QUIRON AMPLIA SU SIGNIFICADO
HACIA UNA VISION HOLISTICA
MANUEL IGNACIO QUILES
Psicólogo clínico argentino-brasileño, entrenado en Psicosíntesis, enseña
psico-astrología hace 20 años, y escribió Los Símbolos Concretos, Yo Héroe
de Mí, Un Nuevo Concepto del Amor y la Infidelidad, Psicología de la
Muerte y del Más Allá, y muchos artículos y ensayos. Nació (y vive) en San
Rafael, Mendoza, Argentina, el 10/08/1949, a las 11 pm.
INDICE
1) Introducción 3
2) El mito reducido a lo esencial 4
3) Significado consensuado 5
4) Más que el sanador, el herido 7
5) La Venganza 9
6) El Perdón 10
7) Dos tipos de heridas 11
8) La herida primal 13
9) La teoría primal 13
10) Las heridas traumáticas quironianas 17
11) La importancia de los centauros para los griegos 19
12) La domesticación del caballo 20
13) La ambivalencia 23
14) Las etapas o posiciones en el desarrollo del proceso quironiano 24
15) Los prototipos quironianos 26
16) La curación posible 28
17) El origen kármico de las heridas quironianas 30
18) El ciclo orbital de Quirón 32
19) El momento actual de Quirón 33
20) Resumen y conclusiones 34
21) Un caso ejemplar 35
El presente trabajo busca ampliar el significado básico de Quirón como el
Sanador Herido, desarrollando y desplegando todos los detalles y estadios
del proceso quironiano, que presento en resumen como un sumario:
a) La primera reacción emocional: dolor, rabia, odio mortal.
b) El sentimiento de injusticia y la reivindicación de justicia.
c) El deseo de venganza.
d) La perpetración activa de la herida: el herido se convierte en el que
hiere.
e) La represión de todos los sentimientos “negativos”.
f) La posible construcción de un Falso Yo (falsa resiliencia)
g) La victimización.
h) La repetición compulsiva de la herida: buscar ser herido de nuevo.
i) Actitudmasoquista o de baja autoestima permanente.
j) El perdón.
k) La comprensión humana hacia el perpetrador.
l) El entendimiento del significado y del sentido de la herida.
m) La resiliencia para ayudar a sanar los que sufren del mismo tipo de
herida.
Introducción
El asteroide Quirón es cada vez más importante a los ojos de los
astrólogos, y como Plutón, pese a su tamaño, su fuerza arquetípica y
cósmica es indudable. A medida que pasa el tiempo desde su
descubrimiento en 1977 su significado se va profundizando a niveles
insospechados. Cuando yo comencé a estudiar astrología, allá por 1982,
nadie hablaba de él, pero actualmente es sujeto de debates y estudios
cada vez más interesantes y profundos, y hoy en día es contemplado por
la mayoría de los astrólogos en la interpretación de cartas astrales como
un planeta más, aun si no se llevan en cuenta los otros asteroides. Sin
embargo, observo que la interpretación de este nuevo cuerpo celeste es
en la práctica muy diferente de autor para autor –o muy simplificada-, por
lo que creo de utilidad este ensayo para intentar ampliar, esclarecer y
sintetizar el campo de significados.
Cuando fue descubierto, no existía ninguna información astrológica
previa: ni registros en textos árabes, griegos o en latín, ni guía que
explicara cómo manejarse con este “nuevo planeta”. La primera pista de
la función de Quirón la dio el astrónomo Dr. Brian Marsden, quien lo llamó
“inconformista” o “rebelde” (Maverick) porque no encajaba en ninguna
definición científica. Quirón era cien veces más grande que un cometa
convencional aunque no tan grande como Plutón, de manera que no era
un planeta según las definiciones existentes en ese momento. Este objeto
-del tamaño de un asteroide, eso sí-, -estaba ubicado mucho más allá del
cinturón de asteroides conocidos y su órbita se extendía a un periodo de
50 años (excediendo el de la mayoría de los asteroides cuyas órbitas se
extienden a 4 años); por fin, interceptaba las órbitas de Saturno y Urano,
es decir, rompía todas las reglas.
El mito resumido a lo esencial
Quirón es hijo de Saturno y Filira; Saturno acosaba a Filira, y ella,
para huir de sus embates, se disfraza de yegua. Saturno se da cuenta, por
lo que se convierte en un caballo, teniendo así relación sexual y dejando a
Filira embarazada. Saturno huye y cuando ella da a luz, nace un centauro,
un niño mitad humano mitad caballo. Horrorizada, lo abandona y pide a
los cielos que le ahorren el disgusto y el papel de la crianza, por lo que la
convierten en el árbol del tilo. El dios Sol (Helios) lo encuentra y lo adopta,
enseñándole todos sus saberes, y cuando crece se convierte así en uno de
los pocos centauros buenos, pues sus semejantes eran violentos y vivían
en manada en guerra con los civilizados. Quirón vive en una cueva en un
monte, y se dedica a enseñar a los futuros héroes e hijos de reyes todos
los saberes, como una universidad o colegio superior. También difunde y
practica la medicina y la sanación de los heridos, teniendo entre sus
discípulos a Asclepio (Esculapio) uno de los grandes médicos de la
antigüedad clásica. En la guerra entre los centauros malos y los Lapitas, un
pueblo civilizado, Quirón observa de lejos sin tomar partido, y uno de sus
discípulos y amigos, Hércules, lo hiere sin querer en la rodilla con una
flecha envenenada. Sin poder curarse de ninguna manera de esa herida
injusta, se retira a su cueva lleno de un dolor que no cesa porque él es
inmortal, hasta que Hércules y los dioses se apiadan proponiéndole
intercambiar roles con Prometeo, que estaba encadenado pagando la
culpa por haber robado el fuego de los dioses y entregado a los hombres.
De esa manera Prometeo se hace inmortal, y Quirón puede morir
finalmente para así terminar con su dolor.
Significado consensuado
Actualmente hay consenso: todos los astrólogos coinciden en atribuir a
Quirón el arquetipo del “Sanador Herido”, aquel que se convierte en un
sanador, curandero, chamán, consejero o terapeuta que ayuda a la gente
a sanar sus heridas justamente porque tiene el mismo tipo de heridas, y se
ha convertido en un especialista porque sufre de lo mismo en su carne,
afirmando –el propio mito y los astrólogos- que las heridas del sanador
nunca cerrarán del todo a no ser con la muerte.
La interpretación lineal básica también es la de que Quirón se convierte en
sanador por resiliencia. Este término significa que la estructura de su
personalidad no se ha deteriorado ni arruinado por las heridas y golpes
que ha sufrido, resiliencia que contribuye a conocer muy bien en sí mismo
el dolor y el sufrimiento que provocan. Y como no puede librarse de ellas
por su carácter imperecedero –en la leyenda él era inmortal-, sublima y
canaliza su dolor en compasión ayudando a quienes sufren de lo mismo
con técnicas varias de sanación, desde las terapéuticas médicas y
psicoterapias tradicionales, pasando por las chamánicas, hasta todas las
alternativas que se difundieron en el planeta cuando el asteroide Quirón
fue descubierto en 1977. Las heridas del cuerpo y del alma, la resiliencia y
el rol de sanador son pues los temas centrales de Quirón.
Bárbara Hand Clow pregunta a los lectores de su libro “Quirón” qué
sucedió en 1977 en sus vidas de importante con respecto a los temas
quironianos; la mayoría de sus contemporáneos declara que en ese año
comenzaron su carrera terapéutica o que su arsenal técnico o motivación
sanadora cambió radicalmente; conmigo fue muy puntual: descubrí en
una librería de barrio en la ciudad de João Pessoa, Brasil, una colección de
difusión de la Psicología Transpersonal que acababa de salir a la venta…
¡Descubrí la existencia misma de la Psicología Transpersonal!
En algunas cartas astrales aquel significado básico es literal,
principalmente cuando el asteroide hace aspecto con el Sol o está en
posición muy relevante. La conjunción de Sol con Quirón nos presenta casi
siempre casos de terapeutas asumidos, algunos de ellos famosos como
Bert Hellinger. Por el otro lado, en otros casos paradigmáticos marca la
vida de personas con algún tipo de discapacidad, inhabilidad o
imposibilidad muy evidentes. Y una mezcla de las dos vertientes: heridas
centrales en la identidad, y la práctica sanadora desde la resiliencia. Pero
en el resto de las cartas, esa interpretación es ambigua y aleatoria:
¿Quirón sólo muestra la cualidad (signo), el área de la vida (casa) o la
función psico-somática (planetas) donde sufrimos heridas que no cierran?
¿O donde ejercemos ayuda de alguna manera desde la resiliencia?
Si profundizamos en el arquetipo y el complejo símbolo del mito, Quirón
nos muestran otras facetas diferentes a las dos polaridades básicas del
herido y el sanador: la primera es el chamán. El chamán siempre es una
figura emblemática que se diferencia mucho de la comunidad en que vive,
por lo tanto el asteroide –como lo señalábamos astronómicamente-
también personifica el outsider, el proscripto, el diferente, lo que está
simbolizado en el mito tanto por su extraña figura de centauro, como por
su residencia, que es una cueva en un monte alejado de la ciudad.
Por fin, el destino de Quirón también lo llevó a cumplir la función de
maestro, del sabio que enseñaba a los jóvenes que se convertirían en
héroes todas las ciencias de ese momento, tanto de la guerra como de la
medicina, la astrología, la música, la adivinación, los masajes, la
fitoterapia, la quiromancia y la quiropráctica, por lo que finalmente
también puede significar en la carta de una persona al gurú, al maestro, al
guía espiritual o al instructor, sea de caminos espirituales o de saberes
alternativos.
El clásico libro de Melanie Reinhart sobre Quirón, nos indica que la
posición planetaria puede indicar tanto al herido como al que hiere, al
enfermo como al sanador, al proscripto rechazado como al salvador o
rescatista. Para completar la lista de significados básicos, agreguemos
entonces también al guía o maestro, y al héroe que hay en nosotros que
crece desarrollando talentos o capacidades especiales, a veces producto
de algunas “discapacidades” que permiten justamente su aparición. Y para
finalizar, Quirón simboliza también al resiliente, al que supera los golpes y
canaliza la energía para labores humanitarias, artísticas, científicas o de
ayuda al planeta Tierra, que es el mecanismo básico, la dinámica
subyacente del centauro bueno.
Pienso que todos esos significados básicos son más que válidos,
pero son puntuales, lineales, casi diríamos descriptivos, indicando sí un
área o función que ha sido herida y se convierte en motivadora de ayuda a
los demás, pero esa interpretación consensuada no lleva en cuenta todo el
proceso emocional que acompaña a la herida y su posterior
transformación. Para ello voy a desplegar una ampliación de su significado
usando múltiples conceptos de varios autores, pero principalmente de Liz
Greene en su libro “Barreras y Límites”, y de John Firman (“The Primal
Wound”, La Herida Primal), intentando integrar conocimiento y así
obtener una visión holística.
Más que el Sanador, el Herido
Liz Greene es quien primero nos llama la atención al recordarnos la
naturaleza medio animal del centauro, y la reacción emocional extrema
que podemos tener cuando sufrimos “heridas injustas”, inexplicables y sin
sentido: la cólera, la furia, la rabia feroz del animal herido delante de los
golpes del destino que el sujeto siente que no merece. Esta autora ha
observado que esa reacción emocional de amargura e injusticia -que
puede llevar a desarrollar una filosofía de vida muy negativa, culpando a la
Vida, a la sociedad entera o a Dios porque no puede culpar a nadie en
particular como sería el caso con Saturno-, se presenta con mucha más
frecuencia de lo esperado por un planeta civilizado o “resiliente”. Como
ella misma lo dice:
“Las obras (sobre Quirón) a veces son muy inocentes: todo tiene que ver con el
Sanador Herido, donde Sanador es la palabra clave y Herido está escrito en
letra más pequeña. Pero la cláusula oculta en nuestro contrato con Quirón es
que la herida es permanente. Quirón es el sanador, no el sanado”
Llevando en cuenta este énfasis de Liz Greene fue que pude
entender el caso de una trabajadora social muy involucrada con la
injusticia de la sociedad en general y su transformación, que tiene en su
mapa su Sol conjunto a Urano en la Casa X, en oposición partil a Quirón en
la Casa IV, asistiendo por su profesión a familias carenciadas, o a familias
que tratan mal a sus hijos. En la investigación que hizo de los secretos que
hay en su propia familia, descubre varios abuelos y tíos ejerciendo abusos
sexuales a varias mujeres, desde las abuelas hasta las nietas. Hasta ahí la
interpretación clásica de Quirón se cumple al detalle, pero lo especial que
quiero remarcar es que ella se queja de ser tomada por estados de ánimo
muy negativos que la llevan a quejarse amargamente de la vida y sus
injusticias, llegando al extremo de tener que recurrir a remedios florales
para combatir tales sentimientos que hacen mal a su corazón idealista y
humanitario.
La diferencia abismal entre la fe y esos sentimientos venenosos y
corrosivos para con las heridas injustas que la vida propina, y la gran
brecha entre la necesidad de sanar las heridas (con la creencia que
hallaremos una terapia clave un día y que todo puede sanarse), y el
resultado final que niega un cierre definitivo de ellas, se deben según Liz
Frenea que la mayoría de los astrólogos y psicoterapeutas hacen parte de
la tradición de ideales religiosos y espiritualistas del occidente, que tienen
–tenemos- la idea de que todo encuentra explicación en un gran orden
cósmico, que Dios y la Vida en el fondo son justos, y que la astrología –y la
ciencia en general- son parte de un orden racional que hace que todo
calce en una explicación coherente y un final feliz, además del ideal de
que todo es reversible.
Esta observación de Liz Greene me parece de una genialidad impar,
considerar la mitad animal como sufriendo dolores, emociones y
sentimientos “indecibles”, enfrentada en la práctica concreta de todos
nosotros con la mitad humana empática, compasiva, civilizada e idealista
que busca explicar y cerrar las heridas. Tanto Greene como Reinhart ven
en Heracles (Hércules)al prototipo del héroe solar que se opone a lo
ctónico, animal e instintivo e intenta controlarlo, como representando la
mitad superior del centauro bueno, pero yo llamo la atención –más que
en Hércules- a la presencia en el mito del mismísimo dios Sol, Helios-
Apolo, que es el que adopta y enseña a Quirón todas las artes civilizadas.
Helios, el prototipo del idealismo griego de la armonía, la belleza, la razón,
el equilibrio y la proporción, ¡es el padre adoptivo de Quirón!
Dejemos bien en claro entonces que la primera reacción a los golpes
que sentimos injustos es una reacción emocional primitiva de nuestra
parte mamífera y reptiliana, que va desde la expresión del dolor y la rabia
feroz hasta el deseo de venganza; actualmente estoy llamando esta
reacción de “odio mortal”. Y que estas emociones son generalmente
reprimidas por la parte civilizada, humanista, empática y espiritual, que las
considera negativas, egocéntricas, poco maduras y que hacen mal si
llevadas en cuenta o expresadas.
La Venganza
La venganza es una institución muy antigua, la primera forma de
justicia antes de que aparecieran las leyes y los códigos de normas y
prohibiciones de los pueblos civilizados. Esto es lo que nos dice la
enciclopedia:
“La venganza consiste en el desquite contra una persona o grupo en respuesta a una mala
acción percibida. Vengarse se interpreta como "equilibrar la balanza", y ello hace que
muchos aspectos de la venganza se asemejen al concepto de justicia, haciendo que la
diferencia entre los conceptos de venganza y justicia puedan parecer difusos. Muchos creen
que la venganza es un acto que causa placer a quien la efectúa, aunque otros consideran
que no es placer lo que se siente, sino que es la sensación del restablecimiento de la salud
del que se venga, ya que la venganza traslada el daño de la víctima hacia el atacante, lo que
hace que la víctima se libere de aquella "molestia", acontecimiento el cual, al interpretarlo
de manera incorrecta es llamado placer. Los psicólogos han descubierto que la frustración
de la venganza puede enfermar al paciente, llevándolo a la victimización, lo que lleva a
concluir a algunos estudiosos que la venganza es un elemento natural del hombre, y
restringirla solo niega la realidad de su condición humana, considerándolo saludable dado
que impide liberar el rencor que se acumula por el acto dañoso.
Considero que la identificación y el reconocimiento de estas
emociones “animales” o individuales autocentradas son clave para la
comprensión y elaboración de la experiencia quironiana (nuevamente la
palabra “clave” se impone, cuya etimología del latín es justamente “llave”,
el ícono del asteroide). Y que su represión en aras del perdón, la
comprensión empática y la posible resiliencia posterior, es fuente segura
de dolencias o enfermedades físicas y mentales. Recapitulemos
subrayando lo nuevo: las enfermedades no serían consecuencia sólo de
las heridas sufridas, sino de la falta de reacción emocional a ellas.
Cuando digo reconocer esas emociones no estoy diciendo
necesariamente actuarlas o expresarlas de forma manifiesta –
especialmente la venganza-, porque esa perspectiva abre activa o catártica
puede llevar sí a una espiral de ataques y contraataques que son el motivo
de muchos males pues perpetúan el dolor, no resuelven ni cierran, y
porque van en contra de la aceptación básica de lo que la vida nos trae.
Me refiero a identificar, tan sólo reconocer íntimamente esas emociones,
a aceptarse como ser humano individual que sufre y que se siente dolido y
despreciado, y que –si no desea el mal para el otro- por lo menos se
puede sentir alegre si al otro no le va bien. Sólo ese reconocimiento y
aceptación interior es natural y saludable, cuestión que los que se
encuentran en una evolución de conciencia espiritual suelen rechazar.
Esto es reverenciar al animal que somos todos. Las personas muy
idealistas y civilizadas, o hipotéticamente espiritualizadas, se enferman
muchas veces –con enfermedades que las pueden llevar a la muerte- por
no reconocer las emociones que consideran negativas, y que no son sino
la expresión del cerebro mamífero y reptiliano, los centros del cerebro
medio como la amígdala- que registran y procesan las emociones básicas,
y los centros de la base del cerebro, como la hipófisis, que regulan las
hormonas.
El Perdón
El mecanismo de represión emocional está muy reforzado por el
precepto moral de origen religioso de la necesidad del perdón. El perdón,
uno de los gestos espirituales más avanzados y altos, que hace parte de
una visión de la vida inclusiva, sincrónica y holística, la aceptación básica
de las experiencias dolorosas de la vida porque tienen un sentido y una
finalidad de crecimiento humano, no debe y no puede dejar de lado las
emociones contradictorias y egocéntricas de dolor, rabia, desprecio y
deseo de venganza.
Robin Casarjian escribió un libro clave sobre la sanación llamado
“Perdonar –Una Decisión Valiente que nos traerá Paz Interior”. Por
supuesto, como el título lo sugiere, ella confiesa en el prólogo que “la
mera motivación para enseñar el perdón fue ver, en mi calidad de
terapeuta, que esta clave esencial para la curación era muy poco
entendida y alentada”. Pero dedica el Capítulo 4° entero a “El Trabajo con
la Rabia: que el Dolor sea Dolor”
“El perdón es esencial para sanar y experimentar nuestra integridad. Pero para
lograr esto último, es preciso no reprimir, negar ni desatender ninguna de
nuestras partes. Nuestra totalidad incluye una gran sabiduría y una
extraordinaria capacidad de amor y cariño, y también la rabia, el resentimiento,
la hostilidad, la vergüenza, el sentimiento de culpabilidad y, en muchos casos, la
ira. Estas emociones suelen permanecer ocultas y, ya sea que estén ahogadas o
doliendo atrozmente bajo la superficie, mientras no las sanemos se cobrarán su
precio en nuestra capacidad para ser felices (…). Cualquier persona que se haya
criado en un hogar en donde sufrió malos tratos físicos o emocionales, o fue
rechazada o abandonada, ha de perdonar para sanar «totalmente». Pero antes
tiene que hacer suyo el dolor que experimentó, es decir, reconocer y admitir la
verdad. Una vez logrado esto, el dolor del pasado puede convertirse en la
riqueza de la vida”.
Como Dane Rudhyar bien nos recuerda, las palabras de Cristo tan mal
comprendidas –y presumiblemente mal traducidas- “Amad a vuestros
enemigos”, se refieren más bien a concordar, aceptar, entender las
experiencias negativas que nos traen ciertas personas, pues vienen
siempre a traer auto-conocimiento y transformación desde una
comprensión sincrónica, holística y espiritual de la vida. Cristo no nos dice
con ello tener simpatía o afecto por el agresor, no nos exhorta a amar en
el sentido personal al perpetrador de las traiciones o heridas, ni a
someternos o reprimir las emociones naturales de dolor, tristeza y rabia, o
los sentimientos de injusticia y no merecimiento.
Dos Tipos de Heridas
Todas las diferencias entre los autores que nos hablan sobre Quirón
son justamente porque se ponen en juego definiciones un tanto diferentes
de lo que significa “sanación” como “heridas”. Sí, el Sanador-Herido-
cuyas- Heridas-Nunca-Cierran-Definitivamente, pero, ¿qué se quiere decir
por sanación? ¿Qué son las heridas, término tan vago como amplio? Y
finalmente, en términos de la psicoterapia actual y todos sus recursos, ¿es
que simplemente nunca se podrán cerrar las heridas de tipo quironianas?
El mito de Quirón nos indica respuestas a todas esas preguntas de manera
simbólica, por lo que subrayaré algunos puntos esenciales: su padre es
Cronos-Saturno, que lo abandona aún antes de nacer, lo cual nos habla de
una falta de responsabilidad total delante de la paternidad, justo cuando
ese planeta, Saturno, rige la responsabilidad y más aún, la responsabilidad
paterna. Su madre también lo rechaza al nacer por su forma física, pues
era mitad caballo y mitad humano. Dos rechazos y abandonos iniciales, el
del padre y el de la madre, dos heridas que llamaremos “primales”, en
comparación de la otra gran herida ya adulto, cuando Hércules lo hiere sin
querer en la rodilla con una flecha sucia de sangre envenenada de su
trabajo con la Hidra de 7 Cabezas (el trabajo de Escorpio en Los Doce
Trabajos de Hércules, en “Astrología Esotérica” de Alice Bailey).
Debemos recordar que Hércules estaba en la guerra entre los Lapitas y los
malos centauros, y esos seres míticos malvados en realidad personifican a
la Sombra misma de Quirón, porque representan sus propios sentimientos
negativos de ira mortal. No es una casualidad que la herida infligida por
Hércules haya lastimado su rodilla, la parte del cuerpo regida por Saturno
(su padre); eso nos muestra precisamente la dificultad de Quirón de
hacerse cargo de aquellos sentimientos “negativos”.
Por lo tanto, habría dos grandes tipos de heridas durante la vida: las
primales, que son provocadas por las actitudes no empáticas (o
abiertamente rechazantes) de los padres, cuidadores o la propia sociedad
en general durante la infancia; y las de adulto, las heridas traumáticas, los
golpes de la vida que se sienten injustos, como pueden ser accidentes en
que se pierde algún miembro o función, pérdidas graves, enfermedades
fatales, muertes súbitas de gente muy cercana, abusos, traiciones, robos,
asaltos, violaciones, participación en guerras, o injusticias y abusos legales,
institucionales o políticos, etc..
Entre las heridas primales, que son crónicas y causadas
precozmente por actitudes de la crianza, y las heridas traumáticas de
adulto, hay un arco de eventualidades que se confunden y entremezclan,
pues muchas veces hay pérdidas súbitas o abusos traumáticos cuando
niño, y heridas del corazón, dolores afectivos de adulto en las relaciones,
sutiles pero profundos. Es que los traumas pueden darse en cualquier
edad, y los sufrimientos del corazón por rechazos, traiciones, infidelidad o
rompimiento amoroso –hasta en las amistades o relaciones de trabajo-
también los sufre el adulto a través de toda su vida.
La Herida Primal
El libro “The Primal Wound” de John Firman, autor norteamericano
de Psicosíntesis, es de una profundidad tal, que no sólo describe
clínicamente las heridas que llevamos todos por el tipo de crianza que no
llevó en cuenta nuestro ser auténtico, sino que también describe el propio
crecimiento espiritual de los seres humanos, todo un hito en la bibliografía
de la Psicología Transpersonal.
John Firman nos dice –coincidiendo con Winnicott- que la actitud de
aceptación total de nuestro ser que conforma la base de nuestra identidad
profunda se transmite a través de la mirada de nuestros cuidadores: una
mirada sostenida, incondicional, sin proyecciones. La falta de ese tipo de
mirada perpetra inevitablemente la herida primal. Yo he llegado a
confirmar esto en la práctica, al encontrarme con la mirada fija de muchos
niños que buscan mi mirada, y a sostenerla tranquilamente todo el tiempo
que el niño la sostenga. Para mí esto es una prueba de esa necesidad
primal: eso es justamente lo que necesitan, y lo buscan activamente.
John Firman, junto a autores como Winnicott, Kohut, Janov y Bradshaw
entre otros, establecen lo que se ha dado en llamar la “teoría primal”
como fundamental para el desarrollo del yo. Intentaré resumirla porque
es esencial para entender las heridas primalas, pido al lector paciencia
dada su importancia para fundamentar el concepto de herida primal.
La Teoría Primal
El niño tiene necesidades primales, que además de las corporales, son un
conjunto de necesidades psico-emocionales que están al servicio del desarrollo
del yo: sostén o contención, es decir, padres o cuidadores capaces de entender
y apoyar el proceso de individuación; la resonancia empática y el reflejo
emocional: ser visto, considerado, admirado, valorado y tomado en serio por
lo que se es, concluyendo que la necesidad psico-espiritual fundamental es la
de ser, existir, construir una sensación subjetiva de ser alguien por derecho
propio, auténtico y original.
Los padres o cuidadores que nos crían frustrarán, al menos hasta cierto grado,
la satisfacción de nuestras necesidades primales, pues ellos mismos no
crecieron en condiciones ideales, exhibiendo necesidades infantiles
insatisfechas y proyectándolas en el niño, junto a sus fantasías y deseos,
expectativas e ideales relacionados a él.
Más allá de padres o familiares con problemas mentales, conductas violentas o
abusivas, están las disfunciones sutiles –pero muy comunes- como la negación
de la realidad y los sentimientos, rigidez, límites poco claros y tendencia al
enjuiciamiento, arbitrariedad e incoherencia. Más sutiles todavía son las
actitudes y sentimientos de la madre hacia su embarazo y su bebé que
perturban su capacidad empática: sentimientos crónicos de miedo, inseguridad,
ambivalencia, rechazo, ansiedad o rabia acerca de su maternidad, como
también oscilaciones rápidas entre mimos y hostilidad, negligencia y
sobreprotección, todas fuentes constantes de frustración de las necesidades
primales de sus hijos.
Acaba siendo más importante la satisfacción de las necesidades corporales, que
las psico-emocionales. En vez de ver reflejada nuestra individualidad y unicidad
en esos vínculos tempranos, las expectativas y las deficiencias tempranas de
nuestros padres producen fallas empáticas que llevan a que se nos refleje una
imagen de cómo deberíamos ser, con la cual nos identificamos. Es posible que
comencemos a experimentarnos más como objetos que como personas por
derecho propio.
Resumiendo: actitudes de rechazo, indiferencia, abandono, negligencia,
incoherencia, proyección, desencanto, idealización, juicio, depresión, miedo,
inseguridad, sacrificio obligatorio y rabia, tan comunes en la crianza del infante,
hacen que este experimente un estado de privación que le genera gran
sufrimiento y dolor emocional: frustración, tristeza, soledad, miedo pánico y
terror, mezclado con culpa y vergüenza tempranas. Todo esto es la herida
primal.
La culpa es por el odio mortal que podemos sentir por haber sufrido tales
heridas, pero otra emoción básica es la vergüenza tóxica, la sensación de ser,
en esencia, defectuoso e imperfecto, y proviene de la internalización de un
mensaje implícito: no estamos bien tal como somos, existen en nosotros
aspectos que no son aceptables. Algunas de las expresiones vitales espontáneas
del niño fueron rechazadas e invalidadas, para no entrar en contacto con sus
propios miedos y dolores ocultos. Estas acciones nos desconectan de nuestra
autenticidad y nos hacen desconfiar de nuestro interior, dando lugar a
creencias negativas sobre nosotros mismos y a sentimientos de humillación,
inadecuación e inseguridad. A diferencia de la culpa, sensación que depende
de algo que se ha hecho o se tiene ganas de hacer, la vergüenza se relaciona
con lo que uno es, por lo que no sería accesible a la reparación.
La herida primal es una especie de “hoyo energético” interno que reclama de
modo implacable ser saciado, y en su núcleo abismal nos encontramos con
sensaciones intolerables de odio mortal, aniquilación y total aislamiento .
Manejamos el sufrimiento interrumpiendo la continuidad de nuestro ser en una
especie de desconexión haciendo uso de los mecanismos intrapsíquicos de
escisión y represión para que preservemos un vínculo positivo con nuestras
figuras de apego. El niño debe negar la idea de que sus figuras paternas nunca
podrán satisfacer sus necesidades primales, idealizándolos y tentando
inconsciente y continuamente de agradarlos, adquiriendo las pautas de
conducta y representando los roles que de nosotros se esperan, aun cuando
estén en desacuerdo con nuestra realidad más íntima.“No soy querido por lo
que soy y no hay esperanzas de que alguna vez lo seré”, “Soy igual que ustedes.
¿Me aceptarán ahora?”.
Es cuando emerge en nuestra psique lo que diferentes autores han calificado
de falso selfo self protector (Winnicott), falso yo(Laing), yo irreal (Janov),
segunda naturaleza(Lowen), personalidad como-si (Miller).
Desde el yo irreal, nuestro comportamiento se basa en el control, la
conformidad y la sobre-adaptación a las circunstancias, y tiende a la
satisfacción indirecta de nuestras necesidades. Desarrollamos una serie de
estrategias con el fin de afectar a los otros para que modifiquen su
comportamiento y nosotros consigamos lo que queremos, tales como
demandar y exigir, manipular, culpar, someternos, victimizarnos, mendigar y
vengarnos.
Para finalizar, los autores de esta teoría afirman que, independiente del tipo de
crianza más o menos convencional, la herida primal y el establecimiento de un
falso self son hechos prácticamente universales, y respecto a la sanación, de un
lado están aquellos que piensan que el ideal de salud es la completa ausencia
de un falso yo y sus estrategias defensivas (Janov) y, del otro lado, se
encuentran aquellos que consideran que en una persona saludable el
verdadero self está vivo pero protegido por el falso self, que consistiría en las
actitudes sociales, las máscaras inevitables que se construyen para la
convivencia.
En una investigación independiente de auto-ayuda, la terapeuta
canadiense Lise Bourbeau(“Las Cinco Heridas del Alma que Impiden Ser
Uno Mismo”), afirma que ellas son: 1) la injusticia, 2) el rechazo, 3) el
abandono, 4) la traición, y 5) la humillación. Yo agrego como indispensable
una más: 6) la indiferencia.
Si aceptamos la opinión de que las heridas primales son inevitables,
pasadas de padres a hijos desde el comienzo de los tiempos, se reafirma la
aseveración de Liz Greene que las heridas quironianas son siempre
colectivas, no individuales. Aquí encontramos a Lloyd DeMause y su
“Psicohistoria”, que hace una revisión de las actitudes respecto a los niños
y a la crianza en toda la historia del Occidente, una verdadera historia de
la empatía. Según él, se pasó del infanticidio (sacrificios rituales, patria
potestad: el padre que había dado la vida tenía el derecho de quitarla) al
abandono (darlos, venderlos); del castigo (apaleamiento, azotes, agua fría)
al abuso (trabajo infantil, uso, prácticas sexuales); de la invasión o
intrusión (autoridad, amenazas, castigos, humillaciones, miedo) a la
ambivalencia y a la socialización (obligaciones, modelos, pedagogías,
ideales), para finalmente llegar –bien al final del siglo XX y en la
actualidad-a la actitud que respeta al niño y lo considera como un ser
humano independiente con sus propias necesidades, sin la proyección
masiva que existió en toda la historia.
La pedagogía de Emmi Pikler que encontré recientemente y que se
está difundiendo por todo el mundo, es un intento revolucionario y
natural de criar a los niños siguiendo sus propias pautas: el niño sabe lo
que necesita y lo manifiesta, el niño guía su propia crianza. Tengo
observado niños ya criados con ese tipo de pedagogía - teóricamente sin
heridas primales-, que presentan un agudo y certero sentido de la
injusticia en los comportamientos adultos que no los respetan
completamente.
Queda claro que toda esa historia “no empática” todavía se
prolonga en la crianza de todos nosotros y es la base de las heridas
primales que yo identifico como quironianas. John Firman afirma que
dichas heridas son siempre actualizadas en los relacionamientos del
adulto: hermanos, parejas, hijos, amigos, grupos, sociedades; llega a
absolutizar y a decir que cualquier tipo de problema de relación adulta es
una reapertura de las heridas primales de la infancia. Las parejas –
principalmente- abren sin querer las heridas uno del otro cuando no
escuchan, no miran, no llevan en cuenta lo que el otro dice, compiten o
intentan denigrar humillando, lo que –sabemos- es lo más común del
mundo en cualquier diálogo e interacción ya avanzada la convivencia.
Yo he observado el caso de muchas personas en que la herida
quironiana primal abierta por acontecimientos de adulto, es por
antonomasia la traición de la infidelidad, pues es justamente el ser que
más amamos (como eran nuestros padres) el que nos inflige una herida
cruel, por la que nos sentimos rechazados, abusados, engañados y
descuidados. Y la reacción primera delante de la infidelidad es también
siempre de odio mortal y deseo de venganza.
Ese tipo de heridas primales quironianas van a estar indicadas en el
mapa astral por la posición de Quirón en signos, casas y con planetas
personales e interpersonales. Y el otro tipo de heridas, las traumáticas
(que desarrollo a seguir),mucho más impersonales y colectivas, van a estar
indicadas justamente por signos, casas y con planetas transpersonales y
colectivos.
Las Heridas Traumáticas Quironianas
Lo más interesante es que el término trauma, la palabra, su
etimología, proviene de un concepto griego que significa “herida”. Se trata
de una lesión física generada por un agente externo, o de un golpe
emocional que genera un perjuicio persistente en la vida emocional
inconsciente. Es cualquier acontecimiento fuerte, penoso o doloroso para
el cual el sujeto no estaba prevenido, y que no tuvo posibilidad de
reacción, sea por razones sociales, por represión o por la propia sorpresa.
Obsérvese aquí el elemento de la definición que remarca la falta de
reacción emocional…
También la definición clínica nos habla que la primera reacción es de
confusión, angustia, paralización y estupor, que hoy podemos ver como
una negación (“esto no me puede estar pasando a mí”). A veces hay
reacciones agitadas de gritos, llantos o gestos rabiosos, pero sobreviene
siempre luego un bloqueo del yo, y síntomas de repetición: evocar una y
otra vez la escena del trauma en los mínimos detalles, sea en
pensamientos, recuerdos, sueños o pesadillas, y una necesidad de relatar
el acontecimiento a todo el mundo. El psicoanálisis freudiano interpretaba
esta última conducta como un intento de ligar el acontecimiento a la vida
consciente, de elaborarlo, porque el trauma ha provocado una escisión.
Es claro que todo trauma no es quironiano. Para que lo sea, debe
ser sentido como muy injusto, como una injusticia del destino, de la
sociedad, de la historia, de Dios o de lo que sea que no se le pueda echar
culpa personal. Recientemente recibí consultas de una madre y su hija,
que necesitaban ver el significado de una parálisis amiotrófica grave en la
joven, toda la familia sintiendo eso como una gran injusticia de la Vida o
de Dios.
Lo que se observa como astrólogo, es que esas heridas traumáticas
de adulto, no son sólo despertadas por los tránsitos de Quirón, sino que
también están asociadas a los tránsitos de los planetas transpersonales
Urano, Neptuno y Plutón, que traen experiencias traumáticas cuando el
individuo no está consciente de esas energías tan potentes y misteriosas, y
el “destino” las trae desde el exterior, sea en forma de accidentes,
enfermedades, abusos, asaltos o sean acontecimientos colectivos terribles
como guerras, hambrunas, desfalcos, estafas, malversación de fondos,
fraudes o engaños públicos generalizados.
De esta manera, tengo una posición diferente a la mayoría de los
astrólogos que ve a Quirón como entrelazando sólo a Saturno y Urano,
dada su órbita astronómica. Quirón tiene que ver con Urano en el carácter
colectivo de la herida, la instantaneidad de cierto tipo de accidentes que
se sienten muy injustos, y todo el arsenal de técnicas alternativas de
sanación. Algunos astrólogos como Alejandro Lodi, implican también a
Júpiter y Plutón en la dimensión quironiana, dada su necesidad de sentido
y el tipo de dolor contundente pero transformador. Pero nadie incluye a
Neptuno y los otros planetas. Para mí es muy visible la conexión entre
Quirón y Neptuno en su carácter compasivo con el dolor ajeno, o en el
otro rol, por su tendencia masoquista y de victimización.
De esta manera, considero que Quirón une a todos los planetas
personales –Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno- con los
transpersonales Urano, Neptuno y Plutón, justamente por hallarse en esa
órbita fronteriza. Todos con todos, o algunos con algunos de los dos
campos, un verdadero puente o llave entre nuestra naturaleza individual
ligada al cuerpo, y nuestra naturaleza colectiva, trascendente, cósmica,
galáctica o espiritual. La determinación de entre qué planetas o signos
personales y qué planetas o signos transpersonales estará Quirón
actuando de puente o de llave, es una determinación cualitativa a realizar
en cada mapa astral. También podemos usar el término “enlazador” para
indicar esa función de articular algún planeta personal con otro
transpersonal. Quirón es entonces un puente, una llave, un enlace o un
articulador entre planetas, pero específicamente entre aquellos que
reflejan nuestro ser personal y aquellos que reflejan nuestro ser
transpersonal.
La Importancia del centauro para los griegos
En la mitología griega vamos a observar esa dicotomía -que es la
marca principal en la interpretación de Quirón- en la lucha entre los
centauros y los Lapitas,
“Los centauros son muy conocidos por la lucha que mantuvieron con
los Lapitas, la riña siendo una metáfora del conflicto entre los bajos instintos y
el comportamiento civilizado de la humanidad, la lucha entre la civilización y el
barbarismo. Estas escenas míticas de la batalla entre los Lapitas y los centauros
son tan importantes en el imaginario griego, que fueron esculpidas
en bajorrelieves en el friso del Partenón, dedicado a la patrona de Atenas. El
personaje general de los centauros es el de ser salvajes, sin leyes ni
hospitalidad, esclavos de las pasiones animales. Dos excepciones a esta regla
son Folo y Quirón, que expresaban su «buena» naturaleza, siendo centauros
sabios y amables (…) que miraban con frecuencia al cielo para determinar sus
destinos. Eran grandes astrólogos y muy aficionados a la adivinación.
(Wikipedia)
Es necesario resaltar aquí: en el propio friso del Partenon, que representa
el propio mito fundador de Atenas, había 32 piezas o escenas escultóricas
(quince de las cuales se conservan en el Museo Británico)que simbolizan
la Centauromaquia, la lucha entre los centauros y los Lapitas… No una,
¡treinta y dos!
Civilización y barbarie: en la modernidad, la dicotomía entre el
colonialismo “civilizador” y las culturas indígenas americanas, africanas y
asiáticas, o entre las culturas imperiales y los pueblos periféricos a ser
dominados, es la dicotomía que se encuentra en nuestro interior entre la
naturaleza biológica, individual, emocional e instintiva, y la naturaleza
adaptada a la sociedad, la empatía y los valores culturales.
Claro que esa parte “civilizada” es independiente de ideologías, o
mejor, representa a todas ellas: sea de izquierda o de derecha, religiosa o
atea, cientificista, liberal o espiritualista, es la parte social, idealista o
“elevada” que se opone naturalmente a la parte egocéntrica, corporal y
emocional que siente todo en términos individuales. Quirón representa
esa dualidad esencial del ser humano, ese conflicto y escisión que
acompaña la experiencia de las heridas recibidas desde el exterior, desde
la realidad que no se puede controlar.
La Domesticación del Caballo
Algunas fuentes antropológicas especulan con la idea de que los
centauros provengan de la primera reacción de una cultura que no
conociese la equitación, como el mundo egeo minoico, hacia los nómadas
que sí montaban a caballo. La teoría señala que tales jinetes parecerían
mitad hombres mitad caballos. Creo que también fue esa la primera
interpretación de los incas, mayas o aztecas, y de todos los aborígenes
americanos cuando vieron a los conquistadores españoles, portugueses o
ingleses llegando a caballo.
Si nos informamos por la historia, la domesticación de los caballos
surgió primero en las estepas del sur de Asia Central, actual Kazajistán,
4000 años a. C.–esto es, hace 6.000 años- para el transporte, el comercio,
el trabajo del campo o la guerra, todos estos roles asociados al desarrollo
de las primeras grandes civilizaciones. De Kazajistán hacia el este, pasó a la
India, a la China, a los mongoles y al Japón; hacia el oeste, a Sumeria,
Persia y Babilonia, Egipto, Grecia y Roma, en todas ellas ejerciendo el
principal papel civilizador.
Para todos los entendidos, la domesticación del caballo junto con la
rueda, son un elemento esencial para las civilizaciones europeas y
asiáticas, el establecimiento de los “imperios” de Toynbee. En esa época
estamos en plena Era de Géminis: además de la escritura y la rueda, fue
pues esencial el caballo. Esta época también fue la misma en que se
forjaron todas las mitologías del mundo antiguo, especialmente la griega y
la hindú, las dos que tienen al centauro como personaje.
Si vamos a considerar el tiempo en que se domesticó al caballo,
debemos compararlo al tiempo en que se domesticó a los otros dos
grandes compañeros de la humanidad: el perro y el gato. La
domesticación del primero se da entre 12 mil y 14 mil años, el perro
acompañando al cazador- recolector. Y el gato se domesticó hace sólo
3000 años, en Egipto y en China, esas grandes civilizaciones ya en pleno
andamiento. Estos datos refuerza la idea de que el caballo y el comienzo
de la civilización son sincrónicos.
El gran vidente y esotérico Rudolf Steiner nos dice que el espíritu del
caballo (él le llama el “Gran Caballo”) acompaña –nace junto- al desarrollo
de la inteligencia del hombre, cuando esta da un salto cualitativo, y está
graficado en el hecho de que al comienzo sólo los reyes se subían a un
caballo, rey en el sentido de la máxima y más importante capacidad que
hace al hombre su humanidad: su inteligencia. Dice también que hay dos
tipos de inteligencia, una terrena y otra superior, y estas dos inteligencias
están representadas por los dos tipos de caballo: el percherón que
acompaña las tareas de la tierra, y el ágil caballo fueguino, que salta, corre
y acompaña al hombre en las conquistas civilizatorias, incluidas las
guerras.
“Con el caballo se podían trabajar mayores superficies de terreno, y se podían
superar grandes distancias. Por eso hubo más guerras y pudieron surgir los
imperios. Un pueblo pequeño tenía un Señor dominante o un rey regional, pero
no formaba un imperio. (…) Sin el caballo no hubiera habido nunca imperios, y
sin estos imperios no hubiera sido posible nunca la evolución del yo individual.
Sin esta evolución el ser humano no hubiera podido individualizarse, y ello
conduce a que hoy en día todo ser humano tenga estacionado su corcel de
acero en el garaje. Pues la inteligencia está relacionada con el ser del caballo, y
la inteligencia ha construido este mundo. (Conversando con Animales: Los
Seres de los Animales nos Hablan de su Esencia, Wolfgang Weirauch, Ed.
Antroposófica, 2011, Buenos Aires)
Lo más interesante es observar que todas las poblaciones de
caballos actuales conservan la capacidad de volver a un estado salvaje, y
que todos los caballos salvajes actuales descienden de antepasados que
escaparon cuando estaban cautivos. Civilización o barbarie, hasta hoy.
De todos los animales que fueron domesticados –perro, gato, vaca,
cabra y oveja- los griegos toman al caballo como representando a la
animalidad fronteriza al hombre. Yo especulo que los griegos no conocían
de primera mano a los monos, y que esta adjudicación mitológica de una
especie mitad animal y mitad humana se refiere justamente a la
evolución, esto es, que la humanidad se desarrolla desde la animalidad, y
un reconocimiento y recuerdo que el cuerpo humano es, finalmente,
animal.
Si reflexionamos en el zodíaco y sus símbolos, vamos a encontrar
que algunos signos están representados por animales, mamíferos o
reptiles: carnero, toro, cangrejo, león, escorpión (serpiente y águila),cabra
y peces; otros, por humanos o símbolos culturales: gemelos, virgen,
balanza, aguatero; llama mucho la atención que sólo hay un signo que es
mitad animal y mitad humano, que es el arquero-centauro, por Sagitario,
que representa los altos ideales, la filosofía, la sabiduría, pero que nos
recuerda que somos animales también.
Liz Greene, siempre que habla de Sagitario, nos recuerda la
paradoja en ese signo de vivir aspirando a lo más alto y teniendo que
aceptar las limitaciones del cuerpo individual. Y en otra genialidad,
reemplaza en las cartas del Tarot Mítico, el símbolo del Papa o del Sumo
Sacerdote del tarot más clásico, justamente por Quirón, el centauro sabio
y sanador:
“Sin embargo Quirón no representa ningún sistema religioso ortodoxo. Es una
criatura silvestre, medio hombre y medio animal, y su templo no está hecho
por el hombre sino por la naturaleza, una caverna en la montaña. Por eso la ley
espiritual que transmite no es un hecho colectivo derivado de un dogma, sino
un hecho individual que sólo se puede encontrar entrando en contacto con el
sacerdote o maestro interior”. (….) “El verdadero maestro o sacerdote está
abierto al sufrimiento del mundo porque él mismo sufre. La figura de Quirón
nos recuerda el valor de las innumerables limitaciones de las heridas que
llevamos dentro, que aunque nos causen sufrimiento en nuestra vida cotidiana,
de alguna forma nos llevan a cuestionar y abrir el camino hacia un mayor
entendimiento de las leyes más altas de la vida. Esta paradoja es sugerida por la
forma del mismo centauro, pues siendo medio dios y medio caballo, participa a
la vez del instinto y del espíritu, conteniendo la dualidad que es propia de
nuestra condición humana”
Los mitos devienen justamente para resolver en la imaginación las
contradicciones y la ambivalencia del ser humano:
"Apelamos al mito para resolver conflictos emocionales. Necesitamos una
historia, una aventura, un personaje que concilie nuestras ideas raras y
sentimientos opuestos. Con eso nos reconciliamos con nosotros, nos volvemos
la persona que seremos”. (Tim Burton en entrevista a Rolling Stone)
La Ambivalencia
Cuando las heridas son infligidas por seres cercanos, amados e
idealizados, de los que muchas veces se depende –las que llamamos aquí
heridas primales- se constituye automáticamente una ambivalencia
emocional, por demás tóxica: por un lado, hay una reacción natural de ira,
de odio y de deseo de venganza –la parte individual y animal- y por otro,
se trata de comprender (“él –o ella- fueron heridos también”, “hacen lo
mejor que pueden”), se acepta, se perdona, y muchas veces se continua
relacionado por la extrema dependencia, pues no se tiene otra opción. La
metáfora del “postre envenenado” de Ronald Fairbairn es certera: el niño
percibe que el postre que la madre le da, está en cierta medida
envenenado, pero no lo puede dejar de comer, porque es el único
alimento que recibe y es lo único que la madre sabe hacer.
Al sentir ambivalencia, se siente al mismo tiempo atracción y
repulsión hacia una misma persona. Una justificativa es que se ama a la
persona, pero se odian ciertas actitudes que tiene. Ante tal situación se
puede querer hablar y no hablar al mismo tiempo, o querer actuar y al
mismo tiempo, permanecer pasivo o paralizado.
Por supuesto que no se puede convivir con esa ambivalencia
emocional extrema. Lo lógico (y aquí lógico lo uso en su acepción literal:
una cosa es una cosa y no puede ser otra al mismo tiempo) es reprimir
una de las dos reacciones y asumir la que queda en la conciencia. Las
personas con predominio personal, individual, emocional y hormonal,
quedarán impregnadas por la reacción negativa y se separarán del
agresor, y vivirán en una crónica rebeldía y reivindicación de justicia o en
una actitud vengativa hacia todo y todos. Y las personas donde predomina
lo social, ético, empático, civilizado, racional o espiritual, perdonarán de
una forma automática, sometiéndose o continuando una convivencia
normal. Cuando la ambivalencia es extremada –y la represión el
mecanismo subsecuente- la toxicidad va a corroer el mundo interior de la
persona, pero también es posible que se pueda acceder al
comportamiento resiliente, sublimando lo instintivo, y es esto lo que
permite la ayuda a los que hayan sido heridos de forma similar.
Aquí la diferencia entre sublimación y represión es clave: en la
represión, no hay canalización de lo instintivo y emocional, lo energético
se represa y se estanca en lo inconsciente; en la sublimación, hay una
canalización, la energía se desvía para fines humanitarios y a través de la
acción empática o benefactora, se deriva y se descarga de forma exitosa.
Los Estadios o Posiciones en el Desarrollo del Proceso Quironiano
Dice Liz Greene:
“Hay muchas etapas en el proceso que representa Quirón, comenzando por sus
heridas y terminando con su transformación en un ser mortal y el alivio de su
sufrimiento. Estas etapas encierran rabia, furia, el deseo de lastimar a otros,
amarga resignación, autocompasión, sentimiento de victimización, y
finalmente, la aparición del deseo de comprender los patrones universales que
yacen más allá del dolor personal.
Sostengo que el “proceso” de la herida quironiana, sea primal o
traumática, puede presentar todos esos tipos de manifestación y muchos
otros, que son las fijaciones en los estadios o posiciones de todo el
transcurso del proceso teórico, que presento aquí en detalle:
1) La primera reacción emocional de sentir mucho dolor, seguido de
rabia, que puede llegar al odio mortal. El dolor puede pasar o
convertirse en sufrimiento permanente, fijándose.
2) El sentimiento de profunda injusticia y la reivindicación constante
de justicia: personaje rebelde como manifestación directa de la
rabia crónica, o el justiciero como sublimación de esos sentimientos.
3) El deseo de venganza, en dos versiones: que sólo se sienta y se
reconozca, o que se realice, que se lleve a cabo de alguna manera.
4) La perpetración activa de la herida: el herido se convierte en el que
hiere, como una actitud crónica: el personaje vengador o maldito.
5) La negación, represión o escisión de todos los sentimientos
“negativos” del ser corporal, individual o animal instintivo. Esos
venenos psíquicos inconscientes a veces se manifiestan en
enfermedades que suelen afectar al sistema auto-inmune (lupus,
cáncer, fibromialgia)
6) La posible construcción de un Falso Yo: cuanto más grande la herida
y mayor la represión, mayor y más fuerte es el falso yo, que
constituye una falsa resiliencia.
7) La victimización: el ser y sentirse genuinamente víctima, con
necesidad de comprensión, consuelo, apoyo y contención, y/o el
papel crónico de víctima, para despertar lástima o para la repetición
de la herida.
8) La repetición compulsiva de la herida: buscar ser herido una y otra
vez, como un medio de elaborar el trauma, o con la finalidad de una
satisfacción masoquista.
9) Satisfacción masoquista o actitud de baja autoestima permanente
que el propio rechazo quironiano provoca o ha provocado. Culpa y
vergüenza son sentimientos que suelen acompañar a este estado,
especialmente si se sigue amando al perpetrador y esto es
desaprobado socialmente.
10) El perdón, sea genuino, o sea obligado por la moral religiosa, a
veces
en mezcla inextricable.
11)La comprensión humana del perpetrador a través del ejercicio de la
empatía y la compasión, o el entendimiento de la situación hiriente
colectiva a través de reflexión, investigación y estudio.
12)El entendimiento del significado y del sentido de la herida (aquí
entra
la astrología, o cualquier filosofía, metafísica o creencia religiosa,
valores superiores, la intuición y el análisis mental)
13) La resiliencia, el fortalecimiento verdadero y la auto-sanación a
través
De ayudar a los que sufren del mismo tipo de herida ejerciendo algún
tipo de sanación terapéutica, o la sublimación en algún tipo de acción
social o para el planeta.
Los Prototipos Quironianos
Tenemos así primero a los justicieros, aquellos quironianos en los
que predomina el sentimiento de injusticia de la vida, los que se indignan
por las injusticias hacia el ser humano, en sus varias posibilidades: contra
la violencia de género, contra los traidores o corruptos, contra el maltrato
hacia los niños o los animales, contra los abusos o discriminaciones, o
contra el planeta Tierra entero. Encontramos aquí muchos
revolucionarios, reformistas, feministas, ecologistas, militantes de
cualquier causa, o simplemente –y principalmente- los “rebeldes sin
causa”, una actitud de rebelión contra todo y todos. La marca planetaria,
lo que delata la motivación inconsciente quironiana de todos los
“justicieros” o rebeldes crónicos, es su carácter radical y el sentimiento de
que la injusticia siempre fue así en la tierra y siempre lo seguirá siendo. En
este tipo de personas, se ve a Quirón en aspecto con Acuario, Urano o
Casa 11.
Luego tenemos a los “malditos” (en las palabras de uno de ellos),
aquellos que se asumen vengativos o maltratadores “por deporte”, sean
personas normales con humor negro, irónicos, con actitudes negativas
que denigran y desprecian o hacen pequeñas maniobras para malograr a
los demás, pero que nunca llegan a vengarse de manera violenta; o
personas que sí llegan a la psicopatía, agresores diestros, violentos por
definición. Más allá de esa diferencia, esta perspectiva astrológica de
Quirón nos permite poder ver siempre –siempre-, al “niño herido” por
detrás de cualquier conducta agresiva o violenta, y que entendamos que,
siempre que se reacciona con agresión, hay una fuerte herida primal como
motivo. En este nivel, encontramos a Quirón aspectado con Marte-Aries-
Casa 1 y/o con Plutón-Escorpio-Casa 8.
En la mitad del proceso quironiano observamos los casos donde los
recuerdos y emociones de la herida se han reprimido completamente: son
las personas donde predomina una sobre-adaptación, los que construyen
un falso yo: de esa manera no se reconoce nada sobre la situación
hiriente, hay una negación completa. La actitud y el mensaje es “aquí no
ha pasado nada”, exactamente cuando los niños dicen después de una
golpiza -“no me dolió”- reteniendo el llanto y la furia: se presentan como
aparentemente fuertes, pero sus gestos son sobreactuados, hay
comportamientos de hablar en tono muy alto, repitiendo constantemente
en su comunicación muletillas, saludos o chanzas usadas colectivamente.
Si predomina esta construcción de fortaleza falsa o falsa resiliencia, el
proceso quironiano se detiene, se congela, no presentan ninguna otra
manifestación. En este grupo predomina ampliamente el aspecto entre
Quirón y Saturno-Capricornio, o mejor dicho, Saturno despliega toda su
acción represora sobre planetas personales, y todo ello tiene un enlace
con Quirón.
Después encontramos el grupo de los que se sienten heridos
constantemente, toda situación humana los hiere, a veces mostrando sus
heridas para inspirar compasión o rechazo. Son los que tienen una actitud
de víctima pues se sientan damnificados en ciertos aspectos, a veces
llegando a ejercer auto-agresión activa o pasiva: aquí encontramos los que
se accidentan constantemente, aquellos a quienes les vive pasando
situaciones negativas, o los que presentan enfermedades psicosomáticas
típicas como las que afectan al sistema auto-inmune (artritis, lupus,
diabetes y esclerosis múltiple), la fibromialgia y algunos tipos de cáncer.
Tenemos también en este grupo los que buscan situaciones en las
que se repite la apertura de la herida: se involucran con personas que en
algún momento (o siempre) van a despreciarlas, rechazarlas o
abandonarlas. No se percatan de su motivación masoquista que repite
inconscientemente -de forma compulsiva-, la herida primal. En este grupo
se destaca la configuración entre Quirón y Neptuno-Piscis-Casa 12,
asociados también con Marte, que invierte contra sí mismo la energía de
la auto-afirmación, y con Venus, al no haber auto-valoración.
Es necesario hacer aquí una distinción entre el ser víctima y la
victimización: lo primero es un hecho objetivo, la persona que sufre
golpes, maltratos o abusos y que necesita apoyo y contención emocional;
y lo segundo es la tendencia de una persona a considerarse víctima o a
hacerse pasar por tal sin un motivo objetivo: Yo levanto la cuestión de que
ambas realidades en la práctica se fusionan, muchas veces siendo sus
límites muy imprecisos o injustos desde el punto de vista de la necesidad
de contención. Y que no se debe enjuiciar ninguna persona victimizada,
sea que predomine la realidad o sea que predomine lo subjetivo.
Es que el punto de vista que estoy proponiendo para entender esas
personas es el de la herida primal, y así entender que el que se victimiza,
con seguridad y ciertamente, fue muy agredido en su crianza. Y en
aquellos trastornos del tipo de los golpeadores y las mujeres golpeadas
donde el límite entre el ser víctima y la victimización es en verdad
impreciso. Pura herida primal, en ambos.
Finalmente encontramos el grupo de los idealistas, los que
entienden y comprenden a todos los demás grupos, los quironianos
pasivos o activos que hemos descripto hasta ahora; pueden ser personas
religiosas, espiritualistas o humanistas que perdonan como actitud básica
a los victimarios, o que asisten y acompañan a las víctimas; o directamente
los sanadores, los consejeros, los terapeutas que ayudan a la humanidad
de una u otra forma, muchas veces siendo este corazón quironiano el
motivo principal de su misión, su vocación y su lugar en el mundo. Por
supuesto que aquí encontramos de nuevo a Quirón aspectado con Urano,
Neptuno y Plutón “altos”, y también con Júpiter-Sagitario-Casa 9, el
arquetipo que provee el sentido y los valores universales.
La Sanación posible
Y volviendo al tema de la sanación: ¿esta es posible? ¿Las heridas
nunca, nunca se cierran? ¿No hay remedio? ¿Se pueden cerrar
completamente o parcialmente? Y si se pueden cerrar, ¿con qué tipo de
terapia? Sostengo que como el mito nos lo indica, y la observación propia
y ajena lo abonan, la herida central nunca se cierra del todo en la función
psicológica o en el área afectada, a no ser con el fin de la existencia. Pero,
parecido a Saturno que con el tiempo y el trabajo consciente de una vida
sobre el problema específico va produciendo una perla, las heridas
quironianas con el tiempo van perdiendo su carácter sufrido y tóxico, van
aceptándose, y así pudiendo entenderse su mensaje, y el aprendizaje
cósmico para esta existencia presente (y su prolongación en la próxima).
Como siempre, los problemas de la vida son una vía de maduración y
aprendizaje. O como dicen Freud y Jung, el síntoma es el camino al
inconsciente, es la puerta al auto-conocimiento.
Aceptación, esta es la palabra clave. La actitud sanadora pasa
siempre por la aceptación incondicional de la posición que sea, aceptarse
y aceptar al otro: aceptar al ofendido, aceptar al rabioso, aceptar al
vengativo, aceptar al maldito, aceptar al rebelde con causa o sin causa,
aceptar al masoquista, aceptar a la víctima y a quien se victimiza.
Aceptarse a sí mismo herido y aceptar al otro de forma incondicional, sin
querer que cambie nada es sanador porque justamente rompe con la
actitud hiriente–por más ideal o técnicamente acertada- que es no
reconocer, imponer, proyectar, desear otra cosa, actitud que provocó la
herida primal en su origen.
El o la terapeuta –con la mejor intención-, usando un diagnóstico o
tipificación de la personalidad, deduciendo una dinámica inconsciente, o
queriendo implementar un método, una técnica, por más profundas o
espiritualizadas que sean estas herramientas, no está mirando y
aceptando al paciente tal cual es en el aquí y ahora, lo objetiviza de esa
manera y le abre así la herida primal. No lo mira sin más, no lo escucha
literalmente, no lo acepta tal cual es.
Y esto también se aplica a su persona, a la persona del terapeuta
que está en continuo proceso de auto-conocimiento, este aceptarse sin
más, sin conceptos psicológicos o espirituales, sin juicio ni valoración,
aceptarse globalmente y hasta el último rincón de su persona sin
intención de cambiarse. Sólo así se pueden ir cerrando parcialmente las
heridas primales.
Cuando el paciente se siente absolutamente aceptado aún en los
rasgos más problemáticos, sin una sombra de valoración o juicio, de
actitud analítica o de intervención técnica, es que él podrá aceptarse a sí
mismo. Por supuesto que el proceso de cambio se va a ir profundizando
con el tiempo, y el terapeuta podrá sí en el futuro recurrir a conceptos
psicodinámicos, a valores trascendentes, y a técnicas coadyuvantes para
promover, precipitar y consolidar cualquier progreso.
Existen corrientes terapéuticas que tienen esa actitud básica, como
la de Carl Rogers, la de Abraham Maslow y la Psicología Positiva de Martín
Seligman. Pero es John Firman quien dedica varios capítulos de su libro
The Primal Wound(y un libro entero, APsichoterapy of Love) a temas
específicos y técnicos de este tipo de enfoque al tratamiento de la herida
primal propiamente dicha, y al manejo de la transferencia y la contra-
transferencia inevitables frente a las heridas del paciente.
El tema de la transferencia y la contra-transferencia no es tratado
por los otros autores citados arriba, y es justamente allí donde reside su
punto débil y donde son más criticados, con cierta razón. Sólo John Firman
es quien lo desarrolla y lo clarifica específicamente.
El origen kármico de las heridas quironianas
En su afán de negar racionalidad e idealización a la interpretación
de las heridas de Quirón, Liz Greene niega también una explicación
kármica o de vidas pasadas, de reencarnación, a la aparente injusticia de
las heridas que ese asteroide va a abrir. Dice ella que tal injusticia debe ser
adjudicada a la vida humana en general, a la condición humana, que es así
sin más ni más.
Sostengo que ese afán va demasiado lejos en ese sentido, pues la
carta natal toda –y no sólo el planeta Quirón- no puede estar fuera de una
visión kármica de la vida, aún del karma colectivo del que la historia
individual es parte. Todo nuestro pasado espiritual está implícito en
planetas como Saturno, Luna y Plutón; en la Casa 12, en las cuadraturas y
en el Nodo Sur; en fin, en toda la visión de destino que un mapa natal
implica. Lo que se podría en principio diferenciar es el karma personal
representado principalmente por Saturno y Luna, y el karma colectivo,
teniendo el asteroide Quirón un papel enlazador entre uno y otro.
El pasado espiritual de las personas se puede rastrear de dos
maneras: una es en el árbol genealógico de los antepasados, trabajo que
ejecuta con maestría la terapia de las Constelaciones Familiares; la otra,
una regresión sistemática a las vidas pasadas, a una serie de ellas hasta
llegar a la vida anterior a la presente. El primer análisis es colectivo, el
segundo es individual, pero quien lo ha podido hacer, puede acceder al
entendimiento transpersonal del origen de sus sufrimientos en la Tierra, y
a la misión que de ello se desprende. No es teoría, no es invención, no es
justificativa o defensa para no enfrentar las emociones o la sanación
posible; por el contrario, es un arma terapéutica poderosa al alcance de la
mano, en la vía del autoconocimiento profundo, arma que va a desplegar
una visión holística de la vida larga de cada uno en la Tierra, y que se va a
ver reflejada en la posición de los planetas de la carta natal,
especialmente aquellos que indican trabajos a hacer para aprender,
madurar y sanar.
La apertura de los Registros Akáshicos también se encuentra en esta
dirección, pero para mí ese método no tiene la contundencia de poder ver
las vidas pasadas con los propios ojos, su revelación originada en el propio
interior, como es en la regresión. El hecho de que otra persona te diga tu
pasado (aunque sea lo mismo que se ve en la regresión), no tiene el valor
terapéutico que tiene esta última.
En mi propia investigación personal, encontré antecedentes directos
de las heridas de tipo quironianas en la que fue (así lo propuso la psicóloga
que facilitó la regresión) la primer vida mía en la Tierra, y por supuesto, en
la última vida antes que la presente, vida a la que no se accedí fácilmente
sino a través de un rodeo después de muchas vidas conocidas, por lo
traumática que suele ser, y por lo reveladora que es, pues es la raíz que va
a dar origen a nuestra vida actual. Antecedentes de la herida primal y
heridas traumáticas de esta vida, fueron una mezcla inextricable entre
factores colectivos terribles e incontrolables –la 2ªGuerra Mundial- y
conductas individuales irresponsables e hirientes hacia otros.
El ciclo orbital de Quirón
El retorno de Quirón a su posición natal marca una edad clave en la
evolución individual del ser humano, la edad de cincuenta años. Todo el
mundo sabe que esa edad –el cambio de década- es vital y crítica,
resonando como el recibirse de adulto mayor, el ir dejando de lado lo que
no es importante y tomar las cosas verdaderamente importantes de la
vida. Y ahora le agregamos más un significado: es la edad de ocuparse
seriamente de la sanación a todos los niveles: física, emocional, mental y
espiritual, justamente cuando vemos pasar el tiempo que nos direcciona
hacia el final, mostrando el cuerpo los primeros señales de decadencia.
Bárbara Hand Clow nos instruye sobre el ciclo de Quirón de 50-51
años a través de un gráfico muy revelador de su órbita, sumamente
elíptica, viendo cómo es desigual su pasaje por la sucesión de los signos:
Quirón siempre permanece desde Acuario hasta Tauro (cuatro signos)
muchos más años –unos 29- que desde Géminis hasta Capricornio (ocho
signos), unos 21 años. Quirón en Acuario, Quirón en Piscis, Quirón en Aries
y Quirón en Tauro puede llegar a estar de 6 a 8 años en cada signo, en
cuanto que en el resto de los signos (de Géminis a Capricornio) sólo una
media de dos años en cada uno.
Otra deducción de semejante ciclo desigual entre los signos, es que
en muchas oportunidades, Quirón sincroniza su velocidad con Urano, que
demora 7 años en cada signo, por lo que suele permanecer en aspecto –
especialmente la oposición- durante muchísimos años. La oposición
Quirón-Urano es tan pero tan frecuente que no se la puede considerar un
aspecto personal, y sí colectivo, importando sólo la posición por casas, y
aspectos de otros planetas, a esa oposición básica. Por ejemplo cita Clow
el caso de la oposición exacta 41 veces desde 1952 a 1989.
Mirando esa época, yo estoy considerando que la oposición Quirón-
Urano significa la posibilidad de heridas primales de tipo generacional
ligadas a la salida de la mujer de las funciones hogareñas, al
distanciamiento dentro del hogar provocado por la tecnología y a las
relaciones distantes y frías que la sociedad industrial fomentó, desde el
amor libre radical hasta los climas dentro de la familia o la pareja donde
predominaba la libertad y la distancia afectiva y emocional. El “amor libre”
es una conquista uraniana de la humanidad en el pasaje para la Era de
Acuario, pero también fomentó la crianza de niños más fría e impersonal,
cuando no la posibilidad del aborto como actitud normal.
También la posibilidad de heridas traumáticas provocadas por la
misma tecnología, desde la radiación atómica hasta toda la contaminación
del ambiente en sus versiones aire, agua, tierra y fuego. Y por supuesto, la
contaminación de los medios de comunicación de masas y los medios de
transporte, con la masificación de los automóviles y las autopistas, y sus
accidentes prototípicos.
Pero también significa la posibilidad que esas generaciones tienen
de sanación sirviéndose de todo el arsenal de técnicas y psicoterapias,
académicas y alternativas a su disposición desde esos años. Toda la
Psicología Transpersonal y la Astrología Psicológica crecieron y se
difundieron en esas décadas, ni qué hablar de las terapias chamánicas,
con piedras, con cristales, florales, etc. Si vamos a ver, todo el concepto de
salud cambió en esos años, desde lo físico hasta lo mental y espiritual.
Sigo reflexionando al respecto y esperando observaciones y puntos de
vista de los lectores sobre esta oposición Urano-Quirón generacional, que
la mayoría tiene en sus cartas natales.
El momento actual de Quirón
La razón de que Quirón se muestre actualmente muy potente es
que se encuentra en el grado 0° de Aries, esto es, en el Punto Vernal del
cielo, el comienzo del zodiaco. Sabemos que ese punto es el Ascendente
del Zodiaco en reposo, esto es, es el ascendente del cielo para todo el
planeta, el inicio de todo el ciclo astrológico.
Y lo que yo agrego para abonar esa opinión es que cuando
conocemos la órbita tan particular de Quirón, ese grado 0° de Aries es
justo el centro de la mitad de los dos signos donde se demora más. Quirón
se demora unos 8 años, justo en los dos signos Piscis y Aries, por lo tanto
el grado 0° de Aries es el punto principal, el grado medio en el afelio de su
órbita -donde más se aleja del Sol-. En Quirón, por lo tanto, se superpone
el Punto Vernal, que es el Ascendente del cielo para todo el planeta, con
este grado medio y principal de su órbita. Vaya coincidencia, ¡y vaya
potencia!
Síntesis y Conclusiones
Hice una revisión de los significados básicos de Quirón en que todos
los autores están más o menos de acuerdo, como un área de la
personalidad en que se reciben heridas que se consideran injustas, para
luego intentar ampliar ese significado llevando en cuenta un largo proceso
emocional desde el comienzo hasta el final resiliente.
Siguiendo a Liz Greene, amplié la primera reacción de odio y deseo
de venganza como naturales, propia del animal humano que todos somos;
las consecuencias negativas para la salud si se reprime tal reacción, y la
consecuente necesidad de reconocimiento de tales sentimientos para la
sanación. Y junto con ella, también analicé tal tendencia a la represión de
los sentimientos negativos como propia de la gran división entre el cuerpo
animal y el idealismo del ser humano civilizado, división representada por
el centauro mitológico.
Para comprender el surgimiento de ese símbolo mitológico,
investigué el proceso histórico de la domesticación del caballo, que
acompaña y propicia el establecimiento de las primeras civilizaciones
humanas. Intenté así disponer una línea simbólica de correspondencia
entre Centauro => Caballo domesticado => División entre el ser animal/
humano civilizado e idealista.
Discerní en el mito dos grandes tipos de heridas, las primales y las
traumáticas; para las primeras, desarrollé las ideas de John Firman y todos
los autores sobre la Herida Primal, que se recibe indefectiblemente en el
proceso de crianza por nuestros padres y cuidadores, y que establece un
hoyo energético en el núcleo de nuestro ser por la falta de una mirada sin
proyecciones, condiciones ni juicios. Y describí las estrategias para
defenderse de tales emociones aniquilantes, una de las cuales es la
construcción de un falso yo, de una falsa resiliencia.
Recordé la definición clínica de las heridas traumáticas, y reflexioné
sobre el rasgo distintivo de la injusticia que es sentida en las heridas
traumáticas quironianas. Terminé reflexionando sobre el carácter kármico
colectivo de tales heridas, viendo las diferencias de tal punto de vista con
la opinión de Liz Greene.
Acabé desarrollando una pista dejada por Liz Greene, sobre los
pasos, estadios o posiciones de todo el proceso quironiano, desde la
recepción de la herida hasta su transformación a través de la resiliencia,
que pasa por el dolor, el odio, el deseo de venganza, el sentimiento de
injusticia, la represión, la repetición compulsiva de la herida, los
sentimientos de inferioridad, el perdón, la búsqueda de comprensión y
sentido, y la compasión resiliente.
Discurrí sobre la noción de sanación que está asociada a las heridas
de Quirón, sobre su posibilidad real y/o su carácter imperecedero, y sobre
la actitud de cierta corriente terapéutica (John Firman el principal) que sí
creo va reparando poco a poco el padecimiento: la aceptación radical sin
juicios, análisis ni condiciones, y sin intentos diagnósticos o técnicos para
cambiar nada.
Para terminar, levanté los datos astronómicos y astrológicos acerca
del ciclo y el retorno del planeta (asteroide) Quirón, y la importancia del
momento actual indicada por el tránsito en el punto Vernal, el grado 0° de
Aries.
Un Caso Ejemplar
Ya cerrando esta investigación, me dirijo a la mayor librería de mi
ciudad a comprar un libro de un autor preferido de ficción científica. No
había ninguno. Cuando voy saliendo a la calle, me digo: “no voy a salir de
esta librería con las manos vacías, voy a comprar algún libro, quiero leer
algo”. Vuelvo a entrar, y el primer libro –de entre los miles expuestos- al
que dirijo mi mirada (¿o me es dirigida?) es el libro “Más Fuerte que el
Odio” de Tim Guénard. Creo que es el libro más indicado del mundo sobre
un caso de resiliencia ejemplar, una encarnación literal de Quirón con
todo su proceso.
En este libro cuyo subtítulo es ‘Cómo Escapar de un Destino Fatal y
Convertirse en un Hombre Feliz a Pesar de la Desgracia’, Tim cuenta su
vida que es un despliegue de situaciones terribles, violentas e injustas
desde niño chico hasta adulto, y de cómo fue superando el odio y el deseo
de venganza hasta convertirse en un ser amoroso que ayuda a los niños y
jóvenes que pasan por situaciones semejantes. Ejemplar aquí lo tomo en
los dos significados de la palabra: como paradigma y prototipo de las
heridas primales y traumáticas, y como virtuoso ejemplo del proceso de
resiliencia y compasión sanadora.
Tim nace en la campiña francesa de una madre de 16 años, que lo
abandona a los 3 años atándolo a un poste de la electricidad en un bosque
donde pasa toda la noche solito. Su padre se entrega al consumo de
alcohol por ese abandono del hogar (por otro hombre), y descarga toda su
violencia en el niño. A los 5 años, después de la visita de una asistente
social que es avisada que lo golpean, le da una tunda tal que le quiebra
ambas piernas y la nariz, le revienta un oído y un ojo, desfigurándole el
rostro. Pasa 3 días en coma y despierta en un hospital donde va a
quedarse dos años y medio sin recibir ni una sola visita. Se recupera
lentamente gracias a su voluntad de hierro, y para ejercitar sus piernas se
arrastra al baño todas las noches en silencio y mira el papel celofán de un
regalo de otro niño (papel que ha robado disimuladamente), donde salen
estrellitas de colores, animalitos de fantasía y un osito que saluda. “Ese
saludo fue el único gesto amoroso que yo recibí en todos esos años”.
A partir de los 7 años lo destinan a hogares substitutos y a un
orfanato sufriendo de maltrato institucional, y no lo adopta nadie por su
rostro desfigurado. Tiene una isla de amor con una familia del campo que
sí lo adopta, pero la fatalidad se presenta de nuevo: jugando con otro
niño, construyen una casita de paja en el granero, y prenden una vela que
incendia todo: por supuesto que él es el único culpado, volviendo a
orfanatos y luego a reformatorios y correccionales, desarrollando
conductas agresivas de auto-defensa, si no, se lo comen vivo los otros
huérfanos, y más tarde los jóvenes detenidos.
Se escapa una vez de un correccional muy violento, y huye a París,
donde conoce la libertad pero también el hambre, la soledad y la
persecución, pues no tiene papeles de identidad. Roba, se pelea, lo violan
y se prostituye, finalmente llegando al boxeo como deporte donde
canaliza su odio y su deseo de venganza hacia su padre y la sociedad. Lo
apresan de nuevo y de nuevo se escapa, accediendo así a jueces
diferentes que contemplan sus dichos (“me voy a escapar de nuevo, ud.
verá”) y lo expulsan así de todo reformatorio por esa “proeza”. Una jueza
humanitaria lo mira a los ojos y lo escucha, le cree (finalmente) y le da la
oportunidad de ser aprendiz en un oficio de escultor de gárgolas. Se
recibe, trabaja, y continúa boxeando, haciéndose famoso (con 23 fracturas
en la nariz, 4 de las cuales las tenía de su padre).
Entonces comienza a conocer y reunirse con personas humanitarias
y caritativas, espirituales y religiosas que lo comienzan a transformar
interiormente. Los niños y jóvenes discapacitados que lo quieren
abiertamente, le abren finalmente su corazón al amor. Acaba casándose
con una joven que le declara su amor, también ella ayudando a personas
discapacitadas. Ambos se mudan a Lourdes en el sudeste francés, y tienen
cuatro hijos. Tim se dedica a la apicultura, y viaja por el mundo entero
compartiendo su historia. Al final, encuentra a su madre y a su padre, a los
cuales perdona, pero ellos no reciben ese gesto, siguiendo tan duros como
al inicio.
Tim nació el 9 de agosto de 1958: no tenemos la hora de nacimiento
pero creo que en su carta natal con casas definidas, Quirón debe ir a parar
al Ascendente o al Medio Cielo, dada la importancia que tiene en su vida.
Tim tiene el Sol conjunto a Urano (y a Palas) en Leo, ambos
opuestos a Quirón en Acuario, formando con Marte en Tauro una
cuadratura T o “Triángulo de Rendimiento” (Huber). Quirón también está
trígono a Júpiter -conjunto partil al Nodo Norte- en Libra, y quincunce a
Venus en Cáncer, formando la figura del “Triángulo Dominante” cuyas
características desarrolladas por los Huber describen al detalle la
psicología y la vida de Tim Guénard -creatividad, solución positiva de sus
problemas, irradiación en el entorno-, de allí lo de “dominante”. Por fin,
Quirón también está sextil a Saturno en Sagitario, que a su vez está
trígono al Sol-Urano formando la figura del “Triángulo de Ambivalencia”
(Huber), cuyo ángulo azul -en este caso Saturno- marca la conmutación o
el buen control para el manejo de las energías rojas de la oposición y las
cuadraturas.
Además de Saturno estar en Sagitario, el aspecto central creo yo
que es ese trígono entre Quirón y Júpiter con el Nodo Norte, que le otorga
la fe y la capacidad de hallar sentido en todo lo que le pasa. Lo más
remarcable es pues esa posibilidad de trabajo con su Voluntad (de lo que
él mismo habla) solar-leonina y de Marte, y los encuentros con gente
especial (primero la abuela, una tía, un pordiosero que le enseña muchas
cosas, la jueza; luego un sacerdote, los discapacitados, la novia, ¡hasta la
mismísima Madre Teresa de Calcuta!), que van transformando su vida y
posibilitando una resiliencia admirable.
Escuchemos la introducción, observando los increíbles símbolos
concretos quironianos:
“Mi nombre es Philippe, y me llaman Tim porque mi nombre iroqués es Timidy.
Significa “Señor de los Caballos”. Mi memoria herida fue más difícil de domar que un
pura sangre salvaje. Guénard podría interpretarse como “firme en la esperanza”.
Siempre he creído en el milagro. Esa esperanza que nunca me ha faltado, ni siquiera en
lo más negro de la noche, se la deseo hoy a todo el mundo.
“Mi vida está tan magullada como mi cara. Los golpes más violentos los he recibido de
quienes deberían haberme tomado de la mano y decirme “te quiero”. He sobrevivido
gracias a tres sueños: lograr que me expulsaran del correccional –una hazaña nunca
consumada hasta entonces-; convertirme en jefe de pandilla; matar a mi padre.
“He realizado estos sueños. Excepto el tercero. Pero durante años, la llama de la
venganza me hizo vivir. En la prisión de mi odio me visitaron personas habitadas por el
Amor e hicieron que me arrodillara en el corazón. Debo la vida a quienes la sociedad
rechaza, a los achacosos, a los lisiados, a los discapacitados, a los “anormales”. A ellos
les dedico este libro.
“El hombre es libre de alterar por completo su destino para lo mejor o para lo peor: yo,
hijo de alcohólico, niño abandonado, he hecho marrar el golpe a la fatalidad. He hecho
mentir a la genética. Ese es mi orgullo.
“Para ser un hombre se necesitan cojones. Para ser un hombre de amor hay que
tenerlos aún más grandes. Tras años de combate, enterré el hacha de guerra con mi
padre, conmigo mismo y con mi pasado.
“A veces cojo el volante de mi vieja camioneta y me voy, cuando me lo piden, a contar
una parte de mi caótica vida. Voy por los alrededores o más lejos, en Francia o en el
extranjero, a los colegios y a las cárceles, a las iglesias y a los tribunales, a los estadios y
a las plazas públicas…
“Doy fe de que el perdón es el acto más difícil de plantear: el más digno del hombre,
mi combate más hermoso. El amor es mi puño final. De ahora en adelante camino por
la senda del amor.
Pero veamos lo que dice sobre el perdón en la conclusión del libro,
en ese proceso de sanación, tan lento:
“El perdón no es una varita mágica. Existe un querer perdonar y un poder perdonar, a
veces se quiere perdonar pero no se puede. Cuando se puede, cuando por fin la cabeza
y el corazón terminan poniéndose de acuerdo, queda el recuerdo, esas cosas dolorosas
que suben a la superficie, que perturban y reavivan el odio. Es el perdón de la
memoria. No es precisamente el más sencillo. Exige mucho tiempo.
“Durante diez años le he venido preguntando a Martine: ‘¿Me quieres?’. No podía
creer en su amor. Mi curación se ha producido a largo plazo. Si, se necesita tiempo. He
tenido la suerte de encontrar a personas auténticas. Me han querido, aceptando la
huella de mi pasado. Se atrevieron a admitir mi diferencia, mis sobresaltos de hombre
herido. Escucharon mi sufrimiento, y me siguieron amando después de las tormentas.
Ahora tengo conciencia de lo que he recibido.
“El pasado se despierta por efecto de un sonido, de una palabra, de un olor, de un
ruido, de un gesto, de un lugar apenas entrevisto… Basta una nada para que surjan los
recuerdos. Me zarandean, me desgarran. Me recuerdan que aún tengo sensibilidad a
flor de piel. Aún me duele. Quizás nunca me apacigüe del todo. Sin duda deberé
renovar mi perdón, una y otra vez. ¿Es este el ‘setenta y siete veces siete’ del que
habla Jesús?
“Perdonar no es olvidar. Es aceptar vivir en paz con la ofensa. Es difícil cuando la herida
ha atravesado el ser entero hasta marcar el cuerpo como un tatuaje letal.
Recientemente he debido sufrir una operación en las piernas: los golpes de mi padre
provocaron algunos estropicios físicos irreparables. El dolor se despierta con
frecuencia, y con él, la memoria.
“Para perdonar, es preciso recordar. No hay que esconder la herida, enterrarla, sino, al
contrario, exponerla al aire, a la luz del día. Una herida escondida se infecta y destila su
veneno. Es preciso que se la vea, que se la escuche, para poder convertirse en fuente
de vida.
“Yo doy fe de que no hay herida que no pueda ir cicatrizando lentamente gracias al
amor”
Yen el último trecho del libro observemos cómos e le abren las
heridas primales hasta el final, siempre, eternamente, recibiendo el
veneno como dice la leyenda de Quirón. Pero también de cómo las va
curando:
“Hasta la edad de 16 años, soñé furiosamente que mi madre venía a recogerme.
Después acepté la intolerable idea de haber sido abandonado por quien me llevó en su
vientre. Entonces decidí que sería mejor que no la volviera a ver jamás.
“Y sin embargo, sucedió. De improviso. Fue después de mi boda. Una tía me había
invitado a una reunión de familia sin decirme que allí me encontraría con mi madre.
Me encontré de pronto frente a una mujer morena, joven y bella.
“No hizo un solo gesto al verme. Ni una mueca.
“Me acerqué a ella y le dije: -Mi único sueño es que me des un beso…-
“Se echó para atrás imperceptiblemente.
-“… o tu mano sobre mi hombro, si lo prefieres. Un solo gesto, eso bastará…-
“Ella mantuvo las distancias y respondió: -Eres como tu padre… ¡El honor, nada más
que el honor!-
“Esperé durante algunos segundos un gesto que no habría de llegar. Me largué de allí.
Iba a salir cuando mi madre me cogió en el rellano. Me preguntó:
“-¿Has perdonado a tu padre?
“-Sí, le he perdonado.
“Ella se encerró en sí misma. Su rostro quedó crispado, duro. Sin duda, no podía
aceptar que hubiera perdonado a ese hombre que me había quebrado el cuerpo. No
admitía que los pusiese a los dos en un mismo plano de perdón. Me soltó:
“-Sí, eres como tu padre. Serás un mal marido y un mal padre…
“Hay palabras más violentas que los puñetazos. Las palabras del veneno de la
desesperanza, de la fatalidad. Mi madre no medía el alcance de su afirmación.
“Fue preciso otra mujer, Martine, mi esposa, para poder purgar este veneno mortal.
Ella me cuidó con una paciencia de ángel, día tras día.
“Gracias a Martine, hoy puedo decir esto que parece impensable: la felicidad que
recibo de nuestros cuatro hijos, también se la debo a mi madre. Ella es quien me ha
dado la vida, ese inestimable tesoro.
“Hoy lucho por ser un buen padre, un buen marido y un buen hijo… de Dios Padre.
“Mis hijos se han convertido en mis raíces. Junto a ellos, el hombre herido que soy ha
obtenido curación. Cuando me llaman papito, siento que me recorre la espina dorsal
un delicioso escalofrío. Es una emoción exquisita. No quiero acostumbrarme a que me
llamen papito. Es la cosa más hermosa del mundo. Me acuerdo de todos esos
“papitos” que me faltaron. Doy gracias. Y confío a Dios Padre todos los niños que no
tienen a nadie a quien decir “papito”.