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Eksztain - A Qué Llamamos Vínculo (Congreso 2008)

Este documento presenta un resumen de tres oraciones del discurso "A qué llamamos vínculo" de Martha Eksztain en el II Congreso de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. La autora explora conceptualizaciones del vínculo desde diferentes perspectivas filosóficas y psicoanalíticas, y cómo estas han evolucionado para dar cuenta de nuevas formas de malestar. También discute cómo el vínculo plantea desafíos clínicos que requieren decisiones situadas en la contingencia de cada caso.

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Eksztain - A Qué Llamamos Vínculo (Congreso 2008)

Este documento presenta un resumen de tres oraciones del discurso "A qué llamamos vínculo" de Martha Eksztain en el II Congreso de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. La autora explora conceptualizaciones del vínculo desde diferentes perspectivas filosóficas y psicoanalíticas, y cómo estas han evolucionado para dar cuenta de nuevas formas de malestar. También discute cómo el vínculo plantea desafíos clínicos que requieren decisiones situadas en la contingencia de cada caso.

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II CONGRESO DE PSICOANÁLISIS DE LAS CONFIGURACIONES VINCULARES

Perspectivas vinculares en Psicoanálisis

15, 16 y 17 de Mayo de 2008

DIÁLOGOS

A QUÉ LLAMAMOS VÍNCULO


Martha Eksztain

Volvamos a lo antiguo y habrá progreso. Antiguo como base, fundamento, solidez a la que tarde o
temprano habrá que volver. Por ahora dejemos que el torrente se desborde. Los márgenes se
construirán después. El regreso a lo antiguo sólo tiene sentido si es concebido como progreso.
Giuseppe Verdi

Su Santidad el Vínculo.

Agradezco la invitación a este diálogo en el que hablaremos de algo tan caro a nuestras
conceptualizaciones y que apunta a los comienzos del Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares.
La pregunta que me hice (a qué llamo vínculo) se fue transformando en nuevas interrogaciones que
trataré de compartir con ustedes. Intentaré además algunas respuestas, que no podrán ser otras que las
que surgen según el punto singular en que me sitúo.
Me pregunté:
-¿De qué estamos hablando cuando decimos vínculo? ¿Hemos estado diciendo siempre lo mismo al
hablar de él? Es un concepto amplio que ha ido cambiando. ¿Cuánto y hasta cuándo puede ir
modificándose sin que pierda especificidad?
-¿A qué hemos ido llamando vínculo? Y remarco aquí la forma gerundial a la que luego haré
referencia.
-En el caso que arribáramos a una definición, ¿qué vincula lo vincular? ¿Sujetos? ¿tener un lugar en el
fantasma del otro? ¿siempre lo tiene? Si no lo tiene ¿no es vínculo?
- ¿En qué situación, bajo qué obstáculos, el vínculo empezó a tener un lugar en nuestros saberes?
Disponemos de una amplia episteme alrededor de este concepto. ¿A qué emergencia respondió? ¿En
qué juego de poder quedó inscripto y por qué en ese momento?

1
-¿Podemos hacer un culto por la palabra justa, sin que hagamos de eso una nueva religión? Aludo con
esto al título de este escrito; se trataría de estar advertidos acerca de un riesgo: hacer de esta
complejidad un nuevo Uno.
-¿Cómo otorgarle dignidad terminológica, cuando aludimos a sujetos, subjetividad, dispositivos?; en
fin, una amplia red.

La clínica suele adelantarse a la teoría cuestionándola. Y nunca deja de asombrar. Malestares y


sufrimientos de los cuales no hemos podido dar cuenta dieron origen a esta conceptualización que nos
ocupa. Seguimos en lo mismo que Freud inició: alivianar el sufrimiento. Pero nos valemos de otra
teorización flotante, así como nuestros pacientes tienen otras asociaciones, otros sufrimientos. Me
interesa pensar en algunas cuestiones definitorias, lo cual es legitimar algunas nociones teóricas,
dispositivos, procedimientos de intervención, en fin herramientas.
La complejidad y polisemia de la noción de vínculo parte de la amplia diversidad de fondo que
lo va acreditando como concepto-base. Cuando se pensaba estrictamente desde la intrasubjetividad, no
se lo consideraba un concepto fundante. Sin embargo, hay multiplicidad de referencias en la obra de
Freud, que podrían ser antecedentes de una concepción inter o abierta. ¿Qué representan si no, las
innumerables formulaciones freudianas sobre los padres e institutrices instituyentes de la apertura a la
sexualidad -condición subjetivante- y todas las referencias (curiosamente en el olvido) sobre Series
Complementarias?
Pero algo no alcanzó: la clínica se nos adelantó, y nos convocó porque el sufrimiento tomó
otros ropajes. Y así hemos ido inventando: no sólo dispositivos, sino toda una episteme, teorías, que al
decir de Agamben constituyen el momento poético del pensamiento. Y algo nuevo advino.
Algo nuevo que tuvo como telón de fondo los cambios en la conceptualización filosófica acerca del
Sujeto. El sujeto cartesiano “pienso luego existo” es el origen de la subjetividad como una sustancia. O
sea, la cosa que piensa es la sustancia que está por debajo de los diferentes modos de ser de aquello que
llamamos subjetividad –sus pasiones, afecciones, etcétera-. En este sentido, Descartes está inaugurando
la idea de subjetividad moderna. Remite a fundamento idéntico que se puede transformar, pero sigue en
el modelo representacional. En términos nietzscheanos, en cambio, todo es un continuo devenir de
fuerzas y, sin embargo, se puede hacer una descripción de lo que acontece. Esa descripción es una
ficción porque no responde a ninguna verdadera realidad, sino que es el modo perspectivista de
referirse a cómo se configuran las fuerzas en la descripción de determinada realidad. Nietzsche
entendía por Perspectivismo a la posibilidad de generar interpretaciones teniendo en cuenta las propias

2
circunstancias, contextos y tradiciones. A partir de éstas últimas, un fuerte punto de amarre entonces de
una teoría sobre el vínculo, es que la emergencia de la subjetividad es inconcebible sin el otro, o
desligado del concepto de alteridad, en tanto es un continuo devenir. El sujeto no se define sólo en
términos de identidad e individualidad, sino atravesado y constituido por el otro. Y aparecen los
gérmenes de un nuevo modo de concebir el sí mismo y el otro a partir del extraño concepto de entre,
ese espacio inasible que se abre cada vez que se entra en contacto con lo distinto. Una forma de
construcción de la subjetividad donde toda posibilidad de seguridad se vuelve imposible. Porque ese
otro será siempre inescrutable y opaco y también porque ese “yo” está, de entrada, habitado por otros.
El otro está como constitutivo desde el inicio, hay una estructura que es la del “ser con”. Esta
perspectiva (nietzscheana) rompe contra toda lógica de identificación con un supuesto “prójimo” y se
abre, en cambio, a una concepción de lo distinto donde el “yo” no puede más que exponerse sin
reaseguros frente al otro. Es así como la amistad o el amor (y todo vínculo) aparece como riesgo y
peligro, lo cual promueve, si lo hay, encuentro en la diferencia.
Y así como en el debate filosófico actual la cuestión del sujeto pasa por el tema del otro,
podemos pensar al psicoanálisis dibujado sobre ese marco, donde opera cierta perplejidad. Al decir de
Derrida (y al nombrar a este filósofo no estoy haciendo un abordaje de sus textos:¡escribió más de
setenta!), sino que acoto puntualmente mi interés: Pensamos y operamos, como no puede ser de otra
manera, desde el pensamiento binario, desde el pensamiento occidental que es el que Derrida dice que
lleva su principio de ruina y su propio desmoronamiento.

Jacques Rancière (El Desacuerdo-Política y Filosofía, Ediciones Nueva Visión, 1996), con su
teorización político-filosófica acerca del desacuerdo lo define así: es aquella situación en la que el
interlocutor entiende y no entiende lo que dice el otro. El desacuerdo no radica en que uno piense
blanco y el otro negro. Los dos piensan blanco, pero no entienden lo mismo por blancura. No radica en
desconocimiento, no es simple ignorancia; tampoco en malentendido, no es imprecisión del lenguaje.
En el desacuerdo entienden y no entienden lo mismo en las mismas palabras; ve y quiere hacer ver
otro objeto bajo la misma palabra, otra razón en el mismo argumento. Se refiere a lo que es ser un ser
que se sirve de la palabra para discutir.
Quizás lo que hace del vínculo algo ¿escandaloso? es que se trata de la lógica del
desacuerdo…es un viaje por un río en la que no se divisan las costas.

3
Y una clínica desde este lugar es otra manera de operar. No es posible concebir una teoría-
clínica por fuera de la cultura que nos habita. Y no podemos dejar esa cultura y tradiciones impensadas,
porque no hay subjetividad “libre” desde la cual se decide.
Creo entonces pertinente pensar el tema de la decisión, aquélla a la que nos vemos convocados
en forma acuciante en la intimidad de nuestros consultorios. Pero ¿es que hay algún status
psicoanalítico que se le podría otorgar a la decisión?
No me es ajena la red de conceptos urdida alrededor de una decisión: responsabilidad,
intencionalidad, libertad-alienación, sujeto, angustia… Es un pensar-hacer que va inventando el/al
sujeto, produciendo diferencia. Un pensar-hacer surgido de un indecidible que se va decidiendo (así,
gerundialmente), sin apostar a completud alguna, pero que engendra la aparición de una nueva
situación, algo más “decidida”.
La clínica vincular nos plantea un desafío en cada encuentro en tanto nuestra práctica nos
convoca permanentemente a decidir qué hacemos en una u otra circunstancia, a decidir acerca de las
intervenciones que nos parecen más convenientes. Convenientes en el sentido de pensarlas como una
disponibilidad de estrategias que nos irán acercando o no, posibilitando o no el acto analítico, abriendo
a veces un lugar para la creación; creación en términos de invención, es decir, poder imaginar,
descubrir o suscitar algo que vaya acercándose a eso que marcaría un antes y un después, un giro en la
posición subjetiva.
En numerosas oportunidades he notado que el modo verbal empleado en los escritos en los que
trabajamos la vincularidad, es el gerundial (ir haciendo, ir produciendo, etc.); el mismo es indicativo de
momentos no coagulados, de una construcción del tiempo durativa y no finalizada en forma puntual.
Como tal, está ligado a situaciones paradojales, múltiples, inconsistentes y a veces azarosas en las que
se destaca el “ir haciendo” que, si es en trascendencia o en inmanencia es, además, en contingencia: es
una intervención en el pleno de la situación, apostando sin garantías. Se configura así un indecidible
propio de las frágiles situaciones de apertura. Y aunque exista a veces un “yo decido” es sin cualidad
de completud en tanto es desde la escisión estructural, en situación y con otros. Si es de-cisión es
“siendo” y en permanente trabajo vincular.

Y como conceptualización base, los pilares del pensamiento psicoanalítico: Inconciente-


Pulsión-Repetición-Transferencia. Y agrego el olvidado y poco trabajado concepto de Series
Complementarias.

4
La fuerza del Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares en este momento radica en su diversidad,
en la apropiación de conceptualizaciones de otras disciplinas que, lejos de salir del psicoanálisis, las
tomamos para re-trabajar. Las lecturas, los intercambios profesionales, la clínica, todo se constituirá en
un cierto bagaje; que ese bagaje dé lugar a una caja de herramientas y no a un conjunto ecléctico,
dependerá del procesamiento personal, de las posibilidades de subjetivación a que den lugar y de
alguna validación posible.

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