del Orden y se incardinan en el sacramento del
bautismo. Ya no son grados inferiores del ministerio ordenado,
sino articulaciones oficiales de los carismas de los bautizados.
Se trata de una poderosa reinterpretación, sistemática y prácti-
camente muy audaz, cuyos efectos van tomando cuerpo y forma
lentamente. Pero en esa reforma, que había replanteado tan pro-
fundamente la tradición, la reserva masculina en todos los grados
del ministerio –instituido u ordenado– seguía siendo digna de
veneración y, por tanto, no se superaba.
b) La carta que acompaña a «Spiritus Domini»
En una carta, que lleva la fecha del día siguiente, el papa Francisco
expone los argumentos que llevaron a la decisión del día anterior.
Y en el texto se encuentra una relectura apasionada de la tradición
ministerial de la Iglesia que, a lo largo de la historia, sin apartarse
nunca de la fidelidad a la palabra recibida del Señor, interpreta
de forma diferente las formas de autoridad y el ejercicio de los
oficios para la vida de la Iglesia. La «interpretación que la Iglesia
hace de sí misma» forma parte de su tradición. Y así, sin que haya
infidelidad, es posible que unas formas sean sustituidas por otras:
esto tampoco es «superar», sino «realizar» la tradición. En el plano
hermenéutico, el texto trabaja con delicadeza sobre la supuesta
reserva masculina, con vistas a una comprensión más amplia.
Pasa de una visión más estrecha a una más amplia del ministerio
fundado en el bautismo, la confirmación y la Eucaristía.
En el centro de la carta hay una frase que tiene un valor decisivo:
«Dado que el sacramento de las órdenes estaba reservado solo
a los hombres, esto también se aplicaba a las órdenes menores».
En el plano teológico se trata de una descripción de lo que durante
siglos se consideró vinculante y, diríamos, sustancial. Pero, si lo
examinamos desde el punto de vista sistemático, las novedades
con las que hacemos hoy son al menos tres:
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Puntos de vista 127
– las órdenes menores ya no son tales, sino que son, precisa-
mente, ministerios instituidos, que descienden de la iniciación
cristiana, no del sacramento del orden;
– la reserva a los hombres no se refiere hoy al «sacramento del
orden», sino a la «ordenación sacerdotal», es decir, al grado
del episcopado y del presbiterado, no al del diaconado;
– la relación entre los ministerios ordenados y los ministerios
instituidos no es paralela a la evidencia de la reserva mascu-
lina: el grado del diaconado, aunque esté dentro de los «minis-
terios ordenados», no está cubierto por la reserva mencionada
en la Carta y que se remonta a la Ordinatio sacerdotalis de 1994.
Esto significa que no hay una coincidencia completa entre la
distinción dentro del ministerio hecha por Pablo VI en 1972 y
las palabras de Juan Pablo II sobre el sacerdocio. El ejercicio de
la palabra autorizada, en la Iglesia, no está reservado solo a los
bautizados varones. Lo que ha sido venerable, como la reserva,
no es «de sustancia» para el ejercicio del ministerio. Y esto es, en
efecto, un verdadero cambio de paradigma.
c) Las palabras definitivas y las nuevas evidencias
La sociología, o la fisiología, como la geografía o la física, tam-
bién tienen sus nuevas evidencias. La antigua práctica de ordenar
solo a varones para el lectorado y el acolitado había encontrado,
en la historia, diversos argumentos. La mujer no está dotada de
autoridad; la mujer, en general, es puramente pasiva; la mujer no
debe acercarse a las cosas sagradas porque, al menos una vez al
mes, es impura. Un universo de cultura sociológica, fisiológica y
biológica ha hecho sentir su autoridad incluso sobre los teólogos.
Algunos de ellos siguen asumiendo estos prejuicios como si fueran
palabra de Dios.
Es singular observar cómo estas visiones tuvieron la fuerza de
convencer incluso a los hombres más sabios del pasado: sobre la
prohibición de bautizar y enseñar a las mujeres. Tertuliano fue un
maestro muy escuchado, y cuando Tomás de Aquino tuvo la fuerza
de corregirlo, tuvo que recurrir a una evidencia no teológica, sino
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128 Puntos de vista
sociológica. Utilizando su «arte de distinguir», el Doctor Angélico
formalizó un «espacio de autoridad femenina» estrictamente
privado. A la mujer se le podía conceder autoridad, pero solo de
forma residual y nunca en público. Este argumento, que no existía
antes, perduró hasta el siglo xix. Así, un siglo después, poco antes
de su muerte, Juan XXIII, en la Pacem in Terris, pudo reconocer en
la «entrada de la mujer en el espacio público» uno de los «signos
de los tiempos» de nuestra época. Por eso la pequeña variación
textual que propone Spiritus Domini es un cambio de paradigma.
La mujer entra oficialmente en el espacio público de la autoridad
eclesial, con todas las de la ley. No serán ciertamente las distin-
ciones sistemáticas antiguas o recientes las que podrán impedir
a este comienzo todo su desarrollo, pastoral y eclesial. La reserva
masculina, que se ha considerado sustancial para el ejercicio de
cualquier autoridad eclesial, ya no es, como tal, una garantía para
la tradición. Se trata de un punto de no retorno, para cuya reflexión
no basta una preciosa «teología de la autoridad», sino que es nece-
sario que la teología ponga en juego toda su autoridad, sin miedo
y con mucha paciencia.
¿Una liturgia paganizada?
Josep Lligadas Vendrell
Si uno se acerca a los inicios del cristianismo y se pregunta por
los motivos por los que tuvo la aceptación que tuvo, creo que la
respuesta podría resumirse básicamente en estos enunciados:
En primer lugar, los cristianos tenían cosas que decir, y ofrecían
un relato centrado en una persona, Jesús, por medio de la cual
podíamos encontrar a Dios, y que mostraba un camino valioso
para la vida en este mundo y más allá de él, y todo ello frente a una
mitología que no tenía relación ni implicación en la vida humana.
Josep Lligadas Vendrell, doctor en teología.
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Puntos de vista 129
En segundo lugar, los cristianos vivían su fe con una convicción
total, aunque ello les acarreara persecución y muerte, especial-
mente por su negativa a aceptar a ningún señor que no fuera el
Señor Jesús, y por negarse, en consecuencia, a aceptar la sumisión
absoluta al emperador divinizado y la participación en los cultos
oficiales, que eran, para ellos, cultos a otros «señores».
En tercer lugar, los cristianos, a diferencia del paganismo, ofrecían
un tipo de religión, una fe, que estaba estrechamente vinculada
a una determinada forma de vida y a unos valores que se resu-
mían en el amor simultáneo a Dios y a los demás, y que estaban
en contradicción con la estratificada sociedad del imperio, lo que
resultaba atractivo para los pobres, pero también para muchas
otras personas con inquietudes humanistas.
En cuarto lugar, los cristianos tenían claro que en el pobre y en el
débil se manifestaba el rostro de Dios, lo que implicaba dedicarles
una especial atención y cuidado, algo que era, como hemos dicho,
absolutamente desconocido en la cultura del mundo pagano. Se
trataba, realmente, de una revolución cultural que los cristianos
hacían realidad en la atención a los necesitados, a los enfermos, a
las mujeres y los niños, a los esclavos.
Y en quinto lugar, los cristianos sintetizaban todo lo anterior en
el tipo de culto que celebraban. El culto pagano consistía en unos
ritos que realizaban los sacerdotes y a los que el pueblo asistía, e
intervenía en ellos mediante algún gesto simbólico. En cambio, el
culto cristiano era, como elemento central, un encuentro en el que
los participantes se sentían personalmente vinculados, compar-
tían la vivencia de la presencia de Dios y la unión con Jesucristo,
hacían ritualmente presente esa unión mediante la fracción del
pan, oraban, recibían la enseñanza de la fe, buscaban la fuerza
comunitaria para seguir adelante en su fidelidad al compromiso
cristiano, e intentaban responder a las necesidades de todo tipo
que se pudiesen plantear.
Partiendo de estos enunciados, y en especial del último, fijémonos
ahora en algunos planteamientos litúrgicos actualmente en boga.
Y empezaré poniendo un par de ejemplos.
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130 Puntos de vista
El 8 de diciembre del año pasado, día de la Inmaculada Concepción
de María, participé de la Eucaristía en una parroquia considerada
relevante. La liturgia estaba muy bien preparada y muy bien ejecu-
tada, con la solemnidad conveniente, con una presencia importante
del canto en los momentos adecuados, y con un coro que estaba a
la altura. La asamblea seguía la celebración devotamente.
Pero yo no me sentí cómodo. Y es que todo resultó muy hierático.
El presidente de la celebración no nos sonrió en ningún momento
ni hizo ningún gesto de proximidad con los participantes. El coro
cantaba muy bien, pero la asamblea se unía poco al canto. Y la
homilía me resultó muy decepcionante, porque su punto de partida
consistió en explicarnos que los cristianos lo somos realmente si
aceptamos que Dios puede hacer lo que quiera en todo momento
sin tener que darnos explicaciones, y por eso tenemos que creer que
María fue concebida sin pecado original. Luego explicó los motivos
que hacían conveniente este privilegio, y finalizó exhortándonos
de nuevo a esa fe que acepta sin dudar las verdades reveladas.
No dijo nada, o por lo menos yo no lo capté, que tuviera que ver
con mi vida. Y, casi sin darme cuenta, recordé lo que mi madre me
había trasmitido, cuando yo era pequeño, sobre el valor que para
ella tenía esta fiesta: una explosión de pureza en el más amplio
sentido de la palabra, de blancura, de luz que brilla más allá de toda
oscuridad. Y, con perdón, pensé que mi madre era mejor homileta
que aquel ilustre sacerdote.
El segundo ejemplo es más simple y funciona por contraste. El
20 de enero es el día de san Sebastián, copatrón de mi pueblo
por haberlo salvado de la peste en el siglo xvii. No es día festivo
laboralmente, pero en la misa solemne de la fiesta, a las 12 del
mediodía, acostumbra a participar bastante gente. Este año yo no
pude asistir, pero a primera hora de la tarde me encontré que salían
de un restaurante cuatro conspicuas feligresas, ya de una cierta
edad, todas viudas. Les pregunté qué hacían allí y me dijeron que
estaban celebrando san Sebastián. Que habían ido a la misa y, a la
salida, pensaron que lo mejor que podían hacer era continuar la
fiesta comiendo juntas. Y yo pensé que, sin duda, el presidente de
la celebración les habría sonreído más de una vez durante la misa.
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Puntos de vista 131
No sé, pero me da la sensación de que una parte de nuestros litur-
gistas, con su reivindicación de los ritos exactamente celebrados
según el Misal, de la elegancia de las formas, de un determinado
estilo de solemnidad, de la obsesión por el canto de todos los diá-
logos, aclamaciones, himnos y antífonas, de la sacralidad como
signo principal de la fe, etcétera, nos están paganizando la liturgia.
Lo importante, para estos liturgistas, es celebrar el culto como es
debido, en el sentido más rubrical de la expresión, dejando de
lado, o por lo menos dándole un lugar muy secundario, lo que la
liturgia cristiana tiene de acontecimiento comunitario, de proxi-
midad personal, de vida compartida, de anuncio estimulante de
la presencia del Señor en nuestro camino. O sea, más o menos lo
que hacían los sacerdotes del paganismo. Y si a ello le añadimos
una homilía como la que antes he reseñado, en la que no se nos
habló de la fe en nuestra vida, sino de misterios que tienen lugar en
ámbitos alejados de nuestra existencia y que no nos afectan en nada,
más o menos como si nos contaran el nacimiento de Venus entre
la espuma de las olas, la paganización se hace aún más completa.
Evidentemente que la celebración de la Eucaristía tiene que ser
digna, bien hecha, fiel a la fe de la Iglesia, lugar de vivencia de Dios
y de Jesucristo. Solo faltaría. Pero al mismo tiempo tiene que ser
la celebración de las personas, de la comunidad, de la vida que se
comparte. Y debe serlo no solo como una teoría o una convicción
interna que se supone que ya tienen clara los asistentes, sino como
algo que se ha de poder experimentar a través de los signos y los
ritos y a través de la forma y la actitud con la que estos se realizan.
Creo que el buen liturgista es aquel que ha entendido claramente,
y promueve con decisión, una liturgia fiel a todo lo que caracterizó
el culto cristiano de los inicios de la Iglesia y lo diferenció radical-
mente del culto pagano.
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Las celebraciones
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las celebraciones que no se realizan desde el altar o
desde el ambón, y con las moniciones y plegarias ade-
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Noticias
El ministerio de la liturgia
en el ministerio sacerdotal
El Centro Bíblico Teológico Pastoral para América Latina y el Caribe
(CEBITEPAL), organizó un Curso Internacional de Liturgia del 26
al 30 de octubre de 2020 bajo la plataforma de internet Zoom por la
pandemia del coronavirus, bajo el título El ministerio de la liturgia en
el ministerio sacerdotal. Los temas que se abordaron fueron: lunes 26:
El ministerio de la presidencia litúrgica por Aurelio García Macías,
doctor en liturgia, oficial de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos; martes 27: La homilía, por José
Antonio Goñi Beásoain de Paulorena, doctor en liturgia y profesor
en el Instituto San Anselmo de Roma; miércoles 28: La preparación
de la predicación por monseñor Damián Gustavo Nannini, obispo
de la diócesis de San Miguel-Argentina y licenciado en Sagrada
Escritura; jueves 29: La oración por Luis Jorge González OCD
de México, doctor en teología espiritual y profesor del Instituto
Teresianum en Roma; viernes 30: La fuerza evangelizadora de la
piedad popular por María del Pilar Silveira de Uruguay, doctora
en teología y profesora del Boston College (USA).
La Liturgia, lugar
del verdadero encuentro con el Dios vivo
La Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal
Peruana organizó la XXIX Semana Nacional de Liturgia, del 7 al 11
de diciembre con el lema La Liturgia, lugar del verdadero encuentro
con el Dios vivo, «en quien vivimos, nos movemos y existimos». Las
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134 Noticias
ponencias se desarrollaron de manera virtual por la pandemia del
coronavirus. Durante la semana participaron: Juan José Silvestre,
doctor en liturgia y profesor en la Pontifica Universidad de la
Santa Cruz; Juan Molina, MSC, licenciado en Estudios Teológicos
por el Agustiniano de Valladolid y licenciado en teología litúrgica
por la Universidad de la Santa Cruz de Roma; José Antonio Goñi
Beásoain de Paulorena, doctor en liturgia y profesor en el Pontificio
Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma; Fernando López Arias,
arquitecto, doctor en teología litúrgica y profesor en la Pontificia
Universidad de la Santa Cruz y en la Pontificia Universidad Grego-
riana, ambas de Roma; Gabriel García Báez, CP (Chile), licenciado
en liturgia por el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de
Roma; Juan Araya Chavarría, CSSR, licenciado en liturgia, profesor
del Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles de Costa
Rica; Guillermo Rosas, CSC, doctor en liturgia por el Pontificio
Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma, integrante del equipo
de liturgistas del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM),
vicedecano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad
Católica de Chile.
«Tradición-adaptación-traducción»
(SC 37-38)
La cuestión de la traducción
del Misal Romano y el problema
en diferentes lenguas
Con ocasión del 57 aniversario de la promulgación de la Constitu-
ción sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium, del Concilio Vaticano
II, el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma, el Centro
de Acción Litúrgica, la Asociación de Profesores y Cultores de
Liturgia de Italia y las Pías Discípulas del Divino Maestro orga-
nizaron una jornada de estudio el pasado 2 de diciembre de 2020
a través de la plataforma Zoom dedicada a «Tradición-adaptación-
traducción» (SC 37-38). La cuestión de la traducción del Misal Romano
y el problema en diferentes lenguas.
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Noticias 135
Abrió la Jornada el Preside del Pontificio Instituto Litúrgico Jordi-
Agustí Piqué i Collado. Intervino en primer lugar el moderador de
la Jornada Pietro Angelo Muroni, decano de la Facultad de Teología
de la Pontificia Universidad Urbaniana, que habló de La traducción
de los libros litúrgicos: el asilo de la reforma litúrgica. Después fueron
interviniendo: Jaume González Padrós, profesor del Instituto de
Liturgia ad instar Facultatis, ¿Un rito adaptable es un rito? Tensión
entre adaptación y formación litúrgica; Claudio Maniago, presidente
de la Comisión Episcopal para la Liturgia de Italia, La tercera edición
italiana del Misal Romano. Etapas del trabajo de redacción y criterios
de la traducción; Gilles Drouin, director del Instituto Superior de
Liturgia de París, Traducir/adaptar la liturgia, oscilaciones francesas;
Gregory J. Polan, gran canciller del Pontificio Ateneo San Anselmo,
Los cambios de la preparación de buenas y auténticas traducciones de
la liturgia; Thomas Pott, profesor de la Facultad de Teología del
Pontificio Ateneo San Anselmo, Otras dinámicas teológicas, otros
paradigmas históricos: prospectivas orientales; Agostino So, doctor
en liturgia por el Pontificio Instituto Litúrgico, La nueva edición del
«Missale Romanum» en lengua coreana.
IV Congreso internacional
«Iglesia y música: textos y contextos»
organizado por el Consejo pontificio
de la cultura el 4-5 de febrero de 2021
Jordi Guàrdia Romeu
Con el núcleo en Roma, aunque básicamente en formato en línea,
los días 4 y 5 de febrero se celebró el IV Congreso internacional
«Iglesia y música», organizado por el Consejo Pontificio de la
Cultura, en colaboración con el Pontificio Instituto de Liturgia
del Ateneo San Anselmo y el Pontificio Instituto de Música Sacra.
Esta edición, que tenía por título «Textos y contextos», era la última
de un ciclo dedicado a profundizar diferentes aspectos de la rela-
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136 Noticias
ción entre música e Iglesia; los anteriores congresos versaron sobre
los intérpretes (2019), los compositores (2018) y el cincuentenario
de Musicam sacram (2017).
El congreso se inauguró con un mensaje, grabado en video, del
papa Francisco, quien marcó las pautas de las dos jornadas. A
partir del texto de Isaías 42, 10: «Cantad al Señor un cántico nuevo,
su loor desde los confines de la tierra», el Papa habló de la Biblia
como fuente de inspiración de innumerables expresiones musi-
cales, tanto para su uso en la liturgia, como para la catequesis, las
escuelas, o su interpretación en concierto. Y, después de referirse a
cómo la pandemia de Covid ha alterado la actividad en el campo
de la música, pasó a glosar el reto de ser capaces de escuchar la
Palabra de Dios (nuestro «texto» principal, en el «contexto» de
la comunidad), «fuente de sentido, que ilumina y guía el camino
de la comunidad», y traducirla (también a través de la música) a
las diferentes culturas y comunidades locales. En este sentido, la
alternancia entre sonido y silencio es lo que permite la escucha,
fundamental en cualquier diálogo.
La primera jornada del congreso estuvo dedicada a la herme-
néutica y la traducción. El primero en intervenir fue el cardenal
Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura.
Con la sugerente imagen del reverso de un tapiz, Ravasi recorrió la
importancia de la traducción (como diálogo con el otro, acogida,
acto de hospitalidad lingüística) en el anuncio de la Palabra a lo
largo de la historia, ya desde la misma traducción de la Biblia por
parte de los Setenta.
Siguió el presidente del Pontificio Instituto de Liturgia
Sant’Anselmo, el P. Jordi-Agustí Piqué, monje de Montserrat,
con una conferencia centrada en el paso de la palabra dicha a la
palabra cantada, como tránsito de lo profano a lo sagrado, en el
contexto de la liturgia.
Completaron la jornada tres aportaciones muy diferentes. João J.
Vila-Chã, profesor de filosofía de la Universidad Pontificia Gre-
goriana, desarrolló su reflexión sobre la música como condición
phase 359.indb 136 26/02/2021 8:27:34
Noticias 137
de nuestro ser en el mundo: como instrumento de comunicación,
aunque no un lenguaje en sí misma, expresiva, aunque no expre-
sión, los humanos necesitamos la música. La musicóloga Giusep-
pina Crescenzo expuso la idea de la música como instrumento de
propagación devocional y de anuncio evangélico a partir de las
formas musicales que, a partir del siglo xvi, oratorianos y redento-
ristas usaron (especialmente en el sur de Italia): oratorios, óperas
sacras, cantatas y dramas sagrados. Finalmente, la cantautora Saba
Anglana ofreció su testimonio de la relación entre música y espi-
ritualidad entre los pueblos del continente africano; en especial,
subrayó cómo los cantos, los instrumentos, las danzas tradicionales
surgen del interior del culto.
La segunda jornada estuvo dedicada a reflexionar sobre lenguaje
y forma. El primero en intervenir fue el decano de la Facultad
de Teología de la Pontificia Universidad Urbaniana, Pierangelo
Muroni, con una disertación sobre el lenguaje no verbal en la
liturgia, centrándose específicamente en la celebración que más
ha perdido la dimensión no verbal: la Liturgia de las Horas. Para
ello, repasó los gestos, los símbolos y las actitudes presentes en
el salterio, hasta llegar a afirmar que «el lenguaje no verbal es el
lenguaje de Dios cuando se manifiesta a la humanidad». Siguió
la aportación del guionista británico Frank Cottrell-Boyce (res-
ponsable, entre otros espectáculos, de la ceremonia de inaugu-
ración de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012) sobre cómo
la geografía, la arquitectura, la escenografía han dado forma a
la expresión musical; y el escenario de pandemia es un nuevo
contexto para compositores, intérpretes y audiencias, descubrién-
dose como nueva oportunidad para elevar un cántico nuevo al
Señor. Jen-Yen Chen, musicólogo, expuso sus investigaciones
sobre la aportación de la música católica (en concreto, el canto
gregoriano y la polifonía clásica) al noi-sing de las comunidades
católicas en el antiguo protectorado portugués de Macao. El noi-
sing es un concepto que se refiere a la introspección, a la reflexión,
a la comunión con el propio corazón; en este sentido, el canto coral
litúrgico es un rito que les aporta la tranquilidad, la interioridad
inherente a la liturgia.
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138 Noticias
La tarde del viernes 5 de febrero comenzó con la conferencia de
Enda Murphy, de la Congregación para el Culto Divino y la Dis-
ciplina de los Sacramentos, sobre la traducción de los textos y los
libros litúrgicos del latín a las lenguas locales como uno de los
más bellos actos de construcción de puentes entre los humanos.
Murphy caracterizó la traducción como un acto de amor: al texto
original latino, a las lenguas vernáculas, a la variedad de las cul-
turas humanas; en definitiva, un acto de amor a Dios.
Las dos últimas aportaciones correspondieron, por un lado, a la
presentación que los musicólogos Andrea Coen y Maria Antonietta
Cancellaro hicieron de la edición de L’estro poetico-armonico, de
Benedetto Marcello, compositor italiano de inicios del siglo xviii.
Esta presentación sirvió para referirse a las adaptaciones métricas
del salterio en diferentes lenguas europeas que, a partir del siglo
xvii, se convirtieron en instrumentos de canto asambleario litúr-
gico. Por otro lado, la filósofa Martha Nussbaum disertó sobre
la música y la comprensión de nuestra corporeidad. De hecho,
intentó responder a la pregunta: «¿qué papel juega la música
cuando nos pasa algo terrible?», a partir del contexto que generó
la composición y el estreno del Requiem de guerra, de Benjamin
Britten. Para Nussbaum, la música nos permite trabajar con el
miedo y el enfado, la venganza, etc., y también con la alegría y
la esperanza, la posibilidad de reconciliación. Por ello, la música
debe ser accesible a todos.
Las sesiones de ambos días estuvieron enmarcadas por extractos
de la obra Biblische Bilder (op. 220, consistente en ilustraciones
musicales de diferentes pasajes bíblicos), del compositor alemán
Carl Reinecke (1824-1910).
La conclusión del congreso fue a cargo del cardenal Ravasi, quien
agradeció a los asistentes el esfuerzo de la escucha a través de los
instrumentos informáticos. «La escucha se encuentra en la base
de la experiencia de la fe», afirmó.
Ciertamente, la facilidad para asistir a las conferencias y ponencias
a través de la red informática no se corresponde con el esfuerzo para
prestar atención durante horas a una pantalla; además, difícilmente
phase 359.indb 138 26/02/2021 8:27:34
Noticias 139
se puede suplir el sentido de experiencia compartida que da la
presencia física en un acontecimiento. Pero en época de pandemia
y de restricciones de movilidad, la modalidad en línea facilita la
participación y la celebración de actos como el que nos ocupa; y
seguramente en un futuro convivirá con la presencialidad física.
En esta ocasión, el centenar de participantes inscritos, en lugar de
acudir a un congreso desde diferentes lugares del planeta (con el
consiguiente gasto en viajes y alojamiento), experimentaron cómo
ese acontecimiento «se desplazaba» hasta la comodidad de sus
hogares. Ahora queda esperar la publicación de las actas y de los
videos destacados.
phase 359.indb 139 26/02/2021 8:27:34
NOVEDADES
La reciprocidad entre fe y
sacramentos en la economía
sacramental
Por Comisión Teológica Internacional. 164 págs.
La Comisión Teológica Internacional ha profun-
dizado en el estu-dio sobre la relación entre la fe
católica y los sacramentos (2014-2019) a partir del
cual se ha redactado el documento La reciprocidad
entre fe y sacramentos en la economía sacramental.
14,00 €
Devolvámosle el sabor
Por Oriol Xirinachs. Emaús 167. 168 págs.
«El hecho de haber tratado a tantísimas personas, a
lo largo de tantos años, especialmente en ambientes
populares, me ha hecho experimentar la dificultad de
hacer comprensibles algunos puntos o conceptos, y de
tener que traducirlos a un lenguaje que estuviera a su
13,00 € alcance». Con esta finalidad Oriol Xirinachs presenta
algunos de los elementos del mensaje evangélico en los
que ha hecho este esfuerzo de traducción, purificación
o aclaración.
Intrusismo litúrgico
Por Mercè Solé. Emaús 168. 200 págs.
Este libro reúne una serie de artículos que la autora ha
ido publicando en la revista Cataluña cristiana desde
marzo de 2014. Puede encontrarse en él reflexiones y
explicaciones de la liturgia y de la vida cristiana, enrai-
13,00 € zadas en los desafíos que nuestro mundo nos plantea.
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Libros
Bibliografía reciente en español
Dionisio Borobio, Sobre sacramentos y ecumenismo (Cuadernos
Phase 255), Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona, Barcelona
2020, 84 pp.
Dionisio Borobio nos ofrece un Iglesia Ortodoxa y la Iglesia pro-
resumen de sacramentología gene- testante, en relación con la Iglesia
ral y particular, teniendo en cuenta Católica, tienen sobre cada uno de
las distintas concepciones y praxis los sacramentos puntos de conver-
de la Iglesia Católica, de la Iglesia gencia y puntos de divergencia.
Ortodoxa, y de las Iglesias protes- No trata de analizar la historia que
tantes. Una de las cuestiones que ha dado origen y evolución a estas
han constituido fuente de división convergencias y divergencias. Solo
y preocupación de unidad en la pretende ofrecer un esquema que
Iglesia, son los sacramentos. Las ayude a situar el tema, y en lo posi-
Iglesias cristianas, sobre todo la ble a ofrecer sugerencias de unidad.
Paula Marcela Depalma, Espacios litúrgicos de mujeres. Revisar el
pasado, transformar el presente, diseñar el futuro (Aletheia), Verbo
Divino, Estella 2020, 192 pp.
¿Cuál ha sido la contribución de la las teologías feministas. Para ello se
reflexión teológica de las mujeres a parte de una recuperación historio-
la teología litúrgico-sacramental? gráfica que muestra cómo, en todos
Este libro aborda la relación entre los tiempos, han existido mujeres
los estudios litúrgicos y los apor- que han hecho de la liturgia el eje
tes de las mujeres en sus diversas de sus vivencias religiosas.
corrientes, teóricas y prácticas, A partir de la base histórica, se
desde las teologías de género hasta abren diversos planteamientos
phase 359.indb 141 26/02/2021 8:27:36
142 Libros
actuales de teología litúrgica y se bólicas, rituales y sacramentales,
plantea la necesaria apertura y des- tanto a nivel personal y colectivo
pliegue de las dimensiones sim- como comunitario y eclesial.
José Manuel Fernández Rodríguez, «Mystêrion» y «Sacramen-
tum». Evolución en Oriente y Occidente (Cuadernos Phase 254),
Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona, Barcelona 2020, 164 pp.
José Manuel Fernández Rodríguez lo largo de la historia de la Iglesia:
va más allá de la simple visión de desde el mundo clásico, hasta el
lo que significan estos términos a movimiento ecuménico del siglo
primera vista y los hace revivir a pasado.
Josep Oriol de Barcelona – Valentí Serra de Manresa, Liturgia
cartujana (Cuadernos Phase 256), Centre de Pastoral Litúrgica de
Barcelona, Barcelona 2020, 96 pp.
En nuestros días, al aumentar el quece y nos ayuda a comprender
interés por los estudios litúrgicos, mejor, no por curiosidad sino por
ha aumentado también el interés la sensibilidad eclesial, lo que es
por el conocimiento de los ritos y significa la pluralidad de «litur-
o familias litúrgicas distintos de gias» existente.
la liturgia romana. Esto nos enri-
Patrick Regan, De Adviento a Pentecostés. Historia, teología, liturgia
y espiritualidad a la luz del Misal Romano (Biblioteca Litúrgica 62),
Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona, Barcelona 2020, 344 pp.
Desde 2007, el uso del Misal del Concilio Vaticano II, ahora en
Romano de 1962 ha sido amplia- su tercera edición. El resultado es
mente permitido dentro de la Igle- una sorprendente demostración
sia. Esto crea, en efecto, que un del esplendor y superioridad del
año litúrgico pueda celebrarse al Misal reformado sobre su prede-
mismo tiempo de dos formas dis- cesor, al menos en lo que respecta
tintas. En De Adviento a Pentecostés, al año litúrgico. Los capítulos de
el abad Patrick Regan compara las Regan sobre Adviento, Cuaresma
oraciones y los prefacios, las lec- y el tiempo de Pascua son parti-
turas y las rúbricas, el calendario cularmente informativos porque
y los cánticos del Misal de 1962 estos tiempos son muy diferentes
con los del Misal revisado después en los dos misales. Quizás las dife-
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Libros 143
rencias entre Semana Santa y el mostrar cómo los avances en esta
Triduo Pascual son menos obvias. área encuentran expresión en las
Regan no solo describe las modi- celebraciones del Triduo actual
ficaciones externas en las celebra- y durante los cincuenta días de
ciones restauradas por Pío XII en Pascua. La originalidad del libro
1956, sino que explora corrientes radica principalmente aquí. El
teológicas más profundas, espe- desafío litúrgico más urgente de
cialmente en la relación entre la hoy, sostiene el autor, es elevar el
pasión y la resurrección del Señor ars celebrandi al mismo nivel de
en el único misterio pascual, para excelencia que el misal mismo.
Luis Rueda Gómez − Gonzalo Guzmán, Liturgia y piedad popular.
Entre la teología y la pastoral (Cuadernos Phase 258), Centre de Pas-
toral Litúrgica de Barcelona, Barcelona 2020, 92 pp.
El presente libro recoge las ponen- Gómez con El camino teológico de
cias sobre la Jornada de Estudios la piedad popular en el magisterio
del Instituto Superior de Liturgia universal y latinoamericano desde el
de Barcelona que tuvo lugar el 12 “Directorio sobre la piedad popular”
de febrero de 2020 en el Seminario hasta el papa Francisco y Gonzalo
Conciliar de Barcelona dedicada a Guzmán con Piedad popular: un
la liturgia y la piedad popular en lugar teológico.
la que intervinieron Luis Rueda
José Antonio Goñi
Miquel dels Sants Gros i Pujol, Estudis de litúrgia i patrística (segle
ii-ix) (Studia Historica Tarraconensia 5), Ateneu Universitari Sant
Pacià, Barcelona 2018, 520 pp.
Es habitual o al menos frecuente lógica de estudios relaciona-
que cuando un profesor recibe dos por este mismo profesor.
el título de emérito, sus colegas, Como en el caso anterior (textos
también sus alumnos, le ofrez- inéditos), este segundo caso se
can una miscelánea con trabajos convierte en un homenaje al
inéditos de los oferentes o bien profesor que, por su edad, debe
preparen una selección anto- dejar su labor docente.
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144 Libros
Pero este caso es distinto y sin- tórica ha realizado. No falta
gular. El Dr. Gros, profesor de la bibliografía completa del
la Facultad de Teología de Cata- mismo Dr. Gros, extensa y rica
luña y del Instituto Superior de de contenido. No podemos pre-
Liturgia de Barcelona, dejando sentar aquí cada uno de los tra-
de lado la posible edición de un bajos seleccionados que en esta
libro en su honor, como hombre antología se publican. Podemos
práctico, ha preparado él mismo decir que en su conjunto es casi
la edición de un volumen que una visión de síntesis de las
bien puede recibir el título de cuestiones litúrgicas e históri-
síntesis de la notable labor cas del primer milenio cristiano.
investigadora llevada a cabo a Además se puede añadir que
lo largo de su vida. cada uno de los textos se lee con
agrado y con interés. El Dr. Gros
El volumen, de algo más de qui-
ha querido con la publicación de
nientas páginas, reúne cuan-
este volumen darnos una visión
tos trabajos de investigación
del conjunto de su labor docente
de temática litúrgica (especial-
e investigadora.
mente de liturgias antiguas
occidentales) y también his- Josep Urdeix
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