Sandra, Nicastro (2017)
TRABAJAR EN LA ESCUELA
Análisis de practicas y de experiencias de formación
Capítulo 1: Pensar en las instituciones y las organizaciones
El interés por revisar la relación entre las instituciones y las organizaciones, el
entrecruzamiento de sus lógicas y la definición de lo que se constituye un objeto de estudio
e intervención no es ingenuo ni ocasional, sino que está en relación con el esfuerzo de
resignificarlas, reconocerlas en su potencialidad y restituir su cualidad analítica. Se trata de
palabras y relaciones inapreciables para entender la cotidianeidad de lo escolar, el trabajo
docente, las definiciones políticas que encuadran un sistema educativo. Las instituciones,
las organizaciones y su peculiar relación disputan su carácter político frente a la
banalización que resulta de la polisemia de sus significados, de los falsos anuncios sobre
su desaparición o su ocaso.
Portamos instituciones desde nuestra llegada al mundo, habitamos organizaciones y
las fundamos como lugares colectivos de transmisión, nos sentimos apelados a tomar
posición respecto de los debates sobre el tema. Lo hacemos desde una perspectivas, una
teoría: el análisis institucional, que hace suya esta complejidad y conflictividad y que,
según Lourau (1975:144) , debe : “captar la acción social en su dinamismo y, sin prejuzgar
acerca del sistema institucional existente, tratar de poner en evidencia dónde está la
institución, es decir, las relaciones entre la racionalidad establecida (reglas, formas
sociales, códigos) y los acontecimientos, desarrollos, movimientos sociales que se apoyan
implícita o explícitamente en la racionalidad establecida y/o la cuestionan”.
Las experiencias de investigación, de formación, la profundización y revisión
sistemática de los referentes teóricos del campo nos han llevado una y otra vez a
considerar algunas cuestiones inherentes a la producción de conocimiento en el análisis
institucional. Sabiendo que, tal como lo plantea este autor, “el análisis institucional no
pretende producir un super-saber clandestino y misterioso, más completo y más verdadero
que los otros saberes fragmentados. Aspira, simplemente, a producir una nueva relación
con el saber, una conciencia del no saber que determine nuestra acción”
(Louraru,1975:19)
A propósito de recuperar sentidos y significados.
Para hablar de las instituciones y de las organizaciones es indispensable hacer
algunas advertencias. Diversos autores advierten acerca de la polisemia de estos
términos, y de hecho, en muchas oportunidades, percibimos cierta vaguedad a la hora de
avanzar en torno a sus significados y expresiones.
En algunos casos nos encontraos ante versiones que se refieren a las instituciones
o a las organizaciones indistintamente como si se tratara de sinónimos, o dando cuenta de
alguna diferencia quizás tacita, o de por sí sobreentendida. En pocas palabras Castoriadis
(2006:19) lleva al extremo esta situación cuando dice que “ Hay en efecto polisemia del
término y malestar provocado por esta polisemia, ya que, como se dice, todo es
institución.”
Lourau (1975:144) advierte que “el concepto de institución es además problemático:
esto significa que la institución casi nunca se ofrece de manera inmediata a la observación
o al estudio inductivo. Presente – ausente, la institución emite mensajes falsos directos
mediante su ideología y mensajes verdaderos en código mediante su tipo de organización.
No se confunde con los objetos reales que designa en la ideología corriente o en el
vocabulario jurídico – sociológico”
En las primeras acepciones que se encuentran en la bibliografía especifica, el
termino institución se refiere al “establecimiento de cuidados”, también a la “organización
de las practicas” o “de los conjuntos socio prácticos” (Lapassade,1980), cuestiones ligadas
centralmente, en los tres casos, a la idea de intervención.
Esto puede entenderse porque a lo largo del tiempo la asociación entre la idea de
institución y de intervención se sostuvo al punto que, por momentos, balar de institución
tenía que ver simultáneamente con reconocer una acción de intervención. Desde allí, tal
como sugiere este mismo autor, la intervención implicaba a la “institución cliente” que
podía ser un sujeto, un grupo o una organización, de modo que ambos términos,
institución y organización, aparecían relacionados indefectiblemente.
A partir de estas primeras definiciones podríamos decir que los avances de las
experiencias en el campo institucional asumieron diferentes rasgos. En las corrientes
institucionalistas, lideradas por la idea de intervención, como acción sobre la institución
cliente, prima la cuestión de la demanda y la respuesta a la misma. Desde allí a la hora de
abordar determinados fenómenos se presta atención a los procesos que se desencadenan
a partir de la intervención que toma como objeto esa demanda.
Por el contrario, las corrientes que entienden a la intervención con un objetivo
de elucidación que va más allá de la consulta, de la respuesta demandas especificas y
del desarrollo de dispositivos de cambio, se centran en las modalidades de apropiación de
las herramientas del análisis por parte de los sujetos en las situaciones particulares en las
cuales cada uno de ellos se encuentra.
En algunos momentos se establece una diferencia entre ambos conceptos y se
entiende a la institución como un sistema de reglas, creencias que determinan lo que se
debe hacer y lo que no, pero se produce un desplazamiento cuando al entender que se
trata de un tipo de relación entre un exterior respecto de un interior. La institución queda
asociada a la idea de lo que esta afuera o en el exterior de la organización que a su vez se
entiende como un establecimiento, una configuración de componentes: espacios. Tiempos,
lugares, funciones, roles, etc.
Abordar la cuestión de las instituciones y las organizaciones queda asociado a un
trabajo de clasificación como si se tratara de establecer cual es primera o segunda, o cual
es mas amplia o mas acotada. También se entiende como un trabajo de diferenciación
entre un adentro y un afuera, o entre lo mas abstracto y lo mas especifico, o un trabajo
donde se hace foco en la medición del alcance del grado de penetración y amplitud de las
instituciones y las organizaciones entre si y se los contextos en los cuales se inscriben.
En algunas oportunidades, al hablar de institución se hace referencia a la idea de
“nivel institucional”. Ardoino, en una obra de Lobrot (1974) presenta una
conceptualización de este tipo y hablo de un nivel institucional que se sumaba a otros
como el grupal, social, interpersonal, entre otros. Entendió que cada nivel tenía cierta
autonomía, también cierto determinismo, aunque no desestimó la necesidad de una lectura
integral. Mas tarde, representantes de la misma corriente criticaron el hecho de subsumir la
idea de institución a la de nivel, insistiendo muchos de ellos en conceptualizar la institución
en la relación con las organizaciones, apareciendo en este punto la idea de
transversalidad.
También la polisemia alcanza la relación entre institución, organización y
burocracia a partir de tradiciones de diferente tipo, desde lo que podría llamarse una
teoria de la burocracia ligada a la corriente marxista, pasando por enfoques
administrativos, la perspectiva psicosociológica, o los estudios sociológicos clásicos, entre
otros.
Lapassade (1977,1980) propone no confundir estos términos. Concibe el
ordenamiento burocrático de las organizaciones cuando aparecen os siguientes riesgos:
sujetos con lugares asignados según criterios decididos previamente, definición de roles y
funciones que exigen reglas que fijan y prescriben hasta los últimos detalles, inscripción de
los mismos en sistemas de jerarquías, etc. El principal objetivo es este ordenamiento es la
formalización de relaciones, practicas y resultados y cualquier desviación se entiende
como un desplazamiento respecto de la “racionalidad integral” impuesta. El autor, junto a
Enríquez (1989,2002), entienden que en una organización este ordenamiento en estado
puro es imposible, sobre todo en una época de la cual la idea de cambio y de movimiento
es inherente a los tiempos que corren y esa racionalidad integral, formalizadora y
estabilizadora de la organización es relativa, ya que los sujetos y los grupos que allí se
entraman muestran comportamientos flexibles, cambiantes y dinámicos. Ahora bien, ocurre
en mas de una oportunidad que ese cambio intenta instituirse con la fuerza de una ley
universal y en ese mismo movimiento, paradójicamente pierde su potencial de novedad
cuando de define como lo único, lo acabado y lo verdadero.
Lourau (1977) dice : “si el campo de intervención del análisis institucionas es micro
social (limitado por el tiempo y el lugar de la intervención sobre el terreno), su campo de
análisis es macrosocial, puesto que precisamente se trata de recuperar, en los sectores y
los momentos aparentemente no – políticos, la potencia y la acción de lo político en cuanto
centralidad determinante de toda periferia” (1977:22-23)
Es así como el objeto que se recorta reconoce un campo, en el sentido de trama y
fuerzas en relación que implica, por un lado, el espacio de la intervención y por otro y en
simultaneo, el trabajo del análisis. El espacio de intervención es situado en una
organización en particular, mientras que el campo de análisis no tiene bordes. Esto se
resuelve de alguna manera al construir un marco teórico con potencial de analizador para
entender y explicar esa situación particular. Decir que las decisiones respecto del campo
de análisis se derivan del potencial de analizador de los marcos teóricos y referenciales
implica reconocer que será su cualidad de inteligibilidad, de problematización de la
realidad, de poner en evidencia significados, la que garantice avanzar en líneas de
interpretación situadas.
Enríquez (2002), dice que la institución en tanto valor universal está por detrás de
cada organización. Define a las instituciones de existencia, por ejemplo, las educativas,
como aquellas que se centran en las relaciones humanas y sellan el ingreso del hombre a
un mundo de valores, creando normas particulares y sistemas de referencia. El autor
señala que la institución siempre está presente, en tanto sistema cultural, simbólico e
imaginario, por lo tanto, la razón de ser de las organizaciones no puede pensarse por fuera
de las instituciones.
El autor reconoce a la educación como una institución. Y entabla una relación entre
las instituciones y las organizaciones. En este marco, coincido con el autor porque
entiendo a la educación como unas instituciones, con carácter universal y un alto potencial
de regulación que alcanza a todas las escuelas, todos los alumnos, todos los docentes,
más allá de los roles que ocupen y de los niveles o modalidades en los que se encuentren.
Es muy importante tener en cuenta la relación entre las instituciones y las organizaciones
porque será en las organizaciones, en tanto ámbitos concretos de acción, donde a través
de un trabajo de inscripción, de traducción y ajuste se saldrá la brecha la distancia
esperable e ineludible entre aquello que se define como educación, como educar, enseñar,
aprender, formar, transmitir y las manifestaciones y configuraciones que se dan en el
marco de cada organización educativa en particular.
En esa relación entre la institución y la organización, la primera aparece dando
impulso, intentado imponer su fuerza como ideal, como deber ser, como matriz casi
sagrada, para que todos aquellos que se reúnan alrededor de ese principio pugnen por
desactivar cualquier diferencia, asegurando afinidad y acuerdo. Esa cualidad sagrada, casi
divina, se ve conmovida por múltiples tensiones que se plantean. Por un lado, entre el
contenido de los mandatos que promueven la reunión armónica entre unos y otros y su
efectiva realización. Por otro, las tensiones que se plantean entre la especificidad de
deferentes lógicas que ponen en relación la dimensión del sujeto, de las identificaciones y
del trasfondo de la vida psíquica, de las interrelaciones, de los grupos, en el marco de
contextos organizacionales específicos.
En este sentido, Kaes (1989:22) dirá que: “La instituciones es, antes que nada, una
formación de la sociedad y de la cultura, cuya propia logica sigue. (…) se opone a lo
establecido por la naturaleza… es el conjunto de las formas y las estructuras sociales
instituidas por la ley y la costumbre: regula nuestras relaciones, nos preexiste y se impone
a nosotros: se inscribe en la permanencia”
Lourau (1975:50) al definir a las instituciones se referirá a normas universales
abstractas que constituyen lo social y que se expresan en las condiciones particulares de
los grupos y los individuos a partir de la mediación de modos organizacionales singulares,
“Lo propio de la institución es hacer actuar simultáneamente estos niveles o momentos”
Dubet (2006:44) desde otra perspectiva, nos trae la idea de “programa institucional”
para referirse a un tipo de socialización que se define, confoirme a las modalidades y
formas que adquiere el trabajo sobre los otros.
Asumimos que la organización y la institución no son sinónimos, ni un adentro
de un afuera, ni lo concreto y lo abstracto. Por el contrario, existe una relación, donde
esta la importancia de una transversalidad que nos lleva a pensar en un cruce de istancias
que atraviesan todos los niveles de cualquier formación o hecho social, entendiendo que
ese atravesamiento no necesariamente es longitudinal, sino que también mostrara
ondulaciones o espirales. De este modo, lo sustancia, aquello que no se puede dejar de
advertir, tiene que ver en un gran parte con lo que esa relación produce y entonces, será el
espacio de esa relación, en tanto entrecruzamiento de lógicas, el objeto de nuestro análisis
e intervención.
Aquí se pone en cuestión la idea de verticalidad, que lleva a pensar en niveles
superiores e inferiores, el de arriba o el de abajo, el primero o el segundo y también la
cuestión de horizontalidad, en tanto equipamiento de diferencias.
En este sentido, los enunciados universales atraviesan los distintos niveles de la
organización educativa: contextual, estructural, grupal, interpersonal. Este atravesamiento
evidencia deferentes movimientos y figuraciones, pero siempre entendidas en el arco de
una dinámica que supera los comportamientos estancos y las relaciones fijas o lineales.
Implica la inscripción y expresión de esos universales, siempre con una brecha inherente a
un acto que configura y da cuerpo a la organización.
Formulaciones con valor universal, en el mismo momento que se sostienen como
inimpugnables e inobjetables, como un principio a seguir como un horizonte siempre
incompleto, se presentan como matices, con variaciones. En este sentido, los mimos
significados que pujan por erigirse como unívocos, poseen desviaciones y enfrentamientos
en el seno de los mismos colectivos que intentan regular. Por eso decimos que, si bien ese
universal tiene pretensión de plenitud, de absoluto y de permanencia, esa pretensión es un
fin que nunca se alcanza del todo, en el sentido de una manifestación, expectativa,
aspiración para conseguir algo ambicioso, que se entiende como una obligación que el
otro, que cada uno debe aceptar. Es por ello que en la cotidianeidad del funcionamiento de
una organización se reconocen alrededor de estas cuestiones sentimientos de desapego,
de ajenidad y en palabras de De Certeau, de debilidad frente a la creencia.
Unos y otros, sujetos y grupos se encuentran enfrentados, porque cada uno pugna por
mostrarse frente al otro, como el que representa ese valor ideal como el que encarna la
institución plenamente, a diferencia del otro a quien se define como contrincante o como
extraño. Unos y otros intenta copiar ese ideal de reproducirlo sin fallas, pero a pesar de sus
intentos, y hasta de sus convicciones o creencias, esto no ocurre nunca completamente.
Se trata de tensiones en las cuales las relaciones de diferente tipo que se entablan entre
esos valores, creencias, y los sujetos y grupos, son productoras de sentido y de
movimiento, expresiones de posibilidad, de algo nuevo, mas que un acto acabado y
absoluto.
Esta conflictividad, estas tensiones propias de la relación entre instituciones y
las organizaciones, ponen en evidencia que en el marco de ese encuentro es donde las
diferencias, como expresión de lo plural, se hacen evidentes. De allí resultan movimientos
que no se pueden soslayar porque es allí donde unos y otros, en el marco de los grupos,
en el intercambio con regulaciones, en la apropiación y transmisión de las historias y los
mandatos, expresan diferencias y controversias que son constitutivas y no pueden
invisibilizarse mas allá de la intención uniformadora y universalizante de la propia
institución.
La idea de organización no es sinónimo de institución, ni es otro nivel, ni es
adentro, ni el afuera sino que una y otra, se consideran en vinculación y lo que prima es la
idea de transversalidad. Esto es así cuando se define a la institución como el resultado de
lo que la sociedad instituye en casa tiempo, en el sentido de mantener en pie la maquinaria
social y, en simultáneo, de producirla.
Lapassade (1977,1980) define a las organizaciones como un acto organizador, como
una realidad social compleja, donde se visualiza un colectivo reunido para alcanzar
determinados fines. Ahora bien, si bien se las reconoce como central ene l cumplimiento de
esos fines prácticos.
Decimos que las organizaciones son ámbitos de desarrollo, de expresión, de
producción, de acción y traducción de las instituciones. Suponen una estructura, que en
un recorte espacio temporal con determinada ubicación geográfica y en un momento
histórico especifico, reúnen a un determinado numero de personas para trabajar y
conjuntamente, alcanzar una meta común, unas finalidades específicas. También las
organizaciones sostiene la inscripción de posiciones en tanto lugares específicos de unos y
otros, en el marco de un ordenamiento jerárquico de roles y funciones y un conjunto de
normas que regulan y pautan los desempeños. Cada uno lleva adelante prácticas
diferentes y define procedimientos para alcanzar los dines citados. Estas prácticas se
entraman de un modo idiosincrático con los objetos de trabajo, con el contexto y con los
otros actores institucionales.
A modos de síntesis podemos decir que una organización implica una trama, una
disposición instrumental en el sentido de objetivos, medios, lugares, tiempos que organizan
las relaciones sociales. En a simultáneo, estos componentes y sus relaciones particulares
operan como condiciones para el desarrollo de los fines organizaciones entendidos como
aquello que la organización persigue y produce. Además, esta trama esta atravesada por
lo que se instituye en términos políticos, inconscientes, sociales, como modos de relación,
de pensamiento, de producción con una dinámica tendiente a la estabilización, aunque
simultáneamente puede ser permeable en algunos casos, a cambios y transformaciones.
Es justamente la idea de estabilización la que visibiliza la fuera de la institución para
colaborar en el mantenimiento de las regulaciones que porta e intenta instituir como
ideales.
Instituciones, organizaciones y educación –
Tal como señala Frigerio, G (2004:130) “educar es el verbo que da cuenta de la acción
jurídica de inscribir al sujeto (filiación simbólica) y de la acción política de distribuir las
herencias, designando al colectivo como heredero (…) Acción jurídica y política del
reconocimiento tanto como política del conocimiento, el verbo “educar” expresa la acción
responsable, el deber de hostilidad ante los nuevos, el horizonte de esperanza (de acción
sin espera, de acción sin demora), el tiempo de lo porvenir. “
Los enunciados con alcance universal, se presentan como modos de definir la
educación, se expresan en las organizaciones formadoras a través de su estructura, en las
decisiones curriculares y los propositos formativos, en la definición de roles y tareas, en la
delimitación de espacios y tiempos, etc.
El ámbito en el cual esta relación inextricable se desarrolla, es el de la organización
educativa entendida como un recorte espacio – temporal, que implica relaciones entre
sujetos en una estructura de roles y funciones instruidas para el logro de determinados
fines, siempre atravesadas por sentidos y significados que dan cuenta de instancias
políticas, ideológicas, subjetivas, inconscientes, etc. Que se instituyen en ese contexto.
Ese enunciado de carácter universal, prescribe y se presenta como un límite a la vez
que como un horizonte inalcanzable, que solo puede objetivarse en el marco de las
organizaciones educativas entendidas como ámbitos concretos de acción en contextos
epocales específicos. La educación en tanto institución se materializa, en el trabajo de
traducción y desarrollo que se define como el propósito que da sentido a una organización
educativa. Los enunciados de carácter universal, en tanto marcos que “trabajan” para que
un hecho educativo sea posible, implican un movimiento de confrontación, pasaje,
institucionalización de lo que se supone el “deber ser”, de aquello que nos pre existe, como
discurso y ley, y que está estipulado de antemano.
Es en ese atravesamiento en el cual la organización se sume como educativa y más
allá de los niveles, las modalidades o el sistema formal, es a través de un trabajo de
análisis y un encuadre especialmente definido que resulta posible desentrañar sentidos y
significados, entender los modos de funcionamiento, las lógicas de relación y producción.
Vale la pena insistir en que el estudio de las instituciones y las organizaciones
desde la perspectiva institucional conlleva un objetivo de elucidación y de
revelación de significados, de apropiación de las herramientas del análisis, que
compromete un tipo de pensamiento que se sostiene en la diferencia, la
conflictividad, la tensión y la controversia en tanto condiciones de entendimiento y
de producción de conocimiento.
Castoriadis, dice que las instituciones y organizaciones son nuestros ámbitos
naturales, los lugares donde llegamos al mundo, donde trabajamos, donde nos
reconocemos y conformamos como colectivo. Para el, la intención de avanzar en el
conocimiento acerca de la institución se ve confrontada con el hecho de que estamos allí,
que nos constituye y pre existe; por lo cual, las herramientas para explorarlas, para
adentrarnos en sus lógicas, son parte de la misma.
Kaes, hace foco en que lo que significa pensar la institución, en el intento de definirla
como un objeto de pensamiento. Admitir la intervención insoslayable de los aspectos
subjetivos, emocionales de cada uno de nosotros en la relación que mantenemos con las
instituciones lleva a entender el carácter complejo del pensar y pensarse en ese vínculo.
Queda atrás el hablar de una asociación automática y lineal entre ambos conceptos y
es indispensable reconocer entonces en el estudio de las instituciones y las organizaciones
la centralidad de la cuestión política, de las relaciones sociales y los modos de producción
socio históricos.