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Feminismos Descoloniales y Anticolonialismo

Este documento resume una reseña de un libro titulado "Miradas en torno al problema colonial. Pensamiento anticolonial y feminismos descoloniales en los sures globales" editado por Karina Ochoa Muñoz. El libro reúne ensayos que abordan temas como la descolonización del conocimiento, las resistencias ancestrales, estrategias descolonizadoras y la descolonización del arte. La reseña analiza la importancia de adoptar una perspectiva anticolonial y honrar las resistencias contra la opresión racial y de gé

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Feminismos Descoloniales y Anticolonialismo

Este documento resume una reseña de un libro titulado "Miradas en torno al problema colonial. Pensamiento anticolonial y feminismos descoloniales en los sures globales" editado por Karina Ochoa Muñoz. El libro reúne ensayos que abordan temas como la descolonización del conocimiento, las resistencias ancestrales, estrategias descolonizadoras y la descolonización del arte. La reseña analiza la importancia de adoptar una perspectiva anticolonial y honrar las resistencias contra la opresión racial y de gé

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Balbuena,

Yamila

Miradas en torno al problema


colonial. Pensamiento anticolonial
y feminismos descoloniales en los
sures globales (2019) de Karina
Ochoa Muñoz (Coord.)
Guay: Revista de lecturas

2020, vol. Mayo

Balbuena, Y. (2020). [Reseña de] Miradas en torno al problema colonial. Pensamiento anticolonial y
feminismos descoloniales en los sures globales (2019) de Karina Ochoa Muñoz (Coord.). Guay: Revista
de lecturas, Mayo. En Memoria Académica. Disponible en:
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HISTORIA / POLÍTICA
YA M I L A B A L B U E N A

Miradas en torno al problema


colonial. Pensamiento
anticolonial y feminismos
descoloniales en los sures
globales (2019)
de Karina Ochoa Muñoz (Coord.)

     Mi Cuerpo Sur fue atravesado por la lectura. Las palabras lograron penetrar mi
exterior Blanco, hasta llegar donde habitan el negro y todas las tonalidades del
marrón. No es una esencia previa o biológica, es un antes en el tiempo de la
historia donde fuimos otros seres… hay una memoria, o muchas, que nos traen
ese recuerdo, como si fuera un viento de mar, para despertarnos del letargo. El
Norte dominante e imperialista que hay en mí ha sido mi Cabeza. A veces me
dejo conducir unánimemente por ella y me pierdo. Pensar con el corazón es una
actitud antipatriarcal y anticolonial.
        Puede ser un fraude para quienes se aventuran a este libro a través de mis
ojos; sin embargo, no dejo de encontrar en lo que leo mis propias
preocupaciones: construir feminismos, recuperar prácticas feministas, reflexionar
sobre los feminismos y sus prácticas. Tampoco puede ser de otro modo: sólo
logro hacerme de la lectura entreviéndola con las preguntas que hoy levantan
signos de interrogación debajo de mi piel. 
        Hacernos estas preguntas ahora es posible, en parte, porque en el camino
fuimos respondiendo otros interrogantes. Sé que el tiempo detenido es un
artilugio de la escritura; a medida que escribo los intereses cambian, y mis
palabras envejecen. Todavía es preciso seguir diciéndolo: mi lectura es política y
mi decisión de compartirla, aún más. 
        Karina Ochoa reúne voces diversas que dan cuenta de la pluralidad del
feminismo decolonial. Voces que son prácticas, situadas desde el cuerpo. Que, a
la vez, son experiencias de lucha, resistencia, acciones, y que juntas son un
aporte teórico, un arma teórica para las prácticas y para leer nuestras
experiencias situadas desde esta nueva concepción de teoría que es también
cuerpo y corazón, como documenta el trabajo de Pérez Moreno. 
 
***
 
        Miradas  está ordenado en siete capítulos. Algunos se componen de varios
artículos, pero el primero y el último son unitarios. Tanto el abordaje de Mendoza
como de Londoño Bustamante son únicos en su tipo. En el primero, Mendoza nos
acerca un estado del arte de los estudios decoloniales y su andamiaje conceptual.
En el último, Londoño Bustamante, por su parte, historiza el surgimiento de una
historiografía feminista. Entre ambos, se presenta una agenda temática y política
que proponen los distintos abordajes que componen este libro, la articulación
entre el pensar, hacer y sentir sin disciplinar un aspecto al servicio del otro, sin
tampoco otorgar a uno más valía que el otro. 
     Mientras que los capítulos dos y tres, a partir de los textos de Cumes, Marcos,
Álvarez Díaz, Pérez Sián y Pérez Moreno, se recupera y se propone recomponer
y visibilizar genealogías con las lenguas, cosmovisiones y legados ancestrales,
los capítulos cuatro y cinco nos convidan de estrategias de descolonización
entendidas como prácticas que buscan incomodar, canalizar acciones no regladas
o cuya existencia excede los cánones, y/o subvertir el orden material y simbólico
vigente. Martínez Sinisterra propone desmoronar el racismo, descolonizar la
praxis política, a partir de producir un archivo, un conocimiento, una pedagogía
propia. Gracias a la investigación de Cejas podemos conocer las movilizaciones
estudiantiles sudafricanas que claman por la descolonización del saber y que
fueron reprimidas como en los tiempos del Apartheid. Cabanillas nos acerca la
experiencia de organización de mujeres musulmanas en Sudáfrica; la entrevista
de Ilyas F. Garcés nos aproxima al pensamiento musulmán decolonial de Adlbi
Sibai; y, por último, Filigrana García, desde los sures de Europa, suma su voz
como feminista gitana andaluza.
     El capítulo seis, propone la descolonización del arte a partir de concebir otras
manifestaciones artísticas a la vez que leer críticamente las existentes. Garzón
Martínez repasa el canon literario racista a partir de tres novelas colombianas y
Difarnecio, busca traducir en palabras lo que es poner el cuerpo  a partir de una
relatoría sobre teatro creado y actuado por mujeres mayas.
     La unicidad del libro la encuentro en la asunción de una posición anticolonial.
En primer lugar, en el sistema clasificatorio que ordena cuerpos y realidades
según la raza y que otorga privilegios tangibles y bien concretos tal como
manifiestan las autoras. En segundo lugar, conocer, comprender y honrar las
distintas resistencias que se levantaron en su contra y que expresan una
genealogía para quienes hoy seguimos resistiendo desde las periferias. No en
busca de un paraíso pre existente, sino como objetivo para pensar quiénes somos
y cómo queremos vivir.
     En tercer lugar, evidenciar los mecanismos de opresión y las respuestas que
impactan sobre la realidad y las posibilidades de teorizar sobre las mismas desde
una episteme no blanca. Lo que supone poder conceptualizar al sistema mundo
capitalista moderno colonial que habitamos como clasista, racista, misógino y
heteronormativo que genera una asimetría en el plano existencial y mental.
 
****
 
        Estos comentarios se enmarcan en un contexto particular de lectura y
recepción del libro desde la Argentina. En la actualidad, gran parte del pueblo
trabajador está sufriendo una crisis aguda como consecuencia de la aplicación
mecanizada de los paquetes de medidas estandarizados que el capitalismo global
y sus secuaces anónimos han diseñado para territorios como el nuestro.
        Durante la gestión macrista, las políticas neoliberales de ajuste, desempleo,
especulación financiera y endeudamiento externo no se aplicaron sin una férrea
resistencia. 
     En las movilizaciones masivas la presencia feminista es visible e invisible a la
vez. Por un lado, la inmensa mayoría del activismo luce de manera permanente el
pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y
gratuito. Ese pañuelo -a veces combinado con el color violeta o de la bandera del
Orgullo- se ha convertido en un símbolo de identificación no sólo en los espacios
de lucha, las marchas o actos convocados, sino también en la vida cotidiana.
Decoran bicicletas, se lleva en los puños, mochilas y representan la marea verde
violeta que viene inundando las calles en diferentes concentraciones específicas,
como fueron los paros internacionales (#8M), la presentación del proyecto de ley
de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y su tratamiento en el congreso
(#13J), contra la violencia y los feminicidios (#Niunamenos), entre otras (Alonso,
2018). La nueva ola del feminismo ha inundado no sólo las calles, también los
medios de comunicación, las redes sociales, las universidades, hasta el mundo
del espectáculo se ha visto conmovido y se expresa en nuevas colectivas inéditas
en términos de activismo, como el Colectivo de Actrices Argentinas (AA). 
        A pesar del protagonismo que estoy describiendo, se sigue presentando de
manera sectorizada (y masculina) la lucha contra la pobreza, el hambre y el
saqueo. Y las feministas sólo son enunciadas en algunos casos como activistas
de lo específico: de las mujeres y las disidencias sexuales. Y de sus “temas”: el
acoso, el cumplimiento de leyes como la de Identidad de Género o Educación
Sexual Integral (ESI), etc. 
        La violencia de la narrativa que nos borra de los relatos, de las estructuras
económicas que viven de nosotras/res, que se alimentan de nuestro trabajo
gratuito, no son otras que narrativas coloniales. ¡Son tan hegemónicas!, incluso
dentro de la corriente decolonial o poscolonial en donde la colonialidad del género
sigue siendo una variable y no es concebida como estructural (Bruschetti, 2017). 
        El pensamiento dominante desconecta nuestra existencia y resistencia para
compartimentarla en lo específico, sectorial, de última, cosas de  mujeres. Al
mismo tiempo, y haciendo carne la interseccionalidad del sistema y de la
respuesta que tenemos que darle, quienes nos aventuramos a develar su
crueldad y deshumanización estamos llevando adelante un debate en torno al
sujeto político del feminismo. No es una disputa nueva, pero adquiere una fuerza
sin antecedentes en el marco de la organización de los denominados Encuentros
Nacionales de Mujeres (ENM) que se vienen realizando de manera ininterrumpida
desde el año 1986 (Alma y Lorenzo, 2009)
        Las discusiones profundas que se vienen llevando a cabo pueden verse
contenidas en los aportes que este libro nos acerca en relación a pensar otras
articulaciones por fuera del marco normativo occidental y eurocentrado, como los
Estados Nacionales, como así también en otros debates que el libro tematiza
respecto a un uso restrictivo o normativo del feminismo, al reconocimiento de las
cosmovisiones ancestrales, a escuchar todas las voces y darles existencia y
encarnadura, entre otros aspectos. Lo que estamos debatiendo es quiénes
somos, cómo nos nombramos y porqué luchamos. 
     En este momento los feminismos de Argentina, al igual que las movilizaciones
estudiantiles de Sudáfrica, se enfrentan a la necesidad de descolonizarse.
Pluralizar su enunciación, como proponen Ochoa Muñoz y Garzón Martínez en la
Introducción, no supone un uso políticamente correcto. Sino entender las
contribuciones y debates como parte de un todo sin centro, sin acuerdos totales,
sin síntesis sencillas de deglutir. Algo más fácil de decir que de asumir, al menos
en un entorno tan reglado por las grandes epistemes universalizantes
occidentales. 
     Tampoco significa que no haya ninguna posibilidad de unir voluntades de las
expresiones de Abya Yala y los sures globales. Por el contrario, existe un hilo que
teje las tramas de diversos dibujos y colores y permite pensar el colonialismo
como fenómeno que nos ha interrumpido el tiempo, imponiendo un sistema, unas
formas, rupturistas respecto a lo previo y que no está instalado como suceso en el
pasado remoto sino al revés, vive en nuestros cuerpos, la forma en la que
hablamos, el modo en el que entendemos nuestro presente. 
     Hay horizonte de articulación, posibilidad de acuerdos transitorios, de
definiciones, porque hay esperanzas, algunas presentes en estos relatos que
estoy comentando.
     Expresar que la superioridad occidental es una ficción es el primer paso para
dejar de pensarla y sentirla como verdadera. Nos obliga a rastrear y reconocer
otras genealogías otras, no las yanquis ni las parisinas; nos permite, en un acto
liberador, dejar de querer encajar en una ropa que no es de nuestra talla y
mirarnos en un espejo sin sentirnos farsantes: nunca vamos a estar a su altura,
lisa y llanamente porque no somos ellas. Somos otras, que para poder existir
como tales, tenemos que deconstruir la mirada ajena y mirarnos con nuestros
propios ojos como lo expresaba Fanon (2009).
 
***
 
        Este libro, desde mi lectura, nos aporta los hilos para bordar con un diseño
propio lo que podemos y somos. No es sólo lo que dice, sino el modo en que lo
dice. Propone una nueva genealogía y a la vez, recupera genealogías que se nos
fueron perdiendo, deshilvanando. No es que las perdimos jugando al distraído,
como dice una canción de la infancia, sino como parte de las estrategias de
poder, poder/saber, y que por lo tanto encontrarlas/re encontrarlas supone discutir
el poder, desarmar el poder, empoderarnos. Pero también supone discutir con el
patriarcado académico y disputarle la producción de sentidos, significados,
saberes y conocimientos.  
     Los feminismos decoloniales contribuyen en este proceso sumando, además,
un mecanismo de escucha que genera disrupción, porque antes de ser palabra
fue silencio -la invisibilidad sigue siendo un hueso duro de roer-. Y porque esas
palabras por fin dichas vienen a incomodarnos, ponen en crisis formas anteriores
de concebir y pensar.
     El problema colonial no es otro. No viene a hablarnos de algo externo, ajeno,
meramente intelectual. Nuestros problemas y el modo en que podemos
enfrentarlos, en que nos permitimos leer lo que nos pasa y modificar lo que nos
sucede, es parte del proceso que se inaugura en la colonia y que, como ciclo, no
ha concluido.
 
***
 
Coda

 
        Algunas feministas creemos que uno de nuestros roles prioritarios es el
de  incomodar. No digo señalar con un dedo acusador o medir con el
feministometro, ni nada de eso. Se trata más bien de mirar aquello que en general
pasa inadvertido, que queda invisibilizado o es naturalizado por discursos,
estructuras, dispositivos, que están o pueden vincularse con el orden establecido,
con el Estado y sus instituciones, con el saber y sus academias, con las
organizaciones sociales y políticas. Este libro del 2019 contiene claves para
pensarnos, aún en el marco de esta pandemia a escala planetaria. Y les adelanto
una razón: las políticas públicas gubernamentales para mitigar las consecuencias
del COVID-19 son una expresión de la colonialidad del poder, de la racialización
de los cuerpos, de la jerarquización entre pueblos, y fronteras adentro, entre
ciudadanos de primera que pueden confinarse en sus casas y ciudadanes de
segunda que incumplen la ley por definición: pobres, personas privadas de su
libertad, prostitutas, desocupades, víctimas de violencia patriarcal y tantas otras.
 

YAMILA BALBUENA

Profesora, investigadora y extensionista de la Facultad de Humanidades y


Ciencias de la Educación. Dicta clases de historia, historiografía y
feminismo (FaHCE/UNQ).

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