No Te Rindas, Dios Provee
Introducción:
Buen día mis hermanos, espero en el Señor que sean grandemente bendecidos. Es un
gusto estar de nueva cuenta con ustedes compartiendo la reflexión del día.
Están a un par de días de terminar la campaña de crecimiento espiritual: “50 días
ordenando mi casa”. Sería un muy buen ejercicio que analizara sus apuntes, las cosas que
subrayó en el libro, o los sermones que se han expuesto. Esto hará que las lecciones
aprendidas, se afiancen mejor en su mente y corazón. Esto, aunado a la oración, harán
que el cierre de la campaña sea de muchísima bendición para su vida.
El día de hoy toca reflexionar sobre un tema que es muy importante, lo que
coloquialmente decimos como: “no tirar la toalla”. No rendirse. Por lo que le voy a invitar
a que reflexionemos sobre este tema juntos.
Antes de adentrarnos en el tema, me gustaría compartirle una verdad que es inherente a
la vida, es decir que va junto, en paquete con la vida. Si usted tiene una vida, hay el 100%
de seguridad de que usted tiene problemas o ha enfrentado problemas. Esto es porque
son parte de las situaciones que vivimos como personas.
En ocasiones, pensamos que, porque somos hijos de Dios, los problemas no van a llegar a
nosotros, pero la realidad es que no es así. Esto no quiere decir que Dios no tenga cuidado
de nosotros, o que el Señor nos está castigando, aunque muchas veces tenemos
problemas por las consecuencias de nuestros actos, pero ese es otro tema. Lo que quiero
decir es que, mientras estemos en este mundo caído, tendremos dificultades, problemas.
Así que, si usted conoce a alguien que se pregunte: ¿por qué Dios me envió esto?, tal vez
puedas ayudarle a aprender esto. Porque estoy en este mundo, tengo la misma
posibilidad de enfermarme, padecer algo, o tener algún accidente. Esto sucede porque
estamos en el mundo.
No obstante, el día de hoy no queremos que se queden con esa imagen pesimista de la
vida, más bien debemos voltear a ver a Dios en medio de las situaciones que estamos
viviendo. La diferencia entre lo que dije hace un momento y lo que ahora digo, es que
podemos andar en la misma dificultad, pero con los ojos puestos en otra parte, es decir en
Dios.
El autor inicia el capítulo contándonos la historia de una mujer, esta mujer es Susana
Wesley. Ella tuvo la mínima cantidad de 19 hijos. No sé qué sensación pueda dejar el tener
19 hijos. El esposo de Susana no era el más responsable de todos, ya que no aportaba
mucho a la economía de la casa. De los 19 hijos de Susana, solo 9 llegaron a la edad
adulta. No sé lo que es tener 19 hijos, pero tampoco sé lo que es enterrar a 10 de ellos;
solo puedo imaginar que es algo tremendamente doloroso.
¿De dónde venían sus fuerzas? Susana aprovechaba cada oportunidad del día para orar y
leer su Biblia. Las palabras de Susana misma dicen lo siguiente: “Todos mis sufrimientos
con el cuidado del Dios omnipotente cooperaron para promover mi bien espiritual y
eterno, ¡Gloria sea a ti, oh, Señor!”.
En la vida, no es opcional tener o no problemas, ya que los tendremos. Jesús mismo dijo
que en el mundo tendríamos aflicción. Lo que se vuelve una cuestión de decisión es hacia
dónde vemos.
La Biblia narra la historia de Agar e Ismael. Ellos fueron expulsados por Abraham del
campamento donde vivían con ellos. Anduvieron vagando por el desierto durante un
tiempo, hasta que el agua faltó y el alimento también. Tal fue la crisis que pasaban, que
Agar dejó a su hijo debajo de un arbusto y ella se fue una distancia más adelante, para no
ver morir a su hijo. Cuando el niño ve a su madre alejarse, comienza a llorar y a gritar. Es
obvio que la situación era crítica. Entonces la Biblia nos narra una palabra que nos da más
esperanza en nuestros días: “y oyó Dios la voz del muchacho…”.
¡Qué situación tan dramática! La madre ha dejado de luchar, porque la situación está
fuera de su control, pero Dios escucha la voz de Ismael. Y Dios sigue escuchando nuestra
voz. Tal vez la situación que estés viviendo sea muy compleja, o parezca que no hay salida;
tenemos la opción de dejarnos morir o clamar al Señor. Por eso el tema de este día es NO
TE RINDAS, DIOS PROVEE.
El autor nos narra la historia de Diana Acosta, una médica que enfermó de cáncer. Ella no
era una mala persona, como para pensar que Dios la estaba castigando; era ejemplar.
Después de un tiempo de estar luchando contra esta terrible enfermedad, ella le escribe al
pastor Constantino, lo siguiente:
“Él tiene el poder de decidir con mi vida lo que quiera; y te quita fuerzas físicas, inteligencia de hombres,
cuestionamientos de humanos carnales y te dice: no fíes tu mirada en la prueba, fía tu mirada en mí y
carguemos juntos este momento de tu vida, pero aprende de mí a ser manso y humilde de corazón,
entrégame tu voluntad y la de tanta gente que te ama y está a tu alrededor y testificales en cada
oportunidad que tengas cuando antes no lo hacías.
En las manos de Dios está mi vida y mi confianza, y sólo Él es quien me da paz en medio de la tribulación, me
fortalece; aunque en ocasiones flaqueamos como humanos y no es pecado”. Diana Acosta
Tiempo después, Diana falleció.
Piensa por un momento en un partido de futbol, hay 11 jugadores de un equipo y 11 de
otro. Cada uno tiene su estrategia de juego y ha configurado todo para tratar de ganarle al
contrincante. La euforia del juego es tal, que cuando alguno de los equipos anota un gol,
todos los fanáticos de ese equipo, gritan de alegría. Sin embargo, fue solo uno el que
anotó el gol. De igual manera, podemos ser espectadores de las grandezas de Dios, y de lo
que está haciendo en los demás, o podemos ser protagonistas de lo que Dios quiere hacer
en nuestras vidas.
Entiendo que sientas temor de la prueba, porque todos tenemos temor. No obstante al
temor, pasaremos por la prueba de todas formas. Así que mi invitación es a que no te
limites a ser un simple espectador de la grandeza de Dios, sino que clames a él en las
situaciones que vivimos, y que esperes a que Dios te tome de su mano y salgas adelante.
El autor menciona unas palabras muy alentadoras invitándonos a confiar en Dios: “Es
posible que ya cansaste a los que te han escuchado llorar y lamentarte, pero Dios no. Él
proveerá lo que necesitan tus hijos; él te sustentará con lo mejor del trigo.”
La Palabra de Dios dice de la siguiente manera:
“Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque Él mismo ha dicho:
nunca te dejaré ni te desampararé; de manera que decimos confiadamente: el Señor es el
que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?” (Hebreos 13:5-6)
Susana Wesley oraba y leía las Escrituras, y Dios se manifestó en su vida. Dos de sus hijos
fueron instrumentos de Dios para un avivamiento espiritual en los años 1800; Juan y
Carlos Wesley. Fundaron un movimiento que hasta la fecha sigue vigente. Ismael fue
bendecido por Dios, de tal manera que hasta ahora hay descendientes de Ismael
esparcidos por todo el mundo.
Lo que quiero decir es que, Dios nunca ha faltado a su Palabra, donde él dice que se
manifestará. Estoy totalmente convencido que él lo hará en tu vida.
Mi invitación en esta noche no es solamente para que entregues tus problemas al Señor,
mas bien es a que te entregues completamente tú.
El autor termina con dos consejos. El primero nos invita a que nos formulemos la
pregunta: ¿cuál es tu crisis? Si identificas tu crisis, confía en Dios y su provición. El
segundo consejo es: Recuerda una promesa en la Biblia y aprópiate de ella.
Te invito a que oremos juntos en esta noche.