Suzanne Cesaire.
Tropíques, nos. 8-9, October 1943
Trad. Laura Ortiz
1943
El surrealismo y nosotros
el río de serpientes anilladas que llamo mis venas
el río de almenas que llamo mi sangre
el río de lanzas bantú que llamo mi cara
el río que camina alrededor del mundo
golpeará la roca artesiana con cien estrellas del monzón
Libertad mi único pirata, agua del año nuevo, mi única sed
Amor, mi único bote sampán
deslizaremos nuestros dedos de risa y calabaza
entre los helados dientes de la Bella Durmiente en el bosque
Muchos creyeron que el surrealismo había muerto. Muchos lo escribieron. Sus
afirmaciones son tonterías infantiles pues la actividad del surrealismo se extiende hoy por
el mundo, más viva y más audaz que nunca. André Breton podría mirar con orgullo el
periodo de entreguerras y encontrar que, el modo de expresión que creó hace más de
veinte años, está vivo y se abre hacia un vasto e inmenso más allá.
Sí el mundo entero es sacudido por la influencia de la poesía francesa en el momento en
que el peor desastre de su historia se abalanza sobre Francia, es debido en parte a que la
gran voz de André Bretón no se calló. Y también porque en todas partes: en Nueva York,
en Brasil, en México, en Argentina, en Cuba, en Canadá y en Argel, hay voces que hacen
eco, que no serían lo que son (en su timbre y su resonancia) sin el surrealismo. De hecho,
hoy como hace veinte años, el surrealismo puede reclamar la gloria de estar en el punto
más alto del arco de su vida, siendo atraído a su propio punto de ruptura.
Insiste el surrealismo en su presencia joven, ardiente y revolucionaria. Ciertamente en
1943, el surrealismo sigue siendo lo que siempre ha sido: una actividad que tiene el
objetivo de explorar y expresar sistemáticamente las zonas prohibidas de la mente
humana, para neutralizarlas; una actividad que busca desesperadamente dar a la
humanidad los medios de reducir las antinomias antiguas que son "los verdaderos
alambiques del sufrimiento”. El surrealismo es un poder, el único poder, que nos permite
reconectarnos “con esa facultad original (que tiene vestigios en los pueblos primigenios
y en los niños) y que consiste en levantar el hechizo de la barrera infranqueable que separa
el mundo interior y el mundo exterior”. Sin embargo, como la libertad es la finalidad del
surrealismo, tanto en arte como en la vida; como la libertad es el signo de su vitalidad, el
surrealismo ha evolucionado. Su evolución es un florecimiento en todas las direcciones.
Cuando Breton creó el surrealismo, la tarea más urgente fue liberar la mente de las
ataduras de la lógica absurda y la llamada razón occidental.
Pero cuando la libertad se vio amenazada en todo el mundo en 1943, el surrealismo, que
ni por un instante dejó de estar al servicio de la mayor emancipación de la humanidad,
quiso resumir la totalidad de sus esfuerzos en una palabra mágica: libertad.
En el arte como en la vida, la causa del surrealismo es la causa de la libertad en sí misma.
Hoy, más que nunca, inspirarse en la libertad de manera abstracta, o celebrar la libertad
en términos convencionales es empobrecerla. Para iluminar el mundo, la libertad debe
hacerse a sí misma carne y sangre, y para ello debe reflejarse y recrearse en el lenguaje,
en la palabra.
Así habla Bretón, desde la total demanda de la libertad. Desde la necesidad de la absoluta
pureza, su lado más Saint-Just, dice “Gracias, pero no” a toda concesión, denunciado
duramente por sus amigos, más inclinados a transigir.
A quienes preguntan periódicamente ¿por qué se han producido ciertos cismas en el
centro del movimiento surrealista?, ¿por qué se han producido exclusiones abruptas?,
creo que puedo responder con conciencia clara que aquellos que se eliminaron en el
proceso habían roto, de alguna manera más o menos obvia, un pacto solemne con la
libertad. Como los surrealistas reverencian la libertad en su estado más puro y es
defendida en todas sus formas, hay entonces muchas formas de romper este pacto.
En mi opinión, un ejemplo de ruptura de este pacto con la libertad, fue haber regresado,
como hicieron algunos ex surrealistas, a formas fijas en la poesía. Aun cuando la
influencia excepcional de la poesía francesa desde el romanticismo, la calidad de su
expresión, se ha beneficiado inmensamente de la ruptura de reglas obsoletas: Rimbaud,
Lautréamont “comprender el lenguaje de las cosas mudas”, “Un golpe de dados” de
Mallarmé, los simbolistas más importantes (Maeterlinck, Saint-Pol-Roux) y los “Poemas
conversacionales” de Apollinaire. Esto mismo es cierto en el caso de la pintura que se
desarrolló en el mismo periodo. En lugar de los nombres precedentes, bastaría citar los
de Van Gogh, Seurat, Rousseau, Matisse, Picasso y Duchamp.
También traicionaron, de una vez por todas, la libertad de renunciar a la expresión
personal y de esa manera, se quedaron incluso peligrosamente por fuera, de marcos
estrictos a los que un movimiento quería restringirlos, incluso siendo el movimiento de
la libertad (La pérdida de la sensación de ser únicos). La libertad es a la vez
increíblemente deseable y muy frágil, lo cual le da el derecho a ser celosa.
En consecuencia, la intransigencia de la libertad, que es, en sí misma, la condición de su
fecundidad. Y vemos como Breton, al final de sus indagaciones más conmovedoras, no
duda en adentrarse en los espacios virginales más amplios que el surrealismo ha cedido
al atrevimiento humano. ¿Qué pide Bretón a las mentes más perspicaces de su periodo?
Ni más ni menos que el coraje de embarcarse en una aventura que bien puede resultar
mortal, pero con la esperanza (y es esa justo la esencia) de que conduzca a la conquista
total de la mente. “Un periodo como el que vivimos, puede lograr, como si fuera su
objetivo, despertar la desconfianza por todas las formas convencionales de pensar, cuya
insuficiencia es demasiado obvia para viajes al modo de Bergerac y Gulliver. Y este viaje
al que los invito hoy no excluye la posibilidad de llegar, incluso después de ciertos
desvíos, a algún lugar: a tierras más razonables que la que dejamos atrás ". El surrealismo
es vivir intensa y magníficamente, habiendo encontrado y perfeccionado un método de
investigación de inconmensurable eficacia. El dinamismo del surrealismo. Y es este
sentido del movimiento, el que lo ha mantenido siempre en la vanguardia, infinitamente
sensible a las rupturas de la época, en el "flagelo del equilibrio".
Esta es la actividad del surrealismo, una actividad total, la única que puede liberar a la
humanidad al revelarle su inconsciente, una de las actividades que ayudarán en la
liberación de las personas al iluminar los mitos ciegos que les han conducido a este punto.
Y ahora, de regreso a nosotros. Sabemos en qué punto estamos en Martinica. La flecha
de la historia, nos indica vertiginosamente nuestra tarea: una sociedad corrupta desde sus
orígenes por el crimen, que depende en el presente de la hipocresía y la injusticia, que
teme el futuro porque tiene una conciencia culpable, debe moralmente, históricamente e
inevitablemente desaparecer. Entre las poderosas armas de guerra que el mundo moderno
pone a nuestra disposición, nuestra audacia ha elegido el surrealismo, que ofrece las
mayores oportunidades para el éxito.
Incluso ahora mismo podemos ver un resultado establecerse. En ningún momento de estos
difíciles años de dominación de Vichy la imagen de la libertad se extinguió por completo
aquí, y esto se lo debemos al surrealismo. Nosotros estamos alegres de sostener esta
imagen en los ojos incluso de aquellos que creyeron que la habían destruido para siempre.
Ellos, ciegos por su ignorancia, fallaron en ver la libertad riéndose insolente, agresiva, en
nuestras páginas. Cobardes después, cuando lo comprendieron, asustados y
avergonzados.
Entonces, lejos de contradecir, disminuir o desviar nuestro sentimiento revolucionario
por la vida, el surrealismo lo apuntalaba. Alimentó en nosotros una fuerza impaciente,
sustentando sin cesar este enorme ejército de negaciones.
Y luego, pienso también en el porvenir.
Millones de manos negras, a través de las furiosas nubes de la guerra mundial, sembrarán
el terror por todas partes. Despertado de un largo letargo entumecido, el pueblo más
despojado de todos se levantará sobre llanuras de cenizas.
Nuestro surrealismo les proporcionará la levadura desde lo más hondo. Será el momento
de trascender finalmente las sórdidas antinomias contemporáneas: Blancos-Negros,
Europeos-Africanos, Civilizados-Salvajes: se recuperará la poderosa magia de los
mahoulis, extraída de las mismas fuentes incesantes de la vida. Las idioteces coloniales
serán purificadas por la llama azul del arco de soldadura. El temple de nuestro metal,
nuestro filo de acero, nuestras comuniones únicas, todo será recuperado.
Surrealism, tightrope of our hope.
SUZANNE CÉSAIRE
Tropíques, nos. 8-9, October 1943