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1) Karl Popper criticó el psicoanálisis por no ser refutable, mientras que consideró que teorías científicas como la de Newton y Einstein sí eran refutables. 2) Popper argumentó que el psicoanálisis era más similar a la astrología que a una ciencia empírica, a diferencia de Habermas quien consideró que ofrecía un conocimiento valioso. 3) Aunque Popper y Habermas discrepaban en cómo clasificar al psicoanálisis, coincidían en que no era una ciencia empírica como la fís
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1) Karl Popper criticó el psicoanálisis por no ser refutable, mientras que consideró que teorías científicas como la de Newton y Einstein sí eran refutables. 2) Popper argumentó que el psicoanálisis era más similar a la astrología que a una ciencia empírica, a diferencia de Habermas quien consideró que ofrecía un conocimiento valioso. 3) Aunque Popper y Habermas discrepaban en cómo clasificar al psicoanálisis, coincidían en que no era una ciencia empírica como la fís
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KARL POPPER Y EL PSICOANÁLISIS

INFORME

ISABELA GUTIÉRREZ RIVERA

UNIDAD CENTRAL DEL VALLE

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y HUMANÍSTICAS

PSICOLOGÍA

V SEMESTE

MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN PSICOSOCIAL Y JURÍDICA

VICTOR HUGO LEAL LONDOÑO

TULUÁ- VALLE
02/09/2021
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LAS CRÍTICAS DE KARL POPPER AL PSICOANÁLISIS

Popper tomó como ejemplos paradigmáticos de ciencia a la teoría de Issac Newton y a la


teoría de la relatividad de Albert Einstein, mientras que el psicoanálisis y el marxismo le
sirvieron como ejemplos paradigmáticos de pseudociencia; así, comparando los ejemplos,
llegó a la conclusión de que lo que distinguía unos de otros era, en esencia, su capacidad
de ser sometidos a crítica y de ser refutables
Sobre ella dice Popper: “Es menester establecer de antemano criterios de refutación; debe
acordarse cuáles son las situaciones observables tales que, si se las observa realmente,
indican que la teoría está refutada”.
Se sabe también que el grado de precisión de estas teorías físicas es mucho mayor que el
psicoanálisis, de ahí que las predicciones o retrodicciones que hace este último son más
vagas, lo que lo hace más irrefutable.
Partimos entonces de que el psicoanálisis no es una ciencia empírica.
[...] cualquier teoría racional, sin importar que sea científica o filosófica, es racional en tanto
que intenta resolver ciertos problemas. Una teoría es comprensible y razonable sólo en
relación con determinada situación de problema. Y sólo puede discutirse racionalmente
estudiando esta relación. (Popper, 1995a: 232).
Lo anterior significa que Popper está tomando en cuenta el contexto en el que se presenta
una teoría y, en relación con ese contexto, la teoría puede ser criticada. En este caso, el
psicoanálisis y las teorías físicas se desarrollan en contextos diferentes; no tratan de
resolver los mismos problemas, sus objetos de estudio son distintos y los objetivos que se
proponen también.
Por ejemplo, en la clínica, el propósito es ofrecer al paciente un punto de vista distinto al
que tiene sobre sí mismo, para que tenga opciones de cambio. Este punto de vista se crea
a partir de un modo de ver la mente humana, el psicoanalítico. Esto significa que uno de los
valores más importantes del psicoanálisis es heurístico, es decir, inventar nuevas formas
de resolver problemas, en este caso de carácter afectivo con los que un paciente se
enfrenta.
Para Popper, el psicoanálisis no cumple con el criterio de demarcación (definición de límites
del concepto mismo) pues no es posible determinar las situaciones observables que refutan
la teoría, pero esto no puede pedirse ni al psicoanálisis ni a otras teorías de la ciencia desde
la nueva forma de pensar las teorías, pues éstas siempre cuentan con un cinturón protector
que las inmuniza en cierto grado. Lo anterior significa que la red de estructuras que
conforman la teoría se puede retocar y no necesariamente abandonar por completo.
En primer lugar, existe una base de contrastación (de poner a prueba) formada por todos
los conceptos psicoanalíticos-no-teóricos.
En segundo lugar, las distintas aplicaciones de la teoría psicoanalítica necesitan guardar
una congruencia entre sí, es decir: los sueños, los síntomas, las conductas que son
aplicaciones de la teoría; guardan coherencia entre sí, convirtiéndose la mente del paciente
en una gran aplicación de la teoría que responde a distintos principios psicoanalíticos: la
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teoría de los sueños, la teoría de la neurosis, la teoría de la sexualidad infantil, la teoría del
narcisismo, la teoría de la angustia, entre otras.
En tercer lugar, el analista espera lograr un cambio profundo y duradero en su paciente.
Tanto el primero como el segundo saben lo difícil que es lograr esto. Sin duda, alcanzar un
cambio de este tipo impone fuertes límites a la aplicación del psicoanálisis. Así, aunque es
innegable que la sugestión influye en la relación analítica para lograr el cambio, la
compulsión a la repetición y la reacción terapéutica negativa atestiguan que de ninguna
manera es el factor principal para alcanzarlo.
Mientras Popper coloca al psicoanálisis más cercano a la astrología y a los relatos de
Homero sobre el Olimpo, Jürgen Habermas -filósofo- lo ubica como un tipo de conocimiento
privilegiado porque responde a intereses emancipativos (libres). Sin embargo, tanto
Popper como Habermas coinciden en que el psicoanálisis no es una ciencia
empírico-analítica como, por ejemplo, la física.
A pesar de la influencia de la ciencia natural en Freud, Habermas considera que el
psicoanálisis es un tipo de conocimiento diferente porque hay un interés por el
autoconocimiento que no existe en la ciencia natural.
Por otra parte, Habermas señala que una interpretación que el psicoanalista ofrezca a su
paciente, no puede considerarse refutada porque éste no la acepte; podría ser que las
resistencias de él influyeran para este rechazo. Si no concordara, por el contrario, Popper
juzgaría que se ha introducido una hipótesis ad hoc, es decir, una hipótesis propuesta
para explicar un hecho que contradice la teoría para salvar la interpretación y que esta
estratagema (o engaño) debería excluirse por que va en contra de su idea de racionalidad
científica.
Mientras Popper juzga que el psicoanálisis tiende al dogmatismo (verdades
absolutas) porque rehúye a la crítica, Habermas considera que el conocimiento
analítico es crítico.
El conocimiento analítico posibilita al paciente para efectuar esa crítica y disolver con ello
una actitud dogmática, su forma de ser. Esto se logra porque el análisis proporciona un
conocimiento que vence la falsa conciencia, pero sólo gracias a que el paciente sufre y le
interesa salir de ese sufrimiento.
Popper entiende por ella el falsacionismo, método único de cualquier ciencia, es decir,
defiende un monismo metodológico que toma como paradigma a la ciencia natural. En
cambio, la concepción de Habermas implica una racionalidad crítica que va en contra del
monismo metodológico, pues cada tipo de conocimiento tiene su especificidad, la ciencia
natural es sólo un tipo de conocimiento.
Finalmente, para dar como un sondeo general o conclusión aportando también mi opinión
frente al caso, considero personalmente aceptable la afirmación de Popper acerca de la
subjetividad de los contextos y de la aplicabilidad de cada teoría desde los mismos, el
entendimiento de diferentes culturas, ambientes e identidades personales generan que
posteriormente a la inversión de la teoría (aplicada en psicoterapia en la actualidad), se
construya con libertad un ideal de seguimiento a la terapia del propio paciente, logrando así
la aplicación de muchos de los campos disciplinarios, por ende, no se refuta.
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LA CIENCIA: CONJETURAS Y REFUTACIONES.

En primer lugar, para dar claridad con la intencionalidad del texto, debemos comprender la
definición de conjetura, esta es considerada como una opinión fundada en probabilidades,
indicios u observaciones. El hombre siente la necesidad de conocer y predecir el desarrollo
de los acontecimientos reales para sobrevivir en la realidad, y esto solo lo logra haciendo
conjeturas sobre las regularidades de los procesos reales.
El hombre tiende a imaginar e inventar historias, o conceptos o reglas, o cualquier otro tipo
de conjetura, que le permita tener expectativas de cómo va a comportarse la realidad. Una
vez entendido esto, para Popper, el conocimiento científico es una conjetura crítica que
demuestra su validez objetiva mientras sus predicciones no son refutadas por los hechos,
en especial aquellas que son consideradas por sus creadores como sus tests.
Dentro de los procesos teóricos resueltos por Popper, se descubren problemas en la
demarcación y estos son para él el centro de mayor interés en su obra. Surgen interrogantes
como: ¿Cuándo debe ser considerada científica una teoría?”; o bien, “¿existe algún criterio
para determinar el carácter o status científico de una teoría?
Sin embargo, dentro del documento esta no es la principal preocupación, en realidad la
intención es distinguir entre la ciencia y la pseudo-ciencia, sabiendo muy bien que la ciencia
a menudo se equivoca y que la pseudo-ciencia a veces da con la verdad.
Se debe entender que el método empírico no es el criterio de demarcación, es decir, que
la ciencia se distingue de la pseudo ciencia por su método empírico, que es esencialmente
inductivo, o sea que parte de la observación o de la experimentación.
Desde el momento de hablar sobre el problema de la demarcación, entendemos que
Popper experimenta este mismo durante el verano de 1919 cuando comenzó a sentirse
cada vez más insatisfecho con esas tres teorías, el Materialismo Histórico, el Psicoanálisis
y la Psicología del individuo; identifica dentro de sí dudas en relación a su pretendido
carácter científico de la siguiente forma: “¿Qué es lo que no funciona en el Marxismo, el
Psicoanálisis y la Psicología del individuo?”, “¿Por qué son tan diferentes de las teorías
físicas, de la teoría de Newton y especialmente de la Teoría de la Relatividad?”.
El problema de la demarcación no es el problema de la verdad ni el problema de la
exactitud o mensurabilidad.
Esas tres teorías parecían poder explicar prácticamente todo lo que sucedía dentro de los
campos a los que se referían. El estudio de cada una de ellas parecía tener el efecto de
una transformación intelectual, que abría los ojos a una nueva verdad oculta para los no
iniciados. De este modo, se veían ejemplos confirmatorios de todas las partes: el mundo
estaba lleno de verificaciones de la teoría, así, su verdad parecía manifiesta.
Las anteriores consideraciones llevaron a Popper durante 1919-1920 a conclusiones
reformuladas de la siguiente manera:
1. Es fácil obtener confirmaciones o verificaciones para casi cualquier teoría, si son
confirmaciones de lo que buscamos.
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2. Las confirmaciones solo cuentan si son el resultado de predicciones arriesgadas, es


decir, si, de no basarnos en la teoría en cuestión, habríamos esperado que se
produjera un suceso que es incompatible con la teoría, un suceso que refuta la
teoría.
3. Toda “buena” teoría científica implica una prohibición: prohíbe que sucedan ciertas
cosas. Cuanto más prohíbe una teoría, tanto mejor es.
4. Una teoría que no es refutable por ningún suceso concebible no es científica. La
irrefutabilidad no es una virtud de una teoría (como se cree a menudo), sino un vicio.
5. Todo genuino test de una teoría es un intento de desmentirla, de refutarla. La
testabilidad equivale a la refutabilidad. Pero hay grados de testabilidad: algunas
teorías son más testables, están más expuestas a la refutación que otras, corren
más riesgos, por decir así.
6. Los elementos de juicio confirmatorios no deben ser tomados en cuenta, excepto
cuando son el resultado de un genuino test de la teoría; es decir, cuando puede
ofrecerse un intento serio, pero infructuoso, de refutar la teoría. (En tales casos se
habla de “elementos de juicio corroboradores”).
7. Algunas teorías genuinamente testables, después de hallarse que son falsas, siguen
contando con el sostén de sus admiradores, por ejemplo, introduciendo algún
supuesto auxiliar de manera que escape a la refutación.

El psicoanálisis no cumple el criterio de demarcación.


Las dos teorías psicoanalíticas mencionadas se encontraban en una categoría diferente, es
decir, simplemente no eran testables, eran irrefutables.
Eso no significa que Freud y Adler no hayan visto correctamente ciertos hechos. Mucho de
lo que afirmaron tiene considerable importancia, pero significa que esas “observaciones
clínicas” que los psicoanalistas toman como confirmaciones de su teoría no tienen más
carácter que las confirmaciones diarias que los astrólogos creen encontrar en su
experiencia.
En cuanto a la narración freudiana del “yo”, el “ello”, y el “super yo”, su derecho a pretender
un status científico no es sustancialmente mayor que el de la colección de historias
homéricas del Olimpo. Estas teorías describen algunos hechos, pero a la manea de mitos.
Contienen sugerencias psicológicas sumamente interesantes, pero no en una forma
estable.
Por consiguiente, el problema que Popper trató de resolver al proponer el criterio de
refutabilidad no fue un problema de sentido o significado, ni un problema de verdad o
aceptabilidad, sino el de trazar una línea divisoria entre las ciencias empíricas y todos los
otros enunciados de carácter religioso o metafísico, o simplemente pseudo-científico.
En 1929, llama a este primer problema el “problema de la demarcación”. Sin embargo, el
criterio de refutabilidad es una solución a este problema, pues sostiene que, para ser
colocados en el rango de científicos, los enunciados o sistemas de enunciados deben ser
susceptibles de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles.
En 1929, la solución resultaba ser algo casi insignificante, aunque resolvía un problema
intelectual que había preocupado profundamente a Popper y que tenía también
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consecuencias prácticas (políticas). En ese entonces, cuando se lo explicó a un


condiscípulo del Departamento de Matemáticas, le sugirió que lo publicara.
En realidad, pensó que era absurdo pues estaba convencido de que su problema debía de
haber conmovido a muchos científicos y filósofos, quienes seguramente ya habrían llegado
a la tan obvia solución. Pero, se enteró de que esto no era así a través de la obra de
Wittgenstein y de la acogida que se le dio, por ende, publicó los resultados trece años tarde
en la forma de una crítica del criterio de significado de Wittgenstein.

El problema de la inducción.
Popper ha examinado su problema de la demarcación con detalle porque creyó que su
solución era la clave de la mayoría de los problemas fundamentales de la filosofía de la
ciencia. Teniendo en cuenta uno de ellos: El problema de la inducción.
Comenzó a interesarme por el problema de la inducción en 1923. Aunque este problema
se halla estrechamente relacionado con el de la demarcación, durante cinco años no
comprendió completamente esta conexión.
Abordé el problema de la inducción a través de Hume, puesto que este autor sostenía que
no puede haber ningún argumento lógico válido que permitiera establecer que “los casos
de los cuales no hemos tenido ninguna experiencia se asemejan a aquellos de los que
hemos tenido experiencia”. En otras palabras, el intento de justificar la práctica de la
inducción mediante una apelación a la experiencia conduce a un regreso al infinito; como
resultado de esto, se puede decir que las teorías nunca pueden ser inferidas de enunciados
observacionales, ni pueden ser justificados racionalmente por éstos.
Popper halló que la refutación de la inferencia inductiva hecha por Hume era clara y
concluyente, pero se sintió totalmente insatisfecho por su explicación psicológica función
de la costumbre o el hábito. Se concluye entonces que, al igual que otros hábitos, nuestro
hábito de creer en leyes es el producto de la repetición frecuente, de la repetida observación
de que las cosas de un cierto tipo están constantemente unidas a cosas de otro tipo.
Popper pensaba que la psicología de Hume estaba equivocada al menos en tres puntos
diferentes:

• El resultado típico de la repetición.


• La génesis de los hábitos.
• El carácter de esas experiencias o modos de conducta que pueden ser llamados
“creer en una ley” o “esperar una sucesión de sucesos sujeta a leyes”.
La idea central de la teoría de Hume es la de repetición, basada en la similitud (o la
“semejanza”), es decir, debemos responder a las situaciones como si fueran equivalentes;
tomarlas como similares: interpretarlas como repeticiones. Sin embargo, el tipo de
repetición considerado por Hume nunca puede ser perfecto; los casos que tiene presente
no pueden ser casos de perfecta igualdad; sólo pueden ser casos de similitud. Así, sólo son
repeticiones desde un cierto punto de vista.
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Al parecer, Hume después de abandonar la teoría lógica de la inducción por repetición,


cerró un trato con el sentido común y volvió a admitir humildemente la inducción por
repetición bajo el disfraz de una teoría psicológica.
Es así como finalmente se trató de una teoría del ensayo y el error, de conjeturas y
refutaciones. Se hacía posible comprender por qué nuestros intentos por imponer
interpretaciones al mundo son lógicamente anteriores a la observación de similitudes.
Puesto que este procedimiento estaba respaldado por razones lógicas, se pensó que sería
también aplicable al campo de la ciencia, que las teorías científicas no son una
recopilación de observaciones, sino que son invenciones, conjeturas audazmente
formuladas para su ensayo y que deben ser eliminadas si entran en conflicto con
observaciones; observaciones, además, que raramente sean accidentales, sino que se las
emprenda, como norma, con la definida intención de someter a prueba una teoría para
obtener, si es posible, una refutación decisiva.

¿Qué es primero, la hipótesis o la observación?


Es muy cierto que cualquier hipótesis particular que elijamos habrá sido precedida por
observaciones; pero estas observaciones, a su vez, presuponen la adopción de un marco
de referencia, un marco de expectativas, un marco de teoría. Si las observaciones eran
significativas, si creaban la necesidad de una explicación era porque no se las podía
explicar dentro del viejo andamio teórico.
¿Por qué los científicos creen en la inducción?
Esto se debe a su creencia de que la ciencia natural se caracteriza por el método inductivo,
es decir, por su método que parte de largas series de observaciones y experimentos y se
basa en ellos. Creen que la diferencia entre ciencia genuina y especulación metafísica o
pseudo científica depende exclusivamente de que se emplee o no el método inductivo.
Creen que sólo el método inductivo puede suministrar un criterio de demarcación
satisfactorio.

Posición de Popper ante el problema de la inducción:


1. La inducción, es decir, la inferencia basada en muchas observaciones, es un mito.
No es un hecho psicológico, ni un hecho de la vida cotidiana, ni un procedimiento
científico.
2. El procedimiento real de la ciencia consiste en trabajar con conjeturas: en saltar a
conclusiones, a menudo después de una sola observación.
3. Las observaciones y los experimentos repetidos funcionan en la ciencia como test
de nuestras conjeturas o hipótesis, es decir, como intentos de refutación.
4. La errónea creencia en la inducción se fortifica por la necesidad de un criterio de
demarcación que, según se cree tradicional pero erróneamente, sólo lo puede
suministrar el método inductivo.
5. La concepción de este método inductivo, como el criterio de verificabilidad, supone
una demarcación defectuosa
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6. Nada de lo anterior cambia lo más mínimo con afirmar que la inducción no hace
seguras a las teorías, sino sólo probables.

Como conclusión y juntamente agregando mi opinión, considero que el proceso llevado


poco a poco durante años sobre la aplicación de las teorías, la refutación, la indagación,
verificación, entre otras variables, ha sido muy exhaustivo y finalmente ha logrado una
claridad y por decirlo así, libre elección a la temática mayoritariamente deseada o mejor
aceptaba por cada identidad personal de los pacientes.
Todo este proceso investigativo sobre las entidades psicológicas plantea bases
fundamentales para la adquisición de respuestas a causas y consecuencias de patologías
del campo de la salud mental.

KARL POPPER: LA EXPLICACIÓN EN LA DISCIPLINA HISTÓRICA

Karl Popper compartió y defendió toda su vida una de las tesis más fuertes de los
positivistas lógicos, la del monismo metodológico, también conocido con el nombre de
enfoque unificacionista de las ciencias, en donde se consideraba que todas las disciplinas
debían explicar al estilo como lo hace la física, ya que esta era el modelo de ciencia por
excelencia.
En este sentido, Popper comparte con Hempel la idea de que el modelo nomológico
deductivo de la explicación es aplicable a todas las disciplinas, y que una disciplina que
quiera tener el rango de ciencia debe utilizar esta forma de explicación, que el método usado
en la física se puede extender a todas las disciplinas, incluso a una disciplina tan sui géneris
(extraordinaria) como la historia Hempel (1979).
Las ciencias teóricas tienen como objetivo principal la búsqueda de leyes universales y la
experimentación con esas leyes; esta sería una característica propia de este tipo de
ciencias, en cambio la historia no está interesada en la búsqueda de leyes universales, su
interés no está centrado en la generalidad, sino en la particularidad, en lo singular, por lo
tanto, la historia se interesaría por la experimentación de proposiciones singulares.
Para Popper, toda explicación causal de un acontecimiento singular puede considerarse
histórica, en cuanto que la causa está siempre descrita por condiciones iniciales similares.
Esto cuadra perfectamente con una idea muy popular de que explicar algo causalmente es
explicar cómo y por qué ocurrió, es decir, contar su historia.
No existen leyes históricas
El objetivo primordial que se plantea Popper en la miseria del historicismo es el de
demostrar que no existen leyes históricas
Él crítica el historicismo, en un intento por destruir sus bases metodológicas, para demostrar
que es imposible encontrar leyes históricas. La historia no puede utilizar el mismo método
que las ciencias naturales a las que denomina ciencias teóricas. Estas ciencias según
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Popper, son ciencias generalizadoras que buscan explicar y predecir los hechos del mundo
físico.
Popper niega que existan leyes del desarrollo histórico humano, por ser este un hecho único
y por lo tanto irrepetible, e impredecible; la imposibilidad de realizar predicciones a gran
escala en las ciencias sociales está centrada en el carácter único de la sociedad como
sistema.

El significado de la historia
En la historia al igual que en las ciencias, no es posible evitar adoptar un punto de vista y
la creencia de que esto es posible debe inducirnos forzosamente a engañarnos a nosotros
mismos y a prescindir del necesario cuidado crítico.
Para Popper no puede haber historia del pasado tal como ocurrió en la realidad, solo puede
haber interpretaciones históricas y ninguna de ellas definitiva, cada generación tiene
derecho a la suya propia.
La historia de la humanidad no existe, solo existe un número indefinido de historias de toda
suerte de aspectos de la vida humana, y una de ellas es la historia del poder político, la cual
ha sido elevada a la categoría de historia universal. Si existiera una historia de la
humanidad, tendría que ser una historia de todos los hombres, tendría que ser la historia
de todas las esperanzas, de todas las luchas, y padecimientos humanos; en efecto, no
existe un hombre más importante que otro y efectivamente esta historia concreta no puede
escribirse.
Popper (1984), al igual que un autor como Willian Dray (1970) termina exponiendo una serie
de argumentos que muestran el debilitamiento del modelo nomológico deductivo de la
explicación aplicado al campo de la historia, y en este sentido para Popper es imposible
hablar de un monismo metodológico, un único método aplicable a todas las ciencias,
monismo que él mismo defendió a lo largo de toda su vida, pero que en su afán de destruir
las bases metodológicas del historicismo termina negándolo.
Para finalmente concluir con el trabajo en general y añadiendo mi última intervención
personal, en este caso, no comprendo en su totalidad la planeación de Popper al defender
durante su vida la tesis del monismo metodológico que compartió con Hempel, puesto que
en este enfoque unificaba todas las ciencias existentes y demandaba que cada disciplina
debía explicarse al igual que la física. Sin embargo, tomo en cuenta el debilitamiento de
este modelo deductivo que posteriormente se contradijo para concluir con su negación.
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Referencias

Clavel De Kruyff F. (2004). Las Críticas De Karl Popper Al Psicoanálisis. Signos


Filosóficos, suplemento núm. 11, vol VI, pp. 85-99.
Karl. R. Popper, la ciencia: conjeturas y refutaciones. [Fragmento]. Pp. 1-28.
Giraldo Paredes H. (2013). Karl Popper: La Explicación En La Disciplina Histórica. Vol. 9
No. 2, 2013 (Julio - diciembre) Unilibre Cali. 18: 204-211.

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