Don Ramon
sollte und wollte zu den ersten Mitarbeitern unserer Zeitschrift gehören. Er ist vor der
Zeit abberufen worden. Wir haben ihn bewundert, wir haben ihn geliebt,' wir trauern
um ihn. Lassen wir seinen getreuen Don Damaso, unseren guten Freund, von der Größe
des Meisters Kunde tun! Hans Rheinfelder
Damaso Alonso
Menendez Pidal y la cultura espanola ]
I
Hay que tener en cuenta, antes que nada, lo que era la filologia espanola al ir a
comenzar los treinta Ultimos aüos del siglo XIX. Los investigadores espanoles con-
tinuaban en las ciencias del espiritu lo mismo que en las fisico-naturales, mitodos y
tecnicas que en el mundo ya habian sido abandonados. Por lo que toca a las ciencias
naturales, habria que considerar una ilustre excepcion: Cajal. Pero queda lejos del tema,
y no tenemos espacio para ello. Por lo que toca a las ciencias del espiritu, si que no
podemos dejar de detenernos un momento en la figura de Mild y Fontanals, que parece
contradecir las afirmaciones que acabamos de hacer. Mila habia nacido mucho antes.
Pero la obra suya que nos interesa, la que es sin duda su obra maestra, pertenece a la
epoca que estamos considerando.
Casi en el umbral de ese periodo, en el ano 1874, ha aparecido el libro de Mila y
Fontanals De la poesia heroico-popular castellana. Basta hojearlo, para ver que es algo
enteramente desconocido hasta entonces en Espana: es un libro «europeo», quiero decir,
que esta al dia; en se utiliza toda la bibliografia internacional sobre el tema y los
temas relacionados, esta basado en precisiones y pormenores de rigurosa exactitud,
aplica una escrupulosa tecnica moderna. Algo enteramente nuevo.
Podemos, pues, afirmar que los metodos tecnicos, casi desconocidos en Espana durante
el siglo XIX, penetran con la labor y el talento creador de Cajal, en ciencias biologicas,
y en las del espiritu apuntan en la obra madura de Mila y Fontanals. Reduciendonos al
terreno que ahora nos interesa, hay que senalar que el libro de Mila De la poesia
heroico-popular castellana ofrecia dificultades insuperables para quien no tuviese una
obstinada voluntad de hincarle el diente a toda costa: tenia un dificilisimo sistema de
citas y abreviaturas (afortunadamente desaparecido en la nueva edicion, publicada no
hace muchos anos, gracias a los desvelos de Riquer y Molas que han cuidado de ella).
Por esa causa, entre otras, el libro de Mila quedo como un esfuerzo muy limitado en su
eficacia, casi secreto: ni tampoco en el extranjero tuvo toda la resonancia que merecia.
Hubo si un discipulo de Mila de caracter senero, excepcional. Se nos alza en frente
ia figura de talla inmensa, de don Marcelino Me^ndez Pelayo. Su obra es genial; pero
1
Este trabajo es el texto de una conferencia, escrito especialmente para un publico general y
espanol. Accedo con gusto a la peticion del Prof. Rheinfelder para incluirlo en su revista
«Iberoromania», pero pido que se tengan siempre presentes esas caracteristicas.
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todo lo que hay de genial en su obra, se debe a la genialidad peculiar, personal, de su
mente; no a sus metodos cientificos, que no eran, en lo fundamental, muy diferentes de
los que empleaba la erudicion del siglo XVIII. Menendez Pelayo fue discipulo de Μίΐέ.
Haria falta un estudio inteligente de hasta qui punto y en que sentido fue su discipulo:
aprendio mucho de su maestro; pero no aprendio de έΐ esa ticnica cerradamente cientifica
minuciosa y voluntariamente rigurosa. Menendez Pelayo, gran erudito, manejo un
gigantesco arsenal de datos, pero su labor no fue exactamente inductiva, no consistio en
relacionar esos datos por medio de una trabazon o vinculacion estrictamente cientifica.
No: la labor genial de Menendez Pelayo consistio en, sobre el gran acervo de datos,
aplicar su poderosisima capacidad de intuicion. La intuicion ni se aprende ni se hereda;
se tiene ο no se tiene. En ella participa, claro esti, el conocimiento; pero, sobre todo en
la intuicion artistica, lo que le da su especial caracter es la sensibilidad, la afectividad,
los movimientos volitivos del alma, y la recreadora fantasia. La obra, pues, de Me^ndez
Pelayo, basada en mucho conocimiento, fue genialmente artistica, es decir, po^tica,
mucho mas que rigurosamente cientifica a la luz de lo que era en el mundo la organiza-
cion cientifica en los finales europeos del siglo XIX. El trabajo de Me^ndez Pelayo lo
fue a zarpazos de genio.
Y don Ramon Menendez Pidal fue a su vez discipulo de Me^ndez Pelayo.
Haria falta un estudio exacto y penetrante de estos engarces maestro discipulo: de
MiU a Menendez Pelayo (como ya lo hemos dicho), y tambie*n ahora de Menindez Pelayo
a Menendez Pidal. Para tratar de dilucidar la relacion de los dos Menendez, Pelayo y
Pidal, comparemos en ojeada general el caracter de sus obras.
Solo trece anos entre estos dos hombres. Son dos oleadas sucesivas: son los represen-
tantes de dos generaciones contiguas del espiritu espanol. Pero dejemos ahora el con-
cepto de «generacion», tantas veces equivocante. Son dos «hombres»: dos hombres, dos
trabajadores que Dios junta en su cantera, en su eterno tajo, ahi, hacia 1900, quiza en
la hondonada maxima del declinar espanol. AI verlos inmediatos, sucesivos, seneros,
ingentes, distintos y complementarios, yo me estremezco, porque no, no ha podido ser
casualidad. Algo quiere decir, algun presagio hay en esa conjuncion: en el instante del
hundimiento espanol; en esa esquinada tragica del siglo XIX y del XX, Dios los junto,
para que los espanoles tuvieramos un aliento y una tarea, para probarnos que no habia
dejado de su mano a Espana.
Y los junto de modo blen curloso. En la obra inmensa de Men£ndez Pelayo (jsolo
treinta y siete anos de trabajo le fueron otorgados!) toda Espana habia sido reflejada
como en un espejo concentrador. Menendez Pelayo atendia de un modo normalmente
riguroso al pormenor (y aun hoy a trav6s de la lente mas hipercritica, jcuin poco se le
puede rectificar!), pero su espiritu era ante todo selector, coordinador, en una palabra,
sintetico. Y asi su obra pudo ser eso: sintesis de Espana.
Y aqui entra lo maravilloso. A Ramon Menindez Pidal, al mudiacho de veinticinco
anos que en 1898 se aprestaba a participar en el mundo de las letras, una fuerza
misteriosa le guia: no se le pasa por la imaginacion competir en el terreno de Menendez
Pelayo; menos aun el atacarle. No; el mundo es muy andio: todos cabemos. Y aquella
fuerza providencial le esta guiando, le esta senalando su destino: busca Menindez Pidal,
como punto de arranque, el estudio directo de los textos, el desmenuzamiento mate-
matico, microscopico, del pormenor. Es algo totalmente nuevo en Espana. Pidal
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considera esa penosisima labor como una etapa previa, indispensable en el trabajo.
Frente a la total sintesis de Menendez Pelayo, s tarea empieza, pues azuzada, envizcada
hacia la minucia y el analisis. A comienzos de nuestro siglo, la obra de Me^ndez Pelayo
se iba coronando sinteticamente inmensa; la de Menendez Pidal apuntaba, se cuajaba,
inmensamente analitica.
Ahora vemos algo que resulta evidentemente de lo que acabamos de decir: el genio
de Menendez Pelayo y el de Menendez Pidal eran casi contrarios, antagonicos: artistico,
poetico, fundamentalmente el del primero; pormenorizador, reflexivo, estrictamente
cientifico el del segundo. El procedimiento de Menendez Pelayo era la intuicion; el del
segundo la induccion. La intuicion es una operacion creativa, poitica; la induccion es
una actividad logica.
Y si volvemos los ojos a Μίΐέ, vemos algo curioso: socialmente Menέndez Pelayo es
discipulo de Mila, y Menέndez Pidal lo es de Menindez Pelayo. Pero en profundidad,
Menendez Pelayo no es ni discipulo de Mila, ni maestro de Pidal. Me^ndez Pelayo,
aparte, unico, es discipulo de su propio genio y creador solo por έΐ. Saltando ese falso
nexo que se nos tendia entre Men£ndez Pelayo y Menendez Pidal, este ultimo es el que
resulta en realidad el verdadero discipulo de Mila, mejor dicho, del libro de la madurez
de Mila, De la poesia heroico-popular castellana. No es Menindez Pelayo, sino este
libro, lo que nos da el verdadero engarce con la generacion siguiente, de la filologia
espafiola, es decir con Menendez Pidal.
Desde 1896 comienza Pidal la publicacion de sus grandes obras. Cosa notable: si se
apuraran exactamente los terminos, se veria que desde entonces el influjo de Menendez
Pidal sobre Men£ndez Pelayo, es decir sobre su supuesto maestro, es evidente. Esto
—que habria que estudiar en pormenor— ha sido afirmado ya alguna vez (recuerdo un
articulo periodistico del catedratico de instituto Jesus Alonso Montero).
Mila no tuvo inmediatamente discipulos de sus nuevos n^todos. Pero el trabajo de
Pidal, muy superior en perfeccion tecnica al de Mila, al irse abriendo en amplio varillaje
sobre la e*pica, la historiografia primitiva (cronicas: leyenda e historia), la lirica
medieval y su tradicion, la linguistica, la historia de la Edad Media y en fin la del
Imperio, fue a la par interesando a una gran parte del publico culto espanol y obtuvo
pronto una atencion, cada vez mas creciente, hasta constituir en Espana una de las
maximas famas de los tiempos modernos, y hallar una gran resonancia en los medios
filologicos de todo el mundo.
II
Hemos dicho que la obra del Me^ndez Pidal joven, apuntaba inmensamente analitica.
Pero el mero analisis no es —si hablamos con algo de precision— una tarea de ciencia.
Otros empenos eran los que esperaban al joven Menendez Pidal. Mientras Espana
sesteaba a lo largo del siglo XIX, mas alia de los Pirineos la investigacion en algunas
de las ramas historicas (al contacto con el rigor de las nuevas leyes fisiconaturales) habia
llegado a la precision y tambiin a la arrogante seguridad (que hoy, ciertamente, nos
parece muy excesiva) con la que Gaston Paris trepaba, estribando en sus n^todos
filologicos, por ramas y cadenas de variantes hasta el original perdido, hasta la obra
literaria tal como salio de la mano de su autor; y en el terreno linguistico, por una serie
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de inducciones, se habia ido dibujando una arborizacion casi perfecta del tronco indo-
europeo, y en especial, de la gran rama rom nica. La ling istica historica, asombrosa
creacion del siglo XIX, estaba en pie; y (para atenernos a lo proximo) en 1890 Meyer-
L bke habia ya podido imprimir el primer tomo de su Gramatica de las lenguas
romanicas, en lo fundamental aun hoy vigente.
Es notable: en Espana apenas se habia sentido la menor curiosidad por esta sistema-
tizacion de la ciencia europea, aun siendo los nuevos metodos tecnicos, como habian
sido, tan fertiles, tan asombrosamente creativos, y aunque se habia producido, como si
dijeramos, delante de sus ojos. Era a Menendez Pidal a quien le estaba reservado el
derribar la barrera que nos aislaba de los mitodos cientificos conquistados en el ultimo
tercio del siglo XIX. Asi, solo un positive y exacto m£todo historico y filologico es lo
que hace posible su primera gran obra, La leyenda de los Infantes de Lara, publicada
en 1896; y su impregnacion de la nueva tecnica ling istica esta ya de manifiesto en el
Manual Elemental de Gramatica Historica Espanola, de 1904.
Y ahora si que nos es util el concepto de «generacion». Muchas veces se ha senalado
como la «del 98» representa una apertura de la conciencia espanola (bastante confinada
en esos finales del siglo XIX) a los vientos universales del espiritu contemporaneo. Pero
el confinamiento en el campo de la creacion literaria, era solo relativo ^5έΓνβ$6, por
ejemplo, como el naturalismo habia podido penetrar, hacia 1880 —es decir, con muy
pequeno retraso—, en Espana). En Filologia, y, naturalmente, lo mismo en la rama
especial de la Ling istica, si que el aislamiento habia sido casi absoluto. La mision
primera de Menendez Pidal coincide, en este sentido, con la de la generacion del 98.
Y tambien coincide con ella en una curiosa consecuencia: esas «europeizaciones» van a
traernos como resultado una m£s profunda comprension de los modos y sentires de
Espana. La indagacion en las raices mas profundas de la historia trae consigo un amor
desenfrenado a lo tradicional. En amar a Espana, en comprenderla, en su continuidad,
en sentirla, aun fisicamente, no creo que nadie haya aventajado a Men£ndez Pidal.
Y en ese amor participants apasionadamente todos sus discipulos.
Bien pronto Pidal pudo devolver con creces al mundo cientifico europeo lo que
de el habia recibido. Y lo devuelve convertido en sustancia, en materia espanola;
surge con el, para la ciencia europea una antes desconocida imagen de la Espana
medieval, que ahora, poco a poco se cuaja. Asi iba reconstruyendo Pidal la epica...
III
Pero para reconstruir la epica espanola era necesario un trabajo previo. En enormes
codices manuscritos dormian, en las bibliotecas, nuestras antiguas cronicas en lengua
castellana. Si hubo valientes, no cabe duda de que se arredraron. Nuestra historio-
grafia de los siglos XIII, XIV y XV era un bosque por el que casi nadie habia osado
penetrar. Se tenia por sentado (aun el mismo Mila lo creia) que la cronica publicada
por Ocampo al ir a mediar el siglo XVI, era la ordenada por Alfonso el Sabio.
Gracias a Menendez Pidal lo que habia sido un verdadero caos nos ofrece hoy una
vision diafana: el nos dio el texto de la Primera Cronica General·, Ά senalo la
existencia de otra Cronica de 1344, y la de otras redacciones posteriores; έΐ estudio
en muchos casos las relaciones entre algunas cronicas particulars y las generales. Por
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no ser de un interis literario tan apasionante (porque es un tema que al lector
corriente no interesa y que solo puede atraer al especialista) no se suele ponderar
tanto este ingente trabajo de Pidal. Se puede decir, sin exageracion alguna, que desp^s
de έΐ, en materia de historiografia medieval en lengua castellana, estamos en otra era
y casi en otro mundo que el siglo XIX no pudo ni sospechar. Pero este solo trabajo
de clasificacion y deslinde de las antiguas cronicas podria haber bastado para llenar
la vida de un historiador normal.
Y, sin embargo, esa labor no habia sido sino un necesario incidente: lo que
Menendez Pidal perseguia antes que nada, er an los vestigios de nuestra antigua ipica.
Solo gracias al trabajo de Menendez Pidal hoy nos damos muy bien cuenta de lo que
significo en su momento nuestra epica medieval y de su importancia para la tradicion pos-
terior espanola. Hoy sabemos que nuestra έpica es como una antigua ciudad, por desgracia
casi totalmente sumergida: apenas si por encima de las aguas se levanta un antiguo
edificio casi intacto (el Poema del Cid)9 y aun otro tambiέn, pero mucho mis tardio
y desmoronado o desordenado (las Mocedades de Rodrigo). De otro antiguo poema
(el Cantar de Roncesvalles) exhumo Pidal unos cuantos versos (como sillares de un
palacio antiguo que los buzos hallan por casualidad en el fondo del mar); de otro
(el de Los Infantes de Lara) a traves de la prosificacion de las Cronicas (como a traves
de las aguas) se podian adivinar, y ya Mila lo entrevio, largos pasajes de la versi-
ficacion primitiva; pero Pidal induce un cantar nuevo del siglo XIV, que Mild no
pudo imagin r. Tambiin a travis de las Cronicas, con mayor o menor precision, salen
la contextura y, a veces, algunos pasajes versificados, de las narraciones poematicas en
torno a la muerte de don Fernando I y del cerco de Zamora, y a las mismas Cronicas
hay que acudir para entrever lo que fueron el Cantar de Bernardo del Carpio y el
Romance del Infante Garcia, y otros poemas que no cito, ya por mas problematicos,
ya por menos apasionantes desde el punto de vista espanol. Hoy estamos seguros de la
existencia de estos cantares perdidos: las cronicas los mencionan como fuente historica
una y otra vez, y no nos cabe duda de que los utilizaron como se aprovechan y han
aprovechado siempre las piedras de nuestros antiguos castillos para construcciones
posteriores. Eso es lo que quiere decir «prosificacion»: la narracion en verso asonantado
del poema ha sido mas ο menos modificada para convertirla en prosa e incorporarla
a la cronica; pero a veces, en algunos pasajes, por su particular belleza o emocion,
el prosificador apenas se atrevio a alterar el texto del poema, y entonces el verso,
aunque escrito en seguidos renglones de prosa, salta al sentido del lector moderno:
es lo que ocurre con largas tiradas de los Infantes de Lara (y como ejemplo mejor el
«planto» de Gonzalo Gustioz ante las cortadas cabezas de sus hijos).
Todo esto, desp^s de los trabajos de Pidal, nos parece ahora claro, evidente y
sencillo (lastima que la muerte no le dejara rematar la Historia de la Epopeya, que
habria sido la cuspide, en este aspecto, de su labor). Y todo ha pasado ya a los libros
de texto, y los ninos del Bachillerato lo aprenden; asi como tambiin es idea de todos
que Pidal ha sido un gran investigador de nuestra έρύ^. Lo que yo no s£ si todo
el mundo sabe o tiene presente es que si hoy —en lugar de una niebla— poseemos esa
imagen cohesiva, ello se debe a Men^ndez Pidal. Α έΐ llego, si, una cadena de atisbos,
que arranco, en 1874, de Mild. Pero lo aportado por Menendez Pidal excede
infinitamente la labor de los predecesores. Los tiempos eran otros; solo el pudo aplicar
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una t£cnica mas rigurosa y con ella llegar a resultados de gran diafanidad, mientras
al mismo tiempo, en grandes sectores, se iban llenando los vacios que antes impedian
ver la continuidad del panorama. Tέcnica, pues, si; pero no se olvide lo principal:
el genio. Hoy dia todo lo que se escriba sobre la epica espanola —aunque sea para
atacar a Pidal— tiene que estar basado en sus trabajos luminosos, en el manejo de
noticias o conceptos suyos.
Toda la concepcion de la tradicionalidad epica en Pidal parecia ir a chocar con
la teoria de Bedier, que niega toda tradicionalidad en la e*pica francesa. Conocida es la
sucesion Paris-Bidier. Gaston Paris formulo su teoria de las «cantilenas»: los hechos
historicos (y ante todo, los carolingios, digamos, de hacia el ano 800) habian dado
origen a breves cantos (cantilenas); estos se habian ido desarrollando hasta convertirse,
a traves de refundiciones y ampliaciones en los poemas que conservamos hoy, de hacia
1100 y posteriores. Es t a teoria llego a ser creida como ver dad incontrovertible, hasta
que Bέdier publico sus Legendes £piques: para Bedier entre los hechos del siglo VIII
ο IX y los poemas del siglo XII no habia vinculo tradicional alguno. AI cabo de pocos
anos la teoria de Bidier se habia convertido en algo que parecia ya inconmovible.
Pero pronto comenzaron aca y alia los disidentes ...
Cierto que en ipica espanola las cosas son muy diferentes. El intervalo entre la
vida real del Cid y el Poema es mucho menor, sin comparacion, que el existente entre
hechos historicos y pieza έρ^ en la literatura de Francia. Be*dier niega una y otra
vez la existencia de poemas perdidos que hayan sido eslabones de la cadena tradicional.
Pero en Espana las cronicas citan una y otra vez y del modo m£s claro poemas de
contenido historico-legendario, que como tales poemas no han llegado hasta nosotros;
y no solo los citan sino que como hemos dicho ya, los prosifican, y en ocasiones con
prosificacion tan ligera que el verso original unas veces se trasluce y otras aparece
a nuestros ojos casi integro. Tenemos, en fin, los romances, poemas mas tardios, a los
que va a dar una gran parte de esa tradicion, que renace de nuevo aunque en forma
diferente en el teatro de la segunda mitad del siglo XVI y sobre todo en el del XVII.
La tradicionalidad £pica en Espana, no es una teoria: es un hecho evidente para quien
no se obstine en cerrar los ojos. Menindez Pidal no tuvo mas que juntar los datos
disperses, para que esta realidad nos resultara perfectamente clara. Pero una cosa tan
nitida es sistematicamente negada por algunos criticos extranjeros.
Ya en su vejez tuvo don Ramon un gran gozo: poder llevar la discusion a los
hechos, mucho menos claros, de la literatura medieval francesa. Yo tuve la fortuna
de descubrir la que llami Nota Emilianense, unico documento positivo que prueba la
existencia de un eslabon anterior en la tradicion que va a dar a la Chanson de Roland.
Cuando le comunique mi hallazgo y poco desp^s cuando publiq^ mi trabajo el
maestro tuvo uno de los grandes alegrones de su vida. Y entonces cercano ya a los
90 anos se puso a trabajar intensamente y publico su admirable libro La «Chanson de
Roland» y el Neotradicionalismo, feliz de poder afirmar su idea de la tradicionalidad,
no solo en terreno espanol, sino en el mundo francos, y proclamarlo con eco en la
critica internacional de la que habian salido sus contradictores.
El estudio de la e*pica se completa con el del Romancero: Pidal muestra y demuestra
lo que ya Mila habia vislumbrado; que el Romancero es (por lo menos en parte) la
consecuencia evolutiva de nuestra antigua epopeya. jCon que carino estudia este
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maravilloso tesoro portico espanol, como reune infatigablemente los textos por los
campos de Castilla ο en viajes por Amirica, como aplica a su investigacion exactos
metodos geogrdficos trasplantados del campo de la linguistica! Pero έΐ quiere que el
tesoro llegue a todo el mundo; y en una deliciosa antologia (Flor Nueva de Romances
Viejos) los antiguos romances corren de mano en mano. En sus Ultimos anos Pidal
acobo su gran libro sobre el Romancero (dos tomos). Otros tomos, de textos, son
completados y acabados por algunos discipulos.
La atencion de Pidal se vuelve tambiin, pronto, hacia los origenes de nuestra lirica.
Ya en 1919 pronuncia su conferencia sobre la primitiva lirica espanola. (Yo asisti a ella,
y la emocion sentida aquel dia fue uno de los determinantes de mi vocacion). En materia
de poesia lirica, habia por fuerza que estribar sobre textos de la tradicion posterior y solo
sobre muy escasos verdaderamente antiguos. Moviindose por lo hipot^tico pudo rastrear
Pidal la antigua lirica castellana. El descubrimiento y publicacion, hace pocos anos,
por Stern, de un grupo de jarchas mozarabes del siglo XI y XII, da nuevo y
apasionante inters al problema. Yo mismo ίηίβηίέ mostrar en 1949 a los romanistas,
la enorme importancia europea del hallazgo (que hasta entonces solo habia aparecido
en publicaciones semitistas) y como ha venido a probar la solidez de las hipotesis de
Pidal. Y me es muy grato que el maestro, en un trabajo que luego publico, corroborara
con su autoridad y aceptara la mayor parte de mis modestas conclusiones.
jCuantos escritores, cudntos investigadores de la literatura sienten o fingen desprecio
por los estudios linguisticos! No se dan cuenta de que el lenguaje, aparte de ser
el instrumento m£s util de nuestra vida y la mayor proyeccion hacia el exterior de
nuestra alma, es tambiin el material mismo de toda literatura. No piedra, como en
la obra del escultor, ο tierra molida y grasas, como en la del pintor, sino lo m£s noble,
lo mas alto, el limite constante entre lo fisico y lo espiritual —la palabra del hombre—
es el material de la obra literaria. Pidal comprendio des de el primer momento la
union indestructible de lo literario y lo ling istico y a los dos campos dedico un solo
ardor. Estudio no solo el espanol castellano, sino, desde 1897, la variedad dialectal
de la peninsula, y asi es cabeza tambi£n de todos los estudios dialectologicos de hoy.
Su Manual de Gramatica Historica (1904) fue primero una empresa heroica, que la
critica internacional saludo con entusiasmo, y, corregido en sucesivas ediciones, ha sido
el libro donde hemos aprendido cuantos estudiamos lengua espanola. Unamuno en mil
novecientos veintitantos confesaba usarlo constantemente, lo mismo nos ha ocurrido a
todos. El libro va ahora por su 13a edicion y ha sido corregido y acrecido en varias de
ellas. Pero hay, entre las obras ling isticas de Menendez Pidal, una de extrana novedad y
trascendencia: los Origenes del espanol. A trav^s de los documentos latinos de los siglos
IX, X, y XI rastrea ahi Pidal la timida y vacilante aparicion de los romances. La masa de
material es imponente, y no hay lengua romdnica que haya sido investigada en sus origenes
con tal laboriosidad y ίέαικα tan rigurosa. El trabajo ling istico de Pidal debia haberse
coronado con la Histona de la lengua espanola (de la cual hace ya anos tenia redactada
una gran parte). Y la hubiera terminado, sin una «diversion», un enamoramiento
(cientifico) subito. Para consuelo de los que vamos por el mundo dando bandazos,
tanlbiέn estos grandes investigadores, que nos imaginamos inflexiblemente metodicos,
tienen sus veleidades. Me^ndez Pidal, como si fuera un mozo de veinticinco anos,
se aficiono a la peligrosa rebusca de las mas antiguas condiciones ling isticas penin-
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sulares, muy anteriores a la venida de los romanos: son astas, indagaciones (ahora muy
fomentadas por diversos lingiiistas en el mundo) que tratan de horadar hasta lo
prehistorico (a base de los pocos datos de que se puede disponer: nombres de ciudades,
rios, etc.). Muy azarosas, por tanto, pues en ellas hay que contar con un alto tanto
por ciento de error. Menendez Pidal, con un joven espiritu deportivo, se lanzo a la
generosa y dificil empresa, tanto, que le dedico varios anos ya bien metido en la
vejez. Tenia y conservo siempre un alentado espiritu deportivo.
Ni en lo literario ni en lo lingüistico se propuso nunca Pidal demostrar teorias de esas
de primera intencion (mania habitual de tantos espanoles, ya meros tertulianos de cafe,
ya egregios). Sobre abundantes materiales analizados y clasificados, induce lo mas general
en una ascencion limitada. No hay avance cientifico sin hipotesis, pero las de Pidal
no se extienden sino lo necesario para la cobertura y coordinacion de los datos reales
que maneja y de los que siempre parte. Ocurre, sin embargo, que cuando un trabajador
emplea estos n^todos a lo largo de los anos, forzosamente el terreno se le va cuajando
de tal modo, que ha de llegar a la formulacion de teorias generates que expliquen como
sistema el vasto panorama descubierto. Pidal ve, ante todo, en lo espanol, la fuerza
de lo tradicional; en literatura esto se refleja en la continuidad, la proximidad de la
narracion epica a la historia, la colaboracion popular en la obra, las refundiciones
y la tendencia al anonimato. La produccion literaria medieval espanola no puede ser
comprendida a la luz de las relaciones que existen hoy entre obra y autor: la obra
medieval vivia desligada del autor, como algo que, al llegar al publico, sirve para
un fin, y que por tanto ha de modificarse cuando los gustos del publico cambian.
Por eso la materia epica sufrio una serie de refundiciones (los poemas eran renovados
y adaptados a nuevas epocas y nuevos oyentes), y por eso, y porque —como hemos
dicho antes— innumerables datos lo exigen, estamos autorizados a pensar en la
existencia de poemas perdidos. Frente a esta teoria de Pidal —que para mi, repito,
no es teoria, sino una realidad espanola— se alzan las tesis que todo lo atribuyen
a un solo autor y a un elemento catalizador cultural (documento escrito u obra literaria).
La teoria de Pidal estaba ya en realidad completa en La epopeya castellana a traves de la
literatura espanola (publicada primero en frances en 1910), en donde muestra como la
continuidad, es decir, la proyeccion epica medieval llega en Espana hasta el siglo XIX
(y aun hasta nuestros mismos dias). Y todo tiene su complemento en esas Reliquias de la
poesia epica espanola, en cuyo prologo se contiene la mas briosa y compacta defensa de la
continuidad tradicional, defensa escrita por un hombre de ochenta anos, pero con una
pluma juvenil y animosa, quiza mas animosa que en obra alguna de juventud. Y despu£s su
libro La «Chanson de Roland» y el Neotradicionalismo del que ya hemos hablado. Pidal
lleva la pol&nica al terreno mismo donde le atacaban. ^Le negaban la tradicionalidad
en la epica espanola? Pues cuando se aproximaba a los 90 anos, escribe ese libro que
se publica en el ano 1959, el ano mismo en que cumple los 90: lo que prueba en es la
tradicionalidad en la epica francesa.
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IV
Trabajo literario continue a lo largo de setenta anos: mes tras mes, semana tras
semana, preparacion y acopio de materiales; andlisis minucioso; poderosa induccion
de lo general sobre lo particular; clara, ponderada, exacta redaccion; correccion de
pruebas y mas pruebas; rios continues de original, desde la casa a las imprentas,
y de pruebas desde las imprentas hasta la casa. A los cincuenta y tantos anos de su
edad una grave enfermedad en la vista, de lo que ha de quedar una tara. Alarma
de los discipulos. ^Dejara de trabajar el maestro? No importa: el rio continuo, de la
casa a las imprentas, de las imprentas a la casa, sigue fluyendo siempre, siempre.
Otros cursos espirituales salen de aquel gabinete de trabajo y se extienden por el
mundo. Desde 1899, Pidal era catedratico de Filologia romanica de la Universidad
de Madrid. Pero Pidal no era exactamente un maestro universitario, sino super-
universitario, es decir, maestro de maestros: sus discipulos habian de ser profesores.
Su magistratura se ejercio siempre casi exclusivamente a traves de sus libros. La
ensenanza oral no era lo suyo. Pero con los libros y el ejemplo llego a mover mundos.
En el Centro de Estudios Historicos y en la Revista de Filologia Espanola se congregaron
los nucleos que primero siguieron sus ensenanzas. Despues, los discipulos han llenado
la tierra. Todos los espanoles e hispanoamericanos que en cualquier pais, en cualquier
region, nos dedicamos a la investigacion o a la ensenanza de la lengua y la literatura
de Espana, somos, en mas o en menos, discipulos suyos: no existiriamos sin el. Y muchos
son los focos de hispanistas nacidos en tierras de habla no hispanica que siguen tarnen
sus ensenanzas y sus metodos.
Aparte el accidente de la vista —que la voluntad supero—, Dios le concedio, una
salud de hierro que conservo hasta el asalto por desgracia definitive de la enfermedad,
en 1965, fecha en que nuestro don Ramon contaba 96 anos, unos 96 anos enteros
y firmes, tanto en agi dad mental como fisica. Don Ramon cuido siempre meticulosa-
mente su salud, porque sabia que era solo el instrumento para un fin, y que debia
cumplirlo. Asi, a sus ochenta, a sus noventa anos, podia cansar y dejar rezagados a sus
propios hijos en las ascensiones montaneras de los veranos, cerca de San Rafael.
Su vida fue siempre limpia y clara.
Su misma absoluta dedicacion al trabajo le ayudo a mantener a raya no solo
pasiones, sino, aparentemente hasta los afectos, para cuya expresion le ataba, diriamos,
un a modo de pudor. Esto, con el paso de los anos, fue cambiando progresivamente
—de modo paralelo a como fue cambiando tambiέn su prosa, de contenida a apasionada—
y don Ramon se nos iba haciendo mas jugoso, m£s tierno, en atisbos y ramalazos,
que se le escapaban, acaso sin darse έΐ cuenta. Yo, personalmente, puedo dar fe de ello,
y conmigo los amigos y discipulos que han estado cerca de e*l en estos Ultimos tiempos.
Este mismo jugo y esta misma ternura la tuvo siempre en el seno de su familia, y quiza,
sobre todo, en el circulo de su familia espiritual, esos seres evocados por έΐ del fondo
de la Edad Media, el Cid, los Siete Infantes de Salas, Fernan Gonzalez... Este hombre
ha reunido su inmensa fuerza de amor sobre la Edad Media; y como Espana es toda
una continuidad tradicional, quiere decir que lo ha volcado, sobre Espana. £1 ha
renovado totalmente los estudios de lengua y literatura, los elementos donde mas
concentrada se contiene la herencia cultural de un pueblo: έΐ ha renovado la historia
de la cultura espanola.
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Υ a έΐ le debemos amor los espanoles, y gratitud, y veneracion. La ciencia universal
le es deudora del descubrimiento de inmensos territorios de la antigiiedad romanica,
de novedosos metodos, de una irreprochable tecnica. La juventud tiene en la vida de
este espanol universal el modelo de las maravillas que puede obrar una voluntad
aferrada al esfuerzo constante; el ejemplo de lo que podria ser Espana si tuvieramos
solo unos cuantos Menendez Pidales en los diversos campos de la cultura y del trabajo.
Si, el nos senala luminosamente el unico autentico camino de la esperanza: seremos
grandes, no por taumaturgias profeticas, sino por el denodado, modesto, diario esfuerzo
de los espanoles.
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